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Hoy escribe Antonio Piñero


Pregunta:


Ud. afirma que hay dos tradiciones sobre la sepultura de Jesús, a saber: la de la tumba rica de José de Arimatea y la de la fosa común junto a malhechores arrojado por esbirros. La segunda debe estar en Hechos, pero no consigo encontrarla. Ruego me dé la cita de la versión bíblica donde queda patente, o me la transcriba, y, si lo tiene a bien, añada algún comentario. Gracias.




Respuesta:


Se trata del discurso de Pablo en Antioquía de Pisidia Hch 13,27-31, espec. 29. La deducción es que si Hch dice que lo bajaron la autoridades judías enemigas de Jesús, y si este fue condenado por los romanos como sedicioso contra el Imperio, no lo iban a poner en un sepulcro honroso, sino en un común, el que había en Jerusalén para malhechores, del mismo modo que había otro terreno para enterrar a peregrinos que morían en las fiestas. El que Lucas diga “sepulcro” (griego mnemeion) no es más que un embellecimiento de una tradición molesta.


Pregunta:


Quisiera hacerle una pregunta en relación a la región de Galacia.
Por un lado encuentro los historiadores cristianos que hablan de Galacia y los Gálatas, ubicándolos por territorio turco más o menos, y luego encuentro otra línea de historiadores que no hablan de Galacia, sino de las Galias.
Personalmente entiendo que Pablo como judío, escribe a una o varias congregaciones de Galacia, pero que esta transliteración de la palabra Galacia, no es correcta, tiene otro significado que en hebreo cobra total sentido. Independientemente de esto, mi pregunta es ¿ Realmente a la luz de la historia, existió la región de Galacia y los Gálatas, o más bien eran las Galias que posteriormente en el cristianismo fue derivando, como otras tantas palabras, a lo que hoy conocemos como Galacia/Galatia?




Respuesta:


La confusión de Galias con Galacia no está en ningún libro o comentario serio que yo conozca de la Carta a lo gálatas o del Nuevo Testamento en general. Supone en el que la defiende la asunción de la teoría de Francesco Carotta de los Evangelios como transposición diegética. Una posible solución a la aporía de si existió Jesús realmente. Publiqué un resumen de su tesis en el libro “¿Existió Jesús realmente? El Jesús de la historia a debate, de Edit. Raíces, Madrid, 2011, porque era muy moderna y quería dar cabida a cuantas teorías pudiera en el libro. Carotta sostiene que Jesús existió quizás,
pero lo que sabemos de él no es real, sino una copia de textos sagrados egipcios y romanos y la adaptación en los Evangelio de la biografía de Julio César traanspuesta a Jesús, un osuro rabino gallileo.

La tesis de F. Carotta sobre la transposición diegética me parece uno
de los ejercicios de ingenio más notables que he tenido ocasión de
leer últimamente acerca del problema de la historicidad de Jesús.
Pero una vez concedido este extremo, la hipótesis me parece en absoluto «antieconómica», es decir, es mucho más complicada que la explicación contraria: la de la existencia historia de un Jesús judío
que luego es repensado e interpretado por sus seguidores, hasta llegar
a su divinización. Este proceso se realiza dentro de un marco general
de la acomodación de su figura, un mesías judío, a la de un salvador
universal que encajaba a la perfección con las demandas de innumerables gentes en el Imperio Romano.

La tesis de Carotta, por el contrario, explica lo «obscuro por
lo más obscuro», supone acumular hipótesis sobre hipótesis, efectúa
comparaciones de términos fuera de contexto algunas de ellas «traídas por los pelos», de modo que forma un conjunto perfectamente
inverosímil como explicación de la existencia de Jesús como figura
literaria.

En los primeros tiempos de expresión de su tesis, Carotta llegó
a sostener tímidamente que el autor de la «transposición exegética»
habría sido Flavio Josefo. Con el paso del tiempo, esta postura se ha
modificado postulando que el autor de ella fue el evangelista a quien
llamamos Marcos, que tuvo delante la historia—biografía de César,
hoy perdida, de Asinio Polión. El mero hecho de no poder hoy día
contrastar los Evangelios con esa pretendida fuente hace de la hipótesis de Carotta una suposición inverificable, con lo que pierde su
valor.

Una vez establecido esto, lo único que se discute en la investigación seria es quiénes eran exactamente los “gálatas”. Pienso, con la casi totalidad de los investigdores que eran celtas (ambos nombres son de la misma raíz, con una variante de pronunciación: “kel/kal”; de ahí “gal” = galos y gálatas), oriundos de las Galias, que habían emigrado en el siglo IV a.C. y se habían asentado primero en los Balcanes y luego en el centro-norte de Asia Menor, la actual Turquía; Ancira, hoy Ánkara, era ya su capital hacia el 280 a.C.

Cuando Pablo visita la región en donde habitaban estos antiguos emigrantes, más de 300 años después de su asentamiento, encuentra a unos gálatas totalmente helenizados. Esta región de Galacia, junta con otras zonas de Asia Menor --cada una con su propio nombre, y que albergaban etnias distintas, a veces con lenguajes diferentes-- como Pisidia, Licaonia, Frigia, Paflagonia, etc. formaban desde el 25 a.C., fecha de la muerte de su último rey, una provincia romana.

Dado que esta provincia estaba constituida por pueblos tan diversos, los investigadores han discutido desde hace siglos si la Carta a los gálatas iba dirigida a gentes de esta etnia concreta, los gálatas estrictos, y solo a ellos (que residían en el norte de la provincia), o bien al conjunto de habitantes que formaban esa provincia romana (pisidios, licaonios, paflagonios, etc.). En efecto, la duda puede surgir porque Pablo había estado en Pisidia en su “primer viaje misionero”, según Hechos 13,13-14: Habiendo zarpado de Pafos, Pablo y sus compañeros arribaron a Perge de Panfilia […] Tras pasar por Perge, llegaron a Antioquía de Pisidia, etc. Lo más probable –según se opina recientemente por la investigación-- es que la Carta no fuera dirigida a los gálatas estrictos, del norte, sino a los habitantes de la provincia en general, de modo especial a los del sur: del mismo modo que Pablo utiliza el griego éthne, “naciones” / “gentiles” de un modo amplio, igualmente pudo utilizar “gálatas”, a pesar de que es difícil de creer que Pablo pudiera increpar a sus lectores pisidios o licaonios, etc. con la expresión “¡Oh insensatos gálatas”! (3,1). En la zona sureña consta que había comunidades judías, pero en el norte no, y lo normal es que una nueva comunidad paulina surgiera cerca de una sinagoga.

De cualquier modo la determinación exacta de los destinatarios --si estaban en el norte o en el sur de la provincia de Galacia-- tiene poca o ninguna trascendencia para comprender la carta en sí.


Pregunta:


En momentos de lucidez (creo) tengo pensamientos como este, ¿Qué opina usted al respecto?
Yo soy Yavhé, y no hay otro más; yo enciendo la luz y creo las tinieblas, yo hago la felicidad y provoco la desgracia, yo Yavhé, soy el que hace todo esto. Isaías Cap 45 Ver. 7 Tengo piedad de quien quiero, y doy mi preferencia a quien quiero dar. Éxodo Cap 33 Ver 20

Pasajes como este demuestran que la Biblia no es inspiración divina, un Dios de amor como llaman al Dios del cristianismo, no es capaz de dar sentencias así, eso es producto del pueril raciocinio del ser humano, el Dios que leemos en estos pasajes es cruel, egoísta y mezquino como lo es el ser humano, pero ¿por qué Dios tiene sentimientos tan frívolos, tan humanos? Simple y sencillamente por que los Dioses son producto de la imaginación humana, y aun que los dotamos de poderes sobre humanos, los dotamos de sentimientos tan humanos como la venganza, así vemos pues que Dios dice en Romano Cap. 12 Ver. 19 Mía es la venganza. Dios no es otra cosa sino el lado oscuro y la ignorancia del ser humano.


Respuesta:


Mi respuesta es que estoy bastante de acuerdo en líneas generales con lo que Usted dice, y que siempre he defndido que la revelación divina es prácticamente imposible si se entiende a Dios seriamente como esencialmente el Otro, por tanto incomunicable. Y también he defendido que la teología en general del Antiguo Testamento y la cristiana también, considerada como un fenómeno ideológico-social, no escapa a la férrea ley natural de que su génesis y desarrollo dependen del entorno en el que vio la luz. Esta idea fue expuesta por vez primera en el pensamiento occidental por Jenófanes de Colofón (hacia 570- 468 a.C.), en el contexto de una acerba crítica del politeísmo, en su poema Sobre la naturaleza, conservado fragmentariamente por Clemente de Alejandría en sus Stromata V 109,2-3; VII 22,1:

Pero los mortales se imaginan que los dioses han nacido y que tienen vestido, voz y figura humana como ellos. Los etíopes dicen que sus dioses son chatos y negros; y los tracios, que tienen los ojos azules y el pelo rubio. Si los bueyes, los caballos y los leones tuvieran manos y fueran capaces de pintar como los humanos, los caballos dibujarían las imágenes de sus dioses semejantes a las de los caballos, y los bueyes semejantes a las de los bueyes, y harían sus cuerpos tal como cada uno tiene el suyo (G. S. Kirk – J. E. Raven, Los filósofos presocráticos. Gredos, Madrid 1969, 241).

Quiso con ello decir Jenófanes que “son los hombres los que crean a los dioses y no los dioses a los hombres”. En consecuencia, el pensamiento teológico del Antiguo Testamento y del cristianismo primitivo estuvo naturalmente condicionado por las concepciones y la cosmovisión de su tiempo, en concreto por unas ideas de Dios y del mundo veterotestamentarias que a su vez reflejaban en líneas generales la concepción del universo de los asirios y babilonios.


Saludos cordiales


Miércoles, 22 de Octubre 2014


Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.








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