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COGNOTECNOLOGÍA


Añadimos en este post algunas consideraciones sobre el esoterismo al hilo de la revisión que venimos haciendo del libro de Gary Lachman, "Una historia secreta de la consciencia". No nos interesa el esoterismo en sí, ni mucho menos los extremos a los que ha llegado en diversas etapas de su historia y de la mano de ciertos de sus miembros, pero hay motivos para dedicarle atención. Varios resultan fundamentales. Uno es que su aparición en el siglo XIX como fenómeno social fue una reacción de defensa de la subjetividad, la consciencia y el mundo de la mente frente al excesivo cientifismo y materialismo al que había dado lugar la Revolución Científica, la Ilustración y la Revolución Industrial. Otro, que ha habido filósofos, psicólogos y científicos, "normales" u "oficiales", que han coincidido con algunas de las explicaciones de los esotéricos. Un tercero, que hoy, con la vuelta al dualismo que suponen las explicaciones de la mecánica cuántica, no resultan tan extrañas algunas de las interpretaciones del esoterismo. Y otro, por fin, el tratamiento serio y sólido que da Lachman al tema y la atención que termina prestando al final de su libro a un personaje tan importante como Jean Gebser y a su obra "Origen y presente". Autor y libro, estos últimos, a los que hemos dedicado nosotros mismos en este blog mucha atención.


El Esoterismo como reacción al cientifismo y como contracultura.
Gary Lachman es muy sólido tratando el tema de las ideas abstractas y de la consciencia y se refiere a los movimientos más serios dentro del esoterismo, la teosofía y el New Age, interpretados como defensa de la “realidad interior”, pero hay que repetir que ese mundo puede no tener límites y que de hecho dentro de él hay materias deleznables como las magias de todo tipo. Con frecuencia, por otra parte, lleva a la creación de sectas a veces con objetivos extraños o incluso malsanos. Estas últimas cuestiones son muy ajenas a este blog y no tenemos ningún interés en entrar en ellas pero no debemos olvidar que la mecánica cuántica abre las puertas al mundo abstracto de las ideas y de acuerdo con las últimas interpretaciones de esta teoría física vivimos en un universo consciente. Es decir, da la impresión de acuerdo con los descubrimientos cuánticos y sus interpretaciones más ortodoxas o más recientes, que hay un mundo de ideas abstractas, o de significados, que nos trasciende. Es una especie de “consciencia cósmica” que existe en los confines del universo y lo impregna en toda su extensión.
 
Todo el libro que comentamos está dedicado a mostrar que en el siglo XIX se produjo una reacción al predominio excesivo de la ciencia y la tecnología en todas las cuestiones del pensamiento humano. Los hombres después de muchos años de utilizar su mente sólo para especular con las ideas abstractas, el pensamiento teórico, la religión y a la teología, vieron surgir en Europa a lo largo de los siglos XVI, XVII y XVIII lo que se ha llamado la Revolución Científica y ésta, con la ayuda de la Ilustración y los éxitos sin precedentes de la Revolución Industrial, llevó a los hombres a hacerse materialistas, a no creer en Dios y a pensar que somos simples máquinas biológicas viviendo en mundo físico y determinista.  
 
El fenómeno de reacción al cientifismo (si nos podemos permitir este término) surge en la filosofía convencional en la segunda parte del mismo siglo XVIII, el siglo del comienzo de la Revolución Industrial y de la Ilustración, con Innmanuel Kant y todo lo que se ha llamado posteriormente el idealismo alemán y ha estado presente desde entonces en todas las reflexiones serias, pero nuestro autor comienza su recorrido a comienzos del siglo XIX y de la mano de personajes menos conocidos y que no forman parte de la tradición filosófica occidental. 
 
Su libro comienza con la referencia a Richard Maurice Bucke (1837-1902), un médico americano de vida azarosa que publicó en 1901 en Filadelfia un libro raro con el título de “Cosmic Consciousness”. Su primera edición fue de sólo quinientos ejemplares y pasó desapercibida, pero para 1966, como indica Lachman, ya se había publicado su vigésimo sexta edición y había captado el interés de personajes importantes como el filósofo y psicólogo William James (1842-1910) y el filósofo esotérico, o simplemente esotérico, ruso P.D. Ouspensky (1878-1947).
 
Menciona también Lachman, y en esto no entramos ni salimos por mero desconocimiento, aunque conozcamos las publicaciones, que junto con Siddharta de Hermann Hesse (1877-1962), Las puertas de la percepción de Aldous Huxley (1894-1963) y El señor de los anillos de J.R.R.Tolkien (1892-1973), “Cosmic Consciousness” pasó a formar parte de las obras que desencadenaron la “contracultura”.
 
Una de las afirmaciones importantes del libro es que la humanidad avanza lentamente hacia un nuevo y superior nivel de consciencia. Utilizando citas del propio libro de Bucke recogidas por Lachman, la consciencia cósmica “es una forma de consciencia superior a la que posee el hombre corriente”. Es una “consciencia del cosmos, de la vida y del orden del universo” que incluye un “esclarecimiento o iluminación intelectual que por sí sola situaría al individuo en un nuevo plano de existencia, que casi lo convertiría en un miembro de una nueva especie”.
 
A esas convicciones llegó Bucke a través de vivencias y experiencias "espirituales" que iluminaron su mente y supusieron una “iniciación a un nuevo y superior orden de ideas”.
 
Estas vivencias, iluminaciones o éxtasis, son comunes a una mayoría de las personas que entran en el esoterismo y se consideran procesos de iniciación a un mundo distinto, con lo cual tienen motivos para formar parte de un grupo o secta.    
Adolfo Castilla
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Para entrar con cierto detalle en el libro de Gary Lachman, "Una historia secreta de la consciencia", comenzamos en este post por hacer una breve referencia a la historia del pensamiento y a la atención antigua del hombre por el funcionamiento de su mente y por las ideas abstractas. Entramos muy brevemente en la cuestión, histórica también, de los universales. Adicionalmente mencionamos la reacción de los hombres al excesivo dominio de la ciencia y del materialismo en la explicación de sus vidas y comentamos el debate entre nominalismo y universalismo. Vemos que siempre ha habido defensores acérrimos del mundo de las ideas abstractas, de la consciencia y del subjetivismo, y comenzamos a explicar que el esoterismo surge inicialmente del interés por ese mundo de la mente humana. Anunciamos que Lachman va a hacer mención a una serie de personajes históricos, notables y con una obra importante, pero que sin embargo no forman parte del conocimiento oficial y tradicional que los hombres nos transmitimos unos a otros en nuestros estudios formales. Distinguimos en ese sentido entre filósofos y esotéricos.


La raíz del Esoterismo. Las ideas abstractas y los universales
Esa importancia de la mente y de las ideas abstractas es muy antigua en el hombre, como sabemos, está con nosotros desde por lo menos los antiguos griegos, desde los presocráticos, incluido Heráclito (535–484 a C), hasta Sócrates (470-399 a C) y Platón (427-347 a C), y ha constituido desde  siempre el terreno natural de lo que llamamos “Filosofía” y más concretamente “Metafísica”. Platón en concreto habló de la existencia previa en la mente del hombre de ideas que están fuera del espacio y del tiempo y de conceptos puestos allí por los dioses. Habló también de la diferencia entre lo particular y lo universal haciendo referencia a lo que pensamos y sabemos de la realidad física. El debate sobre lo que mucho más tarde en la historia se denominarían “universales” surgió entonces y algunos lo conectan a Heráclito, El Oscuro de Éfeso, el cual se refirió a la diferencia que existía entre el agua de un río que nunca es la misma y el concepto de río que se mantiene aunque nunca nos podamos bañar dos veces en la misma corriente. Este último autor era más bien “nominalista”, un término también posterior que hace referencia a la existencia en las cosas solamente de dimensiones particulares. El nominalismo es lo opuesto a la existencia de universales y sus defensores no creen que haya nada fuera del espacio y del tiempo. Platón, por ejemplo, argumentaba en contra de Heráclito, que sí nos podemos bañar dos veces en el mismo río, aunque no sea en el mismo agua. El río es en ese sentido un concepto superior.
 
Existe un concepto de río, como un concepto de árbol o uno de silla. Todas esas cosas reales tienen forma y están compuestas de materia, pero al mismo tiempo tienen un significado, un propósito, una misión. Estas últimas dimensiones son abstractas, conceptuales, intangibles y sólo parecen existir en la mente del hombre. Platón además habla de conceptos todavía más subjetivos como la verdad, la bondad y la belleza, para los que específicamente reclama un origen divino.   
 
El debate sobre estas dos cuestiones ha existido a través de los tiempos y Plotino  (205-270) y San Agustín  (354-430) decían, por ejemplo, que los universales estaban en la mente de Dios. Más adelante, en la Edad Media europea, se profundizó en ellas de la mano del fraile franciscano inglés Guillermo de Ockham (1280-1349), una de las grandes mentes de esa época al que se considera el mayor “nominalista” de la historia. Algunos lo definen más bien como “conceptualista” ya que a diferencia de los nominalistas puros que no creen en la existencia de ideas abstractas generales en absoluto, Ockham sí creía en su existencia pero sólo en la mente de los hombres individualmente considerados.
 
Es una cuestión, esta última, a la que ya nos hemos referido en este blog y a la que volveremos con más énfasis en futuros posts. Los llamados neurofilósofos actuales se refieren a ello en relación con un cierto resurgir del debate monismo-dualismo. Daniel Dennet (nacido en 1942), por mencionar a uno muy conocido, no cree en el dualismo ni en la existencia de ningún concepto universal y John Searle (nacido en 1932), cree en lo que llama “dualismo propietario”, es decir, en la existencia de ideas abstractas de distinta naturaleza de las relativas a los objetos físicos y materiales, pero cree que existen sólo en la mente de los hombres concretos y desaparecen con ellos, es decir, que no tienen nada de universales.
 
Pero volviendo al libro de Gary Lachman me gustaría decir que las personas a las que se refiere éste en general no son exactamente filósofos, aunque en su recorrido histórico por el idealismo, subjetivismo, misticismo o mundo de las ideas abstractas, menciona a algunos bien conocidos como William James, Henri Bergson, Nietzsche y otros. Las personas a las que se refiere son personas normales, de cualquier procedencia, que entran en contacto con un mundo oculto y esotérico, entendiendo por esta palabra algo “del interior, desde dentro, dentro, íntimo”. Un mundo de iniciados y que se mantiene oculto para los que no forman parte de él. Un mundo de ideas, subjetividad y consciencia, en principio cercano a todos los hombres, pero en el que se puede ir muy lejos y llegar a creencias extrañas por parte de los que lo comparten. Un mundo próximo al misticismo y a lo religioso, a veces unido a alguna de las religiones existentes, pero que en la mayoría de los casos forma una especie de nueva religión o conjunto de nuevas creencias.
 
Adolfo Castilla
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Martes, 25 de Febrero 2014

Seguimos refiriéndonos en este post al recorrido de Gary Lachman por el esoterismo, la teosofía y el New Age. Es un recorrido en realidad por aquellos autores y personajes que han creído profundamente en los últimos tiempos en el mundo de la mente, de las ideas abstractas y de la consciencia, el mundo de la realidad interna del hombre, que no vemos ni tocamos pero que reconocemos como real. La palabra esoterismo significa exactamente eso, estudio del mundo interior, del lado interno, de lo de dentro, aunque en los últimos tiempos se haya unido mucho más al ocultismo, la magia y el mundo de las sectas. Lachman entra en estas cuestiones porque ama y defiende la subjetividad del hombre y nosotros lo revisamos porque estamos interesados en revitalizar ese mundo ya que nunca como ahora puede defenderse en paralelo y complementariamente al exoterismo, es decir, al mundo exterior que vemos y tocamos. La mecánica cuántica nos da pie a ello.


Esoterismo y Mundo Interior del Hombre
Continuando directamente con lo indicado en el post anterior debo decir que en un momento determinado hemos entrado en este blog en la diferenciación entre materia y espíritu, entre cerebro y mente, o entre neuronas e ideas abstractas, y hemos comprobado que el tema constituye algo sin resolver todavía y de difícil solución, por no decir imposible, con las interpretaciones materialistas y deterministas de la ciencia actual.
 
De la mano de la anterior hemos pasado de una forma natural a la mecánica cuántica, un terreno en el que se unen lo tangible y lo intangible y en el que la consciencia se interrelaciona con la materia.
 
Hemos visto entonces que desde muy antiguo los filósofos se han dedicado a hacer especulaciones extremas sobre la naturaleza de la realidad física, siendo muy difícil poner límite al esoterismo generado porque, así como la ciencia se refiere a lo que vemos, tocamos y medimos y tiene siempre la limitación del método científico, es decir, de la comprobación y de la demostración empíricas, la filosofía no tiene límites y algunos filósofos van demasiado lejos en sus especulaciones. 
 
Gary Lachman  (nacido en 1955) no es de esos pero cree que la subjetividad del hombre es algo muy importante que no hay que eliminar sino cuidar y potenciar. Tratando de defenderla entra en lo que él llama “la historia secreta de la consciencia” y analiza en su libro el esfuerzo de ciertos personajes históricos por defender el mundo de las ideas y del espíritu ante el avance arrollador de la ciencia, del materialismo y del determinismo.
 
Los primeros movimientos modernos en esa dirección surgen en la Europa del siglo XIX y son una reacción al avance arrollador de la ciencia y al predominio de la física, del materialismo y del determinismo, como acabo de decir. Un avance, como sabemos, potenciado no sólo por los éxitos de la ciencia y de la tecnología desde la Revolución Científica de los siglos XVI, XVII y XVIII y desde la primera revolución industrial iniciada a mediados del siglo XVIII, sino por la labor difusora de conocimientos de la Ilustración y por su contribución a una nueva concepción del mundo, material y física, y dirigida por la ciencia y su método.
 
Muchos hombres con fuerte capacidad para la introspección, con mentes muy activas y algunos con experiencias místicas, reaccionaron con fuerza desde primeros del siglo XIX en contra, no precisamente de la ciencia, pero sí del materialismo, del reduccionismo científico y del determinismo. Consideraron que hay un mundo paralelo al físico e igual de real que se desarrolla en la mente de los hombres y que es el que debe utilizarse como guía para entender nuestro mundo, lo que somos los hombres y lo que hacemos en él. Ese mundo, muy ligado a lo que llamamos consciencia, se conecta, por otra parte, a una cosa que siempre se llamó la “consciencia cósmica” y que formaba parte desde muy antiguo de las interpretaciones hindúes y de otros pueblos orientales.
 
Lo que hace Gary Lachman en su libro, Una historia secreta de la consciencia, es una revisión histórica de las interpretaciones diversas de esas personas amantes de lo espiritual y de lo subjetivo, desde principios del siglo XIX hasta nuestros días. Lo hace porque él mismo es un amante de la subjetividad del hombre y porque está  alarmado del peso en nuestros días de los que quieren reducirlo a una simple máquina o a un robot físico-químico.
 
Adolfo Castilla
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Justificamos en este post nuestra entrada rápida en otra forma histórica de interpretar nuestro mundo y lo que somos. Se trata de ver el mundo no desde el exterior, como hace el materialismo, es decir, considerando que todo lo que existe es lo que vemos fuera de nosotros, formado por materia, átomos y leyes físicas, sino desde el interior del hombre y desde su consciencia, algo que en este blog se ha procurado desde el principio pero sin referimos muy directamente a la tradición del esoterismo, la teosofía y el New Age. Lo hacemos como paso intermedio a defender adicionalmente a lo hecho hasta ahora la existencia de dos naturalezas en el hombre, la material y la espiritual, y la posibilidad de compaginarlas y explicarlas conjuntamente, aspecto este último para el que nos servirá la mecánica cuántica a la que tanta atención hemos prestado.


Esoterismo: una primera justificación de nuestro interés por el tema
Un asiduo lector de este blog me hace muy amablemente la crítica de que por qué dedico tiempo en él a la obra del obispo anglo-irlandés George Berkeley (1685-1753) y a las de otros defensores o representantes del solipsismo, un terreno de la filosofía quizá extremista y superado en opinión de muchos por la concepción materialista y determinista del hombre. Se inquieta además ante la referencia al libro de Gary Lachman (nacido en 1955) hecha en el post anterior al presente y a la posible entrada a partir de ahora en el mundo del esoterismo.
 
Cuando se entra en estas cosas ocurre como con los ramos de cerezas, una cosa lleva a otra y de un autor se salta a otro. En ese sentido el amable lector tiene razón, mi intención es revisar ahora no sólo la obra de Lachman que a mí me parece muy sensata y muy útil sino la de otros autores como Patrick Harpur (nacido en 1950) (La Tradición Oculta del Alma)[[1], Joseph Campbell (1904-1987) (Las Extensiones Interiores del Espacio Exterior)[2], así como los propios escritos de Rudolf Steiner (1861-1925), uno de los grandes nombres del esoterismo, creador de la “antroposofía”, y por lo demás un conocido filósofo, reformista social, crítico literario, escritor y arquitecto que construyó su obra a partir de las aportaciones del idealismo alemán, sobre todo las de Fitche, y de las interpretaciones del mundo y el hombre de Johann Wolfgang Goethe (1749-1832). Utilizaremos también en esta línea la biografía de Steiner escrita por Gary Lachman en fecha posterior a la del primer libro de este autor comentado en el post anterior (Rudolf Steiner)[3] .
 
Tendremos siempre a mano, eso sí, a otros libros destacados y de orientación contraria como  los de Francis Crick (1916-2004) (La Búsqueda Científica del Alma)[4], Terrence W. Deacon (Naturaleza Incompleta. Cómo la mente emergió de la materia)[5] y otros.
 
El motivo que nos lleva a la revisión de temas como el esoterism o o el New Age, considerados de segunda categoría por muchos en nuestra época, no es la mera curiosidad. Mi curiosidad es cierto que no tiene límites y he tenido que someterla a control durante toda mi vida, pero no es el haberla dejado suelta ahora lo que me lleva a dichos temas. Habiendo vivido durante años en los Estados Unidos y visitando dicho país muy a menudo, estoy muy acostumbrado a ver en sus librerías las secciones dedicadas a New Age, pero salvo la lectura de Ken Wilber (nacido en 1949) y algunos otros muy destacados autores que trascienden dicho grupo, siempre las he evitado.  
 
Tampoco es que en España ATALANTA y otras editoriales estén publicando ahora muchas obras de carácter espiritualista, o comoquiera que las llamemos, y eso me lleve a leerlas. Salta a la palestra en relación con ello la cuestión de qué es anterior, el interés de la sociedad por ciertos temas o el afán de las editoriales por potenciarlos a priori. Yo quiero creer que es siempre más bien lo primero y pensar que las editoriales identifican intereses de la sociedad por determinados asuntos y publican sus obras para sacar partido de ello, pero no descarto el proceso inverso, es decir, que alguien en nuestro mundo, algún sanedrín, o algún “grupo  Bilderberg”, se ocupe periódicamente de orientar nuestros intereses y, lo que es peor, nuestros pensamientos.
 
Considero, no obstante, que los motivos para entrar en el tema mencionado en el título de este post son menos artificiales, surgen del proceso de reflexión que estamos siguiendo en este blog sobre el cerebro y los avances recientes en la explicación de su funcionamiento, sobre la mente, el conocimiento y la inteligencia en general, sobre la consciencia y el yo personal y sobre la tecnología relacionada con todo ello.


[1] Patrick Harpur, La Tradición Oculta del Alma, ATALANTA, Madrid, 2013
[2] Joseph Campbell, Las Extensiones Interiores del Espacio Exterior, ATALANTA, Madrid, 2013
[3] Gary Lachman, Rudolf Steiner, ATALANTA, Madrid, 2012
[4] Francis Crick, La Búsqueda Científica del Alma, Debate. Pensamiento, Madrid, 1995.
[5]Terrence W. Deacon, Naturaleza Incompleta. Cómo la mente emergió de la materia, Tusquets Editores, Barcelona, 2013

Adolfo Castilla
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Lunes, 30 de Diciembre 2013

El Gobierno de los Estados Unidos declaró la década de los 90 del siglo pasado como la del "cerebro" y se intensificaron en ella las investigaciones de todo tipo sobre este órgano fundamental del hombre. El énfasis en esa investigación sigue en nuestros días y son cientos, por no decir miles, los libros que se publican en todo el mundo sobre el cerebro y sus funciones. Se ha extendido además, excesiva y prematuramente en mi opinión, la colocación del término "neuro" como prefijo de múltiples denominaciones tradicionales. Según Ray Lachman, autor que utilizamos en éste y en los próximos posts, después del énfasis en el cerebro ha venido el énfasis en la consciencia, tema destacado de estudio y reflexión de nuestra época. El libro de este autor que comenzamos a analizar es un recorrido por la obra de pensadores destacados, aunque algo alternativos y fronterizos, defensores implacables de la subjetividad, la espiritualidad y la consciencia como actividades autónomas del cerebro humano que se han enfrentado desde el siglo XIX al poder omnímodo del cientifismo y del materialismo. La mayoría de ellos creen, por supuesto, que el espíritu es anterior a la materia.


El problema difícil de la consciencia
Como hemos indicado en el post anterior, en inglés sobre todo, se utiliza la expresión “hard problem of consciousness ” para referirse a la dificultad de explicar la aparición de ideas abstractas y conceptos intelectuales a partir de sensaciones físicas. Parece que fue el filósofo australiano David Chalmers el que la introdujo como contraste con los “easy problems” relacionados con la explicación de otras habilidades del cerebro fáciles de explicar como la discriminación y la reacción del cerebro antes estímulos externos, la integración de información, los estados mentales, la concentración de la atención y el comportamiento.

Muchos científicos y filósofos, los denominados neurofilósofos, sobre todo, se oponen a esta denominación porque consideran que es un problema difícil sólo temporalmente ya que esperan que pronto podrá ser descrito físicamente el proceso a través del cual las redes neuronales forman las ideas. El reciente libro de Ray Kurzweil, ¿Cómo crear una mente?, se refiere a ello y sugiere que sencillamente es un problema de “reconocedores de patrones” cada vez más complejos, proponiendo que el neocortex es sólo un conjunto de capas de neuronas que actúan como reconocedores de patrones. Una organización jerárquica de reconocedores de patrones en la que el primer nivel sólo identifica y distingue las formas pero otros niveles son capaces de identificar componentes de algún mensaje escrito o recibido de carácter abstracto como el humor o la ironía, hasta llegar a un último nivel que reconoce otros significados mucho más abstractos de los mensajes.
 
La cuestión en discusión es la subjetividad humana y su independencia de la parte material del hombre. Un tema que trata muy bien Gary Lachman en su libro, “Una h istoria secreta de la consciencia ”, recorriendo el camino de pensadores alternativos -- aunque no marginales --, sobre la consciencia y el mundo interior y espiritual del hombre.

Se muestra este autor muy crítico con esos neurofilósofos con particular referencia a Daniel Dennet, John Searle y otros, y se pregunta por el motivo por el que dichos autores, muy conocidos por otra parte, quieren eliminar de nuestro mundo algo tan bello e importante como la subjetividad y la consciencia.  

Un párrafo de la Introducción del libro de Lachman que sigue a una acusación de reduccionismo extremo en la obra de Dennet y en su libro de 1992, “La consciencia explicada”, nos muestra la posición de este autor al respecto:

“Por qué Dennet quiere eliminar la consciencia no queda del todo claro. Quizá comparta la sensibilidad de Nicholas Humphrey, otro pensador empeñado en ahuyentar el fantasma de la consciencia (Autor de Soul Searching (La búsqueda del alma)(1995)). Humphrey, ansioso por deshacerse de cuanto evoque lo “sobrenatural”, señaló una vez: “La experiencia subjetiva inexplicada me causa irritación “. Aun siendo comprensivos con el celo científico, semejante declaración resulta algo inquietante. Curiosidad, de acuerdo, y asombro también. Y turbación e incluso una enfermiza obsesión por “saber cómo funciona”. Pero ¿irritación’. El placer que siento escuchando un cuarteto de cuerda de Beethoven (que llega a mi corazón como un deliciosos misterio) ¿molesta a Nicholas Humphrey?. ¿Por qué la experiencia subjetiva ha de irritar a nadie?”.

A cuestiones relacionadas con la explicación de la subjetividad y la consciencia queremos referirnos ahora en este blog. Retomamos el asunto en el lugar que lo habíamos dejado al tratar el libro de Henry P. Stapp. “Mindful Universe ”. Según este autor las dos realidades, la material y la espiritual, existen ontológicamente en nuestro mundo y la síntesis que las explica y las hace posibles como entidades de distinta naturaleza pero integradas en el hombre y en su Universo, es la mecánica cuántica.

Los que nos hemos evadido del mundo presente y nos hemos conectado a algo distinto y superior oyendo una sonata de Bach o una sinfonía de Haydn, mirando un cuadro de Vermeer, leyendo a Cunqueiro o a Mutis u observando la finura, la sensibilidad y el amor de algunas personas preocupándose por otras o esforzándose por los demás, creemos en ese mundo subjetivo y pensamos que en él radica lo que llamamos "humano". Pensamos además que la consciencia es una componente del hombre que evoluciona a más velocidad que su parte física y material y que desde lo físico exclusivamente el hombre siempre llegará tarde a explicar lo que somos.

Como al mismo tiempo hemos sido educados en la ciencia moderna, en su método científico, en el empirismo combinado con el racionalismo y en otros de los componentes de esa otra forma de conocer que el hombre tiene, y hemos visto los grandes avances que hemos conseguido con ella, nos gustaría ver todo integrado en un ser superior, material y espiritual a la vez. Un hombre "posthumano" más humano que el actual si tal cosa pudiera decirse y existir.
Adolfo Castilla
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Editado por
Adolfo Castilla
Adolfo Castilla
Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN,
Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Consejo Editorial de Tendencias21, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.


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