Recomendar este blog Notificar al moderador

BIOFILOSOFIA: Javier del Arco


Hora es ya de continuar nuestros trabajos de Kósmologia por tanto tiempo interrumpidos contra mi voluntad y contra la de esa magnífica revista digital que tiene la benevolencia y todo hay que decirlo, la valentía de acogerme: Tendencias 21. Y retomamos estos trabajos allí donde quedaron: en el final de la crítica del reduccionismo sutil.



1. Vanidad de entendimiento. La teoría de sistemas y el eco-holismo no están equivocados, nada de eso. Lo que ocurre es que su certitud es parcial, lo que Hegel llamaba “una vanidad de entendimiento”. Esa vanidad puede llegar a ser peligrosa precisamente por su carácter de parcialidad, por pretender que aquello que en realidad constituye la mitad del Kósmos, para los sistémicos y los eco-holistas represente la totalidad.

Veamos. El riesgo de la aplicación de las teorías holísticas planas, aunque sea de manera no pretendida, es casi siempre la instrumentalización de los individuos. Y eso sucede porque se les considera “hebras” de su maravillosa red, servidores de sus funciones globales –eso que hemos llamado en algún lugar su “encaje funcional”-. Aquellos teóricos que pretenden describir una “Totalidad final” (aunque ésta no exista) te asignan un propósito, un papel y un significado real ya que dichos “gurus” dicen tener o conocer lo que llaman el último contexto, la verdadera totalidad que define el encaje funcional y por lo tanto lo que para ellos es la verdad y el significado de cada uno. Naturalmente, según esto, los teóricos de sistemas y los eco-holistas nunca se cansarán de decirnos cual es nuestro encaje funcional en su versión de la “totalidad”.

2. La totalidad como riesgo y como error. Hay una frase de Habermas del “Discurso filosófico” que, más o menos, dice lo siguiente:

Es la colonización del mundo de la vida por los imperativos de los sistemas funcionales que exteriorizan sus costos sobre el otro, una ciega compulsión al mantenimientote los sistemas.

Los defensores de la teoría de sistemas más radical y los eco-holistas, luchan hasta la extenuación hasta derrotar a los atomistas y, caso de triunfar, pretenden ponernos a todos dentro de la para ellos “maravillosa trama de órdenes interconectadas” y no dudan en utilizar esa palabra por tantas razones terrible denominada “Totalidad” para establecer de forma pretendidamente lógica cuales deben ser nuestras necesidades y deseos. Esa es la faz oculta del ecologismo que para salvar a la Totalidad, Gea, lo que es necesario, no duda en preconizar el esclavizar a las partes, nosotros entre otros seres, lo que es tiránico y criminal.

Ya sabemos que el “Todo” es un mito y que sólo hay totalidades/partes u Holones. Pero a estos eco-holistas, totalitarios en el fondo, no les importa. No les importa que al reducir todos los dominios y pruebas de validez al mero encaje funcional, la integridad y las verdaderas integraciones de todos los otros dominios queden totalmente devastadas. No les importa el carácter políticamente totalitario del encaje funcional y que aquello que verdaderamente representa, si somos capaces de patentizarlo con habilidad y claridad, sea exactamente la antítesis de una verdadera democracia.

3. Fragmentación. Veíamos, al iniciar este Blog que según los holistas padecemos en la actualidad el peso de una visión fragmentada del mundo y eso, aunque nos duela es cierto. Pero no menos cierto es que los holistas tampoco han sabido sanar esa fragmentación; simplemente la han reproducido. Reducirlo todo al encaje funcional -¡que expresión más espantosa, además!-, destruye totalmente la integridades cada dominio y, además, hace imposible la verdadera integración de cada uno de ellos. El mundo está verdaderamente fragmentado, eso está claro; pero los holistas son algunos de los principales generadores de esa fractura.

Los holistas imputan a la Ilustración un carácter meramente atomístico, lo que según ellos, es la causa primigenia de la fragmentación del mundo. Al realizar esta acusación tienden una cortina de humo sobre el delito de la Ilustración que ellos mismos perpetúan.

Nuestros sucesivos trabajos, de aquí en adelante, nos mostrarán una visión del mundo lamentablemente fragmentada pero no porque todo haya sido reducido al cuadrante inferior derecho del encaje funcional –la solución eco-holística- sino porque los cuatro cuadrantes aún tienen que ser integrados,

4. Armonía. En esta integración es donde verdad, veracidad, significado y encaje pueden ser puestos en mutua armonía. Esa armonía –y no un reduccionismo que deshace el tejido de cada uno de ellos en nombre una pretendida totalidad- es uno de los temas fundamentales de éste análisis y de todo el análisis que realizamos en el contexto de nuestro quehacer filosófico.

Veremos que el encaje funcional es importante, pero sólo es una parte de la armonía disponible. Y ni siquiera constituye el mundo de hoy, porque antes de que podamos intentar una curación ecológica, debemos alcanzar una comprensión mutua y un acuerdo mutuo entre nosotros sobre el que se puede construir una mejor manera de proceder a nivel colectivo. De ahí la capital importancia de Habermas y su acción comunicativa para nuestra Biofilosofía. Sépase que el impulso de curación no viene a alentar el encaje funcional (Inferior Derecho), sino de la comprensión mutua (Inferior Izquierdo). Y esto, como veremos, depende en primer lugar y sobre todo del crecimiento y la transformación individuales (Superior Izquierdo).

Lo que no llegue a ese nivel, sean cuales fueren sus motivos, sólo perpetúa la fractura (al menos es lo que intentaremos demostrar). Los holistas, al resaltar comprensiblemente la importancia y la urgencia del encaje eco-holístico, han absolutizado el cuadrante Inferior Derecho impidiendo su verdadera integración y condenándolo al destino de todos los fragmentos. Reducir todos los dominios a ese cuadrante, al encaje funcional, no sólo destruye los otros dominios, sino que le destruye a él mismo también.

Esto es otra forma de decir que el absolutizar la biosfera significa precipitar su destrucción. En estos momentos en los que se hace tan necesaria la integración, los eco-holistas no son, digan lo que digan, los verdaderos amigos y protectores de Gea. Puede que sepan proteger tal o cual parcela de Gea, lo que está bien sin duda y es necesario. Pero mucho más necesario es una integración general de los dominios disponibles, pues Gea continúa desmoronándose cada vez más rápido entre una peligrosísima indiferencia general y descuido.
Javier Del Arco
Sábado, 12 de Mayo 2007
Facebook Google + Twitter LinkedIn Google Y! Technorati Meneame Viadeo Pinterest


Hay que comprender que es esencial tener muy en cuenta que, aunque intentemos por todos los procedimientos posibles ver aquello que llamamos lo “interior” o lo “interno”, nunca lo llegaremos a “ver” realmente. Las superficies o exteriores, siempre se pueden observar; los interiores, por el contrario, deben ser interpretados.


Contra el reduccionismo sutil: el ejemplo cerebro-mente (II)
Supongamos el caso del cerebro. Observar el exterior a nivel fino y ultra fino es muy factible así como contemplar y/o verificar su fisiología es también algo posible. Pero conocer por observación o análisis lo que el cerebro elabora o almacena, es decir los pensamientos o los recuerdos resulta imposible de contemplar y aquí entra en juego la palabra, el lenguaje, de manera que el contenido de lo que hay en el cerebro debe ser interpretado.

Las respuestas a las preguntas ¿qué pasa? ¿cómo te sientes? o ¿en qué piensas? no son visualizables –si pueden observarse reacciones fisiológicas o incluso cambios morfológicos en las estructuras cerebrales relacionados con ellas al formularlas- pero las respuestas, el contenido preciso de aquello que se piensa, se siente o se recuerda, parece difícil poderlo visualizar o analizar sin mediar conversación, palabra –hablada o escrita, tanto da- acciones gestuales que sustituyen a las palabras, desde las muy avanzadas como el lenguaje de signos hasta las más rudimentarias.

La fisiología cerebral, una rama de la ciencia especialmente importante y con una expansión muy prometedora podría llegar a saber todo de un determinado cerebro pero ignorar sus pensamientos. Esa es la situación hasta el momento y por eso no se puede dar por liquidada la psicología, cuya conceptualización conviene hacer ahora.

Ciencia del alma

La psicología (del griego psique, alma y logos, estudio) es una disciplina que literalmente significaría ciencia del alma, sin embargo, contemporáneamente se la conceptualiza como el estudio de:

-El comportamiento de los organismos individuales en interacción con su ambiente.

-Los procesos afectivos e intelectuales subjetivos.

-El sistema psíquico (homologable a mente, psiquismo, aparato psíquico); es decir, el conjunto de mecanismos funcionales y estructuras que posibilitan y explican los dos puntos anteriores.

En cuanto a la metodología utilizada, la Psicología ha discurrido tradicionalmente por dos opciones de investigación:

-La psicología entendida como ciencia básica o experimental, enmarcada en el paradigma positivista, y que utiliza un método científico de tipo cuantitativo, a través de la contrastación de hipótesis, con variables cuantificables en contextos experimentales, y apelando además a otras áreas de estudio científico para ejemplificar mejor sus conceptos.

-El intento de comprender el fenómeno psicológico en su complejidad real ha intentado, desde una perspectiva más amplia, la utilización de metodologías cualitativas de investigación, que enriquecen la descripción e interpretación de procesos que, mediante la experimentación clásica cuantificable, resultan más difíciles de abarcar, sobre todo en ámbitos clínicos.

La mayor parte de los estudios se realizan en seres humanos. No obstante, es habitual el estudio del comportamiento de animales, tanto como un tema de estudio en sí mismo (cognición animal, etología), como para establecer medios de comparación entre especies (psicología comparativa), punto que a menudo resulta controvertido.

La Unión Internacional de la Ciencia Psicológica (IUPS y S, por sus siglas en inglés) es la entidad que representa a la Psicología en el mundo, congregando a los comités nacionales que representan a las Asociaciones de Psicólogos de cada país. Una de las asociaciones de psicólogos más importantes es la Asociación de Psicólogos Americana (APA), que además ha publicado unas normas para la elaboración y publicación de trabajos científicos ampliamente difundidas y utilizadas en varios ámbitos de la ciencia.

Interpretar contenidos

Retomando pues el hilo del discurso wilberiano, recordemos que habíamos señalado que los neurofisiólogos podían conocer todo el funcionamiento del cerebro pero le era imposible, por métodos experimentales, conocer los pensamientos y el contenido de la memoria. Por esta razón las superficies, o sea lo que se ve, directa o indirectamente, son “monologícas” ya que se examinan mediante el monólogo que realiza el observador.

Sin embargo, los contenidos “interiores” del cerebro-mente han de ser considerados de manera dialógica –en el doble sentido de lógica del diálogo y lógica dual del discurso formal-, dialéctica o empática, en el más amplio sentido. De manera monológica se pueden estudiar los cuerpos en movimiento, la fisiología de cualquier sistema, órgano, tejido o célula y hasta las tasas de suicidios existentes en la Unión Europea, país por país, región por región, según las estaciones del año o los cambios climáticos.

Pero aquello que hemos dado en llamar los “interiores” que son “constructos singulares” del cerebro-mente, como los pensamientos o los sentimientos, tan sólo podemos estudiarlos de una forma empática, interpretativa. Sin embargo quiero dejar muy claro que fisiología y empatía no son excluyentes sino complementarias y que nadie piense que no las integramos, todo lo contrario; la una siempre tiene que ver con la otra.

Ciertamente, el trabajo a realizar en el sendero derecho se ciñe a la observación y al análisis con el apoyo de herramientas conceptuales y materiales. Con un telescopio, somos capaces de ver una estrella; con un microscopio, células, partículas subcelulares, moléculas e incluso átomos en función de las características del aparato en el nos apoyamos para la observación; podemos observar rastros de partículas en una cámara de aceleración de partículas; en un laberinto, podemos estudiar el comportamiento de las ratas; de un sistema social dado obtenemos datos empíricos y estadísticos muy importantes.

Pero en todos los casos que hemos señalado, no nos tenemos que dirigir de forma directa, hablar para entendernos, a los objetos investigados. No se persigue un entendimiento mutuo, ni tampoco el interpretar las profundidades o los interiores. Lo señalado en este párrafo se puede efectuar mediante un monólogo, no se requiere diálogo. Y vuelvo a repetir, no son modos de proceder antagónicos, ambos son extremadamente importantes y complementarios.

Hermenéutica de la sospecha

A la hora de estudiar el cuadrante superior izquierdo, como señala Wilber, aparece con carácter fundamental una noción previa importante: la de sinceridad. En efecto, cuando llegamos a unas formas de profundidad tan peculiares como las desarrolladas en el ser humano, esa profundidad sólo es accesible mediante la interpretación de lo dicho un diálogo que puede ser hablado, escrito, mediante lenguaje corporal, de signos, etc. Está claro que aquel que cuenta algo, de sí o de otros, puede mentir y enmascarar su propio pensamiento; incluso puede engañarse a sí mismo.

Ante esta posibilidad, ciertamente frecuente, es necesario recurrir a métodos más sofisticados de interpretación entre los que se encuentra el psicoanálisis. Cualquier ser humano puede sólo traducir en palabras aquello que percibe y, naturalmente, puede equivocarse. Entra en juego aquí un concepto establecido por Paul Ricoeur que es el de “hermenéutica de la sospecha”.

Llegados a este punto, hay que puntualizar algo sobre hermenéutica. Partimos de una bella y por esta vez muy clara frase heideggeriana: El lenguaje es la morada del ser y la casa donde habita el hombre, el gran intérprete que responde a esa llamada y que en ella y desde ella desvela la inconclusión de su propio decir.

A partir de esta trascendente construcción filosófica, lo que vamos a decir sobre hermenéutica veremos como cobra pleno sentido.

El término hermenéutica deriva del griego "hermenéuiein" que significa expresar o enunciar un pensamiento, descifrar e interpretar un mensaje o un texto.

Etimológicamente, el concepto de hermenéutica se remonta y entronca con la simbología que rodea a la figura del dios griego Hermes, el hijo de Zeus y Maya encargado de mediar entre los dioses o entre éstos y los hombres. Dios de la elocuencia, protector de los viajeros y del comercio, Hermes no sólo era el mensajero de Zeus; también se encargaba de transmitir a los hombres los mensajes y órdenes divinas para que éstas fueran tanto comprendidas, como convenientemente acatadas.

El hermeneuta es, por lo tanto, aquel que se dedica a interpretar y desvelar el sentido de los mensajes, haciendo que su comprensión sea posible y todo malentendido evitado, favoreciendo su adecuada función normativa.

Actualmente entendemos por hermenéutica aquella corriente filosófica que, hundiendo sus raíces en la fenomenología de Husserl y en el vitalismo nietzscheano, surge a mediados del siglo XX y tiene como máximos exponentes a Gadamer, Martin Heidegger, los italianos Luigi Pareyson y Gianni Vattimo y el francés Paul Ricoeur. Todos ellos adoptan una determinada posición en torno al problema de la verdad y del ser, siendo la primera definida como fruto de una interpretación, y el ser (mundo y hombre) como una gran obra textual inconclusa que se comporta de manera análoga a como lo hace el lenguaje escrito.

Atmósfera hermenéutica

No obstante, la hermenéutica contemporánea más que un movimiento definido es una "atmósfera" general que empapa grandes y variados ámbitos del pensamiento, calando en autores tan heterogéneos como Michel Foucault, Jacques Derrida, Jürgen Habermas, Kart Otto Apel y Richard Rorty.

Como hemos visto la hermenéutica, en tanto que atmósfera o clima, puede ser considerada desde perspectivas diversas. Para continuar el hilo de nuestro discurso es la consideración realizada por Ricoeur la que nos interesa.

Para Paul Ricoeur, la hermenéutica supone la interpretación como ejercicio de la sospecha o restauración del sentido. Es una "filosofía reflexiva" que ha de dar cuenta del conflicto entre las diferentes interpretaciones de los símbolos del lenguaje.

Así, enraizada a la filosofía de Nietzsche, que exigía a la filosofía la tarea de desenmascarar las fábulas ilusorias y falsos valores de la conciencia (la moralidad), la hermenéutica supone el esclarecimiento de la verdadera "intención" y del "interés" que subyace bajo toda "comprensión" de la realidad, quehacer que se halla presente en la teoría y el método psicoanalítico (desenmascaramiento de los deseos y pulsiones ocultos en el inconsciente) e incluso en las teorías marxistas sobre la ideología.

Frente a esta tarea, Ricoeur reclama también una hermenéutica dedicada a restaurar el verdadero sentido que contienen los símbolos, búsqueda que explicaría el progreso de la conciencia.

Buscando en las profundidades

La hermenéutica de la sospecha, en todas sus diversas formas, no pretende sino excavar bajo el contenido superficial de cualquier manifestación y evaluar el significado genuino de la comunicación. No busca lo que se halla en la superficie, sino aquello que se oculta en el fondo.

Wilber opina que el psicoterapeuta (psiquiatra o psicólogo), valiéndose de su formación y de su intuición empática (o simpática), puede concluir que un sentimiento depresivo original experimentado por un sujeto no es sino un sentimiento de ira disfrazado contra un ser próximo por un daño que el sujeto en cuestión le atribuye. Cuando se ha establecido el diálogo, si esa conclusión del psicoterapeuta tiene sentido para el sujeto, éste lo reconocerá.

Se habrá descubierto así “una profundidad” cuya existencia podía ignorarla el propio sujeto que es objeto de terapia, lo que implica el reconocimiento de una traducción anómala de un sentimiento o una mala interpretación del mismo. A partir de este hecho, el psicoterapeuta y el sujeto deberán pacientemente volver a traducir todos esos sentimientos mal traducidos, llamándolos por su nombre, dentro del contexto del propio desarrollo del sujeto. En el caso que nos ocupa, el sujeto no estaba triste, realmente estaba resentido y enfadado con la persona próxima en cuestión.

En este sentido el “inconsciente” del sujeto deprimido o afectado, lo que Wilber llama “sombra”, es el resultado o suma de todas las traducciones equivocadas acaecidas en el pasado que, al ser traídas al presente, distorsionan la capacidad de percepción del sujeto.

El sentimiento de tristeza de éste no era sincero; el sujeto se mentía a sí mismo para esconder un dolor más agudo como es la ira hacia un ser en el fondo querido. De manera deliberada y a la vez inconsciente, el sujeto malinterpreta sus sentimientos para protegerse generando un mecanismo de defensa. La sombra es, en palabras de Wilber, el locus de la insinceridad del sujeto, su propia interpretación errónea de su profundidad o “introidad” (el término es mío y lo explicaré más tarde). Este aserto es común a todas las formas de Psicología Profunda, ya sea ésta, freudiana, junguiana o gestáltica.

Releer los sentimientos

Pero la profundidad o “introidad”, término con el que designo la profundidad cuando específicamente se refiere a los dominios mentales propios de la actividad cerebral del ser humano, puede ser interpretada mal en otros individuos porque la malinterpretamos en nosotros mismos. Es preciso “releer el texto” de nuestros propios sentimientos, localizar nuestra fuente de insinceridad y reinterpretar nuestra propia introidad de una manera más fiel, generalmente con la ayuda de alguien que haya estudiado anteriormente cómo hacer ese tipo de interpretaciones de manera que podamos interpretarnos a nosotros mismos de una manera más exacta. Los aspectos fundamentales son significado, interpretación y sinceridad o ausencia de ella.

El conductismo, ignora por completo el mundo de los significados internos y lo sitúa en su totalidad, en el mejor de los casos, en lo que llama “variables intermedias”, situadas en un territorio desconocido ubicado entre el estímulo observable y la respuesta observable; este mundo de los significados internos serían para esta escuela variables internas que vienen definidas tan sólo como “tendencias del comportamiento” porque el behaviorismo sólo se mueve en la porción derecha del cuadrante sí que no confía en nada que no pueda ver y tratar de manera monológica. Wilber se formula, llegado a este punto, una pregunta muy comprometida para los behavioristas y es ésta: ¿cómo un/una behaviorista explica a su cónyuge que su amor compartido es una variable intermedia?

Antes de que muchos renuncien a seguir leyendo y se rasguen las vestiduras, he de advertir que nosotros no hemos dicho que el behaviorismo esté equivocado; nada de eso. Lo que si hemos afirmado e insistimos en ello es que tan sólo es un estudio preciso del cuadrante superior derecho de manera que nos relata fielmente todo lo que allí ve, y lo que ve es real. Sólo que es capaz de ver y explicar, más o menos, tan sólo una cuarta parte de la historia.

Aprovechamos para decir que la psiquiatría médica es el estudio de las intervenciones en el cuadrante superior derecho. Lo que el psicoanalista es capaz de detectar, como la rabia y frustración por el abandono paterno, convertida en depresión y tratable mediante el diálogo, la psiquiatría médica lo contempla como un problema de escasez de serotonina en la sinapsis neuronal que puede tratarse con medicación adecuada. Hemos de decir que ambos procedimientos son preciso y funcionan en sus respectivos cuadrantes.

Verdad proposicional

El behaviorismo, como todo el lado o sendero derecho, trata fundamentalmente de la verdad proposicional. La verdad proposicional pertenece, generalmente, al sendero de la derecha, confinada además, frecuentemente, al cuadrante superior derecho, siendo el encaje funcional el criterio utilizado para el cuadrante inferior derecho, tal y como veremos en seguida y allí contiende con el paradigma de producción, lo que veremos bastante más adelante. Como la posición objetiva puede ser asumida a cualquiera de los cuatro cuadrantes, la verdad proposicional tiene aplicaciones importantes en el sendero del lado izquierdo; la cuestión es que no agota esos dominios ni capta lo esencial de éste.

En cuanto a la verdad proposicional, veamos como se plantea. Nosotros, en tanto que investigadores, hacemos una proposición o hipótesis sobre un estado objetivo de cosas, y la investigación subsiguiente y la investigación trata de averiguar si la proposición es verdadera o falsa (generalmente consiste en tratar de falsarla o demostrar su falibilidad para lo que hay criterios como el de falsación de Popper). En general dada la pregunta: ¿”Está lloviendo ahí fuera”?, lo que se hace es mirar y encontrar la situación objetiva: “efectivamente, está lloviendo fuera”. Otros investigadores van a mirar y, si todo el mundo está de acuerdo, decimos que es verdad proposicionalmente que está lloviendo fuera.

En lo esencial, todas las verdades proposicionales son de este tipo, aunque pueden hacerse muy complicadas, y el mirar monológico requiere frecuentemente de instrumentos como telescopios, microscopios y otros más complejos de diversos tipos, usados en física, química, biomedicina y otras disciplinas científicas. Pero todos ellos poseen un denominador común: intentan alinear proposiciones con un estado de cosas. Son monológicos, empíricos, proposicionales. El criterio de validez es el que sea verdad, el de comparar el mapa con el territorio de forma precisa.

La verdad, cuestión de confianza

En el cuadrante superior izquierdo, sin embargo, el criterio de validez no representa tanto lo verdadero como la veracidad o sinceridad. Aquí la cuestión no es si lleve fuera, sino que lo importante es saber si cuando afirmamos que fuera está lloviendo, ¿estamos diciendo la verdad o estamos mintiendo?, ¿o quizá nos autoengañemos? ¿Estamos siendo sinceros y verdaderos o mentirosos e insinceros? Esta cuestión no se refiere tanto a la verdad objetiva como a la veracidad subjetiva.

La cuestión no es si el mapa coincide con el territorio que dice representar, sino más bien si quien elabora el mapa es digno de confianza. La veracidad, entonces, es un asunto directamente referido con la confianza y la sinceridad. Debido precisamente a que la profundidad no se queda en la superficie –es introidad- para que la vean todos, nuestro relato de la profundidad puede merecer confianza o no. Veracidad, sinceridad, ser digno de confianza, estas son algunas de las guías cruciales para navegar por el cuadrante superior izquierdo.

En resumen, no es tanto una cuestión de exteriores verdaderos como de interiores sinceros. Y esta sinceridad no puede ser determinada empíricamente, objetiva o monológicamente. Incluso podemos someter a las personas al detector de mentiras, el tan desacreditado polígrafo. Si alguien se ha mentido primero a sí mismo con anterioridad al uso del polígrafo, la máquina monológica que mide reacciones fisiológicas como sudoración, ritmo cardíaco y ritmo respiratorio, indicará, erróneamente, que la persona en cuestión dice la verdad. El locus de la sinceridad no es objetivo, sino subjetivo y sólo se puede acceder a él por medio de la interpretación dialógica, no de la indicación o medición monológica.

Criterios diferentes

Estos son algunos de los aspectos individuales de un “pensamiento que se nos ha ocurrido”, el holón-pensamiento que usamos como ejemplo. Este holón-pensamiento tiene correspondencias cerebrales que pueden determinarse de manera objetiva, monológica o proposicionalmente (SD) en base a la verdad y tienen una correspondencia interna que sólo pueden ser determinadas objetiva, monológica o proposicionalmente (SI) sustentándonos en la verdad; y tiene correspondencias internas que sólo pueden ser determinadas dialógica e interpretativamente en base a la veracidad. Los dos dominios no son sólo de distinta naturaleza, sino que siguen criterios diferentes respecto de lo que es válido en cada uno de ellos.

Continuando con el ejemplo, estos aspectos individuales tienen también componentes sociales o comunales que se corresponden con la mitad inferior de los cuatro cuadrantes. Ya sean expresados o no nuestros pensamientos individuales, estos tendrán sentido para nosotros que los elaboramos –y los tendrán para los demás si se los comunicamos-, porque ese significado mismo está sustentado por un trasfondo de prácticas, normas y estructuras ligüísticas que existen en nuestra cultura compartida.

Si las comunicamos y el que las oye no entiende nuestra lengua, no podrá entender el significado, aunque la expresión corporal y los estímulos le lleguen libremente. Este es nuestro cuadrante inferior izquierdo (II), el espacio en el mundo cultural compartido que es necesario para la comunicación de cualquier significado, y sin que la mayoría o incluso todos nuestros pensamientos privados, carecerían en gran medida de significado.

Aquí no es tanto una cuestión de verdad, ni siquiera de verdad, sino, esencialmente, se trata de una cuestión de acoplamiento o articulación cultual (sustituidos el término encaje, utilizado por Wilber pero feo en castellano, por los correctos de acoplamiento o articulación que utilizaremos indistintamente). Por acoplamiento cultural se entiende el hecho de ajustar nuestros valores y significados con la cultura que ha ayudado a producirlos.

Nuestros propios valores y significados individuales no son reducibles a este acoplamiento cultural –ningún cuadrante es reducible a otro-, pero dependen de los contextos de fondo y de todas las prácticas culturales que nos permiten, en primer lugar, formar significados. Nuestro holón-pensamiento está subsumido en contextos culturales hechos de relaciones de intercambio e intercomunicación subjetiva, sin los que nuestro propio sujeto y su veracidad, y el mundo de los objetos con su verdad, no podrían revelarse.

Acoplamiento adecuado

Si nuestro holón-pensamiento no se articula culturalmente, podemos ser genios elevados por encima de cualquier convención o psicóticos totalmente fuera de contacto con nuestros semejantes.

Pero en cualquier caso, el criterio no es tanto de verdad ni veracidad sino de acoplamiento adecuado: no se trata de ver si nuestro pensamiento se corresponde con un mundo de objetos ni si subjetivamente estamos siendo veraces, sino de si intersubjetivamente, es decir entre dos o más sujetos, estamos en armonía, de si nos articulamos apropiadamente con el espacio del mundo cultural que, para empezar, permite que surjan los sujetos y los objetos. Y estemos o no de acuerdo con distintos aspectos del entorno cultural que nos ha correspondido, en todos los casos hemos dependido de él para, en un primer estadío, disponer de la capacidad de discernir los significados intersubjetivos.

El criterio de validez en el cuadrante inferior izquierdo, no es la verdad de nuestra afirmación, ni la veracidad con la que la hacemos, sino si dos sujetos, Vd. y yo, pueden, podemos llegar a un punto de entendimiento mutuo. Es un criterio que no es ni objetivo ni subjetivo, es intersubjetivo.

Al lector avezado no se le habrá escapado que toda esta forma de filosofar es habermasiana en estado puro y por eso creíble en Europa. La proximidad entre Wilber y Habermas es manifiesta pero al primero había que despojarle de ciertos aspectos orientales que muchos no aceptan todavía y mostrar su vertiente post-francfortiana y neokantia que es un ingrediente esencial en su forma de filosofar.

Pero no podemos de dejar de tener siempre presente un aspecto fundamental: ninguno de estos significados, ya sean individuales o sociales, pueden estar desencarnados, situarse al margen del cerebro que los produce. Nuestros pensamientos individuales alteran nuestra fisiología cerebral, algo que se pueden visionar por resonancia magnética nuclear o tomografía por emisión de positrones; es más, puede visionarse un cerebro en actitud de pensar y obtener imágenes de ello; incluso se puede visionar como individuos distintos afrontan un mismo asunto, Vg. un ejercicio matemático, y veremos que las imágenes obtenidas, aunque siguen patrones parecidos, no son iguales siendo mucho la habilidad o destreza en resolver ejercicios directamente proporcional al incremento de conexiones entre los dos hemisferios cerebrales (Desco, M. y col, 2006). De una manera similar, los patrones culturales están registrados en procedimientos observables, exteriores, materiales, incluso si no pueden ser reducidos a ellos.

Correspondencia cerebral e institucional

Al igual que los pensamientos tienen correspondencia en el cerebro, los significados culturales tienen correspondencia con instituciones sociales objetivas y estructuras materiales de carácter social: producción de alimentos, sistemas de transporte, archivos y registros, edificios escolares, estructuras geopolíticas, comportamientos grupales, códigos legales, estilos arquitectónicos y los edificios mismos, tipos de tecnología, estructuras ligüísticas en su aspecto externo que son los significantes hablados y escritos, fuerzas económicas de producción y distribución; todos los componentes físicos de un sistema de acción social, todos los aspectos de un sistema social que puedan ser vistos, estudiados y analizados críticamente de manera empírica o monológica.

Como puede verse, aquí el criterio no es la verdad de los objetos ni la veracidad de los sujetos, ni la combinación de significado y comprensión intersubjetivo, sino más bien el acoplamiento funcional o interobjetivo de los sistemas sociales.

Si tomamos como ejemplo el clásico caso de la economía básica referido a la producción de cañones y mantequilla, un sistema de acción social sólo puede producir un determinado volumen de mantequilla y de armas y, cuanto más abundante sea la producción de un producto, más reducida será la producción del otro, por lo que ambos deben acoplarse funcionalmente con lo que es físicamente posible, mientras que en el caso del significado subjetivo, que uno tenga más significado no significa que otro vaya a tener menos: estas son cualidades no cantidades; no se añaden o sustraen una cosa de la otra como lo hacen las cantidades en el acoplamiento funcional.

El acoplamiento funcional es el único criterio de validez reconocido por la teoría de sistemas. Esto forma parte de su reduccionismo sutil. La profundidad interpretativa –sinceridad y veracidad- y el significado cultural –justicia y propiedad moral- son reducidos a un encaje funcional en la extensión externa; son reducidos a un holismo plano.

La teoría de sistemas va aún más lejos. Incluso la verdad proposicional, o el acoplamiento o articulación de la correspondencia entre sujeto y objeto es reducido al acoplamiento funcional o interobjetivo, y la “verdad” queda reducida a cualquier cosa que prolonga el régimen autopoiético del sistema social autoorganizado. Estas teorías disuelven su propio valor de verdad a favor del acoplamiento funcional de aquello que describen, de forma que sus teorías subjetivas se convierten meramente en un interobjeto entre otros muchos, lo que no es sino una brillante falacia.

En realidad lo que hay que destacar es que aquello que consideramos un “simple” pensamiento, el holón original, dista mucho de ser simple; es un holón con cuatro características inseparables que lo componen: intencional, de comportamiento, cultural y social, cada una de ellas con sus propias confirmaciones de validez, a saber: veracidad subjetiva, verdad objetiva, acoplamiento intersubjetivo y acoplamiento interobjetivo. En este artículo no vamos a agotar esta cuestión si la trataremos con detalle en el siguiente, titulado Hermenéutica Profunda.

Reduccionismo agresivo

Como ya hemos dicho, ningún holón existe simplemente en uno de los cuadrantes; todos los holones participan de los cuatro cuadrantes, y cada uno de ellos está en íntima relación y depende de los demás sin ser reducible a ellos. Precisamente porque esos cuatro cuadrantes están tan íntimamente relacionados, podemos intentar hacer un reduccionismo agresivo, y puede parecer que tiene mucho sentido.

Cuando pensamos, cada pensamiento parece ir aparejado de algún tipo de cambio fisiológico cerebral –incluso en las controvertidas experiencias extracorpóreas- de manera que podemos afirmar que los pensamientos son estados cerebrales, aunque podremos mantener que los mismos estados cerebrales son patrones emergentes de orden superior o jerárquico que no pueden ser reducidos a elementos atomísticos, cuestión polémica ésta que creemos que se resuelve con una pregunta de difícil respuesta: ¿Cómo un cerebro que no implica valoraciones puede producir un investigador que si las implica?. La aporía para los empiristas reduccionistas consiste en el hecho de porque no los valores que emergen simplemente de los estados cerebrales; es decir, que no pueden ser reducidos a, contados como, o explicados por ellos, lo que rápidamente proceden a negar por medio de una demanda de más pruebas empíricas.

Esta posición no es aún reduccionismo general, es reduccionismo sutil. Simplemente ha pretendido reducir la introidad o profundidad interior, los valores, los significados y la conciencia, es decir todo el sendero izquierdo, a porciones funcionales dentro de un orden de sucesos empíricos interconectados holísticamente, o sea, el sendero derecho. Se ha reducido el ajedrez complejo tridimensional a un juego de ajedrez monodimensional, se ha reducido el Kósmos al cosmos, la pirámide interrelacionada de la vida a la trama interrelacionada de la vida.

Técnicamente las internas y externas de profundidad y extensión colapsaron únicamente en Holarquías de profundidad y extensión, lo que puede resumirse en “la profundidad colapsó en extensión”.

En otras palabras, las holarquías aún eran reconocidas; como hemos dicho: los dominios superior derecho e inferior derecho son ambos holárquicos, eso no se niega; estas holarquías del lado o sendero derecho, como todas las holarquías, poseían técnicamente profundidad y extensión, pero no interioridad ni introidad.

Más bien, las holarquías que se reconocían, aún sin llamarlas por ese nombre, eran holarquías de exteriores empírico/positivos, superficies que podrían ser vistas empíricamente con los sentidos o con sus extensiones instrumentales, y así cualquier valor –cualquier correlato del sendero izquierdo- estaba excluido de manera automática.

Como las dimensiones interiores eran negadas, no había holarquía de distinción cualitativa de conciencia, de bienes o hiper-bienes –sendero izquierdo, interiores-; no era necesaria ninguna transformación de conciencia para llegar a la verdad, y no había ninguna otra verdad que aquella que podía ser formulada analíticamente, partiendo de datos empíricos carentes de valores.

Variaciones de la misma extensión

Aunque el sendero de la derecha reconoce jerarquías con profundidad y extensión, las profundidades de estas holarquías del lado derecho tienen todos los mismos valores, es decir, ninguno; son superficies sin valor. De esta manera, desde la perspectiva de los interiores o sendero de la izquierda toda la profundidad empírica de las holarquías externas no son sino variaciones de la misma extensión, a saber:, empírico o funcional.

Ello es, en resumen, la razón por la que nos referimos a esta cuestión en el texto diciendo: “La profundidad vertical ha colapsado en extensión horizontal”, o más simplemente: “La profundidad ha colapsado en extensión”. Hemos querido que el lector disponga de un resumen breve de este aplanamiento empírico y justificar la frase nuclear “la profundidad colapsó en extensión”.

Este reduccionismo sutil que tratamos desenmascarar todavía reconoce las jerarquías, más bien holarquías, pero únicamente las del sendero derecho, es decir, las de tamaño extensión y superficie. Estas jerarquías están fundamentalmente definidas por la inclusión física –una célula viva incluye moléculas que, a su vez, incluyen átomos, etc.

Pero en este supuesto, digámoslo así, las profundidades son monovalentes, no hay holarquías de valor, belleza, significado, motivación, comprensión, intuición, conciencia, o cualquier otra cuestión que tenga que ver, aunque sea vagamente, con el sendero izquierdo: todas las profundidades interiores genuinas, introidades, han sido eliminadas y decoloradas empíricamente hasta alcanzar el tono aburridamente monocromático de la extensión física exterior, o extensión/inclusión: no hay mejor ni peor, sólo más o menos.

Principios básicos (recapitulación)

Este reduccionismo sutil se ve ayudado por el hecho de que en la evolución, los cuatro cuadrantes, las cuatro direcciones, siguen los principios básicos que enunciamos esta aventura. Recordémoslos:

La realidad como un todo no está compuesta de cosas o de procesos, sino de holones.

Los holones se autopreservan, autoaptan, autotrascienden y autodiluyen.

Los holones emergen.

Los holones emergen holárquicamente.

Cada holón emergente trasciende pero incluye a sus predecesores.

Lo inferior establece las posibilidades de lo superior; lo superior establece las probabilidades de lo inferior.

El número de niveles que comprende una jerarquía determinada si esta es superficial o profunda; y al número de holones existente en un nivel dado lo llamaremos extensión.

Cada nivel sucesivo de la evolución produce MAYOR profundidad y MENOR extensión. Cuanto mayor sea la profundidad de un holón tanto mayor será su nivel de conciencia.

Destruye un holón de cualquier tipo y habrás destruido todos sus holones superiores, pero ninguno de los inferiores.

Las holarquías coevolucionan.

Lo micro está en una relación de intercambio con lo macro en todos los niveles de profundidad.

La evolución Cósmica parece ser direccional; la biológica, hasta ahora, ha sido ciega.

Las huellas del gigante

Como no nos cansaremos de repetir, los cuadrantes todos son holárquicos, pero mientras que la parte derecha tiene que ver con la extensión física –los organismos son mayores que las células-, la parte izquierda implica intenciones –los conceptos por sí mismos no son mayores o menores que los símbolos, aunque los incluyen y son más intencionales; son estas graduaciones de valor, belleza…, no de tamaño.

Además, cuanto más profundizamos, menos cosas significativas nos dirán los principios de la evolución debido a que son factores que constituyen el mínimo común denominador, las leyes del eslabón más débil. A pesar de todo, los en su día expresados principios evolutivos captan ciertos fundamentos de todos los cuadrantes.

Así este reduccionismo sutil aún es capaz de encajar con los principios de la evolución: la noción de desarrollo, las características emergentes de la evolución, su naturaleza, holárquica, etc. Todo esto puede ser asumido con convicción por el reduccionismo sutil; simplemente estas holarquías de calidad se han perdido en las de cantidad y todas los graduaciones de profundidad interior han sido reemplazadas por graduaciones de exteriores sin significado.

Evidentemente la templanza y el amor al prójimo son mejores que el crimen, pero los quarks no son mejores que los fotones, y así explicar la totalidad del Kósmos en términos de extensión y formas empíricas con un cosmos sin valor alguno.

Como por cada suceso que ocurre en el sendero izquierdo siempre hay algo que se registra –registra, palabra clave- en el lado derecho, puede parecer que que una descripción exhaustiva del sendero derecho cubre realmente todo lo que se puede decir. Dicho de otra manera, como cada evento del Kósmos tiene un componente en el sendero derecho, puede parecer erróneamente que este agota las posibilidades de aquel, y sin embargo, en el fondo, sólo se han registrado y medido las huellas del gigante.
Javier Del Arco
Lunes, 8 de Enero 2007
Facebook Google + Twitter LinkedIn Google Y! Technorati Meneame Viadeo Pinterest


Una vez que tuvo lugar este reduccionismo plano, las características del sendero izquierdo fueron reducidas a las características correspondientes del sendero derecho. Precisamente porque hay correlaciones entre los cuatro cuadrantes, este tipo de reduccionismo puede ser desarrollado de una manera bastante agresiva. Esto es lo que hace que el reduccionismo sutil sea tan difícil de detectar y combatir.

A estas alturas de nuestras consideraciones sobre el reduccionismo, creo conviene ilustrar lo dicho en este y en los dos artículos anteriores con un ejemplo. Consideremos un Holón tal como éste: tengo un pensamiento; se me ocurre un pensamiento. Este holón, situado en el cuadrante superior derecho, induce un cambio en la fisiología cerebral, un cambio que podemos describir en términos totalmente objetivos (lenguaje-ello): se ha producido una liberación de norepinefrina entre las sinopsis neuronales en el cortex frontal, acompañada de ondas beta de gran amplitud. Hay que decir con toda claridad que todo esto es cierto, demostrado y reviste una gran importancia.

Sin embargo, no es así como nosotros experimentamos nuestro pensamiento y nunca lo experimentaremos en estos términos. El pensamiento experimentado ha tenido un significado interesante e importante para el sujeto experimentante, que puede compartir o no con otro o varios sujetos. Pero incluso si el sujeto supiese lo que están haciendo cada uno de los átomos de su cerebro, nunca otro sujeto conocerá los detalles de su pensamiento a menos que se los comunique. Este es el cuadrante superior izquierdo del holón “a un sujeto se le ha ocurrido un pensamiento”. Y es una de las muchas razones por las que el cuadrante superior izquierdo no puede ser, sin más, reducido al cuadrante superior derecho; correlaciones fuertes y generales, e interrelaciones, si, desde luego; reducción detallada, no.

Esta es la razón por la que el cerebro, aún estando dentro del organismo, se proyecta, él mismo, fuera de de este organismo, fuera del “estar aparente o físico” del sujeto. El cerebro, aún estando en el cuadrante superior derecho, se prolonga o proyecta exteriormente. Esta es una cuestión nuclear de nuestro filosofar. A algunos podría parecerle obvio que la distinción sendero derecho/sendero izquierdo es otra versión inventada por Wilber para ofrecer otra versión dualista de cuerpo/mente, mente/cerebro o incluso conciencia/forma. Nada de eso. En nuestra propuesta, las partes interactúan mutuamente lo que excluye la dualidad rígida; tampoco se trata de una dualidad final, porque en los dominios transpersonales –proyecciones fuera del sujeto- se hace obvio que forma es vacío (conciencia) y vacío forma. Más adelante volveremos sobre este punto que tiene su fundamento en la tradición subterránea de la filosofía Oriental en la Occidental (Plotino, neoplatónicos y continuadores) y en la Oriental propiamente dicha (budismo mahayana, Aurobindo, Nishitani) en la que la negación del dualismo es radical.

Nuevos desarrrollos

Los significantes lingüísticos –componentes materiales del signo, los símbolos escritos, o las vibraciones en el aire de la palabra hablada- son todos ellos componentes del lado derecho, mientras que los significados –las significaciones internas que la persona con la palabra- son sucesos del lado izquierdo, y definitivamente, en la reconstrucción, significantes y significados, se deslizan los unos sobre los otros. Esto no es más que otra versión de la interacción estrecha y correspondencia cuerpo/mente. Y otra de cómo los exteriores son envueltos por los nuevos desarrollos.

Simultáneamente, hemos vivido tiempos recientes en los que las vanguardias postmodernas han pretendido reemplazar el programa de la modernidad, pero pese a éxitos parciales, precisamente dicho intento de reemplazo no ha tenido éxito en las áreas en las que precisamente esperaban tenerlo. En los post-estructuralistas postmodernos, hay la clara pretensión, apenas disimulada desde el significado interior al significante material, unido a la noción de que los significados son libres de situarse allí donde les plazca (sometidos tan sólo a los paradigmas cambiantes de poder y prácticas discursivas).

La intuición más significativa de los post-estructuralistas postmodernos es la de la determinación del significado por el contexto y los contextos son, como puede suponerse, ilimitados. Pero esta sensata afirmación ha degenerado velozmente en la afirmación de la primacía del significante material tal como es visto desde el exterior. Este reduccionismo exterior o del lado derecho, se encuentra tanto en la genealogía de Foucault como en la gramatología de Derrida, y como tal, como reduccionismo sutil, es precisamente no la contestación o descalificación de lo moderno, sino la herencia más directa del paradigma de la Ilustración. Por vías que conllevan un análisis parecido, Habermas llega a similares conclusiones ya que ve tanto a Derrida como a Foucault “infectados por la filosofía ilustrada del sujeto”.

Pero, ¿dónde aparecen en los análisis de Habermas los senderos izquierdo y derecho si él no utiliza esta terminología? Pues, entre otros lugares, en la distinción entre intersubjetividad generada lingüísticamente (izquierda) y sistemas autorreferenciados cerrados (derecha) que, según él son objeto de controversias que ocupan el lugar de la tan manida problemática cuerpo-mente (Véase El Discurso filosófico de la Modernidad).

Interactiva fuerte

En cuanto al mismo problema cuerpo/mente, más adelante argumentaremos que su problemática específica está fuera de lugar. Nuestra posición a este respecto podemos denominarla “interactiva fuerte”, no porque creo que resuelva el litigio sino más bien como manera de criticar otras posturas, en especial la dualista, pero también la identitaria, la paralela y la que postula un pre-establecimiento que, en mi opinión conllevan aún más problemas de los que pretenden resolver.

El interactivismo fuerte o co-determinación no está lejos de la “puesta en escena de Varela” pero difiere, como en su momento veremos, en algunos aspectos.

Si como hace Wilber recurrimos al paradigma anatómico, siempre contemplaremos los exteriores por mucho que descendamos al nivel celular y subcelular y por eso todos ellos se hallan reseñado en el cuadrante superior derecho; todos ellos son aspectos de los holones que pueden ser registrados empíricamente. El colapso de la dimensión vertical de profundidad en la horizontal de extensión, significa que interior-y-exterior se convierte en y léanlo convierte, en singular, y se confunde con, dentro-fuera por no decir que mejor-y-peor colapsa en mayor-o-más pequeño. Esta reducción es incapaz de comprender en modo alguno el hecho de algo pueda estar simultáneamente dentro de la frontera de la piel y, a la vez, ser externo a ella.

El “dentro” o interior real del cerebro, no está exactamente ubicado dentro del cerebro; esta dentro-fuera, unitariamente. “Dentro” hay, simplemente, “más” fisiología cerebral. Si examinamos el cerebro con los dispositivos más modernos, tendremos únicamente una visión más refinada de la interioridad del cerebro, más superficies internas, no el interior o el “verdadero dentro” del cerebro tal y como yo lo entiendo: conciencia, memoria, emociones…Ciertamente ese “dentro personal” desaparece o funciona incorrectamente si el “dentro fisiológico” se daña o se nace con él averiado, luego, evidentemente, ambos “dentros”, el fisiológico y el personal, están íntimamente vinculados entre sí.

Pero el “dentro personal” sólo podremos averiguarlo mediante el diálogo conmigo o con otro seguido de una posterior interpretación. El cerebro, responsable directo y exclusivo de la aparición de la conciencia, es externo a sus manifestaciones, es una forma potencial de conciencia tan poderosa que la proyecta e impulsa hacia “dentro” sin dominarla por completo. La conciencia, profundidad o “dentro”, no esta dentro del cerebro del cerebro sino que es interna a él como prolongación o proyección. El cerebro es exterior, exterior unido y vinculado, a ese interior que es la conciencia. Destruye un holón y habrás destruido su inmediato más profundo; daña el cerebro masivamente y habrás destruido la conciencia.

Interioridad dinámica

La conciencia no está dentro ni fuera del cerebro. Rompamos ese terrible dualismo, esa dicotomía filosófica y socialmente perniciosa y podremos caminar hacia delante. Esa interioridad pues, que no se encuentra ni se mide en términos físicos, se mueve por donde le place, pero insisto, dentro de los límites del cerebro.

De esta forma quizá podamos explicar el fenómeno de la identidad individual y grupal. Si un sujeto (conciencia) fuese solamente su cuerpo en sentido estricto ¿cómo explicar que el desarrollo psicológico de la identidad se traslada del cuerpo-ego migra hacia otra posición, ya sea ésta egocéntrica (pero de otro sujeto), sociocéntrica o, incluso, mundicéntrica? ¿Cómo podría esto ocurrir si la conciencia estuviese encerrada en el cerebro de un individuo determinado y fuera incapaz de proyectarse?

Las formas de identidad van más allá de la frontera de la piel de tantas formas y tan diferentes e importantes todas ellas, que un punto de vista que conceda tan sólo importancia a las superficies exteriores tangibles es incapaz de encarar adecuadamente los fenómenos profundos que acontecen en el cerebro-mente; podrá incluso visionar algunos y cartografiarlos, pero profundizar en ellos y en sus prolongaciones ya es otro cantar.

Las experiencias de la capacidad del cerebro-mente para proyectarse fuera del cuerpo son algunos de los hechos menos sorprendentes y aún menos interesantes que puede lograr la conciencia cuando el cerebro-mente se estimula o autoestimula adecuadamente. Estos fenómenos son posibles porque la conciencia no esta dentro ni fuera del cerebro, más bien los dentros y los fueras del cerebro son los que están en la conciencia, luego su definición, la de conciencia, precisa de una revisión profunda que compete a los académicos.

La interioridad de un estadío se toma dentro de la interioridad del siguiente, y así se hace una forma externa dentro de esa interioridad, un detalle por cierto del ajedrez tridimensional. La parte tridimensional implica la diferenciación entre los distintos ejes de traducción y transformación, de manera que tanto los dentros como los fueras de un nivel inferior son exteriores a un nivel superior pero están “pegados”, por así decirlo, a su propia interioridad, y así, por el contrario, el nivel superior parece “externo” a sus componentes e “interno” a sus “sucesores”.

Problema de lenguaje

Ciertamente, aquí el lenguaje constituye un problema fundamental porque estamos hablando de tres ejes, cada uno de ellos implica un “fuera” y un “dentro”. Llamémosle dentro/fuera, interno/externo e interior/exterior. En la ontología plana, simplemente, tenemos el dentro y el fuera que determina una sola frontera.

Pero si varios holones se unifican “transformativamente” como es el caso de muchas células dentro de un organismo, entonces el dentro y el fuera de cada una de las células son ahora “internos” al organismo. Porque todas las células están dentro del organismo, sólo que no se sitúan en el mismo nivel de interioridad, razón por la cual a esto lo llamo, y por lo que el organismo, para las células, parece externo, algo que, por cierto ya señaló en su día Francisco Varela.

Pero todo esto sigue siendo un conjunto de formas externas; no fuera, y no externas sino exteriores a la interioridad que junto con todo eso, en cada punto, es conciencia. Y la conciencia no envuelve los interiores previos en términos de tamaño –de forma distinta a la célula que real y físicamente contiene moléculas, o el organismo que contiene células-, más bien, la conciencia envuelve intenciones previas o aprehensiones, que existen a lo largo de todos esos exteriores.

Como tales, las distintas estructuras de conciencia misma tiene también exteriores e interiores, dentros y fueras; por ejemplo, algo está “dentro” de una estructura cerebro-mente o mente, no en términos espaciales sino en términos de si sigue la estructura profunda, régimen o código de esa estructura mental, de forma parecida a como se está dentro del juego de damas, no se está físicamente dentro de algo, sino que se están siguiendo las reglas del juego.

Cuando dos estructuras profundas se unen a través de una transformación, entonces ambas son internas a la nueva superestructura, sólo que ahora tienen formas internas en la interioridad, y la superestructura aparece como externa a ellas, y así sucesivamente.

Conciencia inherente

Esta es la razón por la que nosotros consideramos con Wilber que es un error contemplar la conciencia como una cualidad emergente, en lugar de verla como profundidad en si misma todavía incalificable pero inherente al cerebro-mente. Si entendemos que la conciencia es una cualidad específica, tenemos entonces tan sólo dos opciones básicas en cuanto a su situación:

-Definir que la conciencia es supuestamente sentimiento, intención, percepción o lo que fuese y después conducir esa cualidad hacia abajo, hasta los átomos.

-Definir la conciencia como cualidad emergente, y después buscar el punto en la evolución en el que creemos se ha producido dicha emergencia lo que conlleva una interminable discusión sobre los términos: ¿Los primates tienen conciencia rudimentaria o autoconciencia? ¿La langosta aún viva que el cocinero experto parte en dos mitades para hacer la excelente receta de este delicioso crustáceo a la Termidor, tiene realmente sentimientos? ¿O el bogavante vivito y coleando que ponemos a hervir para la receta dos salsas, los tiene también? (disculpen pero la gastronomía me pierde y sufro por los crustáceos pero…).

Habíamos quedado previamente en que la conciencia no era una cualidad emergente, porque la dimensión del sendero izquierdo no emerge de la del sendero derecho. El interior no puede emerger del exterior, tal premisa carece de sentido.

Ahora bien, lo que si pueden hacer y de hecho es lo que creo hacen, es emerger simultáneamente, mano a mano, con la primera frontera que genera el universo, desde la primera diferenciación del Kósmos todo es un dentro y un fuera, es decir, la primera frontera, un interior y un exterior. La dimensión del sendero izquierdo no emerge de la del derecho, más bien va con ella, como el dentro, el interior del exterior en cada uno de los diferentes estadíos.

Plotino y Spinoza

Es la profundidad externa de cada estadío, no es algo que irrumpe por sorpresa en un estadío peculiar a lo largo del proceso. Lo que si emerge, como lo hacen las formas materiales, son las distintas formas de conciencia, pero la conciencia misma simplemente está presente a lo largo de todo el proceso, como el interior de la forma que esté presente desde el momento mismo de la Gran Explosión, por eso nunca hubo ni habrá dualismo; Plotino y Spinoza, cada uno desde su punto de vista, tenían razón.

Como las superficies son superficies “de” profundidad, las formas son formas “de” conciencia, y el interior y el exterior, como señalan acertadamente los budistas son coemergentes desde el principio, no algo que llega a ser a lo largo del proceso.

Aunque creo que todo esto ha quedado claro, incluso demasiado, voy a expresarlo en otros términos más wilberianos: la conciencia es la apertura o Vacío del régimen de los holones de manera que una apertura, que no es en sí misma una cualidad emergente, si permite que las cualidades emerjan como los distintos regimenes o espacios del mundo, tal y como ya hemos señalado.

Finalmente, los exteriores pueden entrar en la conciencia porque los interiores abrazan o abracan los exteriores pero no al revés. El punto de vista de Leibniz –otro gran filósofo y científico sacrificado a la “facilidad” y “ligereza” del astuto y ocultista Newton- era muy similar al de este ajedrez tridimensional lo que lo convierte en un autor de lectura difícil en beneficio de los simplificadores –inexactos como se demostró posteriormente- mucho más fáciles de digerir. Leibniz eligió resolver la relación entre interior y exterior con una armonía preestablecida, solución no enteramente satisfactoria pero mucho más elegante y correcta que las propuestas por sus coetáneos.
Javier Del Arco
Lunes, 11 de Diciembre 2006
Facebook Google + Twitter LinkedIn Google Y! Technorati Meneame Viadeo Pinterest

17votos

Kosmología


El desarrollo de la Ilustración trajo consigo que el semiplano de la izquierda de los cuatro cuadrantes fuera reducido al semiplano de la derecha y así la profundidad tendió a perderse y aplanarse en mera extensión. A medida que avancemos en los próximos artículos, veremos las consecuencias que esto ha supuesto. Dicho condensadamente, el resultado ha sido la aparición de una ontología divisiva y dualista, precisamente porque, al describir la totalidad de la realidad en términos objetivos como orden o sistema interconectado y armonioso –la gran extensión interconectada-, no dejaba un espacio para el sujeto que realizaba la descripción ya que no tenía un lenguaje para la profundidad. La profundidad vertical interpretativa se convirtió en extensión interconectada y horizontal, la esencia del reduccionismo sutil.



En sus primeros trabajos arqueológicos, Michel Foucault puso entre paréntesis tanto la verdad como el significado (“doble fenomenología”) y por lo tanto rechazaba todo lo que se pareciese o tuviese que ver con un “lenguaje de la profundidad”. Su doble paréntesis (“una fenomenología que acabase con la fenomenología”) excluyó la profundidad y la interpretación desde el principio, fijándose únicamente en los exteriores. Foucault pensaba que las ciencias estaban comenzado a dejar atrás la “Era del Hombre” y trascendiendo cualquier posición humanista.

Pero las ciencias que él señalaba como responsables de esa superación (psicología, etnología, lingüística) eran las que a su vez estaban, al actuar, re-introduciendo la profundidad. Cuando bastante más adelante Foucault modificó el objeto de sus estudios de arqueología y genealogía y los dirigió hacia la ética. Él mismo comenzó a utilizar con más juicio el “entendimiento desde dentro”, o lo que Wilber ha dado en llamar una hermenéutica reconstruida o “analítica interpretativa”.

Pero incluso cuando Foucault rechazaba la “profundidad” como estrategia metodológica del semiplano del lado derecho, seguía teniendo sus propias de ello ya que, para empezar, de otra forma no podría haber dispuesto de juicio. Su planteamiento Foucault describe así su planteamiento.

Mientras que el intérprete está obligado a ir a la profundidad de las cosas, como una excavadora, el momento de interpretación [su genealogía] es como una visión general, desde un punto cada vez más alto, lo que le permite ver la profundidad extendida ante él de forma cada vez más visible; la profundidad es redituada como un secreto absolutamente superficial (Véase Foucault, M., Nietzsche, Freud, Marx, El Cielo por Asalto Ediciones, Buenos Aires).

Lo que Foucault llama aquí “altura” es algo semejante a lo que Wilber denomina profundidad. Y lo que él llama, de manera desviada, profundidad es algo ciertamente más bién superficial, algo que Foucault no niega sino que más bien lo afirma.. La psicología freudiana, por poner un ejemplo, “excava hacia abajo”, en concreto hacia la libido lo que no deja de ser un aspecto muy fundamental del ser humano pero, a la vez, muy superficial y poco profundo.

Otros puntos de vista

El hecho de que los seres humanos pasen la vida mirando a sus inconscientes pensando en que están a punto de descubrir algo muy significativo, era, para Foucault motivo de risa ¿y quién no se sonreiría también hoy, en 2006, al escuchar determinados planteamientos? Obviamente, hoy resulta claro que es posible adoptar puntos de vista más profundos o superiores.

Aunque no me gusta ni me parece científicamente apropiado anticipar conceptos wilberianos sin haberlos pasado por el fino cedazo de la crítica, disecados, como se diría en términos de investigación anatómica, creo convenientemente aquí al referirme a la profundidad introducir el término centauro para referirme a los lenguajes de la profundidad porque se denomina nivel centauro o centaúrico aquel nivel de conciencia en el que tales lenguajes son prominentes. Los lenguajes del ego racional son los lenguajes de la representación, la explicación monológica y la comprensión (Vernunft frente a Verstand).

La interpretación wilberiana es que es legítimo leer los primeros trabajos de Foucault teniendo en cuenta que la Ilustración y la Era del Hombre subsiguiente, en cierto modo un humanismo deshumanizante, supone la emergencia generalizada de la estructura egoica racional a partir de la participación mítica, lo que supuso beneficios genuinos abundantes, pero, constreñida por lo que Hegel denominó “vanidad del entendimiento” (actitud correspondiente al pensamiento empírico-analítico y monológico).

Pero esta estructura estaba obligada a un aplanamiento e igualación de las distinciones cualitativas. Por cierto que la retroflexión de esa estructura plana sobre el sujeto mismo, condujo a la emergencia, en los siglos XIX y XX, de las teorías y también desgraciadamente praxis más salvajes y brutales que han gestado y alboreado las ciencias del hombre. La subsiguiente aparición del centauro, con su “visión-lógica” o dialéctica de la profundidad, constituyó la razón madura (Vernunft) en intercambio comunicativo subjetivo ya dialógico y no tan sólo monológico. A partir de esta apertura a la comprensión dialógica y profunda, los filósofos de la postmodernidad comenzaron a hablar del final del hombre…

Como bastante más adelante veremos y no ciertamente en los próximos artículos, los de esta forma los relatos foucoultianos se alinean más con los de Habermas y Taylor.

Más allá del centauro, los lenguajes de profundidad tienen cada vez menos aplicabilidad, dando lugar a los lenguajes de la visión y la vibración (psíquico), después a los lenguajes del arquetipo e iluminación (sutil), los lenguajes del vacío y el sueño (causal) y, finalmente, los lenguajes de lo que podríamos llamar la “normalidad extraordinaria” o, más literalmente, y en las propias palabras de Wilber “ordinaridad extraordinaria” en lo que lo ordinario se asimila totalmente a lo normal porque lo que lo extraordinario no tiene nada de anormal. De todo esto hablaremos más extensamente mucho más adelante, pero para los que sientan curiosidad por el lenguaje que utilizamos en todos nuestros artículos confesaremos que, fieles a Wilber, éste se corresponde con el propio del nivel centauro.

Supresión de sí mismo

La Ilustración, tan positiva en algunos aspectos, tuvo el inconveniente de considerar la naturaleza como totalidad armoniosa, conocida por un sujeto que no podía encajar en ella. Como señala Wilber, una vez que este planteamiento holístico/instrumental o “sólo-partes-de-la-totalidad”se aplicó al sujeto –lo que Foucault denominó “el conocimiento que se cierra sobre sí mismo”- aquel comenzó a “suprimirse sí mismo” de manera inadvertida, no en el sentido de una trascendencia genuina o ascenso, sino en el de automutilarse o como dice Ken Wilber muy gráfica y brutalmente, “dispararse a su propio pié”.

Precisamente porque su visión del mundo era empírica y completamente holística, el sujeto “abandonaba el terreno de juego” y se “iba al banquillo” en un partido trascendental a jugar en un mundo holístico, quedando desimplicado, fuera de juego de manera impotente o maliciosa. De ahí el infame estadío de sujeto autodefinido o desimplicado, incluso “estallado”, reconstruido, debilitado tal y como señala la profesora Mónica Cragnolini en su espléndido artículo Extrañas amistades. Una perspectiva nietzscheana de la philia desde la idea de constitución de la subjetividad como Zwischen publicado en Perspectivas Nietzscheanas, año VII, nº 5-6, octubre de 1998, pp. 87-106.
Sujeto, por tanto, separado del mundo holístico/instrumental, el yo “hiperautónomo” que tan esforzadamente definió la Ilustración, como más adelante veremos con todo detalle.

Dicho todo esto de una manera más contundente: el profundo dualismo inherente al holismo plano, aunque oculto o no inmediatamente obvio, como tampoco resulta obvio para sus adeptos, estaba ya en funcionamiento y contribuyó al “humanismo deshumanizado” de la Ilustración que ha sido severamente criticado por Foucault desde la llamada “Era del hombre” (Véase Ignacio Vento Villate 1994-1995, Seminario sobre El Fin de la Era del Hombre: la “acción social” y la crisis del humanismo ilustrado en la obra de Michel Foucault) hasta la filosofía del sujeto de Jürgen Habermas o el sujeto desimplicado de órdenes instrumentales interconectadas de Taylor. Todos ellos cuentan historias similares referidas a la manera de conocer objetivante, holístico/instrumental y, que al volverse sobre el sujeto, producen diferentes formas de violencia, tanto interna como externa.

Adaptarse a la extensión

Como en posteriores artículos veremos, alguno pienso que ya bastante próximo, el paradigma holístico de la Ilustración hizo colapsar el Kósmos, que era a la vez vertical y horizontalmente holárquico (lo que equivale a decir que incluía exterior e interior, izquierda y derecha), en un cosmos plano que sólo era holárquico en el plano horizontal (exterior o sendero derecho de los cuatro cuadrantes ya descritos en anteriores artículos de esta segunda parte); una trama plana que reemplazó la profundidad vertical por el gran sistema universal de extensión interconectada y redujo todos los complejos espacios interiores a hitos percibidos exteriormente de la gran red funcional.

El paradigma holístico daba la impresión, frente a las más radicales tan sólo atomísticas, de abarcar toda la realidad, pero de hecho no era así porque en realidad había fragmentado el cosmos, de manera ciertamente violenta, en dos partes, deshaciéndose de todos los ricos espacios interiores y su profundidad, asentándose de manera ciertamente agresiva en lo externo, en lo cortical, en las superficies, en la gran extensión interconectada. Este paradigma postulaba que el bien del hombre residía ahora en adaptarse a la extensión y no en descubrir la profundidad.
Javier Del Arco
Lunes, 4 de Diciembre 2006
Facebook Google + Twitter LinkedIn Google Y! Technorati Meneame Viadeo Pinterest

1 2 3