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ARTE

Bitácora



Angel Orcajo Miércoles, 5 de Febrero 2014
Podría comenzar diciendo, como representante de los artistas que utilizan la pintura como forma de expresión, que ésta se encuentra en una profunda crisis, pero no a causa de la transformación de este medio expresivo, debido al influjo de los medios tecnológicos en el campo visual.

El Arte de la Pintura, siempre estuvo ligado a los intereses de la sociedad que demandaba su quehacer, surgió en el género humano por autentica necesidad, desde las pinturas rupestres que intentaban convocar las fuerzas positivas que propiciaran la suerte a la hora de la caza, hecho fundamental de ese momento histórico, como posteriormente fue el vehículo fundamental, que se encargaba de poner imágenes estimulantes a los contenidos de las creencia, hacer creíble lo increíble, vírgenes, santos, escenas bíblicas etc. Desde el Medievo o antes en otras religiones a la cristiana, hasta las genialidades de un Leonardo da Vinci, o un Miguel Ángel con el derroche de imágenes en su Capilla Sixtina en el Renacimiento, o en el campo social o aristocrático llevado a cabo por artistas de enorme talento como Velázquez o Goya, cumpliendo la función de la fotografía aún por inventar.

Como he expuesto antes, la crisis del Arte, no viene de su desarrollo renovador, videoarte, instalaciones, performances etc, ya que afecta también a las realizaciones nuevas, es una crisis de contenidos, si entendemos claro está el arte como un producto del ser humano, y esto es realmente lo que se encuentra en autentica decadencia y desaparición. Esta crisis es la consecuencia de una pérdida de valores profundos y una transformación de los mismos en la sociedad, bien llamada “de consumo” y que se produce por la desmedida codicia económica de algunos, y el ascenso como valor central social del mito del dinero, como fortalecedor de tantos proyectos personales y aspiraciones desmedidas donde brilla “el lujo”, como eje esencial del proceso vital.

“El poder del dinero” como valor, minimiza cualquier aspiración utópica, como es el campo de los sentimientos desinteresados, y de realizaciones artísticas que se adentran en el espacio desconocido y profundo del ser humano, en su intento de explicación ¿qué somos? dejado hoy a los descubrimientos de la ciencia investigadora. Por otro lado ese valor ha influido en la pérdida de otros de sentido opuesto, como un dicho que se oía en los años cincuenta: “pobres pero honrados”, se manifestaba la dignidad como valor supremo, hoy la ética y la moral en desaparición dejan que aflore la vanidad como sentimiento prioritario.

Parece como si en nuestro presente, el espacio de lo profundo y lo espiritual, ha ido desapareciendo, ya que lo espiritual siempre se asoció a lo religioso, y sin embargo el sentimiento humano, es algo sublime como construcción progresiva del ser.

Un proceso de banalización


La progresiva banalización de los productos culturales, son el resultado lógico de una sociedad que demanda lo efímero y brillante como realidad consumible, sin problemáticas profunda que le complican la vida para nada. La demanda actual, ha ido marginando todo deseo de auténtica creación y desarrolla y potencia, en cambio, la creatividad como facultad de esa sociedad contemporánea en una proyección sin límites, en un deseo de expansión, esa capacidad humana practicista y también ligada de alguna forma al campo económico. Pero creatividad no es creación, operan en sentido contrario, la creatividad trabaja en extensión, creando mil imágenes, y la creación lo hace en profundidad creando pocas imágenes pero densas y complejas.

La sociedad incentiva a los jóvenes en el camino del éxito, refiriéndonos al campo musical de espectáculo y animación, se crean a través de la TV “operaciones triunfo” y las obras que se producen son fuegos instantáneos, que se apagan al poco tiempo.
Otro factor que estamos viviendo y que se puede ligar de algún modo a la palabra crisis, es el cambio progresivo y confuso entre lo tangible y lo virtual, que cambia nuestro concepto de lo real.

El Arte contemporáneo y el público

Asistimos a un progresivo alejamiento de la sociedad y el arte actual, que se viene generando desde la última década para acá. Por una parte la falta de interés del público en todo aquello que le constituya esfuerzo, formación, paciencia y búsqueda de sentido, y si esto lo referimos al campo de las imágenes, nos encontramos que a la vez el campo del arte se ha ido acercando cada vez más hacia expertos y profesionales a partir de los últimos experimentos estéticos llevados a cabo en el siglo XX.

A partir del Cubismo que abrió nuevos y fascinantes caminos a la expresión estética, sin embargo se fueron creando obras que la mimesis de lo real fue desapareciendo, y que es lo que había perdurado durante largos períodos históricos, lazo que unía realizaciones y espectadores, este factor quebró produciéndose un evidente divorcio entre arte y sociedad que se ha ido acrecentando más y más.

Arte > No Arte

Con lo anteriormente dicho, el arte se ha ido convirtiendo en un espacio restringido, para entendidos. Pero vayamos más a analizar en profundidad el hecho de la valoración de las obras que se producen a partir de este momento.

Expone el pensador y profesor emérito de filosofía en la Columbia University y crítico de arte en The Nation, Arthur C. Danto en sus diversas obras publicadas, que vivimos un período “después del fin del arte” producido este a partir de las obras que constituyeron hechos importantes, de Andy Warholl, por un lado, que no existe forma de explicar la diferencia entre una obra de arte y el producto comercial en el que se inspira, y el urinario tal cual de Marcel Duchamp instalado y entronizado en el Museo, naturalmente con el beneplácito de los expertos.

En los dos ejemplos subyace el mismo hecho, la falta de logro expresivo por medio del talento y dominio técnico absoluto, que esto era algo imprescindible en otros momentos históricos.

El siglo XX en un afán desmedido de poner todo en tela de juicio, y muy dado a hacer saltar por los aires sus bases culturales, encuentra lógico esos postulados absolutamente nuevos que socavan los cimientos de su civilización occidental, pero que no le importa con tal de crear “Un Mundo Nuevo “.

Hay que pararse a pensar en este punto, como contrastan los ejemplos geniales de un Rembrandt, Velazquez, Tintoretto etc... Que constituyen cimas de perfección y conocimiento con lo anteriormente expuesto de la época de la modernidad, donde estos manifiestan contrariamente un enorme “poder conceptual”.

Si a estos ejemplos, le sumamos el que constituye la idea y la “no obra” del pintor Ives Klein, que acabó definiendo el espacio vacío como la posibilidad de la mejor obra y que titulo “zona de sensibilización”, constituye el fin de la construcción artística tangible, y eleva “lo conceptual” a máxima obra.

Después del fin del Arte

Hemos llegado después de lo expuesto, que el arte ha entrado en una profunda crisis ya que avalado por expertos vanguardistas, cualquier detritus puede ser arte, dependiendo en el contexto en el que aparezca, y ellos se constituyen (aunque no lo reconozcan en los auténticos creadores.

La confusión en la sociedad, se hace palpable al no existir criterios validos y objetivos para saber ¿qué es arte, y que no lo es?
El desinterés por el arte contemporáneo provoca que el público vacíe las salas de exposiciones de arte actual, y haga colas en las muestras de arte clásico, producto de ese desconcierto.

Asistimos pues a un momento histórico en que el Arte con mayúscula, ha devenido a fundirse en la sociedad y hacerla más estética, y donde el diseño de todo ocupa cada vez más un lugar preponderante en un espacio vital más refinado pero banal.

Si nos referimos ahora al mundo creativo visual del cine, comprobaremos que todas las maquinas tecnológicas que transforman las imágenes de la realidad, a base de infinito talento, en virtualidad fascinante, generalmente atrapan al espectador en sí mismos, pero a través de ellas no se nos induce a descubrir el fondo del ser humano en sí mismo y en su relación con los demás seres. Todo se reduce a dejarnos suspendidos en sensaciones a veces sumamente fascinantes pero nada más.

Por último si nos referimos ahora a la crisis económica que padecemos, vemos que no hay dinero para incentivar la muestra de cultura, y esta va perdiendo protagonismo en la sociedad, no lleguemos a decir induciendo a esta a su progresiva minusvalía y relativa desaparición.

Ante esta realidad que nos vaticina un futuro que no debemos aceptar, debemos reaccionar, no dejarnos caer, ante un hecho que se presenta indignante, solo se fomenta y se patrocina, lo que brilla de forma espectacular, las realizaciones que fomentan el consumo y el entretenimiento, aunque este sea de lo más superficial en cuanto a hechos en sí.

Hay que revelarse con nuestras obras y con nuestros actos, aunque de momento parezca que no sirven para nada.

No dejemos que nos invada lo banal, progresivo

La crisis económica ha colapsado la mente y el ánimo de la sociedad, en la que solo la economía lo ocupa todo.

Bitácora



Angel Orcajo Jueves, 6 de Enero 2011

Como creador plástico que soy, vulgarmente llamado, artista. Siempre consideré mi trabajo pictórico como una herramienta expresiva, una forma de volcar mis sentimientos y pensamientos, creando imágenes que dijeran algo entendible al espectador.

La forma unívoca de entendimiento, y por lo tanto alejada de todo camino de confusión es la transmisión hasta el siglo XIX, siempre fue el arte figurativo, un arte que poseyera profundidad a través del talento y dominio formal del autor, y que al utilizar figuras de la realidad, donde esta determine la temática y lógicamente la automática comunicación sin equívocos.

Pero es el complejo trabajo de los grandes artistas de la imagen de tantas épocas de la historia, al referirse por ejemplo a temáticas religiosas, y estimular la creencia, la imaginación de los artistas fue dimensionada al máximo y esta creó escenas y tratamientos visuales que contribuyeron a hacer creíble lo increíble, visible lo invisible, y digo yo: ¿esta no es una manera de crear una forma de estrategia?

Por ejemplo El Greco deformó alargando intencionadamente algunas figuras de sus obras en la parte visual superior, que se refería al espacio celeste, dándoles un carácter más espiritual, a través de esa transformación de la forma ¿No estaba creando en el espectador una sensación de espiritualidad con ese alargamiento irreal, inventado en definitiva?

Cuantas veces en las obras artísticas religiosas no aparecían volando con toda naturalidad las figuras, véase como ejemplo el derroche de todo esto en los frescos de la Capilla Sixtina de Miguel Ángel, y no solo en este autor, la irrealidad se había convertido en realidad creíble.

La Religión Cristiana, producto de occidente y ligada estrechamente a su cultura evolutiva, utilizó y potenció un campo infinito de expresión visual, este trabajo podemos verlo perfectamente como una estrategia configurada y perceptible, a través de sus variadas formas artísticas, construidas a través de la experimentación formal, forma-color y donde los fieles creyentes se sentían altamente estimulados para desarrollar su sentimiento religioso y creencia.

Nueva estrategia de comunicación

Todo lo anteriormente expuesto viene a colación para reflexionar sobre la construcción de una nueva estrategia de comunicación.

El lenguaje visual, de alguna forma comunicador se vio puesto en proceso de anulación al cuestionarlo en aras de la modernidad en el siglo XX, ya que en la creación de expresiones abstractas, fueron alejándose intencionadamente de lo comunicativo, haciendo esta cada vez más expresión en sí misma y referida al campo exclusivamente estético, donde el impacto en el espectador fuera cada vez más de asombro y desconcierto.

La estrategia fue convirtiéndose cada vez más en un elemento de desarrollo artístico, que fue dando la espalda cada vez más a una intención que le parecía que traicionaba su poder expresivo, de arte por el arte y para el arte, esta conquista de libertad, de superación de la servidumbre a la representación de lo real dio paso a un sinfín de estilos y obras, apareciendo un factor nuevo como el desarrollo de la creatividad, y olvidando cada vez más la expresiión de lo profundo.

En este panorama el arte fue dando la espalda cada vez más a la mayoría que es en definitiva la sociedad, y fue entrando en un callejón cada vez más minoritario y de difícil comprensión, lo cual fue convirtiéndose en un fenómeno autónomo pero aislado, se originaba un divorcio claro entre arte y sociedad.

En los últimos tiempos sigue apareciendo una producción artística, tanto a través de las nuevas tecnologías como instalaciones objetuales de poca fuerza expresiva, y obras en las que la comunicación por ser el ejemplo de expresiones literales de la realidad, y su mensaje primario y corto de vuelo no deja de aparecer un síntoma indudable de banalidad y crisis creativa.

Desde este estado de la cuestión, algunos creadores nos sentimos estimulados como controversia, a la búsqueda de lenguajes expresivos más complejos y de nuevas formas de comunicación, para expresar el mundo en el que vivimos y asistimos a veces atónitos y desconcertados a su devenir.

Para configurar las imágenes que expresen la realidad cambiante y el impacto dentro de nosotros, unas veces con emoción alegre y otras profundamente triste y desalentadora, de ese progreso a veces enloquecido en busca del bienestar pero con la pérdida de valores, yo busco formas visuales en síntesis, entre las formas figurativas tradicionales y todo el bagaje de la modernidad hasta hoy heredado.

Mi búsqueda e investigación formal, tiene como objetivo encontrar una manera nueva de comunicación, sin perder el poder polisémico de lectura, puedo llamar a esto, la búsqueda de una nueva estrategia que de ese fruto. Para crear algo hay que tener valentía y olvidarse de métodos codificados y académicos, donde todo está excesivamente controlado por los saberes y se destierra con cierto terror el fracaso, e iniciar una andadura llena de incertidumbre, ¿pero porqué considerar ésta, como algo negativo que afecta a nuestra actitud?

En el arte, todo caminar debe ser incierto, jalonado de dudas apasionantes, como dijo nuestro gran poeta Antonio Machado: “Caminante no hay camino, ESTE se hace al andar”, solo al final del camino veremos si hemos conseguido algo, pero el exceso de seguridad restará aventura, emoción, a veces nos desesperará la sensación de que trabajamos inútilmente, que no lo vemos claro, nos hemos metido en un túnel que no se vislumbra la salida, pero ese es posiblemente el túnel necesario, lo empezamos a notar a medida que avanzamos por el. Como hemos dicho de la mano de Machado, que de forma sencilla y rotunda era definida la andadura humana, se refería a la vida.

Ahora debo decir que el trabajo en el arte, no es confiarlo todo al azar, y que cualquier cosa que aparezca es válida como hallazgo, los que como yo creemos, que el arte debe comunicar al otro y no servirnos solamente a nosotros, en su subjetividad en crecimiento desmesurado, y que entonces lo conseguido queda solo para alimentar la vanidad del ejecutante.

Comunicar al otro

En el trabajo de búsqueda, que es investigación si se realiza con responsabilidad profesional, al sentirnos parte de esa colectividad que puede beneficiarse de ese trabajo debe sumergirse en el espacio del azar atravesar un relativo caos, navegar o chapotear cual nadador en peligro, siempre en el proceso alerta de que aparezcan caminos que nos lleven a soluciones impensables, yo este trabajo lo realizo con una mentalidad de artista figurativo, ya que la figuración es el vehículo que procura la comunicación, pero sumergido en un espacio de abstracciones de la realidad, con el peligro de perderse veces incluso ese espacio está compuesto de mezclas totalmente aleatorias de materia a color que uno manipula caprichosamente, en ese recorrido y no perdiendo de vista nuestra intención constructiva que siempre será “Una nueva imagen figurativa”, habremos conseguido, o no, un hecho de “Comunicación nueva”, a partir de una estructura- estrategia que aparecerá luminosa.

En el arte como en la vida, la síntesis de contradicciones habrá construido un hecho nuevo, ¿Cuál es la verdad, que es la verdad?, que derecho tenemos a imponer nuestra verdad, y no será más pobre que la síntesis de contrarios, porqué no se puede conseguir un espacio de equilibrio y de paz, de respeto absoluto al otro, deberíamos conseguir entre todos ese espacio emocionante que se alza de la suma de contrarios, y no como siempre de la victoria de unas opiniones sobre otras, ese espacio construido con estrategia que lo faciliten palpitará en su amplitud de concepción, en esa sensación sublime del concepto de lo auténticamente humano, que crece y se desarrolla con emoción en los participantes, que han conseguido superar su egoísta y empobrecedor ego.

Construyamos entre todos un verdadero humanismo hoy tan olvidado y perdido, y se nos iluminará la vida, no se por cuánto tiempo pero valdrá la pena experimentar esa sensación colectiva llena de belleza, y alejada de la destrucción que siempre late paradójicamente como posibilidad, del fuerte, del inteligente, ¿porqué no hacemos un gran esfuerzo en entender lo no entendible? Y convivir de tú a tú, sin categorías, disfrutando de esta estrategia conquistada, todos somos de alguna manera válidos, la controversia no anuladora puede ser un motor necesario, reconozcamos esto entre todos en ese espacio nuevo conquistado, esa es la meta, un humanismo nuevo; pleno, profundo.

El arte no debe ser un territorio de manifestaciones infinitas de creatividad consumista, debe según mi opinión, contribuir a enriquecer el interior sensible de todo ser humano, y ayudarle a desarrollar su capacidad constructora positiva de la vida, todo esto manifestado y fraguado en el espacio de la belleza conquistada.

Bitácora



Angel Orcajo Lunes, 15 de Diciembre 2008
La Cúpula de Barceló
Comenzaré diciendo que este artista de una generación posterior a la mía merece mi consideración y que lo que voy a exponer a continuación es una reflexión sobre el arte contemporáneo que elige como punto de partida la tan elogiada como discutida obra de Barceló, aunque la polémica ha venido por el costo desorbitado de ese recinto “Sala de Los Derechos Humanos y La Alianza de Civilizaciones”, del edificio de la ONU en Ginebra.

“La remodelación” de dicho lugar y el elevado costo, (20 millones de euros) han saltado las críticas por doquier, y en contestación algunos miembros del Gobierno Español, eludiendo el procedimiento llevado de la financiación y en respuesta a ese alto coste, zanjaron dicha cuestión, aludiendo que el arte también puede contribuir al desarrollo humano. La inauguración de La Cúpula llegaba en el peor momento económico, dada la crisis en ascenso del país, bien es verdad que el proyecto arrancaba hacia años.

Dejemos el aspecto económico, que se consideraba por algunos un auténtico despilfarro, mientras otros han manifestado que el arte no tiene precio, mientras Barceló agobiado pedía que se dijera algo de su obra, que no se había hecho y uno de los responsables digno de resaltar argüía que esta obra era la Capilla Sixtina de Barceló.

Cuando leí en un diario dicha manifestación inmediatamente se me planteó la comparación y en cuanto a trascendencia del nivel de las obras, no es disparatado el compararlas.

Creo que Barceló, que disfruta de prestigio merecido internacional, ha tenido y desarrollado una idea original de una visualidad potente: convertir esa cubierta en una gruta fascinante, de formas y colores. Deseo y espero que los anclajes de esas formas suspendidas sean seguros y definitivos, y que la tecnología utilizada no falle.

El resultado artístico no deja indiferente a nadie, yo no la he visto al natural pero me he ocupado de buscar en prensa y televisión todas las imágenes posibles. Sé de la investigación matérica y la gravedad de ésta, de la preocupación del artista, así como de la original forma de dar color a sus estalactitas con curiosos lanzallamas y él vestido cual personaje de ciencia ficción que la prensa ha aireado como es lógico en un mundo como en el que vivimos, tan cinematográfico.

Y ahora voy a manifestar esa reflexión que viene ad hoc: Creo que es una obra espectacular, más física que de impacto profundo, que se quedará desgraciadamente en una cierta escenografía de alta y original decoración. Se configura como lugar armónico para la celebración de los importantes debates que allí se van a celebrar, y en los cuales no pretende participar en un trabajo sensibilizador para construir un futuro entre todos.

Es inevitable ante la comparación de esta obra con La Capilla Sixtina de Miguel Ángel, hacer algunas puntualizaciones dado que todo ello se enclava en la diferencia de tiempos y actitudes históricas. Si nos fijamos bien, la gran obra de Miguel Ángel hace cuerpo indisoluble con la intencionalidad de su Capilla, manifiesta una complejidad formal apabullante, en su expresividad y de enorme trascendencia por la visualización y asunción de la creencia, la obra se pone al mismo nivel de grandeza que la gran metáfora expresada , y no se queda como una mera ilustración de la misma.

Habría que pedir de alguna manera o desear al menos, que Barceló hubiera realizado una obra que “catapultara contenidos significativos”, en vez de situarse al margen de los debates, pero todo esto es resultado, como no podía ser de otro modo, al quedar superada cualquier intención representativa por las diferentes vanguardias sobre toda la debacle figurativa, a partir de la entronización de la pintura abstracta, que se vale por sí misma para confabular todas los inimaginables interpretaciones a cargo del espectador preparado.

En este sentido hay que traer aquí una gloriosa excepción, y es la obra que realizó el prestigioso pintor Lucio Muñoz para La Basílica de Nuestra Señora de Aranzazu (Guipúzcoa) en 1969, donde su enorme mural crea un entorno de paisaje trascendente, que viene a potenciar el lenguaje abstracto, creando una mística muy a tono con el ambiente espiritual necesario en dicho espacio.

Nos encontramos en un momento del arte de hoy en gran peligro, por un lado la progresiva designificación de tantas obras, en su infinita soberbia que instala la estética como valedora en sí misma de forma y color desvinculada de cualquier intención significativa, y otras obras de otros creadores, en las que la obviedad de las imágenes es patética, o minimalismos sin fin que exaltan la nada como vehiculo de lo nuevo.

Por último, deberíamos dejar de mirarnos el omnipresente ombligo de nuestra contemporaneidad, y hacer cada uno la autocrítica obligada en todo trabajo responsable, sin alardear tanto de esa libertad conseguida por otros y que perfila un mundo banal donde la moda se instala en ese deseo de espectáculo por encima de todo, que manifiesta la sociedad de hoy.

Dejemos a Barceló con su obra y esperemos si es refrendada por épocas venideras, que lo deseo para el, pero no dejemos de preguntarnos, sobre qué es el ARTE con mayúscula. ¿Seremos capaces de respondernos a nosotros mismos en nuestro interior y en el silencio de los “estudios”?

En cuanto al precio de las obras artísticas en nuestra época, si traemos el ejemplo de uno de los grandes de LA HISTORIA DEL ARTE, como Tintoretto, que estaba dispuesto a realizar gratis algunas de las grandes obras de la Escuela de San Roque, en Venecia, nos debería dar vergüenza nuestro mundo y nuestra mentalidad que asumimos con toda normalidad.
Espinazo de la noche. Foto: Pablo Orcajo.
Espinazo de la noche. Foto: Pablo Orcajo.
Milano, 20 de junio.- Bajo la rúbrica de “Soglie d´incertezza” el Instituto Cervantes de Milán ha dado a conocer al público italiano la obra del pintor madrileño Angel Orcajo.

Dos son los aspectos que el pintor ha querido significar con esta muestra: “Búsqueda expresiva y poner en evidencia unos contenidos marcados por las amenazas que aquejan al hombre de hoy”, en un intento de crear más un clima de preguntas que de respuestas.

La muestra que- reúne obra realizada entre 1978 y 2007- está siendo expuesta en junio/julio en Milan, y se trasladará Roma en septiembre/octubre, y permitirá a dar a conocer a un “artista de una intensa y rica trayectoria, reconocido en España desde la década de los sesenta” en palabras de los dos comisarios de la exposición y directores de las respectivas sedes del Instituto Cervantes en Milán y Roma, X. Antón Castro y Fanny Rubio.

Reproducimos algunos fragmentos tomados de los medios italianos


Corriere della sera

Crepuscoli, enigmi, segni, incertezze, luci, nubi e caos predominano nei dipinti del pittore Angel Orcajo. Suggestioni che ritornano costantemente anche nei lavori più recenti, dominati da tonalità luminose e azzurrate, che si sostituiscono gradualmente a quelle più cupe e drammatiche dei quadri dei periodi precedenti.


Musei on Line

MOSTRE: MILANO, ANGEL ORCAJO ESPONE ALL'INSTITUTO CERVANTES
'SOGLIE DI INCERTEZZA' IL TITOLO DELL'ESPOSIZIONE

Milano, 28 mag. - (Adnkronos Cultura) - Dal 6 giugno al 10 luglio l'Instituto Cervantes di Milano propone la mostra "Soglie di incertezza" del pittore Ángel Orcajo, realizzata con il supporto del Banco Bilbao Vizcaya Argentaria. Celebre in Spagna (dove è nato, a Madrid, nel 1934) fin dagli anni Sessanta, Orcajo utilizza le tecniche pittoriche per ridimensionare il valore estetico e raggiungere una dimensione più poetica. Dopo gli studi di disegno nella Scuola Nazionale di Arti Grafiche a Madrid e pittura alla Scuola di Belle Arti di San Fernando di Madrid, Orcajo partecipa al Padiglione spagnolo della XXX edizione della Biennale di Venezia nel 1970. Ha esposto in importanti sale spagnole, quali Juan Gris e il Museo Spagnolo di Arte Contemporanea di New York passando per San Paolo (Biennale del 1969), Lisbona e Oporto (Sala da Praça). Le sue opere sono esposte in alcuni dei principali musei spagnoli e internazionali.



Teknemedia

Angel Orcajo: Soglie di incertezza

Orcajo e' un artista con alle spalle un grande percorso artistico. Il suo impegno verso la pittura e le sue possibilità, e' riconosciuto in Spagna fin dagli anni Sessanta. Orcajo utilizza le tecniche pittoriche, anziche' per esaltare, per ridimensionare il valore estetico ad uno stato della coscienza, fino ad arrivare alla sua dimensione piu' poetica, in cui attinge ai classici e alle sue iconografie come nel caso de Il Viandante di Friedrich o la Torre di Babele di Brueghel; oppure si ispira alla letteratura, al cinema citando Fellini e Tarkovski; o alla musica (Bob Dylan). Il risultato che vuole ottenere e' l'esplicitazione di una morale che unisce poesia, bellezza e preoccupazione per il destino dell'uomo contemporaneo.

La sua poesia ritrae in silenzio, negli spazi o nel tempo e nella memoria tra le figure che impersonificano il dramma e rappresentano il naufragio, la notte, il giorno, la luce, il corpo e lo spirito, la morte, la vita, la bellezza e la distruzione, il rumore ed il silenzio, il vecchio ed il nuovo mondo. Un universo a cui Orcajo ci conduce servendosi della frammentazione e della sincronia, del contrasto narrativo e, soprattutto, della pittura, nella sua dimensione piu' pura.



Bitácora



Angel Orcajo Lunes, 31 de Marzo 2008


Una vez pasado ARCO de este año, y conectando con mi reflexión anterior publicada en este mismo blog, que se refería a mi opinión sobre el término de “Ferias de Arte Contemporáneo”, no puedo dejar de volver a manifestar, ya que la confirmación es sumamente evidente, que estas muestras que deberían de ser consideradas como espacios de comercio, con todo el derecho, se erigen paradójicamente en muestras de cultura exquisita, en muestras de lo que se considera, el arte más vivo y de vanguardia, ese llamado con énfasis inusitado “ el arte emergente”.



Hay evidentemente aquí una falacia manifiesta, ya que se erige sin discusión como manifestación del arte de hoy, impuesta y coreada sin pundor, por los medios de comunicación, cuando prima sobre todo, el espectáculo visual, la provocación sin importar lo más mínimo, que todo esto sea absolutamente efímero.

Lo importante es el hoy, no importa que no llegue al mañana, algo como de usar y tirar, un producto más de la sociedad que vivimos.

Sin embargo es curioso que en este marco, se haya celebrado un debate organizado por el prestigioso periódico El País, cuyo título era: El artista y el público.

Importantes personalidades del mundo del arte contemporáneo plástico participaron invitados en él. La mayoría manifestaba un cierto pesimismo sobre el momento actual que se vive, por ejemplo el reconocido crítico de arte Francisco Calvo Serraller exponía claramente: “vivimos en la idea de romper con la memoria, con el pasado, en función de un futuro vacío, pero que resulte cautivador… los museos quieren ser muestrarios de la actualidad, y no solo eso, si no lo que demande la posibilidad de futuro”…

También el pintor reconocido Eduardo Arroyo se manifestaba con estas significativas palabras: “El artista se está convirtiendo en un hombre absolutamente domado, cosa grave, lo que hay es una perversión del mercado donde muchos artistas quieren trabajar para las Instituciones, ahora los Museos encargan a los artistas, y esto resulta una sovietización, que es cada vez más grave. Aquí el verdadero protagonista de lo que ha ocurrido en este país, en este desierto, han sido los medios de comunicación, ellos nos han regalado todo lo que existe hoy, los museos, el arte, etc.”

Desquiciado ruido

Creo que lo más grave de todo esto,( y ahora soy yo el que toma la palabra), es que el verdadero arte que surgía en el silencio de los apartados estudios del mundanal ruido, hoy estos están instalados orgullosamente en ese desquiciado ruido.

Antes generalmente el trabajo surgía y obedecía a una necesidad interior del artista, para dar primordialmente respuestas a sus inquietudes interiores y al placer de una práctica expresión específica que se recompensaba “de facto”, sin la preocupación del éxito social.

Hoy la producción artística responde cada vez más a las demandas de “un sector enterado” donde los curators son los verdaderos diseñadores de la obra. Y un día habrá que mostrar en los museos los escritos enmarcados de estos y no las obras que ilustran pálidamente sus palabras.

Por otra parte los creadores cada vez están peor preparados en el dominio de la expresión artística y no dan tiempo a que madure su lenguaje ni su pensamiento, presionado por sus deseos de encontrar pronto, un sitio en el fascinante panorama del artisteo.

Diagnóstico apocalíptico

Todo lo que he expuesto tan exagerado en su forma, como diagnostico apocalíptico, si rebajamos su énfasis desmedido, nos encontramos sin embargo que cuando titule este blog “la lenta desaparición…”no he hecho más que observar, que en la sociedad actual esa necesidad profunda de los seres que han conformado va desapareciendo, se va transformando en otras necesidades más en la superficie, multiformes y enormemente dinámicas, que tienen mucho más que ver, con la capacidad creativa y no creadora, bien es verdad que en otras épocas los creadores también eran excepción, pero hoy ante una elevación cultural más general, se ha creado una nivelación de deseos y proyectos, que provoca que ese fuego sagrado vaya apagándose.

Y cave preguntarse, pero esa sociedad no acabara dándose cuenta, que esta cada vez más en posesión de herramientas expresivas tecnológicas cada vez más sofisticadas, pero que se auto complace exponiendo esas posibilidades infinitas en sí mismas, quedándose fascinada por “ los efectos especiales”, véase en un mundo creativo como el cine que se echan en falta talentos de lo profundo a lo Bergman, Tarkoski o , Ford, ¿dónde esta el cine que se hacía en Francia como Remón, o , en Italia como Fellini, o, Visconti? etc.…

Esto desgraciadamente es un vial progresivo, “mucho ruido y pocas nueces”, que le vamos a hacer.

Bitácora



Angel Orcajo Jueves, 29 de Marzo 2007


A propósito de la exposición de Tintoretto en el Museo del Prado. Madrid, marzo de 2007.



Con la impresión recibida después de ver la exposición de Tintoretto, me surge la pregunta que a continuación expongo: ¿cuándo el siglo XXI comenzará a revisar el arte que se produjo en el siglo XX?

Considero urgente comenzar a revisar los logros estéticos y conceptuales de un siglo que, desde mi opinión, está supervalorado por los expertos, en sus conquistas y en creer que el marchamo “modernidad” fundamenta sin más y da carta de naturaleza a lo que debe ser arte. Ese sentido autocomplaciente que excluye todo lo que no parece ser “vanguardia”.

Es urgente manifestar que no abogamos por un arte conservador, pero claro está que hay que proclamar con contundencia y sin miedo, es posible que no se nos oiga entre tanto ruido visual, que vanguardia también fue Tintoretto en su tiempo, que Schubert y Beethoven también lo fueron y siguen sonando como avanzada a través del tiempo.

Estamos demasiado orgullosos y autosatisfechos, pensando que nuestro siglo XX puso frontera y cerró la antigüedad, determinó lo viejo y lo nuevo. Este concepto ha valido para desencadenar una valoración desmedida y provocar una catarata de ingeniosas realizaciones en que la novedad prima sobretodo, aunque ésta sea banal y simplemente ocurrente.

Mientras comprobamos hasta la saciedad que otros tiempos históricos en el arte primó la superación y el dominio personal, hasta alcanzar cimas de complejidad y profundidad, que se fundamentaba en la gran autoresponsabilidad y el dominio expresivo técnico y absoluto, en la que una exuberante imaginación les llevaba a representar escenas inverosímiles, generalmente en el terreno religioso, refiriéndonos, claro está, a la cultura europea.

Siglo minimalista

El siglo XX, a través de sus grandes artistas de vanguardia, fueron despojando éste de complejidad, donde lo “conceptual” fue ganando consideración y peso sobre lo representado, una idea brillante e incluso compleja por encima de la obra, hasta convertirse ésta en cita para aquella.

No quiero extenderme aquí, solo esbozar la repercusión nefasta que ha traído una de la últimas tendencias como el “minimalismo”, que en vez de potenciarse lo esencial después de una ardua tarea, se deriva en lo mínimo, pero eso sí, con grandes posibilidades decorativas en la arquitectura de hoy.

Quiero dejar algo claro, que mientras en la antigüedad cada artista era la personificación de todo el bagaje cultural y estético hasta ese momento, y lo expresaba implícitamente en sus obras, recogiendo el legado aportado por sus antecesores, que vino en llamarse tradición, y cada uno procuraba un ascenso y una innovación; en la época actual, desde el siglo XX, ese bagaje ha servido no para asumirlo e intentar superarlo, sino para impugnarlo, ya que ese concepto y actitud es lo que define “modernidad”.

Pero hoy, que ese factor nos parece la mar de nuevo, en los artistas grandes del pasado muchas veces también impugnaron y removieron los valores representativos, y muchos de esos grandes, invirtieron en su obra sus valores férreamente instituidos, causándoles grandes problemas.

El encargo hecho a Rembrandt para su gran obra “La ronda nocturna”, que se componía de una serie de retratos militares, la innovación le llevó a que en la mitad de los retratados quedaran ocultos sus rostros en la penumbra, por efecto de la composición, lo que llevó a que muchos se negaran a pagarle su parte. Es un ejemplo, pero hay muchos. Caravaggio, en una gran pieza de una iglesia, aparece un caballo en escorzo que ocupa más de la mitad de la obra, con personajes importantes al fondo. Esta actitud no se llamaba vanguardista pero ¡Qué es esto!

Tintoretto viéndolo hoy, nos parece un cineasta de nuestro siglo, pues relata el acontecimiento que expresa lleno de distorsiones, violencia cruda y dura y un sin fin de “efectos especiales”. Es una imaginación desbordante, desde las composiciones sumamente arriesgadas que están al borde casi de lo absurdo, parece un espíritu de hoy que concibe y plasma multitudes humanas que vuelan configurando nubes cargadas de seres que casi chocan entre sí. Esto es, sin duda, una visión cargada de abstracción estética, así como la manipulación que hace, con toda libertad, de las proporciones objetuales.

Se nos llena la boca de modernidad en nuestro tiempo, como si eso fuera en sí algo, la única diferencia entre la de Tintoretto y la nuestra es que nosotros queremos hacerla, esto es, sin duda, “un valor conceptual” y nada más. Tintoretto hoy, sigue siendo moderno.

Bitácora



Angel Orcajo Miércoles, 14 de Febrero 2007

Siempre entendí el arte, como ejecutante de él que soy, como un vehículo de expresión personal, donde se muestran ideas, concepciones del mundo en que vivimos, y una forma de encontrar sentido vital a través de la práctica del mismo, y también una manera de entrar en el debate cultural continuo, y contribuir a construir una sociedad más moral y sensible. Por supuesto, en mi caso como pintor, el ejercicio fascinante de crear imágenes expresivas estratégicas comunicables, a través de una práctica formal y estética muy física y no virtual.

Con la inauguración de ARCO, que se celebra anualmente en Madrid y en la que he participado algunas veces, siempre siento el distanciamiento anímico de dicho evento y la radical opinión negativa, que configura, una vez más, la concepción del arte en nuestros días.

Sé muy bien, que estas reflexiones que a continuación siguen, están a contracorriente, pero da igual, esto no es algo para conseguir adhesiones, sino un ejercicio crítico y de libertad sin más.

Es increíble que poco a poco nos haya ido pareciendo natural el asumir las palabras “Feria de Arte Contemporáneo” como algo consustancial con la “creación artística” y no más bien, la muestra en extensión infinita de la “creatividad”, facultad que no se debe confundir con creación profunda, que siempre estuvo muy clara su intensidad y altura. Nunca productos estéticos de indiscutible calidad que entrar perfectamente a justificar dicho enunciado “Feria”.

No hablamos de “feria de las vanidades”, ya que algunos artistas son bien merecedores de fama y propaganda. Mi reflexión mostrada aquí es la constatación de mi postura y opinión que he mantenido a lo largo de años, no me asiste el rencor de estar ausente en muchas de ellas, ya que sin ir más lejos, una obra de 1975 “La cabeza urbana” fue mostrada por el Museo Municipal de Arte Contemporáneo de Madrid en una pasada feria.

Lo cual no me lleva a estar de acuerdo con su enunciado ni sus pretensiones comerciales o de difusión, aunque bien es cierto que es totalmente coherente si nos atenemos a la banalidad que se extiende y se muestra con orgullo en la sociedad que vivimos.

Un siglo de innovaciones

Todo es reflejo y resultado de un siglo XX lleno de innovaciones más epatantes que profundas, y una profusión de espacios comerciales (galerías) y el ascenso en prestigio de galeristas y curators más importantes en la trayectoria y tendencias del arte que los propios artistas.

Comprobamos la contradicción que puede verse en el contraste entre las cifras de visitantes en los pocos días del evento y la asistencia del público, salvo el día de la inauguración, a las innumerables exposiciones en las galerías.

No nos engañemos, el arte plástico nunca ocupó centralidad como acontecimiento y hoy mantiene una presencia muy pobre en la influencia social. Cómo es posible que se haya desacralizado el silencio de los estudios, donde se realiza la práctica, y donde el único objetivo deberá ser la búsqueda de lo profundo de cada artista y no la construcción, en espacio paralelo, de una oficina de relaciones e influencias.

Qué ridículo queda hoy la búsqueda de lo “sublime”, aspiración casi inalcanzable, que siempre estimuló a la progresiva superación personal, artística y vital, en casi todas las épocas, incluso para muchos artistas del siglo XX.

Es gracioso pensar hoy, que estas reflexiones puedan parecer reaccionarias, en que la omnipresente tecnología parece invadirlo todo, haciendo viejo a su paso todo lo que ella no toca.

Banalidad dinámica

Un vendaval de efectos especiales de infinitas y sofisticadísimas mezclas acaparan el espacio presente, fascinantes realizaciones visuales carentes de la más estricta profundidad campean a sus anchas y asombran las mentes embotadas de informacion. La banalidad más dinámica, el ruido y la furia parecen ocuparlo todo.

La “temporalidad” se erige como motor necesario de éste tiempo, no importa que todo se olvide pronto, para dejar paso, en ese río infinito y diverso otras propuestas que no importa demasiado que sean “reinas por un día”. Un tiempo que no se detiene ni para mirarse a sí mismo, porque no puede, ni cree en ello. Donde la sucesión vertiginosa de ingenios deslumbrantes y novedosos pero efímeros, ocupan un espacio finito.

Una vorágine en espiral, asfixia otras maneras de hacer posibles, no el deseo reaccionario del pasado definitivamente clausurado, pero es posible que se acabe este incesante ruido y aparezca un silencio demasiado vacío, para poder poner de nuevo un tiempo distinto en pié, sobre las ruinas de una abrumadora y dilatada decadencia.

Mis reflexiones no van dirigidas sólo al mundo de la plástica, ya que éste es bastante marginal a pesar de su esporádico e intermitente ruido, pues la producción del nuevo arte que es el cine donde ahí si se presentan los problemas humanos también adolece de simplismos y mucho ruido visual.


Editado por
Angel Orcajo
Eduardo Martínez de la Fe
Nacido en Madrid en 1934, Ángel Orcajo estudia dibujo y grabado en La Escuela Nacional de Artes Gráficas (Madrid) y pintura en la Escuela Central de Bellas Artes de San Fernando (Madrid). Participa en el Pabellón de España de la XXX Bienal de Venecia de 1970. Ha expuesto en importantes salas españolas (Juan Gris, Museo Español de Arte Contemporáneo, etc.) de Nueva York (Universidad de Columbia, etc.) pasando por Sao Paulo (Bienal de 1969) y Lisboa y Oporto (Sala da Praça). Hay obra suya en algunos de los principales museos españoles e internacionales.

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