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Mundo clásico

 

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No soy muy dado a la celebración de los centenarios y mucho menos a dedicarme a conmemorar cualquier acontecimiento que tenga un cifra redonda por el mero hecho de hacerlo. Eso se lo dejo a los profesionales de las conmemoraciones culturales, que para eso cobran. Sin embargo, no quisiera olvidar que en febrero de 2009 se cumplieron los 70 años del fallecimiento de Antonio Machado en Francia. Así pues, he querido traerlo aquí, precisamente, en calidad de admirable lector de Virgilio. ESCRITO POR FRANCISCO GARCÍA JURADO


SI ME OBLIGARAN A ELEGIR UN POETA
Voy a evocar un momento más feliz de la vida de Antonio, los años en que escribió un libro singular sin pretenderlo. Entre 1919 y 1924, Machado estuvo reuniendo notas en un cuaderno que lleva el título de Los complementarios[1]. La recopilación, que se abre significativamente con una cita virgiliana (Ecl. 1,28 candidior postquam tondenti barba cadebat[2]), ofrece luego una emotivo comentario acerca del poeta latino al que siguen cinco versos muy bien escogidos de la Eneida:

“Virgilio. Si me obligaran a elegir un poeta, elegiría a Virgilio. ¿Por sus Églogas? No. ¿Por sus Geórgicas? No. ¿Por su Eneida? No.

1º Porque dio asilo en sus poemas a muchos versos bellos de otros poetas, sin tomarse el trabajo de desfigurarlos.
2º Porque quiso destruir su Eneida ¡tan maravillosa!
3º Por su gran amor a la naturaleza.
4º Por su gran amor a los libros.

Ibant obscuri sola sub nocte per umbram,
perque domos Ditis vacuas, et inania regna;
quale per incertam lunam sub luce maligna
est iter in silvis, ubi caelum condidit umbra
Jupiter, et rebus nox abstulit atra colorem.

Eneida = Canto VI”

(Antonio Machado, Los Complementarios, edición crítica por Domingo Ynduráin, Madrid, Taurus, 1971, p.34 de la transcripción y 14R del cuaderno de Machado)

El texto citado presupone la conciencia por parte de Machado de una arraigada tradición crítica cuyo desarrollo final ha tenido lugar en el siglo XIX. Para empezar, no se decanta por ninguno de los géneros poéticos (épica, poesía pastoril y poesía didáctica) que cultiva Virgilio en sus tres conocidas obras, sino por el poeta en sí, considerado en su unidad por encima de tales géneros. Ante una apreciación como esta no podemos menos que acordarnos de la concepción estética de Benedetto Croce cuando reacciona con su idealismo contra el positivismo de la historiografía literaria[3]. Los cuatro breves comentarios que siguen enumerados contemplan cuatro facetas fundamentales del poeta. La primera ("1º Porque dio asilo en sus poemas a muchos versos bellos de otros poetas, sin tomarse el trabajo de desfigurarlos") concierne a la cuestión, tan propia de la estética romántica, de la originalidad del poeta. Machado invierte por completo el juicio negativo de Virgilio como plagiario para elogiar, precisamente, esta faceta con la bella metáfora de dar asilo a versos ajenos. En segundo lugar, la nota biográfica ("2º Porque quiso destruir su Eneida ¡tan maravillosa!") concierne al viejo problema, ya recogido por los testimonios de las Vitae Vergilianae, de la intención que tuvo el poeta de quemar su poema épico, donde, más allá del hecho en sí, se nos escapan la motivación que empujó al poeta[4]. El tercer apunte ("3º Por su gran amor a la naturaleza"), responde a un asunto crucial de la estética decadente, precisamente cuando rompió con la idea de que el arte fuera una imitación de la naturaleza[5], y merced al cual Huysmans consideró a Virgilio como un poeta doblemente negativo, ya que era paradigma del clasicismo y cantor de las cosas del campo. La cuarta apreciación ("4º Por su gran amor a los libros") nos coloca ante un poeta que es también lector y amante de los libros, al igual que lo es de la naturaleza, sin fisuras entre uno y otro aspecto. Finalmente, los cinco versos que coronan el apunte (Aen. 6, 268-272)[6], suponen el resultado de una lectura personal en la que se ha hecho un loable ejercicio de selección. Resulta curioso que la famosa hipálage del primer verso (Ibant obscuri sola sub nocte), donde el adjetivo obscuri correspondería por sentido lógico al sustantivo nocte, fuera también motivo de admiración para Jorge Luis Borges, que evoca constantemente al poeta latino al final de su vida, como recuerdo indeleble de su adolescencia en Ginebra, que es cuando leyó en la escuela sus versos[7].
Es admirable este pequeño texto por la complejidad que subyace en su aparente simplicidad.
Francisco García Jurado
H.L.G.E.

[1] "Según consta en la primera página del manuscrito fue escrito el cuaderno entre los años 1919-1924 en Madrid y Baeza, lo que no impide que llegue hasta el año 25 y que escribiera en otros lugares." (Domingo Ynduráin, Introducción a Antonio Machado, Los complementarios. Transcripción, Madrid, Taurus, 1971, p.11).
[2] En traducción de Vicente Cristóbal: "cuando, afeitándome, ya más canosa caía mi barba". La cita de Machado al comienzo del cuaderno puede hacer alusión a su propia edad en ese momento.
[3] Elena Arenas Cruz hace un clarificador recorrido por esta delicada cuestión de los géneros en su trabajo "La teoría de los géneros y la historia literaria", en Mª del Carmen Bobes et alii, La historia de la literatura y la crítica, Salamanca, Ediciones Colegio de España, 1999, pp. 159-188.
[4] En este punto, nos parece de obligada lectura el trabajo de José Luis Vidal titulado "Por qué Virgilio quería quemar la Eneida..., si es que quería", publicado en HVMANITAS in honorem Antonio Fontán (Madrid, Gredos, 1992, pp. 479-484). En este trabajo se repasa la cuestión desde los testimonios positivos procedentes de las Vitae hasta la interpretación puramente hermenéutica del novelista Herman Broch en su obra titulada La muerte de Virgilio.
[5] Para este asunto, puede consultarse el documentado trabajo de Hans Robert Hauss titulado "El arte como anti-naturaleza. A propósito del cambio de orientación estética después de 1789", en Darío Villanueva (comp.), Avances en Teoría de la Literatura, Santiago de Compostela, Universidade 1994, pp. 117-148.
[6] En traducción rítmica de Agustín García Calvo, tales versos suenan como sigue:

"Iban oscuros
por bajo la sola noche por entre
sombra y la yerma mansión de Plutón
y el reino vacío,
tal como en luna incierta
bajo la luz hechizada
se entra al bosque,
a la hora que hundió en las sombras el cielo
Júpiter y el color
robó a las cosas la noche."

[7] Carlos García Gual, "Borges y los clásicos de Grecia y Roma", Cuadernos hispanoamericanos 505-507, 1992, p. 341

FRANCISCO GARCÍA JURADO. UNIVERSIDAD COMPLUTENSE
Viernes 30 Octubre 2009
Redactado por Antonio Guzmán el Viernes 30 Octubre 2009 a las 22:05
105votos

Notas

En la Mitología griega el tema de la muerte ha sido fuente de inspiración, reflexión, y también de parodia...
Algunos personajes descendieron al mundo de los muertos y después de regresar a la tierra contaron sus experiencias y lo que vieron en el mundo subterráneo. Entre ellos, están las figuras de HERACLES, ULISES, o el adivino TIRESIAS
Ahora es LUCIANO (mezcla de Swift y Voltaire) quien hace chanzas de este tópico en un pasaje de su obra El VIAJE AL MAS ALLA (EL TIRANO).


EL BARQUERO CARONTE AGUARDA...
Personajes:

Megapentes: ricachón que rehúsa abandonar el mundo de los vivos, aunque le ha llegado su hora.
Cloto: una de las Moiras o Parcas, encargadas de dictaminar sobre la vida de los hombres
Mícilo: un pobre zapatero, ansioso de partir para el otro mundo, a la vista de lo que poco afortunada que es su vida en éste.


CLOTO Embarca tú primero, Megapentes.
MEGAPENTES De ningún modo, soberana Cloto. Déjame regresar al mundo de arriba durante un rato. Y luego yo mismo volveré por mi propia iniciativa, sin que nadie tenga que reclamarme.
CLOTO ¿Por qué quieres volver?
MEGAPENTES Autorízame a que termine de construir mi casa, pues la he dejado a medio hacer.
CLOTO ¡Tú alucinas! ¡Anda, sube!
MEGAPENTES Sólo te pido un rato, Moira. Déjame un solo día, hoy, para que pueda informar a mi mujer sobre mis bienes, para decirle dónde tengo escondido un gran tesoro.
CLOTO ¡Ya está decretado! No lograrás nada.
MEGAPENTES ¿Se perderá, pues, tan gran fortuna?
CLOTO No, no se perderá. No te preocupes de eso. Tu primo Megacles lo recuperará.
MEGAPENTES ¡Qué insolencia! Mi enemigo, a quien no maté antes por pura indolencia mía.
CLOTO ¡Ése es! Te sobrevivirá algo más de cuarenta años, y heredará tus concubinas, tus vestidos y todo tu tesoro.
MEGAPENTES Eres injusta, Cloto, al repartir lo mío entre mis peores enemigos.
CLOTO Mi querido amigo, esos bienes se los robaste tú antes a Cidímaco, a quien asesinaste junto a sus pequeños hijos....


MEGAPENTES Todavía hay una cosa que me angustia, Cloto, y es por lo que deseaba aunque fuera por un rato asomar mi cabeza a la luz del día.
CLOTO ¿Y de qué se trata? Sin duda parece ser algo descomunal.

Sábado 24 Octubre 2009
Redactado por Antonio Guzmán el Sábado 24 Octubre 2009 a las 10:21

Algunas veces, nuestra admiración por un autor antiguo nos lleva a identificarnos con él y a que lo veamos como si fuera uno más de nuestros "modernos". Sólo algunos autores de la Antigüedad han disfrutado de este privilegio: desde luego, poetas como Propercio y Catulo están dentro de este excepcional grupo. La clave, a menudo, se encuentra en la delicada identificación de la obra con la propia vida. Redactado por FRANCISCO GARCÍA JURADO


POR QUÉ PROPERCIO ES UN POETA MODERNO: LA PERSONA POÉTICA
Borges manejó la posibilidad de una literatura compuesta por obras sin autor conocido. Se trataría de meros textos, huérfanos de la figura ajena de su autor, que, sin embargo, los sustenta y motiva. Sin embargo, necesitamos imaginar a los autores, pues de otra forma no podríamos dialogar con ellos. La forma más excelsa de diálogo viene dada cuando nos identificamos plenamente con el autor y tratamos de ver el mundo con sus propios ojos. A veces, el escritor moderno gusta de la recreación de un autor antiguo fundiendo, por lo general, su vida y su obra. Si bien los autores de una literatura antigua pueden subyacer en un texto moderno bajo diferentes aspectos, voy a destacar la modalidad que denominamos “personas” (“máscaras”), es decir, la representación de la "voz" de un autor por parte de otro. Tal procedimiento, si bien pueden rastrearse en todos los tiempos, recibe nombre y forma en la modernidad: Robert Browning dio nombre a esta singular forma de recreración, entre teatral y poética, de una voz, donde no podemos dejar de citar el monólogo dramático que a partir de Propercio hizo el poeta norteamericano Ezra Pound en su “Homage to Sextus Propertius”­. A caballo entre la traducción, a veces con defectos de interpretación del texto latino, y la recreación, lo cierto es que Pound ha conformado un texto donde se pone la “máscara” de un hermoso y vigoroso Propercio. Pound, asimismo, nos recuerda al poeta catalán Joan Perucho cuando evoca la reaparición fantasmal de Cintia en el poema titulado “La sombra de Propercio”, con ecos muy particulares a la elegía séptima del libro cuarto:

“Llevabas la sortija calcinada en el dedo,
fragmentos de barro en el rostro
amoratado, y rota la seda de tu vestido
cuando sentí el peso de tu cadera
junto a mí, muy cerca de mi sueño.
Intentaste hablar nuevamente, y tus ojos
reflejaron los días llenos de amor
por las cosas y por nuestros encuentros.
Ha surgido así la cabaña del prado y el camino
cerca del riachuelo de aguas heladas
y la habitación donde moriste en la sombra.
Un viento ha helado mi corazón. Nada vuelve otra vez.
Escucho la nocturna voz de tu silencio
y veo cómo sales sin abrir ni cerrar
la puerta, y atraviesas la cerca.”

Cabe que nos preguntemos quien habla en este poema. ¿Es Propercio, que habla con una Cintia ya fallecida? ¿Es Perucho, que habla con la Cintia de Propercio? ¿Son ambos? ¿Quizá no habla nadie? Puede ayudarnos a compender mejor este poema el intenso soneto que Luis Alberto de Cuenca ha dedicado también al poeta latino y cuyo título, “Pasión, muerte y resurrección de Propercio de Asís”, ya lo dice todo:

“Sombras, Propercio, sombras, gavilanes
oscuros, imprecisos, niebla pura,
cincha, brida y espuela. No profanes
el mástil del amor, la arboladura

del deseo, la ofrenda de los manes,
con la triste verdad de tu locura,
cosmética, veneno, miel, divanes,
y el perfume letal de la lectura.

Conocerás un puente de cuchillos,
la brisa del instante, el terciopelo
remoto como el torso de una diosa.

Sudor frío de muerte, tenues brillos
de Cintia envuelta en luminoso velo,
y, al fin, la permanencia de la rosa.”

¿Quién habla en este poema, a quién se interpela realmente? ¿A Propercio? Estos son los misterios que nos regala la poesía y, en particular, esta historia no académica de la literatura antigua en las letras modernas a la que vengo dedicando ya años de lectura y vivencias. Seguiremos contando nuevos retazos de esta historia imprevista en nuevas entregas.

Francisco García Jurado
UNIVERSIDAD COMPLUTENSE
Sábado 17 Octubre 2009
Redactado por Antonio Guzmán el Sábado 17 Octubre 2009 a las 11:00
109votos

Notas

A propósito de la reciente película de Amenábar (la veré esta tarde)


Alejandro, Alejandría... nombres sonoros y cargados de evocaciones.
¿Quién no ha oído hablar de la Alejandría del Nilo? La famosa ciudad de Egipto.

Pero historiadores, geógrafos, textos novelados, y algunas fuentes orientales nos hablan de hasta un total de 57 ciudades que pudieron llevar en algún momento el nombre mágico de ALEJANDRIA. Hay un libro de P.M. Fraser, Cities of Alexander the Great, (Oxford) bien conocido de los especialistas.
Hoy la prensa diaria y los medios de comunicación nos hablan (por razones bien distintas y precisamente no poco alarmistas)de algunos nombres de ciudades y parajes del actual Afganistán y Pakistán que antaño fueron reductos de campamentos militares y asentamientos urbanos promovidos por Alejandro Magno. Por ejemplo, Herat, Kandahar, Begram, etc.

Pues, ¡qué curioso! Del catálogo de ciudades que los antiguos creían que habían sido fundadas por Alejandro con el nombre de Alejandría hay 7 de ellas que parecen haberlo sido sin duda. Y precisamente en estos mismos parajes:


1. Alexandría Ariana (en Aria) actual HERAT
2. Alexandría de Aracosia, (actual KANDAHAR)
3. Alejandría del río Jaxartes (cercana a Samarcanda), también llamada Alejandría Eschate ("la más alejada")
4.Alejandría del Cáucaso, actual BEGRAM
5. Alejandría de Rambacia (región del pueblo de los Oritas, próxima a la antigua desembocadura del rio Indo, actualmente LAS BELA
6.Alejandría Bucéfala (del nombre de su caballo llamado Bucéfalo) en la actual JALALPUR, cerca de las antigua fortaleza de Taxila
y claro, la número 7 en este orden, pero la 1ª cronológicamente fundada por Alejandro y su preferida,
ALEJANDRÍA DE EGIPTO.


Otro día, cuando la haya visto, quizá comente algo de la película AGORA.
Jueves 15 Octubre 2009
Redactado por Antonio Guzmán el Jueves 15 Octubre 2009 a las 12:48

uN DIVERTIDO TEXTO SATÍRICO DE Luciano


Se trata de un texto (que al ser de Lucinao no iba a ser de otro tenor) satírico, fresco y divertido. Es de El viaje al más allá, conocido también bajo el subtítulo de El Tirano. Es un diálogo entre algunos personajes que quizá nos resulten familiares: Caronte (el barquero que pintara Patinir), el dios Hermes, la Parca Cloto, así como un ciudadano acaudalado de nombre Megapentes (“el gran doliente”). La barca infernal de Caronte está repleta de las almas que han de ser transportadas al otro mundo, pero falta por llegar Hermes que quizá está entretenido “en el gimnasio con los efebos, o se dedica a tocar la cítara, o se entretiene haciendo alarde de su inútil locuacidad, o, bribón de él, está ocupado en sus hurtos, que es también una de sus habilidades”.
Pero la demora de Hermes se debe a otra circunstancia bien distinta; y es que uno de los muertos ha pretendido escapar de su postrera travesía, a pesar de que ya se le ha agotado el hilo de su existencia. Se trata de un tirano, que entre lamentos y gemidos ruega que lo dejen vivir y promete grandes recompensas si no lo embarcan en la nave de Caronte. Pero la cosa es que el control de las almas de los fallecidos es muy severo y Eaco enseguida se dio cuenta de que faltaba uno:

“Y cuando estábamos ya a la entrada misma y me ocupaba de dar cuenta a Eaco del número de muertos que traía y éste los cotejaba con la lista que tu hermana le había enviado, no sé cómo el tres veces canalla consiguió escapar y huir. De suerte que en la lista se echó en falta un muerto, ante lo cual Eaco, enarcando sus cejas, me dijo:

“No practiques permanentemente el hurto, Hermes; bastante tienes con las bromas que haces en el cielo. Los asuntos de los muertos se llevan a rajatabla y no es posible ocultar nada. En la lista constan, como ves, un total de mil cuatro muertos, y tú te has presentado aquí con uno de menos, a no ser que me digas que Atropo te hizo mal la cuenta”.

Tras hacer Cloto el catálogo de muertos que deben subir a bordo (niños, ancianos y mujeres) se produce una escena verdaderamente jocosa: el renuente Megapentes pide una última oportunidad y espera que los dioses no se la denieguen: desea saber qué ocurrirá después de su muerte. Curiosidad funesta, pues el panorama de su futuro no puede ser más lamentable: su esclavo, que desde hace tiempo mantiene relaciones adúlteras con ella, se quedará con su mujer; su propia hija pasará a enriquecer el número de concubinas del nuevo tirano, y hasta las estatuas que los amigos erigieron en honor de Megapentes caerán derribadas por el suelo. Y por si faltara algo, se le informará de que ha muerto envenenado por la traicionera y emponzoñada copa que le ofreció en el último banquete uno de sus mejores amigos. Sigue la descripción con un nuevo relato de un incidente jocoso ocurrido cuando Megapentes se hallaba de cuerpo presente en su propia casa, recién fallecido. Uno de los principales protagonistas del mismo es también su “amado” esclavo Carión:

“Mi esclavo Carión, tan pronto vio que me había muerto, subió a eso de media tarde al aposento donde yo yacía –disponía de todo el tiempo que quisiera, ya que nadie me estaba velando- acompañado de mi concubina Gliceria (con la que, creo yo, mantenía desde hace tiempo relaciones íntimas) y tirando de la puerta se puso a echarle un polvo como si nadie más estuviera en la habitación. Y una vez que hubo saciado su apetito, dirigiéndome una mirada dijo: “Tú, el más canalla de los hombres, me has golpeado mil veces sin que yo lo mereciera, pero ahora aquí estás tieso”. Y mientras así hablaba me tiraba del pelo y me daba cachetes, hasta que generando un gran salivazo me lo escupió a la cara diciendo: “Vete al infierno”. Y a continuación se marchó.
Yo estaba que ardía de ira, pero no podía hacer nada contra él, rígido y yerto como ya me encontraba. Y la sinvergüenza de la muchacha, al oír el ruido de algunos que se acercaban, se frotó los ojos con saliva como si estuviera llorando por mí, y sollozando y pronunciando mi nombre se marchó. ¡Si les hubiera podido echar mano!”
Martes 13 Octubre 2009
Redactado por Antonio Guzmán el Martes 13 Octubre 2009 a las 19:31
OVIDIO SE CONVIERTE EN UN POETA RUSO: ALEXANDER PUSHKIN
No me canso de repetir en mis clases que una historia literaria no es sólo un manual académico, sino, y fundamentalmente, un complejo relato con diversos héroes y episodios en torno a una idea más o menos concreta de nación. Quienes se acercan a tales historias, antiguas y modernas, suelen elegir a alguno de estos héroes, a menudo identificándose con él. Ovidio y su melancólico destierro alimentó el imaginario de muchos poetas posteriores, incluyendo a grandesautores como el poeta ruso Alexander Pushkin, y el mismo Pushkin se ha convertido, a su vez, en héroe casi fundador de su respectiva literatura nacional. Todavía recuerdo la primera noticia que tuve del poeta ya estando en tierra rusa, el año 2006. Una joven guía fue a buscarnos a mi pareja y a mí al aeropuerto de Moscú. Durante el trayecto, le conté cuál era nuestra profesión y estudios, y ella acudió pronto al recuerdo escolar del poema que Pushkin había dedicado al horaciano "exegi monumentum aere perennius". Dos días más tarde recorrimos la céntrica calle Arbat, donde pudimos ver la casa del mismo Pushkin bajo la sombra de los rascacielos estalinistas. Asimismo, habíamos acudido a Rusia para llegar, desde Moscú, en el tren llamado "Flecha Roja", a la ciudad de San Petersburgo. Quería saber dónde había vivido también el poeta Ossip Mandelstam en la ciudad del Neva. Mi colega Jesús García Gabaldón me había hecho conocer su libro Tristia (poco más tarde llegué también a los Cuadernos de Voronec), y necesitaba comprender, en el mismo contexto vital de aquel poeta desterrado de comienzos del siglo XX por qué había se había sentido un nuevo Ovidio. Naturalmente, entre los textos fundamentales que sustentan la poesía ovidiana de Mandelstam está, además del propio poeta latino, la propia impronta que este poeta dejó en Pushkin. La puntual y enigmática referencia a Delia que hace Mandelstam en su poema “Tristia” nos remite al texto de la tercera elegía del libro primero del poeta elegiaco Tibulo. El verso 20, «vuela ya, descalza, Delia», es casi el mismo que el siguiente verso latino: obvia nudato, Delia, curre pede (Tib. I 3 91). El estrecho paralelo del verso ruso y del latino se debe al conocimiento que el poeta tuvo de la elegía de Tibulo gracias a una traducción del poeta Constantín Batiushkov. No obstante, en su fundamental estudio sobre Ovidio y los modernos, Ziolkowski ha trazado una vía de interpretación más compleja al afirmar que esta referencia a Delia pasaría de manera más inmediata por Pushkin, no en vano traductor de los clásicos y autor de un importante poema titulado «A Ovidio». Esta circunstancia abre una doble referencia tanto a la tradición poética clásica como a la rusa. De la misma forma, el cuarto verso de la última estrofa (v. 28) también aludiría a Pushkin, concretamente a su Eugenio Onegin, mientras que el propio final del poema recuerda mucho a otro del mismo Mandelstam que lleva por título «Casandra». Casandra, la profetisa troyana condenada por Apolo a no ser creída en sus predicciones, es la figura en la que el poeta encarna a su amiga Anna Ajmátova.
El hecho de estar trabajando durante el año 2006 en las visiones sobre el poeta Ovidio que se reflejaban en tres autores modernos (el polaco-ruso Mandelstam, el chileno Gonzalo Rojas y el italiano Tabucchi) me llevó, a su vez, hasta el fundamental poema que el propio Pushkin había dedicado al poeta romano:

Ovidio, vivo al lado de las riberas plácidas
a las cuales tus dioses paternos desterrados
trajiste en otro tiempo y dejaste tus cenizas.
Tu desolado llanto celebró estos lugares
y de tu tierna lira la voz no ha enmudecido. 5
Están estos parajes de tu rumor repletos.
Tú en mi imaginación vivamente imprimiste
este oscuro desierto, cárcel para un poeta,
las brumas de los cielos y las perpetuas nieves
y la breve tibieza de los cálidos prados. (...) 10

Ovidio marcó en Pushkin la imagen de un poeta infeliz que añoraba Roma, la ciudad a la que jamás pudo volver. Sin embargo, no debe olvidarse que el poeta romano también fue feliz en otro tiempo:

¡Asómbrate, Nasón, de la suerte mudable!
Tú que el bélico esfuerzo, ya mozo, desdeñabas,
pues con rosas solías ceñir tu cabellera 25
y las horas sin cuitas pasar en la molicie (...)

Disiente de Ovidio en su percepción del paisaje, que Pushkin describe mucho más apacible que aquel que describió el romano. Finalmente, Pushkin pasa a hablar de su propia condición vital, de su circunstancia y de su fama, en clara identificación con Ovidio:

Ay, yo, cantor perdido entre la muchedumbre, 85
seré desconocido para los venideros
y víctima sombría, se extinguirá mi débil
genio, con la penosa vida y rumor efímero (...)”

(Alexandr Pushkin, “A Ovidio”, en Antología lírica. Traducción, estudio preliminar y notas de Eduardo Alonso Luengo. Epílogo de Roman Jakobson, Madrid, Hiperión, 1999, pp. 52-59)

Así es como Ovidio se convirtió en un poeta ruso y, sobre todo, así es como Ovidio ha llegado a ser un poeta universal, más allá de su tiempo.

Franisco García Jurado
Universidad Complutense de Madrid
Miércoles 7 Octubre 2009
Redactado por Antonio Guzmán el Miércoles 7 Octubre 2009 a las 12:42


Editado por
Antonio Guzmán
Antonio Guzmán
Catedrático de Filología Griega de la Universidad Complutense, Antonio Guzmán es asimismo asesor de la colección de Alianza Editorial “Clásicos de Grecia y Roma” desde hace 25 años. Autor de los libros: Introducción al Teatro Griego; Alejandro Magno; Grecia: Mito y Memoria; Iberia: Mito y Memoria; y Constituciones políticas griegas. También ha traducido a Tucídides, Sófocles, Eurípides, Plutarco, Arriano, entre otros autores clásicos.






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