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Vivimos bien pero morimos mal, sugiere un estudio de la UPV

Las transformaciones que se han producido en la percepción de la muerte en las últimas décadas reclaman nuevos cambios legislativos


El investigador de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU), Iñaki Olaizola, ha analizado cómo se siente la sociedad vasca respecto a la eutanasia y al proceso de morir, y cómo ha cambiado dicha percepción desde la década de los 70 hasta hoy. Sus resultados señalan que ha habido importantes transformaciones al respecto en las últimas décadas. La muerte ha pasado de ser considerada un destino inevitable a percibirse como una responsabilidad personal, en la que el sistema médico no debe influir si el afectado no lo desea. Aunque algunas leyes ya se han ajustado a esta nueva percepción de la muerte, el investigador afirma que aún queda mucho por hacer en legislación, tanto en lo que respecta al proceso de morir como en lo que respecta a la carga que sufren los cuidadores. UPV/EHU/T21.




Imagen: mad-ame. Fuente: Everystockphoto.
Imagen: mad-ame. Fuente: Everystockphoto.
El investigador de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU), Iñaki Olaizola, ha analizado cómo se siente la sociedad vasca respecto a la eutanasia y al proceso de morir, y cómo ha cambiado dicha percepción desde la década de los 70 hasta hoy.

Para ello, el antropólogo entrevistó a personas de todo tipo. Los resultados de estas entrevistas revelaron que el miedo a morir mal es algo generalizado.

Olaizola ha elaborado una tesis a raíz de esta investigación, que ha sido defendida en la UPV/EHU. A partir de su estudio, el científico remarca, en un comunicado de la UPV, la necesidad de garantizar por ley la muerte digna.

"El País Vasco, y occidente en su conjunto, somos un país que en principio vivimos bien, pero morimos mal. Y eso es algo que se puede mejorar", explica el investigador.

La muerte: una responsabilidad compartida

Al ser una investigación antropológica, la entrevista en profundidad fue la técnica que más relevancia tuvo en este trabajo.

Concretamente, Olaizola entrevistó a quince vascos, una muestra compuesta por más mujeres que hombres. Y es que, al alargarse la vida, la necesidad de cuidados también se ha agravado, y las mujeres siempre se han responsabilizado más de esta tarea", señala.

El antropólogo optó por escoger a gente corriente; es decir, su objetivo no fue entrevistar a personas con conocimientos específicos sobre la eutanasia o los procesos de morir.

La razón de esta selección es que la muerte “nos compete a todos; el proceso de morir no es algo exclusivo de los especialistas, y mucho menos de los médicos. Una vez se han tomado ciertas decisiones, el médico es imprescindible, pero lo que es la reflexión, el debate, el valor de la vida, su sentido… no es responsabilidad de los médicos, sino de todos".

Cambios en la forma de afrontar el final

Olaizola analizó el proceso de la muerte dividiéndolo en tres fases: la enfermedad y dependencia, la agonía y el ritual que sucede a la muerte. Según él, estas tres fases han sufrido grandes cambios en las últimas décadas. En lo que a la manera de enfrentar la muerte se refiere, la sociedad vasca habría evolucionado de un modelo tradicional a un modelo "biográfico".

"En el (modelo) tradicional, la religión tiene una influencia tremenda, debemos vivir hasta que Dios quiera. Se entiende la muerte como un proceso largo, como parte de la vida. No tenemos control sobre nuestra vida. Pero entonces, aparecen algunas personas que empiezan a reflexionar más profundamente, que son conscientes de su propia vida. Aparecen nuevas éticas, modelos, prácticas… A eso le llamo modelo biográfico". Es decir, a tomar las riendas de nuestra vida y muerte.

Según las conclusiones obtenidas en el estudio, el punto de inflexión entre los dos modelos se produjo en las décadas de los 60 y 70.
La razón radica en diversos cambios acaecidos entonces. Por un lado, cambios sociales.

En este sentido, Olaizola apunta a la evolución demográfica y al incremento de la esperanza de vida: "Ahora se prevé que seremos dependientes durante cinco o seis años antes de morir. La dependencia supone una necesidad de cuidados extrema, lo que suele derivar en una carga terrible para las mujeres. Además, la estructura familiar ha cambiado; antes vivían hasta tres generaciones bajo el mismo techo".

Por otro lado, se produjeron también transformaciones culturales importantes, que son los cambios que más han tenido que ver en la evolución de cómo percibimos la muerte.

El investigador menciona en este sentido la "individualización reflexiva". Como tal se refiere a la percepción de que nuestra salud es cosa nuestra, y no tiene por qué ser responsabilidad de otros.

A partir de esta percepción “surge el derecho a no cuidar. Se reivindica que las personas, y sobre todo las mujeres, no están obligadas a cuidar a los enfermos hasta puntos tan extremos, que son personas y tienen que vivir", señala Olaizola.

Las leyes han reflejado este cambio cultural, por ejemplo, con la aparición de la Ley Española de Autonomía del Paciente del año 2002.

"Cada uno es dueño y señor de su proceso, el sistema médico no está autorizado a cuidarte si tú no quieres. El cambio cultural es tremendo: nuestra autonomía se ha convertido en el principio primordial. Y otro cambio importante en cuanto a leyes es la posibilidad de hacer una declaración de voluntades anticipadas, donde puedes especificar, por ejemplo, tu deseo de no vivir a partir de un momento determinado", explica el autor del estudio.

Iñaki Olaizola, autor de la tesis. Imagen: Juan Carlos Ruiz. Fuente: Argazki Press.
Iñaki Olaizola, autor de la tesis. Imagen: Juan Carlos Ruiz. Fuente: Argazki Press.
Evitar el sufrimiento

A pesar de todos estos cambios, Olaizola afirma que aún queda mucho por hacer en legislación, tanto en lo que respecta al proceso de morir como en lo que respecta a la carga que sufren los cuidadores.

En este sentido, hace referencia a las declaraciones de las mujeres entrevistadas para la investigación: "Sobre todo ellas no quieren que sus familiares las cuiden durante sus años de dependencia. Han sufrido tanto cuando les ha tocado ejercer de cuidadoras, que no quieren semejante carga para sus hijas. Prefieren ingresar en una residencia".

El autor de la tesis denuncia que hay una gran indefinición respecto a las leyes. Según él, habría que dar aún "un paso de gigante”: "Hoy en día, nadie da valor redentor al sufrimiento. Todos aquellos a los que he entrevistado dicen que el dolor es innecesario, que hay que eliminarlo. Ese derecho a morir dignamente debe ser legislado, debe haber garantías. Hay que mejorar la calidad de la muerte, porque aún es mala".

El trabajo de Olaizola ha sido presentado bajo el título “Transformaciones en el proceso de morir: la eutanasia, una cuestión de debate en la sociedad vasca”.

Miércoles, 30 de Mayo 2012
UPV/EHU/T21
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1.Publicado por CachiBrasil el 06/06/2012 03:42
Esta nota, o "estudio" es vacío de contenido...O por lo menos, éso me parece...
El problema no está en la eutanasia o en el modo de morir, sino en la muerte en sí misma.
Es y siempre fue la única certeza absoluta del ser humano y no es nada fácil aceptar el cierre definitivo del futuro.
El dolor que puede acompañar al momento de la muerte o a su procesamiento por una enfermedad o un accidente, pueden reducirse o suprimirse merced al avance de la ciencia médica. Pero el sufrimiento mental que la precede y acompaña no son superables por medio de la ciencia ni por el consuelo dado por sacerdotes.
Es esa la base de las creencias en la trascendencia después de la muerte y el desarrollo de cultos y dogmas religiosos. Y esto es así desde el principio de la humanidad.
En la base de todo esto está la sospecha de que no hay sentido en la vida si todo acaba con la muerte.
Sin embargo, ninguna de las religiones existentes puede ni ha intentado verdaderamente dar una respuesta válida a esta sospecha. Apenas se han limitado a imaginar formas de vida posteriores a la muerte física basados en dogmas de reencarnaciones y existencia de paraísos e infiernos.

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