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Cristianismo e Historia

Notas

"El Trono maldito" de Planeta
Hoy escribe Antonio Piñero

Han pasado ya unos días desde que Planeta publicó la novela (histórica) que hemos escrito conjuntamente José Luis Corral, catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Zaragoza y yo. Y creo que es el momento de anunciarlo oficialmente aquí, aunque hace tiempo que se filtró la foto de la cubierta del libro.

Yo hice, hace como mínimo 13 años, una suerte de continuación de mi novela “La Puerta de Damasco”, que en su tercera edición a cargo de la Editorial Esquilo, pasó a llamarse “Herodes el Grande”. Esta segunda parte constaba de casi 400 folios. Pero estaban redactados a prisa y yo quedé descontento de mi propio trabajo. Consideré que era un buen relato, pero no una novela, que es algo más serio y también distinto. Por falta de tiempo físico y psicológico, y por consciencia plena de mis limitaciones como escritor de novela (es buena cosa ser consciente de los propios límites)…, y lo guardé en un cajón ¡durante 13 años! Hasta que encontré a J. L. Corral. Con el tiempo nos hicimos amigos, le envié el manuscrito y le pregunté (dada su inmensa experiencia, talento y técnica: lleva escritas 19 novelas contando esta) si podía hacer algo con mi texto. Al cabo de uno 20 días me contestó y me dijo: “Hay materia para un gran novelón!” (sic).

Él la propuso a Planeta, y con nuestras dos firmas y el título, más la explicación de la trama, Planeta nos envió el contrato y un adelanto monetario, lo cual suponía que ellos, con su experiencia también, creían en la idea. Luego durante casi dos años, J. L. Corral reescribió, o corrigió mi texto, y me lo iba enviando por capítulos. Yo a mi vez, lo releía y proponía en rojo más correcciones o ideas nuevas. Y así, en idas y vueltas, dimos como mínimo cinco repasos a mi texto, de modo que quedó en un manuscrito de unos 800 folios, que luego ha quedado reducido a 560 pp. de un formato y letra agradables y no demasiado grande.

Y como me es violento hacer la apología de mi propio trabajo he pensado que les voy a transcribir parte del “dossier” que en la misma Editorial han confeccionado como resumen para la prensa. Creo que está bien hecho, y que ofrece una excelente idea de lo que es y pretende esa novela. Eliminaré algunas partes y añadiré algunas ideas

EL CONTEXTO HISTÓRICO DE LA NOVELA

EL TRONO MALDITO arranca en el año 4 a. C., a la muerte de Herodes I El Grande, rey de Israel, y acaba poco después de la muerte del emperador Calígula, en el reinado de su sucesor Claudio, mediado el siglo I. En ese momento empieza a consolidarse el cristianismo, la nueva religión fundada por los seguidores de Jesús de Nazaret.

Durante ese medio siglo, el Imperio romano alcanza sus “fronteras naturales” (establecidas en los ríos Rin, Danubio y Éufrates y el desierto del Sáhara). Para ello, conquista y pacifica diversos territorios, entre los que figura Israel, uno de los más conflictivos ya que su relación con Roma atraviesa, en ese periodo, momentos muy complicados: los judíos sostienen continuas acciones de guerrilla contra Roma y llevan a cabo diversos alzamientos contra su poderío, que terminan en atroces baños de sangre.

Además, entre los años 4 a. C. y 45 d. C., a los movimientos políticos independentistas de los judíos se suman varios pronunciamientos religiosos que proclaman la venida del reino de Dios. Diversos profetas, algunos calificados como Mesías, predican por tierras palestinas. Uno de esos predicadores es Juan el Bautista, a quien, tras su muerte a manos de Antipas, sucede su discípulo Jesús, un judío natural de la aldea de Nazaret. La vida de Jesús transcurre durante el reinado de los emperadores Augusto y Tiberio, quienes sostienen una compleja y complicada relación política con los sucesores de Herodes el Grande, un linaje de príncipes que luchan entre ellos por hacerse con el poder sobre todo Israel.

LA NOVELA

En este apasionante momento histórico, clave para la humanidad, transcurre la acción de EL TRONO MALDITO, novela fiel a la realidad de ese momento, que muestra la complejidad de una situación política y social un tanto singular. Al abrirla, el lector se encuentra con una trama apasionante, repleta de intrigas, traiciones, venganzas, amores imposibles y bajas pasiones, en un relato de gran intensidad que muestra, más allá de la pura anécdota, cómo era la sociedad de la época. Así, en sus páginas se asiste a la construcción de nuevas ciudades (Tiberiades), se celebran fiestas religiosas (la Pascua) o se degustan los más exóticos y deliciosos manjares en los fastuosos banquetes servidos en los palacios de los aspirantes al trono de Israel.

Además, el lector participa de momentos míticos como el famoso baile de Salomé que costó la cabeza a Juan el Bautista, la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, la expulsión de los mercaderes del Templo o la muerte de Tiberio y la proclamación de Calígula como emperador. Gracias a un extraordinario y preciso manejo del lenguaje, José Luis Corral y Antonio Piñero convierten la historia con mayúscula en un relato vivo que atrapa desde la primera frase. Es más, los autores consiguen que el lector sienta que está viviendo in situ cada una de las escenas que se cuentan, porque esta es una novela muy visual, gracias a sus certeras descripciones de paisajes y personajes.
Los hechos que se narran están apoyados en una exhaustiva investigación, durante la cual Corral y Piñero han consultado obras de referencia escritas en la época, como Guerra de los judíos, de Favio Josefo; Historia romana, de Dión Casio; Cartas, de Plinio el Joven; Vidas de los doce césares, de Suetonio; Historia de Roma desde su fundación, de Tito Livio, y, por supuesto, los Evangelios y el Nuevo Testamento. Además, para ayudar al lector a situarse en el entorno histórico, el libro cuenta con mapas, árboles genealógicos de sus principales protagonistas y un apéndice cronológico con los hechos más destacados de ese medio siglo.

Si los hechos que narra EL TRONO MALDITO son apasionantes, mucho más lo son los personajes que transitan por sus páginas. Desde el difunto Herodes El Grande, cuya presencia está latente en toda la novela, hasta sus hijos Arquelao, Antipas y Filipo; desde los emperadores Augusto, Tiberio y Calígula, hasta los sacerdotes Anás y Caifás; desde Salomé y Livia, mujeres influyentes en la política de su tiempo, hasta Glafira, Herodías o Rut, féminas que hacen perder la cabeza a los poderosos; desde los espías de Hipódamo, a los muchos agitadores y revolucionarios que luchaban por ver a Israel libre del dominio romano; desde procuradores y legados romanos hambrientos de dinero, como Sabino o Poncio Pilato, a profetas como Juan el Bautista y Jesús de Nazaret; desde personajes corruptos y egoístas como Julio Agripa a prudentes consejeros como Nicolás de Damasco. Todos, en mayor o menor medida, protagonizan las diversas tramas que conforman el hilo conductor de esta novela.

LA TRAMA

EL TRONO MALDITO es una novela de grandes momentos y apasionantes protagonistas. Pero también de tramas que atrapan desde el comienzo la atención del lector. Por debajo de la historia principal, que es la lucha enconada por el trono vacante de Israel que mantienen los hijos del difunto Herodes, subyacen otras muchas: las bajas pasiones desatadas del etnarca Arquelao; el amor imposible entre el griego Hipódamo y la judía Rut; las frágiles relaciones entre el Imperio Romano y sus vecinos orientales, como los nabateos; la desesperación de Antipas y su mujer Herodías por conseguir el ansiado trono de los judíos… Todas funcionan como las teselas de un mosaico. Y como trasfondo, un pueblo que en muy diversos momentos se levanta contra sus dirigentes en quienes personifican el poder de Roma. Y hay otros momentos en los que se enfrentan directamente a los romanos con no demasiada fortuna.

A la muerte de Herodes, su hermana Salomé es la depositaria de la última voluntad del rey de los judíos, que ha decidido que su sucesor en el trono de Judea sea su hijo Arquelao. Esta decisión, que tiene que ser ratificada por el emperador Augusto, no complace a Salomé, que prefiere que sea Antipas, hermano menor del designado, el que ocupe el trono vacante. Y aquí tenemos ya el primer gran choque que da origen a múltiples peripecias.

Sin embargo, más que renunciar al control de una parte de sus dominios, lo que realmente desea Augusto es convertir a Israel en una provincia más, sin ningún tipo de privilegio que acarree comparaciones que sirvan de excusa para romper la unidad del Imperio y la aplicación del Derecho Romano. Sabe que eso traería consigo la desestabilización de una zona conflictiva.

Más adelante, y ante la tensión que se genera entre Arquelao y Antipas, Augusto vuelve a convocar a los judíos para transmitirles su decisión Dios no nombrar rey de todo Israel a ninguno de los dos. Con esta decisión, Augusto deja claro que no confía en los hijos de su antiguo amigo. El trono real queda vacante, lo que parece confirmar la suposición de que está maldito. Además, acrecienta el odio que Arquelao siente hacia su hermano, pero no puede hacer nada contra él, salvo dejar pasar el tiempo y vigilar las posibles conspiraciones que hagan peligrar su puesto. Para esta misión, contará con la ayuda de Hipódamo, un joven de origen griego, al que nombra jefe de la Policía.

El tiempo va pasando. Arquelao endurece su forma de gobernar y provoca la indignación de su pueblo por su lujuria, su lascivia y sus constantes escándalos. Cada vez son más las voces en contra de Arquealo que piden en Roma que acaben con él. Augusto decide actuar contra ese pernicioso gobierno, convoca a Roma a Arquelao y le comunica que queda confinado “en una aldea cerca de la ciudad de Viena de las Galias (…) todos tus bienes son confiscados y pasan a formar parte de la Hacienda imperial… A partir de este mismo momento, las regiones de Judea, Samaria e Idumea pasan a ser una provincia bajo administración directa del Imperio. Augusto muere sin resolver el problema del trono de Israel. Al frente del Imperio le sucede Tiberio, amigo personal de Antipas

Antipas continúa esperando que lo nombren rey, pero las cosas no son fáciles. Es este momento cuando aparece en escena Juan Bautista y se enfrenta a Antipas… con el resultado que es conocido. Tras la muerte de El Bautista a manos de Antipas, Jesús se queda como única cabeza del movimiento que proclama la inminente llegada del reino de los cielos. El número de sus seguidores no para de crecer. Allá donde va, la gente se reúne para escuchar sus palabras, lo que inquieta a Antipas. No quieren tomar una decisión sobre ese hombre y dejarán que sea Poncio Pilato, el gobernador romano de Judea y Samaria nombrado por Tiberio, quien tome la decisión de atajar los disturbios y conflictos ocasionados por Jesús y sus seguidores. Para ello, contará con la ayuda de Caifás, el sumo sacerdote del Templo de Jerusalén, y su suegro, el poderoso Anás.

Jesús no es el protagonista de esta novela –lo son otros y entre ellos algunas mujeres que tienen un papel muy destacado— pero sus momentos finales son interesantes para el propósito de la novela. Aquí los autores relatan escenas de su prendimiento, juico y muerte, que han sido tratados muchas veces en las novelas y el cine, por lo que estos episodios son tratados con cuidado, y creemos con mucha habilidad.

Aunque la muerte de Jesús causa alegría a Antipas, este siente que tiene otro problema frente a él: la actitud de su cuñado Julio Agripa, cuyas andanzas en Roma preocupan al tetrarca de Galilea y Perea. Ocioso, despreocupado, con ganas de vivir, Agripa se entrega a una vida de lujo y dilapidación. Gran derrochador, se verá obligado a huir de Roma a causa de sus deudas. Herodías acoge a su hermano y su esposa, pero también tendrá que marcharse de Tiberiades por su mala relación con Antipas.

Tras varios engaños y huidas desesperadas, Agripa vuelve a Roma y retoma sus antiguas relaciones con Calígula, hijo de Germánico, que sucederá a Tiberio al frente del Imperio.
Una de las primeras decisiones que tendrá que tomar Calígula será la resolución del trono de Israel, todavía vacante como si pesara sobre él una maldición. Como ser divino, Calígula querrá sorprender a todos. Así, escribe una carta al Senado proponiendo que el ilustre y noble Julio Agripa reciba la tetrarquía de las regiones orientales de Batanea y Gaulanítide, para que las gobierne con el título de rey, ¡Julio Agripa, rey de los judíos con el nombre de Herodes Agripa I!

En Israel, esta decisión es bien acogida y creen que la llegada del rey Herodes Agripa a las regiones vecinas va a traer una época de próspera felicidad, pero nada más lejos de la realidad. Antipas, el eterno aspirante al trono de Israel, desea vivir sus últimos años en paz, mientras que Herodías, envidiosa de la suerte de su hermano, insta a su marido a luchar por sus derechos a la corona.

Finalmente, en un desenlace que creemos apasionante, la trama muestra cómo todos los que habían participado en los asesinatos de Juan Bautista y Jesús van recibiendo su propio merecido. De entre todos los protagonistas, primarios y secundarios, se salva una bella mujer, cuyo destino final emocionará sin duda a los lectores. Después de tantos sucesos, aventuras, tantas perfidias, traiciones y peripecias, el final de la novela introduce un estado de calma y de serenidad con una perspectiva gozosa para los seguidores de Jesús, el gran perseguido de la trama.


El próximo día añadiré algunas claves que la novela “El Trono maldito” ofrece para entender la complicada vida de algunos israelitas en el siglo I, y algunas respuestas a preguntas que nos han formulado en diversas entrevistas.

Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
w ww.antoniopinero.com
Antonio Piñero Viernes, 24 de Octubre 2014
Hoy escribe Antonio Piñero


Pregunta:


Doctor, mi planteo es en base al libro Los misterios de Jesús. El origen oculto de la religión cristiana de los autores Timothy Freke y Peter Gandy (1999). El libro plantea la hipótesis Cristianismo gnóstico fue el primer y auténtico Cristianismo en surgir y que los demás Cristianismos fueron posteriores a éste. En cuanto a sus estudios, Ud. sostiene que en un principio no hubo un Cristianismo homogéneo, sino que hubieron varios grupos cristianos y que de todos ellos los más destacados fueron tres: los judeocristianos, los paulinos y los gnósticos. Mis preguntas son las siguientes: a- ¿Podría decir cuál de estos grupos puede considerarse el primero en surgir? b- ¿Cómo consideraban los cristianos gnósticos al personaje de Jesús? ¿Cómo un personaje real e histórico o como uno mítico?


Respuesta:

1. No he leído ese libro. En principio, respondo que no conozco ningún investigador serio que proponga esa hipótesis. Por múltiples razones, pero ante todo porque el cristianismo gnóstico presupone al menos como texto el Evangelio de Juan. Y cuando surge este evangelio hacia el 95-100 d.C. ya tenía el judeocristianismo una buena andadura.

2 El primero en surgir es el judeocristianismo, es decir, los seguidores judíos de Jesús en Jerusalén y en Galilea. Al principio, en lo único que se diferenciaban de los demás judíos es en el hecho de creer que el mesías era Jesús, que había llegado ya, que había resucitado, que estaba sentado a la diestra de Dios y que vendía pronto para instaurar el reino de Dios en la tierra Dios Israel´. El texto más claro al respecto es Hechos 2,44-47:

“Todos los creyentes vivían unidos y tenían todo en común; vendían sus posesiones y sus bienes y repartían el precio entre todos, según la necesidad de cada uno. 46 Acudían al Templo todos los días con perseverancia y con un mismo espíritu, partían el pan por las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón. 47 Alababan a Dios y gozaban de la simpatía de todo el pueblo. El Señor agregaba cada día a la comunidad a los que se habían de salvar”.

3. Los gnósticos consideraban a Jesús como un personaje histórico, pero con dos facetas: el Jesús “carnal” ( para muchos su carne era puramente apariencias = docetas), cuya doctrina era poco elevada y valía para los miembros normales de la Iglesia (los psíquicos, que sólo tenían alma, cuero, pero no espíritu) y otro Jesús espiritual, el pleno revelador, cuya doctrina era sólo accesible a los gnósticos por revelación.



Pregunta:

Me gustaría saber si hay algún indicio de algún manuscrito nuevo ya sea nombrado por habladurías popular o por un hallazgo reciente?


Respuesta:


Ahora mismo, no hay más manuscrito “nuevo” que el llamado Papiro de la Mujer de Jesús, cuya traducción y breve comentario propaló la Profesora Karen King de la Univ. De Harvard y que yo creo que es falso.

En octubre del 2012 la prensa publicó la noticia del hallazgo de un papiro, del tamaño de una tarjeta de visita, presuntamente del siglo IV d.C., escrito en copto. Había sido entregado por su comprador a la Profesora Karen L. King, de la Universidad de Harvard que lo estudió y lo difundió. La traducción al español es la siguiente: 1. “Mi madre me ha dado la vida... 2. los discípulos dijeron a Jesús... negó. 3. María es digna de eso... 4. Jesús les dijo: Mi mujer... 5. podrá ser mi discípula. 6. Que los malvados revienten... 7. En lo que me concierne, permaneceré con ella por... una imagen…”.

K. King le ha dado el nombre de “Evangelio de la mujer de Jesús”, aunque afirma que se trata de algo puramente práctico y utilitario. En el texto se lee ciertamente en boca de Jesús “Mi mujer”. Pero ¿cómo hay que entenderlo? En principio como mi discípula ideal al igual que Salomé o María Magdalena.

Es posible además que el papiro sea falso. No el soporte papiráceo en sí, sino el texto copiado en él. Puede deducirse tanto por el contenido como por la tinta, que parece en todo caso más moderna que el papiro. Segundo: el texto parece haber sido elaborado a partir de piezas, palabras o frases, tomadas del Evangelio de Tomás, copto, dichos 101 y 114. Esta dependencia es prácticamente segura. Tercero: el fragmento aparece como fragmentario, ¡pero sus cortes de línea coinciden curiosamente con la edición impresa del Evangelio de Tomás! Además, aunque fuera genuino, el papiro nada aporta al conocimiento del Jesús histórico, porque lo que dice es ya muy conocido.



Pregunta:



¿Tuvo Jesús hermanos?

Respuesta:

Esta pregunta me ha han hecho muchas veces. Le resumo mis ideas utilizando mi respuesta de mi libro “Ciudadano Jesús”, de Editorial Atanor, Madrid, 2012:

El evangelista Mateo, defensor de la virginidad de María antes del parto, parece indicar que la madre de Jesús tuvo una vida marital normal al menos después del nacimiento de su primogénito: "Y no la conoció hasta el día en que ella dio a luz..." (1,25).

A pesar de los esfuerzos de algunos exegetas por ofrecer una traducción diferente --" y sin haberla conocido dio a luz...", basándose en un pretendido trasfondo arameo de la frase griega--, la versión normal del texto es la que acabamos de presentar.

Mt 12,46; 13,55 y Mc 3,31-35 aluden con normalidad a los hermanos de Jesús, e incluso citan sus nombres: Santiago, José, Simón y Judas, y al menos dos hermanas, aunque sin dar sus nombres.

En los evangelios, todos compuestos originalmente en griego, se emplea el vocablo adelphós, que significa siempre "hermano carnal" para referirse a los hermanos de Jesús; si hubieran pretendido sus autores expresar "primo" o "pariente" tenían a su disposición otras palabras (anepsiós, por ejemplo), que no hubieran inducido a una innecesaria confusión a sus lectores griegos.

La primitiva iglesia de Jerusalén fue gobernada en sus primeros años por un “hermano del Señor”, Santiago, sin que nadie entendiera este parentesco de un modo analógico ni sintiera la necesidad de precisar que no era un verdadero hermano, sino un "primo" o "pariente".

Pablo habla tranquilamente del “hermano del Señor” en Gálatas 1,19 y 1 Corintios 9,5 pregunta: “¿No tengo derecho a llevar conmigo (como mujer) a una hermana en la fe lo mismo que los otros apóstoles, los hermanos del Señor y Pedro?”.


Saludos cordiales.
Antonio Piñero Jueves, 23 de Octubre 2014
Hoy escribe Antonio Piñero


Pregunta:


Ud. afirma que hay dos tradiciones sobre la sepultura de Jesús, a saber: la de la tumba rica de José de Arimatea y la de la fosa común junto a malhechores arrojado por esbirros. La segunda debe estar en Hechos, pero no consigo encontrarla. Ruego me dé la cita de la versión bíblica donde queda patente, o me la transcriba, y, si lo tiene a bien, añada algún comentario. Gracias.




Respuesta:


Se trata del discurso de Pablo en Antioquía de Pisidia Hch 13,27-31, espec. 29. La deducción es que si Hch dice que lo bajaron la autoridades judías enemigas de Jesús, y si este fue condenado por los romanos como sedicioso contra el Imperio, no lo iban a poner en un sepulcro honroso, sino en un común, el que había en Jerusalén para malhechores, del mismo modo que había otro terreno para enterrar a peregrinos que morían en las fiestas. El que Lucas diga “sepulcro” (griego mnemeion) no es más que un embellecimiento de una tradición molesta.


Pregunta:


Quisiera hacerle una pregunta en relación a la región de Galacia.
Por un lado encuentro los historiadores cristianos que hablan de Galacia y los Gálatas, ubicándolos por territorio turco más o menos, y luego encuentro otra línea de historiadores que no hablan de Galacia, sino de las Galias.
Personalmente entiendo que Pablo como judío, escribe a una o varias congregaciones de Galacia, pero que esta transliteración de la palabra Galacia, no es correcta, tiene otro significado que en hebreo cobra total sentido. Independientemente de esto, mi pregunta es ¿ Realmente a la luz de la historia, existió la región de Galacia y los Gálatas, o más bien eran las Galias que posteriormente en el cristianismo fue derivando, como otras tantas palabras, a lo que hoy conocemos como Galacia/Galatia?




Respuesta:


La confusión de Galias con Galacia no está en ningún libro o comentario serio que yo conozca de la Carta a lo gálatas o del Nuevo Testamento en general. Supone en el que la defiende la asunción de la teoría de Francesco Carotta de los Evangelios como transposición diegética. Una posible solución a la aporía de si existió Jesús realmente. Publiqué un resumen de su tesis en el libro “¿Existió Jesús realmente? El Jesús de la historia a debate, de Edit. Raíces, Madrid, 2011, porque era muy moderna y quería dar cabida a cuantas teorías pudiera en el libro. Carotta sostiene que Jesús existió quizás,
pero lo que sabemos de él no es real, sino una copia de textos sagrados egipcios y romanos y la adaptación en los Evangelio de la biografía de Julio César traanspuesta a Jesús, un osuro rabino gallileo.

La tesis de F. Carotta sobre la transposición diegética me parece uno
de los ejercicios de ingenio más notables que he tenido ocasión de
leer últimamente acerca del problema de la historicidad de Jesús.
Pero una vez concedido este extremo, la hipótesis me parece en absoluto «antieconómica», es decir, es mucho más complicada que la explicación contraria: la de la existencia historia de un Jesús judío
que luego es repensado e interpretado por sus seguidores, hasta llegar
a su divinización. Este proceso se realiza dentro de un marco general
de la acomodación de su figura, un mesías judío, a la de un salvador
universal que encajaba a la perfección con las demandas de innumerables gentes en el Imperio Romano.

La tesis de Carotta, por el contrario, explica lo «obscuro por
lo más obscuro», supone acumular hipótesis sobre hipótesis, efectúa
comparaciones de términos fuera de contexto algunas de ellas «traídas por los pelos», de modo que forma un conjunto perfectamente
inverosímil como explicación de la existencia de Jesús como figura
literaria.

En los primeros tiempos de expresión de su tesis, Carotta llegó
a sostener tímidamente que el autor de la «transposición exegética»
habría sido Flavio Josefo. Con el paso del tiempo, esta postura se ha
modificado postulando que el autor de ella fue el evangelista a quien
llamamos Marcos, que tuvo delante la historia—biografía de César,
hoy perdida, de Asinio Polión. El mero hecho de no poder hoy día
contrastar los Evangelios con esa pretendida fuente hace de la hipótesis de Carotta una suposición inverificable, con lo que pierde su
valor.

Una vez establecido esto, lo único que se discute en la investigación seria es quiénes eran exactamente los “gálatas”. Pienso, con la casi totalidad de los investigdores que eran celtas (ambos nombres son de la misma raíz, con una variante de pronunciación: “kel/kal”; de ahí “gal” = galos y gálatas), oriundos de las Galias, que habían emigrado en el siglo IV a.C. y se habían asentado primero en los Balcanes y luego en el centro-norte de Asia Menor, la actual Turquía; Ancira, hoy Ánkara, era ya su capital hacia el 280 a.C.

Cuando Pablo visita la región en donde habitaban estos antiguos emigrantes, más de 300 años después de su asentamiento, encuentra a unos gálatas totalmente helenizados. Esta región de Galacia, junta con otras zonas de Asia Menor --cada una con su propio nombre, y que albergaban etnias distintas, a veces con lenguajes diferentes-- como Pisidia, Licaonia, Frigia, Paflagonia, etc. formaban desde el 25 a.C., fecha de la muerte de su último rey, una provincia romana.

Dado que esta provincia estaba constituida por pueblos tan diversos, los investigadores han discutido desde hace siglos si la Carta a los gálatas iba dirigida a gentes de esta etnia concreta, los gálatas estrictos, y solo a ellos (que residían en el norte de la provincia), o bien al conjunto de habitantes que formaban esa provincia romana (pisidios, licaonios, paflagonios, etc.). En efecto, la duda puede surgir porque Pablo había estado en Pisidia en su “primer viaje misionero”, según Hechos 13,13-14: Habiendo zarpado de Pafos, Pablo y sus compañeros arribaron a Perge de Panfilia […] Tras pasar por Perge, llegaron a Antioquía de Pisidia, etc. Lo más probable –según se opina recientemente por la investigación-- es que la Carta no fuera dirigida a los gálatas estrictos, del norte, sino a los habitantes de la provincia en general, de modo especial a los del sur: del mismo modo que Pablo utiliza el griego éthne, “naciones” / “gentiles” de un modo amplio, igualmente pudo utilizar “gálatas”, a pesar de que es difícil de creer que Pablo pudiera increpar a sus lectores pisidios o licaonios, etc. con la expresión “¡Oh insensatos gálatas”! (3,1). En la zona sureña consta que había comunidades judías, pero en el norte no, y lo normal es que una nueva comunidad paulina surgiera cerca de una sinagoga.

De cualquier modo la determinación exacta de los destinatarios --si estaban en el norte o en el sur de la provincia de Galacia-- tiene poca o ninguna trascendencia para comprender la carta en sí.


Pregunta:


En momentos de lucidez (creo) tengo pensamientos como este, ¿Qué opina usted al respecto?
Yo soy Yavhé, y no hay otro más; yo enciendo la luz y creo las tinieblas, yo hago la felicidad y provoco la desgracia, yo Yavhé, soy el que hace todo esto. Isaías Cap 45 Ver. 7 Tengo piedad de quien quiero, y doy mi preferencia a quien quiero dar. Éxodo Cap 33 Ver 20

Pasajes como este demuestran que la Biblia no es inspiración divina, un Dios de amor como llaman al Dios del cristianismo, no es capaz de dar sentencias así, eso es producto del pueril raciocinio del ser humano, el Dios que leemos en estos pasajes es cruel, egoísta y mezquino como lo es el ser humano, pero ¿por qué Dios tiene sentimientos tan frívolos, tan humanos? Simple y sencillamente por que los Dioses son producto de la imaginación humana, y aun que los dotamos de poderes sobre humanos, los dotamos de sentimientos tan humanos como la venganza, así vemos pues que Dios dice en Romano Cap. 12 Ver. 19 Mía es la venganza. Dios no es otra cosa sino el lado oscuro y la ignorancia del ser humano.


Respuesta:


Mi respuesta es que estoy bastante de acuerdo en líneas generales con lo que Usted dice, y que siempre he defndido que la revelación divina es prácticamente imposible si se entiende a Dios seriamente como esencialmente el Otro, por tanto incomunicable. Y también he defendido que la teología en general del Antiguo Testamento y la cristiana también, considerada como un fenómeno ideológico-social, no escapa a la férrea ley natural de que su génesis y desarrollo dependen del entorno en el que vio la luz. Esta idea fue expuesta por vez primera en el pensamiento occidental por Jenófanes de Colofón (hacia 570- 468 a.C.), en el contexto de una acerba crítica del politeísmo, en su poema Sobre la naturaleza, conservado fragmentariamente por Clemente de Alejandría en sus Stromata V 109,2-3; VII 22,1:

Pero los mortales se imaginan que los dioses han nacido y que tienen vestido, voz y figura humana como ellos. Los etíopes dicen que sus dioses son chatos y negros; y los tracios, que tienen los ojos azules y el pelo rubio. Si los bueyes, los caballos y los leones tuvieran manos y fueran capaces de pintar como los humanos, los caballos dibujarían las imágenes de sus dioses semejantes a las de los caballos, y los bueyes semejantes a las de los bueyes, y harían sus cuerpos tal como cada uno tiene el suyo (G. S. Kirk – J. E. Raven, Los filósofos presocráticos. Gredos, Madrid 1969, 241).

Quiso con ello decir Jenófanes que “son los hombres los que crean a los dioses y no los dioses a los hombres”. En consecuencia, el pensamiento teológico del Antiguo Testamento y del cristianismo primitivo estuvo naturalmente condicionado por las concepciones y la cosmovisión de su tiempo, en concreto por unas ideas de Dios y del mundo veterotestamentarias que a su vez reflejaban en líneas generales la concepción del universo de los asirios y babilonios.


Saludos cordiales

Antonio Piñero Miércoles, 22 de Octubre 2014
Hoy escribe Antonio Piñero


Pregunta:

Permítame una pregunta. En el Evangelio de Juan, en el capítulo 19, los judíos le piden a Pilato que haga que les quiebren las piernas a Jesús y a los dos ladrones cricificados con él. Tal práctica, aunque sólo esté mencionada en Juan (si no me equivoco) y le sirva al evangelista para mostrar el cumplimiento de la escritura, tiene visos de ser histórica, según mi parecer. Mel Gibson la recoge en su película “The Passion of the Christ”. ¿Para qué se hacía el quebramiento de las piernas y con cuáles herramientas? Muchísimas gracias por su atención. Un saludo muy cordial.


Respuesta:

Es muy posible que así fuera. Mel Gibson, al recogerla en su película, la estima ciertamente como histórica. Pero esa película no es de fiar como historia ya que sigue los Evangelios sin actitud crítica alguna.

El sistema normalmente era con mazas de hierro con mango de madera y tenía como fin, en algunos pocos casos (el castigo cuanto más durara mejor) acelerar la muerte. En el caso de Jesús y gentes pertenecientes a su grupo (como es probable) era no contaminar ritualmente la ciudad con la presencia de cadáveres, y más colgados, en el área metropolitana.


Pregunta:

Quería preguntarle por su opinión personal sobre lo que cree que le habría ocurrido a Jesús y sus seguidores si no hubieran fracasado, es decir, si Jesús no hubiese sido detenido y crucificado por los romanos. Cree que podría haber iniciado un levantamiento contra los romanos desde el templo de Jerusalén que podría haber acabado con la indepedencia de Israel de Roma y el nombramiento de Jesús como sumo sacerdote-gobernador o rey de los judíos de manera similar a como ocurrió con los héroes macabeos frente a los seléucidas anteriormente en el siglo II a. C..
Por otro lado quería añadir que llego a estas conclusiones porque Jesús en vida fue considerado profeta y al final mesías, lo que da a entender que podía tener derechos como rey de los judíos. Gracias.


Respuesta:


Es sumamente improbable, por no decir imposible esa suposición. Jamás Roma habría consentido –tarde o temprano— el menor movimiento contra el Imperio en cualquier provincia. Le pongo como ejemplo lo que ocurrió con otros movimientos semejantes.

Desde la muerte del gran Herodes en el año 4 a.C., y hasta el año 66 d.C., momento en el que estalló la primera Gran Revuelta de los judíos contra Roma, hubo muy diversos personajes que los estudiosos suelen considerar “mesiánicos”, o de rasgos similares como autodenominados “profetas de signos” --que anunciaban una señal especial de la divinidad, la cual era el inicio del fin del poderío del Imperio romano en Israel-- o gentes que se proclamaban reyes liberadores del yugo romano y que deseaban establecer el reino de David, o simplemente mesías de Israel.

Ya en tiempos de Herodes el Grande, se levantó contra el poder de Hircano II un tal Ezequías, al quien desde el poder se denominó muy despectivamente “bandido”, que pretendía liberar a Galilea del poderío de los Asmoneos –otro nombre de los reyes descendientes de los Macabeos—y que el mismo Herodes, por encargo del rey, se encargó de liquidar.

Tras la muerte de Herodes, se levantó Judas el galileo (o Judas de Gamala, existen dudas entre los estudiosos), apoyado por un fariseo llamado Sadoc. Judas era hijo de Ezequías, el “bandido” liquidado por Herodes. El prefecto Coponio acabó con él. Simultáneamente en Perea, al otro lado del Jordán, un esclavo llamado Simeón, incendió el palacio herodiano de Jericó y atacó a los ricos quemando también residencias de campo de los nobles.

Un pastor llamado Atronges se autoproclamó mesías-rey, apoyado por cuatro hermanos suyos, y procuró levantar a Judea contra las tropas romanas. No tuvo éxito. El gobernador de Siria, Varo, intervino y crucificó a unos dos mil de estos “bandidos” como escarmiento.
Otro personaje, cuyo nombre desconocemos y que fue denominado también “bandido”, es decir, insurrecto contra el poder de Roma, fue capturado por los romanos en el 44 d.C. y su banda disuelta.

Poco después apareció un tal Teudas, otro “mesías” que congregó a grandes masas antirromanas en las riberas del Jordán. Como muestra de que Dios estaba con ellos prometió dividir las aguas del río como lo había hecho Moisés con el Mar Rojo. El gobernador Cuspio Fado envió un destacamento de caballería que lo prendió y decapitó.

Un motín antirromano de graves consecuencias se produjo en Jerusalén en la Pascua del 50 d.C. tras observar la multitud que un soldado romano de los que vigilaban el entorno del Templo se mofó del santuario. Hubo revuelta, contraataque de romanos, huida atropellada de la multitud y más de tres mil muertos.

En el 52 d.C. hubo otra revuelta, esta vez casi general, por un tal Eleazar hijo de Dineo, que era otro “bandido” que llevaba más de veinte años en las montañas. El procurador Cumano logró matar a muchos de los seguidores de Eleazar, pero la revuelta se extendió por toda Judea. Hubo de intervenir el legado de Siria, con nuevas ejecuciones y crucifixiones. El gobernador que sustituyó a Cumano, Félix acabó finalmente con la rebelión: capturó a Eleazar, lo envió a Roma para escarmiento, y siguió la política de crucifixiones y otros castigos.

Aparte de otros movimientos más pequeños pero constantes, en el año 55 apareció un judío, profeta, que habitaba en Egipto, denominado enseguida “el profeta egipcio”; congregó a varios millares en el desierto y luego se dirigió para atacar a Jerusalén. Fue naturalmente liquidado por los romanos, junto con muchos de sus seguidores.



Pregunta:


Hola Antonio, tanto darle bueltas a la vida de jesus enfocansode en pequeñeses que opina usted del sacrificio de jesucristo por nosotros ante el dios que era mas presente durante la creacion en adelante?. puede ser que nos trato de liberar de Jehova vindandole su energica corporal en la tierra insinuando que la umanidad no esta sola, digo esto enfocando en los sacrificos que le brindaba a Abel y luego que paso el dilubio a Moises. me podria dar su opinion sobre el tema expuesto a debatir?


Respuesta:


Todo lo que Usted dice o insinúa son “teologuemas” o conceptos teológicos desarrollados por distintas facciones del cristianismo después de la muerte de Jesús. Además se fundan muchos de ellos en puras leyendas como la del diluvio.

Mi opinión es que cualquier tipo de teología es especulación humana a partir de textos que se creen inspirados. Un historiador se atiene a los hechos y no hace teología.


Pregunta:

LE pregunto por una traduccion de la biblia , en concreto la traduccion del nuevo mundo de las santas escrituras traducida por los testigos de jeova que le parece . YO tengo mi opinion , ya se la dire cuando reciba su contestacion perdon por alguna falta de ortografia , debido a que aun no controlo del todo el uso del teclado muchas gracias


Respuesta:


Siento no conocer esa traducción, aunque tengo un buen montón de ellas, reunidas por el Proyecto de la Biblia de san Millán, que está en marcha, en concreto la primera edición no confesional del Nuevo Testamento, universitaria, histórico-crítica, literario-crítica, no militante, con nuevas introducciones y notas no confesionales, que está prevista para 2016.
Entretanto, he dicho que para el Nuevo Testamento la Biblia que más me convence es la Cantera Iglesias de la Biblioteca de Autores Cristianos, y para el Nuevo Testamento, la Biblia de Jerusalén, nueva edición.

Pregunta:

¿Qué historicidad tienen los relatos sobe la huida de Jesús con sus padres desde Belén y la estancia en Egipto, y otros hechos relacionados con el nacimiento de Jesús según se cuentan en Mateo y Lucas?


Repuesta:

Si es muy posiblemente legendario el nacimiento de Jesús en Belén, lo es también lo que esté estrechamente relacionado con este hecho, como es la apresurada partida de Belén impulsada por la aparición de un ángel, en sueños, a José (Mt 2,13). El evangelista Lucas ignora totalmente esta huida y afirma que la Sagrada Familia volvió tranquilamente a Nazaret (Lc 2,39).
La fundamentación del viaje en Mateo, tanto la ida a Egipto como la vuelta a Nazaret, tras la muerte de Herodes, parece una historia “teológica” construida por la piedad popular cristiana para demostrar que en Jesús se habían cumplido las Escrituras del Antiguo Testamento. Mateo lo dice expresamente en 2,15 = Oseas 11,1: “De Egipto llamé a mi hijo”, y 2,23 = Jueces 13,7 LXX: “Será llamado nazoreo”: es decir Mateo consigna estos hechos expresamente porque sucedieron para que así “se cumplieran las Escrituras”.


No parece que tampoco sean verosímiles otros hechos que rodearon también el nacimiento de Jesús, tal como están contados, como la presentación de Jesús en el Templo, la purificación de María tras el parto y las profecías de Ana y Simeón son narrados únicamente por Lc 2 y están ligados al dudoso nacimiento en Belén.

El evangelista Lucas no es preciso jurídicamente, y mezcla ritos y situaciones: la presencia del niño en el Templo no era necesaria para la purificación de María. Además la ofrenda de rescate de Jesús –como primogénito que era pertenecía sólo a Dios--, era de cinco siclos (Números 15-16), monedas que no era necesario entregar al Templo de momento.

Esta ofrenda se mezcla con el sacrificio de dos tórtolas o dos pichones por la purificación de la madre, por la sangre derramada en el parto. Ya dijimos que la purificación de María era innecesaria si el nacimiento y parto habían sido virginales.

Las profecías de Ana y Simeón sobre la importancia futura del niño Jesús son inverosímiles si se comparan con datos cdel Evangelio mismo de Lucs. María no habría podido escuchar tales maravillas acerca de su hijo y luego olvidarse totalmente de ellas durante el ministerio público de su hijo.

Según Marcos sus parientes, incluida supuestamente su madre, decían que Jesús “no estaba en sus cabales” (Mc 3,21). Al parecer, al menos según Marcos (3,31-35) y Juan (7,5), las relaciones de Jesús con su madre y hermanos no eran precisamente buenas: “No creían en él”… ¿Después de lo dicho sobre Jesús en el Templo por Simeón (Lc 2,29-32, de modo que sus padres quedaron admirados, 2,33) iba a pensar su madre que Jesús estaba loco por predicar acerca de la venida del reino de Dios?

Saludos cordiales

Antonio Piñero Martes, 21 de Octubre 2014
Literatura Pseudo Clementina. Las Homilías griegas.
Hoy escribe Gonzalo Del Cerro

Homilía IX

Pedro reanuda su discurso

La Homilía VIII termina con el relato de las curaciones realizadas por Pedro y con su despedida de las turbas junto con la invitación a regresar al día siguiente para seguir escuchando sus enseñanzas. Prosigue la estancia de Pedro en Trípolis. Su alocución se reanuda sin solución de continuidad. Dice el texto que Pedro salió con sus compañeros y se dirigió al lugar del día anterior, se detuvo y comenzó a decir. Era como si lal noche no hubiera sido más que la causa de la interrupción de su discurso.

La idolatría es el mayor de los pecados

La obsesión de Pedro en opinión del autor de la obra es una idea reiterada en abundantes pasajes de las Escrituras. El mayor pecado de la humanidad es la idolatría. En palabras de Pedro: “La mayor impiedad de todas es el abandonar al único dueño de todos y venerar a muchos dioses que no existen, como si existieran” (Hom IX 1,2). Ésa fue la causa que movió a Dios a purificar el mundo con el diluvio. La humanidad se había alejado de la piedad y del culto exclusivo del Dios único. La situación era tan grave que el remedio tuvo que ser particularmente eficaz. Encontró a un hombre piadoso al que libró del cataclismo con su familia. Noé venía a ser como un nuevo Adán heredero de las promesas del Paraíso y principio de la humanidad renovada. La historia sagrada tendrá que contar las infidelidades que trazarán las líneas de la conducta de los hombres. Será la historia de la salvación, que hará necesarios recursos supremos para que las aguas volvieran a su cauce.

Pedro insiste en que la idolatría es el mayor pecado. El pueblo debe saberlo y ser consciente de que la práctica del culto politeísta es el camino más recto para la ruina y la perdición. No vale el argumento de la cantidad de implicados en el riesgo y en la amenaza. La respuesta a los incrédulos está narrada con todo detalle en la historia del diluvio universal. Y eso que el pecado de los antediluvianos era menor que el de los actuales. Antes del diluvio mataban, adulteraban, cometían tropelías de todo género, pero solamente contra sus semejantes. “Pero vosotros, dice Pedro, cometéis impiedad contra el Dios de todas las cosas adorando en su lugar o junto a él a estatuas sin vida, y aplicando su nombre divino a toda clase de materia inerte” (Hom IX 2,2).

Necedad de la idolatría

Esta conducta es no solamente una ofensa contra el Dios único, el Dios de los judíos, sino que es una absoluta necedad. Esperar ayuda y salvación de estatuas de materia inerte, fabricadas por manos humanas, es una completa insensatez. Los templos de los dioses paganos tienen que ser custodiados por guardias apoyados por mastines. Las estatuas inertes son incapaces de defenderse contra los ladrones. No son nada más que materia sin vida y sin capacidad de ayudarse a sí mismas o ayudar a sus devotos.

La monarquía y la poliarquía

Pedro acusa a sus oyentes de no saber distinguir entre la monarquía y la poliarquía. El significado de la monarquía es equivalente en el contexto de las Pseudo Clementinas a la unidad de Dios. Pero el ejemplo vale también a nivel humano. La monarquía es fuente de concordia, mientras que la poliarquía es origen de guerras continuas. Porque lo que es uno no puede luchar contra sí mismo, mientras que los que son muchos tienen motivos para emprender luchas entre ellos. ¿Qué sería del mundo si hubiera multitud de dioses aspirantes a dominar sobre los demás?

Un argumento válido para la estrategia dialéctica de Pedro es el ejemplo bíblico de Noé y sus descendientes. Cuando Noé reinaba como rey único, todo estaba en orden y reinaba la concordia. Pero cuando murió, sus descendientes ambicionaron el reino y promovieron toda clase de recursos para conseguir el mando. Se sirvieron de guerras, engaños y hasta de la persuasión. Uno de los descendientes de Noé fue su hijo Cam, del que se derivaron las tribus de los egipcios, babilonios y persas. Las relaciones entre todos estos pueblos fueron cualquier cosa menos cordiales y solidarias.

Pedro traslada estos ejemplos a la esfera de los dioses paganos, su culto, sus instituciones y sus devotos. Las Pseudo Clementinas contarán las repetidas luchas entre los distintos dioses del panteón griego. Los poetas mismos narran sus guerras, sus adulterios y su corrupción con tal de eliminar los peligros de verse privados del ambicionado reino con sus poderes y sus honores.

Saludos cordiales. Gonzalo Del Cerro




Antonio Piñero Domingo, 19 de Octubre 2014
Hoy escribe Antonio Piñero


Pregunta:

De la lectura del libro de Rius-Camps "Lucas. Demostración a Teófilo: Evangelio y Hechos de los Apóstoles según el Códice Beza" me queda la impresión de que el texto llamado alejandrino está más "editado" respecto al original que el de este códice. Usted dice en un artículo que este tipo textual utiliza trasposiciones y correcciones ¿Podría dar ejemplos? ¿Tienen alguna tendencia?
Respuesta:


El texto del Códice Beza es de 1 a un 10% más largo (según lugares) que el que se imprime normalmente (basado en el códice Vaticano fundamentalmente más el Sinaítico). Creo que su impresión de que el Codice Beza está más editado que el Sinaítico y Vaticano es errónea.

Siento ahora no tener mucho tiempo, porque estoy abrumado con compromisos editoriales, para poner ejemplos detenidamente. Las pequeñas transposiciones y cambios son continuas en D respecto a Vaticano y Sinaítico. Vea por favor el aparto crítico de Nestle-Aland 28ª y lo comprobará Usted mismo. Y par cambios más amplios, vea por favor, en el mismo aparto crítico:

D 6,10-11
D 11,2
D 11,25-26
D 12,10
D 13,28
D 14,7
D 15,7, etc.

En Lucas es famosa la adición entre los vv. 4-6 del capítulo 6. Otra famosa es el texto largo y corto del relato de la Última Cena: Lc 22, 15-20 donde Lc omite parte del v. 19 y todo el 20; o en Mt 20,28 hay un añadido muy largo

En cuanto al sesgo del códice D: me parece imposible poderlo resumirlo en pocas palabras porque hay que precisarlo en cada variante.



Pregunta:
¿Es histórica la matanza de los inocentes narrada por Mateo?

Respuesta:

Opino lo mismo que en el caso anterior. Este hecho es también altamente inverosímil, no porque Herodes no fuera capaz de las mayores atrocidades, sino porque conocemos muy bien por Flavio Josefo los últimos años del monarca y en ninguna parte de su obra, ni en los fragmentos de otros autores, se recoge una acción de tal calibre, una matanza indiscriminada de niños entre sus súbditos, que habría provocado una revuelta popular sin precedentes, tal que habría dejado alguna huella en los textos que hablan del final del reinado de ese monarca.

El interés de la leyenda popular recogida por Mateo es realzar la trascendencia del personaje, Jesús, que se mide por la tremenda reacción de sus adversarios importantes, y a la vez impotentes, contra él.

Saludos cordiales

Antonio Piñero Domingo, 19 de Octubre 2014
La Vida de Jesús a la luz de los Evangelios Apócrifos (534). Las conclusiones del libro
Hoy escribe Antonio Piñero

Tal como prometí ayer transcribo hoy los párrafos conclusivos del libro, porque creo que pueden ser de interés general:

Hoy día asistimos a un cierto resurgimiento del interés por la literatura apócrifa neotestamentaria, en especial por los evangelios. Mucho de ello se debe, en círculos esotéricos o afines de nuestros días, al deseo morboso de encontrar en este corpus de escritos no admitidos como sagrados por la Iglesia oficial, algunas verdades, más o menos interesantes o comprometidas, que esa misma Iglesia, sobre todo la católica, habría pretendido ocultar a la vista de los fieles. Además algunas personas creen poder encontrar en la enseñanza secreta de Jesús, que parcialmente transmiten algunos apócrifos sobre todo los de Nag Hammadi y afines, la cara oculta de Cristo.

Frente a este interés se debe insistir en varias cosas. Primera: estos textos apócrifos no pueden hoy ocultarse. Son manuscritos conservados en museos e instituciones públicas; no son ya propiedad de las iglesias cristianas, sino de las ciencias de la Antigüedad --la filología y la historia antigua-- que deben estudiarlos, y de hecho lo hacen, como cualesquiera otros documentos que nos han legado los pasados siglos en Occidente. Segunda, como la Iglesia libró y ganó la batalla contra ellos sobre todo a partir del siglo IV, hoy día no tiene interés ninguno en mantenerlos ocultos. Insistimos en que la inmensa mayoría de las ediciones modernas de los evangelios apócrifos está realizada por eclesiásticos con las bendiciones de los obispos respectivos. Tercera: es importante tener en cuenta la fecha de composición de los evangelios apócrifos. Como hemos sostenido ya, la inmensa mayoría son muy tardíos, y los más antiguos de todos, como el Evangelio gnóstico de Tomás y el Protoevangelio de Santiago, son en su forma actual al menos posteriores cronológicamente a la composición de los evangelios aceptados como canónicos. Da la casualidad que los escritos de Marcos, Mateo Lucas y Juan son los evangelios probadamente más antiguos de todos los que se conocen. Sólo este dato coloca de inmediato a estas obras apócrifas evangélicas en el rango de la literatura de ficción, a la vez que arroja luz sobre el valor y trascendencia de estos textos: en verdad casi sólo valen para la historia de la teología y de las ideas religiosas del siglo II, o posteriores a él, y no para desvelar auténticos secretos de la vida de Jesús o de los orígenes del cristianismo.

Y una última y clara consecuencia: prácticamente toda la segunda parte de este libro, que está basada en los evangelios apócrifos –menos, como dijimos, la primera sección de la sección dedicada a “Jesús y el sexo”- es pura ficción: no corresponde a ningún Jesús de la historia, sino a uno legendario, a veces desagradable. Y si la imagen de Jesús que de estos evangelios apócrifos se desprende es la que hemos intentado presentar a nuestros lectores, podemos preguntarnos al como indicamos en el Prólogo: ¿es éste “otro Jesús” -muy diferente en verdad al que conocemos comúnmente- más interesante y complejo que el que se trasluce a través de la lectura crítica de los evangelios reconocidos como oficiales? ¿Resultaría hoy productivo y operante esconder o escamotear estos documentos apócrifos a los ojos de los “cristianos de a pie” como si la imagen del Jesús que de ellos se desprende fuera una maravilla por contraste con la que nos proporcionan otros textos antiguos aceptados como canónicos por el común sentir de las iglesias cristianas? Al lector le toca juzgar y responder a estas cuestiones aunque el autor se ha expresado ya con claridad.

Así pues, quien esto escribe deja la última palabra al lector. En la segunda parte de este libro el autor no tiene ningún interés personal por esta imagen –todo lo contrario-, sino que se ha limitado a recomponer la historia que de modo confuso, deslavazado, repetitivo y hasta cierto punto notablemente aburrida nos presenta el abigarrado conjunto de nuestros apócrifos evangélicos. Es muy posible que se perciba así gráficamente que el acercamiento al Jesús de la historia, el único que en verdad interesa, debe hacerse a través de los documentos más cercanos cronológicamente a Jesús, los evangelios canónicos, aunque de la mano de la crítica filológica e histórica.

Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.antoniopinero.com
Antonio Piñero Sábado, 18 de Octubre 2014
La Vida de Jesús a la luz de los Evangelios Apócrifos (533)
Hoy escribe Antonio Piñero

Hace unas tres semanas o más que ha salido la 3ª edición, corregida y muy aumentada de un libro mío escrito en 1992 que se titulaba entonces “El otro Jesús. Vida de Jesús según los evangelios apócrifos”. Fue publicado en El Almendro de Córdoba y tuvo en España varias reimpresiones. Tuve la suerte de que el libro se tradujera al francés, alemán, italiano, portugués (en sus dos versiones, europeo y brasileño) y finalmente ahora se está traduciendo al inglés después de tantos años. En el extranjero el libro tuvo buena fortuna y se hicieron al menos dos ediciones en todas la lenguas, menos en italiano que fueron tres, muy bellamente ilustradas con láminas de pintores italianos a todo color. Una de estas fue una coedición con el periódico “Il Corriere della Sera”, donde salió como una suerte de colofón a la venta en gruesos fascículos de La Biblia de Jerusalén en italiano. A la verdad tuvo suficiente éxito, y calculo que en Italia han debido de venderse más de 70.000 (digo “calculo” porque si escribo aquí el pago de regalías o derechos de autor, los autores se tirarían al suelo de risa o bien se llenarían de lágrimas).

Pasó el tiempo y desembarcó en España la Editorial Esquilo de Lisboa, y uno de los libros que publicó fue este. Entonces, para no editarlo exactamente igual después de tantos años, se me ocurrió añadir un par de capítulos que presentaran los datos más importantes de la vida oculta de Jesús según los Evangelios canónicos. Trataba así de los siguientes temas: la familia, padres y los antecesores de Jesús, su fecha y lugar probables de nacimiento, incluido el día, si es que se podía precisar, o no; su lengua materna, oficio, si pertenecía o no a una familia de sacerdotes, puesto que se afirmaba de su pariente Juan Bautista que sí pertenecía, y finalmente cuánto duró la vida oculta. Aunque estos capítulos no ocupaban muchas páginas, había ya una reelaboración, un añadido y sobre todo el suministro de datos de los evangelios canónicos para que el lector pudiera compararlos con los ofrecidos por los apócrifos. El libro, bien editado, llevaba el título: “Jesús. La vida oculta”.

Pero la Editorial Esquilo no prosperó en España, más por impericia y desconocimiento del mercado español de su director que por la falta de los lectores. Lo cierto es que de la noche a la mañana desapareció del mapa, sin despedirse…, naturalmente dejando tras sí una buena ristra de impagados.

Parecía ya que el libro dormía su sueño definitivo, cuando Sebastián Vázquez y un grupo de amigos fundaron una nueva editorial, con el título de “Los Libros del Olivo”, en donde se suscitó la idea de una reedición. No me pareció entonces, una vez más, publicarlo tal cual, sino someterlo de nuevo a revisión, dándole una primera parte definitiva, por muchos años, según creo. La idea fue ofrecer al lector no unos cuantos datos de la vida oculta de Jesús según los textos canónicos, sino un breve, pero completo, comentario a los denominados “Evangelios de la Infancia”, es decir, Mateo 1-2 y Lucas 1-2. Este comentario me parecía para el lector mucho más interesante, pues era un análisis de los textos canónicos en donde no faltara ningún tema importante. El método de análisis sería el filológico usual, histórico crítico y literario, de modo que ofreciera a los lectores los medios de formarse por sí mismo un opinión acerca de la vida oculta de Jesús, esta vez no según los apócrifos, sino según los textos admitidos por la Iglesia como sagrados.

Este añadido tiene unas 110 páginas. Opino que suministra la información esencial y está dividido en 38 pequeños apartados que recogen la información de la edición anterior y las ideas que he vertido en mi obra de divulgación “Ciudadano Jesús” (Madrid, Atanor, 2012). Son los siguientes:

1 Cómo empezaron a recogerse noticias de la vida oculta de Jesús
2 Antecedentes: el origen de Jesús: Mateo 1,1-17 + Lucas 3,1
3 El nacimiento de Juan Bautista: Lucas 1,5-25
1. Personajes que intervienen: Lucas 1,5-7:
2. Anunciación del nacimiento de Juan Bautista = diálogo del ángel con Zacarías, padre del Bautista: Lucas 1,8-23
4 La anunciación a María: Lucas 1,26-38
5 Las dudas de José
Virginidad antes del parto
6 Visitación a Isabel y “Magnificat”: Lucas 1,39-56
7 El nacimiento del Bautista (Lucas 1,57-66)
8 El “Benedictus” (Lucas 1,67-79.80)
9 El nacimiento de Jesús (Mateo 1,25 + Lucas 2,1-6)
Virginidad durante el parto
Virginidad después del parto
10 ¿Nació Jesús de un modo ilegítimo?
11 ¿Dónde nació Jesús?
12 Fecha del nacimiento de Jesús
Fecha del censo de Quirino
Dificultades con el censo de Quirino
13 ¿Computamos bien los años? ¿Cuándo fue realmente el año 1?
14 ¿Cuál fue el día del nacimiento de Jesús?
15 La anunciación angélica a unos pastores (Lucas 2,8-9)
16 Reacción de los pastores (Lucas 2,15-20)
17 Circuncisión e imposición del nombre (Lucas 2,21)
18 Presentación de Jesús en el Templo. Purificación de María (Lucas 2,22-24)
19 Los profetas Simeón y Ana (Lucas 2,25-35)
20 Los magos de oriente (Mateo 2,1-12)
21 El mensaje teológico de este pasaje en su conjunto
22 La historicidad del relato de los Magos
23 ¿Cómo pudo plasmarse en concreto la historia de los magos y la estrella maravillosa?
24 ¿Cuál pudo ser el transfondo del Antiguo Testamento que ayudó a plasmar la leyenda de los magos?
25 Herodes intenta matar al recién nacido rey de los judíos (Mateo 3,13-20)
26 ¿Es verosímil la matanza de los inocentes?
27 Claves para entender lo que quiso decir Mateo
28 Huida a Egipto y vuelta a Israel (Mateo 2,21-23)
29 ¿Interpretaciones modernas?
30 ¿Creía Mateo que lo que él narraba había ocurrido así?
31 La duración de la vida oculta de Jesús
32 ¿Tuvo Jesús hermanos?
33 La lengua hablada por Jesús
34 La formación de Jesús: ¿sabía leer y escribir?
35 El oficio de Jesús
36 Jesús ¿soltero, casado, viudo? El estado civil de Jesús
37 Jesús, ¿laico o sacerdote?
38 Jesús y su madre en el templo de Jerusalén (Lucas 2,41-52)

La segunda parte ha quedado igual, salvo la corrección de erratas. Los temas de los capítulos son:

1 María la elegida
2 El nacimiento del Salvador
3 El nacimiento de María
4 El nacimiento del Salvador
5 El rey Herodes
6 Vuelta a Nazaret
7 La muerte de José
8 Vida pública
9 Jesús y el sexo
10 El final terreno de Jesús
11 Descenso a los infiernos
12 El final de Antipas y Pilato
13 El tránsito de María
14 Las enseñanzas secretas de Jesús


El prólogo y el epílogo han sido modificados en consecuencia. Y la intención, según he indicado ha sido que, leyendo este libro, el lector observe y juzgue por sí mismo en qué grado pueden los evangelios apócrifos enriquecer o cambiar la imagen que de Jesús se puede uno formar leyendo críticamente las fuentes que informan sobre él en los libros aceptados como canónicos, es decir, fundamen¬talmente los tres primeros evangelios, Marcos, Mateo y Lucas. ¿Es realmente más atractiva la imagen de Jesús de los evangelios apócrifos que la ofrecida por los canónicos? Cuando llegue a las páginas finales de este libro, estoy totalmente seguro de que el lector podrá sin duda responderla.

También, de paso, podrá formarse el lector una idea sobre el debatido tema del ocultamiento sospechoso por parte de las diversas iglesias, en especial la católica, de estas fuentes apócrifas, por el temor de que se pueda descubrir ante los lectores una imagen de Jesús más atractiva que la ofrecida comúnmente a sus fieles en la predica¬ción o en los libros de lectura espiritual que reinterpretan la imagen de Jesús presentada en los evangelios canónicos. Hay actualmente mucha gente que opina que los detalles desconocidos de la vida de Jesús, y las obras que los contienen –los evangelios apócrifos- han sido escamoteados sistemáticamente por las iglesias cristianas, en especial la católica. Puedo adelantar al lector que esto no es verdad, puesto que los restos de los escritos evangélicos apócrifos –a veces obras enteras, otras algunos fragmentos de ellas, en algunos casos sólo los títulos- han sido publicados en todos los idiomas cultos. En muchas ocasiones han sido autores eclesiásticos, con las bendiciones de sus iglesias respectivas, los que han editado estos textos a partir de los manuscritos más antiguos. Por tanto, son perfectamente accesibles y legibles por cualquiera que tenga interés.

Mañana transcribiré los últimos párrafos del epílogo porque creo que son de interés general.

Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
Www.antoniopinero.com
Antonio Piñero Viernes, 17 de Octubre 2014


Hoy escribe Antonio Piñero


Pregunta:

Me gustaría nos de un alcance y explicación del libro El discurso verdadero contra los cristianos de Celso.

Respuesta:
La respuesta más fácil y directa la tiene Usted en la Wikipedia en inglés o en alemán, su Usted puede leerlo. Es información normal.
Lo fundamental de Celso es que su obra se perdió (la quemarían los cristianos) ya que era un ataque racionalista y virulento contra los Evangelios, Jesús y la Iglesia, compuesto en el 170 d.C. Pero tenemos la refutación de Orígenes, y como lo cita al pie de la letra ante de oponerle sus razones, hemos podido recuperarlo.

Pregunta:

Profesor, podría ud. luego explicar con mejores detalles la siguiente opinión?
En el Nuevo Testamento se traduce la palabra Gehenna por Infierno, mas esa palabra hace referencia al Valle de Hinón, en Jerusalén, que en tiempos de Jesús había un basurero allí donde la gente lanzaba desperdicios y cadáveres o les pegaban fuego a la basura y los muertos.
Parece que para un judíos o israelita, ir a parar allí era vergonzoso. Ir a parar allí significaba haber muerto fuera de la bendición de Jehová, el cual según Isaías y otros autores, formaría un nuevo cielo y una nueva tierra que sería habitada por los justos y los resucitados.
Para un hebreo de esa época la meta de la vida no era ir al Cielo, sino vivir prósperamente: con rebaños, granos, y una descendencia noble que le diera continuidad a esa prosperidad. Una muerte noble significaba ir a parar al Seol, es decir, ser enterrado con honor por sus familiares.
En el Antiguo Testamento prácticamente no hay mención de la Ultratumba, el mundo sombrío donde la gente continuaba existiendo. En el judaísmo el hombre es barro animado por el espíritu prestado de Jehová. No hay nada que tenga que sobreviva a la muerte.
En el cristianismo es que se introduce eso de la vida después de la muerte.

Respuesta:

Lo que Usted dice es solo aplicable al judaísmo anterior a la época helenística, es decir, después de la muerte de Alejandro Magno en el 323 a.C. hasta la época de Jesús, en lo que aquí nos interesa.

Entonces el judaísmo cambió muchísimo y entre otras cosas aceptó de la religión griega popular y de la religión irania las creencias en el mundo futuro, en le inmortalidad del hombre (no solo del alma) en la justicia divina de ultratumba, el cielo y el infierno, etc.
En tiempos de Jesús ya los judíos piadosos creían en todo eso. Nada de ello lo inventó el cristianismo, sino que lo recibió del judaísmo helenizado.

Si le fuera posible, consulte mi libro, “Biblia y Helenismo. Pensamiento griego y formación del cristianismo”, Edit. El Almendro, Córdoba, España, 2006, el capítulo dedicado a la transformación del judaísmo en la época helenística. Creo que hay versión electrónica.

Pregunta:

1) La historia de samson, jonas y el gran pez, son reales o tan solo leyenda? 2) los acontecimientos de moises fueron historicos o tan solo tradicion? Hay pruebas de los poderes de y la salvacion de moises cuando niño? 4) job historico o leyenda? 5) fue salomon el hombre mas sabio del mundo como la biblia lo pinta? 6) como podriamos comparar o avaluar la sabiduria de salomon con hombres no biblicos y no judios como; pitagoras, nicolas teslar, y otros?

Respuesta:

1 Son leyendas populares utilizadas para transmitir un mensaje religioso.
2 En su inmensa mayoría, también legendarios. No hay pruebas.
4 Job canónico es una obra literaria con mensaje teológico. Por tanto no tiene un transfondo real. El Job Apócrifo (Apócrifos del Antiguo Testamento, Edic. Cristiandad, Madrid, 1986, vol. V) es totalmente legendario
5 Salomón es prácticamente todo legendario. Hay un libro de Finkelstein y Silbermann exactamente sobre David y Salomón. Busque en Google.
6 No se puede comparar históricamente.



Pregunta:

Me tomo la libertad de escribirte para preguntarte acerca de la novela que nos comentaste el otro día en la grabación de La Escóbula. He leído que el próximo día 17 hay presentación en Madrid, pero me surge la duda de si es exclusivamente para la prensa o yo podría asistir. En caso de ser cerrada, ¿planeáis presentarla en algún momento para el público? Muchas gracias de antemano.

Respuesta:

A la verdad solo sé que por ahora no hay presentación pública de “El trono maldito” (que por cierto sale a la venta mañana, 14 oct., simultáneamente en toda España, ya que Planet saa sus novedades los martes) por ahora. Lo del día 17 oct. Es una presentación a la prensa, radio y TV. Pero tampoco sé por ahora exactamente cómo.

Pregunta:

Quisiera saber su opinión sobre el santo cáliz de la catedral de Valencia, recientemente el vaticano ha reconocido su posición a favor de esta reliquia ¿Que opina usted sobre este tema?. Gracias.
Respuesta:

Es cierto lo del apoyo de parte de la Iglesia. Por ejemplo, no la de León.
Pero hay por lo menos 200 cálices “auténticos”. Las noticias sobre esos cálices empiezan en serio unos quinientos años después Dios la muerte de Jesús.
Además: Lea por favor mi respuesta en este mismo “Compartir” sobre la inverosimilitud de la interpretación de la Última Cena como se entiende normalmente siguiendo una visión divina de Pablo de Tarso.

Pregunta:

¿Evolucionó la leyenda de los “magos”?

Respuesta:

Este desarrollo comienza muy pronto, pues la piedad popular se interesó por estas figuras simpáticas, pero muy poco dibujadas en la narración de Mateo. A mediados del siglo II, el evangelio apócrifo, llamado Protoevangelio de Santiago, son sólo los magos los que acuden a rendir homenaje al mesías y ¡no los pastores!

Con el éxito de las reliquias entre los cristianos, sobre todo a partir del siglo IV, cuando la madre del emperador Constantino trajo a Europa restos del lignum crucis, se propagaron también reliquias de los magos. El emperador Federico Barbarroja, que había hecho una campaña contra Italia, se apoderó de las reliquias y las trasladó a la catedral de Colonia. Todavía se conservan allí.

El siguiente paso fue precisar el vocablo “magos”, sin más. ¿Cuántos? Eran tres exactamente. Con toda probabilidad se pensó que cada uno portaba uno de los tres regalos: oro, incienso y mirra. Hubo varias interpretaciones alegóricas de los regalos, pero finalmente se desarrolló una de ellas: el oro simboliza la virtud; el incienso, la oración; la mirra, el sufrimiento.

Otro paso fue darles nombres: En Oriente el primer intento conocido es el de un escrito siríaco, del siglo IV, anónimo, llamado “Cueva de los tesoros”, que los llama Hormizda, rey de Persia; Yazdegerd, rey de Sabá, y Perozad, rey de Arabia. Más conocida por los cristianos es la tradición occidental que los denomina Melkón o Melchor, Gaspar y Baltasar. La primera mención aparece en una traducción al latín, del siglo VI, de una crónica griega anterior.


Saludos cordiales
Antonio Piñero Jueves, 16 de Octubre 2014
Hoy escribe Fernando Bermejo

Los relatos evangélicos del arresto de Jesús contienen algunas de las incongruencias más flagrantes de estos textos. Las contradicciones se dan entre los distintos evangelios, pero se producen también en el seno de una misma obra. Otras incoherencias afectan por igual a todos los relatos: por ejemplo, precisamente quien –según los propios evangelios– se hace responsable de recurrir a la violencia no es arrestado ni crucificado, mientras que sí lo es quien no lo hace –y quien, según varios evangelios, se opone a su uso (hasta el punto de realizar un acto milagroso para contrarrestar sus efectos).

Tales incongruencias inducen a pensar que algo considerablemente más grave sucedió en Getsemaní, algo que el relato preservado ha estilizado hasta extremos prácticamente irreconocibles. Esta es la tesis de varios estudiosos desde el s. XVIII, y es francamente plausible, pues está también en consonancia con la obvia edición que han sufrido a todas luces otros muchos pasajes, como el relato del incidente del Templo o el absurdo diálogo relativo a las espadas en Lc 22.

Por supuesto, los exegetas confesionales se atienen como a un clavo ardiendo al incongruente relato evangélico, según el cual la violencia de Getsemaní se limita a un acto aislado de un sujeto especialmente beligerante, un discípulo de Jesús lo bastante obtuso como para no haber entendido que su venerado maestro nada quería tener que ver ni tenía que ver con espadas, como no fuera en sentido metafórico.

El relato de Lc hace pensar algo diferente, por supuesto a pesar del piadoso evangelista. De entrada, en Lc 22, 49, los discípulos preguntan: “Señor, ¿golpeamos con la espada?”, lo cual presupone que ellos –todos ellos– estaban armados [recientemente, un conocido exegeta, Dale Martin, ha tenido la decencia –aunque en un artículo que deja, por otros motivos, bastante que desear– de reconocer que esta es la lectura con mucho más probable, tanto de Lc como también de Marcos, y que si los discípulos estaban armados es porque Jesús quería que lo estuvieran: cf. D. B. Martin, “Jesus in Jerusalem: Armed and Not Dangerous”, Journal for the Study of the New Testament 37, 1 (2014) 3-24.]

Pero o el discípulo o el evangelista tenía mucha prisa, pues en el relato no se recoge la respuesta de Jesús. Uno de ellos saca la espada para hacer de las suyas y cortar una oreja. El resto es conocido, pues las Sagradas Escrituras no mienten ni se equivocan:

“Y respondiendo dijo Jesús: ‘Dejadlo, hasta aquí’. Y tocándole la oreja, lo curó”.

Lo que aquí nos interesa no es cómo cura Jesús una oreja cortada, pues esto es un milagro y los milagros están más allá de nuestro pobre entendimiento. Tampoco nos interesa cómo es que nadie le da las gracias por tan gentil –o judío– gesto. Un poco de gratitud no estaría mal, ¿no? Pero ya sabemos que quienes van a detener a Jesús son malos malísimos, y como no son bien nacidos no son agradecidos

No, lo que aquí nos interesa es otra cosa. Nos interesa esa concisa frase que Jesús emplea justo antes de su generoso milagro auditivo. Porque, aunque a menudo se traduce como “Ea, ya basta”, “No haya más”, o algo por el estilo, resulta que en griego la expresión –o más bien la doble expresión– es: eâte heōs toútou, en la que eâte es la segunda persona de plural del presente de imperativo del verbo eáo. Repitámoslo: la segunda persona de plural. Esto significa que –a diferencia de lo que ocurre en Mt 26, 52 y Jn 18, 11– en donde Jesús se dirige solo al discípulo que usa la espada– aquí ordena parar una acción a varios discípulos (¿a los discípulos en general?), a pesar de que antes se ha dicho que solo uno de ellos había sacado la espada.

Por supuesto, esto probablemente no signifique nada, pues aquello que los doctores de la Santa Madre Iglesia no reconocen como significativo no tiene significación alguna. Pero vayan ustedes a saber si algunos más de entre los discípulos, armados todos con espada como reconoce Dale Martin, no la habrán desenvainado para probar su acero. Vayan ustedes a saber si no tenían ya ganas de pegarle unos mandobles al poder de las tinieblas y a sus acólitos. Vayan ustedes a saber qué les dijo realmente Jesús, si les dijo algo. Vayan ustedes a saber por qué los discípulos estaban armados con armas pesadas (¿o es que las mákhairai eran armas ligerísimas…?) si su venerado maestro era un pacifista que jamás habría permitido su uso. Vayan ustedes a saber.

Saludos cordiales de Fernando Bermejo
Antonio Piñero Miércoles, 15 de Octubre 2014
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Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.







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