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Hoy escribe Gonzalo Del Cerro

Homilía XI

Bautismo de Clemente

El autor de las Pseudo Clementinas, el “yo, Clemente” omnipresente a lo largo y ancho de toda la obra, recogió y expuso detalladamente el largo discurso de Pedro. Al final de la Homilía XI, refiere con especial interés los datos de su bautismo, la condición esencial para poder optar a la herencia del reino de los cielos. Clemente ofrece los varios pasos para el acontecimiento trascendental en la nueva vida, “el nuevo nacimiento” en palabras del relator del protagonista del suceso. Siguieron unas recomendaciones del mismo Pedro dirigidas a los presbíteros delante de toda la asamblea de los fieles.

Refería cómo el Señor y Verdadero Profeta explicó a sus discípulos que el Maligno, después de hablar con él durante cuarenta días y de no haber logrado nada de él, intentaría enviar de sus seguidores a unos encargados de engañar a los discípulos de Jesús para extraviarlos. Por eso recomendaba no recibir a nadie, apóstol, maestro o profeta sin haber comparado su predicación con la de Santiago, el llamado hermano de mi Señor, a quien se le ha confiado la tarea de administrar la iglesia de los hebreos en Jerusalén. Era la advertencia contenida en el principio de la carta preliminar de Pedro a Santiago.

Recomendaciones en orden a la seguridad de la predicación

Era una recomendación que debían observar aunque se presentara con testigos, para que la maldad que habló cuarenta días con el Señor sin conseguir nada, no cayera después del cielo a la tierra como un relámpago y mandara contra los discípulos a un predicador, como ahora había enviado a Simón con pretexto de predicar la verdad en el nombre de nuestro Señor, pero para sembrar el error. Por esta razón, el Maestro dijo con rotundo interés: “Muchos vendrán a mí con vestidura de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis” (Mt 7,15-16).

Final de las jornadas de Trípolis

Dichas estas cosas, envió a sus acompañantes a Antioquía de Siria diciéndoles que lo esperaran allí al día siguiente. Una vez que se marcharon, Pedro libró de enfermedades, padecimientos y demonios a muchos enfermos de las turbas que habían creído, los bautizó en las fuentes que había junto al mar, celebró la eucaristía y nombró obispo a Maroones, el que lo había recibido y que ya era perfecto. Designó a doce presbíteros, estableció a numerosos diáconos, organizó el tema del cuidado de las viudas y habló sobre el orden de lo que convenía a la comunidad de la Iglesia, recomendando obedecer al obispo Maroones.

Al cabo de tres meses, se despidió de los de Trípolis de Fenicia y tomó el camino de Antioquía de Siria. Así termina el material narrativo de la Homilía XI, que abre de par en par los marcos del texto con la intención de presentar algunos de los sucesos básicos de toda la historia de la novela pseudo clementina. Tal es el momento y lugar de algunos de los reconocimientos de los miembros dispersos de la familia romana del autor de toda la obra.

Saludos cordiales. Gonzalo Del Cerro





Domingo, 31 de Mayo 2015
Feria de "Libros del Olivo". Contacto directo con los autores.
El que tenga interés, puede visitar esta "Feria" en Madrid, el 5 de junio de 2015, en la calle Hermosilla 103 (cerca del cruce con c/ Alcalá).

Se trata de un encuentro con diversos autores. Yo estaré de 11.30 a 12.45. Hablaré con el público sobre "La vida de Jesús a la luz de los evangelios apócrifos" y firmaré libros, si la gente lo desea.

Saludos cordiales.
Domingo, 31 de Mayo 2015
Guía para entender a Pablo de Tarso. Una interpretación del pensamiento paulino (y II) (582)

Escribe Antonio Piñero
Concluyo hoy mi presentación de esta obra sobre el pensamiento paulino y sus diversas e interesantes interpretaciones hoy día. Y ahora quiero transcribir unas ideas del texto que compuse, muy breve, para la solapa del libro.

“No está dicho todo sobre Pablo de Tarso a pesar de que desde san Agustín, y sobre todo desde Martín Lutero y la Reforma, se hayan escrito centenares de libros sobre él. Ni siquiera queda claro, como se afirma con rotundidad, que Pablo fuera el “segundo fundador del cristianismo” ni tampoco un fariseo estricto como él mismo sostiene en apariencia.

“Desde 1970 ha surgido una potente y nueva corriente de interpretación de la teología de Pablo, a cuyo frente están sobre todo teólogos evangélicos independientes e historiadores judíos del pensamiento israelita, que pone en cuestión opiniones aparentemente asentadas durante siglos: ¿Puede sostenerse hoy que todo, o parte de, Pablo ha sido malentendido durante más de quince siglos? ¿Fue el pensamiento de Pablo exclusivamente judío a pesar del entorno de su nacimiento y formación escolar en un mundo griego? ¿Abandonó Pablo la ley judía? O bien ¿se comportó siempre, incluso externamente, como un judío practicante? ¿Es posible defender que paganos y judíos se salvan no por creer en Jesucristo, sino por imitar sus actos de fidelidad? ¿Rompía la posible divinización de Jesús por parte de Pablo el monoteísmo estricto de Israel?

“Responder claramente a estas y otras cuestiones candentes son el núcleo de esta “Interpretación del pensamiento paulino”, escrito en diálogo con el pensamiento exegético y la discusión científica más viva y actual.

Yo planteo modestamente una hipótesis interpretativa que sirve para corregir la idea de que Pablo de Tarso era un pensador contradictorio. Y como es una hipótesis interpretativa no conviene adoptar posturas ni a favor ni en contra antes de haberla leído a fondo y meditado.

Debo advertir que hay un error en el índice al final del libro. Falta lo más importante y lo más original de este volumen, a saber las aclaraciones a modo de excursus que he ido haciendo –interrumpiendo momentáneamente la lectura de cada carta e Pablo-- de modo que el lector tenga una idea general de lo que piensa el Apóstol en los temas importantes. Menos mal que en el texto me tomé e trabajo de hacer remisiones a estas Aclaraciones cada vez que era necesario. Pero no siempre. La idea era no repetirme y remitir al lector a cada aclaración cada vez que Pablo repetía un tema, lo que ocurre muchas veces.
Este error en el Índice daña al libro porque el omite lo que es más ilustrativo y de valor. Ya no hay remedio porque la primera edición está impresa, embuchado en papel de celofán cada volumen, y no se puede introducir ni siquiera una hojilla complementaria al final. Por ello ofrezco aquí lo que falta del índice. Ruego a los futuros lectores que lo impriman y lo pongan como hojilla suplementaria al final. Aquí el suplemento:

ACLARACIONES


Aclaración I: ¿Por qué el cambio de Saulo a Pablo? 73-76
Aclaración II: Escatología y Reino de Dios en Pablo 97-108
Aclaración III: Elección, llamada, predeterminación 111-118
Aclaración IV: El sentido de la muerte del Mesías 119-129
Aclaración V: Antropología paulina 130-135
Aclaración VI: Ley de Moisés y Pablo. ¿Cambia la ley de Moisés en época mesiánica? 159-187
Aclaración VII: Justificación por la fe. ¿Existe contraposición entre justificación y Promesa? 188-200
Aclaración VIII: Ética de Pablo 224-232
Aclaración IX: Pablo y el antijudaísmo cristiano 279-290
Aclaración X: Misteriosofía de Pablo 294-314
Aclaración XI: Liturgia, culto y ritos en Pablo 322-324
Aclaración XII: Pablo y las mujeres 326-332
Aclaración XIII: Alianza: antigua y nueva 359-364
Aclaración XIV: Religiosidad de Pablo: vivir en el Mesías. Cuerpo de Cristo. Participación 366-370
Aclaración XV: Jesús y Pablo ¿Fue Pablo el verdadero fundador del cristianismo? 372-379
Aclaración XVI: Monoteísmo, binitarismo y la naturaleza del mesías 402-423
Aclaración: XVII: Justicia de Dios 461-464
Aclaración: XVIII: Adopción/Filiación 489-493
Aclaración: XIX: Israel y los gentiles 502-505
Aclaración: XX: Teología política de Pablo 510-515

Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.antoniopinero.com
Viernes, 29 de Mayo 2015
“Guía para entender a Pablo de Tarso. Una  interpretación del pensamiento paulino” (581)

Escribe Antonio Piñero

Aunque el libro salió puntualmente el día 20 de mayo, como anuncié, he dejado pasar unos días –de acuerdo con la Editorial Trotta-- de modo que cuando lo presentara aquí de un modo formal estuviera ya distribuido por las librerías.

Empecé a escribirlo hace unos cuatro años, y lo entregué a la Editorial hace justamente un año, en junio del 2014. Este es el tiempo que normalmente toma una editorial seria para darlo a leer a diversas personas, recabar informes de ellas, maquetarlo, galeradas, segundas pruebas, etc. Mi intención en este libro era complementar la idea básica que había expresado sintéticamente en la “Guía para entender el Nuevo Testamento” que había terminado en 2005.

Reducido a términos informáticos modernos, el legado auténtico de Pablo, tal como nos ha sido transmitido por la mano de un misterioso editor de principios del siglo II, tiene unos 49 folios en letra Times New Roman, cuerpo 12, a especio y medio. Es decir, bastante poco. De este monto de páginas hay unas 39 inteligibles, a pesar de su densidad notable teológica y retórica. Pero hay unas diez (me refiero no a 10 seguidas, sino sumando los párrafos) que o bien son ininteligibles en el fondo o están en total contradicción con lo que el autor ha informado/escrito en otros pasajes. La contradicción es tal que se han escrito libros enteros, de entre los cuales el más famoso es el de H. Räisänen, Paul and the Law, Mohr-Siebeck, Tübingen, 1983. Quizás recuerden los lectores que en mi reseña del libro de Carlos Gil Arbiol, “Qué se sabe de… Pablo de Tarso en el naciente cristianismo”, de 2015, señalaba yo como entre las “claves” para entender a Pablo el autor señalaba (p. 25, nº 3) la siguiente: “Aceptar la ambigüedad e incoherencia de Pablo”. Y recordarán que me sublevé contra esta afirmación.

Ciertamente la ambigüedad puede ser aceptada, dado que los escritos de Pablo son cartas de circunstancias, no tratados; que se han perdido algunas de las cartas que salieron de su mano; que no tenemos las misivas que le habían enviado sus corresponsales; que no tenemos ni idea cuál fue exactamente la predicación oral de Pablo en las semanas, meses o años que estuvo en sus comunidades, y que --apresurado por el fin del mundo inminente según él creía-- escribió solo lo que era más perentorio para sus comunidades. Pero, no puedo, ni pude jamás, aceptar su “incoherencia”.

Si Pablo hubiese sido un pensador incoherente, jamás habría tenido los discípulos que tuvo, y nunca –con el paso del tiempo—se habría desarrollado el cristianismo naciente a partir de sus enseñanzas. A priori no puede pensarse que un tipo genial como Pablo y con tanto éxito, fuera “incoherente”. Jamás. Sólo que nos faltan las claves exactas para entenderlo bien. O hay que leer tales claves entre líneas a partir de una lectura de sus cartas (en griego, y centenares de veces algunos de sus pasajes, relacionándolos sin cesar unos con otros), consultando el judaísmo de su época y sin dejar de considerar los escritos de sus discípulos –entre los que se hayan los cuatro evangelistas canónicos para asombro de muchos— de modo que tarde o temprano pueda atisbarse cuál es la clave central de interpretación de los pasajes difíciles.

Estos pasajes paulinos “imposibles” afectan todos a la comprensión de la Ley por parte de Pablo. En absoluto afectan a la naturaleza del Mesías Jesús por parte del Apóstol, aunque nosotros hoy no podamos precisar sus líneas de interpretación al ciento por ciento. Pablo jamás fue perseguido por los judíos a causa de su cristología (doctrina de Jesús como cristo o mesías), sino por sus interpretaciones de la Ley y su aplicación a los gentiles/paganos conversos a la fe en Jesús. Y ahí radica sin duda el meollo de la cuestión.

Durante más de dos años intenté descubrir cuál podría ser la clave de interpretación del tema nuclear “Pablo y la ley de Moisés”, pero me fue imposible. Gracias al contacto y al continuo diálogo con el Profesor Dr. Carlos A. Segovia, me fui metiendo poco a poco en la moderna discusión del judaísmo profundo de Pablo, discusión que sigue viva entre los modernísimos intérpretes del Tarsiota, sobre todo entre los investigadores judíos actuales y sus seguidores, que ellos mismos se han denominado “New Radicals”.

Como saben los lectores del Blog –ya que hemos publicado algunos de los resultados-- mantuve un diálogo/ discusión, en el sentido inglés del vocablo, con Carlos A. Segovia, por escrito, no solo oral, en el que tratamos todos y cada uno de los pasajes difíciles del corpus paulino auténtico. Fue un trabajo tremendo. Pero transcurridos casi dos años y medio de estudio, decidimos que no se podían cohonestar nuestras diversas opiniones y renunciamos a escribir, Carlos y yo, el presente libro en común. Entonces –y durante un breve lapso de tiempo—decidí abandonar la empresa. Me parecía imposible sacar un libro más sobre Pablo que no apartara luz alguna sobre la pretendida incoherencia del personaje.

Y en este callejón sin salida empezó a emerger en mí la idea que, como hipótesis interpretativa, podía resolver quizás la incoherencia aparente de casi todos los textos paulinos que eran en apariencia un ataque súper furioso y total contra la ley de Moisés. En síntesis, la idea interpretativa gira en torno a la noción de que Pablo se apoya en ideas judías de la época que han dejado muy poco rastro por escrito. En concreto: la Ley no es simple, sino compleja y se divide en dos partes: una universal y eterna, obligatoria para todos, incluso para los gentiles o paganos; otra específica y temporal, y que afecta a los judíos miembros de la Alianza, pero a no los gentiles. Y esta idea se complementa con otra, a saber, que el Mesías, por dispensación divina, tiene poder para cambiar la Ley en época mesiánica, es decir, en la que creía vivir Pablo.

Busqué en toda la bibliografía moderna ilustración sobre este tema. Y no encontré ni una sola referencia en todos los libros consultados –¡muchos!-- tanto de la interpretación tradicional, como de la de los New Radicals.

Entonces me fui corriendo a ver a mi amigo Mario Sabán, judíos donde los haya, y muy buen conocedor de los textos del judaísmo antiguo y del cristianismo, igualmente, y sobre todo de la Cábala. Le expuse mi hipótesis y dijo “Claro”. Me quedé estupefacto, pues como dije en ninguna parte está formulada esta hipótesis. Y añadió Mario en plan de broma: “Cuando el rabino Shabbatai Zevi se proclamó mesías hacia 1660 y pico, dijo: ‘Que me traigan un bocadillo de jamón’”. Naturalmente esta inteligente broma quería decir que la idea de que la Ley cambia en época mesiánica es una noción aceptablemente judía. Le pregunté entonces si sabía de memoria algunos textos de rabinos famosos que dieran cuerpo a esta idea, y me respondió que de momento no los tenía en la memoria, pero que los había leído. Y añadió: “Tu maestro Alejandro Díez Macho, el famoso arameísta, el editor del Targum Neofiti 1, ha publicado un artículo hace años, en la revista Estudios Bíblicos y trae algunos textos que pueden ayudarte, una vez que ya tienes la idea cllara en tu cabeza”.

Busqué la revista en la Facultad (Biblioteca de Hebreo y Arameo), y encontré dos largos artículos de Díez Macho (que discutía con W. D. Davies, Torah in the Messianic Age and/or the Age to Come, SBL Publications 1952) cuyo título era: «¿Cesará la Torá en la Edad Mesiánica?», “Estudios Bíblicos” 12 (1953) 115-158; 13 (1954) 5-51). El fin y propósito de estos artículos de Díez Macho eran muy distintos a los de mi “Guía”, pero sus dos artículos aportaban muchos textos de rabinos de los siglos III al VI d.C. que me pusieron sobre la pista definitivamente.

El año pasado, en un Congreso en Roma sobre interpretación moderna de Pablo, expuse, por escrito y oralmente, en inglés, mi hipótesis interpretativa con el siguiente título Law of Moses and Paul. Does the Law of Moses change in Messianic time? (supongo que las actas del Congreso se publicarán algún día). El resultado fue un silencio totalmente respetuoso. Ni aplausos fervientes, ni crítica alguna. Hablé con los eruditos más prominentes del Congreso y les pedí que, ya que conocían bien la literatura talmúdica añadieran más textos a los míos. Ninguno supo de repente (ni siquiera Daniel Boyarin) hacer añadidura alguna. Y tampoco después. Así que pensé: parece que mi hipótesis no es, al menos, ninguna tontería. Y lo digo porque cuando aparece una nueva hipótesis en la investigación/interpretación, y no ha sido formulada claramente antes hay que ponerse en guardia.

Así que toda la Guía para entender a Pablo de Tarso gira alrededor de una hipótesis interpretativa, que no he visto formulada en ninguna parte y que –supongo—se prestará a enorme discusión. Si la hipótesis es más o menos correcta, está justificado el libro. Pero si es incorrecta, habrá que corregirlo en gran parte. Para ayudar a la comprensión de todos los lectores, he intentado escribir esta “Guía de Pablo” con la misma claridad y sencillez de lenguaje que la “Guía para entender el Nuevo Testamento”. Pero la materia es más difícil en conjunto.

Mañana intentaré ofrecer algunas otras claves sobre el libro. Adelanto ya --y lo repetiré más adelante-- que esta “Guía para entender a Pablo de Tarso” estará en la Feria del Libro de Madrid (caseta de Editorial Trotta, nº 208; el domingo 7 de junio de 12.00 a 14.00 horas) y en la de la Librería Antes (especializada en historia; no sé el número, pero creo que cerca de la de Trotta, a tenor de otros años; ya lo escribiré más en concreto, el viernes 12 de Junio desde las 18.00 a las 21.00 horas).

Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.antoniopinero.com

Jueves, 28 de Mayo 2015

Notas

Hoy escribe Fernando Bermejo

La relación de Martin Heidegger con el nazismo es un tópico bien conocido, no solo en el ámbito de la filosofía sino en el de la cultura ilustrada en general. Hace ya algunas décadas, el libro del chileno Víctor Farías (publicado primero en francés: Heidegger et le nazisme, Verdier, París 1987; y luego en castellano, con interesantes añadidos, por Muchnik en 1989) provocó un intenso y tormentoso debate en el ámbito intelectual al plantear sin ambages las relaciones entre la concepción filosófica del mundo ligada a Heidegger y la concepción del mundo del nacionalsocialismo.

A pesar de ello, la opinión predominante hasta ahora mantenía que Heidegger no había sido un antisemita. Así, por ejemplo, lo afirma –aunque de modo un tanto equívoco– en su biografía Rüdiger Safranski, Un maestro de Alemania. Martin Heidegger y su tiempo: “¿Fue Heidegger antisemita? No lo fue en el sentido del delirante sistema ideológico de los nacionalsocialistas. Pues llama la atención que ni en las lecciones y los escritos filosóficos, ni en los discursos y panfletos políticos aparezcan observaciones antisemitas o racistas”.

De la mano de la editorial Herder llega otra contribución a este campo: Peter Trawny, Heidegger y el mito de la conspiración mundial de los judíos, Herder, Barcelona, 2015, 176 páginas (en breve, también en e-book). Su autor, alemán de Gelsenkirchen, es profesor en la Bergische Universität de Wuppertal y fundador y director del Instituto Martin Heidegger, perteneciente a la misma institución, y editor de algunos volúmenes de las Obras Completas del filósofo alemán.

En 2014, Trawny editó los Cuadernos negros, una designación creada y usada por el mismo Heidegger para referirse a 34 cuadernos de ese color en tela encerada, en los que escribió entre 1930 y 1970, y que contienen huellas íntimas de su pensamiento. Los que interesan aquí son los surgidos hasta 1948, y en particular sobre todo los escritos entre 1938 y 1941, en los que Heidegger se refiere a “los judíos” de modo más o menos directo.

La tesis de Trawny es que en estos escritos Heidegger permite que el antisemitismo se infiltre en su pensamiento. La idea de una relación de Heidegger con el antisemitismo, de todos modos y a pesar de Safranski y otros, no es nueva. Por ejemplo, en su Autobiografía filosófica, Karl Jaspers escribe sobre Heidegger: “Yo hablaba sobre la cuestión de los judíos, sobre el malvado absurdo de los sabios de Sión, a lo cual él replicó: ‘Pero hay una peligrosa unión internacional de los judíos’”. El adjetivo “peligrosa” delata ya un trasfondo de prejuicios antisemitas. Y Edmund Husserl se había referido ya críticamente al antisemitismo de su ex-discípulo, "que se expresó cada vez con más fuerza en los últimos años, también frente al grupo de entusiastas discípulos judíos y en la facultad”.

No obstante, en el libro publicado ahora por Herder Peter Trawny sostiene que la de Heidegger es una forma específica e idiosincrásica de antisemitismo, “un antisemitismo radicado en la historia del ser”. Con esto el editor quiere decir que postulados antisemitas trillados y triviales (como, por ejemplo, el referido a la “dotación muy calculadora” del judío) reciben una nueva significación –una resemantización, si se me permite– dentro del discurso filosófico del pensador alemán. Así pues, Trawny mantiene que si Heidegger no puede disipar la sospecha de antisemitismo, puede afirmarse que funda otra modalidad específica de este fenómeno. Quien quiera filosofar con Heidegger, habrá de tener en cuenta claramente las implicaciones antisemitas de determinados aspectos de su pensamiento.

Si esto es así, ello obliga a mirar de modo diferente –como ya se miraba de forma diferente a partir del desvelamiento de las conexiones con el nacionalsocialismo – el pensamiento de Heidegger. Y algunos aspectos aparecen ahora bajo otra luz. Así, por ejemplo, en el rechazo de la filosofía de su maestro Husserl (¡a quien sin embargo dedicó Ser y tiempo!) parece haber influido el carácter judío de este; por delirante que esto puede parecer, así es argumentado por Trawny: según Heidegger, la pertenencia de Edmund Husserl al judaísmo podría ser responsable de que su fenomenología nunca “llega a los ámbitos de decisiones esenciales”. En suma, en la relación entre Heidegger y Husserl “no carece de importancia que la aversión filosófica de Heidegger frente a la fenomenología de Husserl posiblemente contuvo desde el principio momentos antisemitas”.

Es de todo punto necesario advertir que la prosa de Peter Trawny no hace concesiones a la galería, y sí numerosas a la jerga heideggeriana. En este sentido, buena parte de esta obra presentará interés más bien para los lectores ampliamente familiarizados con la filosofía y la escolástica heideggerianas y los apasionados por ella. En no escasa medida el libro responde a una exégesis que toma la textualidad de Heidegger virtualmente como un texto sagrado que hay que interpretar y que confía en que de tal interpretación depende realmente algo crucial. A quien no comparta esta idea (y desde luego para quienes piensan –o pensamos– que Sein und Zeit representa la contribución de Heidegger de la que cabe salvar algo), no digamos a quien piense –como Husserl– que el pensamiento de Heidegger es una “ontología del irracionalismo adecuada a la época”, una buena parte de este libro les resultará profundamente ajena.

Al mismo tiempo, sin embargo, lo dicho anteriormente indica ya que este libro de Trawny presenta elementos de interés para un público más general, ya para hacerse consciente de la existencia de conexiones íntimas entre cierto discurso ontológico y la política del s. XX. Otra dimensión interesante del libro consiste en articular una explicación sencilla, lúcida y convincente de la coexistencia de ese antisemitismo con el hecho de que Heidegger cultivó un contacto amistoso, cortés, e incluso en algunos casos íntimo, con judíos (caso paradigmático el de Hannah Arendt),

A nuestros lectores de Barcelona curiosos de la figura del filósofo alemán les interesará saber que el próximo martes 2 de junio la editorial Herder, el Goethe-Institut y el grupo de estudios heideggerianos de la Universidad Autónoma de Barcelona organiza una jornada sobre “Heidegger y los Cuadernos negros”, en la que participará el propio Peter Trawny junto a otros especialistas. La asistencia es gratuita, previa inscripción en confirm@barcelona.goethe.org

Saludos cordiales de Fernando Bermejo

P.D. La próxima semana comenzaremos una serie de postales que supondrá un regreso a uno de los temas estrella de este blog, el Jesús histórico (y su utilización en cierta presunta filosofía de nuestro tiempo), que espero interesará a todos nuestros lectores.
Miércoles, 27 de Mayo 2015
Hoy escribe Gonzalo Del Cerro

Homilía XI

La verdad y el error

Vamos siguiendo un prolijo discurso de Pedro con recomendaciones acerca de la vida que debe practicar el bautizado. Los que han recibido el bautismo han elegido el camino y la práctica de la verdad. Su vida es contraria a los que viven en el error. Bien entendido que los cristianos deben superar en bondad y justicia a los que viven en el error. Pedro matiza este principio con detalles significativos con los que se siente identificado:

“De modo que si los que están en el error no matan, nosotros ni siquiera nos irritemos; si el que está en el error no comete adulterio, nosotros ni lo pensemos siquiera; si el que está en el error ama al que lo ama, nosotros incluso a los que nos odian” (Hom XI 32,1). Los que viven en el error suelen dar prestado a los que tienen, los cristianos deben dar incluso a los que no tienen. En una palabra, los que esperan heredar la vida eterna, deben hacer mejores obras que las que hacen los que sólo conocen la vida presente, sabiendo que si sus obras, comparadas con las de los justos en el día del juicio fueran iguales en bondad, los justos pasarían vergüenza, y sus adversarios perecerían por obrar siempre sumidos en el error.

Pedro dice lo de avergonzarse por eso, si los cristianos no hicieron más que los que no conocieron la verdad, siendo así que tenían más conocimientos. Y si es posible, prosigue Pedro, que nos avergoncemos al demostrar una bondad igual a la suya y no mayor, ¿cuánto más si demostramos que nuestra bondad es inferior?

Los ejemplos de la historia bíblica

Pero que realmente en el día del juicio, las obras de los que conocieron la verdad son comparadas con las obras buenas de los que vivieron en el error, el mismo Profeta verídico nos lo enseñó, diciendo a los que se descuidaban en venir a escucharle: “La reina del mediodía se levantará con esta generación y la condenará, porque vino de los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón; y aquí hay uno mayor que Salomón, y no creéis” (Mt 12,42). Y a los del pueblo que no querían creer en su predicación les dijo: “Los ninivitas se levantarán con esta generación y la condenarán, porque escucharon la predicación de Jonás e hicieron penitencia; y aquí hay uno mayor que Jonás, y nadie cree” (Mt 12,41).

Y así, poniendo frente a toda su impiedad a los gentiles que habían obrado el bien para condena de los que vivían en la religión de Dios, y que no habían hecho el mismo bien que los que vivían en el error, exhortaba a los que tenían razonamiento a realizar no solamente el mismo bien que los gentiles, sino mucho más.

Pedro proclama que se le ocurrió este discurso con el pretexto de que era necesario observar el tiempo de la separación frente a los incrédulos, lavarse después de la relación sexual y no rechazar esta forma de pureza aunque los que viven en el error la practiquen. Porque están para condena de los que viven en la verdadera religión los que obran bien estando en el error, además de no estar salvados. Pues su honor de la pureza procede del error y no de la religión del que es verdadero Padre y Dios del universo (Hom XI 33).

La Providencia y el gobierno del mundo

Terminado el largo discurso, Pedro despidió a las turbas no sin antes ratificar con su palabra una de las afirmaciones más destacadas en los debates de toda la obra. Se trata del hecho debatido sobre el gobierno del mundo. Entre los gentiles prevalecía la opinión de que el mundo era gobernado por fuerzas ocultas al margen de toda creencia en un Dios poderoso y providente. Los datos astrológicos del momento del nacimiento determinaban los detalles reales del destino de los hombres y de la historia.

En situación diametralmente opuesta se encontraba la doctrina cristiana, para la que el universo con su orden y su concierto era producto lógico de una mente soberana y poderosa. No solamente la creación del mundo, sino su orden y conservación era fruto de la Providencia de una divinidad poderosa y sabia. Un Dios personal empleaba una misericordia generosa en los caminos de la historia de la humanidad, creada para la felicidad eterna en el reino de Dios, que es la meta prometida para los justos después de un juicio universal y justo.

Saludos cordiales. Gonzalo Del Cerro



Domingo, 24 de Mayo 2015

Escribe Antonio Piñero


Pregunta:



He leído su última entrevista en ABC y me choca que afirme que a Pablo no se le puede considerar como el fundador (o el principal fundador) del cristianismo porque también afirma que sí se podría considerar a Pablo como tal si se afirma que es un fundador insconsciente a diferencia de los evangelistas que serían fundadores conscientes. Yo opino que si hay que hablar de un fundador del cristianismo sería Pablo, aunque sería un fundador insconsciente ya que siempre se consideró un judío mesiánico. Se lo agradecría si me pudiera aclarar esto.


Respuesta:


¿Usted cree que se puede considerar a alguien "fundador inconsciente"?

Para fundar una religión ha de tener uno una consciencia absoluta y determinación firme de hacerlo. Por tanto, solo puede decirse que Pablo puso fundamentos ideológicos que más tarde, por obra de sus seguidores, conducirían a la fundación del cristianismo.


Todo apunta a un Pablo que tuvo mucho que ver con la construcción y propagación de un Jesús considerado ante todo como el “Cristo celestial”, en cuanto contrapuesto al Jesús de la historia. Ahora bien, la respuesta a la pregunta sobre el fundador del cristianismo debería ser una breve y sencilla negación, partiendo de las ideas acerca de la fidelidad de Pablo al judaísmo.


Jamás se le pasó por la cabeza a Pablo fundar religión alguna. Aun siendo consciente de cuán personales eran sus concepciones sobre Jesús --al fin y al cabo eran producto de una revelación privada del Padre acerca del Hijo--, el Apóstol no piensa en absoluto que esté fundando una religión nueva, ni tampoco entraba en sus propósitos. Pablo tendría por loco a quien esto opinara de él, puesto que él no deseaba otra cosa que vivir su judaísmo plenamente en el Mesías de Israel.


Acaba de salir mi libro “Guía para entender a Pablo de Tarso. Una interpretación del pensamiento paulino”, Editorial Trotta, Madrid, 2015. Ahí tiene Usted respondida largamente su pregunta. Estoy esperando unos días a que el libro se distribuya y entonces haré una presentación.


Pregunta:



1. Eran los judíos en Egipto realmente esclavos o, como he leído en diferentes textos, eran extranjeros llegados en búsqueda de mejor vida y que experimentaban lo que todo migrante vive en tierra ajena, más en el caso judío cuya identidad cultural – religiosa es tan exclusivista? 2. La famosa Huida de Egipto es histórica u otro mito cohesionador más?



Respuesta:


No tenemos noticia histórica alguna sobre lo que dice la Biblia respecto al siglo XIII a.C., época de Ramsés II. Por favor utilice el buscador del Blog (emplee una sola palabra, no una frase. En este caso Finkelstein), porque ya he escrito largamente sobre esto. Y así queda respondida la segunda pregunta: es un mito, cuyos fundamentos son sucesos acaecidos probablemente y en mucha menor cuantía en el siglo VII a.C., durante el reinado del rey Josías.



Pregunta:

Me gustaría preguntarle que entenderían los autores de los evangelios por Espíritu Santo.


Respuesta:

Como los autores de los evangelios son todos judíos (o quizás Lucas era un prosélito, pero que conocía muy bien el judaísmo), se supone que entendían por “Espíritu Santo” lo mismo que los judíos de su época. Pero en realidad, aunque se han escrito muchos libros al respecto y las menciones al Espíritu de Dios son frecuentísimas en el Antiguo Testamento y en los Evangelios, debemos que confesar que no lo sabemos con toda exactitud. Unos pensaban que era un mero modo de Dios para comunicarse con el exterior, es decir, el Espíritu de Dios es el mismo Dios actuando con las tareas del Espíritu (inspirar a los profetas, guiar, etc). Otros pensarían de un modo más grosero y se imaginaría a Dios actuando por medio de un soplo o viento, o entenderían el Espíritu como una hipóstasis, casi personificación, de su Fuerza, Presencia, etc. Pero, desde luego, ningún pensamiento trinitario todavía.

Pregunta:


Primera pregunta:segun el diccionario W.E VINE traduce primogénito con la palabra griega PROTOCOS. ejemplos LUCAS 2:7, Y HEBREOS 1:6. en estos textos la palabra primogénito indican que a los sujetos que se refieren tiene un principio o origen,¿indican textos como romanos 8:29,colosenses 1:15,hebreos 1:6,hebreos 1:16,apocalipsis 1:5 que usa la palabra PROTOCOS refiriéndose a JESÚS,indica este hecho que JESÚS fue creado?

SEGUNDA PREGUNTA:este mismo diccionario W.E VINE usa la palabra MONOGENES como unigénito tiene el sentido de único hijo EJEMPLOS: HEBREOS 11:17;LUCAS 7:12;LUCAS 9 38:¿tiene el mismo sentido cuando se usa la palabra MONOGENES cuando se refiere a JESÚS los siguientes textos JUAN 1:14;JUAN 1:18;JUAN 3:16,18;HEBREOS 11:17 Y 1 JUAN 4:9,indica que JESÚS fue creado o tuvo nacimiento? GRACIAS

Respuesta:

El Nuevo Testamento es un libro muy complejo, compuesto por autores judíos que no tienen la misma teología respecto a Jesús. Por tanto no se puede contestar en bloque, sino uno por uno según cada autor y su obra; y a veces, según la parte de su obra según las tradiciones que recoja.

En líneas generales solo hay 6 o 7 textos en el Nuevo Testamento que digan claramente que Jesús fue Dios. De memoria le señalo los siguientes: Jn 1,1; 1,4; 20,28; Tito 2,23; Heb 1,8; 2 Pe 1,1. Por tanto otros autores piensan que Jesús fue un mero hombre y que tras su muerte fue adoptado por Dios como Hijo y sentado a su diestra confirmándoles como señor y mesías. Vea, por ejemplo, Hechos de los apóstoles 2,22-36. En Hebreos debe entenderse quizás en sentido protoarriano. Es engendrado/creado desde la eternidad.

En cuanto a monogenés (y también protótokos) existe una gran confusión en el griego mismo. Es célebre una inscripción funeraria de una mujer judía que murió en el parto, cuyo marido habla del hijo en común como “primogénito” (es decir, en buena lógica, tuvo más hijos), aunque naturalmente no pudo tenerlos. Pero en general “unigénito” significa el “hijo” adoptado por Dios (al etilo de las adopciones humanos) igual al cual no hay ninguno. Por ello puede decirse metafóricamente “unigénito”.

Más tarde, a partir de los concilios de Nicea (325) Éfeso (380) y Calcedonia (451) se entendió de un modo absoluto, Jesús es el Hijo unigénito, único, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre. Como se entienda esa “generación” es difícil de entender, pero desde luego dentro del pensamiento platónico tardío.

Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.antoniopinero.com
Domingo, 24 de Mayo 2015


Escribe Antonio Piñero



Pregunta:



En la catedral de Santiago, de turismo pregunté a un sacerdote si Jesús tuvo hijos, según San Marcos cap. 6 y muy de renglón seguido me dijo, con desgana que hermanos eran también llamados los primos y amigos. ¿Los tuvo profesor?



Respuesta:


Pienso que lo que quiere Usted decir es si José tuvo otros hijos además de Jesús a tenor de Marcos 6.


Y la respuesta es que el Nuevo Testamento entero y la iglesia antigua en general hasta mediados del siglo III no empezó a formularse seriamente la cuestión de la virginidad absoluta de la Virgen María


Y si la pregunta es si Jesús estuvo casado o no, la respuesta es que no lo sabemos en absoluto. Pudo ser soltero, casado o viudo. O incluso haber abandonado su negocio, como habían hecho los hijos de Zebedeo y Andrés y Pedro, para predicar durante un tiempo la inmediata venida del reino de Dios.


Lo que no parece es que ninguno de ellos durante el tiempo de su ministerio público fueran acompañados de sus mujeres. Véase Mateo 19,12.


Si le apetece, puede consultar mi libro “Jesús y las mujeres”, Editorial Trotta, Madrid, 2ª edic. 2014. Ahí explico cómo eso de llamarlos primos o hermanastros es una idea que comienza en el siglo II, y se hace una “realidad teológica” sólo con san Jerónimo a finales del siglo IV. Es un caso claro de cómo una idea teológica de un grupo de piadosos (insisto que al principio del movimiento cristiano solo interesó el nacimiento prodigioso, virginal de Jesús, como el de Platón o Alejandro Magno) fue repitiéndose y haciéndose tradición. Como su matriz judía, el cristianismo tiene dos fuentes de revelación: la Biblia y la Tradición. Según la teología, la tradición formada (humanamente para mí; para la teología por el Espíritu Santo) a través de siglos, hace revelación.



Pregunta:


Profesor antonio, ud estudio filosofia y realiza investigacion cientifica, ¿la filosofia es una ciencia o solo una disciplina que usa la razon en sus indagaciones? Y para que sirve la filosofía



Respuesta:


La filosofía es la reflexión sobre el universo y el lugar que ocupa el ser humano en él junto con los demás seres, exclusivamente con la ayuda de nuestro único modo de conocimiento, la razón.


Al preguntar sobre todo lo esencial, y al obtener algunas respuestas razonables (la única, ya que la teología es mera especulación sobre objetos compuestos por la mente) la filosofía es lo único que nos enseña a estar en el mundo.
La filosofía no toma como objeto una parte del universo (lo físico, lo químico), sino el conjunto, el todo. Ese todo es lo real y lo que busca la filosofía es ofrecer los principios últimos de lo real. Intenta ver y entender el universo como un sistema único y coordenado de entidades. Mientras las ciencias tienden a particularizar, la filosofía intenta extender al máximo su objeto. Mientras las ciencias dan por hecho que existe su objeto, p. ej., el espacio en el mundo de la geometría, la filosofía se pregunta por la existencia misma y la esencia, los últimos fundamentos, el ser íntimo de lo que es el espacio.


Además, por seguir con el ejemplo, la geometría se funda en axiomas que no se discuten (p. ej., dos líneas rectas no delimitan un espacio), se detiene ahí y pasa a otra cosa, mientras que la filosofía se pregunta el por qué de ese hecho. Un último caso: todas las ciencias empíricas dan por hecho la existencia del universo; la filosofía, por el contrario, se pregunta por qué existe el universo, qué clase de realidad es, ¿material? ¿mental? ¿las dos cosas? ¿Es bueno, malo? Y si es bueno, ¿por qué existe el mal? Así pues (segundo), la filosofía no da nada por supuesto.


Pero podría preguntarse alguien, si la filosofía no es algo imposible, es decir, demasiado elevado para la mente humana cuestionarlo todo e ir a los principios de todo. Pues esto mismo es cuestión de la filosofía: preguntarse si debemos preguntar. Advirtamos que los griegos no se plantearon esta cuestión y preguntaron sin más. Esa cuestión sólo se plantea a fondo en la moderna epistemología.


Tercer aspecto de la filosofía en general: la filosofía tiene a proceder desde lo material a lo intelectual, de lo sensitivo a lo no sensitivo. Por ello, como decía al principio nos hace preguntarnos por todo, y sin ayuda de la teología, sin la ayuda de la fe, sin la ayuda de la idea de Dios (aunque no tiene por qué rechazarle, pero prescinde) intenta responder por nuestra situación en el mundo y si podemos dar una respuesta satisfactoria al porqué estamos en el universo, y si formamos parte de él, qué sentido tiene nuestra vida. Y todo por la única herramienta que tenemos para conocer que es la razón.

La filosofía no sirve estrictamente para algo (si se pregunta para qué sirve, ya no se entiende qué es la filosofía). La filosofía es nuestra única herramienta de conocimiento racional. Y a muchos les basta para vivir digna y autónomamente en este mundo.


Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.antoniopinero.com

Sábado, 23 de Mayo 2015
El Evangelio de Juan. La construcción de un texto complejo: orígenes históricos y proceso compositivo (580- 01)
Escribe Antonio Piñero


Estoy en deuda profunda con el autor de este libro, cuyo título es exactamente el de esta postal, mi colega de la Universidad de Zaragoza, Gonzalo Fontana Elboj. Aunque la materia a la que se dedica preferentemente sea la “Filología latina”, tiene sin embargo, notables contribuciones al estudio del cristianismo primitivo. Y, aunque lo he mencionado varias veces (y recordarán los lectores que ha aparecido en este Blog una serie sobre la condena a las fieras de los cristianos en la época de Nerón, no me había decidido a escribir una reseña hasta haberlo leído lentamente dos veces de arriba abajo, con subrayados y comentarios en las márgenes. Sin duda es señal de que es un buen libro el que merece una segunda y detenida lectura.

El libro está publicado por la Universidad de Zaragoza (“Prensas de la Universidad”), colección Monografías de Filología Clásica, nº 24, Zaragoza 2014. 301 pp. ISBN 978-84-16028-90-0. Los resultados de este libro deben contrastarse con el de S. Vidal, “Evangelio y Cartas de Juan. Génesis de los textos juánicos”, Editorial Mensajero, 2013, que reseñé los día 11 y 12/10/2013 (465-466).


En 2013 Escribía yo:

“Propongo a Senén Vidal que --una vez que ha realizado este magnum opus de la disección
histórico-literaria y de crítica de fuentes del Cuarto Evangelio, que lleva a notables resultados sobre la composición por estratos de este escrito-- aborde en un segundo libro, cuando tenga tiempo, una aclaración global del propósito del Cuarto Evangelio, de los temas o cuestiones básicos de este escrito y de su intención de enmendar a los Sinópticos, por la vía no de criticarlos directamente (esto lo señala bien S. Vidal) sino por el modo muy judío de componer otro texto que se opone directamente a lo que se pretende criticar. Los temas a tratar podrían ser los siguientes:

“¿Por qué hay un cambio radical en la perspectiva del Jesús histórico en este escrito, tan teológico, de tal modo que en la reconstrucción de la figura de Jesús apenas puede usarse el Cuarto Evangelio --salvo en datos muy puntuales, importantes sí como el Relato de la Pasión—para la reconstrucción del Jesús histórico? ¿Por qué presenta a Jesús como la sustitución y superación del judaísmo? La razón externa –la expulsión del judaísmo y la tensión consiguiente-- la sabemos; pero el cambio es tan radical que necesita ulterior explicación.

“El trabajo de S. Vidal corrige ciertamente la visión muy cerrada de Rudolf Bultmann en su célebre Comentario al Evangelio de Juan. Pero, ¿por qué no menciona en absoluto la hipótesis protognóstica? En síntesis: existe una atmósfera protognóstica antes de nuestra era (su origen: judíos marginales; comienza con el libro del Génesis explicado con categorías del Timeo). El vocabulario de esta atmósfera religiosa protognóstica es usado por Pablo y los autores del Evangelio del Evangelio de Juan. Esos mismos conceptos aparecen luego en la gnosis cristiana, que surge unos 40 años después de la publicación de la revisión última del Cuarto Evangelio. ¿Por qué? Por qué se produce una transformación de la tradición juánica entre E1 y E2 que coincide con la atmósfera protognóstica? ¿Sólo por haberse imbuido los autores judíos del IV Evangelio de la tradición de la Sabiduría y de la mística judía, en el fondo helénicas? Me parece poco suficiente.

“¿No podría interpretarse el himno básico reconstruible de Juan 1,1-18 como un midrás judío Génesis 1, con el transfondo de las especulaciones sobre la Sabiduría? La tradición eucarística en una dimensión sacramental es una influencia del paulinismo ya en Marcos, tendencia continuada en Juan 6,51-58. Como he sostenido, Mateo es paulino y 1 Pe, igual. Habría que discutir lo siguiente: me parece que la explicación básica para aclarar las diferencias señaladas entre el Cuarto Evangelio y los Sinópticos podría ser: Juan conoce ciertamente si no los evangelios anteriores, sí al menos la tradición sinóptica que está detrás de ellos y forma su base; pero no la utiliza tal cual, sino que la repiensa, la reelabora y la reescribe al estilo del judaísmo de su época (hay muchos ejemplos). Me parece que Juan conoce la tradición sinóptica y que la interpreta simbólicamente (Dicho sea de paso: en la Antigüedad sólo se interpretan simbólicamente los escritos que tienen ya un aura de sagrados. La utilización de la tradición sinóptica de un modo simbólico por parte de los autores –ejemplo: “No se refería al Templo, sino al templo de su cuerpo”: Jn 2,21— es el primer indicio racional de la canonización de los Sinópticos… ¡mucho antes de lo que se piensa!).

“¿Por qué repensó Juan y reescribió la tradición sobre Jesús? No es posible saberlo con exactitud. Pero la respuesta debe hallarse en que pensaba que otros escritos evangélicos anteriores no habían presentado de modo adecuado las tradiciones sobre Jesús. Más explícitamente: frente a la imagen de Jesús de Marcos, Mateo y Lucas, el autor del Cuarto Evangelio pretendía probablemente ofrecer una interpretación más completa, profunda y exacta de lo que en su opinión fue realmente el personaje. Como ocurría con Mateo y con Lucas, el autor del EvJn escribe su obra para enmendar conscientemente la plana a sus predecesores. Sin preocuparse por refutar expresamente a sus antecesores. Este hecho es importante e iluminador ya que una polémica expresa contra los Sinópticos no aparece en el Evangelio. No los considera “falsos”, sino simplemente “corporales” o “carnales”, superficiales.

“El principio que mueve a los autores del Cuarto Evangelio es el mismo que ha propiciado hasta ese momento la evolución de la cristología y está expresado indirectamente en el evangelio mismo: la verdadera imagen de Jesús sólo se comprende bien tras su muerte. Dice Jesús en 14,26: “Esto es lo que tenía que deciros mientras estaba con vosotros; el abogado que os enviará el Padre en mi nombre, el Espíritu santo, ése os enseñará todo y os irá recordando todo lo que yo os he dicho”. Igualmente en la interpretación de la entrada mesiánica de Jesús en Jerusalén: “Esto no lo comprendieron sus discípulos de momento. Pero cuando Jesús fue glorificado, cayeron en la cuenta de lo que estaba escrito sobre él y qué era lo que habían hecho” (12,16). Finalmente, en 13,7 Jesús dice a Pedro en el lavatorio de los pies: “Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora; lo comprenderás más tarde”. Es claro que sólo gracias a la iluminación del Espíritu que se otorgará a los discípulos tras la muerte y resurrección del Maestro, se percibirá el verdadero significado de lo que hizo, dijo y representó Jesús. Por tanto, parece que el autor del evangelio afirma con claridad que él ha escrito un evangelio tal como se debe ver a Jesús tras la muerte de éste con la ayuda del Espíritu (el Paráclito que “guía hasta la verdad completa”: 16,13) prometido por el Maestro. Con otras palabras: el evangelista puso por escrito lo que Jesús hizo y dijo en vida, lo que significó su figura y misión, pero todo visto a través de la fe, fortalecida por el Espíritu Santo.

“¿Qué puntos de vista añade, “corrige” o enmienda el Cuarto Evangelio al material sinóptico? Pienso que los siguientes (pregunta: ¿qué tienen que ver con el Jesús histórico?)

• Jesús es un ser preexistente; Hay unidad sustancial entre el Padre y el Hijo; El ser divino preexistente se encarna (1,14), es enviado por el Padre al mundo (3,17; 17,3, etc.; la idea de envío aparece 37 veces en el EvJn), revela por medio de sus palabras (7,16; 17,8, etc.) y retorna al cielo, de donde procede (6,62; 16,5, etc.).

• Jesús no es sólo rabino, profeta, mesías, hacedor de milagros, sanador, sabio experto en la Ley, etc., como dicen los Sinópticos, sino ante todo Luz, Camino, Verdad, Vida, Pastor, Revelador. Ese Revelador inhabita dentro del que cree en él. La cruz y la resurrección ceden en importancia ante la autorrevelación de Jesús.

• No hay que esperar a la muerte, a la resurrección y al juicio final para completar el ciclo de la salvación. El que cree experimenta la salvación y la resurrección ya en este mundo (3,18.36). El que no cree está ya condenado, antes de morir (5,24s). La “escatología de presente” es la conclusión lógica de la cristología johánica: la “hora” de Jesús ha venido ya (12,23); el Diablo ha sido derrotado ya (12,31; 16,11);

• Hay una velada (¿?) crítica a la teología de los Sinópticos concretizada en una nueva visión de los sacramentos, en especial el bautismo y la eucaristía.

“Conforme a mi crítica, creo que hay que profundizar más en el suelo de origen del Cuarto Evangelio. Hay tres opiniones básicas.

“1. Unos opinan que la presentación de Jesús por parte de Juan sigue las pautas de las especulaciones judías helenísticas en torno a la Sabiduría personificada (libros de los Proverbios [8, 22-31] y Sabiduría [7,22-8,1]), haciendo de Jesús la Sabiduría encarnada. Esta teología fue perfilada y complementada por Filón con sus ideas sobre el Logos divino.

“2. Otra rama de la investigación defiende que el mundo del Cuarto Evangelio tiene muchas concomitancias con el pensamiento y la teología de los esenios de Qumrán, y que en este ambiente encuentra su mejor acomodo. Así, son sorprendentes ciertos paralelismos de vocabulario, como “espíritu de verdad” (Jn 14,17 = a 1QS 4,21) y “luz de vida” (Jn 8,12 = a 1QS 3,7), entre el Evangelio y los escritos de Qumrán, y sobre todo el dualismo de luz/tinieblas, verdad/error que tanto los manuscritos del Mar Muerto como el Evangelio de Juan comparten.

“3. Otros sostienen que el mundo ideológico del Cuarto Evangelio se enmarca en los comienzos de la “gnosis”. La “gnosis” sería todavía en el siglo I una atmósfera espiritual (cf. cap. *), no un sistema religioso-filosófico bien constituido (a este último estadio se le designa como “gnosticismo”, más que como “gnosis”). Según esta opinión, la figura del Jesús-Logos que desciende al mundo, se encarna, revela la salvación y luego asciende al Padre es muy parecida a la imagen que la gnosis tiene del Redentor / Revelador / Salvador. Creo que estos tres puntos de vista no son necesariamente excluyentes sino más bien complementarios entre sí”.

Pues bien, me ha parecido absolutamente esta autocita como recordatorio de ideas expresadas antes de leer el presente libro de Gonzalo Fontana, pues opino que responde a muchas de estas preguntas (ciertamente no a todas, ya que es un volumen constreñido por el número de páginas que normalmente ahora te imponen las editoriales). Y puedo escribir ya como adelanto a mi reseña que participo prácticamente en un 95% de las ideas de Gonzalo Fontana en este libro.

Me parece que el texto conclusivo del libro merece ir como frontispicio de lo que es y pretende este libro. Cito: “Si en algún momento hemos podido abrigar la ilusión de haber realizado algún aporte significativo a la historia del texto del Evangelio de Juan e incluso a la del cristianismo primitivo, sin embargo, somos conscientes de que se trata de una cuestión muy compleja, muchos de cuyos pormenores permanecen todavía en la más absoluta obscuridad.

“De ahí que sepamos que nuestra construcción carece por completo de la condición de certeza histórica. Con todo, si algún valor puede tener nuestra tarea es el de haber tratado de desarrollar un relato con arreglo a criterios rigurosos y coherentes. Esperamos haber logrado algún éxito en nuestra empresa”.

Me parece que estas líneas son un modelo de lo que puede ser la terea de la historia antigua, pues la exégesis y las reconstrucciones de los trasfondos de un texto, etc., no son más que pura historia.

Saludos cordiales Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.antoniopinero.com

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Por si interesara a alguno:

Adjunto el enlace de la segunda parte de la entrevista.

Puede verlo en: http://elgranodemostaza.com/articulos/profesor-antonio-pinero-2a-parte/

Saludos de nuevo
Jueves, 21 de Mayo 2015

Escribe Antonio Piñero


Pregunta:


Le escribo desde Perú, quería hacerle una consulta hay algún libro o documento que pueda descargar en Internet donde se detalle el proceso de traducción de un manuscrito antiguo? Estoy escribiendo una novela y necesito empaparme sobre ese tema
Gracias de antemano y déjeme decirle q soy un lector de su blog y sus libros. Saludos y espero su respuesta


Respuesta:

Estimado amigo: El proceso de traducción, estrictamente, no. En todo caso, de copia de manuscritos y la novela en la que se habla del proceso de copiados con sus incidencias, añadidos, supresiones, etc. aparece en la novela de José Montserrat. "El silencio de Tácito". ediciones B, Madrid o Barcelona hacia el año 2011.


Pregunta:

Soy una seguidora suya, y suelo leer todo lo que pone , me gustaría hacerle una pregunta que nadie sabe contestarme , es la siguiente , Jesús como ser humano que era, cree usted que pudo haberse casado y tener hijos ? , Todo el mundo me dice que !!!!! Barbaridad estás diciendo!! y que tiene de malo , sería desmitificar ? o por el contrario sería destapar la verdad ? Gracias


Respuesta:

Jesús ¿soltero, casado, viudo? El estado civil de Jesús. Tomado de La vida (oculta) de Jesús según los evangelios (canónicos ) y apócrifos, Editorial “Libros del Olivo”, Madrid, 2014.

Para la época que nos concierne en este libro -la vida oculta de Jesús, el tiempo que media desde su nacimiento hasta el comienzo de su vida pública- no hay ningún documento solvente en la Antigüedad que nos ayude a responder a esta pregunta. Para estos años oscuros sólo se pueden argumentar generalidades sobre el estado civil de Jesús, deducidos de lo que era común en el Israel de su época.
El argumento principal, y casi único, se refiere a que todos los varones judíos –en especial los rabinos- se casaban cuando llegaban más o menos a la veintena. Era lo normal puesto que el judaísmo consideraba la sexualidad y el matrimonio como una bendición de Dios, y la generación de los hijos como un acto de creación conjunta con la divinidad, aparte de la necesidad de seguir manteniendo sobre la tierra al pueblo elegido por Dios. Si el Nuevo Testamento –se argumenta- nada dice sobre el estado civil de Jesús, es porque supone que estaba casado y no hay necesidad de mencionarlo.

Pero este argumento no puede ser conclusivo, ya que el judaísmo de tiempos de Jesús no era tan homogéneo respecto al matrimonio como supone el argumento. Baste pensar en el movimiento de los esenios -y en el de los judíos llamados “terapeutas”, similares en muchos aspectos a los esenios- tan “judíos” y “ortodoxos” o más que el resto, y sin embargo, muchos de ellos eran célibes, como afirma Plinio el Viejo. En un texto famoso de su Historia natural (V 73,1-3) sostiene que los esenios eran “gente que vivía aparte, sin mujer alguna, por haber renunciado al amor carnal” y que formaban un “grupo del que nadie nace”. Igualmente Flavio Josefo (Guerra de los judíos II 8,2 & 120-121) y Filón de Alejandría (Todo hombre virtuoso es libre, 12-13) dan testimonio del celibato voluntario entre los esenios. Probablemente también, Juan Bautista, el maestro de Jesús durante un cierto tiempo, vivió célibe. Ello se deduce, aparte de su tipo de vida, sobre todo de Mc 6,29, donde se dice que los discípulos del Bautista tuvieron que ir a recoger y enterrar su cadáver después de que Herodes Antipas lo asesinara: señal de que no tenía familia que se ocupara de estos menesteres

Consulte también el libro: Jesús y las mujeres, Trotta, Madrid



Pregunta:


Dr. Antonio, si mal no entiendo conforme al dogma cristiano Jesús murió en la cruz para expiar al género humano del pecado original, pecado cometido por el primer hombre y la primera mujer creada por Dios. Algunas iglesias cristianas, como la Iglesia Católica, sostienen ya que el relato de Adán y Eva es simplemente un mito, una alegoría antigua de la creación del género humano. La pregunta es: si el cuento bíblico del Génesis es tan solo un mito ¿de dónde proviene entonces el pecado original? ¿Hay alguna explicación teológica moderna a esto? Gracias.



Respuesta:



Naturalmente, para nuestra mente racionalista e histórico-positivista, anulado el valor del mito, queda eliminada consecuentemente el valor del pecado original. Cómo ahora lo defienda la teología de la Iglesia, no lo sé con exactitud; además habrá diversas escuelas u opiniones. No es de mi incumbencia. Probablemente se interprete simbólicamente la leyenda, pero se extraiga de ella que la revelación pretendía con ella transmitir una verdad independiente de la leyenda en sí, a saber, la mala tendencia congénita del hombre llámese pecado original o de otra forma.


Pregunta:


Pensando en la figura de Pedro, tenía una pregunta cuya respuesta no he conseguido averiguar después de los documentos consultados, y es la siguiente: ¿Por qué se cita en los evangelios la frase "tú eres Pedro y sobre ti fundaré mi iglesia", si, como sabemos, los evangelios fueron probabilísimamente escritos por los seguidores de Pablo, y ya sabemos que Pedro y Pablo no parece que tuvieran una relación muy afable precisamente?

¿Por qué iban a querer los evangelistas paulinos condecorar a Pedro con esa frase sabiendo que, como representante de la iglesia de Jerusalén, difería con su maestro Pablo en cuestiones capitales, y que asignándole dicha judicación a Pedro iba a ocupar éste un papel totalmente protagonista y claramente por encima de su propio maestro (Pablo) ?

Aplicando el criterio de dificultad de la crítica histórica tendríamos que concluir en que esa frase tiene tintes de verosimilitud, ya que subordina a la figura de Pablo bajo la de Pedro, que queda por medio de esta supuesta ajudicación del mismísimo Jesús como padre y primer papa de la iglesia romana.



Respuesta:



El que los evangelistas sean seguidores de la teología de Pablo en su interpretación general de la naturaleza del Mesías y del sentido de si misión, no quiere decir que todos los evangelistas y en concreto Mateo, viviesen en una comunidad de estricta fundación paulina.

La frase en cuestión solo aparece en Mateo, y por el criterio de la necesidad de atestiguación múltiple es difícil que pueda atribuirse sin más al Jesús histórico, sobre todo porque él jamás quiso él fundar una iglesia tal como se entiende a partir del Evangelio de Mateo. Lo que deja traslucir este evangelista con toda claridad es que había grupos (y lo testimonia también el Evangelio de Juan, cap. 21, e indirectamente por la crítica de Marcos a la figura de Pedro) que se remitían al apostolado de Pedro entre judeocristianos en la zona de Siria, como testimonia el autor de Hechos en 10-11.

Respecto a las malas relaciones entre Pedro y Pablo: deben confirmarse por el incidente de Antioquía, Gálatas 2,11-14. Pero luego en 1 Corintios 1 nombra los del “partido” de Pedro sin aparente acritud. Por tanto, la enemistad pudo no durar toda la vida. Lo que es cierto es que sus teologías son distintas, aunque –por desgracia— y a partir del Nuevo Testamento no podamos precisar cuál era exactamente la teología petrina.

Es muy importante este extremo y merece, con el tiempo, una respuesta más larga. De Pedro tenemos muchas anécdotas, pro no un espejo fiel de su teología. Le puedo adelantar que ni siquiera en los discursos de los Hechos de los Apóstoles al principio, podemos estar absolutamente seguros de que represente la teología petrina y que Lucas no la haya desfigurado, del mismo modo que Lucas desfigura por motivos de su teología propia, la figura de Pablo.

Saludos cordiales Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.antoniopinero.com
Jueves, 21 de Mayo 2015
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Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.








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