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Escribe Antonio Piñero
 
 
Sin duda alguna, hay mucho material evangélico sobre el que no es posible  dictaminar con seguridad si pertenece al estrato histórico más cercano a Jesús o bien es un producto de una reelaboración posterior de la primitiva tradición o bien de los evangelistas mismos. Y si no se tiene un material sólido es difícil, o mejor imposible, construir una “vida” de Jesús sobre ellos. Por este motivo diversos investigadores han vuelto su mirada hacia otro sistema, y en concreto los “patrones de recurrencia”.
 
 
Creo que ya los he definido en alguna postal anterior, pero lo hago ahora de nuevo, brevemente. Según el Prof. Bermejo, que recoge ideas iniciadas ya por investigadores de principios del siglo XX, un patrón de recurrencia” son textos de los evangelios que apuntan hacia una misma dirección, pasajes o sentencias que tomados todos juntos producen una visión de conjunto  transmiten una impresión sólida de una actitud, un hecho o de una manera de ser de Jesús.  Y pone el ejemplo siguiente: si se leen bien los evangelios, hay suficientes pasajes o alusiones breves que apuntan a la idea de que Jesús tuvo una elevada conciencia de sí mismo y de su misión. No siempre es posible tener garantías de autenticidad sobre cada texto en particular, pero la presencia recurrente de una misma idea en las fuentes permite alcanzar una cierta seguridad al investigador.
 
F. Bermejo acoge con entusiasmo este método y yo estoy de acuerdo con él en que es muy provechoso. Y me voy a permitir de nuevo citarlo porque este sistema de investigar sobre Jesús es más añejo de lo que parece y ha sido utilizado sin darle el nombre actual por investigadores de una tendencia más bien confesional, a los que se les profesa respeto, pero que son  poco atendidos en ocasiones por los investigadores independientes. Es el caso de C. H. Dodd, cuyas ideas sobre el Cuarto Evangelio ––al que concede una historicidad de conjunto que otros estudiosos niegan–– son siempre interesantes.
 
El ejemplo es este: si se forma un grupo, un racimo de los siguientes pasajes, se puede llegar a la conclusión muy verosímilmente histórica que Jesús tuvo una actitud abierta hacia los marginados de la sociedad en la que vivía  y que les prestó mucha atención como candidatos posibles a entrar en el reino de Dios cuya venida él predicaba:
 
 
· La llamada de Leví al apostolado: Mc 2,14;
 
· La fiesta con publicanos y pecadores: Mc 2,15-17;
 
· El episodio de Zaqueo: Lc 19,2-10;
 
· L a pecadora en casa de Simón: Lc 7,36-48;
 
· El caso de la adúltera: Jn 7,53–8,11;
 
· La parábola de la oveja perdida: Lc 15,4-7; Mt 18,12-13;
 
· La parábola del fariseo y el publicano: Lc 18,10-14;
 
· La parábola de los niños en el mercado Mt 11,16-19; Lc 7,31-35
 
· E l dicho sobre publicanos y prostitutas que entran en el Reino Mt 21,32.
 
 
Comenta Bermejo: “Tenemos aquí material extraído de gran variedad de fuentes y formas. Aunque los incidentes individuales no suelen repetirse, sí lo hace el motivo general. Y esto permite concluir a C. H. Dodd que la idea de que Jesús mostró una actitud abierta con los marginados corresponde a la realidad histórica”.
 
Me sumo yo también a esta propuesta, y pienso que es un buen sistema para construir “marcos” en los que encuadrar a Jesús con cierta certeza. Y una vez construido un marco sólido de interpretación, pueden añadírsele otros materiales dudosos por el criterio de coherencia.
 
Un ejemplo: si el análisis de los textos que relacionan a Juan Bautista con Jesús (prescindiendo del espinoso caso de si el Bautista fue maestro de Jesús o simplemente su precursor) y la observación de que partes de la predicación del Bautista es recogida y repetida por Jesús en los tres evangelios sinópticos (Marcos, Mateo y Lucas), podemos concluir con cierta seguridad que, al menos al principio de su ministerio, el marco mental del Nazareno y de su predicación era el del pensamiento judío apocalíptico ya tradicional en su tiempo. Y por el criterio de coherencia, y aunque algunos de los textos sean dudosos en sí en cuanto a su atribución a Jesús y no a sus discípulos o a un evangelista, podemos suponer que el material apocalíptico del gran discurso escatológico de Marcos 13 ––insisto: aunque no pueda retrotraerse a Jesús en todas sus partes–– sí correspondía en general a su tono y marco mental: Jesús era un profeta apocalíptico judío. El método tiene consecuencias notables, pues irá apuntando a un Jesús fundamentalmente judío que no rompió los marcos mentales de su religión. Será  inverosímil según las probabilidades históricas que Jesús haya superado al judaísmo, dejándolo obsoleto.
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.antoniopinero.com
 

Jueves, 29 de Diciembre 2016


Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.








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