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“Segundo estrato, o segunda redacción, del evangelio de Tomás (EvT2). El Jesús de la historia. Un acercamiento a través de este evangelio” (III)
Escribe Antonio Piñero
 
Seguimos, conforme a lo prometido con la descripción del segundo estrato del EvT, según Riera Ginestar.
 
 
II El segundo estrato o segunda redacción del evangelio de Tomás (EvT2) se conforma cuando, después del martirio de Santiago (año 62), la colección original de dichos y quizás también la comunidad que la había producido, emigra a Edesa (Siria) para huir de los nacionalistas judíos extremos.
 
En esa ciudad, posiblemente en los años 60 o 70 del siglo I y bajo la autoridad de Judas Tomás (bien un hermano carnal de Jesús o bien un apóstol suyo que llevó el cristianismo a la India) se añade al EvT primitivo un material nuevo que presenta caracteres diversos.
 
Nuestro autor se niega a designar como gnóstico (vocablo generalizante –en su opinión– y simplista) a este nuevo material, y prefiere describirlo como una amalgama de ideas que van desde concepciones originarias del panteísmo hindú y budista (el autor explica cómo fueron posible las influencias y cuándo), hasta ideas del cristianismo paulino mezcladas con tendencias ascéticas y encratitas, pasando por temas del hermetismo egipcio y helenístico. La parte que denominaríamos “gnóstica” es considerada por Riera Ginestar como un “misticismo hebreo” que finalmente desembocará en la Cábala.
 
 
En muchos casos los dichos del segundo estrato del EvT material aparecen superpuestos a los del primer estrato –o estrato más antiguo– mezclados con ellos o incrustados sobre las primeras unidades, que son interpretadas o reinterpretadas por el nuevo y definitivo autor según alguna de las corrientes ideológicas que hemos señalado. La delimitación del material propio de este segundo estrato se obtiene aislando aquellos dichos que no tienen paralelos o testimonios externos en los evangelios sinópticos o en ‘Q’, en  ‘M’ y ‘L’. Son los siguientes: 1. 2. 3. 7. 11. 18. 19. 22. 27. 28. 29. 42. 49. 50. 56. 61. 67. 70. 75. 77. 80. 83. 84. 87. 101. 110. 111. 112.
 
 
La imagen de Jesús de este segundo estrato, según nuestro autor, es una reelaboración o interpretación post mortem de la persona y magisterio de aquel. Es una figura paralela y alternativa tanto a la visión del grupo palestinense de “Q” como a la versión helenizante de Pablo. Sus rasgos característicos son:
 
Jesús vive eternamente a través del recuerdo, análisis, comprensión y aplicación de sus palabras por parte del creyente. La actualización de la enseñanza de Jesús a través de sus palabras permite al creyente salvarse o liberarse de las cadenas del mundo material sin renunciar a vivir en él pero haciéndolo con otra visión: sin apego, deseo, angustia, miedo y dolor. Este Jesús enseña la aparente realidad de mundo fenoménico, material.  El creyente en Jesús vive en el mundo sin oponerse a él y a la vez sin apegarse a él, aceptando el curso natural de este mundo, pero siempre con la intención puesta en alcanzar la liberación definitiva de la carne y del sufrimiento terreno. Así podrá retornar al origen informe y pacífico del Reino del Padre.
 
A través de las palabras de Jesús, el creyente adquiere la revelación de la realidad última, auténtica y total, de modo que puede volver a la unidad original. Esta es el “Reino” o “Reino del Padre”, al que solo se puede acceder tras un proceso de búsqueda y autoconocimiento o reconocimiento en uno mismo de la identidad divina, lo que implica la identificación del origen de uno mismo (luz) y de su destino final (descanso en el origen luminoso), superando la aparente y dolorosa dualidad (división objeto–sujeto) de la existencia humana. Dicho proceso es como un renacimiento (convertirse en un niño) y lleva finalmente a un estado de paz o autoliberación.
 
Respecto a estas dos imágenes de Jesús que se desprenden del Evangelio de Tomás y a la síntesis del pensamiento del Nazareno, hay que subrayar que Riera Ginestar no se manifiesta nunca de un modo dogmático, sino que reconoce las dudas que le embargan al presentar una imagen de Jesús tan distinta de la usual. Así, en el apartado general “Jesús y su mensaje” (pp. 86-90) manifiesta sus vacilaciones. Pongo algunos ejemplos:
 
“¿Es el Reino de naturaleza terrenal (teocracia redentora que desde Israel se extendería al resto del mundo) o de tipo celestial (paraíso de ultratumba al que serán arrebatados los justos el día del Juicio)? ¿Es de naturaleza exterior (física) o interior (psíquica) o de ambos tipos a la vez? ¿Es el Reino una realidad en acto (tangible) o solo en potencia (utopía)?” (p. 87).
 
“¿Era Jesús un profeta de arrepentimiento de corte esenio, un judío piadoso, apocalíptico y nacionalista que predicó en exclusiva al pueblo de Israel, rechazando abiertamente a los gentiles, y que creía en el inminente fin del mundo y la llegada del juicio divino? ¿O era en cambio un maestro de sabiduría intemporal en contacto con enseñanzas orientales de corte hindú, budista y taoísta y con el modo de vida de los cínicos del mundo helenístico y romano cuyo mensaje tenía voluntad de universalidad?”  (p. 88).
 
“¿Predicaba Jesús un amor absoluto hacia todos o solo hacia aquellos que pertenecían o estaban abiertos a pertenecer al grupo del Reino? ¿Odiaba Jesús o al menos mostraba una profunda distancia y animadversión hacia quienes por su dureza de corazón se mostraban cerrados a su proclamación sobre el Reino?”  (p. 89)
 
“¿Era Jesús un nacionalista galileo violento que promovió acciones hostiles contra el poder romano que lo llevaron a ser ejecutado en la cruz como un bandido junto a otros seguidores, o era un maestro pacífico pero la radicalidad de su predicación fue vista como una amenaza por las autoridades judías y romanas y acabó siendo acusado falsamente de sedición y crucificado? ¿Se consideró Jesús a sí mismo como hijo de Dios en sentido estricto (filiación divina) o solo en el sentido de enviado suyo (profeta humano)?” (p. 89).
 
“¿Er el término “Hijo del Hombre” (bar enasch en arameo y ben adam en hebreo) un giro idiomático propio del arameo de Galilea con el que Jesús aludía con frecuencia a sí mismo como ser humano (“hijo de hombre”), igual que hacían los sabios orientales, o es posible que con esta expresión Jesús se describiese como enviado o mensajero divino que, igual que los antiguos profetas israelitas (Elías), una vez muerto y arrebatado al cielo, regresaría sobre las nubes como gran Juez el día del Juicio Final? ¿O tal vez al utilizar la expresión Hijo del Hombre Jesús se refería a su filiación divina y a su categoría de Mesías o Ungido de Dios que, como rey guerrero, liberaría a Israel del yugo opresor romano? ¿O bien con ese término aludía así mismo como un Mesías atípico, como el “siervo sufriente” de Isaías 53, recogido por el evangelio de Marcos, que como cordero sería llevado al matadero? ¿Se autoproclamó Jesús como Mesías o se dejó proclamar, contra su voluntad, como tal?” (pp. 89-90).
 
Naturalmente, a lo largo de cada capítulo de la traducción y comentario (o mejor, exposición del pensamiento de Jesús en el apartado pertinente) al primer estrato del EvT (pp. 99-267 y su repetición de forma seguida en pp. 321-353), el autor se decanta por una interpretación que tiende a ser la contraria de lo usual, como ya hemos podido observar al dibujar someramente más arriba la imagen de Jesús de cada uno de los estadios del Evangelio de Tomás. Pero luego añade: “Urgen de esa manera preguntas abiertas… que todavía no han sido contestadas de manera definitiva ni satisfactoria (ni seguramente lo serán nunca) por ningún experto y que cada cual debe intentar responderse a sí mismo a partir de la reflexión que puede surgir de su experiencia personal con el material literario primitivo cercano al Jesús de la historia que ofrecemos en este libro” (p. 87).
 
En la próxima entrega (probablemente el 10 de julio) expondré y haré unas consideraciones sobre la cuestión básica que domina la parte principal del libro que comentamos: el material del EvT del primer estrato es independiente y anterior al de los evangelios sinópticos
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.ciudadanojesus.com
 

Sábado, 8 de Julio 2017


Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.








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