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Conclusiones acerca del libro “El Jesús de la historia. Un acercamiento a través del Evangelio de Tomás” (y V)
Escribe Antonio Piñero
 
 
Concluyo ya mi reseña empalmando con los dos argumentos expuestos en el día pasado.
 
 
3. Respecto a la idea de Riera Ginestar de que Jesús –tras la muerte de Juan Bautista– cambió su idea de reino de Dios ya presente en la tierra y que se convirtió en un dirigente de un movimiento popular aparentemente apolítico y pacífico (aunque desde luego en el fondo subversivo y provocador), debo decir que he discutido larguísimamente en este medio los dos conceptos. Respecto al primero, la idea del reino de Dios según de Nazaret, he dedicado al menos 12 postales específicas sobre el tema desde el 8 /3/ 2013 hasta 21 /6/ 2013 en el Blog.
 
4. Y respecto a Jesús como mesías, pretendiente regio y su relación con el pensamiento antirromano en el mundo judío del siglo: escribí sobre este tema unas 75 postales en Blog y FBook que comenzaron el 4/1/2017 y concluyeron el 21/4/2017. Ahí, parafraseando y comentando un largo artículo de Fernando Bermejo al respecto, se halla el análisis de los 36 textos de los Evangelios que nos indican –como material que la tradición sobre Jesús no pudo menos que recoger–, por qué no puede pensarse en un Jesús pacifista y apolítico, ni siquiera en apariencia.  Desde luego, nuestro autor, Riera Ginestar, insiste en que Jesús era de facto un subversivo y revolucionario…, pero no puedo estar de acuerdo con lo de apolítico y pacifista.
 
Me detendré un poco más sobre las ideas en torno al reino de Dios según el EvT, y sobre Jesús como personaje apolítico y pacifista al menos después de la muerte de Juan Bautista.
 
A. Sobre el concepto del Reino: los textos prueba en los Evangelios canónicos que demuestran que el reino de Dios es una entidad absolutamente futura son abrumadores y súper claros después de la muerte del Bautista.  He aquí un elenco de textos:
 
· Mc 1,15; Mc 9,1; Mc 11,9-10; Mc 13,29-32; Mc 14,25; Mc 15, 43;
· Mt 6,10; 8,11-12; Mt 10,7; Mt 10,23; Mt 13,39.40.49; 24,3; 28,20; Mt 24,34;
· Lc 6,20-23; 10,8.12;  Lc 11,2; Lc 17,22-23; Lc 24,21;  
· 2 Pe 3,10
· Ap 21,1.5.
 Hay más pasajes, pero son menos claros.
 
En contra, los textos de los que puede entenderse que el reino de Dios está ya presente en la tierra son:
 
· Mc 4,3-9; Mc 4,26-29; Mc 4,30-32
· Mt 13,16-17. 24-30. 31.33.44. 46; Mt 13,47-50; 21,31
· Lc 11,20; Lc 16,16 ; Lc 17,20-21
 
Indico que la exégesis más plausible de las parábolas del capítulo 13 de Mateo (plato fuerte de la argumentación en pro de que el reino de Dios ya está aquí) es pensar que originariamente –en la mente del que las inventó, Jesús– significaban que los preludios, pródromos, preliminares de un Reino inminente estaban ya entre los oyentes gracias a al proclamación de quien les hablaba. Estas parábolas bien entendidas señalan que esos preludios  hacen que la semilla depositada que en el futuro germinará en el Reino será al principio una entidad pequeña, visible, y que crecerá rápidamente.
 
De ningún modo parecen dar a entender que “el Reino está ya aquí” en el pleno sentido que la exégesis actual le otorga, a saber “un estar aquí”, entre los creyentes, en su interior, espiritualmente, un reino que durará siglos y siglos, y cuya plenitud vendrá fuera del ámbito de la semilla de mostaza en el paraíso futuro. Estamanera de considerar el reino de Dios presente en la tierra parece estar a años luz de lo que pretendía el Nazareno. En todo caso podría pensarse en algo que los judíos tuvieron desde muchos siglos antes de Jesús: la idea del “reinado de Yahvé” sobre el universo. Ese reinado está “siempre presente”, aunque muchos no lo consideren ni quieran saber nada de él. Está dentro de cada uno en la forma de la ley natural y de la conciencia. Y tarde o temprano ese reinado se transformará en un reino efectivo, es decir, en un mundo –todos los pueblos– gobernado por Dios a través de su pueblo elegido.
 
La posible clave de solución a la clara aporía de los intérpretes modernos entre futuro/presente del Reino (en caso de que se aceptase rotundamente el significado de «llegó» para el pasaje que discutimos) se halla en que los evangelios pueden dar la impresión de un reino de Dios que ha llegado ya sobre la tierra con la presencia de Jesús, el mesías, porque este se hallaba tan convencido de que el final del mundo era tan inminente, que los preludios del Reino podían hacerse visibles en su acción exorcista, en cuanto que el enemigo principal de Dios, Satanás, estaba siendo ya derrotado, en el presente. Los exorcismos y curaciones de Jesús exigían de los contemporáneos una toma de postura en el presente, en cuanto que aceptar la proclamación del Reino era ya disponerse para su venida. En este sentido, la inmediatez obsesiva que se deduce de la proclamación de Jesús podía confundir fácilmente los preludios del futuro inminente con una presencia. Pero el Reino como tal aún no había venido. Este espíritu de Jesús confundió a los evangelistas que presentaron los preludios como una presencia incoada.
 
Pero ¿fue ese acto involuntario por parte de los evangelistas? No lo creo. En el artículo mencionado señalo por qué Lucas es posiblemente, si no el inventor, sí al menos el que dio el impulso definitivo a la idea de que el reino de Dios está ya presente en la tierra, y que es interior, espiritual: se halla en el ámbito de los corazones de los seres humanos. Escribí lo siguiente;
“Es curioso observar que el único texto que puede resistir en apariencia la navaja de la crítica se halle sólo en el Evangelio de Lucas: 11,20 y quizás 17,20. Y es curioso también que sea este Evangelio en el que se observa con más claridad, sobre todo en la transcripción y acomodación del material apocalíptico de Mc 13, el retraso de la parusía. Lucas hace decir a su Jesús con absoluta claridad: “Pero cuando oyereis guerras y sediciones, no os espantéis; porque es necesario que estas cosas ocurran primero; mas el fin no será de inmediato”. Y es el único evangelio que hace decir también a Jesús “el Reino de Dios está entre vosotros/a vuestro alcance” (Lc 17,20). No es extraño que la iglesia naciente, al sentir que la parusía se retrasaba, encontrase pronto la solución a esta aporía: no hay que esperar un fin inmediato del mundo… ¡porque en realidad el reino ya estaba aquí, con Jesús! La presencia actual del Reino es la gran solución del problema del retraso de la parusía”.
 
B. Sobre el segundo tema (Jesús pacifista y apolítico) hago una sola reflexión: Riera está de acuerdo en que Jesús deseaba la expulsión de los romanos de Israel de modo que se llevara a cabo la plenitud del reino de Dios…. Y, aunque la expulsión fuera “encargada” de facto a 12 legiones de ángeles (Mt 26,53), ¿Iba a ser una expulsión pacífica y tranquila? Y el mesías era corresponsable de esa decisión; luego no pudo ser de ningún modo apolítico y pacifista.
 
Y volvamos ahora al libro en sí de Riera Ginestar, independientemente de que no me sienta de acuerdo con algunas de sus tesis: creo que es un libro importante en el panorama de los estudios sobre el EvT en español, y su lectura es absolutamente recomendable como reflexión sobre los textos; sirve para que el lector elabore una respuesta propia, como señala el autor (p. 87), a problemas candentes de interpretación del pensamiento del Jesús histórico. Es, además, muy útil porque en él se encuentran traducidos y ordenados los textos básicos, más antiguos sobre el ideario de Jesús. Enhorabuena al autor, cuya labor es tanto más meritoria porque –aunque ducho en historia– viene de otros ámbitos.
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.ciudadanojesus.com

Miércoles, 12 de Julio 2017


Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.








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