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CONO SUR

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Te recordaremos, Armando José Rodríguez Elizondo

 (A la memoria de un gran patriota boliviano )

Por mi experiencia como periodista, aprecio mejor a los autores conversados que a los autores solo leídos. Durante mucho tiempo, mi referente boliviano favorito fue el ilustre Walter Montenegro, a quien conocí cuando él era embajador en el Perú. Pragmático, realista, aplicaba a la controversia con Chile la experiencia de comienzos de la Guerra Fría, cuando muchos buscaban una “solución definitiva” al conflicto global. Parafraseando al célebre diplomático y analista norteamericano George Keenan, solía decir “hay problemas que no admiten soluciones, sino acuerdos”. Un lema que luego incorporó a sus textos.

Con motivo de un evento académico en La Paz, 2011, tuve la oportunidad de conocer a Armando Loaiza Mariaca, quien, a mi juicio, fue el mejor sucesor de Montenegro. Lo menciono en pretérito triste, pues falleció el lunes 18 de enero de 2016, precisamente cuando yo comenzaba a escribir sobre sus posiciones pragmáticas, en un libro que estoy componiendo.

Diplomático profesional, académico y canciller durante el gobierno interino de Eduardo Rodríguez Veltzé, Loaiza siempre tuvo el coraje de plantear sus posiciones con una rara mezcla de firmeza y dulzura. En nuestros intercambios, que se mantuvieron hasta muy poco antes de su fin, ejerció ese talante sin eufemismos.Decía (cortésmente) que los gobiernos de Chile no daban facilidades para quererlos y definía ese déficit como “soberbia”.

Pero, rápido, reconocía que lo principal no era partir de la culpa ajena sino desde la responsabilidad propia. Al respecto, no temía reconocer lo erróneo de haber judicializado la controversia y lamentaba los excesos verbales de su gobierno, tan disfuncionales al diálogo. Pensaba que en esto tenía mucho que ver el irredentismo.
 
Como canciller, él había asumido, precisamente, la tarea de superar las tensiones producidas durante los gobiernos de Carlos Mesa y Ricardo Lagos. Y lo consiguió. Comenzó trabajando en la “agenda sin exclusiones” que culminó como la “agenda de 13 puntos”, en la cual se incluyó nominativamente, por primera vez, el tema marítimo. Esto, que para los expertos bolivianos fue un gran éxito diplomático (y con razón), Morales se lo apropió por completo, como fruto de su relación política y personal con Michelle Bachelet.

En un texto publicado en La Paz, Loaiza se permitió un público y algo irónico llamado de atención: “Me parece un tanto excesivo que a veces el Gobierno de Evo Morales reclame para sí el mérito de haber incorporado el tema marítimo en la agenda bilateral”.

Él tenía la esperanza de que su presidente perseverara en esa línea de diálogo avanzado. Coincidiendo con los juristas que saben de política internacional, percibía que los jueces no pueden dar soluciones reales a problemas que son esencialmente históricos, geopolíticos y políticos. Notablemente, esa convicción la comunicaba no solo en la reserva de las grandes oficinas paceñas; igual la expresó ante un medio chileno: “Cuando se anunció esto (la demanda), manifesté que me inclinaba por el procedimiento por excelencia de las relaciones internacionales, que es la negociación diplomática”. Incluso agregó un comentario pesaroso: “Hoy es un tema ya nacional, aceptado, al que ya es muy difícil oponerse, eso ya es historia pasada”.

Colaborando con Realidad y Perspectivas, publicación académica que dirijo en mi Facultad de Derecho, escribió con ese mismo talante. Usando un fraseo allendista, dijo que “más temprano que tarde la diplomacia boliviana habrá de concordar con Chile la prosecución del camino arduo de gestionar la vasta agenda bilateral”. Añadió que hacerlo implicaba “consolidar la esencial confianza mutua que ha de impulsar la relación entre ambas naciones”. Ejemplificando, mencionó la relación chileno-peruana por “cuerdas separadas”, que mantuvo el mínimo necesario de cooperación durante el proceso ante la CIJ.

Por cierto, con esa mención al Perú desafiaba la visión irreal o tacticista del bilateralismo. A su juicio, “los tres protagonistas de la Guerra del Pacifico debieran mostrar, en los albores de este nuevo milenio, una insólita capacidad, aun no demostrada, para articular un sistema de paz, integración y seguridad en esa región austral del Pacifico sudamericano”.

Es que el ex canciller reconocía, sin ocultamientos, que el objetivo de los pragmáticos bolivianos seguía siendo el mismo de siempre: “Las propuestas sobre el tema marítimo están sobre la mesa y todas más o menos conducen al mismo punto: un corredor al norte de Arica”.

Por lo señalado, no solo los bolivianos van a añorar a ese transparente ser humano, que fue mi buen amigo Armando.

José Rodríguez Elizondo
Lunes, 1 de Febrero 2016



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Esta es otra entrevista sobre el mismo tema -la coyuntura manda-, pero tiene una particularidad notoria: el entrevistador es Marco Zileri, director de la influyente revista peruana Caretas. Para mí fue un ejercicio interesante, pues supuso un público lector básicamente peruano y las preguntas de Zileri reflejaron, perfectamente, sus perplejidades ante el conflicto que vivimos.


José Rodríguez Elizondo es un escritor y analista internacional chileno que conoce bien al Perú, donde tiene una nutrida familia política. Esta semana recaló en Lima con su esposa Maricruz para ver a sus numerosos primos y amigos. CARETAS aprovechó para registrar su punto de vista sobre la tirante relación bilateral. Según su opinión, la controversia marítima entre Bolivia y Chile ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya tocará las puertas del Perú más temprano que tarde. Para entonces, recomienda, peruanos y chilenos deberán estar preparados para dar una respuesta convincente que afirme la paz.

Bolivia demanda a Chile ante la Corte Internacional de La Haya el inicio de negociaciones para una salida soberana al mar. ¿Se aventura a pronunciarse sobre el resultado?
–La Corte de La Haya, al solo aceptar a tramitación la solicitud de la demanda, ya le dio una victoria a Evo Morales. El pleito es absolutamente raro desde el punto de vista jurídico. Lo que pide Bolivia implica obligar judicialmente a negociar una transferencia de territorio soberano para que ellos lleguen al mar por Chile y no dice por dónde. Es como si se le dijera a un juez: yo quiero que este señor me entregue parte de su casa, ¿cuál parte? ¿por qué? ¿con qué título?. Eso no lo preguntó la Corte. Por lo tanto, al aceptar una demanda de ese tipo dio un triunfo a Bolivia y Evo Morales lo entendió muy bien políticamente.
 
Lo que no está contando Evo Morales es que si los jueces dicen, eventualmente: “sí, conminamos a Chile a negociar una salida soberana al mar para Bolivia…” vendrá a colación el Tratado de 1929 con el Perú. Entonces Chile tendría que decir: “Yo siempre he pensado que la única posible salida es por Arica, pero ahí yo tengo una hipoteca con Perú”.
 
–Chile en más de una oportunidad se ha pronunciado sobre la posibilidad de negociar una salida soberana al mar para Bolivia.
–Aquí voy a decir una cosa muy delicada: Chile cometió un error grave desde 1949 hasta 1951, que fue negociar directamente con Bolivia una salida soberana al mar por Arica, el famoso “corredor boliviano”, en el supuesto de que “el previo acuerdo” con el Perú se podría dar a posteriori. Fue como decir, yo negocio contigo y después le pedimos la anuencia al Perú. En el curso de la historia quedó claro, para Torre Tagle, que Chile estaba esperando del Perú un sí o un no. José de la Puente Radbill expuso en uno de sus libros que así Chile había transformado el poder de decisión peruano en un derecho a veto.
 
–El Tratado de 1929 Perú – Chile así lo establece. ¿Cuál es la sorpresa?
–Esto es bien enredado. El ex Presidente boliviano Daniel Salamanca dijo que con ese tratado Chile puso un candado al mar para Bolivia y entregó la llave al Perú. Desde entonces, la estrategia de Bolivia ha sido inutilizar el mecanismo y eso fue lo que hizo en 1949, cuando negoció directo con Chile el corredor. Es decir, cambió el orden de los factores, pues Chile debió negociar primero con Perú. Entonces el Perú dijo una sutileza: “Que los chilenos se entiendan solitos con Bolivia, este es un tema bilateral yo no participo en esto”.
 
–¿Por qué candado, si es un asunto bilateral entre Chile y Bolivia?
–No tanto. En 1929 Bolivia fue un tercer actor en ausencia. Chile y el Perú, con Leguía e Ibáñez, pactaron un frente común para excluirlo y bloquearle una salida soberana por Tacna y/o Arica. Ese fue el sentido del “acuerdo previo”: Fue una relación de dos para excluir a un tercero. Por eso yo hablo de trilateralismo de facto o excluyente.
 
–El tratado de 1929 es una compensación de la guerra, el Perú recuperó una provincia.
–Recuperó una provincia y mantuvo una presencia en la otra.

–En cambio Bolivia, con el tratado de 1904 no recibe compensación alguna.
–No, eso es lo que quiere hacer parecer Bolivia ante el mundo. Recibió lo que para la época era una compensación tan sustancial, que su presidente Ismael Montes, que firmó el tratado, fue reelegido en 1909. Por cierto, no había tropa obligándolo a firmar, ni fue una cesión gratuita. Entre otras cosas, Bolivia recibió dinero, transporte ferroviario, créditos y obtuvo acceso libre a todos los puertos chilenos.
 
–¿Por qué Chile abre la carta negociadora en 1949?
–Por varias circunstancias. Además de la presión de Bolivia, había un espíritu de idealismo democrático latinoamericano contra las dictaduras y ustedes tenían una dictadura (Manuel Odría); también había un gobierno norteamericano que, tras asumir las quejas de Bolivia convence a nuestro Presidente con una frase que sigue diciéndose hasta hoy: “Ustedes que tienen tanta costa, qué les cuesta darle un poquito a Bolivia”.
 
–¿Quiénes fueron los protagonistas?
–Harry Truman y el presidente chileno Gabriel Gonzalez Videla, que va a Washington, toca piano a cuatro manos con Truman y vuelve a Chile convencido de que se iba a producir una Tercera Guerra Mundial. En esa coyuntura no le pareció malo ser un buen amigo de Truman.
 
Yo asumo como estudioso que esto fue un error y el negociador chileno del Tratado de 1929, Conrado Ríos Gallardo, lo dijo públicamente, saliéndose de sus casillas diplomáticas: “Si no teníamos problemas con el Perú hasta el momento, los tendremos en el futuro”. Y como el futuro en política internacional puede ser un siglo, ese futuro es nuestro presente.
 
–¿Cuáles son los escenarios geopolíticos que se abren frente a La Haya?
–Cada vez se acerca más el momento en que Evo Morales, gracias a que La Haya tramitó su demanda y a que le dio en la cabeza a Chile con las excepciones preliminares de incompetencia, diga que “yo ya tengo una gran fortaleza política gracias a la opinión pública mundial que he cultivado”. Y tal vez se acerca el momento en que los peruanos tengan que decir sí o no, aplicando la opción boliviana sobre el Tratado de 1929.
Es en ese momento que aparece la declaración de Isla Esteves en virtud de la cual el presidente Ollanta Humala manifiesta los más fervientes deseos de que le vaya bien a Bolivia en el pleito de La Haya, evoca el uso de la fuerza para proscribir las amenazas -cosa bastante gratuita en ese contexto– y tácitamente involucra al Perú. Es un vuelco pues, hasta el momento, el Perú se había mantenido neutral. Yo he leído a distinguidos historiadores peruanos que hablan de un desliz presidencial.
 
–¿Tiene algo que ver el “triángulo terrestre” con el tema de la salida soberana al mar de Bolivia?
–Ante la hipótesis de que Chile y Bolivia lleguen, antes o después de la sentencia de La Haya, a diseñar un corredor (boliviano), Chile podría decir: “va por la línea recta del paralelo del Hito 1 hasta el mar”. De ahí solo puede proyectarse hasta la milla 80, por la anterior sentencia de La Haya. El Perú va a decir: “si usted le quiere conceder un corredor tendría que seguir la línea de la Concordia, llegar al ex punto 266 y de allí proyectarse hasta el mar”. Es decir, mientras exista la controversia chileno-peruana por el triángulo –que para mí es una cuña– Bolivia no va a poder definir una línea indisputada de salida al mar.
 
–¿Chile tiene la opción de otorgar soberanía marítima a Bolivia por ex territorios bolivianos?
–Esa es la opción de los recuperacionistas bolivianos. En Bolivia hay dos grandes tendencias: una es “recuperemos lo que fue nuestro”. Supone el empleo de la fuerza, ya que se cortaría el territorio de Chile y es doctrina chilena evitar ese corte. Otra es la solución de los pragmáticos, que antes se llamaban practicistas y que dice “olvidemos lo que perdimos, pues ya hay un tratado y postulemos a lo que siempre hemos querido desde el año de 1825, que es Arica”. Cabe recordar que hubo notables ariqueños que pidieron a Bolívar ser incluidos en la nueva república, cuando ésta recién había sido creada. También hubo un tratado de trueque en 1827 y hasta una guerra en 1841. Una larga cadena histórica de interés boliviano sobre Arica entonces peruana.
 
Entonces ¿estaríamos encajonados?. Si nos guiamos solamente por lo que digan los abogados no hay solución a la vista. La solución es política. Yo no soy un chileno antiboliviano que diga: “yo no quiero que lleguen al mar”. Imagino que ustedes piensan lo mismo, pero son distintos los fraseos. Nosotros decimos, okey, siempre que no nos corten el territorio y ustedes dicen okey, siempre que no sea por Arica.
 
–¿Cuál es la solución política?
–Frente a ese tema alguna vez nos reunimos en Lovaina, Bélgica, intelectuales peruanos, bolivianos y chilenos (cuatro por país) y trazamos un proyecto de solución pacífica que contemplaba un foco trinacional de desarrollo, sin cesiones de soberanía territorial. Un equivalente a lo que fue la Comunidad Europea del Carbón y el Acero, en cuanto ente que potenció la integración y el nacimiento de la Unión Europea.
 
Yo remito a quienes me leen a que se interesen en lo que dijimos a ese nivel de simples intelectuales. ¡Qué lindo sería que hubiera un seminario de Lovaina, pero no a nivel de chilenos, peruanos y bolivianos de a pie, sino a nivel de grandes personajes políticos! Yo pienso por ejemplo en un seminario entre ex presidentes peruanos, bolivianos y chilenos: Ricardo Lagos, Sebastián Piñera, Eduardo Frei, Carlos Meza, Rodríguez Veltzé. Ustedes pondrán los suyos y además tienen a Allan Wagner y José Antonio García Belaunde. Sería un equipo de primera para proyectar esto.
 
–¿Cómo califica la relación entre Perú y Chile?
–En estos momentos, entre delicada y grave. En política internacional para mi valen mucho las percepciones. Por eso prefiero decir que tenemos un territorio en disputa (el triángulo terrestre), en lugar de decir que ese territorio es indiscutiblemente chileno o peruano. La simple y ruda reivindicación no permite establecer una línea de diálogo para iniciar una negociación.

José Rodríguez Elizondo
Jueves, 17 de Diciembre 2015



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INSULZA: DE LA OEA A LA PELEA José Rodríguez Elizondo

Lo reitero: entrevistadores bien informados me están ahorrando el trabajo de escribir columnas o ensayos sobre los problemas vecinales de mi país. Los mismos que, por gracia y obra de Evo Morales, se han venido globalizado. Copio, a continuación, la entrevista que me hiciera el periodista Mauricio Mondaca para la cadena de diarios regionales de El Mercurio. Gira en torno al nombramiento y circunstancias de José Miguel Insulza como nuevo agente de Chile, ante la Corte Internacional de Justicia.



 

¿Cómo cree usted que va a incidir la designación del ex ministro José Miguel Insulza como agente de Chile en la demanda presentada por Bolivia?

 

En lo estrictamente judicial poco podrá hacer, pues la suerte está echada al 90 por ciento. En efecto, por el solo hecho de dar tramitación a la demanda, la CIJ otorgó a  Evo Morales el “punto de prensa” global que éste quería y que, a mi juicio, era su objetivo principal. En segundo lugar, ya perdimos la batalla de la incompetencia de esa Corte y eso es inmodificable. En tercer lugar, siendo claro que los jueces no pueden obligarnos a ceder soberanía, sólo queda postular a un fallo con formas diplomáticas.  Por ejemplo, que nos inviten a negociar, al estilo de las resoluciones de la OEA. Algo así como “esta Corte vería con agrado que Bolivia y Chile...”. El espacio para que Insulza aplique sus habilidades políticas y diplomáticas estaría en ese espacio y en la eventual negociación pos fallo.  Salvo, por cierto, que ambos gobiernos opten por cerrar el juicio y adelantar la negociación que es una posibilidad muy interesante.

 

 

-¿Esto significa un tropiezo en la estrategia chilena o forma parte, como dice el Gobierno, de una segunda etapa en el proceso?

 

Me complica el uso de la palabra estrategia para lo que ha sido, más bien, un trabajo técnico-jurídico de abogados chilenos y extranjeros. En el contexto de un conflicto de poder, como es el que tenemos con Bolivia, la estrategia es un tema mucho más complejo, pues supone organizar todos los recursos de poder del Estado. He venido llamando la atención  sobre esto desde hace muchos años y muchos textos. Ejemplificando, he dicho que Perú tuvo una estrategia sofisticada, manejando el larguísimo plazo y arrastrándonos al campo de la controversia  jurídica por medio del “efecto contrasimbolización”. Es decir, valiéndose de nuestro proclamado respeto al multilateralismo y a las normas del derecho internacional. En paralelo, envió señales contradisuasivas,  sostuvo una política de “cuerdas separadas” y ejerció una diplomacia segmentada con países tan importantes, en la coyuntura, como Ecuador, Bolivia, Brasil y Argentina. Los bolivianos, por su parte, también han tenido una estrategia compleja y quizás no nos dimos cuenta porque los subestimamos. Hasta hace poco algunos aludían a la “política errática de Evo”. Además, su estrategia tiene una base histórico-fundacional, pues sus líderes comenzaron  a pulirla en 1825 para disputarle Arica a Perú. A este respecto recomiendo leer el libro “La punta del iceberg”, una excelente investigación del Centro de Estudios Estratégicos de la Academia de Guerra, de nuestro Ejército.

 

-¿De dónde proviene, según usted, la “falta de cohesión” a la que hizo alusión Felipe Bulnes al dejar el cargo?

 

Viene de la sociedad civil y no de la clase política que, salvo excepciones individuales, ha apoyado la actuación del gobierno. Al parecer, se subestimó el sentido común de los ciudadanos, al tratar de reducir los conflictos de poder a contiendas de abogados. Pero, por sobre todo, ese faltante viene de los porfiados resultados. Los chilenos hemos visto, con tristeza, cuántos líderes importantes manifiestan simpatía por la causa boliviana y sólo neutralidad ante nuestra defensa. El espaldarazo del Papa Francisco fue un punto demasiado fuerte. Por último, los chilenos extraoficiales comenzaron a pedir explicaciones en voz alta cuando la CIJ rechazó, casi por unanimidad, nuestras excepciones preliminares. Pocos creyeron que ese rechazo nos dejaba mejor que antes, como sostuvo el anterior agente.

 

-El ex canciller Miguel Schweitzer dijo que el arribo de Insulza deja al equipo chileno en una posición “bastante mejorada”. ¿Ese comentario puede leerse como una crítica a la labor de Bulnes?

 

También puede leerse como un elogio para Insulza. Elija usted la parte del vaso.

 

-¿Cómo cree usted que fue la labor de Felipe Bulnes?

 

No me gusta hablar en términos de creencia. Prefiero decir que siempre  lo ví y escuché muy prestante, caballeroso y convincente, desde su experiencia como abogado litigante. Me daba la impresión de que aplicaba la lógica férrea del derecho civil a un conflicto de poder, donde rige la  lógica sutil del derecho internacional y la flexibilidad institucional de la ONU.  Tal vez por eso se manifestó sorprendido cuando planteé que Chile no debía comparecer al proceso, terminando con la tribuna de Morales. Al parecer, creyó que eso nos habría puesto en rebeldía o dejado en la indefensión. Sucede que el artículo 53 del Estatuto de la CIJ admite esa opción y hay una matizada jurisprudencia sobre la materia.  Bulnes debió pedir un informe en derecho al respecto, aunque no a los abogados litigantes contratados, por razones obvias. Muchos ven hoy esa posibilidad como menos riesgosa que un fallo inaceptable o un retiro del Pacto de Bogotá.

 

-¿Es relevante que el agente de Chile en una demanda de este tipo esté dedicado exclusivamente a esa labor? Se lo pregunto porque en las últimas semanas se conoció que el ex agente Bulnes fue contactado por la ANFP para colaborar en una auditoría.

 

Es absolutamente relevante.  Pienso en las redes y contactos que hizo Allan Wagner en La Haya,  incluso con los jueces, en cuanto agente peruano full time y diplomático profesional. Tal vez algo similar esté haciendo en estos momentos el agente boliviano Eduardo Rodríguez Veltzé, ex Presidente de la República y de la Corte Suprema.  En todo caso, la dedicación a tiempo parcial de Bulnes no fue subrepticia. Tengo entendido que él lo planteó, derechamente, cuando fue designado y dos gobiernos  aceptaron su posición.

 

-¿Cree que la designación de Insulza, un personero con un perfil internacional más alto que Bulnes, generaría preocupación en Bolivia?

 

Puede preocupar a los políticos cortoplacistas. De hecho, el ideologizado vicepresidente Alvaro García Linera está tratando de desacreditarlo, al presentarlo en contradicción con sus opiniones dialogantes hacia Bolivia, en cuanto jefe de la OEA. Eso no tiene sentido, pues su rol de entonces era de carácter intergubernamental y cualquier político con oficio lo entiende.  Por el contrario, estimo que los líderes bolivianos sofisticados, como Carlos Mesa o intuitivos, como Morales, debieran valorar el cambio, por la alta capacidad de Insulza como negociador. Que de eso se trata, en definitiva.

 

 

-El Presidente Morales dijo esta semana que con Bolivia “está todo el mundo” y que Chile “está solo”. ¿Podría Insulza mejorar el impacto de la postura de Chile en círculos internacionales?

 

Todo el mundo es mucha gente y ni siquiera Robinson Crusoe estuvo solo. Al margen de las hipérboles, Insulza tiene una capacidad acreditada para desenvolverse en esos círculos. Como canciller de Eduardo Frei obtuvo los mejores resultados vecinales de los gobiernos de la Concertación. Pero aquí el tema no es cómo mejorar el impacto de una postura, sino como corregir esa postura. Para eso, nuestro gobierno debe  definir los objetivos políticos de Chile respecto a Bolivia y a la CIJ y eso nos trae, nuevamente, al tema de la estrategia.

 

-¿No cree que es contraproducente que el vicepresidente y el canciller de Bolivia hayan sido invitados y recibidos en dos universidades del Estado en Chile, repartiendo material ligado a la demanda boliviana?

 

Digamos que esos casos distaron mucho de reflejar una política de Estado.

 

-Una buena performance de Insulza en esta tarea, ¿podrían proyectarlo como figura presidenciable?

 

Si no piensa mucho en eso, si conserva sus dotes de buen negociador, si reconoce los errores estratégicos escondidos bajo la alfombra, si sabe informar a la ciudadanía, si llega a buenos acuerdos en buena fecha y si la Presidenta Bachelet le reconoce esos méritos... entonces no lo para nadie.

 


José Rodríguez Elizondo
Martes, 1 de Diciembre 2015



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No hay caso. Imposible zafar del conflicto chileno-boliviano que, no por casualidad, ya está mostrando una arista peruana. Esto alarma a los chilenos estudiosos, pues saben que, por bien que esté la relación con Argentina, hay ocasiones que se pintan calvas. Es el fantasmón de la HV3 o hipótesis de conflicto en tres frentes. A mi juicio, la coyuntura da la razón a quienes creemos en la negociación realista de los conflictos internacionales y en que no se pueden reducir a una contienda entre abogados. Sobre este tema transcribo, a continuación, una entrevista muy acuciosa de un joven colega, que me ahorra nuevas disquisiciones para este blog.


Entrevista de Ignacio Ossa 
revista Cosas 30.10.2015

El despacho de José Rodríguez Elizondo está tapizado de caricaturas. Algunas de corte político y otras con motivos más familiares. El punto en común es que todas están firmadas por “Pepe”. Así es como le dicen sus amigos y así firma en su oficio de ilustrador, que data desde que tiene memoria. Ya ha escrito muchos libros sobre política internacional y diplomacia, campos en que se maneja con soltura y agudeza, pero pronto dará un paso distinto y recopilará una selección de sus dibujos en un libro que se llamará “Pepemonos”. Esto no quiere decir que dejará su pasión por los temas internacionales. Menos hoy, que forma parte de la comisión asesora por el pleito con Bolivia. Esto lo hace tomar un poco más de distancia y hablar en un tono más apaciguado que aquel al que nos tiene acostumbrados. De todos modos, su visión crítica de cómo se ha llevado este tema igual se filtra en sus dichos. Además, relata con su faceta de historiador conflictos antiguos que vienen a explicar el porqué Chile ha tomado ciertas decisiones. Ve con buenos ojos los nuevos nombres que la Cancillería ha sumado a sus filas, como son los de Joaquín Fermandois, Ascanio Cavallo y Gabriel Gaspar. “Con esto se está dando una señal de rectificación. Se está demostrando flexibilidad para asumir la crítica sobre el juridicismo unidimensional con que se ha llevado la defensa de Chile desde el pleito con Perú”, advierte.

–¿Hay diferencias entre cómo se enfrentó el pleito con Perú y el de ahora con Bolivia?

–Hay diferencias, porque Perú planteó un tema jurídicamente plausible, basado en que no existía un “tratado específico de frontera marítima”. Yo había escrito que lo que existía era un complejo normativo formado por declaraciones presidenciales, tratados sobre zonas pesqueras y actos administrativos, como la erección de torres de enfilamiento para hacer señales en el mar. En su fallo, la Corte Internacional de Justicia (CIJ), muy cerca de mi análisis, dijo que no había un tratado específico de frontera, sino una ‘frontera tácita’. La estrategia de Perú, en definitiva, fue tomar la bandera de la legalidad que suele esgrimir Chile. Fue una especie de ‘contrasimbolización’, que nos dejó colgados de la brocha judicial.
Nuestro Presidente, tal vez siguiendo a sus abogados, dijo que no había controversia jurídica porque existían tratados intangibles. Con ese campo libre, los peruanos profundizaron en lo jurídico y los jueces negociaron entre ellos una solución al conflicto, que fue la solución del paralelo hasta las 80 millas. Si nosotros hubiésemos negociado directamente con Perú, posiblemente nos hubiera ido mejor.

–¿Se pensó en negociar directamente?

–Fue mi opinión, pero para nuestros expertos oficiales habría sido una muestra de debilidad.

–Respecto del tema de Bolivia, ¿no se tomaron apuntes para no cometer o repetir errores?

–Con Bolivia tendríamos que haber negociado, pero de manera franca y realista: sabiendo que no se puede cortar nuestro territorio y que quedaba solo la opción por el norte, para lo cual se necesitaba “el previo acuerdo” con Perú.
Cuando vino la demanda boliviana, podríamos no haberla asumido, porque no era jurídicamente plausible. Juristas connotados bolivianos decían que el tema era más político que jurídico, sugiriendo que era una demanda sin destino. Pero Evo demostró ser más astuto que sus juristas. Sabía, por lo visto, que la Corte, en cuanto organismo de Naciones Unidas, siempre tiende a aplicar la equidad. En estas dos demandas no hemos tenido nada que ganar, por lo cual la equidad nos perjudicaba de partida.

–¿Hasta dónde podría llegar la equidad en este caso? ¿Puede que el solo hecho de declarar la competencia sea un gesto suficiente para Bolivia?

–Cuando se estudió entre expertos cómo responder a Bolivia, yo sugerí que aplicáramos el artículo 53 del estatuto de la CIJ, que permite no presentarse ante una demanda. Según este texto, el demandante podría pedir que se fallara a su favor, pero antes la Corte debe asegurarse que tiene competencia y que la demanda está fundada en cuanto a los hechos y el derecho. En otras palabras, el estatuto CIJ nos permitía descomprometernos del juicio y exponer nuestras razones.
Pero nuestro juristas dijeron que eso era ponernos en rebeldía y quedarnos en la indefensión jurídica. ¡Pero si eso es propio del derecho privado doméstico! Extramuros, un país no solo se defiende con abogados, sino que también con diplomáticos negociadores y con decisiones soberanas. En la base de ese razonamiento estuvo la tesis semioficial de que Chile no puede negociar cuando el tema en conflicto afecta su soberanía. Esto va a contrapelo de la realidad histórica. Cuando Chile obtuvo un laudo favorable con Argentina por el caso del Beagle, los argentinos no lo aceptaron, porque creían tener la fuerza. Chile entonces negoció soberanía con Argentina. Los tratados vigentes con Perú y Bolivia fueron sobre soberanía. ¿Fue un error haberlos negociado? Esa es una tesis extravagante. Nadie puede decir, con realismo, que los temas que comprometen la soberanía no se negocian. Pero, hasta el momento, nadie ha reconocido que es una tesis errónea.

EL SILENCIO DE BACHELET

–¿Es una derrota lo de La Haya?

–Obviamente es una derrota. Uno asigna el término victoria o derrota, según el fin que persigue. El fin de Evo no era demostrar una tesis jurídica, sino tener el máximo de opinión pública favorable a nivel mundial y así presionar a Chile. Si la posición de Bolivia antes era la internacionalización de su aspiración marítima, con Evo avanzó hacia la globalización. Salió de la OEA hemisférica y llegó al mundo de la ONU.

–¿En qué pie queda Bolivia si, luego de declararse competente, la CIJ no le da la razón?


–Con el reciente fallo, Bolivia ya ganó un punto político. Tras este inicio, la Corte puede emitir un fallo final negativo o positivo para Bolivia, pero para Chile siempre será negativo. Obviamente, el hecho de que la Corte nos obligue a negociar una salida soberana al mar sería una intromisión oprobiosa en nuestra soberanía. Al parecer, eso no sucederá, pues el fallo redujo esa posibilidad. Pero, llámenos o no a negociar una salida soberana, lo ya sucedido tiene más fuerza comunicacional para Bolivia que los pronunciamientos de la OEA. Si hasta el Papa se ha plegado.
Estoy muy preocupado porque me doy cuenta de que nos dejamos encerrar en un juridicismo ciego a la dimensión política, diplomática y comunicacional. Podemos evitar que la Corte nos exija entregar soberanía, pero no evitaremos el clima político adverso contra Chile. No podemos ignorar que la opinión pública mundial tiene un peso estratégico. Cualquier experto lo sabe.


–Al mirar la estrategia de Evo Morales y cómo ha logrado vender la causa boliviana al exterior, ¿la Presidenta Bachelet ha guardado demasiado silencio?

–Sus motivaciones las ignoro, pero mi percepción es que el espacio presidencial del conflicto lo ha copado Evo Morales.

–¿Se ha producido una asimetría de poder entre las figuras que hablan por Bolivia y por Chile? Porque en Chile habla el canciller y en Bolivia, el Presidente.

–Frente al silencio presidencial, habla el canciller Muñoz. Según los códigos diplomáticos, eso da ventajas claras al Presidente Morales. Sé que muchos dicen que la Presidenta no debe andar respondiéndole a Evo cada vez que nos agrede. Que esto es un asunto de dignidad. Pero el silencio político solo vale cuando se rompe. El silencio sostenido no tiene mérito. Hay que hablar en algún momento. Bastaría con hacerlo un par de veces al año, para explicar al pueblo de Chile y a la ONU en qué consiste el problema. Eso vale más que cualquier pimponeo diario con Evo.

–¿Chile le facilita la labor a Evo Morales al no salir a explicar su posición con la fuerza del gobierno boliviano?

–Nosotros descansamos en la ley. Miramos el tratado de 1904 y nos quedamos tranquilos porque es “intangible y santo”. ¡Guau! La historia de las guerras es la historia de la violación de los tratados. Yo lo pienso desde la política realista y mis amigos abogados desde la letra de la ley.

–¿La diplomacia chilena no es realista?

–La diplomacia chilena es “juridicista”. Yo la defino como “jusdiplomacia”. La única historia de la diplomacia que existe en Chile la escribió el abogado y diplomático Mario Barros van Buren. En su libro, que cubre dos siglos hasta 1935, sostuvo que la diplomacia chilena se caracterizaba por su “esclavitud jurídica” y su “espantosa falta de imaginación”. Los argentinos en los 50 nos miraban como tontos y la Cancillería peruana decía que la nuestra era la gran desprevenida.

–¿Usted sería partidario de retomar las negociaciones antes del fallo y apurarse?

–Desde el punto de vista de Bolivia, hay una situación insólita. Evo nos demanda y, con el pleito en curso, nos ofrece dialogar y negociar. Yo me pregunto por qué no hacerlo, si eso implicara, naturalmente, el fin del pleito. Pero la negociación debe ser realista y explicitar las limitaciones de Chile y la participación de Perú. Recuerdo que Carlos Mesa, antes de ser vocero boliviano, dijo que Chile no va a cortar su territorio y que “el nudo gordiano del conflicto es triple, afecta a Chile, Perú y Bolivia, y pasa por Arica”. Lo primero sería ponerse de acuerdo con Perú, que es a lo que obliga el protocolo de 1929, para plantearle una revisión del tema de la exclusión de Bolivia, considerando los 86 años transcurridos. Entre ambos países podrían definir si procede o no ceder soberanía o si bastaría con perfeccionar el acceso de Bolivia al mar por Arica. Si es lo primero, se le ofrece conjuntamente a Bolivia una salida por Arica, como la de 1950 y 1975. Pero, si Chile y Perú concluyen que es mejor mantener el statu quo, pueden levantar una política común hacia Bolivia, que mejore sus accesos sin ceder soberanía, lo que podría ser políticamente irresistible. Terminaría de una vez la política boliviana de dividirnos para mejorar sus posiciones, cosa que ha hecho hasta ahora con un éxito notable. 










–.

José Rodríguez Elizondo
Sábado, 7 de Noviembre 2015



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Bitácora

9votos

El fallo de la Corte de La Haya desestimando las excepciones preliminares de Chile y adjudicándose plena competencia, ha roto los diques chilenos de la "extrema cautela" juridicista. Mucho impresionó a la opinión pública el rotundo marcador desfavorable -14 votos contra dos- y la demasiado rápida desestimación de su importancia por parte del gobierno. Es lo que me obligó a tratar de nuevo el tema, pero ahora con una perspectiva más universal: hasta qué punto la formación clásica de los abogados latinos es disfuncional a la multidisciplinaria diplomacia moderna.


Publicado en El Mostrador de 2.10.2015

Para los abogados-abogados es difícil comprender en qué consiste la diplomacia. Académicamente adiestrados para encajar las conductas del presente en las normas jurídicas del pasado, les cuesta aceptar que, en casos de conflicto, los grandes diplomáticos las tomen con beneficio de inventario. Es decir, como precedentes que pueden o no ser útiles para una negociación.

Podríamos analizar el tema desde la filosofía o la historia del derecho, pero en formato periodismo sería un poco pedante. Baste apuntar que los juristas –que son algo más que abogados- saben que, epistemológicamente hablando, la ciencia jurídica es “historia congelada” y que el intelecto griego era incapaz de confinarse en la camisa de fuerza de una fórmula legal.

Más fácil resulta enterarse de esta por los ejecutores pensantes de la diplomacia. Estos han llegado a conclusiones semejantes, fraguadas en la práctica de los conflictos internacionales. En rápida sinopsis, tenemos al diplomático y miembro de la Academia Francesa Francois de Calliéres (1645-1717), quien advirtió que los malos consejeros del rey eran hechura del ethos juridico: “la formación de un abogado inculca hábitos y disposiciones intelectuales que no son favorables en la práctica de la diplomacia”. Añadió que “la diplomacia es una profesión que merece la misma preparación y atención que los hombres dan a otras profesiones conocidas”.[[1]]url:#_ftn1  

En época más cercana, el embajador, académico y jurista francés Jules Cambon (1845-1935) puso en guardia contra “la ilusión de creer que no existen más derechos para las naciones que aquellos que los tratados les confieren”. Lo explicó en un libro de 1926, agregando que “el carácter diplomático difiere del jurídico, pues “la aplicación de las leyes y su interpretación llevan consigo en teoría un cierto rigor, que se acomoda mal con el empirismo de la política”.[[2]]url:#_ftn2

También hay letrados chilenos en la misma onda. Mario Barros Van Buren, abogado, diplomático de carrera y autor de la notable Historia diplomática de Chile (1970), incluso lo expresa en tono áspero. Dice que nuestra diplomacia de los dos siglos pasados transcurrió en “la esclavitud jurídica” y en un contexto de “espantosa orfandad de imaginación”. Argentinos conspicuos nos trataban “como tontos” y en Lima se definía a nuestra Cancillería como “la gran sorprendida”. Añade que, en vez de aprovechar a los diplomáticos profesionales meritorios, la autoridad prefería “encargar las misiones delicadas al exterior al brillante areópago de abogados, profesores y eruditos que constituían el orgullo del Chile decimonónico”.

Algo similar dice el abogado y embajador Jorge Heine, para quien “reducir la acción internacional de un país al respeto de las normas jurídicas internacionales es equivalente a decir que el objetivo político clave de  un gobierno debe ser respetar la Constitución y las leyes”.[[3]]url:#_ftn3 Eduardo Ortiz, abogado ex embajador y Director de la Academia Diplomática de Chile, aludiendo a las limitaciones del Derecho Internacional, escribió que la relación entre naciones e individuos “se desarrolla a pesar de las normas o en ausencia de ellas”.[[4]]url:#_ftn4 El abogado y politólogo Luciano Tomassini, en una de sus obras, hizo una síntesis muy precisa de la relación contradictoria entre abogados y diplomáticos, agregando el insoslayable factor de la fuerza: “la diplomacia ha oscilado siempre entre el derecho y el uso de la fuerza, con una instancia intermedia que es la negociación”. Concluyó que la negociación es “el método normal, más satisfactorio y menos peligroso para conducir las relaciones entre los Estados”.[[5]]url:#_ftn5

EL CAMINO DE LA REALIDAD

Parece claro, entonces, que hay una tensión histórica  entre abogados y diplomáticos, respecto al rol del derecho como medio de solución de los conflictos internacionales. Si uno se pregunta por su origen duro, debe “descender” desde las teorías a la realidad. Esto significa que, siendo los conflictos interestatales conflictos de poder, los gobiernos competentes los enfrentan con toda la panoplia del poder y con los profesionales que mejor puedan defender sus intereses. 
No se limitan, ingenuamente, a los cultores de la hermenéutica legal.

Visto así, el acotamiento del rol de los abogados, en las diplomacias desarrolladas, ha sido fruto de un proceso largo, en cuyo curso a) los diplomáticos -con o sin título de abogado- se constituyeron como un cuerpo de negociadores con habilidades multidisciplinarias, b) decayó la fe en un “estricto derecho” con productos “intangibles” y c) se legitimaron las soluciones transaccionales, flexibles y creativas.

Este proceso se llama “profesionalización” y terminó creando nuevos y más complejos organigramas en las Cancillerías modernas. Ahí la ilusión legalista, a que alude Cambon, es una reminiscencia casi romántica, pues las piezas encajaron en los sitios que les asignaba la realidad. Hoy los abogados aparecen como asesores técnicos calificados y los diplomáticos como miembros del servicio exterior, con funciones primarias de representación, información y negociación de sus gobiernos.

Por lo señalado y sin desconocer el rol del derecho como conquista cultural de la humanidad,  esas cancillerías han instalado una diplomacia proactiva y proteica. Tiene sistemas de trabajo conjunto con las instituciones de la defensa, proyecta su acción
hacia los nuevos y múltiples actores civiles de la política exterior y busca agentes formados en la multidisciplinariedad. Estos pasaron, así, desde la simplicidad de la solución jurídica preestablecida a la complejidad de la imaginación prospectiva, dejando los ejercicios de hermenéutica para los asesores legales.

Henry Kissinger, uno de los innovadores más audaces (al margen del juicio ético que merezca su trayectoria política), cuenta que en los Estados Unidos esos cambios no fueron sencillos. Cuenta en uno de sus librods que, como Secretario de Estado en el gobierno de Richard Nixon, debió chocar con “las tradiciones legalistas” del establishment.[[6]]url:#_ftn6

ESTADO DE SITUACION NACIONAL

Dos preguntas fluyen lógicas... e implacables: ¿seguimos sosteniendo una visión jurídica de la realidad internacional? ¿estamos los chilenos en la vía correcta para tener una Cancillería moderna y una diplomacia desarrollada?


Los porfiados datos responden que sí a la primera pregunta (al menos en el nivel oficial) y que no a la segunda. Y es obvio: llevamos siete años con nuestra política exterior exterior secuestrada por jueces, abogados litigantes y asesores legales. A mayor abundamiento, ni siquiera hemos sido capaces de sincerar los resultados negativos.

Por lo mismo, es mejor ceder la palabra final a uno de los más grandes cancilleres de nuestra historia.  A Gabriel Valdés Subercaseaux quien, tras el término de su última misión en 2008,  se mostraba preocupado por la postergada condición de nuestra Cancillería. Decía que Chile, abierto como estaba al mundo, necesitaba una organización para el siglo XXI. Pero, como sabía que eso “no era tema” para la clase política, hizo la siguiente declaración a una periodista:

Una reforma de este tipo no se puede hacer desde adentro de la Cancillería; hay que hacerla desde fuera, quizás con la asesoría de grandes países, como Gran Bretaña u otros. Hay que buscar una fórmula para que Chile, que es pequeño y no es rico, tenga un funcionamiento externo más adherido a lo que está pasando, que utilice mejor los talentos, que sea una carrera donde lo profesional se pueda perfeccionar con el tiempo, que no sea un pagador de recursos para algunos políticos.

Así nos interpeló don Gabriel. Y no basta con responder Amén.
 
[[1]]url:#_ftnref1 Francois de Calliéres, On the manner of negociating with princes, University of Notre Dame Press, 1963, pg. 55.
[[2]]url:#_ftnref2 Jules Cambon, Le diplomate, Editorial Hachette, París, 1926. Se ha tenido a la vista la versión de  Ediciones españolas Hachette, Madrid 1928, pgs. 23-25.
[[3]]url:#_ftnref3 Jorge Heine, ¿Timidez o pragmatismo? La política exterior de Chile en 1990, Documento de trabajo de Prospel, septiembre 1961, pg.44.
[[4]]url:#_ftnref4 Eduardo Ortiz, El estudio de las relaciones internacionales, Fondo de Cultura Económica Chile S.A., 2000, pg. 26.
[[5]]url:#_ftnref5 Luciano Tomassini, Teoría y práctica de la Política Internacional, Ediciones de la Universidad Católica de Chile, 1989, pgs. 247 y 253.
[[6]]url:#_ftnref6 Henry Kissinger, La Diplomacia. Fondo de Cultura Económica, México, 1995, pg.735. 

José Rodríguez Elizondo
Viernes, 2 de Octubre 2015



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Editado por
José Rodríguez Elizondo
Ardiel Martinez
Escritor, abogado, periodista, diplomático y caricaturista, José Rodríguez Elizondo es en la actualidad Director del Programa de Relaciones Internacionales de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile y Director de la carta mensual Realidad y Perspectivas (RyP). Miembro del Consejo Editorial de Tendencias21, su obra escrita consta de 28 títulos, entre narrativa, ensayos y reportajes. Entre esos títulos están “Historia de dos demandas: Perú y Bolivia contra Chile”, “El mundo también existe”, "Guerra de las Malvinas, noticia en desarrollo ", Las crisis vecinales del gobierno de Lagos", "Crisis y renovación de las izquierdas", "El Papa y sus hermanos judíos", "La pasión de Iñaki", “Chile: un caso de subdesarrollo exitoso”, "Chile-Perú, el siglo que vivimos en peligro”, "De Charaña a La Haya” y “Temas para después de La Haya”, publicados por la Editorial Andrés Bello, Random House Mondadori, Planeta y RIL. Ha sido distinguido con el Premio Rey de España de Periodismo (1984), Diploma de Honor de la Municipalidad de Lima (1985), Premio América del Ateneo de Madrid (1990) y Premio Internacional de la Paz del Ayuntamiento de Zaragoza (1991). En 2013 fue elegido miembro de número de la Academia Chilena de Ciencias Sociales, Políticas y Morales.





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