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BIOFILOSOFIA: Javier del Arco


Una vez que tuvo lugar este reduccionismo plano, las características del sendero izquierdo fueron reducidas a las características correspondientes del sendero derecho. Precisamente porque hay correlaciones entre los cuatro cuadrantes, este tipo de reduccionismo puede ser desarrollado de una manera bastante agresiva. Esto es lo que hace que el reduccionismo sutil sea tan difícil de detectar y combatir.

A estas alturas de nuestras consideraciones sobre el reduccionismo, creo conviene ilustrar lo dicho en este y en los dos artículos anteriores con un ejemplo. Consideremos un Holón tal como éste: tengo un pensamiento; se me ocurre un pensamiento. Este holón, situado en el cuadrante superior derecho, induce un cambio en la fisiología cerebral, un cambio que podemos describir en términos totalmente objetivos (lenguaje-ello): se ha producido una liberación de norepinefrina entre las sinopsis neuronales en el cortex frontal, acompañada de ondas beta de gran amplitud. Hay que decir con toda claridad que todo esto es cierto, demostrado y reviste una gran importancia.

Sin embargo, no es así como nosotros experimentamos nuestro pensamiento y nunca lo experimentaremos en estos términos. El pensamiento experimentado ha tenido un significado interesante e importante para el sujeto experimentante, que puede compartir o no con otro o varios sujetos. Pero incluso si el sujeto supiese lo que están haciendo cada uno de los átomos de su cerebro, nunca otro sujeto conocerá los detalles de su pensamiento a menos que se los comunique. Este es el cuadrante superior izquierdo del holón “a un sujeto se le ha ocurrido un pensamiento”. Y es una de las muchas razones por las que el cuadrante superior izquierdo no puede ser, sin más, reducido al cuadrante superior derecho; correlaciones fuertes y generales, e interrelaciones, si, desde luego; reducción detallada, no.

Esta es la razón por la que el cerebro, aún estando dentro del organismo, se proyecta, él mismo, fuera de de este organismo, fuera del “estar aparente o físico” del sujeto. El cerebro, aún estando en el cuadrante superior derecho, se prolonga o proyecta exteriormente. Esta es una cuestión nuclear de nuestro filosofar. A algunos podría parecerle obvio que la distinción sendero derecho/sendero izquierdo es otra versión inventada por Wilber para ofrecer otra versión dualista de cuerpo/mente, mente/cerebro o incluso conciencia/forma. Nada de eso. En nuestra propuesta, las partes interactúan mutuamente lo que excluye la dualidad rígida; tampoco se trata de una dualidad final, porque en los dominios transpersonales –proyecciones fuera del sujeto- se hace obvio que forma es vacío (conciencia) y vacío forma. Más adelante volveremos sobre este punto que tiene su fundamento en la tradición subterránea de la filosofía Oriental en la Occidental (Plotino, neoplatónicos y continuadores) y en la Oriental propiamente dicha (budismo mahayana, Aurobindo, Nishitani) en la que la negación del dualismo es radical.

Nuevos desarrrollos

Los significantes lingüísticos –componentes materiales del signo, los símbolos escritos, o las vibraciones en el aire de la palabra hablada- son todos ellos componentes del lado derecho, mientras que los significados –las significaciones internas que la persona con la palabra- son sucesos del lado izquierdo, y definitivamente, en la reconstrucción, significantes y significados, se deslizan los unos sobre los otros. Esto no es más que otra versión de la interacción estrecha y correspondencia cuerpo/mente. Y otra de cómo los exteriores son envueltos por los nuevos desarrollos.

Simultáneamente, hemos vivido tiempos recientes en los que las vanguardias postmodernas han pretendido reemplazar el programa de la modernidad, pero pese a éxitos parciales, precisamente dicho intento de reemplazo no ha tenido éxito en las áreas en las que precisamente esperaban tenerlo. En los post-estructuralistas postmodernos, hay la clara pretensión, apenas disimulada desde el significado interior al significante material, unido a la noción de que los significados son libres de situarse allí donde les plazca (sometidos tan sólo a los paradigmas cambiantes de poder y prácticas discursivas).

La intuición más significativa de los post-estructuralistas postmodernos es la de la determinación del significado por el contexto y los contextos son, como puede suponerse, ilimitados. Pero esta sensata afirmación ha degenerado velozmente en la afirmación de la primacía del significante material tal como es visto desde el exterior. Este reduccionismo exterior o del lado derecho, se encuentra tanto en la genealogía de Foucault como en la gramatología de Derrida, y como tal, como reduccionismo sutil, es precisamente no la contestación o descalificación de lo moderno, sino la herencia más directa del paradigma de la Ilustración. Por vías que conllevan un análisis parecido, Habermas llega a similares conclusiones ya que ve tanto a Derrida como a Foucault “infectados por la filosofía ilustrada del sujeto”.

Pero, ¿dónde aparecen en los análisis de Habermas los senderos izquierdo y derecho si él no utiliza esta terminología? Pues, entre otros lugares, en la distinción entre intersubjetividad generada lingüísticamente (izquierda) y sistemas autorreferenciados cerrados (derecha) que, según él son objeto de controversias que ocupan el lugar de la tan manida problemática cuerpo-mente (Véase El Discurso filosófico de la Modernidad).

Interactiva fuerte

En cuanto al mismo problema cuerpo/mente, más adelante argumentaremos que su problemática específica está fuera de lugar. Nuestra posición a este respecto podemos denominarla “interactiva fuerte”, no porque creo que resuelva el litigio sino más bien como manera de criticar otras posturas, en especial la dualista, pero también la identitaria, la paralela y la que postula un pre-establecimiento que, en mi opinión conllevan aún más problemas de los que pretenden resolver.

El interactivismo fuerte o co-determinación no está lejos de la “puesta en escena de Varela” pero difiere, como en su momento veremos, en algunos aspectos.

Si como hace Wilber recurrimos al paradigma anatómico, siempre contemplaremos los exteriores por mucho que descendamos al nivel celular y subcelular y por eso todos ellos se hallan reseñado en el cuadrante superior derecho; todos ellos son aspectos de los holones que pueden ser registrados empíricamente. El colapso de la dimensión vertical de profundidad en la horizontal de extensión, significa que interior-y-exterior se convierte en y léanlo convierte, en singular, y se confunde con, dentro-fuera por no decir que mejor-y-peor colapsa en mayor-o-más pequeño. Esta reducción es incapaz de comprender en modo alguno el hecho de algo pueda estar simultáneamente dentro de la frontera de la piel y, a la vez, ser externo a ella.

El “dentro” o interior real del cerebro, no está exactamente ubicado dentro del cerebro; esta dentro-fuera, unitariamente. “Dentro” hay, simplemente, “más” fisiología cerebral. Si examinamos el cerebro con los dispositivos más modernos, tendremos únicamente una visión más refinada de la interioridad del cerebro, más superficies internas, no el interior o el “verdadero dentro” del cerebro tal y como yo lo entiendo: conciencia, memoria, emociones…Ciertamente ese “dentro personal” desaparece o funciona incorrectamente si el “dentro fisiológico” se daña o se nace con él averiado, luego, evidentemente, ambos “dentros”, el fisiológico y el personal, están íntimamente vinculados entre sí.

Pero el “dentro personal” sólo podremos averiguarlo mediante el diálogo conmigo o con otro seguido de una posterior interpretación. El cerebro, responsable directo y exclusivo de la aparición de la conciencia, es externo a sus manifestaciones, es una forma potencial de conciencia tan poderosa que la proyecta e impulsa hacia “dentro” sin dominarla por completo. La conciencia, profundidad o “dentro”, no esta dentro del cerebro del cerebro sino que es interna a él como prolongación o proyección. El cerebro es exterior, exterior unido y vinculado, a ese interior que es la conciencia. Destruye un holón y habrás destruido su inmediato más profundo; daña el cerebro masivamente y habrás destruido la conciencia.

Interioridad dinámica

La conciencia no está dentro ni fuera del cerebro. Rompamos ese terrible dualismo, esa dicotomía filosófica y socialmente perniciosa y podremos caminar hacia delante. Esa interioridad pues, que no se encuentra ni se mide en términos físicos, se mueve por donde le place, pero insisto, dentro de los límites del cerebro.

De esta forma quizá podamos explicar el fenómeno de la identidad individual y grupal. Si un sujeto (conciencia) fuese solamente su cuerpo en sentido estricto ¿cómo explicar que el desarrollo psicológico de la identidad se traslada del cuerpo-ego migra hacia otra posición, ya sea ésta egocéntrica (pero de otro sujeto), sociocéntrica o, incluso, mundicéntrica? ¿Cómo podría esto ocurrir si la conciencia estuviese encerrada en el cerebro de un individuo determinado y fuera incapaz de proyectarse?

Las formas de identidad van más allá de la frontera de la piel de tantas formas y tan diferentes e importantes todas ellas, que un punto de vista que conceda tan sólo importancia a las superficies exteriores tangibles es incapaz de encarar adecuadamente los fenómenos profundos que acontecen en el cerebro-mente; podrá incluso visionar algunos y cartografiarlos, pero profundizar en ellos y en sus prolongaciones ya es otro cantar.

Las experiencias de la capacidad del cerebro-mente para proyectarse fuera del cuerpo son algunos de los hechos menos sorprendentes y aún menos interesantes que puede lograr la conciencia cuando el cerebro-mente se estimula o autoestimula adecuadamente. Estos fenómenos son posibles porque la conciencia no esta dentro ni fuera del cerebro, más bien los dentros y los fueras del cerebro son los que están en la conciencia, luego su definición, la de conciencia, precisa de una revisión profunda que compete a los académicos.

La interioridad de un estadío se toma dentro de la interioridad del siguiente, y así se hace una forma externa dentro de esa interioridad, un detalle por cierto del ajedrez tridimensional. La parte tridimensional implica la diferenciación entre los distintos ejes de traducción y transformación, de manera que tanto los dentros como los fueras de un nivel inferior son exteriores a un nivel superior pero están “pegados”, por así decirlo, a su propia interioridad, y así, por el contrario, el nivel superior parece “externo” a sus componentes e “interno” a sus “sucesores”.

Problema de lenguaje

Ciertamente, aquí el lenguaje constituye un problema fundamental porque estamos hablando de tres ejes, cada uno de ellos implica un “fuera” y un “dentro”. Llamémosle dentro/fuera, interno/externo e interior/exterior. En la ontología plana, simplemente, tenemos el dentro y el fuera que determina una sola frontera.

Pero si varios holones se unifican “transformativamente” como es el caso de muchas células dentro de un organismo, entonces el dentro y el fuera de cada una de las células son ahora “internos” al organismo. Porque todas las células están dentro del organismo, sólo que no se sitúan en el mismo nivel de interioridad, razón por la cual a esto lo llamo, y por lo que el organismo, para las células, parece externo, algo que, por cierto ya señaló en su día Francisco Varela.

Pero todo esto sigue siendo un conjunto de formas externas; no fuera, y no externas sino exteriores a la interioridad que junto con todo eso, en cada punto, es conciencia. Y la conciencia no envuelve los interiores previos en términos de tamaño –de forma distinta a la célula que real y físicamente contiene moléculas, o el organismo que contiene células-, más bien, la conciencia envuelve intenciones previas o aprehensiones, que existen a lo largo de todos esos exteriores.

Como tales, las distintas estructuras de conciencia misma tiene también exteriores e interiores, dentros y fueras; por ejemplo, algo está “dentro” de una estructura cerebro-mente o mente, no en términos espaciales sino en términos de si sigue la estructura profunda, régimen o código de esa estructura mental, de forma parecida a como se está dentro del juego de damas, no se está físicamente dentro de algo, sino que se están siguiendo las reglas del juego.

Cuando dos estructuras profundas se unen a través de una transformación, entonces ambas son internas a la nueva superestructura, sólo que ahora tienen formas internas en la interioridad, y la superestructura aparece como externa a ellas, y así sucesivamente.

Conciencia inherente

Esta es la razón por la que nosotros consideramos con Wilber que es un error contemplar la conciencia como una cualidad emergente, en lugar de verla como profundidad en si misma todavía incalificable pero inherente al cerebro-mente. Si entendemos que la conciencia es una cualidad específica, tenemos entonces tan sólo dos opciones básicas en cuanto a su situación:

-Definir que la conciencia es supuestamente sentimiento, intención, percepción o lo que fuese y después conducir esa cualidad hacia abajo, hasta los átomos.

-Definir la conciencia como cualidad emergente, y después buscar el punto en la evolución en el que creemos se ha producido dicha emergencia lo que conlleva una interminable discusión sobre los términos: ¿Los primates tienen conciencia rudimentaria o autoconciencia? ¿La langosta aún viva que el cocinero experto parte en dos mitades para hacer la excelente receta de este delicioso crustáceo a la Termidor, tiene realmente sentimientos? ¿O el bogavante vivito y coleando que ponemos a hervir para la receta dos salsas, los tiene también? (disculpen pero la gastronomía me pierde y sufro por los crustáceos pero…).

Habíamos quedado previamente en que la conciencia no era una cualidad emergente, porque la dimensión del sendero izquierdo no emerge de la del sendero derecho. El interior no puede emerger del exterior, tal premisa carece de sentido.

Ahora bien, lo que si pueden hacer y de hecho es lo que creo hacen, es emerger simultáneamente, mano a mano, con la primera frontera que genera el universo, desde la primera diferenciación del Kósmos todo es un dentro y un fuera, es decir, la primera frontera, un interior y un exterior. La dimensión del sendero izquierdo no emerge de la del derecho, más bien va con ella, como el dentro, el interior del exterior en cada uno de los diferentes estadíos.

Plotino y Spinoza

Es la profundidad externa de cada estadío, no es algo que irrumpe por sorpresa en un estadío peculiar a lo largo del proceso. Lo que si emerge, como lo hacen las formas materiales, son las distintas formas de conciencia, pero la conciencia misma simplemente está presente a lo largo de todo el proceso, como el interior de la forma que esté presente desde el momento mismo de la Gran Explosión, por eso nunca hubo ni habrá dualismo; Plotino y Spinoza, cada uno desde su punto de vista, tenían razón.

Como las superficies son superficies “de” profundidad, las formas son formas “de” conciencia, y el interior y el exterior, como señalan acertadamente los budistas son coemergentes desde el principio, no algo que llega a ser a lo largo del proceso.

Aunque creo que todo esto ha quedado claro, incluso demasiado, voy a expresarlo en otros términos más wilberianos: la conciencia es la apertura o Vacío del régimen de los holones de manera que una apertura, que no es en sí misma una cualidad emergente, si permite que las cualidades emerjan como los distintos regimenes o espacios del mundo, tal y como ya hemos señalado.

Finalmente, los exteriores pueden entrar en la conciencia porque los interiores abrazan o abracan los exteriores pero no al revés. El punto de vista de Leibniz –otro gran filósofo y científico sacrificado a la “facilidad” y “ligereza” del astuto y ocultista Newton- era muy similar al de este ajedrez tridimensional lo que lo convierte en un autor de lectura difícil en beneficio de los simplificadores –inexactos como se demostró posteriormente- mucho más fáciles de digerir. Leibniz eligió resolver la relación entre interior y exterior con una armonía preestablecida, solución no enteramente satisfactoria pero mucho más elegante y correcta que las propuestas por sus coetáneos.
Javier Del Arco
Lunes 11 Diciembre 2006
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17votos

Kosmología


El desarrollo de la Ilustración trajo consigo que el semiplano de la izquierda de los cuatro cuadrantes fuera reducido al semiplano de la derecha y así la profundidad tendió a perderse y aplanarse en mera extensión. A medida que avancemos en los próximos artículos, veremos las consecuencias que esto ha supuesto. Dicho condensadamente, el resultado ha sido la aparición de una ontología divisiva y dualista, precisamente porque, al describir la totalidad de la realidad en términos objetivos como orden o sistema interconectado y armonioso –la gran extensión interconectada-, no dejaba un espacio para el sujeto que realizaba la descripción ya que no tenía un lenguaje para la profundidad. La profundidad vertical interpretativa se convirtió en extensión interconectada y horizontal, la esencia del reduccionismo sutil.



En sus primeros trabajos arqueológicos, Michel Foucault puso entre paréntesis tanto la verdad como el significado (“doble fenomenología”) y por lo tanto rechazaba todo lo que se pareciese o tuviese que ver con un “lenguaje de la profundidad”. Su doble paréntesis (“una fenomenología que acabase con la fenomenología”) excluyó la profundidad y la interpretación desde el principio, fijándose únicamente en los exteriores. Foucault pensaba que las ciencias estaban comenzado a dejar atrás la “Era del Hombre” y trascendiendo cualquier posición humanista.

Pero las ciencias que él señalaba como responsables de esa superación (psicología, etnología, lingüística) eran las que a su vez estaban, al actuar, re-introduciendo la profundidad. Cuando bastante más adelante Foucault modificó el objeto de sus estudios de arqueología y genealogía y los dirigió hacia la ética. Él mismo comenzó a utilizar con más juicio el “entendimiento desde dentro”, o lo que Wilber ha dado en llamar una hermenéutica reconstruida o “analítica interpretativa”.

Pero incluso cuando Foucault rechazaba la “profundidad” como estrategia metodológica del semiplano del lado derecho, seguía teniendo sus propias de ello ya que, para empezar, de otra forma no podría haber dispuesto de juicio. Su planteamiento Foucault describe así su planteamiento.

Mientras que el intérprete está obligado a ir a la profundidad de las cosas, como una excavadora, el momento de interpretación [su genealogía] es como una visión general, desde un punto cada vez más alto, lo que le permite ver la profundidad extendida ante él de forma cada vez más visible; la profundidad es redituada como un secreto absolutamente superficial (Véase Foucault, M., Nietzsche, Freud, Marx, El Cielo por Asalto Ediciones, Buenos Aires).

Lo que Foucault llama aquí “altura” es algo semejante a lo que Wilber denomina profundidad. Y lo que él llama, de manera desviada, profundidad es algo ciertamente más bién superficial, algo que Foucault no niega sino que más bien lo afirma.. La psicología freudiana, por poner un ejemplo, “excava hacia abajo”, en concreto hacia la libido lo que no deja de ser un aspecto muy fundamental del ser humano pero, a la vez, muy superficial y poco profundo.

Otros puntos de vista

El hecho de que los seres humanos pasen la vida mirando a sus inconscientes pensando en que están a punto de descubrir algo muy significativo, era, para Foucault motivo de risa ¿y quién no se sonreiría también hoy, en 2006, al escuchar determinados planteamientos? Obviamente, hoy resulta claro que es posible adoptar puntos de vista más profundos o superiores.

Aunque no me gusta ni me parece científicamente apropiado anticipar conceptos wilberianos sin haberlos pasado por el fino cedazo de la crítica, disecados, como se diría en términos de investigación anatómica, creo convenientemente aquí al referirme a la profundidad introducir el término centauro para referirme a los lenguajes de la profundidad porque se denomina nivel centauro o centaúrico aquel nivel de conciencia en el que tales lenguajes son prominentes. Los lenguajes del ego racional son los lenguajes de la representación, la explicación monológica y la comprensión (Vernunft frente a Verstand).

La interpretación wilberiana es que es legítimo leer los primeros trabajos de Foucault teniendo en cuenta que la Ilustración y la Era del Hombre subsiguiente, en cierto modo un humanismo deshumanizante, supone la emergencia generalizada de la estructura egoica racional a partir de la participación mítica, lo que supuso beneficios genuinos abundantes, pero, constreñida por lo que Hegel denominó “vanidad del entendimiento” (actitud correspondiente al pensamiento empírico-analítico y monológico).

Pero esta estructura estaba obligada a un aplanamiento e igualación de las distinciones cualitativas. Por cierto que la retroflexión de esa estructura plana sobre el sujeto mismo, condujo a la emergencia, en los siglos XIX y XX, de las teorías y también desgraciadamente praxis más salvajes y brutales que han gestado y alboreado las ciencias del hombre. La subsiguiente aparición del centauro, con su “visión-lógica” o dialéctica de la profundidad, constituyó la razón madura (Vernunft) en intercambio comunicativo subjetivo ya dialógico y no tan sólo monológico. A partir de esta apertura a la comprensión dialógica y profunda, los filósofos de la postmodernidad comenzaron a hablar del final del hombre…

Como bastante más adelante veremos y no ciertamente en los próximos artículos, los de esta forma los relatos foucoultianos se alinean más con los de Habermas y Taylor.

Más allá del centauro, los lenguajes de profundidad tienen cada vez menos aplicabilidad, dando lugar a los lenguajes de la visión y la vibración (psíquico), después a los lenguajes del arquetipo e iluminación (sutil), los lenguajes del vacío y el sueño (causal) y, finalmente, los lenguajes de lo que podríamos llamar la “normalidad extraordinaria” o, más literalmente, y en las propias palabras de Wilber “ordinaridad extraordinaria” en lo que lo ordinario se asimila totalmente a lo normal porque lo que lo extraordinario no tiene nada de anormal. De todo esto hablaremos más extensamente mucho más adelante, pero para los que sientan curiosidad por el lenguaje que utilizamos en todos nuestros artículos confesaremos que, fieles a Wilber, éste se corresponde con el propio del nivel centauro.

Supresión de sí mismo

La Ilustración, tan positiva en algunos aspectos, tuvo el inconveniente de considerar la naturaleza como totalidad armoniosa, conocida por un sujeto que no podía encajar en ella. Como señala Wilber, una vez que este planteamiento holístico/instrumental o “sólo-partes-de-la-totalidad”se aplicó al sujeto –lo que Foucault denominó “el conocimiento que se cierra sobre sí mismo”- aquel comenzó a “suprimirse sí mismo” de manera inadvertida, no en el sentido de una trascendencia genuina o ascenso, sino en el de automutilarse o como dice Ken Wilber muy gráfica y brutalmente, “dispararse a su propio pié”.

Precisamente porque su visión del mundo era empírica y completamente holística, el sujeto “abandonaba el terreno de juego” y se “iba al banquillo” en un partido trascendental a jugar en un mundo holístico, quedando desimplicado, fuera de juego de manera impotente o maliciosa. De ahí el infame estadío de sujeto autodefinido o desimplicado, incluso “estallado”, reconstruido, debilitado tal y como señala la profesora Mónica Cragnolini en su espléndido artículo Extrañas amistades. Una perspectiva nietzscheana de la philia desde la idea de constitución de la subjetividad como Zwischen publicado en Perspectivas Nietzscheanas, año VII, nº 5-6, octubre de 1998, pp. 87-106.
Sujeto, por tanto, separado del mundo holístico/instrumental, el yo “hiperautónomo” que tan esforzadamente definió la Ilustración, como más adelante veremos con todo detalle.

Dicho todo esto de una manera más contundente: el profundo dualismo inherente al holismo plano, aunque oculto o no inmediatamente obvio, como tampoco resulta obvio para sus adeptos, estaba ya en funcionamiento y contribuyó al “humanismo deshumanizado” de la Ilustración que ha sido severamente criticado por Foucault desde la llamada “Era del hombre” (Véase Ignacio Vento Villate 1994-1995, Seminario sobre El Fin de la Era del Hombre: la “acción social” y la crisis del humanismo ilustrado en la obra de Michel Foucault) hasta la filosofía del sujeto de Jürgen Habermas o el sujeto desimplicado de órdenes instrumentales interconectadas de Taylor. Todos ellos cuentan historias similares referidas a la manera de conocer objetivante, holístico/instrumental y, que al volverse sobre el sujeto, producen diferentes formas de violencia, tanto interna como externa.

Adaptarse a la extensión

Como en posteriores artículos veremos, alguno pienso que ya bastante próximo, el paradigma holístico de la Ilustración hizo colapsar el Kósmos, que era a la vez vertical y horizontalmente holárquico (lo que equivale a decir que incluía exterior e interior, izquierda y derecha), en un cosmos plano que sólo era holárquico en el plano horizontal (exterior o sendero derecho de los cuatro cuadrantes ya descritos en anteriores artículos de esta segunda parte); una trama plana que reemplazó la profundidad vertical por el gran sistema universal de extensión interconectada y redujo todos los complejos espacios interiores a hitos percibidos exteriormente de la gran red funcional.

El paradigma holístico daba la impresión, frente a las más radicales tan sólo atomísticas, de abarcar toda la realidad, pero de hecho no era así porque en realidad había fragmentado el cosmos, de manera ciertamente violenta, en dos partes, deshaciéndose de todos los ricos espacios interiores y su profundidad, asentándose de manera ciertamente agresiva en lo externo, en lo cortical, en las superficies, en la gran extensión interconectada. Este paradigma postulaba que el bien del hombre residía ahora en adaptarse a la extensión y no en descubrir la profundidad.
Javier Del Arco
Lunes 4 Diciembre 2006
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Editado por
Javier Del Arco
Ardiel Martinez
Javier del Arco Carabias, Biólogo y Filósofo, es profesor de Universidad y Coordinador Científico de la Fundación Vodafone España.





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