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Cristianismo e Historia
Hoy escribe Fernando Bermejo

Como fácilmente puede comprobarse, la enseñanza de la Iglesia ha sido abrumadoramente mayoritaria en la aprobación de la pena de muerte. Como incluso los propios actuales pro-abolicionistas reconocen, no puede demostrarse la existencia de una tradición monolítica opuesta a esta pena en el seno de la cristiandad. De hecho, la tradición es mayoritariamente favorable a ella. La pena de muerte la han defendido papas, concilios, teólogos y canonistas. Pío XI exceptúa del principio de la intangibilidad de la vida humana a quienes han cometido crímenes dignos de muerte. Por su parte, Pío XII recogería una larga tradición afirmando que “está reservado al poder público privar al condenado del bien de la vida como expiación de su culpa y después de que, por su crimen, ha quedado ya desposeído de su derecho a la vida” (Acta apostolicae Sedis 44 (1952), p. 787).

Como un solo ejemplo del retencionismo de la pena de muerte entre los diversos teólogos contemporáneos que podrían aducirse mencionemos a Karl Hörmann, cuyo ampliamente difundido Diccionario de Moral Cristiana fue traducido al castellano en 1975. Las fuentes documentales, suficientemente representativas, citadas por este autor son: el Antiguo Testamento, el pasaje neotestamentario de Rom 13,4, Agustín de Hipona, Tomás de Aquino, Pío XII y Bernard Häring.

[Inciso: La postura de Häring, citadísimo moralista católico, no es abolicionista, sino que está caracterizada por la típica ambigüedad eclesiástica, incapaz de librarse de las posturas retencionistas: por una parte, tras citar Gn 9, 6; Num 35, 19 y Rom 13,4, afirma que “todos estos textos de la Sagrada Escritura, junto con la tradición unánime del cristianismo, muestran que no es justo negar, en principio, al Estado el derecho de imponer la pena de muerte” (La Ley de Cristo III, Herder, Barcelona, 1973, p. 149), a la vez que sostiene que “el Estado, empero, no debe usar este derecho sino amoldándose a la más estricta justicia y con la mayor clemencia posible” (ibid.).]

Apologista consecuente de la pena de muerte, según Hörmann no se puede negar el derecho de instituir y de aplicar esa pena contra determinados criminales -por supuesto, siempre que su culpabilidad conste con absoluta certidumbre, añade el buen moralista- y en determinadas circunstancias. Según Hörmann, de la visión global de la Escritura se deduce que la prohibición de matar contenida en el 5º precepto del Decálogo se refiere únicamente a los inocentes. El colofón de su artículo sobre Pena de Muerte en el mencionado Diccionario merece ser citado:

“El que ve la pena de muerte en contradicción con el progreso de la cultura, debiera reflexionar en qué consiste semejante progreso. Si su esencia está en el desenvolvimiento moral del hombre, habría que examinar si, en ciertas situaciones, no será la pena de muerte una ayuda imprescindible para el progreso” (pp. 964-965).

Profundas palabras, dignas de cuidadosa meditación...

Saludos cordiales de Fernando Bermejo, y los mejores deseos para el nuevo año

Antonio Piñero Miércoles, 2 de Enero 2013


Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.








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