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Conclusiones (F). Se acabó. Platón es un buen amigo. Pero el mejor amigo es la verdad.  “Jesús y la resistencia antirromana” (LXXV)

 Foto: James Crossley y Philip Davies citados en esta larga serie. Crossley tiene un blog sobre Jesús, además de escribir sesudos artículos científicos.
 
Hoy escribe Antonio Piñero
 
Hemos ya llegado al final del largo artículo de F, Bermejo, que con mis apostillas y comentarios ha dado para 75 postales!!!. Decíamos que el rechazo absoluto por parte de la investigación apologética de la existencia de la violencia en palabras y hechos de Jesús lleva a cabo a su vez una especie de violencia propia en el ámbito hermenéutico. Es así porque el investigador se ve obligado a interpretar de una manera –al menos muy rara, forzada y extraña—un buen monto de textos evangélicos. Cedo la palabra de nuevo a F. Bermejo:
 
“La tendenciosidad y el sesgo de los Evangelios son, por supuesto, reconocidos en el ámbito académico, pero estas limitaciones de nuestras fuentes –por lo demás usuales en todas las “biografías” de la época-- son demasiado a menudo reducidas al mínimo o prácticamente olvidados… cuando se trata de la reconstrucción de la vida y las actitudes de Jesús.
 
“Este tipo de violencia que afecta al texto de los Evangelios es la que se hace perceptible en las contradicciones e inconsistencias académicas que hemos ido señalando a lo largo de este ensayo. La generalización de este tipo de inconsistencias, y a veces contradicciones, en la investigación moderna no es nada divertida sino trágica, y debe dar mucho que pensar.
 
“Por último, pero no menos importante, la no aceptación constante de la hipótesis de un Jesús sedicioso, al menos al final de su vida (y decíamos que compatible con otros momentos de su vida en el que se muestra muy distinto de otros agentes mesiánicos de la época que eran en verdad caudillos militares), durante siglos podría contribuir a hacernos comprender de manera más clara la historia de la investigación sobre Jesús.
 
“Hay un ejemplo claro y muy efectivo: la idea de las tres búsquedas, las tres etapas de la investigación sobre Jesús es rotundamente falsa y sesgada. No solo lo he demostrado yo mismo en un artículo en español (“Historiografía, exégesis e ideología. La ficción contemporánea de las ‘tres búsquedas’ del Jesús histórico (1ª parte)”, Revista Catalana de Teología XXX/2 (2005), pp. 349-406. “Historiografía, exégesis e ideología. La ficción contemporánea de las ‘tres búsquedas’ del Jesús histórico (2ª parte)”, Revista Catalana de Teología XXXI/1 (2006), pp. 53-106) y otro en inglés (‘The Fiction of the “Three Quests”: An Argument for Dismantling a Dubious Historiographical Paradigm’, jshj 7 (2009), pp. 211–53..), sino otros investigadores como S.E. Porter, The Criteria for Authenticity in Historical-Jesus Research: Previous Discussion and New Proposals (Sheffield: Sheffield Academic Press, 2000), pp. 28–62; D.C. Allison, ‘Secularizing Jesus’, en idem, Resurrecting Jesus: The Earliest Christian Tradition and its Interpreters (New York: T&T Clark, 2005), pp. 1–26.
 
“Hace cuarenta años, Samuel Brandon pensó que se había logrado un notable avance, ya que era generalmente reconocido por la mayoría de los críticos que los testimonios existentes en relación con los orígenes cristianos son de tal naturaleza que se pueden extraer legítimamente otras interpretaciones históricas además de la tradicional. (‘Jesus and the Zealots: Aftermath’, Bulletin of the John Rylands Library Manchester 54.1 (1971), pp. 47–66, at p. 51.) Me temo que este gran erudito era demasiado optimista. La historia de la investigación sobre Jesús demuestra que sin lugar a dudas el destino tristemente previsible de cualquier noción de Jesús que se aparte significativamente de la concepción convencional será reprimida tanto cuanto sea posible (junto con sus corolarios) en la corriente principal de la investigación. James Crossley ha argumentado recientemente que la fuerte predominio de puntos de vista confesionales en el campo Nuevo Testamento ha evitado el que hagan importantes avances en el estudio histórico de los orígenes cristianos: ‘Jesus and the Zealots: Aftermath’, Bulletin of the John Rylands Library Manchester 54.1 (1971), pp. 47–66, at p. 51.
 
“Es cierto que después de dos siglos y medio, es difícil de llevar a cabo plantear un rechazo de dicha de participación de Jesús en la política de su tiempo. Desgraciadamente algunos lo intentan una y otra vez haciendo oídos absolutamente sordos a toda clase de argumentos puramente históricos. Por ello, no nos vamos engañar. A lo sumo, se acepta a regañadientes un respaldo parcial a la hipótesis del Jesús sedicioso. Así como Jesús es considerado como ‘judío, pero no ese tipo de judío sedicioso’; ‘Jesús era un apocalíptico, pero no ese tipo de apocalíptico' , a fortiori se considera todo lo más que Jesús fue ‘revolucionario, pero no ese tipo de revolucionario’, que tiene mucho de político aunque sea indirectamente y por implicación. Parece que hay límites que no deben traspasarse, por ejemplo, el reconocimiento de la presencia de la violencia, las espadas y la sangre en la tradición sobre Jesús. 
 
“En estas circunstancias, no hay que ser especialmente optimistas acerca el progreso futuro en los estudios de Jesús. Al igual que hasta ahora, la hipótesis será objeto de represión…, consciente o inconsciente, total o parcial. La buena historiografía busca la verdad, independientemente de la forma en la que nos sintamos emocionalmente al contemplarla, pero son demasiados en el ámbito de los estudios sobre Jesús que parecen ser absolutamente propensos a oponerse a toda costa a las ideas embarazosas, incluso a costa de la coherencia y plausibilidad. 
 
“Pero la minoría de historiadores seculares e independientes en este gremio, se sonrojan ante la visión triste y al mismo tiempo descorazonadora de un ámbito de estudio plagado de personajes que cometen a veces errores garrafales de método, pero que no se avergüenzan en lo mínimo de negar los resultados más convincentes de siglos de investigación sobre esta materia. Incluso si uno siente una profunda simpatía tanto por Jesús como por sus más sinceros seguidores de hoy día, hay que actuar de acuerdo con el lema latino, magis amica veritas: el mejor amigo es la verdad.
 
Saludos cordiales de Fernando Bermejo y Antonio Piñero 
Viernes, 21 de Abril 2017
Conclusiones (E). Implicaciones éticas y de corrección política. No se puede alimentar el antijudaísmo.  “Jesús y la resistencia antirromana (LXXIV)
Foto: En la galería de contradictores de esta hipótesis se halla el italiano Giorgio Jossa, quien repite constantemente que Jesús “atacó frontalmente al judaísmo”. Esta posición es insostenible.
 
Escribe Antonio Piñero
 
Escribíamos el día pasado que el negar empecinadamente la hipótesis de un Jesús sedicioso, el no aceptar el punto medio que hemos propuesto, a saber, que la tradición nos muestra tanto a un “Jesús pacífico” (al menos relativamente, ya que era un hombre duro y de carácter muy fuerte, nada manso y humilde de corazón) como a un “Jesús sedicioso”, lleva a la investigación a muchas  dificultades, o implicaciones, que se derivan del rechazo absoluto a la unión de figuras en un mismo Jesús que proponemos. Ahora doy la palabra a F. Bermejo, a quien a veces apostillo:
 
«La segunda implicación se refiere a una cuestión que hoy sería tanto de ética como de “corrección política”: negar tajantemente la opción del Jesús sedicioso lleva consigo explícita o implícitamente una serie de juicios morales sobre muchos contemporáneos de Jesús, que naturalmente son, en su mayoría judíos. Y ya se conocen las sensibilidades de hoy.
 
»Aunque los estudiosos tienden ahora a no hacer comentarios despectivos y difamatorios sobre las autoridades romanas y sobre todo judías, comentarios que han sido repetidos durante siglos sin demasiada reflexión, la renuencia a reconocer la postura sediciosa de Jesús equivale a culpar a los gobernantes del Israel de aquella época de una malevolencia cínica y de una descarada injusticia. Como escribe  C. Bryan, “Prefieren la comodidad de repetir a lo que es conveniente y a la justicia” (C. Bryan, Render to Caesar: Jesus, the Early Church, and the Roman Superpower [Oxford: Oxford University Press, 2005], p. 62). Con el fin de exonerar a Jesús, se ennegrecen las imágenes de legiones de ellos.
 
»Y no sólo la clase dominante, sino también gente del pueblo judío de la época son las víctimas de la concepción absolutamente despolitizada (¡y con ello parte de su religión!) del predicador galileo, Jesús, como se demuestra por el tratamiento actual de los movimientos de resistencia judíos cuando éstos se comparan con el pensamiento y actitud del Nazareno. Por ejemplo, William Klassen (cuya foto mostramos el día anterior), distingue nítidamente entre los jefes de los judíos, que podían ser romanos de Jesús, y más claramente entre los celotas y el mismo Jesús. Refiriéndose a la supuesta diferencia radical de este último con los celotas afirma: "El testimonio más claro de la actitud pacífica de Jesús es su hincapié en el amor a los enemigos Ningún celota enseñó jamás esto; morían con una maldición en los labios” (así en el artículo citado ayer: “Jesus and the zealot Option, Canadian Journal of Theology 16, 1970, p. 21).
 
»Ya hemos indicado anteriormente (consúltese la postal del 31-3-2017) dos cosas: a) que Jesús no cumplió el precepto del amor a los enemigos y b) que este mandato se refiere a un amor entre los de su clase. Escribimos  ya: “De aquí se deduce que todo el conjunto del Sermón de la Montaña se refiere (y se entiende mucho mejor)  si se piensa que Jesús se refiere a las condiciones sociales de la gente del pueblo con el que convivía en Galilea, llena de  preocupaciones económicas, agobiadas por las deudas de los impuestos… y si estos que  recaudan los impuestos son los romanos, lo que Jesús está diciendo es que la mejor manera de resistir a esta opresión política del pueblo de Dios por los invasores extranjeros es construir unas relaciones sociales entre los oprimidos, de modo que en ellas prime el amor a los adversarios, que se les perdonen todas sus agresiones e impertinencias, que se les preste dinero sin saber si se puede recobrar el préstamo, que se les ayude en todo: ayuda mutua y espíritu de solidaridad”.
 
»Uno se pregunta: ¿cuáles son las fuentes acerca de los rebeldes judíos que Klassen y otros eruditos modernos han manejado, o cuál es el razonamiento que utilizan de manera que sean capaces de hacer tales juicios? ¿Quién sabe lo que esas personas pensaban y sentían al morir? ¿Quién sabe cómo murieron de hecho esos celotas? ¿Todos con una maldición en los labios? ¿Eran todos ellos simples muñecos y autómatas? ¿Todos acababan de la misma manera? Llama la atención que el apasionado deseo de defender a toda costa la idiosincrasia de Jesús vaya de la mano de una completa indiferencia hacia la complejidad humana judía del momento en prácticamente todos los demás casos.
 
»Esta simplificación puede llegar a ser brutal,  y supone una valoración moral de desprecio de tantas personas desconocidas, fundamentalmente judías. Esta actitud que me parece acientífica es una prueba inequívoca de que con demasiada frecuencia la autodenominada “investigación histórica” de Jesús es indiscernible de la apologética teológica  y también es una prueba de que problemas éticos extremadamente graves están en juego cuando el sesgo toma el lugar del trabajo histórico sobrio y serio y lo reemplaza. (Recuerden que en Religión Digital se ha escrito una serie, bastante larga sobre el pretendido “Jesús histórico” de J. A. Pagola [comenzó en 27 /11/ 2008 y concluyó hacia el 20 / 1 / 2009]).
 
»Tras los pasos de los evangelistas (sobre todo Mateo y Juan), la investigación moderna sigue, hasta el presente, alimentando el antijudaísmo y sembrando todo tipo de prejuicios. Por ejemplo, Giorgio Jossa repite, una y otra vez, que Jesús mantuvo un ataque frontal al judaísmo: "Un attacco frontale alla spiritualita giudaica” en su obra Gesù e i movimenti di liberazione, p. 319. (G. Jossa, Gesù e i movimenti di liberazione della Palestina [Brescia: Paideia Editrice, 1980]). Este antijudaísmo subyacente es también perceptible en un buen número de páginas del volumen editado por E. Bammel y C.F. D. Moule, Jesus and the Politics of his day, muy comentado en esta serie, y no sólo en el artículo de H. Merkel: “The Opposition between Jesus and Judaism’ (La oposición entre Jesús y el judaísmo), en Bammel and Moule (eds.), pp. 129-144»
 
Todo esto da que pensar. No se puede seguir alimentando el antijudaísmo.
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.ciudadanojesus.com

No. 843.
Jueves, 20 de Abril 2017
La recuperación del Jesús histórico queda en peligro: ¿Era Jesús un pésimo pedagogo?   “Jesús y la resistencia antirromana” (LXXIII)
 
Foto: William Klassen, que compuso un ácido  artículo en el que contrapuso la opción celota y el pensamiento de Jesús Canadian Journal of Theology 16 (1970), 12-21.

Escribe Antonio Piñero
 
Continúa Fernando Bermejo con sus conclusiones. Por mi parte, no tengo otra  necesidad que  apostillar y ampliar las citas y la argumentación:
 
«Si se niega la hipótesis de un Jesús sedicioso nos topamos con una primera implicación: queda dañada la imagen recuperable del mismo Jesús. En efecto, hay muchas personas que parecen pensar que mantener a Jesús totalmente lejos de las reivindicaciones rebeldes contra Roma de gran parte de los judíos de su época es el único medio de salvaguardar una estimación más elevada de Jesús  desde una perspectiva moral y espiritual.
 
»Pero, desde el punto de vista científico, esto no es, para empezar, en absoluto sensato. Piénsese que desde el punto de vista de un judío del siglo I, de un judío que no fuera un traidor a su Ley, al espíritu de los profetas, a la tradición religiosa del país por lo menos desde los Macabeos, no había nada moralmente censurable en la actividad de aquellos que trataban de librar a su país de la hegemonía romana. Todo lo contrario. Un judío que contemplase con unos ojos la dominación de los paganos sobre la tierra de Israel era un verdadero traidor a los ideales del fariseísmo, una de las formas más puras de vivir la ley de Dios. Esto suponía proclamar indirectamente que Yahvé no era el único rey de Israel, era poner en duda la soberanía de Dios y la elección de Israel desde Abrahán.
 
»Pero hay algo mucho más preocupante. Como se ha comentado, la erudición corriente, que es fuertemente confesional, plantea sin caer en la cuenta la existencia de una enorme brecha entre los anhelos y esperanzas de Jesús  (totalmente pacifista; un mesías sufriente) y los de sus seguidores y discípulos (todo lo contrario: así Pedro en Mc 8,31 donde un supuesto Jesús  lo denomina Satanás; y los discípulos de Emaús (Lc 24,) que esperaban la liberación de Israel (“Nosotros esperábamos que sería él el que iba a librar a Israel) por mano de Jesús.  Y no digamos en el día mismo de la Ascensión: todos los discípulos preguntaron a Jesús si había llegado el momento de restaurar la soberanía de Israel (Hch 1,6: “Señor, ¿es en este momento cuando vas a restablecer el Reino de Israel?”).  Por tanto, a menudo se sostiene que Jesús fue completamente mal entendido en un sentido político-religioso.
 
»Otro ejemplo: la afirmación de que el significado del abrupto final de la escena sobre las espadas (Lc. 22,38b: “Ellos dijeron: «Señor, aquí hay dos espadas.» El les dijo: «Basta»”) es que Jesús interrumpió voluntariamente el diálogo, porque los discípulos estaban desbarrando. Ahora bien, esto implica que él no explicó a sus discípulos su verdadero pensamiento, lo que dio lugar a todo tipo de confusión y acciones comprometidas.
 
»Lo mismo podría decirse de la entrada triunfal en Jerusalén: “Hosanna al hijo de David. Bendito el que viene en nombre del Señor” (Mt 21,9); “¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Bendito el reino que viene, de nuestro padre David! (Mc 11,9-10); “«Bendito el Rey que viene en nombre del Señor!” (Lc 19,38) y Jn 12,13: “«¡ Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor, y el Rey de Israel!»”. Y el episodio con la multitud en Juan 6 en el que la multitud quiere hacerlo rey, y así sucesivamente.
 
»El corolario inevitable de todo esto es no sólo que Jesús era un maestro muy incompetente rodeado de discípulos muy incompetentes (una idea perturbadora de hecho), sino también que aumentó unas esperanzas que no esperaba satisfacer. Jesús entonces –en este supuesto– fue en realidad un engañador, ya que permitió a la gente caer en un error invencible. H. Maccoby observa críticamente que, según la opinión predominante de la exégesis confesional, es que el Nazareno estaba alimentando y haciendo crecer unas esperanzas políticas que él no tenía intención de satisfacer. En realidad estaba induciendo a su discípulos y a la gente de Galilea y de Jerusalén que participara en actos políticos por los que tendrían que sufrir una pena severísima severas” (Revolution in Judaea, p. 174).
 
»Incluso aunque supusiéramos que nuestras fuentes no pintan a Jesús como el mejor pedagogo de la Antigüedad, no tenemos motivo alguno para pensar –también de acuerdo con la fuentes– que Jesús fuera tan inepto como para dejar que sus discípulos, y el pueblo,  no lo comprendieran al menos durante meses y meses. No podemos caracterizar a Jesús como un inepto semejante. Por tanto, algo falla en la interpretación de que Jesús era un absoluto y claro pacifista.
 
»Si las expectativas políticas y esperanzas fueron motivadas por Jesús mismo, pero se apartó totalmente de ellas a continuación, debería explicarse bien porque sufría de un grado de falta de realismo lindando con el autismo, o –- lo que es aún peor –- que la decepción había sido provocada conscientemente por Jesús y que él era una especie de impostor sin escrúpulos. Aunque no tenemos razones para pensar que esto fuera así, esta es la deducción inevitable que debe extraerse de las reivindicaciones imperantes en la exégesis confesional acerca de un Jesús totalmente pacífico.
 
No es posible, pues, mantener esta última tesis, pues pinta de muy mala manera a un Jesús que era un pésimo maestro y un irresponsable que engañó a todo el mundo».
Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.ciudadanojesus.com
Martes, 18 de Abril 2017
Conclusiones (C): Un sencillo experimento.Si se hace quedará uno convencido.   “Jesús y la resistencia antirromana” (LXXIII)
 
Foto: C. F. D. Moule, colega de E. Bammel en el ataque más furioso y decidido –pero no por ello más objetivo– contra la hipótesis de un Jesús sedicioso.

Hoy escribe Antonio Piñero

Escribí el día anterior que en las “Conclusiones” del artículo de Fernando Bermejo, que hemos comentado largamente, voy a intervenir poco, ya que me parece mucho más importante, e impactante, dejar que se oiga la voz del autor. Algunos de los lectores se molestará por la ironía del estilo bermejiano, y por su batería de alusiones a sus adversarios, que algunos interpretarán como maliciosas. Pero el estilo es el hombre y no puede cambiarse.
 
«Un sencillo experimento mental es suficiente para comprender el alcance de la mistificación que prevalece en los estudios sobre Jesús. ¿Qué pasaría si el referente del material sedicioso disponible fuera sobre otro judío cualquiera del primer siglo? La respuesta es obvia. Si sólo la mitad de las textos y pruebas que tenemos acerca del Jesús sedicioso fueran testimonios referidos a cualquier otro judío de su época, el mundo académico habría llegado mucho tiempo atrás, y por unanimidad, a la conclusión de que tal sujeto era un insurrecto, y habría excluido como la cosa más improbable –por no decir ridícula y estúpida– cualquier idea de él de que era una suerte de pacifista. 
 
»Ahora bien, debido al significado religioso de Jesús para millones de nuestros contemporáneos (incluyendo la mayoría de los que presumen de hacer investigación puramente histórica sobre él), se hace de Jesús algo extraordinario y único. Se convierte así Jesús en un objeto de admiración y ante él se rinden otras ideas. Por ello puede decirse hoy día que  la investigación histórica sigue siendo, para la mayoría que compone el gremio de estudiosos de Jesús, “la criada de la teología” (recordemos el dicho de la filosofía escolástica medieval que “la filosofía es la criada de la teología”). Y ello ocurre hasta tal punto que la hueste de los estudiosos no ha eliminado –y presumiblemente nunca eliminará– la cera teológica que tapona sus oídos. Esta realidad –la de hacer de Jesús algo único– es suficiente para explicar por qué la hipótesis de un Jesús sedicioso –que de otro modo habría sido considerado la más plausible– es considerada por la mayoría como la más inverosímil y extravagante.
 
»La represión constante que existe en el ambiente de la investigación histórica me impide albergar la ilusión de que esta vez vaya a suceder de otro modo. Mantener alguna brizna de esperanza en este sentido sería peor que mera ingenuidad. En nuestro caso se podría decir lo que Christophe Batsch escribió sobre  el “pacifismo” de los esenios: “Incluso entre los espíritus mejores y los mejor formados en la crítica histórica la fuerza de la idea continuamente repetida y recibida de que los esenios eran totalmente pacíficos continúa imponiéndose a la evidencia documental”: “Le pacifisme des esseniens, un mythe historiographique” (El pacifismo de los esenios, un mito historiográfico): Revue de Qumran 83, 2004, pp. 457–468; la cita corresponde a la p. 457).
 
»La noción de Jesús como el “Príncipe de la Paz” ocupa un lugar preponderante en la conciencia de la humanidad, y el reino de los estudiosos no es una excepción. Obsérvese el caso de un ilustre aramaísta, Matthew Black, que comenta el siguiente texto de Mateo:
 
“No penséis que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada. Sí, he venido a enfrentar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; y los enemigos de cada uno serán los que conviven con él” (10,34-36)
 
con las palabras que siguen: “Este pasaje no parece un dicho auténtico del Príncipe de la Paz” (‘“Not peace but a sword”: Matt 10:34ff; Luke 12:51ff’, in Bammel and Moule (eds.), Jesus and the Politics of his Day, pp. 287–94, 290; libro citado en la postal del día anterior).
 
»Sin embargo, espero al menos que todo lo escrito en este largo ensayo sea útil para los estudiosos honestos y autocríticos. Espero que se den cuenta de que sus declaraciones despectivas sobre la hipótesis de un Jesús sedicioso (y sobre sus defensores) no son otra cosa que ilusión y autoengaño y el resultado de la pura ignorancia voluntaria. Me atrevo a decir que hay que perdonar a la gente que se atreve a hacer dichas declaraciones tan despectivas sobre nuestra hipótesis porque, al parecer, “no saben lo que están diciendo” (Lc 23,34). Espero que tras la lectura serena de todo lo escrito en las pasadas páginas sea quizás más fácil que la investigación que prevalece en la actualidad caiga de una vez en la cuenta de las inquietantes implicaciones que tiene el rechazo o la ignorancia del material sedicioso que hay en los Evangelios».
 
El próximo día no tendremos mejor cosa que hacer que explicitar cuáles son estas ominosas implicaciones de la negativa a considerar la hipótesis de un Jesús sedicioso que afectan a la comprensión histórica de Jesús.
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.ciudadanojesus.com 
Domingo, 16 de Abril 2017
Conclusiones (B): Cuestión imposible: ¿Suspendamos el juicio?   “Jesús y la resistencia antirromana” (LXXII)
 
Foto: E. Bammel, es uno de los más recios, y diría que furiosos, contradictores de la hipótesis de un Jesús sedicioso. So obra Jesus and the Politics of his Day (“Jesús y la política de su tiempo” eds. E. Bammel y C. F. D. Moule), Cambridge University Press, 1988), que es una especie de “summa” (resumen) de argumentos, ordenados por temas/capítulos, dirigidos expresamente contra la obra de Samuel G. F. Brandon, Jesus and the Zealots (“Jesús y los celotas”), Manchester University Press, 1967, de la que no existe –salvo error– traducción castellana.
 
El siguiente párrafo de las conclusiones del artículo de F. Bermejo no tiene desperdicio y está escrito con pasión. Hoy tampoco tengo que hacer mucho, más que traducirlo del inglés, y en todo caso hacer alguna pequeña paráfrasis o expansión:
 
«Hemos quedado ya en que el rechazo de la hipótesis de un Jesús sedicioso es un procedimiento arbitrario. Pero alguien podría afirmar: “Es una cuestión tan oscura, es de una solución tan imposible que lo mejor es suspender el juicio y dejarlo como tema abierto”.
 
»Sin embargo, creo que la suspensión del juicio es igualmente insatisfactoria e intelectualmente decepcionante. Esta es la postura ha sido adoptada por algunos autores que afirman que los textos sobre Jesús en relación con Roma son "ambiguos y abiertos a debate y desacuerdos persistentes". Pongo un solo ejemplo en el que se sostiene esta postura: M. Bockmuehl, 'Resistance and Redemtion en the Jesus’ Tradition”, en M. Bockmuehl y J. Carleton Paget, Redemption and Resistance: The Messianic Hopes of Jesus and Christian in Late Antiquity, Londres: T & T Clark, 2009), p. 74: " La implicación de Jesús con la resistencia antirromana es un problema que sigue sin resolverse”. 
 
»Mi respuesta es: Esto podría ser adecuado sólo en el sentido de que, dada la cantidad de material evangélico ha sido en verdad tanto manipulado, su interpretación no es sencilla; pero es un error el que una mente crítica y sin prejuicios deba deducir esta postura de todos los testimonios que ofrecen los Evangelios. A la luz de la investigación que se ha desarrollado en las postales anteriores, yo diría que esto no sólo es falso, sino también trágicamente engañoso. El aspecto trágico de esta actitud radica en el hecho de que se presenta con la aparición de rigor académico y de prudencia ("No hagamos deducciones precipitadas sobre un asuntos oscuros”), al tiempo que permite que la minoría de estudiosos que son defensores de la hipótesis –es decir, la postura adoptada en esta serie– aparezca como arbitrariamente dogmática. 
 
Sin embargo, la pura verdad es que cuando es posible conocer algunas cosas con seguridad (y se ha argumentado que podemos estar razonablemente seguros de que Jesús estaba involucrado en actividades sediciosas), la insistencia en que una cuestión está todavía sin resolver implica abdicar de la responsabilidad del historiador y adoptar una postura poco científica. Es cierto que se podría discutir perpetuamente si los romanos o los judíos, o una multitud combinada, fue la que prendió a Jesús, o bien que la apelación "celota", como una designación para un discípulo de Jesús, es o no una prueba de su pertenencia a un partido formado por insurrectos, o si el incidente en el Templo (la denominada “Purificación”) era un evento más o menos importante, o bien cuán grande era la multitud presente en la "entrada triunfal"  en Jerusalén , y así sucesivamente. De acuerdo.
 
Pero lo que no puede discutirse constantemente –porque es un hecho textual innegable – es lo siguiente:
 
· La existencia de un patrón convergente que apunta a un Jesús sedicioso. 
 
· Que una parte de los testimonios del Evangelio han sido manipulados por la tradición o por sus autores. 
 
· Que los evangelistas han cargado sobre los hombros de los judíos la culpa de la muerte de Jesús, aunque de los textos se desprende que el prendimiento fue una acción cuya responsabilidad y autoridad final era de los romanos
 
· Que si negamos la hipótesis, se incurre en una serie de incoherencias e improbabilidades históricas. 
 
· Que no se puede discutir perpetuamente si la historia de Jesús se ha despolitizado o no en la tradición. 
 
Y finalmente, que
 
· La explicación más plausible de la crucifixión de Jesús es su participación en actividades sediciosas contra el Imperio Romano, y que este se vio impelido a  tomar la decisión de crucificar a tres personas a la vez durante una Pascua por razones serias, a saber porque la majestad romana se veía gravemente lesionada.
 
Todo esto no se puede negar, a menos que uno sufra de graves problemas de percepción o, expresándolo con palabras bíblicas, si “Uno tiene oídos para no oír”.
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.ciudadanojesus.com
Nº 840
Viernes, 14 de Abril 2017
Conclusiones  (A).   “Jesús y la resistencia antirromana” (LXXI)
 
Foto: Karl Kautsky. Historiador checo-austríaco marxista, luego social demócrata, que en 1908 publicó una obra de gran impacto: “El origen del cristianismo” (original alemán Der Ursprung des Christentums, Stuttgart; versión inglesa Foundations of Christianity, Russell and Russell, New York, 1953), en el que estudiaba a Jesús ante todo desde un punto de vista de la historia social. Según Kautsky, el mundo de Jesús era el del campesinado, lo que explica que en su predicación se dirigiera ante todo hacia los pobres, precisamente en cuanto tales. El mundo espiritual de Jesús estaba muy cercano al de los esenios, con los que compartía un fuerte nacionalismo y una mentalidad de belicosa oposición tanto hacia las clases más altas de su nación como contra los romanos opresores.
 
Escribe Antonio Piñero
 
Llegados a este momento de mi comentario/síntesis/reordenación del material del artículo de F. Bermejo, tantas veces citado (“Jesus and the Anti-Roman Resistance. A Reassessment of the Arguments, publicado en elJournal For The Study Of The Historical Jesus” 12 (2014) 1-105), me queda muy poco que añadir. Pienso que es mejor ceder prácticamente en su totalidad la palabra al autor. Las conclusiones son muy detalladas y ocupan desde la p. 98 hasta la 106. F Bermejo escribe por mi parte me permito amplificar algunas frases de la traducción para que su pensamiento quede aún más claro):
 
«El análisis anterior ha presentado cuatro argumentos principales que apoyan de una manera novedosa la propuesta de un Jesús sedicioso.
 
»En primer lugar, la presencia de un cuadro persistente de testimonios en el Nuevo Testamento, que goza de la mayor probabilidad de historicidad.
 
»En segundo lugar, el gran poder explicativo de la hipótesis construido a la luz y a partir de la pauta o patrón.
 
»En tercer lugar, la constatación de que falta –en los planteamientos propuestos por la hipótesis de un Jesús pacifista– una alternativa convincente y unificadora, es decir una hipótesis en contrario que explique todos los textos, y que la atomización/compartimentación del material, tal como hacen muchos historiadores confesionales, seleccionando unos y omitiendo otros, es un método de aproximación a los textos, y por tanto a Jesús, muy poco convincente.
 
»En cuarto lugar, el hecho de que todas las objeciones formuladas contra la hipótesis pueden ser respondidas de manera convincente.
 
»Estos argumentos, en su conjunto, son los cuatro pilares de un sólido edificio académico. En este sentido, la afirmación general de que se ha infligido un golpe mortal a la hipótesis de un Jesús sedicioso no sólo es totalmente gratuita, sino demostrablemente falsa. Además, y dicho sea de paso, la imagen que los contradictores de la hipótesis pintan del Jesús sedicioso no se corresponde bien con la dibujada por los defensores de esta hipótesis que presentan un dibujo muy bien diferenciado en sus rasgos.
 
»Sería injusto afirmar que mediante la propuesta de la imagen de un Jesús rebelde estamos alejándonos en  demasía del Jesús transmitido por la tradición de los evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas). Esto no es así, porque en ningún momento se ha recurrido a la versión eslava de Josefo, ni a los textos de autores anticristianos del paganismo (Celso, Hierocles ...) que hacen alusión a Jesús como un rebelde, ni a la polémica judía, ni a los textos apócrifos sospechosos. Por tanto, el Jesús que se ha presentado siguiendo esta hipótesis no es un Jesús oculto detrás de las fuentes o más allá de ellas. Los bloques de la construcción de la figura del Jesús sedicioso se han tomado de los propios Evangelios canónicos (a veces complementados con otros escritos del Nuevo Testamento). Se trata de que son las Escrituras cristianas mismas, los textos inspirados, las que nos proporcionan este punto de vista, y no las “mentes fantasiosas” de Reimarus, Hennell, Kautsky, Eisler, Brandon, Maccoby, etc.
 
»Dicho de otro modo, el Jesús sedicioso es también un Jesús recordado por la tradición. Esto, a su vez, significa que si Jesús no era un sedicioso, los Evangelios –en la medida en que contienen muchos testimonios que de otro modo son ininteligibles– serían desesperadamente textos absurdos y sin sentido. A menos que los Evangelios sean cuentos contados por un idiota, como dice Shakespeare de la vida, la participación de Jesús en actividades antirromanas es un corolario ineludible de los textos evangélicos propuestos y analizados imparcialmente.
 
»Maurice Casey escribió una vez: " Una función importante de la erudición al uso ha sido la de evitar cualquier cosa que fuera demasiado incómoda" (en su obra “From Jewish Prophet to gentile God” = Del profeta judío a un dios pagano”. James Clarke y Co., Cambridge, 1991, p. 171). En ninguna parte es esta observación tan oportuna como en este momento. Aunque no deben hacerse estimaciones simplistas de los motivos personales de los estudiosos, es más que posible que una de las razones de que la hipótesis de un Jesús sedicioso provoque reacciones alérgicas en el grupo de los estudiosos confesionales no es difícil de vislumbrar: se trata de un tema extremadamente molesto para muchas personas, quienes lo ven como una afrenta a sus creencias más preciadas. Ocurre también que, con muy buena voluntad sin duda, hay muchos cristianos que están implicados en la no violencia como solución a los problemas de este mundo, por lo que necesitan a toda costa una imagen de un Jesús que haya sustentado un movimiento similar no violento.
 
»La noción de Jesús como un hombre que comparte la ideología y los valores de muchos de sus contemporáneos desmiente el mito de su singularidad, es decir, el que Jesús sea un únicum incomparable: no ha habido persona en el mundo que pueda comparársele. La pintura de Jesús como un judío de espíritu nacionalista, un Jesús que toma partido por esta mentalidad y que no es indiferente a que los romanos sean los que ejercen el control político de su tierra–, asesta un golpe mortal a la idea de un “Señor universal”.
 
»Tenía razón Brandon al afirmar que, en el pensamiento cristiano, el desarrollo de la doctrina de la divinidad de Cristo y de su papel como el salvador de toda la humanidad hace que sea difícil de contemplar que él podría haber estado implicado en los asuntos internos judíos, en especial en los que podrían ser calificados como revolucionarios (“Jesus and the Zealots”, p. 320). Ciertamente si se dibuja a un Jesús que de algún modo encabezaba un grupo armado (al menos al final de su vida) se inflige un golpe mortal a la noción de “un varón de dolores, manso y humilde de corazón”. La noción de que Jesús estuvo implicado activamente en la resistencia antirromana convierte en muy implausible la idea de que él fue a Jerusalén para morir voluntariamente, es decir, arrostró su muerte de un modo voluntario.
 
»H. Maccoby escribió: "Cuando Jesús entró en Jerusalén en su última apuesta por instaurar el poder de Dios (es decir, instaurar el Reino) sabía que estaba arriesgando su vida; pero no tenía como objetivo perderla. Su objetivo era tener éxito, que los romanos fueran derrotados y que se estableciera el reino de Dios en la tierra" (“Revolution in Judaea”, pp. 135-136). Hay que admitir que la hipótesis de un Jesús sedicioso hace añicos el conmovedor relato de un Jesús que fue a la muerte como una víctima desamparada. En verdad, ciertos elementos claves del mito cristiano caen a tierra o se colapsan».
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.ciudadanojesus.com
Nº 839
Miércoles, 12 de Abril 2017
El Jesús recordado tiene muchas caras.   “Jesús y la resistencia antirromana” (LXX)
 Foto: Claude G. Montefiore. Este autor, judío inglés, inicia desde el siglo XIX una cadena de estudiosos judíos que recuperan la figura de Jesús para el judaísmo, que hasta ese momento lo consideraba como un proscrito absoluto.
 
Escribe Antonio Piñero
 
Escribíamos ayer que no hay razones contundentes para rechazar la hipótesis de un Jesús sedicioso. Hoy añadimos otra idea: es cierto que la tradición, o la denominada “memoria social” del pueblo judío de la época de Jesús nos ha transmitido también otra faceta suya: un personaje que exhortó a no practicar la violencia, un “Jesús pacifista”. La pregunta es: ¿No será posible que las dos facetas correspondan al mismo personaje y que las dos sean auténticas? ¿No parece metodológicamente sano, si aparecen con fuerza las dos perspectivas en la historia de la tradición, intentar dar explicaciones de las dos (el Jesús pacifista y el Jesús llamémosle violento)?
 
F. Bermejo en la parte conclusiva de su largo artículo/ensayo concluye que la vida de Jesús pudo reflejar dos “trayectorias divergentes”, pero las dos verdaderas. Y en ese caso, la tarea del historiador sería dar razón de ambas, no de una sola:
 
“En vez de escoger una de esas trayectorias y rechazar la otra totalmente (el  caso “normal” consiste en admitir solo los textos que apuntan a un Jesús pacifista y rechazar la cadena de textos que señalan la existencia de un Jesús sedicioso), ¿sería posible proponer un Jesús que haya sido capaz de producir “refracciones divergentes” de una misma trayectoria? En estas circunstancias, es decir, dado que la tradición nos proporciona textos de una y otra trayectoria, la tarea histórica general consiste en considerar lo que podría haber sucedido en el pasado para producir las diferentes trayectorias que existen, en lugar de elegir una corriente de la tradición como fuente confiable de información histórica y rechazar la otra” (p. 98).
 
El historiador puede pensar, por ejemplo, que las diversas circunstancias de la vida pública de Jesús le llevaron en unos momentos a adoptar una actitud, pacifista, y en otros a manifestar otra actitud propensa a la violencia y al rechazo de los enemigos, que no solo lo eran de la nación, sino también de la religión nacional. También podemos pensar que –dependiendo de las circunstancias, o de los posibles adversarios que tuviera delante– una u otra actitud podría ser percibida por su público como no contradictoria, o bien que una u otra actitud podía presentarse según el tipo de público que lo estuviera oyendo.
 
En este lugar cita F. Bermejo algunos autores modernos que han ensayado este método de explicar las dos actitudes posibles de Jesús. Entre ellos hay uno, Larry Hurtado, que quizás conozcan bien los lectores porque obras suyas han sido publicadas en español por la editorial “Sígueme” de Salamanca (por ejemplo, ¿Cómo llegó Jesús  ser Dios? Cuestiones históricas sobre la primitiva devoción a Jesús, Ediciones Sígueme, Salamanca, 2013,), editorial a quien nadie puede acusar de “no católica”. O bien, A. Le Donne, Historical Jesus: What Can We Know and How Can We Know it? (Grand Rapids, mi: Eerdmans, 2011); o su otro libro, The Historiographical Jesus: Memory, Typology, and the Son of David (Waco, Tx: Baylor University Press, 2009).
 
Así pues, en lugar de dedicarse a eliminar de una manera arbitraria, o no considerar, o interpretar forzadamente, material de los Evangelios que apuntan al Jesús sedicioso, lo que se debe hacer es aceptar ese material e interpretarlo de la manera más sencilla y directa. Y, a la vez, aclarar que uno y un mismo personaje tuvo en unos momentos una postura pacifista, y en otros, una violenta. No se trata, pues, de que el aspecto pacifista de Jesús elimine por completo el aspecto sedicioso, o al revés, sino aceptar que un mismo y único personaje tuvo durante su vida pública los dos aspectos… y que eso no es contradictorio.
 
Hemos indicado repetidas veces que el aspecto “violento” o sedicioso de Jesús aparece especialmente en los instantes finales de su vida pública, o solo cuando la gente obtenía las consecuencias prácticas de su predicación de un reino de Dios en la tierra de Israel, un Reino que no podía admitir en su seno a los romanos, sin más. Pero en otros momentos, lo que se veía en Jesús era la actitud del sanador, del exorcista, que intentaba reconducir de nuevo a la sociedad al individuo excluido de ella porque estaba poseído por el demonio, una actitud de amor al prójimo dentro de la comunidad, o grupo,  de quienes no eran enemigos declarados del Dios de Israel, una actitud de ayuda mutua, de perdón, de amor y de paz. ¡Las dos actitudes!
 
Pero en los momentos finales de su vida, cuando creía absolutamente cercana la instauración de reino de Dios, cuando hizo su entrada triunfal en Jerusalén, cuando purificó el Templo…, cuando sibilinamente indicó que no se debía pagar el tributo de la capitación al Imperio Romano ¿qué actitud iba a mostrar ante su público…? ¿La de un pacifista a ultranza? En absoluto. El haberlo hecho así..., ¡hubiese sido verdaderamente contradictorio e incomprensible para cualquier judío de su época que fuera medianamente religioso!
 
En conclusión: expliquemos las dos actitudes de Jesús, la pacifista y la violenta. No rechacemos una de ellas para quedarnos solo con la mitad de Jesús, que como todo personaje grande en la historia tuvo más de una faceta.
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
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Lunes, 10 de Abril 2017
No hay objeciones contundentes y definitivas contra la hipótesis de un Jesús sedicioso.   “Jesús y la resistencia antirromana” (LXIX)
Escribe Antonio Piñero
 
Foto: Un libro de Joel Carmichael. Este defensor de la hipótesis del Jesús sedicioso es poco conocido. Solo este libro ha conseguido ver varias ediciones.
 
Antes de pasar a las conclusiones, F. Bermejo hace unas reflexiones finales sobre la ausencia real de objeciones que puedan considerarse definitivas contra la hipótesis de un Jesús sedicioso. En realidad –opina– no se ha propinado un golpe definitivo y fatal contra esta hipótesis.
 
Hay que afirmar claramente: la suma total de objeciones puede parecer impresionante, pero una vez examinada una a una con tranquilidad tales dificultades puede decirse que han sido desmontadas, igualmente una a una, en cuanto a su peligrosidad. No es que la hipótesis sea débil, sino que muchos estudiosos que parten de una posición a priori (“Está bien asentada la imagen tradicional de un Jesús pacifista”) se esfuerzan por convencerse a sí mismos de que la hipótesis contraria –el Jesús sedicioso–es muy frágil.
 
Ahora bien, la estrategia utilizada para defender esta idea no es correcta porque no se consideran todos los textos que proporcionan los Evangelios, sino que se escogen los que conviene omitiendo todos los demás. Lo que se achaca a los partidarios de defender la hipótesis del Jesús sedicioso (no citar los textos que no convienen) es lo que suele hacerse para defender la idea contraria.
 
Después de esta larga serie de postales puede concluirse que no hay ni un solo texto decisivo contrario radicalmente a la hipótesis del Jesús sedicioso. Y aceptamos totalmente la propuesta de que no se debe fragmentar la tradición evangélica, a menos que haya razones poderosísimas para hacerlo.
 
Si esta tradición presenta a) a un Jesús pacifista, pero b) también ofrece la imagen de un Jesús sedicioso a los ojos del Imperio y que está implicado en algunas acciones que suponen violencia, hay que explicar a) y b). No es un  bien sistema científico aceptar solo a) y rechazar b) sin sólidas razones. Y la defensa de la hipótesis del Jesús sedicioso ha intentado aceptar tanto el Jesús pacifista (a) como el Jesús violento (b).
 
Recordemos que hemos propuesto que el Jesús violento se muestra preferentemente al final de su existencia, cuando se precipitan los acontecimientos en los que Jesús empieza a sospechar que su vida está en grave peligro. Tenemos que recordar que en postales anteriores sostuvimos que  
 
1.  Hubo una evolución espiritual en Jesús. Y esto los sabemos por dos razones
 
a) Los matices sediciosos aparecen con mayor claridad en las etapas finales de su vida. Son ante todo los últimos días en Jerusalén
b) El pasaje de Lc 22,36 (“El que no tenga espada que venda su manto y compre una espada”) es el testigo de un cambio en la actitud de Jesús. Hay varios pasajes del Evangelio que indican que, como el momento decisivo en Jerusalén se acercaba, Jesús se tomó algunas situaciones críticas y adoptó algunas graves decisiones. Así, consúltense los pasajes ya citados: Mc 14,33-35; Mt 26,37-39; Lc 22,43-44. Jesús estaba en realidad angustiado y hubo de tomar decisiones que antes, en su vida pública, no había adoptado porque no se había presentado una situación de angustia y acoso como el de sus últimos días en Jerusalén.
 
2. Y refiriéndonos sobre todo a la cuestión clave del amor a los enemigos proclamado en Mt 5,38-48 hemos afirmado que entre el texto de Mt 5,38 – 48 y una postura sediciosa de Jesús no hay en el fondo contradicción alguna si se examina todo el texto del Evangelio de Mateo.
 
“De hecho” –escribe Bermejo– “las dos antítesis finales del Sermón de la Montaña solo tienen sentido pleno no en el ámbito político (o al menos no primaria y específicamente en este terreno, ya que Mt 5,44 no se refiere a oponentes políticos),  sino más bien en un contexto de interacción social y local, y más probablemente en conflictos que estarían relacionados con las dificultades económicas de ciertos grupos que se estaban deteriorando debido precisamente a la imposición rigurosa de tributos por parte de los gobernantes clientes del poder romano (Herodes Antipas en Galilea)”.
 
“Si esta lectura es correcta, el dicho ‘Amad a vuestros enemigos’ no estaba dirigido a los enemigos políticos, sino que, paradójicamente, expresaba una forma de resistencia a la dominación extranjera opresora a través de las relaciones sociales constructivas que se caracterizaban por la asistencia mutua y un espíritu de solidaridad dentro del grupo oprimido” (pp. 91-92).
 
Con otras palabras: no hay que romper en pedazos, no se puede compartimentar lo que la tradición mantiene unido (las dos imágenes: un Jesús pacifista y un Jesús sedicioso, a no ser que tengamos muy buenas razones para hacerlo. A menos que podamos estar absolutamente seguros de que hay una contradicción insuperable entre declaraciones solo contradictorias a primera vista, el procedimiento habitual que consiste en rechazar la hipótesis de un Jesús sedicioso es simplista y arbitraria porque no tiene en cuenta toda la información que proporcionan los Evangelios.
 
Estos razonamientos conclusivos me parecen muy interesantes. El próximo día concluiremos con esta reflexión que anima a intentar explicar todos los textos y  nos solo una parte. Nos zambulliremos luego en el ámbito de las concusiones finales.
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
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Sábado, 8 de Abril 2017
“Amigo de publicanos y pecadores”.  ​“Jesús y la resistencia antirromana” (LXVIII)
Escribe Antonio Piñero
 
Foto: Martin Hengel ha sido uno de los estudiosos alemanes que más se ha opuesto a la hipótesis de un “Jesús sedicioso” en el libro  War Jesus Revolutionär? (“Era Jesús un revolucionario?”).
 
Esta es la última de las objeciones serias  a las que se enfrenta F. Bermejo en al largo y denso artículo sobre Jesús sedicioso que estamos comentando. La cuestión puede formularse así:
 
a) Hay prácticamente un consenso entre los investigadores acerca de que Jesús tuvo un notable contacto con los recaudadores de impuestos; es claro que este hecho era un aspecto decisivo en su ministerio público.
b) Ahora bien, como los publicanos/recaudadores de impuestos eran activos colaboradores del Imperio Romano, es imposible que sea verdadera la imagen de un Jesús sedicioso. Ningún antirromano en la Judea de la época habría tratado amistosamente a colaboracionistas con el Imperio.
 
Luego Jesús no podía ser un sedicioso antirromano.
 
La objeción es importante y hay que examinarla cuidadosamente. Veamos en primer lugar los textos completos y observaremos en seguida que esos textos distan mucho de ser absolutamente claros como base para una objeción seria
 
A. Jesús como amigo de publicanos y pecadores:
 
· Mc 2,15: “Y sucedió que estando él a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos, pues eran muchos los que le seguían”.
 
· Mt 11,19: “Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: «Demonio tiene». Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: «Ahí tenéis un comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores». Y la Sabiduría se ha acreditado por sus obras”.
 
 
· Lc 7,34: “Ha venido el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: “Ahí tenéis un comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores” (Es el paralelo de Lucas y procede muy probablemente de la Fuente  Q.
 
 
B. Jesús critica el oficio en sí de los publicanos:
 
 
· Lc 18,9-14:
 
 
“Dijo también a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, esta parábola: 10 «Dos hombres subieron al templo a orar; uno fariseo, otro publicano. 11 El fariseo, de pie, oraba en su interior de esta manera: “¡Oh Dios! Te doy gracias porque no soy como los demás hombres, rapaces, injustos, adúlteros, ni tampoco como este publicano. 12 Ayuno dos veces por semana, doy el diezmo de todas mis ganancias.” 13 En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se atrevía ni a alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: “¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!” 14 Os digo que éste bajó a su casa justificado y aquél no. Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado»”.
 
 
· Lc 19,1-9:
 
 
“Habiendo entrado en Jericó, atravesaba la ciudad. 2 Había un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de publicanos, y rico.  3 Trataba de ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la gente, porque era de pequeña estatura.  4 Se adelantó corriendo y se subió a un sicómoro para verle, pues iba a pasar por allí.  5 Y cuando Jesús llegó a aquel sitio, alzando la vista, le dijo: «Zaqueo, baja pronto; porque conviene que hoy me quede yo en tu casa.»  6 Se apresuró a bajar y le recibió con alegría.  7 Al verlo, todos murmuraban diciendo: «Ha ido a hospedarse a casa de un hombre pecador.»  8 Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: «Daré, Señor, la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré el cuádruplo.»  9 Jesús le dijo: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abrahán,  10 pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido»”.
 
 
Estos textos son suficientes, aunque tampoco demasiado numerosos para fundamentar las dos actitudes de Jesús. Además, son solo dos los que afirman de Jesús que come (o se hospeda) con publicanos, contra otros dos que critican su oficio.
 
 
Respuesta a la objeción:
 
 
1. Se trataba probablemente de judíos, de recaudadores de impuestos de segunda clase, no de los funcionarios romanos que cobraban el impuesto principal, la “capitación”  a todo judío a vivía en Israel. Eran ciertamente colaboradores de Herodes Antipas, en Galilea, o indirectamente de Poncio Pilato, en Judea que cobraban las tasas a productos del campo o industriales o a productos que pasaban de una ciudad a otra (el “fielato” antiguo español). Estos recaudadores eran o bien judíos o sirios, raramente con ciudadanía romana.
 
 
Jesús trataba, pues, prácticamente siempre con recaudadores judíos y esperaba de ellos que se convirtieran, que dejaran su vida pecadora. No los admitía en cuanto colaboracionistas, sino como potenciales conversos para que pudieran entrar en el reino de Dios. Y unos conversos que parten de una vida llamativamente pecadora, llena de impurezas rituales, que eran judíos pero por su modo de ganarse la vida no podían observar las normas prescritas por los fariseos y que, por tanto, pertenecían al “pueblo de la tierra”, inculto en cuanto a la Ley y poco observantes, aptos, si no cambiaban de vida, para ir al infierno por toda la eternidad.
 
 
Pero Jesús los  buscaba porque su misión era convertir a todo Israel: “Al ver los escribas de los fariseos que comía con los pecadores y publicanos, decían a los discípulos: «¿Qué? ¿Es que come con los publicanos y pecadores?»  Al oír esto Jesús, les dice: «No necesitan médico los que están fuertes, sino los que están mal; no he venido a llamar a justos, sino a pecadores»” (Mc 2,16-17).
 
 
Por tanto, Jesús no los consideraba especialmente como colaboracionistas con el Imperio, ni como amigos suyos, sino como pecadores que pueden convertirse. No se ve de ningún modo que desde esta perspectiva la actitud de Jesús sea un grave impedimento contra la hipótesis que lo ve como sedicioso, ciertamente pero que deja en manos de Dios el establecimiento del Reino. No está a gusto Jesús con los publicanos porque sean “amigos del Imperio”, sino solo como potenciales conversos. De hecho, si hacemos caso a los Evangelios, los dos grandes pecadores/publicanos que aparecen en ellos, Mateo/Leví y Zaqueo, se convierten, dejan su trabajo, siguen a Jesús o bien reparten una gran porción de su riqueza (Zaqueo) entre las gentes a los que han defraudados y en adelante llevan una vida piadosa. ¿Qué más se puede pedir?
 
 
El otro caso, que no es de la vida real, sino una parábola, dibuja a un publicano que se comporta de modo muy distinto al fariseo (Lc 18,9-14: transcrito arriba)…, y que es justificado (declarado justo) por Dios cuando se declara pecador y se arrepiente. Por tanto “La parábola del fariseo/publicano, el caso de Zaqueo (e incluso el de Leví/Mateo) no pueden utilizarse como argumentos de que Jesús mostraba una actitud amable y comprensiva con los recaudadores de impuestos (como colaboradores con Roma)” (O. W. Walker, “Jesus and the Tax Collectors”: Journal of Biblical Literature 97 (1978) p. 229.
 
 
B. Hay un par de textos de los Evangelios que muestran que Jesús no estaba para nada de acuerdo con la vida que llevaban los publicanos y que los criticaba duramente. Los siguientes:
 
 
1. Mt 5,45-47: “Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles?”.
 
 
2. Lc 18,13 (parábola transcrita). Me fijo en la crítica del publicano a sí mismo, con la que Jesús está de acuerdo: “En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se atrevía ni a alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: “¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!”. Jesús lo presenta, pues, como pecador, no como alguien cuya vida le guste. Un pecador como tal no es amigo de Jesús, sino un posible “cliente” de la conversión. Por tanto, la vida de Jesús no mostraba ninguna actitud receptiva respecto a esos personajes. Del mismo modo que Jesús tampoco estaba de acuerdo con la vida de las prostitutas, sino que veía que algunas estaban dispuestas al arrepentimiento. Eran clientas potenciales para entrar en el Reino.
 
 
C.  Los textos de Mt 11,19/Lc 7,34 (véase arriba) son acusaciones de los adversarios, exageradas y diríamos que falsas, como los textos en sí mismos apuntan. Pues si  aceptamos esas acusaciones como verdaderas, tendríamos que admitir que era verdad también que Juan Bautista “tenía un demonio”, lo cual era evidentemente falso para Jesús. Por tanto, también era falso para Jesús que él fuera un comilón, un borracho, o un amigo de los publicanos por sí mismos, y que estuviera de acuerdo con su oficio.
 
 
Lo que sí era cierto es que un judío galileo, como Jesús, tenía menos cuidado con las cuestiones de la pureza ritual (lo he explicado muchas veces) que los fariseos de Judea, porque vivía lejos del Templo y necesitaba tratar por su oficio con paganos. Y porque el banquete era para Jesús el  signo maravilloso del reino de Dios que viene. Hemos dicho también que es posible que Jesús no ayunara tan puntillosamente y con tanta regularidad como los fariseos de Judea, pero sí que  era un personaje totalmente ascético en su vida de pobre, itinerante, austero.
 
 
D. Abundando en el argumento expuesto en C.: siendo posible que la comida y el trato de Jesús con publicanos y pecadores en cuanto arrepentidos fuera una muestra pública de cuán abierto estaba Jesús para animarlos a la conversión, quedaba evidente y claro cuán malvados eran los que así mismos se consideraban justos y no seguían el mensaje de Jesús (escribas, doctores de la Ley, ancianos, jefes de los sacerdotes, etc.) El ejemplo de un súper pecador arrepentido era en realidad un argumento en boca de Jesús contra sus adversarios que se consideraban cumplidores observantes de la Ley, pero no lo admitían como profeta o agente de Dios para proclamar el advenimiento del Reino.
 
 
En síntesis: no vale el argumento de que Jesús era amigo de publicanos contra la hipótesis de Jesús sedicioso respecto al Imperio Romano, porque él no era amigo de ellos, ni mucho menos, en cuanto colaboradores de los romanos… gentiles y pecadores…, ¡sino todo lo contrario!
 
 
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
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Jueves, 6 de Abril 2017
“Vuelve a envainar tu espada”.   “Jesús y la resistencia antirromana” (LXVII)
 
Foto: Charles C. Hennel es otro de los exegetas olvidados que han defendido la postura mantenida en esta serie en su obra An Inquiry Concerning the Origin of Christianity, London: T. Allman, 2ª edición de 1841.
 
Escribe Antonio Piñero
 
Escribíamos el día pasado que es posible que “aun aceptando que la sentencia de Mt 26,52-54 («Vuelve a envainar tu espada, pues todos los que empuñen espada, a espada morirán. 53 ¿Crees acaso que no puedo hacer una petición a mi Padre, y me enviaría al punto más de doce legiones de ángeles? 54 Sino, ¿cómo se cumplirían las escrituras que anunciaron que así tenía que suceder?» pudiera provenir del Jesús histórico, un análisis sereno de ella puede demostrar que quizás no sea tan claro que fuera una sentencia totalmente pacifista”.  
 
En primer lugar la frase “Vuelve a envainar tu espada, pues todos los que empuñen espada, a espada morirán” o era un  proverbio popular de la época o bien una frase acuñada por el propio Jesús. En cualquiera de los dos casos puede interpretarse como un juicio de Jesús, muy oportuno, para evitar en aquel caso males mayores. Jesús no era tonto en absoluto, y pudo caer en la cuenta de que había sido sorprendido (si hacemos caso al evangelista Juan) por una fuerza organizada, muy numerosa, compuesta en su núcleo más poderoso de romanos bien entrenados, ante los que un puñado de galileos, escasísimamente armados y sin entrenamiento militar ninguno, nada tenían que hacer. Si ofrecían resistencia, se empeoraría la situación (no quizás para él, Jesús, que como jefe estaba irremisiblemente perdido), sino para la mayoría de sus seguidores. Jesús debió de ver con claridad que deponer las armas era lo más oportuno para salvar la vida a la mayoría de sus discípulos, mientras que hacer lo contrario era la muerte segura para la mayoría de ellos. Por tanto, interpreto –junto con F. Bermejo– que esa frase (“Vuelve a envainar tu espada…”) no significa, o puede no significar, una condena de la violencia en sí, absoluta, sino una adaptación a las circunstancias.
 
En segundo lugar, supongamos que es auténtico el rechazo –por parte de Jesús en ese momento– de la intervención de doce legiones de ángeles que podía enviar el Padre en auxilio del Hijo.  Hay posibilidad de interpretarlo del modo siguiente:
 
1. Significa que Jesús cuenta con la posible ayuda del Padre en un momento dado de esas legiones, aunque de momento no lo vea oportuno. Pero eso supone una mentalidad muy parecida a la de 2 Macabeos 11,6-9:
 
«En cuanto los hombres de Judas Macabeo supieron que Lisias estaba sitiando las fortalezas, comenzaron a implorar al Señor con gemidos y lágrimas, junto con la multitud, que enviase un ángel bueno para salvar a Israel.  Macabeo en persona tomó el primero las armas…Cuando estaban cerca de Jerusalén, apareció poniéndose al frente de ellos, un jinete vestido de blanco, blandiendo armas de oro. Todos a una bendijeron entonces a Dios misericordioso y sintieron enardecerse sus ánimos, dispuestos a atravesar no sólo a hombres, sino aun a las fieras más salvajes murallas de hierro».
 
 
Es de suponer que Jesús podía esperar lo mismo.
 
2. El motivo del rechazo por parte de Jesús es absolutamente sospechoso, desde el punto de vista de la crítica, ya que la razón dada es totalmente cristiana, es decir, posterior, Mt 23,54: “¿Cómo se cumplirían las Escrituras que anunciaron que así tenía que suceder?”
 
Esta frase supone la teología/cristología de finales del siglo I  que ve en Jesús el deseo de ir a Jerusalén para morir (no para triunfar = entrada triunfal y Purificación del Templo), que  sabe y acepta de buen grado que su muerte es voluntad del Padre que manifiesta un designio eterno de enviar a la muerte a su hijo para la remisión de los pecados de toda la humanidad. En mi opinión, ningún exegeta reconocido e independiente atribuye al Jesús histórico este pensamiento, sino a la teología posterior. Este rechazo de la ayuda angélica y el absoluto repudio de la violencia incluso por parte de Dios no son históricos en Jesús de ningún modo. Aparte de que el rechazo por parte de Jesús de la ayuda angélica  en este momento no supone un rechazo absoluto y total de la violencia. Por lo menos, no lo veo claro.
 
Bermejo cita a G. Puente Ojea a este respecto:
 
“Jesús está manifiestamente formulando aquí no una condena incondicionada de la violencia (que aparece como entrevista y no excluida a priori mediante el envío de legiones guerreras angélicas, al modo esenio) sino más bien la exigencia de que se cumplan las previsiones proféticas” (El Evangelio de Marcos, Madrid, Siglo XXI, 1994, 83).
 
Estas previsiones fueron el producto de la revisión de las Escritura por parte de los primeros teólogos cristianos que sirvieron para legitimar a posteriori (ex eventu) el desastre inesperado del fracaso de Jesús en Jerusalén.
 
3. Es posible incluso, y muy realista dada la mentalidad de Jesús, que él esperara más bien la ayuda angélica en ese momento. Pero los Evangelios, escritos mucho más tarde y sabiendo que eso no ocurrió, pusieran en boca de Jesús el rechazo de la ayuda angélica.
 
Esta posibilidad sería algo parecido al caso de las profecías ex eventu (“a toro pasado”) a las que está acostumbrada la crítica evangélica. El ejemplo más claro son las tres predicciones de la pasión, muerte y resurrección puestas en boca de Jesús. a base se halla en Mc 8,31; 9,31; 10,32-34: “Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar a los tres días”, que según Lucas 9,44-45 los discípulos no entendieron:
 
“«Poned en vuestros oídos estas palabras: el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres».  Pero ellos no entendían lo que les decía; les estaba velado de modo que no lo comprendían y temían preguntarle acerca de este asunto”.
 
El argumento es: hay diversos casos en los Evangelio en los que se presentan escenas y dichos de Jesús para corregir algo que se ha manifestado anteriormente como que iba a suceder, pero que de hecho no había ocurrido cuando se escribieron los Evangelios. Son escenas que intentan justificar el retraso, por ejemplo, de la llegada del Reino. Ejemplos:
 
A) Lc 19,11: “Estando la gente escuchando estas cosas, añadió una parábola, pues estaba él cerca de Jerusalén, y creían ellos que el Reino de Dios aparecería de un momento a otro”. Se trata de un comentario de Lucas para demostrar que los discípulos estaban equivocados, y que no habían entendido bien que Jesús no había dicho eso (a saber, que el reino de Dios vendría de modo inmediato). Ciertamente la crítica está de acuerdo en lo contrario: Lo que Jesús dijo fue exactamente que el reino de Dios aparecería enseguida y los  discípulos lo entendieron muy bien. Pero sucedió que el Reino no llegó… Entonces el evangelista sostiene que Jesús nunca dijo con claridad que el Reino vendría enseguida.
 
B) Jn 21,23 (referido a la muerte de Juan el hermano de Santiago/Jacobo, hijo de Zebedeo:
 
“Viéndole Pedro, dice a Jesús: «Señor, y éste, ¿qué?» Jesús le respondió: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿qué te importa? Tú, sígueme».  Corrió, pues, entre los hermanos la voz de que este discípulo no moriría. Pero Jesús no había dicho a Pedro: « No morirá», sino: «Si quiero que se quede hasta que yo venga»”.
 
Esta escena corrige a Mc 9,1:
 
“Les decía también: «Yo os aseguro que entre los aquí presentes hay algunos que no gustarán la muerte hasta que vean venir con poder el Reino de Dios»”.
 
Arguye Bermejo que lo mismo podía haber ocurrido con Mt 26,53, a saber: Jesús esperaba que en el momento crítico Dios enviaría doce legiones de ángeles, que vencerían a los enemigos de Israel y que se instauraría el reino de Dios. Pero eso, evidentemente no ocurrió. Entonces la tradición evangélica puso en boca de Jesús una frase exactamente en contrario: Jesús habría dicho: “Podría pedir ahora mismo a mi Padre que me enviara doce legones de ángeles. Pero no es posible; no lo quiero… porque tienen que cumplirse las Escrituras que dicen que debo morir…, etc.”
 
En conclusión: La escena y dichos de Mt 26,52-54 no son una prueba de la postura pacifista de Jesús, porque todo el conjunto depende la teología posterior cristiana que ha construido la escena, le ha dado ese sentido pacifista y dentro de ella ha puesta en boca de Jesús un rechazo de algo que en realidad Jesús habría deseado que ocurriera. Que este pudo ser así, parece bastante posible, porque en el momento de la composición de los Evangelios ya se había producido el desastre del final de la Gran Guerra judía, y la destrucción de Jerusalén y su templo. Habían pasado muchos años y el reino de Dios no había sido instaurado. Había que presentar la historia de un  modo que justificara ese retraso, y presentar a un Jesús que nada tuviera que ver con los revoltosos que condujeron a la Guerra. Así pues, Mt 26,52-54 sería exactamente el producto de una mentalidad que buscaba justificar ex eventu (“a toro pasado”) lo que pudo haber ocurrido y no ocurrió con el recurso a la Escritura profética, un recurso puesto en labios de Jesús.
 
Naturalmente, puede ocurrir también, y los hay, que diversos exegetas repliquen: “Es posible que la escena de Mt 26,52-54 sea secundaria, pero refleja muy bien cuál era la mentalidad de fondo de Jesús”. A esto respondo, con F. Bermejo: “Esa postura radical de no violencia por parte de Jesús no tiene en cuenta ningún argumento en contra, ni la multitud de textos presentados y analizado. Parte de una posición a priori: de ningún modo hay que prestar atención a los 35 textos e indicios del patrón de recurrencia presentado”.
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.ciudadanojesus.com
Martes, 4 de Abril 2017
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Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.








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