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“Los amigos de Jesús. Santiago hijo de Zebedeo”. Los discípulos de Jesús (IX) (895)
Escribe Antonio Piñero
 
Ante todo, deseo expresar mi profunda tristeza por lo ocurrido ayer en Barcelona. Tengo allí muchísimos amigos… y pienso ¿Y si le ha “tocado” a uno de ellos? Suelen pasear por la Rambla algunos, porque viven cerca. Estoy anonadado.
 
De (casi) nada sirven los lamentos, puesto que eso buscan los terroristas y en ellos se deleitan. De (casi) nada sirven las repulsas multitudinarias. Son emocionantes y emotivas, necesarias –y yo participaré–, pero incompletas. Se necesita también otro tipo de acción.
 
¿No habría que pedir a la Unión Europea una respuesta conjunta y firme respecto a los cientos de dirigentes de las mezquitas que hay en Europa que no condenan los atentados? Jamás lo hacen y viven entre nosotros.
 
Creo que a más de uno se nos ha ocurrido alguna respuesta institucional…
 
Y ahora sigo con mi breve comentario, pues falta aún algo que decir de la primera lista de discípulos de Jesús, Mc 3,14-19.  El breve texto al que me refiero es el siguiente:
 
….llamó Jesús…  17 a Jacobo el de Zebedeo y a Juan, el hermano de Jacobo, los apodó también Boanergés, que significa «tronantes; 18 a Andrés, Felipe,
 
tronantes: o «atronadores». Literalmente, «hijos del trueno» con el significado de «carácter violento» o «tempestuoso». «Hijos de» es la manera semítica de expresar un adjetivo del que carece la lengua (por ejemplo, «satánico» = «hijo de Satanás»). Sin embargo, no resulta clara la etimología de la segunda parte de Boanergés = bene («hijos de») rgš («el ruido» o «el trueno»); o bien bene regez, «hijos de la ira».
 
 
Sobre Jacobo /Santiago:
 
 
Creo que el mejor comentario es realzar su pertenencia al grupo íntimo de Jesús. La muestra (Mc 5,37, “La hija de Jairo”: “Y no permitió que nadie le acompañara, a no ser Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago”.
 
 
Como Santiago aparece normalmente en los Evangelios junto a su hermano Juan, y casi siempre se le nombra el primero (al contrario en Lc 8,51 y 9,28; igualmente en Hechos 1,13), la tradición le atribuye la primogenitura. En Hechos de apóstoles hasta el capítulo 12  la figura de Santiago es borrosa y anodina o ausente, y Juan le supera en presencia junto a Pedro.
 
 
Hay un par de episodios que definen su carácter, aparte del denominativo inventado por Jesús. El primero es su pretensión (según Mt 20,20 es su madre la causante de todo) de ocupar los primeros puestos en el futuro reino de Dios:
 
 
“Se acercan a él Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, y le dicen: «Maestro, queremos, nos concedas lo que te pidamos.» 36 El les dijo: «¿Qué queréis que os conceda?» 37 Ellos le respondieron: «Concédenos que nos sentemos en tu gloria, uno a tu derecha y otro a tu izquierda.» 38 Jesús les dijo: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber, o ser bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado?» 39 Ellos le dijeron: «Sí, podemos.» Jesús les dijo: «La copa que yo voy a beber, sí la beberéis y también seréis bautizados con el bautismo con el que yo voy a ser bautizado; 40 pero, sentarse a mi derecha o a mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado.» 41 Al oír esto los otros diez, empezaron a indignarse contra Santiago y Juan”.
 
 
El texto indica que los discípulos están convencidos de  que el reino de Dios,
 
 
· Aún no había venido. El reino de Dios no está presente simplemente con la aparición de Jesús en la tierra
 
 
· Hay premios para los que sean fieles a Jesús. Y esos premios son materiales. El reino de Dios se instaurará en la tierra de Israel. No es un Reino ultramundano.
 
 
· Los que proclaman la venida del Reino corren peligros graves de perder la vida
 
 
· Jesús no mandará absolutamente en ese Reino, sino Dios.
 
 
· Hay una suerte de predeterminación divina. Dios sabe de antemano el comportamiento de sus fieles y ya les ha preparado el premio.
 
 
Y significativa también es la participación de Santiago / Jacobo en el conocido episodio de la repulsa de los habitantes de un pueblecito samaritano cuando Jesús y sus discípulos, de camino a Jerusalén intentan acortar camino y pasan al lado… buscando hospitalidad:
 
 
“Sucedió que como se iban cumpliendo los días de su asunción, él se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén,  52 y envió mensajeros delante de sí, que fueron y entraron en un pueblo de samaritanos para prepararle posada;  53 pero no le recibieron porque tenía intención de ir a Jerusalén.  54 Al verlo sus discípulos Santiago y Juan, dijeron: «Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?»  55 Pero volviéndose, les reprendió;  56 y se fueron a otro pueblo”.
 
 
Comentario brevísimo (simples deducciones a partir de este texto):
 
 
· Jesús (a pesar de lo afirmado en Mt 10,5-6: muy dudoso, aunque auizás con un findo histórico) no puede ser enemigo de los samaritanos si de verdad participaban intensamente de la teología de la restauración de Israel, que ya henos comentado: Samaría es Israel. Casi diez tribus pertenecían a ese territorio, junto con Galilea… Jesús –muy probablemente– no podía rechazar a los samaritanos de su proclama del Reino (Parábola del buen Samaritano: Lc 10,30-36; testimonio del Evangelio de Juan sobre la estancia de Jesús en Samaria, capítulo 4; diversos comentarios de Hechos de apóstoles sobre el éxito del seguimiento de Jesús en –Samaría tras su muerte (Hch 1,8; 8,1.5.9.14; 9,31; 15,3), pasajes absolutamente imposibles de explicar si Jesús hubiese prohibido el contacto con los samaritanos
 
 
· Terrible carácter el de Santiago. Y era, sin embargo, amigo íntimo de Jesús.
 
 
· Los discípulos estaban persuadidos de poder pedir a Jesús un castigo ejemplar para los que no cumplían con las sagradas reglas de la hospitalidad en el mundo antiguo, como ya hemos comentado. Hay aquí signos inequívocos de un no rechazo a la violencia, como hemos comentado largamente en la serie sobre “Jesús sedicioso” a los ojos de los romanos.
 
 
· Los discípulos estaban convencidos del poder de Jesús sobre el ámbito celeste.
 
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
www.ciudadanojesus.com 
Viernes, 18 de Agosto 2017
“Los amigos de Jesús. Pedro, ‘El Roca’, y su dudosa primacía”. Los discípulos de Jesús (VIII) (894)
Escribe Antonio Piñero
 
Falta por comentar, de la primera lista de discípulos de Jesús, Mc 3,14-19, el breve texto siguiente:
 
….sobrenombre de Pedro, 17 a Jacobo el de Zebedeo y a Juan, el hermano de Jacobo, los apodó también Boanergés, que significa «tronantes; 18 a Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Jacobo el de Alfeo, y Tadeo, Simón el cananeo 19 y a Judas Iscariote, el mismo que lo entregó.
Comienzo por las tres primeras palabras de este texto, que da para bastante comentario.
 
“Pedro”: el vocablo griego es pétros, y no significa propiamente “piedra”, sino “roca”. Por tanto, Jesús le llamaba “El Roca”. Teniendo en cuenta los datos de la primacía de Pedro en Mt 16,16… “Y sobre esta roca fundaré mi Iglesia”… es clarísimo que la primacía de Pedro hubo de estar muy bien fundada en la Iglesia primitiva y por tanto en el Nuevo Testamento, nuestra única fuente para los inicios.
 
Pero esta idea no parece estar del todo bien fundada.
 
Así, no puede explicarse lo que ocurre con él en Hechos 12,16-17: Pedro es apresado por Herodes Agripa I y después de ejecutar a Santiago / Jacobo se dispone  a hacer lo mismo con Pedro. Pero interviene el cielo y Pedro es liberado milagrosamente. Corre hacia la casa donde están reunidos los “hermanos” en la fe y le abren la puerta:
 
“Al abrirle, lo vieron, y quedaron atónitos. Él les hizo señas con la mano para que callasen y les contó cómo el Señor le había sacado de la prisión. Y añadió: «Comunicad esto a Santiago y a los hermanos.» Salió y marchó a otro lugar”.
 
 
¿A dónde? No se sabe. ¿Dónde está aquí la primacía de Pedro?
 
 
No se explica bien que aquí se acabe casi toda la historia de Pedro en los Hechos de Apóstoles (escribo “de apóstoles” y no “Dios los apóstoles”, porque –aunque el título, tardío, de esta obra en la mayoría de los manuscritos lleva el artículo– los mejores de ellos y más antiguos, como el Vaticano y el Sinaítico, del siglo IV, no lo llevan. La autoridad de estos manuscritos es tan grande, y –en segundo lugar– se debe preferir la lectura más breve y difícil, ya que es mucho más fácil que los copistas hayan pasado de “Hechos de apóstoles” a “Hechos de los apóstoles” que al revés…, que la edición crítica del Nuevo Testamento (Nestle-Aland 28) así lo titula (y así lo aceptamos en la futura edición anotada del Nuevo Testamento que estamos preparando).
 
 
Sorprendentemente, Pedro vuelve a aparecer en el denominado “concilio o reunión de los apóstoles” que nos cuentan Hechos 15 y Gálatas 2,1-10, con también sorprendentes variantes. Allí, en esa reunión, se discutió si tenía o no razón Pablo en predicar la buena nueva de que Jesús era el mesías también de los paganos. La buena nueva era que Jesús era el mesías no solo de los judíos, sino del mundo entero… Y también se trató en Jerusalén sobre las consecuencias respecto a la observancia, o no, de la ley completa de Moisés por parte de unos paganos que creían en el Mesías. Téngase en cuenta  que en principio los judíos creían que el Mesías era para ellos solos…, pues naturalmente implantaría la supremacía de Israel  sobre la tierra entera… (el reino de Dios) y después… el paraíso eterno, en el que los judíos ocuparían si no los únicos puestos disponibles, sí los mejores.
 
Pero, según Hechos, en esa reunión trascendental, Pedro dice sorprendentemente lo que sigue:
 
 
“Después de una larga discusión, se levantó Pedro y les dijo: «Hermanos, vosotros sabéis que ya desde los primeros días me eligió Dios entre vosotros para que por mi boca oyesen los gentiles la Palabra de la Buena Nueva y creyeran”….
 
 
Y finalmente se llegó a un acuerdo (que aparece de modo muy diverso en Gálatas y en Hechos, y que explico en mi libro sobre Pablo, “Guía para entender a Pablo”, Trotta, Madrid, 2015).
 
 
Desde luego, la afirmación de Pedro de que él es el que ha recibido el encargo divino de predicar a los gentiles es absolutamente sorprendente… ya que Pablo afirma exactamente lo contrario en Gálatas 2,6-9:
 
 
“Y de parte de los que eran tenidos por notables - ¡qué me importa lo que fuesen!: en Dios no hay acepción de personas - en todo caso, los notables nada nuevo me impusieron.  Antes al contrario, viendo que me había sido confiada la evangelización de los incircuncisos, al igual que a Pedro la de los circuncisos, – pues el que actuó en Pedro para hacer de él un apóstol de los circuncisos, actuó también en mí para hacerme apóstol de los gentiles– y  reconociendo la gracia que me había sido concedida, Santiago, Cefas y Juan, que eran considerados como columnas, nos tendieron la mano en señal de comunión a mí y a Bernabé: nosotros nos iríamos a los gentiles y ellos a los circuncisos».
 
Insisto: ¡es exactamente lo contrario!
 
 
Además la pretensión de Pedro en los Hechos de haber sido él “el inventor” de la predicación sobre Jesús a los paganos se basa en las historias, muy legendarias de Hechos 10 y 11… donde nada menos que a un judío convencido como Pedro y observante de la ley de Moisés (prueba: “Y dijo Pedro: «Vosotros sabéis que no le está permitido a un judío juntarse con un extranjero ni entrar en su casa; pero a mí me ha mostrado Dios que no hay que llamar profano o impuro a ningún hombre” (Hch 10,28), se le muestra una visión celeste, en la cual se le ordena taxativamente contravenir todos los preceptos sobre los alimentos de esa misma ley mosaica, otorgada por Dios mismo en el Sinaí:
 
 
“Sintió hambre Pedro y quiso comer. Mientras se lo preparaban le sobrevino un éxtasis, 1 y vio los cielos abiertos y que bajaba hacia la tierra una cosa así como un gran lienzo, atado por las cuatro puntas. 2 Dentro de él había toda suerte de cuadrúpedos, reptiles de la tierra y aves del cielo. 3 Y una voz le dijo: «Levántate, Pedro, sacrifica y come.» 4 Pedro contestó: «De ninguna manera, Señor; jamás he comido nada profano e impuro.» 5 La voz le dijo por segunda vez: «Lo que Dios ha purificado no lo llames tú profano.» 6 Esto se repitió tres veces, e inmediatamente la cosa aquella fue elevada hacia el cielo”.
 
 
Pues bien, este mismo “inventor” por orden divina de la misión a los paganos tuvo un enorme altercado con Pablo porque a instancias de la gente de Santiago, el hermano del Señor, ni siquiera se atrevía a participar de una mesa común con ex paganos que se habían convertido ya a la fe en Lucas como mesías. Pablo lo cuenta así:
 
 
“11 Mas, cuando vino Cefas a Antioquía, me enfrenté con él cara a cara, porque era digno de reprensión. 12 Pues antes que llegaran algunos del grupo de Santiago, comía en compañía de los gentiles; pero una vez que aquéllos llegaron, se le vio recatarse y separarse por temor de los circuncisos. 13 Y los demás judíos le imitaron en su simulación, hasta el punto de que el mismo Bernabé se vio arrastrado por la simulación de ellos. 14 Pero en cuanto vi que no procedían con rectitud, según la verdad del Evangelio, dije a Cefas en presencia de todos: «Si tú, siendo judío, vives como gentil y no como judío, ¿cómo fuerzas a los gentiles a judaizar?» (Gálatas 2,11-14).
 
 
La pregunta obvia es: ¿Cómo es posible que el paladín de la predicación de Jesús a los paganos, no quiera ni sentarse a la mesa a los paganos convertidos a la e en Jesús como mesías?
 
 
Y ahora seré breve: las conclusiones, que pueden obtenerse  de todos estos textos que presentan afirmaciones y situaciones totalmente contradictorias entre sí, podrían ser las siguientes:
 
1. Es muy dudosa la primacía de Pedro. Se fundamenta ciertamente en Mateo 16 y Juan 21… pero…
 
 
2. Es totalmente seguro que la comunidad judeocristiana mesiánica de Jerusalén tuvo como jefe a Santiago / Jacobo, hermano del Señor (que no era de los Doce) y no a Pedro. La razón: porque era una comunidad apocalíptica judía, orientada a la parusía inmediata de Jesús, en donde primaba la tradición judía: los jefes de tales grupos, una vez  que fallece el fundador (en este caso Jesús) pasa a la familia de este. El ejemplo de los Macabeos es sintomático y clarísimo. Muerto Judas (166-161 a. C.), lo sustituye su hermano Jonatán (161-143 a. C.) y muerto éste su hermano menor, Simón (143-135), el último de los cinco hijos supervivientes de Matatías. Pedro, por tanto, fue relegado en la primacía de los “apóstoles” por Jacobo /Santiago probablemente porque era el hermano del Señor.
 
 
3. Es prácticamente seguro que los relatos de Hch 10-11 son altamente legendarios. Están inventados o recogidos por “Lucas” (ni siquiera es seguro de que la tradición sobre este como autor de Hechos sea correcta; hay muchos estudiosos que albergan dudas serias). El “inventor” de la misión sobre Jesús a los paganos fue Pablo y por encargo divino, como proclama en Gálatas 1-2.
 
 
4. No hay el menor rastro de una primacía de Pedro en el Nuevo Testamento (salvo, como he dicho, en la comunidad que está detrás del Evangelio de Mateo, probablemente de Siria, enfrentada a la de Jerusalén y en Evangelio de Juan, Apéndice tardío, capítulo 21; los dos textos son muy dudosos desde el punto de vista de la historia), puesto que las dos cartas que se atribuyen 1 2 Pedro en el Nuevo Testamento han sido compuestas por seguidores de Pablo (tienen una teología paulina) y no de Pedro.
 
 
5. Es altamente probable que el autor de Hechos fuera un hombre que –al procurar difundir su idea de que los seguidores de Jesús formaban una piña unida y de que no había divisiones entre ninguno de los cabecillas importantes del movimiento de Jesús– recogiera –o inventara– las narraciones en las que Pedro, y no Pablo, es el llamado primero por Dios para misionar a los gentiles; luego haga hablar a Pedro como Pablo en los Hechos y a Pablo como Pedro, por ejemplo,  en el discurso e Antioquía de Pisidia en Hch 13.
 
 
6. A la vez no cabe duda tampoco que hubo una suerte de primacía de Pedro. Yo la explico como un intento positivo de los paulinos para no desligarse de la comunidad de Jesús (Gálatas 2 y la colecta pro Jerusalén en 1 Corintios 8 y 9)  y de que los paulinos tomaron a Pedro como nexo de unión entre paulinistas y judeocristianos, como puede deducirse de la tradiciones evangélicas, incluso en Marcos, que dibuja a un Pedro poco agraciado, que cuenta muchas anécdotas de Pedro, y no de los demás apóstoles, y del capítulo 21 del Evangelio de Juan, muy legendario, donde se confirma la primacía de Pedro.
 
 
7. En conjunto, todo es muy confuso respecto a Pedro en el Nuevo Testamento cuando se examinan los textos con cuidado. En síntesis, la primacía del “Roca”, Pedro y su función en la Iglesia primitiva, al menos tal como lo transmite nuestra única fuente, el Nuevo Testamento no está nada clara.
 
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
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Miércoles, 16 de Agosto 2017
“Seguimos comentando la primera lista de discípulos, la del Evangelio de Marcos. Reino de Dios y el fuego del infierno”. Los discípulos de Jesús (VII) (893)
Escribe Antonio Piñero
 
 
Lo que nos queda por comentar brevemente del pasaje del Evangelio de Marcos que iniciamos el día anterior es el siguiente (Mc 3,14-19):
 
… Para enviarlos a predicar (15 con autoridad para expulsar a los demonios; 16 y constituyó a los Doce): a Simón le dio el sobrenombre de Pedro, 17 a Jacobo el de Zebedeo y a Juan, el hermano de Jacobo, los apodó también Boanergés, que significa «tronantes; 18 a Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Jacobo el de Alfeo, y Tadeo, Simón el cananeo 19 y a Judas Iscariote, el mismo que lo entregó.
 
“Para enviarlos a predicar”: el griego dice literalmente “proclamar” (kerýssein) como lo hace un heraldo (que se dice kéryx). El uso de este vocablo nos hace preguntarnos a “predicar / proclamar” qué cosa. En principio no lo sabemos. Entonces es preciso buscar alguna luz en los pasajes paralelos, que son Mt 10,1 y Lc 6,12. Pero en estos paralelos no encontramos nada explícito. Sin embargo, no estamos absolutamente a ciegas si buscamos otros paralelos evangélicos. Y hallamos los siguientes:
 
El primero es Evangelio de Marcos 6,6-7: “Y (Jesús) recorría los pueblos del contorno enseñando. Y llama a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos”
 
Mc 6,30: “Los apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y lo que habían enseñado”.
 
 
En el paralelo de Lc 6,13 no encontramos nada explícito. Pero sí en Lc 9,1-2, que habla del envío de los apóstoles que había elegido: “Convocando a los Doce, les dio autoridad y poder sobre todos los demonios, y para curar enfermedades;  y los envió a proclamar el eino de Dios y a curar”.
 
 
 
El Evangelio (declarado apócrifo) de los ebionitas (que podemos considerar una fracción judeocristiana que seguía quizás las huellas de la comunidad judeocristiana de Jerusalén bajo la égida de Santiago, el “hermano del Señor” (Gal 1,19) y que probablemente también seguían el espíritu del Jesús histórico como estrictamente judío, mesías y maestro de la Ley) se lee:
 
 
(Habla Jesús: “Pasando junto a la orilla del lago Tiberíades, elegí a Juan y a Santiago, hijos de Zebedeo, a Simón y a Andrés, a Tadeo, a Simón el Celota y a Judas el Iscariote. Y a ti también, Mateo, que estabas sentado en la oficina de los tributos, te llamé y tú me seguiste. Quiero, pues, que vosotros seáis doce apóstoles para testimonio de Israel” (citado por Epifanio de Salamis, Contra las herejías 30, 13; PG 41, 428C-Pablo; lo he tomado de la obra colectiva “Todos los Evangelios”, EDAF, p. 623).
 
 
De estos paralelos deducimos que los apóstoles –enviados por Jesús en nombre suyo a las villas y ciudades pequeñas (no consta que fueran a las grandes) a donde él creía que no podía llegar ya que pensaba que el reino de Dios vendía de inmediato–, proclamaban / enseñaban / para testimonio de Israel.  Probablemente esta predicación es la misma que enseñaba/proclama Jesús al principio de su ministerio público y que Mc 1,14-15 resume así:
 
“Después que Juan (Bautista) fuera entregado (y asesinado), marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva»”.
 
 
Esta proclama era la misma que la de Juan Bautista en sus líneas esenciales, tal como testimonia Mt 3,2: “«Convertíos porque ha llegado el reino de los cielos».
 
 
Es posible, pues, que al principio de su ministerio tanto Jesús como sus discípulos continuaran el mensaje esencial de Juan Bautista. Más tarde, sin duda, el grupo nuevo de Jesús (desgajado del de Juan Bautista, y con seguidores de este) tendría que predicar algo más y nuevo, porque de lo contrario no e explica que Jesús fundar su propio grupo.
 
 
La frase para testimonio de Israel del Evangelio de los ebionitas no significa otra cosa que al proclamar esta doctrina exigían la conversión de los israelitas que temían a Yahvé, so pena de ser condenados al fuego eterno si no la escuchaban. Tanto Mt 3,10 y Lc 3,9 testimonian que esto era así. Transcribo el texto de Mateo que considero anterior al de Lucas:
 
 
 
“Ya está el hacha puesta a la raíz de los árboles; y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego”.
 
 
En síntesis, y si no me equivoco, la predicación primitiva de Jesús y de sus discípulos era muy parecida, o igual en lo sustancial a la del Bautista, y no era de ningún modo una proclamación / predicación de paz, amor y de solo perdón por parte de Dios, sino una predicación que contenía gran parte de amenazas ( = el fuego, se sobrentiende eterno), si no había una respuesta de arrepentimiento por parte de los israelitas. No se hace mención alguna de los paganos.
 
 
Seguiremos.
Saludos cordiales de Antonio Piñero
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Lunes, 14 de Agosto 2017
“Explicación de la primera lista de discípulos, la del Evangelio de Marcos”. Los discípulos de Jesús (VI) (892)

Escribe Antonio Piñero
 
Seguimos con nuestro tema, la historicidad del conjunto denominado “Discípulos de Jesús” y nos preguntamos qué sabemos –como históricamente probable– de cada uno de esos discípulos. Ahora vamos a considerar cada una de las listas que proporcionan los diversos evangelistas y haremos un breve comentario al texto. Tenemos que tener en la mente, y si es posible ante los ojos,  la sinopsis de los nombres de los discípulos que ofrecimos en la postal del día anterior de modo que de una ojeada podemos comparar la lista de un evangelista con la de los otros.
 
La primera lista cronológicamente hablando es la del Evangelio de Marcos 3,13-19. El texto es el siguiente:
 
“Subió a la montaña, llamó junto a sí a quienes quiso y vinieron a él. 14 Y constituyó a doce a los que denominó apóstoles para que estuvieran con él, para enviarlos a predicar 15 con autoridad para expulsar a los demonios; 16 y constituyó a los Doce : a Simón le dio el sobrenombre de Pedro, 17 a Jacobo el de Zebedeo y a Juan, el hermano de Jacobo, los apodó también Boanergés, que significa «tronantes; 18 a Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Jacobo el de Alfeo, y Tadeo, Simón el cananeo 19 y a Judas Iscariote, el mismo que lo entregó.
 
 
Debo insistir en que muy probablemente la intención de Marcos es la de fundamentar sólidamente la institución como acto realizado por el Maestro mismo, Jesús. Pero luego se ve a lo largo del Evangelio que no hay tradición sólida sobre estos discípulos, salvo Pedro y alguno más. Apenas sabemos algo… y de algunos, nada.
 
“Subió a la montaña”: obsérvese que el marco o encuadre del pasaje es impreciso; la tradición no sabe nada exacto del momento de la “elección”. Este encuadre procede, pues, probablemente de la mano de Marcos mismo que recogió una mera lista. Él proporciona el encuadre a su buen leal saber y entender.
 
Escoge la “montaña” como escenario probablemente porque en la tradición judía tanto la “montaña” (desde la teofanía del Sinaí), como el “desierto” (ejemplo claro Juan Bautista, y los esenios que se retiraban al desierto) son los lugares preferidos para el encuentro con Dios. Tengamos en cuenta que el “desierto” no podemos imaginarlo como el Sáhara, un conjunto de arena seca, sino como un lugar deshabitado, aunque tenga pasto para los animales más o menos salvajes. El entorno de las multitudes no sirve como lugar de encuentro con la divinidad, sino como espacio donde el profeta o el maestro explica al pueblo la palabra de Yahvé.
 
“Llamó junto a sí”: Jesús actúa al revés que los rabinos o maestros de la Ley usuales en el Israel de la época: solían ser los discípulos los que se acercaban al maestro y pedían permiso para “escucharlo” (recibir doctrina). Jesús, por el contrario “llama”. Con ello indica el evangelista que Dios –a través del Mesías– es el que elige para la misión.
 
“A quien quiso”: las frases de este encuadre siguen siendo redaccionales, es decir, propias de Marcos. No pertenecen a la tradición más antigua de Jesús, sino a la interpretación de la tercera generación cristiana sobre él. “A quien quiso” indica obviamente la omnímoda libertad de Yahvé, cuyo representante es Jesús.
 
“Y constituyó a los Doce”: esta la frase a la que me refería antes cuando afirmaba que la tradición sostiene que el grupo de discípulo no es una formación espontánea, sino surgida de ellos mismo, sino voluntad positiva del Mesías, y que los constituye como grupo. Es curioso que el vocablo griego que he traducido como “constituyó” es epóiesen, es decir, literalmente “hizo”. No es extraño que algunos comentaristas vean aquí unaalusión a la creación divina del universo en el libro del Génesis donde también se dice “hizo”. Entonces el evangelista estaría indicando que se trata de algo muy importante. Pero de momento nada dice Marcos de la intención de la formación de este grupo. Lo dirá enseguida con su fundamento incluido
 
“Los Doce”: el número es significativo ya que las tribus de Israel son doce. Sabemos que el grupo directivo del asentamiento esenio de Qumrán estaba formado por doce más tres sacerdotes (1QS 8,1). De ahí inferimos que el número doce debía de ser importante. Si tomamos un texto de Mateo (19,27-28) caemos en la cuenta de que se trata del número de las antiguas tribus de Israel que volverán a ser las mismas en el Israel restaurado por Dios al final de los tiempos, los mesiánicos. En tiempos de Jesús solo había dos tribus; las otras se habían “perdido”, como diré luego. Dice así Mateo:
 
“Entonces Pedro, tomando la palabra, dijo a Jesús: «Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué recibiremos, pues?». Jesús les dijo: «Yo os aseguro que vosotros que me habéis seguido, en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, os sentaréis también vosotros en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel”.
 
Explico brevemente este pasaje y lo que de él se deduce, la teología de la “restauración de Israel” que es propia del Jesús histórico y de Pablo de Tarso. A partir de las lecturas de los profetas, los judíos habían ido formándose la noción de que Dios habría de congregar en la tierra prometida a todas las tribus israelitas, incluidas las perdidas después de la conquista de Samaria –Reino del norte– por las tropas de Salmanasar en el 721 a.C. (nueve tribus y media fueron deportadas por los asirios y su pista se perdió). Pero al final de su tiempo, Dios las hará reaparecer y hará también que sean felices tras su retorno a Israel. Cuando Dios quiera, se establecerá su reino de Dios sobre la tierra.
 
En ese momento del final de los tiempos, Israel reinará sobre todos los pueblos gracias al apoyo del brazo de Yahvé (es decir, los ángeles lucharán con las tropas de Israel y dominarán a todas las naciones del mundo. A los gentiles –los paganos– no les quedará más opción que convertirse a Yahvé o ser aniquilados; en todo caso, podrán mantenerse apartados, a distancia de los elegidos, mostrando hacia Israel deferencia y máximo respeto; tenemos imaginarnos que la tierra es muy pequeña y plana). En ese reino divino, Jesús tendrá un puesto preferente como virrey de Yahvé, y sus discípulos ocuparán los tronos de juez de cada tribu.
 
“Apóstoles”: o “enviados”. En el mundo de Israel y en general en el Oriente Próximo el enviado de una persona importante es como si fuera la persona del enviante. Todo halago, deferencia, honra hecha al enviado es como si se hiciera al enviador. Esta idea tenía su sentido, porque era una manera de dar importancia a los subordinados. Y naturalmente, a la inversa…, toda injuria… etc.
 
 
Así, por ejemplo, un sátrapa, en el imperio persa representaba la dignidad del rey. En el mundo judío concreto, los enviados del sumo sacerdote a las distintas comunidades del país y de la Diáspora tenían el valor de este sumo sacerdote. Por ejemplo, para anunciar el inicio de cada mes (que era lunar; si había nubes o llovía, mucha gente no sabía cuándo empezaba el mes; lo cual tenía su importancia para la observancia de las fiestas). Igualmente los enviados hacían de heraldos para anunciar los decretos del Gran Sanedrín de Jerusalén que afectaban a todas las poblaciones judías. Desde esta perspectiva, y teniendo en cuenta la misión de los discípulos (Mc 6,6-13; Lc 9,1-6; Mt 9,35; 10,1-7.11-14 + Lc 10,1-12), se comprende la trascendencia que para el pequeño grupo de Jesús significaba la institución de los “enviados”, en griego “apóstoles”.
 
“Estar con él”: este breve expresión tiene una enorme importancia teológica en el Evangelio de Marcos, el cual pinta continuamente a los discípulos “estando con”  Jesús, o éste con ellos (1, 29; 2, 19; 3, 7; 4, 36; 5, 37.40; 6, 50; 8, 10; 9, 8; 11, 11; 14, 7.14.17.18.20.33.67). Hay que comprender en un sentido que dije antes para el conjunto del pasaje: era necesario para el evangelista dar cuerpo a las tradiciones sobre Jesús afirmando continuamente que procedían de testigos oculares. Jesús, además, es dibujado como una personalidad con magnetismo personal enorme, y los discípulos –que la mayoría de las veces no entendían nada, según dicen, aunque inverosímilmente, los evangelios mismos (por ejemplo, Lc 18,34 y Jn 10,6)– iban aprendiendo de Jesús y aunque no comprendieran, serán los que habrían de transmitir… porque ¡tras su resurrección, sí comprendieron!
 
“Autoridad para expulsar los demonios”: es muy difícil de entender hoy que alguien pueda transmitir realmente esa autoridad. Sin embargo, así es incluso en la iglesia actual, que delega la potestad de gobernar sobre las “puertas del infierno” (Mt 1,16) en algunos sacerdotes que tienen poderes para expulsar a los demonios (hay muchos exorcistas oficiales en la iglesia católica). Por tanto, esta entrega de poderes por parte de Jesús es perfectamente plausible y posible y encuadrable en una  sociedad en la que se creía que la enfermedad estaba causada casi siempre por poderes demoníacos. En Mateo se halla la siguiente expansión de la rase de Marcos que comentamos: “Les otorgó poder para expulsar a los espíritus impuros y para curar las enfermedades y las dolencias” (Mt 10,1).
 
Así pues, –como sostiene Joel Marcus en su estupendo Comentario (Sígueme) al pasaje, “los Doce no sólo son llamados para realizar actos de predicación y exorcismos, sino que tales actos brotan de un cometido previo: Jesús los llama para «estar con él». Esta tensión entre “estar con Jesús” y ser enviado se resuelve del modo más simple interpretando 3,14 y 3,15 en sentido sucesivo: «ahora» los discípulos están con Jesús; pero «más tarde» serán enviados para predicar y realizar exorcismos”.
 
Seguiremos.
Saludos cordiales de Antonio Piñero
www.ciudadanojesus.com 
Sábado, 12 de Agosto 2017
“Listas de discípulos” Sinopsis. Los discípulos de Jesús (V) (891)
Escribe Antonio Piñero
 
 
La tradición sinóptica presenta a los doce apóstoles como un bloque compacto. La tradición del libro  Hechos de apóstoles los hace aparecer igualmente como un bloque que actuaban como un “colegio”, el Colegio apostólico. La intención de hechos era establecer sólidamente la institución como acto fundado por el Maestro mismo. Es de sospechar que a algunos cristianos se les planeó la cuestión de que –a medida que se retrasaba la parusía– no era posible fundamentar la tradición sobre Jesús sobre las meras alusiones y reminiscencias de Pablo acerca de este (que hay muchas más de lo que se cree; en cuanto a citas directas de sentencias de Jesús solo hay dos en todo el corpus paulino auténtico: en 1 Cor: 7,9; 9,14), sino  sobre una base más amplia que enlazara directamente con la actividad histórica del Nazareno.
 
 
Era también importante que no descansara, de ningún modo, la interpretación de Jesús sobre la construcción teológica paulina de la muerte y resurrección del Maestro; se necesitaba que no todo ese edificio teológico reposara sobre revelaciones personales hechas a Pablo por a divinidad, sino sobre hechos sólidos de la vida de Jesús. Además debió de sentirse pronto –por ese mismo retraso de la parusía–  la necesidad de poseer una “cadena de transmisión de la doctrina, hechos y dichos de Jesús”. A Alguien se le ocurrió la idea de la “sucesión apostólica” (Jesúsà sus seguidores directos, apóstoles à que instituyen obispos o inspectoresà estos que consagran a otros obispos; cuy testimonio aparece netamente por primera vez bastante tarde, en la Primera Carta de Clemente de Roma 42,1-4; 44,1-3).
 
 
Si esta hipótesis es correcta, el que el grupo de los apóstoles –sobre el que sabemos muy poco– se considerara un colegio apostólico fue una necesidad organizativa de una iglesia que comienza a instalarse en el mundo. Pero…, luego se ve a lo largo del Evangelio, de los Hechos y del Nuevo Testamento que no hay tradición sólida que se apoye en los Doce como “colegio apostólico”.
 
 
Tenemos las listas de apóstoles, por cierto no coincidentes, en los Evangelios: Mc 3,13-19 / Mt 10,1-4 / Lc 6,12-16; más Hch 1,13.  Es sugerente contrastarlas, pero es necesaria una Sinopsis. He fabricado la siguiente:
 
DISCÍPULOS DE JESÚS
 
MARCOS                                          MATEO                                             LUCAS
3,13-19                                               10,1-6                                                 6,12-16
Simón                                                 Pedro                                                 Simón
Jacobo Zebedeo                                 Andrés                                                           Andrés
Juan   Zebedeo                                   Jacobo Zebedeo                                 Jacobo Zebedeo
Andrés                                                           Juan Zebedeo                                     Juan Zebedeo
 
 
Felipe                                                 Felipe                                                 Felipe
Bartolomé                                          Bartolomé                                          Bartolomé      
Mateo                                                 Tomás                                                Mateo
Tomás                                                Mateo                                                 Tomás
 
 
Jacobo de Alfeo                                 Jacobo de Alfeo                                 Jacobo de Alfeo
Tadeo                                                 Tadeo                                                 Simón, el celota
Simón cananeo                                   Simón cananeo                                   Judas de Jacobo
Judas Iscariote                                   Judas Iscariote                                   Judas Iscariote
 
A esta lista hay que añadir los ocho discípulos que nombra el Evangelio de Juan en 21,1: Simón Pedro, Tomás, Natanael, Jacobo y Juan hijos de Zebedeo y otros dos innominados (seguramente el autor del Apéndice desconocía el nombre de estos dos discípulos/apóstoles).
 
Seguiremos.
Saludos cordiales de Antonio Piñero
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Jueves, 10 de Agosto 2017
“¿Cuántos discípulos tenía Jesús? ¿12 o 84?” Los discípulos de Jesús (IV) (890)
Escribe Antonio Piñero
 
Seguimos con el tema “Los discípulos de Jesús”. Tratamos el tema del número de discípulos que rodeaba normalmente a Jesús. La cuestión es si su núcleo íntimo fueron 12 (la tradición sinóptica) o 84 (12 + 72 = Lc 9,1-6 y 10,1-11).
 
Como digo, la tradición casi unánime habla de doce. Y así aparece en las listas de discípulos (Mc 3,13-19; Mt 10,1-6 y Lc 6,12-16) que son a la vez relatos de misión o envío por parte de Jesús a lugares a donde él creía que no podía llegar, pues estimaba que la venida del reino de Dios sería inmediata. Veremos luego estas listas. Pero lo que ahora nos interesa saber es el número de discípulos que rodeaba normalmente a Jesús porque tenemos un pasaje de Lucas que extiende el número de personas totalmente confiables para a 12 + 72. Dice así:
 
Después de esto, designó el Señor a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos delante de sí, a todas las ciudades y sitios a donde él había de ir.  2 Y les dijo: «La mies es mucha, y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies.  3 Id; mirad que os envío como corderos en medio de lobos.  4 No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias. Y no saludéis a nadie en el camino.  5 En la casa en que entréis, decid primero: “Paz a esta casa.”  6 Y si hubiere allí un hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; si no, se volverá a vosotros.  7 Permaneced en la misma casa, comiendo y bebiendo lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No vayáis de casa en casa.  8 En la ciudad en que entréis y os reciban, comed lo que os pongan;  9 curad los enfermos que haya en ella, y decidles: “El Reino de Dios está cerca de vosotros.”  10 En la ciudad en que entréis y no os reciban, salid a sus plazas y decid: 11 “Hasta el polvo de vuestra ciudad que se nos ha pegado a los pies, os lo sacudimos. Pero sabed, con todo, que el Reino de Dios está cerca” (Lc 10,1-11).
 
Obsérvese de nuevo que Lucas dice “Otros setenta y dos”. Por tanto, parece que los está poniendo en pie de igualdad con los doce, cuyo envío acaba de narrar en el capítulo anterior. He aquí este texto: “Convocando a los Doce, les dio autoridad y poder sobre todos los demonios, y para curar enfermedades;  2 y los envió a proclamar el Reino de Dios y a curar.  3 Y les dijo: «No toméis nada para el camino, ni bastón, ni alforja, ni pan, ni plata; ni tengáis dos túnicas cada uno.  4 Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta que os marchéis de allí.  5 En cuanto a los que no os reciban, saliendo de aquella ciudad, sacudid el polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos.»  6 Saliendo, pues, recorrían los pueblos, anunciando la Buena Nueva y curando por todas partes” (Lc 9,1-6).
 
Son bastante parecidos ambos pasajes y están uno casi detrás de otro. Una hipótesis probable es que se trata de un doblete. Puedes suponerse con buenas probabilidades que un editor anónimo del Evangelio  Lucas, antes de que entrara el texto en el canon de libros sagrados (en torno al 150-17), añadió este segundo texto. Un caso parecido de doblete lo tenemos en  Marcos 6,36-46 con la multiplicación de los panes. El milagro se repite en el capítulo 8 (naturalmente con variantes). El doblete en ambos casos (en Lucas y en Marcos) tiene un propósito teológico. En el de Marcos lo más probable es que la segunda multiplicación, ocurrida aparentemente en tierra de paganos, sirva como paradigma de que Jesús no se restringió a predicar y hacer el bien solo en la casa de Israel (“sólo a las ovejas de Israel”: Mt 10,6 y 15,24 ). Y en Lucas, probablemente (es mera hipótesis), como una manera sencilla de magnificar la grandiosidad dy el magnetismo personal de Jesús, que atraía tanta gente cabe sí.
 
Pero el problema anunciado al principio persiste: ¿cuantos discípulos acompañaban normalmente a Jesús en el apogeo de su vida pública antes de subir definitivamente a Jerusalén?
 
 
1. Opino que lo más probable es que tenga razón la tradición más afianzada: eran doce más algunas mujeres (tres y otras, según Lc 8,3, aunque este texto no es de fiar totalmente, ya que no parece proceder de una fuente propia de Lucas, sino haber sido tomado en cuanto a los nombres de Mc 15,40). El texto de Lucas 8,3 dice: “Y sucedió a continuación que iba por ciudades y pueblos, proclamando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios; le acompañaban los Doce, y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malignos y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes, Susana y otras muchas que les servían con sus bienes”.
 
2. Otra razón que hace probable que no fueran más de doce al menos en su “núcleo duro” es que los Evangelios muestran a Jesús y a sus discípulos invitados a comer…, y es más fácil que se invitara a 12 (y a menudo en las comidas los israelitas de la época no hacían sentarse con ellos a las mujeres, a las que relegaban a un segundo plano) que a 72.
 
   A. Así en las bodas de Caná: Jn 2,1-2: “Tres días después se celebraba una boda en Caná de Galilea y estaba allí la madre de Jesús.  Fue invitado también a la boda Jesús con sus discípulos”.
 
   B. Igualmente en casa de Simón el Leproso (Lc 7,36-50, que ha de complementarse en cuanto a la presencia de los discípulos con Mt 26,8. Empiezo por el texto 1., de Lc 7,36: “Un fariseo le rogó que comiera con él, y, entrando en la casa del fariseo, se puso a la mesa”. 2. A lo largo de la comida entra la famosa mujer pecadora, pero innominada, que la tradición a partir del siglo V confunde voluntariamente con María Magdalena:
 
“Había en la ciudad una mujer pecadora pública, quien al saber que estaba comiendo en casa del fariseo, llevó un frasco de alabastro de perfume, 38 y poniéndose detrás, a los pies de él, comenzó a llorar, y con sus lágrimas le mojaba los pies y con los cabellos de su cabeza se los secaba; besaba sus pies y los ungía con el perfume. 39 Al verlo el fariseo que le había invitado, se decía para sí: «Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que le está tocando, pues es una pecadora»  (Lc 7,36-38).
 
Mateo precisa que no solo fue Simón el que protestó, sino también los discípulos de Jesús (¡por tanto estaban invitados al banquete!): “Al ver esto los discípulos se indignaron y dijeron: «¿Para qué este despilfarro? 9 Se podía haber vendido a buen precio y habérselo dado a los pobres». 10 Mas Jesús, dándose cuenta, les dijo: «¿Por qué molestáis a esta mujer? Pues una “obra buena” ha hecho conmigo. 11 Porque pobres tendréis siempre con vosotros, pero a mí no me tendréis siempre»”.
 
Dejando aparte algunas inverosimilitudes de ambos textos, aquí nos interesa el número de discípulos. Es más probable que fueran 12 discípulos que no 84.
 
 
   C. Otro argumento se deduce del episodio de la tempestad calmada, en donde se ve que Jesús y sus discípulos caben todos en una sola barca (esta no debía de tener más de 8 o 9 metros, a tenor de los restos de la barca del siglo I que se ha rescatado del fondo del Lago de Genesaret y que se conserva, si no me equivoco, en Betsaida). Leemos en el texto de Mateo 8,23-26: “Subió a la barca y sus discípulos le siguieron. 24 De pronto se levantó en el mar una tempestad tan grande que la barca quedaba tapada por las olas; pero él estaba dormido. 25 Acercándose ellos le despertaron diciendo: «¡Señor, sálvanos, que perecemos!». Les dijo: «¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?» Entonces se levantó, increpó a los vientos y al mar, y sobrevino una gran bonanza” Parece claro que los discípulos y Jesús iban todos en una misma barca).
 
 
   D. Como veremos en otro momento al comentar la lista de los discípulos en el evangelio de Mateo, el número de 12 simboliza a las doce tribus de Israel (¡que debían ser restauradas por Dios en la época mesiánica; en el Israel del siglo I sólo quedaban dos tribus y medias desde la primera deportación a Babilonia tras la conquista de Samaría en el 721 a. C. por Salmanasar):
 
 
“Entonces Pedro, tomando la palabra, le dijo: «Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué recibiremos, pues?». 28 Jesús les dijo: «Yo os aseguro que vosotros que me habéis seguido, en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, os sentaréis también vosotros en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel (Mt 19, 27-28).
 
 
   E. En Jn 21,1ss solo se nombran 8 discípulos íntimos (de los cuales el autor de este apéndice no sabe el nombre de dos de ellos), a saber: Simón, Tomás, Natanael Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo y dos innominados.
 
 
   F. En la lista de Hch 1,13 solo se nombran 11 discípulos (naturalmente Judas Iscariote había muerto ya, bien ahorcado (Mt 27,5: “Judas tiró las monedas en el Santuario; después se retiró y fue y se ahorcó”), bien porque se despeñó por un acantilado ¿?: (“Judas, pues, compró un campo con el precio de su iniquidad, y cayendo de cabeza, se reventó por medio y se derramaron todas sus entrañas”.
 
 
He aquí el texto en el que se enumeran los discípulos: “Entonces se volvieron a Jerusalén desde el monte llamado de los Olivos, que dista poco de Jerusalén, el espacio de un camino sabático. 13 Y cuando llegaron subieron a la estancia superior, donde vivían, Pedro, Juan, Santiago y Andrés; Felipe y Tomás; Bartolomé y Mateo; Santiago de Alfeo, Simón el Zelotes y Judas de Santiago (Hch 1,12-13).
 
 
Obviamos aquí la diferencia en cuanto al lugar y tiempo de la ascensión de Jesús (contrástese Lc 24,50: “Los sacó hasta cerca de Betania y, alzando sus manos, los bendijo” (la ascensión de Jesús tiene lugar apenas 24 horas después de la resurrección, y el texto de Hch 13, en el que el autor dibuja la ascensión de Jesús, después de cuarenta días de estancia en la tierra tras su resurrección. La ascensión no en Betania, sino en el Monte de los Olivos.
 
 
Por tanto, en síntesis: descartamos la tradición de Lc 10,1 como mero doblete, no histórica, y nos quedamos con el resto de la tradición, sobre todo sinóptica, y afirmamos con mucha probabilidad que el núcleo duro de Jesús se componía no de 84 sino de 12 discípulos, que representaban simbólicamente las 12 tribus, restauradas por Dios, de Israel.
 
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
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Martes, 8 de Agosto 2017
“Mario Saban y sus afirmaciones sobre los ebionitas y la comunidad cristiana de Antioquía”. “Compartir” (245)   de 6  agosto de 2017. Preguntas y respuestas.
Escribe Antonio Piñero
 
 
Interrumpo hoy mi comentario sobre los apóstoles de Jesús y transcribo una pregunta que me acaban de hacer y que creo interesante
 
PREGUNTA:
 
Oyendo a Mario Saban en un video  publicado en You Tube dice que los Ebionitas tenian el control de la comunidad creyentes de Jerusalen y Antioquia y, que será con Ignacio de Antioquia sobre el 80 despues de Cristo cuando se le dara gobierno en la igleisa de Antioquia a los paganos-conversos. 
Mi pregunta es: ¿Como puede ser que  la iglesia de Jerusalen la controlara este grupo cuando creia que Jesus era un mero hombre. nacido de la unión conyugal de Jose y Maria?. Siguiente pregunta, es cierto que la iglesia de Antioquia hasta el 80 era gobernada por judios practicantes de la ley (Ebionitas)?
 
 
RESPUESTA:
 
 
Muy probablemente es así. Para los ebionitas (“pobres de Yahvé”), que serían la mayor parte de la comunidad primitiva de Jerusalén Jesús era como descendiente de David un mero hombre. Sólo que Mario Sabán se olvida de recalcar que ese hombre  fue solo hombre durante su vida mortal; pero luego, tras su muerte y resurrección –según creían firmemente sus seguidores–  fue casi inmediatamente divinizado (no sabemos en qué grado exactamente en la comunidad de Jesús; pero ciertamente en un grado que no comprometiera el monoteísmo), siguiendo modelos judíos. Esta situación es explicada por mí, con cierta claridad, espero, en mi libro “Guía para entender a Pablo. Una interpretación del pensamiento paulino”. Editorial Trotta, Madrid, 2015. (Hay versión electrónica; consúltese, por favor, la Página Web de la Editorial).
 
Respecto a la comunidad de Antioquía: he discutido personalmente con Mario Sabán etos extremos. No se puede precisar, ateniéndiose a las fuentes, tanto como hace él y proporcionar fechas tan exactas.
 
He publicado en mi blog una serie de postales sobre el libro de Mario Saban que es la fuente de la conferencia que Usted menciona. La serie comienza así: “Sinagoga - Iglesia. La ruptura del siglo II. La división religiosa entre el judaísmo y el cristianismo en el siglo II”. Un libro de Mario J. Saban (701. 23-10-2016).
 
Por favor, utilice el buscador y vea en mi Blog lo que yo opino sobra la base teórica de esta y otras tantas afirmaciones, creo que indemostrables y desenfocadas de Mario. Se trata de una discusión meramente académica, porque como persona, Mario me parece admirable, y somos muy amigos.
 
Le pongo un ejemplo sobre las ideas de Mario respecto al denominado Concilio apostólico del año 49 y que está íntimamente relacionado con sus afirmaciones sobre la comunidad de Antioquía

»En efecto, debo mostrar mi desacuerdo no con la tesis defendida por el autor sino con la confusión insólita –en mi opinión– de personas y designaciones. A este Santiago jerusalemita de la reunión de Jerusalén (que aparece de improviso, sin explicación alguna, en Hch 15,13 como codirigente de esa iglesia al menos con Pedro), no se le suele denominar hijo de Alfeo (pp. 108. 109. 120), sino “El hermano –carnal– del Señor”, al que se refiere Gálatas 1,19: “Y no vi a ningún otro apóstol (salvo a Cefas), y sí a Santiago, el hermano del Señor” y 2,9: “Y reconociendo la gracia que me había sido concedida, Santiago, Cefas y Juan, que eran considerados como columnas, nos tendieron la mano en señal de comunión a mí y a Bernabé: nosotros nos iríamos a los gentiles y ellos a los circuncisos”.
 
»Hay además en este libro otros casos muy claros de actitud acrítica. Ofrezco algún ejemplo. El primero: “Policarpo de Esmirna (70-155) era un anciano cristiano que había conocido en su juventud (hacia 90-100) a Juan Evangelista (se supone que es el mismo autor que el del Apocalipsis) y este mismo lo había consagrado” (p. 333).
 
»Otro ejemplo: “Hacia finales del siglo I todas las autoridades del judaísmo nazareno son judías, podemos encontrar a san Simeón (el primo judío de Jesús) (62-107) como la autoridad del grupo ebionita (judeo-cristianos) que solo aceptaban el Evangelio de Mateo y no aceptaron jamás las cartas de Pablo, en Roma el hijo de un judío Clemente ben Yehudá (90-99), el joven judío Timoteo, circuncidado por Pablo, será el jefe de la congregación de Éfeso (50-97) y el anciano Yohanán (el último discípulo vivo de Jesús) escribiendo entre los años 90-100 su Apocalipsis, una obra influenciada por el “Maasé Merkabá” (el carro de fuego del profeta Ezequiel)” (p. 444).

​ »Lo que acabo de transcribir supone una actitud demasiado crédula y no conciliable con el rigor histórico respeto al caso de Policarpo y Juan evangelista. El que conozca mínimamente la historia de la composición del Cuarto Evangelio –en el que intervienen por lo menos tres o cuatro manos–, se asombrará de su adscripción a Juan Evangelista, discípulo directo de Jesús. Tal adscripción es solo un producto de una tradición del siglo II, preocupada únicamente por dar nombres ilustres a composiciones tan importantes para el cristianismo naciente como los evangelios, pero que en realidad son anónimas.
 
»Otro caso similar: las afirmaciones del Mario sobre la literatura Pseudo Clementina no me parecen acertadas. El tal “Clemente” es aquí una figura totalmente legendaria. La crítica se inclina a señalar con cierta precisión la fecha final de la puesta por escrito de la versión griega, las “Homilías Pseudo Clementinas”: entre el 230-250, ya que cita a Bardesanes. No podemos saber con exactitud la fecha de composición de algunos de los elementos antiguos de estas Homilías como el denominado Kerygma Petri. Pero probablemente es una obra de mediados del siglo II y no de finales del siglo I.
 
»De ese Clemente legendario afirma nuestro autor con toda seguridad (p. 257) que fue obispo de Roma durante el 90-99, pero ese hecho es también muy inseguro. Sostiene además que el mismo personaje que redactó las obras Pseudo Clementinas (Homilías y Recognitiones en su versión latina), que aún no conoce el pensamiento joánico del Verbo, escribió también las dos Cartas de Clemente recogidas en las ediciones de los “Padres Apostólicos” (p. 257). 
 
»Es cierto que el desconocido autor de las Homilías Pseudoclementinas defiende un monoteísmo a ultranza, que desconoce la Trinidad y no admite ninguna distinción entre posibles personas divinas. Pero nuestro autor ignora que en las Recognitiones latinas el autor –o quizás el traductor, Rufino de Aquilea– hace un encendida defensa de la Trinidad en 1,69 (véase la Patrología de Johannes Quasten, BAC 1968, I 70).
 
»Del mismo modo, lo que afirma sobre una unidad de autor entre la Primera Carta de Clemente y la Segunda no es defendido hoy por nadie, que yo sepa. Respecto a su alusión al cargo de Timoteo como obispo de Éfeso, hay que decir que es una mera tradición altísimamente insegura, y también es muy improbable que el autor del Apocalipsis sea el mismo “presbítero” (el “anciano” Yohanán) que conocemos por la segunda y tercera Epístola de Juan. En mi opinión, y con el debido respeto, tales afirmaciones suponen no estar al tanto de –o no estar de acuerdo con– los resultados más seguros de la investigación del Nuevo Testamento, y sí estarlo con los “datos” de una tradición inverosímil.
 
Aquí hay materia para pensar.
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
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Domingo, 6 de Agosto 2017
“Para algunos cristianos primitivos Felipe era el portavoz de los discípulos, no Pedro”. Los discípulos de Jesús (III) (889)
Escribe Antonio Piñero
 
Seguimos con el tema “Los discípulos de Jesús”. Cuestiones en torno a su existencia histórica y su actuación como grupo. Y comentamos el texto del Evangelio de Juan 1,36-51
 
El caso de Felipe es curioso en el Cuarto Evangelio porque es un personaje mínimo en los evangelios sinópticos y sin embargo aparece como portavoz de los discípulos en el Cuarto Evangelio. Felipe tiene un nombre muy griego (“Amante de los caballos”) era de Betsaida y probablemente hablaba griego bien por lo que veremos a continuación.
 
En Jn 6,5-9:
 
“Al levantar Jesús los ojos y ver que venía hacia él mucha gente, dice a Felipe: «¿Dónde vamos a comprar panes para que coman éstos?». Se lo decía para probarle, porque él sabía lo que iba a hacer.  Felipe le contestó: «Doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno tome un poco». Le dice uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro: «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?»,
 
Felipe aparece como figura principal entre los discípulos y su portavoz. Pedro queda silenciado. Obsérvese también el papel de Andrés, que igualmente es una figura mínima en los evangelios sinópticos. Que Pedro es importante se destaca solo indirectamente, ya que Andrés es nombrado por referencia a su hermano, Pedro.
 
Jn 12,20-23:
 
“Había algunos griegos de los que subían a adorar en la fiesta. Estos se dirigieron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le rogaron: «Señor, queremos ver a Jesús». Felipe fue a decírselo a Andrés; Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús. Jesús les respondió: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo de hombre.
 
Dejando aparte la frase de Jesús, al final del texto, que es pura teología del Evangelista, es claro que los griegos que quieren ver al Maestro no se dirigen a Simón Pedro, sino a Felipe, y este tiene como colaborador a Andrés. Felipe es de nuevo el portavoz del grupo.
 
Jn 14,7-9:
 
“Dice Jesús: Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto.»  Le dice Felipe: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta.»  Le dice Jesús: «¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre?”.
 
Jesús como el Gran Revelador es la característica principal del héroe de la historia, el Mesías, en el Cuarto Evangelio. El que dirige la pregunta trascendental a Jesús tampoco es Simón Pedro, sino Felipe.
 
De aquí se ha deducido por parte de la investigación actual que las fuentes documentales de las que dispone el Evangelio de Juan para contar una historia básica de Jesús (parecida en principio a la de los evangelios sinópticos: aparición pública en Judea y Galilea; fracaso de Jesús y enemistad con los judíos; estancia final en Jerusalén, muerte, resurrección y apariciones–, historia que tiene algunos detalles particulares sobre la vida del Mesías que no aparecen en otros evangelios, como por ejemplo la afirmación de que la tarde del viernes en la murió Jesús no era la víspera inmediata de la Pascua, sino de la preparación de la Pascua), tiene como fuente no a Pedro, sino a otros discípulos en concreto Felipe.
 
Por tanto la fuente principal del Cuarto Evangelio, según esta tradición no es Pedro, sino que es doble: el misterioso Discípulo amado (que probablemente no es Juan hijo del Zebedeo, sino un discípulo ideal cuyo nombre no sabemos) y Felipe. Decididamente el Evangelio de Juan se aparta de la tradición de Pedro.
 
Por eso, el último y desconocido, redactor del Cuarto Evangelio añade un apéndice, que es el capítulo 21, al texto principal del evangelio, en el que busca conciliar su punto de vista con el de los otros evangelistas (Mateo, Marcos  y Lucas) que sostienen la primacía de Pedro, con el suyo (primacía de Felipe y Andrés). Y, finalmente, tanto los Sinópticos, como el Cuarto Evangelio (que tiene concepciones de fondo igualmente paulinas sobre el sentido de la muerte y resurrección de Jesús) buscan unir esas concepciones con el recuerdo histórico de Jesús.  ¿Por qué? Para que la reinterpretación de Jesús por parte de Pablo no quede en el aire de la mera especulación teológica, sino que empalme con los recuerdos históricos de los verdadero seguidores del Nazareno, tan judíos palestinos como él, y que formaban la Iglesia de Jerusalén.
 
Con otras palabras: había que unir a toda costa el profundo paulinismo dominante con el petrinismo (de al menos una buena parte de los judeocristianos; no todos eran seguidores de Santiago, el “hermano del Señor”…) de modo que lo que quedaba del judeocristianismo entorno a los años 75-100 d. C. no se apartara de la comunión de la “Gran Iglesia” –paulina naturalmente–, que pretendía unir lazos con la otra gran rama del cristianismo primitivo, el judeocristianismo. Y esta fue la labor sobre todo del autor de los Hechos de apóstoles, fuera Lucas u otro desconocido personaje, pero cercano al pensamiento del tercer evangelio. Los Hechos tratan de fusionar el paulinismo con los restos del judeocristianismo.
 
Seguiremos con el tema de los discípulos que da todavía para algunas postales más
Saludos cordiales de Antonio Piñero
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Viernes, 4 de Agosto 2017
“La discutida primacía de Pedro”. Los discípulos de Jesús (II) (888)

Escribe Antonio Piñero
 
 
Seguimos comentando el texto del Evangelio de Juan 1,35-58 que iniciamos el día anterior
 
V. 35:
 
· “se encontraba de nuevo allí”: se refiere naturalmente a Juan Bautista y la localización geográfica es el norte de Judea de Juan predicaba y bautizaba
 
· “al ver que Jesús pasaba”: indica que Jesús estaba en Judea. Pero esto contradice lo que el lector obtiene del Evangelio de Marcos, a saber que Jesús no estuvo en Judea durante su vida pública (que probablemente duró menos de un año, el tiempo de una Pascua /Ácimos) nada más que para celebrar esa festividad. Pero el Evangelio de Juan supone que Jesús –ya independiente de Juan Bautista predicaba y bautizaba en competencia con él en Judea: “Fueron, pues, sus discípulos donde Juan Bautista y le dijeron: «Rabbí, el que estaba contigo al otro lado del Jordán, aquel de quien diste testimonio, mira, está bautizando y todos se van a él» (aunque más tarde el autor rectifica y afirma: “Cuando Jesús se enteró de que había llegado a oídos de los fariseos que él hacía más discípulos y bautizaba más que Juan –aunque no era Jesús mismo el que bautizaba, sino sus discípulos–, abandonó Judea y volvió a Galilea”. Me parece, pues, evidente que el marco geográfico (al menos de los inicios) de la  predicación de Jesús y el del Evangelio de Marcos no cuadran entre sí.
 
·  “Juan Bautista dijo: «He ahí el Cordero de Dios»”. Parece evidente que esas palabras del Bautista no son históricas, sino pura teología del Evangelista (o evangelistas: los autores del Cuarto Evangelio son vario) puesta en boca de Juan Bautista en esos instantes iniciales de la peripecia entre Juan Bautista y Jesús. Esa teología presupone ya la muerte de Jesús, su sentido sacrificial, vicaio por toda la humanidad, una muerte ocurrida cerca de la Pascua, en la que Jesús es inmolado por la voluntad del Padre. Que Jesús sea el cordero depende de la teología de Pablo, el cual afirma en 1 Corintios 5,7: “Pues Cristo, nuestro cordero pascual, ha sido inmolado”.
 
Además, según Mt 11,2-3, Juan Bautista estando ya en la cárcel “había oído hablar de las obras de Cristo, envió a sus discípulos a decirle:  «¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?», el Bautista dudaba de si Jesús era el Mesías o no lo era. Es claro que no pudo decir, nada más empezar la vida pública de Jesús que él era el Cordero de Dios (que quita los pecados del mundo). Esta afirmación parece más apropiada del Apocalipsis donde a partir de 5,6 y hasta 22,3 se habla de Jesús como el Cordero sacrificado, pero triunfante, exaltado junto a Dios con las mismas (casi) características divinas que Dios Padre.
 
 
V. 36: “Al ver a Jesús que pasaba”: sin más.. Jesús andaba por allí entre los discípulos del Bautista… Es un tanto inverosímil la escena.
 
 
V. 37: “siguieron a Jesús”: el verbo “seguir” tiene ciertas connotaciones técnicas y significa en el contexto de maestro/discípulo que alguien se hace efectivamente discípulo.
 
 
V. 38: “Rabí” (que significa maestro): es en extremo curioso que Jesús, antes de escoger discípulo alguno y de iniciar su vida pública ya es considerado “maestro” por los discípulos del Bautista. De ahí se ha deducido que Juan Bautista guarda el recuerdo de Jesús hubo de estar durante cierto tiempo (no sabemos cuánto) con él, tras ser bautizado, y que los discípulos ya sabían que sus conocimientos de la Escritura eran sobresalientes, tanto como denominarlo “maestro”
 
· “¿Dónde te alojas?”: como en el Evangelio de Juan nada es superfluo y mucho, casi todo, tiene un significado profundo y simbólico además de lo que aparece en la superficie del relato, es posible que la morada de Jesús –en donde esos dos personajes van a pasar  una buena parte de un día (“hasta la hora décima”: v. 39; las cuatro de la tarde, contando desde las seis de la mañana como hora primera)– tenga un cierto simbolismo. Propongo lo siguiente: según Jn 2,21 (“Pero él hablaba del santuario de su cuerpo”), parece que claro que el cuerpo de Jesús, su persona, era como el templo de Jerusalén, es decir, la sede de la morada divina, conforme a Jn 1,1 (El –Verbo = que se encarna en Jesús, es Dios). Por tanto, ir a la morada (el Templo era la morada de Yahvé donde residía su Presencia; hebreo shekhiná) era tanto como decir era a ir/entrar en donde está la presencia divina.
 
Efectivamente van con Jesús, están con él y salen convencidos de que Jesús es el Mesías (v. 41). El estar con Jesús es un acto de revelación. Esos dos discípulos, al principio innominados pero luego sabemos que uno de ellos era André, hermano de Simón Pedro, reciben una iluminación y caen en la cuenta de la verdadera personalidad de Jesús.
 
VV. 40-42: “Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan y lo habían seguido. 41 Este encontró en primer lugar a su propio hermano Simón y le dijo: –Hemos encontrado al Mesías (que significa «ungido»). 42 Lo condujo ante Jesús”.
 
Obsérvese que no es Pedro el que ha tenido la suerte de obtener algo así como la primacía de conseguir saber la verdadera naturaleza de Jesús, sino Andrés. Es cierto que la primacía de Pedro aparece claramente en los Evangelios Sinópticos (Mt, Mc y Lc), pero la tradición sobre Pedro no era firme del todo. Hacia el año 100, cuando se compone el Evangelio de Juan, es preciso que el último redactor de ese evangelio añada el capítulo 21, donde se refuerza (¡dentro del grupo johánico!) que la primacía entre los discípulos de Jesús en vida, y después, no corresponde al Discípulo amado, o a Juan, hijo de Zebedeo, sino a Pedro.
 
El autor de Hechos de los apóstoles (de fecha de composición indeterminada y autor no seguro del todo que sea Lucas: entre el 110-130 ¿?) confirma en los primeros capítulos de su obra que la primacía entre los discípulos es de Pedro (es el que lleva la voz cantante). Es, por consiguiente, muy claro que muchos años después de la muerte de Pedro (hacia el 64 en Roma, en la persecución de Nerón, según la tradición de los Hechos apócrifos de Pedro compuestos hacia el año 180 d. C. ¡¡!!) todavía es preciso reforzar que la autoridad entre los seguidores inmediatos de Jesús es la de Pedro.
 
Y esto era así porque en otros grupos potentes de cristianos de la época consideraban que el maestro supremo no era Pedro, sino Santiago, el hermano del Señor (judeocristianos) o Pablo de Tarso (paulinos). Hasta bien entrado el siglo III se componen obras para defender la primacía de Pedro (Literatura Pseudo Clementina o los dos “Apocalipsis de Santiago” de la Biblioteca copto-gnóstica de Nag Hammadi). Los paulinos –desde la vida misma de Pablo– necesitaban potenciar el papel de Pedro, como discípulo de Jesús que había sido expulsado del poder por Santiago en la comunidad de Jerusalén, y a pesar de las dificultades ideológicas (Gal 2,11-14), para unir el movimiento paulino (de casi pura reinterpretación teológica de Jesús) con los sucesores de Jesús más poderosos que se encontraban en la comunidad judeocristiana de Jerusalén. Era para ellos vital unir las especulaciones teológicas del maestro Pablo con la tradición sobre Jesús. Ya los evangelistas cumplieron ampliamente esta tarea… ¡y lo hicieron eficazmente!
 
El tema de los discípulos de Jesús (forma parte del tema “Éxito y fracaso” de este) es realmente importante. Puede verse con este ejemplo de breve análisis del cap. 1 del Evangelio de Juan, cuántas cosas, informaciones interesantes, pueden obtenerse de la lectura pausada con calma, de un texto de los Evangelios.
 
Seguiremos comentándolo el próximo día
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Ciomplutense de Madrid
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NOTA

Mi amigo el catedrático de neurología, Francisco Rubio, muy laureado por sus trabajos y a quien estimo mucho ha publicado el texto de una conferencia suya, del 19 julio de este año, 2017, en la Universidad de Verano “Menéndez Pelayo” (Palacio de la Magdalena, Santander). El título era “El surgimiento de la espiritualidad en el ser humano” que luego se ha publicado en su Blog como “La espiritualidad humana se habría iniciado con el chamanismo”
 
La considero muy interesante: he aquí el vínculo:

http://www.tendencias21.net/La-espiritualidad-humana-se-habria-iniciado-con-el-chamanismo_a44088.html
 
Francisco J. Rubia es Catedrático emérito de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, y también lo fue de la Universidad Ludwig Maximillian de Munich, así como Consejero Científico de dicha Universidad.  Miembro numerario de la Real Academia Nacional de Medicina y Vicepresidente de la Academia Europea de Ciencias. 
 
Miércoles, 2 de Agosto 2017
“Si hay dudas en que haya existido el propio Jesús más dudas sobre la existencia de sus discípulos” (887)

 Escribe Antonio Piñero
 
 
 A propósito de la siguiente pregunta que me han formulado unos días. Fue la siguiente (trascribo tal cual salvo el añadido de algunas tildes):
 
“Le agradecería si de forma breve para no abusar de tu tiempo, preguntarte si realmente es histórico la existencia de los 12 apóstoles y sus viajes a diferentes lugares del mundo o sus enterramientos o solo es acto de fe. Ya que si hay dudas en que haya existido el propio Jesús más dudas sobre la existencia de sus discípulos”.
 
Respondí lo que sigue:
 
Puedo ofrecerle lo que a este propósito  estoy dando en mi Seminario “Investigación sobre Jesús”, todos los lunes en la Avenida de Portugal 35, La Ramallosa, al lado de Baiona, Pontevedra. Es justo el tema que ahora estamos tocando. Todo lo que le transcribo es provisional tal como lo voy desarrollando en explicaciones que creo sencillas, fáciles de entender.
 
 Aquí va:
 
Jesús y sus discípulos. Llamada y misión
 
Su llamada es contada por  la tradición sinóptica (Comienzo del ministerio de Jesús y llamada de los primeros discípulos: Mc 1,16-20; paralelos en Mt 4, 12-17.18-22; Lc 4,14-15; 5,1-11; Jn 1,35-51; 4,43-46). Aquí veemos lo más importante.
 
· Mc 1,16-20: “Al pasar junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés, el hermano de Simón, que echaban las redes en el mar, pues eran pescadores. 17 Y les dijo Jesús: –Seguidme y haré que seáis pescadores de hombres. 18 E inmediatamente, dejando las redes, lo siguieron. 19 Después de avanzar un poco, vio a Jacobo el de Zebedeo, y a Juan su hermano, que estaban en la barca preparando las redes; 20 al instante los llamó. Dejaron a su padre, Zebedeo, en la barca con los jornaleros y se fueron tras él.”
 
Se trata de un retrato ideal y estilizado. En este pasaje, fundamentalmente redaccional, hay que ver detalles históricos indudables: formación de un grupo de discípulos en torno a Jesús, entre ellos algunos que habían seguido al Bautista; algunos de sus nombres y su trabajo usual. Pero no es posible considerar histórico el modo, tan repentino e inexplicado, de la respuesta de los discípulos. Igualmente el dicho sobre los «pescadores de hombres» tampoco parece auténtico, ya que refleja la actitud misionera de la comunidad marcana.  En el mundo grecorromano y judío «pescar hombres» era actuar de maestro; la frase puede significar también sacar a los seres humanos de las redes de Satanás e introducirlas en las de Dios: salvarlos. Que tuvo discípulos Jesús es seguro, porque a la tradición, aficionada a mostrar a Jesús como un únicum, le habría parecido bien que Jesús hubiera circulado solo por Israel. En realidad no los necesitaba para mostrar lo que quiso.
 
Quizás haya inspirado al evangelista Marcos la llamada que Elías hace a Eliseo, quien sigue a su maestro al instante:
 
“Partió de allí y encontró a Eliseo, hijo de Safat, que estaba arando. Había delante de él doce yuntas y él estaba con la duodécima. Pasó Elías y le echó su manto encima. 20 El abandonó los bueyes, corrió tras de Elías y le dijo: «Déjame ir a besar a mi padre y a mi madre y te seguiré.» Le respondió: «Anda, vuélvete, pues ¿qué te he hecho?» 21 Volvió atrás Eliseo, tomó el par de bueyes y los sacrificó, asó su carne con el yugo de los bueyes y dio a s.us gentes, que comieron. Después se levantó, se fue tras de Elías y entró a su servicio” (1 Re 19,19-21)
 
Parece que un caso muy parecido en su disposición literaria es el de Leví, hijo de Alfeo en Mc 2,13-15:
 
“Salió de nuevo por la orilla del mar. Toda la multitud acudía a él, y les enseñaba. 14 Y al pasar, vio a Leví, hijo de Alfeo, sentado en el telonio y le dijo: –Sígueme. Y él, levantándose, lo siguió. 15 Y ocurrió que, mientras estaba recostado a la mesa en su casa, muchos publicanos y pecadores estaban también recostados con Jesús y sus discípulos, pues eran muchos y lo seguían”.
 
Como se ve, el texto adolece, tal como está narrado, de una notable inverosimilitud. Lo que se pretende es representar literariamente la personalidad magnética de Jesús, al igual que otros héroes de la antigüedad literaria para el autor evangélico.
 
El Evangelio de Juan cuenta las cosas de otro modo muy distino:
 
“Al día siguiente se encontraba de nuevo allí Juan junto con dos de sus discípulos. 36 Al ver a Jesús que pasaba, dijo: –He ahí el Cordero de Dios. 37 Y mientras él hablaba los dos discípulos lo oyeron y siguieron a Jesús. 38 Al volverse Jesús y ver que lo seguían, les dijo: –¿Qué buscáis? Ellos le preguntaron: –Rabí (que significa «maestro»), ¿dónde te alojas? 39 Les respondió: –Venid y lo veréis. Así que fueron, vieron dónde se alojaba y se quedaron con él aquel día; era alrededor de la hora décima.  40 Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan y lo habían seguido. 41 Este encontró en primer lugar a su propio hermano Simón y le dijo: –Hemos encontrado al Mesías (que significa «ungido»). 42 Lo condujo ante Jesús. Jesús, fijando en él la mirada le dijo: –Tú eres Simón el hijo de Juan; serás llamado Cefas (que significa «Pedro»). 43 Al día siguiente decidió salir hacia Galilea y encontró a Felipe. Y Jesús le dijo: –Sígueme. 44 Felipe era de Betsaida, de la ciudad de Andrés y Pedro. 45 Felipe encontró a Natanael y le dijo: 
–Hemos encontrado a aquel a quien Moisés y los profetas describieron en la Ley, a Jesús, hijo de José, el de Nazaret.
46 Y Natanael le respondió:
–¿De Nazaret puede salir algo bueno?  Felipe le contestó:  
–Ven y lo ves. 
47 Jesús vio a Natanael que se le acercaba y dijo refirién
dose a él:
–Ved a un israelita de verdad en el que no hay engaño.
48 Le dijo Natanael:
–¿De dónde me conoces? 
Jesús le contestó:
–Te vi bajo la higuera antes de que Felipe te llamara.
49 Le replicó Natanael:
–Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres rey de Israel.
50 Jesús le respondió:
 –¿Porque te dije que te había visto bajo la higuera crees? Verás cosas mayores que esa. 51
Y añadió:
 –En verdad, en verdad os digo, veréis el cielo abierto «y a los ángeles de Dios subiendo y bajando» sobre el Hijo del Hombre”.
 
Podemos comentar brevemente lo siguiente, siguiendo el orden de versículos
 
37          los dos discípulos…siguieron a Jesús: la afirmación podría reflejar un posible dato histórico, a saber, que algunos discípulos de Jesús habían sido previamente discípulos de Juan. No obstante, la noticia de que, delante del propio Juan el Bautista y sin más explicaciones, sus discípulos transfieren a Jesús la fidelidad que hasta el momento le habían mostrado a él parece responder al contexto polémico del evangelio, interesado en mostrar la superioridad de Jesús y el carácter totalmente subordinado del Bautista, e indica la existencia de una rivalidad en tiempos de la composición del evangelio entre seguidores de Jesús y del Bautista. Es, por tanto, probablemente no histórico.

40          Andrés…que habían oído a Juan: la expresión en griego tón akousánton pará Ioánnou expresa no solo que Andrés y el otro discípulo habían escuchado al Bautista, sino también que procedían de su grupo de seguidores. Luego Jesús toma parte, al menos de sus primeros discípulos del grupo de Juan Bautista. Por tanto, lo más probable es que Jesús fuera también discípulo del Bautista. Sin embargo, no podemos saber ni cuánto tiempo, ni qué tipo de discípulo era, ni otros pormenores. Aquí lo mejor es no especular, sino constatar. Que Jesús fuera discípulo del Bautista parece verosímil porque las primeras palabras de la prediciación pública de Jesús son iguales a algunos dichos del Bautista Mc 1,15: “«El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva»”. Mateo confirma bien esta perspectiva porque las palabras del inicio de la predicación de Jesús son también idénticas a las del Bautista; véase Mt 4,17: “Desde entonces  (después de las tentaciones) comenzó Jesús a predicar y decir: «Convertíos, porque el Reino de los Cielos ha llegado»”.

43          encontró a Felipe: el nombre (griego) de este discípulo figura en las listas sinópticas de los Doce (Mc 3,18 y paralelos), pero el Cuarto Evangelio le dedica una atención especial; véase 6,5-7 (); 12,21-22; 14,8-9. Ello podría quizás deberse a que la comunidad johánica lo consideró uno de sus legendarios fundadores.
 
Seguiremos.
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
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Lunes, 31 de Julio 2017
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Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.








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