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Cristianismo e Historia
Hoy escribe Antonio Piñero

El pasaje que presentamos

« Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu  »

es el último texto de los que sólo Lucas presenta en su evangelio. Pero su historicidad, en opinión de la mayoría de los exegetas, incluidos los católicos, es más que dudosa, aunque el testimonio del pasaje es unánime en todos los grandes manuscritos del Nuevo Testamento: aparece en ellos sin cambios ni dudas especiales.

En primer lugar, el contenido del pasaje es dudoso en cuanto a su historicidad porque la escena que pinta, un Jesús sereno y tranquilo que se encomienda a Dios como su padre en el momento final, no se corresponde en absoluto con la que dibuja Marcos en 14,34: “«¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has abandonado?»”, que es un grito desgarrador. Marcos parece pintar a un Jesús a) que no esperaba ese final desgraciado en la cruz, y b) que no acaba de comprender cómo después de tanto predicar la inmediata venida del Reino, éste no llega.

Esta última pintura es mucho más concorde con lo que por otras vías podemos reconstruir del Jesús histórico. Parece imposible que la iglesia primitiva hubiera inventado final más triste y fracasado teniendo en cuenta que cuando se transmite por vez primera en un Evangelio (hacia el 71 d.C.) la teología comunitaria de Jesús como divino de algún modo es ya muy clara y firme. Por tanto, lo que transmite Marcos es un dato de la tradición muy claro y firme que no puede obviarse.

Por ello, la tradición distinta recogida por Lucas es más que sospechosa: parece una edulcoración consciente de ese momento trágico final de Jesús y la presentación de éste como un modelo a imitar (tema muy lucano) por los cristianos: el héroe indomable que afronta su muerte con serenidad y confianza en Dios.

Hay exegetas, sin embargo, que abogan por la historicidad del dicho que comentamos argumentando que Jesús, como judío piadoso que era, estaba citando expresamente palabras del Salmo 31,6, que en ambientes judíos se empleaba en la oración de la tarde. Ciertamente así es…, ¡pero la cita está presentada en su versión griega (no exactamente del todo, mas sí en sus líneas generales)! Y es muy extraño que Jesús citara ese salmo en una versión que circulaba en la lengua helénica. Parece, por tanto más verosímil que la mano del evangelista Lucas esté detrás de estas palabras de Jesús y no él mismo. Además, dicen los expertos, está probado que fue sólo a lo largo del siglo II cuando se hizo costumbre citar ese salmo como oración vespertina…, ¡no antes! (es decir, en tiempos de Jesús).

J. Schlosser, cuyo libro estamos siguiendo y comentando para todo este apartado del Dios de Jesús, señala (p. 160):

g[ El origen postpascual (es decir de la iglesia primitiva), si no directamente lucano de Lc 23,46 se ve confirmado por los siguientes hechos […]: a juzgar por 1 Pedro 4,19 (“De modo que, aun los que sufren según la voluntad de Dios, confíen sus almas al Creador fiel, haciendo el bien”), el Salmo 31,6 se utilizaba en las exhortaciones comunitarias (cristianas primitivas), y una plegaria análoga es la que pone Séneca en labios de Hércules moribundo (es decir, en boca de un héroe, imitable al menos en parte de su vida). Por tanto teniendo en cuenta estos datos la procedencia de Lc 23,46 (no de Jesús) sino del redactor lucano es muy verosímil. ]g

En síntesis y conclusión: nada puede sacarse del texto que comentamos a favor de la tesis de quienes defienden que al menos implícitamente existe en los evangelios apuntes que señalan la posibilidad de una filiación especial, divina, de Jesús.

Seguiremos el próximo día con el material especial del Evangelio de Mateo.

Saludos cordiales de Antonio Piñero.

www.antoniopinero.com

Antonio Piñero Viernes, 23 de Enero 2009


Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.







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