Recomendar este blog Notificar al moderador
Jesús y las mujeres (y II) (513)
Hoy escribe Antonio Piñero

Hoy concluimos con este tema.

En un artículo de crítica teológica del 2013 (“Jesús de Nazaret, nuevas miradas”: ) Carmiña Navia Velasco, de Colombia, afirma que va a detenerse a considerar una propuesta de lectura de dos textos distintos, pero a su juicio complementarios desde muy distintos puntos de vista: [bJESÚS DE NAZARET, de José Antonio Pagola y JESÚS Y LAS MUJERES de Antonio Piñero.
b]
Escoge los dos títulos porque el primero de ellos, el de Pagola, no se puede ignorar por la difusión extraordinaria que ha tenido; y el segundo, el mío, porque es “un texto mucho menos logrado en su conjunto”, pero, a pesar de ello, le interesa para contrastar una “mirada particular de género” que le parece debe ser confrontada, sobre todo por sus “pretensiones de objetividad”.

Ensalza sobremanera la autora la pretensión de Pagola de escribir una obra que sea

«Una mirada al Jesús Histórico, tratando de llegar a los estratos más antiguos de la tradición. Una mirada en detalle, que distingue con claridad lo que se rastrea en los textos de aquello que la traición eclesial sostiene o ha sostenido…. No podría decir que Pagola descubre nada especialmente nuevo para quienes de una manera u otra, estén familiarizados con los aportes de los métodos histórico/críticos aplicados a las Escrituras cristianas, particularmente a los Evangelios. La figura de Jesús que nos entrega Pagola asume con total seriedad las conclusiones y los descubrimientos recientes que sobre él se han hecho… Pagola nos lleva igualmente de la mano al universo relacional de Jesús, un universo realmente fascinante y hermoso. El texto da cuenta de un amplio marco de relaciones de Jesús: su familia, su comunidad, sus seguidores‐seguidoras, sus amistades, sus más íntimos/as, sus contradictores. En este conjunto quiero destacar especialmente el capítulo que el autor dedica a Jesús y las Mujeres.

»Me parece un capítulo riguroso, pues se sostiene en una mirada hermenéutica que asume los avances realizados por la reflexión de género. Pagola recorre los principales pasajes en los cuales encontramos a Jesús relacionado especialmente con mujeres: Sus encuentro con Marta y María en Betania, su intercambio con la Samaritana, algunas curaciones, el pasaje de la adúltera… los textos en los cuales se señalan las mujeres que lo seguían, las mujeres en la cruz y en la resurrección. A partir de una lectura empática, pero totalmente alejada de ficciones o fantasías, Pagola concluye, como muchos otros autores y autoras contemporáneos, que el Maestro de Galilea, el Profeta de la Compasión, propone una relación con la mujer distante y diferente de la vigente en su medio entre maestros Judíos y mujeres… una relación basada en la igualdad y en el respeto, una relación que propone reubicar social y sobre todo religiosamente a la mujer: Veamos algunos apartes de sus conclusiones en torno a este tema, que pueden iluminar lo que planteo:

“Estas mujeres que siguieron a Jesús hasta Jerusalén tuvieron una presencia muy significativa durante los últimos días de su vida. Cada vez hay menos dudas de que tomaron parte en la última cena. Por qué iban a estar ausentes de esa cena de despedida ellas que, de ordinario, comían con Jesús ?... La reacción de los discípulos y las discípulas ante la ejecución de Jesús fue muy diferente. Mientras los varones huyen, las mujeres permanecen fieles y a pesar de que los romanos no permiten ninguna interferencia en su criminal trabajo, asisten desde lejos a su crucifixión y observan más tarde el lugar de su enterramiento… La presencia de las mujeres en el grupo de discípulos no es secundaria o marginal. Al contrario. En muchos aspectos, ellas son modelo del verdadero discipulado…»

»Totalmente distinto es el otro libro al que nos queremos referir: Jesús y las Mujeres de A. Piñero. Lo primero que me llama la atención es una repetida pretensión de historiador crítico que reclama para sí el autor, en tanto que su obra es claramente una obra de difusión fácil, publicada por una editorial y en una colección cuya indiscutible finalidad es precisamente esa: la difusión más o menos masiva. Quiero dejar claro antes de continuar mi comentario que personalmente considero a Piñero un exegeta serio y valoro muy bien sus aportes y sus miradas, al desarrollo de los estudios bíblicos en el campo de las Escrituras Cristianas.

»Las impresiones de lectura que ahora comparto, están referidas exclusivamente al texto citado. Insisto en lo ya apuntado: A mi juicio demerita esta obra, el contraste entre las continuas afirmaciones de cientificidad, con el desarrollo del discurso: Los textos se examinan, con una mirada bastante superficial que no demuestra nada y que es un simple vehículo para dejar clara la opinión del autor. Habría sido más honesto y coherente una explicitación en el sentido de lo pretendido: un discurso de divulgación que pretende dialogar, muy poco con exegetas –masculinos o femeninos‐ serios y sí mucho, con obras de nulo valor histórico como el Código Da Vinci, o con películas sensacionalistas.

Una vez apuntado esto, quiero señalar el aspecto central en el cual esta obra no ofrece a mi juicio, ninguna validez: En sus conclusiones finales afirma lo siguiente: “Teniendo a la vista estos resultados globales de nuestro estudio no dudaríamos en sostener… que en lo que respecta a las mujeres el mítico mensaje igualitario de Jesús de Nazaret no existió nunca. Y tampoco en el cristianismo primitivo, el grupo que se constituye inmediatamente, tras su muerte… Realmente el Jesús histórico trastocó hasta cierto punto ciertos valores religiosos de la sociedad de su tiempo pero no parece en verdad que pusiera los fundamentos teóricos para una nueva consideración de la mujer en esa sociedad en la que vivió”.

Indiscutiblemente desde su mirada particular, se concluye eso… pero lo problemático son algunos de los caminos por los que discurre esa mirada. Voy a señalar dos aspectos en los que de una manera especial se patentiza lo planteado: En primer lugar invalida o anula el testimonio posible de algunos pasajes, con el argumento de que no se trata de textos que respondan a un sustrato histórico, colocándolos en su clasificación como pertenecientes al nivel C (6). Tanto en su análisis como en sus conclusiones, el autor parece desconocer que los textos de la Escritura Bíblica, guardan en su interior huellas o ecos, de la transmisión oral que pasa de unas generaciones a otras y que si bien, desde una cierta perspectiva histórica no se les puede dar este carácter, si permiten una reconstrucción sociológica bastante real. En este terreno no es posible ni pertinente analizar textos de carácter literario, como si se tratara de crónicas históricas, porque se da lugar a extrapolaciones bastante arbitrarias.

»En segundo lugar Piñero parece desconocer, en las interpretaciones que hace, principios elementales de la hermenéutica actual. El diálogo entre la situación y expectativas del lector/a y el texto que descubre así su potencialidad de significaciones siempre nuevas (Gadamer) y no sólo lo justo sino lo necesario de leer los silencios, leer atrás del texto mismo, partir de su situación de escritura… es decir la hermenéutica de la sospecha, a partir de las propuesta de Schüsler Fiorenza.

»Aunque el autor no pretende una interpretación exhaustiva de los textos, de todas maneras hace interpretaciones ligeras que no dejan de comprometer su mirada. En este sentido, todas las veces que se refiere a las mujeres, llámense María de Nazaret, María Magdalena o las hermanas de Betania… en el contexto del Evangelio canónico de Juan, desconoce completamente que se trata de una obra literaria, cuya estructura de conjunto explica el mensaje que se quiere plasmar e ilumina desde ese conjunto cada una de sus partes. El Evangelio de Juan, ha sido trabajado en repetidas ocasiones desde esta perspectiva arrojando luces muy interesantes sobre el papel de las mujeres en la comunidades cristianas más tempranas.

Mi respuesta es:

• Las mujeres no tuvieron presencia muy significativa durante la vida de Jesús ni siquiera en los últimos días. El único texto al respecto es Lc 8,1-3. Ya hemos indicado mil veces que este pasaje es probablemente secundario y tomado en cuanto a los nombres de Mc 15,40. En él sólo se dice que las mujeres actuaban como meras sirvientas.

• No hay el menor indicio de que las mujeres participaran en la Última Cena. La autora de la crítica emplea, para su respuesta positiva, una mera hipótesis y en extremo dudosa: “Por qué ni iban a estar…? Sin comentarios.

• Mi “mirada” no es superficial. Hago un análisis plenamente científico, conforme a criterios científicos, aunque con lenguaje claro y sin tecnicismos, conforme a los criterios de historicidad que emplea la filología y la historia antigua. Si alguien no lo cree, que vea los análisis y que efectúe él otro que sea diferente… Una anécdota: Una editorial muy conocida de Italia se puso en contacto conmigo para traducir Jesús y las mujeres. En cuanto recibieron electrónicamente el libro, y lo leyeron, me contestaron: “Lo sentimos. Su libro es absolutamente técnico y universitario. No entra en nuestra idea editorial. Diríjase a una editorial universitaria italiana de prestigio”.

• La autora me acusa de parcialidad y tener un partido previo. Utilizo los pseudo análisis para expresar mi opinión particular. Sin comentarios

• Empleo tiempo en refutar las peregrinas teoría del Código da Vinci. Sí, ciertamente, las refuto con argumentos técnicos dado que esta novela ha modificado de facto la percepción “histórica” de los evangelios gnósticos, apócrifos, de Jesús, y sobre todo de su relación con María Magdalena, llegando a conclusiones absurdas. Nada hay en esta refutación que no crea científico y no me avergüenzo de ella. Además, ni siquiera –creo—que suponga no el 3% de la obra.

• La autora acepta finalmente que según el método llego a correctas conclusiones (“Indiscutiblemente desde su mirada particular, se concluye eso)”.

• Desconozco que “los textos de la Escritura Bíblica, guardan en su interior huellas o ecos, de la transmisión oral” y sus consecuencias sociológicas”. Sin comentarios.

• Desconozco los “principios elementales de la hermenéutica actual” . Sin comentarios.

• Desconozco lo que supone “analizar textos de carácter literario, como si se tratara de crónicas históricas”. El único comentario es: no debo de haber estudiado nunca, ni valorado el Cuarto Evangelio (¡!) . Sin comentario.

• Desconozco las perspectivas sobre María de Nazaret, María Magdalena o las hermanas de Betania… en el contexto del Evangelio canónico de Juan. Desconozco completamente que se trata de una obra literaria, cuya estructura de conjunto explica el mensaje que se quiere plasmar e ilumina desde ese conjunto cada una de sus partes. Sin comentarios

• “El Evangelio de Juan, ha sido trabajado en repetidas ocasiones desde esta perspectiva arrojando luces muy interesantes sobre el papel de las mujeres en la comunidades cristianas más tempranas”. Cierto que sí. Pero el argumento no viene en absoluto a cuento porque no estamos tratando en este libro sobre el cristianismo primitivo, sino sobre Jesús de Nazaret como personaje histórico.

Una observación: cuando escribo “Sin comentario” es porque opino simplemente que el argumento no es pertinente o que sugerir una ignorancia deliberada o no es procedente con la intención del libro, estrictamente histórica o bien referida solo a un Jesús con visos de verosimilitud histórica. Si mi ignoran fuera deliberada, confieso que la autora de la crítica me debería castigar por lo menos a 12 meses sin postre…, porque ignorar todo eso después de 40 años de estudio sería delito.

En conclusión: opino –y los lectores dirán-- que mi libro no es divulgativo, sino científico y de análisis personal. Pero a la vez está escrito con palabras claras, con frases y párrafos cortos, y aporta la traducción al castellano de todos los textos, lo cual es una ventaja para el lector, puesto que cómodamente puede hacer una interpretación personal. Siento que la gente confunda la claridad con lo divulgativo (que, incluso, muchísimas veces es de alta calidad científica). No quiero escribir para que no me entienda la gente, aunque el tema sea complicado. Tampoco soy dogmático y presento siempre las conclusiones como lo más probable. Luego que cada uno opine como quiera…Mi deseo es esclarecer. La lectura del libro dirá si exagero.

Saludos cordiales de Antonio Piñero.
Universidad Complutense de Madrid
www.antoniopinero.com

----------------------

RECORDATORIO para los que vivan en Madrid y alrededores:

Feria del Libro (Parque del Retiro)

Hoy, viernes, 30 de mayo: Caseta 87: Librería ANTES. De 18 a 21 horas.

Mañana, sábado, 31 de mayo: Caseta 357: Editorial TROTTA. De 11 a 14 horas.

Saludos de nuevo.
Viernes, 30 de Mayo 2014



Queridos amigos:

Esto es solo una NOTA para los que vivan en Madrid o en sus alrededores:

Este año me toca firmar libros en la Feria del Libro de la Madrid (a veces, amargo trago para los autores cuando ven a la gente pasando por allí, totalmente indiferente). Cuenta el director de Trotta, Alejandro Sierra, que hace años pasó una tarde entera con J. L. Aranguren, el famoso filósofo, sin vender un solo libro. Sólo les consoló algún que otro bebedizo.

Firmo el

· Viernes 30 de mayo (día de la inauguración) de 18 a 21 horas en la
Caseta 87 de la "Librería ANTES".

· Sábado 31 de mayo, de 11 a 14 horas en la
Caseta 357 de la Editorial Trotta

Saludos cordiales de
Antonio PIÑERO
Miércoles, 28 de Mayo 2014

Notas

Hoy escribe Fernando Bermejo

El breve examen de Lucas y Plutarco nos permite extraer algunas conclusiones. Por una parte, como hemos visto, ambos usan los términos “pneuma” (espíritu) y “dýnamis” (poder), y ambos funcionan de modo similar: en los dos autores, son modos físicamente indeterminados de referirse a una acción divina. Pero es precisamente esta indeterminación la que sirve para excluir interpretaciones sexuales de la concepción divina.

Se evita así pensar en una metamorfosis del dios en un cuerpo masculino, una penetración de un pene divino o la eyaculación de esperma divino. Se evita asimismo no solo la incorrección teológica de que un dios desease un cuerpo físico, sino también la corrupción física, pues en este período y ámbito cultural el cuerpo de una mujer –y en particular sus genitales– eran considerados una fuente de contaminación.

El asunto se resuelve, para decirlo con Plutarco, a través de “otras formas de contacto o toque”. Téngase en cuenta, además, que hablar de concepción divina a través del término “dýnamis” aporta un elemento de respetabilidad teológica. El poder es un rasgo básico de la divinidad –también en el mundo mediterráneo-, pues expresa la realidad y la actividad de la divinidad en el mundo, incluso si la deidad en cuestión trasciende con mucho los modos humanos comunes de concepción.

Esto no quiere decir que Lucas haya tomado prestado nada de Plutarco, o más generalmente del mito griego. Lucas añadió una historia de concepción divina a su Evangelio no porque hubiera sucumbido a la “helenización” o porque estuviese intentando dirigirse a los griegos. Las semejanzas entre el Evangelio y el de Queronea no hay que buscarlas en una relación genética, sino más bien en una cultura intelectual compartida.

Saludos cordiales de Fernando Bermejo
Miércoles, 28 de Mayo 2014
Literatura Pseudo Clementina. Las Homilías griegas.


Homilías IV-VI

Errores ridículos de los filósofos

En su debate con su amigo pagano Apión, Clemente insiste en los errores de los filósofos griegos a la hora de apreciar o calificar la conducta de los dioses. Los filósofos llaman incluso insensatos a los que se molestan con tales prácticas. Para Clemente la postura de los filósofos frente a las conductas funestas y aberrantes de los dioses, es más que ridícula. Las leyes promulgadas por los hombres sabios a través de la historia calificaban las actitudes de los dioses como pecaminosas.

Era lo menos que se podía decir de unas conductas que provocaban en la sociedad alborotos, homicidios, tumultos, muertes repentinas, ruinas de familias, magias, engaños, incertidumbres y otros muchos males (Hom 20,3-4). Todo esto tiene su triste realidad en la sociedad de los hombres normales. Porque entre los dioses, sus prácticas tienen solamente una realidad literaria, adornada de metáforas y alegorías.

Los males del adulterio

El debate entre los dos amigos se centra en los males del adulterio, evidentes para Clemente y dudosos para Apión y sus correligionarios. Para éstos, es una realidad comprobada que cuando los distintos cónyuges ignoran las aventuras extramatrimoniales de sus parejas, ni se enfadan, ni se enfurecen, ni alborotan, ni declaran la guerra. Ni siquiera sienten celos por las conductas adulterinas. Por la razón fundamental de que ignoran lo que ocurre en el seno de sus propias familias. Estas actitudes son para los correligionarios de Apión la prueba de que no representan nada contrario a la naturaleza. Son simplemente consecuencia de las costumbres ancestrales de la sociedad pagana. Más aún es “la opinión absurda de los hombres las que las hacen terribles” (Hom IV 21,1).

Opinión de Clemente sobre el adulterio

Clemente conoce perfectamente las conductas de los griegos y su valoración moral, pero en su discusión aporta una respuesta compuesta no solamente de suposiciones, sino de realidades tangibles. Responde, pues, a los que hacen de la costumbre una segunda naturaleza: “Pero yo digo que, aunque no ocurran estas terribles cosas, por la costumbre sobre el adúltero sucede que o abandona (la mujer) al marido, o conspira aunque viva con él, o reserva para el adúltero las cosas conseguidas con el trabajo del marido, o si concibe del adúltero cuando el marido está ausente, por temor a la acusación pretende destruir lo que lleva en el vientre y convertirse en infanticida, o perecer al destruirlo. Y si da a luz en presencia del marido al que ha concebido del adúltero, una vez criado el niño no conoce a su padre, sino que considera padre al que no lo es. De este modo, cuando muere el que no es el padre, deja en herencia a un niño extraño su propia hacienda. ¡Cuántos otros males se derivan también naturalmente del adulterio!” (Hom IV 21,2-3)

Prefiero dejar el texto literal de Clemente, que pretende demostrar los males inherentes al adulterio, similares –dice- a los que produce la rabia de los perros. Esa enfermedad canina hace perecer a los que toca aunque se trate de una rabia invisible. Lo mismo sucede con el adulterio aunque sea desconocido. Es causa de disensiones y desgarros.

Clemente se refugió en el Dios santo de los judíos

Huyendo de los males del adulterio y buscando un refugio seguro, Clemente “se refugió en el Dios santo de los judíos y en su Ley” con la seguridad de gozar de una conducta grata a quien lo ha de juzgar. Dios, le justo juez, no sólo lo librará de los males que el adulterio va dejando a su paso, sino que al final de la vida le retribuirá adecuadamente según sus obras y merecimientos (Hom IV 22,2).

Saludos cordiales. Gonzalo Del Cerro


Domingo, 25 de Mayo 2014

Notas

512- Jesús y las mujeres (512)
Hoy escribe Antonio Piñero


Es muy difícil hacer la presentación de un libro propio sin caer en estupideces, por lo que recurriré al testimonio externo: tengo la suerte, que debo agradecer a Editorial Trotta, de que se haya reeditado este libro que publiqué hace años en Aguilar (Santillana 2008) y que de él se vendieran bastantes ejemplares. Trotta es una editorial exigente por lo que no es fácil publicar en ella. Por tanto, reeditar es aún más difícil, porque el Director debe considerar que el libro tiene una cierta aura de “ya bien probado”, o hasta cierto punto de “clásico”, como “La Sinagoga cristiana” de José Montserrat, de modo que no se haga el ridículo con la reedición.

Para esta tirada he revisado el libro, he cambiado el orden de algunos capítulos, he escrito algunos complementos, he añadido tres índices (de autores antiguos de pasajes citados del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento) y he modificado un tanto el final del Prólogo. En él me lamento de lo siguiente “Algunas teólogas feministas españolas lo han ignorado voluntariamente (en su primera versión) tanto en sus listas bibliográficas, como en sus obras de síntesis sobre las mujeres en el cristianismo primitivo. Sin embargo, mi deseo no era y es otro que el de contribuir amistosa y cortésmente a un debate puramente científico”.

¿Qué tiene, pues, el libro que puede concitar cierta animadversión? Yo pienso que en sustancia nada desde un punto de visto que estimo objetivo, puesto que se trata de un mero análisis, que procuro aséptico y en nada polémico, de prácticamente todos los textos que nos ofrece la literatura evangélica de los tres primeros siglos sobre el tema “Jesús y las mujeres”. he dividido por temas tal análisis:

• La imagen del Jesús histórico de la que parto

• La situación de la mujer en el Israel del siglo I

• El nacimiento y la infancia de Jesús

• Jesús, su madre y su familia durante la vida pública

• Jesús y otras mujeres también en su vida pública distinguiendo bien los textos antes de su crucifixión y muerte, y los anteriores y posteriores. Así, mujeres que siguen a Jesús; pecadoras; amistad de Jesús con mujeres; curaciones de mujeres por Jesús; las mujeres en las parábolas y otros dichos de Jesús

• Jesús, el matrimonio y el divorcio en general

• ¿Jesús casado / célibe / bígamo / homosexual (hay textos para todo en los Evangelios apócrifos).

• La especial relación de Jesús con María Magdalena en los evangelios aceptados por la iglesia; en los evangelios gnósticos y otros apócrifos.

• Añado el tema del presunto papiro copto recientemente descubierto. la tesis de Karen L. King

Como se ve, tienen cabida en el libro todos los temas importantes y sus textos respectivos. Por “literatura evangélica” entiendo tanto la aceptada por la Iglesia como la rechazada por ella, es decir, considerada no canónica o apócrifa. Y en cada texto no pretendo más que darle su sentido originario (es decir, ¿qué entendería al leerlo un lector de su siglo correspondiente?, y el (posible) valor histórico que tenga.

Si las conclusiones no son del agrado de todos, si afirmo que bastantes de las perspectivas construidas sobre el tema son un mito, es porque lo creo sinceramente, y no por haberme dejado llevar de pasión alguna. Al revés, yo deseaba que algunas conclusiones fueran las contrarias, ya que el personaje, Jesús, que centra mi estudio desde hace muchos años, me parece fascinante en muchísimos aspectos.

¿Qué pretendo con este libro?

1. Resumir brevemente mi visión de Jesús

2. Presentar al lector un ejercicio de análisis sencillos de textos utilizando los instrumentos que tiene hoya día la filología y la historia antigua para poder llegar a distinguir los distintos niveles o estratos que encontramos en los textos que son cuatro:

A. El más cercano a la vida Jesús: el nivel del Jesús de la historia. Acceder a este estrato ofrece la posibilidad de llegar si no a las propias y mismísimas palabras del Nazareno --que fueron casi siempre pronunciadas en arameo, y cuya primera transcripción se ha perdido porque fueron muy pronto traducidas al griego-- sí al menos al nivel de esta primera versión, en muchos casos fidedigna, a la lengua más común y extendida del Imperio romano, la griega.

B. El estrato de la comunidad de los seguidores más íntimos de Jesús, es decir de sus discípulos inmediatos.

C. El estrato aún más alejado cronológicamente de Jesús, de segunda o incluso de tercera generación, que representa el punto de vista de los evangelistas, o de la comunidad en la que vivían. El alejamiento cronológico de Jesús se percibe ya claramente en el Cuarto Evangelio donde priman “palabras” y “escenas de Jesús” que representan más bien la teología del biógrafo –en este caso puesto como ejemplo el desconocido autor del Cuarto Evangelio— que la mentalidad y palabras propias de Jesús.

D. Tal alejamiento se intensifica muy notablemente en los evangelios apócrifos, muchos de los cuales representan un estrato cronológico D., o posterior, muy alejado de Jesús (a veces siglos), pleno de narraciones legendarias, que tiene muy pocos visos de ser histórico.

3 Que este análisis sea expresado con lenguaje claro, sencillo, y sin complicaciones técnicas, pero a la vez totalmente científico y de acuerdo con los criterios de investigación que expreso en el Prólogo.

4. Obtener conclusiones del análisis de los textos en cuanto al Jesús de la historia, tanto de cuada uno de los temas o apartados de la vida de Jesús estudiados a lo largo del libro como otras conclusiones generales, que no son otras que las que he ido obteniendo a través del análisis de los textos en los diversos capítulos. Y es aquí donde el libro encuentra más oposición porque no se quiere aceptar otra imagen presumiblemente contraria a la que uno previamente tiene ya en la cabeza.

Quiero insistir aquí que la mayoría de los autores confesionales no son lo suficientemente críticos y que no distinguen claramente entre los niveles A. B. y C. explicados más arriba. Este libro no pretende manifestar ni siquiera qué pensaban de Jesús sus discípulos, o los evangelistas o la comunidad que presuntamente se hallaba detrás de ellos, o –dando un gran salto-- lo que los cristianos de hoy día creen leer en los Evangelios, sino lo que científicamente se puede adscribir al Jesús histórico.

Voy a poner un ejemplo, haciendo una cita larga de un apartado acerca de “Jesús y las mujeres” en un libro muy reciente (2012; versión española de 2014) de un libro de Hans Küng, que tendré ocasión de reseñar en otro momento:

«En la sociedad del tiempo de Jesús las mujeres no contaban para nada; debían evitar incluso en público la compañía masculina. Las fuentes judías contemporáneas están llenas de animosidad contra la mujer, quien –según Josefo-- vale en todos los aspectos menos que el hombre. Hasta con la propia mujer, así se aconseja, ha de hablarse poco y absolutamente nada con la extraña. Las mujeres vivían en lo posible retiradas de la vida pública; en el Templo solo tenían acceso hasta el patio de las mujeres y respecto a la obligación de la plegaria estaban equiparadas a los esclavos.
Los evangelios, sin embargo, cualquiera que sea la historicidad de los detalles biográficos, no tienen reparos en hablar de las relaciones de Jesús con determinadas mujeres. Lo cual quiere decir que Jesús se había liberado de la costumbre que imponía la segregación de la mujer. Jesús, en efecto, no muestra ningún desprecio por las mujeres, sino que las trata con sorprendente naturalidad: unas mujeres lo acompañan a él y sus discípulos desde Galilea a Jerusalén; él mismo siente un afecto personal hacia algunas mujeres; unas mujeres asisten también a su muerte y sepultura. La situación jurídica y humanamente tan precaria, de la mujer en la sociedad de aquel tiempo hubo de resultar considerablemente revalorizada al prohibir Jesús el divorcio por parte del marido, a quien solo bastaba presentar el libelo de repudio” (p. 117)».


¿Qué impresión obtiene el lector de este texto (el único que hay sobre las mujeres en el libro de Küng sobre Jesús)? Pues…, al menos, que Jesús era un hombre excepcional en su época y que marcó un hito absolutamente asombroso en la historia de su época respecto al trato y consideración social de las mujeres. Y de ahí a afirmar que Jesús fue el primer feminista de la historia solo hay un paso que han dado muchos “biógrafos” de Jesús…, con lo que están de acuerdo muchos.

Sometamos, sin embargo, este texto de Küng a un somero análisis:

• No tiene en cuenta la historicidad de los detalles biográficos. Implícitamente renuncia a presentar una imagen con rigor histórico

• No tiene en cuenta la situación en Galilea en el siglo I, en donde las mujeres podían incluso ser cantineras/taberneras, donde las féminas trabajaban en el campo y representaban a sus maridos en el mercado en la venta de sus productos, por lo que tenían una mayor libertad que en Judea.

• El autor omite que tenemos noticias de otros rabinos famosos de la época, o un poco posteriores a Jesús, que trataban muy bien a las mujeres, aunque eso no supusiera que hubieran cambiado un ápice su mentalidad acerca de la esencia secundaria de la mujer según Gn 2 y según la mentalidad de su tiempo.

• El autor alude a escenas del IV Evangelio que probablemente son simbólicas (Marta y María; la samaritana y Jesús), no históricas. Nada se puede deducir de ellas respecto al Jesús de la historia. También alude a escenas privadas, dentro de las casas, donde el trato con las mujeres era muy diferente. Pero ello no cambiaba nada sus estatus social, Su contacto con pecadoras públicas como la de la unción (prácticamente el único caso, y fue también en el interior de una casa) nada dicen de un cambio de estatus social de la mujer); el caso de la adúltera es muy dudoso históricamente. Es muy probable que sea un texto secundario, tardío.

• No tiene en cuenta el autor que antes de la muerte de Jesús, en toda su vida pública, sólo hay un texto, un único texto antes de la escenas de la resurrección (Lc 8,1-3), que habla de las mujeres seguidoras de Jesús y las presenta más bien como sirvientas.

• ¿Acaso los sanadores y exorcistas judíos y paganos de la época no expulsaban a demonios y no curaban a las mujeres?

• ¿Acaso Jesús curaba a las mujeres porque eran mujeres y no porque eran débiles y representaban un estrato ciertamente postergado de la sociedad en la mayoría de los casos?

• Se da en los evangelios, y precisamente se nota en momentos muy oportunos, una absoluta falta de pronunciamientos públicos de Jesús que intenten corregir la posición social de la mujer en su época. Ni una mínima alusión. Y sin pronunciamientos públicos, y el trabajo consecuente, no hay cambio posible del estatus de la mujer.

• Los esenios y el divorcio. La doctrina de Jesús sobre el matrimonio único, y la negativa al divorcio es muy parecida, casi igual, a la de los esenios y con el mismo fundamento teológico en los inicios de la creación según la Biblia. ¿ Acaso fueron los esenios al defender esta doctrina unos reformadores sociales? De ningún modo. Y es totalmente cierto que para los esenios la mujer era un ser secundario y ocupaba un lugar muy secundario en la vida espiritual y social. Luego el argumento del divorcio no es válido.

• El autor del párrafo citado no tiene en cuenta la cláusula exceptiva del Jesús de Mateo 19,9: el que repudie a su mujer salvo en el caso de porneía (alguna desviación o ilegitimidad sexual) de la mujer y se casare con otra comete adulterio. Siento decirlo, pero la perspectiva de este versículo es totalmente machista.

• El caso de Pablo y las mujeres. Es muy probablemente cierto que el Apóstol trataba a sus colaboradoras en el Evangelio con el mayor cuidado posible. El trato de Pablo con mujeres es amplísimo y cordial… Pero… sus pronunciamientos públicos (en sus cartas) sobre las mujeres es lamentable desde el punto de vista moderno, aunque totalmente concorde con las costumbres y sociedad de su época. Por tanto: del buen trato de Jesús con las mujeres no se puede elevar una proposición de Jesús como reformador social.

Podría analizar otros muchos textos defensores de un Jesús “eximio feminista”. Pero basta con este. Mi conclusión de este análisis es sencillamente que desde el punto de vista del Jesús histórico las conclusiones de Küng son cuanto menos dudosas.

Como esta postal empieza a ser demasiado larga, me detengo aquí. En la próxima entrega examinaré algunas de las críticas que se han formulado a mi método en este libro, “Jesús y las mujeres” y trataré de responder muy brevemente a ellas.

Saludos cordiales de Antonio Piñero.
Universidad Complutense de Madrid
Www.antoniopinero.com
--
Viernes, 23 de Mayo 2014

Notas

Hoy escribe Fernando Bermejo

La semana pasada constatábamos el modo cuidadoso y sofisticado como Plutarco explica la concepción divina sin decir algo impuro o indigno de la divinidad. Miembro educado de una elite literaria, el de Queronea se encuentra a disgusto con la idea de que los dioses tienen sexo con mujeres mortales. Hablar del asunto en términos de pneuma y de poder hacía la cosa algo filosóficamente respetable.

La circunspección en este asunto es importante para él, pues las observaciones de las Cuestiones Convivales están ocasionadas por la creencia en la concepción divina de nada más y nada menos que de… el propio Platón. En efecto, el contexto literario para la conversación en el libro VIII es un diálogo de varias personas que, tras celebrar el natalicio de Sócrates, se disponen a celebrar el del maestro del maestro de los que saben.

Ahora bien, según una tradición que parece haber empezado a circular poco después de la muerte de Platón, este fue considerado hijo del dios Apolo. Se da entonces la circunstancia paradójica de que los platónicos, cuyo escolarca había enseñado que los dioses no tienen pasiones y no están sometidos al cambio, debían afrontar la creencia de que un dios había entablado una relación con Perictione, la madre del filósofo, para concebir a este. Está claro que Plutarco debía andarse con pies de plomo si quería permanecer fiel a la tradición platónica y honrar simultáneamente a su maestro.

Uno de los comensales, Floro, recuerda la idea de quienes atribuyen a Apolo la paternidad de Platón: “Al tiempo recordó la visión que se cuenta que tuvo en sueños su padre Aristón y la voz que le prohibía yacer con su mujer y tocarla durante diez meses”.

Plutarco expresa cierta distancia con respecto a esta leyenda mediante el prudente uso del “legoménes”, “se cuenta”. El autor del Evangelio de Mateo dudó menos en relación a una visión onírica similar, en la que un ángel informa a José de que Jesús es el vástago de Dios, nacido del espíritu santo (Mt 1, 20-25), tras de lo cual José no toca a María hasta que ha dado a luz. En ambos casos, el propósito de la historia es similar: el origen puramente divino del niño es asegurado (cf. Protoevangelio de Santiago 19, 3 – 20, 3).

Pero ¿cómo exactamente habría sido Apolo la causa eficiente del embarazo de Perictione? La respuesta de Plutarco en las Charlas de sobremesa es la siguiente:

“Tomando la palabra Tíndares, el lacedemonio, dijo: ‘Justo es cantar y decir de Platón lo de
Y no parece
de hombre mortal ser hijo, sino de un dios (Il XXIV 258)
Pero me temo que con la gloria imperecedera de lo divino esté en pugna no menos lo que engendra que lo engendrado, pues ello es, en cierto modo, cambio y afección […] Cobro ánimo, sin embargo, a mi vez, cuando oigo al propio Platón llamar padre y hacedor del mundo y demás seres engendrados al dios no engendrado e inmortal, por llegar aquellos al ser no por esperma, sino por haber engendrado el dios en la materia por medio de otra fuerza un principio fecundante, por cuya acción aquélla sufrió alteraciones y cambió:

Pues se le ocultan incluso de los vientos los caminos
a la hembra del pájaro, salvo cuando se le presenta la puesta (frag. Sófocles).

Y no considero nada extraño el que el dios, sin tener contacto como hace el hombre, sino por otro tipo de contactos y toques a través de otros cambie y llene de semen divino lo mortal”.

Si bien el dios no puede tener sexo con una mujer, pues ello implicaría un cambio a una forma mortal y una consecuente depreciación de la (incorruptible) naturaleza divina, aún queda alguna vía abierta: mediante “otras formas de contacto”, gracias -como hemos visto- al poder o al pneuma divino. El dios puede actuar como el viento –que sopla donde quiere– para engendrar al niño divino.

Esto parece demostrar que, a diferencia de lo que muchos han afirmado, afirman y afirmarán con más o menos solemnidad, el relato del Evangelio de Lucas está en plena consonancia con la cultura de otros autores literarios de su tiempo, que evitaron el antropomorfismo craso de un encuentro sexual entre el ser humano y la divinidad, en un intento por construir un relato histórica y teológicamente plausible de una supuesta concepción divina.

Saludos cordiales de Fernando Bermejo
Miércoles, 21 de Mayo 2014
Literatura Pseudo Clementina. Las Homilías griegas.
Hoy escribe Gonzalo Del Cerro

Homilías IV-VI

Clemente continúa su alegato contra los filósofos, gramáticos y sofistas que consideran las prácticas de Zeus y de otros miembros de su panteón como dignas de dioses. Razón definitiva para que los iletrados e ignorantes vean en tales conductas ejemplos dignos de imitar. Los mitos enseñados por los filósofos y los gramáticos han germinado en las entrañas del pueblo hasta convertirse en costumbres ancestrales sus doctrinas y sus consecuencias.

La costumbre es una segunda naturaleza

Insiste Clemente en la idea reiterada de que la costumbre se convierte en una segunda naturaleza. Y cuanto más antigua es la costumbre tanto más firme se asienta en los ciudadanos. Esa es la razón por la que los hombres del campo, que están menos en contacto con la doctrina de los mitógrafos, se extravían menos que los que están familiarizados con ellos. En este sentido la educación es responsable de conductas y sus justificaciones teóricas. Los que viven al margen de la cultura oficial, viven con más libertad y más de acuerdo con la naturaleza, como pedían los estoicos.

La educación griega es más peligrosa que la ignorancia

Por el contrario “los que desde niños aprenden las letras con estos mitos cuando todavía el alma está tierna, graban en su propia mente las acciones impías de los llamados dioses” (Hom IV 18,2). Luego cuando se hacen mayores, sus creencias se hacen más firmes y más difíciles de rectificar. Y como ocurre con las semillas, al madurar producen los frutos, malos si las semillas son malas, como aquí. Porque es una realidad palpable que uno “se siente cómodo en las cosas a las que se acostumbra desde la niñez” (Hom IV 18,4).

Pero es una ventaja vivir lejos de tales maestros, porque entonces la naturaleza no ha sido contaminada por la costumbre. Y las acciones impías de los dioses no penetran con tanta facilidad en las mentes libres de costumbres de larga duración. Por todas estas razones Clemente concluye que la mala educación es peor que la ignorancia. Lo expresa con claridad y contundencia. Dice así: “Es necesario que los jóvenes no se ejerciten en las enseñanzas corruptoras, y que los que están en la flor de la edad eviten con todo cuidado escuchar los mitos griegos. Pues mucho peor que la ignorancia son estas enseñanzas” (Hom IV 19,1).

La mejor estrategia es la huida

En consecuencia, es obligado huir de todas estas doctrinas, de sus autores, sus defensores, los ambientes donde florecen, ya sean libros, teatros y hasta las ciudades en las que se propalan. Porque como esas doctrinas están llenas y saturadas de impiedades, su maldad se transmite hasta por el aire que se respira. “Y lo peor de todo es que cuanto más ha sido instruido cualquiera de entre ellos, tanto más se aparta de la sensatez natural” (Hom IV 19,4). La educación cristiana no admite términos medios. La educación griega debe juzgarse como algo peor que la ignorancia, que, en opinión del autor de estos textos, es el origen de todos los males.

Doctrinas erróneas de los presuntos filósofos

Pero hay personajes que, presumiendo de ser filósofos, consideran por lo menos indiferentes esas conductas de los dioses. Y acusan de ridículos a los que las censuran. Porque, dicen, no son pecados según la naturaleza como las acciones prohibidas por las leyes. Esas conductas son prohibidas porque son origen de males para la sociedad. Clemente considera ridículas las opiniones de los filósofos. Hay cosas no prohibidas por las leyes, que provocan males y desgracias en abundancia y sin penas ni castigos. Se pregunta, pues, apoyándose en sus razonamientos: “¿No se derivan acaso del adulterio las muertes repentinas, las ruinas de las familias, las magias, los engaños, las incertidumbres y otros muchos males?

El adulterio, como práctica habitual en los dioses, no es motivo de reproche para los filósofos ni para los idólatras. Sin embargo, en la realidad, es fuente de conflictos y hasta de guerras. Una vez más, Troya aparece en el horizonte de la experiencia humana.

Saludos cordiales. Gonzalo Del Cerro


Domingo, 18 de Mayo 2014
Historia crítica de Jesucristo. Análisis razonado de los Evangelios  (y II) (498)
Hoy escribe Antonio Piñero


Finalizamos el comentario el libro del Barón de Holbach que iniciamos la semana pasada.

El autor, pertrechado con las ideas básicas expuestas anteriormente, emprende la tarea de escribir una “vida de Jesucristo”. Para ello no hace previamente una crítica de la historicidad del IV Evangelio, cuyo texto y contenido criticará solo cuando sus escenas vayan apareciendo en esta “Vida” y al mismo tenor que la crítica a los evangelios sinópticos, sino que admitirá como base una “armonía” o mezcla de los cuatro evangelios tal como debían circular por la época, a imitación de lo que ya había hecho Taciano, el sirio, en el siglo II y que tanto éxito tuvo en las iglesias siríacas en la Antigüedad. Hoy día tal armonía se consideraría empresa imposible.

A la “Vida de Jesús” como tal hace preceder Holbach una breve crítica de las denominadas profecías sobre el mesías, Jesús de Nazaret, que se hallan en el Nuevo Testamento. Intenta demostrar con una lectura literal que tales profecías nada tiene que ver con Jesús (pp. 27-33;107). Sigue luego una crítica de los relatos de la infancia (Mt 1 y 2; Lc 1 y 2) y de sus numerosas inverosimilitudes y contradicciones, que tiene un tono más bien irónico y racionalista. Es decir, intenta explicar de un modo natural algunos hecho sobrenaturales, como la anunciación angélica que se aclara como una muestra de que la concepción y el nacimiento de Jesús fue normal, pero un tanto sospechoso en cuanto a su legalidad. De la matanza de los inocentes opina: “Puestos a hacer milagros, ¿no pudo Dios salvar a su hijo de un modo más suave que mediante la matanza inútil de tantos inocentes? (p. 43).

Curiosamente Holbach sitúa al principio de la vida pública de Jesús la escena de la purificación del Templo, lo cual es críticamente muy poco probable en este momento, pues fue seguramente una de las causas de su condena a muerte. Adopta, por tanto, Holbach el esquema del Cuarto Evangelio (tres Pascuas durante el ministerio de Jesús y no una Pascua = Sinópticos). Este supuesto es razonable. Sigue luego, entre otros relatos, la conversación con Nicodemo y el episodio de la samaritana. Respecto al primero critica nuestro autor la oportunidad perdida por Jesús de hablar claramente, no en enigmas y declarar su divinidad (p. 69). Respecto a la samaritana critica la historicidad del hecho: no es probables de ningún modo. Analiza también críticamente también los presupuestos de la conversación Jesús-samaritana que le parecen impropios de un judío del siglo I (p. 75).

Respecto a los milagros de Jesús, hemos indicamos ya que Holbach adopta una postura racionalista y, en lo que le es posible los explica por causas naturales y por mera obra psicológica de una actitud de fe (por ejemplo, pp. 103; 143). Otros los cree un mero invento de los evangelistas, pues de lo contrario no se explicaría la falta de fe de los judíos en Jesús (p. 95; 107). Abre así camino a las explicaciones racionalistas de otros autores del siglo XIX, como D. F. Strauss, en su famosísima “Vida de Jesús” de 1835-1837. En este apartado formula Holbach una de las diversas reglas de interpretación por él usadas: “Cuando un mismo hecho es contado de manera muy diversa por diferentes autores iguales en autoridad, hay motivos para dudar de él o, al menos, tenemos derecho a dudar de que haya sucedido del modo que supone” (p. 89).

Sobre María Magdalena, a la que identifica con María de Betania (p. 160) y la pecadora innominada de Lc 7, piensa ya Holbach algo parecido a lo que algunos autores de hoy:

« “Parece ser que Jesús, a pesar de toda su seriedad, tenía debilidad por las mujeres, a las que los melancólicos no son los menos inclinados. María Magdalena lo amó con pasión y parece haber sido el modelo de las devotas afectuosas, mujeres libertinas a las que su temperamento empuja habitualmente a entregarse a la religión con tanto ardor como se habían entregado antes al mundo y sus amantes” (p. 91; 128).  »

Igualmente comparte teorías con ellos (al igual que el Talmud) sobre la relación de Jesús con Egipto, en donde habría aprendido medicina y magia, lo que explica sus curaciones (p. 94). Opina también –aunque lo justifica por la condición de galileo de Jesús, alejado del Templo de Jerusalén-- que este quebrantó las leyes de la pureza y del sábado (p. 98). Pero el Jesús del Cuarto Evangelio es para Holbach tan enigmático, sobre todo en sus discursos, que llega a calificarlo de charlatán (p. 93-94).

La ética de Jesús antes de la venida del Reino, expresada sobre todo en el Sermón de la Montaña, al que somete a un análisis concienzudo (pp. 111-124) le parece imposible de cumplir, y sostiene que sus preceptos (como poner la otra mejilla o desligarse del todo de los bienes y de la familia) llevarían a cualquier sociedad a la ruina. Aquí no llega que entender Holbach que muy probablemente Jesús pensaba que estas normas sólo eran válidas para los momentos inmediatamente anteriores a al venida del Reino, en los que se debía sacrificar todo para obtener la entrada en él. Nuestro autor, sin embargo, tiene el mérito de haber caído en la cuenta, antes que W. Wrede, del artificio que supone el “secreto mesiánico” (aunque Jesús era el mesías y hace milagros, ordena que se mantenga en secreto su condición), que Jesús contradice al enviar a sus discípulos en viaje misionero (Mc 6,7 y paralelos; pp. 135ss).

El resto de los capítulos hasta los relatos hasta la muerte y resurrección de Jesús sigue en el mismo tenor. Las críticas de Holbach van dirigidas a resaltar ciertas contradicciones en las obras y el mensaje de Jesús (por ejemplo, pp. 137-140) utilizando un tono cargado de ironía pero sin ser normalmente cruel; por ejemplo a los discípulos de Jesús los denomina muchas veces “su tropa”. Quizás intente provocar nuestro autor la impresión de un cierto ridículo que a sus ojos de ilustrado ofrecía la lectura de los Evangelios, conforme a su principio, expresado al inicio del Prólogo, que la lectura del Nuevo Testamento causa una sensación de “desorden, oscuridad y tosquedad estilística muy capaces de desconcertar a los ignorantes y ahuyentar a las personas ilustradas” (p. 7).

La crítica de las narraciones de la pasión y muerte es muy severa, incluida la interpretación substancialista de la eucaristía (p. 167), pero más aún de los relatos de la resurrección y apariciones. Junto con Herrmann Samuel Reimarus (no sabemos si llegó a Francia a tiempo su obra editada por Lessing en 1768, sobre todo las páginas dedicadas al “Propósito de Jesús y de sus discípulos”) cree que la tumba vacía y la resurrección son un producto del “robo” del cadáver por sus discípulos (pp. 183-184) y las apariciones, incluidas las que relata Pablo en 1 Corintios 15 son más bien inventos o alucinaciones. En este apartado merece la pena citar otro texto que formula sanos principios de crítica histórica:

« “Es necesario examinar seriamente un hecho (la resurrección) sobre el cual se basa exclusivamente la fe de cualquier cristiano. En primer lugar debemos estar seguros de la calidad de las personas que atestiguan el suceso. Se debe averiguar si esos testigos eran perspicaces y desinteresados; hay que examinar si concuerdan entre sí los relatos que nos ofrecen o las circunstancias que nos señalan. Estas precauciones se toman habitualmente para descubrir el grado de probabilidad o certeza de los hechos que nos cuentan. Así, estas preocupaciones son infinitamente más necesarias cuando se trata de examinar suceso sobrenaturales, que para ser creídos demandan pruebas más fuertes que los hechos ordinarios.

“Según el testimonio unánime de los historiadores, creo sin dificultad que César se apoderó de las Galias, pero los detalles de su conquista me resultan menos probados cuando los veo relatados solo por él mismo o por sus partidarios. Estos detalles me parecerían increíbles si encontrara en ellos milagros o hechos contrarios al orden de la naturaleza, y entonces sospecharía que han pretendido engañarme, o si juzgara más favorablemente a los autores que transmiten esos hechos, los tomaría por fanáticos o locos” (p. 185). Naturalmente, en esta línea sostiene Holbach que para ser creído Jesús debería haber resucitado en público (p. 195) y cree que las apariciones fueron inútiles e innecesarias dada que ocurrieron totalmente en privado y sin modo de ser investigadas (p. 197). »

Como muestra de una crítica deletérea transcribo el texto siguiente:

« "El abandono y el rechazo de Cristo (al final de su vida pública) llenó a los apóstoles de consternación. Para reanimar su confianza, hizo que se sacase una higuera en 24 horas para castigarla por no tener higos en una estación en la que era imposible que los tuviese, es decir, hacia el mes de marzo (Mc 11,12-14). Como todas la acciones del Mesías, hasta las que parecen tonterías a los ojos de los hombres comunes (1 Cor 2,6), tienen un sentido sublime para los devotos iluminados por la fe, podemos ver en el milagro de esta higuera la representación simbólica de uno de los dogmas de la religión cristiana. Según esta punto de vista, la higuera maldita representa a la mayoría de los hombres, a quienes, según nuestros teólogos, el Dios de la misericordia maldice y condena al fuego eterno por no haber tenido la fe ni la gracia que no pudieron adquirir por sí mismos, y que este Dios bondadoso no quiso concederles. Así resulta que el ridículo pasaje de la higuera está destinado a representar uno de los dogmas más profundos de la teología cristiana” (pp. 164-165).  »

Podríamos seguir , pero creo que está claro cuál es el sistema de la crítica evangélica de nuestro autor. ¡Nada nuevo bajo el sol! Sin embargo, la lectura de este libro me ha resultado muy interesante y me ha enseñado mucho. Insisto también en que el Epílogo merece la pena ser leído dada su caudal de información. Vale también su lectura para comprobar nuestras deudas respecto al pasado y lo que hemos avanzado sobre ellos. Ayuda esto a confirmar la idea de que la “verdad” histórica resultante de la interpretación de textos del pasado es cuestión de consenso entre los investigadores. Cuando a lo largo de siglos de crítica se repiten ciertas observaciones e interpretaciones entre los estudiosos, o bien podemos estar seguros de su verdad o que se camina por un camino que va a conducir a ella.

En síntesis me parece loable que se editen de nuevo y se lean estas memorables páginas de nuestro pasado.

Saludos cordiales de Antonio Piñero.
Universidad Complutense de Madrid
Www.antoniopinero.com


Viernes, 16 de Mayo 2014

Notas

Hoy escribe Fernando Bermejo

La cuestión planteada en anteriores posts es si la evitación por el evangelista Lucas de lenguaje sexual para referirse a la concepción divina de Jesús lo distancia de –y lo “eleva” sobre– su contexto cultural (como pretenden legiones de más o menos piadosos exegetas), o si es más bien algo que comparte con algunos de sus contemporáneos.

En las Symposiaká, Quaestiones Convivales o Charlas de sobremesa, de Plutarco, hallamos elementos de juicio que resultan interesantes para nuestro tema. En esta obra, Tíndares el Lacedemonio observa que la concepción parece opuesta a la incorruptibilidad divina, pues implica cambio y pasión en Dios (con un razonamiento que cabe remontar a la República de Platón con aquello de que Dios es bueno y además no cambia). Tíndares sigue refiriéndose a seres nacidos de Dios que no llegan al ser a través de semilla/esperma, sino “por otro poder de Dios”. El poder de Dios (¿recuerdan las palabras del ángel en Lucas?) se convierte en el medio de su actividad generativa. Por lo demás, para nuestro autor, el Dios imperecedero no ama cuerpos perecederos ni puede mezclarse con ellos.

En su Vida de Numa, Plutarco transmite la tradición de que Numa tuvo un “matrimonio divino” con la ninfa Egeria, de la que habría aprendido leyes y ritos divinos. Al platónico, esta tradición no le hace precisamente mucha gracia, por lo que intenta encontrar un modo de explicar un amor entre ser humano y uno divino con el debido respeto a la trascendencia de lo divino. Para ello recurre a la teología “egipcia”. Los egipcios, afirma, aceptan que –mientras que un hombre no puede tener una relación generativa con un dios- la mezcla con una mujer no es imposible para el “pneuma de un dios”, que puede "aproximarse" a ella y engendrar ciertos “principios de generación”.

Todo indica que el “espíritu de un dios” en la Vida de Numa es análogo al “otro poder de Dios” mencionado en las Quaestiones Convivales. Los resultados de ambas intervenciones son los mismos.

Desde luego, la ambigüedad de “pneuma” (¿aliento? ¿viento? ¿espíritu?) es interesante. El pneuma es en todo caso invisible, pero sus efectos son poderosos (puede engendrar). Además, el pneuma no es antropomórfico, no asume una forma determinada. De este modo, no puede tener contacto con un cuerpo humano en un sentido crudo, sexual. Se da a entender claramente que ese “pneuma de un dios” tiene contacto con una mujer no como un ser humano, sino como un aliento o un viento que “acaricia” sutilmente el cuerpo humano. Si se asume que el pneuma entra en el cuerpo femenino –lo cual no tiene por qué suceder a través de la vagina–, la cosa no parece diferente a la sutil penetración pneumática aludida en Lc 1, 35 (el espíritu santo -pneuma hagion- vendrá sobre ti).

Curiosamente, los dos términos (pneuma y dýnamis/poder) usados por Plutarco para explicar la íntima conexión humano-divina sin algo tan vulgar y poco edificante como el sexo los hallamos también en el pasaje del Evangelio de Lucas.

Saludos cordiales de Fernando Bermejo
Miércoles, 14 de Mayo 2014
Literatura Pseudo Clementina. Las Homilías griegas.
Hoy escribe Gonzalo Del Cerro

Homilías IV-VI

Unidad de Dios o politeísmo

Estamos analizando el debate mantenido entre los dos amigos Clemente y el pagano Apión. Veíamos que el núcleo fundamental de la disensión entre un cristiano y un pagano era la diferencia de doctrina entre la unidad de Dios y la idolatría o politeísmo. Para un cristiano, el politeísmo era una doctrina rechazable desde diversos puntos de vista. La primera razón era el convencimiento de la unidad del Dios todopoderoso, creador de cielos y tierra y de todo su contenido.

Los mandamientos o la conducta de los dioses paganos

Ese Dios había dado a la humanidad unas normas de conducta, incluidas en el Decálogo o la lista de los diez mandamientos. Si las razones teóricas o metafísicas podían escaparse de la comprensión de los hombres sencillos, la conducta práctica de los dioses, descrita con brillantes contornos en los relatos de los mitógrafos, producía en el alma cristiana un estremecimiento o rechazo visceral.

Por ejemplo, la importancia que la Literatura Pseudo Clementina atribuye a la vida de castidad chocaba frontalmente con lo que los mitógrafos consideraban como la conducta normal y habitual de sus dioses. Una conducta que el autor de esta literatura traza como un ejemplo de comportamiento, digno de imitación por sus devotos. Si los dioses la practican y los filósofos la presentan con absoluta tranquilidad, sin sombra de escándalo o reprensión, la gente sencilla puede sentirse inclinada a imitarla y hasta valorarla.

El primero de los dioses, el más escandaloso

El relator de las Homilías, el Pseudo Clemente, encuentra en los relatos de la Mitología ejemplos abundantes, convertidos muchas veces en paradigmas y modelos. Y no necesita profundizar en las lejanías de los relatos para hallar argumentos para apoyo de sus tesis. Como no necesita tampoco buscar en rincones perdidos de la amplia literatura griega. Zeus, el denominado padre de los dioses y de los hombres, le ofrece material para componer extensos tratados de conductas de escándalo, sin matiz alguno de pretendida excusa.

Dice así Clemente: “Empezaré por el mismo Zeus, el más regio de todos, cuyo padre Cronos, después de devorar a sus propios hijos, como decís, con una guadaña de acero segó los genitales de su padre Urano. Demostró así a los que imitan los misterios de los dioses un ejemplo de la piedad hacia los padres y del cariño hacia los hijos” (Hom IV 16,1). Con mal disimulada burla, inicia su alegato haciendo una presentación de la piedad de Zeus, el que segó los genitales de su padre Crono. Gran ejemplo de piedad para con los padres y de cariño hacia los hijos.

Modelo de pederastas y adúlteros

Pero el material era generoso y abundante en temas especialmente sensibles para la mentalidad cristiana. En ese sentido cuenta de Zeus cómo “En defensa de los pederastas raptó a Ganímedes. Para ayudar a los adúlteros en sus adulterios, él mismo fue descubierto muchas veces en adulterio. Invitó a corromper a las hermanas, manteniendo relaciones con sus hermanas, Hera, Deméter y la celestial Afrodita” (Hom IV 16,3). Reprende así de forma indisimulada a los pederastas y a los adúlteros. Unos adulterios especialmente reprobables, puesto que se trata de relaciones con sus propias hermanas.

Al tener relaciones con sus hijas, como en el caso de Perséfona, “se convirtió en un mal ejemplo tomado de los mitos”. Así, al menos, lo interpreta Clemente en su larga lista de casos que aduce como prueba de sus afirmaciones. El dios perpetró otros miles de actos impíos. Pero los hombres no solamente no reprendieron esa conducta, sino que elevaron al personaje a la categoría de dios, el primero del panteón de los dioses griegos.

Reflexiona Clemente sobre estos datos diciendo que puede comprenderse que hombres ignorantes y sencillos pudieran dejarse llevar de tales relatos o incluso irritarse con ellos. Pero expresa su sorpresa al constatar que muchos eruditos, “que presumen de ser gramáticos y sofistas, aseguran que estas prácticas son dignas de dioses”.

Apión se enfrenta, pues, con una argumentación vigorosa y bien construida, a la que tendrá que presentar los puntos de vista de los gramáticos y sofistas, entre los que militaba el amigo de Clemente.

Saludos cordiales. Gonzalo Del Cerro

Sábado, 10 de Mayo 2014
1 2


Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.








RSS ATOM RSS comment PODCAST Mobile