Si impresionante es ver a ASIMO interpretar ordenes emitidas de palabra y moverse de la forma que lo hace, los movimientos del robot Big Dog de Boston Dynamics, no sólo impresionan sino que sorprenden y sobrecogen. La capacidad del "animaloide" o "AI Animal" para recuperar el equilibrio dspués de un fuerte empujón y su habilidad para superar la placa de hielo en la que ha entrado, nos dejan sin respiración. Eso le debió pasar a Mark Stevenson el autor del libro "Un viaje optimista por el futuro", que hemos utilizado como referencia en la serie de posts dedicada a los robots, cuando lo vió en vivo en su viaje por los Estados Unidos. No debe olvidarse, por otro lado, que dicho robot tiene un peso propio de más de 100 Kilos y soporta una carga de unos 150 Kilos. Big Dog fue presentado en público por primera vez en el año 2005, aunque el vídeo incluido abajo, si nos atenemos a youtube, tiene una antiguedad de 3 años.
Es sorprendente ver lo que pueden hacer hoy los androides que se construyen en diversas partes del mundo. El robot ASIMO de Honda que es uno de los más conocidos y que más tiempo lleva "actuando", hace cosas inversímiles. Verlo en vídeo impresiona en dos sentidos. Uno, los movimientos que es capaz de hacer; y otro, las órdenes dadas con palabras (en este caso palabras en japonés) que es capaz de interpretar. Incluimos a continuación uno de los últimos vídeos de este increible humanoide.
Entrar en el mundo de la Inteligencia Artificial y en el de los robots significa adentrarse en los posibles cambios que sufrirá el hombre y la humanidad en un futuro no muy lejano. Hay predicciones de todo gusto desde la desaparición del hombre biológico actual a su supervivencia en perfecta mezcla con otros humanoides. La simbiosis hombre-máquina es uno de los mejores casos. En ella se prevé, como ocurre ya pero a una escala mucho mayor, que los hombres utilicen instrumentos, mecanismos y artefactos de todo tipo implantados a su naturaleza biológica para mejorar sus capacidades y extender su vida. La evolución no se ha detenido, ni mucho menos.
Todos los investigadores citados en éste y en los últimos posts dedicados a los robots, de una manera o de otra, se interesan por el futuro del hombre y de sus máquinas inteligentes. Todos creen que el futuro de la humanidad pasa la simbiosis de hombres y máquinas inteligentes, no resultando claro para ninguno de ellos si el mundo futuro será de los robots o de los humanos y si una y otra cosa será buena o mala para la humanidad tal como es hoy.
El mismo Rodney Brooks, autor mencionado varias veces en posts anteriores, se refiere extensamente a estos temas en su libro de 2002, “Robot: The Future of Flesh and Machines” (traducido al español con el título de “Cuerpos y máquinas: de los robots humanos a los hombres robot” y publicado por Ediciones B de Barcelona en 2003). Se inclina por un futuro en el que los hombres nos convertiremos en una fusión de cuerpos y máquinas y no cree que haya problemas de unos seres luchando contra otros. Otros autores no lo tiene tan claro y opinan que el futuro habrá tres tipos de habitantes en este y, quizás otros planetas: los humanos, los cybers (mezcla de hombres y máquinas) y los androides inteligentes. Las relaciones entre ellos no serán siempre perfectas.
Ese mundo se nos antoja, posible pero lejano, a pesar de lo que pregonan los autores más conocidos del transhumanismo y del post-humanismo como Ray Kurzweil (1948 - ) y Nick Bostrom (1973 - ). Estos autores indican que hay un proceso claro hacia el hombre post-humano en el que establecen los siguientes pasos intermedios que se ven en la figura de arriba: vida inanimada, vida no consciente, humanidad, trans-humanidad y post-humanidad.
Para eso, en mi opinión, no será suficiente el desarrollo de la IA en los ordenadores digitales actuales. Será imprescindible la convergencia NBIC (Nano- Bio - Info - Cogno), así como el paso de los ordenadores actuales a los ópticos, a los biológicos y a los cuánticos. El software actual tendrá que evolucionar, por otra parte, hacia lo que ya se llama “wetware”, un software "húmedo" más cercano a lo que el hombre parece ser.
Todo lo relacionado con la mecánica cuántica, en la que puede encontrase el secreto de la consciencia, por otra parte, tiene que abrirse camino en nuestro mundo, como hemos dicho en posts anteriores. Mientras tanto, no obstante, creo que hay mucho margen para la robótica y muchas posibilidades de hacer de ella una de las bases del crecimiento económico futuro.
La última referencia que cabría hacer en los posts dedicados a la Robótica en este blog es la situación de esta actividad en España y en otros países menos avanzados en este terreno que los Estados Unidos y Japón. Todas las citas hechas en estos posts se refieren mayoritariamente a autores e investigadores de esos países pero la verdad es que existe mucha actividad en este terreno en todo el mundo. En el caso concreto de España existen empresas importantes dedicadas a la robótica y, sobre todo, departamentos universitarios muy activos en muchas escuelas de ingeniería y facultades científicas de la mayor parte de sus universidades. En la mayoría de esos centros son los ingenieros jóvenes los que se ocupan de la construcción de robots, aunque hay también seniors y persons bastante consagradas en estos temas.
Dejamos para otra ocasión el análisis de la Robótica en España, aunque debo recordar que los posts dedicados a este tema no constituyen un estudio comprensivo de la materia, ni mucho menos, son simplemente una revisión de lo indicado en el libro y los artículos de “The Futurist” mencionados al principio con algunas indagaciones personales complementarias.
El mismo Rodney Brooks, autor mencionado varias veces en posts anteriores, se refiere extensamente a estos temas en su libro de 2002, “Robot: The Future of Flesh and Machines” (traducido al español con el título de “Cuerpos y máquinas: de los robots humanos a los hombres robot” y publicado por Ediciones B de Barcelona en 2003). Se inclina por un futuro en el que los hombres nos convertiremos en una fusión de cuerpos y máquinas y no cree que haya problemas de unos seres luchando contra otros. Otros autores no lo tiene tan claro y opinan que el futuro habrá tres tipos de habitantes en este y, quizás otros planetas: los humanos, los cybers (mezcla de hombres y máquinas) y los androides inteligentes. Las relaciones entre ellos no serán siempre perfectas.
Ese mundo se nos antoja, posible pero lejano, a pesar de lo que pregonan los autores más conocidos del transhumanismo y del post-humanismo como Ray Kurzweil (1948 - ) y Nick Bostrom (1973 - ). Estos autores indican que hay un proceso claro hacia el hombre post-humano en el que establecen los siguientes pasos intermedios que se ven en la figura de arriba: vida inanimada, vida no consciente, humanidad, trans-humanidad y post-humanidad.
Para eso, en mi opinión, no será suficiente el desarrollo de la IA en los ordenadores digitales actuales. Será imprescindible la convergencia NBIC (Nano- Bio - Info - Cogno), así como el paso de los ordenadores actuales a los ópticos, a los biológicos y a los cuánticos. El software actual tendrá que evolucionar, por otra parte, hacia lo que ya se llama “wetware”, un software "húmedo" más cercano a lo que el hombre parece ser.
Todo lo relacionado con la mecánica cuántica, en la que puede encontrase el secreto de la consciencia, por otra parte, tiene que abrirse camino en nuestro mundo, como hemos dicho en posts anteriores. Mientras tanto, no obstante, creo que hay mucho margen para la robótica y muchas posibilidades de hacer de ella una de las bases del crecimiento económico futuro.
La última referencia que cabría hacer en los posts dedicados a la Robótica en este blog es la situación de esta actividad en España y en otros países menos avanzados en este terreno que los Estados Unidos y Japón. Todas las citas hechas en estos posts se refieren mayoritariamente a autores e investigadores de esos países pero la verdad es que existe mucha actividad en este terreno en todo el mundo. En el caso concreto de España existen empresas importantes dedicadas a la robótica y, sobre todo, departamentos universitarios muy activos en muchas escuelas de ingeniería y facultades científicas de la mayor parte de sus universidades. En la mayoría de esos centros son los ingenieros jóvenes los que se ocupan de la construcción de robots, aunque hay también seniors y persons bastante consagradas en estos temas.
Dejamos para otra ocasión el análisis de la Robótica en España, aunque debo recordar que los posts dedicados a este tema no constituyen un estudio comprensivo de la materia, ni mucho menos, son simplemente una revisión de lo indicado en el libro y los artículos de “The Futurist” mencionados al principio con algunas indagaciones personales complementarias.
Existen en el mundo muchos constructores de robots y muchos centros de investigación sobre esta materia, como ya se ha dicho en anteriores posts. Algunos de ellos están utilizando el enfoque aportado por Rodney Brooks, ya citado también, consistente en construir máquinas que perciban su entorno, reaccionen ante él y actúen en consecuencia. Algunos de los más notables se mencionan en el presente post. Creen estos investigadores que la inteligencia en los robots surgirá como en el mundo real a través del aprendizaje de las máquinas. Consideran también que la inteligencia de los robots podrá evolucionar tal como ha evolucionado la de los animales y la del hombre, pasando de estructuras de cerebro elementales a estructuras cada vez más complejas.
El robot Big Dog de Boston Dynamics
Hay muchos otros constructores de robots y los llamados “AI Animals” (Animales con Inteligencia Artificial) constituyen un área de actividad en expansión. Hod Lipson, director del “Creative Machines Lab” de la Universidad de Cornell, es uno de los más destacados. Es conocido por la creación de robots muy básicos pero con capacidad de aprender y de adaptarse al entorno. Dentro de ellos construye rutinas electrónicas capaces de premiar al robot cuando hace bien las cosas. Su enfoque está en la línea con lo hablado en los últimos posts, especialmente en cuanto a robots que “perciben y actúan” , pero, además, toma la evolución humana como un punto de partida para sus trabajos. Trata de reproducir en el laboratorio las condiciones en la que han evolucionado los animales. Construye en realidad artefactos que copian las formas de vida elementales incluyendo “Starfishes” o estrellas de mar. Estos últimos animales, por cierto, están siendo utilizados como modelos para robots básicos por muchos otros investigadores. En cualquier caso, uno de los primeros y más conocidos es el Starfish de Lipson, construido en su laboratorio por este investigador y sus colegas Josh Bongard y Victor Zykov. Un buen vídeo, tambien de las conferencias TED, es: http://www.ted.com/talks/hod_lipson_builds_self_aware_robots.html.
La intención de Lipson es crear robots o “AI Animals” con “curiosidad” y explica que si finalmente el hombre construye máquinas inteligentes estas serán curiosas y creativas. Su orientación de replicar la evolución de la vida y de la inteligencia viene ayudada por otros investigadores de estos temas, entre ellos, Robert J. Full, profesor del departamento de de Biología Integrativa de la Universidad de California que trabaja sobre “biomecánica comparativa”, fisiología y “morfología funcional”. Este último es un investigador que no construye robots pero que proporciona a otros investigadores los “planos de ingeniería” de cómo funcionan los animales pequeños: cangrejos, hormigas, cucarachas y gecos.
Mark Stevenson dice de Hod Lipson que es, en su trabajo, una mezcla de Sócrates y de Francis Bacon. Del primero toma el método de hacer preguntas y tratar de contestarlas como fórmula para el aprendizaje (método socrático) y del segundo la manera de aprender de la realidad a través de la experimentación y la demostración (método científico). En sus trabajos se nota que asume que la inteligencia es algo que surge de la interrelación del cerebro, el cuerpo y el mundo.
Algo en lo que también cree Cynthia Breazeal influenciada por Brooks. Dice esta investigadora que lo primero es construir un cuerpo, lo segundo es hacerlo percibir y reaccionar al mundo que lo rodea y lo tercero hacerlo social
Quiere eso decir que estos constructores de robots no son ajenos a la “inteligencia sentiente” y a la verdadera consciencia, la cual, como sabemos, es la que sólo tienen los hombres y la que lleva consigo el saber que se sabe, el saber que se existe, el saber que se vive y, en definitiva, la que permite la reflexión e introspección profundas y el sentido del yo.
En la búsqueda de esa verdadera inteligencia de los robots hay también otros científicos muy interesados en la IA. Uno de ellos es el conocido genetista y profesor de la Harvard Medical School, George Church (1954 - ), el cual se relaciona profesionalmente con Cynthia Breazeal y otros constructores de robots mencionados.
La intención de Lipson es crear robots o “AI Animals” con “curiosidad” y explica que si finalmente el hombre construye máquinas inteligentes estas serán curiosas y creativas. Su orientación de replicar la evolución de la vida y de la inteligencia viene ayudada por otros investigadores de estos temas, entre ellos, Robert J. Full, profesor del departamento de de Biología Integrativa de la Universidad de California que trabaja sobre “biomecánica comparativa”, fisiología y “morfología funcional”. Este último es un investigador que no construye robots pero que proporciona a otros investigadores los “planos de ingeniería” de cómo funcionan los animales pequeños: cangrejos, hormigas, cucarachas y gecos.
Mark Stevenson dice de Hod Lipson que es, en su trabajo, una mezcla de Sócrates y de Francis Bacon. Del primero toma el método de hacer preguntas y tratar de contestarlas como fórmula para el aprendizaje (método socrático) y del segundo la manera de aprender de la realidad a través de la experimentación y la demostración (método científico). En sus trabajos se nota que asume que la inteligencia es algo que surge de la interrelación del cerebro, el cuerpo y el mundo.
Algo en lo que también cree Cynthia Breazeal influenciada por Brooks. Dice esta investigadora que lo primero es construir un cuerpo, lo segundo es hacerlo percibir y reaccionar al mundo que lo rodea y lo tercero hacerlo social
Quiere eso decir que estos constructores de robots no son ajenos a la “inteligencia sentiente” y a la verdadera consciencia, la cual, como sabemos, es la que sólo tienen los hombres y la que lleva consigo el saber que se sabe, el saber que se existe, el saber que se vive y, en definitiva, la que permite la reflexión e introspección profundas y el sentido del yo.
En la búsqueda de esa verdadera inteligencia de los robots hay también otros científicos muy interesados en la IA. Uno de ellos es el conocido genetista y profesor de la Harvard Medical School, George Church (1954 - ), el cual se relaciona profesionalmente con Cynthia Breazeal y otros constructores de robots mencionados.
Los nuevos robots se están construyendo con la idea de que aprendan solos. Sus softwares están programados de forma que los errores cometidos al moverse y reaccioar ante el entorno les sirvan para hacer cambios en sus memorias internas. La idea es que los fundamental de un robot es la "percepción y la reacción". De una búsqueda de una inteligencia elevada a priori de las máquinas se ha pasado a copiar al hombre y a los animales y hacer que la inteligencia sea un proceso evolutivo en el que se pase de niveles básicos de inteligencia a niveles más complejos. Los constructores de robots esperán conseguir más avances con este nuevo enfoque.
En medio de los dos extremos en cuanto a la inteligencia de los robots descritos en el post anterior, puede que se encuentren los actuales constructores de robots. Son más pragmáticos y creen que la cantidad de información almacenada y la cantidad de conexiones deben combinarse con el aprendizaje, con el reconocimiento de patrones, con la percepción del entorno y con la acumulación de experiencias; así como con la construcción en el interior de las máquinas de sistemas productores de emociones y sentimientos como los de los humanos y de capacidades sociales que los unan a ellos.
Se suele asignar al australiano Rodney Brooks (1954 - ), profesor del MIT, la paternidad de dicho cambio en la orientación de la investigación robótica y en la construcción de androides. En su artículo de 1990, “Los elefantes no juegan al ajedrez”, escrito probablemente bajo el impacto de los primeros ordenadores de IBM que jugaban a dicho juego, y con varios años de antelación a la victoria del IBM Deep Blue sobre el campeón mundial Gary Kaspárov (1963 - ), de 1997, dijo que efectivamente los elefantes no sabían hacer eso pero que su vida estaba llena de actos que reflejaban mucho “sentido común” al igual que ocurre con los perros, los gatos y los niños. Introdujo así el tema del nivel de inteligencia que pueden tener los seres vivos. O, en otras palabras, puso énfasis en el hecho de que la inteligencia no es algo que se tiene o no se tiene, sino algo que se posee en proporciones muy diversas.
Brooks coincide con Steve Pinker (1954 - ), el famoso psicólogo experimental norteamericano autor, entre otros, del libro “La tabla rasa”, cuando dice que en el terreno de la IA se ha aprendido después de muchos años de actividad que “los problemas difíciles son sencillos y los sencillos son difíciles”. Entre las cosas más difíciles que existen en términos de ingeniería, indica Pinker, están las que un niño pequeño tiene que aprender, tales como reconocer una cara, recorrer una habitación o responder a una pregunta. Esas cosas se aprenden, dice Brooks, sólo con percepción y acción. No hay necesidad de una inteligencia reflexiva. Sobre ellas se construirá más adelante el intelecto de mayor nivel.
Es decir, los nuevos robots se construyen con la idea de que perciban su entorno, se muevan y aprendan mediante prueba y error. No hay que buscar la inteligencia sentiente, o consciencia, a priori. Si los robots son capaces de recoger en sus memorias los errores cometidos y modificar su actuación en la siguiente ocasión, estaremos dando un paso de gigante en la dirección de la creación en las máquinas de verdadera inteligencia. Stevenson menciona en este sentido el funcionamiento del robot Big Dog creado por Boston Dynamics con financiación de las fuerzas armadas americanas y su increíble reacción al patinar sobre una superficie de hielo. Dado su interés intentaré colocar el vídeo en cuestión en uno de los próximos posts.
Esto es lo que cree también la discípula de Brooks, Cynthia Breazeal (1967 - ), profesora asimismo de Robótica del MIT y constructora de los robots Leonardo y Nexi (esta última un ginoide o robot femenino), en el Personal Robots Group del Media Lab de dicha Universidad; los cuales, por cierto, pueden verse con detalle en youtube.
Además de construir robots que perciban su entorno y reaccionen, esta investigadora quiere dotarlos de gestos y actuaciones sociales. Sus robots mueven los ojos, hacen gestos con la cabeza y pueden expresar emociones como el miedo, la amistad y la confianza. Independientemente de que así se pueda conseguir una posible evolución de la inteligencia del robot, lo más interesante, en términos prácticos, es que así los robots pueden tener más utilidad para aplicaciones comunes. La profesora Breazal lo explica muy bien en el vídeo de su conferencia TED incluido en youtube. Su dirección es: http://www.youtube.com/watch?v=eAnHjuTQF3M
Al tratar el tema de la inteligencia de los robots en la entrevista que le hace Mark Stevenson (1971 - ), recogida en su libro, una y otra vez responde a las preguntas, ¿Leo piensa? o ¿Leo tiene emociones?, diciendo: “Bueno, un poco. Algo parecido”. O dicho de otro modo, se podría considerar que efectivamente, en el interior de los androides y ginoides de Cynthia Breazeal se ha creado un cierto grado de inteligencia aunque sea todavía de muy bajo nivel.
Se suele asignar al australiano Rodney Brooks (1954 - ), profesor del MIT, la paternidad de dicho cambio en la orientación de la investigación robótica y en la construcción de androides. En su artículo de 1990, “Los elefantes no juegan al ajedrez”, escrito probablemente bajo el impacto de los primeros ordenadores de IBM que jugaban a dicho juego, y con varios años de antelación a la victoria del IBM Deep Blue sobre el campeón mundial Gary Kaspárov (1963 - ), de 1997, dijo que efectivamente los elefantes no sabían hacer eso pero que su vida estaba llena de actos que reflejaban mucho “sentido común” al igual que ocurre con los perros, los gatos y los niños. Introdujo así el tema del nivel de inteligencia que pueden tener los seres vivos. O, en otras palabras, puso énfasis en el hecho de que la inteligencia no es algo que se tiene o no se tiene, sino algo que se posee en proporciones muy diversas.
Brooks coincide con Steve Pinker (1954 - ), el famoso psicólogo experimental norteamericano autor, entre otros, del libro “La tabla rasa”, cuando dice que en el terreno de la IA se ha aprendido después de muchos años de actividad que “los problemas difíciles son sencillos y los sencillos son difíciles”. Entre las cosas más difíciles que existen en términos de ingeniería, indica Pinker, están las que un niño pequeño tiene que aprender, tales como reconocer una cara, recorrer una habitación o responder a una pregunta. Esas cosas se aprenden, dice Brooks, sólo con percepción y acción. No hay necesidad de una inteligencia reflexiva. Sobre ellas se construirá más adelante el intelecto de mayor nivel.
Es decir, los nuevos robots se construyen con la idea de que perciban su entorno, se muevan y aprendan mediante prueba y error. No hay que buscar la inteligencia sentiente, o consciencia, a priori. Si los robots son capaces de recoger en sus memorias los errores cometidos y modificar su actuación en la siguiente ocasión, estaremos dando un paso de gigante en la dirección de la creación en las máquinas de verdadera inteligencia. Stevenson menciona en este sentido el funcionamiento del robot Big Dog creado por Boston Dynamics con financiación de las fuerzas armadas americanas y su increíble reacción al patinar sobre una superficie de hielo. Dado su interés intentaré colocar el vídeo en cuestión en uno de los próximos posts.
Esto es lo que cree también la discípula de Brooks, Cynthia Breazeal (1967 - ), profesora asimismo de Robótica del MIT y constructora de los robots Leonardo y Nexi (esta última un ginoide o robot femenino), en el Personal Robots Group del Media Lab de dicha Universidad; los cuales, por cierto, pueden verse con detalle en youtube.
Además de construir robots que perciban su entorno y reaccionen, esta investigadora quiere dotarlos de gestos y actuaciones sociales. Sus robots mueven los ojos, hacen gestos con la cabeza y pueden expresar emociones como el miedo, la amistad y la confianza. Independientemente de que así se pueda conseguir una posible evolución de la inteligencia del robot, lo más interesante, en términos prácticos, es que así los robots pueden tener más utilidad para aplicaciones comunes. La profesora Breazal lo explica muy bien en el vídeo de su conferencia TED incluido en youtube. Su dirección es: http://www.youtube.com/watch?v=eAnHjuTQF3M
Al tratar el tema de la inteligencia de los robots en la entrevista que le hace Mark Stevenson (1971 - ), recogida en su libro, una y otra vez responde a las preguntas, ¿Leo piensa? o ¿Leo tiene emociones?, diciendo: “Bueno, un poco. Algo parecido”. O dicho de otro modo, se podría considerar que efectivamente, en el interior de los androides y ginoides de Cynthia Breazeal se ha creado un cierto grado de inteligencia aunque sea todavía de muy bajo nivel.
Aunque es difícil hacer afirmaciones sobre lo que los investigadores intentan en sus trabajos y las orientaciones que deminan las investigaciones en distintos países, se hacen comentarios en este post sobre las aparentes inclinaciones en la construcción de robots en los dos países más avanzados en este terreno. En el caso de los Estados Unidos, además de estar la investigación sobre robots muy conectada a la defensa y a la guerra, hay un claro interés por dotarlos de verdadera inteligencia. En el Japón, por el contrario, parece predominar el uso social de los robots y no hay ecesivo interés en que los robots actuales sean tan inteligentes como los hombres, con una inteligencia má elemental parece suficiente.
Hay una diferencia importante en la orientación de la robótica en los Estados Unidos y Japón. Mientras que en los Estados Unidos domina la investigación relacionada con los temas militares, en Japón se inclinan por el uso social de los androides, con particular énfasis en la ayuda a los ancianos, a las personas discapacitadas y a la educación de los niños. En Japón, por otra parte, tienen gran interés en la comercialización de estos robots, sin que parezca que tengan demasiada preocupación por que sean más o menos inteligentes en el sentido de “sentientes” mencionado en los posts anteriores.
En los Estados Unidos, por el contrario, se preocupan por conseguir que los robots se acerquen a la verdadera inteligencia del ser humano y para ello una mayoría de centros de investigación y de investigadores se esfuerzan hoy en hacer androides verdaderamente inteligentes. El enfoque, u orientación, que los guía es en parte nuevo y tiene que ver con que sean robots que aprenden reconociendo ellos mismos su entorno y acumulando experiencia.
Hasta no hace mucho se creía, y todavía se cree, que la Inteligencia Artificial es una cuestión de acumulación de circuitos electrónicos y bits de memoria de la misma forma que en los animales y en los seres humanos parece ser una cuestión de mayor número de neuronas y sinapsis. En un segundo artículo de la revista que utilizamos como referencia (“The Futurist” septiembre-octubre de 2011) de Steven M. Shaker, “The Coming Robot Evolution Race”, se recoge, una vez más, la comparación del crecimiento de las neuronas en los seres vivos a medida que estos han ido evolucionando con el aumento de la capacidad de cálculo y almacenamiento de los ordenadores. Se explica, por ejemplo, cómo los primeros gusanos en los que apareció algo que podría denominarse “cerebro” hace más de 500 millones de años, sólo tenían unos cuanto cientos de neuronas, cómo los primeros peces de hace más de 400 millones de años tenían alrededor de 100.000 y cómo el hombre actual, después de tantos millones de años de evolución ha llegado a tener unos 100.000 millones de neuronas en su cerebro. Muchos creen, como hemos dicho anteriormente, que la inteligencia es cuestión de cantidad de neuronas y de cantidad de conexiones entre ellas.
En ese sentido la evolución de las capacidades de los ordenadores es mucho más rápida y acelerada. Desde los varios cientos de bits que almacenaban los primeros ordenadores pasamos a 10 millones de bits en los años 70, a más de 100 millones en los 80 y, a través de un crecimiento exponencial que parece no tener límite, hemos llegado a los portátiles actuales que tienen decenas de miles de millones de bits de memoria RAM. Algo parecido se podría decir de la velocidad de cáculo y de la de transmisión.
Basándose en esos crecimientos exponenciales de la tecnología digital muchos autores han hecho predicciones sorprendentes. El autor mencionado anteriormente Hans Moravec predijo en su libro “Mind Children” publicado en 1990, que los robots superarían la inteligencia humana en el año 2030, y más recientemente Ray Kurzweil, autor entre otros del libro, “La era de las máquinas espirituales”, ha insistido en ello y ha dado fechas algo más lejanas pero sin albergar ninguna duda en cuanto a la ocurrencia de ese fenómeno.
Otros autores, por el contrario, y como también hemos indicado en posts anteriores, no creen que la inteligencia verdadera sea una cuestión sólo de cantidad de unidades de almacenamiento de información y de conexiones. Creen en los saltos cualitativos y en la existencia en nuestro mundo de otros fenómenos mucho más misteriosos que los cuantitativos.
Pero, aparte de estas consideraciones sobre límites de la inteligencia en las máquinas construidas por el hombre, lo cierto es que la investigación en robótica es muy activa. En lo relativo a tipos de robots se puede hablar según, http://www.scienceclarified.com/scitech/Artificial-Intelligence/AI-and-Robotics.html, de los siguientes:
Animales mecánicos que se mueven
Inteligencia en los motores
Robots exploradores
Robots de búsqueda y rescate
Warbots o robots para la guerra
Vehículos sin piloto
Sin contar, claro está, los nanobots o robots a nivel nanométrico a los que esperamos referirnos más adelante.
En los Estados Unidos, por el contrario, se preocupan por conseguir que los robots se acerquen a la verdadera inteligencia del ser humano y para ello una mayoría de centros de investigación y de investigadores se esfuerzan hoy en hacer androides verdaderamente inteligentes. El enfoque, u orientación, que los guía es en parte nuevo y tiene que ver con que sean robots que aprenden reconociendo ellos mismos su entorno y acumulando experiencia.
Hasta no hace mucho se creía, y todavía se cree, que la Inteligencia Artificial es una cuestión de acumulación de circuitos electrónicos y bits de memoria de la misma forma que en los animales y en los seres humanos parece ser una cuestión de mayor número de neuronas y sinapsis. En un segundo artículo de la revista que utilizamos como referencia (“The Futurist” septiembre-octubre de 2011) de Steven M. Shaker, “The Coming Robot Evolution Race”, se recoge, una vez más, la comparación del crecimiento de las neuronas en los seres vivos a medida que estos han ido evolucionando con el aumento de la capacidad de cálculo y almacenamiento de los ordenadores. Se explica, por ejemplo, cómo los primeros gusanos en los que apareció algo que podría denominarse “cerebro” hace más de 500 millones de años, sólo tenían unos cuanto cientos de neuronas, cómo los primeros peces de hace más de 400 millones de años tenían alrededor de 100.000 y cómo el hombre actual, después de tantos millones de años de evolución ha llegado a tener unos 100.000 millones de neuronas en su cerebro. Muchos creen, como hemos dicho anteriormente, que la inteligencia es cuestión de cantidad de neuronas y de cantidad de conexiones entre ellas.
En ese sentido la evolución de las capacidades de los ordenadores es mucho más rápida y acelerada. Desde los varios cientos de bits que almacenaban los primeros ordenadores pasamos a 10 millones de bits en los años 70, a más de 100 millones en los 80 y, a través de un crecimiento exponencial que parece no tener límite, hemos llegado a los portátiles actuales que tienen decenas de miles de millones de bits de memoria RAM. Algo parecido se podría decir de la velocidad de cáculo y de la de transmisión.
Basándose en esos crecimientos exponenciales de la tecnología digital muchos autores han hecho predicciones sorprendentes. El autor mencionado anteriormente Hans Moravec predijo en su libro “Mind Children” publicado en 1990, que los robots superarían la inteligencia humana en el año 2030, y más recientemente Ray Kurzweil, autor entre otros del libro, “La era de las máquinas espirituales”, ha insistido en ello y ha dado fechas algo más lejanas pero sin albergar ninguna duda en cuanto a la ocurrencia de ese fenómeno.
Otros autores, por el contrario, y como también hemos indicado en posts anteriores, no creen que la inteligencia verdadera sea una cuestión sólo de cantidad de unidades de almacenamiento de información y de conexiones. Creen en los saltos cualitativos y en la existencia en nuestro mundo de otros fenómenos mucho más misteriosos que los cuantitativos.
Pero, aparte de estas consideraciones sobre límites de la inteligencia en las máquinas construidas por el hombre, lo cierto es que la investigación en robótica es muy activa. En lo relativo a tipos de robots se puede hablar según, http://www.scienceclarified.com/scitech/Artificial-Intelligence/AI-and-Robotics.html, de los siguientes:
Animales mecánicos que se mueven
Inteligencia en los motores
Robots exploradores
Robots de búsqueda y rescate
Warbots o robots para la guerra
Vehículos sin piloto
Sin contar, claro está, los nanobots o robots a nivel nanométrico a los que esperamos referirnos más adelante.
Los robots como brazos mecánicos articulados capaces de hacer operaciones típicas de los obreros humanos surgieron con fuerza en la década de los 50 del siglo pasado. Tuvieron gran difusión en todo tipo de actividades manufactureras, con especial incidencia en las cadenas de montaje de las plantas automovilísticas. La automatización de actividades de todo tipo ha sido ingente desde entonces y ha estado favorecida por el impresionante desarrollo de la tecnología digital, de los ordenadores y del software y la programación. Con ello los hombres se animaron en un momento determinado a ir más lejos de la simple automatización de actividades manuales. Surgió así la Inteligencia Artificial con la intención de que las máquinas replicaran no sólo las habilidades manuales del hombre sino las intelectuales de todo tipo y la inteligencia misma. Pero de la máquinas "inteligentes" los hombres pasaron a los robots de apariencia humana, llamados androides o humanoides. En este post se sigue de forma muy simplificada y al hilo de lo explicado en las referencias ya indicadas, incluyendo el libro de Mark Stevenson, la evolución que lleva de los robots mecánicos o electromecánicos a los automatismos electrónicos, a la Inteligencia Artificial y a los robots androides.
Hoy se está viviendo una nueva época de esplendor en la IA y se utiliza el término de Inteligencia Artificial Fuerte, al que nos hemos referido en este blog. Parte de ello se debe a la espectacular aceleración de la tecnología digital, al desarrollo de la nanotecnología y la biotecnología y a los avances diversos en las ciencias cognitivas.
Los robots electrónicos y electromecánicos abundan en nuestro mundo, como hemos dicho anteriormente, pero son en realidad máquinas con mayor o menor capacidad de hacer algunas de las cosas que hace el hombre. En cuanto a Internet nos sorprendemos a diario de su capacidad para realizar actividades que hasta no hace mucho eran exclusivas de los hombres. La capacidad de búsqueda, la interpretación semántica de palabras, el simple funcionamiento del correo electrónico, con sus múltiples capacidades, incluyendo el spam, los virus y antivirus y mil tareas más, hechas además a unas velocidades de vértigo para un humano, nos muestran a diario la inteligencia de las máquinas y de las redes. Es decir, la inteligencia artificial ha penetrado profunda y extensamente nuestro mundo y no sabemos ya vivir sin ella.
Pero en la construcción de robots de tipo androide, es decir, robots antropomórficos en la línea del famoso C-3PO de “La guerra de las galaxias”, se ha entrado también en otra etapa. El nuevo enfoque es construir robots cada vez más humanos en sus reacciones, que puedan mostrar emociones e interactuar con las personas. Y, más importante que todo eso, robots que aprendan interactuando con su entorno de forma parecida a cómo lo hace un ser humano desde que nace.
Japón es uno de los países que más tempranamente apostó por los androides, siendo el famoso robot ASIMO de Honda uno de los ejemplos más conocidos del esfuerzo de sus empresas y sus centros de investigación en este terreno. Y hay muchos más, incluyendo los robots de tipo artístico (en los que se mezcla la ciencia, la tecnología y el arte) de Hiroshi Ishiguro que trabaja en la Universidad de Osaka y que es conocido por los robots femeninos que ha construido tomando como modelos a bellas mujeres reales e incluso a su hija y a él mismo. En los últimos tiempos este artista-científico se ha dedicado a la representación de obras de teatro incluyendo robots humanoides en armonía con actores de carne y hueso. Como se indica en el artículo de “The Futurist” que figura en la portada del número de dicha revista, “Thank you very much Mr. Roboto”, el autor de obras de teatro Oriza Hirata y él comenzaron hace dos años el proyecto denominado “Robot-Human Theater”, varias de cuyas obras, “Hataraku Watashi”, “Sayonara” y otras, se han representado con éxito.
Más interesante resulta la información que dicho artículo proporciona sobre el último robot de la serie “Robovi” construida por la ATR (Advanced Telecommunications Research Institute International) del Japón en colaboración con la empresa Vstone Co, Ltd. En esta última empresa participa como Asesor Jefe de Tecnología el anteriormente mencionado Hiroshi Ishiguru. De hecho, la empresa, con sede en Osaka, fue fundada en el año 2000 por el mismo Ishiguru y Nobuo Yamato. No se menciona en el artículo de “The Furist” el modelo de Robovie del que se habla pero cabe deducir que es el Robovie-R Ver.3, último creado por estas dos instituciones. Japón es, junto con los Estados Unidos, uno de los países más avanzados en estos robots humanoides y uno de los pioneros desde que el ya fallecido Ichiro Kato de la Universidad de Waseda presentara su WAP-1, el cual podía leer partituras musicales y tocar el órgano sin confundir una nota.
Para los americanos, por cierto, los primeros robots fueron construidos en la década de 1950-1960 por Joseph Engelberger (1925 -) el cual es considerado como el padre de la robótica para talleres y líneas de montaje. Sus máquinas fueron llamadas Unimates y eran, sobre todo, brazos mecánicos articulados que encontraron un uso inmediato en las cadenas de montaje de automóviles.
Los robots electrónicos y electromecánicos abundan en nuestro mundo, como hemos dicho anteriormente, pero son en realidad máquinas con mayor o menor capacidad de hacer algunas de las cosas que hace el hombre. En cuanto a Internet nos sorprendemos a diario de su capacidad para realizar actividades que hasta no hace mucho eran exclusivas de los hombres. La capacidad de búsqueda, la interpretación semántica de palabras, el simple funcionamiento del correo electrónico, con sus múltiples capacidades, incluyendo el spam, los virus y antivirus y mil tareas más, hechas además a unas velocidades de vértigo para un humano, nos muestran a diario la inteligencia de las máquinas y de las redes. Es decir, la inteligencia artificial ha penetrado profunda y extensamente nuestro mundo y no sabemos ya vivir sin ella.
Pero en la construcción de robots de tipo androide, es decir, robots antropomórficos en la línea del famoso C-3PO de “La guerra de las galaxias”, se ha entrado también en otra etapa. El nuevo enfoque es construir robots cada vez más humanos en sus reacciones, que puedan mostrar emociones e interactuar con las personas. Y, más importante que todo eso, robots que aprendan interactuando con su entorno de forma parecida a cómo lo hace un ser humano desde que nace.
Japón es uno de los países que más tempranamente apostó por los androides, siendo el famoso robot ASIMO de Honda uno de los ejemplos más conocidos del esfuerzo de sus empresas y sus centros de investigación en este terreno. Y hay muchos más, incluyendo los robots de tipo artístico (en los que se mezcla la ciencia, la tecnología y el arte) de Hiroshi Ishiguro que trabaja en la Universidad de Osaka y que es conocido por los robots femeninos que ha construido tomando como modelos a bellas mujeres reales e incluso a su hija y a él mismo. En los últimos tiempos este artista-científico se ha dedicado a la representación de obras de teatro incluyendo robots humanoides en armonía con actores de carne y hueso. Como se indica en el artículo de “The Futurist” que figura en la portada del número de dicha revista, “Thank you very much Mr. Roboto”, el autor de obras de teatro Oriza Hirata y él comenzaron hace dos años el proyecto denominado “Robot-Human Theater”, varias de cuyas obras, “Hataraku Watashi”, “Sayonara” y otras, se han representado con éxito.
Más interesante resulta la información que dicho artículo proporciona sobre el último robot de la serie “Robovi” construida por la ATR (Advanced Telecommunications Research Institute International) del Japón en colaboración con la empresa Vstone Co, Ltd. En esta última empresa participa como Asesor Jefe de Tecnología el anteriormente mencionado Hiroshi Ishiguru. De hecho, la empresa, con sede en Osaka, fue fundada en el año 2000 por el mismo Ishiguru y Nobuo Yamato. No se menciona en el artículo de “The Furist” el modelo de Robovie del que se habla pero cabe deducir que es el Robovie-R Ver.3, último creado por estas dos instituciones. Japón es, junto con los Estados Unidos, uno de los países más avanzados en estos robots humanoides y uno de los pioneros desde que el ya fallecido Ichiro Kato de la Universidad de Waseda presentara su WAP-1, el cual podía leer partituras musicales y tocar el órgano sin confundir una nota.
Para los americanos, por cierto, los primeros robots fueron construidos en la década de 1950-1960 por Joseph Engelberger (1925 -) el cual es considerado como el padre de la robótica para talleres y líneas de montaje. Sus máquinas fueron llamadas Unimates y eran, sobre todo, brazos mecánicos articulados que encontraron un uso inmediato en las cadenas de montaje de automóviles.
Iniciamos con este post una serie dedicada a lo robots. Lo hacemos como paso siguiente a las consideraciones anteriores sobre la tecnología relacionada con el cerebro y la mente. Hablar de cognotecnología es hablar, antes o después, de robots. La cognotecnología tal como la interpretamos en este blog está relacionada con todo tipo de tecnologías conectadas con el cerebro y sus funciones. El cerebro tiene muchas tareas relativas al control del cuerpo humano en actos automáticos e inconscientes pero su actividad de más nivel en el hombre es la que tiene que ver con la inteligencia y la consciencia. Los robots, sobre todo los androides, necesitan un núcleo interno de almacenamiento de memoria y de circuitos que actúe como el cerebro humano, tanto para actividades de percepción de su entorno, de movimiento y de actuación, como para actividades de más nivel relatvas al aprendizaje, la toma de decisiones y la reflexión. Parece que estamos todavía lejos de dotar a los robots de un cerebro aunque sea incipiente pero los investigadores dedicados a estos temas ne cejan en su empeño de conseguirlo.
Hay varias circunstancias que nos llevan a tratar ahora en este blog los enormes avances que se están produciendo en los últimos años en el terreno de la robótica. Una de ellas es la lectura del interesante libro de Mark Stevenson, “Un viaje optimista por el futuro” (1) en el que existen varios capítulos dedicados a este tema; otra es la revisión del número de la revista “The Futurist” correspondiente a septiembre-octubre del pasado año cuya portada se incluye como imagen introductoria en este post; y una más, el paso lógico que supone en nuestra materia (Cognotecnología) tratar de nuevas formas de enfrentarse a la Inteligencia Artificial después de haber descrito las dificultades, aparentemente insalvables, para reproducir tecnológicamente la consciencia y la verdadera inteligencia.
En relación con la última de dichas circunstancias adelantamos que un término básico para lo que diremos a continuación es el de “sentiente” o el de “inteligencia sentiente”, expresión, esta última, utilizada por el filósofo español Xavier Zubiri (1898 – 1983) como superación, o especificación, del concepto de “conciencia”. La “inteligencia sentiente” de Zubiri, a la que dedicó un libro con el mismo título (2), consiste en “la reflexión humana -- inteligencia – incluyendo los propios sentidos- sentiente-“. En inglés existe la palabra “sentience”, la cual es la capacidad de sentir, percibir y ser consciente. Los filósofos especialistas en la consciencia, a los que nos hemos referido en posts anteriores, utilizan la palabra “sentience“ para describir la habilidad de un ente o entidad de tener experiencias de percepción subjetivas, es decir, de crear en su cerebro lo que se llaman “qualias”, o ideas abstractas..
Es una capacidad distinta de otras también identificadas en la mente humana y ligadas a la consciencia como, la creatividad, la inteligencia, la sapiencia, la reflexión y la intencionalidad. Es la experiencia subjetiva en sí misma, lo menos computable de la inteligencia humana y lo que según algunos filósofos nunca podrá ser explicado.
Los expertos actuales en Inteligencia Artificial, o quizás mejor, los modernos constructores de robots, no son ajenos a la necesidad de crear maquinas “sentientes” pero utilizan un camino distinto al de los investigadores clásicos de esta materia. Hans Moravec (1949 - ), uno de los gurús de la robótica, investigador en el Robotics Institute de la Carnegie Mellon University ya dijo en su conocido artículo de diciembre de 2000, “Robots, Re-Evolving Mind” y lo repitió en otro publicado por la revista “Scientific American” en 2008, que la robótica había sido incapaz de cumplir las predicciones de los años 50, especialmente en relación con la existencia de robots que nos liberaran de las tareas más engorrosas de nuestra vida diaria. Creía además, como se recoge en el libro de Stevenson, que tal fallo no radica en la dificultad de construir los componentes mecánicos, electromecánicos o electrónicos de sus cuerpos, sino en la incapacidad de dotarlos de mente.
La IA, digamos, clásica, es decir la surgida en los años 50, creía firmemente en la posibilidad de que los ordenadores, simularan primero y replicaran después, la inteligencia humana. Los padres creadores de esta materia, John McCarthy (1927 – 2011), quien pasa por haber acuñado la denominación, Marvin Minsky (1927 - ), Allen Newell (1927 – 1992) y Herbert Simon (1916 – 2001) (3), eran muy optimistas y pensaban que los ordenadores terminarían reproduciendo la inteligencia humana en sus aspectos más profundos, es decir, los relacionados con la sapiencia y la consciencia. Creían también que la percepción del entorno y la puesta en marcha de acciones de adaptación y reacción por parte de las máquinas iba a ser mucho más fácil de lo que en realidad ha sido.
La IA ha pasado por tiempos de euforia y por tiempos de pesimismo, pero hoy constituye un área de actividad científica y tecnológica plenamente establecida en nuestro mundo, con infinidad de centros de investigación en todo el planeta y con miles de investigadores y autores procedentes de multitud de países.
Sus éxitos son claros y si hay algo profusamente aplicado en nuestro mundo es la “inteligencia” de las máquinas de todo tipo que utilizamos y de las redes digitales y otras que nos rodean y de las que dependemos. Pero todo depende de lo que llamemos inteligencia ya que por mucho que las máquinas sean capaces de conseguir parece que lo de hacerlas conscientes, “sentientes” o espirituales, está todavía muy lejos y no sabemos si se conseguirá en algún momento.
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(1) Mark Stevenson, “Un viaje optimista por el futuro”, Galaxia de Gutemberg, Madrid, 2012.
(2) Xavier Zubiri, “Inteligencia Sentiente: Inteligencia y Realidad” [1980]
(3) Aunque para muchos autores el comienzo de la IA se produjo en 1943 cuando Warren McCulloch y Walter Pitts propusieron un modelo de neurona del cerebro humano y animal. También cabe situar como pionero de estos temas a Norbert Wiener, padre de la cibernética, quien hizo aportaciones importantes de carater teórico al principio de los años 50 del pasado siglo.
En relación con la última de dichas circunstancias adelantamos que un término básico para lo que diremos a continuación es el de “sentiente” o el de “inteligencia sentiente”, expresión, esta última, utilizada por el filósofo español Xavier Zubiri (1898 – 1983) como superación, o especificación, del concepto de “conciencia”. La “inteligencia sentiente” de Zubiri, a la que dedicó un libro con el mismo título (2), consiste en “la reflexión humana -- inteligencia – incluyendo los propios sentidos- sentiente-“. En inglés existe la palabra “sentience”, la cual es la capacidad de sentir, percibir y ser consciente. Los filósofos especialistas en la consciencia, a los que nos hemos referido en posts anteriores, utilizan la palabra “sentience“ para describir la habilidad de un ente o entidad de tener experiencias de percepción subjetivas, es decir, de crear en su cerebro lo que se llaman “qualias”, o ideas abstractas..
Es una capacidad distinta de otras también identificadas en la mente humana y ligadas a la consciencia como, la creatividad, la inteligencia, la sapiencia, la reflexión y la intencionalidad. Es la experiencia subjetiva en sí misma, lo menos computable de la inteligencia humana y lo que según algunos filósofos nunca podrá ser explicado.
Los expertos actuales en Inteligencia Artificial, o quizás mejor, los modernos constructores de robots, no son ajenos a la necesidad de crear maquinas “sentientes” pero utilizan un camino distinto al de los investigadores clásicos de esta materia. Hans Moravec (1949 - ), uno de los gurús de la robótica, investigador en el Robotics Institute de la Carnegie Mellon University ya dijo en su conocido artículo de diciembre de 2000, “Robots, Re-Evolving Mind” y lo repitió en otro publicado por la revista “Scientific American” en 2008, que la robótica había sido incapaz de cumplir las predicciones de los años 50, especialmente en relación con la existencia de robots que nos liberaran de las tareas más engorrosas de nuestra vida diaria. Creía además, como se recoge en el libro de Stevenson, que tal fallo no radica en la dificultad de construir los componentes mecánicos, electromecánicos o electrónicos de sus cuerpos, sino en la incapacidad de dotarlos de mente.
La IA, digamos, clásica, es decir la surgida en los años 50, creía firmemente en la posibilidad de que los ordenadores, simularan primero y replicaran después, la inteligencia humana. Los padres creadores de esta materia, John McCarthy (1927 – 2011), quien pasa por haber acuñado la denominación, Marvin Minsky (1927 - ), Allen Newell (1927 – 1992) y Herbert Simon (1916 – 2001) (3), eran muy optimistas y pensaban que los ordenadores terminarían reproduciendo la inteligencia humana en sus aspectos más profundos, es decir, los relacionados con la sapiencia y la consciencia. Creían también que la percepción del entorno y la puesta en marcha de acciones de adaptación y reacción por parte de las máquinas iba a ser mucho más fácil de lo que en realidad ha sido.
La IA ha pasado por tiempos de euforia y por tiempos de pesimismo, pero hoy constituye un área de actividad científica y tecnológica plenamente establecida en nuestro mundo, con infinidad de centros de investigación en todo el planeta y con miles de investigadores y autores procedentes de multitud de países.
Sus éxitos son claros y si hay algo profusamente aplicado en nuestro mundo es la “inteligencia” de las máquinas de todo tipo que utilizamos y de las redes digitales y otras que nos rodean y de las que dependemos. Pero todo depende de lo que llamemos inteligencia ya que por mucho que las máquinas sean capaces de conseguir parece que lo de hacerlas conscientes, “sentientes” o espirituales, está todavía muy lejos y no sabemos si se conseguirá en algún momento.
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(1) Mark Stevenson, “Un viaje optimista por el futuro”, Galaxia de Gutemberg, Madrid, 2012.
(2) Xavier Zubiri, “Inteligencia Sentiente: Inteligencia y Realidad” [1980]
(3) Aunque para muchos autores el comienzo de la IA se produjo en 1943 cuando Warren McCulloch y Walter Pitts propusieron un modelo de neurona del cerebro humano y animal. También cabe situar como pionero de estos temas a Norbert Wiener, padre de la cibernética, quien hizo aportaciones importantes de carater teórico al principio de los años 50 del pasado siglo.
Para terminar la serie de posts dedicados a la Convergencia NBIC incluimos un video relativo a una exposición realizada por "Obra Social La Caixa" hace unos meses. La exposición que resultó muy interesante se concentraba exactamenrte en dicha convergencia y analizaba una a una las cuatro tecnologías involucradas en ella.
Queremos recordar también que nuestro blog seguirá tratando el tema de la Cognotecnología y de las Ciencias Cognitivas en general, terreno en el que sigue habiendo muchas más cosas por decir. Es un terreno en el que, como sabemos, se mezclan las especulaciones sobre la mente, el conocimiento y la consciencia, con los avances en las neurociencias y las aplicaciones diversas vía nuevas tecnologías. Sobre todas esas dimensiones seguiremos hablando en los próximos posts.
Auque todo lo relacionado con las políticas de actuación en un determinado país y por parte de sus autoridades es problemático, el lbro de Fontela se adentra también en este terreno y hace un ejercicio voluntarista para señalar algunas de las cosas que se podrían hacer. En el cuadro que sigue se presenta un resumen de actuaciones agrupadas en: formación superior e investigación pluridisciplinar, plataformas tecnológicas y partenariado público-privado y estrategia de start ups.
Editado por
Adolfo Castilla
Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN,
Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Consejo Editorial de Tendencias21, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Consejo Editorial de Tendencias21, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
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Tendencias 21 (Madrid). ISSN 2174-6850
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