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“Argumentos en favor de la prioridad cronológica de parte del Evangelio de Tomás. El Jesús de la historia según EvTomás.” (IV)
Escribe Antonio Piñero
 
 
Una vez que hemos visto a vuelo de pájaro cómo nuestro autor divide el Evangelio de Tomás, como pondera su valor para la reconstrucción del Jesús histórico, qué imágenes de este Jesús ofrece cada estadio de la obra, volvemos hacia atrás en su Introducción general para considerar el fundamento básico de toda su argumentación que no es otro que su investigación le ha llevado a considerar que una gran parte del EvT no depende de los Evangelios sinópticos.  Y es en este apartado donde formularemos algunas objeciones.
 
Riera Ginestar plantea series dificultades a la hipótesis de que gran parte del EvT dependa de los Sinópticos. Sus adversarios han sostenido que
 
“El evangelio de Tomás depende de los evangelios sinópticos con los que comparte, en mayor o menor medida, un 50% de dichos y parábolas y, por lo tanto, es una colección de dichos secundaria y tardía extraída del Nuevo Testamento que puede estar relacionada con una versión siriaca del Diatessaron o Concordancias, obra de la literatura cristiana del siglo II escrita por Taciano sobre la base de los cuatro evangelios canónicos, los cuales combina para formar un único relato concordante” (Jesús al desnudo, p. 17).
 
En contra, los argumentos de Riera (referidos ante todo al primer estadio, EvT1, que es el que más le interesa como camino válido para acceder al Jesús de la historia) son los siguientes:
 
1. En el EvT no hay más que una sola alusión trinitaria (Dicho 44: Jesús dijo: “Al que blasfeme contra el Padre le será perdonado. Y al que blasfeme contra el Hijo, le será perdonado. Pero al que blasfeme contra el Espíritu santo, no le será perdonado ni en la tierra ni en el cielo”
 
2. El sintagma Hijo del Hombre solo está presente en el EvT (d. 86).
 
3. En el EvT está ausente el título “mesías” referido a Jesús.
 
4. Prácticamente ningún dicho del EvT con paralelo en los Sinópticos reproduce el texto de estos al pie de la letra, sino siempre con variaciones leves o serias. Por ejemplo, el “reino de Dios” siempre se encuentra como “reino”, “reino del Padre”, “reino de los cielos”.
 
5. En muchas ocasiones los dichos del EvT son más breves y sencillos que en la tradición Sinóptica.
 
6. La secuencia de los dichos de Jesús en el EvT es totalmente autónoma, es decir, no sigue el orden de ninguno de los Evangelios Sinópticos, sino que es aleatoria.
 
7. En ocasiones el EvT junta de manera aparentemente caprichosa dos o más versículos de los Sinópticos. Así, por ejemplo, el EvT en el d. 31 une Mc 6,4 con Lc 4,23. Y en el d. 33 el EvT une Mt 10,27 con Lc 11,33.
 
8. En las parábolas de Jesús transmitidas por el EvT no hay aún rasgos alegóricos (ejemplo, la explicación alegórica de la parábola del sembrador que aparece en Mc 4,3-9 que luego se explica alegóricamente en Mc 4,13-20, explicación que casi con total seguridad procede de la Iglesia primitivo y no de Jesús). Véase el EvT, d. 9.
 
9. Treinta y siete unidades del EvT son compartidas con el material de Que (previo a los Sinópticos). Y como no hay la menor prueba de que el EvT haya copiado de “Q” (los marcos teológicos y el orden de aparición son totalmente diferentes), de ello se deduce que ese material común, al menos, es más antiguo que el evangélico.
 
Según Riera “estas peculiaridades”… de EvT1 no se deben a un “intento de síntesis entre diversas versiones”, sino que “apuntan a una fuente distinta o alternativa a la de los Sinópticos”… “y favorecen la hipótesis de que el autor del EvT tuvo a su disposición alguna colección escrita de dichos de Jesús similar a la “Fuente Q”, que derivaba de una tradición oral tal vez paralela a la de los evangelios canónicos, pero independiente de ella y seguramente más antigua (p. 59).
 
 
Mi opinión respecto a esta perspectiva básica es que el monto de los nueve argumentos es muy fuerte, pero que la presencia de otras hipótesis dejan un poso de inseguridad en el investigador que puede acabar por adoptar una decisión siempre dubitante. Así, por ejemplo, no se puede asumir con total certeza que en el EvT haya ocurrido lo que se presupone que pasó en la Fuente Q, a saber, que ese documento era un escrito originariamente sapiencial y que los elementos apocalípticos fueron añadidos posteriormente. Esta hipótesis no es nada seguro por razón importante que ejemplifico tomando el argumento de lo que ha ocurrido muy probablemente con la composición de la ‘Fuente Q’ (obra muy parecida a EvT). Argumenta John Kloppenborg en la obra común con P. Hoffmann y J. M. Robinson, El Documento Q, traducido por S. Guijarro, Sígueme, Salamanca 2002, p. 85:
 
“Afirmar que los componentes sapienciales estuvieron en los orígenes de la Fuente Q, y que los oráculos proféticos de juicio y los elementos que presentan a Jesús en conflicto con ‘esta generación’ (es decir, elementos apocalípticos claros en el pensamiento de Jesús) son secundarios (según el análisis puramente literario del Documento Q) nada implica del origen histórico último de ninguno de esos dichos. Es ciertamente posible, e incluso probable, que algunos materiales de la segunda fase de la composición de “Q” sean prepascuales, o por lo menos muy antiguos; y que algunos de los elementos presentes en “Q” sean, desde el punto de vista de la autenticidad o de la historia de la tradición, relativamente recientes. La historia de la tradición no es convertible en historia literaria”.
 
“Por tanto, caracterizar a ‘Q’ como escrito sapiencial no significa que esto implique una imagen de Jesús como maestro de sabiduría intrascendente, absolutamente impermeable a las influencias de la escatología (o la apocalíptica) y a las tradiciones proféticas y narrativas de Israel”.
 
Lo que sostiene Kloppenborg a propósito de ‘Q’ es muy importante y es trasladable al EvT, como indiqué Voy a destacar las ideas básicas de los dos párrafos transcritos y obtener consecuencias:
 
1.  Cuando se hacen análisis literarios de un documento antiguo como la ‘Fuente Q’ o el EvT, que es muy parecido, hay que distinguir muy bien entre los estratos literario de los históricos. En lo literario la Fuente Q nació seguramente como un compendio de enseñanzas de Jesús. Y luego se la añadieron, en su segundo momento, material escatológico y apocalíptico. Pero este proceso de construcción literaria de un documento nada dice que el primer estrato a) (sapiencial) sea único, o sea más antiguo que el estrato b) (apocalíptico). El documento fue compuesto literariamente en este orden, pero los materiales apocalípticos –añadido después– pueden incluso ser anteriores desde el punto de vista de la historia de la tradición.
 
Deducir del modo de composición literaria de la Fuente Q que Jesús era solo un maestro de sabiduría y que no era para nada apocalíptico ni escatológico es una conclusión exagerada que no tiene en cuenta el material de conjunto de los Evangelios y se fija solo en lo recogido en Q.
 
El hecho que la Fuente Q no tenga nada sobre la muerte en cruz y la resurrección significa solo que el autor, o autores, se fijaron especialmente, por sus intereses didácticos, en el material de “sabiduría” de Jesús, pero de ningún modo que históricamente la muerte en cruz fuera un añadido más o menos inventado por la Iglesia primitiva, ni tampoco que la creencia en la resurrección de Jesús fuera un elemento surgido muy tardíamente en el movimiento de seguidores de Jesús.
 
 
Estas conclusiones deben aplicarse al EvT, que es muy parecido al Documento Q: es muy posible que el EvT contenga material muy antiguo de Jesús, incluso anterior, en algunos casos, a los Evangelios Sinópticos. Los argumentos arriba expuestos son muy fuertes y muy razonables.
 
Por eso no significa que su Jesús (se formularía el siguiente axioma: “muy primitivo, luego histórico”) fuera exclusivamente un “maestro de sabiduría”, para nada apocalíptico, que se parecía muchísimo a un filósofo cínico.  Por tanto, no se deduce lógicamente que se diga que el EvT no contiene dichos apocalípticos de Jesús porque son históricamente posteriores, inventados por la Iglesia primitiva para justificar su muerte en cruz. No se sigue en pura lógica y es una consecuencia exagerada que no tiene en cuenta la gran cantidad de material apocalíptico de los Sinópticos, rastreables hasta el Jesús histórico. Sólo se sigue lógicamente que el que, o los que compusieron el EvT tenía solo intereses sapienciales, no apocalípticos. Por ello su Jesús se muestra solo como un maestro sapiencial.
 
2. Existe además una hipótesis –es una mera hipótesis, insisto– que puede aclarar la aparente antigüedad del material del EvT, en general más breve y desnudo de adornos o alegorizciones: la denominada “segunda oralidad” (explicada por Armand Puig en el libro citado anteriormente, al principio, p. 10, n. 16). Dice así: es posible que los materiales de las fuentes del EvT sean predominantemente orales, incluso en el caso de materiales que procedan de los Sinópticos: es posible que el autor, o los autores, del Evangelio de Tomás compusieran esta obra con material evangélico aprendido de memoria, es decir, transmitido oralmente en los oficios litúrgicos o en la catequesis, incluso aunque en la comunidad detrás del EvT hubiera documentos escritos sobre Jesús. Los autores citarían de memoria, pues habían oído muchas veces ese material. Citar de memoria supone que se abrevia en muchas ocasiones y que se producen muchas variantes sobre el texto escrito (A. Puig cita S. Bryskog, Story as History – History as Story. The Gospel Tradition in the Context of Ancient Oral History [WUNT 123] Mohr, Tubinga 2000).
 
 
Espero concluir mañana.
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.ciudadanojesus.com
 

Lunes, 10 de Julio 2017


Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.








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