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Notas

Hoy escribe Fernando Bermejo

Entre los argumentos esgrimidos en favor de un texto original “neutral” de Josefo sobre Jesús está el referido al pasaje de este sobre Juan el Bautista en Antigüedades Judías XVIII 116-119. Este pasaje –considerado casi unánimemente auténtico– es juzgado generalmente positivo hacia el Bautista. Según el argumento, el hecho de que el pasaje sobre el Bautista rezume cierta simpatía, por no decir admiración, hacia él, significa que el texto paralelo sobre Jesús no puede considerarse negativo. (Este argumento aparece en no pocos estudiosos, como R. Dubarle, G. Theissen y A. Merz, R. Van Voorst, etc.)

La comparación parece a primera vista justificada, en especial dados los numerosísimos paralelos fenomenológicos entre los dos predicadores palestinos (que hemos tenido ocasión de señalar hace tiempo en este blog y en publicaciones especializadas; el lector interesado puede consultar ahora el reciente artículo de F. Bermejo, “Why is John the Baptist used as a Foil for Jesus? Leaps of Faith and Oblique Anti-Judaism in Contemporary Scholarship”, Journal for the Study of the Historical Jesus 11 (2013), pp. 170-196). Una mirada más detenida, no obstante, hace pensar algo muy distinto.

Por una parte, es más que dudoso que los relatos sobre Juan y Jesús en la obra de Josefo puedan ser juzgados como “paralelos”. La noticia sobre el Bautista no está literaria y teológicamente relacionada con la que hay sobre Jesús, que aparece en otro lugar (anterior) del libro XVIII y en la que falta toda referencia a Juan. Aunque de ambos predicadores se dice que atrajeron numerosos seguidores con su enseñanza, las descripciones de Josefo no evidencian muchas más coincidencias relevantes entre ellos.

Por otra parte, hay varias diferencias entre los respectivos destinos de Jesús y el Bautista –y en su tratamiento por parte de Josefo– que nos impiden extraer inferencias apresuradas. Josefo indica que Juan fue decapitado a causa de las sospechas de Herodes Antipas, porque el tetrarca temía que los discursos de aquel podrían incitar instintos sediciosos en las multitudes (Josefo usa el término “stásis”). Nótese, por cierto, una curiosa coincidencia con respecto al relato de la ejecución de Santiago el hermano de Jesús a manos del sumo sacerdote Anás en Ant XX 200: en ambos casos, la ejecución se atribuye al comportamiento de una autoridad judía aislada. Además, en la sección dedicada al Bautista, Josefo reitera el tema de que los judíos pensaban que la destrucción del ejército de Herodes a manos del rey nabateo Aretas había sido un castigo divino infligido al gobernante para vengar su asesinato de Juan. El hecho de que este sea descrito como “bueno” y que se diga que se creía que Antipas había sido castigado justamente enfatiza si cabe la impresión de que el tetrarca había cometido una arbitrariedad injustificada al eliminar a Juan. En otras palabras, Josefo da a entender que la decapitación de Juan el Bautista podría ser atribuida plausiblemente a la paranoia o la hipocondría de Antipas.

Por el contrario, no existen indicios de que Josefo haya hecho una interpretación similar, in bonam partem para la víctima, en relación con la muerte de Jesús. El Testimonium Flavianum (tanto en el textus receptus como en el texto reconstruido habitualmente por la aplastante mayoría) dice claramente que Jesús fue crucificado por Pilato. Ahora bien, el antiguo comandante en la Guerra Judía sabía muy bien que en la Judea del s. I los romanos solo crucificaban a los rebeldes contra el Imperio o a los considerados sus simpatizantes. Además (como hemos visto en algún otro post) el texto deja entrever la existencia de pretensiones mesiánicas por parte de Jesús –o al menos la atribución a este, por parte de sus discípulos, de tales pretensiones.

Además, si –siguiendo la opinión mayoritaria– concluimos que la referencia a la “denuncia” de Jesús ante Pilato por parte de las autoridades judías es genuina, resulta, que a diferencia de lo sucedido al Bautista (y a Santiago), según Josefo lo ocurrido a Jesús no fue el resultado de la decisión aislada de un solo individuo. Independientemente del valor histórico de este detalle, lo importante aquí es que lo ocurrido a Jesús no es presentado como el resultado de la decisión (arbitraria) de un hombre aislado, sino de una colectividad de autoridades (judía y romana). Ahora bien, no encontramos en Josefo el menor indicio de crítica a tal decisión.

La conclusión que puede extraerse de lo anterior es que un argumento sacado de la existencia de un presunto paralelismo entre los pasajes de Josefo dedicados a Jesús y Juan el Bautista carece de base. Del hecho de que el historiador judío haya manifestado cierta simpatía hacia Juan no puede extraerse ningún corolario relativo a una postura semejante hacia Jesús: Josefo no parece haber considerado las ejecuciones de estos dos predicadores en modo alguno como equivalentes.

Saludos cordiales de Fernando Bermejo

Miércoles, 15 de Enero 2014


Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.








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