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COGNOTECNOLOGÍA


Viernes, 9 de Mayo 2014

Terminamos con este post la referencia al tema "Esoterismo, Teosofía y New Age", como asunto unitario, al que hemos dedicado tres entradas. Llevamos varios posts dedicados al esoterismo, como bien saben los seguidores de este blog, pero nos ha parecido que era oportuno referirnos con esos tres términos a los fundadores de estos movimientos en el siglo XIX y principios del XX. Damos algunas informaciones adicionales sobre Ouspensky y Gurdjieff, pero lo más importante es la referencia final que hacemos a Alfred Richard Orage y a su labor como editor de la revista "The New Age".


Esoterismo, Teosofía y New Age (y III)
Ouspensky tenía una gran formación y había estudiado a poetas y filósofos rusos como el bien conocido Nikolái Berdiáev. Posteriormente se familiarizó con los libros de Nietzsche y se adscribió fuertemente a la idea del “eterno retorno”, sobre lo cual había tenido experiencias desde muy joven. Fue autor de libros importantes uno de los cuales, Tertium Organum, tuvo gran difusión con dos ediciones, una europea (en 1912) y otra americana (en 1920).
 
Como dice Gary Lachman en la página 93 de su libro, “el tema básico de Tertium Organum es la necesidad de traspasar los límites artificiales del conocimiento impuestos por la inadecuada lógica de la ciencia positivista. Aún en la actualidad esta ciencia afirma que la vida carece de un valor mayor o un sentido más profundo que el derivado de su explicación material – lo que al cabo significa que no tiene ningún valor ni sentido en absoluto--.Ouspensky aplicó su considerable talento y penetrante inteligencia a hacer frente a esta valoración tan empobrecedora”.
 
Trabajó sobre el concepto de “cuarta dimensión” para indicar que debemos salir de ls dimensiones tradicionales si queremos entender lo que verdaderamente somos. Creyó que los hombres que se abrían a nuevas percepciones eran “super-humanos” que llegarían a formar una “nueva raza”. Aunque dejó claro que lo esencial no era una nueva raza en sentido biológico, sino una nueva cultura movida por una consciencia cultivada.
 
Mi última referencia, por el momento, siguiendo a Lachman, es a la vida y a la obra de otro esotérico. Se trata del británico Alfred Richard Orage quien tras interesarse por la política y por el socialismo se pasó a la teosofía y trabó amistad con Ouspensky y Gurdjieff. Con este último trabajó durante años siendo responsable, entre otras cosas, de difundir su sistema de autodesarrollo personal.
 
Antes había sido editor de la revista The New Age, una publicación muy importante durante los primeros años del siglo XX en la que escribieron autores muy conocidos como Bernard Shaw, G. K. Chesterton y H.G. Wells y que trató sobre temas literarios, filosóficos, místicos y políticos.
 
Orage, además de estar muy relacionado con el esoterismo, fue un estudioso de Platón y Nietzsche y se adentró en el Mahabharata. Publicó varios libros sobre sus experiencias esotéricas, filosóficas y las relacionadas con la teosofía, movimiento al que criticó de forma importante y del que se separó oportunamente.
 
La revista The New Age, que fue creada en 1907 y editada por Orage hasta 1922, comenzó siendo de carácter literario y se inclinó posteriormente hacia el misticismo. Declinó a partir de que fuera vendida por su fundador y terminó por desaparecer en 1938.
 
No se debe confundir dicha revista con el movimiento posterior denominado New Age, aunque alguna relación puede existir entre los dos hechos. Este último es un movimiento espiritual occidental de la segunda mitad del siglo XX en el que se combinan las espiritualidades oriental y occidental con las publicaciones y actividades conocidas como “auto-ayuda”, con la tradición metafísica, con la psicología motivacional, con el holismo y su aplicación a la salud, con la parapsicología, con la investigación sobre la consciencia y, curiosamente, con la mecánica cuántica.
 
Un movimiento que a pesar del atractivo que puede tener su definición es en gran manera una continuación del esoterismo en su versión menos rigurosa y más teosófica y que ha terminado por recoger publicaciones y actividades de bajo nivel.

Hasta aquí hemos seguido el libro de Lachman, que comienza su historia secreta de la consciencia en el siglo XIX, pero habría que decir, aunque sólo sea de forma muy breve, que la tradición esotérica occidental hunde sus raíces en referencias muy antiguas como el personaje mítico Hermes Trismegisto  del que se dedujo el hermeticismo, antigua filosofía esotérica en la que las tres partes de la sabiduría eran la alquimia , la astrología  y la teúrgia .
Adolfo Castilla
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Viernes, 9 de Mayo 2014

Continuamos en este post haciendo referencia a varios de los esotéricos más conocidos del siglo XIX y principios del XX. En esta segunda entrega sobre el tema se presta atención a una figura central de la teosofía como fue Madame Blavatsky , admirada y muy considerada durante algún tiempo pero que finalmente fue fuertemente criticada y considerada una farsante. Se menciona también a P. D. Ouspensky y a G. I. Gurdjieff, dos figuras centrales del esoterismo de las que se dirá algo más en el post siguiente.


Esoterismo, Teosofía y New Age (II)
Helena Blavatsky creía también, como algunos filósofos y científicos de los siglos XIX y XX, que cada cosa aislada es al mismo tiempo todas las cosas a la vez, o que en cada cosa se encuentra el todo, enfoque que unimos hoy a lo que llamamos holismo. Consideraba también que el universo está vivo y que no es estático y definitivo. Se adelantó además a ideas actuales como la del Multiverso, o existencia de múltiples universos, e indicó que el universo había sido creado y destruido innumerables veces. Aportó muchas más ideas sobre, por ejemplo, el destino de la Tierra, tema en el que aportó la explicación de los Siete Círculos; sobre la existencia de siete Razas Raíces de las que la humanidad actual constituye una, posterior a la de los atlantes y a otras previas; sobre la existencia de continentes diversos entre los que incluyó la “Imperecedera Tierra Sagrada”, Limuria, la Atlántida o Poseidonis; o sobre los llamados registros akáshicos, o recuerdos de la vida de las personas registrados en el espacio, fenómeno sobre el que no existe evidencia científica, pero que como muchos otros fenómenos comienzan hoy a ser considerados como posibles, digamos que científicamente, por el desarrollo de la mecánica cuántica. Cuestión, esta última, tras la que vamos en este blog, y que es lo que nos ha traído al mundo del esoterismo.
 
Mundo que al final, y como se ha dicho en pots anteriores, resulta ser una sucesión extensa de ideas excesivamente subjetivas, extremas y extravagantes que pueden no tener límite al ser producto de unas imaginaciones calenturientas. Aunque  al mismo tiempo habría que decir que algunas de las propuestas de Madame Blavatsky y sus seguidores han sido compartidas por filósofos y físicos modernos y algunas otras vuelven a ser consideradas como posibles en el mundo actual.
 
No todas desde luego, ya que al final de sus días la Señora Blavatsky fue acusada de fraudes y de engaños deliberados además de ser considerada en un informe encargado por la Sociedad para la Investigación Psíquica en Londres y realizado por Richard Hodgson, como “una de las impostoras más grandes de la historia”. Para la realización de tal informe Hodgson viajó a la India y descubrió muchas de las fuentes de información utilizadas por la Blavatsky las cuales resultaron ser antiguas, oscuras y cabalísticas. 
 
En relación con el tema común de los dos últimos posts, sólo mencionar muy brevemente las aportaciones de otros esotéricos. El primero es el ya mencionado Coronel Henry Steel Olcott (1832-1907), militar, periodista y abogado norteamericano, que fue co-fundador y primer presidente de la Sociedad de Teosofía, que se convirtió al Budismo, fue masón y constituyó también la Comunidad Mundial de Budistas, además de un conocido investigador en temas de parapsicología, espiritismo y ocultismo. Olcott quedó impresionado por Madame Blavatsky y creyó y así lo difundió, que ella estaba en “contacto con inteligencias superiores” y era guiada por maestros ocultos desde las cumbres del Himalaya que la habían elegido para salvar la humanidad.
 
Más serio parece ser el esotérico, pero también filósofo, ruso, P. D. Ouspensky, seguidor y colaborador durante mucho tiempo del maestro místico, escritor y compositor griego-armenio G. I. Gurdjieff, con el cual rompió posteriormente. Había estado en contacto con él en Rusia y en Turquía e introdujo sus ideas en Occidente a partir de su llegada a Londres en 1921. Dichas ideas tenían que ver con el objetivo de producir la evolución consciente del hombre y con las enseñanzas de lo que llamó el Cuarto Camino, que no es otra cosa que una doctrina metafísica, cosmológica y filosófica que predica el conocimiento de sí mismo y del entorno de forma consciente para avanzar como ser humano.
Adolfo Castilla
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Domingo, 4 de Mayo 2014

Después de habernos referido en los últimos posts a las connotaciones esotéricas de conocidos filósofos tradicionales, recogidas por Gary Lachman en su libro, "Una historia secreta de la consciencia", resumimos en el presente las explicaciones dadas por este autor sobre los creadores del esoterismo y la teosofía en la segunda mitad del siglo XIX. Como ya se ha dicho, tales movimientos fueron una reacción de defensa de la subjetividad, el espiritualismo y la consciencia ante el empuje del positivismo de la ciencia.


Esoterismo, Teosofía y New Age (I)
El núcleo de la revisión del esoterismo que lleva a cabo Gary Lachman en su libro se centra en las vidas y las obras de personajes bien conocidos de ese mundo, comenzando por Madame Blavatsky, la famosa fundadora de la Sociedad Teosófica. Junto a ella estudia a George Gurdjieff (1872-1949), un místico, escritor y compositor armenio que tuvo cierta fama en Europa a primeros del siglo XX; a Peter D. Ouspensky (1878-1947), un esotérico ruso que siguió durante muchos años las enseñanzas del anterior y las difundió en Europa y en los Estados Unidos; a A. R. Orage (1873-1934), un intelectual británico, maestro de escuela, estudioso de Platón y seguidor de la teosofía que fue durante unos años editor de la revista The New Age;  y a varios otros.
 
La primera, Helena Petrovna Blavatsky (1831-1991), fue una escritora, ocultista, teósofa y médium espiritualista rusa, que difundió la teosofía moderna y gozó de cierta fama a últimos del siglo XVIII. Su primer libro, Isis sin velo, publicado en los Estados Unidos en 1877, tuvo un fuerte impacto en la sociedad americana, al igual que el segundo, La doctrina secreta, publicado en 1888. Se trata de dos obras voluminosas, con éxito al principio, pero que luego fueron muy criticadas y consideradas, por un lado, monumentos a la erudición, pero, por otro, confusas, y como dice Lachman (Página 115) llenas de “plagios, ideas excéntricas y opiniones raciales ofensivas”.
 
Tuvo una vida azarosa desde sus primeros años en Rusia en donde se casó con un hombre bastante mayor que ella, con el que al parecer no convivió, viajó por el Cáucaso, se relacionó con tribus diversas y practicó sus supuestos poderes paranormales como la capacidad de médium, la clarividencia y las manifestaciones fenoménicas. Más adelante, ya en Occidente, ejerció oficios muy diversos hasta que encabezó un gran movimiento místico como reacción al materialismo científico. Fue en su época un personaje muy popular y entre otras cosas creó en Nueva York en 1875, como hemos dicho anteriormente, la Sociedad de Teosofía. Esto último junto al coronel norteamericano Henry Olcott (1832-1907), al abogado irlandés William Judge (1851-1896) y a diversos otros personajes de la época interesados en la parapsicología, el espiritismo y el ocultismo.
 
Fue una sociedad o asociación «para la búsqueda de la sabiduría divina, sabiduría oculta o espiritual» y dedicada a los estudios esotéricos y de las religiones comparadas. Surgió como reacción al positivismo científico deducido de la Revolución Científica; al famoso libro de Charles Darwin, El origen de las especies, que sugería la aparición del hombre a través de un proceso de evolución regido por el “azar y la necesidad”;  y al segundo principio de la termodinámica que hablaba de un universo que se enfría, se degrada y que terminará por desparecer. Una de sus ideas fundamentales era la unidad de toda la existencia, algo que también predica la ciencia moderna, aunque esta última liga la unidad del mundo a la materia y a lo físico. La Teosofía, con Madame Blavatsky a la cabeza, consideraba, por el contrario, que la unidad del mundo radicaba en la consciencia, algo que en sentido amplio antecede a todo lo que existe.
Adolfo Castilla
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Dedicamos el presente post a resumir muy brevemente las aportaciones cercanas al "espiritualismo" de dos conocidos filósofos europeos: el francés Henri Bergson y el alemán Friedrich Nietzsche. El primero, que fue Premio Nobel de Literatura de 1927, fue muy popular durante años y tuvo una larga y brillante carrera en la que dejó una serie de libros importantes. El segundo, ha sido central en la historia de la filosofía y su idea del "superhombre" muy seguida por algunos y muy criticada por otros.


Dos filósofos “oficiales” y “académicos” relacionados con el esoterismo
Gary Lachman menciona a otros dos filósofos “oficiales” o “académicos”, además de William James del que hemos hablado en el post anterior, relacionados con el esoterismo, uno el francés Henri Bergson (1859-1941) y otro el alemán Friedrich Nietzsche (1844 – 1900).
 
Del primero, que también era psicólogo, y que como tantos otros filósofos de los siglos XIX y XX estuvo fuertemente influenciado por Hegel y su idealismo,  menciona su disponibilidad para tratar temas que hoy se considerarían esotéricos. Dice que no tuvo problemas en escribir sobre los sueños y sobre los “fantasmas de los vivos”, además de defender la existencia en nuestro mundo de una “evolución creadora” y de afirmar que el universo es una “máquina de hacer dioses”.
 
Creía que el tiempo cronometrado es un invento de la mente humana que falsea la verdadera naturaleza del tiempo, de acuerdo con la cual es un proceso continuo y sin costuras. Tema al que se han referidos muchos otros filósofos conocidos.
 
Afirmaba cosas como que los “hechos psicológicos son cualitativamente distintos de los físicos, por lo que la consciencia es un dato irreducible, no ajustable al determinismo científico”. Es decir, que era dualista al considerar que existen dos naturalezas distintas en nuestro mundo. Concepción a la que en mi opinión estamos volviendo, como he dicho en otras ocasiones en este blog, de la mano de la mecánica cuántica.
 
Conocía los avances científicos y estaba familiarizado con la ciencia pero no aceptaba la simplificación que esta hacía de las realidades interiores del hombre y la dependencia de estas de lo material que establecía.
 
En cuanto a la teoría de la evolución de Darwin la conocía también y creía en sus explicaciones pero no participaba del determinismo total de dicha teoría. Pensaba, por el contrario, que existía un impulso vital en la naturaleza, especialmente en relación con los seres vivos,  al que llamó en francés el “élan vital”.  Se acercó así al “vitalismo” como corriente de pensamiento, que ya existía por cierto en Europa desde finales del siglo XVIII. Durante algún tiempo lo potenció, pero como muchas otras interpretaciones “idealistas” o “espiritualistas” fue abandonada, precisamente por el avance de la ciencia en general y de la química y la biología  en particular.
 
En contra de muchos darwinistas que creían que la mente era algo que había surgido en el hombre sólo para que éste se adaptara a su entorno y para sobrevivir, Bergson consideraba que tenía un papel mucho más importante y que si hubiera sido así la vida no hubiera pasado de la ameba que es la forma de vida mejor adaptada a su entorno. La mente del hombre, por el contrario, desborda la actividad cerebral y “tiene la facultad de extraer de sí misma más de lo que contiene”. La mente, por otra parte, mantenía Bergson, es un medio para conocer distinto al del intelecto racional.
 
Afirmaba que a través de la mente percibimos mucho más de lo que llega a nuestro conocimiento consciente y “veía la vida como una inmensa corriente de consciencia, una fuerza espiritual rebosante de potencialidades que penetra en la materia y la organiza”.
 
Creía en la existencia de una consciencia cósmica que constituía una información o percepción del mundo no filtrada ni limitada por el cerebro. Y, por supuesto, “estaba convencido de que los seres humanos tal como son no constituyen el fin de la evolución” tal como explica en una de sus obras más destacadas,  "La evolución creadora ", de 1907.
 
En cuanto a Nietzsche, su relación con el esoterismo es menos clara, ya que para empezar, este famoso filósofo no creía en una realidad espiritual, aunque, como dice Lachman, sus ideas sobre el “entorno retorno” y la “voluntad de poder” pueden considerarse como un elemento místico que muchos de sus seguidores han ignorado. Su concepción del “superhombre” tampoco tenía en principio una relación con la evolución de la consciencia, pero estaba seguro de que un nuevo tipo de ser humano surgiría en el mundo. Creía en la voluntad del hombre y en sus capacidades, lógicamente intelectuales, para ir lejos y para construirse a sí mismo y a su mundo.  
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Lo escrito arriba se apoya de forma importante en los capítulos 3 y 4 del libro de Gary Lachman, “Una Historia Secreta de la Consciencia” 
Adolfo Castilla
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Se ha dicho anteriormente en este blog que el esoterismo surgió en el siglo XIX como reacción de algunas personas sensibles al mundo de la mente, de las ideas abstractas y, con frecuencia, de la mística y la religiosidad, al materialismo de la ciencia y la tecnología. Muchos filósofos conocidos reaccionaron también al empuje de los descubrimientos sobre la naturaleza de nuestro mundo y del hombre en sí mismo, el cual fue considerado en ese siglo como simple producto de una evolución naturalista . Nos referimos en este post a ese tema como paso previo para recordar en el próximo lo que Gary Lachman recoge en el libro que venimos comentado sobre otros dos destacados filósofos "oficiales", después de haberse referido a William James.


La resistencia de los filósofos del siglo XIX al predominio de la ciencia en cuestiones de pensamiento e ideas
La resistencia al materialismo extremo, al reduccionismo y al nihilismo, a lo que llevaba la ciencia del siglo XIX, después de las grandes explicaciones sobre la naturaleza de nuestro universo de la Revolución Científica, hizo, como ya se ha dicho en otros posts, que los filósofos y otros hombres relacionados con el pensamiento reaccionaran con fuerza resistiéndose al acorralamiento sufrido por el mundo de las ideas abstractas, de la subjetividad y de la consciencia.
 
La Ilustración, que, aparte de tratar de borrar a Dios de la mente de los hombres y de la sociedad en su conjunto, tuvo especial interés en dejar claro que el hombre era sólo materia y sólo una máquina automática, alarmó a muchos filósofos. La verdad es que  los alarmó por un lado pero los entusiasmó por otro, ya que la Ilustración creyó también en el poder de la racionalidad humana, de la ciencia y de la técnica para construir un mundo mejor, más igual, más avanzado, más culto y más humano en algún sentido. La Ilustración, como bien se sabe, y de acuerdo con sus fundadores, tenía como finalidad “la disipación de las tinieblas de la humanidad mediante las luces de la razón”.
 
Estos objetivos y la propia revolución francesa deslumbraron a filósofos puros como Immanuel Kant (1724 –1804), Georg Hegel (1770-1831) o Friedrich Schelling (1775-1854), pero no los hicieron sucumbir a la fuerza del empirismo inglés y a los extremos del cientifismo en  cuya importancia la Ilustración insistió mucho y que ellos mismos admiraron en algún sentido, entendieron y utilizaron. No se puede decir que los filósofos a que nos estamos refiriendo fueran enemigos de la ciencia, pero sí que todos ellos pusieron el énfasis en el poder de las ideas. El primero, de hecho, trató de combinar el conocimiento empírico que llega de fuera del hombre con la lógica y la racionalidad de la mente que está allí en el interior del hombre. Los otros dos, junto con Johann Fichte (1762 – 1814), llegaron más lejos en la defensa de la subjetividad y fueron los creadores del idealismo alemán, el cual con Hegel se transformó en un idealismo absoluto.
 
Hacemos esta breve, y sin duda simplista, incursión en la obra de algunos filósofos “oficiales” del siglo XIX para indicar que la resistencia al empuje de la racionalidad científica no fue sólo algo de los esotéricos, sino algo de los filósofos en general. Algunos, no obstante, como William James, ya a caballo de los siglos XIX y XX, mencionado en el post anterior, se acercaron algo más al mundo del misticismo, el ocultismo y el esoterismo, probablemente porque para entonces la psicología ya era una ciencia conocida y James en concreto era un psicólogo profesional además de un filósofo. 
Adolfo Castilla
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Editado por
Adolfo Castilla
Adolfo Castilla
Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN,
Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Consejo Editorial de Tendencias21, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.








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