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CIENCIA Y TECNOLOGÍA

 



Seguimos rastreando en este post los avances científicos y tecnológicos de los últimos siglos tratando de encontrar pautas que expliquen cómo las ideas más abstractas que surgen en la mente del hombre se relacionan con la búsqueda de leyes científicas sobre los fenómenos naturales, con los desarrollos tecnológicos a que dan lugar dichas leyes y con el impacto de dichos avances en la sociedad. Hemos llamado a las concepciones e interpretaciones que los hombres terminan adquiriendo de todo ello, "cosmovisiones", y vamos detrás de su explicación y de su papel en el mundo que terminamos creando. En el post anterior comenzamos a revisar el caso de la electricidad y del electromagnetismo, uno de los avances más espectaculares de la humanidad, llevado a cabo en el siglo XIX, En éste continuamos con dicha revisión deteniéndonos en las primeras etapas relacionadas con la electricidad estática.


ELECTRICIDAD ESTÁTICA
Mi idea es que en el siglo XIX el hombre descubre que el mundo en el que habita es distinto de lo que creía que era y mucho más complejo. La termodinámica nos aporta la idea de entropía, según la cual el mundo no es estable sino que decae, se enfría y tiende al desorden. La electricidad y el electromagnetismo nos muestran que existen fuerzas ocultas en la naturaleza que no vemos pero de las que conocemos sus efectos y podemos aprender a explicar, controlar y aplicar. Y el atomismo nos habla, por fin, de la profundidad y complejidad de la materia llevándonos a creer en el “infinito en todas direcciones”. Existen, como es lógico, otros avances en dicho siglo, por ejemplo en química y en el conocimiento de la fisiología humana, pero los tres mencionados relacionados los tres con la Física son, en mi opinión, los que más hicieron cambiar la mentalidad del hombre.

Algunos no creen que exista lo mágico en nuestro mundo, pero el electromagnetismo nos lo recuerda una y otra vez. Es lo que nos permite, por ejemplo, el descenso y anclaje del módulo Philae en el cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko bajando desde la sonda espacial Rosetta que fue enviada al espacio hace diez años y que orbita hoy alrededor de dicho cometa. Desde allí nos envía, mediante ondas electromagnéticas, información diversa sobre los arcanos de la vida y el universo.

Tendremos que ponernos de acuerdo en cuanto al significado de lo mágico, pero es desde luego cierto que si un hombre que hubiera vivido a finales del siglo XIX volviera hoy a la vida encontraría que todo es mágico en nuestro mundo. Se entiende también muy bien que Arthur C. Clarke, en su famosa tercera ley dijera que: “Toda tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia”.

Pero volviendo a la electricidad y al electromagnetismo, debemos recordar que ciertos fenómenos magnéticos y eléctricos eran conocidos desde la antigüedad y que fue hacia 1600 cuando algunos personajes notables, científicos incipientes en aquellos años que entonces eran llamados filósofos naturales, decidieron analizar y reflexionar sobre las propiedades del ámbar, los relámpagos, el fuego de San Telmo y la capacidad de ciertos peces para cazar a sus presas, que hoy llamamos descargas eléctricas.

Fue el médico inglés Wlliam Gilbert (1544 – 1603) quien casi al final de su vida, en 1600, escribió, De Magnete, Magneticisque Corporibus, et de Magno Magnete Tellure; Physiologia noua, plurimis & argumentis, & experimentis demostrata, conocido popularmente como "De Magnete". La verdad es que siendo un médico famoso distinguido por los reyes de Inglaterra, dedicó su vida a muchas otras materias, particularmente la física en general y el magnetismo en particular, tema, este último, al que dedicó muchos años de estudio y trabajos diversos.

Gilbert es uno de los primeros filósofos naturales a los que se podría llamar científicos, ya que fue riguroso y sistemático en sus estudios y combinó la observación detallada de los fenómenos de la naturaleza con la formulación de hipótesis alternativas y la experimentación. Veinte años mayor que Galileo y fallecido a una edad más temprana, su obra fue muy destacada y comparable en algunos aspectos a la de este italiano, padre de la ciencia, aunque no haya llegado a ocupar un lugar tan señalado en la historia de la ciencia.

Experimentó con la electroestática y el magnetismo y definió como fuerza eléctrica a la atracción que se producía al frotar con seda objetos hechos con sustancias tales como el ámbar o el cristal. Distinguió entre materiales conductores y materiales aislantes e ideó el primer electroscopio.

Dedicó más atención al magnetismo que a la electricidad aunque fue el que introdujo el término “eléctrico”. A pesar de la importancia de su obra en este terreno, sus estudios quedaron sin continuidad durante algo más de un siglo. Hubo que esperar de hecho a la década de 1730 para que se volviera a prestar atención a la electricidad estática. El francés Charles Du Fay (1698 – 1739) hacia mediados de esa década sugirió que había dos tipos de electricidad o dos tipos de cargas eléctricas, a las que llamó positivas y negativas. Descubrió además que las cargas del mismo signo se repelen y las de signo contrario se atraen.

Se apoyó en los trabajos del experimentador inglés Stephen Gray (1670 – 1736) quien había transmitido o trasladado la influencia eléctrica estática de un extremo a otro de una barra y había aislado objetos cargados de electricidad. Dufay llegó a cargar de electricidad el cuerpo de un hombre aislado y suspendido con cintas de seda y consiguió que de él saltaran chispas. Imaginó una teoría según la cual la electricidad se describía en términos de dos fluidos diferentes (ver John Gribbin, Historia de la Ciencia) (*).
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(*) John Gribbin, Historia de la Ciencia. 1543 - 2001, Crítica, Barcelona, 2002
Adolfo Castilla el Domingo, 30 de Noviembre 2014 a las 11:41

Después de un plazo quizá un poco largo, vuelvo a la revisión de la evolución histórica de la ciencia y la tecnología que vengo haciendo en este blog. Continuamos con los avances en ese terreno que tuvieron lugar en el siglo XIX, ocupándonos ahora de la electricidad y el electromagnetismo. Recuerdo que anteriormente nos hemos ocupado de las explicaciones científicas del calor y de la aparición de la termodinámica como disciplina, un hecho que siguió primero, y acompañó después, a la invención y desarrollo de la máquina de vapor y a sus aplicación a tareas muy diversas. Mantenemos que tanto estos dos procesos como el del atomismo, o explicación atómica de la materia que analizaremos más adelante, contribuyeron a la aparición de una nueva cosmovisíón en el mundo, o lo que es lo mismo, a una nueva mentalidad en los hombres y a unas nuevas ideas e interpretaciones sobre lo que somos y hacemos en este universo.


ELECTROMAGNETISMO. SU CONTRIBUCIÓN A UNA NUEVA COSMOVISIÓN
Continuamos en este post comentando los avances científicos y tecnológicos del siglo XIX, que fueron muchos e importantes. Todos resultaron destacados pero si hay alguno excepcionalmente notable fue el descubrimiento del electromagnetismo y la creación de los primeros generadores de electricidad y primeros motores eléctricos. Figura central en ello fue el químico y físico británico Michael Faraday (1791 – 1867), hombre notable donde los haya, al que se debe la creación del Electromagnetismo y de la Electroquímica como disciplinas científicas. Son dos áreas de conocimientos y de actividad científica relacionadas con fenómenos naturales difíciles de manejar porque dichos fenómenos son entre otras cosas invisibles y sólo pueden identificarse por sus efectos. Ninguna de las dos materias existía antes de Faraday y las dos han tenido un impacto espectacular en las vidas de los hombres y en sus sociedades.

Quiero recordar una vez más en relación con estos avances científicos y tecnológicos y nuestra referencia a ellos, que no estamos compitiendo en este blog con los innumerables y excelentes manuales de historia de la ciencia que existen en español, inglés, francés y otros idiomas. Nos interesa más bien detenernos en cómo la curiosidad de ciertas personas, científicos, tecnólogos, ingenieros y artesanos, permitió a lo largo de la historia el descubrimiento de ciertos fenómenos naturales, no evidentes, como es el electromagnetismo, y cómo los fenómenos, sus leyes y sus aplicaciones prácticas cambiaron la vida de los hombres y sus mentalidades.

Nos gustaría siempre en ese empeño de ver cómo el pensamiento del hombre ha ido, no sólo conociendo y explicando el mundo en el que habita, sino cambiando su naturaleza, creando el mundo artificial en el que vivimos y generando las ideas que compartimos, arrastrar las cuatro capacidades básicas del hombre: la manual, técnica o tecnológica; la estética o artística; la intelectual o filosófica; y la científica.

Pero volviendo al electromagnetismo debo decir que éste no surge de pronto en el siglo XIX de la mano de uno o varios personajes notabilísimos con habilidades científicas de primera magnitud como el mencionada Faraday y otros que mencionaremos, entre ellos Maxwell y Hertz. Previamente hubo un largo proceso de estudio de la electricidad estática y de la dinámica, así como atisbos del electromagnetismo propiamente dicho.

El desarrollo de la electricidad está muy bien documentado, ya que, entre otras cosas, es algo relativamente reciente, procede en su versión moderna, como muy tarde, de principios del siglo XVII. Forma parte además de la Revolución Científica, una época en la que se comenzó a pensar y actuar con racionalidad, orden y método y todo quedó registrado y analizado.

Junto con la formulación de la termodinámica constituye el segundo gran avance científico y tecnológico del siglo XIX, con la particularidad de que la termodinámica tuvo un origen más artesanal y tecnológico (*), luego culminados con explicaciones teóricas, y la electricidad tuvo antecedentes científicos que terminaron en grandes aplicaciones prácticas. Se podría decir en ese sentido que los dos fenómenos fueron algo -- sólo algo-- inversos en su evolución. Lo cual los hace muy interesantes para nuestro afán de explicar el mundo que hemos creado los hombres a nuestro alrededor.

Otro de los fenómenos o procesos científicos destacables del siglo XIX fue el atomismo, formulado como hipótesis de constitución de la materia en la antigüedad, pero explicado finalmente con precisión a finales de dicho siglo. Nos referiremos a él más adelante en este blog.

Los tres dan lugar a una nueva cosmovisión, la quinta según mis cálculos, desde el principio conocido de la humanidad. Entendiendo por cosmovisión, las interpretaciones sobre lo que es nuestro mundo, lo que hacemos los hombres en él y lo que terminamos creando y construyendo para vivir y progresar. Las cosmovisiones, según mi propio enfoque, que es distinto a otros, están muy relacionadas con los descubrimientos científicos sobre la naturaleza del mundo, con la evolución del pensamiento de los hombres como consecuencia de ello, y con el mundo tecnológico y físico que terminan creando influidos por dicho pensamiento.
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(*) La máquina de vapor, como hemos dicho en posts anteriores, surgió de la obra de herreros y artesanos (entre ellos Thomas Savery y Thomas Newcomen) pero no dejó de haber una cierta labor “científica” previa relacionada con el estudio del calor de la mano de personajes como, Christiaan Huygens, Robert Boyle, Robert Hooke. Denis Papin y otros como el médico escocés Joseph Black, un pionero de la termodinámica que fue contemporáneo y amigo de James Watt
Adolfo Castilla el Sábado, 29 de Noviembre 2014 a las 11:37

Terminamos con este post el recorrido por las aportaciones de Charles Darwin a la ciencia que hemos realizado a lo largo de los seis últimos. Se trata de una obra típica del siglo XIX ya que Darwin nació al principio de dicho siglo y murió al final. Es un siglo, como hemos dicho en varias ocasiones, muy importante en términos científicos, no sólo por los grandes descubrimientos conseguidos y las teorías científicas formuladas, sino por por la consolidación de la ciencia como actividad humana que se produce en él y por la definitiva definición que se hace del científico e investigador profesional en ese periodo, con particular referencia a Europa. Aprovechamos para hacer un resumen de la teoría de la evolución en el que señalamos cuatro aspectos: 1) la evolución continua de las especies; 2) la adaptación al medio que dirige dicho proceso; 3) el origen común de todas las especies; y 4) la lucha por la vida, la supervivencia y la selección natural, mecanismo a través del cual se produce la evolución misma. Sugerimos además, muy ligeramente, que la teoría de la evolución constituye en sí misma un cambio general en la concepción e interpretación del hombre de su mundo y de lo que él mismo es y hace en él, Una interpretación que junto con otras concepciones del siglo XIX relacionadas con la idea de "evolución" va a dar lugar a una nueva cosmovisión. La quinta en nuestra cuenta particular.


La Gran Idea: la evolución se produce por selección natural
Darwin era especialmente hábil, por lo que podemos saber de su obra, en la formulación de hipótesis y en la obtención de síntesis, y por lo demás, muy convincente por la calidad de sus escritos y sus conferencias. A su teoría se la llama hoy Teoría de la Evolución y ni que decir tiene que desde su formulación ha generado ríos de tinta en nuestras sociedades, infinidad de estudios y reflexiones sin fin; ha dado lugar a áreas de estudio y especializaciones; ha dado pie a la creación de instituciones y actividades de todo tipo; y por lo que se refiere a la propia orientación de este blog, contribuido a la creación de una nueva cosmovisión en nuestro mundo.

La idea de la evolución, fue central en el siglo XIX y apareció, como ya hemos dicho en anteriores posts, en varios frentes a la vez: en el de la termodinámica, en el del estudio de la Tierra, en el estudio de los animales y al final del siglo en el propio estudio de la sociedad, con el darwinismo social de Herbert Spencer (1820 - 1903).

Darwin, siguió a Lyell en temas geológicos y se adscribió al uniformismo en cuanto a los cambios geológicos en el planeta Tierra, es decir, a cambios continuos a través de los años y contando con larguísimos periodos de tiempo. La Tierra y su naturaleza “evolucionan de forma continua”. Esta idea la aplicó él a los animales y a la vida en general, aunque hay que decir que en su famoso libro evitó todo lo que pudo la referencia al entonces controvertido término “evolución”, así como al hombre mismo, tema que trató en un libro posterior. Esto no evitó que la gente entendiera que según las teorías de Darwin el hombre procedía del mono, lo que le costó grandes críticas y burlas de la sociedad de su tiempo.

Sus observaciones y datos sobre la evolución de las especies, sin embargo, fueron indiscutibles y sus hipótesis sobre la adaptación al medio incuestionables.

La adaptación de las especies a su entorno, por tanto, fue su segunda gran hipótesis, demostrada ampliamente por evidencias como los fósiles y otras. Una cita del comienzo de su libro, El origen de las especies, tomada de Wikipedia lo deja claro:

“Como de cada especie nacen muchos más individuos de los que pueden sobrevivir, y como, en consecuencia, hay una lucha por la vida, que se repite frecuentemente, se sigue que todo ser, si varía, por débilmente que sea, de algún modo provechoso para él bajo las complejas y a veces variables condiciones de la vida, tendrá mayor probabilidad de sobrevivir y, de ser así, será naturalmente seleccionado. Según el poderoso principio de la herencia, toda variedad seleccionada tenderá a propagar su nueva y modificada forma”

Una cuestión más fue la del origen común de todas las especies. Darwin fue claro al respecto: no creía y así lo escribió, que las especies se hubieran creado por separado. Todas tenían un origen común si nos vamos atrás en el tiempo hasta las bacterias y los virus del caldo primigenio en el que nació la vida. Los animales proceden todos de un tronco común. La vida era, para Darwin, un árbol frondoso.

Y, por último, la Gran Idea, su “Eureka”: la selección natural. Ese gran paso fue la identificación del mecanismo a través del que la evolución procede. Darwin concibió, al parecer leyendo a Malthus, como ya se ha dicho, que la lucha por la supervivencia era el mecanismo y que en esa lucha vence el más apto, o el que más oportunidades consigue para reproducirse. Lectura que al parecer hizo en 1938, dos años después de volver de su viaje y con sólo 29 años de edad. Exactamente 21 años antes de que su libro fuera publicado, tiempo en el que siguió investigando, haciendo experimentos y reflexionando.

Una obra grandiosa hecha sin conocimientos fundamentales inexistentes en el siglo XIX, como los genes y la genética, o existentes pero que no se difundieron en aquella época, como las leyes de la herencia de Gregor Mendel (1822 - 1884), publicadas en 1866, de las que al parecer Darwin recibió una copia que no llegó a leer.

Esas leyes y otros conocimientos han hecho que la teoría actual de la evolución quede plasmada en tres principios fundamentales:

1.- Variación genética susceptible de ser heredada
2.- Sobreproliferación a partir de los progenitores
3.- Mejor adaptación al entorno de los descendientes con éxito. (Ver Peter Atkins (nacido en 1940))

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Peter Atkins, El dedo de Galileo. Las diez grandes ideas de la ciencia. Espasa Calpe, Madrid, 2003
Adolfo Castilla el Sábado, 9 de Agosto 2014 a las 16:32

Nos detenemos algo en este post en presentar la dimensión de Darwin como científico. Para los ingleses uno de los más grandes del mundo de todas las épocas, según se puede deducir del hecho de que fue uno de los cinco personajes del siglo XIX no perteneciente a la realeza del Reino Unido, que fue honrado con funerales de Estado y sepultado en la Abadía de Westminster. Se aprovecha para recordar lo que es la ciencia y lo que son los científicos y para destacar que Darwin era en todos los sentidos un científico excepcional. Se hace referencia al método científico y a su creador René Descartes así como al introductor del método inductivo, Francis Bacon.


Darwin como científico
Las últimas consideraciones hechas en el post anterior permiten detenernos algo en la labor de la ciencia y la de los científicos. Se terminaba en dicho post diciendo que Darwin al igual que otros científicos conocidos, no había demostrado su teoría, pudiéndose entender de ello la dudosa calidad como científico de esta gran figura de la humanidad.

Contrariamente a ello Darwin pasa por ser uno de los grandes científicos de todas las épocas y sus aportaciones se sitúan entre las más destacadas de la historia. La ciencia, no lo olvidemos, es el conocimiento adquirido de hechos objetivos y observables -- en principio o en su planteamiento más ortodoxo -- , a través del análisis, la observación, la medición, el razonamiento estructurado y la experimentación siempre que ésta sea posible. Su objetivo es encontrar la homogeneidad entre fenómenos distintos y los patrones de funcionamiento que los rigen, estableciendo de esto último leyes generales que todo el mundo acepte y que soporten la prueba de la “falsabilidad” o refutabilidad. La ciencia produce teorías sobre la naturaleza y los componentes físicos de nuestro mundo, las cuales deben permitir la formulación de métodos de actuación y técnicas que faciliten las aplicaciones prácticas. “No hay nada más práctico que una buena teoría” es una frase que se le atribuye a Bertrand Russel.

Para formular teorías explicativas de los fenómenos naturales es necesario tener imaginación y creatividad, y disponer de la habilidad de saber formular hipótesis, a veces excéntricas, así como ser capaces de obtener síntesis de lo observado, analizado, medido, demostrado y experimentado. La posibilidad de experimentación va unida a la ciencia misma, siendo muy importante que los científicos prueben, diríamos que todos los que quieran, repitiendo experimentos que demuestren las teorías establecidas.

Como es sabido, en la ciencia se aplica el método científico, el cual es definido por el Oxford English Dictionary, como: «un método o procedimiento que ha caracterizado a la ciencia natural desde el siglo XVII, que consiste en la observación sistemática, medición, experimentación, la formulación, análisis y modificación de las hipótesis».

Platón, Aristóteles y otros filósofos antiguos creían en el método y buscaban las causas de los fenómenos y las leyes que los regían, pero no fue hasta la Edad Moderna y con Descartes (1596- 1650) y su libro Discurso del Método, cuando se establecieron las “reglas del método” (título del capítulo IV de dicho libro) para “dirigir bien la razón y buscar la verdad en las ciencias”. Junto a él hay que mencionar al inglés Francis Bacon (1561 – 1626) que consolidó el método inductivo deducido del empirismo. Y antes de ellos hay que recordar la obra de precursores de dicho método como da Vinci, Copérnico, Brahe, Kepler o Galileo. Después, la ciencia y los descubrimientos científicos se vieron fuertemente ayudados por el método científico en cuestión.

Darwin fue un personaje excepcional en relación con todas esas dimensiones. Disponía de una curiosidad extrema por la naturaleza, primero en relación con la Tierra y su estudio, la Geología, que se formó como ciencia moderna a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX; luego por lo animales que la habitan, o Zoología, que también se desarrolló en aquellas épocas de la mano de naturalistas ya mencionados en este blog; y, por fin, por los restos fósiles, o Paleontología (estudio del pasado de la vida en la Tierra a través de los fósiles), que él mismo contribuyó a crear.

Era un observador de primera categoría y un analista riguroso de fenómenos geológicos, zoológicos y de otros tipos, que prestaba atención a los detalles y buscaba la explicación de las cosas. Como todo buen científico veía en la realidad lo que muchos no ven y se fijaba en aspectos en los que muchos no reparan.

Sus notas durante el viaje de la Beagle, y a lo largo de toda su vida, son monumentos de recopilación de información y de argumentación, y el acopio que hizo de especímenes, muestras de fósiles y elementos muy diversos, fue extraordinario en los cinco años de su viaje, lo que permitió una oleada de investigaciones basada en ellos a su vuelta a Inglaterra en 1836. No dejó de hacerlo durante toda su vida, y en sus últimos años, cuando ya gozaba de una fama impresionante y era una figura internacional, siguió obsesionado con sus observaciones y haciendo investigaciones profundas sobre, por ejemplo, las lombrices de su propio jardín.
Adolfo Castilla el Viernes, 8 de Agosto 2014 a las 17:58

Damos con el presente post un paso más en el recorrido breve de la obra de Darwin y su teoría sobre la evolución de las especies. Sobre la evolución misma y la adaptación de los seres vivos a su entorno había acumulado Darwin muchos casos concretos y muchos datos a lo largo de su vida, pero sobre el proceso mismo de cómo se produce la adaptación parece que sus ideas se concretaron al final de sus reflexiones y se debieron en parte a la lectura de la obra del economista Thomas Malthus. Surgieron en él las ideas de la supervivencia y la lucha por la vida, de la que salían victoriosos los más aptos, o, mejor dicho, los mejores adaptados al entorno.


Darwin: la concepción definitiva de su teoría
Para la concepción definitiva de su teoría Darwin recibió un gran impulso de la obra del economista Thomas Malthus (1766-1834) editada de forma anónima desde 1798 y que al parecer Darwin leyó en su sexta edición. Este autor señaló que las poblaciones humanas crecen en proporción geométrica de lo cual se obtuvo una impresión pesimista de la economía, en el sentido de que todos los esfuerzos a realizar para mejorar la suerte de las clases trabajadoras estaban condenados al fracaso. Cuando las condiciones mejoraban el crecimiento de la población era mayor y eso volvía a crear situaciones de superpoblación con desempleo, hambre y miseria.

Darwin concibió una teoría explicativa distinta y consideró que la presión demográfica lleva a la lucha por la supervivencia (o lucha por reproducirse), lo cual es conseguido por los individuos mejor adaptados (o más aptos). El núcleo de su teoría en definitiva, es que las diversidad en la naturaleza se debe a modificaciones acumuladas por la evolución en sucesivas generaciones y que las especies pueden tener un origen común, además de considerar que dichas modificaciones se obtienen por selección natural o por lucha por la supervivencia dentro de cada especie.

En la publicación definitiva de la obra cumbre de Darwin tuvo un papel especial la obra paralela de Alfred Russel Wallace (1823-1913) , un naturalista excepcional y hombre de acción, de gran nobleza por lo que de él se conoce, que concibió una teoría similar a la de Darwin al que le envió un escrito completo con ella cuando nuestro autor estaba terminando su libro. Como ya sabía de ella y temeroso de que Wallace se adelantara en su publicación Darwin se concentró en terminar su propia obra pero antes fue muy justo con Wallace y envió un informe a Lyell en el que reconocía la sorprendente coincidencia de la teoría de Wallace con las suya y su aparente anticipación sin contar, desde luego, el manuscrito que Darwin redactó en 1842.

Todo se arregló de buena manera y Wallace mismo se declaró toda su vida un darwinista y aceptó de buen grado la maniobra orquestada por Lyell y Joseph Hooker (1817 -1911) para proteger a Darwin, consistente en hacer una publicación previa al libro básico de Darwin en la que se incluyó el trabajo de Wallace y el inicial de Darwin de 1842. Tal publicación se hizo sin consultar con Wallace a pesar de lo cual este último estuvo encantado con la misma.

La teoría de la evolución tal como fue formulada por Wallace y, particularmente por Darwin, que en su libro da infinidad de argumentos, muestra multitud de ejemplos y analiza infinidad de hechos, ha sido perfeccionada en el transcurso de los años y hoy existe lo que se llama “síntesis evolutiva moderna” o "neodarwinismo". Es una teoría actualizada por aportaciones posteriores tales como, como la teoría genética de Gregor Mendel (1822 - 1884) como base de la herencia biológica, la mutación genética aleatoria como fuente de variación y la genética de poblaciones de corte matemático.

Para nuestro objetivo de conocer cómo surgen los conocimientos y cómo las nuevas interpretaciones a medida que se difunden en la sociedad llevan a un nuevo mundo, el ejemplo de la teoría de la evolución desarrollada a lo largo del siglo XIX es realmente importante.

Por un lado vemos cómo la mente del hombre evoluciona y se perfecciona; por otro comprobamos cómo los hombres, algunos hombres, son capaces de grandes análisis, grandes síntesis y grandes nuevas hipótesis; y, por otro, y finalmente, comprobamos cómo las nuevas interpretaciones cambian la actitud de los seres humanos en conjunto sobre su mundo.

La posibilidad de que el hombre proceda del mono y de otras formas de vida inferiores, hoy se acepta con naturalidad, a pesar de los creacionistas americanos, pero en su momento fue algo difícil de admitir y que según algunos supuso la tercera gran derrota del hombre como ser superior y especial de la creación.

Por cierto que Darwin ha sido considerado como un gran científico lleno de curiosidad por la naturaleza, con la habilidad de estudiar los detalles más insignificantes de los seres vivos y la capacidad de formular las hipótesis más avanzadas, pero modernamente se insiste en que, como Einstein y otros grandes científicos, no hizo demostraciones ni utilizó el método científico de una manera estricta. A su labor se la denomina hoy en inglés como "experimental thoughts", o "pensamientos experimentales".

Es algo muy importante para nuestra propia visión de las cosas en la que el mundo de las ideas, la subjetividad y la consciencia son tan importantes como los hechos, y es la mente la que en parte crea nuestro mundo, o, al menos, "inventa" las leyes que lo rigen. Una invención a la que contribuyen la intencionalidad, el significado y el propósito que seguramente existe en las cosas mismas.
Adolfo Castilla el Jueves, 31 de Julio 2014 a las 22:58

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Editado por
Adolfo Castilla
Adolfo Castilla
Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN,
Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Consejo Editorial de Tendencias21, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.

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