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Un pájaro muestra cómo surgió la capacidad humana de generar nuevos significados

Una investigación sobre el gárrulo coronirrufo señala de nuevo que el lenguaje de nuestra especie y el de las aves tendrían un origen evolutivo común


En los últimos años, diversas investigaciones han apuntado a que el lenguaje humano tiene el mismo origen evolutivo que el lenguaje de los pájaros. Ahora, un nuevo estudio realizado con un pequeño pájaro, el gárrulo coronirrufo, vuelve a incidir en la cuestión. Ha revelado que esta ave puede transmitir distintos significados modificando fonemas únicos, al igual que hacemos los humanos al cambiar de “perro” a “cerro”, por ejemplo. Por Yaiza Martínez.


Yaiza Martínez
Escritora, periodista, y Directora de Tendencias21. Saber más del autor



En los últimos años, diversas investigaciones realizadas en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) de EEUU han apuntado a que el lenguaje humano tiene el mismo origen evolutivo que el lenguaje de los pájaros.

Incluso, se ha llegado a constatar que los mismos genes que posibilitan el habla humana posibilitan también el canto de las aves.

Un estudio de 2014 reveló que un total de 55 genes muestran un patrón similar en la actividad del cerebro de los seres humanos y de aquellas aves capaces de aprender nuevas vocalizaciones.

Entre estos genes se encontraría el FOXP2, también conocido como “gen del lenguaje”, del que se sabe, entre otras cosas, que impulsa la capacidad cerebral de conceptualizar (solo podemos decir mesa, por ejemplo, porque nuestras mentes han conceptualizado ese objeto).

Ahora, un nuevo estudio vuelve a señalar que el lenguaje humano y el de los pájaros tienen un origen evolutivo común. Realizado por investigadores de las universidades de Zúrich (Suiza) y de Exeter (Reino Unido), el trabajo se ha centrado en un ave, el gárrulo coronirrufo (Pomatostomus ruficeps), de solo 20 cm.

Este pájaro es endémico de la zona árida de Australia y Nueva Guinea, y se caracteriza por su carácter social, ya que vive en grupos de unos 20 individuos que suelen llamarse de forma ruidosa durante el día, informa la agencia Sinc.

Baile de significados

Lo que se ha descubierto es que el gárrulo coronirrufo es capaz de reordenar los sonidos más básicos de su canto para transmitir distintos significados. Los humanos hacemos esto continuamente. Por ejemplo, si cambiamos el fonema “p” por “c” en “perro” y “cerro”, decimos cosas distintas.

Así que los sonidos del canto del gárrulo siguen un orden para no perder el significado, a diferencia de la mayoría de las aves, según han señalado otros estudios realizados hasta la fecha.

Los científicos descubrieron, más concretamente, que los gárrulos coronirrufos usaban de forma distinta dos sonidos identificados como 'a' y 'b', en diferentes combinaciones, para situaciones específicas.

Así, al volar, producían una llamada de vuelo que sonaba como 'ab'. Sin embargo, según el estudio, cuando alimentaban a sus polluelos en el nido emitían unas llamadas más cortas y rápidas que sonaban como 'bab', de nuevo según Sinc.

El hallazgo es importante porque “a pesar de que esta estructuración de fonemas es muy simple”, ayudaría “a entender la capacidad de generar nuevos significados en los humanos” y su origen evolutivo, concluyen los autores de la investigación.

Los primates y la pragmática de la lengua

Si, como señalan todos estos estudios, nuestro lenguaje y el de los pájaros comparten un mismo origen sonoro, ¿qué pasa con lo demás?

El lenguaje humano es mucho más complejo, ya que contiene también una parte pragmática que es la portadora del contenido del discurso. ¿Cuáles son sus raíces evolutivas?

En el MIT también han estudiado esta cuestión. Lo ha hecho sobre todo el lingüista Shigeru Miyagawa, profesor de Lengua y Cultura Japonesa de dicho centro.

Según él, de las aves se habría derivado la parte melódica de nuestra lengua; y de los primates no humanos, la parte pragmática, portadora del contenido del discurso.

En algún momento de los últimos 100.000 años, ambas capacidades se fundieron para dar lugar al lenguaje humano que conocemos hoy.

Yendo aún más atrás, dado que el ancestro común más reciente entre aves y humanos parece haber existido hace unos 300 millones de años, la fusión podría habernos llegado de manera indirecta, a través de uno de nuestros primates antecesores, afirma Miyagawa.

Referencia bibliográfica:

Sabrina Engesser et al. Experimental Evidence for Phonemic Contrasts in a Nonhuman Vocal System. PLoS Biology (2015). DOI:10.1371/journal.pbio.1002171.  
 


Miércoles, 1 de Julio 2015
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