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COGNOTECNOLOGÍA


Se dedica este post a la revisión de teorías diversas recientes obre la aparición de la consciencia y la subjetividad en el hombre. Para tal labor, que continuará en los próximos posts, se utiliza un trabajo reciente del filósofo español Javier Monserrat, amigo personal del que esto escribe.


¿Cómo se ha ido haciendo consciente el hombre?
Para reflexionar sobre la forma cómo el hombre se ha ido haciendo consciente, utilizaré entre otras referencias, los trabajos y enseñanzas de un peso pesado de estos temas que además es un amigo entrañable y un maestro siempre dispuesto a explicar las cosas más complicadas con paciencia y mucho empeño. Se trata del Padre Jesuita Javier Monserrat, filósofo, teólogo y psicólogo, autor de innumerables y destacadas obras de las que de momento entresacaré el magistral libro, La percepción visual. La arquitectura del psiquismo desde el enfoque de la percepción visual [i] . Un tema, por cierto, en el que trabajó de forma muy destacada el psicólogo norteamericano, Jerome James Gibson (1904 - 1979), al que Monserrat cita ampliamente en su libro.
 
Uno de sus artículos recientes publicado en el último número de la revista “Cuenta y Razón ”, de título, “Los paradigmas de la neurociencia actual”, nos servirá de guía para lo que sigue.
 
Antes, me gustaría recordar que Jean Gebser, el autor al que tanta atención hemos prestado en esta blog, recientemente y en años anteriores, es considerado un filósofo dedicado al estudio de la evolución de la consciencia.
 
Asimismo debo decir que en el libro de Lachman al hablar de dicha evolución se menciona a Erich Neumann (1905–1960), psicólogo israelí, alumno brillante de Gustav Jung y autor de un libro notable: Los orígenes e historia de la conciencia (en alemán Ursprungsgeschichte des Bewusstseins), obra publicada en 1949.
 
Asimismo, y por último de momento, hemos acudido al filósofo español (más americano e italiano que español, si consideramos los países en los que pasó su vida, aunque nunca quiso perder su nacionalidad) George de Santayana (o Jorge y Giorgio, nombres que también usó) y en concreto a su libro, La vida de la razón o fases del progreso humano [ii] , una obra sumamente interesante a pesar de proceder de los años 1905 y 1906.
 
El padre Monserrat en su artículo no se refiere exactamente a la historia de la consciencia sino a las distintas teorías sobre la naturaleza de la consciencia y su origen que han sido formuladas. Habla, de hecho, de los diversos paradigmas, modelos, patrones o conceptualizaciones, de la consciencia, que se han producido, particularmente en el último siglo o poco más. La mayor parte de los autores básicos que menciona han vivido y realizado sus aportaciones a lo largo del siglo XX, como enseguida veremos.
 
Utiliza el término “psiquismo” para referirse a lo que nosotros llamamos  subjetividad, intelectualidad, consciencia y espíritu, lo cual es sin duda más preciso, y considera que las teorías más realistas y probablemente verdaderas, son las que surgen de los avances recientes de la neurociencia.
 
El resumen final, que es lo que más nos interesa en este post, es que de acuerdo con el paradigma más actual, el denominado, emergentista-evolutivo-funcional, el psiquismo es producto o está fuertemente relacionado con las redes neuronales o interrelaciones que se crean en el cerebro entre neuronas y sinapsis. Las ideas abstractas y el mundo de la mente -- por entendernos de algún modo, aunque hay autores, filósofos y científicos, que no creen en la mente, o que creen que la mente es el mismo cerebro sin más – procede de dichas redes neuronales, las cuales se crean y se destruyen en el cerebro con mucha plasticidad.
                                                             
En relación con esa cuestión se ha trabajado mucho en los últimos tiempos en los “correlatos neuronales”, sobre todo mediante el uso de la imagen por resonancia magnética funcional, la resonancia magnética nuclear, la electroencefalografía y otras técnicas avanzadas. Con ellas se determinan las partes del cerebro que se activan cuando el cerebro ejecuta algunas de sus tareas habituales.
 
Hay muchos científicos modernos que han trabajado en dichos correlatos, entre ellos, Francis Crick (1916-2004), descubridor junto con James D. Watson de la estructura molecular del ADN y premio Nobel de Medicina de 1962, también junto a Watson y a Maurice Wilkins; su alumno Christof Koch (nacido en 1956); Giulio Tononi (nacido en Italia en fecha desconocida); y el gran Gerald Edelman (1929-2014), premio Nobel de 1972, y quizás el maestro de todos ellos  en estos temas.
 
Dentro de ese paradigma emergentlsta-evolutivo-funcional, recoge cinco teorías: 1) la debida al filósofo y sociólogo alemán, Arnold Gehlen (1904 – 1976) de corte biológico; 2) la del neuro-psicólogo y médico ruso Aleksandr Lúriya (1902 - 1977), también conocido como Alexander Luria, que trabajó en la localización en el cerebro de los sistemas funcionales que dan lugar a los procesos psicológicos superiores; 3) la basada en las aportaciones del paleo- antropólogo keniano Louis Leaky (1903-1972) y varios miembros de su familia, del también paleo-antropólogo, este surafricano, Phillip Tobias  1925 – 2012) y del neuro-fisiólogo australiano, John Eccles (1903-1997), relacionadas todas con la vida en comunidad del hombre y con la aparición del lenguaje: 4) la aportada por el médico y zoólogo austriaco Konrad Lorenz (1903-1989) y su colaborador Rupert Riedl (1925 - 2005), austriaco y zoólogo también, relacionadas con la psicología y epistemología evolutivas y con la etología o estudio del comportamiento de los animales; y 5) la del filósofo español Xavier Zubiri (1898-1983) introductor del concepto de "inteligencia sentiente", en el que se combinan lo intelectual con lo sensorial.
 
[i] Monserrat, La percepción visual. La arquitectura del psiquismo desde el enfoque de la percepción visual, Ed. Biblioteca Nueva, Madrid 2008 (2ª Edición):
[ii] George Santayana, La vida de la razón o fases del progreso humano, tecnos, Madrid, 2005
Adolfo Castilla
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Jueves, 23 de Abril 2015

El libro de Lachman que hemos analizado en un número elevado de posts anteriores al presente y la obra de Jean Gebser con la que hemos terminado dicho análisis, son claramente defensores del hombre como ser subjetivo, intelectual y consciente. Prestan poca atención al hecho de que el hombre es también materia ya que opinan que el predominio del materialismo, la ciencia y la lógica racionalista y positivista de los últimos cinco siglos va en contra de la verdadera esencia del ser humano. Estas posiciones, un poco extremas y que se acercan al mundo del esoterismo, exigen una reflexiones adicionales sobre la naturaleza y el origen de la consciencia.


Naturaleza y origen de la consciencia
Los hombres somos subjetividad, intelectualidad, racionalidad, consciencia y espíritu, es decir, actividad abstracta e inmaterial que no sabemos muy bien dónde se localiza y cómo se produce. Todo lo que el hombre es y hace procede de esa capacidad de nuestro cerebro (o de nuestra mente) de generar ideas abstractas, de sentir, de soñar, de intuir, de imaginar, de inventar y de crear. El arte, por ejemplo, es subjetividad pura, la ciencia es intelectualidad, y la tecnología misma, que es lo más automático que el hombre es capaz de producir, es racionalidad y también procede de nuestra mente.
 
Es verdad que todo ello se aloja en una estructura material en cuyo substrato más profundo sólo parece haber minerales como el carbono, el hidrógeno, el nitrógeno y otros básicos como el oxígeno, fósforo, azufre, todos elementos químicos frecuentes aisladamente en estado natural. Eso nos indica que la vida y el hombre proceden de un magma mineral en el que esos elementos químicos flotaban, digamos que, sueltos.
 
Debe recordarse, aunque sea de pasada, que los nucleótidos son los componentes elementales de los ácidos nucleicos (ADN y ARN) en los que forman cadenas de miles o millones de unidades. Se trata de moléculas orgánicas formadas por la unión covalente de un monosacárido de cinco carbonos (pentosa), una base nitrogenada y un grupo fosfato.
 
Decir también, que esa estructura molecular de átomos de carbono es lo que lleva a muchos investigadores de la Inteligencia Artificial Fuerte a pensar que no hay nada extraño en suponer que algo cuya base sea el silicio también podrá llegar a vivir, sentir y pensar. ¿Qué diferencia hay, dicen ellos, entre el carbono y el silicio?
 
El proceso de unión de esos elementos y su evolución hasta formar el Universo, la Tierra, la vida y sobre todo el ser humano y su consciencia, es algo que excede la capacidad de comprensión del hombre actual, por más que sobre sus aspectos más simplistas y más mecánicos hayamos producido algunas explicaciones.
 
Es muy difícil de entender que de minerales como los indicados surja la subjetividad, el arte, el pensamiento, la ciencia y todo lo que el hombre ha construido, y a veces destrozado, por cierto, en nuestro planeta y sus alrededores.
 
No vamos a ir ahora por ese camino, pero hay hoy ciertas teorías que sugieren que antes de los minerales sueltos existía la información, y antes de ella, la consciencia, una consciencia cósmica a la que cada vez más vueltas le estamos dando, a pesar de que la ciencia, a la que tan apegados estamos, no nos pueda decir nada sobre ello. Consciencia somos y en consciencia nos convertiremos, se podría decir, parafraseando la expresión dedicada a las cenizas en que nuestros cuerpos se transforman tras la muerte.
 
Procedemos de y vivimos en, un universo realmente extraño que supera ampliamente la capacidad de comprensión que hoy tenemos, aunque dicha capacidad vaya en aumento y, tal como se ha sugerido en el post anterior, estemos a las puertas de un avance considerable de nuestra mente.
 
  Lo que somos en términos físicos y materiales sabemos que evoluciona y  también tenemos amplia evidencia de la evolución de nuestra consciencia, nuestro pensamiento y nuestra capacidad de comprensión. Personalmente estoy convencido además, de que tras una importante evolución física del hombre, ahora es probable que su evolución mental se acelere.
 
En línea con lo que venimos haciendo en este blog resulta ahora conveniente indagar sobre dicha evolución mental y en concreto sobre las explicaciones diversas que se han dado en cuanto a la aparición del pensamiento y la consciencia y en cuanto a los hitos que han tenido lugar en dicha evolución.
 
La historia de la consciencia es la historia misma del pensamiento y sobre ella tenemos una materia que acompaña al hombre desde las primeras etapas del razonamiento lógico: la Filosofía. Repasar la historia de lo que han dicho los filósofos, y a partir de un cierto momento, la de lo que han dicho los científicos, así, como revisar la evolución de la tecnología, el arte y todas las demás actividades del hombre, es, sin duda, recorrer la historia de su mente y de su consciencia.
 
Hay sin embargo algo a lo que podemos llamar “naturaleza y origen de la consciencia”, en lo que se han distinguido una serie de autores bien conocidos. A eso me gustaría hacer referencia ahora en este post y en los dos o tres siguientes. 
Adolfo Castilla
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Miércoles, 22 de Abril 2015

Se termina de analizar en el presente post el libro de Gary Lachman, "Una historia secreta de la consciencia". Los últimos capítulos del libro se dedican a Jean Gebser y a su obra, un autor al que dedicamos varios posts en este blog hace un par de años. Nos detenemos someramente en la estructura de consciencia que llama "Integral".


Jean Gebser
Jean Gebser
La última parte del libro de Gary Lachman, Una historia secreta de la consciencia, que venimos comentando en este blog desde hace tiempo, está dedicada a repasar la obra de Jean Gebser, con especial referencia a su libro, Origen y Presente. Se dedican a este autor los cuatro últimos capítulos del libro y en gran manera también el epílogo.
 
Gebser (1905-1973), al que le dedicamos atención en este blog hace un par de años, con motivo de la publicación en español de su libro, fue un filósofo, lingüista y poeta -- alemán de nombre y de nacimiento pero que se latinizó, de nombre y de cultura --  que estudió y describió la evolución de la consciencia humana. En el post anterior se han recordado las cinco estructuras de la mente que él estableció: 1) estructura arcaica; 2) estructura mágica; 3) estructura mítica; 4) estructura mental; y 5) estructura o etapa integral.
 
A la última etapa, en la que el hombre se encuentra en la actualidad, o mejor dicho, está entrando en los últimos años desde la época en la Gebser publicó su libro (las primeras ediciones realizadas entre 1949 y 1953), se refiere muy especialmente Lachman en su análisis. La idea de Gebser, que es un claro espiritualista y dualista, es que la última etapa de estructura mental de la consciencia -- analítica, racionalista y positivista -- que según Gebser había fracasado  y dado lugar, entre otras cosas, a dos terribles guerras mundiales, estaba a punto de ser superada.
 
Una nueva consciencia estaba y está a punto de surgir en el hombre a través de un largo proceso que puede durar uno o dos siglos. Gebser indica varias características de esa consciencia a la que entre otras cosas llama "aperspectívica", haciendo uso de un neologismo que es uno más de los muchos que utiliza en su libro, convencido de que dependemos del lenguaje que hablamos y de que para hablar de nuevas conceptos hay que introducir nuevas palabras. La "decosntrucción" de la estructura mental-racional de los últimos tiempos iría en la dirección que marca Gebser para su “consciencia integral”, la cual necesita ciertamente nuevas concepciones.
 
Otra parte importante de esa nueva estructura de la consciencia es su vuelta al origen, cuando la mente del hombre formaba parte de la naturaleza y el hombre tenía capacidad de captar lo mágico y místico de nuestro universo. Gebser asume que la dimensión espiritual existe en el hombre antes que otras dimensiones y cree que dicha espiritualidad debe concretarse o concretizarse en la nueva etapa de la mente. Lachman recoge en ese sentido las siguientes ideas de Gebser: “lo espiritual se tiene que hacer realmente presente y perceptible, ya no meramente intuido, conceptualizado o “sentido””
 
Lo de integral hace alusión además a que la nueva estructura en formación debe englobar las cinco estructuras de la consciencia establecidas y superar, especialmente, la dicotomía que la mentalidad analítica-racionalista-científica ha introducido en el hombre.  
 
Lachman, además de sus referencias a Bucke, Ouspensky, Steiner, Wilson,  Barfield , Mavromatis, Moskvitin y otros esotéricos, utiliza a filósofos, diríamos que normales, o reconocidos como tales, como James, Bergson o Whitehead, y une la obra de Gebser a la labor de grandes figuras relativamente recientes como Wittgestein y, muy especialmente, Heidegger y su énfasis en el Ser interior que somos.
 
Menciona también siguiendo a Gebser a escritores como Proust, Thomas Mann, Robert Musil, Hermann Broch, James Joyce o T. S. Eliot y a pintores cubistas como Braque y Picasso. Lo hace al introducir en sus reflexiones la idea de una nueva interpretación del tiempo de acuerdo con la cual todo es presente, o como sugiere el título en inglés de su obra, el origen está siempre presente en nosotros (The Ever-Present Origin)
 
No es este el lugar de detenernos en todo lo que Gebser y Lachman aportan sobre la “consciencia integral” y sus relaciones con el pensamiento de otros autores, tarea complicada y que exigiría mucho tiempo y mucho análisis. Solo me gustaría dejar el tema haciendo dos consideraciones adicionales sobre   Gebser, por un lado, y sobre su “consciencia integral”, por otro.
 
En relación con lo primero sólo decir que  Gebser no debería considerarse como un esotérico aunque Lachman contribuye a ello comparando sus cincos estructuras de la consciencia con los estadios de evolución de la mente establecidos por Rudolf Steiner (1861-1925).
 
Y en cuanto a lo segundo, yendo en la dirección opuesta, que hay muchos aspectos en las consideraciones sobre la ”consciencia integral” de Gebser de carácter especulativo, o esotérico, es decir, producto de dejar la imaginación y la intuición totalmente libres.
 
Yo personalmente creo en la evolución de la consciencia y siento que estamos a las puertas de una mayor profundización, mayor clarividencia y mayor capacidad de entender las cosas, pero no creo que debamos dejar nuestra imaginación libre en relación con ello. Yo creo en la consciencia, en la intelectualidad y en la espiritualidad del hombre, pero no creo que podamos avanzar en la explicación de estos fenómenos alejándonos del ser material y físico que el hombre también es, y de lo que la ciencia nos permite saber del funcionamiento físico de su cerebro y su mente.
Adolfo Castilla
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Volvemos tras unos dos meses, en los que he estado muy ocupado con otros blogs y actividades diversas, con nuevos posts relacionados todavía con el libro de Gary Lachman, "Una historia secreta de la consciencia". Entramos ahora en la última parte de las cinco que el libro contiene, dedicada toda ella a la obra de Jean Gebser, "Origen y presente". Comenzamos analizando las cinco estructuras que Gebser distingue en el proceso de aparición y desarrollo de la consciencia.


Historia de la subjetividad y de la racionalidad
Con nuestro anterior post, de cuya publicación hace ya casi dos meses, concluíamos el resumen de las cuatro primeras partes del libro de Gary Lachman, Una historia secreta de la consciencia, formadas por un total de 24 capítulos. A lo largo de ellos se hace un largo recorrido por  la obra de autores muy diversos contrarios a las concepciones de la Ilustración, del racionalismo cartesiano y de una teoría del conocimiento en el que éste es sólo un espejo que refleja la realidad externa. La mente para ellos es intencional y la consciencia existe autónomamente en el hombre y tiene un origen previo y anterior a la materia. Son “espiritualistas” y creen en el estudio y la reflexión sobre la mente y la consciencia sin utilizar para ello las reglas y la metodología de la ciencia.

Muchos de los autores utilizados por Lachman forman parte del esoterismo y algunos han militado en el ocultismo y formado parte de sectas diversas, además de ser encuadrados modernamente, algunos, en lo que se conoce como New Age. Nuestro autor, no obstante, se refiere a los más serios y sólidos de ellos y entrelaza además su labor con la de filósofos conocidos y respetados. William James (1842 – 1910), Henri Bergson (1859- 1941) y Alfred North Whitehead (1861 - 1947), son tres de los más mencionados, pero también cita y utiliza a muchos otros como al filósofo, poeta, físico y crítico literario francés, Gaston Bachelard (1884- 1962), considerado un filósofo de la imaginación, además de otros más consagrados como Georg Friedrich Hegel (1770 – 1831), Friedrich Nietzsche (1844 – 1900), Edmund Husserl (1859-1938), Ludwig Wittgenstein (1889 - 1951), o el mismo Martin Heidegger (1889 – 1976). Así como a los postmodernos, postestructuralistas y deconstruccionistas, como Michel Foucault (1926-1984), Jacques Derrida (1930 - 2004), Emmanuel Lévinas (1906 - 1995) y otros. Entra también en la obra de psicólogos como Gustav Jung (1875 - 1961), científicos como Albert Einstein (1879 - 1955), artistas como Georges Braque (1882 – 1963) y Pablo Picasso (1881-1973), así como escritores místicos como el propio Goethe (1749-1832), Blake (1757-1827), Dostoyevski (1821-1881),  Rilke (1875-1826) y muchos otros, que se han interesado por el pensamiento, la subjetividad y la consciencia. Su libro es en realidad, enciclopédico y muy intelectual y académico.

En la última parte (Parte 5) se refiere extensamente a la obra de Jean Gebser, un autor al que le dedicamos varios posts en este blog hacia abril de 2011, a raíz de la publicación en España de su libro Origen y Presente.

Gebser (1905-1973), que fue un poeta, lingüista y filósofo especializado en la evolución de la consciencia humana, no cita mucho en su libro a Rudolf Steiner (1861-1925) pero Lachman considera que sus pensamientos fueron paralelos y similares, especialmente en lo relativo a las etapas por las que la consciencia humana ha pasado y pasará. En relación con el Origen, que para Gebser es el origen de la consciencia, recoge la siguiente cita de Steiner:

“cualquier transformación en el aspecto material de la Tierra es una manifestación de fuerzas espirituales que están detrás de la materia. Pero si retrocedemos cada vez más en el tiempo (…..) acabaremos llegando a un punto de la evolución en que la materia empezó a existir por primera vez. Este elemento material se desarrolló a partir del elemento espiritual. Antes de dicho punto, sólo el elemento espiritual estaba presente”.
  
La historia de la consciencia es el tema al que Lachman dedica la última parte de su libro y lo hace con una intensa referencia al libro de Jean Gebser y en general a toda la obra de este autor.

En cuanto a fechas propiamente dichas, la consciencia, como autoconsciencia, como capacidad subjetiva y racional del hombre, apareció, según Gebser, hacia el año 1225 a.C. en la Grecia anterior, bastante anterior de hecho, a los presocráticos y pitagóricos y probablemente en la Mesopotamía y el Egipto de esos siglos. Coincide en esto con Julian Jaynes (1920-1997), el psicólogo estadounidense profesor de la Universidad de Yale y estudioso de la consciencia y de su aparición en el hombre, al que se ha hecho referencia en posts anteriores. La fecha sugerida por Gebser coincide con la dada por Jaynes para lo que llama la “ruptura de la mente bicameral”, es decir, la separación entre los hemisferios derecho e izquierdo del cerebro del hombre.

Las estructuras (más que etapas) de la consciencia de Gebser, tema en el que evita utilizar la palabra “evolución” ya que considera que nuestra lenguaje actual está fuertemente influenciado por la mentalidad científica, analítica y racionalista de los últimos siglos, son cinco: 1) estructura arcaica; 2) estructura mágica; 3) estructura mítica; 4) estructura mental; y 5) estructura integral. Quizás habría que recordar en relación con esas estructuras las etapas del homo, desde el homo habilis, aparecido en África hace unos 2.4 millones de años, fecha ampliada hace sólo unas semanas a unos 2,9 millones; al homo erectus y homo ergaster, surgido también en África hace unos 1.9 millones de años y que fue el que pasó a Europa y Asia;  al homo sapiens; y al homo sapiens sapiens, del que dependemos directamente los actuales humanos y que surgió, también en África, hace 200 siglos. En esta última especie surge, por lo que nos dice Gebser, la estructura arcaica hace unos 35 siglos.    
Adolfo Castilla
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La idea de que la consciencia del hombre es la que interpreta el mundo físico en el que habita es muy atractiva y muchos científicos y filósofos se adscriben a ella. Se considera que dicho mundo físico y material existe y es captado por los sentidos de forma también totalmente física y material. Las señales recibidas por dichos sentidos son enviadas finalmente al cerebro y allí de alguna forma se crean, primero los qualia, o cualidades subjetivas de las experiencias individuales, y después, a través de procesos que no conocemos, las ideas abstractas, el pensamiento y la subjetividad. Esa es la interpretación más extendida de la consciencia y de la mente, pero en este post se propone una concepción alternativa consistente en la hipótesis de que el mundo material y físico tiene una componente inmaterial que lo carga de sentido y significado y que la consciencia, una vez surgida en el hombre, es capaz de captar. El cerebro, como decía Johann Wolfgang von Goethe, es capaz de recibir e interpretar dimensiones de la realidad directamente, de forma alternativa a como entran otras señales a través de los sentidos. Hay autores que han investigado o argumentado sobre esta segunda capacidad del hombre a los que haremos referencia más adelante.


El despertar de la consciencia y sus relaciones con el exterior de la mente
El despertar de la consciencia y sus relaciones con el exterior de la mente
La consciencia según el esquema trazado en el post anterior aparece de forma natural en el hombre y a través de la evolución de la fisiología de su cerebro. Eso llevaría a admitir que en nuestro mundo y en el hombre no hay otra cosa que materia, algo en lo que sin embargo muchos no creemos, especialmente tras la irrupción en el siglo pasado de la mecánica cuántica y las teorías modernas sobre la información y su posible existencia antes de la materia, entre otros avances.

Según las ideas materialistas en cuanto a la mente y la consciencia, es esta capacidad del hombre la que interpreta todo lo que hay a su alrededor. Las consecuencias lógicas son que sin el hombre no hay realidad y en la posición del solipsismo más extremo, que la realidad no existe fuera de la mente misma del hombre o no existe cuando el hombre no está presente, o “no mira”.   

Una interpretación alternativa de estas cuestiones es que en nuestro mundo físico y material, el que vemos y sentimos a través de los sentidos,  hay desde siempre, y adicionalmente, un componente inmaterial, semántico, con significado, sentido y quizá destino, que los sentidos del cuerpo humano no pueden captar, pero que sí puede captar la mente. Sería ir directamente a la filosofía hinduista en la que todo tiene vida en nuestro mundo, aunque de forma algo más elaborada y actualizada.

El hombre es parte de ese mundo y está sometido como él a la presencia de algo más que lo simplemente material, existiendo además, en mi opinión, un fenómeno consistente en que el cerebro del hombre evolucionó hasta que surgió la consciencia, o mente, la cual es capaz de captar el significado del mundo que lo rodea. Capacidad o cualidad, por cierto, que seguirá evolucionando y quizá más rápidamente de lo que hemos visto hasta ahora. Esta es la diferencia respecto a las concepciones que indican que la mente procede de la materia, o incluso más, que la mente no existe o es simplemente materia. Tal como intenta indicar la mecánica cuántica las dos naturalezas, la material o física y la inmaterial o subjetiva, existen en el hombre y en el universo en el que habita.

Ciertos autores ven en esta relación entre la mecánica cuántica y la mente algo calificado de pseudocientífico a lo que se denomina “misticismo cuántico”, lo cual, según ellos, no es sino el error cometido por algunos de pensar que las leyes de la mecánica cuántica incorporan ideas místicas como las que se encuentran en muchas religiones. Los más escépticos y más materialistas llegan a tachar a los que especulan con estas cuestiones, como nosotros mismos, como “charlatanes cuánticos”. La verdad es que yo no me siento así, entre otras cosas porque mi labor es ligera y sólo consiste en una revisión de lo que se ha escrito y se ha dicho sobre estos temas.

Aunque Lachman y los autores que cita no llegan a contar las cosas así, se acercan a ello, e, incluso, sus explicaciones tienen más sentido si aceptamos la existencia en el mundo en general, en el mundo físico y material, de un componente inmaterial. Owen Barfield (1898 – 1997), por ejemplo, se detiene en explicar que el antepasado del hombre, sobre todo el más cercano a la aparición de la consciencia, el Homo erectus que abandona África y coloniza Eurasia, y mucho más el hombre ya cercano a nosotros del antiguo Egipto, la India y Mesopotamia, donde surgió el lenguaje y la escritura y se construyeron obras como la Esfinge o las Pirámides y ciudades como Babilonia, vivió muy unido a la naturaleza.

Este autor, que fue un estudioso e historiador del lenguaje, encuentra que es en él en donde se puede estudiar la evolución de la consciencia y considera que antes de la aparición de esta, el hombre vivía más unido al mundo y se sentía parte de él. Había una especie de unión cósmica de acuerdo con la cual las estrellas y el Universo tenían sentido para el homo antiguo capaz de reconocerlo y captarlo intuitivamente. Ese Homo tenía unas capacidades relacionadas con una vida más en armonía con la naturaleza que el hombre actual ha perdido. Se puede interpretar que en aquellas épocas, anteriores a la aparición de la consciencia pero cercanas a ese hecho, dominaba en el hombre el hemisferio derecho y que todo cambió cuando en nuestro mundo, dominado por la racionalidad, comenzó a mandar el hemisferio izquierdo. Ese mundo anterior a la consciencia es en gran manera el del “animismo” en el que vivieron muchos pueblos antiguos.

Para apoyar sus ideas de la existencia de una consciencia y una mente no materiales utiliza la obra de autores catalogables como esotéricos, entre los que está el ya mencionado Barfield, que aportó la idea de “consciencia participativa”;  y los también citados, Jurij Moskvitin (1938 – 2005), proponente de la teoría del “agujero negro” de la consciencia; Colin Wilson (1931 – 2013), autor de la idea de la “facultad X” de la consciencia humana y de la existencia de fenómenos de “consciencia doble”; Julian Jaynes (1920 – 1997), autor de libro, El origen de la conciencia en la ruptura de la mente bicameral, en el que expone su teoría de las dos cámaras, o dos hemisferios, del cerebro, los cuales eran independientes antes de la aparición de la consciencia y funcionaban como dos mentes separadas dentro de un mismo cráneo.
 
Adolfo Castilla
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Editado por
Adolfo Castilla
Adolfo Castilla
Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN,
Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Consejo Editorial de Tendencias21, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.




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