Recomendar este blog Notificar al moderador


Cristianismo e Historia

Literatura Pseudo Clementina. Las Homilías griegas.
Hoy escribe Gonzalo Del Cerro

HOMILÍAS IV-VI

Debate entre Clemente y los amigos de Simón

Pasamos a un pasaje de las Pseudo Clementinas, exclusivo de las Homilías y ausente de la versión latina de las Recognitiones. Se trata de un debate mantenido entre Clemente y unos amigos de Simón Mago acerca de sus respectivas posiciones doctrinales. Todo el pasaje y la Homilía IV comienzan con el reiterado “Yo, Clemente”. Con el título del pasaje nos informa Clemente del estado de la cuestión: “Yo, Clemente, salido de Cesarea de Estratón junto con Niceta y Aquila, arribamos a Tiro de Fenicia, y según la recomendación de Pedro que nos había enviado, nos alojamos en casa de Berenice, hija de la cananea Justa”.

Actividad de Justa, la cananea, y su hija Berenice

Estas dos mujeres son las conocidas por el milagro obrado por Jesús según el conocido pasaje de los evangelios de Mc 7,24 y Mt 15,21-28. Pedro recomienda a Clemente y a los hermanos Niceta y Aquila que se alojen en casa de Berenice, la hija de Justa, la cananea o sirofenicia. La intención de Pedro era el conseguir información sobre Simón Mago, sus obras y su doctrina, para tener información de primera mano, útil para el debate inminente entre ambos contendientes.

Los investigadores reconocen que este debate contenido en las tres citadas Homilías es posiblemente el más cuidado literariamente de toda la obra. Como ya sabemos, Justa fue la que adquirió de los piratas a los dos hermanos de Clemente arrastrados por el naufragio. Ahora vemos que su relación con su compradora y con su hija, la que fue sujeto del milagro de Jesús, es algo más que familiar. Colaboran con sus protegidos en el lance del debate con Simón, a quien conocen profundamente. Saben de sus actitudes contrarias a Pedro, a quien acusan de mago y de impostor. Informado Pedro de tales acusaciones, encontrará la manera de defenderse y de pasar a la ofensiva, si la situación del debate lo requiere. Porque Simón pone un énfasis especial en desacreditar a Pedro para apartar a las turbas de su doctrina y atraerlas a sus posiciones erróneas.

Clemente y sus hermanos informan a Pedro

Clemente lo refiere como cumplimiento del encargo que habían recibido de Pedro él y sus hermanos. Así lo cuenta el mismo relator de los hechos: “Cuando nuestro señor Pedro se enteró de estos sucesos, nos envió para que fuéramos para él los investigadores de las cosas que había oído. Si eran así, para que lo conociera bien cuando se lo escribiéramos, y para venir a refutar las calumnias que decía contra él” (Hom IV 3,1).

La misma Berenice refiere detalles de la conducta de Simón. Por ejemplo, cuenta que “al hacer aparecer en medio del ágora entre fantasmas y fenómenos cada día, tiene estupefacta a toda la ciudad. Cuando él pasa, las estatuas se mueven y delante caminan muchas sombras, que él dice que son las almas de los difuntos” (Hom IV 4,2). Invita a muchos a convites, en los que los contamina de ciertas enfermedades, por lo que acaban afirmando que es dios y lo colman de honores por sus poderes. No es posible, dice Berenice, apagar un fuego tan grande y terrible. En su opinión, nadie sino Pedro, el apóstol más poderoso de todos los de Jesús, está capacitado para vencer a Simón. Desaconseja, pues, debatir con él mientras no llegue Pedro.

Clemente reconoce los informes de Berenice y adopta todas las precauciones posibles para evitar el daño que Simón puede causar a las turbas de sus oyentes. Pero llegada la tarde, llegó un amigo de Berenice anunciando que Simón había huido de Tiro a Sidón, temeroso del enfrentamiento don Pedro. Sin embargo, al huir, dejó a sus amigos y acompañantes Apión, el gramático, a cierto astrólogo Anubión el diospolitano y a Atenodoro de Atenas, aficionado a la doctrina de Epicuro. Estos tres personajes tendrán una función importante en el debate con Clemente. Los tres hermanos informaron a Pedro sobre la nueva situación creada con la huida de Simón.

Apión pone las bases del debate

Apión se dirigió a Clemente no solamente con los dos compañeros mencionados sino con otros treinta varones. Delante de sus colegas saludó y besó a Clement4e diciendo: “Este es Clemente, de quien os he hablado mucho, así como de su nobleza y liberalidad. Porque siendo un hombre de la familia del César Tiberio y experto en todos los aspectos de la educación griega, ha sido engañado por un cierto bárbaro de nombre Pedro, hasta el punto de hablar y actuar según los judíos” (Hom IV 7,2). El saludo y la presentación que hacía Apión servían de introducción al debate. Clemente, el noble romano, estaba ahora del lado de los bárbaros hebreos. Era, pues, una traición a sus antepasados y a sus creencias el practicar unas creencias tan diferentes de las de la sabiduría griega.

Él, Apión seguía fiel a una cultura brillante y a una sabiduría extensa. Eran las dos posturas que daban pie a un debate considerado como interesante a los ojos y oídos del auditorio.

Saludos cordiales. Gonzalo Del Cerro







Antonio Piñero Sábado, 19 de Abril 2014
Hoy escribe Antonio Piñero


Mi amigo Xabier Pikaza ha expuesto sus razones sobre una cronología corta de la pasión de Jesús (Religión Digital, El blog de Xabier Pikaza, 12-04-2014 que ha tomado de su libro, Historia de Jesús, Verbo Divino, Estella, 2014). En esta postal expone algunas otras teorías como el adelanto de la Última Cena de Jesús que habría seguido un calendario esenio… y poco más. Pero no alude a la posibilidad (supongo que sí lo hará en su libro, ya que él conoce perfectamente la hipótesis; pero no he podido leerlo aún) de que la historia de la pasión pudo durar en realidad unos seis meses.

Nos parece muy posible la hipótesis de que la historia de la Pasión sea la compresión literaria en una semana, buscando la unidad de “tiempo, acción y lugar”, de eventos que duraron bastante más tiempo. Tomo los datos del libro conjunto La verdadera historia de la pasión, Edaf, Madrid, 2008, pp. 136-233, en el capítulo que me tocó a mí redactar, cuyo título es “¿La historia de la pasión de Jesús?”.

Un ejemplo evidente de que existe compresión literaria lo tenemos en la disposición general de los mismos evangelios sinópticos cuando narran la vida pública de Jesús. Según los Sinópticos, Jesús predica fundamentalmente en Galilea y sólo una vez durante su vida pública visita Jerusalén para una Pascua. Su ministerio público dura, pues, un año, o todo lo más año y medio. Para el EvJn, Jesús visita Jerusalén cuatro veces durante su ministerio (2,13; 5,1; 7,10; 12,12), y allí asiste a tres Pascuas. Su vida pública dura, por tanto dos años y medio o tres como mínimo. Esta diferencia temporal entre los evangelistas, en algo tan vital como el ministerio público de Jesús, es asombrosa. Las escenas que transcurren en Jerusalén no aparecen agrupadas en EvJn antes de la Pasión como en los Sinópticos, sino divididas por bloques en diversos momentos. Así es como precisa el EvJn 12, 13 que es mucho más exacto que los Sinópticos respecto a algunos pequeños detalles de la Historia de la Pasión (por ejemplo, en el proceso romano cuando habla con mayor propiedad de “pretorio” [Jn 18, 28], del tribunal gr. béma [Jn 19, 13]; del patio pavimentado o griego litóstrotos Jn 19, 13) y respecto al día de la muerte de Jesús; véase más adelante pág. *). Mc 10,8 habla de “follaje cortado de los campos”, y Mt 21,8 de “ramas de los árboles”, como sabemos, Juan precisa como “palmas”

Algunos textos del relato de la Pasión contienen indicios de que las acciones narradas pudieron ocurrir en un momento diferente a la escasa semana previa al 14/15 de nisán. Son los siguientes:

A. El episodio de la entrada en Jerusalén y las palmas. La asistencia de Jesús a esta fiesta aparece sólo en el EvJn; falla, pues, el criterio de “atestiguación múltiple”, aunque sabemos que los Sinópticos comprimen la asistencia de Jesús a las festividades judías. Sin embargo, los comentaristas suelen aceptarlo como histórico con las que los asistentes acogen a Jesús, que apunta a septiembre, a la Fiesta de los Tabernáculos, a la que asistió Jesús según el EvJn 7,1-52, en la que las palmas eran típicas en las procesiones de los peregrinos. Las palmas no eran propias de la zona de Jerusalén, sino que eran traídas siempre de fuera para la fiesta de los Tabernáculos. Escribe R.E. Brown en su Comentario al EvJn 12, 9-19:

Incluso hoy día se traen las palmas a Jerusalén desde Jericó. A causa de la mención johánica de las palmas algunos han sugerido que la entrada en Jerusalén tuvo lugar realmente en la Fiesta de los Tabernáculos, en la cual se traían una gran cantidad de palmas desde el valle del Jordán para construir las tiendas y para llevarlas en procesión (Lev 23, 40: “El primer día [de la Fiesta de los Tabernáculos] tomaréis frutos de los mejores árboles, ramos de palmera, ramas de árboles frondosos y sauces del río…”; Neh 8, 15: “Salid al monte y traed ramas de olivo, de pino, de mirto, de palmera…”). Según todos los evangelios, el estribillo que cantaban los asistentes en la entrada de Jesús a Jerusalén estaba tomado del Salmo 118, una composición que era parte de la liturgia de la Fiesta de los Tabernáculos (aunque también cantado en Pascua y en la fiesta de la Dedicación del Templo). Igualmente Zac 14, 16 (El contexto es el de un juicio de Dios contra los gentiles, el triunfo de Jerusalén y su santificación: “Todos cuantos quedaren de las gentes que vinieron contra Jerusalén subirán cada año a adorar al Rey, Yahvé de los ejércitos”), citado en Mt y en Jn, puede relacionarse con el contexto de la fiesta de los Tabernáculos de Zac 14,16. En verdad, Zac 14, 4 (“Se afirmarán aquel día los pies de Yahvé sobre el Monte de los olivos… y éste se partirá por medio, de levante a poniente como un gran valle…”), situado en el contexto de esta Fiesta, profetizaba que Dios habría de aparecer desde el Monte de los Olivos, y Jesús estaba haciendo su entrada en Jerusalén precisamente desde ese monte. Esta teoría de que entró en Jerusalén en la fiesta de los Tabernáculos mejor que en la de la Pascua es interesante, pero no puede probarse (The Gospel according to John, Chapman, London, I 1978, pág. 457 [existe vers. española]).

A este último argumento puede responderse: tampoco es posible probar estrictamente que la entrada en Jerusalén tuvo lugar en la Pascua, dado el altísimo grado de teologización de la Historia de la Pasión en torno a la idea –arriba mencionada- de que Jesús es el Cordero de Dios y por tanto su muerte sustituye por siempre a la de los corderos sacrificados en el Templo. Esta idea es muy potente incluso en el Evangelio de Juan (Jn 1, 29: “Al día siguiente vio (Juan Bautista) venir a Jesús y dijo: ‘He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo’”) que nos ha proporcionado el argumento de las palmas.

B. El episodio –al día siguiente de la entrada triunfal- en el que Jesús busca algo de comer entre las hojas de una higuera: “A la mañana siguiente, cuando volvía a la ciudad, sintió hambre. Viendo una higuera junto al camino, se acercó, pero no encontró nada más que hojas; entonces le dijo: ‘Nunca jamás brote fruto de ti’. Y la higuera se secó de repente. Al verlo, los discí¬pulos preguntaron sorprendidos: ‘¿Cómo es que la higuera se ha secado de repente?’. Jesús les contestó: ‘Os aseguro que si tuvierais una fe sin reservas, no sólo haríais esto de la higuera; incluso si le dijerais al monte ese «quítate de ahí y tírate al mar», lo haría, y todo lo que pidieseis en la oración con esa fe lo recibi¬ríais’”.

Este episodio, so pena de tener a Jesús por un imprudente que desconocía lo más elemental de la vida del campo (Absolutamente implausible, pues en las parábolas de Jesús hay una clara mayoría de imágenes camperas; desde luego no se habla de la carpintería y poco de la construcción, que podrían corresponder a su oficio tékton, artesano de la madera y de la construcción (Mc 6, 3)), es muy improbable en marzo/abril, que no es época de higos, y sí probable en septiembre. Este episodio está fuertemente editado por Marcos -añadiéndole la coletilla de “puesto que no era tiempo de higos”, ausente en Mateo-, precisamente para hacerlo coincidir con la época de la Pascua: Mc 11, 12-14. Bien analizada, la explicación de Marcos haría de Jesús un caprichoso o un imprudente.

C. La reunión del Sanedrín en la que se toma la decisión de condenar a muerte a Jesús es colocado por el Evangelio de Juan unas cuantas semanas antes –no se puede precisar más- antes de la semana de Pasión (Jn 11, 47-50).

D. La acción de Jesús contra el Templo y su “purificación”, narradas por el Evangelio de Juan al principio y no al final del ministerio público de Jesús (Jn 2, 13-22), indican al menos que la fecha de estos acontecimientos no era absolutamente segura.

Estas cuatro consideraciones, unidas al argumento de la posible compresión de eventos, y de la tendencia a la dramatización en las narraciones evangélicas, más la inverosimilitud de que todo ocurra en la semana preparatoria de la Pascua y la fiesta de los Ácimos, nos parece que hacen plausible una entrada de Jesús en Jerusalén no una semana antes de la Pasión, sino en la fiesta de los Tabernáculos.

Sobre la inverosimilitud de la pasión corta, aducía las siguientes notas:

Es muy inverosímil la acumulación, o compresión de acontecimientos en un espacio tan breve de tiempo: apenas una semana. Desde el domingo, día de la solemne entrada de Jesús en Jerusalén aclamado como mesías, hasta su muerte en un viernes 14/15 del mes de nisán (véase más adelante, p. *) se suceden los siguientes hechos:

- Ingreso triunfal en Jerusalén
- Jesús llora por el trágico destino de la ciudad
- La denominada “Purificación del Templo”
- Maldición de la higuera
- Insidias de las autoridades judías contra Jesús
- Unos griegos quieren ver a Jesús
- Unción en Betania
- Traición de Judas
- Preparación de la Pascua
- Última Cena
- Tránsito al Monte de los Olivos
- Episodio de Getsemaní
- Traición de Jesús
- Jesús es apresado
- Jesús ante el Sanedrín (“proceso judío”), más las negaciones de Pedro, más los episodios de burlas
- Entrega a Pilato más la muerte de Judas
- “Proceso romano”
- Episodio de Barrabás
- Episodio del “Ecce Homo”
- Burlas romanas a Jesús
- Camino del Gólgota
- Episodio del Cireneo
- Crucifixión
- Episodio de los dos ladrones crucificados con Jesús
- Muerte de Jesús
- Sepultura

Añádase a esto que desde la Última Cena hasta la sepultura transcurren solamente horas.

Hay que sumar a estas acciones una dilatada tarea de enseñanza de Jesús en el Templo -y posiblemente en otro lugares- con los episodios didáctico-polémicos siguientes:

- Disputa sobre el poder de Jesús y el bautismo de Juan
- Discursos diversos en los que van incluidos las parábolas siguientes: de los dos hijos; de los malos viñadores; de los invitados a las bodas reales. En un segundo momento, discursos que contienen las siguientes parábolas: sobre los días del Diluvio y exhortación a la vigilancia; sobre los siervos fiel y el infiel; sobre las diez vírgenes; sobre los talentos/minas; sobre el juicio final.
- La disputa pública con los fariseos sobre la cuestión del pago del tributo al César
- Disputa pública con los saduceos sobre la resurrección
- Enseñanza sobre el primer y más importante mandamiento
- Disputa sobre la filiación davídica del mesías
- Discurso general contra fariseos y doctores de la Ley
- Lamentos sobre la ciudad de Jerusalén
- Episodio del óbolo de la viuda
- Largo discurso de Jesús sobre las señales del tiempo final (el denominado “Apocalipsis sinóptico”)
- Largos discursos de Jesús en la Última Cena según el Evangelio de Juan.

En conclusión: la hipótesis de una “Semana Santa corta”, me parece menos verosímil que la de una “Semana Santa larga”, en concreto de una duración de aproximadamente seis meses.

Saludos cordiales de Antonio Piñero.
www.antoniopinero.com
Universidad Complutense de Madrid






www.antoniopinero.com
Universidad Complutense de Madrid
Antonio Piñero Viernes, 18 de Abril 2014
Hoy escribe Antonio Piñero


A pesar de la publicación del libro “¿Existió Jesús realmente?” en la editorial Raíces, Madrid 2010, me llueven continuamente las mismas preguntas sobre la existencia histórica de Jesús. Aprovecho estas fechas para resumir mi pensamiento. Tengo tres argumentos que abonan con notable fuerza la existencia histórica de este personaje.

1 El testimonio externo de Flavio Josefo en Antigüedades 18,63/64, el llamado Testimonio Flaviano. En este blog, a lo largo de semanas, F. Bermejo ha dejado bien claro que, eliminadas las glosas de escribas cristianos, el texto no es neutro sino negativo respecto a la persona de Jesús. En esta misma línea he insistido desde hace muchos años en que el inicio de este pasaje, su colocación en una lista de personajes nefastos para el pueblo judío que lo condujeron a la locura de oponerse, cual hormiga, al elefante que representaba el Imperio Romano, es imposible que sea invento de los cristianos. El vínculo de este texto con la descripción del siguiente personaje nefasto para el pueblo judío, indicando más o menos que “otro terrible mal le ocurrió a nuestro pueblo”, vuelve a señalar de nuevo que el personaje Jesús era nefasto a sus ojos. Tenemos aquí, pues, una prueba veraz por el criterio de dificultad.

En esta misma línea considero aceptable el testimonio de Pablo al inicio de Gálatas (1, 18-19) cuando habla de que poco después de su llamada, que ocurrió unos dos o tres años después de la muerte de Jesús, “subió a Jerusalén para conocer a Cefas y no vio a ningún otro apóstol salvo Santiago el hermano del Señor”. De Pablo se ha dicho de todo pero no conozco a ningún autor sensato que haya indicado jamás dos cosas: 1ª que Pablo se inventó un hermano del Señor, 2ª que entendiera “primo” en vez de hermano.


2 El segundo argumento es la construcción literaria de los evangelios, sobre todo los canónicos incluido el de Juan. Me parece imposible un invento literario tan lleno de contradicciones y divergencias, además de que los evangelios presentan inequívocamente la existencia de dos referentes: A) la de un rabino o maestro de la ley fracasado y B) la existencia de un Cristo celestial, que los evangelistas consideran una sola cosa. Naturalmente el Cristo celestial es un constructo teológico pero lo del rabino fracasado parece imposible que sea un invento de una presunta iglesia primitiva o grupo de judíos confabulados para crear un mito literario.

3 El último argumento es el de la “economía”. Para un historiador de la antigüedad produce infinitos quebraderos de cabeza explicar el cristianismo sin la existencia histórica de ese maestro de la ley fracasado; es mucho más económico, sencillo y plausible aceptar la existencia histórica de Jesús que suponer que fue un mero constructo literario.

Naturalmente, la existencia histórica de Jesús como profeta, proclamador del reino de Dios, maestro de la ley, sanador, exorcista, de postura notablemente antirromana, etc. no implica que la transmisión histórica de su figura no haya sufrido múltiples idealizaciones y transformaciones.

Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
Www.antoniopinero.com
Antonio Piñero Jueves, 17 de Abril 2014
Hoy escribe Fernando Bermejo

La anual conmemoración cristiana de la "Pasión" se presta a muy diversas reflexiones. Por ejemplo, sobre la inmensa distancia existente entre lo que parece haber ocurrido realmente en Jerusalén y sus alrededores con Jesús y sus secuaces y lo que sus seguidores contaron que ocurrió (la representación evangélica de la "pasión" es, desde el punto de vista histórico, una transmutación ético-estética deprimente o fascinante, según se mire); sobre los efectos deletéreos de tal representación en la imagen distorsionada que ha afectado milenariamente al pueblo judío; etcétera.

Sin embargo, la idea cristiana de la muerte y resurrección de Jesús el Cristo como primicia de una resurrección colectiva evoca también pensamientos más productivos, cálidos y simpáticos. En el capítulo 15 de 1 Corintios Pablo de Tarso desarrolla esta creencia-esperanza, y formula algunas reflexiones sobre la naturaleza de los cuerpos resucitados -a las que él califica de "misterio". Es ahí donde dice que, al son de la última trompeta, "los muertos resucitarán incorruptibles y nosotros seremos transformados".

Lo cierto es que ante la experiencia cotidiana de la incorregible imbecilidad y la incesante bajeza del autodenominado homo sapiens, el secreto anhelo de una transformación radical de esta naturaleza se hace perfectamente comprensible, y alberga en sí, al tiempo que una ilusionada necedad, también, de algún modo incontestablemente, cierta sublime grandeza.

Al menos uno se reconcilia, por provisionalmente que sea, con algo de esa misma humanidad, cuando escucha la perícopa paulina (1 Cor 15, 51-53) en alguna buena ejecución del aria "The Trumpet shall sound" de El Mesías de Haendel. Aquí va el texto inglés del libreto:

"Behold, I tell you a mystery; we shall not all sleep, but we shall all be changed -in a moment, in the twinkling of an eye, at the last trumpet.

The trumpet shall sound and the dead shall be raised incorruptible, and we shall be changed.

For this corruptible must put on incorruption, and this mortal must put on immortality".

Entre las versiones fácilmente accesibles, les propongo las siguientes:

https://www.youtube.com/watch?v=_rQYv8EsGSQ (con Dashon Burton)

https://www.youtube.com/watch?v=aU_ttF4WTxY (con Sam Ramey)

¿Para cuándo la canonización de Georg Friedrich...?

Saludos cordiales de Fernando Bermejo
Antonio Piñero Miércoles, 16 de Abril 2014
Literatura Pseudo Clementina. Las Homilías griegas.
Hoy escribe Gonzalo Del Cerro

Homilía III 70-73

Clemente, el “yo Clemente” de esta literatura, continúa comentando el hecho de la sucesión de Pedro por la personalidad de Zaqueo. Así suena el resumen de su recomendación: “Escuchad a vuestro obispo y no os canséis de dedicarle toda clase de honor, sabiendo que a través de él se lo ofrecéis a Cristo, y de Cristo llega hasta Dios” (H III 70,1). La voz del obispo es lo mismo que la voz de Cristo y, en consecuencia, la voz de Dios.

Autoridad compatible con debilidad

En teoría no sería problema que los jefes fueran pecadores. Una cosa es la autoridad, que es compatible con la debilidad, común a todos los miembros de la humanidad. Pero en el caso presente, Zaqueo es desde todos los puntos de vista irreprensible. El perfil de su nueva personalidad, trazada por el Salvador en el día de su encuentro y presentada por Pedro en sus comentarios, es una recomendación luminosa sin mezcla de dudas. Zaqueo es un auténtico maestro para las múltiples necesidades de los fieles de la comunidad cristiana.

Criterio de vida comunitaria

En las palabras dedicadas a la presentación del criterio de la vida comunitaria. Sabemos por las explicaciones de Pedro que Zaqueo está dedicado en alma y vida a su ministerio, lo que hace en silencio sin pedir nada. Pero los fieles tienen que tener en cuenta la actitud generosa y desprendida de Zaqueo, a quien deben atender con la misma generosidad que él practica para atenderles.

Ayudar al obispo Zaqueo

Como dice el relator, “no tiene tiempo libre para él”. Por ello deben sus fieles pensar en situaciones tan elementales como la manutención de su obispo. Pero Zaqueo morirá antes de humillarse como para pedir en actitud de mendigo lo necesario para sobrevivir. No faltan los críticos de siempre que hablarán de que todo parece algo así como la venta de la palabra o del servicio. Pero se trata de la mera supervivencia, nunca de lujos superfluos. Lo mismo sucedió al Señor que recibió gratis de sus amigos invitaciones y atenciones.

Pero es un criterio válido para la convivencia cristiana. En consecuencia, “Honrad, a los presbíteros, a los catequistas, a los diáconos útiles, a las viudas que viven rectamente, a los huérfanos como hijos de la Iglesia” (H III 71,5). Pedro incluye al obispo en el elenco de los servidores de la Iglesia, entre los cuales figuran igualmente las viudas y los huérfanos, dos de los seres necesitados que más requieren los cuidados de los que participan de la misma esperanza. Porque siempre se menciona de por medio la salvación que es el destino natural de la vida cristiana.

La consagración de Zaqueo

Terminada la exhortación, Pedro consagró obispo a Zaqueo, el que más lo merecía y el que mejor preparado estaba para el cargo. El texto refiere de este modo la culminación del nombramiento del nuevo obispo: “Dicho esto, impuso la mano sobre Zaqueo diciendo: «Dueño y Señor de todas las cosas, Padre y Dios, guarda tú al pastor con su rebaño. Tú eres la motivación, tú el poder. Nosotros, el objeto de tu ayuda, tú el defensor, el médico, el salvador, la muralla, la vida, la esperanza, el refugio, la alegría, la espera, el descanso; en una palabra, tú lo eres todo para nosotros. Para la eterna posesión de la salvación, colabora con nosotros, líbranos, guárdanos»” (H III 72,1-2).

Y añade en su plegaria un ruego especial por el nuevo consagrado: “Da al que preside la facultad de desatar lo que conviene desatar, y atar lo que conviene atar; tú hazlo sabio. Tú protege por él, como por tu instrumento, a la Iglesia de tu Cristo como a una hermosa esposa” (H III 72,4).

Niceta y Aquila como informadores de Pedro

La Homilía termina con escenas bautismales. Pedro llamó luego en su ayuda a Niceta y a Aquila, a quienes encargó que se dirigieran a Tiro y se alojaran en casa de Berenice, la hija de Justa la cananea, conocidas ambas por textos canónicos de Mc 7,24ss y Mt 15,21-28. Ellas podrían aportar datos interesantes acerca de Simón Mago, útiles para plantear el debate de forma idónea. Niceta y Aquila habían sido adquiridos por Justa de manos de los piratas. Más adelante veremos cómo se trata de los dos hermanos de Clemente, y conoceremos sus nombres auténticos.

Saludos cordiales. Gonzalo Del Cerro







Antonio Piñero Sábado, 12 de Abril 2014
Hoy escribe Antonio Piñero:
Me han preguntado varios lectores acerca de la noticia que ha aparecido en Religion digital y otros medios de comunicación, a saber, que el papiro denominado “De la mujer de Jesús” por la Profesora Karen King de Harvard, es auténtico frente a la idea de quienes hemos manifestado un notorio escepticismo, no respecto al papiro en sí, sino a su contenido.
Estudios de diversas Universidades norteamericanas sostienen que la tinta del papiro es antigua y que puede pertenecer al siglo IV después de Cristo.
Si lo dicen los científicos, no tengo ningún inconveniente en aceptar que el contenido sea también auténtico a pesar de mi extrañeza de que todas las palabras de él estén tomadas, o aparezcan, en el evangelio copto gnóstico de Tomás, y de que las letras finales de cada línea de este papiro coincidan con la edición impresa del evangelio de Tomás en donde aparecen las palabras correspondientes.
El papiro dice lo siguiente:
1 Mi madre me ha dado la vida…
2 Los discípulos dijeron a Jesús…
3 María es digna de eso…
4 Jesús les dijo: Mi mujer…
5 Podrá ser mi discípula…
6 Que los malvados revienten…
7 En lo que me concierne, permaneceré con ella… una imagen…

• Este texto pertenece a un evangelio muy tardío, gnóstico, de los que ahora tenemos, por lo menos, una decena.

• Su contenido no añade nada a lo que sabemos de Jesús por textos como el evangelio de María Magdalena (Jesús la amaba más que a los otros discípulos) ; el evangelio de Felipe (María Magdalena es la compañera del Salvador; María Magdalena es su compañera, su madre y su hermana; Jesús besaba en la boca a María Magdalena); 2º apocalipsis de Santiago (Jesús besó en la boca a su hermano Santiago); Evangelio de Tomás, logion 60 (Salomé, que no María Magdalena, dice que Jesús ha comido en su mesa y ha subido a su lecho).

• Por otra parte, María Magdalena como discípula perfecta aparece en los siguientes evangelios : Sabiduría de Jesucristo, Diálogo del Salvador, Pistis Sofía, Evangelio de María, Evangelio de Felipe, Evangelio de las grandes preguntas de María.

Del conjunto de todos los textos se deduce que lo que se dice de María Magdalena, tanto mujer como compañera como hermana y madre, ha de entenderse como un conjunto de símbolos gnósticos que afirman que María Magdalena es la discípula perfecta de Jesús pero nada más.
En el libro “Jesús y las mujeres” que publicará Trotta en el mes de mayo 2014 discuto todo con detenimiento y llego a la conclusión de que incluso los símbolos sexuales no significan otra cosa que una intimidad con el Jesús resucitado que, por sus mismas características, no podía suponer contacto físico alguno.
En síntesis, aunque el evangelio sea verdadero (no una falsificación actual), es tardío y no sirve como testimonio para reconstruir el estado civil del Jesús histórico.

Saludos cordiales.
Antonio Piñero Sábado, 12 de Abril 2014
“La teología ¡vaya timo!”. Interesante y respetuoso análisis de la teología cristiana y su historia (494)
Hoy escribe Antonio Piñero

Comento de nuevo un libro de la colección “¡Vaya timo!” de la Editorial Laetoli de Pamplona. El anterior fue el de Gonzalo Puente Ojea, “La religión ¡vaya timo!”. Esta serie está dirigida por Javier Armentia (1962), astrofísico y director del Planetario de Pamplona (el normal marchamo de la página de créditos, Printed in Spain”, ha sido sustituido por “Printed in the European Union”), que forma parte de un interesante grupo que lleva por título “Sociedad para el avance del pensamiento crítico”. La ficha del libro que hoy comentamos es:

Gabriel Andrade, La teología ¡vaya timo! (nº 21 de la colección), Laetoli, Pamplona, 188 pp., con bibliografía. ISBN: 978-84-92422-68-5.

Mantuve a propósito de la reseña del libro de Puente Ojea, y mantengo ahora, que el título de la colección puede ser muy pernicioso para los legítimos intereses de difusión y comercialización de estas obras, pues muchos posibles lectores pasarán de largo al creer que se trata de un panfleto o libelo difamatorio. ¡Todo lo contrario! Al menos en lo que se refiere a los dos libros que he leído. Son los dos totalmente científicos, razonativos/discursivos al máximo, y ofrecen todos los argumentos de los adversarios para luego exponer las razones propias.

El libro de G. Andrade no es un análisis de la teología en general de todas las religiones, aunque haya alguna que otra alusión, sino de la cristiana y en particular de la católica. Es un libro muy didáctico, claro, bien escrito, breve, sin notas a pie de página, que puede servir como prontuario o manual para la discusión amable de muchos temas, en sí teológicos, que se plantean en la cotidianidad de muchas personas interesadas por la cultura.

La introducción expone sucintamente la diferencia entre ciencia, filosofía, teología natural y mera teología especulativa. Consiste ante todo en que –en cada cuestión-- se ofrecen pruebas tangibles, de experimentos repetibles, de raciocinios que no afecta nen absoluto a ningún ámbito sobrenatural. Incluso la filosofía y la teología natural, que pueden no tener directamente como objetivo el razonamiento sobre entidades palpables, presentan razones y argumentos que no se apoyan en absoluto en dogma alguno, sino en la mera razón humana, es decir son autónomas (tienen y observan las leyes y razonamientos puramente humanos), y no heterónimas (se apoyan en razonamientos que proceden de otro ámbito, el sobrenatural o divino que supera esencialmente al hombre).

Comenta Andrade al respecto: “Los científicos resuelven sus disputas con el peso de la prueba, la cual en principio está disponible para todo el mundo…Pero en las disputas teológicas, por ejemplo, si el Espíritu Santo procede exclusivamente del Padre o también del Hijo… no hay nada observable que nos permita decidirnos por una u otra alternativa” (p. 13): hay que recurrir a la fe, que se apoya en la revelación y en la tradición tutelada por ella. “La teología es una disciplina meramente especulativa, y no posee una base sólida. Salvo contadas excepciones, sus voluminosas doctrinas no cuentan con el menor indicio empírico o racional de que sean verdaderas… Es, por tanto, una disciplina vacía” ( pp. 15-17).

Por consiguiente, sostiene el autor repetidas veces en el libro, la teología debe desaparecer de las universidades (no existe en España en la universidad pública; sí en ciertas privadas; pero en Europa es muy frecuente encontrar facultades de teología católica o protestante en todos los países). No por ello deja de reconocer G. Andrade en el capítulo 1 (“¿Qué se puede rescatar de la teología?”) que la “historia de la teología”, y la “historia de las religiones” son disciplinas importantísimas en nuestras Facultades, pues sin ellas no se entiende la vida humana. Incluso admite el autor que la teología ha tenido en algunas ocasionas consecuencias positivas para la civilización; por ejemplo, el predestinacionismo calvinista (Dios sabe de antemano quién se va a salvar o a condenar; es más los ha predestinado para uno u otro fin) condujo a la creencia de que el éxito en el trabajo y la riqueza en este mundo eran signos de que uno se hallaba entre los predestinados por para la salvación…, lo que de hecho produjo grandes avances en el comercio, la industria e incluso en las ciencias.

Me han parecido un interesante resumen, con su correspondiente discusión, las páginas dedicadas a la teología natural, fundamentalmente al tema de las “pruebas” de la existencia de Dios: el argumento ontológico (La idea de Dios presupone que no hay nada más perfecto posible que Dios; ahora bien, si Dios es la entidad más perfecta posible, entonces tiene que existir, pues una entidad para ser perfecta tiene que existir); el argumento cosmológico (Si todo cuanto existe tiene una causa –y como no se puede postular una causación hasta el infinito—, es necesario que exista una Causa Primera, que sin ser ella causada, sea la causa de todo lo existente); el argumento teleológico (El mundo muestra un propósito, un orden y un diseño; luego tiene que existir un Gran Diseñador, que es Dios). El autor discute los pros y los contras de estos y otros razonamientos. Igualmente aborda esta sección los argumentos contra la existencia de Dios, que se centran en la palpable realidad del mal: ¿por qué Dios lo permite incluso admitiendo que Él no lo haya causado? La discusión de las diversas respuestas --san Agustín, Leibniz, Kant, Mackie, Plantinga, etc.—está bien sintetizada y criticada a su vez. Pienso que esta sección puede ser de las más interesantes del libro

Otras cuestiones, planteadas en distintos capítulos son: el problema de la Trinidad: ¿Qué es una misma esencia en tres personas?; la solución arriana; la distinción entre “homoousios” (Padre, Hijo y Espíritu Santo tiene una misma esencia o sustancia, eterna) y “homoioousios” (Padre, Hijo y Espíritu Santo tienen una esencia solo similar; luego hay gradación en la divinidad). Andrade recorre breve y sustanciosamente el debate trinitario, con lo que el lector se hace una idea básica, pero correcta, de los problemas racionales que afectan a la Trinidad. Este capítulo está gobernado por el principio de que no puede ser voluntad divina que el ser humano, para salvarse, haya de creer en algo que es absolutamente incomprensible y contradictorio --respecto al ser divino-- para el instrumento único de conocimiento que ese mismo ser divino ha otorgado al hombre.

Otros capítulos están dedicados a la existencia histórica de Jesús; a los graves problemas de credibilidad de los evangelios, tanto en los relatos de la infancia, la pasión y la resurrección, así como al concepto del Cristo o mesías, y al supuesto cumplimiento en Jesús de las profecías del Antiguo Testamento.

Un capítulo especialmente cáustico puede ser para algunos la discusión de G. Andrade de la soteriología (“teología de la salvación”): “¿De qué nos ha salvado Cristo?”: ¿Cómo una culpa finita, cometida por un ser humano, finito, puede tener un castigo infinito? Aquí se halla la ponderación y discusión del concepto de expiación, envío del Hijo eterno y muerte en cruz, etc., que tantos problemas suscitan a la sensibilidad intelectual moderna.

En torno a la cuestión del Espíritu Santo, su esencia, sus efectos en los mortales como la inspiración, la glosolalia, las lenguas de fuego en Pentecostés (Hch 2), las herejías pneumatológicas y la ortodoxia en torno a la esencia del Espíritu, etc. se desarrolla otro capítulo que el autor define como “cosas raras” (p. 105) que un ser humano del siglo XXI difícilmente puede aceptar.

“El alma y otros mitos”, la discusión sobre los modernos avances de la neurobiología, unidas a la cuestión del pecado original (cristianismo) o de la mala tendencia agravada que heredan los mortales tras el pecado de Adán (judaísmo) ocupa otro denso, pero claro capítulo. Entre otras cosas interesantes el autor discute el argumento de Descartes para probar la existencia del alma y su separabilidad del cuerpo: “Todo hombre puede imaginarse una existencia incorpórea, es decir que exista su mente sin el cuerpo. Al poder imaginar esto, debe admitirse que mente y cuerpo no son una misma sustancia; pues si lo fuesen, no sería posible imaginar la existencia de la una sin imaginar la existencia de la otra”. Dejo al lector que piense él mismo la respuesta.

El fin del mundo, el infierno, el “apocalipsis” final, el conjunto de las doctrinas escatológicas cristianas, la “apocatástasis” (doctrina del padre de la Iglesia Orígenes: la reconciliación de Dios con Satanás y, como corolario, la imposibilidad de que la salvación no sea universal: todas las personas irán al cielo y el infierno dejará de existir; el final será como el principio: todo perfecto). La angelología y demonología… ¡Que cantidad de acumen gastado por la humanidad cristiana en multitud de libros y tratados para pensar y organizar las distintas clases de ángeles y diablos! (pp. 149-159).

El último capítulo está dedicado a la Biblia como el libro de los libros o “el buen libro” (163-175). El autor discute aquí brevemente los problemas inherentes a la revelación; la inerrancia del texto bíblico como doctrina y la constatación de los “burdos errores” de la Biblia (p. 164); la razón de la Biblia es un producto humano se halla en que tales errores son debidos sobre todo a los momentos en los que fueron compuestos sus diversos libros, que reflejan naturalmente las creencias de sus épocas; las cuestiones espinosas acerca de la determinación de la verdadera personalidad de los autores bíblicos y las incoherencias de las teorías al respecto defendidas por la tradición… Concluye Andrade que la Biblia es una colección muy interesante de libros y una de las joyas verdaderas de la literatura universal…, pero estudiable solo en virtud de su enorme patrimonio cultural. “Por supuesto tal estudio debe hacerse desde una perspectiva secular, libre de los dogmas promovidos por la teología. Hay que acercarse a la Biblia del mismo modo que lo hacemos al leer los mitos griegos, hindúes o los egipcios y tantas otras civilizaciones” (p. 175).

En conjunto este libro merece la pena ser leído, y mucho. El creyente no debe tener miedo a abordar su lectura, si es que está convencido de la firmeza de su fe, porque en este libro encontrará tanto las dificultades como algunas de las respuestas que han dado los defensores de esa fe, le gusten o no al autor. Además ejercitará su mente y su creencia será más conforme al viejo precepto eclesiástico de que la fe “debe buscar el entendimiento” (fides quaerens intellectum).

Personalmente he sentido mucho interés por la lectura de este libro, que me ha refrescado viejas ideas que tenía ya en el desván de antiguas polémicas, pero que siguen siendo vitales para cada generación. Mi opinión general se alinea con la conocida frase de Jorge Luis Borges que encabeza como leitmotiv el libro que comento, y que se halla impresa en la cubierta: “Creo en la teología como literatura fantástica. Es la perfección del género”. Un teólogo inteligente y socarrón me preguntó una vez con cierto humor inglés (al que le gusta reírse suavemente de sus propios problemas), si conocía la diferencia entre filosofía y teología. Como veía que iba en plan de broma, le respondí que no. “Muy fácil”, me respondió. “La filosofía es intentar capturar a un gato negro en una habitación obscura…”. E hizo una pausa para observar mi reacción. Y continuó sonriente: “Y la teología es intentar capturar a un gato negro en una habitación obscura…, pero no hay gato”. No les digo el nombre del teólogo.


Saludos cordiales de Antonio Piñero.
Universidad Complutense de Madrid
www.antoniopinero.com

Antonio Piñero Viernes, 11 de Abril 2014
Hoy escribe Fernando Bermejo

Herodes Antipas es una figura bien conocida de la historia judía en la primera mitad del s. I de la era común. Tetrarca de Galilea y Perea, mandó ejecutar a Juan el Bautista, y en los Evangelios hay rastros de que, si hubiera podido, probablemente también se habría deshecho de Jesús el galileo. La antipatía era mutua: Jesús –que nunca parece haber intentado siquiera buscar la salvación del tetrarca– evitó los centros de poder de Galilea y se refirió a Antipas en términos claramente despreciativos.

Pues bien, ¿estuvo este personaje alguna vez en Hispania? Es sabido que, tras varias décadas como tetrarca, acabó siendo desterrado por Gayo Calígula. La cuestión es: ¿adónde? Resulta que, mientras que todos los manuscritos de De bello judaico de Flavio Josefo (Bell 2) afirman que Antipas fue desterrado a “Hispania”, y que más tarde murió en “Hispania”, el paralelo en Antigüedades 18, que se refiere a su destierro pero no a su muerte, dice que fue enviado a “Lugdunum, una ciudad de la Galia” (Lyon).

La edición de Niese de 1894 de la Guerra Judía 2, 183 enmienda el texto griego en dos ocasiones para leer “Galia”, explicando en el aparato que la enmienda toma como referencia el texto de Antigüedades. Pero ¿es esto convincente?

En primer lugar, no parece haber razón para preferir una lectura a otra, dado que “Hispania” es una magnitud conocida. En segundo lugar, no hay ninguna razón evidente por la que Galia fuera un lugar de exilio más probable de lo que lo habría sido Hispania –o, para ser más precisos, no hay una razón obvia por la que Josefo debería haber pensado, o escrito, que Galia era un destino más probable que Hispania. En tercer lugar, “Galia” y “Hispania” no son paleográficamente similares, de modo que podamos explicar fácilmente el cambio de términos achacándolo a un error de copia. Así pues, parece más aconsejable dejar el texto de De bello judaico como está, y dejar abierta la posibilidad de que Josefo se haya equivocado, o haya cambiado de opinión, en los quince o veinte años que pasaron entre la redacción de ambas obras.

Esta posibilidad es tanto más plausible cuanto que en este caso hay dos explicaciones fáciles de por qué Josefo podría haberlo hecho. Además de una Lugdunum en Galia, había también una Lugdunum Convenarum en la frontera entre Galia e Hispania. Así pues, si Josefo sabía que Antipas había sido exiliado a “Lugdunum” puede haber cambiado su opinión, entre la Guerra y Antigüedades, o bien con respecto a de qué localidad se trataba, o –si sabía que se trataba de Lugdunum Convenarum– con respecto a si la ciudad fronteriza tenía que ser considerada parte de Galia o de Hispania.

Saludos cordiales de Fernando Bermejo
Antonio Piñero Miércoles, 9 de Abril 2014

Notas

Hoy escriben Carlos A. Segovia y Antonio Piñero


Queridos amigos:

Carlos A.Segovia, bien conocido por todos ustedes, ha organizado un Seminario en la Fundación Zubiri de Madrid, c/ Núñez de Balboa 90, 5º. Tf. 91431 5418, los días 12 y 13 de mayo, lunes y martes respectivamente sobre el tema del surgimiento del cristianismo y del judaísmo moderno, su camino paralelo, como fenómenos judíos de la época del Segundo Templo (desde el retorno del exilio hasta la caía de Jerusalén y la aniquilación del templo de herodes el Grande), y su lenta separación que dura hasta los siglos IV/V de nuestra era... a cargo de Daniel Boyarin...

Boyarin es el autor del famosísimo libro Espacios fronterizos. Judaísmo y cristianismo en la Antigüedad Tardía, Madrid, Trotta, 2013, y de un pequeño libro, maravilloso y verdaderamente rompedor, titulado "The Jewish Gospels. The Story of the Jewish Christ", New York, The New Press 2012.

Unas diez horas nada menos con uno, o quizás el máximo, de los investigadores judíos actuales con repercusión máxima fuera de Israel. El precio del Seminario es bien bajo: 100 euros. El título es "Rethinking/Remaking of A Difference"

El seminario será en inglés, seguro que facilito, porque Boyarin es un excelente pedagogo. Estar diez horas en contacto con un genio ¡no tiene precio!, en mi opinión.

Les transcribo a continuación la versión española de la introducción a este Seminario que ha escrito Carlos A. Segovia:

La definición cristiana del judaísmo en tanto que religión ha tenido perdurables y complejos efectos en la auto-definición de los judíos, desde la antigüedad hasta nuestros días. No es posible decir que el judaísmo existía con anterioridad al cristianismo, sino que hay que ver en él un hecho interno al proceso de invención del cristianismo. El cristianismo, al constituirse como religión, necesitó de la diferencia religiosa, necesitó que el judaísmo fuera su otro —la religión falsa. El judaísmo nació cuando el cristianismo separó la creencia y la práctica religiosa de la Romanitas, el culto religioso de la cultura.

Los rabinos desarrollaron su propio sentido de la identidad, en parte, “apropiándose” de la idea de identidad formulada por algunos autores cristianos primitivos. Esta parcial “apropiación” no es sin embargo, en mi opinión, producto de la influencia ejercida por el cristianismo sobre el judaísmo, sino un intento de actuar de cierta manera por parte de los judíos no-cristianos en una situación “colonial”. Debe interpretarse, propondré aquí, como una suerte de mimetismo en el sentido postcolonial del término y, por lo tanto, como un acto de resistencia. Finalmente —al menos en el último periodo de la antigüedad tardía— el judaísmo rabínico rechazó la opción de convertirse en una religión, otra de las especies que el cristianismo ofrecía.

En el estadio final del movimiento rabínico clásico, la idea de que la identidad es algo que se otorga y no algo que pueda alcanzarse —o perderse— terminó por ser emblemática del judaísmo, que redefinió así el uso “locativo” de la noción de identidad. Podría decirse que lo que diferenció finalmente al judaísmo y al cristianismo, lo que hizo de ellos diferentes productos en la historia de la cultura religiosa post-israelita, fue el re-enraizamiento del primero, esto es, la a/negación de la religión en tanto que categoría discreta de la experiencia humana, el rechazo de los judíos a ser interpelados como miembros de una religión. Al final, no es que el cristianismo y el judaísmo sean dos religiones autónomas o diferentes, sino que son dos cosas completamente distintas. De acuerdo con estas observaciones, el seminario busca analizar, desde una nueva perspectiva, los orígenes de la noción de “religión” en cuanto tal.


Y aquí va el vínculo para mayor información.


https://sites.google.com/site/origenesdelcristianismo/2014-2nd-edition


Saludos cordiales de Carlos a. Segovia y Antonio Piñero
Antonio Piñero Martes, 8 de Abril 2014
Literatura Pseudo Clementina. Las Homilías griegas.
Hoy escribe Gonzalo Del Cerro

Homilía III 67-69

La semana pasada tuvimos la ocasión de asistir a las gestiones de Pedro encaminadas a la búsqueda laboriosa de un sucesor y al debate sobre las características precisas para la elección. Pedro no tuvo ojos para otros candidatos al margen de su preferido, que no era otro que el antiguo publicano Zaqueo. El personaje había tenido un gozoso encuentro con Jesús según el texto canónico del evangelio de Lucas. Jesús había caído muy bien al antiguo publicano, que tuvo deseo de conocer a Jesús sin intermediarios. Y Zaqueo, su gesto y sus actitudes arrancaron de Jesús un elogio sin dudas ni condiciones.

Zaqueo fue el elegido como sucesor

Zaqueo fue, pues, el elegido. Su resistencia topó con la dialéctica de Pedro. Las razones del candidato para verse libre del cargo no tuvieron ni fuerza ni gracia ante la clarividencia de Pedro. El que no quería en principio se vio obligado por los argumentos y la caridad del Apóstol. No podía Zaqueo, en efecto, presentar a nadie que lo superara en erudición ni en preparación para un cargo tan importante. Sus reticencias se vinieron abajo ante el ataque inmisericorde de Pedro. “Si crees que hay otro que merezca el cargo más que tú, preséntalo”.

Disciplina

Seguía luego Pedro hablando de las obligaciones del cargo de obispo, del jefe de quien depende toda la acción de la Iglesia. Menciona, como es natural, a los presbíteros, a los diáconos y a los demás hermanos. Sus consejos pueden resumirse con la frase de San Ignacio de Antioquía: Nihil sine Episcopo (Nada sin el obispo). Y en esencia, una palabra, concentra la función personal de cada cristiano como miembro de su comunidad: disciplina (o actitud).

Ventajas del matrimonio

A diferencia de los Hechos Apócrifos, esta literatura presta una atención particular al matrimonio. El autor recomienda con obsesión la castidad y reprocha con ardor el adulterio y sus funestas consecuencias. Pongo la versión del capítulo 68 de la Homilía III, porque en ella vemos el criterio de Pedro interpretado por el Pseudo Clemente:
“No sólo inculquen el matrimonio a los jóvenes, sino también a los de edad avanzada, no sea que el apetito ardiente lleve la peste a la Iglesia con ocasión de la fornicación y el adulterio. Pues por encima de cualquier pecado, Dios abomina la impiedad del adulterio, porque no sólo destruye al pecador, sino también a los que comen con él y con él conviven. Pues se parece a la rabia, que por naturaleza contagia su propia locura. Así pues, por la castidad que se apresuren a celebrar las bodas no sólo los presbíteros, sino también todos. Ya que el pecado del adúltero llega a todos a la fuerza. Pero el procurar que los hermanos vivan la castidad es la primera obra de misericordia, pues es la salud del alma, porque la salud del cuerpo es el descanso” (Hom III 68,1-4).

En otros pasajes compara el autor la gravedad de ciertos pecados, y el adulterio queda prácticamente a la altura del homicidio. Lo dice Pedro con claridad: “Dios abomina la impiedad del adulterio por encima de cualquier pecado”. La práctica de la vida de castidad es la primera obra de misericordia. Es incluso la salud del alma. Por estas razones, el autor la recomienda. Es por lo tanto una de las obligaciones de los presbíteros el procurar el matrimonio para todos los fieles, empezando por ellos mismos.

Las bienaventuranzas

Sigue Pedro insistiendo en la necesidad de una vida de caridad mutua. Para ello, nada mejor que hacer una glosa detallada de los consejos de vida contenidos en el discurso sobre las Bienaventuranzas. Así recomienda Pedro la práctica de la caridad para todos, particularmente, para los más necesitados: “Alimentaréis a los hambrientos, proporcionaréis bebida a los sedientos, vestiréis a los desnudos, visitaréis a los enfermos, ayudaréis en la medida de lo posible a los que están en la cárcel, acogeréis de buen ánimo en vuestras propias moradas a los peregrinos, a nadie odiaréis” (Hom III 69,1). El tema de las bienaventuranzas es un tema socorrido en varios pasajes de esta literatura. No en vano es uno de los discursos más famosos del Profeta Verdadero.

Saludos cordiales. Gonzalo Del Cerro








Antonio Piñero Domingo, 6 de Abril 2014
1 2 3 4 5 » ... 147


Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.







RSS ATOM RSS comment PODCAST Mobile