Simplificar las funciones baja la productividad del trabajador

Los ambientes flexibles en los que el empleado se siente autónomo tienen el efecto contrario


Una investigación llevada a cabo por profesores de management de las universidades de Florida y Michigan ha puesto de manifiesto que simplificar el trabajo y limitar las funciones de los empleados aumenta su productividad a corto plazo, pero les desmoraliza y hacen caer su rendimiento a largo plazo. Por el contrario, aquellos trabajadores que sienten que trabajan interdependientemente, en un ambiente flexible, pero de una manera autónoma, tienen un índice de productividad mayor y muestran menos intenciones de cambiar de empresa. Por Raúl Morales.



La actual tendencia de muchas empresas a simplificar las funciones de sus trabajadores para aumentar su productividad deriva a largo plazo en el efecto contrario: insatisfacción y baja productividad, según un estudio de las universidades de Michigan y Florida.

Un estudio llevado a cabo por la universidad de Florida desentraña las ramificaciones de nuevas tendencias en la forma de enfocar el trabajo (como la externalización) y cómo afectan en su día a día a los trabajadores. Esta investigación llega a la conclusión de que muchos esfuerzos hechos para incrementar la productividad de los trabajadores simplificando su trabajo y su responsabilidad han provocado el efecto contrario: insatisfacción y baja productividad.

“En un mercado global y tan competitivo, las empresas está intentando introducir eficiencia allí donde pueden para mejorar los resultaos financieros de sus accionistas”, comenta Stephen E. Humphrey, profesor asistente de management de la Florida State University, en un comunicado de esta universidad. “Las empresas hacen esto diseñando o rediseñando los trabajos para hacerlos más limitados y centrados en tareas específicas. Esta estrategia, efectivamente, mejora la productividad a corto plazo, pero crea problemas a largo plazo.”

Humphrey ha colaborado con Frederick P. Morgeson, profesor de management en la Michigan State University, y con Jennifer D. Nahrgang, de la misma universidad. Los tres han reunido los resultados de más de cuarenta años de investigaciones anteriores, comprimiendo 259 estudios respecto a 220.000 trabajadores para analizar los efectos de del “diseño del trabajo” sobre las actitudes y la productividad del trabajador.

El problema de simplificar

Una de las conclusiones principales a las que han llegado es que simplificar las tareas da como resultado una peor ejecución del trabajo y una mayor insatisfacción del empleado. Por el contrario, una mayor autonomía trae consigo hacer mejor el trabajo encomendado, así como una mayor satisfacción y un sentimiento más bajo de cansancio.

El apoyo social dentro del lugar de trabajo también cuenta. El estudio apunta que este hecho está vinculado con un mayor orgullo por el trabajo realizado y reduce la posibilidad de que el empleado tenga tentaciones de dejar la empresa.

Asimismo, quienes trabajan interdependientemente con otros compañeros tienen niveles más altos de satisfacción, menos estrés e intenciones de cambiar de trabajo. Igualmente, Humphrey y su equipo apuntan que tener una respuesta frecuente de otros respecto al trabajo realizado tiene las mismas repercusiones.

Flexibilidad

“Los resultados de este estudio muestran claramente que las empresas que se centran en proporcionar flexibilidad, oportunidades para la interacción social y reconocimiento tienen unos mayores niveles de productividad, trabajadores más contentos, poco estresados y poco interesados en cambiar de trabajo”, afirma Humphrey.”.

Las empresas que se mueven hacia la simplificación y hacia una concepción basada en la independencia de las tareas tendrán como resultado trabajadores insatisfechos, con baja productividad a largo plazo y altos niveles de estrés.

Desafortunadamente, esta parece la tendencia más arraigada en la actualidad en la mayor parte de las empresas, asegura el artículo que recoge esta investigación y que aparece publicado en el Journalof Applied Psycology.

“Estamos viendo que muchas funciones llevadas a cabo tradicionalmente por trabajadores norteamericanos, como programadores informáticos, operadores de atención al cliente etcétera, están siendo derivadas a otros países o directamente externalizadas a empresas especializadas. Los empleados que solían desarrollar esta actividad suelen encontrar otro trabajo menos gratificante y que no les abren nuevas posibilidades”, añade Humphrey.

Para las empresas norteamericanas, el coste de desmoralizar a su fuerza de trabajo, medido en términos de un descenso de la productividad y un crecimiento de la rotación del personal, no compensa el ahorro de costes que esperaban alcanzar.

Bajo presión

El aumento de la presión y de la cantidad de trabajo también aumenta la desmoralización. A esa conclusión llega otro estudio de la propia Michigan State University que aparece asimismo publicado en el número de septiembre del Journalof Applied Psycology.

“Aquellos empleados que trabajan muchas horas y bajo un gran presión se ven influenciados después no sólo en su manera de actuar en el propio trabajo, sino también en su casa”, afirma Remus Ilies, que ha participado en esta investigación, en un comunicado de la universidad. “Los días que el trabajador ha sufrido sobrecarga de trabajo, éste ve como crecen los conflictos en casa y como su vida laboral interfiere en su vida familiar debido, precisamente, a esa sobrecarga de trabajo”.

De igual modo, esos conflictos familiares terminarán por influir en su productividad laboral.

Otro de las conclusiones a las que llegan es que los trabajadores estudiados interactúan menos socialmente y hacen menos actividades con su familia los días que afirmaron tener esos conflictos en el trabajo y en casa.



Sábado, 22 de Septiembre 2007
Raúl Morales
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