Recomendar este blog Notificar al moderador

CONO SUR

Bitácora

2votos
Tras fugarme con familia y sin estrépito de la República Democrática Alemana (RDA), en 1977, aprendí que para contar ciertas verdades hay que esperar a que la realidad decante. Política y editorialmente, no es correcto tener la razón demasiado temprano.

Así lo experimenté cuando el testimonio de mis vivencias –plasmado en  entrevistas, reportajes y libros- terminó fundiéndose, fuera de Chile, en el debate maniqueo de la guerra fría. Una voz perdida entre los eufemismos, cálculos y mentiras ideológicas. Por eso, hoy me resulta fascinante el despliegue de transparencia que se está produciendo en este XXV aniversario de la pulverización del muro de Berlín. O de “la frontera”, como debíamos decir en el país que ya no existe.
 
Así, a muro derribado, hoy todos reconocen la importancia escarmentadora que tuvo la RDA en el pensamiento y praxis de las izquierdas chilenas. Subiéndose por ese chorro,  hasta pasan factura a quienes combatían contra la dictadura de Pinochet, por su violación de los derechos humanos, mientras ignoraban esa gran madre de las violaciones que fue la dictadura estealemana de Eric Honecker.

Sin embargo, excepto para quienes siguen callando, es una factura discutible. En lo fundamental, porque primum vivere, como enseñan los que saben. Tras el naufragio que significó nuestro 11-S no cabía mirar el diente al refugio regalado. Al menos mientras se recuperaba el habla. 

El problema fue que, demasiado pronto, conspicuos dirigentes chilenos se acomodaron en ese refugio, dejando que los supremos sacerdotes del socialismo real interpretaran lo que nos había sucedido. Desde Moscú, con estación repetidora en Berlín Este, esos sabios dictaminaron que la responsabilidad del fracaso de la Unidad Popular se debió a no haber osado implantar la dictadura del proletariado. Tan simple como eso.

A partir de entonces, el tiempo de filosofar quedó bloqueado y peor, aún, militantes forjados en el acero de la novelística estaliniana optaron por ensuciarse el alma por “gratitud”. Víctimas de una variable del síndrome de Estocolmo, terminaron haciendo el elogio extravagante de la RDA y del tutorial poder soviético. Incluso fingían ignorar que el costo de acoger a los casi dos mil “chilenische patrioten” no salió del bolsillo de la familia Honecker, sino de las faltriqueras de un pueblo que soñaba con destruir el muro.
 
Por ello, mi explicación sobre el comportamiento de nuestros exiliados en la RDA es un pelín más compleja y, como lo he dicho en otras ocasiones, tiene que ver con sus tres grandes categorías: los Jefes, los Astutos y los Prófugos. Fue una trilogía abierta -admite grados y mezclas-  cuyo contenido actualizo a continuación:

LOS JEFES tenían un poder vicario, pero muy real, sobre la masa de los exiliados, incluyendo sus vidas privadísimas (si trabajar o estudiar, si casarse o separarse, si parir o abortar). Tal poder contenía privilegios especiales como  viajes, viáticos en divisas, oficinas, gastos operacionales, vehículos y atención médica superior. Sus límitaciones se expresaban en dos consignas interconectadas: “no molestar a los compañeros alemanes” y “no dar armas al enemigo”. Es decir, silenciar la realidad. Los pocos que osaron pasar esos límites lo hicieron (obvio) en calidad de Jefes marginados.

LOS ASTUTOS, además de los privilegios generales del estado llano –vivienda y crédito fiscal para instalarse-  tenían dos ventajas propias: alta calificación intelectual y notable frialdad emocional. Esto les permitió proyectarse hacia un mejor futuro individual, suspendiendo la emisión de verdades y perfeccionando tácticas de simulación, para no molestar a los compañeros alemanes ni alertar a los Jefes. El celo ortodoxo (la envidia) de los militantes rasos los caracterizaría como “oportunistas” o, más técnicamente, como “intelectuales pequeñoburgueses”, blandengues por definición. 

LOS PROFUGOS son los que llegaron al refugio equivocado por ser poco astutos o menos inteligentes de lo que pensaban. En su choque con la realidad, percibieron (más temprano que tarde) que la salvación estealemana equivalía al pacto de un Mefistófeles rasca con un doctor Fausto de poco vuelo. A partir de entonces definieron que su objetivo categórico era fugarse y esta meta los dividió en dos subgrupos: los Drásticos, que huyeron mediante la locura y el suicidio y los Flexibles, que escaparon mediante una mezcla de estrategia con milagro. 

¿Y qué sucedió después de la caída del muro, con ese trío emblemático?

Cualquier entendido lo entiende. Los Jefes siguieron siendo Jefes y callaron para siempre. Saben que en Chile el doble estándar la lleva, el empate es ley y siempre habrá un enemigo al cual negar las armas de la autocrítica. 

Los Astutos, por su parte, dieron sus testimonios con exacto sentido del tiempo. Es decir, entre el día en que Gorbachov espantó a Honecker con la perestroika y el día en que  los fragmentos del muro comenzaron a aparecer en los museos. Para desdicha de quienes los habían celado o aborrecido, produjeron obras de tanta calidad e impacto como Morir en Berlín (Carlos Cerda) y Detrás del muro (Roberto Ampuero).

En cuanto a los Prófugos del subgrupo Drásticos, tienen su paradigma en el entrañable historiador Lucho Moulian. Sometido a tratamiento en una clínica siquiátrica de Leipzig, terminó suicidándose en la Posta Central de Santiago, tras su retorno a la patria prohibida. 

Finalmente, los Prófugos del subgrupo Flexibles, son los que gritaron la verdad precozmente, apenas ejecutaron sus estrategias de fuga. Pero, como la Guerra Fría seguía dominando, Pinochet seguía mandando y el muro seguía en pie, no hubo mercado que los inflara. Como ya lo adelanté –y perdonando la autorreferencia-, en este subgrupo clasifica este memorioso servidor.
 

José Rodríguez Elizondo
Domingo, 16 de Noviembre 2014



Facebook Google + Twitter LinkedIn Del.icio.us Digg Google Y! Technorati Meneame Viadeo

Revista Realidad y Perspectivas

2votos

Artículo n°357 José Rodríguez Elizondo

Apareció el número de octubre, con el análisis de la coyuntura internacional


ryp_n__36_octubre.pdf RyP N° 36 Octubre.pdf  (5.71 Mb)


José Rodríguez Elizondo
Lunes, 10 de Noviembre 2014



Facebook Google + Twitter LinkedIn Del.icio.us Digg Google Y! Technorati Meneame Viadeo

Bitácora

9votos

LA CONFESIÓN DEL EMBAJADOR José Rodríguez Elizondo

En el mundo de la diplomacia se sabe que los embajadores no están para dar exclusivas a los medios ni para promover posiciones políticas individuales. En el mundo del periodismo se sabe que, por lo mismo, los embajadores no son noticiosamente interesantes. Sin embargo, como no existen fenómenos absolutos, un periódico uruguayo descubrió un embajador chileno capaz de atacar fieramente a sus enemigos políticos internos, dejando con un palmo de narices a su propio gobierno. Aunque a los pocos días se arrepintió y fue perdonado por la Presidenta Michelle Bachelet, el caso quedó registrado en todos los archivos. Son los antecedentes del texto que viene a continuación.


Publicado en El Mostrador, 21.10.2014

Aquí voy a soslayar totalmente los dos temas de interés contigente: si nuestro embajador en Uruguay debió renunciar sin que se lo pidieran y si, arrepentido o no, debió ser destituido por la Presidenta. Para compensar tamañas omisiones, me concentraré en la personalidad política del susodicho y en el carácter de la institución donde sigue prestando sus servicios.

Quienes conocen en vivo y en directo a Eduardo Contreras, saben que tiene sentido del humor y que fue un abogado valiente, cuando lo prudente era ser notario. Agregan que, pese a lo anterior, nunca dio el salto hacia la renovación de las izquierdas. Hasta fines de la semana pasada, solía mostrarse  como un paleocomunista. Es decir, un militante duro y grave, con sentido leninista de misión.

Desde su burbuja ideológica, Chile lucía como un país maniqueo. Todos los empresarios eran de derecha, toda la derecha era fascista y todos los demócratacristianos debían asumir el estigma de no haber apoyado a Salvador Allende. Afortunadamente -para quienes lo recordamos con afecto-, su confesión del sábado pasado indica que ese esquema ya no es lo que era. La clave de su “retractación”, como la calificara el canciller Heraldo Muñoz, fue ese contacto con “los otros” que le proporcionó su estatus diplomático. Como embajador, el viejo militante salió de su endomundo sovietizado, trabajó “intensamente” con empresarios de carne y hueso y hoy  le consta la vocación democrática de la DC.

Marcó, así, un hito notable en el comunismo criollo y comparado. En lo fundamental, porque la suya no fue una confesión forzada,  para demostrar que “el partido siempre tiene la razón”, según el viejo guión estaliniano.  Fue, más bien, una autocrítica desde la humildad, avalada por su jefe partidario, el diputado Guillermo Teillier. Este dejó claro que su camarada se había desubicado y que él no se cortaría las venas para defenderlo ante la Presidenta Bachelet.

LA MISMA PIEDRA
 En cuanto a la arista institucional, el error de Contreras fue haber subestimado dos verdades diplomáticas que “nadie ignora”, como diría un columnista asertivo. Una, que un embajador no opina libremente sobre temas políticos. Otra, que no existe conversación privada posible con periodistas que llegan premunidos de grabadora y fotógrafo.

Pero, lo más notable no es que el hombre se saliera de las casillas de su cargo, por saltar sobre ambas verdades.  Más llamativo fue que, haciéndolo, haya tropezado con la misma piedra que hizo caer a otros embajadores, de izquierda, derecha e, incluso, “de la carrera”. A vuelo de pájaro, ahí están los casos del que elogió la dictadura del general Pinochet en Argentina, el que relató las vacilaciones de Bachelet para votar por Venezuela como miembro del Consejo de Seguridad, el que criticó a la Internacional Socialista desde la República Checa y el que expresó, en La Paz, su deseo personal de dar a Bolivia una salida soberana al mar.

Esa recurrencia en el error permitió a Teillier improvisar un salvavidas piadoso: “No tengo claro si un embajador puede o no puede referirse a esas cosas, públicamente”, dijo.  Significativo o intencionado despiste, pues revela que en las instituciones políticas del Estado no hay conciencia plena sobre la necesidad de contar con funcionarios parcos en las funciones estratégicas. Lo que en otros países parece obvio, aquí requeriría un pendrive con un manual de instrucciones.

Es bueno saber que la locuacidad impropia no agota el repertorio de inconductas diplomáticas. Recordemos el caso opuesto, del embajador designado para representarnos en China que, sin explicación pública, renunció a su misión antes de asumirla. El del embajador ante los organismos internacionales, en Ginebra, que votó en contra de instrucción expresa de la Cancillería. El del embajador en Venezuela para quien no hubo golpe de Estado contra Hugo Chavez en 2002, mientras su colega en la OEA condenaba el golpe desde la ortodoxia democrática. También es mencionable el caso que configurara el más grave problema de política exterior del gobierno de Patricio Aylwin: el asilo de Erich Honecker en nuestra embajada en Moscú, decidido por el embajador, sin consulta al canciller.

DÉFICIT ESTRATÉGICO
¿Y para qué recordar casos y cosas que algunos prefieren olvidar?

Pues, porque  error olvidado es error repetido y en la raíz de todos subyace el déficit de profesionalidad de nuestra Cancillería. Ese amateurismo que comenzó a percibirse desde septiembre de 1973, con la degollina en  el servicio exterior decretada por el general Pinochet.
 
De ahí nos viene esa contradicción flagrante entre una política exterior que quiere ser  “de Estado”  y un Estado sin la disciplina ni la abrigadora capacidad de negociación diplomática, que están en la base de cualquier política exterior. Por eso, en los últimos grandes conflictos vividos, otras cancillerías nos han impuesto la judicialización, los actores decisivos no han sido los diplomáticos sino los asesores jurídicos y hemos perdido lo que hemos perdido.

Es importante tenerlo a la vista pues está en trámite el cuarto o quinto proyecto de “modernización” de la Cancillería, esta vez a cargo de Mario Artaza, un diplomático de currículo impecable.  Pero, hasta el momento (y como antes), el tema no tiene prioridad programática de gobierno ni obedece a un previo y necesario gran acuerdo nacional.

En esas condiciones, el pronóstico se mantiene estable: si hay buen tiempo produciremos una reforma a la chilena, “dentro de lo que se puede” y seguiremos postergando esa gran Cancillería que Chile necesita a gritos.

Una tan gravitante–en cuanto profesionalizada-  como las de Itamaraty y Torre Tagle, a nivel de la región. 

José Rodríguez Elizondo
Jueves, 23 de Octubre 2014



Facebook Google + Twitter LinkedIn Del.icio.us Digg Google Y! Technorati Meneame Viadeo

Revista Realidad y Perspectivas

3votos

Artículo n°354 José Rodríguez Elizondo

La coyuntura internacional en la edición de septiembre de Realidad y Perspectivas


ryp_35.pdf RyP_35.pdf  (3.96 Mb)


José Rodríguez Elizondo
Martes, 14 de Octubre 2014



Facebook Google + Twitter LinkedIn Del.icio.us Digg Google Y! Technorati Meneame Viadeo

Bitácora

10votos

MAGNICIDIO DE BAJA INTENSIDAD José Rodríguez Elizondo

Publicado en El Mostrador 13.10.14

En 2002, se presentó ante la justicia chilena una querella por el presunto asesinato del ex Presidente Eduardo Frei Montalva. En diciembre de 2009, el ministro Alejandro  Madrid convirtió dicha querella en certeza judicial. Cerrando la primera etapa del proceso, dictaminó que Frei Montalva fue asesinado en su lecho de posoperado, en una clínica de la capital, durante el gobierno del general Augusto Pinochet. Tres años después -el pasado viernes- cerró el sumario respectivo, mencionando autores, cómplices y encubridores.

Han sido 14 años con escasa reacción mediática y de opinión pública. Inferior, en todo caso, a la que capta cualquier crimen espantoso cometido por gente común. Sin embargo, de lo investigado se desprende un contexto más que espeluznante: terrorismo de Estado, servicios secretos tenebrosos, infiltración de gérmenes patógenos (textuales “bacterias oportunistas”) y médicos escapados del gabinete del doctor Caligari.

En una democracia desarrollada, los políticos estarían tratando las alternativas del proceso en todos sus foros, los cineastas habrían encontrado financiamiento para un filme rápido, los guionistas competirían para proyectar una secuela, algún escritor estaría dando los toques finales a una gran novela  y la prensa nacional e internacional darían cuenta cumplida de lo que sigue sucediendo.

Pero, por lo visto, los chilenos estamos en otra. En el país de los hechos, la información no ha conmocionado la conciencia nacional. La atención se ha concentrado en la tecnología de las pruebas de laboratorio y en la improbable culpabilidad de los sospechosos instrumentales (a través de los cuales podría llegarse a los autores intelectuales). Además, como en 2009  Chile estaba en pleno proceso electoral, en lugar de privilegiarse el tema de fondo –la certeza judicial del crimen- se levantó una advertencia de coyuntura: la resolución del juez podía influir en el comportamiento de los electores, favoreciendo al candidato Eduardo Frei Ruiz-Tagle, hijo del Presidente asesinado. Es decir, Madrid debió manejar los tiempos del proceso, buscando uno que fuera políticamente oportuno.

Afortunadamente, nuestra Corte Suprema reivindicó, entonces, los fueros de la juridicidad y del orden natural de los acontecimientos. Ratificando lo obrado por el juez, dejó en claro que los tiempos judiciales no pueden ni deben ser manipulados, para no chocar con los tiempos políticos. “Sería muy grave que los jueces tuvieran que buscar fechas para dictar sus resoluciones", dijo su Presidente Milton Juica,
En cualquier caso, la reacción nacional acorde con la gravedad del caso sigue en suspenso. Incluso pareciera que sólo los hijos y nietos de Frei Montalva son los ofendidos directos por el magnicidio.

Un hecho relevante de nuestra historia compite, desventajosamente, con la crónica roja de la coyuntura.

José Rodríguez Elizondo
Lunes, 13 de Octubre 2014



Facebook Google + Twitter LinkedIn Del.icio.us Digg Google Y! Technorati Meneame Viadeo

1 2 3 4 5 » ... 64


Editado por
José Rodríguez Elizondo
Ardiel Martinez
Escritor, abogado, periodista, diplomático y caricaturista, José Rodríguez Elizondo es en la actualidad Director del Programa de Relaciones Internacionales de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile. Miembro del Consejo Editorial de Tendencias21, su obra escrita consta de 21 títulos, entre narrativa, ensayos, análisis y reportajes. Entre esos títulos están "Guerra de las Malvinas, noticia en desarrollo (2012)", Las crisis vecinales del gobierno de Lagos", "Crisis y renovación de las izquierdas", "El Papa y sus hermanos judíos", "La pasión de Iñaki", “Chile: un caso de subdesarrollo exitoso”, "Chile-Perú, el siglo que vivimos en peligro”, "De Charaña a La Haya: Chile entre la aspiración marítima de Bolivia y la demanda marítima de Perú" y “Temas para después de La Haya”, publicados por la Editorial Andrés Bello, Random House Mondadori y Planeta. Ha sido distinguido con el Premio Rey de España de Periodismo (1984), Diploma de Honor de la Municipalidad de Lima (1985), Premio América del Ateneo de Madrid (1990) y Premio Internacional de la Paz del Ayuntamiento de Zaragoza (1991). Elegido en 2013 como miembro de número de la Academia Chilena de Ciencias Sociales, Políticas y Morales.





Archivo
L M M J V S D
          1 2
3 4 5 6 7 8 9
10 11 12 13 14 15 16
17 18 19 20 21 22 23
24 25 26 27 28 29 30



RSS ATOM RSS comment PODCAST Mobile