¿Es el hombre un computador? La verdad es que, hoy por hoy, con los resultados de la ciencia en la mano, es muy difícil atreverse a responder que sí. Sin embargo, también es verdad que la computación, bien se trate de modelos seriales o conexionistas, puede ayudar a entender muchos aspectos funcionales de la mente humana. En cualquier caso, la actual tendencia de las ciencias humanas a reducir al hombre a un computador tiene incuestionables consecuencias, ya que una idea “robótica” del hombre sería difícilmente compatible tanto con el humanismo que da sentido al orden social, como con la idea religiosa de que el hombre es un ser constructor personal responsable de su comportamiento.
Se ha discutido mucho sobre la unificación de las dos teorías más importantes del siglo XX, la mecánica cuántica y la teoría de la relatividad, aunque los esfuerzos han chocado contra la incompatibilidad de principios y de metodología de ambas. Se ha intentado unificar los principios, pero se ha detectado que lo primero que hay que aclarar es el substrato común a ambas teorías, a saber, la estructura subyacente del espacio y tiempo, que es necesario conocer bien para echar los cimientos de una teoría unificada. A este fin se ha constituído la Sociedad Internacional sobre Espacio-tiempo (Space-Time Society), que ha organizado dos Congresos, uno en 2004 y otro en 2006, en la Universidad Concordia de Montreal. El segundo congreso ha puesto de manifiesto cómo se sigue discutiendo hoy un tema tan básico de la cosmología moderna que siempre se proyectó, desde Newton y Leibniz, a preguntas y enigmas sobre la ontología de la Divinidad.
Hasta hace unas décadas, se pensaba que la era moderna acabaría con las religiones y con la mentalidad religiosa. Más bien ha sucedido lo contrario: vivimos una era de religiosidad en expansión. Peter Berger señaló en la última conferencia bianual del Pew Forum que la era moderna se caracteriza por ser una época pluralista, en la que se combinan las distintas religiones a causa de las migraciones masivas, los viajes y, sobre todo, los medios de comunicación. Este pluralismo conlleva interesantes consecuencias, como el fin de las verdades absolutas que permitían las sociedades cerradas o la posibilidad del individuo de elegir entre unas u otras religiones. Berger propone que intelectuales y políticos se mantengan en un punto intermedio entre relativismo y fundamentalismo en las sociedades religiosamente pluralizadas, por el bien de ellas: un punto en el que ninguna pregunta sobre la verdad quede obsoleta ni se milite a favor de ninguna verdad absoluta.
El sentido de la experiencia humana es crear el universo, explica en la siguiente entrevista el filósofo estadounidense Andrew Cohen, fundador de la emblemática revista "What is enlightenment", hoy punto de encuentro de pensadores, científicos y místicos interesados en la experiencia humana y en la conciencia. Cohen, cuya pensamiento recoge elementos de la tradición religiosa cristiana en general, así como del budismo o del new age, añade que después de la ruptura con las tradiciones que se produjo en los años 60, se ha desarrollado una espiritualidad demasiado personal y que lo que tenemos que hacer ahora es crear un contexto más amplio para abrazar el futuro. Considera asimismo que el Dios mítico se ha caído del cielo, pero que está empezando a despertarse a sí mismo dentro de cada persona. El próximo salto en la evolución de la conciencia, señala Cohen, es un salto más allá de la individualidad.
La obra científica y filosófica de Whitehead ha marcado en los Estados Unidos una de las tendencias más importantes en el diálogo ciencia-religión durante todo el siglo XX, que va unida a la llamada filosofía y teología del proceso. Para Whitehead, la teología cristiana tradicional respondió a la metafísica de un ser absoluto, todopoderoso y omnisciente, fuente única de todo ser. En consecuencia, considera que esta idea de Dios debe ser sustituida por la de un Dios del proceso que dará lugar a una reinterpretación de las enseñanzas de Cristo. Y aunque la teología católica fue siempre remisa a emprender un diálogo a fondo con la teología del proceso, un mayor interés hacia ella hubiera podido enriquecer muchos contenidos de la teología católica moderna y cristiana en general.
El modelo cosmológico estándar integra la teoría del big bang como uno de sus supuestos básicos. Aunque cada día hay más evidencias de su validez, también ha sido y sigue siendo criticado, aunque ninguna alternativa pueda hasta el momento derribarlo. La existencia de teorías alternativas y su posible concordancia con las evidencias empíricas, así como cuerpos de teorías especulativas que abrirían nuevas perspectivas, debe hacernos entender que el modelo cosmológico estándar no es un conocimiento absoluto, sino la hipótesis teórica más probable. En la actualidad, como en el siglo XIX, la explicación final del universo sigue siendo un enigma debatido que permite posiciones divergentes.
Un artículo de Fatima Agha Al-Hayani publicado en la revista internacional Zygon de Chicago (vol. 40. n. 3, september 2005), titulado "Islam and Science: Contradiction or Concordance", no sólo intenta tomar posición ante esta alternativa, sino que muestra un deseo manifiesto de que la razón asuma en el islam el papel que la tradición más antigua le concedió. Este deseo esconde la esperanza de que razón pudiera iluminar el camino hacia un ámbito de concordancia con el mundo occidental. ¿Es esto posible? Las consideraciones de Al-Hayani nos permiten valorarlas y discutirlas, sin duda desde el mismo anhelo de que la razón, y en especial la razón científica, nos acerquen hacia la necesaria concordancia intercultural.
Para el matemático y cosmólogo Brian Swimme, el universo es una revelación continua y radiante. Contemplarlo es un suceso místico y estático. Especialista de las dinámicas evolutivas del universo, Swimme revela en esta entrevista la enorme influencia que Pierre Teilhard de Chardin ha tenido en su propio pensamiento. Swimme analiza quién fue el personaje histórico de Teilhard, sus aportaciones más relevantes, y el significado de sus propuestas en un momento de crisis global. La síntesis de lo divino y lo material se refleja en la evolución, un proceso continuo de la materia hacia la máxima complejidad-conciencia o Punto Omega. Pero este estado no se halla sólo en el futuro, sino que influiría en nuestro presente, forzando continuamente a la materia a ser cada vez más compleja y consciente.
La ciencia busca siempre explicar los hechos de experiencia inmediata. La experiencia de la visión es inicialmente una incuestionable experiencia fenomenológica. El problema al que se enfrenta la ciencia de la visión es ofrecer una explicación de las causas que producen la visión en los seres vivos y de la naturaleza misma del proceso de la visión. La solución en la ciencia de la visión ordinaria ha sido hasta ahora el constructivismo: la imagen sería un mundo “construido” neuronalmente en nuestras cabezas. Frente a esto, la protesta experiencial de las teorías fenomenológicas de la “percepción directa” ha contado hasta ahora con un débil soporte científico. Sin embargo, las tendencias actuales hacia una biofísica holísta dejan abiertas posibles hipótesis que permitirían un futuro replanteamiento de la naturaleza u ontología real de la visión como “percepción directa”.