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COGNOTECNOLOGÍA


Terminamos con este post la incursión realizada en la vida y la obra de Rudolf Steiner. Lo hacemos con consideraciones adicionales sobre el pensamiento de Johann Wolfgang von Goethe que él contribuyó a difundir. Nos referimos a las críticas de Goethe al "cientifismo", aunque él mismo era un científico y pensador. También recordamos la fuerte defensa del espiritualismo que Goethe hizo y sus ideas sobre la capacidad de la mente humana para recibir información y conocer del mundo que la rodea independientemente de los sentidos. En estas actitudes coincidía con las opiniones de William Blake, el gran poeta y artista total inglés, su contemporáneo, cuyos libros proféticos han sido publicados recientemente en español, también por Atalanta. Un tema, el de la comunicación extrasensorial, que se desarrollará con el tiempo de la mano de autores como Joseph Banks Rhine (1895 - 1980), profesor de la Duke Uiversity y pionero de la Parapsicología. Un asunto que también deberemos tratar en próximos posts, al ser imprescindible para la cognotecnología en su relación con la Inteligencia Artificial Fuerte.


Segundo y actual Goetheanum
Segundo y actual Goetheanum
Lo que Goethe reivindica es la existencia real del mundo poderoso y vigoroso del espíritu y la consciencia humana, el mundo de la subjetividad, algo que la ciencia estaba consiguiendo arrinconar y hacer desaparecer en su época. En la nuestra también, pero por diversos motivos que más adelante trataremos, la reflexión sobre la consciencia está de nuevo entre nosotros y curiosamente debido a los avances de la ciencia.

Una conocida frase de este autor nos impresiona hoy: «El pensamiento es un órgano de percepción al igual que el ojo o el oído. Del mismo modo que el ojo percibe colores y el oído sonidos, así el pensamiento percibe ideas».

Es bastante probable que en las cosas físicas que nos rodean exista información, espíritu, intencionalidad y consciencia, tal vez como reflejo de la “consciencia cósmica”, cuya existencia algunos defienden hoy. Esa semántica, esa intencionalidad ese sentido profundo de las cosas, los universales que existen en ellas, es lo que la mente humana, y sólo ella, es capaz de captar sin la intervención de los sentidos.

Un terreno resbaladizo en el que los esotéricos se mueven bien pero en el que personas más normales que ellos no queremos deslizarnos. Aunque, y este es el motivo por el que entramos en ellos en este blog, a nuestro alrededor surgen a diario, de la mano de los científicos, ideas tan “esotéricas” como las aportadas por la mecánica cuántica, los agujeros de gusano, el multiverso, la energía oscura e, incluso, el bosón fe Higgs.

Steiner confirmó y afianzó con su profundización en las ideas de Goethe sus propias concepciones del mundo, dentro de las cuales hay que citar como ejemplo, “que el mundo físico, que según la ciencia materialista es la raíz del “espíritu”, es él mismo un producto del espíritu”.

No es extraño, dando tanta importancia al espíritu y a la consciencia, que Steiner quisiera crear una “ciencia de la consciencia”, algo, por cierto, que está también queriendo hacer en nuestros días Stuart Hameroff (nacido en 1947) en la Universidad de Arizona, al que ya nos hemos referido en posts anteriores. Dicha ciencia, o dicho esfuerzo científico sobre la consciencia, está basado en esta ocasión en algo tan avanzado y tan producto de los físicos como la Mecánica Cuántica.

En cualquier caso la consciencia está de moda, después de los esfuerzos de investigación sobre el cerebro de las últimas décadas. Con ella puede venir una unión más íntima de los hombres con su mundo, un mayor ecologismo, una preocupación más seria por la sostenibilidad, unas sociedades más avanzadas y más virtuosas, una mayor consciencia y una mayor armonía de los hombres al ser conscientes de que formamos parte de un mismo organismo, de un mismo universo consciente.

Al final va a tener razón la escritora americana Marilyn Ferguson (1938-2008), autora del bestseller de los años 80, La conspiración de Acuario. Es posible que estemos entrando en una nueva era regida por una mayor atención a la consciencia y, dicho sea de paso, a la conciencia y a la compasión.

Por eso es tan importante que reflexionemos sobre estos temas y sobre la evolución de la consciencia en el hombre. La arqueología de la consciencia es un tema de gran interés hoy, sobre todo en el sentido de saber cuándo surge la consciencia y cuándo el hombre se hace consciente. Un tema que también trata Gary Lachman en su libro.

Para el que esto escribe, la parte espiritual del hombre (dicho en principio sin ningún sentido religioso) es más importante que su parte material y está sometida desde hace mucho tiempo, por lo menos desde la aparición del Homo sapiens sapiens, a una evolución acelerada. La evolución fisiológica del hombre, incluida la del cerebro, parece que sin estar atascada se mueve a menos velocidad que la evolución mental. Resulta por tanto inaudito que nos olvidemos de esa parte de nuestro universo simplemente porque sea inmaterial, no tenga peso, ni tamaño, ni forma física.
Adolfo Castilla
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Miércoles, 13 de Agosto 2014

Entramos en este post con algo más de detalle en las relaciones de Rudolf Steiner con la obra de Goethe. Como ya se ha dicho, Steiner fue durante un número de años editor de la obra científica de Goethe y le debemos a él, probablemente, el haber sacado a flote y dado a conocer el profundo pensamiento científico y filosófico del escritor alemán, más conocido por su grandiosa obra literaria. Goethe influyó mucho en Steiner y de hecho, éste último, intentó crear una especie de "ciencia de Goethe", aparte de homenajearlo durante toda su vida y crear el Goetheanum, que construyó dos veces tras que el primero se incendiara, al parecer de forma intencionada. La verdad es que las cosas que Goethe escribió sobre la unidad de la mente y el mundo exterior al hombre, o sobre el espíritu y la materia, son muy interesantes y probablemente acertadas. Las correcciones que hizo a la filosofía de Kant tienen también su sentido, así como la idea de comunicación directa del cerebro, o mejor, de la mente, con las cosas materiales, las cuales, como se piensa hoy, están cargadas de semántica e intencionalidad.


Primer Goetheanum
Primer Goetheanum
La obra científica de Goethe fue revitalizada por Rudolf Steiner, asunto sobre el que escribió en 1886 su primer libro, “Teoría del conocimiento basada en la concepción del mundo de Goethe”, al que once años más tarde siguió un segundo con el título de, “Goethe y su visión del mundo”.

Goethe es el gran poeta y el gran escritor alemán de todos los tiempos, pero su obra científica y filosófica es tan importante como la literaria o más, y además puede que la conozcamos hoy en detalle gracias a la labor de Steiner en sus primeros años como profesional. Siempre fue un adepto a Goethe y en su honor construyó el Goetheanum en Dornach (cerca de Basilea), a partir de 1913, un centro artístico, de congresos, biblioteca y lugar de reflexión, el cual fue incendiado a propósito varios años después. Diseñó él mismo un nuevo edificio, esta vez de hormigón, comenzado en 1924 y terminado en 1928, tres años después de su muerte.

El nombre, como digo, fue elegido en homenaje a Goethe y desde el principio fue la sede mundial de la Sociedad Antroposófica.

Goethe consideraba que su obra científica era más importante que la literaria y trató hasta muy mayor de abrirse camino en el mundo científico y filosófico. No lo consiguió, como bien sabemos, y puede que haya sido una pena. Steiner sacó a flote en gran manera esa dimensión de Goethe y por eso sabemos que algunas de las cosas que escribió son fascinantes.

Para empezar, Goethe formuló en 1910 una teoría de luz y de los colores alternativa a la de Newton, e hizo descubrimientos importantes en el terreno de la medicina, interesándose además por la geología, la química y la jardinería.

Lo que más nos sorprende hoy es la importancia que dio a la consciencia y al espíritu y el enfrentamiento que tuvo con el cientifismo de la época. También es notable la crítica que hizo a la filosofía de Kant al no aceptar la fuerte separación que éste filósofo alemán estableció entre el mundo de las ideas abstractas (sólo existentes en la mente del hombre) y el mundo exterior al hombre, existente autónomamente e independientemente de esas ideas. Kant, como se sabe, pensó que tal vez la realidad no existe tal como el hombre la percibe.

Es curioso porque Goethe desconfiaba tanto de la ciencia como de la metafísica para encontrar la verdad. Creía además que uno de los grandes problemas de los alemanes era su obsesión por las ideas abstractas y el idealismo.

Creía y confiaba, fuertemente además, en los sentidos y tenía un enfoque fenomenológico en su pensamiento, siendo lo más importante para él los fenómenos reales de nuestra experiencia, es decir, nuestros sentimientos ante el cielo azul, las nubes, los atardeceres y otros fenómenos naturales. (Ver Lachman, páginas133/34).

Goethe creía que había una unidad profunda entre la naturaleza y la consciencia y que el mundo de las ideas nacía de forma parecida a cómo nacen y crecen las plantas.  La ciencia y la filosofía se equivocan si separan y buscan la verdad, una en la objetividad de los hechos y otra en la subjetividad de las ideas. El mundo es uno, aunque puedan existir en él dos naturalezas como la materia y el espíritu.

El concepto de Urpflanze, protoplanta, o esencia de la planta, fue usado por Goethe en su estudio “La metamorfosis de la plantas”. para indicar que la idea de ese “universal de la planta” surgía en él no de la reflexión conceptual sino de ver crecer a la planta desde cerca y uniendo su mente a tal proceso. El error profundo en el que cae la ciencia es el de observar esos fenómenos de forma distante, fría y objetiva, sin descubrir ni poner en ellos la subjetividad que sin duda existe.

La verdad, dijo Goethe, “es una revelación que surge en el punto donde el mundo interior del hombre se encuentra con la realidad externa” (Lachman, página 132).
Adolfo Castilla
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Seguimos en este post haciendo una incursión breve en la vida y obra de Rudolf Steiner, autor que se incluye dentro del esoterismo pero que fue un filósofo y un hombre público muy activo y muy conocido. Su obra y su vida fue muy abierta y muy clara, no pudiendo ser tachada de oculta ni de ocultista, aunque es verdad que perteneció a la Sociedad Teosófica y de hecho creó su propia versión de ella con el nombre de Sociedad Antroposófica. Por cierto que en relación con estas cuestiones hace un par de semanas participé en una conversación ocasional con otros profesores de un curso de verano de la UIMP de Santander y uno de ellos refiriéndose a cosas curiosas de Internet dijo: "por lo visto hay un blog por ahí en el que se trata la mecánica cuántica y el esoterismo". Me imaginé que era éste y di algunas explicaciones pero no muy precisas. No dije por ejemplo, que esos dos temas se tratan aquí, no porque constituyan la corriente principal de reflexión del mismo, sobre todo el segundo, sino porque ha habido que entrar en ellos siguiendo nuestra linea de pensamiento principal que es la de las tecnologías relacionadas con el conocimiento y la inteligencia. Se insiste mucho hoy en que estamos a las puertas de construir máquinas que superen la inteligencia del hombre y eso puede ser verdad en todo lo relacionado con el cerebro y su capacidad de cálculo, pero no con lo relacionado con la mente y la consciencia, un mundo desconocido y difícil de abarcar pero real y fenomenológico. Los esotéricos dan mucha importancia a ese mundo y eso es bueno, pero la dificultad de disponer de hechos objetivos y puntos de apoyo los lleva a formular extravagancias sin fin, lo que no es bueno en mi opinión.


Johann Wolfgang von Goethe
Johann Wolfgang von Goethe
Rudolf Steiner  (1861 - 1925) fue un esotérico, ocultista y espiritualista sin paliativos y estudiando su vida y su obra se comprueba que el esoterismo es un camino sin retorno, es decir, que el mundo de la consciencia y de la espiritualidad puede no tener límites y puede llevar a una persona a las elucubraciones más extremas que se puedan imaginar.

No en vano la mente es invisible y la consciencia inmaterial. Para su estudio no contamos con hechos y elementos objetivos como ocurre con la ciencia. Si uno quiere hacer arqueología de los seres vivos y su evolución, por ejemplo, cuenta con los fósiles y los restos de todo tipo, pero no existe algo similar en la consciencia.  Eso puede ser grave, como hemos dicho ya en este blog, y llevar a explicaciones difíciles de seguir y de aceptar. Es lo que pasó con Blavastky y con otros esotéricos, y también en parte con Steiner. Es lo que hace además del esoterismo un mundo oculto, secreto y fundamentalmente para iniciados. En parte al menos se une al de los Rosacruces, la masonería y otros, haciendo esta afirmación con mucho respeto para todos ellos, ya que en general son instituciones espiritualistas que se dedican a buscar la verdad y el bien.

Nuestro autor, que desde muy joven mostró una gran predisposición para los poderes psíquicos paranormales, y que incluso tuvo visiones y experiencias místicas, se orientó ya con cierta madurez, a partir de 1900, es decir, con 39 años, a escribir e impartir cursos y conferencias sobre el mundo espiritual y sobre los procesos espirituales en la vida humana y en el cosmos. Terminó escribiendo libros como: 1) Cómo alcanzar el conocimiento de los mundos superiores (1904/5); 2) Crónicas del akasha (una colección de artículos escritos entre 1904 y 1908) y 3) La ciencia oculta: un bosquejo (1909). (Ver Wikipedia)

Aprendió a leer los registros akáshicos ( del sanscrito “akashsa”, que significa, cielo, espacio, éter) o memoria de lo acontecido desde el comienzo de los tiempos registrada en el espacio, sacando de ello una serie de explicaciones sobre la consciencia, su origen y evolución, así como sobre la Tierra y los hombres. Son hechos, fenómenos, o explicaciones, difíciles de seguir y que resultan verdaderamente esotéricas, dicho sea con la aplicación de esta palabra en el sentido del lenguaje corriente. Escribió, por ejemplo, y de manera análoga a Madame Blavastky, que el mundo evoluciona a través de siete encarnaciones planetarias, las cuales relacionó con nuestros siete cuerpos y con los siete niveles de consciencia por los que el hombre y el mundo ascenderán en su evolución cósmica.

Intentó hacer una ciencia de la consciencia, algo, por cierto, que está de nuevo entre nosotros pero de la mano de científicos y con el apoyo de la mecánica cuántica. Asunto sobre el que volveremos pronto en este blog.

Steiner tuvo una gran formación universitaria, primero se graduó en el Instituto de Tecnología de Viena y luego hizo su doctorado en filosofía en la Universidad de Rostock, su tesis doctoral versó sobre el concepto de ego de Fitche. Conoció a fondo la obra de Nietzsche y recibió las influencias de grandes filósofos alemanes como Franz Brentano y Wilhelm Dilthey.

Muy joven comenzó a trabajar en los archivos de Goethe  (1749- 1832) en Weimar en donde estuvo hasta 1896. Fue el editor de los textos científicos del gran poeta alemán y se ganó una buena fama por ello y por las conferencias y escritos que realizó tras esa labor. En Goethe encontró las ideas en las que siempre había creído relacionadas con la unión íntima entre la mente humana y la consciencia y la realidad física externa al hombre. Esta idea de unidad es básica para el mundo de la teosofía, y además, no como unidad basada en la materia, sino como algo homogéneo basado en la consciencia. La verdad es que fue Blavastky la que popularizó esta idea en Occidente después de tomarla de la filosofía india, como muy bien explica Lachman en su libro, aunque hay que decir que Schopenhauer, Hegel y después varios otros conocidos filósofos participaron de ella.
Adolfo Castilla
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Lunes, 11 de Agosto 2014

Lo primero es pedir perdón a los seguidores de este blog -- a los que agradezco su interés y su fidelidad -- por la sequía de entradas de los últimos dos meses. Se ha debido, entre otros motivos, a la falta material de tiempo, no para la redacción en sí, sino para el estudio y la investigación que este blog lleva consigo. No es, como bien se sabe, un blog absolutamente original, pues se apoya en otros trabajos y hace uso intensivo de Wikipedia, y otras fuentes de la Red, pero tampoco es un trabajo de cortar y pegar. Estudiamos los temas, los analizamos, tratamos de entenderlos y los resumimos, todo ello con un hilo conductor muy claro que no es otro que el de profundizar en temas de consciencia y de Inteligencia Artificial Fuerte. Volvemos en este post al tema del esoterismo, en el que hemos entrado digamos que, "por necesidades del guión", ya que no es posible adentrase en la Cognotecnología, o tecnología relacionada con tal Inteligencia cercana a la capacidad de consciencia del hombre, sin analizar todos los esfuerzos realizados a través de la historia para entender la mente, el espíritu y el ego interno de los humanos. Lo hacemos refiriéndonos a la destacada e interesante figura de Rudolf Steiner.


Rudolf Steiner
Rudolf Steiner
El siguiente gran esotérico que Gary Lachman (nacido en 1955) trata en su libro, Una historia secreta de la consciencia, es Rudolf Steiner (1861 – 1925). A él ha dedicado un libro posterior con el título, Rudolf Steiner: An Introduction to His Life and Work.  Si no me confundo con las fechas la versión original en inglés del primero es de 2003 y la del segundo de 2007, mientras que las versiones en español de la editorial Atalanta, son respectivamente de 2013 el primero y de 2012 el segundo. Como se ve el orden de publicación en español es inverso al de las versiones originales en inglés y se ha producido con unos años de retraso. Después de esos dos, Lachman ha seguido publicando a un ritmo de más de un libro por año, o por decirlo con precisión, después del dedicado cien por cien a Steiner ha publicado nueve libros más.

Es muy de agradecer la labor de Lachman, no sólo por tratar el tema de la consciencia, asunto fundamental de los esotéricos desde sus comienzos y que en la actualidad está atrayendo la atención de muchos estudiosos, sino por analizar la destacada obra de Steiner. Se trata de un autor muy conocido en el mundo del esoterismo y sólo basta pasarse por la sección dedicada a este tema en cualquier librería para encontrase una gran abundancia de textos escritos por él o dedicados a él.

El asunto es interesante porque este autor, nacido  en Donji Kraljevec, que era parte entonces del imperio austro-húngaro y hoy forma parte de Croacia, fue un conocido y reputado erudito literario, educador, artista, autor teatral, pensador social y filósofo, además de ocultista o esotérico. Fue en todo una persona muy activa y muy prolífica y le interesaron todas las áreas mencionadas no sólo desde un punto de vista teórico sino desde el práctico y desde las realizaciones concretas. Trabajó, por ejemplo, en temas de educación avanzada (creó la educación Waldorf), en arquitectura, en medicina y en temas muy específicos de agricultura  y jardinería, terreno en el que aportó sus ideas sobre lo que llamó “Agricultura biodinámica”, una forma temprana de ecologismo.

Si a todo eso añadimos que fue un activista social, que fundó instituciones y asociaciones diversas, que se opuso públicamente a Hitler y a los nazis, defendió activamente a los judíos y alertó sobre los peligros para Europa Central de que los nacional socialistas llegaran al poder, no es difícil que sintamos interés y admiración por su vida y su obra.

Ambas, vida y obra, son muy notables y en todo lo que hizo tuvo posiciones muy originales, siendo curioso que no sea más conocido y mencionado, asunto que quizá tenga que ver con su militancia en el esoterismo y su espiritualismo.

Es cierto que formó parte de tales grupos y se ha escrito que recibió influencias de  Madame Blavatsky  (1831 - 1891) y Annie Besant  (1847 - 1933), la fundadora y tercera presidenta, después del Coronel Olcott  (1832 - 1907), de la  Sociedad Teosófica, aunque Steiner indicó siempre que sus ideas eran genuinas y provenían de sus propias percepciones y vivencias espirituales.

Fue durante algún tiempo secretario general de la sección alemana de la Sociedad Teosófica y en 1904, Annie Besant, que ya era presidenta, lo nombró dirigente de dicha sección para Alemania y Austria. Como en tantas otras cosas  de las que se ocupó impulsó la actividad de la Sociedad Teosófica y él mismo dio conferencias sobres espiritualismo (o ciencia espiritual en sus propias palabras) y Teosofía por toda Europa. Siempre fue muy original en sus ideas y, como hemos dicho, se basó en sus propias investigaciones, por lo que no resultó extraño que rompiera con la Sociedad Teosófica, hecho que tuvo lugar entre 1912 y 1913.

Steiner y la mayor parte de los miembros de la Sociedad en Alemania y Austria crearon la Sociedad Antroposófica, de inspiración directa de este autor y cuyo objetivo en línea con su nombre es la “sabiduría del ser humano”. Teosofía es más la sabiduría espiritual de inspiración divina ya que en el término se combinan las dos palabras griegas teo (Dios) y sophos (sabiduría). Las dos sociedades por cierto, la Teosófica (fundada en Nueva York en 1875) y la Antroposófica (fundada en Alemania en 1923, sólo dos años antes de la muerte de Steiner), siguen vivas hoy y mantienen secciones en muchos países del mundo. En España, por ejemplo, las dos organizan cursos de verano y actividades diversas a lo largo del año. La primera tiene su sede en Cataluña y la segunda en Madrid.
Adolfo Castilla
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Viernes, 9 de Mayo 2014

Terminamos con este post la referencia al tema "Esoterismo, Teosofía y New Age", como asunto unitario, al que hemos dedicado tres entradas. Llevamos varios posts dedicados al esoterismo, como bien saben los seguidores de este blog, pero nos ha parecido que era oportuno referirnos con esos tres términos a los fundadores de estos movimientos en el siglo XIX y principios del XX. Damos algunas informaciones adicionales sobre Ouspensky y Gurdjieff, pero lo más importante es la referencia final que hacemos a Alfred Richard Orage y a su labor como editor de la revista "The New Age".


Esoterismo, Teosofía y New Age (y III)
Ouspensky tenía una gran formación y había estudiado a poetas y filósofos rusos como el bien conocido Nikolái Berdiáev. Posteriormente se familiarizó con los libros de Nietzsche y se adscribió fuertemente a la idea del “eterno retorno”, sobre lo cual había tenido experiencias desde muy joven. Fue autor de libros importantes uno de los cuales, Tertium Organum, tuvo gran difusión con dos ediciones, una europea (en 1912) y otra americana (en 1920).
 
Como dice Gary Lachman en la página 93 de su libro, “el tema básico de Tertium Organum es la necesidad de traspasar los límites artificiales del conocimiento impuestos por la inadecuada lógica de la ciencia positivista. Aún en la actualidad esta ciencia afirma que la vida carece de un valor mayor o un sentido más profundo que el derivado de su explicación material – lo que al cabo significa que no tiene ningún valor ni sentido en absoluto--.Ouspensky aplicó su considerable talento y penetrante inteligencia a hacer frente a esta valoración tan empobrecedora”.
 
Trabajó sobre el concepto de “cuarta dimensión” para indicar que debemos salir de ls dimensiones tradicionales si queremos entender lo que verdaderamente somos. Creyó que los hombres que se abrían a nuevas percepciones eran “super-humanos” que llegarían a formar una “nueva raza”. Aunque dejó claro que lo esencial no era una nueva raza en sentido biológico, sino una nueva cultura movida por una consciencia cultivada.
 
Mi última referencia, por el momento, siguiendo a Lachman, es a la vida y a la obra de otro esotérico. Se trata del británico Alfred Richard Orage quien tras interesarse por la política y por el socialismo se pasó a la teosofía y trabó amistad con Ouspensky y Gurdjieff. Con este último trabajó durante años siendo responsable, entre otras cosas, de difundir su sistema de autodesarrollo personal.
 
Antes había sido editor de la revista The New Age, una publicación muy importante durante los primeros años del siglo XX en la que escribieron autores muy conocidos como Bernard Shaw, G. K. Chesterton y H.G. Wells y que trató sobre temas literarios, filosóficos, místicos y políticos.
 
Orage, además de estar muy relacionado con el esoterismo, fue un estudioso de Platón y Nietzsche y se adentró en el Mahabharata. Publicó varios libros sobre sus experiencias esotéricas, filosóficas y las relacionadas con la teosofía, movimiento al que criticó de forma importante y del que se separó oportunamente.
 
La revista The New Age, que fue creada en 1907 y editada por Orage hasta 1922, comenzó siendo de carácter literario y se inclinó posteriormente hacia el misticismo. Declinó a partir de que fuera vendida por su fundador y terminó por desaparecer en 1938.
 
No se debe confundir dicha revista con el movimiento posterior denominado New Age, aunque alguna relación puede existir entre los dos hechos. Este último es un movimiento espiritual occidental de la segunda mitad del siglo XX en el que se combinan las espiritualidades oriental y occidental con las publicaciones y actividades conocidas como “auto-ayuda”, con la tradición metafísica, con la psicología motivacional, con el holismo y su aplicación a la salud, con la parapsicología, con la investigación sobre la consciencia y, curiosamente, con la mecánica cuántica.
 
Un movimiento que a pesar del atractivo que puede tener su definición es en gran manera una continuación del esoterismo en su versión menos rigurosa y más teosófica y que ha terminado por recoger publicaciones y actividades de bajo nivel.

Hasta aquí hemos seguido el libro de Lachman, que comienza su historia secreta de la consciencia en el siglo XIX, pero habría que decir, aunque sólo sea de forma muy breve, que la tradición esotérica occidental hunde sus raíces en referencias muy antiguas como el personaje mítico Hermes Trismegisto  del que se dedujo el hermeticismo, antigua filosofía esotérica en la que las tres partes de la sabiduría eran la alquimia , la astrología  y la teúrgia .
Adolfo Castilla
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Editado por
Adolfo Castilla
Adolfo Castilla
Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN,
Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Consejo Editorial de Tendencias21, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.


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