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BIOFILOSOFIA: Javier del Arco

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Neurofilosofía

Como colaborador de Tendencias 21, pero sobre todo como lector impenitente de ella, he visto en los últimos tiempos interesantes artículos sobre Neurociencia de mi buen amigo el Profesor Francisco J. Rubia Vila y, recientemente, algo verdaderamente curioso: trabajos sobre Cognotecnología por mi también amigo el Profesor Adolfo Castilla. El cerebro está de moda. Incluso el Presidente George Bush Sr. Denominó al periodo 1990-2000 como la “Década del cerebro” en una comunicación presidencial firmada y fechada el 17 de julio de 1990.

Se afirman muchas cosas, se especula con otras, la Neurociencia, verdadera episteme transdisciplinar, por lo que estudia, investiga y trata de resolver, implica necesariamente problemas éticos. Problemas derivados del ejercicio directo de la práctica de la investigación sobre el sistema nervioso y problemas originados por aquellas preguntas que surgen del estudio a fondo de la Neurociencia, englobadas generalmente en el llamado “problema mente-cerebro”.

Los artículos dedicados a la Neuroética, éste y los próximos, discurrirán desde la introducción que hoy presentamos, hasta el último desafío que este nuevo enfoque de la Bioética nos plantea.


Neuroética (I). Introducción
1. Neuroética

No existe una definición específica de la neuroética universalmente aceptada.

De acuerdo a la Web of Science , el término fue acuñado probablemente por A.A. Poncio en un documento de informes psicológicos de 1993, sobre el desarrollo moral.

Hay usos anteriores, que se remontan hasta 1978. Illes (2003) registra usos, desde la literatura científica, entre 1989 y 1991.

Las definiciones actuales de la neuroética hacen hincapié en las implicaciones éticas, legales y sociales de la neurociencia. William Safire la define como:

"el examen de lo que es correcto e incorrecto, bueno y malo, en el tratamiento, bien clínico, quirúrgico o ambos, del cerebro humano. O también la invasión no deseada de forma alarmante y la manipulación del cerebro humano".
Safire, W. Visiones para un nuevo campo de Neuroética. Actas del Congreso de Neuroética, 13 y 14 mayo de 2002. San Francisco, California

La Neuroética así entendida se queda corta. Si ésta se entiende así, una pregunta típica a investigar en éste campo podría ser: ¿Cuál es la diferencia entre tratar a un humano con enfermedad neurológica y simplemente la mejora de los recursos humanos del cerebro? Otra cuestión de este tipo, propia de un sistema sanitario tan desigual como el de USA, sería: ¿Es justo que los ricos tengan acceso a la neurotecnología mientras que los pobres no ? Los problemas de la neuroética podrían complementar aquellos otros Bioéticos generados por la geonómica y la ingeniería genética humana (véase el argumento de Gattaca ).

Sin embargo, el Dartmouth College Centro de Neurociencia Cognitiva, cuyo director es Michael Gazzaniga, argumenta que definiciones tales como la ofrecida por Safire son inadecuadas, ya que el conocimiento de los mecanismos del cerebro puede iluminar una amplia gama de cuestiones éticas. Gazzaniga afirma que:

"la neuroética es algo más que la bioética del cerebro." En su libro El cerebro ético, define el campo neuroético como:

"el examen de cómo queremos enfrentarnos con los problemas sociales de la enfermedad, la normalidad, la mortalidad, el estilo de vida, y la filosofía de vida, enriquecido por nuestra comprensión de la base de los mecanismos profundos del cerebro ".
Gazzaniga, M.S., El cerebro ético. La prensa Dana, 2005

El neurocientífico Michael Gazzaniga sitúa este punto de vista de manera sucinta al afirmar que "es o debería ser, un esfuerzo para llegar a construir una filosofía basada en el cerebro como epicentro de la vida". Lo que algunos llaman, F. J. Rubia entre otros, “Neurofilosofía”

La Neuroética abarca las múltiples formas en que los acontecimientos se entremezclan en la Neurociencia básica y clínica con las cuestiones sociales y éticas. El campo es tan pequeño y a la vez tan profundo, que cualquier intento de definir su alcance y los límites ahora, sin duda, nos equivocaría de cara al futuro ya que la Neurociencia empieza a desarrollarse sistemáticamente ahora y sus consecuencias comienzan a conocerse. En la actualidad, sin embargo, podemos distinguir tres categorías generales de funciones para la Neuroética: la que se segrega de aquello que podemos ya hacer, la que se segrega de lo que se sabe y la que se segrega de las preguntas clave que el hombre se formula sobre si mismo, por su origen, por su destino, por el otro y por su entorno.

En la primera categoría, se en marcarían los problemas éticos planteados por los avances en funcionales de neuroimagen , la psicofármacologia , implantes en el cerebro y las interfaces cerebro-máquina. En la segunda y tercera, se estudiarían los problemas éticos planteados por nuestra creciente comprensión de las bases neuronales de la conducta, la personalidad, la conciencia, y los estados de trascendencia espiritual. En cuanto a la tercera, la formación natural de la conciencia, sabemos poco o nada de ella.

La Neuroética es compleja. A la vista de lo dicho se advierte que tiene varias fuentes originarias, especialmente tres: Neurociencia, Bioética y Filosofía, lo que no excluye otras como Teología, Antropología, etc.
Javier Del Arco
Martes, 9 de Noviembre 2010
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Neurofilosofía

Ken Wilber, en su obra Una visión integral de la psicología, resume las conclusiones obtenidas por un centenar de pensadores e investigadores de tendencias muy diferentes en el siempre complicado asunto del crecimiento y desarrollo de la mente. Todos ellos, pese a diferencias importantes entre unos y otros, coinciden en un punto: la secuencia de estadíos atraviesa un espacio evolutivo común que sugiere la conciliación entre todas esas teorías. Wilber dixit.


Wilber que ha estudiado exhaustivamente lo enunciado por Graves, Maslow, Kramer, Sinnott, Habermas, Amon, Fischer, Wade, Kegan, Cook-Greuter, etc., llega a la conclusión que todos ellos tienen una idea parecida de las fases por las que atraviesa la evolución de la conciencia. Discrepancias, contradicciones y enfrentamientos aparte, las visiones de estas personas coinciden en algo fundamental: la mente se despliega mediante una serie de estadíos u olas.

Estos esquemas, que implican una evolución de la mente, ni son lineales ni tampoco rígidos. El proceso por el cual la mente se desarrolla o despliega es diferente a la linealidad del ascenso por un plano inclinado. Se trata de un acontecimiento mucho más complejo que, mediante un modelo de representación gráfico, se asemejaría a una suerte de espirales, remolinos, corrientes, olas y así hasta un número casi infinito de modalidades diferentes. Hoy, la mayor parte de las teorías que abordan la mente contemplan estos efectos porque no son ya una mera especulación; se fundamentan en resultados procedentes de investigaciones concretas.

Tal es el caso de la Dinámica Espiral. El Dr. Clare Graves en su trabajo “Sumary Statemente: The Emergent, Cyclical, Double-helix Model of the Adult Human Biiopsychosocial Systems”, Boston, 1981, dice textualmente:

“Lo que propongo, dicho en dos palabras, es que el psiquismo del ser humano maduro atraviesa un proceso emergente y espiralado [término utilizado por Graves] que se ve jalonado por la progresiva subordinación de las conductas más rudimentarias e infraordenadas a nuevas conductas supraordenadas, al tiempo que van transformándose los problemas los problemas existenciales que le aquejan. Cada uno de los estadíos, olas o niveles de la existencia sucesivos constituye así un estado que la conciencia atraviesa en su camino hacia otros estados del ser. Cuando el ser humano se halla centrado en un determinado estado de la existencia, cuando el centro de gravedad del yo gira en torno a un determinado nivel de conciencia, todo el mundo psicológico –es decir, sus sentimientos, sus motivaciones, su ética, sus valores, su sistema de creencias, su visión acerca de la salud y de la enfermedad mental, así como del modo más adecuado de tratarla, sus concepciones y preferencias en torno a la gestión empresarial, la educación, la economía y la teoría y práctica política- asume también el aspecto propio de ese estado”

Javier Del Arco
Martes, 23 de Septiembre 2008
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Neurofilosofía

La Filosofía Universal o Perenne es una visión mínima común del Mundo, un existido un consenso filosófico único, de amplitud universal, que ha sido sostenido por muchos que han compartido las mismas experiencias y han transmitido esencialmente la mismas enseñanzas, hoy o hace seis mil años, a lo largo y a lo ancho del mundo. En este artículo profundizo en la crisis general producida por la “divinización” del ego, del sujeto material, devenido en objeto de lujo, “sobjeto” como dice Verdú. Es una reacción contra la debilidad en el pensar, en el hacer, el gobernar y el vivir. Es un grito contra la filosofía “personista” egocéntrica, materialista y destructora.


Ken Wilber
Ken Wilber
Estas verdades de naturaleza universal constituyen el legado experiencial del conjunto de la humanidad, que en todo tiempo y lugar ha llegado a un acuerdo sobre ciertas verdades profundas referidas a la condición humana y sobre cómo acceder a lo Trascendente Esta es una forma de describir lo que es la Philosophia perennis.

Modernamente se afirma que es el lenguaje y la cultura lo que modela todo nuestro conocimiento. En caso de ser esto cierto, y dado que las diversas culturas y lenguajes son muy diferentes entre si, cabría la posibilidad de que apareciera alguna verdad universal o colectiva sobre la condición humana. Desde este punto de vista no existe una condición humana, como tal, sino tan sólo historia humana; y esa historia es muy diferente en cada caso, planteamiento éste claro de relatividad cultural
Ciertamente, existen , sin duda, una diversidad de culturas que poseen un diferente “conocimiento local”, y la investigación de esas diferencias constituye un actividad muy interesante. Pero si bien es cierta la existencia de una relatividad cultural, ello no constituye toda la verdad.
Javier Del Arco
Domingo, 1 de Junio 2008
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Neurofilosofía

En la anterior estructura de este Blog, las propuestas venían entremezcladas de manera que todo resultaba un poco inconexo. Cuando acertadamente Tendencias 21 me propuso establecer tres líneas de expresión en función de lo que yo venía diciendo en este foro y en otros, me pareció muy coherente. Recuerdo, y lo hallarán en los artículos referenciados al margen, que el tema de la mente ya lo había abordado en una serie de artículos, incompleta hasta la recuperación de hoy, que había denominado en su momento y de manera genérica “La emergencia de la naturaleza humana”.


PAUL GAUGUIN: “¿De donde venimos? ¿Quienes somos? ¿A dónde vamos?” – oleo sobre lienzo, 139- 375 cm. - 1897, Boston, Museum of Fine Arts.
PAUL GAUGUIN: “¿De donde venimos? ¿Quienes somos? ¿A dónde vamos?” – oleo sobre lienzo, 139- 375 cm. - 1897, Boston, Museum of Fine Arts.
Cuando iniciamos esta sección a la que hemos denominado, quizá un poco pretenciosa y precipitadamente Neurofilosofía, presentamos el modelo emergentista como posibilidad más que como afirmación y nos servimos de él para introducir la cuestión.

Sobre como abordar la Neurofilosofía

Esta sección va a ofrecer muy pocas respuestas si es que llega a ofrecer alguna. Va, eso si, a formularse el autor y también a los pacientes lectores muchas preguntas. Este es un Blog preñado de incertidumbres porque aborda un campo incierto en el que se ponen en cuestión cosas esenciales, tan esenciales como las representadas en el cuadro “Sintetista” o “Neo impresionista” de Paul Gauguín, "¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿A dónde vamos?, que fue acabado en 1897 y puede admirarse en el Museo de Bellas Artes de Boston. En este gran lienzo lo que muestra son diferentes edades de la vida, para reflexionar acerca de las preguntas esenciales de la vida: ¿De dónde venimos, a dónde vamos? Gauguín se caracteriza por impregnar de misticismo y enigmas su pintura, de manera que inquieta al espectador le invita a formularse el mismo esas mismas preguntas.

Si hablamos de de Neurofilosofía evidentemente no lo hacemos de Neurobiología. Repetir, matizada o intencionadamente, lo que otros investigan o suponen que se podrá algún día considerar con cierta seguridad, caso de Daniel Dennett, no es filosofar sino construir una especie de Biología ideológica. Esa es la tendencia actual de muchos Bio-filósofos (en fin, tantos no somos en el ramo). Nosotros, como se verá en este artículo y los que habrán de seguirle, no vamos a ir por ese camino. Y entramos en la materia de hoy.
Javier Del Arco
Domingo, 13 de Abril 2008
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