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Notas

Hoy escribe Fernando Bermejo

Otro de los argumentos utilizados por los numerosos defensores (y, sobre todo, reiteradores) de la idea de que el original del Testimonium Flavianum (TF) era un texto “neutral” hacia Jesús se basa en la versión de ese texto contenida en el texto en árabe Kitab al-Unwan (Libro de los encabezamientos o Historia Universal) de Agapio, obispo melquita de Hierápolis en el s. X. La obra de Agapio contiene una versión que, a diferencia del textus receptus, no contiene las frases más favorables (presuntamente creaciones cristianas) acerca de Jesús –matiza de manera dubitativa el estatus mesiánico de Jesús, hace de la aparición post mortem de Jesús una noticia dada meramente por sus discípulos, etc. Por ello es utilizada como si fuera un testimonio independiente para una reconstrucción de un TF originalmente neutral.

Esta pretensión asume la idea del editor moderno del texto, el historiador israelí Shlomo Pines. Este pensó que la versión de Agapio era más cercana al original que cualquier otra recensión conservada del texto, como por ejemplo la del cronista del s. XII Miguel el Sirio (otro texto sobre el que Pines llamó la atención de los estudiosos modernos). Ahora bien, Pines estaba convencido de ello porque pensaba que era “inconcebible” que un obispo como Agapio hubiera “debilitado” las referencias a las extraordinarios cualidades y acciones de Jesús mencionadas al comienzo del texto.

El primer problema con este razonamiento es que hay otras explicaciones para la “sobria” versión de Agapio. Por ejemplo, Ernst Bammel argumentó que algunas de sus características podrían deberse al hecho de que ese texto apareció en un contexto musulmán y en el marco de debates cristiano-musulmanes. También se ha llamado la atención (K. Olson) sobre la escasa fiabilidad de las noticias proporcionadas por Agapio en el texto que precede y sigue a la versión del Testimonium, lo que no inspira confianza sobre este pasaje. Se ha conjeturado incluso (Pierre Geoltrain) que la discreción del pasaje podría reflejar el intento de evitar la apariencia de una burda falsificación a manos cristianas.

En realidad, hay ya algún elemento del texto de Agapio que suena francamente sospechoso. Por ejemplo, la frase “este era el Cristo” aparece en la versión árabe como “este era quizás el Cristo”. En boca de Josefo, y tal como han señalado diversos estudiosos (Morton Smith, Claudia Setzer, etc.), una frase como esta es un sinsentido desde cualquier punto de vista.

Pero hay un análisis de la versión árabe que proporciona una aproximación más contundente a ella. Se ha mostrado ha mostrado que Agapio depende de crónicas siríacas anteriores. Más concretamente Alice Whealey, una reconocida especialista en el texto y en la historia de su interpretación, ha argumentado que el texto de Agapio (al igual que el de Miguel el Sirio) deriva de la traducción siríaca de la Historia Ecclesiastica de Eusebio. Whealey le ha dado la vuelta al argumento de Shlomo Pines al defender que, a diferencia de la versión de Miguel el Sirio, el pasaje de Agapio es una paráfrasis libre (repitámoslo: en árabe) del Testimonio, de modo que la versión siríaca de Miguel es mucho más importante como un testimonio al texto original de Josefo que el texto árabe. Además, esta estudiosa ha argumentado de manera convincente que algunos aspectos del texto de Agapio que parecen más “neutrales” y menos “cristianos” que el textus receptus de las Antigüedades Judías de Josefo pueden ser explicados como simples errores de transmisión del texto original siríaco.

Si este análisis es correcto, representa un ulterior mentís a la pretensión de que el texto de Agapio corrobora una reconstrucción neutral, y otro de los argumentos a favor de una reconstrucción de tal naturaleza se deshace.

Saludos cordiales y Feliz 2014, de Fernando Bermejo

Sábado, 11 de Enero 2014


Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.








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