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CONO SUR

Bitácora

3votos

El gobierno chileno de Michelle Bachelet está viviendo horas difíciles. Entre quienes quieren mantenerse en la línea del crecimiento con sensibilidad social, en el marco de una economía de mercado y quienes sueñan con volver a la transición al socialismo de Salvador Allende, los que están ganando son los fantasmas de los años 70. Un observador de Marte diría que, mientras queremos correr, los chilenos nos estamos disparando a los dos pies.


Publicado en El Mostrador 3.9.2015
 
Verifico, sin sorpresa, que los fantasmas del 73 recorren Chile. Los cacerolazos, las marchas tumultuarias, los camioneros de protesta y los encapuchados destrozones pertenecen a su coro simbólico. Los solistas están en primera fila y levantan pancartas sobre la ingobernabilidad, el vacío de poder y “la renuncia”. Fuera de escenario –en “la puta calle”, dicen los españoles- los fantasmas más extremistas arrastran un saco donde meten a todos los lucrativos y uniformados, junto con Manuel Contreras y sus sicarios.
 
Pero, repito, ninguna sorpresa. Aunque los “momios” modernos califiquen como clase media aspiracional, los revolucionarios de ayer sólo impulsen reformas (realistas e irrenunciables) y nadie arroje maíz a los militares, los fantasmas de esos años espeluznantes nunca dejaron de estar vivitos y coleando. No excluyo que hasta quienes los exorcizamos, con éxito relativo, moriremos con ellos mordiéndonos el hígado o el corazón.
 
Tampoco se crea que son fantasmas jerarquizados y disciplinados, pues entre ellos se llevan malísimo. El clivaje mayor –como diría un sociólogo- está entre los que arrastran cadenas por el escarmiento, la renovación y la reconciliación y los que  penan por el anarquismo, el neocastrismo y la refundación. Los primeros son fantasmas buena gente y penan desde la  utopía retroactiva. Esa  que “sólo” exigía sensatez en los partidos de talante democrático, incluso a la derecha de Salvador Allende. En esa onda -y sobre todo en el exilio-, los recuerdo preguntándose y preguntándonos si el golpe realmente fue inevitable.
 
En cuanto a los otros, son los fantasmas recalcitrantes. Su penar comenzó a manifestarse con una simpleza conmovedora el mismo día 11: “otro gallo cantaría si hubiéramos tenido las armas a tiempo.” Hoy se han sofisticado y sólo quieren importar retroexcavadoras.
 
LO QUE PUDO SER

Todo esto me recuerda un juego de historia contrafactual que practicamos en 2010, por vía electrónica, con el doctor Arturo Jirón Vargas, Este amigo y ministro de Allende -a quien  acompañó hasta el fin- solía ser asaltado por los fantasmas buenos y sentía curiosidad al verme libre de penaduras. Me parece instructivo desclasificar parte de ese intercambio, pues ilustra lo que ahora está pasando o dejando de pasar. Ahí va un extracto:

 
AJV.- Una pregunta se me viene a la cabeza desde hace estos puños de años. Se la he realizado a varios ex notables y todos se corren. La pregunta es: ¿Qué habría pasado en Chile si no se hubiere producido el golpe militar? ¿Hacia dónde iba la UP? o ¿hasta dónde? Yo sé lo que era el "Chicho", pero ¿era suficiente para garantizar una democracia y contener "la revolución armada” que algunos impulsaban? ¿Cómo sería hoy Chile? ¿Mejor? ¿Quebrado como otros países de nuestro subcontinente? Tengo tantas interrogantes que me impiden un juicio aproximado, que pienso es lo máximo que se le puede pedir a un experto como mi amigo. 
 
JRE.- Preguntas por la “historia contrafactual” que es muy entrete, pues se basa en jugar a las hipótesis. Ahí van las mías: 1) la UP de septiembre del 73 no tenía futuro y, como no cabía la abdicación, la solución estaba en el plebiscito. Este, por sí solo, encapsulaba la conspiración y creaba otro escenario. 2) Pero, como está en los clásicos griegos, la tragedia suele primar sobre la razón. La de Allende era buena, pero la tragedia lo tiraba de los faldones, para que se convirtiera en razón tardía 3) La tardanza, a su vez, alertaba a los conspiradores. Con la conspiración encapsulada y un escenario no golpista, ellos serían los únicos patos de la boda. Por tanto, ya no podía importarles si ganaban el punto político: que Allende se fuera lo más pacíficamente posible. 4) Medalla intelectual para Tomic que previó esto just in time y lo dijo con síntesis de profeta. En resumen: hubo un momento de salida pacífica que significaba sólo la derrota de la UP. Luego, ya no se podía parar la máquina y la derrota de la UP se convertiría en la derrota de la República. Aparte queda, como escribiera Borges, que los caballeros siempre defendemos las causas perdidas.
 
AJV.- Muy inteligente tu análisis, el cual, sin tantos conocimientos políticos y logísticos, comparto. But, como diría un gringo, tengo la sensación de que también te corriste con la respuesta. Tú me explicas el porqué del golpe, el agotamiento de la UP, la táctica del plebiscito, pero yo te pregunto: ¿Qué sería Chile si no se produce el golpe? ¿Acuerdo con la DC? ¿Se imponen grupos extremistas? ¿Resistencia civil aumenta? ¿Grupos de choque? ¿Economía en picada? ¿El país acepta el modelo UP y le cree al Presidente que se irá a los 6 años de gobierno? ¿Lo acepta la UP o Allende es "separado" por burgués? ¿Las transformaciones revolucionarias son aceptadas por la gran mayoría? ¿O sólo fue una quimera en la cual muchos creímos (o pocos)?
 
JRE.- Entonces vamos por partes, como decía el viejo Jack. Hipótesis sin golpe: Se dan las condiciones para el plebiscito, pues generales ajenos a la conspiración desalojan a los conspiradores. Resultado del plebiscito muestra un país polarinzado y, por ende, ingobernable. El Presidente abdica dejando el poder en manos de Frei, Presidente del Senado y se va a Costa Rica. La extrema izquierda lo denigra como capitulacionista, mientras trata de ejercer la violencia con la funcional respuesta de Patria y Libertad. Ante eso, Frei negocia un “pronunciamiento” (aquí vale la expresión) acotado de las FF.AA: éstas mantendrán el orden bajo su dependencia política hasta nuevas elecciones. El alineamiento político cambia cada día. La derecha de Jarpa trata de ampliar la manu militari mientras aserrucha el piso a Frei. Este, con base en su partido, negocia con radicales renovados y la amplia gama de socialdemócratas escarmentados. Los grupos extremistas inician una guerrilla en la onda tupamara y los militares los aplastan en la onda peruana (ejército peruano desarboló guerrilla castrista en tres meses). La economía resurge, porque a los empresarios y a Nixon no les queda otra y el país enfrenta una elección dramática entre un candidato de la derecha dura y otro de la DC, con las izquierdas en receso. La solución surge por la vía de un outsider -que puede aparecer como transversal- quien gana por estrecho margen. A esa altura, el país real asume que injusto es el mercado, pero peor es la falta de mercado. Allende ya está viejito y formula un llamado a la concordia tras reunirse con Frei. Fuera de Chile caen los muros y los líderes del eurocomunismo y de la socialdemocracia invitan al nuevo Presidente a ingresar como asociado a la Unión Europea. De ahí en adelante, Chile comienza a crecer al 8% anual y en 1991 se incorpora a la OCDE. Vuelven del extranjero los doce exiliados contabilizados, pero nadie se da cuenta.
 
AJV.- Yo creo que es una brillante proyección teórica. Podría haber sido así. Creo que la ineficiencia, terquedad, ceguera impidió que las "cosas" resultaran menos traumáticas. Voy a pensar más tu teoría de lo que pudo haber pasado. Me parece un ejercicio interesante.
 
PENANDO EN LA MONEDA
 
Mi querido amigo Arturo murió conversando con sus fantasmas buena onda, que hoy están de cadenas caídas. Los que hoy la llevan son los fantasmas recalcitrantes, que penan en nombre de lo refundacionalmente correcto. Son los que ocultaron su funcionalidad para que el golpe se diera y luego le inventaron una muerte “correcta” al Presidente Allende. Sabían que Castro identificaba a los suicidas con los críticos y, si hacemos un listado de los que hubo en su entorno, veremos que no era un desvarío de fantasma tonto.
 
Estos espectros dan más susto que los otros, pues penan noche y día y hasta en Palacio. Con base en esa omnipresencia, menosprecian lo bueno que hicieron los gobernantes anteriores e inducen simpatías y políticas más que dudosas. Sospecho, incluso, que alcanzaron a estar tras la decisión de nuestra Presidenta (primer período)  de ir a Cuba, para escuchar de boca de Fidel el alegato marítimo de Evo. Luego, aunque no pudieron meternos en la Alianza Boliviariana ni privarnos de entrar a la Alianza del Pacífico, sí consiguieron que cerráramos los ojos ante las intrusiones de Hugo Chávez y los desplantes antidemocráticos de Nicolás Maduro. Marginalmente, sugieren que el muro de Berlín no fue tan oprobioso, porque a su sombra había guarderías infantiles maravillosas.
 
Entre paréntesis, yo suelo flaquear ante el argumento de las guarderías, pues mi hija estuvo en una que, efectivamente,  era estupenda. Pero, ahí mismo me remece un fantasma zumbón para recordarme lo que entonces escribiera Carlos Cerda (QEPD), mi ilustre vecino en Leipzig: “en ningún lugar del mundo es más triste dejar de ser niños”.
 
LOS CASTROFANTASMAS
 
Por la labor de zapa de los fantasmas mala onda, hasta hemos olvidado la alta calidad de la gestión internacional de Allende. Entre los pocos que la reconocen está el historiador  Joaquín Fermandois: “la política exterior de Allende tuvo un éxito pleno en imponer la práctica y la teoría de lo que se llamó pluralismo ideológico”. Y eso, en plena guerra fría.
 
Tras siete años de política vecinal reactiva y  secuestrada por los jueces de la Haya, valdría la pena exhumar esa gestión… ¿Cómo no recordar las audaces iniciativas diplomáticas del Presidente para tener la fiesta en paz con las dictaduras de Juan Velasco Alvarado (Perú), Juan José Torres (Bolivia) y Alejandro Agustín Lanusse (Argentina)? Este último, asumiéndolo, confesó que “la vinculación que existió en todo momento entre Allende y yo jamás me llevó a disimular diferencias filosóficas”.
 
Y en relación con aquello. ¿En virtud de qué manipulación fantasmal se ha soslayado la genuina independencia ideológica de Allende ante la Unión Soviética –guardiana global de la pureza del marxismo-leninismo- manifestada en su proyecto de inaugurar “un segundo modelo de transición al socialismo”?
 
¿Y por qué recordar sólo su admiración por el Castro guerrillero y olvidar su rechazo categórico a convertirse en un gobernante castrosirviente?  “En Cuba mandas tú, Fidel, pero aquí gobierno yo”, le dijo en La Moneda, tras la “marcha de las cacerolas”, cuando el prolongadísimo visitante trató de endosarle su recetario verdeolivo.
 
Por cierto, Castro se desquitó de manera increíble, no sólo en su provocativo discurso en el Estadio Nacional. Semanas después del golpe, en su sesgado homenaje al Presidente muerto, en La Habana, no pudo reprimir su frustración de hegemonista ante la autonomía de Allende: “Los revolucionarios chilenos saben que ya no hay ninguna otra alternativa que la lucha armada revolucionaria”, dictaminó.
Es decir, el mundo debía entender que el líder chileno se equivocó al no seguir la vía que Castro  le indicaba.
 
¿HACIA DONDE VAMOS?
 
Lo dicho no implica creer que los castrofantasmas nos devolverán al pasado setentista. Ni los muertos vivientes pueden bañarse dos veces en la misma acequia. Pero sí supone advertir que, al inducir fenómenos de ingobernabilidad en seco, el aquelarre de los espectros nos está quemando el pan en las mismas puertas del horno. 
 
Así, ahora no estamos ante la alternativa poético-terminal “revolución o contrarrevolución”, sino ante una bastante más prosaica, que se esconde tras la cortina del “realismo sin renuncia”. Esta nos dice que hoy Chile estaría optando entre repetir su marcha hacia el desarrollo frustrado o seguir su andadura hacia un “subdesarrollo exitoso”.
 
Agrego que esta opción entre lo malo y lo peor la esbocé en un libraco de 2002, alarmado por la creciente mala calidad del personal político y por concomitantes brotes de corrupción. Es que, como solía decir el comunista español Santiago Carrillo, a veces uno se equivoca por tener la razón demasiado temprano.

José Rodríguez Elizondo
Jueves, 3 de Septiembre 2015



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Bitácora

8votos

ASI COMENZO TODO José Rodríguez Elizondo

Algunos políticos chilenos creen que se exagera la importancia de la demanda boliviana ante La Corte de La Haya. "No hay que 'bolivianizar' nuestra política exterior", dicen. Pero, a esta altura, eso ya no depende de la voluntad de nadie. Parafraseando a Shakespeare, hay método en la agresividad de Evo Morales. Es lo que le ha permitido escoger el terreno judicial, fijar los tiempos y conseguir el visto bueno del Papa Francisco, para mantener a Chile a la defensiva e inquietar calladamente a Perú.


Publicado en El Mostrador, 18.8.15

 
Parte importante de la diplomacia de negociación consiste en despistar sobre los objetivos estratégicos reales del Estado, hasta que llega el momento de la verdad.

Respecto a nuestros conflictos con Perú y Bolivia, post Guerra del Pacífico, el primer gran momento de ese tipo fue la firma del tratado con Perú  de 1929. Allí fijamos la frontera común y nos sinceramos respecto a lo que definimos como “la única dificultad pendiente”. Esta era la aspiración genética boliviana (1825) de acceder al mar por Tacna-Arica.

En ese contexto se produjo “la partija”. Tacna volvió al Perú, Arica quedó para Chile y un Protocolo Complementario blindó la solución limitando la disponibilidad soberana sobre ambos territorios. Éstos no podrían ser cedidos a una “tercera potencia” –que sólo podía ser Bolivia- en todo o en parte, salvo “previo acuerdo” entre los Estados firmantes. Un ex presidente boliviano definió este acuerdo con una metáfora: “Chile puso un candado al mar para Bolivia y entregó la llave a Perú”.

Técnicamente ese blindaje fue una alianza, con base en un estatuto especial para dos provincias y así lo entendieron los presidentes Augusto Leguía y Carlos Ibáñez. El primero, al costo de enfrentar la ira de sus nacionalistas radicales, para quienes Arica era “la provincia cautiva”. Perú, decían, la había defendido desde 1825, precisamente contra Bolivia y Leguía ahora la cedía al ex enemigo común. Para Ibáñez el costo fue contradictorio: por un lado, porque al devolver Tacna renunciaba a los derechos que le daba la victoria, según el espíritu de la época. Por otro lado, porque al recuperar la contigüidad con Perú, Chile renunciaba a una buffer zone (espacio tapón) que le diera mayor profundidad estratégica en caso de un nuevo conflicto.

En cuanto negociación clásica, los futuribles positivos –entre los cuales la cooperación en los mercados del Pacífico- equilibraron las concesiones mutuas y fueron decisivos. Pero, aunque el tratado se mantiene hasta hoy y eso ha permitido que Chile y Perú sean socios en la Alianza del Pacífico, su alianza no se sostuvo. A fines de los años 40, cediendo a la presión boliviana para romper “el candado” y a la “comprensión” de los EE.UU, Chile
decidió negociar directamente con Bolivia la cesión de un corredor soberano por Arica. Esto suponía “interpretar” el Protocolo, entendiendo que un previo acuerdo chileno-boliviano equivalía a un previo acuerdo chileno-peruano, siempre que se obtuviera la posterior “anuencia” del Perú.

LA MOCHILA DEL “TEMA PENDIENTE”

El giro no pasó colado. Perú envió señales de que no habría tal anuencia, pues el nuevo orden de los factores alteraba el producto. Su previo acuerdo con Chile, como aliados, mutaba en un veto eventual y en solitario, esto es, en la posibilidad antipática de rechazar lo que negociaran chilenos y bolivianos.

La prensa chilena de la época también lo vio así.  El Mercurio, en su editorial del 3.9.1950 advirtió que la inserción de un corredor boliviano entre Chile y Perú “no sólo pone en peligro los frutos que se pretendieron alcanzar con dicho tratado (de 1929) sino, además, la existencia misma de éste”. Igual franqueza empleó el ex canciller Conrado Ríos Gallardo, negociador de ese instrumento: “creamos un precedente que nadie sabe a dónde nos puede conducir en el porvenir (…) sobre la frontera chileno-peruana no existían nubes y es posible que hoy las haya”.

En definitiva, el corredor quedó como una expectativa frustrada para Bolivia, pero el mal paso
de Chile terminó con su alianza con Perú. Así, mientras en La Paz se celebraba la ruptura del “candado”, en Lima comenzó a sostenerse que la mediterraneidad boliviana no era tema propio y Santiago se encontró con la pesada mochila de “el tema pendiente”.

Vista por el retrovisor, la secuencia negativa para Chile aparece con nitidez: En 1952, Perú se negó a ratificar la fórmula de su ex presidente José Luis Bustamante, sobre el paralelo como límite de la frontera marítima. En 1976, en lugar de vetar los acuerdos de Charaña,  propuso ampliar su presencia en Arica. En 1986, informó que no había tratado de frontera marítima chileno-peruana. En 2008, terminó demandándonos en La Haya, para obtener 22 mil kilómetros cuadrados adicionales de océano.

Bolivia, por su parte, volvió a internacionalizar la idea de que su mediterraneidad era un “tema pendiente” para Chile, consiguió ventajas bilaterales en sendas negociaciones con Chile y Perú, rompió relaciones con Chile, condicionó la reanudación a una cesión de soberanía chilena, declaró retóricamente “muerto” el tratado de 1904 y terminó subiéndose por el chorro de la judicialización peruana. Para este efecto, endosó al organismo judicial de la ONU la tarea de obligar a Chile a negociar su salida soberana al mar (sin mencionar Arica).

EL DERECHO CONTRA LA TRANSPARENCIA

Si los chilenos no hemos visto este decurso con claridad, se debe a que escondimos los errores del pasado  bajo la alfombra de las racionalizaciones jurídicas. Por esa vía, los conflictos de poder mutaron en controversias sobre el derecho de los tratados, nuestra diplomacia delegó funciones en s asesores y litigantes jurídicos, mientras los jueces de la CIJ torcían la nariz a la Carta de la ONU para intervenir en la política exterior de tres Estados miembros del sistema.

No hay recetas sobre cómo salir, rápido, de este embrollo triple, pues nunca hay soluciones simples para los problemas complejos. Con todo, puede sospecharse que el inicio de cualquier solución está en la transparencia. No puede haber diagnóstico certero ni imaginación prospectiva, si no se reconoce el pasado como lo que fue.


REVISITAR A IBAÑEZ Y LEGUÍA

Mucho alegato podría ahorrarse si esa transparencia llegara. Si hasta parece de realismo mágico que, hasta ahora,  ni en Santiago, ni en Lima ni en La Paz se haya mencionado que el objetivo real de la demanda boliviana está en Arica. Una sola excepción conozco y reconozco, como muestra de encomiable honestidad intelectual. Se trata de un texto del ex Presidente boliviano Carlos Mesa, escrito (obviamente) antes de ser designado vocero por Evo Morales. Entre otros párrafos importantes, Mesa dice que “el nudo gordiano de la traumática historia trilateral que nos tiene trabados a Chile, Perú y Bolivia, es Arica (...) no hay otro camino si no queremos ir al absurdo impracticable de partir en dos el territorio de Chile”.

Por eso, junto con exponer nuestras “sólidas razones de derecho” ante un tribunal incompetente,  parece prioritario que la diplomacia chilena recupere la memoria histórica y la comunique.  De hacerlo, terminaría una era de bilateralismo ficticio, “la única dificultad pendiente” ingresaría al marco del trilateralismo y tendríamos un momento de la verdad similar al de 1929.

En tal caso, Chile recuperaría la iniciativa perdida y estaría en condiciones de desencadenar un proceso virtuoso. Este partiría por una diplomacia de negociación, en el marco de una estrategia de acción, orientada hacia una relación chileno-peruana de calidad, que refleje la realidad de Arica. Paralelamente, ello supondría abandonar la jusdiplomacia y asumir que las confianzas y desconfianzas internacionales se desarrollan como procesos y no como sucesos de una sola generación.

Además y aunque nos mortifique el antichilenismo de Evo Morales, en esa hipótesis de acción debiéramos revisar el espíritu de exclusión de Bolivia. A 86 años de distancia del Protocolo Complementario, bien podría cambiarse por un espíritu de inclusión, expresado en la propuesta de una política chileno-peruana común, para potenciar el acceso boliviano al mar. El interés nacional boliviano no debiera ser antagónico con una eventual participación societaria en la Alianza del Pacífico.

En síntesis, si ayer no comprendimos a cabalidad el talante visionario de Leguía e Ibáñez, es hora de reparar esa insuficiencia.

José Rodríguez Elizondo
Martes, 18 de Agosto 2015



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Revista Realidad y Perspectivas

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Artículo n°386 José Rodríguez Elizondo

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José Rodríguez Elizondo
Sábado, 8 de Agosto 2015



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Revista Realidad y Perspectivas

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Artículo n°385 José Rodríguez Elizondo

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José Rodríguez Elizondo
Sábado, 8 de Agosto 2015



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Bitácora

7votos

EL CONTAGIO DE SU SANTIDAD José Rodríguez Elizondo

En Bolivia el Papa Francisco hizo un "aparte" teatral en su discurso, para pronunciar la palabra "mar". Ahí mismo supo Evo Morales que había ganado un punto importante contra Chile


Publicado en El Mostrador de 13.7.2015

La visita del Papa Francisco a Bolivia ratifica lo que escribiera Ortega hace una porrada de años: “la opinión pública es un estado de contagio”. Agréguese que, en un mundo  interconectado, ese contagio se propaga mucho más rápido que antes y, sin ser filósofo, Evo Morales lo sabía.

Por eso era tan previsible que Evo aprovechara la visita del Papa Francisco para seguir contagiando a la opinión pública mundial con sus grandes temas contra Chile:
  • Chile invadió Bolivia para mutilarle su “cualidad marítima”.
  • Chile no quiere un diálogo de buena fe, que repare ese estropicio.
  • Corresponde a la justicia humana y divina desfacer ese entuerto.
Lo malo para Chile es que la opinión pública mundial está contagiándose cada vez más con esa inducción, despreocupándose del conocimiento de los siguientes factores del contexto:
  • Bolivia tiene acceso amplio, aunque no soberano, al mar de Chile y a sus servicios portuarios
  • Evo habla de invasión para ocultar que Bolivia participó en la guerra del Pacífico, como aliada del Perú.
  • En 1904  Bolivia aceptó lo  que Evo llama “mutilación”, mediante un tratado que sigue vigente.
  • Con la “mutilación” como lema, Bolivia trata de acceder a soberanía sobre todo o parte de Arica, que antes perteneció al Perú y está sujeta a un estatuto especial chileno-peruano con base en el tratado de 1929.
  • Para obtener ese objetivo, diversos gobiernos bolivianos han identificado el diálogo con Chile con una presión impositiva respecto a un tema bilateral, soslayando el interés del Perú.
  • Para ejercer esa presión, Bolivia ha roto relaciones con Chile más de una vez y condiciona su reanudación a que se le ceda lo que exige.
  • Hoy Bolivia ha delegado en la Corte Internacional de Justicia la misión de imponer ese diálogo impositivo vía negociación obligatoria.
CONTRA EVO EL PAPA NO ES INFALIBLE

Sucede que incluso el Papa Francisco se ha contagiado con esos tres “artefactos” de Evo. Por eso, tras aludir a un diálogo tan imprescindible, diplomática y cristianamente, hizo lo que se llama en teatro un “aparte”, para pronunciar la palabra mágica: MAR...

Francisco no podía ignorar que, gracias a la estrategia de Evo, esa palabra evoca de manera automática la frase “mar para Bolivia”. Es decir, configura un artefacto complejo, con un significado político decodificable: transferencia de soberanía territorial y marítima para Bolivia, con cargo a Chile.

Tan claro es eso que el gobierno boliviano puede desentenderse –y se desentiende- de que ese mar debe ser tema de un diálogo diplomático formal, sin condiciones previas, que conduzca a una negociación factible. Y si de Arica se trata, esa factible negociación involucra, obligatoriamente para Chile, a un tercer país.


Por lo señalado, Chile tiene la razón, pero va preso. Todo lo expresado es verdadero y razonable, pero no permea la opinión pública. Ni siquiera permea la opinión del Papa, que se arriesga a conceder un éxito mediático a Evo, incluso al costo de ser manoseado con regalos de dudoso gusto para cualquier católico. Tal vez piense que quien se humilla será ensalzado

MEA CULPA


Pero cuidado, que en todo esto también hay responsabilidad nuestra.

Desde hace muchos años y gobiernos, Chile está huérfano de una política vecinal de Estado que sea pública y docente. El secretismo, bajo la cobertura de “cautela” y con  la excusa de la judicialización a que hemos estado sometidos los últimos siete años,  ha ido mucho más allá de lo permisible. Esto es, más allá de los avatares diplomáticos, llevándonos al punto de carecer de una doctrina clara sobre el tema boliviano. 

Los chilenos, tal como los extranjeros, sólo tenemos “versiones” –más o menos autorizadas- de lo que piensan nuestros gobernantes sobre el conflicto con Bolivia (y antes con el Perú). Mientras Evo multiplica sus dichos, apariciones y agresiones, en vivo y en directo, nuestra Presidenta mantiene una compostura muy digna, pero que se ha revelado mediáticamente disfuncional.


Beneficiándose de ese vacío de doctrina y de presencia, vino recientemente a Chile el mismísimo vicepresidente de Bolivia, Alvaro García Linera, para decirnos a domicilio que éramos un mal vecino. Lo hizo ante una audiencia de unos 300 jóvenes que gritaban “mar para Bolivia” y luego se explayó por televisión. Ante ese desplante, nuestro gobierno explicó que se trataba de una visita “no oficial”.

Es que en Chile no se sabe hasta qué punto el conflicto con Bolivia es bilateral y cuando podría ser trilateral. Tampoco se sabe que la estrategia boliviana, lejos de ser errática, es coherente y rectilínea desde 1950. Por lo mismo, se ignora que ese año pisamos el palito al acceder a una negociación directa con Bolivia sobre un “corredor” por Arica. También se ignora que si Pinochet ofreció en Charaña ese mismo “corredor”, fue por estrategia militar  –evitar la HV3- y no por planificación diplomática.  

Sólo así se explica la extraña extrañeza de nuestra opinión pública, cuando  el canciller Heraldo Muñoz planteó restablecer relaciones diplomáticas con Bolivia. A demasiados chilenos les pareció un despropósito, olvidando que es una posición tradicional. Porque, si de diálogo entre países se trata, la mejor manera de organizarlo –y así se entiende en el mundo- es mediante relaciones diplomáticas incondicionadas. Por lo demás, es lo que  planteara el ex Presidente Ricardo Lagos al ex Presidente Carlos Mesa hace sólo 11 años, en una cumbre internacional.

En definitiva, ignoramos que, por desprolijidad, nuestros propios gobiernos alentaron la tesis del “tema marítimo pendiente”. Y, como decía Francois Mitterrand respecto a la reunificación de Alemania,  si en diplomacia un tema no se excluye, significa que es aceptable. Como consecuencia penosa, hoy también somos víctimas del efecto-contagio de las campañas de Evo.

Por lo menos, esto obliga a reconocer la eficiencia mediática con que se está manejando el Presidente de Bolivia. 

el_contagio_de_su_santidad.docx El contagio de su santidad.docx  (17.55 Kb)


José Rodríguez Elizondo
Lunes, 13 de Julio 2015



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Editado por
José Rodríguez Elizondo
Ardiel Martinez
Escritor, abogado, periodista, diplomático y caricaturista, José Rodríguez Elizondo es en la actualidad Director del Programa de Relaciones Internacionales de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile y Director de la carta mensual Realidad y Perspectivas (RyP). Miembro del Consejo Editorial de Tendencias21, su obra escrita consta de 28 títulos, entre narrativa, ensayos y reportajes. Entre esos títulos están “Historia de dos demandas: Perú y Bolivia contra Chile”, “El mundo también existe”, "Guerra de las Malvinas, noticia en desarrollo ", Las crisis vecinales del gobierno de Lagos", "Crisis y renovación de las izquierdas", "El Papa y sus hermanos judíos", "La pasión de Iñaki", “Chile: un caso de subdesarrollo exitoso”, "Chile-Perú, el siglo que vivimos en peligro”, "De Charaña a La Haya” y “Temas para después de La Haya”, publicados por la Editorial Andrés Bello, Random House Mondadori, Planeta y RIL. Ha sido distinguido con el Premio Rey de España de Periodismo (1984), Diploma de Honor de la Municipalidad de Lima (1985), Premio América del Ateneo de Madrid (1990) y Premio Internacional de la Paz del Ayuntamiento de Zaragoza (1991). En 2013 fue elegido miembro de número de la Academia Chilena de Ciencias Sociales, Políticas y Morales.





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