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793- Interpretación extrema del patrón de recurrencia: El galileo armado. Jesús  y la resistencia antirromana (XXVI) (3-02-17)
 
Escribe Antonio Piñero
 
El último ejemplo que quiero mostrar de interpretación radical del patrón de recurrencia, “Jesús como sediciosos para el Imperio Romano” es conjunto es José Montserrat Torrents, estudioso del cristianismo antiguo, con su obra El galileo armado. Una historia laica de Jesús (EDAF, Madrid, 2007. Para el trasfondo de su pensamiento es también fundamental el conocimiento de su obra, La sinagoga cristiana, edición revisada, Trotta, Madrid, 2005).
 
La postura de Montserrat se caracteriza por una actitud extremadamente crítica y escéptica respecto a las fuentes evangélicas. Para este investigador, el análisis demuestra de inmediato que se trata fundamentalmente de leyendas que contienen de vez en cuando ciertos mitos, por ejemplo, el nacimiento virginal de Jesús por obra del Espíritu Santo.
 
Tales leyendas son típicas en la historia de las religiones, y puede decirse que conforman una suerte de “género literario”: las biografías legendarias de los fundadores de grandes grupos religiosos como Pitágoras, Buda, Mahoma y Jesús. Desde el punto de vista histórico tales “biografías” han sido producidas a menudo por sujetos desequilibrados, visionarios y crédulos, junto con otros que son auténticamente falsarios, es decir, que buscan conscientemente engañar en pro de la defensa y propaganda de un interés particular relacionado con el biografiado. En general los autores de los Evangelios y de los Hechos se conducen respecto a los posibles documentos –tradición oral o escritos preevangélicos– que utilizan con una desenvoltura y una libertad propia de falsarios.
 
Las fuentes indiscutiblemente históricas que se refieren a Jesús, aquellas a las que sólo debe atender un historiador laico, son las cartas de Pablo, las obras de Flavio Josefo, un breve pasaje de las Historias del historiador romano Tácito y quizá un corto fragmento de Suetonio. El cotejo de estas fuentes con los textos legendarios, como Evangelios y Hechos, permite extraer de estos últimos algunos datos sobre Jesús que completan la parquedad de las fuentes históricas.
 
La documentación acerca de Jesús reconocida como auténtica por la ciencia histórica es, pues, muy escasa. La noticia fundamental y casi única es que Jesús fue crucificado como rebelde por el prefecto Poncio Pilato durante el principado de Tiberio. Ahora bien, el siglo I de nuestra era es una de las épocas más bien documentadas de la antigüedad por lo que podemos situar bien a Jesús en su contexto. Además, se han ido elaborando teorías generales que interpretan la época de Jesús y que enmarcan los datos extraídos de las fuentes. Su efectividad se juzga en función de su capacidad explicativa del conjunto de los hechos. Situando el episodio de Jesús en su contexto, llegamos a la conclusión de que fue ejecutado por un delito de sedición. Efectivamente, la muerte en cruz entraba en la categoría jurídica de la "mors aggravata", que en este período se aplicaba casi exclusivamente a los hombres libres por un delito de lesa majestad. Roma no crucificaba a gentes desarmadas. De ahí deduce Montserrat su imagen de Jesús: la de un galileo piadoso y fanático del siglo I de nuestra era que practicó la lucha armada.
 
El estudio del entorno en el que vivió Jesús señala que las creencias y el imaginario de la población judía sometida al yugo romano se inspiraba en las hazañas de los Macabeos, que libraron a los judíos de la dominación griega de los monarcas seléucidas, sucesores de Alejandro Magno. En la tradición religiosa macabea revestía gran importancia el factor de la intervención divina directa en la lucha armada contra el opresor. La religiosidad de Israel en este período fue configurada también por el pensamiento apocalíptico, siempre sobre la base de la adhesión firme a la ley de Moisés. La apocalíptica proponía que la venida del reino de Dios sobre la tierra y la reivindicación de la elección del pueblo de Israel serían inminentes en conexión con el fin del mundo, que cambiaría en otro mejor concorde con la voluntad divina. De acuerdo con este contexto, las iniciativas de los activistas del entorno de Jesús se inspiraron en los modelos macabeos y apocalípticos, en particular en lo tocante a la intervención divina.
 
El análisis crítico de los Evangelios en el entorno arriba expuesto y de acuerdo con las noticias de las fuentes estrictamente históricas, genera, según Montserrat, la siguiente imagen de Jesús:
 
1. Éste era un judío de Galilea, hijo natural de María y José. No hay noticias históricas acerca de María. No se sabe cuál fue el lugar de nacimiento y residencia de Jesús. Nazaret no existía en la época. El nombre  nazoraîos, o nazarenós, viene muy probablemente del hecho de que Jesús era un nazir, es decir, un devoto que había hecho un voto religioso o político-religioso.
 
2. La historicidad de Juan Bautista está avalada por el testimonio indiscutible de Flavio Josefo. Juan practicaba un bautismo para el perdón de los pecados, y predicaba el advenimiento del reino de Dios. En contexto apocalíptico, esta doctrina revestía una gran potencialidad política, y es por esta razón por la que Juan fue ejecutado por Herodes. Jesús se hizo discípulo de Juan, y lo fue hasta su propia muerte.
 
3. La única diferencia entre Juan y Jesús era el postulado de la lucha armada para expulsar a los romanos de la tierra de Israel, no respaldada por Juan y sí asumida por Jesús y los suyos. Jesús y probablemente su hermano Santiago se limitaron a expandir la enseñanza de Juan Bautista. La historia del movimiento político-religioso en Galilea en esta época se simplifica: Juan, Jesús y Santiago están en la misma línea doctrinal.
 
4. Jesús estaba tan convencido de participar en una misión querida por Dios que pronunció el voto de nazireato sobre la liberación de Israel. Se hizo asceta, dejó de cortarse el pelo y pasó a ser conocido en Galilea como el nazir.
 
4. Su familia se inquietó. Comulgaban con los ideales político-religiosos del movimiento surgido en torno al Bautista, pero rechazaban la lucha armada. En este contexto de esperanza pacífica de la venida del reino de Dios se robusteció la figura de Santiago, en torno al cual se configuró la herencia auténtica de Juan Bautista, simpatizante con pero no practicante de la resistencia armada.
 
5. En los años de la llamada “vida pública” de Jesús, el gobernador Poncio Pilato multiplicaba sus agravios y sus escarnios contra el pueblo y contra el Templo. Hubo disturbios ahogados en sangre. En la lejana Roma, un emperador depravado demostraba que el Imperio romano era la nueva Babilonia corrompida. El cielo mostraba que eran ya inminentes los signos anunciados por Juan Bautista. La hora de los nuevos Macabeos había sonado.
 
El proyecto insurreccional se fue perfilando en torno a la ejecución de un levantamiento en Jerusalén con ocasión de la Pascua. La estrategia era la tradicional en las revueltas centradas en la Ciudad Santa. Los amotinados, poco más de un centenar, establecerían su base logística en el desierto de Judea, a poca distancia de Jerusalén. Al anochecer, ocultando sus espadas de dos filos, se irían concentrando en el Monte de los Olivos. Cuando se abrieran las puertas de la ciudad por la mañana, entrarían e irrumpirían en el patio del Templo, cerrando los portones y haciéndose fuertes allí. A partir de este momento la iniciativa correspondería a la divinidad, que acudiría, como en tiempo de los Macabeos, a auxiliar a su pueblo asegurándole la victoria contra los romanos.
 
Más exaltados que perspicaces, los conjurados no contaron con la densa red de informadores del prefecto y del rey Herodes. Ignoraron por ende la desconfianza de las autoridades judías de Jerusalén hacia toda clase de resistencia violenta. No acertaron a conjeturar que, entre unos y otros, los más ínfimos detalles de su plan estaban en conocimiento del prefecto, Pilato, el cual puso en marcha el dispositivo habitual en estos casos: refuerzo del destacamento de la Torre Antonia, vigilancia de las puertas de la ciudad y preparación de la cohorte que al amanecer debía atacar y desbaratar a los revoltosos. La consigna era matar a cuantos se pudiera y capturar a algunos para someterlos a juicio y ejecutarlos en la cruz por delito de sedición.
 
6. Al amanecer de un día de abril, cuando la partida de los insurrectos se disponía a bajar del Monte de los Olivos, atravesar el torrente Cedrón e irrumpir en la ciudad, los entrenados soldados de la tropa auxiliar romana cayeron sobre ellos. La batalla fue corta pero mortífera. Los legionarios  acuchillaron a muchos y capturaron a tres, entre ellos a uno de los que parecía encabezar a los galileos. No sabían que habían aprehendido a Jesús, el nazir. El resto de los conjurados arrojaron las armas y escaparon al desierto, desde donde regresaron a Galilea desconcertados por el abandono de su Dios.
 
Los prisioneros fueron llevados inmediatamente al pretorio. En un juicio sumarísimo, sin necesidad de testigos, pues habían sido hallados con las armas en la mano, Jesús y los dos insurrectos fueron condenados a mors aggravata en suplicio de cruz por delito de laesa maiestas populi romani. La sentencia se ejecutó inmediatamente.
 
Las autoridades judías de Jerusalén no tuvieron parte alguna ni en su condena ni en su ejecución. Esta patraña fue una invención de los cristianos judíos helenistas destinada a explicar el "escándalo de la cruz" frente a sus oyentes paganos y a desacreditar por ende a los judíos ortodoxos de Jerusalén.
 
En breve síntesis: hay suficientes indicios en los datos históricos extrabíblicos y en los Evangelios para sostener que Jesús formaba parte de una partida de galileos armados que preparaba un golpe de mano en Jerusalén. El grupo se refugiaba en el desierto galileo y estaba asistido por algunas mujeres. De la banda formaban parte algunos de los que posteriormente, en el cristianismo, fueron denominados "apóstoles".
 
Después de estos ejemplos, el próximo día continuaremos con la cuestión fundamental “¿Qué significa afirmar que Jesús era un sedicioso?”, y veremos si hay alternativas al menos a  esta última interpretación que considero extrema.
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
www.ciudadanojesus.com 

Viernes, 3 de Febrero 2017


Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.








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