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CIENCIA Y TECNOLOGÍA

 



Terminamos con este post el recorrido por las aportaciones de Charles Darwin a la ciencia que hemos realizado a lo largo de los seis últimos. Se trata de una obra típica del siglo XIX ya que Darwin nació al principio de dicho siglo y murió al final. Es un siglo, como hemos dicho en varias ocasiones, muy importante en términos científicos, no sólo por los grandes descubrimientos conseguidos y las teorías científicas formuladas, sino por por la consolidación de la ciencia como actividad humana que se produce en él y por la definitiva definición que se hace del científico e investigador profesional en ese periodo, con particular referencia a Europa. Aprovechamos para hacer un resumen de la teoría de la evolución en el que señalamos cuatro aspectos: 1) la evolución continua de las especies; 2) la adaptación al medio que dirige dicho proceso; 3) el origen común de todas las especies; y 4) la lucha por la vida, la supervivencia y la selección natural, mecanismo a través del cual se produce la evolución misma. Sugerimos además, muy ligeramente, que la teoría de la evolución constituye en sí misma un cambio general en la concepción e interpretación del hombre de su mundo y de lo que él mismo es y hace en él, Una interpretación que junto con otras concepciones del siglo XIX relacionadas con la idea de "evolución" va a dar lugar a una nueva cosmovisión. La quinta en nuestra cuenta particular.


La Gran Idea: la evolución se produce por selección natural
Darwin era especialmente hábil, por lo que podemos saber de su obra, en la formulación de hipótesis y en la obtención de síntesis, y por lo demás, muy convincente por la calidad de sus escritos y sus conferencias. A su teoría se la llama hoy Teoría de la Evolución y ni que decir tiene que desde su formulación ha generado ríos de tinta en nuestras sociedades, infinidad de estudios y reflexiones sin fin; ha dado lugar a áreas de estudio y especializaciones; ha dado pie a la creación de instituciones y actividades de todo tipo; y por lo que se refiere a la propia orientación de este blog, contribuido a la creación de una nueva cosmovisión en nuestro mundo.

La idea de la evolución, fue central en el siglo XIX y apareció, como ya hemos dicho en anteriores posts, en varios frentes a la vez: en el de la termodinámica, en el del estudio de la Tierra, en el estudio de los animales y al final del siglo en el propio estudio de la sociedad, con el darwinismo social de Herbert Spencer (1820 - 1903).

Darwin, siguió a Lyell en temas geológicos y se adscribió al uniformismo en cuanto a los cambios geológicos en el planeta Tierra, es decir, a cambios continuos a través de los años y contando con larguísimos periodos de tiempo. La Tierra y su naturaleza “evolucionan de forma continua”. Esta idea la aplicó él a los animales y a la vida en general, aunque hay que decir que en su famoso libro evitó todo lo que pudo la referencia al entonces controvertido término “evolución”, así como al hombre mismo, tema que trató en un libro posterior. Esto no evitó que la gente entendiera que según las teorías de Darwin el hombre procedía del mono, lo que le costó grandes críticas y burlas de la sociedad de su tiempo.

Sus observaciones y datos sobre la evolución de las especies, sin embargo, fueron indiscutibles y sus hipótesis sobre la adaptación al medio incuestionables.

La adaptación de las especies a su entorno, por tanto, fue su segunda gran hipótesis, demostrada ampliamente por evidencias como los fósiles y otras. Una cita del comienzo de su libro, El origen de las especies, tomada de Wikipedia lo deja claro:

“Como de cada especie nacen muchos más individuos de los que pueden sobrevivir, y como, en consecuencia, hay una lucha por la vida, que se repite frecuentemente, se sigue que todo ser, si varía, por débilmente que sea, de algún modo provechoso para él bajo las complejas y a veces variables condiciones de la vida, tendrá mayor probabilidad de sobrevivir y, de ser así, será naturalmente seleccionado. Según el poderoso principio de la herencia, toda variedad seleccionada tenderá a propagar su nueva y modificada forma”

Una cuestión más fue la del origen común de todas las especies. Darwin fue claro al respecto: no creía y así lo escribió, que las especies se hubieran creado por separado. Todas tenían un origen común si nos vamos atrás en el tiempo hasta las bacterias y los virus del caldo primigenio en el que nació la vida. Los animales proceden todos de un tronco común. La vida era, para Darwin, un árbol frondoso.

Y, por último, la Gran Idea, su “Eureka”: la selección natural. Ese gran paso fue la identificación del mecanismo a través del que la evolución procede. Darwin concibió, al parecer leyendo a Malthus, como ya se ha dicho, que la lucha por la supervivencia era el mecanismo y que en esa lucha vence el más apto, o el que más oportunidades consigue para reproducirse. Lectura que al parecer hizo en 1938, dos años después de volver de su viaje y con sólo 29 años de edad. Exactamente 21 años antes de que su libro fuera publicado, tiempo en el que siguió investigando, haciendo experimentos y reflexionando.

Una obra grandiosa hecha sin conocimientos fundamentales inexistentes en el siglo XIX, como los genes y la genética, o existentes pero que no se difundieron en aquella época, como las leyes de la herencia de Gregor Mendel (1822 - 1884), publicadas en 1866, de las que al parecer Darwin recibió una copia que no llegó a leer.

Esas leyes y otros conocimientos han hecho que la teoría actual de la evolución quede plasmada en tres principios fundamentales:

1.- Variación genética susceptible de ser heredada
2.- Sobreproliferación a partir de los progenitores
3.- Mejor adaptación al entorno de los descendientes con éxito. (Ver Peter Atkins (nacido en 1940))

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Peter Atkins, El dedo de Galileo. Las diez grandes ideas de la ciencia. Espasa Calpe, Madrid, 2003
Adolfo Castilla el Sábado, 9 de Agosto 2014 a las 16:32

Nos detenemos algo en este post en presentar la dimensión de Darwin como científico. Para los ingleses uno de los más grandes del mundo de todas las épocas, según se puede deducir del hecho de que fue uno de los cinco personajes del siglo XIX no perteneciente a la realeza del Reino Unido, que fue honrado con funerales de Estado y sepultado en la Abadía de Westminster. Se aprovecha para recordar lo que es la ciencia y lo que son los científicos y para destacar que Darwin era en todos los sentidos un científico excepcional. Se hace referencia al método científico y a su creador René Descartes así como al introductor del método inductivo, Francis Bacon.


Darwin como científico
Las últimas consideraciones hechas en el post anterior permiten detenernos algo en la labor de la ciencia y la de los científicos. Se terminaba en dicho post diciendo que Darwin al igual que otros científicos conocidos, no había demostrado su teoría, pudiéndose entender de ello la dudosa calidad como científico de esta gran figura de la humanidad.

Contrariamente a ello Darwin pasa por ser uno de los grandes científicos de todas las épocas y sus aportaciones se sitúan entre las más destacadas de la historia. La ciencia, no lo olvidemos, es el conocimiento adquirido de hechos objetivos y observables -- en principio o en su planteamiento más ortodoxo -- , a través del análisis, la observación, la medición, el razonamiento estructurado y la experimentación siempre que ésta sea posible. Su objetivo es encontrar la homogeneidad entre fenómenos distintos y los patrones de funcionamiento que los rigen, estableciendo de esto último leyes generales que todo el mundo acepte y que soporten la prueba de la “falsabilidad” o refutabilidad. La ciencia produce teorías sobre la naturaleza y los componentes físicos de nuestro mundo, las cuales deben permitir la formulación de métodos de actuación y técnicas que faciliten las aplicaciones prácticas. “No hay nada más práctico que una buena teoría” es una frase que se le atribuye a Bertrand Russel.

Para formular teorías explicativas de los fenómenos naturales es necesario tener imaginación y creatividad, y disponer de la habilidad de saber formular hipótesis, a veces excéntricas, así como ser capaces de obtener síntesis de lo observado, analizado, medido, demostrado y experimentado. La posibilidad de experimentación va unida a la ciencia misma, siendo muy importante que los científicos prueben, diríamos que todos los que quieran, repitiendo experimentos que demuestren las teorías establecidas.

Como es sabido, en la ciencia se aplica el método científico, el cual es definido por el Oxford English Dictionary, como: «un método o procedimiento que ha caracterizado a la ciencia natural desde el siglo XVII, que consiste en la observación sistemática, medición, experimentación, la formulación, análisis y modificación de las hipótesis».

Platón, Aristóteles y otros filósofos antiguos creían en el método y buscaban las causas de los fenómenos y las leyes que los regían, pero no fue hasta la Edad Moderna y con Descartes (1596- 1650) y su libro Discurso del Método, cuando se establecieron las “reglas del método” (título del capítulo IV de dicho libro) para “dirigir bien la razón y buscar la verdad en las ciencias”. Junto a él hay que mencionar al inglés Francis Bacon (1561 – 1626) que consolidó el método inductivo deducido del empirismo. Y antes de ellos hay que recordar la obra de precursores de dicho método como da Vinci, Copérnico, Brahe, Kepler o Galileo. Después, la ciencia y los descubrimientos científicos se vieron fuertemente ayudados por el método científico en cuestión.

Darwin fue un personaje excepcional en relación con todas esas dimensiones. Disponía de una curiosidad extrema por la naturaleza, primero en relación con la Tierra y su estudio, la Geología, que se formó como ciencia moderna a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX; luego por lo animales que la habitan, o Zoología, que también se desarrolló en aquellas épocas de la mano de naturalistas ya mencionados en este blog; y, por fin, por los restos fósiles, o Paleontología (estudio del pasado de la vida en la Tierra a través de los fósiles), que él mismo contribuyó a crear.

Era un observador de primera categoría y un analista riguroso de fenómenos geológicos, zoológicos y de otros tipos, que prestaba atención a los detalles y buscaba la explicación de las cosas. Como todo buen científico veía en la realidad lo que muchos no ven y se fijaba en aspectos en los que muchos no reparan.

Sus notas durante el viaje de la Beagle, y a lo largo de toda su vida, son monumentos de recopilación de información y de argumentación, y el acopio que hizo de especímenes, muestras de fósiles y elementos muy diversos, fue extraordinario en los cinco años de su viaje, lo que permitió una oleada de investigaciones basada en ellos a su vuelta a Inglaterra en 1836. No dejó de hacerlo durante toda su vida, y en sus últimos años, cuando ya gozaba de una fama impresionante y era una figura internacional, siguió obsesionado con sus observaciones y haciendo investigaciones profundas sobre, por ejemplo, las lombrices de su propio jardín.
Adolfo Castilla el Viernes, 8 de Agosto 2014 a las 17:58

Damos con el presente post un paso más en el recorrido breve de la obra de Darwin y su teoría sobre la evolución de las especies. Sobre la evolución misma y la adaptación de los seres vivos a su entorno había acumulado Darwin muchos casos concretos y muchos datos a lo largo de su vida, pero sobre el proceso mismo de cómo se produce la adaptación parece que sus ideas se concretaron al final de sus reflexiones y se debieron en parte a la lectura de la obra del economista Thomas Malthus. Surgieron en él las ideas de la supervivencia y la lucha por la vida, de la que salían victoriosos los más aptos, o, mejor dicho, los mejores adaptados al entorno.


Darwin: la concepción definitiva de su teoría
Para la concepción definitiva de su teoría Darwin recibió un gran impulso de la obra del economista Thomas Malthus (1766-1834) editada de forma anónima desde 1798 y que al parecer Darwin leyó en su sexta edición. Este autor señaló que las poblaciones humanas crecen en proporción geométrica de lo cual se obtuvo una impresión pesimista de la economía, en el sentido de que todos los esfuerzos a realizar para mejorar la suerte de las clases trabajadoras estaban condenados al fracaso. Cuando las condiciones mejoraban el crecimiento de la población era mayor y eso volvía a crear situaciones de superpoblación con desempleo, hambre y miseria.

Darwin concibió una teoría explicativa distinta y consideró que la presión demográfica lleva a la lucha por la supervivencia (o lucha por reproducirse), lo cual es conseguido por los individuos mejor adaptados (o más aptos). El núcleo de su teoría en definitiva, es que las diversidad en la naturaleza se debe a modificaciones acumuladas por la evolución en sucesivas generaciones y que las especies pueden tener un origen común, además de considerar que dichas modificaciones se obtienen por selección natural o por lucha por la supervivencia dentro de cada especie.

En la publicación definitiva de la obra cumbre de Darwin tuvo un papel especial la obra paralela de Alfred Russel Wallace (1823-1913) , un naturalista excepcional y hombre de acción, de gran nobleza por lo que de él se conoce, que concibió una teoría similar a la de Darwin al que le envió un escrito completo con ella cuando nuestro autor estaba terminando su libro. Como ya sabía de ella y temeroso de que Wallace se adelantara en su publicación Darwin se concentró en terminar su propia obra pero antes fue muy justo con Wallace y envió un informe a Lyell en el que reconocía la sorprendente coincidencia de la teoría de Wallace con las suya y su aparente anticipación sin contar, desde luego, el manuscrito que Darwin redactó en 1842.

Todo se arregló de buena manera y Wallace mismo se declaró toda su vida un darwinista y aceptó de buen grado la maniobra orquestada por Lyell y Joseph Hooker (1817 -1911) para proteger a Darwin, consistente en hacer una publicación previa al libro básico de Darwin en la que se incluyó el trabajo de Wallace y el inicial de Darwin de 1842. Tal publicación se hizo sin consultar con Wallace a pesar de lo cual este último estuvo encantado con la misma.

La teoría de la evolución tal como fue formulada por Wallace y, particularmente por Darwin, que en su libro da infinidad de argumentos, muestra multitud de ejemplos y analiza infinidad de hechos, ha sido perfeccionada en el transcurso de los años y hoy existe lo que se llama “síntesis evolutiva moderna” o "neodarwinismo". Es una teoría actualizada por aportaciones posteriores tales como, como la teoría genética de Gregor Mendel (1822 - 1884) como base de la herencia biológica, la mutación genética aleatoria como fuente de variación y la genética de poblaciones de corte matemático.

Para nuestro objetivo de conocer cómo surgen los conocimientos y cómo las nuevas interpretaciones a medida que se difunden en la sociedad llevan a un nuevo mundo, el ejemplo de la teoría de la evolución desarrollada a lo largo del siglo XIX es realmente importante.

Por un lado vemos cómo la mente del hombre evoluciona y se perfecciona; por otro comprobamos cómo los hombres, algunos hombres, son capaces de grandes análisis, grandes síntesis y grandes nuevas hipótesis; y, por otro, y finalmente, comprobamos cómo las nuevas interpretaciones cambian la actitud de los seres humanos en conjunto sobre su mundo.

La posibilidad de que el hombre proceda del mono y de otras formas de vida inferiores, hoy se acepta con naturalidad, a pesar de los creacionistas americanos, pero en su momento fue algo difícil de admitir y que según algunos supuso la tercera gran derrota del hombre como ser superior y especial de la creación.

Por cierto que Darwin ha sido considerado como un gran científico lleno de curiosidad por la naturaleza, con la habilidad de estudiar los detalles más insignificantes de los seres vivos y la capacidad de formular las hipótesis más avanzadas, pero modernamente se insiste en que, como Einstein y otros grandes científicos, no hizo demostraciones ni utilizó el método científico de una manera estricta. A su labor se la denomina hoy en inglés como "experimental thoughts", o "pensamientos experimentales".

Es algo muy importante para nuestra propia visión de las cosas en la que el mundo de las ideas, la subjetividad y la consciencia son tan importantes como los hechos, y es la mente la que en parte crea nuestro mundo, o, al menos, "inventa" las leyes que lo rigen. Una invención a la que contribuyen la intencionalidad, el significado y el propósito que seguramente existe en las cosas mismas.
Adolfo Castilla el Jueves, 31 de Julio 2014 a las 22:58

Continuamos en este post dando datos sobre la vida y la obra de Charles Darwin que contribuyen a explicar cómo se fue gestando en su mente la teoría que lo hizo famoso sobre el origen de las especies y la lucha por la vida. Nos detenemos ahora en su viaje de cinco años de duración en la HMS Beagle, un viaje científico en el que acumuló importantes experiencias, multitud de datos e infinidad de reflexiones. Lo más destacado puede que fuera las transformaciones que observó en pájaros y otros animales las cuales desarrollaron en él la idea de "adaptación". Más adelante, según veremos en el próximo post, se le ocurrirá la idea de "selección natural".


La evolución de los seres vivos mediante el proceso de selección natural
Darwin, como se sabe, embarcó con menos de 23 años en el HMS Beagle, un velero de tres mástiles con 27 metros de eslora, que zarpó en su segunda expedición científica, ésta alrededor del mundo, el 27 de diciembre de 1831, a las órdenes de comandante Robert Fitz-Roy. Barco y comandante que han pasado a la posteridad por llevar con ellos al joven naturalista al que dedicamos estas entregas.

Un joven brillante pero que no terminó medicina en contra del deseo de su padre y que como muchos otros grandes personajes vivió alegre y despreocupadamente hasta que encontró su propio camino científico. Fue la geología por donde empezó, terreno en el que siempre se consideró deudor de Charles Lyell, del que fue amigo andando el tiempo y con el que formó un círculo de grandes científicos cercanos a la Royal Society.

Los cinco años en la Beagle no fueron, frente a lo que pueda parecer, cinco años embarcado, sino que Darwin pasó mucho tiempo en tierra visitando muchas zonas del mundo con particular referencia a América del Sur. Se interesó por la geología de esos parajes, pero entró también en la zoología de la zona, incluida la impresionante experiencia de las Islas Galápagos. La evolución de las especies y su adaptación al medio, de una isla a otra en concreto, fue para él muy revelador.

Relacionado con su viaje y con todas las lecturas que realizó y toda la información que recogió, conviene mencionar al español Félix de Azara (1742 – 1821), militar, ingeniero, explorador, cartógrafo, antropólogo, humanista y naturalista español al que Darwin menciona un número de veces en su obra cumbre, de largo y significativo título: Sobre el origen de las especies mediante la selección natural, o la subsistencia de las razas mejor dotadas en la lucha por la vida.

Azara fue un científico amateur como tantos otros de la época, pero publicó varios libros importantes como Apuntamientos sobre la historia natural de los quadrúpedos del Paraguay y Río de la Plata (Madrid, 1802) o Apuntamientos para la historia natural de las Paxaros del Paraguay y Rio de la Plata (tres volúmenes, Madrid, 1802-1805) que fueron traducidos al francés y gozaron de cierta difusión en Europa.

Darwin conocía estas publicaciones y otros trabajos de Azara, pero John Gribbin, autor del libro Historia de La Ciencia 1543-2001 (Crítica, Barcelona, 2001), que utilizamos aquí junto con otros, no lo menciona en absoluto. Tampoco lo hace, y esto es más grave, otro de los manuales empleados, Historia de la ciencia (Editorial Espasa Calpe, Madrid, 2007), de los españoles Javier Ordóñez, Víctor Navarro y José Manuel Sánchez Ron.

El joven científico comenzó a ser conocido en Inglaterra antes incluso de volver de su viaje el 2 de octubre de 1836. De eso fueron responsables la calidad literaria y científica de lo que escribía; la labor de difusión de sus escritos llevada cabo por su mentor y maestro, John Stevens Henslow (1796 – 1861), un religioso anglicano, botánico, y geólogo; y las inversiones que realizó su padre con la intención de hacer de él un caballero científico sustentado por sus propios ingresos, como se puede ver en su biografía publicada en Wikipedia. Cosa, esta última, fácil de conseguir en la Inglaterra de la época llena de pasión por los conocimientos científicos y en la que al parecer corría el dinero abundantemente hacia los libros y publicaciones diversas y hacia las conferencias y actos de todo tipo relacionados con dichos conocimientos.

Su Diario del viaje del Beagle fue un éxito total y durante vario años se dedicó a dicho libro, del que se hicieron varias ediciones, y a otros libros de geología, tema sobre el que en 1846 completó su tercera gran publicación. Su interés por la biología y por los invertebrados en particular, sobre los que había trabajado en la Universidad, estaba presente en él y en 1937 concibió la idea de formular una teoría de la evolución, cuestión sobre la que ya entonces Darwin no tenía ninguna duda. Durante años se dedicó a hacer cruces de animales y experimentos con plantas, pero a partir de 1946, preocupado por ser más conocido como geólogo que como biólogo, y para atraer atención a sus teorías sobre la evolución, comenzó a hacer esfuerzos de investigación importantes sobre los cirrópodos, utilizando en parte materiales que había traído de América del Sur. Su obra capital quedó terminada en 1854 en tres grandes volúmenes. (Ver Gribbin página 290). Su título completo, como ya se ha dicho, fue: On the Origin of Species by Means of Natural Selection, or the Preservation of Favoured Races in the Struggle for Life
Adolfo Castilla el Miércoles, 30 de Julio 2014 a las 22:48

Seguimos tratando brevemente en este post la vida y obra de Charles Darwin el padre de la famosa teoría de la evolución de las especies y del mecanismo de lucha por la supervivencia o selección natural. Nos detenemos en las ideas previas sobre la evolución que existían en su época y en la obra de su propio abuelo paterno que formuló una primera teoría muy similar a la elaborada unos pocos años después por el francés Jean-Baptiste Lamarck. Destacamos el hecho de que Darwin comenzó su actividad científica en el terreno de la geología, ciencia que se estaba formando entonces y en la que tuvo un destacado maestro: Charles Lyell. En este y en otros posts utilizamos varios manuales de historia de la ciencia, como saben los lectores asiduos de este blog. En particular, "Historia de la Ciencia 1543-2001" de John Gribbin; "Historia de la ciencia" de Javier Ordóñez, Víctor Navarro y José Manuel Sánchez Ron; "El dedo de Galileo" de Peter Atkins; y varios otros; además del uso continuo que hacemos de Wikipedia para las vidas y obras de los autores que se mencionan.


Erasmus Darwin
Erasmus Darwin
En el caso de Darwin y de la evolución de las especies se confirma que las ideas surgen en la mente de algunas personas y evolucionan llegando a perfeccionarse en las mentes y las obras de otras personas concretas. Da la impresión de que la mente, o el mundo abstracto de las ideas, evoluciona y se perfecciona a través de personas distintas unidas unas a otras a lo largo del tiempo. Algo así como si la mente, la consciencia y el conocimiento, formaran parte de un mundo único que comparten muchas mentes individuales. Mentes, por otra parte, que han evolucionado en los cerebros de personas determinadas, y en lo relativo al conocimiento de la naturaleza, a través de la curiosidad y la capacidad de análisis, el esfuerzo, la especialización y, sin duda, la habilidad para hacer síntesis y aportar nuevas interpretaciones, de individuos determinados.

Charles Darwin tuvo además una influencia muy cercana, fue la de su propio abuelo paterno, Erasmus Darwin (1731 -1802), un personaje genial donde los haya que escribió sobre medicina, botánica y otros diversos temas, además de ser autor de libros de poesía. Fue partidario del evolucionismo y se adelantó a las ideas expuestas posteriormente por Lamarck.

Además de referirse al tema de la evolución de las especies en diversos libros de poesía previos, por ejemplo, en The Loves of the Plants, en 1794, nada menos que con 63 años, publicó en prosa su libro Zoonomía, con más de 200.000 palabras, y al que siguió un segundo volumen bastante más extenso. Sin llegar a ser un trabajo verdaderamente científico de acuerdo con los estándares actuales, no era tampoco un conjunto de especulaciones y generalidades. Se argumentaban, se daban explicaciones detalladas y se mostraban evidencias de la evolución de las especies tanto animales como vegetales, indicándose cómo en muchos casos los cambios en plantas y animales se había producido por la acción humana con la intención de conseguir mejoras diversas.

Casi en paralelo (y al parecer sin conocimiento mutuo) se produjo la obra destacada, y quizá más científica, de Jean-Baptiste Lamarck (1744-1829), un destacadísimo botánico francés que empezó escribiendo también un libro sobre flora, sobre la flora francesa en particular. Libro muy popular y que dio gran fama a su autor.

Fue un gran naturalista que contribuyó junto con otros ya nombrados como Buffon, Cuvier o Linneo (1707 – 1778) a la sistematización de la Historia Natural y que entre otras cosas introdujo el nombre de “biología” para referirse a la ciencia de los seres vivos. Se le considera además el fundador de la paleontología de los invertebrados.

Fue el primero que formuló una verdadera teoría de la evolución biológica la cual aparece resumida en su gran obra Histoire naturelle des animaux sans vertèbres, publicada en seis volúmenes cuando Lamarck tenía 78 años.

Como parte central de su teoría formula cuatro leyes bastante ciertas salvo la cuarta, en la que se especifica la herencia de las características adquiridas por un ser que son, dice Lamarck erróneamente, transmitidas a sus descendientes. Las cuatro resultan cercanas, sin embargo, a la teoría posterior (más de 40 años posterior) de Charles Darwin.

Nuestro autor de referencia, el gran Charles Darwin, empezó estudiando medicina y descubrió una de las ciencias que se creaba en su época: la geología. Su maestro y fuente de inspiración durante años fue otra luminaria inglesa, Charles Lyell (1797 -1875), abogado y científico, cosa común en la época en la que todavía se estaba formando la ciencia como materia independiente y la profesión de científico prácticamente no existía.

Se le considera uno de los fundadores de la geología moderna y seguidor del que los ingleses consideran el padre de dicha ciencia, el escocés James Hutton (1726 – 1797), y, seguidor también, de sus tesis uniformistas, según las cuales la Tierra se habría formado lentamente y a través de las mismas fuerzas y fenómenos que observamos hoy.

Por cierto que Hutton fue médico, geólogo, naturalista, químico y granjero experimental, a la vez que parte de la Ilustración escocesa que tanto contribuyó a la aparición de la ciencia moderna junto con la francesa, la inglesa y posteriormente la alemana. La combinación de profesiones o tareas nos da muestra, una vez más, del carácter amateur, diríamos hoy, de los primeros científicos, los cuales se movían guiados por la curiosidad y por el conocimiento previo de los avances en distintos terrenos del conocimiento.b[e menciona.
Adolfo Castilla el Martes, 29 de Julio 2014 a las 22:23

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Editado por
Adolfo Castilla
Adolfo Castilla
Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN,
Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Consejo Editorial de Tendencias21, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.

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