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BIOFILOSOFIA: Javier del Arco

Heráclito de Éfeso propuso un paradigma del mundo presidido por el cambio permanente, de manera que todo cambiaba y nada permanecía o era. Sin embargo, este sabio de Grecia no pensó en destruir la polis griega ni su areté. La postmodernidad actual está en ello.
 
En su obra “Modernidad Líquida” Zygmunt Bauman investiga cuáles son las características de las cúspides de la sociedades capitalistas, siempre muy minoritarias y rigurosamente diferentes de la sociedades burguesas o de las viejas hidalguías e infanzonías, tanto de la que se ha mantenido en transcurso del tiempo, como aquellas que han cambiado.
 
1. Un desmedido afán acumulativo
 
Destaquemos en primer lugar una característica del gran capital: la acumulación por la acumulación.

Esta forma de proceder ha estado siempre presente en la estructura de los grandes capitales pero, en el llamado capitalismo tardío, esencialmente financiero y que se corresponde con el final de  la modernidad y comienzo operativo de la postmodernidad, dicho afán acumulativo adquiere un carácter nuclear.
 
Como consecuencia directa de ese desmedido afán acumulativo, se incrementa el individualismo de la población en general y las relaciones humanas devienen en precarias y volátiles. Se trata de competir, no de cooperar, incluso entre colegas. Así, cada vez menos se habla de equipos y mucho más de personajes providencia. Los caza-talentos fichan personas y no equipos conjuntados.
 
Se produce así una sensible disminución de la solidaridad y un incremento exponencial del egoísmo. Este último es una plaga que se extiende y de la que son paradigmas aquellos más pudientes. La sociedad líquida propicia ese cambio porque, como buena hija de la postmodernidad que niega cualquier gran relato, se aleja de cualquier conjunto de valores entrelazados entre si que se pudiesen nutrirse en fuentes humanísticas.
 
De manera que cualquier estructura potente que conforme un marco de justicia, especialmente justicia social, es indeseable.
Javier Del Arco
Viernes, 18 de Octubre 2013
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Es momento de una ética de la responsabilidad incondicional que acabe con esta sensación de “responsabilidad de nadie” de que hablaba Hanna Arendt. Es momento de un despertar colectivo. Es el momento de repensar 1789.


Warren Buffett. Wikipedia.
Warren Buffett. Wikipedia.
Como había que empezar por algún lugar, hemos decidir partir de un texto que describe un contexto muy actual. Hemos tomado una frase de Warren Edward Buffett – ciudadano con una fortuna personal estimada en 58 mil millones de dólares de manera que Forbes lo designó como la persona más rica del mundo a partir del 11 de febrero de 2008- que refleja la realidad de Occidente, de Europa y de España: “Por supuesto que hay lucha de clases y los ricos estamos ganando”. Por otra parte, el ministro Ruiz-Gallardón no tiene empacho en decir que “gobernar es repartir dolor”.

1. El anti-diario de Zygmunt Bauman

En la obra titulada “Esto no es un diario”, Bauman refleja sus reflexiones desde septiembre de 2010 hasta marzo de 2011.

Miguel de las Heras, director de “Intelecta”, desarrollaba en octubre de 2012 unas interesantes reflexiones sobre la mencionada obra de Bauman que nos pueden servir de frontispicio para nuestros primeros análisis. De las Heras remarcaba la existencia de algunas frases en las primeras páginas del libro que sintetizan grandes ideas que determinan la sociedad de nuestro tiempo

Sobre los límites epistemológicos: “Las cosas fluyen demasiado deprisa como para que propicien esperanza alguna de darles alcance”.

Sobre el nihilismo atrágico de nuestro tiempo: “Nuestra época destaca por pulverizar todo, aunque nada tan a fondo como la imagen del mundo…” aunque una cierta suerte de horror vacui queda reflejado en “la lucha desesperada por encontrar tierra firme bajo los pies”.

Sobre el determinismo social, derivado del perverso darwinismo social (quien le iba a decir al buen Darwin que sociólogos, economistas y políticos utilizaría su obra con fines sutilmente criminales), que impregna la doctrina económico-social del neoliberalismo: “responder con un rotundo y acérrimo “No hay alternativa” a las quejas y las protestas de sus súbditos que no ciudadanos (porque la ciudadanía se diluye en el líquido pestilente que caracteriza a la nueva sociedad) , cada vez más confundidos y asustados; eso, claro está, si se dignaban en responder en vez de devolver al remitente las peticiones de ayuda “Ayúdenme”, “Hagan algo” con un aviso de “Dirección errónea” o “Destinatario desconocido” estampado en el sobre…

Sobre el oportunismo y la demagogia política a la hora de (re)crear comunidades imaginarias creando “otra atracción que tenga iguales probabilidades de atraer miradas antes de que estas se dirijan hacia lo que de verdad importa: hacia aquellas cosas sobre las que los gobernantes no pueden ni quieren hacer nada verdaderamente importante” o “araron y fertilizaron el terreno para las posteriores cosechas fundamentalistas y tribales… La tierra así labrada y preparada es una tentación para conquistadores aventureros a los que pocos políticos aspirantes al poder serán capaces de resistirse”

Como dice de las Heras, suena todo peligrosamente familiar…
Javier Del Arco
Domingo, 13 de Octubre 2013
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Los ciudadanos, entiéndase sujetos o actores de sus actos, de Europa y España ¿Qué son? ¿Qué pueden esperar? ¿Qué deben hacer? ¿Hasta dónde pueden llegar? Hemos pluralizado las preguntas de Kant e invertido su orden. Así mismo, hemos tomado al sujeto en plural como constituido a través de los grupos con los que se vincula, incluso desde antes del nacimiento. Por eso podemos hablar, como lo hacen los psicólogos sociales, de un «sujeto sujetado» pero también productor y creativo, en tanto posee la capacidad de transformar su mundo y a sí mismo.

Se trata de responder preguntas. No lo haremos directamente forzando las condiciones; más bien iremos mirando el mundo que nos rodea y estas preguntas se contestarán por si solas.

Un buen punto de apoyo para, mediante el ejercicio reflexivo, aproximarnos rigurosamente a las sociedades actuales y tratar de conocerlas, es partir del conjunto de la última parte de la obra de Zygmunt Bauman. En efecto, Bauman que se mantenía dentro del pensamiento sociológico moderno pero clásico, comenzó a finales de la década de 1980 a edita una trilogía de libros (Legisladores e intérpretes, Modernidad y Holocausto y Modernidad y ambivalencia), en los que criticaba la impotencia de la modernidad y proponía una visión postmoderna distópica de la sociedad, esto es una visión de la postmodernidad llena de aspectos indeseables. Desde entonces, Bauman ha editado una línea invariable de libros adicionales explorando su nueva perspectiva.

Es esta descripción baumaniana el instrumento del que vamos nosotros a tratar de explicar nuestro entorno actual y a diseccionarlo (criticarlo, que la crítica es esencialmente análisis, cirugía de los textos y los contextos actuales, entendidos estos últimos en sentido amplio). Describiremos lo que vemos y trataremos de aventurar sus consecuencias.

Adelantamos que este será un trabajo aristado, polémico. Y lo será porque va a culminar, lo vemos venir, en la observación de una gran tensión, probablemente ruptura, entre lo ético y lo cotidiano, entre lo que se debe hacer y lo que se hace de facto. Pero ocurren cosas muy graves, situaciones que pueden desarrollar conflictos nunca vistos hasta ahora, de tal modo y manera que en unos años todo lo que hemos vivido, aquello en lo que creemos, nuestro estilo de vivir, puede haber desaparecido. Y esas cosas pueden ocurrir en todos los ámbitos de la actividad humana de manera que retornemos, con un ropaje diferente y en un contexto distinto, a los años más oscuros de la historia del hombre. Por eso nuestro análisis ha de ir paso a paso.
Javier Del Arco
Domingo, 13 de Octubre 2013
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No soy un entusiasta de Peter Sloterdijk pero me voy a apoyar en algunas de sus reflexiones y en los comentarios que sobre él ha realizado muy acertadamente Adolfo Vásquez Rocca para continuar mis comentarios sobre la masa líquida en su aspecto espumoso y menos consistente.


Sloterdijk se formó en la órbita de los seguidores de la Escuela de Frankfurt y pronto se dio cuenta de que las obras de Adorno y otros no salían de lo que denominó "ciencia melancólica". Su viaje a la India para estudiar con un famoso gurú, Rajneesh (luego llamado Osho), cambió su actitud ante la filosofía. Su Crítica de la razón cínica, de 1983, estaba aún en ese estilo de crítica de la razón instrumental analizada por sus maestros, pero las obras que siguieron están imbuidas ya del nuevo espíritu transgresor. No obstante, hay que señalar en Sloterdijk dos tendencias: la ya mencionada rupturista con el pensamiento académico, y otra que se inserta en su labor como profesor universitario, y que lo lleva a cierto didactismo, por no decir enciclopedismo. Mantuvo un célebre debate con Jürgen Habermas sobre el concepto y contenido del Humanismo con motivo de las ideas expuestas en su obra “Normas para el parque humano”. Esta polémica supuso su entrada en el universo mediático, con consecuencias que no había previsto. Sus análisis de Nietzsche y del legado de Heidegger, se alternaron con otros libros más personales, en donde desarrolla una fenomenología del espacio que ha denominado esferología, en alumbra su trabajo más ambicioso hasta la fecha: Esferas, una trilogía compuesta por Burbujas, Globos y Espumas.

Los intereses de Sloterdijk son tan amplios y variados, que superan a muchos de los de sus colegas: la música, el psicoanálisis, la poesía (sobre todo la francesa), la obra de ciertos autores olvidados como Gabriel Tarde, Gaston Bachelard o poco conocidos como Thomas Macho; el arte contemporáneo, la antropología, y un largo etcétera. También se ha preocupado por asuntos políticos, que ha desarrollado tanto en obras de hace tiempo, “En el mismo barco”, como más recientes, “Si Europa despierta”, en donde se muestra partidario de una Europa sólida y no sometida a las derivas de las potencias exteriores. Frente al academicismo de otros pensadores, su apuesta por los medios de comunicación, que estudia hace tiempo y sobre los que escribe también, le ha supuesto numerosas críticas. También se distingue del resto por su escritura muy estilizada, literaria incluso, que debe algunos rasgos al impulso de Ernst Bloch o a ciertos franceses virtuosos como Gilles Deleuze, pero adoptando su propia terminología y creación de neologismos arriesgados, a los que son tan aficionados algunos filósofos alemanes.

Sloterdijk, da su versión de la postmodernidad mediante una metáfora gigante -por lo extensa- mediante esferas que se deshacen y devienen en espumas en las que se establecen complejas y frágiles interrelaciones, carentes de centro, y en constante movilidad expansiva o decreciente. Si esa metáfora del mundo físico se traslada al ámbito social, surge un intento un tanto artificioso de explicar la sociedad postmoderna, aquella de los movimientos de expansión y contracción de los sujetos en un mundo liviano, de carácter multifocal, descomprometido con el otro, egoísta hasta su máxima expresión, y en el que la banalidad del mal se expande en tanto que el amor verdadero se licua y volatiliza.
Ciertamente, la imagen de la espuma sirve para contarnos como es la sociedad de hoy. ¿Pero qué mundo? El efímero caracterizado por la emergencia rápida de las personas y objetos, un uso corto y alocado de ambos -la persona o sujeto se mimetiza y funde con el objeto- y devine en “sobjeto”, como señala Vedú-, se llega al final y vuelta a empezar. Por doquiera se multiplican relatillos, que Sloterdijk denominará pomposamente micro-relatos, que agitan el hoy para ser ceniza mañana mismo. Así se formula hoy al hombre y su mundo, así lo hace el de Karlsruhe, mediante una interpretación antropológico-filosófica del individualismo moderno de la que emerge una sociedad bobalicona, “buenista” pero preñada de perversiones, tanto en la esfera o la espuma pública, muy debilitada, como en la privada.

Así, Espumas trata de dar un sentido, una respuesta, a la naturaleza del vínculo que reúne a los individuos, el espacio interrelacional del mundo contemporáneo.

Sloterdijk, como señala su excelente interprete Vásquez Rocca que nos ha inspirado buena parte del comentario del alemán, nos indica que éste “quiere describir con su metáfora de la Espuma un agregado de múltiples celdillas, frágiles, desiguales, aisladas, permeables”, pero, y esto es lo más extraño de todo, digo yo, “sin comunicación efectiva”.
Adolfo Vásquez Roca, finaliza su análisis diciendo: “La esfera deja así de ser la imagen morfológica del mundo poliesférico que habitamos para dar paso a la espuma. Fragilidad, ausencia de centro y movilidad expansiva o decreciente son las características esta nueva estructura que mantiene una «estabilidad –precaria, añado yo- por liquidez», divisa postmoderna que refleja la íntima conformación de la espuma”.

Lo «líquido» de la modernidad, si retomamos la concepción de Baumam, se refiere a la conclusión o fin de una etapa de «incrustación» de los individuos en estructuras «sólidas», seguras, tales como el régimen de producción industrial o las instituciones democráticas, que tenían una fuerte raigambre territorial. Ahora, «el secreto del éxito reside en evitar convertir en habitual todo asiento particular». La apropiación del territorio ha pasado de ser un recurso, a convertirse en lastre, debido a sus efectos adversos sobre los dominadores: Porque lo que no es móvil está vinculado a las denominadas “inacabables y engorrosas responsabilidades que inevitablemente entraña la administración de un territorio”.

Masa espumosa y temor

Nuestras ciudades, afirma Bauman, son metrópolis del miedo, lo cual no deja de ser una paradoja, dado que los núcleos urbanos se construyeron rodeados de murallas y fosos para protegerse de los peligros que venían del exterior. Lo que Sloterdijk llamó «la ciudad amurallada» hoy ya no es un refugio, sino la fuente esencial de los peligros, porque ya no hay murallas ni físicas, ni morales ni legales. La ley es permisiva con el delincuente, los agentes de la ley están poco protegidos y la ciudad o la no-ciudad, esa mépolis de Félix Duque que tanto me interesa, es un “totum revolutum” de razas, lenguas, estilos, tribus y riegos evidentes, semejante a lo que aparece en películas afortunadas como Blade Runner o Star Wars IV, cuando se describe el garito del puerto espacial de la ciudad Mos Eisley. Lugares semejantes hay ya muchos, demasiados, aunque por decoro no los visite ni siquiera por causa de mi interés por la antropología. Prefiero la virtualidad real del cinematógrafo.

Nos hemos convertidos en ciudadanos «adictos a la seguridad pero siempre inseguros de ella» y, lejos de rebelarnos como sería lógico, lo vamos aceptando como algo inevitable, hasta tal punto que, en opinión de Zygmunt Bauman, contribuimos a «normalizar el estado de emergencia», lo que a todas luces es aberrante.

El miedo es más temible cuando es difuso, disperso, poco claro; cuando flota libre, sin vínculos, sin anclas, sin hogar ni causa nítidos; cuando nos ronda sin ton ni son; cuando la amenaza que deberíamos temer puede intuirse, percibirse por todas partes, pero resulta imposible situarla en un lugar concreto. «Miedo» es el nombre que damos a nuestra incertidumbre: a nuestra ignorancia con respecto a la amenaza y a lo que no se puede hacer para detenerla o para combatirla.

Los temores son muchos y variados, reales e imaginarios… un ataque terrorista, las plagas, la violencia, el desempleo, terremotos, el hambre, enfermedades, accidentes, el otro, los otros…Y sobre todo, miedo al nuevo poder emergente, sin rostro ni responsabilidad, violento e implacable, simultáneamente oculto y público, nuevo Armagedon, Leviatán hobbesiano, Bestia del Apocalipsis: el mercado postmoderno.

Los Estados pierden la “E” mayúscula y devienen en “estadillos” micro-feudales, burbujas malolientes de ácido sulfhídrico provenientes de la putrefacción de las sociedades líquidas, empantanadas en el fango putrefacto y cinemático donde han claudicado y muerto de inacción y ausencia de fuerza interior, individual y colectiva. Tanto el Estado democrático como la sociedad libre, fenecen en la colosal trampa tendida por el despiadado mercado postmoderno, nuevo Leviatán que nos esclavizará a todos. Y la trampa ha sido clara: una sustitución del ser por el tener, la emergencia de una perversa afirmación: tengo, luego soy. Para ello la estrategia perversa del llamado nuevo orden mundial (NOM) ha consistido en propiciar la codicia, el hedonismo y los más bajos instintos humanos. Así, de la mano de la publicidad y el consumismo ha devenido el derrumbe moral, la destrucción de la autoridad, el desprestigio de las instituciones -y España es un ejemplo de desprestigio acelerado-, la disolución de muchísimas familias, la exacerbación por el placer efímero, la disolución del sujeto en un “sobjeto” fungible, la fiebre consumista, el culto al dios cuerpo…

A eso tenemos miedo.

Gentes de muy diferentes clases sociales, sexo y edades, se sienten atrapados por sus miedos, personales, individuales e intransferibles, pero también existen otros globales que nos afectan a todos, como el miedo al miedo…Y una gran mayoría de seres humanos no han conformado mentalmente a lo que temen, no lo han elaborado; temen, viven o mal viven, ni siquiera huyen…entre otras cosas porque no saben donde ir, carecen de referencias, están perdido y solos como nuevos Zarathustra, en el pantano hediondo de la masa líquida, presintiendo el dionisiaco fragor de los “nuevos hombres superiores”: los señores del mercado

Los miedos nos golpean uno a uno en una sucesión constante y azarosa, ellos desafían nuestros esfuerzos (si es que en realidad hacemos esos esfuerzos) de engarzarlos y seguirles la pista hasta encontrar sus raíces comunes, que es en realidad la única manera de combatirlos cuando se vuelven irracionales. Pero la maldad infiltrada en la educación y la enseñanza, nos ha borrado las pistas. La humanidad está sola, desvalida, como árbol que ha perdido sus raíces. Y de ello se aprovechan esos “nuevos hombres superiores” nietzscheanos del NOM que, acostumbrados a los atajos y las vías rápidas, ni siquiera van a procurar que madure una nueva aristocracia. Van a implantar una dictadura al servicio de un nuevo concepto de Nomenklatura. Los esperpénticos hijos expósitos –no tienen origen, ignoran su genealogía intelectual- del siglo XIX, han eclosionado en las postrimerías del siglo XX y principios del XXI, convertidos en rapaces prácticas dispuestos a derruir la libertad, la democracia y el liberalismo verdadero. El verdadero propósito del capitalismo postmoderno es solo uno: el dinero por el dinero, sin pretensiones de crear riqueza, para lo que ha optado por la vía fácil que le conduce la formación de su nueva Nomenklatura, que habrá de estar integrada por hombres y mujeres sin escrúpulos, carentes de sentido moral, inclinación religiosa o sentimiento caritativo alguno. Son grandes ingenieros financieros, duros, fríos, implacables y perversos, naturalmente.
Javier Del Arco
Miércoles, 14 de Diciembre 2011
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