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¿“Qué credibilidad histórica tiene el relato de Hechos de los apóstoles 15, donde se narra el llamado ‘Concilio de Jerusalén’”?. “Compartir. Preguntas y respuestas” (251)
Escribe Antonio Piñero
 
 
Pregunta:

 
¿Qué credibilidad da Vd al relato de Hch 15 del llamado “Concilio de Jerusalén”?, ¿se refiere al mismo hecho Gal  2,1-10?, ¿responde a la realidad histórica el acuerdo y la carta de Hch 15,23-30?
 
 
Respuesta:
 
 
Gálatas dice en 2,1-10
 
Luego, después de catorce años, subí de nuevo a Jerusalén con Bernabé, llevando conmigo también a Tito. 2Y subí según una revelación y expuse en privado a los notables el evangelio que proclamo entre los gentiles para saber si corro o había corrido en vano. 3Pero, ni siquiera Tito que estaba conmigo, que es griego, fue obligado a circuncidarse. 4Pero, a causa de los infiltrados, los falsos hermanos que se introdujeron solapadamente para espiar la libertad que tenemos en Jesús Mesías, con el fin de esclavizarnos…, 5a quienes ni por un instante cedimos sometiéndonos, a fin de que la verdad del evangelio permanezca entre vosotros
 
6Y de parte de los que parecían ser algo -- ¡qué me importa lo que fuesen!, en Dios no hay acepción de personas-- los notables, digo, nada me impusieron. 7Por el contrario, viendo que me había sido confiado el evangelio de la incircuncisión, al igual que a Pedro el de la circuncisión, 8pues el que obró en Pedro para el apostolado de lo circuncisión obró también en mí para los gentiles, 9y conociendo la gracia a mí concedida, Santiago, Cefas y Juan, los considerados columnas, nos dieron la mano en señal de comunión a mí y a Bernabé para que nosotros fuéramos a los gentiles y ellos, a los circuncisión; 10solo que nos acordáramos de los pobres, lo que me apresuré a hacer.
 
En caso de duda entre textos de Hechos y las cartas auténticas de Pablo, hay que  dar, al menos parcialmente, la razón a Pablo. La reunión ha sido contada también por Pablo, pero con grandes diferencias. Por tanto, parece histórica. Pero el relato de Hechos tiene sus dificultades.
 
 
Copio parte del comentario a este tema que hago en mi libro, “Guía para entender a Pablo. Una interpretación del pensamiento paulino”. Editorial Trotta, Madrid, 215. (Hay versión electrónica; consulte, por favor, la Página Web de la Editorial), que –si les posible– puede usted leer.
 
Digo lo siguiente:
 
La reunión en la capital de Judea de Gál 2,1-10 se denomina tradicionalmente “concilio de Jerusalén”, y debió de ocurrir hacia el año 48 o 49 d.C. El texto correspondiente de Hechos ofrece detalles distintos (15,1-29) al de Gálatas:
 
1 Algunos que habían bajado de Judea enseñaban a los hermanos diciendo: “Si no os circuncidáis según la costumbre de Moisés, no podéis salvaros”. 2 Se produjo una agitación y una disputa no pequeña de Pablo y Bernabé contra ellos. Decidieron, pues, que subieran a Jerusalén Pablo, Bernabé y algunos otros para hablar con los apóstoles y los ancianos sobre este problema. 3 Enviados, pues, por la iglesia, atravesaban Fenicia y Samaria contando la conversión de los gentiles, con lo que producían una gran alegría a todos los hermanos. 4 Llegados a Jerusalén, fueron recibidos por la Iglesia, por los apóstoles y los ancianos, y contaron todo lo que Dios había realizado por medio de ellos. 5 Pero se levantaron algunos de la secta de los fariseos que habían abrazado la fe, y que decían que se circuncidaran y que ordenaran guardar la ley de Moisés. 6 Se reunieron entonces los apóstoles y los ancianos para tratar sobre este asunto.
 
7 Después de una gran discusión, se levantó Pedro y les dijo: “Hermanos, vosotros sabéis que desde hace tiempo Dios me eligió entre vosotros para que por mi boca oyeran los gentiles la palabra del evangelio y creyeran. 8 Y Dios, que conoce los corazones, dio testimonio a su favor enviándoles el Espíritu Santo lo mismo que a nosotros. 9 No hizo ninguna distinción entre nosotros y ellos, sino que purificó sus corazones por la fe. 10 Ahora, pues, ¿por qué tentáis a Dios imponiendo sobre el cuello de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros pudimos soportar? 11 Más bien creemos que nos salvamos por la gracia del Señor Jesús del mismo modo que ellos”. 12 Calló toda la multitud, y escuchaban a Bernabé y a Pablo que contaban todos los signos y prodigios que Dios había realizado por medio de ellos entre los gentiles.
 
13 Cuando ellos callaron, habló Santiago diciendo: 14 “Hermanos, escuchadme. Simón ha explicado cómo Dios desde un principio se dignó tomar de entre los gentiles un pueblo para sí. 15 Con ello están de acuerdo las palabras de los profetas, según está escrito: 16 «Después de estas cosas, volveré y reconstruiré el tabernáculo de David que está caído, reconstruiré sus ruinas y de nuevo lo levantaré, 17 para que busque al Señor el resto de los hombres y todas las gentes sobre las que sea invocado mi nombre, dice el Señor que hace que estas cosas 18 sean conocidas desde siempre». 19 Por eso yo creo que no se debe molestar a los gentiles que se convierten a Dios, 20 sino escribirles que se abstengan de las contaminaciones de los ídolos, de la fornicación, de lo ahogado y de la sangre. 21 Pues Moisés tiene desde tiempos antiguos quienes lo predican por todas las ciudades en las sinagogas, y es algo que se lee todos los sábados”.
 
22 Entonces pareció bien a los apóstoles y a los ancianos de acuerdo con toda la iglesia elegir a algunos de ellos y enviarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé: a Judas, llamado Barsabás, y a Silas, hombres distinguidos entre los hermanos. 23 Enviaron por medio de ellos esta carta: ‘Los apóstoles y los ancianos hermanos saludan a los hermanos venidos de la gentilidad que están en Antioquía, Siria y Cilicia. 24 Puesto que hemos oído que algunos de los nuestros, sin mandato nuestro, os han llenado de turbación con sus palabras y han trastornado vuestras almas, 25 hemos decidido por unanimidad elegir algunos hombres y enviarlos a vosotros con nuestros amados Bernabé y Pablo, 26 hombres que han entregado sus almas por el nombre de nuestro Señor Jesús Mesías. 27 Hemos enviado, pues, a Judas y a Silas, quienes os anunciarán estas mismas cosas de viva voz. 28 Pues ha parecido bien al Espíritu Santo y a nosotros que no os impongamos una carga mayor de la necesaria, 29 que os abstengáis de las carnes inmoladas a los ídolos, de la sangre, de lo ahogado y de la fornicación. Si os abstenéis de estas cosas, obraréis correctamente. Que os vaya bien’.
 
Observemos las similitudes y divergencias entre la narración paulina y la del autor de Hechos. Ambos documentos están de acuerdo en unos datos y difieren en otros:
 
· Había judeocristianos que exigían la circuncisión de los gentiles para que estos se salvaran plenamente (Hch 15,1.5). Estas afirmaciones lucanas son importantes y proporcionan un marco ideológico preciso al “concilio”. Había, pues, una notable diferencia de criterios en cuanto a la salvación de los gentiles en la iglesia naciente, pues Pablo matiza que Ni siquiera Tito que estaba conmigo, que era griego, fue obligado a circuncidarse (Gál 2,3).
 
· Hechos afirma que la celebración del concilio se debió a una decisión de la iglesia de Antioquía que envió a Bernabé y a Pablo a consultar a la iglesia de Jerusalén (15,2). El Apóstol, por el contrario, sostiene que subió a la capital movido por una revelación (Gál 2,2). No dice de qué estilo.
 
· Hechos sostiene (15,28-29) que la comunidad de Jerusalén impuso por escrito a los gentiles de Antioquía unas normas, que suelen relacionarse con las denominadas “leyes de Noé” para los extranjeros que habitan dentro de Israel; véase p. *. Pablo, por el contrario, afirma que no les impusieron nada (Gál 2,6).
 
· Ambos textos coinciden en que Pablo recibe el encargo de predicar a los gentiles, pero el relato de Lucas/Hechos se guarda de decir expresamente que Santiago y los suyos habían aceptado que los gentiles no se circuncidaran. La autoridad de Pedro y la de Pablo eran iguales; pero cada uno en su campo de trabajo diferente (Hch 15,19-20; Gál 2,7-8). Según Pablo los “evangelios” de ambos no podían estar en contradicción, ya que los dos procedían de Dios. Gál 2,7-8 testimonia la aceptación por parte de los de Jerusalén de “dos evangelios”, lo que implicaba admitir que los gentiles conversos no habían de circuncidarse, pero como se demostró poco después, por el incidente entre Pedro y Pablo en Antioquía, tal aceptación fue apresurada o insincera, o no se extrajeron todas las consecuencias.
 
· Hechos sostiene que fue Pedro y no Pablo el primero que recibió el encargo divino de predicar a los paganos (Hch 10-11). Parece que Hechos distorsiona aquí la realidad y que sus capítulos 10 y 11 son legendarios. En realidad fue Pablo el primero en dar consistencia a la evangelización de los gentiles, no sabemos si por cuenta propia (¡así lo da a entender él: su revelación/llamada es para evangelizar a los gentiles!), o bien siguiendo una ruta emprendida con muchas dudas por los judeocristianos helenistas de Antioquía. La intención de Hechos es conciliadora: omite el incidente entre Pedro y Pablo en esa ciudad, y muestra a los apóstoles unánimes respecto a la predicación a los gentiles, pues es Pedro quien la inicia por mandato divino.
 
· Aunque Tito, que era griego, no fue obligado a circuncidarse (2,3), parece ser, por el contrario, que en el caso de Timoteo, de madre judía, Pablo transigió en su momento y lo hizo circuncidar (Hch 16,3), achacando este hecho a la presión sobre él de judíos de Asia Menor. Si se acepta que los aludidos en Hch 15,1 (unos que habían bajado de Jerusalén) y los de Hch 15,5 (fariseos) eran los mismos, es muy posible que los “falsos hermanos” (Gál 2,4) fueran una facción radical de la iglesia de Jerusalén, farisea, que en el fondo no estaba de acuerdo con el pacto. Es, al menos, lo que suele interpretarse, así como que el que había firmado el pacto, según la tradición de Hechos, Santiago, el “hermano (carnal) del Señor”, se pasó luego a esta facción y provocó con sus enviados a Antioquía el incidente entre Pablo y Pedro. Pero en seguida veremos que para algunos investigadores la cosa no es tan clara y que admite otra valoración distinta.
 
Ante estas similitudes y divergencias puede concluirse razonablemente que Pablo fue “espontáneamente”, movido por una revelación, a proponer un pacto a la comunidad madre de Jerusalén: él creía que las diferencias de interpretación en cuanto al “evangelio” podían hablarse y llegar a un acuerdo. De este modo, quita Pablo indirectamente la razón a sus adversarios en Galacia: no tienen derecho a apoyarse en una interpretación del judeocristianismo propia de Jerusalén, ya que los jefes de esta Iglesia habían aprobado la suya justo en el punto clave de fricción, a saber, la observancia de la circuncisión y otras normas de pureza ritual no eran ya necesarias para los convertidos desde el paganismo a la fe en Jesús Mesías. Dios no las exigía.
 
 Así queda redondeado el cuarto argumento completo. Pablo consiguió en Jerusalén que los jefes aceptaran su modo de entender el “evangelio”; este es correcto respecto a no exigir a los gentiles convertidos el cumplimiento de la Ley completa. Por tanto, según Pablo, y por disposición divina a él revelada, hay en esa Ley una parte específica que es de obligada observancia solo para los judíos, no para los gentiles conversos (Aclaración 6ª, p. *). Que Tito no fuera obligado a circuncidarse confirma la tesis de que los gentiles creyentes en el Mesías son injertados en Israel como gentiles.
 
Es probable, por otro lado, que no fuera en este momento, como asegura Hechos, sino después, un poco antes del conflicto entre Pedro y Pablo (Gál 2,11-14), cuando la iglesia jerosolimitana envió la carta sobre la observancia de las “leyes de Noé” --mencionada en Hch 15,23: Enviaron por medio de ellos esta carta-- por parte de los gentiles conversos. La aseveración paulina de que en Jerusalén no le impusieron nada (2,7-8), nos indica que no fue en Jerusalén, sino en Antioquía donde debemos situar históricamente el intento de una nueva solución de compromiso, y que esta se halla  representada por esa carta de los de Jerusalén. Aparte de la imposición a los gentiles conversos de la observancia de las leyes noáquicas, se ordenaba también implícitamente –o de palabra— que cesara la costumbre de las comidas comunes entre judeocristianos y paganocristianos.
 
Hoy día estamos ya muy acostumbrados a la solución de que los gentiles convertidos a la fe en Jesús se han de salvar plenamente, en igualdad absoluta con los judíos, sin cumplir la totalidad de la ley de Moisés, es decir, sin hacerse judíos, pero en su momento era una radical y explosiva novedad. Los conversos la saludaron con gozo, pero para algunos judíos, tanto seguidores del Mesías como no, era una suerte de apostasía del judaísmo. Repárese no obstante en que Pablo y los líderes de Jerusalén, al principio al menos, eran judíos para quienes nada de eso representó apostasía alguna.
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.ciudadanojesus.com
 
 
 
 

Martes, 27 de Junio 2017


Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.








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