Skoda irrumpe en el mercado global bajo la estrategia de ser el Ikea de la industria automotriz

Sin descuidar el mercado del ex bloque comunista, sus autos pueden verse en las carreteras de los principales países


Un monopolio automotor comunista devenido subsidiaria de Volkswagen se está convirtiendo en una empresa global potente. Jonathan Ledgard, corresponsal de la prestigiosa revista The Economist, analiza el caso para Strategy & Business, la publicación de la consultora Booz Allen & Hamilton. Concluye que Skoda ha encontrado un camino para capitalizar sus fortalezas pasadas y superar muchas de sus debilidades históricas. Por Sergio Manaut.



En diciembre de 2005, en la pequeña ciudad checa de Mladá Boleslav, Skoda Auto celebrará sus 110 años de existencia y sus cien de producción de automóviles. Esta empresa de Europa del Este, casi desconocida en América del Norte, no sólo es la tercera compañía en el mundo en antigüedad sino también una de las marcas de automóviles de mayor crecimiento a nivel global, particularmente en las economías emergentes de Asia y de Medio Oriente. “1905 marcó el primer y último año en que exportamos a Japón” bromea Vratislav Kulhanek, un ex presidente de Skoda que ahora lidera el Board de la empresa.

Adios a Japón

Jonathan Ledgard afirma que Kulhanek se puede permitir esa broma ya que la compañía está actualmente negociando la venta de diseños de Skoda a fabricantes chinos, al tiempo que ingresa al mercado automotor indio y prepara su entrada a los mercados iraní y árabe.

Mientras tanto, Skoda ha logrado una significativa participación de mercado en Gran Bretaña, Alemania y Escandinavia. Está creciendo en Italia y Francia y continúa siendo uno de los fabricantes de coches más importantes del antiguo bloque comunista. Su estrategia (convertirse en “el Ikea” de la industria automotriz, como lo planteó un ejecutivo de Skoda) se construye en su reputación post-guerra fría como un fabricante de bajo coste de coches pequeños y muy funcionales.

Por cierto, Skoda enfrenta sus propios desafíos, incluyendo un escándalo por fraude que amenaza sumergir a la empresa checa y su corporación madre Volkswagen AG en meses de investigaciones y controversias. Pero aunque el escándalo se complique, también es verdad que existe una historia a contar sobre la posición estratégica de la compañía que la convierte en el fabricante más exitoso y orientado a la globalidad que emerge de un país de atrás de la cortina de hierro.

Cómo sacarle provecho a fortalezas pasadas y eliminar debilidades históricas

Con ventas en 85 países (excluyendo los Estados Unidos y Canadá, donde estos coches no se venden), Skoda está siendo observada cuidadosamente como una marca mundial emergente en la industria automotriz. En pocas palabras, Skoda ha encontrado un camino para capitalizar sus fortalezas pasadas y superar muchas de sus debilidades históricas. Los próximos años dirán si Skoda es una anomalía o una demostración de que las empresas antiguamente controladas por el comunismo pueden insertarse exitosamente en una economía capitalista.

Habría que buscar bastante para dar con una empresa viable con una historia política tan turbulenta como la de Skoda. Comenzó sus operaciones en 1895, haciendo bicicletas y ciclomotores; en 1905, realizó su primera producción de coches (Voiturette). En un principio hacían coches de lujo, luego sobrevivieron el colapso del Imperio Austro-Húngaro, la creación de Checoeslovaquia, la invasión del país por el régimen nazi, el takeover de los comunistas en 1948, la invasión soviética de 1968, la revolución de 1989 que se deshizo del comunismo e introdujo las prácticas de mercado libre, la separación del país en dos naciones independientes (Chequia y Eslovaquia) y la entrada de Chequia en la Unión Europea en 2004.

Ni Volkswagen pudo con ella

Skoda también sobrevivió la posibilidad de ser deglutida en 1991 por un tipo totalmente diferente de régimen autocrático: Volkswagen. Esta compañía, que en parte pertenece al gobierno provincial de la Baja Sajonia, es conocida por su estilo gerencial basado en comités, su cultura insular, sus diseños innovativos y su identidad como el mayor fabricante de automóviles de Europa.

Volkswagen, por supuesto, tiene su propio pasado turbulento: fundada por Ferdinand Porsche en el siglo diecinueve, adoptada como su productora de automóviles por el Tercer Reich y posteriormente, gracias al Beetle, considerada como la empresa fabricante de coches de las democracias post-guerra, Volkswagen no propuso comprar Skoda y fusionarla con sus operaciones; apostaron a que Skoda había sido una gran empresa antes del régimen comunista y que tenía todas las posibilidades de volver a serlo.



Jueves, 22 de Septiembre 2005
Sergio Manaut
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