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CIENCIA Y TECNOLOGÍA

 



La producción, almacenamiento y transmisión de la electricidad estática son procesos muy destacados que hombres notables llevaron a cabo a lo largo de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX. Muy pronto surgirían, en la primera mitad de éste último siglo, aplicaciones tan destacadas como el telégrafo. A partir de entonces el uso de la electricidad se acelerará con aplicaciones tan espectaculares como la iluminación, el teléfono, la telegrafía sin hilos y muchas otras cosas más, entre ellas, la dinamo y el motor eléctrico, conseguidas, estas últimas, con el descubrimiento del electromagnetismo. Antes de continuar resumiendo esos inventos del hombre, hacemos en este post unas consideraciones sobre la evolución de la mente humana y sobre las nuevas concepciones relativas al mundo en el que habita que el hombre adquirirá de la mano de las nuevas leyes de la naturaleza que descubre.


ELECTRICIDAD DINÁMICA Y EVOLUCIÓN DE LA MENTE HUMANA
Antes del experimento de Franklin explicado en el post anterior, el monje francés Jean-Antoine Nollet (1700-1770) llevó a cabo otros experimentos con personas que tuvieron que ser prohibidos por su peligrosidad. En una ocasión situó a doscientos monjes de su comunidad en un círculo de una milla de longitud cada uno con un polo de latón en sus manos y agarrado uno a la mano del otro y descargó a través de ellos una botella de Leyden cargada de electricidad. Los mojes sintieron la descarga y quedaron inmovilizados durante unos segundos y muy afectados posteriormente.

Todas estas historias se pueden encontrar en algunos de los manuales de historia de la ciencia utilizados en est blog, con particular referencia al mencionado varias veces, Historia de la Ciencia 1543-2001, de John Gribbin, y además todo está hoy muy bien recogido en las entradas de Wikipedia pertinentes, pero justo hace tres meses, en mi último viaje a Nueva York y Philadelphia encontré una publicación reciente muy destacada, se trata de Conquering the Electron, cuya portada se recoge como figura en este post. No es que se diga nada nuevo sobre la historia de la electricidad pero si es un libro notable en cuanto a la visión comprensiva y global que hace de esta materia, lo cual permite ver que el desarrollo de la electricidad, el electromagnetismo, la electrónica y la tecnología digital, de momento, ha sido y es una gran epopeya de la humanidad.

Aparte de los hechos históricos en sí, y como ya se ha dicho en este blog en varias ocasiones, no es tanto la historia de dichos hechos lo que nos interesa sino la evolución del pensamiento humano en relación con los fenómenos de la naturaleza. En el recorrido realizado últimamente por la electricidad estática resulta muy interesante ver cómo el hombre, y en definitiva la humanidad, va poco a poco acercándose a la verdad de las leyes que gobiernan el mundo a través del pensamiento de unos hombres tras otros. Da la impresión de que desde el primer hombre que estudia un fenómeno hasta el último que lo hace hay una especie de evolución mental, algo así como si en la mente de dichos hombres --o mejor en las sus descendientes intelectuales, ya que la neuronas no se reproducen --, las neuronas fueran aumentando, o, al menos, las sinapsis y sus interrelaciones. Las interpretaciones del mundo que se van obteniendo terminan afectando a las ideas generales y a las concepciones del hombre sobre su mundo. Contribuyen además, como también se ha dicho repetidamente, a la formación de nuevas cosmovisiones.

El desarrollo de la electricidad y sus aplicaciones a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX y muy especialmente a lo largo del XX, es algo increíble, espectacular y casi mágico. No puede pensarse que tras lo conseguido en términos de explicaciones, leyes y realizaciones prácticas, la mente del hombre a principios de este siglo XXI sea la misma que la del hombre de los siglos XVII y XVIII.

Da la impresión de que tras una evolución portentosa de la fisiología del hombre a través de muchos siglos, lo que de verdad evoluciona en la actualidad en el hombre, a gran velocidad por cierto, es la mente, la capacidad de comprensión y la consciencia. Una evolución, por otra parte, muy unida a los descubrimientos de las leyes de la naturaleza.
Adolfo Castilla el Viernes, 20 de Marzo 2015 a las 00:11

Continuamos en este post la descripción del descubrimiento de la electricidad y el electromagnetismo. Nos referimos a la electricidad estática y nos detenemos en los primeros mecanismos que consiguieron crear dicha electricidad y almacenarla y, especialmente, a los primeros experimentos que la transmitieron a distancia.


Botella de Leyden
Botella de Leyden
La “electricidad dinámica” no es una denominación, ni muy usada ni muy difundida. Por algo equivalente como “electrodinámica” se entiende la parte del electromagnetismo que se ocupa de estudiar sistemas en los que se combinan las acciones de campos eléctricos y de campos magnéticos. En términos históricos sin embargo se utiliza a veces la idea de electricidad dinámica para explicar el fenómeno creado por primera vez por Stephen Gray (1670-1736), al que se ha hecho referencia en el post anterior, de transmitir la electricidad estática acumulada en una esfera de Otto von Guericke (1602–1686) a otra situada a unos 100 metros de distancia, estando las dos conectadas por un cable especial formado por hilos y barras de cobre.

Este último personaje, von Guericke, un físico y jurista alemán que vivió en la ciudad de Magdeburgo, puede considerarse como un eslabón entre los trabajos de William Gilbert y los de Gray y Du Fay. Guericke fue el famoso autor del experimento conocido como los “hemisferios de Magdeburgo”, realizado en esa ciudad hacia 1654, y consistente en tratar de separar las dos mitades de una esfera formada por dos hemisferios de cobre perfectamente ajustados y cerrados, en el interior de la cual se había hecho el vacío. Dos tiros de ocho caballos tirando cada uno de un hemisferio no consiguieron separarlos, demostrándose así la enorme fuerza de la presión atmosférica. Este autor había leído a Blaise Pascal (1623-1662) y a Evangelista Torricelli (1608-1647), estudiosos ambos del aire y de la atmósfera, y estaba familiarizado, por supuesto, con los trabajos de Robert Boyle (1627-1691) y su bomba de aire.

Guericke fue un físico aficionado y se adentró también en el terreno de la electricidad estática. Construyó en ese terreno una bola de azufre que hizo girar frotándola con fuerza con una pieza de ropa. Consiguió así acumular electricidad estática en la superficie de la bola, la cual, a su vez, descargó, con la consiguiente producción de chispas, que hoy llamamos eléctricas. Él mismo relacionó tales fenómenos lumínicos con los relámpagos y los rayos. Su bola de azufre fue perfeccionada por el holandés Pieter van Musschenbrock 1745, quien construyó en esas fechas la llamada “botella de Leyden”. Un recipiente de cristal cubierto interna y externamente por láminas de estaño y por la boca del cual entra un conductor eléctrico (normalmente una cadena) que transmite la electricidad de una fuente exterior y la almacena en el interior de la botella.

Continuador del estudio de dichos fenómenos fue otro personaje polifacético del siglo XVIII: Benjamin Franklin (1706-1790). Al parecer había sido testigo de la descarga de dos esferas con electricidad estática, y hacia 1752, un día de fuerte tormenta en Pennsylvania, se le ocurrió hacer volar una cometa en la que la cuerda había sido sustituida por un cable de cobre que terminaba en una botella de Leyden. Cuando un rayo impactó la cometa la electricidad se transmitió por el cable y llenó de electricidad estática la botella en cuestión. Se trata de un experimento dado por verídico y muy conocido en los Estados Unidos que, no obstante, nunca ha sido realmente autentificado, aunque Franklin es considerado el inventor del pararrayos. Siguieron otros experimentos de los mismos fenómenos que en algunos casos terminaron con la vida de los experimentadores.
Adolfo Castilla el Jueves, 19 de Marzo 2015 a las 23:26

Seguimos rastreando en este post los avances científicos y tecnológicos de los últimos siglos tratando de encontrar pautas que expliquen cómo las ideas más abstractas que surgen en la mente del hombre se relacionan con la búsqueda de leyes científicas sobre los fenómenos naturales, con los desarrollos tecnológicos a que dan lugar dichas leyes y con el impacto de dichos avances en la sociedad. Hemos llamado a las concepciones e interpretaciones que los hombres terminan adquiriendo de todo ello, "cosmovisiones", y vamos detrás de su explicación y de su papel en el mundo que terminamos creando. En el post anterior comenzamos a revisar el caso de la electricidad y del electromagnetismo, uno de los avances más espectaculares de la humanidad, llevado a cabo en el siglo XIX, En éste continuamos con dicha revisión deteniéndonos en las primeras etapas relacionadas con la electricidad estática.


ELECTRICIDAD ESTÁTICA
Mi idea es que en el siglo XIX el hombre descubre que el mundo en el que habita es distinto de lo que creía que era y mucho más complejo. La termodinámica nos aporta la idea de entropía, según la cual el mundo no es estable sino que decae, se enfría y tiende al desorden. La electricidad y el electromagnetismo nos muestran que existen fuerzas ocultas en la naturaleza que no vemos pero de las que conocemos sus efectos y podemos aprender a explicar, controlar y aplicar. Y el atomismo nos habla, por fin, de la profundidad y complejidad de la materia llevándonos a creer en el “infinito en todas direcciones”. Existen, como es lógico, otros avances en dicho siglo, por ejemplo en química y en el conocimiento de la fisiología humana, pero los tres mencionados relacionados los tres con la Física son, en mi opinión, los que más hicieron cambiar la mentalidad del hombre.

Algunos no creen que exista lo mágico en nuestro mundo, pero el electromagnetismo nos lo recuerda una y otra vez. Es lo que nos permite, por ejemplo, el descenso y anclaje del módulo Philae en el cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko bajando desde la sonda espacial Rosetta que fue enviada al espacio hace diez años y que orbita hoy alrededor de dicho cometa. Desde allí nos envía, mediante ondas electromagnéticas, información diversa sobre los arcanos de la vida y el universo.

Tendremos que ponernos de acuerdo en cuanto al significado de lo mágico, pero es desde luego cierto que si un hombre que hubiera vivido a finales del siglo XIX volviera hoy a la vida encontraría que todo es mágico en nuestro mundo. Se entiende también muy bien que Arthur C. Clarke, en su famosa tercera ley dijera que: “Toda tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia”.

Pero volviendo a la electricidad y al electromagnetismo, debemos recordar que ciertos fenómenos magnéticos y eléctricos eran conocidos desde la antigüedad y que fue hacia 1600 cuando algunos personajes notables, científicos incipientes en aquellos años que entonces eran llamados filósofos naturales, decidieron analizar y reflexionar sobre las propiedades del ámbar, los relámpagos, el fuego de San Telmo y la capacidad de ciertos peces para cazar a sus presas, que hoy llamamos descargas eléctricas.

Fue el médico inglés Wlliam Gilbert (1544 – 1603) quien casi al final de su vida, en 1600, escribió, De Magnete, Magneticisque Corporibus, et de Magno Magnete Tellure; Physiologia noua, plurimis & argumentis, & experimentis demostrata, conocido popularmente como "De Magnete". La verdad es que siendo un médico famoso distinguido por los reyes de Inglaterra, dedicó su vida a muchas otras materias, particularmente la física en general y el magnetismo en particular, tema, este último, al que dedicó muchos años de estudio y trabajos diversos.

Gilbert es uno de los primeros filósofos naturales a los que se podría llamar científicos, ya que fue riguroso y sistemático en sus estudios y combinó la observación detallada de los fenómenos de la naturaleza con la formulación de hipótesis alternativas y la experimentación. Veinte años mayor que Galileo y fallecido a una edad más temprana, su obra fue muy destacada y comparable en algunos aspectos a la de este italiano, padre de la ciencia, aunque no haya llegado a ocupar un lugar tan señalado en la historia de la ciencia.

Experimentó con la electroestática y el magnetismo y definió como fuerza eléctrica a la atracción que se producía al frotar con seda objetos hechos con sustancias tales como el ámbar o el cristal. Distinguió entre materiales conductores y materiales aislantes e ideó el primer electroscopio.

Dedicó más atención al magnetismo que a la electricidad aunque fue el que introdujo el término “eléctrico”. A pesar de la importancia de su obra en este terreno, sus estudios quedaron sin continuidad durante algo más de un siglo. Hubo que esperar de hecho a la década de 1730 para que se volviera a prestar atención a la electricidad estática. El francés Charles Du Fay (1698 – 1739) hacia mediados de esa década sugirió que había dos tipos de electricidad o dos tipos de cargas eléctricas, a las que llamó positivas y negativas. Descubrió además que las cargas del mismo signo se repelen y las de signo contrario se atraen.

Se apoyó en los trabajos del experimentador inglés Stephen Gray (1670 – 1736) quien había transmitido o trasladado la influencia eléctrica estática de un extremo a otro de una barra y había aislado objetos cargados de electricidad. Dufay llegó a cargar de electricidad el cuerpo de un hombre aislado y suspendido con cintas de seda y consiguió que de él saltaran chispas. Imaginó una teoría según la cual la electricidad se describía en términos de dos fluidos diferentes (ver John Gribbin, Historia de la Ciencia) (*).
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(*) John Gribbin, Historia de la Ciencia. 1543 - 2001, Crítica, Barcelona, 2002
Adolfo Castilla el Domingo, 30 de Noviembre 2014 a las 11:41

Después de un plazo quizá un poco largo, vuelvo a la revisión de la evolución histórica de la ciencia y la tecnología que vengo haciendo en este blog. Continuamos con los avances en ese terreno que tuvieron lugar en el siglo XIX, ocupándonos ahora de la electricidad y el electromagnetismo. Recuerdo que anteriormente nos hemos ocupado de las explicaciones científicas del calor y de la aparición de la termodinámica como disciplina, un hecho que siguió primero, y acompañó después, a la invención y desarrollo de la máquina de vapor y a sus aplicación a tareas muy diversas. Mantenemos que tanto estos dos procesos como el del atomismo, o explicación atómica de la materia que analizaremos más adelante, contribuyeron a la aparición de una nueva cosmovisíón en el mundo, o lo que es lo mismo, a una nueva mentalidad en los hombres y a unas nuevas ideas e interpretaciones sobre lo que somos y hacemos en este universo.


ELECTROMAGNETISMO. SU CONTRIBUCIÓN A UNA NUEVA COSMOVISIÓN
Continuamos en este post comentando los avances científicos y tecnológicos del siglo XIX, que fueron muchos e importantes. Todos resultaron destacados pero si hay alguno excepcionalmente notable fue el descubrimiento del electromagnetismo y la creación de los primeros generadores de electricidad y primeros motores eléctricos. Figura central en ello fue el químico y físico británico Michael Faraday (1791 – 1867), hombre notable donde los haya, al que se debe la creación del Electromagnetismo y de la Electroquímica como disciplinas científicas. Son dos áreas de conocimientos y de actividad científica relacionadas con fenómenos naturales difíciles de manejar porque dichos fenómenos son entre otras cosas invisibles y sólo pueden identificarse por sus efectos. Ninguna de las dos materias existía antes de Faraday y las dos han tenido un impacto espectacular en las vidas de los hombres y en sus sociedades.

Quiero recordar una vez más en relación con estos avances científicos y tecnológicos y nuestra referencia a ellos, que no estamos compitiendo en este blog con los innumerables y excelentes manuales de historia de la ciencia que existen en español, inglés, francés y otros idiomas. Nos interesa más bien detenernos en cómo la curiosidad de ciertas personas, científicos, tecnólogos, ingenieros y artesanos, permitió a lo largo de la historia el descubrimiento de ciertos fenómenos naturales, no evidentes, como es el electromagnetismo, y cómo los fenómenos, sus leyes y sus aplicaciones prácticas cambiaron la vida de los hombres y sus mentalidades.

Nos gustaría siempre en ese empeño de ver cómo el pensamiento del hombre ha ido, no sólo conociendo y explicando el mundo en el que habita, sino cambiando su naturaleza, creando el mundo artificial en el que vivimos y generando las ideas que compartimos, arrastrar las cuatro capacidades básicas del hombre: la manual, técnica o tecnológica; la estética o artística; la intelectual o filosófica; y la científica.

Pero volviendo al electromagnetismo debo decir que éste no surge de pronto en el siglo XIX de la mano de uno o varios personajes notabilísimos con habilidades científicas de primera magnitud como el mencionada Faraday y otros que mencionaremos, entre ellos Maxwell y Hertz. Previamente hubo un largo proceso de estudio de la electricidad estática y de la dinámica, así como atisbos del electromagnetismo propiamente dicho.

El desarrollo de la electricidad está muy bien documentado, ya que, entre otras cosas, es algo relativamente reciente, procede en su versión moderna, como muy tarde, de principios del siglo XVII. Forma parte además de la Revolución Científica, una época en la que se comenzó a pensar y actuar con racionalidad, orden y método y todo quedó registrado y analizado.

Junto con la formulación de la termodinámica constituye el segundo gran avance científico y tecnológico del siglo XIX, con la particularidad de que la termodinámica tuvo un origen más artesanal y tecnológico (*), luego culminados con explicaciones teóricas, y la electricidad tuvo antecedentes científicos que terminaron en grandes aplicaciones prácticas. Se podría decir en ese sentido que los dos fenómenos fueron algo -- sólo algo-- inversos en su evolución. Lo cual los hace muy interesantes para nuestro afán de explicar el mundo que hemos creado los hombres a nuestro alrededor.

Otro de los fenómenos o procesos científicos destacables del siglo XIX fue el atomismo, formulado como hipótesis de constitución de la materia en la antigüedad, pero explicado finalmente con precisión a finales de dicho siglo. Nos referiremos a él más adelante en este blog.

Los tres dan lugar a una nueva cosmovisión, la quinta según mis cálculos, desde el principio conocido de la humanidad. Entendiendo por cosmovisión, las interpretaciones sobre lo que es nuestro mundo, lo que hacemos los hombres en él y lo que terminamos creando y construyendo para vivir y progresar. Las cosmovisiones, según mi propio enfoque, que es distinto a otros, están muy relacionadas con los descubrimientos científicos sobre la naturaleza del mundo, con la evolución del pensamiento de los hombres como consecuencia de ello, y con el mundo tecnológico y físico que terminan creando influidos por dicho pensamiento.
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(*) La máquina de vapor, como hemos dicho en posts anteriores, surgió de la obra de herreros y artesanos (entre ellos Thomas Savery y Thomas Newcomen) pero no dejó de haber una cierta labor “científica” previa relacionada con el estudio del calor de la mano de personajes como, Christiaan Huygens, Robert Boyle, Robert Hooke. Denis Papin y otros como el médico escocés Joseph Black, un pionero de la termodinámica que fue contemporáneo y amigo de James Watt
Adolfo Castilla el Sábado, 29 de Noviembre 2014 a las 11:37

Terminamos con este post el recorrido por las aportaciones de Charles Darwin a la ciencia que hemos realizado a lo largo de los seis últimos. Se trata de una obra típica del siglo XIX ya que Darwin nació al principio de dicho siglo y murió al final. Es un siglo, como hemos dicho en varias ocasiones, muy importante en términos científicos, no sólo por los grandes descubrimientos conseguidos y las teorías científicas formuladas, sino por por la consolidación de la ciencia como actividad humana que se produce en él y por la definitiva definición que se hace del científico e investigador profesional en ese periodo, con particular referencia a Europa. Aprovechamos para hacer un resumen de la teoría de la evolución en el que señalamos cuatro aspectos: 1) la evolución continua de las especies; 2) la adaptación al medio que dirige dicho proceso; 3) el origen común de todas las especies; y 4) la lucha por la vida, la supervivencia y la selección natural, mecanismo a través del cual se produce la evolución misma. Sugerimos además, muy ligeramente, que la teoría de la evolución constituye en sí misma un cambio general en la concepción e interpretación del hombre de su mundo y de lo que él mismo es y hace en él, Una interpretación que junto con otras concepciones del siglo XIX relacionadas con la idea de "evolución" va a dar lugar a una nueva cosmovisión. La quinta en nuestra cuenta particular.


La Gran Idea: la evolución se produce por selección natural
Darwin era especialmente hábil, por lo que podemos saber de su obra, en la formulación de hipótesis y en la obtención de síntesis, y por lo demás, muy convincente por la calidad de sus escritos y sus conferencias. A su teoría se la llama hoy Teoría de la Evolución y ni que decir tiene que desde su formulación ha generado ríos de tinta en nuestras sociedades, infinidad de estudios y reflexiones sin fin; ha dado lugar a áreas de estudio y especializaciones; ha dado pie a la creación de instituciones y actividades de todo tipo; y por lo que se refiere a la propia orientación de este blog, contribuido a la creación de una nueva cosmovisión en nuestro mundo.

La idea de la evolución, fue central en el siglo XIX y apareció, como ya hemos dicho en anteriores posts, en varios frentes a la vez: en el de la termodinámica, en el del estudio de la Tierra, en el estudio de los animales y al final del siglo en el propio estudio de la sociedad, con el darwinismo social de Herbert Spencer (1820 - 1903).

Darwin, siguió a Lyell en temas geológicos y se adscribió al uniformismo en cuanto a los cambios geológicos en el planeta Tierra, es decir, a cambios continuos a través de los años y contando con larguísimos periodos de tiempo. La Tierra y su naturaleza “evolucionan de forma continua”. Esta idea la aplicó él a los animales y a la vida en general, aunque hay que decir que en su famoso libro evitó todo lo que pudo la referencia al entonces controvertido término “evolución”, así como al hombre mismo, tema que trató en un libro posterior. Esto no evitó que la gente entendiera que según las teorías de Darwin el hombre procedía del mono, lo que le costó grandes críticas y burlas de la sociedad de su tiempo.

Sus observaciones y datos sobre la evolución de las especies, sin embargo, fueron indiscutibles y sus hipótesis sobre la adaptación al medio incuestionables.

La adaptación de las especies a su entorno, por tanto, fue su segunda gran hipótesis, demostrada ampliamente por evidencias como los fósiles y otras. Una cita del comienzo de su libro, El origen de las especies, tomada de Wikipedia lo deja claro:

“Como de cada especie nacen muchos más individuos de los que pueden sobrevivir, y como, en consecuencia, hay una lucha por la vida, que se repite frecuentemente, se sigue que todo ser, si varía, por débilmente que sea, de algún modo provechoso para él bajo las complejas y a veces variables condiciones de la vida, tendrá mayor probabilidad de sobrevivir y, de ser así, será naturalmente seleccionado. Según el poderoso principio de la herencia, toda variedad seleccionada tenderá a propagar su nueva y modificada forma”

Una cuestión más fue la del origen común de todas las especies. Darwin fue claro al respecto: no creía y así lo escribió, que las especies se hubieran creado por separado. Todas tenían un origen común si nos vamos atrás en el tiempo hasta las bacterias y los virus del caldo primigenio en el que nació la vida. Los animales proceden todos de un tronco común. La vida era, para Darwin, un árbol frondoso.

Y, por último, la Gran Idea, su “Eureka”: la selección natural. Ese gran paso fue la identificación del mecanismo a través del que la evolución procede. Darwin concibió, al parecer leyendo a Malthus, como ya se ha dicho, que la lucha por la supervivencia era el mecanismo y que en esa lucha vence el más apto, o el que más oportunidades consigue para reproducirse. Lectura que al parecer hizo en 1938, dos años después de volver de su viaje y con sólo 29 años de edad. Exactamente 21 años antes de que su libro fuera publicado, tiempo en el que siguió investigando, haciendo experimentos y reflexionando.

Una obra grandiosa hecha sin conocimientos fundamentales inexistentes en el siglo XIX, como los genes y la genética, o existentes pero que no se difundieron en aquella época, como las leyes de la herencia de Gregor Mendel (1822 - 1884), publicadas en 1866, de las que al parecer Darwin recibió una copia que no llegó a leer.

Esas leyes y otros conocimientos han hecho que la teoría actual de la evolución quede plasmada en tres principios fundamentales:

1.- Variación genética susceptible de ser heredada
2.- Sobreproliferación a partir de los progenitores
3.- Mejor adaptación al entorno de los descendientes con éxito. (Ver Peter Atkins (nacido en 1940))

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Peter Atkins, El dedo de Galileo. Las diez grandes ideas de la ciencia. Espasa Calpe, Madrid, 2003
Adolfo Castilla el Sábado, 9 de Agosto 2014 a las 16:32

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Editado por
Adolfo Castilla
Adolfo Castilla
Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN,
Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Consejo Editorial de Tendencias21, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.

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