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Las civilizaciones antiguas resultan interesantes para comprobar cómo las ideas fueron surgiendo en el hombre. Al principo los individuos se deslumbraron por el mundo que eran capaces de observar a su alrededor. La identificación en el interior de su mente de lo que percibían por los sentidos los llevó a tratar de representarlo y explicarlo. Al princio eran fenómenos automáticos de repetición y más adelante procesos artesanales que aprendían unos de otros mediante la observación y la repetición. El lenguaje y la escritura llegaron pronto en civilizaciones indoeuropeas y quizás anteriormente en orientales como la china
China constituye una civilización con más de 5.000 años a. C. de antigüedad y también son antiguas las civilizaciones diversas de Egipto, Mesopotamia y la India. El lenguaje y la escritura surgieron en esas civilizaciones del pasado, seguramente en paralelo en todas ellas, y se desarrollaron la agricultura, las técnicas de cultivo y los instrumentos diversos de la guerra. En China, particularmente, se desarrolló de manera importante para la época, la astronomía, la literatura, la pintura, la alfarería, las técnicas militares y la administración pública. En los cinco o seis siglos justo anteriores a Cristo en los que se desarrolló la gran cultura griega clásica, China estaba muy avanzada en la utilización del hierro, en la fabricación de arados, en la construcción de ciertas infraestructuras, en la producción de ballestas y de arneses para los caballos y en muchas cosas más. No parece, sin embargo, que los chinos avanzaran mucho en el pensamiento especulativo y en conocimientos tales como la geometría, en los que fueron maestros los griegos.
Los chinos, al igual que los egipcios y otras civilizaciones de la antigüedad, hicieron grandes aportaciones, pero todo parece haber sido de carácter artesanal y a través del método artesanal de copiar y repetir. Se hacían las cosas automáticamente y unos hombres aprendían de otros a través de la observación y la repetición. Los hombres avanzados de la época, por otra parte, desarrollaron la capacidad de la observación. Algunos de ellos observaban su mundo y veían salir el sol, se deslumbraban en la noche con el brillo de las estrellas y tenían consciencia del transcurrir de las estaciones. La idea de los dioses surgió en ellos como una concepción natural: ¡alguien tenía que estar detrás de tanta maravilla! Y, de tanto desastre, por cierto, si contamos con terremotos, tsunamis, diluvios y otras catástrofes. . Los griegos mismos de aquellos siglos (del XI al I a. C. en los que la época de gran esplendor clásico tuvo lugar entre el VI y el I), no obstante, se hubieran sorprendido de los grandes avances tecnológicos chinos y se sorprendieron, sin duda, de la monumentalidad de la civilización egipcia, de las grandes ciudades mesopotámicas, incluida Babilonia, existente en el sur de esa fértil región situada entre los ríos Tigris y Éufrates desde el siglo XVIII a. C. y de los adelantos técnicos y comerciales de los asirios. Pueblo, este último, que existió como imperio desde el año 1.800 a. C y que fue poderoso a partir del 1.200 a. C. en la región situada un poco al oeste de la mencionada Mesopotamia. Parece sin embargo que esas civilizaciones, que, repito, crearon el lenguaje y la escritura, no llegaron a producir el pensamiento especulativo y científico de los griegos. Lo conseguido por los griegos de la antigüedad es, probablemente, lo más espectacular de la historia. Los griegos actuales dicen que la Grecia moderna no ha sido capaz de hacer algo tan grandioso como el Partenón, pero es probable que se pueda decir análogamente que ni los griegos actuales ni ningún otro pueblo en el mundo hasta nuestros días, han sido capaces de crear lo que crearon los griegos, particularmente los de época clásica, en términos de pensamiento y conocimiento. Los griegos crearon la especulación mental, la actividad intelectual, el razonamiento, la lógica, y lo que podría llamarse proto-ciencia, o ciencia sin más. Fueron en este sentido los primeros humanos completos, en los que, probablemente, surgió – o al menos se generalizó-- la consciencia, la capacidad de introspección y el sentido del yo personal tal como los entendemos hoy. Su obra es ingente y se podría decir que lo pensaron todo. Sólo habría que recordar a este respecto que fue el filósofo y matemático británico, Alfred North Whitehead, quien dijo que toda la filosofía de Occidente era sólo una serie de notas a pie de página de la obra de Platón. Occidente procede de Grecia, o es Grecia en un sentido amplio. Desde que el entonces naciente imperio romano la conquistó en el año 124 a. C. su influencia ha sido continua y extensa. La vuelta a la Grecia clásica fue una constante en la Europa medieval y en el Renacimiento y los grandes movimientos intelectuales europeos han surgido de esas sucesivas vueltas al clasicismo griego. Dedicamos los próximos posts a hacer una incursión en la evolución del pensamiento del hombre, tanto el puramente intelectual y filosófico como el científico y tecnológico. Comenzamos por el momento en que las ideas abstractas surgen en la mente del hombre y éste es capaz de reconocerlas y hacer uso de ellas.
Las ideas como mapas o imágenes formadas en el interior del cerebro parecen ser el origen del hombre consciente tal como lo conocemos hoy.
Según los neurocientíficos la evolución del cerebro se ha producido para que los seres vivos puedan adaptarse a su entorno y subsistir. La percepción que tiene lugar a través de ciertos órganos desarrollados en las distintas especies (tacto, oído, visión, gusto etc…) produce con el tiempo neuronas que interpretan las señales recibidas del entorno y que a partir de un número elevado de ellas, y contando con su interconexión, producen circuitos que reproducen o generan de forma continua mapas o imágenes representativas de lo que se percibe. Dichas neuronas y su capacidad de generar imágenes terminan formando la mente, la cual a un primer nivel de desarrollo, no es algo exclusivo de los humanos. Sobre la mente se producirá el proceso menos conocido, y actualmente sometido a intenso estudio, de la construcción de la consciencia y de la aparición del yo personal. Cuando un individuo antiguo de nuestra especie fue capaz de sentir dichas imágenes dentro de sí --muy vagamente al principio-- y utilizarlas para actuar fuera de su propio cuerpo, es cuando algo cercano a nuestras actuales ideas abstractas surgió por primera vez. El hecho de que uno de esos antepasados nuestros comenzara a golpear una piedra de silex contra otra para producir un instrumento afilado con el que cazar mejor, o defenderse, marca el comienzo, de la artesanía (antecedente de lo que hoy llamamos tecnología), y en parte de la ciencia. Posteriormente la mente fue creando ideas más perfeccionadas y surgió la primera inteligencia simbólica, mítica o mágica. Los hombres se hicieron sociales y aprendieron a representar su entorno. Surgió así la pintura en las cavernas y la representación gráfica de los animales con los que los hombres de aquella época convivían. Esa capacidad artística fue el segundo gran paso en la evolución de la mente humana. Tradicionalmente se conecta, como decimos, a la inteligencia mítica, la cual es muy anterior al leguaje, a la escritura y a la inteligencia racional. Las muestras plásticas más antiguas son de hace unos 70 a 80 mil años, pero los paleontólogos dicen que el cerebro del hombre más o menos como el actual surgió hace unos 200 mil años. El lenguaje y la escritura serían avances posteriores en la evolución del cerebro humano. Parece haber por tanto un orden en la evolución que podría ser el siguiente: primero fueron las imágenes o ideas abstractas primigenias, segundo la artesanía o manejo de las manos para hacer utensilios (origen sin duda de la “tecnología” actual), tercero la inteligencia simbólica y el arte, cuarto la inteligencia mágica, quinto la inteligencia mítica, sexto el lenguaje, séptimo la escritura y octavo la especulación intelectual, la racionalidad y la lógica. La consciencia y el yo personal surgieron en algún momento de ese proceso (1). Una de las capacidades originales del hombre, la artesanía, evolucionó durante muchos años en paralelo con el cerebro, la mente y la consciencia. En unos hombres, de hecho, se desarrolló la capacidad de hacer con las manos y en otros la capacidad de pensar y razonar. Ambas, como decimos, proceden de la capacidad de la mente de generar ideas abstractas. La ciencia, por otra parte, puede considerarse parte del último de esos escalones evolutivos que situaremos después en la Grecia clásica, aunque con un sentido moderno puede haber surgido mucho más adelante en la historia de la humanidad. Esas ideas generadas por la mente llevaron, como decimos, a la consciencia y con ella a la posibilidad de que el hombre se hiciera preguntas, primero, sobre el mundo en el que habitaba, y segundo, sobre sí mismo y sus congéneres. La ciencia, pues, va a ser inherente al hombre y a su desarrollo como ser humano. Su misión será la de plantear preguntas y obtener respuestas. Durante muchos años, en un proceso que se nos antoja ahora enormemente lento, el hombre primitivo después de la piedras afiladas de silex, o puede que después de utilizar la quijada de un asno para matar a su hermano, fue aprendiendo más técnicas, digamos que artesanales, e introduciendo todos los instrumentos, herramientas y utensilios que han jalonado su historia. Fue además enseñando a otros a fabricarlos y es a través de la enseñanza, probablemente, como tuvieron lugar saltos adicionales en la evolución de su cerebro. El lenguaje hablado y más adelante el escrito, son ya adquisiciones cercanas a las capacidades actuales del cerebro y la mente de los humanos. En medio, como hemos dicho, aparecieron la inteligencia simbólica y la mítica. _______________________ (1) Una nueva edición del libro clásico sobre la evolución de la consciencia, "Origen y Presente" de Jean Gebser, ATALANTA, Madrid, 2011, ha sido publicado recientemente y se puede encontrar actualmente en las librerías No hay cosa más difícil que definir lo conocido, vivido y practicado. La ciencia y la tecnología son fenómenos, actividades, hechos (hasta indicar de qué se trata es complicado) de nuestro mundo que todos vivimos a diario y de los que experimentamos sus resultados y consecuencias. A pesar de lo complicado que pueda resultar definir estas actividades tan innatas al hombre, lo intentamos en lo que sigue
Resultaría oportuno en las primeras entregas de un blog como el presente definir lo que es ciencia y lo que es tecnología. No rehusamos intentarlo pero es conveniente indicar que definir con precisión lo que son actividades comunes, corrientes y conocidas, en las que todos estamos implicados, resulta con frecuencia, difícil y estéril. En el estudio formal de las ciencias, tanto de las naturales como de las sociales, tales definiciones no son muy utilizadas, esperándose, imagina uno, que el conocimiento de las mismas termine dando idea de lo que son y para qué sirven.
Definir lo que es ciencia es tan complicado, por ejemplo, como definir lo que es economía. Mi experiencia como profesor es que tales cosas no se definen en los estudios formales de estas materias, siendo muy frecuente que los estudiantes consigan un título superior en ciencias naturales o en ciencias sociales sin saber definir de forma precisa lo que es el área de conocimientos en el que se han especializado y en el que, probablemente, han acumulado conocimientos muy diversos. Cuando se entra en la definición de algo común, conocido y utilizado de forma generalizada, se puede caer en la simplificación, o en la solución ingeniosa. En lo que tiene que ver con la economía en eso cayó el gran economista canadiense de origen rumano y con brillante carrera en la Universidad de Chicago en los años anteriores a la Segunda Guerra Mundial, Jacob Viner, quien dijo que “economía es lo que hacen los economistas”. Esta expresión no deja de ser un retruécano pero muestra que muchos años después de practicar la economía los profesionales de la misma seguían preocupados por definirla. El gran economista americano James M. Buchanan, premio Nobel de economía de 1986, por ejemplo, escribió en 1979 un artículo muy popular desde entonces en el que discutía lo que la economía es y lo que los economistas deberían hacer (What Should Economists Do?). Un artículo que posteriormente se transformó en un breve pero interesante libro. La ciencia podría definirse análogamente a la definición de economía como “aquello que hacen los científicos”, pero al hacerlo, caeríamos en el mismo error de Viner: el juego de palabras. De hecho así dice que lo vio escrito en holandés Dennis Flanagan en su libro "La Ciencia ante el Siglo XXI": "Wetenschap is wat Wetenschappers doen". Si de verdad quisiéramos intentar una definición deberíamos tener en cuenta que estas palabras relacionadas con actividades muy amplias, muy conocidas y muy cercanas a todos, suelen tener múltiples acepciones. Entendemos por ciencia, por ejemplo, lo siguiente: a) con la acepción de actividades o fenómenos de nuestras sociedades, llamamos ciencia, al conjunto de actividades relacionadas con la adquisición de conocimientos, su sistematización y su recopilación o almacenamiento; b) con la acepción del objetivo a cumplir, ciencia es la búsqueda de lo que hay de común en fenómenos diversos de nuestro mundo para establecer leyes explicativas de los mismos; y c) con la acepción de método, es una forma de indagación o un proceso mediante el cual se adquieren conocimientos, basada en general la aplicación de un cierto método. Tecnología, por otra parte, no es otra cosa que el conjunto de conocimientos relacionados con las artes industriales (hacer, fabricar, construir…) que posee una sociedad, un pueblo, un conjunto de individuos o, para incluir todo los casos posibles, un individuo aislado. Detrás de una y de otra se encuentran las ideas abstractas, algo genuino del hombre y producto de su cerebro, que surgió en algún miembro de la especie humana hace entre 70 mil y 140 mil años, cuando las hachas de piedra se construyeron de forma repetida golpeando una roca de silex contra otra. Los senderos actuales de la ciencia y la tecnología son múltiples, avanzados y complejos. No por eso podemos dejar de conocerlos, interpretarlos y saber lo que significan para los individuos aislados y para la sociedad en su conjunto. Con ese afán de información y conocimiento abrimos este nuevo blog.
La intención general es dedicarlo a informar, comentar y reflexionar sobre temas científicos y tecnológicos. Pretendemos tratar asuntos novedosos, más relacionados con las fronteras actuales de los conocimientos científicos y tecnológicos y con su futuro que con su pasado y con su evolución histórica. La generación y acumulación de conocimientos científicos y tecnológicos a través del tiempo es un tema enormemente interesante y no digo que no entremos en ello de vez en cuando pero no será ese el enfoque continuado de este nuevo Weblog
Como objetivos generales que guiarán las entregas a realizar hemos establecido, de hecho, los siguientes: 1) situación actual de los conocimientos científicos y de las aportaciones tecnológicas; 2) misión en nuestro mundo de la ciencia y la tecnología; 3) relación e interdependencia entre esas dos áreas de actividad humana; 4) resultados generales obtenidos de la ciencia y la tecnología e impacto económico generado; y 5) consecuencias generales para lo sociedad de todo ello. Por encima de todo existe en nosotros un gran interés por: a) cómo las ideas son generadas de una manera continúa por los hombres, -- por unos más que otros, por supuesto--; b) cómo algunas de esas ideas son o se hacen científicas; c) cómo la ideas tecnológicas surgen y se hacen realidad; y d) cómo, con el tiempo, las ideas globales o interpretaciones generales que el hombre hace sobre su mundo y sus leyes terminan afectando y guiando los conocimientos aportados, los avances tecnológicos y las innovaciones llevadas a cabo. |
Editado por
Adolfo Castilla
Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN,
Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Consejo Editorial de Tendencias21, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija. Blog de Tendencias21 y Fundación Telefónica
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