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Blog de Tendencias21 sobre el mundo de las marcas en la era digital
La transformación social que estamos viviendo, fundamentalmente apoyada en el imparable y vertiginoso avance de las tecnologías y su extensión a todos los órdenes del desarrollo -personal, familiar, profesional, industrial, cultural, social, económico- está obligando a un esfuerzo de adaptación enorme que, en mayor o menor medida, nos afecta a todos.
Por primera vez, son los hijos los que enseñan a los padres. Entre tanto los padres, protagonistas principales de esta era de cambios vertiginosos, siguen atónitos ante el avance meteórico de la nueva realidad.
La educación, que seguirá siendo el factor diferencial de desarrollo y crecimiento entre una sociedad y otra, atraviesa un período en donde los recortes le ganan la batalla al pensamiento. Todos observamos pasmados el flujo de dinero que se destina a salvar a los bancos y al sistema financiero. Flujo que, en consecuencia, no va al sistema educativo.
Parece que algunos Estados, que no pueden mantener los niveles de inversión, han dejado de considerar a la educación como algo prioritario. La única solución que se vislumbra para esta coyuntura de crisis es el recorte. Ni la creatividad, ni el cambio de modelo, ni la innovación.
Nos encontramos ante un universo cambiante y pendiente de ser nuevamente descubierto cada día. Pero, ¿estamos reescribiendo el futuro o estamos dejando que el futuro se escriba solo, casi por default?
El mundo móvil, la TV, Facebook, Twitter, Tuenti, YouTube, etc, siguen extendiendo su ámbito de influencia, alcanzando las estructuras básicas de una sociedad avanzada. Pero que, a su vez, es una sociedad que se debate entre el desánimo y la esperanza, entre la falta de líderes y la necesidad de héroes, entre sus hijos “digitales” y sus padres “analógicos”, entre tecnócratas que no inspiran y políticos que desilusionan.
La información al alcance de quien quiera, el contacto de usuario a usuario y la inmediatez han traído consigo una transformación de los parámetros de relación individual y social. Avidez de interconexión permanente y en tiempo real; acceso inmediato a las fuentes informativas; posibilidad de interactuar sin límites espaciales, con impactos y consecuencias de difícil predicción. Todo esto exacerbado por la primigenia reacción humana de querer compartir con el mundo.
El sistema educativo no es ajeno a este contexto y constituye el pilar fundamental sobre el que debe asentarse la sociedad. De ahí, la necesidad que padres y educadores participen de este nuevo “ecosistema tecnológico”.
Las ideas e iniciativas de la comunidad educativa para adaptarse al nuevo entorno y el potencial que la tecnología ofrece al servicio de la educación pueden converger para desarrollar el capital humano que tiene que forjarse en las aulas. Además, las nuevas tecnologías facilitan otras vías de acercamiento y diálogo entre aquellos que quieren un sistema mejor.
Con seguridad, el debate no debería ser tecnología sí o tecnología no. La suma de estos mundos es el quid de la cuestión aunque es aún difícil delimitar la frontera entre ellos. Sin embargo, será imprescindible la visión y la grandeza de los gobiernos para que la educación sea una prioridad. Redefinir la utilización de los recursos para desarrollar una educación más del siglo XXI que del siglo XX.
Sin lugar a dudas, el futuro que deseamos deberá basarse en formar jóvenes creativos, estimulados e ilusionados. Con sabiduría pero también con compromiso. Invertir en educación es caro pero no invertir lo es aún más. Porque la ignorancia es carísima.
La educación, que seguirá siendo el factor diferencial de desarrollo y crecimiento entre una sociedad y otra, atraviesa un período en donde los recortes le ganan la batalla al pensamiento. Todos observamos pasmados el flujo de dinero que se destina a salvar a los bancos y al sistema financiero. Flujo que, en consecuencia, no va al sistema educativo.
Parece que algunos Estados, que no pueden mantener los niveles de inversión, han dejado de considerar a la educación como algo prioritario. La única solución que se vislumbra para esta coyuntura de crisis es el recorte. Ni la creatividad, ni el cambio de modelo, ni la innovación.
Nos encontramos ante un universo cambiante y pendiente de ser nuevamente descubierto cada día. Pero, ¿estamos reescribiendo el futuro o estamos dejando que el futuro se escriba solo, casi por default?
El mundo móvil, la TV, Facebook, Twitter, Tuenti, YouTube, etc, siguen extendiendo su ámbito de influencia, alcanzando las estructuras básicas de una sociedad avanzada. Pero que, a su vez, es una sociedad que se debate entre el desánimo y la esperanza, entre la falta de líderes y la necesidad de héroes, entre sus hijos “digitales” y sus padres “analógicos”, entre tecnócratas que no inspiran y políticos que desilusionan.
La información al alcance de quien quiera, el contacto de usuario a usuario y la inmediatez han traído consigo una transformación de los parámetros de relación individual y social. Avidez de interconexión permanente y en tiempo real; acceso inmediato a las fuentes informativas; posibilidad de interactuar sin límites espaciales, con impactos y consecuencias de difícil predicción. Todo esto exacerbado por la primigenia reacción humana de querer compartir con el mundo.
El sistema educativo no es ajeno a este contexto y constituye el pilar fundamental sobre el que debe asentarse la sociedad. De ahí, la necesidad que padres y educadores participen de este nuevo “ecosistema tecnológico”.
Las ideas e iniciativas de la comunidad educativa para adaptarse al nuevo entorno y el potencial que la tecnología ofrece al servicio de la educación pueden converger para desarrollar el capital humano que tiene que forjarse en las aulas. Además, las nuevas tecnologías facilitan otras vías de acercamiento y diálogo entre aquellos que quieren un sistema mejor.
Con seguridad, el debate no debería ser tecnología sí o tecnología no. La suma de estos mundos es el quid de la cuestión aunque es aún difícil delimitar la frontera entre ellos. Sin embargo, será imprescindible la visión y la grandeza de los gobiernos para que la educación sea una prioridad. Redefinir la utilización de los recursos para desarrollar una educación más del siglo XXI que del siglo XX.
Sin lugar a dudas, el futuro que deseamos deberá basarse en formar jóvenes creativos, estimulados e ilusionados. Con sabiduría pero también con compromiso. Invertir en educación es caro pero no invertir lo es aún más. Porque la ignorancia es carísima.
Andy Stalman
Jueves, 17 de Noviembre 2011
Comentarios
El viernes pasado en el ámbito de ideas y reflexión al que invitan los desayunos de Territorio Creativo, se hablaba del poco valor que se le da a la creatividad en el mundo de los negocios. La idea era básicamente: “El cliente no quiere pagar por creatividad ni por estrategia aunque esos sean los ejes del negocio”.
Dado que los modelos clásicos de hacer negocios han quedado desactualizados, este es un buen tiempo para debatir. Para poner nuevas preguntas sobre la mesa. Para repensar los modelos existentes y diseñar otros modelos. Ni mejores ni peores sino nuevos: adaptados a este escenario.
Aunque creamos que hay muchas preguntas sin respuestas, como diría Morfeo: "No hay preguntas sin respuestas, sólo preguntas mal formuladas".
Cuando hablamos de valores tangibles, como pasajes en avión, gastos en impresoras o teléfonos, la mayoría de los clientes no discuten su precio. Sin embargo, siempre se pone bajo la lupa el valor de las ideas, de la creatividad.
Una anécdota puede representar muy bien este modo de pensar. Hace algunos años desarrollamos un proyecto de identidad para una entidad financiera muy conocida. Al terminar el proyecto le sugerimos al CFO que pusiera el valor de marca en el balance y nos respondió: “En los balances se ponen sólo las cosas serias”. En la actualidad, el valor de esa marca es de más de 7.000 millones de dólares.
El nuevo mundo - que están creando compañías como Google, Apple o el MIT y algunos países como Finlandia, Israel o Singapur - se rige por las ideas, por la creatividad, por la innovación. Sin embargo, todo eso aún tiene una incidencia poco significativa, se ve como algo marginal y su precio todavía se antepone al valor que genera. Parece irónico pero para la gran mayoría el mundo gira así.
Aunque creamos que hay muchas preguntas sin respuestas, como diría Morfeo: "No hay preguntas sin respuestas, sólo preguntas mal formuladas".
Cuando hablamos de valores tangibles, como pasajes en avión, gastos en impresoras o teléfonos, la mayoría de los clientes no discuten su precio. Sin embargo, siempre se pone bajo la lupa el valor de las ideas, de la creatividad.
Una anécdota puede representar muy bien este modo de pensar. Hace algunos años desarrollamos un proyecto de identidad para una entidad financiera muy conocida. Al terminar el proyecto le sugerimos al CFO que pusiera el valor de marca en el balance y nos respondió: “En los balances se ponen sólo las cosas serias”. En la actualidad, el valor de esa marca es de más de 7.000 millones de dólares.
El nuevo mundo - que están creando compañías como Google, Apple o el MIT y algunos países como Finlandia, Israel o Singapur - se rige por las ideas, por la creatividad, por la innovación. Sin embargo, todo eso aún tiene una incidencia poco significativa, se ve como algo marginal y su precio todavía se antepone al valor que genera. Parece irónico pero para la gran mayoría el mundo gira así.
Editado por
Andy Stalman
Andy Stalman es Licenciado en Relaciones Internacionales por la Universidad de Belgrano y Licenciado en Periodismo por la Universidad Católica Argentina, ambas de Buenos Aires. Ha realizado estudios Avanzados de Comunicación en la Universidad de Saint Joseph, en Philadelphia, EE.UU y está especializado en Dirección de Marketing por la Universidad de Pompeu Fabra de Barcelona. Profesor del Executive MBA del Instituto de Empresa (IE). Premio a la Excelencia Académica 2011 del Instituto de Empresa (Executive Education). Profesor del Executive Master en Fashion Retail Management de la Universidad de Barcelona, Profesor de la Universidad de Alicante del Profesorado Experto Universitario en Dirección y Gestión de Redes Sociales en la empresa. Por otro lado, es Doctor en la Universidad Piloto de Colombia de la Cátedra que lleva su nombre. Ha colaborado en España como profesor invitado en la Universidad Pompeu Fabra, la Universidad Antonio de Nebrija y la Universidad de Alcalá de Henares, entre otras.
De 1994 a 1997, se desempeñó como Director de Marketing para Lacoste con sede en Buenos Aires. De 1998 a 2002 fue Director de Marketing de Aeropuertos Argentina 2000 encargado del desarrollo del marketing y comercial de los 35 mayores aeropuertos del país. En octubre de 2002 comienza a trabajar como socio y Managing Director de Cato Partners España, en Barcelona y en 2006 asume la responsabilidad de Cato Partners Europe, con sede en Madrid, liderando proyectos en más de 15 países.
Miembro del Consejo de Superbrands y de la Junta Directiva de la Asociación Española de Centros Comerciales (AECC). Ha escrito más de 150 artículos especializados en Branding, Comunicación, Diseño y Marketing para diferentes medios generalistas y especializados de varios países. Es conferenciante tanto en España y Europa como en Latinoamérica.
De 1994 a 1997, se desempeñó como Director de Marketing para Lacoste con sede en Buenos Aires. De 1998 a 2002 fue Director de Marketing de Aeropuertos Argentina 2000 encargado del desarrollo del marketing y comercial de los 35 mayores aeropuertos del país. En octubre de 2002 comienza a trabajar como socio y Managing Director de Cato Partners España, en Barcelona y en 2006 asume la responsabilidad de Cato Partners Europe, con sede en Madrid, liderando proyectos en más de 15 países.
Miembro del Consejo de Superbrands y de la Junta Directiva de la Asociación Española de Centros Comerciales (AECC). Ha escrito más de 150 artículos especializados en Branding, Comunicación, Diseño y Marketing para diferentes medios generalistas y especializados de varios países. Es conferenciante tanto en España y Europa como en Latinoamérica.
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Tendencias 21 (Madrid). ISSN 2174-6850
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