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CONO SUR

Bitácora

4votos

LA NUEVA CLASE POLITICA ABC1 José Rodríguez Elizondo

Tras descubrir que nuestros representantes políticos tienen ingresos superiores 40 veces al ingreso mínimo legal y que están en la cima de sus homólogos mundiales, me pareció pertinente publicar la siguiente reflexión.


Publicado en El Mostrador, 26.1.2015

Gato gordo no caza ratones
Tri Vih Ling

 
Si el caso Penta reposicionó el viejísimo tema de la relación entre el dinero espurio y los representantes políticos, ahora hay que ir un poquíto más lejos: a la relación entre dichos representantes y el dinero limpio. 

Pocos han reparado en que, a mayor cuantía de la dieta legal de los políticos, mayor tentación para ingresar al “mundo del dinero”, “hacer trabajar el dinero” y convertir en inversiones subrepticias hasta sus asignaciones colaterales (que antes se llamaban “pitutos”). Todo esto con los contribuyentes como sector trasquilado y el Estado como financista impersonal.

Sucede que en ese rubro ya hemos llegado al desarrollo pleno. Nuestros representantes están entre los mejor remunerados del mundo y el costo de nuestro servicio político incluso supera el de grandes potencias industriales. En esa línea vanguardista, la dieta parlamentaria y sus colgajos son una de las más rentables expectativas de bienestar global  –económico, de estatus y de poder- a que pueden aspirar los hijos, cónyuges y otros parientes de los políticos.

Recurriendo a la jerga sociológica, en Chile estaría cristalizando una estructura social denominada “clase política ABC1”, especializada en la representación de terceros, con diversidad de motivaciones ideológicas, homogeneidad  de intereses propios y aversión a la alternancia. Ahora, como dicho así resulta complicado, digámoslo de manera más simple: nuestros representantes políticos, gracias a sus altos ingresos, hoy pueden disputar respecto al bienestar de los otros, pero estarán siempre de acuerdo sobre el bienestar propio.

LA BRECHA

Inevitablemente, el fenómeno está configurando
un distanciamiento creciente, material y moral, entre elegidos y electores. Mientras éstos perciben que sus votos sólo sirven para producir “gente pudiente”, aquellos se zambullen en una complicidad ecuménica: todos para uno en la defensa de la “desigualdad con ventaja”. Lo curioso es que las pocas excepciones conocidas apuntan a un reconocimiento tácito de la brecha.  La diputada Karol Cariola, por ejemplo, ha dicho que, según pauta comunista tradicional, cede casi la mitad de sus ingresos a su partido. De paso, tal privación no le impide lucir estupendo.

Expresiones de ese apego a la dieta de la abundancia son el silencio soslayante, la descalificación sin fundamentos, el “empate chilensis” y la defensa corporativa.  De hecho, no se sabe de algún representante que haya atinado a prever, para evitarlo, que el reajuste general de remuneraciones de este año los beneficiara en proporción desmesurada. Otro caso: el año pasado la bancada estudiantil presentó un proyecto para reducir la distancia entre el salario mínimo y el de los parlamentarios –40 veces mayor-, pero el rechazo fue casi unánime.  Las razones, digámoslo sin ambages, fueron pueriles. Según uno de los rechazantes, “la vida es así”, y “algunos llegan raspando a fin de mes”.

Desde esa brecha está surgiendo un nuevo y ominoso clivaje social: políticos profesionales contra todos los demás. Es una dicotomía asimétrica, donde los políticos ya no son convincentes como representantes, ni en las derechas ni en las izquierdas. Por eso hay financistas que invierten en ellos, como quien hace negocios “en verde”, para convertirlos en operadores. Por eso, los financiados mienten o se hacen los zonzos con perfecta cara de palo. También puede sospecharse que, en los sectores más deprimidos, esta situación potencia la “indignación de la calle”, la simpatía por los “outsiders” y hasta la resignación ante los desmanes de “los encapuchados”.  

DIFICIL CREDIBILIDAD

Las encuestas reflejan lo dicho como desconfianza en todas las instituciones políticas. Sin excepción. Ni falta hace agregar que tal sentimiento implica una amenaza al sistema político de partidos y a la democracia misma, tanto o más grave que la del viejo clivaje civil-militar. Parece claro que no fue esa la idea de la transición, ni en las derechas ilustradas ni en las izquierdas doctrinarias. Ni en los electores pragmáticos ni en los románticos.

La solución, entonces, no es técnica. Puede que ayude eliminar el binominal, redimensionar los distritajes y fusionar algunos partidos. Sin embargo, el tema no se reduce a una mejor representatividad aritmética y, menos, si se parte por asegurar un aumento del número de representantes.


Ese conjunto de instrumentos sólo arrojará dividendos macropolíticos si se tiene claro que la exigencia principal es mucho más urgente y fácil de decir: recuperar la austeridad olvidada para volver a ser creíbles.

Pero, la dificultad para hacerlo es grande. Supone políticos capaces de entender la esencia de su relación con el dinero, para luego ponerle ese cascabel al gato.

José Rodríguez Elizondo
Lunes, 26 de Enero 2015



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Revista Realidad y Perspectivas

3votos

RyP N°38 José Rodríguez Elizondo

La coyuntura del mes comprende la normalización de relaciones USA-Cuba, las negociaciones del gobierno colombiano con las FARC y el origen del Estado Islámico. También está el último empeño de la diplomacia pública de Evo Morales: comprometer al Papa Francisco con su demanda marítima contra Chile


ryp_n_38.pdf RyP N°38.pdf  (394.17 Kb)


José Rodríguez Elizondo
Viernes, 23 de Enero 2015



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Bitácora

12votos

LA PATRIA DE LA HISTORIETA ESTÁ DE DUELO José Rodríguez Elizondo

Durante los años 60, París fue mi patria de la Historia Grande. Para el veinteañero que todavía era, eso significaba asomarme a la “revolución de mayo”; ver y escuchar, en vivo y en directo, al Gran Charles (de Gaulle, obviamente); reunirme con juristas y periodistas internacionales,  sobre el tema de Vietnam en guerra; conocer a Artur London, autor del libro La Confesión y víctima emblemática del estalinismo; discutir con Joë Nordman –abogado top, ex resistente parisino y comunista judío- sobre el socialismo democrático y la verdadera textura del socialismo real.
 
En paralelo –y llevado por mi irreductible afición a la caricatura- París fue mi patria de la Historieta. En el Quartier Latin hice el descubrimiento conjunto de la revista Pilot  y de las librerías especializadas en bande dessinée. Me fasciné con la estructura y diseño de Tin Tin y Lucky Luke, versiones -más bien, visiones-, de la novela cosmopolita de aventuras y la epopeya fílmica del Lejano Oeste. Sobre todo, me inserté en esa gran gozada francesa que eran Asterix y Obelix contra Roma. Una metáfora desternillante que extrapolaba, a ese presente, la resistencia antimperial de los galos primitivos.
De ese modo divertido confirmé la relación directa entre la inteligencia y el humor. El savoir faire de los franceses tenía aquel elemento como ingrediente principal. y, por cierto,  no se trataba de ese humor tosco, que los españoles caracterizan como del “pedo, caca, pis” (y que en Chile lucimos en el Festival de Viña). Era un humor sofisticado, siempre dispuesto a reírse de sí mismo -es decir, de los franceses- y a des-solemnizarlo todo, incluyendo al solemnísimo de Gaulle.
 
ESPÍRITU BURLON DEL URINARIO

Así llegué, por inercia, a la revista Hara Kiri, madre de la sátira política y social dura,  libre de eufemismos y de historietas simplemente entretenidas. Era un ensamblaje de dibujos, fotos, memes y crónicas, surgidas desde una irreverencia creativa de muy alta intensidad.  En su equipo brillaban guionistas y dibujantes de excelencia, entre los cuales Wollinski, cuyos trabajos de trazo  sencillo, con textos llenos de ingenio, parecían brotar del dibujo mismo. Agrego que ahí no había concesiones a la seriedad bienpensante. Ningún editorial ni entrevista “de verdad,” que tranquilizara la conciencia de los compradores. El lema  de la publicación, “revista tonta y malvada”, era su desafiante carta de presentación. Equivalía a proclamar “no esperéis de nosotros ninguna prédica políticamente correcta”.

En el fondo, era la actualización de ese espíritu burlón de los surrealistas, que dejara a Francia curada de espantos. Recuérdese que, tras los debates sobre el urinario de Duchamp, expuesto como obra de arte, los franceses asumieron que en eso consistía la libertad de expresión y nunca más polemizaron sobre los límites de la creatividad.  Siguiendo esa línea, los lectores de Hara Kiri no se escandalizaban con los consejos prácticos para usar a los hijos tontos como escobillón. Con los nazis de Auschwitz ordenando a sus víctimas marchar “hundiendo la barriga”. Con políticos, reyes y reinas, discutiendo la coyuntura mientras copulaban. Con Jesús en Semana Santa, anunciando “el númerito de la resurrección”. Con Hitler queriendo resucitar igual que Jesucristo...

Con los años Hara Kiri desapareció, pero también resucitó, aunque con otro nombre: “Charlie Hebdo”. Charlie por de Gaulle, como todos sospecharon desde el principio. Los nuevos tiempos pusieron nuevos objetivos en la mira de los plumones, entre los cuales las manías de los islamistas radicales, que ya comenzaban a pesar demográficamente. Esto significaba que el equipo estable no se había adocenado y que su irreverencia seguía siendo la mejor vacuna contra los “tontos graves”. También significaba que Francia seguía gozando de una libertad de expresión paradigmática. Soporte, como tal, de una democracia a prueba de balas.

VÍCTIMAS IRREVERENTES

Siguió siendo así, incluso cuando llegaron las balas de verdad. El equipo de Charlie Hebdo comenzó a recibir amenazas y a sufrir atentados por parte de los fundamentalistas pero, fantásticamente, sus miembros ni se autocensuraron ni se escondieron. Más bien optaron por vivir su humor peligrosamente, agregando un adjetivo tácito al viejo lema. Al menos así lo entendí desde la distancia: “revista tonta, malvada y kamikaze”.

 Jugando con la alegría de reir en medio de un campo minado, llegó la muerte a la mismísima sala de redacción. Previsto y previsible. El pasado miércoles dos heraldos negros dejaron doce víctimas mortales, entre las cuales diez miembros del equipo, comprendido el octogenario y siempre genial Wollinski. Luego, pasado el momento de los desgarros y estupores, la inmensa mayoría de los franceses reaccionó como los viejos mosqueteros de Alejandro Dumas: “Yo soy Charlie”, dijeron y el país entero se levantó tras la bandera de la libertad de expresión.

Por cierto, hubo excepciones en sordina. Voces que admitían cierta extralimitación de los asesinados. Su provocativo humor en la cuerda floja habría puesto en riesgo la seguridad de la sociedad toda. En síntesis, la la vieja culpabilidad de las víctimas, prima hermana de la autocensura. Afortunadamente, el país no privilegió  esas voces anticlimáticas.  La inmensa mayoría de los franceses, con eco en todo el mundo, entendió que las víctimas murieron, sin grandilocuencia, por los ideales más nobles de la humanidad. En su gallarda tozudez estaba el vínculo real entre la vieja revolución y la moderna democracia.

Con todo, yo creo que esas víctimas se habrían burlado muchísimo, si alguien les hubiera anunciado que iban a pasar, sin trámite, de la sala de redacción al panteón de los héroes de la  libertad.  Por eso invito a los lectores a un grito final y agradecido:

¡Viva Charlie Hebdo, viva Wollinski, vive la France!

 
 

José Rodríguez Elizondo
Domingo, 11 de Enero 2015



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Bitácora

5votos

Como he dicho en textos anteriores, las entrevistas suelen ser más didácticas que las elaboraciones compactas. Me parece que esta describe bien el momento que Chile y Bolivia están viviendo, con motivo de su pleito en La Haya


Publicado en cadena de diarios regionales de El Mercurio, 4.1.2015


- ¿Qué evaluación hace de las relaciones de Chile con Perú y Bolivia en un año marcado por el fallo de La Haya por el reclamo peruano y una demanda boliviana en curso?

El resultado parcialmente exitoso para Perú y la posición defensiva en que nos ha puesto Bolivia, reflejan la caducidad de una doctrina de política exterior centrada en la intangibilidad de los tratados y la innegociabilidad de los conflictos que afectan a la soberanía. Donde Chile defendió un tratado específico de frontera marítima, el Perú invocó la inexistencia de tal tratado. Bolivia, por su lado, constitucionalizó su política tendiente a desconocer el tratado de límites de 1904 y fundó su demanda en negociaciones frustradas con Chile, que suponían transferencia de soberanía. Todo esto obliga a analizar, críticamente, ese largo plazo en que nuestros gobiernos no generaron iniciativas y no supieron o no pudieron impedir la judicialización. 

- ¿Cuáles son los efectos que dejó, a nivel de relaciones, el fallo de La Haya por la demanda peruana?

Me acojo al realismo del juez chileno Francisco Orrego, para quien el fallo “no fue un desastre”. Esa fórmula, equilibrada entre la autocomplacencia y la autoflagelación, debiera estar en la base de un proceso renovador, en Chile y Perú. Efecto principal de tal proceso debiera ser el reconocimiento de los errores estratégicos barridos bajo las alfombras. Pero no solo a manera de mea culpa, sino como fase necesaria para retomar y proyectar el espíritu del Tratado de 1929, impulsado por los Presidentes Carlos Ibáñez y Augusto Leguía
.
- Respecto del llamado Hito 1, ¿cree que este punto seguirá generando escollos, problemas, entre Chile y Perú?

Creo que seguirá siendo tema, aunque declinante. Mi optimismo relativo obedece a dos factores. Uno, que el punto Concordia o 266 del Perú, designado por sus expertos como el de la “orilla del mar”, fue instrumental para su tesis de la proyección marítima equidistante, desechada por la CIJ. Por tanto, su razón de ser caducó. El segundo, no debatido a cabalidad, es la aplicación del sistema de ficciones, propio del derecho, a la diferencia entre delimitación y demarcación. Esto significa que la demarcación fijada por el Hito 1 es la literal “concretización” de una delimitación que solo establece líneas y puntos ideales... entre los cuales el punto “orilla del mar”. En otras palabras,  con base en una convención o ficción jurídica, ese Hito “representa” la orilla del mar, ya que no es dable determinar una orilla del mar exacta. También está la razón práctica, que debieron considerar los demarcadores: ¿cuánto duraría un hito instalado en la rompiente de las olas?.

¿Quiere decir que el punto 266 o Concordia no existe?

Quiero decir que es un punto unilateral e inmaterial, fijado décadas después de concluído el proceso demarcatorio. Por lo mismo, hace décadas que venció el plazo para impugnar ese proceso. Ahora, si se mantiene la diferencia de criterios, se debe a que hoy el Perú estaría asignando una nueva funcionalidad al punto 266: la de configurar uno de los ángulos del “triángulo terrestre” en disputa. Pero, corsi e ricorsi, ese triángulo ya no existe. Desde que la CIJ asignó a Chile el vector costa, a lo más podría hablarse de una “cuña terrestre” de entre 3 y 4 hectáreas. En cualquier caso, espero que, con base en una buena negociación, facilitada por el cumplimiento del fallo y los intereses comunes que estamos potenciando con la Alianza del Pacífico, este tema se supere.

- ¿Cuál es la estrategia de largo plazo que, según prevé usted, adoptará Perú? Y, ¿qué puede hacer Chile frente a esa estrategia?

n primer lugar, yo no creo que la política peruana hacia Chile sea un producto monolítico de su Cancillería. Con toda la gravitación que tiene Torre Tagle, es natural que existan tendencias internas, opiniones variadas de expertos externos y también diferencias con lo que piensa el presidente Humala. Por ello, hoy, más que nunca, Chile debiera asumir iniciativas para tratar de definir la relación bilateral en forma mutuamente beneficiosa. Pienso, además, que la Cancillería peruana espera esas iniciativas. Aunque nos parezca injusto, la tradicional reactividad chilena allá suele interpretarse como indiferencia o arrogancia.

- Respecto de la demanda boliviana, ¿considera que Perú intentará seguir manteniéndose al margen del litigio o adoptará algún tipo de injerencia o rol más activo?

Ahí tenemos un ejemplo concreto de nuestro déficit de iniciativas. Creo que esa posición del Perú, entre prescindente y simpática hacia Bolivia, tiene como soporte un error estratégico de Chile, cometido entre 1947 y 1951. Según analistas peruanos autorizados, al negociar directamente con Bolivia una salida soberana al mar por Arica, cambiamos el prescriptivo “acuerdo previo” con Perú,  del Protocolo Complementario de 1929, por un simple veto o “anuencia” posterior. Es decir, cambiamos el orden de los factores para negociar un cambio en la frontera y Perú sólo podría decir “sí o no”. En el pasado gobierno, Chile trató de enmendar ese error, aunque de manera informal, cuando el canciller Alfredo Moreno declaró, en Lima, que “Chile no está dispuesto a perder su frontera con el Perú”. Yo me pregunto si no ha llegado el momento de ir más allá y tomar ese animal por los cuernos, en la reserva y formalidad de la alta diplomacia. Baste pensar que casi todos nuestros conflictos con Perú se vinculan con la aspiración ariqueña de Bolivia. 

- ¿Cómo evalúa el desempeño de la Cancillería chilena y, específicamente, el del ministro Heraldo Muñoz? ¿Ha notado cambios en la política exterior después del cambio de Gobierno?

El mejor piloto de Fórmula 1 no podría competir en Indianápolis, si su escudería le asigna un vehículo que no supera los 80 km. por hora. Valga la metáfora para decir que los déficit de nuestra Cancillería se acentuaron con la política exterior ideologizada del general Pinochet, tan recelosa de la diplomacia institucional. Entonces vivimos emergencias vecinales graves, con amenazas de guerra y una Cancillería más bien protocolizadora. Nuestra seguridad, entonces, dependió fundamentalmente de la disuasión. Ahora, tras seis gobiernos democráticos, seguimos hablando de “modernizar” la Cancillería, pero eso ya no basta. Muchas presiones que antes venían desde los ejércitos, hoy vienen desde los establecimientos diplomáticos, con base en la llamada “estrategia de aproximación indirecta”. Lo estamos viviendo. Es urgente asumir, como prioridad de Estado, la necesidad de una Cancillería a la altura de las mejores. Respecto al canciller Muñoz, es un internacionalista experimentado y con obra escrita, pero me sentiría imprudente o desubicado si tratara de evaluarlo.

- ¿Cómo observa la actual situación bilateral entre Chile y Bolivia?

Parece claro que estamos viviendo una de las peores etapas. Y no sólo por errores nuestros, sino, también, por aciertos estratégicos de Bolivia. Entre éstos, el haber sostenido por más de un siglo su política de internacionalización del conflicto y haberla enriquecido con un hallazgo conceptual, de carácter geopolítico, en el cual hemos reparado poco. Me refiero a su invocada “pérdida de la cualidad marítima”, que le permite obtener tres efectos simultáneos: uno, tranquilizar a todos los otros vecinos que le han restado espacio territorial. Dos, inducir el aislamiento vecinal de Chile. Tercero, ocultar que el objetivo geográfico pretendido tiene a Arica como base. 

- ¿Cuáles son los escenarios que vislumbra que se produzcan en el tribunal de La Haya con respecto a la demanda boliviana?

La CIJ, en su empeño por ampliar su espacio competencial, se ha metido en camisa de muchísimas varas al aceptar a tramitación la demanda boliviana. Los expertos de cualquier parte saben que esta judicialización es una especie de endoso a la Corte, organismo de la ONU, para potenciar al máximo nivel una política que puede afectar dos tratados de fronteras: el chileno-boliviano de 1904 y el chileno-peruano de 1929. Por esa vía, la CIJ se estaría deslegitimando y colocando en situación de violación, respecto a la propia Carta de la ONU. 

- ¿Qué es más probable: que La Haya acepte la impugnación de la competencia del tribunal presentada por Chile, o que la rechace?

Prefiero decir que, jurídicamente hablando, la CIJ debiera aceptar la impugnación de Chile, subsanando el error cometido al aceptar la demanda a tramitación

- ¿Es partidario de que Chile renuncie al Pacto de Bogotá, que reconoce la jurisdicción de La Haya?

Desconfío de las vallas que se colocan cuando el ganado ya se arrancó. Además, cuando se presenta una demanda tan obviamente política, el Estado demandado tiene la opción de no comparecer al proceso, contenida en el artículo 53 del Estatuto de la CIJ. Esto equivale a una excepción absoluta de incompetencia o a un freno de emergencia ante una eventual extralimitación de la CIJ. 

- ¿A qué se refiere el ex Presidente boliviano Carlos Mesa con que el “meollo” de esta situación es Arica?

El ex Presidente Mesa, historiador y periodista, ha escrito –y lo cito textual- que “el nudo gordiano de la traumática historia trilateral que nos tiene trabados a Chile, Perú y Bolivia, es Arica”. Es algo que en Chile conocemos poco y que, con cierto desdén, el docto diplomático peruano Juan Miguel Bákula llamaba “ariquismo”. Visto lo ya conversado sobre el soslayamiento del tratado de 1904 y de Arica como objetivo, ese reconocimiento de Mesa revela un encomiable coraje intelectual.

- Después de tantos intentos por dar una solución a la mediterraneidad de Bolivia, a través de tratados y protocolos, ¿se prevé que este litigio en La Haya finalmente conduzca a una medida concreta?

Los designios de los jueces de La Haya son inescrutables.

José Rodríguez Elizondo
Sábado, 10 de Enero 2015



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Bitácora

9votos

CUBA-EE.UU: LA GUERRA DE PRINCIPIO A FIN José Rodríguez Elizondo

Robespierre fue idealista y honrado hasta su muerte
Fidel Castro, 1954


Publicado en El Mostrador, 23.12.2014


Con la normalización de relaciones entre Cuba y los EE.UU y la inmediata polarización de opiniones al respecto, se ha vuelto a dar una anomalía clásica: el gran suceso final, que oculta el proceso que lo explica.


La excusa también es clásica (remember El Muro) y dice que el pasado es sólo lo que se recuerda. Pero eso, que puede ser excelente para la literatura, implica el riesgo de que por olvidar “el resto” malogremos el futuro. Según Hobsbawm, “la historia mala no es inofensiva: es peligrosa”.


Pero no nos enredemos en la filosofía. De lo que se trata es de apuntalar, desde la buena memoria, la proyección positiva de la decisión de Barack Obama y Raúl Castro. Parto de la base de que, al poner punto final a un amurramiento que duró más de medio siglo, ambos saben que ninguno puede cantar victoria. Agrego que, desmintiendo la sociología marxiana, cualquier ejercicio nemotécnico debe asumir que “el individuo” jugó un rol determinante en este proceso. Y no sólo por el rutilante papel de Fidel Castro Ruz sino, también, por su confluencia inicial con Richard Milhaus Nixon, el taciturno vicepresidente de Dwight “Ike” Eisenhower.


Juntos fueron dinamita y marcaron la Historia hasta el día de ayer.


MOMENTO ESTELAR


El encuentro entre ambos actores se produjo el 19 de abril de 1959 y tuvo como escenario la oficina de Nixon en el Capitolio. Castro llegó de uniforme, tras la conmoción mediática por los televisados fusilamientos de batistianos en La Habana, sin ocultar su “antiyanquismo” y en pleno despegue de su mitificación global. Previamente, el periodismo de los propios EE.UU había contribuido a mostrarlo como un Robin Hood latino, más romántico que peligroso. Un impacto de imagen que el joven Castro (33) ya estaba aprovechando para eliminar o desvincular adversarios internos y concentrar todos los poderes a su alcance.


Nixon (46) lo recibió como el cuajado político profesional que era: aspirante a la Presidencia pese a su falta de carisma, con amplio acceso a la información de los servicios secretos, autocontrolado y duro pero cortés. Producto neto del sistema de checks and balance, sabía que el poder al que aspiraba era inconcentrable y con fecha de vencimiento. Comprometido con los republicanos más ideologizados, lucía un anticomunismo sin tacha que, años después -asociación con Henry Kissinger mediante-, evolucionaría hasta la sofisticación. Si Castro era Robin Hood, Nixon sería el modelo de Kevin Spacey para componer el inescrupuloso Presidente de la teleserie House of Cards.


En las casi tres horas que duró la reunión quedó en claro que lo único que los unía era el respeto mutuo, con base en la arrogancia del poder y la ética de la audacia. Por eso, no hubo necesidad de malas palabras para que produjeran un eje de antagonismos recíprocos, con efectos desiguales, que clavaría a sus países en la beligerancia.


DEBATE DESCLASIFICADO


El encuentro tuvo un preámbulo “casual”, que se sintetiza en el siguiente diálogo revelado por Vernon Walters, el attaché norteamericano de Castro:



- FC: No comprendo por qué en este país me critican por fusilar a los criminales de guerra.
- RN: Oiga, si usted detiene a la gente a las once de la mañana, la juzga al mediodía y la fusila a las dos de la tarde, tiene que esperar que lo critiquen.


Luego, gracias a un prolijo memorandum personal de Nixon y al reconocimiento y/o silencio de Castro (que no dejó constancia escrita), se sabe que los temas básicos fueron: elecciones democráticas, respeto a los derechos de las minorías y a las libertades fundamentales, roles del Estado y el sector privado en la economía, eventual ayuda de los EE.UU al desarrollo de Cuba y rol de los comunistas en el sistema político cubano,


Sobre lo primero, Castro dejó en claro que, pese a lo prometido desde la Sierra Maestra, no habría elecciones en Cuba durante largo tiempo. Explicó que las históricas habían sido frustrantes y Nixon lo decodificó diciendo que, para su visitante, “el pueblo no quería elecciones porque las del pasado habían producido malos gobiernos”.


En cuanto al ejercicio de la ortodoxia democrática, Castro se afirmó en el eslogan aprista “ni pan sin libertad ni libertad sin pan”, pero lo relativizó con el cuestionamiento brechtiano “comer primero, luego la moral”. Nixon estimó que su interlocutor sólo respetaba las libertades fundamentales de los dientes para afuera (“he paid lip service”), pero que se manifestaba más deseoso de interpretar a la calle (“the voice of the mob”) que de defenderlas. En este punto incluso lo reconvino diciéndole que “como líder de su pueblo debía apoyar políticas que compatibilizaran el progreso económico con la libertad, más que sin ella”.



En la parte económica, Castro dijo, desafiante, que a diferencia de otros políticos de la región no estaba en los EE.UU para pedir ayuda económica ni para asegurar el mercado del azúcar. Con base en las tesis de la dependencia, que él fraseaba como “neocolonialismo”, agregó que Cuba necesitaba capital del Estado y no de las empresas privadas y a eso obedecían las nacionalizaciones realizadas. El ejemplo de Puerto Rico -propuesto por Nixon- le era inoponible, pues en los cubanos primaba el nacionalismo. Para Nixon, esto marcó un rechazo absoluto a las eventuales nuevas inversiones norteamericanas; dejó en claro que, para Castro, Puerto Rico era “una colonia de los EE.UU” y, en lo principal, demostró su incomprensión de “los principios económicos más elementales”.


Respecto a los comunistas, Castro se limitó a reconocer lo que ya estaba en los informes de los servicios secretos norteamericanos: él no era ni había sido militante y los militantes desconfiaban de su liderazgo, pero estaban obligados a seguirlo. Tampoco dio señal alguna de que quedarían fuera de su gobierno. Esto confirmó a Nixon en sus percepciones previas, tal como lo reflejó, prolijamente, en su constancia escrita: Castro no temía que los comunistas pudieran llegar al poder en Cuba y “es increíblemente ingenuo sobre el comunismo o ya está bajo disciplina comunista”.


Como síntesis ejecutiva, el encuentro permitió a Castro volver a Cuba con su poder personal reforzado por el orgullo nacionalista. No había ido a mendigar ayuda y dijo a los gringos las cosas en su cara. Las represalias eventuales de los EE.UU le permitirían apelar a la emoción patriótica de los cubanos y en la región ya comenzaban a reconocerlo como un líder bolivariano.


En cuanto a Nixon, el diálogo lo dejó con la compleja convicción de que Castro tenía las indefinibles cualidades que conforman a un líder y que sería un factor importante en el futuro de Cuba y “muy posiblemente de América Latina”, lo que lo hacía hemisféricamente peligroso. Esto lo volcó en un informe confidencial para Ike donde expresó, según versión no desmentida del politólogo Theodore Draper, que “los EE.UU no debían seguir tratando de entenderse pacíficamente con Castro”.


BALANCE SIN VICTORIA


Así comenzó, de hecho, la gran confrontación real. Ideológicamente, ya estaba inscrita en el big stick tradicional de los “duros” de los EE.UU y en el pensamiento de Castro desde su campaña guerrillera. Nada que ver con esa invención ingenua de Jean Paul Sartre (obviamente inducida por Castro), según la cual fue el producto de una serie de “contragolpes” improvisados de la revolución, ante los ataques emocionales de la superpotencia.


Castro esperó ese momento para aplicar una estrategia sorprendente por su ambición. En vez de hacerse comunista se tomó el Partido Socialista Popular (PC cubano). Luego, tras declararse marxista-leninista, bloqueó cualquier apertura hacia los EE.UU, amarró a la Unión Soviética como su aliado y levantó los “focos guerrilleros” como un operativo diversionista continental. A este efecto y contradiciendo a su flamante aliado, predicó que las condiciones objetivas para la revolución socialista estaban dadas en América Latina y que los verdaderos revolucionarios –entre los cuales no estaban los comunistas ortodoxos- debían tomar las armas.


Eisenhower -ya convertido en lame duck,- asumió fría y plenamente el “informe Nixon”. Comenzó disparando una batería de represalias económicas, inició una política de aislamiento regional de Cuba y el 17 de marzo de 1960 tomó una decisión sin vuelta: dio chipe libre a la CIA para adiestrar una fuerza de exiliados cubanos, con fines tan obvios como fracasados. Estos serían derrotados por Castro en Playa Girón, en 1961, rayando la pintura de la Presidencia de John F. Kennedy, el inmediato sucesor.


En definitiva, fue una guerra fría y caliente, política, militar y económica, que duró hasta la semana pasada. Una que en lo militar fue asimétrica y sustituta, en su inicio, pero mutó en una casi Tercera Guerra Mundial, en 1962, cuando la Unión Soviética equilibró el poderío norteamericano, instalando misiles estratégicos en Cuba.


Por su propia dinámica, el fenómeno elevó a Castro al protagonismo mundial y comprometió sustantivamente el desarrollo político regional, abriendo paso a las dictaduras hard y debilitando a las democracias soft. Lo señaló en 1967, con sorpresa, el entonces ideólogo castrista Regis Debray, cuando descubrió que "el imperialismo, educado por el ejemplo cubano, sabía de antemano por donde y bajo qué formas las fuerzas revolucionarias iban a manifestarse” y que serían “los avances legales del movimiento popular los que, al fin de la década, lo han sorprendido y desarmado, como en Chile en 1970".


Lo último explica por qué Castro estaba tan alerta para desincentivar y/o socavar cualquier intento de socialismo democrático o de revolución con estrategia electoral. En 1964 había comenzado a temer el efecto-demostración de la “revolución en libertad” de Eduardo Frei Montalva y terminó aborreciendo la vía institucional al socialismo de Salvador Allende. En 1967, en el escenario espectacular de la primera (y última) conferencia de la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS), tronó contra la vía pacífica que estelarizaban los comunistas y socialistas chilenos: "los que afirmen en cualquier lugar de América Latina que van a llegar pacíficamente al poder, estarán engañando a las masas".


Los miles de víctimas de otros países de la región que cayeron bajo ese “fuego amigo” de Castro, entre las cuales el propio Allende, son la parte oculta de esa confrontación.


EL FUTURO ESTÁ ABIERTO


Esta desclasificación concluye señalando que, precisamente por su componente asimétrico, la confrontación cubano-norteamericana terminó sin vencedores ni vencidos. Fue un empate estratégico entre David y Goliat, en el cual ambos terminaron derrengados. Goliat, siendo la potencia mayor del mundo, no pudo imponer sus objetivos políticos a David durante once mandatos presidenciales. David, desde su antimperialismo unilateral, pasó de la dependencia económica norteamericana a la soviética, para terminar con una Cuba empobrecida, bajo la petrodependencia venezolana.


Absurdo es, por tanto, ignorar el coraje de Obama para reconocer que la política de su país hacia Cuba había fracasado por más de medio siglo. Absurdo es, también, postular una victoria lírica del Castro menor, porque se atrevió a tender la mano al país cuya enemistad fue la base primera y última del poder vitalicio de su hermano.


Lo importante es que esa realidad ya no es lo que fue. La vieja y morbosa historia acaba de terminar.

José Rodríguez Elizondo
Martes, 23 de Diciembre 2014



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Editado por
José Rodríguez Elizondo
Ardiel Martinez
Escritor, abogado, periodista, diplomático y caricaturista, José Rodríguez Elizondo es en la actualidad Director del Programa de Relaciones Internacionales de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile y Director de la carta mensual Realidad y Perspectivas (RyP). Miembro del Consejo Editorial de Tendencias21, su obra escrita consta de 28 títulos, entre narrativa, ensayos y reportajes. Entre esos títulos están “Historia de dos demandas: Perú y Bolivia contra Chile”, “El mundo también existe”, "Guerra de las Malvinas, noticia en desarrollo ", Las crisis vecinales del gobierno de Lagos", "Crisis y renovación de las izquierdas", "El Papa y sus hermanos judíos", "La pasión de Iñaki", “Chile: un caso de subdesarrollo exitoso”, "Chile-Perú, el siglo que vivimos en peligro”, "De Charaña a La Haya” y “Temas para después de La Haya”, publicados por la Editorial Andrés Bello, Random House Mondadori, Planeta y RIL. Ha sido distinguido con el Premio Rey de España de Periodismo (1984), Diploma de Honor de la Municipalidad de Lima (1985), Premio América del Ateneo de Madrid (1990) y Premio Internacional de la Paz del Ayuntamiento de Zaragoza (1991). En 2013 fue elegido miembro de número de la Academia Chilena de Ciencias Sociales, Políticas y Morales.





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