CONO SUR

Bitácora

6Voto(s)

Tencha en la Historia

Tencha en la Historia
Fue en alguna ciudad de Extremadura, quizás en 1986. Hortensia “Tencha” Bussi, que ya comenzaba a ser una bella septuagenaria, había participado en unas jornadas sobre derechos humanos y estábamos en un almuerzo de camaradería. La mesa estrecha, al estilo frailero, permitía un contacto visual cercano y entonces lamenté no ser pintor retratista para registrar su mirada.

Sus increíbles ojos de color cambiante pasaban a través de sus interlocutores. Decían, sin decir, que ella estaba en otra parte desde el comienzo de los siglos. Recordé La esfinge sin secreto, ese cuento de Oscar Wilde cuya protagonista, de apariencia inaccesible, lucía como “esos cristales expuestos en los museos que son transparentes unas veces y opacos otras”.

La diferencia estaba en que los secretos de Tencha existían y eran del dominio público. Entre ellos estaba Salvador Allende, cónyuge por tres décadas y sempiterno seductor de mujeres. Los aviones de guerra bombardeando su casa y la flor que aportó al funeral clandestino del líder. Su hija Beatriz, tan profundamente castrista y tan desesperadamente suicidada en La Habana. Su extraño amigo Fidel Castro, con su solidaridad material generosa, yuxtapuesta a la manipulación de la muerte de Salvador, la retención de la carta póstuma de Beatriz y la pretensión de construir en el nieto Alejandro al símbolo de las revoluciones cubana y chilena.

A esa altura, la opaca Primera Dama del gobierno derrocado, tras decidir que nunca lloraría en público, se había convertido en una brillante líder simbólica contra la dictadura. Apoyada en su hija Isabel, era un poder fáctico de envergadura y los líderes de la Concertación en ciernes así lo entendían. De su apoyo dependían sus futuros y un mínimo signo de rencor habría bastado para bloquear cualquier carrera. Si esto no sucedió, fue porque, desde la ética de la responsabilidad, ella apostó a la transición institucional, con los amigos y enemigos de ayer.

Sugerentemente, su única intervención política notoria, con el dictador ya rumbo al olvido, fue ante Fidel Castro, una noche de noviembre de 1996, en el marco de la VI Cumbre Iberoamericana. Los socialistas chilenos habían decidido brindarle al dios cubano un cóctel especial de homenaje con crítica, pero, al parecer, no contaban con un dirigente capaz de superar el temor reverencial. Entonces recurrieron a Tencha octogenaria.

Así fue como la viuda del héroe inmolado, ya curvada por la escoliosis, leyó a Castro la cartilla de la democracia regional, en uno de esos raros momentos en que la Política muestra sus componentes más nobles. Con inteligencia y dignidad, supo equilibrarse entre el reconocimiento al mítico rebelde de Sierra Maestra, la emoción raigal de las izquierdas por la justicia social, la gratitud por la solidaridad tras la tragedia, el respeto por las utopías del pasado y... la mutación del joven guerrillero en un gobernante vitalicio y renuente a consultar la opinión libre de sus dirigidos.

Conminándolo a llamar a “elecciones periódicas”, Tencha rompió la complicidad de los silencios militantes, trizando ese viejo sofisma según el cual nunca es oportuna la verdad, cuando puede escucharla "el enemigo".

La semana pasada, la nonagenaria y legendaria Tencha decidió morir y fui a verla por última vez al Salón de Honor del Congreso Nacional, entre Presidentes de la República, notables locales y extranjeros y chilenos de a pie. Quise recuperar su mirada de esfinge, pero sus ojos increíbles se habían cerrado para siempre y sus manos inmóviles sujetaban una flor.


Publicado en La Republica el 23.6.2009
José Rodríguez Elizondo
Martes 23 Junio 2009 Comentarios


Digg Del.icio.us Y! Technorati Meneame Wikio Facebook Google MySpace Twitter LinkedIn Viadeo

Bitácora

2Voto(s)

El cascabel de la OEA


Cuando Fidel Castro vio que llegaba la hora de revocar la resolución de 1962, que excluyó a Cuba de la OEA, su reacción fue la misma de hace medio siglo. Con tozudez redundante, de gallego y anciano ensimismado, dijo que la existencia de esa institución no se justificaba. Había sido el caballo norteamericano de Troya que introdujo en América Latina el neoliberalismo, el narcotráfico, las bases militares y las crisis económicas. Era un orgullo estar fuera de ella

Parafraseaba, así, la mejor cita del Marx divertido: “Yo no puedo pertenecer a un club que me acepte como socio”. Además, en esto era coherente con su biografía de revolucionario que insurgió a las greñas con los gobiernos de Dwight Eisenhower y John Kennedy y se consolidó gracias al conservadurismo cegatón de los gobiernos norteamericanos que siguieron. Imposible pedirle que ayudara a descongelar un estatus confrontacional que lo había beneficiado tanto.

Sin embargo, una vez revocada esa resolución, por unanimidad –incluyendo a los EE.UU- , los castristas externos e internos proclamaron un nuevo triunfo de la revolución cubana. A ese respecto, coincidieron con la minoría más reaccionaria de los Estados Unidos, que comenzó a acusar la “debilidad” de Barack Obama, como si perseverar en el error fuera una señal de fortaleza. Todos olvidaron, además, que en 1962 la mayoría real de la región no acompañó a la Casa Blanca. Entonces tuvieron el coraje de abstenerse Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador y México. Junto con Cuba, conformaban algo así como los 4/5 de la población de América Latina.

Es que, en la realidad concreta, no da igual patear con iracundia las puertas cerradas de un club exclusivo, que hacer el loco arremetiendo contra sus puertas abiertas. Es decir, no da lo mismo, para los cubanos de Castro, mantenerse taimadamente al margen de una institución que los expulsó, que recibir una invitación para volver, mediante el simple cumplimiento de los requisitos que los demás socios ya están acatando.

Mientras se asimila esta nueva situación, nadie en Cuba –oficialmente hablando- quiere recordar que el club tiene estatutos nuevos. Los de nacimiento, inspirados en la lógica de la Guerra Fría, sólo servían para declarar la incompatibilidad de la OEA con las dictaduras marxista-leninistas. No servían para molestar a dictaduras como las de Marcos Pérez Jiménez, Rafael Leonidas Trujillo, Anastasio Somoza y flia., Manuel Odría, Hugo Bánzer, Humberto Castelo Branco, Jorge Rafael Videla, Gregorio Alvarez y Augusto Pinochet. Los estatutos de hoy, tras el fin de la Guerra Fría, contienen una cláusula democrática y de respeto a los derechos humanos que, teóricamente, debiera alejar a las dictaduras sin distinción. Hay que decirlo así, con prudencia, porque nosotros latinoamericanos, creativos como somos, estamos en vías de inventar dictaduras democráticas (libremente elegidas o ratificables), para que puedan colarse o permanecer dentro de la OEA.

Visto así, es poco lo que se pide a la Cuba tardocastrista para retornar al club. Simplemente, su gobierno debiera hacer lo que hace el de Venezuela, cuando se somete a elecciones periódicas. Si Hugo Chávez es el discípulo dilecto y si el régimen cubano cuenta, incluso, con mayor control de la opinión pública, no sería demasiado duro imitarlo. Con una pequeñita elección cubana, se respetarían los principios actuales de la OEA –al menos en la forma- y comenzaría una transición a la transición democrática en la isla.

Claro, es más fácil decirlo que enfrentarse a una reflexión adversa de Fidel Castro. Porque ése es el problema decisivo: ¿se atrevería Raúl a ponerle el cascabel electoral a su hermano?


Publicado en La Republica el 9.6.09
José Rodríguez Elizondo
Jueves 11 Junio 2009 Comentarios


Digg Del.icio.us Y! Technorati Meneame Wikio Facebook Google MySpace Twitter LinkedIn Viadeo

Bitácora


En su entrevista de ayer para La Tercera, Evo Morales dice, rotundo, lo que sus diplomáticos sólo decían con susurros: “la demanda (del Perú en la Haya) tiene como objetivo perjudicar a Chile y Bolivia en sus negociaciones”.

Es la réplica exacta de aquella dura afirmación de Alan García, según la cual Morales ya no estaría interesado en una salida al mar. De paso, muestra un nuevo diseño estratégico respecto a dicha aspiración marítima, que ya no pivotea sobre el supuesto bilateralismo consagrado en el tratado de 1929. Este, más bien, levantaba la amistad chileno-peruana sobre la “exclusión” de Bolivia.

Si este alejamiento de Bolivia no fue previsto oportunamente por los expertos de Torre Tagle, significa que esa acreditada Cancillería también comete errores graves. Si lo fue, significa que esos expertos asumieron una asesoría temeraria desde 1986, año en que el diplomático Juan Miguel Bákula oficializó la pretensiòn peruana ante el gobierno chileno. Como resultado, Ecuador y Bolivia –además de Chile- hoy están directamente interesados en la mantención del statu quo.

Incidentalmente, esto explica la extraña reacción del mismo Bákula cuando este columnista “reveló”, en 2007, el secreto de Polichinela de la implicancia boliviana. En un libro de 2008, dicho actor supuso aviesas intenciones al analista, diciendo que se trataba de “una extraña interpretación (…) teledirigida desde otros miradores” y sólo orientada a descalificar su gestión personal. Asumía que ni al Presidente García se le había pasado tal conexión por la cabeza.

Los hechos indican, entonces, que Chile dejó de ser el exclusivo responsable de la mediterraneidad boliviana, pues los obstáculos reales los ha venido colocando –según Morales- la “permanente agresión” de García. Más que un sinceramiento sobre la trilateralidad del tema, esto es un traslado de culpas, que induce un vuelco histórico en el sistema geopolítico. Una especie de éxito en diferido de aquella “polìtica boliviana” de Chile que descansaba sobre la negociabilidad de Tacna y Arica. En esa línea, Bolivia desistiría de internacionalizar su tema y no pondría el énfasis en los traspasos de soberanía.

Aquí es donde Chile necesita políticas que sinteticen las grandes líneas de la Política y la Estrategia, pues plegarse al diseño de Morales sería asumir que la amistad de Bolivia puede equilibrar la enemistad del Perú. Más inteligente sería aprovechar la oportunidad para hacer el balance de la exclusión boliviana decidida en 1929, con miras a reemplazarla por una política común, que beneficie a los tres países concernidos.

Ese “trilateralismo diferenciado” sería, por añadidura, el soporte de una integración que elimine la necesidad de delegar nuestros destinos en los jueces de La Haya.


Publicado en La Tercera, 1.6.09
José Rodríguez Elizondo
Jueves 04 Junio 2009 Comentarios


Digg Del.icio.us Y! Technorati Meneame Wikio Facebook Google MySpace Twitter LinkedIn Viadeo

Bitácora


Cuando el canciller de Ecuador dijo compartir la posiciónchilena sobre límites marítimos, nos pusimos en ventaja metafórica: ganábamos 2-1.

Pero la diplomacia peruana contraatacó con sendas declaraciones de los embajadores de Argentina y Brasil acreditados en Lima. El primero, Darío Alessandro, manifestó que Perú “actuó como corresponde” al acudir al Tribunal de La Haya, y que su decisión no puede interpretarse como “un gesto inamistoso”. Para el segundo, Jorge ’Escragnolle, Brasil aplaude la idea peruana de ir a La Haya, pues “ese es el camino”.

¿Empate a 2?... ¿3 a 2 en favor del Perú?

En rigor jurídico, el marcador no se ha alterado. Existe una diferencia cualitativa entre Ecuador, interesado directo en la mantención del statu quo y dos países sin interés comprometido. Pero, ojo: si ambos embajadores hablaron con responsabilidad, significa que emitieron una señal política (léase, marginal a los argumentos legales) insoslayable. Ella dice que, para Argentina y Brasil la demanda peruana es legítima, el statu quo es discutible y no es cierto, por tanto, que todo esté zanjado, como sostiene Chile.

En esto hay un subalineamiento geopolítico importante, por el gran peso propio de ambos países, por ser uno fronterizo con Chile y el otro con Perú y por implicar, en el caso de Argentina, una revisión histórica por vía indirecta. Recordemos que, en el caso del Beagle, la eventual recurrencia de Chile ante la Corte Internacional de Justicia fue considerada como un casus belli.

Esto indica lo anodino, geopolíticamente hablando, de denunciar que “Perú construyó el caso jurídico” durante años. Más bien confirma que, por haber descuidado el tema durante esos mismos largos años, Chile cedió la iniciativa estratégica y Perú obtuvo un éxito político sólo posicionando su pretensión ante la Corte de La Haya.

Por ello y con la discreción debida, urge hacer una revisión política de lo actuado. Esto implica, entre otras cosas, asumir que, por décadas, no enfrentamos la estrategia peruana
en construcción con una contraestrategia preventiva; que debemos revisar nuestros déficit concomitantes para superarlos en el futuro, y que uno de esos errores fue del más
puro ideologismo: haber creído que,en los conflictos fronterizos, la racionalidad del mercado podía más que la pasión del nacionalismo.

Quienes soslayan revisiones críticas dirán que eso sería llorar sobre la leche derramada. Sin embargo, más vale una vez rojo que mil veces amarillos. En otras palabras, bueno
sería llorar de una vez por todas y no seguir conteniendo el llanto cada vez que surja un conflicto.
Entretanto, habrá que aplicarse a la razón jurídica, haciendo de la necesidad virtud, pues queda claro que, en política exterior, inferior resulta el mérito de la resignación.


Publicado en La Tercera, 28.5.09
José Rodríguez Elizondo
Jueves 04 Junio 2009 Comentarios


Digg Del.icio.us Y! Technorati Meneame Wikio Facebook Google MySpace Twitter LinkedIn Viadeo

Bitácora

Benedetti o la oficina en el corazón
A mediados del siglo pasado, entre mate y mate, los uruguayos instalaron una estupenda trinidad laica: “el paisito” democrático, la revista Marcha y el columnista Mario Benedetti. Una estimulante síntesis para quienes creíamos que la política, la poesía, la narrativa, el cine y el teatro eran similarmente importantes o perfectamente compatibles.

Para los exégetas establecidos, la clave del sistema estaba en Carlos Quijano, el legendario líder de opinión que dirigía la revista. Para los más jóvenes, ese liderazgo estaba pasando a Benedetti quien, bajo la chapa de Damocles, impartía la doctrina con la sencillez de un funcionario público que no ha hecho otra cosa en su vida.

La alusión burocrática no es gratuita. Ese columnista ya había dictaminado que Uruguay es “la única oficina del mundo que ha alcanzado la categoría de república”. Consciente de la sociología implícita, exponía en sus cuentos, poemas y novelas las pequeñas utopías o las pequeñas pesadillas de la plantilla nacional. Desde el estafeta hasta el jefe de la Oficina Gubernamental, pasando por el director del servicio, sus creaturas proyectaban “el opaco orgullo de todo ser promedio”.

Lo suyo no era adoctrinamiento político, sino una posición crítica con sede en la progresía de Montevideo. Una que exaltaba la meritocracia, no minimizaba la corrupción, aborrecía a los norteamericanos (blancos), amaba el arte y creía en la eliminación de los ejércitos. Benedetti la ejercía usando “las formas indoctas de la sinceridad” y todos lo entendían. “Entró en nuestra casa como el pan sobre la mesa, simple, fresco, imprescindible”, explicaba la hija artista de un odontólogo argentino.

En ese contexto clasemediero, el huracán verdeolivo del joven Fidel Castro le cayó como el rayo que desmontara a Saulo camino a Damasco. En un dos por tres, le desordenó los papeles, le reveló que los sudacas éramos pobres sólo porque los Estados Unidos eran ricos y lo interpeló para que se comprometiera, patria o muerte, con la revolución armada. Así cayó en la hermosa simplicidad de la teoría de la dependencia y terminó clavado en el destierro.

Desde la razón romántica, Benedetti no sospechó que las venas abiertas del antimperialismo serían la razón instrumental de un poder castrista total y eterno. Sólo a mitad de su exilio, sabiendo que en La Habana también se cocían habas impresentables, comenzó a decirlo con las formas indoctas de su bonhomía. Sí, Fidel vivía en un edificio común y corriente, pero había dirigentes que vivían “mucho mejor que la gente”. “Ojalá que todos los cambios del mundo pudieran darse sin derramamiento de sangre”. Incluso dedicó un poemario a “la estirpe martiana de Haydeé Santamaría”, esa heroína de la Sierra Maestra cuyo suicidio es, hasta hoy, uno de los temas innombrables para “el líder máximo”.

Tanta prudente imprudencia lo dejó varado entre la obsecuencia castrista de Gabriel García Márquez y la denuncia anticastrista de Mario Vargas Llosa, sus ex compañeros de ruta. Desde esa incómoda posición, confesó que “siempre seré increpado sobre Cuba, mi irredimible pecado” y decidió explicarse en tres versos: “está demás decirte que a esta altura / no creo en predicadores ni en generales / ni en las nalgas de miss universo”.

Finalmente, “desexiliado” en el Montevideo de su nostalgia, escribió el testamento que sus lectores y amigos debieran insertar en el Gran Archivo de su País Oficina. En él dispone que no será uno de esos grandes inmortales que sobreviven por mandato de un pueblo, sino uno de esos “inmortales domésticos”, que sobreviven gracias a un corazón sencillo.

Que así sea, querido Mario. Patria o heridas leves, venceremos.

Publicado en La Republica el 26.5.09
José Rodríguez Elizondo
Miércoles 27 Mayo 2009 Comentarios


Digg Del.icio.us Y! Technorati Meneame Wikio Facebook Google MySpace Twitter LinkedIn Viadeo
1 2 3 4 5 » ... 36


Editado por
José Rodríguez Elizondo
José Rodríguez Elizondo
Abogado, periodista, diplomático y caricaturista, José Rodríguez Elizondo es en la actualidad Profesor de Relaciones Internacionales de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile y columnista del diario La Tercera, de Chile, y La Vanguardia, de Barcelona. Miembro del Consejo Editorial de Tendencias21, es asimismo autor, entre otros libros y ensayos, de "Las crisis vecinales del gobierno de Lagos", de la novela "La pasión de Iñaki" y de los libros "Crisis y renovación de las izquierdas", "El Papa y sus hermanos judíos", “Chile: un caso de subdesarrollo exitoso” y "Chile-Perú, el siglo que vivimos en peligro, publicados por la Editorial Andrés Bello y Random House Mondadori. Su obra mayor consta de 20 títulos, entre narrativa, ensayos, tesis filosófico-jurídicas y reportajes. Ha sido distinguido con el Premio Rey de España de Periodismo (1984), Diploma de Honor de la Municipalidad de Lima (1985), Premio América del Ateneo de Madrid (1990) y Premio Internacional de la Paz del Ayuntamiento de Zaragoza (1991).





RSS ATOM RSS comment PODCAST Mobile

Tendencias21