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Cristianismo e Historia
Hoy escribe Antonio Piñero

Seguimos con el tema Jesús y la ley de Moisés, del que pretendemos deducir también una imagen coherente de Jesús.

Tratamos ahora al espinosa cuestión de las famosas y supuestas antítesis del Evangelio de Mateo (“Habéis oído que se ha dicho…; pero yo os digo...": ): 5,21-48. En apariencia presentan estas sentencias un Jesús que corrige tanto la ley mosaica que parece casi abrogarla. Por tanto da la impresión de que se pone a la misma altura que Dios. Algunos exegetas católicos opinan que Jesús se presenta aquí no sólo como “el nuevo legislador Moisés”, sino auténticamente como un ser divino que cambia la Biblia. ¿Es esta perspectiva correcta?

Transcribo el inicio de estas antítesis:

« Habéis oído que se dijo a los antepasados: No matarás; y aquel que mate será reo ante el tribunal. Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal; pero el que llame a su hermano “imbécil”, será reo ante el Sanedrín; y el que le llame “renegado”, será reo de la gehenna de fuego. Si, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda. Ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan en la cárcel. Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo.  »

Se ha discutido mucho la autenticidad de estos pasajes que ocupan un buen espacio en el Sermón de la Montaña. Por un lado, y desde el punto de vista formal, parece claro que la composción del Sermón en sí es obra del evangelista Mateo, quien toma de aquí y de allá dichos de Jesús transmitidos por sus fuentes (El Evangelio de Marcos de Marcos y la llamada "FuenteQ") y por la tradición oral. Al darle forma, pues, a un material muy di¡verso y sacado de su contexto, pudo modificar en algo el sentido del contenido.

En segundo lugar, se discute si el contenido mismo procede del Jesús histórico ya que –como indicamos al principio- presentan a un Jesús que discute tanto el valor de la Ley que sus palabras parecen casi un manifiesto “antinomista”, es decir, "antiley". En mi opinión, y en la de otros muchos, es esa la precisamente la impresión que pretende causar el evangelista Mateo presentándolas así.

La tesis del evangelista sería: Jesús es el nuevo legislador, el nuevo Moisés: la Ley sigue siendo válida, sin duda, como medio necesario para la salvación del ser humano (es decir, todos deben cumplirla de algún modo como dice el mismo Jesús). Pero tal como la interpreta él, el mesías verdadero, puesto que estamos en el período de una “nueva alianza” (Mt 26,28). Este concepto de “nueva alianza” es plenamente cristiano; no pudo estar en la boca de Jesús. Por tanto, la presentación misma de Mateo puede representar más su pensamiento como escritor, que el de Jesús mismo.

Ahora bien, me parece que aunque se discutan algunas minucias verbales respecto a la autenticidad de este conjunto de dichos del Nazareno, si se valora el conjunto de ellos, muchos críticos acaban opinando que tenemos en las “antítesis”, si no las mismísimas palabras de Jesús, sí al menos su auténtica voz o pensamiento, puesto que encajan muy bien con ese pensamiento religioso de Jesús que puede deducirse de otros pasajes evangélicos, y también porque estas “antítesis” se encuadran muy en las discusiones intrafarisaicas sobre cómo entender mejor la Ley aplicada al momento en el que se vivía. Es decir, era muy común discutir a fondo el sentido de la Ley enytre los fariseos del siglo I y ninguno de esos maestros fariseos al debatir de este modo se creía Dios, ni mucho menos por dar su opinión, aunque pareciera que modificaba la Ley.

Para que se vea cómo discutían sobre la ley de Moisés los rabinos en época de Jesús y cómo se interpretaba esta ley de modo que a veces ésta parecía irreconocible, tenemos el propósito de poner el día que viene un ejemplo sorprendente de este tipo de debates exegéticos entre los fariseos del siglo I: la interpretación del rabino fariseo Hillel -un poco anterior cronológicamente a Jesús- de la ley del Deuteronomio 15,1-2.

Y escogemos el punto de vista fariseo porque, a pesar de la tradición de enfrentamiento, el modo de discutir de Jesús, sus opiniones y argumentos sólo encajan en un ambiente fariseo. Con ello insinuamos que si Jesús no era fariseo, le faltaba muy poco...¡a pesar de las apariencias!

Saludos cordiales de Antonio Piñero

Antonio Piñero Lunes, 24 de Noviembre 2008


Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.







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