Tendencias 21
Universidad Comillas




Verdad y Mentira como formas de existencia

Revisión de ambos conceptos, desde la tradición clásica ortodoxa a nuestra actualidad crítica heterodoxa


Verdad y mentira son conceptos entrelazados, de modo que la verdad se destaca de la mentira como su contrapunto. La verdad se define en contraposición a la mentira como lo adecuado y correcto, mientras que la mentira se redefine respecto a la verdad como lo inadecuado o incorrecto. La verdad es lo auténtico frente a lo falso o falseado, la luz frente a su sombra. En este texto planteamos primero la cuestión de la verdad y la mentira en la tradición clásica ortodoxa, para replantearla después en nuestra actualidad crítica heterodoxa. Finalmente tratamos de conjugar ambas perspectivas en un diálogo hermenéutico con el Instituto E.Mounier. Por Andrés Ortiz-Osés.



Busto de Platón del siglo IV d. C. Actualmente se encuentra en el Museo Pio-Clementino del Vaticano. Fuente: Wikipedia.
Busto de Platón del siglo IV d. C. Actualmente se encuentra en el Museo Pio-Clementino del Vaticano. Fuente: Wikipedia.
 La verdad se entiende en
comparación con la mentira. Umberto Eco

La auténtica verdad os hará libres, es decir, os liberará. Y el sentido –que es la verdad encarnada- os librará de la verdad inauténtica, abstracta o desencarnada, inhumana o pura, purista o puritana. En consecuencia la mentira, la falsedad o el error lo son humanamente respecto a la verdad-sentido, que es la verdad humanada. La verdad dice logos (adecuación) y el sentido dice sensus o eros (amor): el amor a la verdad (filosofía) culmina en la verdad del amor, que es la auténtica sabiduría (sofofilía).

En “El nombre de la rosa”, el amor a la verdad (logos) está encarnado por el viejo franciscano Guillermo, mientras que la verdad del amor (eros o sensus) está encarnada por el joven novicio Adso. Para este último, que acaba siendo el primero o principal (protagonista), la verdad-sentido de la existencia radica en el amor (erotología).

1.-La tradición clásica ortodoxa

En la tradición clásica ortodoxa la verdad se identifica con el ente en su ser, esencia o sustancia, es decir, con el ser (ens et verum convertuntur). En esta tradición greco-latina que asume la Escolástica, la verdad es lo que es, la auténtica realidad, la trasparencia de las cosas. Una trasparencia que es tras-apariencia luminosa frente a la mera apariencia oscura o engañosa, propia del ente accidentado.

Se trata de una tradición de fondo platónico-aristotélico, en cuyo contexto la realidad en su re-alencia o esplendor dice verdad, y a su vez la verdad dice luz o luminosidad. Se da pues una adecuación entre el ser y la verdad, de modo que el ser es verdadero y la verdad es: esta es la visión clásica de fondo idealista que va de Platón a Hegel, proyectando una filosofía trascendentalista.

Ahora bien, esta visión tradicional ortodoxa del ser-ente como verdadero se topa con la vivencia ciega de la mentira y con la experiencia aciaga de la falsedad y la falsificación. La respuesta clásica es que la verdad es la sustancia de lo real, mientras que la mentira y lo falso es un mero accidente, algo accidentalmente negativo frente a la sustantiva positividad del ser-ente, la oscura excepción a la regla áurea o luminosa.

Pero esta es una salida débil y fundamentalista, que M.Heidegger intenta reformular distinguiendo más radicalmente el ser y el ente. El ser dice verdad, trascendiendo así a la mera realidad inmanente del ente o realidad dada entitativamente. Frente a lo meramente dado, el ser heidegeriano dice “dación” (es gibt), ya que simboliza el hecho trascendental de ser, así pues el ser versus los seres, la existencia abierta frente a las existencias en-cerradas, el activo existir versus el mero insistir, consistir o resistir del ente.

La diferencia heideggeriana entre ser y ente intenta señalar la diferencia entre el ser veritativo y el ente inveritativo, entre lo auténtico y lo inauténtico o derivado, entre lo arquetípico y lo típico. Pero a pesar del  intento reaparece de nuevo la vieja perspectiva dualista de fondo platónico-aristotélico. En efecto, se diferencia el puro existir de las impuras existencias, resaltando el existir como positivo y la existencia común como mera resistencia negativa, desligando así el ser del ente, el existir y la resistencia, la apertura de la verdad del ser y la cerrazón falsaria del ente. Podríamos hablar de cierto dualismo “gnóstico” en M.Heidegger.

2.-La posición crítica contemporánea

En F. Nietzsche se da una violenta inversión del planteamiento clásico o tradicional, una revisión radical que arriba al nihilismo contemporáneo de J.P.Sartre y demás afirmadores del absurdo existencial. Se trata de una revisión herética, consistente en invertir la posición clásica o tradicional (ortodoxa) de la realidad como verdad, declarándola falsa o falsaria, mentirosa o falsificada.

Tal es la posición revolucionaria de F.Nietzsche quien, en su escrito “Verdad y mentira en sentido extramoral”, define la realidad como una inmensa falsificación por parte del hombre y su lenguaje mentiroso. En la versión nietzscheana el propio ser real carece de verdad o sentido, ya que se atiene a un “fatum” o hado que lo atraviesa inciertamente, mediante el fatídico eterno retorno de lo mismo, mismidad que se interpreta como voluntad de poder proyectada en el temible Superhombre.

Nos confrontamos así con un nuevo dualismo siquiera inverso o invertido. Así que tenemos por un lado, la ortodoxia platónica o idealista del ser como verdad y sentido; y por el otro, la herética materialista o nihilista del ser como inveritativo y sinsentido. Pero entre la ortodoxia clásica y la herejía o herética, cabe la mediación de una heterodoxia bien temperada, la cual se reclama de la evolución de lo real frente al involucionismo tradicional y al revolucionismo nietzscheano.

Una tal postura heterodoxa no identifica el ser del ente con el sentido y la verdad, pero tampoco con el sinsentido y la no-verdad. Se trata de una postura medial o mediadora que considera el ser del ente como verdadero y no-verdadero, sentido y sinsentido, positivo y negativo. Intrigantemente esta postura medial se reclama del cristianismo y su filosofía encarnacionista, según la cual el ser es el ser encarnado, la verdad humanada, el sentido crucificado. La Hermenéutica contemporánea de Gadamer y socios (Ricoeur, Vattimo, Beuchot y yo mismo) asume esta visión encarnatoria de inspiración cristiana, redefiniendo el ser como logos o lenguaje, es decir, como cópula o articulación de los contrarios.

En nuestra perspectiva hermenéutica el ser se concibe como el logos encarnado o humanado y, por tanto, como verdadero o falso: mejor dicho, como verdadero y falso, luminoso y opaco, divino y demónico, regido por una ambivalencia radical. Esta es la gran inspiración de la hermenéutica actual, la mediación del dualismo tradicional a través de su articulación lingüística o correlación de los contrarios, sea la verdad y la mentira o falsedad, sea el bien y el mal, como ha mostrado el hermeneuta Luis Garagalza en su última obra “El sentido de la hermenéutica”. Ahora la realidad es verdadera y falsa o mentirosa, porque la vieja trascendencia del ser se encarna inmanentemente en el lenguaje humano: el cual articula lo verdadero y lo falso, el sentido y el sinsentido, la verdad y la mentira, la falsedad o el error.

En la versión ortodoxa, purista o puritana  se salvaguarda la verdad pura a expensas de la no-verdad considerada impura, pero al precio de recaer en un dualismo purista o puritano. Por su parte, en la otra versión herética o extrema se salvaguarda la no-verdad o sinsentido impuro a expensas de la verdad pura, pero al precio de recaer en un monismo materialista y finalmente nihilista. Sin embargo, en nuestra versión hermenéutica se salvaguarda la verdad y la no-verdad, el sentido y el sinsentido, lo positivo y lo negativo, precisamente porque el ser trascendental se encarna inmanentemente. Ahora la realidad es una mezcla de bien y mal, positivo y negativo, divino y demónico o diablesco. Dilucidemos a continuación las implicaciones de estas posturas fundamentales, para saber lo que ganamos y perdemos con ellas.

3.-Verdad y mentira

En la tradición clásica ortodoxa gana la verdad del ser trascendental, sea platónico, idealista o incluso heideggeriano: aunque en Heidegger se inicia ya el giro hermenéutico de inspiración cristiana; en esta tradición se gana el ser, pero se pierde el ente meramente inmanente, es decir, la realidad del mundo. Inversamente en la postura nietzscheana de signo materialista y nihilista, gana la falsía del ser por cuanto carente de verdad y vacío de sentido (materialismo nihilista), y pierde la verdad del ser.

Finalmente en nuestra posición hermenéutica de carácter medial, gana el ser y el ente o realidad, y por tanto la verdad y la no-verdad, la trascendencia y la inmanencia, la mediación de los contrarios a través de su relación de implicación simbólica.

La hermenéutica representa un realismo simbólico, frente al idealismo trascendental clásico y al realismo materialista o nihilista de signo inmanental. Este realismo hermenéutico mantiene la tensión trágica, como la llamaba E. Mounier, entre el ser y el ente real, la verdad y la no-verdad, el sentido y el sinsentido, a favor de su re-mediación simbólica y real; y esta re-mediación  funciona como la asunción del negativo para su positivación. El hombre se sitúa así entre la pura verdad propia del Dios y la impura mentira propia del diablo: el mundo del hombre es el escenario de este diálogo polémico entre la verdad y la mentira, llámese falsedad o corrupción, pero también error o equivocación.

Pues bien, la filosofía cristiana de la encarnación no es la filosofía secular del héroe pseudodivino que mata o destruye al dragón diablesco, sino la del antihéroe que salva o redime al dragón a través del amor: el cual está simbolizado precisamente por la princesa, objeto-sujeto del litigio entre el héroe y el dragón. Si Dios es la verdad y el diablo la mentira, el hombre es el re-mediador de los contrarios, el portador de un “optimismo trágico”, cuyo prototipo es la persona de Jesús el Cristo. Se trata de intercalar una mediación entre el/lo Absoluto y lo relativo, a través de un relacionismo que no es absoluto ni relativo, sino precisamente correlacionista.

El propio Mounier habla de un afrontamiento religioso o religador, y no de un enfrentamiento irreligioso o irreligador. Por supuesto que en este afrontamiento de los contrarios, la verdad y la no-verdad, el baremo es la verdad encarnada y evolutiva o en evolución, o sea, la verdad-sentido en apertura: aquella que asume y redime, revela y trasfigura dinámicamente la mentira y la falsedad estáticas. Pero se trata de una verdad encarnada y no encaramada, de una verdad humanada como amor de caridad, a la búsqueda de una identidad que asume la diferencia y la disidencia, de una apertura existencial que abre toda cerrazón, de una trascendencia que asume la inmanencia para su trasfiguración.

Entonces tendríamos  que revisar la verdad y la mentira o falsedad. Porque hay verdades mentirosas y  mentiras verdaderas, luz que ciega y oscuridad que acoge, dioses malévolos y démones benévolos. El propio Jesús vino a salvar a pecadores y mentirosos, de ahí la verdad en correspondencia con la bondad que practica, y de ahí la positivación de lo negativo en san Agustín.

En el encarnacionismo cristiano el mundo y la carne es el quicio de la salvación (caro cardo salutis), y el propio pecado es el eje de la redención (o felix culpa), de modo que la mentira y la falsedad no constituyen el eje o vértice del mal, como quiere todo dualismo más o menos maniqueo, sino el vórtice u ocasión (kairós) siquiera turbulenta del bien y la verdad. En el Libro del buen amor, Juan Ruiz el arcipreste de Hita nos avisa de que cuidemos con la mentira, porque a veces dice la verdad:

                          “Do coidares que miente, dize mayor verdat”.

4.-Mentira y verdad

En la tradición clásica ortodoxa ganamos la verdad ideal o abstracta y perdemos el mundo real y concreto, despreciado como mentiroso y falso. En el otro extremo, Nietzsche y socios pierden la verdad y el sentido en nombre de un mundo inveritativo y fatalista, en-cerrado en sí mismo. Por nuestra parte, hemos adoptado una postura hermenéutica intermedia o intermediadora, de inspiración cristiana, en la que la verdad suprema se desploma sobre su propia realidad encarnada (kénosis): la consecuencia es el mundo humano de la verdad en polémica con la no-verdad.

Un mundo en el que accedemos a la certeza a través de la ambigüedad y a la plenitud del todo por la prueba de la nada, como decía pos-nietscheanamente Mounier. Por tanto un mundo en el que accedemos a la verdad por la falta de verdad, falta que se revela paradójicamente como el motor de la aspiración a la verdad, así pues como eros socrático de carácter sagrado.

Como afirma el propio Mounier, san Francisco no castraba sino que trasfiguraba. Ello quiere decir que la lucha de la verdad frente a la mentira y la falsedad no puede ser una lucha heroica sino antiheroica, ya que la pura o absoluta verdad desencarnada mata, mientras que a menudo una mentira piadosa nos salva. Significativamente el propio amor, clave de toda salvación religiosa o profana, resulta a la vez verdadero en su intimidad afectiva y falso o mentiroso en su eclosión sentimentaloide.

Así que en esta cuestión disputada de la verdad y la mentira estoy haciendo un poco de abogado del diablo. Precisamente porque Dios es la verdad del bien, pero el diablo es la verdad del mal: el cual debe precisamente tenerse en cuenta para su re-mediación humana (en cuanto sea posible y factible). La verdad siempre ha tenido una buena prensa, y la maldad una mala prensa. Pero deberíamos dudar no solo de la mala prensa, sino también de la buena prensa, en nombre de cierta ambivalencia generalizada. En efecto, hay verdades ciertas matemáticamente como 2+2=4 que resultan inciertas existencialmente, y hay falsedades de ficción que resultan verdades de cajón.

En la tradición cristiana (luterana) se afirma la mentira existencial del pecado como paso o tránsito a la gracia,  de ahí el viejo eslogan provocativo “peca, pero cree”, correspondiente del agustiniano “haz lo que quieras, pero ama”. En este contexto existencial la verdad consiste en la asunción de la mentira de este mundo para su purificación, no engañándose respecto al engaño vital y mortal, como lo llamaba nuestro Unamuno, ni tampoco respecto a neustra cultura humana: la cual es una pseudonaturaleza. Martin Lutero hablaba de la corrupción de la naturaleza humana y su cultura.

Umberto Eco en 2005. Fuente: Wikipedia.
Umberto Eco en 2005. Fuente: Wikipedia.
5. (Coimplicación)

Resumiría nuestra búsqueda sobre la verdad y la mentira en la siguiente ecuación: la verdad es a la mentira como la mentira es a la verdad. En donde la verdad afronta a la mentira como la mentira afronta a la verdad: cómplice o coimplicadamente, complementaria o comparativamente (como dice Umberto Eco).

Hay una especie de analogía perversa o corrosiva, heterodoxa, entre la verdad y la mentira o falsedad: pues la verdad lo es en relación a una mentira o falsedad que trasciende o traspasa, sublima o trasfigura; mientras que a su vez la mentira o falsedad lo es respecto a una verdad que inmanentiza o abaja contingentemente, relativizando su presunta absolutez. Esta correlación entre la trascendencia de la verdad y la inmanencia de la mentira o falsedad, expresa la correlación entre trascendencia e inmanencia, arriba y abajo, positivo y negativo.

Pero esta correlación no expone un nuevo dualismo sino una coimplicación, ya que no hay verdad sin mentira, ni mentira sin verdad. Su mutua complicidad evita el dualismo tanto tradicional como moderno, puesto que se exige unir y diferenciar los contrarios, una operación de carácter hermenéutico-lingüístico o simbólico. En efecto, donde no hay mentira no puede haber  verdad, de modo que aniquilar fundamentalistamente la mentira sería aniquilar también la verdad. De aquí se sigue el correspondiente tratamiento de la verdad y de la mentira: abajando la verdad hasta su encarnación, y elevando la mentira o falsedad hasta su apertura.

Así que sin la contraposición del diablo no hay Dios, y viceversa. Sin el contrapunto de la mentira no hay verdad, y viceversa. Sin el contrapunto del pecado no hay redención, y viceversa. Y sin la muerte no hay vida, y viceversa. Este es el campo interrelacional de operaciones del hombre en el mundo, situado entre lo divino y lo diablesco, un campo de lucha dialéctica entre los opuestos en vistas a su re-mediación. La cual consiste en la tarea inacabable de inmanentizar o encarnar el bien, así como de trascender o sobrepasar el mal. El cual no puede superarse heroicamente, sino solo supurarse antiheroicamente; el método no consiste entonces en el aniquilamiento o denegación (imposible) del mal, la mentira o la falsedad, sino en la positivación de su negatividad, a través de una asunción crítica y traspositiva del mal, la mentira o la falsedad.

El caso es que una verdad pura exenta de toda impureza o mentira es la mayor de las mentiras y estafas, porque se piensa como absoluta o divina. Y una mentira impura exenta de toda verdad es una demonización que absolutiza paradójicamente la mera relatividad (como en Nietzsche). Así pues, la verdad sin mezcla de mentira no es humana sino sobrehumana, y la mentira sin mezcla de verdad no es humana sino infrahumana. Pero la auténtica vida humana es verdad y mentira, verdad mentirosa y mentira verdadera, dialéctica de verdad y mentira, coimplicación de luz y oscuridad, sentido y sinsentido, positividad y negatividad.

La solución a semejante dualidad no debe estar en la ortodoxia de una presunta o presuntuosa verdad  encaramada frente a la mentira ajena, ni en la herética de una mentira escamada que se sitúa reactivamente contra la verdad; sino en la asunción crítica de su negatividad, pues la verdad es la verdad-encarnada humanamente. En donde se destaca como baremo de interpretación un humanismo radical que, en honor a Carlos Díaz y nuestra vieja terminología juvenil, podríamos denominar “anarco-humanismo”.

Digamos que hay una verdad de la mentira, la cual está en su exposición de la real contingencia. Y también hay una mentira de la verdad, la cual está en la exposición de nuestra incontingencia. Por ello asumir la mentira es tener en cuenta nuestra inmanencia y no engañarnos al respecto, así como afirmar la verdad es coafirmar la apertura radical o trascendental frente a toda cerrazón en falso o falsía. En este contexto, suele colocarse la verdad en la vida como apertura y la mentira en la muerte como oclusión: pero yo hablaría de dualéctica de los contrarios, ya que nuestra vida es perecedera y nuestra muerte nos abre paradójicamente a lo imperecedero.

Así que la verdad lo es respecto a la mentira, y la mentira lo es respecto a la verdad: coimplicación simbólica. De esta forma culmina mi discurso verdaderamente, aunque también falazmente, ya que comienza precisamente ahora que acaba –abiertamente. Parece una contradicción irresoluble, aunque es una contra-dicción soluble; por lo demás, si me contradigo es que aún estoy vivo; M.Proust afirmaba que ni la contradicción es indicio de falsedad, ni la falta de contradicción es indicio de verdad.

6. Verdad y sentido

 En el film y texto de “El nombre de la rosa” de U.Eco, los que poseen la verdad ortodoxa son los más heréticos y mentirosos: el abad benedictino, el inquisidor dominico y el asesino Jorge de Burgos. Son los franciscanos desposeídos de la verdad, los que la descubren paradójicamente a través de las mentiras y falsedades de aquellos, encarnándose en las contingencias del hombre e incardinándose en el mundo; lo cual parece un guiño previo a la actual metodología franciscana del Papa Francisco.

El lema franciscano bien podría ser: per inveritatem ad veritatem (por la falta de verdad a la verdad). Pues como ha proclamado el mismo Pontífice, el problema no es el pecado sino la corrupción: el pecado es un acto que tiene absolución, pero la corrupción es una actitud o estado de pecado sin arrepentimiento ni remisión, de empecatamiento empedernido, de mentira  y falsedad instituída.
Estoy escribiendo este apunte sobre la verdad y la mentira para proferirlo el día de Santiago en Burgos, ante los miembros de la Fratría Mounier, y es verdad que ahora mismo son las cinco en punto de la tarde de un día veraniego.

Pero ni siquiera esta humilde datación resulta verdadera sino verdaderamente falsa, por cuanto están trascurriendo unos segundos que la hacen inexacta. Y es que la verdad ortodoxa y tradicional es una verdad cerrada o encerrada en sí misma, la cual se corresponde  con el viejo “Santiago y cierra España”. Por su parte, la verdad crítica y heterodoxa que propugnamos hermenéuticamente  es una verdad abierta al sentido humano de la existencia, la cual se corresponde mejor con el lema ecuménico de “San Pablo y abre España”.

El propio Emmanuel Mounier propugnaba al respecto apertura (secular) y osadía (cristiana), una osadía que parece implícita en mi apellido rebautizado por V. Gómez Oliver como Ortiz-Osado. Pido excusas al respecto al respetable, y concluyo. Sin duda hay miedo a la verdad desde la cerrazón propia de la mentira, la falsedad y la corrupción; pero también hay miedo al mundo corruptible desde posiciones de presunta o presuntuosa dignidad o incorruptibilidad. Se trataría de establecer un diálogo humano (democrático) que re-medie entre la verdad suprahumana y la mentira o falsedad infrahumana: en nombre de la verdad-sentido, que es la verdad encarnada o humanada.

 Pilatos plantea la pregunta romana por la verdad: la respuesta silente de Jesús es el amor de caridad (agape), el cual traduce la verdad bíblica como fidelidad interpersonal (emeth). Ahora la verdad es la bondad, la apertura trascendental e inmanental al otro, interpersonalismo: lo demás es mentira o falsedad.
La auténtica verdad dice entonces doble apertura: apertura trascendental al otro y apertura inmanental a lo otro (alétheia): apertura de lo real a su sentido (humano). Así que entre la verdad unívoca y la mentira equívoca se sitúa medialmente  el sentido análógico o simbólico (humano).

Antonio Machado por Leandro Oroz (1925). Fuente: Wikipedia.
Antonio Machado por Leandro Oroz (1925). Fuente: Wikipedia.
7. (Criticismo)

Subyace al presente escrito la idea de que la verdad ha sido a menudo un verdugo que se ha cobrado demasiadas víctimas. Por eso preconizamos una verdad liberadora, la verdad evangélica que nos hace libres y no esclavos, una verdad-sentido (encarnado o humanado) que nos hace vivir y existir y no perecer.

La cuestión es que, como anotaba La Rochefoucault, la verdad no hace tanto bien en el mundo como el daño que hacen sus apariencias. Por eso la búsqueda de la verdad es interminable a través del ensayo y el error, como confirma la ciencia contemporánea.

Antonio Machado, gran defensor de la verdad, acaba considerando la verdad como una auténtica invención de la fantasía. Esta invención anímica expresa a menudo mejor que la seca o secante verdad lo que sucede en el alma, como dice M.Gorki. La propia mentira, considerada como una invención transveritativa, sirve según G. Porto-Eiche para suavizar las costumbres. Shakespeare llega a decir en Hamlet que  con el cebo de una mentira se pesca una carpa de verdad.

De acuerdo con Marcel Proust mentimos toda la vida, especialmente a los que nos aman, precisamente porque deseamos su estima. Por su parte, Simone de Beauvoir testifica en sus Memorias que en su entorno se condenaba la mentira, pero se rehuía la verdad. Una renuncia o renuencia que alaba G. Senac de Meilhan por cuanto no hay verdad absoluta; en la misma línea se pronuncia A. Koestler cuando dice que verdad o falsedad se refieren a las ideas y no a los sentimientos, según él nunca engañosos.

G. Bernard Shaw afirmó que toda gran verdad comienza siendo una blasfemia, y La Rochefoucauld dejó escrito que la verdad se despeña en sus apariencias. Jean Rostand abandona la verdad mayúscula en nombre de la convicción, Picasso en nombre de las verdades plurales y J.Guéhenno en nombre de las verdades con minúscula.

Me parecen acertados M. Montaigne, D.Diderot y R. Rolland cuando buscan la verdad, pero no su posesión. Pues lo verdadero resulta demasiado simple, por eso hay que alcanzarlo a través de lo complejo, afirma George Sand. En efecto, ninguna generalización es totalmente verdadera, ni siquiera esta misma generalización, diría O.Wendell Holmes. Y es que como el amor, como la muerte, la verdad necesita los velos de la mentira para su realización (Claude Aveline).
Así que la verdad sin sentido es un error (convertible en terror): y la verdad sin libertad es un dogma (convertible en fundamentalismo).

8. Conclusiones

La auténtica verdad os hará libres, es decir, os liberará. Y el sentido –que es la verdad encarnada- os librará de la verdad inauténtica, abstracta o desencarnada, inhumana o pura, purista o puritana. En consecuencia la mentira, la falsedad o el error lo son humanamente respecto a la verdad-sentido, que es la verdad humanada.

Propugnamos una filosofía del sentido, definido como la sutura posible de la fisura real. En una tal filosofía del sentido no se trata de proponer el bien por encima del mal, ni la verdad por encima de la falsedad. Esta filosofía del sentido está presidida por una ética heterodoxa, cuya justicia afirma el coajuste de lo bueno y lo malo, lo verdadero y lo engañoso (incluido en lo verdadero). Si en el límite la verdad es la adecuación de lo real y lo ideal, el sentido (crítico) denuncia la inadeciación entre lo real y lo ideal.

En su trasfondo de nuestra propuesta anida una metafísica del ser y no-ser, de la contra-dicción a articular críticamente en un lenguaje dialógico o democrático. En la cúspide resplandece una revisión de Dios y el diablo como opuestos complementarios teológicamente. Y en el nivel medio se afirma una mediación política entre los buenos y los malos, los ricos y los pobres, lo verdadero y lo fementido.

Una filosofía del sentido revierte así en una filosofía del sinsentido en vistas a su remediación. Precisamente porque el sentido se define como la sutura posible del sinsentido instituido. Entre el héroe que es de Marte y el dragón que es de Saturno, elegimos a la Princesa cautiva por ambos porque es de Venus (eros, sensus, sentido). El baremos de la verdad dice entonces sentido, pues algo tiene verdad si contiene sentido, dice verdad si códice sentido, es verdadero si obtiene sentido: en donde la verdad con sentido es la verdad consentida (y no meramente consensuada). El valor de la verdad se reúne con el sentido como lo valioso humano.

(Colofón) La verdad dice logos (adecuación) y el sentido dice sensus o eros (amor): el amor a la verdad (filosofía) culmina en la verdad del amor, que es la auténtica sabiduría (sofofilía). En “El nombre de la rosa”, el amor a la verdad (logos) está encarnado por el viejo franciscano Guillermo, mientras que la verdad del amor (eros o sensus) está encarnada por el joven novicio Adso. Para este último, que acaba siendo el primero o principal (protagonista), la verdad-sentido de la existencia radica en el amor (erotología).

Bibliografía mínima:

---Michel de Montaigne (Ensayos)
---La Rochefoucauld (Máximas)
---F. Nietzsche (Verdad y mentira en sentido extramoral)
---Emmanuel Mounier (El afrontamiento cristiano)
---Miguel de Unamuno (Del sentimiento trágico de la vida)
---A. Amor Ruibal (Los problemas fundamentales de la filosofía y del dogma)
---Carl-Gustav Jung (Mysterium coniunctionis)
---Martin Heidegger (Ser y tiempo, así como Tiempo y ser)
---Hans-Georg Gadamer (Verdad y método)
---Carlos Díaz (Testimonio y pensamiento)
---A.Ortiz-Osés (El Dios heterodoxo, así como Actitudes ante la vida)
---Patxi Lanceros (Verdades frágiles, mentiras útiles)
---Luis Garagalza (El sentido de la hermenéutica)


 
Artículo elaborado por Andrés Ortiz-Osés, Catedrático de Antropología Filosófica en la Universidad de Deusto, y colaborador de Tendencias21 de las Religiones.
 
 



Martes, 15 de Marzo 2016
Andrés Ortiz-Osés
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1.Publicado por Joaquín González Álvarez el 15/03/2016 17:25
Excelente ensayo del Dr. Ortiz-Osés, El Nombre de la Rosa, primera novela del semiólogo Umberto Eco, constituye en mi opinión un tratado novelado de Nominalismo, mostrado pr Eco en el nombre Guillermo del etective medieval, en referencia evidente a Guillermo de Occam. El Nominalismo es un referente presente en toda la obra de princcipio (la interpretación de las huellas por Guillermo) al final en el hexámetro de Adso (el Dr. Watson de Sherlock Holmes) al esciribir en su diario en latín mas o menos que el nombre de la rosa solo nomine est.. Otros nombres de personajes son evidentes alusiones, como por ejemplo el monje ciego Jorge a Jorge Luis Borjes o el apellido del detective al famoso mastín.

2.Publicado por trifosi el 16/03/2016 17:53
muy bueno

3.Publicado por Pedro Rubal el 17/03/2016 11:49
Pienso, con toda la modestia que quieran, que hay dos clases de trabajos, que presentan especiales dificultades para comentarlos: Los que se producen en la excelencia y los que carecen de aportaciones; como siempre, unos por exceso y otros por defecto. Pero en este foro, la oportuna selección evita los defectos: Las excelencias quedan para apechugar con ellas. Y este es el caso de este trabajo del amigo D. Andrés, aparte de que a mi me gusta, y hasta presumo de entender (¡que vamos hacerle!) su metodología hermenéutica, hasta donde yo alcanzo (como diría otro amigo mío gallego).
El caso es que D. Andrés, de vastísima cultura, sin duda, va por el camino de su hacer metodológico apañando todas las ideas que encuentra o crea, y las incorpora a la estructura de su método hermenéutico (¡que me gusta!), logrando así densificar la comprensión de unos y catalizar la prudente retirada de otros. Pues bien; como yo no sé exactamente donde colocarme, procuro invitarle, implícita o explícitamente, a que nos situemos en el nivel coloquial, en el que, roto el rigor metodológico, me siento más cómodo. Y esto es lo que pretendo hacer aquí para decir algo, supuestamente coloquial.
Aparte de que, efectivamente, no hay "verdad sin mentira, ni mentira sin verdad", en el sentido empleado en el trabajo, evitando el dualismo por la mutua complicidad, en la mentira suele haber un componente intencional: El que miente lo hace a sabiendas de que lo hace, y, por tanto, es un gran conocedor de la verdad, puesto que si no fuese así no podría mentir intencionalmente, y si careciera de este componente intencional, su actitud sería errónea.
¿Acaso sería un despropósito afirmar que la verdad tiene también un componente intencional?. Tal vez esa encarnación de la vieja transcendencia del ser en el leguaje humano, hace que éste permita una articulación de lo verdadero y lo falso, del sentido y el sinsentido, la VERDAD Y LA MENTIRA, la falsedad y el error; pero aquí parece como si se hubiese producido una fuga de la onticidad (donde las polaridades permitirían la función dualéctica) a la lingüisticidad (donde la "mutua complicidad evita el dualismo").
"La verdad es la mentira como la mentira es la verdad. En donde la verdad afronta la mentira como la mentira afronta la verdad: cómplice o coimplicadamente, complementaria o comparativamente". A mi, sinceramente, no me encaja esta cita con la natural tendencia que tiene el hombre a buscar la verdad, quien, como diría Zubiri, IN MODO RECTO busca la realidad, y sólo IN MODO OBLIQUO busca la verdad en que la realidad se le presenta. Por tanto, no parece que busque la verdad por la verdad, y mucho menos la mentira que no parece encontrarse en la realidad, sino en el uso intencional de la dimensión lingüística del hombre. Por tanto, incluso en el marco del lenguaje, ¿es propiamente la mentira la polaridad por la que se define la verdad, como lo bueno por lo malo, lo blanco por lo negro?. ¿Es esto lo que quiere decirse?. Si es así, me da la impresión de que se está jugando con las verdad y la mentira como meros constructos, no como realmente se le presenta al hombre la realidad. Seguramente se dice, por eso, que diferenciar los contrarios es "una operación de carácter hermenéutico-lingüístico o simbólico", y aquí sí puedo entender el encaje.
Quisiera que este párrafo coloquial fuese bien entendido, si fué bien expresado, por supuesto, ya que comparto el contenido de este interesantísimo trabajo; pero, dadas mis carencias culturales, necesito algunas complementaciones que pediría en el caso de encontrarme en la presencia real, y no virtual, del amigo D. Andrés, a quien agradezco que, con otros, exija un nivel adecuado para este foro: Cuesta trabajo subir las escaleras, pero, una vez arriba, compensa el panorama que se contempla, la mayor parte de las veces desconocido e ignorado.
Saludos. Pedro.

4.Publicado por Sinesio MADRONA el 17/03/2016 12:13
Sinesio
Entrelazamiento

Como bien dice Andrés Ortiz-Osés: Verdad y mentira son conceptos entrelazados.

Toda dualidad forma un entrelazamiento, ya sea cuántico o clásico (*) o conceptual (**). La dualidad, la polaridad (el yin y yang), conforman las energías contrarias que se dan en la naturaleza del campo, ya sea un campo físico o conceptual, material o espiritual.

Mas allá de la dualidad está la ...verdad [que] os hará libres; es decir la visión bi-hemisferoidal (logos y eros) que nos permite percibir la realidad con perspectiva y volumen y no plana como nos dicta el paradigma cartesiano.

Saludos
Sinesio
* http://www.tendencias21.net/Nueva-vision-de-los-limites-entre-los-sistemas-clasicos-y-los-cuanticos_a40874.html://
** http://www.tendencias21.net/La-paradoja-como-medio-de-comprension-nueva-fase-de-la-conciencia-humana_a28643.html://

5.Publicado por Clean el 17/03/2016 22:11
La Mentira: Falta de Valoren en la dualidad humana.La verdad es transcendencia de La
Humanitär...?

6.Publicado por LJoaquín González Álvarez el 18/03/2016 17:57
La importancia de El Nombre de la Rosa en la dialéctica Verdad/Mentira, es mayor que la que algunos advierten. El Nominalismo cuyo mayor exponente es Guillermo Occam, es una filosofía surgida en la Edad Media en el famoso Debate Sobre los Universales. El concepto de Universal es análogo al de Idea Platónica.El Nominalismo sostiene que la verdad es sólo lo Particular lo cual xiste por Participaciön en la Idea Platónica y que ésta es sólo Nombre, "Nomina". Es así que es Verdad algo Digno en Particular, pero la Dignidad es sólo Nombre.Del mismo modo es Verdad una Rosa en Particular, pero el concepto Rosa Sólo Nombre Es.
Todo ésto lo trata en forma novelada expone genialmente Umberto Eco en su excepcional El Nombre de la Rosa.

7.Publicado por Pedro Rubal el 19/03/2016 16:04
Amigo D. Joaquín: He leído, como siempre, tus comentarios. Puedo compartir lo que dices respecto a la obra de Umberto Eco y del Nominalismo en general. Pero las concepciones de la verdad, si no se contrastan con la realidad, las podemos encontrar en diversos ámbitos, como en las teorías pragmáticas, las de la correspondencia (a su vez, semánticas y no semánticas), las pro-oracionales, las fenomenológicas, las hermenéuticas, las coherenciales, las intersubjetivistas, (...), etc., que estudian muy bien Juan Antonio Nicolás y María José Frápolli, en un libro titulado "Teorías de la verdad en el siglo XX", Tecnos, 1.997, Madrid.
Y sabido es que en la hermenéutica DUALÉCTICA de D. Andrés, que yo comparto modestísimamente, y en la extensión en que lo hace D. Sinesio Madrona, tengo que pensar que un cambio en el contenido conceptual de una polaridad conlleva, por lo menos, una precisión en la otra, y por eso, entre otras razones, me preguntaba hasta donde la mentira, con un componente intencional, puede satisfacer esa condición.
Me extendí en la exposición para explicar porque considero, amigo Joaquín, que tus comentarios me parecen compatibles con el mío.
Un afectuoso saludo.
Pedro.

8.Publicado por Carlos M. Palacios M. el 20/03/2016 14:30
En mi opinión, la verdad y la mentira son simplemente la conformidad y la inconformidad, respectivamente, de la realidad con su representación en nuestras mentes, o si se prefiere: de nuestra representación en nuestras mentes con la realidad. Por eso me parece válido el principio clásico de que la verdad es la sustancia de lo real. Y es a la luz de tan sencillo (¿o ingenuo?) principio que voy a comentar el artículo del Dr. Ortiz.

El artículo se inicia citando a Umberto Eco: “La verdad SE ENTIENDE en comparación con la mentira”. Obsérvese que no dice EXISTE, sino “se entiende”. Ese “se entiende” es nuestra representación, nuestra percepción, de la realidad. Es decir, la sentencia de Eco se refiere a la percepción que tenemos de la realidad, no a su existencia misma. Es que la realidad existe por sí misma, independientemente de la percepción que tengamos de ella; está ahí, aunque no la conozcamos; aunque no la hayamos percibido; aunque se oculte a nuestros ojos como el paisaje que está ahí, aunque no lo veamos por estar cubierto por la niebla.

Sería un error creer que la verdad EXISTE solo cuando la comparamos con la mentira. Eso equivaldría a sostener que la verdad existe solo en función del ser humano, que es el que miente. Equivaldría a decir que al mentir traemos la verdad a la existencia. Por eso no comparto la idea de que no HAY verdad sin mentira, y que, por lo tanto, donde no hay mentira tampoco puede haber verdad. En cambio, sí es razonable pensar que puede haber mentira sin que haya verdad: basta que no exista aquello que es objeto de la mentira.

Saludos

9.Publicado por LJoaquín González Álvarez el 20/03/2016 18:57
Coincidimos en lo esencial amigo Pedro, de todos modos el triángulo que se dibuja en unpapel es verdad particularl , el que define la matemática es un universal, un Idea platónica, sólo un nombre. Un virtual abrazo..

10.Publicado por CachiBrasil el 21/03/2016 03:03
Se trata de una nota que reduce los conceptos de verdad y mentira, de auténtico o falso, a una interminable disquisición filosófica interpretativa, oponiendo diversas líneas filosóficos a lo largo de la historia...
Puede ser interesante para estudiantes de Filosofía o de Historia de la Filosofía, pero no aborda de manera descriptiva los términos de ese dualismo. No hay duda de que la verdad es lo contrario de la mentira, pero ¿Quien dice la verdad y quien miente?... ¿Y que significa mentir o decir la verdad para ese sujeto que es el ser humano?...
A menos que sea un farsante consciente de su farsa es seguro que los seres humanos no saben que significa mentir, aunque también es seguro que pueden registrarlo en su psiquismo como contradicción. Contradicción entre lo que se piensa, se siente y se hace. Y esa contradicción que se produce entre el pensamiento, el sentimiento y la acción se registra como sufrimiento mental. Y así es que la superación del sufrimiento es la eliminación de la contradicción interna, de manera intencional, conciente y progresiva, como propósito de vida.

11.Publicado por LJoaquín González Álvarez el 22/03/2016 16:56
Amigo Pedro, tu tocayo Pedro Abelardo propuso una interesante variante del Nominalismo llamada Conceptualismo que sostenía que los Universales existían como Conceptos independientemente de que no fueran reales, de esta manera el Triángulo Matemático existía como Concepto Abelardiano,

12.Publicado por Clean el 25/03/2016 11:45
La verdad y La Mentira en La de La R.A.E. En el conocimiento Universal,en la falta de Valores en La humanidad las Leyes creadas por los Hombres. La verdad y La Mentira
Son complementarias para la transcendencia....?

Ejemplo:Como La maldad y el Poder se complementan para sus Interes,asi la verdad y La Mentira para Salvaguardar La vida. (Valores Universales) Transcendencia...?l

13.Publicado por Pedro Rubal el 26/03/2016 11:49
Permítanme sólo unas palabras por deferencia y sincero respeto a mis compañeros de los comentarios en este foro, especialmente a quienes, haciéndose eco de la conveniencia de dialogar, se han mostrado dispuestos a ello.
En primer lugar, a mi me parece que estamos desenfocando un poco el objetivo de D. Andrés en este trabajo: Sospecho que estará echando las manos a la cabeza por lo extraño de a donde ha llevado su trabajo. Pienso que, rigurosamente, nos situamos fuera de contexto, justamente por eso yo quise quedarme en el nivel meramente coloquial. Explicaré un poco.
En segundo lugar, ahí va la modestísima explicación. Me parece que la Hermenéutica emerge en nuestro ambiente cultural filosófico como una alternativa a la metafísica, pasando por una reflexión sobre los diferentes modelos de racionalidad, los conceptos antropológicos, la forma de entender los saberes, las mismas organizaciones sociales, culturales, poíticas, económicas, etc., a través de la historia del pensamiento en particular y de otro tipo de historia de los eventos en genera. Bajo la vigorosa influencia de Husserl y Nietzsche, todos sabemos que Heidegger, en el fondo, instrumentaliza una crítica a todos esos conceptos que le preceden, dejándonos como fruto de su colosal esfuerzo intelectual nuevos conceptos del conocimiento, del ser, del ente, del tiempo, de la misma historia (...) y de la VERDAD, y todo esto florece, con pétalos de diferentes coloraciones, en las producciones que nos ofrecen autores como Vattimo, Foucault, Gadamer, Derrida, Rorty, y nuestro querido amigo, el Dr. Ortiz-Osés, que ocupa un lugar destacadísimo internacionalmente, en este enfoque hermenéutico, como se puede comprobar visitando su página Web en Wikipedia, reciente.
En tercer lugar, hay otras alternativas a las hermenéuticas. Yo me atreví a apuntar, tímidamente, a Zubiri; pero me abstengo porque, ni es este el lugar apropiado para abordar a fondo estas cuestiones, ni yo me considero preparado suficientemente para hacerlo con algún rigor y sospecho que en esto todos caemos un poco: En traer a los comentarios aquello de lo que sabemos algo.
En cuarto lugar, dialogar con cada uno de mis compañeros aquí, en este foro, me llevaría a hacer planteamientos previos, porque, en nuestra perspectiva, todos tenemos, posiblemente, algunas razones para mantenernos en ellas; pero, salvo excepciones, me parece que son insuficientes, y lo reitero, para ir al fondo de las prácticas hermenéuticas de D. Andrés.
Si me disculpan la extensión, les agradezco la paciencia que hayan dedicado en leer esta deshilvanada OPINIÓN.
Saludos. Pedro.

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