En la anterior estructura de este Blog, las propuestas venían entremezcladas de manera que todo resultaba un poco inconexo. Cuando acertadamente Tendencias 21 me propuso establecer tres líneas de expresión en función de lo que yo venía diciendo en este foro y en otros, me pareció muy coherente. Recuerdo, y lo hallarán en los artículos referenciados al margen, que el tema de la mente ya lo había abordado en una serie de artículos, incompleta hasta la recuperación de hoy, que había denominado en su momento y de manera genérica “La emergencia de la naturaleza humana”.
Cuando iniciamos esta sección a la que hemos denominado, quizá un poco pretenciosa y precipitadamente Neurofilosofía, presentamos el modelo emergentista como posibilidad más que como afirmación y nos servimos de él para introducir la cuestión.
Sobre como abordar la Neurofilosofía
Esta sección va a ofrecer muy pocas respuestas si es que llega a ofrecer alguna. Va, eso si, a formularse el autor y también a los pacientes lectores muchas preguntas. Este es un Blog preñado de incertidumbres porque aborda un campo incierto en el que se ponen en cuestión cosas esenciales, tan esenciales como las representadas en el cuadro “Sintetista” o “Neo impresionista” de Paul Gauguín, "¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿A dónde vamos?, que fue acabado en 1897 y puede admirarse en el Museo de Bellas Artes de Boston. En este gran lienzo lo que muestra son diferentes edades de la vida, para reflexionar acerca de las preguntas esenciales de la vida: ¿De dónde venimos, a dónde vamos? Gauguín se caracteriza por impregnar de misticismo y enigmas su pintura, de manera que inquieta al espectador le invita a formularse el mismo esas mismas preguntas.
Si hablamos de de Neurofilosofía evidentemente no lo hacemos de Neurobiología. Repetir, matizada o intencionadamente, lo que otros investigan o suponen que se podrá algún día considerar con cierta seguridad, caso de Daniel Dennett, no es filosofar sino construir una especie de Biología ideológica. Esa es la tendencia actual de muchos Bio-filósofos (en fin, tantos no somos en el ramo). Nosotros, como se verá en este artículo y los que habrán de seguirle, no vamos a ir por ese camino. Y entramos en la materia de hoy.
El pensar sobre el pensar
Cuando nos preguntamos por lo racional, nos encontramos –como acertadamente señala Ken Wilber- con un término imposible, plurisignificativo hoy, incluso contradictorio. Más que hablar de racionalidad podría decirse que hay un elenco de racionalidades a “la carta”.
Max Weber diferenciaba entre racionalidad propositiva –vinculada al conocimiento tecnocientífico-, racionalidad formal –propia de las ciencias matemáticas- y racionalidad práctica e ínter subjetiva –cuyo ámbito es la comunicación y la moralidad-; un autor, tres matices distintivos y además de fondo.
La psicología cognitiva y la antropología tienden a utilizar el término racionalidad en la medida que significa “cognición operacional formal”, es decir no sólo capacidad para pensar, sino que también y fundamentalmente a “pensar sobre el pensar” y, por lo tanto, “operar sobre el pensamiento”, que eso significa “formal operacional”. Aquí hay una cuestión muy importante, nada baladí y es la siguiente:
Dado que uno mismo puede reflexionar y operar sobre sus propios pensamientos es, está, en cierta medida, libre de ellos. De alguna forma pueden “trascenderse”. En un momento dado, nosotros mismos podemos adoptar alguna “perspectiva” diferente de la nuestra. De la misma manera, se pueden tomar en cuenta posibilidades “hipotéticas”. Y, en fin, uno puede adquirir una gran capacidad de “introspección”.
Como veremos próximamente, estas posibilidades todas estas posibilidades entran en acción con la emergencia del pensamiento formal operacional o “racionalidad”.
La capacidad que posee el sujeto de “reflexionar” sobre sus propios pensamientos y actitudes de conducta, invitará a éste a pretender justificar sus pensamientos y acciones, no sólo por lo que se le ha enseñado durante su periodo formativo y por lo el acatamiento de las convenciones sociales (estructura de conocimiento operacional concreto que se fundamenta en normas y convenciones, siendo sus características principales la conformidad y la sociocentricidad), sino más bien para revisar y si procede poner en cuestión, las razones y las pruebas en las que sustentan los conocimientos, bien aprendidos o bien adquiridos desde el entorno social. Se diría que hay un cierto desplazamiento desde lo racional hacia lo “razonable” para sustentar nuestras posiciones y creencias. E inevitablemente el sujeto se auto pregunta ¿Qué pruebas tenemos? ¿Por qué tengo que creer eso? ¿Quién lo dice? ¿De dónde han/has sacado esa idea?
AL poder reflexionar sobre sus propios procesos de pensamiento, el sujeto puede alejarse de ellos de manera que adquiere la capacidad de imaginar todo tipo de posibilidades diferentes. Como señala Wilber, el sujeto se hace soñador en el verdadero sentido de la palabra.
El gran pasadizo hacia lo invisible
Ciertamente, la reflexión, si es verdaderamente tal y no un cambio frívolo o inducido de opinión, del sujeto sobre sus propios conceptos/ideas/pensamientos, supone el descubrimiento de otras perspectivas, otras maneras de ver el mundo. Y ha sido la mente, ese ente todavía no definido, la que ha generado esa auto modificación de forma que el espíritu puede volar a esos paisajes desconocidos. Aunque muchos opinen lo contrario, que la racionalidad sólo nos puede conducir a un nihilismo relativo o total y a una materialidad hiper tangible como eje central de nuestra existencia, nosotros opinamos que la racionalidad es el gran pasadizo hacia lo invisible, y en su recorrido y más allá de él, tendremos acceso a muchos secretos no revelados por los sentidos o las convenciones, y no porque aquellos y estas sean falsos y nos engañen, sino porque no pueden dar más de si. El ejemplo de San Agustín de la visión de remo en el agua es perfectamente ilustrativa de lo que decimos: el remo visto fuera del agua es recto pero al introducirlo en ella lo vemos torcido. El sentido de la vista no nos engaña, es que no da más de si y queda mediatizado por un fenómeno físico; si en el agua lo vemos torcido, lo vemos con el sentido de la vista correctamente, pero con el ojo del espíritu sabemos que está derecho y así lo vemos; si en el agua lo viésemos derecho, nuestro sentido de la vista estaría deteriorado. Como en sucesivos capítulos procederemos a ver, poco a poco, aquello que constituye el verdadero misticismo es trans-racional y nunca anti-racional porque el pensamiento correcto precede siempre a la meditación correcta.
De la racionalidad a la “razonabilidad”
Como escribe Wilber, se acusa a la racionalidad de abstracción, sequedad y ausencia de sentimientos. Lo que hace la racionalidad es crear en la mente un espacio más profundo de posibilidades en el que emerjan sentimientos más amplios y profundos no ligados a los deseos o apetencias de los sentidos o los estrechos márgenes de la realidad oficial convencional.
Los críticos más avezados pueden pensar que considerar que si la racionalidad representa un estadío de desarrollo relativamente elevado, ello supone que el alcanzarlo puede implicar la represión de holones inferiores, en particular las emociones relacionadas con el sexo y la agresividad, de manera que alcanzar la racionalidad supone padecer previamente una patología. Es esta pretendida expresión patológica de la racionalidad la que le ha acarreado más enemigos, peor prensa, diríamos, precisamente por la acusación de sequedad, abstracción o incluso de anormalidad; pero definitivamente no son esas las características de esta estructura en su totalidad. Ahora bien, la palabra racionalidad está muy combatida, muy “cargada” de contenidos contradictorios. Por eso podríamos utilizar en su lugar el término razonable; ambas palabras vienen, si nos fijamos bien, a significar lo mismo: “¿cuáles son tus razones, porqué haces esto y no aquello?”.
La racionalidad o razonabilidad tiende a la universalidad y a la integración relacional. Si las razones que alguien esgrime sobre algo son ciertamente válidas, lo han de ser para todos, no sólo para un sujeto, su familia, su tribu, o su nación. Veamos el caso de las ciencias, las matemáticas por ejemplo. Las certezas de las matemáticas –y del resto de las ciencias- no tienen nación, ni deben tener ideología (aunque hay muchos que luchan por adjudicársela) y deben estar abiertas a quienes quieran estudiar sus razones.
La universalidad de la razonabilidad no significa uniformidad cultural y social; significa únicamente que la razonabilidad es el nexo que vincula a estas diferencias socio-culturales para que coexistan al contemplarlas como perspectivas diferentes en un espacio más universal, algo vedado a las diferencias culturales, encadenadas por sus propios y estrechos mecanismos convencionales, sociocéntricos o etnocéntricos. Dicho de otra manera, únicamente la racionalidad permite la emergencia de una red global o planetaria, que liberada de cualquier sociedad particular, puede permitir a las sociedades un lugar especial. Desgraciadamente este proceso se halla en marcha pero la verdad creemos que un tanto disperso. Las redes sociales soportadas por Internet y la llamada Web 2.0, tal y como están hoy configuradas, dudo que aporten profundidad; en todo caso lo que detectamos es uniformitarismo superficial, básicamente configurado en torno a motivos musicales, deportivos, sexuales, comerciales y tecnolúdicos. Luego en la red, seguimos navegando en superficie.
El comienzo de la racionalidad
El enfrentamiento con el poder por causa de la racionalidad o razonabilidad, fue causa de muerte para Sócrates al que la ciudad de Atenas le acusó de impiedad y no rehuyó la pena de muerte impuesta cuando pudo haberlo hecho para dar testimonio de la racionalidad frente a la mitología estatal, de manera que Sócrates, en sentido estricto, murió por defender la razón emergente.
La racionalización de la humanidad no ha sido un proceso claro y dista mucho de estar concluido porque ignoramos mucho de nosotros mismos para asignarnos un telos racional. Entre la razón emergente y el paradigma social dominante siempre ha existido una discordancia a pesar de que las tendencias sociales religiosas fueron en muchos casos racionalizadas; esto es mitos sustentados en razones racionales. Este es, aunque aquí lo expresemos en voz baja y de una manera muy natural, uno de los grandes problemas de la humanidad antigua, media, moderna, contemporánea, presente y creemos que futura. Si supiésemos con toda certeza lo que es el hombre, habríamos dado un paso importante en la dirección de lo que tratamos de analizar.
Habermas (1) ha realizado algunas observaciones interesantes sobre este espacio en el que se entremezclan lo religioso y lo racional. En primer lugar, cuando los nuevos teóricos hablan de conciencia global o planetaria, deberían tener en cuenta que hasta ahora esa tendencia global o planetaria se ha expresado siempre acompañada de una forma y fondo totalizante por no decir totalitaria. La historia está llena de ejemplos evidentes desde la antigüedad hasta el presente.
Si tomamos como referencia el Imperio Romano, del que conocemos su nacimiento y muerte, vemos que el vasto proceso de incorporación de naciones que lo compusieron no excluyó nunca la violencia. Ahora bien, dicho esto, hay que hacer notar que hubo una incorporación paulatina de estos conquistados al imperio conquistador; en primer lugar, por la asunción de parte de su cultura, formas político-sociales y mitos, incluido el culto otorgado a la figura del emperador, lo que implicaba fidelidad y sumisión socio-política; y también ejercicio de piedad hacia las tradiciones romanas y a las de ciertos países como Grecia, Egipto y Siria que por su estructura religioso-política convenía absorber.
Las estructuras religiosas antiguas conllevaron, en un determinado momento y aún de manera implícita, un cierto movimiento parcial hacia la posibilidad de una ciudadanía global: ciudadanos iguales en la fe. Aunque este fue un paso vacilante en la dirección correcta, tenía el inconveniente de que las distintas religiones eran diferentes entre sí: todos los cristianos de cualquier posición, raza, color o sexo serían salvados. Pero ¿y el resto? Estas grandes religiones y los imperios que las transportaron por todo el globo como el español, se enfrentaban a las limitaciones inherentes a su poder integrador. La única forma de superar estas diferencias, era deshacerse de tendencias y costumbres particularistas y divisivas y trasformarlas en una razonabilidad más global.
Al ser expandidas por los imperios, las religiones se mantuvieron y racionalizaron lo que, en su momento, significó una clara ruptura con el pensamiento mítico antiguo.
Paulatinamente, tanto en oriente como en occidente, comenzaron a emerger filosofías, ciencias, políticas y religiones racionales. Algunas de ellas apuntaban más allá de la razón, pero todas dependían de ella como plataforma para asegurar una comprensión mutua compartida por todos, más allá de su color, raza o credo. El Cristianismo y el Islam son un ejemplo claro de estas religiones racionales con carácter universal, de nuevo cuño, que sustituyeron a antiguas mitologías que se desvanecieron por su inconsistencia.
(1) Habermas, Jürgen (1979), Communication and the Evolution of Society, Thomas McCarthy (trans.), Beacon Press, Boston, MA.
Redactado por Javier Del Arco el Domingo 13 Abril 2008 a las 19:27
Quien me haya leído estos últimos años, no tendrá dificultad alguna en entender en eso que los biólogos carentes de formación filosófica se extasían: la llamada Nueva Biología. Sin pretender caer en simplificaciones excesivas, hay que decir que venimos abogando por una biología relacional y transdisciplinar desde hace años. Lean los artículos que contiene este Blog y lo verán. En uno de los primeros, ya definíamos el concepto de holón como el de un ente que es a la vez totalidad formada por otros muchos y parte de otro mayor. La célula, lo señalábamos también, es un holón prototípico y clave. Prototípico, porque su morfofisiología (¡no separemos más estos conceptos!) permitía visualizar las partes y su armónica morfisiología conducente a un telos: la vida celular; clave porque la célula es la unidad morfofisiológica más pequeña dotada de las funciones vitales clave, independiente en los entes unicelulares y dependiente de otras aunque con bastante autonomía, en los entes pluricelulares, ente humano incluido. Y no decimos ser porque todo el discurso que sigue se mueve en un plano óptico. Cuando lleguemos en otros artículos a la dimensión ontológica y a mencionaremos al ser.
1. Los nuevos desafíos globales también tienen una respuesta biológica.
El crecimiento de la población humana y de sus creaciones técnicas y tecnológicas, a la vez que aumentan el nivel de vida de una parte de la población mundial, hacen que disminuya el de otra parte no menos significativa. Hoy en día, cuestiones como el cambio climático, la destrucción de grandes ecosistemas terrestres, fluviales y marinos con el consiguiente empobrecimiento radical de la biodiversidad, la drástica reducción de combustibles fósiles, la superpoblación, el hambre y la malnutrición endémica en muchos países y las nuevas enfermedades propias de la sociedad opulenta y/o hedonista, tienen una perspectiva no tan sólo política y económica sino también biológica.
2. Educar en valores biológicos.
La Biología, una ciencia evidentemente, tiende a estudiarse en Institutos y Colegios como las matemáticas, la física o la química, esto es, rutinariamente. Y esto es un error gravísimo de las autoridades políticas y académicas aún ancladas en el vetusto discurso político del siglo pasado, que bien pasado y muerto está, y que nos siguen hablando de democracia, ciudadanía, libertad, igualdad...valores muy respetables, por supuesto, pero no únicos ni absolutos. El progreso científico enriquece la educación en valores y, singularmente lo hace el progreso de las ciencias biológicas. Así, al nivel de los antedichos valores hay que situar entre otros el respeto y cuidado del medio ambiente, el saber alimentarse correctamente, el conocimiento de nuestro cuerpo para saber que ejercicios nos convienen más (hay que cuidar y potenciar el músculo pero hay que cuidar mucho más la sesera) y sobre todo hay que educar para el cuidado de nuestra mente, para su protección y para que esta no se disturbe. Y para eso hay que conocerla y conocer el nicho ecológico de cada uno que suele ser muy dispar. Evidentemente, la sociedad se barbariza cuando se acultura y se torna tecnológica sin que a estos fenómenos le acompañe un fuerte cultivo del espíritu, de la ética y del conocimiento de la historia del hombre biológico e histórico. Sería inaceptable y monstruoso que el hombre, en vez de ser humano sabio se tornase bestia cognitiva para, cuando ya casi le está siendo dado el conocer los mecanismos de su propia evolución, maquine, por codicia, soberbia y poder, su propia autodestrucción.
3. Como historiar las Ciencias Biológicas: de Aristóteles a la “Nueva Biología”
Esta cuestión constituye un problema más importante de lo que parece. La historia de la Biología que muchos hacen, toman como ejes centrales las ideas de Darwin y Watson-Crick. Siendo esta aseveración cierta, resulta algo pobre. Nosotros creemos haberla enriquecido un poco sin tocar lo generalmente aceptado:
-Biología p.A. (Biología post-aristotélica)
-Biología p.L. (Biología post-linneana)
-Biología p.D. (Biología post-darwiniana)
-Biología p.M. (Biología post-mendeliana)
-Biología p. D. M. (Biología post-sintética)
-Biología p. W. C. (Biología post-doble hélice ADN)
-Biología p. c. g. (Biología post-clonaje de genes)
-Biología p. s. g. (Biología post-secuenciación de genomas)
A partir de este estadío se secuenciación y conocimiento de los genomas de varias especies, entre otras la humana, comienza una etapa de estudio y conocimiento del genoma. Aquí puede decirse que comienza lo que muchos han dado en llamar “Nueva Biología”.
4. Nueva Biología
La Nueva Biología parte de considerar a la célula viva como un sistema altamente organizado de conjuntos de Proteínas y Ácidos Nucleicos (ADN y ARN) que funcionan como cadenas de montaje de un gigantesco proceso industrializado a escala micro y nanométrica de manera que se producen tres procesos fundamentales: procesamiento de señales, síntesis y degradación controlada de productos con aportación y gasto energético y almacenamiento, conducción y expresión de la información para realizar todo lo antedicho.
5. Máquinas Moleculares
Aquí nos hallamos ante una primera consideración interesante. Estas agrupaciones de nucleoproteínas se asemejan funcionalmente a máquinas industriales complejas de forma que la porción proteica no se mueve al azar sino más bien de manera muy coordinada de manera que no se producen de manera principal, como se pensaba inicialmente, colisiones por difusión en un medio acuoso sino por contactos restringidos de manera muy severa y de forma secuencial y se deben a cambios conformacionales coordinados entre los diferentes componentes proteicos de la maquinaria celular. Estos procesos, como sabemos o si no es así, podemos fácilmente intuirlo, requieren de aporte energético –nada “funciona” sin una fuente energética- que se obtiene de la rotura de enlaces ricos en energia existentes en los mononucleotidos trifosfato (ATP, GTP) o de gradientes iónicos.
Una segunda conclusión, muy relacionada con la anterior, tiene que ver con los cambios conformacionales que experimentan las proteínas ya que al producirse liberan energía lo que supone que el proceso tenga una direccionalidad. Esto no es cuestión menor, ya que la Bioquímica clásica de los primeros tres cuartos del pasado siglo XX, consideraba que en solución estos procesos serían reversibles. Pero es la máquina la direccionalidad. Además, al mantener unidas las proteínas con función enzimática que catalizan las diversas reacciones o tramos de un proceso biológico, la máquina macromolecular acelera la velocidad del proceso.
Y ya que hemos mencionado la cuestión energética, vamos a proponer un ejemplo clásico de máquina molecular que cataliza reacciones químicas biológicas es el de la ATP sintasa o F0F1-ATP sintasa, enzima responsable de la síntesis de la mayor parte del ATP producido en la célula viva.
El ATP captura la energía química liberada por la combustión de nutrientes y la transfiere a reacciones que demandan energía, Vg., la construcción de componentes de la célula, la contracción muscular, la transmisión de mensajes nerviosos y muchas otras funciones. Las moléculas de ATP sintasa situadas dentro de las mitocondrias sobresalen sobre las mitocondrias, adheridas a sus superficies interiores en aglomeraciones semejantes a setas. Cuando los alimentos son disgregados o metabolizados para energía, las últimas etapas del proceso tienen lugar dentro de las mitocondrias.
La molécula ATP sintasa tiene dos partes. Recientemente, unos científicos japoneses han descubierto que una parte, el «tallo de la seta», parece girar dentro del «sombrero de la seta». El año pasado se concedió un premio Nóbel al investigador (Paul Boyer, Ph.D., UCLA) que sugirió que la formación de ATP estaba de alguna manera vinculada con esta rotación, y el premio fue compartido con otro investigador (John Walker, Ph.D., Medical Research Council Laboratory o Laboratorio del Consejo de Investigaciones Clínicas, Cambridge, Inglaterra), cuyo equipo estableció una de dos posibles estructuras para el «sombrero», que se cree que es de corta duración.
En una nueva investigación, investigadores en la Universidad John Hopkins determinaron la otra estructura, que se cree que es la forma más común, en organismos vivos. El «sombrero de seta» de la ATP sintasa, según descubrieron, contiene tres áreas idénticas, dispuestas como un arrollamiento, donde se elabora el ATP. Cada área está ocupada con una etapa diferente en la producción del ATP.
Al girar el «tallo», crea un potente desplazamiento interno en cada una de las tres secciones arrolladas dentro del sombrero. Este desplazamiento proporciona la energía para causar cambios químicos. En un emplazamiento se reúnen los «ingredientes» para el ATP. En otro emplazamiento se ensamblan como ATP, y en un tercer emplazamiento, la rotación prepara el ATP totalmente formado para que se desprenda de la molécula de sintasa para su uso por toda la célula.
Un equipo dirigido por L. Mario Amzel, Ph.D., y Peter Pedersen, Ph.D. empleó cristalografía de rayos X para revelar la estructura molecular de la adenosina trifosfato sintasa. En su interior, la molécula gira varias veces por segundo mientras desencadena la producción de ATP.
«Es una de las moléculas más complejas que jamás se hayan dilucidado, casi seis veces más grande que la hemoglobina», dice Pedersen. También están de acuerdo los investigadores en que es uno de los más diminutos y más potentes motores jamás identificados.
Los investigadores han capturado la imagen del sombrero de la ATP sintasa mientras todos sus emplazamientos estaban en alguna etapa de elaboración de ATP, lo que es esencial para el reciclaje constante de sus precursores. Sin el reciclado, dice Pedersen, «los seres humanos tendríamos que producir más de la mitad del peso del cuerpo en ATP cada día para hacer frente a sus necesidades de energía».
Algunos científicos han lanzado la especulación de que los mismos «radicales libres» que deterioran la piel durante el envejecimiento o que causan mutaciones podrían también causar daños a las mitocondrias. «Si la ATP sintasa es un lugar donde los radicales libres causan daños, esto podría explicar por qué nos debilitamos con la edad», dice Pedersen. Ahora que conocemos las estructuras moleculares, podemos señalar las regiones dañadas si aparecen».
Además de esta función catalítica fundamental, creemos que suficientemente explicada, los diversos componentes de las máquinas moleculares nucleoproteínicas pueden funcionar de dos formas,
-como motores que se mueven de modo polarizado a lo largo de filamentos de proteína o ácido nucleico,
-o como modificadores de otros complejos multipeoteicos, controladores de la exactitud de una reacción química biológica,
-como instrumentos de relojería que establecen el ritmo de funcionamiento de la máquina,
-como factores de ensamblaje de la máquina misma.
Biología holística frente a biología analítica.
Si consideramos la célula como un sistema coordinado de líneas de ensamblaje y procesamiento, se requiere de un método integrador e integral para abordar los fenómenos biológicos. Quizá el rasgo más acusado de la llamada Nueva Biología sea su enfoque relacional, holístico, integrador frente al enfoque analítico y reduccionista, al que reconocemos su innegable pero, a la vez, señalando su obsolencia. El reduccionismo analítico es un método auxiliar más, pero no el método general para abordar los retos que la biología ya nos plantea.
Este cambio de enfoque –no me atrevo aún a decir de paradigma pero no andamos lejos- se patentiza de manera muy clara en los nuevos enfoques de la biología celular y molecular, no se advierte tan sólo en el análisis de redes de transmisión de señales, sino también en el estudio de genomas enteros o en los estudios de disrupción génica en animales intactos. Pronto vamos a ser capaces de analizar la respuesta de todo un genoma completo bien a la acción de ciertos estímulos o, lo que aún es más importante, a condiciones patológicas sobrevenidas.
La primera cuestión, la reacción ante los estímulos, va revolucionar nuestra comprensión de la diferenciación y transformación celular y, consecuentemente, del desarrollo embrionario; la segunda tendrá un enorme impacto en el diagnóstico y tratamiento de patologías. A nivel experimental, se usan desde hace algún tiempo ratones modificados genéticamente como modelos de enfermedades humanas y en éstos tenemos la posibilidad de disrumpir o mutar genes tanto en la línea germinal como en la somática. Ello permitirá un análisis genético dirigido de la función de diferentes genes en el organismo intacto.
Además, quisiéramos añadir otro punto no menos importante que tiene mucho que ver con todo lo dicho para la conformación de las proteínas y los ácidos nucleicos. La forma determina la función de estas moléculas de manera que adquiere una dimensión fundamental la estructura tridimensional nativa o natural, de forma que si esta está, por el motivo que sea, distorsionada, la función se ve afectada y surge inevitablemente la patología. De ahí la importancia de la imagen médica en general y de la imagen molecular en particular, como elemento fundamental del diagnóstico clínico.
Los morfólogos, tan vituperados durante casi todo el siglo XX, recuperan un lugar de honor en los estudios biológicos.
Un nuevo enfoque para el estudio de una nueva biología
Tras lo dicho, va siendo ya hora de suprimir las artificiosas barreras, generalmente académicas, que existen en el estudio de la biología de hoy en día.
Enseñar biología, como también sucede con otras ciencias, requiere de un tratamiento multidisciplinar y coordinado por varios especialistas. Ya no se puede separar citología e Histología, Biología Celular, Genética Molecular, Bioquímica o Biofísica. La disciplina es una: la Célula viva y habrá que resolver como integrar estudios, retirar obsolencias y dar de la célula una visión holística, relacional e integradora, sin perder de vista que toda célula es simultáneamente totalidad y parte o totalidad/parte o, más correctamente aún: una célula es un holón que integra todas las estructuras necesarias para su vida individual y las trasciende integrándose con otras para formar tejidos, órganos, aparatos, sistemas y, finalmente el ser vivo.
Otra cuestión es el acortamiento temporal entre el descubrimiento científico y su aplicación práctica lo que nos mueve a que en la Academia se haga también tecnología e ingeniería, en este caso Biotecnología y Bioingeniería.
Por último cabe decir que la Nueva Biología supone el destierro paulatino, aunque no total, del biólogo molecular analítico, inventariarista y cualitativo que quedará en minoría. La verdadera emergencia de la Nueva Biología con la que ya se cuenta, comenzará su hegemonía cuando se conozcan todos los ingredientes moleculares, con el suficiente detalle, del gigantesco (proporcionalmente, claro) entramado celular y tras describirse su estructura, la ciencia que nos ocupa tornará a ser cuantitativa que exigirá una descripción de las constantes cinéticas de los diferentes procesos y cuya base teórica será la física de los sistemas complejos alejados el equilibrio en la línea de Ilya Prigogine. Esta visión cuantitativa permitirá, recurriendo a métodos estadísticos y al auxilio de poderosas computadoras, realizar modelos predictivos del comportamiento de los sistemas biológicos.
Finalmente, cabe decir en este esbozo que hemos realizado que la célula, considerada desde la Nueva Biología ha puesto en común, esto es, ha integrado tres aspectos importantes: la visión de la termodinámica clásica puesto que los mensajeros intracelulares y las hormonas solubles ejercen su función de acuerdo con sus leyes, las máquinas de nucleoproteínas y las redes interconectadas de transmisión de señales que actúan sobre la totalidad del genoma.
Redactado por Javier Del Arco el lunes 31 Marzo 2008 a las 18:30
1. Heidegger como punto de apoyo reflexivo.
Siempre hemos reivindicado la figura filosófica descomunal de Martín Heidegger, sobre todo para reivindicarlo. Y en este caso tal aparición es, desde nuestro punto de vista, muy conveniente para afrontar la cuestión tecnocientífica y su relación con el hombre desde una perspectiva filosófica riquísima pero ciertamente complicada porque explicar.
A Heidegger se le reprocha no haber escrito una moral o, en el mejor de los casos, se echa de menos una ética dentro de su obra, ciertamente amplia. Si pasamos revista a los títulos de sus libros no hallaremos, en efecto, ni la palabra moral ni el término ética. ¿Quiere eso decir que en Heidegger no hay una ética?
En primer lugar hay que decir que la filosofía de Martín Heidegger ser articula en torno a cuatro palabras: ente, ser, ser-ahí y existencia.
Cuando miramos en derredor nuestro cualquier hombre, en cualquier lengua dice con admiración, respeto, temor o indiferencia una palabra: “hay”. Hay tierra, prado, monte, árbol, vaca, caballo, cielo, sol, palabra, acción, casa, número, etc. Eso que hay es lo “ente”. Se entiende por ente aquello que es. Así, la piedra, la planta, el animal, el hombre, Dios, los espacios vectoriales…son entes.
Ahora bien, al definir el ente como aquello que es, hemos hecho ya, de algún modo, la experiencia de lo que Heidegger llamará la maravilla de las maravillas: el ente es. Es decir, hemos definido el ente desde la comprensión previa de otra cosa. El ente, incluye en su concepto algo que no es ningún ente, pero sin lo cual ningún ente podría ser concebido como ente. A este último nivel de realidad que trasciende todo lo inmediatamente dado y perceptible, el ámbito del ente, pero vinculado a la vez a su propio ámbito, Heidegger lo designa con el infinitivo del verbo ser, el ser (das Sein).
El ser no es ninguna de las cosas que hay: tierra, prado, monte, árbol, vaca, caballo, cielo, sol, palabra, acción, casa, número... El ser no es ningún ente y, por tanto, ningún objeto que pueda ser representado. Sin embargo, está bien claro: de algún modo pensamos el ser continuamente.
Cada vez que decimos de un ente: es esto o es aquello, cada vez que nos comportamos teórica o prácticamente o prácticamente respecto de un ente, cada vez que reconocemos a un ente como ente, hemos pensado el ser. Al ente como ente sólo se lo puede comprender, si se ha pre-comprendido algo así como el ser.
El ser, como ya observo la filosofía clásica, es lo indefinible, precisamente, porque forma parte de toda definición. El ser no es definible; es descriptible, partiendo de la experiencia ontológica que acabamos de describir. Cabría decir que el ser es aquello gracias a lo cual el ente es, o también aquello que hace que el ente sea ente y pueda ser comprendido como tal.
2. Ser y existencia.
Entre el ser y el ente hay, pues, una diferencia que Heidegger denomina diferencia ontológica. El ser no es el ente, pero es el ser del ente. Como ser del ente, el ser está presente de algún modo en todo ente. Esta presencia, normalmente opaca, se hace translúcida en el ente que nosotros, los humanos, somos. Por eso, para designar a ese ente que nosotros somos utiliza Heidegger un término compuesto que remite, en su propia etimología, al término “ser” y lo denomina “ser-ahí” (Dasein).
En el alemán clásico, el término Dasein tiene el sentido filosófico de “existencia” en contraposición a la esencia o Wassein. Heidegger, en cambio, lo utiliza en el sentido etimológico de ser-ahí, pero no sin darle un sentido ontológico nuevo. El hombre está ahí, en el mundo, pero está ahí, como el ahí del ser, como el lugar óptico donde el ser se revela, como el ente privilegiado en el que el ser adviene a la luz. Los entes, lo acabamos de exponer, son lo que son gracias al ser.
Pero esto los entes no lo saben. Sólo se revela a ese ente que somos nosotros, a ese ente que es capaz de comprender al ente en su ser y de decir: el ente es. Ser sólo lo hay donde hay comprensión del ser y solo hay comprensión del ser donde existe un ser-ahí (alma o espíritu, para entendernos).
Ese término precioso y preciso acuñado por Heidegger, Dasein, se relaciona con otro con el que se designa también al hombre: la “existencia” (die Existienz).
Ahora bien, en el lenguaje común, el término Existienz es un vocablo de raíz latina que significa lo mismo que el germánico Dasein: la existencia en sentido clásico. Sin embargo, Heidegger lo adopta en la acepción que previamente le había conferido Kierkegaard: modo de ser del hombre.
Kierkegaard vio que el hombre es una relación que se relaciona consigo mismo, con su propio ser, por cierto único ente capaz de hacer esto. Por eso decimos que a los entes no humanos el ser les ha sido dado de un modo cerrado, lo tienen, pero son incapaces: son lo que son y nada más. Aunque lo que son, nos merece todo respeto.
A los humanos, en cambio, se nos da de un modo esencialmente abierto y esto es clave porque somos lo que en cada caso decidimos ser. La existencia, en este nuevo sentido, expresa ese ente que nosotros somos, ese ente que existe en tensión hacia sí mismo, cuyo ser no se presenta como algo ya hecho y decidido, sino como tarea y como quehacer.
Cuando Heidegger afirma en una famosa de Ser y Tiempo (Sein und Zeit) que la “esencia del ser-ahí estriba en su existencia”, no pretende, como muchas veces se ha interpretado erróneamente y/o con mucha malevolencia, absolutizar al hombre, como si en él coincidiesen en sentido clásico la esencia y la existencia, como si su esencia, como la de Dios, fuese existir, sino que sólo quiere poner de relieve la importancia que para el ser del hombre tiene la realización, la ejecución; quiere dar a entender es lo que él en cada caso decide ser, que es proyecto de sí mismo, tarea de su propia realización (este razonamiento enlaza con la expresión zubiriana que anteriormente destacamos y volvemos a repetir: "el hombre existe ya como persona en el sentido de ser un ente cuya entidad consiste en tener que realizarse como persona, tener que elaborar su personalidad en la vida").
Consecuencias prácticas:
A. La sabiduría y la prudencia nos merecen respeto
B. La libertad de todo humano, de todo ser-ahí, merece un respeto imponente, reverencial y es lo primero que nos merece respeto
C. Si el hombre es proyecto de si mismo, tal proyecto puede llevarle a buen puerto o a aniquilarse. Los ingenieros saben que los proyectos se dirigen, se corrigen, se orientan e incluso se reconducen, ergo la educación también merece un respeto enorme y un reconocimiento total público y privado.
3. El querer del querer.
Nadie, a estas alturas, puede dudar ya que vivimos en el periodo del “adueñamiento” de la tierra por el hombre, como había previsto Nietzsche. Y tambien el “adueñamiento” del hombre por el hombre, no tanto como propiedad, que la esclavitud es cosa muy antigua, sino como capacidad para auto modificarse y modificar a los demás, incluso como especie, en cualquiera de los estadíos de su desarrollo. Vivimos el imperio de la técnica, el del “querer del querer”.
Quizá lo más característico de la técnica, y de la actual tecnología, es la fabricación en serie de máquinas y artefactos industriales -incluso Drexler ha hablado de auto fabricación y/o replicación de nanodispositivos autoensamblables- y es precisamente ese aspecto de la técnica o de la tecnología el más prepotente, el más característico.
4. El olvido de lo que somos.
El Maestro Martín Heidegger vio en el predominio del sistema tecnocientífico (él hablaría de técnico) una consecuencia del olvido del ser. Todo olvido produce un vacío y aquello que está vacío tiende a ser colmado. Dado que ningún ente puede llenar este hueco, sólo queda la posibilidad de una ininterrumpida producción técnica que lo obvie.
En todas partes donde el ente nos parece deficiente –y todo parece deficiente para el insaciable querer del querer del hombre moderno- es necesario que se introduzca la técnica y, abusando de las materias primas que la Tierra-Patria (no tenemos otra y el concepto acuñado por Edgar Morín es magnífico, Tierra-Patria…) le ofrece, produzca en masa sucedáneos industriales o post-industriales (también afecta a los servicios que son consecuenciales) que alimenten nuestras voraces apetencias.
Y así se origina ese infernal círculo de producir para consumir y del consumir para producir que ha venido a ser el único acontecimiento verdaderamente notable del mundo actual que se aleja de si mismo para ser otra cosa, algo así como un no-mundo, paso previo a la desaparición del mundo.
La reflexión heideggeriana sobre la técnica que, debidamente actualizada asumimos, tiene un carácter particular por su referencia a su relación con el ser y su dialéctica de desocultación-ocultación o desvelamiento velado. Esto aparentemente tan difícil de entender... ¡es tan fácil cuando se capta e interioriza!
Pese a la simpatía que tengo por Jaspers, he de reconocer que la reflexión heideggeriana constituye una pieza más profunda que la de preguntarse por La bomba atómica y el futuro del hombre. La técnica pone en juego algo más que el futuro de buena parte humanidad sobre la Tierra por un hipotético holocausto nuclear.
Lo que la técnica, la tecnología o la tecnociencia ponen en juego hoy, es la esencia del hombre. Traduzcamos a términos filosóficos determinados proyectos de manipulación genética en el hombre: lo que ponen en juego es su esencia, el desvelamiento velado del ser, que al ser intervenido desde fuera, lo somete al peligro de una insidiosa y criminal deformación.
5. El lenguaje como esencia de la tecnología.
En el centro de la meditación de Heidegger y de la nuestra se halla la esencia de la tecnociencia; a ella le dedicamos buena parte de nuestro tiempo. Y creemos que hay una equivocación generalizada a la hora de prever de donde van a venir las respuestas. Obviamente, no vendrán del progreso que la tecnociencia genere, ni de avances de la misma tecnociencia, ni del análisis de lo que hace, ni de cómo se implementa, ni siquiera de la naturaleza íntima que compone la materia tecnológica, átomos y partículas incluidos...Todo ello son manifestaciones de la tecnociencia pero no su esencia. Sólo hay una posibilidad de acceder a la esencia de la tecnociencia y esta posibilidad reside en el lenguaje.
Si tornamos nuestra mirada a la Grecia clásica veremos que "tecnos" significa dos cosas. Por un lado, un modo de producción que englobaba a la vez al artista y al artesano. Por otro lado, es un modo de descubrimiento, de desvelamiento.
Gracias a la técnica algo se descubre y se hace patente. Naturalmente entre la tecnos griega y la moderna técnica o tecnología o si se quiere tecnociencia se yergue una enorme distancia. Ello no impide ver a Heidegger ver en la tecnología un retoño tardío de la técnica. Entre ambas, hay sin embargo una diferencia cuya raíz se encuentra en el modo de desvelamiento propio de la tecnología.
6. “Existencias y consumo”
Como todo modo de desvelamiento, la técnica incluye un peculiar comportamiento hacia el ente en su conjunto, del que depende la manera como el hombre se comprende a sí mismo y las cosas. La actitud de la técnica es provocativa. Observamos que la manera humana de comportarse ante el mundo ha cambiado de raíz; ya no toma el carácter de representación sino de imposición. Y lo más importante de todo: el estatuto de las cosas ha cambiado.
Ya estas cosas no son puros objetos de los que nos servimos; son Bestand, es decir “fondo”, “reservas”, “stocks” o “existencias” en el sentido de los zapatos dispuestos en una gran zapatería y el dependiente nos dice: no se preocupe, del modelo “Paris nuit” en rojo, en 37, tenemos suficientes “existencias”. Estas existencias están almacenadas, esperando su venta, su uso posterior y su desgaste físico o de imagen de forma que ya sean zapatos, corbatas, máquinas de afeitar coches o teléfonos móviles, en seguida se quedan “demodé” aunque estén en perfecto estado para su uso.
La única razón de ser de las existencias es ser vendidas y usadas. Tienen poca consistencia y vida efímera. Cuando se acumulan y no se gastan, se devalúan, se rebajan para acelerar su uso y consumo y… para quitarlas de en medio como sea. Casi todos los objetos-productos que nos rodean, obra del moderno sistema de la tecnociencia, son fungibles a corto plazo, en complicidad con el sistema económico basado especialmente en el consumo.
El mundo tiende a aparecerse ante nosotros, a desvelarse, como un enorme almacén de existencias.
Pero es que también le ha llegado el turno a la Tierra. El hombre abandonado a su imperio que es el del tener más, el del consumir, ha dispuesto de todo el planeta como existencia. Y así también aquí es pertinente hablar de existencias o de reservas, de cereales, petrolíferas, etc. Toda la Tierra es un inmenso almacén.
Pero este almacén tiene una peculiaridad: no todas sus existencias se pueden reponer mediante la acción continúa de la tecnociencia y su disposición inmoderada no permite su renovación a un coste razonable. Además, para empeorar la situación, la carencia de esos objetos a los que se ha recurrido no se renuevan o lo hacen muy lentamente y su carencia no sólo nos priva de ellos sino que nos altera, nos modifica el hábitat, la morada, nuestra forma de vida…el uso de inmoderado de los recursos nos conmueve, nos altera y nos da miedo…. ¿Podrá la tecnociencia salvarnos?
7. El hombre como recurso, contingente y capital.
Pero es que el asunto va más lejos, nosotros mismos no somos sino existencias en este mundo tecnocientífico. Fíjense: Hablamos de “recursos humanos” en vez de personal o personas, mucho más digno. La persona transformada en recurso y lo más grave, quien invento tal término está tan orgullosa de haber sustituido el viejo arcaico y despectivo término de personal –que viene de persona- y que se refiere a un colectivo de personas con unos aspectos comunes, por el de recursos, además humanos. Hemos pasado de persona a recurso. Vamos bien.
Veamos el ejército. Ya, salvo entre profesionales, que en general son muy buena gente y muy alejada de estos presupuestos mega consumistas, no se utilizan los bellos y precisos términos, devenidos en clásicos, de sección, compañía, batallón, regimiento, brigada, división…No, las televisiones, las que mandan, hablan de contingentes armados. Que palabra más fea para designar un grupo de bizarros y bizarras soldados y oficiales….
Aún más grave: de recurso, alcanzamos el estatuto máximo del mudo tecnocientífico-económico: somos capital humano, entiéndase bien, somos billetitos, monedas, no personas. Valemos porque sabemos, no sabemos porque “valemos”. El dicho general “esta chica vale mucho” se sustituye por “esta chica tiene un conocimiento cuyo valor de mercado es de 30.000 brutos”. Eso es lo que yo llamo tecnocapitalismo o turbocapitalismo que el turbo es un objeto tecnocientífico…
8. Lo humano como producto
Y aún mucho más grave…mediante el pago de su importe, que no por donación, acumulamos existencias de sangre, de semen, de óvulos….Los órganos, todavía, en su mayor parte, se donan altruísticamente. Pero no faltan ya noticias de quien vende un riñón, o lo que es peor lo venden sus padres o tutores, o…lo roban, drogando a la persona, extirpándoselo y dejándola tirada en parque…y se del caso.
El Hombre ha devenido en la materia prima más importante.
Bien, la naturaleza, el hombre mismo, ha devenido en recurso, en existencia, en almacén de fuerza, energia, vida…
La tecnociencia, incluso, va más allá: determina las expresiones culturales de nuestra época: lenguaje, pensamiento, arte.
Para expresar este conjunto de fenómenos, característicos o más bien definitorios de nuestra época técnica, Heidegger propone una palabra de difícil traducción, das Ge-stell, que podríamos en castellano, darle el significado de dis-positivo. En el alemán de la calle, das gestell, significa algo así como armazón, chasis, caballete, bastidor, etc.
Pues bien, en esta palabra, aparentemente insignificante, se encierra toda una evocación de un mundo en el que todo es susceptible de indefinida explotación y manipulación; pese a ello, en ese mundo, se realiza la esencia de la técnica.
Heidegger entiende la historia como un olvido paulatino del ser. En este mundo la técnica ocupa un lugar bien definido: representa el último drama de la metafísica en general. Este hecho se caracteriza por: la trasformación del mundo en me-mundo o no-mundo, por la devastación de la Tierra –la última expresión es el cambio climático- y la degradación de la persona al rango de recurso disponible y…reemplazable.
Aparentemente el Götterdamerung está servido. Pero no. El maestro de Alemania, como le ha llamado Safranski, nos decía que aún no había aparecido el verdadero peligro. Este reside en otro plano y escapa a las decisiones de los hombres de estado y las comisiones internacionales. Para identificar este peligro hay que reflexionar sobre el aspecto de desvelamiento que la técnica conlleva.
El hombre puede engañarse respecto de lo que saca del encubrimiento o de la ocultación e interpretarlo mal. El desvelamiento del ser es siempre ambivalente. En él reside para el hombre, a la vez, la máxima posibilidad y el máximo peligro. La técnica participa de esta ambivalencia: como todo modo de desvelamiento oculta en su seno el peligro y la salvación.
Deviene peligro siempre que el hombre, abandonándose a su imperio, trate a las cosas y a las personas como simples dispositivos, como meras “existencias”; es salvación desde el momento en que el hombre escucha a través de ella la llamada del ser: en este caso, además, la misma técnica puede convertirse en preludio del acontecimiento ¿Y por qué? Porque la auténtica actitud del hombre hacia la técnica se encuentra en das Gelassenheit, el desasimiento.
Sólo el hombre verdaderamente libre ante las cosas, precisamente porque está abierto a la llamada del ser, es capaz de evitar los peligros de la técnica, su faz demoníaca, y abrirse a sus beneficios e incluso reconocer en ella el misterio del desvelamiento.
9. “Allí donde hay mayor peligro reside también lo que salva”.
Decía Heidegger que lo mortal para el hombre no era la tan discutida bomba atómica, este especial artefacto destinado a producir la muerte. Lo que desde hace ya mucho tiempo, es una amenaza de muerte para el hombre, lo que arremete profundamente al hombre en su esencia, es ese absoluto de la mera voluntad en el sentido premeditado de imponerse en todo.
Lo que amenaza la esencia del hombre es la opinión “motu propio” de que mediante un pacífico “desatamiento” (literal) o liberación (expresión castellana más correcta), transformación, acumulación y re-dirección de las energías de la naturaleza, el hombre podría hacerse más soportable a su propia especie y vivir felizmente. Pero la paz que de tal pacífico proceso debía segregarse, no es más que la permanente inquietud de la furia del premeditado imponerse.
Lo que amenaza a hombre en su esencia es la opinión de que la imposición del proceso de producción puede realizarse sin peligro, con tal que, al mismo tiempo otros intereses conserven su valor. Es como si pudiera existir, para la relación esencial en la cual queda transferido el hombre, por la voluntad técnica, a la totalidad del ente, un retiro o guarida en un edificio contiguo, capaz de brindar algo más que una temporal evasión del autoengaño.
Lo que amenaza la esencia del hombre es la opinión de que la producción técnica pone orden en el mundo, mientras que precisamente este ordenar rebaja todo ordo, es decir, todo rango, a la uniformidad de la producción, y de esta manera destruye de antemano la esfera de un posible origen de la jerarquía y el reconocimiento en el ser.
El peligro no reside sólo en la Totalidad del querer, sino en el querer mismo en la forma del imponerse en un mundo admitido únicamente como voluntad. El querer voluntado de esta voluntad ya se ha decidido a un mandato incondicional, y con esta decisión queda ya sometido el querer a la organización total. Pero la técnica misma impide, ante todo, cualquier experiencia de su esencia, pues en tanto que ella se desarrolla plenamente, desenvuelve en las ciencias una forma de saber que le impide para siempre llegar a la esfera esencial de la técnica, menos aún llegar a un repensar (zurückzudenden) en su origen esencial .
Muy lentamente la esencia de la técnica llega a la luz del día, que es sólo una noche mundial retransformada en día técnico, día que es el más corto de todos, y con él nos amenaza un único e inacabable invierno. Ahora no sólo se rehúsa al hombre la protección, sino que lo inalterado de todo lo existente se sume en la oscuridad. Al sustraerse lo sano, queda enfermo el mundo. Y por consiguiente, no sólo lo santo, como el camino que conduce a la divinidad, queda escondido, sino que también el camino a la santidad, la salvación, aparece borrado para el ser.
Es posible que todavía haya mortales capaces de advertir la amenaza de la insalubridad en el insano, los cuales tendrán que percibir el peligro que puede afectar al hombre. Peligro que consiste en la amenaza respecto de la esencia del hombre en su relación con el ser mismo, y no en los accidentales riesgos. Este peligro es el que se esconde en el abismo de todo ente. Para advertir este peligro y mostrarlo, tienen tales mortales que estar prestos a alcanzar el abismo. Llegar a contemplarse como algo diferente y ser conscientes de ello.
«Pues donde está el peligro
crece también la salvación».
(Hölderling.)
Acaso toda otra salvación no provenga de donde está el peligro, mientras que se mantiene en el insano. Cualquier salvación mediante no importa qué bien intencionado recurso vulgar, sigue siendo, para el hombre amenazado en su esencia, por la duración de su destino, una inconsistente apariencia. La salvación debe provenir de allí donde el destino de los mortales cambia de esencia.
Redactado por Javier Del Arco el miércoles 19 Marzo 2008 a las 09:26
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Editado por
Javier del Arco Carabias, Biólogo y Filósofo, es profesor de Universidad y Coordinador Científico de la Fundación Vodafone España.
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