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Cristianismo e Historia
Hoy escribe Antonio Piñero

Para la imagen del Jesús histórico y para cualquier tipo de consideración en este ámbito es cuestión vidriosa si se admite o no el testimonio del Cuarto Evangelio. Normalmente este escrito es mirado con una cierta prevención por parte de los historiadores de la Antigüedad, pues un análisis aun superficial y un estudio comparativo con los otros tres evangelios precedentes, Mateo, Marcos, y Lucas, deja bien a las claras que esta obra, el Evangelio de Juan constituye:

Un estadio muy avanzado de la interpretación de Jesús, pues fue compuesta al parecer unos 70 años después de su muerte,

Que algunos hechos que relata son altamente simbólicos y por tanto la posible realidad histórica subyacente está ausente o distorsionada.

Dos ejemplos:

A) El diálogo con la mujer samaritana del capítulo 4. Es interpretación común de los exegetas científicos que es ésta una escena “ideal”, cuyo referente histórico es tenue, si es que lo tuvo, dadas las pésimas relaciones entre judíos y samaritanos. La interpretación más plausible es que el Evangelista la compuso para transmitir la idea del paso de una fe imperfecta –la de la mujer samaritana, con cinco maridos = presa de las concupiscencias del mundo- a una fe perfecta gracias a las palabras del Revelador-mesías, Jesús.

B. Otro ejemplo es la escena de la aparición de Jesús resucitado a María Magdalena en el capítulo 20 del Cuarto Evangelio. La tradición de esta aparición contradice al resto de las tradiciones de la cristiandad primitiva, Pablo de Tarso incluido, que la primera aparición de Jesús (no de un ángel o mensajero de la resurrección) fue a Pedro.

En segundo lugar porque presenta –también en contra de la tradición más plausible de los otros evangelistas- a María Magdalena como obediente al Resucitado y como transmisora a los apóstoles de la aparición del Resucitado. Los demás evangelios señalan que las mujeres sintieron miedo, huyeron y no comunicaron en principio noticia alguna de que habían visto la tumba vacía. Por ello, y por otros detalles esta escena de la aparición a la Magdalena es sospechosa desde el punto de vista de la historia.

Es probablemente también una escena ideal –que resalta el papel de las mujeres en la comunidad en torno al autor del Cuarto Evangelio- donde se escenifica de nuevo el paso de una fe imperfecta (la de una María que busca a Jesús, aunque él, según el Evangelio, había predicho que había resucitado; que lo confunde con un jardinero, etc.) a otra fe perfecta gracias a las palabras del Revelador Jesús.

Que las palabras que el evangelista pone en boca de Jesús son más bien expresión de su propia teología y comprensión del personaje, Jesús, que dichos auténticos que pudo éste expresar en realidad.

Jacques Schlosser, sacerdote católico, en su estudio sobe el Dios de Jesús (Editorial Sígueme, Salamanca 1995, pág. 19) sostiene que:

« He centrado mi trabajo en los Evangelios sinópticos y he dejado de lado el evangelio de Juan. Este último recoge cierto número de datos históricos fiables, pero en el caso de las palabras de Jesús –salvo raras excepciones- la relectura johánica me parece tan fuerte que no ofrece acceso seguro a la predicación de Jesús.  »

Lo afirmado por J. Schlosser respecto a las palabras de Jesús puede decirse respecto a los hechos de este mismo en el Cuarto Evangelio. En este escrito, el análisis literario e histórico es absolutamente necesario para llegar a datos fiables. Para el objeto de nuestro interés, el proceso de divinización de Jesús sí es interesante el Cuarto Evangelio como indicador del final del proceso de divinización: Jesús de Nazaret es la encarnación del Verbo Eterno, preexistente cabe Dios y él mismo Dios.


Seguiremos. Saludos cordiales de Antonio Piñero

Antonio Piñero Jueves, 6 de Noviembre 2008


Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.







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