No vamos a describir interesante biografía de Plotino que nació en Egipto, entonces provincia romana, Septimio Severo reinante, en la ciudad de Licópolis, hoy Assuit, en la margen izquierda del Nilo, entre la segunda mitad del año 203 d.C. y la primera mitad del 204 d.C., en un mes sin precisar. De cultura greco-latina y ciudadano romano, estudió en Alejandría, se estableció en Roma donde floreció y murió a los 66 años, en los últimos meses del 269 d.C. en una finca de la Campania próxima a Roma. Su vida ha sido detalladamente narrada por su discípulo y biógrafo Porfirio y pueden consultarla los lectores en Vida de Plotino, Porfirio, Biblioteca Clásica Gredos, nº 57, Madrid, 1992. Es de fácil acceso.
No obstante y a modo de frontispicio, nos parece interesante narrar sus últimas palabras dirigidas a su queridísimo discípulo y a la vez médico, Eustaquio que constituyen su testamento espiritual: “Esfuérzate por elevar lo que de divino hay en nosotros a lo que de divino hay en el Universo”.
Palabras finales de último gran filósofo no-cristiano (no seremos nosotros quien le denominemos pagano) del pensamiento occidental greco-latino. Dan que pensar y nos han dado mucho que pensar en el curso de nuestra vida.
Otra cuestión importante es que la indagación metafísica ha de ser forzosamente explicada en artículos cortos porque somos conscientes de su gran complejidad para el lector no estrictamente familiarizado. Para nosotros es fácil ver e imaginar el sistema de Plotino y disfrutar con él, pero la cortesía, la piedad y el respeto hacia nuestros queridos lectores nos aconsejan suministrarlo en pequeñas dosis.
Por último quiero rendir un homenaje a la memoria del profesor P. Jesús Igal, S.J., fallecido en 1986 prematuramente y a quien debemos la mejor interpretación y traducción de Plotino en lengua española. Estas páginas y las que seguirán, mientras tengamos abierta la cuestión de la metafísica plotiniana, deben mucho a su magisterio e inspiración.