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Un estudio confirma el vínculo entre comida rápida y depresión

Las personas que consumen estos alimentos tienen un 51% más de riesgo de desarrollar este trastorno


El consumo de bollería industrial y comida rápida ha sido relacionado con el diagnóstico médico de la depresión, a partir de los resultados arrojados por una investigación reciente, liderada por científicos de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y de la Universidad de Navarra. Realizado con casi 9.000 individuos durante seis años, en el estudio se constató que los consumidores de comida rápida presentan, respecto a aquellos con un consumo mínimo o nulo de este tipo de alimentos, un incremento del 51% en el riesgo de desarrollar este trastorno. SINC/T21.




Fuente: Wikimedia Commons.
Fuente: Wikimedia Commons.
El consumo de bollería industrial (magdalenas, cruasanes, rosquillas y similares) y comida rápida (hamburguesas, salchichas y pizza) ha sido relacionado con el diagnóstico médico de la depresión a partir de los resultados arrojados por una investigación reciente, liderada por científicos de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y de la Universidad de Navarra.

Estos resultados, publicados en la revista Public Health Nutrition, revelan que los consumidores de comida rápida presentan, respecto a aquellos con un consumo mínimo o nulo de este tipo de alimentos, un incremento del 51% en el riesgo de desarrollar depresión.

Además, en el transcurso del estudio se observó una relación dosis–respuesta, es decir, que “cuanta más comida rápida se consume, mayor es el riesgo de depresión”, según ha explicado a SINC Almudena Sánchez-Villegas, primera autora del estudio.

El trabajo expone que los participantes con mayor ingesta de comida rápida y bollería industrial son más propensos a estar solteros, ser menos activos y a tener un patrón dietético peor, con un consumo menor de fruta, frutos secos, pescado, verduras y aceite de oliva. Fumar y trabajar más de 45 horas semanales son otras de las características prevalentes en este grupo.

Características de la investigación

Con respecto al consumo de bollería, los datos son igualmente concluyentes. En este caso, “incluso pequeños consumos se asocian con un riesgo significativamente mayor de desarrollar depresión”, apunta la investigadora de la universidad canaria.

La muestra del estudio, perteneciente al proyecto Seguimiento Universidad de Navarra (SUN), estuvo constituida por 8.964 individuos que nunca habían sido diagnosticados de depresión ni habían referido consumo de antidepresivos.

Estas personas fueron evaluadas durante una media de seis años, periodo en el que 493 de ellas fueron diagnosticadas de depresión o comenzaron a tomar antidepresivos.

Los datos obtenidos a partir de este análisis corroboran resultados anteriores, arrojados por el proyecto SUN en 2011 y publicados en PLoS One.

En aquella ocasión, fueron analizadas 12.059 personas durante más de seis años, y aparecieron 657 casos nuevos de depresión. Entonces se detectó un incremento del riesgo asociado a la comida basura del 42%, menor que en el trabajo actual.

“Aunque son necesarios más estudios, debería controlarse el consumo de este tipo de alimentos debido a su implicación en la salud tanto física (obesidad, enfermedad cardiovascular) como mental”, concluye Sánchez-Villegas.

Los beneficios de la dieta en la salud mental

La depresión afecta a 121 millones de personas en el mundo, lo que la convierte en una de las principales causas globales de discapacidad ajustada por años de vida y la principal causa en países con ingresos altos y medios.

Sin embargo, poco se conoce sobre el papel de la dieta en el desarrollo de los trastornos depresivos. Anteriores estudios sugieren un papel preventivo de ciertos nutrientes, como las vitaminas del grupo B, los ácidos grasos omega-3 y el aceite de oliva. Asimismo, un patrón dietético saludable, como la dieta mediterránea, se ha relacionado con un menor riesgo de depresión.

Referencia

Almudena Sánchez-Villegas, Estefanía Toledo, Jokin de Irala, Miguel Ruiz-Canela, Jorge Pla-Vidal and Miguel A Martínez-González. “Fast-food and commercial baked goods consumption and the risk of depression”. Public Health Nutrition: page 1 of 9 doi:10.1017/S1368980011001856


Miércoles, 28 de Marzo 2012
SINC/T21
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Nota



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1.Publicado por Paco el 28/03/2012 22:31
Que bueno que aparezcan los límites, que bueno saber que McDonalds y otras Burgers tendrán que cambiar su negocio o morir. Sería el final de la comida rápida o basura, o cualquier otra industria que intenta reducir gastos con carne de animales en depresión, como ha pasado con las gallinas para producir huevos de calidad mínima aceptable para la salud humana. Bajo ese nivel es inaceptable, ya no es suficiente las advertencias de una comida variada para consumir basura con precios que suben poco a poco para que los consumidores no se den cuenta.

2.Publicado por Horst Bussenius C. el 01/04/2012 23:59
Interesante estudio, que debería replicarse en otros países del mundo, incluyendo por cierto a EEUU. De todos modos sería deseable conocer más antecedentes del estudio, por cuanto no queda claro la conclusión, ya que la metodología no se explicita. Es decir, si es el consumo de comida chatarra que causa más depresión o a la inversa, si la gente con tendencias depresivas o algún grado leve de depresión comen más comida chatarra. Esta última tesis por lo demás corresponde con lo que se sabe de la depresión, en donde uno de los índices o signos suele ser la poca preocupación por la comida, entre otros síntomas. Finalmente, cabe decir que al parecer es una investigación correlacional, y estas investigaciones no permiten diferenciar causa - efecto, sino solamnete establecer una asociación entre dos variables que varían conjuntamente.

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