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Crítica a la religión en los siglos XVII y XVIII.  Escrituras divinas, escrituras humanas (I)

Hoy escribe Francisco Socas
 
 
En la Europa de los siglos XVII y XVIII surgió una corriente que ha venido en denominarse literatura clandestina que hizo circular un número considerable de escritos heterodoxos. Entre ellos se halla un tratado anónimo que lleva el título despistante de Symbolum sapientiae / La clave de la sabiduría (ed. bilingüe de Francisco Socas, Universidad de Huelva, 2016). Tiene tres partes en las que 1) presenta a la religión como una impostura urdida en alianza por los poderes civiles y la clerecía; 2) defiende la licitud intelectual y moral del ateísmo; y 3) propone un orden moral y político basado en la ley natural y el pacto. En este blog, al que tan amablemente me da acceso el profesor Antonio Piñero, me ocuparé del escrutinio de las Escrituras que el anónimo autor incluye en la primera sección del Symbolum.
 
 
    Estamos ante alguien para quien la religión es un engaño nocivo. Por tanto, no se reserva para sí ni siquiera el respeto que muchos incrédulos profesan a la Biblia como gran literatura. Son vanos sus prestigios artísticos o poéticos, y hay que ver en ella más bien desorden, confusión, falta de estilo, maldad y necedad a veces. El texto bíblico podía al menos haber sido claro, pero las propias polémicas de los teólogos y la aparición de herejías innumerables dejan ver su frecuente ambigüedad y, por ahí, su falta de inspiración. El anónimo establece que son andamiajes postizos los apoyos que busca la apologética cristiana en la antigüedad de los libros, la entereza de los mártires, los milagros, el cumplimiento de las profecías, la suficiencia de la doctrina bíblica. Él parte de dos principios básicos: que la razón es la norma y piedra de toque de la Biblia, y no al revés, y que jamás hay que creer a testigos implicados en la propia causa. Luego se adentra en un repertorio de puntos chocantes y controvertidos de las Escrituras, como son el descarado carácter político de la república mosaica, el diluvio, las edades increíbles de los patriarcas, la caída de Adán injustamente amortizada por la humanidad entera, el carácter absurdo de algunos milagros, los errores cronológicos y las contradicciones. Un marco moral más amplio que el extraído de la fe revelada permite denunciar sus errores morales que van desde las órdenes de exterminio que emite Dios sobre poblaciones enteras a la postergación de la mujer defendida por Pablo. Para un buen conocedor de la Biblia -nos dice- son falsas y caprichosas las alegaciones del Antiguo Testamento que hacen los autores del Nuevo y el propio Cristo. La llamada ‘analogía de la fe’, como criterio de interpretación, constituye una flagrante petición de principio, pues lanza luz desde el Nuevo hacia el Viejo Testamento.
 
 
   Cuando el anónimo se adentra en su extenso análisis de las Sagradas Escrituras maneja las armas de la erudición histórica y gramatical, pero sobre todo ejerce el poder irresistible de una razón muy próxima al sentido común, íntimo baluarte que muchos hombres conservan sin guarniciones teológicas. Se trata de una mezcla de inteligentes deducciones y de certeros apuntes filológicos, ya que, si la palabra de Dios se transmite a través de un texto, ese texto queda sometido inmediatamente a todos los avatares que podría sufrir cualquier otro y, salvo que renunciemos a entenderlo, será objeto de estudio y examen: "todas las polémicas desembocan a la postre en cuestiones de gramática" (cuncta enim litigia in grammaticalia se tandem resolvunt, I §16).    
 
 
   Al indagar en la historia de las Escrituras, nos dice el Symbolum, pronto se echa de ver que no conocemos a los autores ni podemos establecer el origen y la época de muchos textos. Tenemos copias, fragmentos, traducciones de muchas obras. El autor discute algunos problemas críticos muy filológicos y concretos del libro de Samuel, de los evangelios de Juan y Marcos. No falta aquí una alusión al famoso comma Iohanneum, interpolación evidentísima que introduce en una carta apostólica el tardío dogma de la Trinidad, tan escandalosamente ausente en todas las Escrituras. Y luego están las alteraciones materiales del texto. Hay quienes en un vano intento niegan una por una todas las pegas que plantean esas corruptelas. Otros las admiten, pero aseguran que el sentido del conjunto se salva. Esto, que en un texto meramente humano tiene plena validez, es peligroso aplicarlo al texto divino, toda vez que en él una variante supone acaso un nuevo dogma, punto de apoyo de alguna herejía. Y sabemos -insiste- que a pesar de la escrupulosidad de los judíos en el Antiguo Testamento se alteraron interesadamente o por accidente muchos pasajes.
 
 
   Al ocuparse de la constitución del canon afirma que no se sabe quién hizo el canon del Antiguo Testamento y es legendaria la milagrosa reconstrucción de la Biblia tras la cautividad de Babilonia; fueron los fariseos del Templo Segundo los que administraron esos escritos. Las críticas del anónimo al canon tradicional del Nuevo Testamento apuntan a la fuente o autoridad que lo configuró, esto es, los concilios. Ahora bien, los concilios no fueron asambleas santas e independientes del poder político. La verdadera imagen histórica de los concilios la dan los relatos de los propios autores cristianos: unas asambleas tumultuosas llenas de obispos corruptos y vendidos al poder.
 
 
     El capítulo acaba con una breve exhortación a la racionalidad y la tolerancia. Se da por sentado que el único lugar de encuentro que pueden hallar los hombres para una convivencia está delimitado por la razón. Es necesario, pues, acogerse a ella, pero cuidarse de que esa razón conductora no se extravíe a su vez y cruce las lindes de la cordura; tal es el sentido de la expresión  ex sola ratione sana (I §16).
 
 
   La historia da lugar a paralelismos irónicos: si la cristianización, –la construcción del cristianismo paulino para ser más precisos–, fue un acto intelectual consistente en una habilidosísima reinterpretación del Viejo Testamento en apoyo de un Jesús divinizado, el acercamiento a una visión más exacta del Jesús histórico que llevan a cabo algunas sectas reformistas y finalmente textos ya no cristianos como el Symbolum fueron también labor de filología y reinterpretación de las Escrituras. Podemos recordar aquí el sucinto e hiperbólico veredicto de George de Santayana: "El cristianismo es una mala interpretación literal de metáforas judías".
 
 
Saludos cordiales de Francisco Socas
Catedrático de Filología Latina
Universidad de Sevilla
Miércoles, 19 de Julio 2017
Historia, hermenéutica y fe: ¿Sí? ¿No? ¿Tiene sentido creer? (y II)

 
Escribe Antonio Piñero
 
Concluyo hoy la breve reseña del importante libro de Javier Ruiz de la Presa.
 
Pasado el tema de Pablo como una suerte de vendaval, el libro retorna a Jesús de Nazaret: los milagros de Jesús, donde –entre otras cuestiones– se aborda la pregunta básica de “si se necesitan milagros para acreditar la figura de Jesús”; luego el espinoso tema (para una mentalidad moderna) de “el Diablo y Jesús”, qué significa en realidad “La Última Cena”, la imposibilidad de la fundación de la Iglesia por parte de Jesús, pero a la vez cómo Jesús funda necesariamente un grupo que derivará en esa institución, y “Jesús y la ley de Moisés”.
 
Y con eso se acerca el libro a su final donde se plantea lo que en verdad iba buscando la presente colección de ensayos, y hacia dónde, de una u otra manera, apuntaba todo: es la clave de bóveda del libro: “En busca de Jesús” (donde se vuelve a tocar el tema de la revelación y su posibilidad). Aquí, en la síntesis final, tengo algunas dificultades con las propuestas del libro a modo de proposiciones en torno a Jesús. Los puntos que creo que deben debatirse más a fondo son las siguientes: ¿Cuánto duró en realidad la vida pública de Jesús? ¿ Fue Jesús a Jerusalén con la clara consciencia de que conocía el designio divino que ordena su muerte? O, con otras palabras, ¿aceptaba Jesús su muerte con el preconocimiento por su parte de un plan divino acerca de su necesidad ineludible? O más bien, ¿fue a Jerusalén a tener un éxito total de su empresa? ¿Abolió Jesús los ritos judíos? ¿No entendían los discípulos a Jesús de modo que no sabían cómo considerarlo realmente, profeta, simple maestro, mesías?  ¿Qué se esconde detrás del "Mas yo os digo" de las antítesis del Sermón de la Montaña? ¿Estaba Jesús vinculado a alguna ideología de grupo, por ejemplo, al fariseísmo o era un rabino que “iba absolutamente por libre”? ¿Cómo se entiende su enorme parentesco espiritual con fariseos y que estos intenten salvarle la vida? ¿Desafía Jesús continuamente las normas de conducta y las presiones sociales que marginaban a la mujer? ¿Sigue Jesús caminos inéditos en la interpretación de la Ley?
 
No es posible, ni muchísimo menos abordar, en este breve ensayo de presentación (que no puede ser crítica, porque el libro trata mil temas y habría que escribir otro volumen para comentarlo en serio) el inmenso conjunto de tantas y tantas reflexiones con las que el lector se encuentra lo largo de este libro. Sí me detendré un poco más en la gran coda final “¿Tiene sentido creer?” ¿”Que significa realmente creer?”.
 
La respuesta del autor es clara: no se trata de dar el asentimiento a un paquete de dogmas, claramente dudosos, sino que debe responderse dando pleno sentido a lo que significa la “fe” en lengua griega, la del Nuevo Testamento, “tener confianza en algo”. En concreto, y en el ámbito de los que son cristianos por nacimiento, hay que buscar algo intermedio entre el escepticismo total (por ejemplo, respecto al valor histórico de los Evangelios) y la postura “conciliatoria y extremadamente literal (crédula en la literalidad de los Evangelios) de la tradición católica.
 
Ruiz de la Presa llega a la conclusión de que hay algo en el Nuevo Testamento que genera esa confianza: la creencia en la resurrección de Jesús. Advierte que la resurrección puede ser histórica o no…, pero que lo verdaderamente impresionante es cómo –a pesar de tantas circunstancias adversas, entre otras el fracaso de Jesús o la no creencia general en una resurrección de un ser humano particular– todos los seguidores de Jesús creen firmemente en esa resurrección y están dispuestos a dar su vida por defender la verdad de su creencia. Eso lleva a pensar que detrás se encuentra una tradición que ha de ser verdadera… al menos en el sentido de Heidegger, el cual –aun siendo totalmente agnóstica– creía en la experiencia profunda del ser.
 
Por tanto, aquello en lo que se puede creer, a propósito del cristianismo y su antecedente básico, Jesús de Nazaret, no es la “verdad fáctica” (el hecho o los hechos), son la “verdad expresiva”: interesa más (y por lo tanto se puede creer/confiar en ello) no tanto la fisionomía del discurso de Jesús, sino los hechos en sí que revelan una verdad acerca del hombre y su relación con la Alteridad, el Otro.
 
Al final de su libro, y de una manera sorprendentemente pragmática, el autor hace una larga tabla que contiene “todos los pros y los contras” de la fe. Y..¿ qué queda entonces…? Ruiz de la Presa, al modo de Platón (quien cuando no podía expresar de la manera como deseaba una profunda verdad filosófica recurría al mito), se refugia en una expresión poética: “Nada de lo que vale la pena probar puede ser probado ni tampoco refutado; por lo tanto, sé sabio: aférrate a la faceta más optimista de la Duda” (Lord Tennyson, citado al principio y al final del presente libro). Y aterrizando en la práctica: “Lo simple y contundente es la fe apostólica generalizada en la resurrección de Jesús. Es este un nudo dato histórico. Y sobre él se puede construir todo el edificio de la entrega personal, de la fe” (. P. 663). Este hecho es “entrañable”. Y, sostiene Ruiz de la Presa, “deberíamos por razones de peso considerar lo entrañable como una categoría filosófica. Si, una categoría y no simplemente una cualidad”.
 
Al final, nuestro autor adopta una postura que recuerda, en España, a la proclamada por Javier Gomá, en su libro “Necesario, pero imposible O ¿Qué podemos esperar?, Taurus, Madrid” (véanse las reseñas en el Blog, publicadas por mí y por F. Bermejo (20-4-2013 y 17-6 al 15-7 del 2015): es suficiente la fe universal en la resurrección de Jesús por parte de la Iglesia primitiva para fundamentar la fe “cristiana” (pero que yo diría una fe exclusivamente personal, intransmitible, un tanto nebulosa). Para reforzar esta conclusión Ruiz de la Presa toma prestadas de Empédocles las palabras de unos versos casi perdidos, pero recogidos en los fragmentos de los filósofos presocráticos de Juan David García Bacca:
 
“Mas a los perversos tienta
Sobremanera desconfiar de razones poderosas;
Tú, por el contrario, reconócelas como fieles razones que la Musa manda
Dividiendo bien el Logos, distribuyéndolo por tus entrañas”…
 
Esas razones poderosas son conceptos e “ideas de gran densidad existencial”, que en verdad es una sabiduría milenaria que está lo mismo en los Evangelios como en Empédocles, Lao Tsé, Heráclito, Pitágoras y Buda” (p. 666).
 
Como puede observar el lector, estamos ante un libro que plantea problemas fundamentales y que intenta resolverlos por medio de una crítica y análisis de los textos, sobre todo del Antiguo y del Nuevo Testamento. Considera que hay diversas lecturas de esos textos, peo que en conjunto llevan a un puerto esperanzador, puesto que hubo experiencias reales que inspiraron “el conjunto”. Y eso es lo que importa. A mí, ese libro me ha hecho pensar mucho y he pasado buenos ratos con él.
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.ciudadanojesus.com 
Domingo, 16 de Julio 2017
Historia, hermenéutica y fe: ¿Sí? ¿No? ¿Tiene sentido creer? (I)
Escribe Antonio Piñero
 
He aquí un libro (como es usual, el título de la postal coincide con la del libro que comento), escrito con un interés específico, buscar el fundamento, si lo tiene, de la creencia religiosa; un fundamento que exige una unidad, base suficiente y explicación satisfactoria. El libro trata de indagar si hay continuidad entre filosofía y fe religiosa. Pero no en general, en cualquier religión sino la fe en el cristianismo. Y el modo de indagar en la cuestión no es, naturalmente, aceptar ningún argumento de autoridad, sino leer los textos (en el caso del cristianismo Antiguo y Nuevo Testamento sobre todo), y procurar entenderlos, interpretarlos siguiendo las reglas usuales de una hermenéutica comúnmente aceptada.
 
He aquí los datos concretos del libro: Autor: Javier Ruiz de la Presa, Démeter Ediciones, México, 2017, 670 pp. ISBN: 978-0- 9840368-2-0. El libro contiene una cuarentena de ensayos escritos a lo largo de años de reflexión sobre el hecho religioso. Él mismo reconoce que no todos son de igual valor. Pero sí que cada uno de ellos merece la pena. Dentro de este conjunto de ensayos hay algunos de los que el autor se siente más satisfecho. Así, el dedicado a la “Revelación el Nuevo Testamento” y “El Cristo de Pablo”.
 
El motor de la escritura es buscar una cierta explicación satisfactoria del hecho religioso, y que esa explicación se plasme en un pensamiento bien argumentado y verosímil. El conjunto ha de definir un “horizonte de comprensión”. Este es el paso previo para adoptar una postura personal ante el hecho religioso, que la final será una orientación existencial que explique el mundo, la divinidad –en tanto en cuanto podemos conocerla– la posibilidad de una revelación y la orientación existencial, personal, respecto a ese conjunto: universo-Dios-ser humano (yo).
 
Con palabras del autor, “Ello supone considerar la atmósfera espiritual en la que nacen las ideas nuevas (o al menos su reformulación), considerar también lo que tácitamente creen los hombres de una cultura o época y su sentido común”. La finalidad de esta consideración es “despejar la visión” para observar lo que queda… después de eliminar lo que puede proporcionar pistas falsas”. (p. 13).
 
Después de un camino no breve, como se ve por el número de páginas, y tras mucho análisis, el autor habla en primera persona. Cito: “Solo al final del libro hablaré de lo que yo creo, lo que pienso acerca de la posibilidad de creer justo hoy, que abunda la pluralidad de iglesias, métodos teológicos, presupuestos filosóficos –que no siempre se esclarecen–, teorías antropológicas, suposiciones que no se han sometido, a pesar del cuidado escrutinio del último siglo y medio” (p. 13). Y ¿en qué cree, a fin de cuentas, el autor? Lo dice claramente en la Introducción: “Hoy en día creo que a la pregunta ‘¿En qué creo…?’ no puedo sino responder: creo en nuestra disposición ética que nos abre –más tarde o temprano– a la Gran Alteridad. Creo, como Spinoza, que son la ética y la antropología la clave del Antiguo Testamento. Pero además pienso que una antropología de los afectos es la clave, también, del Nuevo Testamento y en general de las grandes religiones del mundo”.
 
El contenido del libro es interesante como puede comprobarse por la simple enumeración de los temas: I En primer lugar, cuestiones propedéuticas: cómo puede considerarse hoy la cuestión hermenéutica; qué principios pueden postularse como propios de cada uno y cuáles son del todo punto generales. Luego, II, grandes temas como “El mito en el Antiguo Testamento”: la compleja relación entre verdad y pura historia o bien aquello casi inaprensible a solo puede narrarse como mito. Dentro del Antiguo Testamento aborda Ruiz de la presa el análisis de algunas historias emblemáticas, como la de Lot, la de la “Torre de Babel”, el sentido profundo del “Cantar de los cantares”.
 
La ‘parte del león’ del libro, III, está dedicado a temas del Nuevo Testamento. En primer lugar, el arriba citado “La revelación en el Nuevo Testamento”, junto con el eterno tema de “¿Existió Jesús realmente?”, que no por casi resuelto deja de suscitar una y otra vez, machaconamente, la atención.
 
Una vez asentada su existencia histórica, con las consabidas distinciones entre el Jesús de la historia y el Cristo de la fe, plantea nuestro autor el punto clave de cómo interpretar la figura del Jesús histórico…, y dentro de este ámbito cómo se pensaba Jesús a sí mismo, más como tema de ejemplo que de exposición amplia y detallada (cosa que vendrá después, con el título “El autoconocimiento de Jesús”). Naturalmente a la cuestión hermenéutica se une un ensayo sobre “¿Qué es un evangelio?”. Posteriormente puede dedicarse Ruiz de la Presa a temas concretos, como la concepción virginal de Jesús; si Jesús se consideró a sí mismo ‘hijo de Dios’ y en qué sentido para terminar con el tema del ‘Juicio Final’ en una primera parte, porque debo decir que entre los temas que abordan la cuestión “Jesús”, nuestra autor trata de Pablo de Tarso.
 
El interés por Pablo es básico, cardinal, en nuestro autor y así lo expresa en la “Introducción”, donde confiesa que “siempre ha sentido gran simpatía por san Pablo… porque tuvo una visión estrictamente personal del cristianismo” (es decir, la religión centrada en el Mesías, cristo o ungido), porque defendió un monoteísmo acerado “sin funambulismos teológicos”, precisamente porque Pablo nunca dejó de ser judío y para entender a Jesús hizo un uso libre (dirá “inspirado”) de todo el material del Antiguo Testamento que interpretó a menudo simbólicamente. Dentro del amplio tema “san Pablo”, Ruiz de la Presa aborda la delicada cuestión de la preexistencia de Cristo según el Apóstol; la igualdad del hombre y de la mujer en la teología paulina y el tremendo tema de la “salvación”
 
Me detendré aquí por hoy en la presentación de este libro, que concluiré el próximo día
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.ciudadanojesus.com
 
Viernes, 14 de Julio 2017
Conclusiones acerca del libro “El Jesús de la historia. Un acercamiento a través del Evangelio de Tomás” (y V)
Escribe Antonio Piñero
 
 
Concluyo ya mi reseña empalmando con los dos argumentos expuestos en el día pasado.
 
 
3. Respecto a la idea de Riera Ginestar de que Jesús –tras la muerte de Juan Bautista– cambió su idea de reino de Dios ya presente en la tierra y que se convirtió en un dirigente de un movimiento popular aparentemente apolítico y pacífico (aunque desde luego en el fondo subversivo y provocador), debo decir que he discutido larguísimamente en este medio los dos conceptos. Respecto al primero, la idea del reino de Dios según de Nazaret, he dedicado al menos 12 postales específicas sobre el tema desde el 8 /3/ 2013 hasta 21 /6/ 2013 en el Blog.
 
4. Y respecto a Jesús como mesías, pretendiente regio y su relación con el pensamiento antirromano en el mundo judío del siglo: escribí sobre este tema unas 75 postales en Blog y FBook que comenzaron el 4/1/2017 y concluyeron el 21/4/2017. Ahí, parafraseando y comentando un largo artículo de Fernando Bermejo al respecto, se halla el análisis de los 36 textos de los Evangelios que nos indican –como material que la tradición sobre Jesús no pudo menos que recoger–, por qué no puede pensarse en un Jesús pacifista y apolítico, ni siquiera en apariencia.  Desde luego, nuestro autor, Riera Ginestar, insiste en que Jesús era de facto un subversivo y revolucionario…, pero no puedo estar de acuerdo con lo de apolítico y pacifista.
 
Me detendré un poco más sobre las ideas en torno al reino de Dios según el EvT, y sobre Jesús como personaje apolítico y pacifista al menos después de la muerte de Juan Bautista.
 
A. Sobre el concepto del Reino: los textos prueba en los Evangelios canónicos que demuestran que el reino de Dios es una entidad absolutamente futura son abrumadores y súper claros después de la muerte del Bautista.  He aquí un elenco de textos:
 
· Mc 1,15; Mc 9,1; Mc 11,9-10; Mc 13,29-32; Mc 14,25; Mc 15, 43;
· Mt 6,10; 8,11-12; Mt 10,7; Mt 10,23; Mt 13,39.40.49; 24,3; 28,20; Mt 24,34;
· Lc 6,20-23; 10,8.12;  Lc 11,2; Lc 17,22-23; Lc 24,21;  
· 2 Pe 3,10
· Ap 21,1.5.
 Hay más pasajes, pero son menos claros.
 
En contra, los textos de los que puede entenderse que el reino de Dios está ya presente en la tierra son:
 
· Mc 4,3-9; Mc 4,26-29; Mc 4,30-32
· Mt 13,16-17. 24-30. 31.33.44. 46; Mt 13,47-50; 21,31
· Lc 11,20; Lc 16,16 ; Lc 17,20-21
 
Indico que la exégesis más plausible de las parábolas del capítulo 13 de Mateo (plato fuerte de la argumentación en pro de que el reino de Dios ya está aquí) es pensar que originariamente –en la mente del que las inventó, Jesús– significaban que los preludios, pródromos, preliminares de un Reino inminente estaban ya entre los oyentes gracias a al proclamación de quien les hablaba. Estas parábolas bien entendidas señalan que esos preludios  hacen que la semilla depositada que en el futuro germinará en el Reino será al principio una entidad pequeña, visible, y que crecerá rápidamente.
 
De ningún modo parecen dar a entender que “el Reino está ya aquí” en el pleno sentido que la exégesis actual le otorga, a saber “un estar aquí”, entre los creyentes, en su interior, espiritualmente, un reino que durará siglos y siglos, y cuya plenitud vendrá fuera del ámbito de la semilla de mostaza en el paraíso futuro. Estamanera de considerar el reino de Dios presente en la tierra parece estar a años luz de lo que pretendía el Nazareno. En todo caso podría pensarse en algo que los judíos tuvieron desde muchos siglos antes de Jesús: la idea del “reinado de Yahvé” sobre el universo. Ese reinado está “siempre presente”, aunque muchos no lo consideren ni quieran saber nada de él. Está dentro de cada uno en la forma de la ley natural y de la conciencia. Y tarde o temprano ese reinado se transformará en un reino efectivo, es decir, en un mundo –todos los pueblos– gobernado por Dios a través de su pueblo elegido.
 
La posible clave de solución a la clara aporía de los intérpretes modernos entre futuro/presente del Reino (en caso de que se aceptase rotundamente el significado de «llegó» para el pasaje que discutimos) se halla en que los evangelios pueden dar la impresión de un reino de Dios que ha llegado ya sobre la tierra con la presencia de Jesús, el mesías, porque este se hallaba tan convencido de que el final del mundo era tan inminente, que los preludios del Reino podían hacerse visibles en su acción exorcista, en cuanto que el enemigo principal de Dios, Satanás, estaba siendo ya derrotado, en el presente. Los exorcismos y curaciones de Jesús exigían de los contemporáneos una toma de postura en el presente, en cuanto que aceptar la proclamación del Reino era ya disponerse para su venida. En este sentido, la inmediatez obsesiva que se deduce de la proclamación de Jesús podía confundir fácilmente los preludios del futuro inminente con una presencia. Pero el Reino como tal aún no había venido. Este espíritu de Jesús confundió a los evangelistas que presentaron los preludios como una presencia incoada.
 
Pero ¿fue ese acto involuntario por parte de los evangelistas? No lo creo. En el artículo mencionado señalo por qué Lucas es posiblemente, si no el inventor, sí al menos el que dio el impulso definitivo a la idea de que el reino de Dios está ya presente en la tierra, y que es interior, espiritual: se halla en el ámbito de los corazones de los seres humanos. Escribí lo siguiente;
“Es curioso observar que el único texto que puede resistir en apariencia la navaja de la crítica se halle sólo en el Evangelio de Lucas: 11,20 y quizás 17,20. Y es curioso también que sea este Evangelio en el que se observa con más claridad, sobre todo en la transcripción y acomodación del material apocalíptico de Mc 13, el retraso de la parusía. Lucas hace decir a su Jesús con absoluta claridad: “Pero cuando oyereis guerras y sediciones, no os espantéis; porque es necesario que estas cosas ocurran primero; mas el fin no será de inmediato”. Y es el único evangelio que hace decir también a Jesús “el Reino de Dios está entre vosotros/a vuestro alcance” (Lc 17,20). No es extraño que la iglesia naciente, al sentir que la parusía se retrasaba, encontrase pronto la solución a esta aporía: no hay que esperar un fin inmediato del mundo… ¡porque en realidad el reino ya estaba aquí, con Jesús! La presencia actual del Reino es la gran solución del problema del retraso de la parusía”.
 
B. Sobre el segundo tema (Jesús pacifista y apolítico) hago una sola reflexión: Riera está de acuerdo en que Jesús deseaba la expulsión de los romanos de Israel de modo que se llevara a cabo la plenitud del reino de Dios…. Y, aunque la expulsión fuera “encargada” de facto a 12 legiones de ángeles (Mt 26,53), ¿Iba a ser una expulsión pacífica y tranquila? Y el mesías era corresponsable de esa decisión; luego no pudo ser de ningún modo apolítico y pacifista.
 
Y volvamos ahora al libro en sí de Riera Ginestar, independientemente de que no me sienta de acuerdo con algunas de sus tesis: creo que es un libro importante en el panorama de los estudios sobre el EvT en español, y su lectura es absolutamente recomendable como reflexión sobre los textos; sirve para que el lector elabore una respuesta propia, como señala el autor (p. 87), a problemas candentes de interpretación del pensamiento del Jesús histórico. Es, además, muy útil porque en él se encuentran traducidos y ordenados los textos básicos, más antiguos sobre el ideario de Jesús. Enhorabuena al autor, cuya labor es tanto más meritoria porque –aunque ducho en historia– viene de otros ámbitos.
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.ciudadanojesus.com
Miércoles, 12 de Julio 2017
“Argumentos en favor de la prioridad cronológica de parte del Evangelio de Tomás. El Jesús de la historia según EvTomás.” (IV)
Escribe Antonio Piñero
 
 
Una vez que hemos visto a vuelo de pájaro cómo nuestro autor divide el Evangelio de Tomás, como pondera su valor para la reconstrucción del Jesús histórico, qué imágenes de este Jesús ofrece cada estadio de la obra, volvemos hacia atrás en su Introducción general para considerar el fundamento básico de toda su argumentación que no es otro que su investigación le ha llevado a considerar que una gran parte del EvT no depende de los Evangelios sinópticos.  Y es en este apartado donde formularemos algunas objeciones.
 
Riera Ginestar plantea series dificultades a la hipótesis de que gran parte del EvT dependa de los Sinópticos. Sus adversarios han sostenido que
 
“El evangelio de Tomás depende de los evangelios sinópticos con los que comparte, en mayor o menor medida, un 50% de dichos y parábolas y, por lo tanto, es una colección de dichos secundaria y tardía extraída del Nuevo Testamento que puede estar relacionada con una versión siriaca del Diatessaron o Concordancias, obra de la literatura cristiana del siglo II escrita por Taciano sobre la base de los cuatro evangelios canónicos, los cuales combina para formar un único relato concordante” (Jesús al desnudo, p. 17).
 
En contra, los argumentos de Riera (referidos ante todo al primer estadio, EvT1, que es el que más le interesa como camino válido para acceder al Jesús de la historia) son los siguientes:
 
1. En el EvT no hay más que una sola alusión trinitaria (Dicho 44: Jesús dijo: “Al que blasfeme contra el Padre le será perdonado. Y al que blasfeme contra el Hijo, le será perdonado. Pero al que blasfeme contra el Espíritu santo, no le será perdonado ni en la tierra ni en el cielo”
 
2. El sintagma Hijo del Hombre solo está presente en el EvT (d. 86).
 
3. En el EvT está ausente el título “mesías” referido a Jesús.
 
4. Prácticamente ningún dicho del EvT con paralelo en los Sinópticos reproduce el texto de estos al pie de la letra, sino siempre con variaciones leves o serias. Por ejemplo, el “reino de Dios” siempre se encuentra como “reino”, “reino del Padre”, “reino de los cielos”.
 
5. En muchas ocasiones los dichos del EvT son más breves y sencillos que en la tradición Sinóptica.
 
6. La secuencia de los dichos de Jesús en el EvT es totalmente autónoma, es decir, no sigue el orden de ninguno de los Evangelios Sinópticos, sino que es aleatoria.
 
7. En ocasiones el EvT junta de manera aparentemente caprichosa dos o más versículos de los Sinópticos. Así, por ejemplo, el EvT en el d. 31 une Mc 6,4 con Lc 4,23. Y en el d. 33 el EvT une Mt 10,27 con Lc 11,33.
 
8. En las parábolas de Jesús transmitidas por el EvT no hay aún rasgos alegóricos (ejemplo, la explicación alegórica de la parábola del sembrador que aparece en Mc 4,3-9 que luego se explica alegóricamente en Mc 4,13-20, explicación que casi con total seguridad procede de la Iglesia primitivo y no de Jesús). Véase el EvT, d. 9.
 
9. Treinta y siete unidades del EvT son compartidas con el material de Que (previo a los Sinópticos). Y como no hay la menor prueba de que el EvT haya copiado de “Q” (los marcos teológicos y el orden de aparición son totalmente diferentes), de ello se deduce que ese material común, al menos, es más antiguo que el evangélico.
 
Según Riera “estas peculiaridades”… de EvT1 no se deben a un “intento de síntesis entre diversas versiones”, sino que “apuntan a una fuente distinta o alternativa a la de los Sinópticos”… “y favorecen la hipótesis de que el autor del EvT tuvo a su disposición alguna colección escrita de dichos de Jesús similar a la “Fuente Q”, que derivaba de una tradición oral tal vez paralela a la de los evangelios canónicos, pero independiente de ella y seguramente más antigua (p. 59).
 
 
Mi opinión respecto a esta perspectiva básica es que el monto de los nueve argumentos es muy fuerte, pero que la presencia de otras hipótesis dejan un poso de inseguridad en el investigador que puede acabar por adoptar una decisión siempre dubitante. Así, por ejemplo, no se puede asumir con total certeza que en el EvT haya ocurrido lo que se presupone que pasó en la Fuente Q, a saber, que ese documento era un escrito originariamente sapiencial y que los elementos apocalípticos fueron añadidos posteriormente. Esta hipótesis no es nada seguro por razón importante que ejemplifico tomando el argumento de lo que ha ocurrido muy probablemente con la composición de la ‘Fuente Q’ (obra muy parecida a EvT). Argumenta John Kloppenborg en la obra común con P. Hoffmann y J. M. Robinson, El Documento Q, traducido por S. Guijarro, Sígueme, Salamanca 2002, p. 85:
 
“Afirmar que los componentes sapienciales estuvieron en los orígenes de la Fuente Q, y que los oráculos proféticos de juicio y los elementos que presentan a Jesús en conflicto con ‘esta generación’ (es decir, elementos apocalípticos claros en el pensamiento de Jesús) son secundarios (según el análisis puramente literario del Documento Q) nada implica del origen histórico último de ninguno de esos dichos. Es ciertamente posible, e incluso probable, que algunos materiales de la segunda fase de la composición de “Q” sean prepascuales, o por lo menos muy antiguos; y que algunos de los elementos presentes en “Q” sean, desde el punto de vista de la autenticidad o de la historia de la tradición, relativamente recientes. La historia de la tradición no es convertible en historia literaria”.
 
“Por tanto, caracterizar a ‘Q’ como escrito sapiencial no significa que esto implique una imagen de Jesús como maestro de sabiduría intrascendente, absolutamente impermeable a las influencias de la escatología (o la apocalíptica) y a las tradiciones proféticas y narrativas de Israel”.
 
Lo que sostiene Kloppenborg a propósito de ‘Q’ es muy importante y es trasladable al EvT, como indiqué Voy a destacar las ideas básicas de los dos párrafos transcritos y obtener consecuencias:
 
1.  Cuando se hacen análisis literarios de un documento antiguo como la ‘Fuente Q’ o el EvT, que es muy parecido, hay que distinguir muy bien entre los estratos literario de los históricos. En lo literario la Fuente Q nació seguramente como un compendio de enseñanzas de Jesús. Y luego se la añadieron, en su segundo momento, material escatológico y apocalíptico. Pero este proceso de construcción literaria de un documento nada dice que el primer estrato a) (sapiencial) sea único, o sea más antiguo que el estrato b) (apocalíptico). El documento fue compuesto literariamente en este orden, pero los materiales apocalípticos –añadido después– pueden incluso ser anteriores desde el punto de vista de la historia de la tradición.
 
Deducir del modo de composición literaria de la Fuente Q que Jesús era solo un maestro de sabiduría y que no era para nada apocalíptico ni escatológico es una conclusión exagerada que no tiene en cuenta el material de conjunto de los Evangelios y se fija solo en lo recogido en Q.
 
El hecho que la Fuente Q no tenga nada sobre la muerte en cruz y la resurrección significa solo que el autor, o autores, se fijaron especialmente, por sus intereses didácticos, en el material de “sabiduría” de Jesús, pero de ningún modo que históricamente la muerte en cruz fuera un añadido más o menos inventado por la Iglesia primitiva, ni tampoco que la creencia en la resurrección de Jesús fuera un elemento surgido muy tardíamente en el movimiento de seguidores de Jesús.
 
 
Estas conclusiones deben aplicarse al EvT, que es muy parecido al Documento Q: es muy posible que el EvT contenga material muy antiguo de Jesús, incluso anterior, en algunos casos, a los Evangelios Sinópticos. Los argumentos arriba expuestos son muy fuertes y muy razonables.
 
Por eso no significa que su Jesús (se formularía el siguiente axioma: “muy primitivo, luego histórico”) fuera exclusivamente un “maestro de sabiduría”, para nada apocalíptico, que se parecía muchísimo a un filósofo cínico.  Por tanto, no se deduce lógicamente que se diga que el EvT no contiene dichos apocalípticos de Jesús porque son históricamente posteriores, inventados por la Iglesia primitiva para justificar su muerte en cruz. No se sigue en pura lógica y es una consecuencia exagerada que no tiene en cuenta la gran cantidad de material apocalíptico de los Sinópticos, rastreables hasta el Jesús histórico. Sólo se sigue lógicamente que el que, o los que compusieron el EvT tenía solo intereses sapienciales, no apocalípticos. Por ello su Jesús se muestra solo como un maestro sapiencial.
 
2. Existe además una hipótesis –es una mera hipótesis, insisto– que puede aclarar la aparente antigüedad del material del EvT, en general más breve y desnudo de adornos o alegorizciones: la denominada “segunda oralidad” (explicada por Armand Puig en el libro citado anteriormente, al principio, p. 10, n. 16). Dice así: es posible que los materiales de las fuentes del EvT sean predominantemente orales, incluso en el caso de materiales que procedan de los Sinópticos: es posible que el autor, o los autores, del Evangelio de Tomás compusieran esta obra con material evangélico aprendido de memoria, es decir, transmitido oralmente en los oficios litúrgicos o en la catequesis, incluso aunque en la comunidad detrás del EvT hubiera documentos escritos sobre Jesús. Los autores citarían de memoria, pues habían oído muchas veces ese material. Citar de memoria supone que se abrevia en muchas ocasiones y que se producen muchas variantes sobre el texto escrito (A. Puig cita S. Bryskog, Story as History – History as Story. The Gospel Tradition in the Context of Ancient Oral History [WUNT 123] Mohr, Tubinga 2000).
 
 
Espero concluir mañana.
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.ciudadanojesus.com
 
Lunes, 10 de Julio 2017
“Segundo estrato, o segunda redacción, del evangelio de Tomás (EvT2). El Jesús de la historia. Un acercamiento a través de este evangelio” (III)
Escribe Antonio Piñero
 
Seguimos, conforme a lo prometido con la descripción del segundo estrato del EvT, según Riera Ginestar.
 
 
II El segundo estrato o segunda redacción del evangelio de Tomás (EvT2) se conforma cuando, después del martirio de Santiago (año 62), la colección original de dichos y quizás también la comunidad que la había producido, emigra a Edesa (Siria) para huir de los nacionalistas judíos extremos.
 
En esa ciudad, posiblemente en los años 60 o 70 del siglo I y bajo la autoridad de Judas Tomás (bien un hermano carnal de Jesús o bien un apóstol suyo que llevó el cristianismo a la India) se añade al EvT primitivo un material nuevo que presenta caracteres diversos.
 
Nuestro autor se niega a designar como gnóstico (vocablo generalizante –en su opinión– y simplista) a este nuevo material, y prefiere describirlo como una amalgama de ideas que van desde concepciones originarias del panteísmo hindú y budista (el autor explica cómo fueron posible las influencias y cuándo), hasta ideas del cristianismo paulino mezcladas con tendencias ascéticas y encratitas, pasando por temas del hermetismo egipcio y helenístico. La parte que denominaríamos “gnóstica” es considerada por Riera Ginestar como un “misticismo hebreo” que finalmente desembocará en la Cábala.
 
 
En muchos casos los dichos del segundo estrato del EvT material aparecen superpuestos a los del primer estrato –o estrato más antiguo– mezclados con ellos o incrustados sobre las primeras unidades, que son interpretadas o reinterpretadas por el nuevo y definitivo autor según alguna de las corrientes ideológicas que hemos señalado. La delimitación del material propio de este segundo estrato se obtiene aislando aquellos dichos que no tienen paralelos o testimonios externos en los evangelios sinópticos o en ‘Q’, en  ‘M’ y ‘L’. Son los siguientes: 1. 2. 3. 7. 11. 18. 19. 22. 27. 28. 29. 42. 49. 50. 56. 61. 67. 70. 75. 77. 80. 83. 84. 87. 101. 110. 111. 112.
 
 
La imagen de Jesús de este segundo estrato, según nuestro autor, es una reelaboración o interpretación post mortem de la persona y magisterio de aquel. Es una figura paralela y alternativa tanto a la visión del grupo palestinense de “Q” como a la versión helenizante de Pablo. Sus rasgos característicos son:
 
Jesús vive eternamente a través del recuerdo, análisis, comprensión y aplicación de sus palabras por parte del creyente. La actualización de la enseñanza de Jesús a través de sus palabras permite al creyente salvarse o liberarse de las cadenas del mundo material sin renunciar a vivir en él pero haciéndolo con otra visión: sin apego, deseo, angustia, miedo y dolor. Este Jesús enseña la aparente realidad de mundo fenoménico, material.  El creyente en Jesús vive en el mundo sin oponerse a él y a la vez sin apegarse a él, aceptando el curso natural de este mundo, pero siempre con la intención puesta en alcanzar la liberación definitiva de la carne y del sufrimiento terreno. Así podrá retornar al origen informe y pacífico del Reino del Padre.
 
A través de las palabras de Jesús, el creyente adquiere la revelación de la realidad última, auténtica y total, de modo que puede volver a la unidad original. Esta es el “Reino” o “Reino del Padre”, al que solo se puede acceder tras un proceso de búsqueda y autoconocimiento o reconocimiento en uno mismo de la identidad divina, lo que implica la identificación del origen de uno mismo (luz) y de su destino final (descanso en el origen luminoso), superando la aparente y dolorosa dualidad (división objeto–sujeto) de la existencia humana. Dicho proceso es como un renacimiento (convertirse en un niño) y lleva finalmente a un estado de paz o autoliberación.
 
Respecto a estas dos imágenes de Jesús que se desprenden del Evangelio de Tomás y a la síntesis del pensamiento del Nazareno, hay que subrayar que Riera Ginestar no se manifiesta nunca de un modo dogmático, sino que reconoce las dudas que le embargan al presentar una imagen de Jesús tan distinta de la usual. Así, en el apartado general “Jesús y su mensaje” (pp. 86-90) manifiesta sus vacilaciones. Pongo algunos ejemplos:
 
“¿Es el Reino de naturaleza terrenal (teocracia redentora que desde Israel se extendería al resto del mundo) o de tipo celestial (paraíso de ultratumba al que serán arrebatados los justos el día del Juicio)? ¿Es de naturaleza exterior (física) o interior (psíquica) o de ambos tipos a la vez? ¿Es el Reino una realidad en acto (tangible) o solo en potencia (utopía)?” (p. 87).
 
“¿Era Jesús un profeta de arrepentimiento de corte esenio, un judío piadoso, apocalíptico y nacionalista que predicó en exclusiva al pueblo de Israel, rechazando abiertamente a los gentiles, y que creía en el inminente fin del mundo y la llegada del juicio divino? ¿O era en cambio un maestro de sabiduría intemporal en contacto con enseñanzas orientales de corte hindú, budista y taoísta y con el modo de vida de los cínicos del mundo helenístico y romano cuyo mensaje tenía voluntad de universalidad?”  (p. 88).
 
“¿Predicaba Jesús un amor absoluto hacia todos o solo hacia aquellos que pertenecían o estaban abiertos a pertenecer al grupo del Reino? ¿Odiaba Jesús o al menos mostraba una profunda distancia y animadversión hacia quienes por su dureza de corazón se mostraban cerrados a su proclamación sobre el Reino?”  (p. 89)
 
“¿Era Jesús un nacionalista galileo violento que promovió acciones hostiles contra el poder romano que lo llevaron a ser ejecutado en la cruz como un bandido junto a otros seguidores, o era un maestro pacífico pero la radicalidad de su predicación fue vista como una amenaza por las autoridades judías y romanas y acabó siendo acusado falsamente de sedición y crucificado? ¿Se consideró Jesús a sí mismo como hijo de Dios en sentido estricto (filiación divina) o solo en el sentido de enviado suyo (profeta humano)?” (p. 89).
 
“¿Er el término “Hijo del Hombre” (bar enasch en arameo y ben adam en hebreo) un giro idiomático propio del arameo de Galilea con el que Jesús aludía con frecuencia a sí mismo como ser humano (“hijo de hombre”), igual que hacían los sabios orientales, o es posible que con esta expresión Jesús se describiese como enviado o mensajero divino que, igual que los antiguos profetas israelitas (Elías), una vez muerto y arrebatado al cielo, regresaría sobre las nubes como gran Juez el día del Juicio Final? ¿O tal vez al utilizar la expresión Hijo del Hombre Jesús se refería a su filiación divina y a su categoría de Mesías o Ungido de Dios que, como rey guerrero, liberaría a Israel del yugo opresor romano? ¿O bien con ese término aludía así mismo como un Mesías atípico, como el “siervo sufriente” de Isaías 53, recogido por el evangelio de Marcos, que como cordero sería llevado al matadero? ¿Se autoproclamó Jesús como Mesías o se dejó proclamar, contra su voluntad, como tal?” (pp. 89-90).
 
Naturalmente, a lo largo de cada capítulo de la traducción y comentario (o mejor, exposición del pensamiento de Jesús en el apartado pertinente) al primer estrato del EvT (pp. 99-267 y su repetición de forma seguida en pp. 321-353), el autor se decanta por una interpretación que tiende a ser la contraria de lo usual, como ya hemos podido observar al dibujar someramente más arriba la imagen de Jesús de cada uno de los estadios del Evangelio de Tomás. Pero luego añade: “Urgen de esa manera preguntas abiertas… que todavía no han sido contestadas de manera definitiva ni satisfactoria (ni seguramente lo serán nunca) por ningún experto y que cada cual debe intentar responderse a sí mismo a partir de la reflexión que puede surgir de su experiencia personal con el material literario primitivo cercano al Jesús de la historia que ofrecemos en este libro” (p. 87).
 
En la próxima entrega (probablemente el 10 de julio) expondré y haré unas consideraciones sobre la cuestión básica que domina la parte principal del libro que comentamos: el material del EvT del primer estrato es independiente y anterior al de los evangelios sinópticos
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.ciudadanojesus.com
 
Sábado, 8 de Julio 2017
Primer Estrato del Evangelio de Tomás. “El Jesús de la historia. Un acercamiento a través de este Evangelio” (II)
Escribe Antonio Piñero
 
Seguimos con la descripción del contenido del libro de Joaquín Riera Ginestar, que lleva el título de esta postal
 
Para llegar a una solución respecto a las cinco posibilidades de interpretación del EvT (que expusimos al final de la postal anterior), nuestro autor parte en primer lugar de la perentoria necesidad de distinguir entre dos estratos bien claros que componen el EvT, y lo fundamenta del modo siguiente:
 
“El hecho de que los dobletes, o dos versiones de un mismo dicho, sean numerosos en el EvT (ejemplos: 21,5 y 103; 48 y 106; 56-80), así como la presencia de ideas divergentes que muestran corrientes de pensamiento también divergentes (sapienciales; apocalípticas; paulinas; ascético-encratitas; místicas; presencia o ausencia de conceptos que podrían llamarse gnósticos / herméticos / ideas influidas por las religiones persa e hindú) en el texto del EvT… ponen de manifiesto que el autor o autores del EvT utilizaron y reelaboraron dos o más fuentes escritas” (pp. 63-64).
 
Basado en este presupuesto, en las pp. 74-85, ofrece nuestro autor una propuesta de estratificación del EvT, siguiendo de cerca los análisis de J. D. Crossan (1994, 489-490).
 
I El primer estrato contendría material literario muy antiguo sobre Jesús tomado de una fuente (que hipotéticamente podría haber existido en Jerusalén dentro de la comunidad judeocristiana dirigida por Santiago el Justo, el hermano del Señor [Gal 1,19], ejecutado por lapidación en el 62 d. C., según testimonia Flavio Josefo, Antigüedades de los judíos XX 200), fecha que marcaría el término final de su redacción.
 
“Esta fuente aparece muy adulterada en el conjunto global del EvT ya que los materiales posteriores se incrustan en ella”, es decir, en la obra actual y a primera vista no se distinguen los materiales antiguos y recientes de la obra.
 
Sin embargo, hay un método para separar y recuperar el material que más interesa al historiador que investiga sobre el Jesús de la historia: “Esta fuente antigua es distinguible y recuperable en gran parte en aquellas unidades con atestiguación independiente (‘Q’, ‘M’ y ‘L’) o material paralelo en los evangelios sinópticos (Mc, Mt, Lc)”.  Se cumple así el criterio de “atestiguación múltiple” (p. 75).
 
Riera obtiene la siguiente conclusión (siguiendo también fundamentalmente a J. D. Crossan 1994 y 2003) respecto al valor del estudio del primer estrato del EvT:
 
“Lo más probable es que el EvT dé testimonio en su primer estadio (EvT1) de una tradición sobre Jesús de raíz oral –dichos sueltos–, originada en comunidades judeocristianas palestinas de lengua aramea, que cristaliza en una colección de dichos escrita, que es independiente de los evangelios sinópticos del Nuevo Testamento, y que ofrece una forma más original y primitiva que estos” (p. 62).
 
“Una fuente cuyo principio rector no está relacionado con el credo de la pasión y la resurrección –paulinismo y Evangelio de Marcos– y el que no está presente, o lo está débilmente, la expectativa apocalíptica del Hijo del Hombre propia de la redacción principal del Documento Q (Q2 y Q3: esperanza en el regreso de Jesús como juez en un futuro apocalíptico). Una fuente, en fin, que está vinculada con tradiciones orales o escritas primitivas similares a las que se hallan detrás de la Fuente Q en su primer estrato (Q1), de algunos versículos del Evangelio de Marcos (capítulo 4) y de parte del contenido de las fuentes ‘M’ y ‘L’, y donde los motivos dominantes son la revelación de la sabiduría divina a través de las propias palabras de Jesús y la predicación sobre la presencia del Reino” (p. 62).
 
Y en la pp. 72. 74 opina nuestro autor que es posible que EvT1 fuese fijada por escrito en torno a los años 40-50 d. C., fecha deducible por su parentesco con ‘Q’. (Dicho entre paréntesis: las opiniones más recientes sostienen que la redacción final de ‘Q’ tuvo lugar en torno al año 60-65, ya que algunos de sus sentencias apocalípticas reflejan el ambiente de la Guerra Judía, que comenzó en el 66).
 
La imagen de Jesús que se deduce de este primer estrato es explicitada en las pp. 75-82. Brevemente sus rasgos principales serían los siguientes:
 
· Fue un fariseo peculiar, una combinación de las orientaciones samaíta, hillelita (lideradas por los rabinos Shammai, tradicionalista y severo, y Hillel, más moderno y amplio de miras) y con cierto contacto con el esenismo;
 
· Fue un profeta judío del arrepentimiento, seguidor de Juan el Bautista
 
· En los inicios de su vida pública, Jesús creyó que el Reino sería una realidad trascendente, que se manifestaría terrenalmente, en Israel, en el futuro. Antes habrá un Juicio en el que los justos serán destinados a la salvación y los malos, condenados.
 
· Tras la muerte de su maestro Juan Bautista, Jesús cambio su concepción del reino de Dios. Desde ese momento parece considerar que el Reino ya había llegado; ya estaba presente en la tierra.
 
- Su presencia residís en la renovación de la fe judía que estaba teniendo lugar gracias a Jesús;
- Su esencia era aplicación de una ética radical comprometida con los grupos sociales más desfavorecidos; un igualitarismo contundente que lo hacía oponerse de manera peligrosa al Imperio romano cuya violencia sufre (opresión social, represión militar, materialismo cultural y paganismo religioso).
 
· Sin dejar de ser un maestro de la ley y un profeta o mensajero del Dios de Israel, Jesús se convierte en líder de un movimiento aparentemente apolítico y pacífico pero profundamente subversivo y provocador, que alberga en su seno a personas humildes, oprimidas y marginadas.
 
· Como el reino de Dios ya ha comenzado, se trata de un reino paralelo al Imperio romano y en conflicto con él. El interés de este Reino es que se cumpla – en su sentido primordial y no solamente a nivel formal o aparente– la ley que Dios otorgó a Moisés. La idea es hacer que el reino de momento invisible se convierta en una realidad en la tierra y se imponga la justicia y la solidaridad entre los hombres.
 
· El Reino presente no está aún completo; es algo pequeño (parábolas de la semilla, la levadura, el fuego) pero llegará a ser grande (temas del árbol, pan, y el incendio), aunque tenga que convivir hasta ese momento con la injusticia y el mal (parábola del trigo y la cizaña).
 
· Este Jesús reúne a un grupo de seguidores y les encomienda la misión de expandir por Galilea su mensaje. Pide a los misioneros no solo romper con sus familias y sus trabajos (si es que los poseen), sino estar preparados para padecer penalidades que pueden conducir hasta la pérdida de la propia vida.
 
· En su faceta de predicador itinerante Jesús presenta cierta semejanza con el modo de actuación de los cínicos del mundo helenístico circundante, aunque en vez de individualista o autosuficiente y urbano como el movimiento de los cínicos, el movimiento del reino de Dios según Jesús es solidario o comunalista y rural.
 
· El fervor religioso de Jesús y la radicalidad política, social y económica de su mensaje suponen la incomprensión de su familia y de muchos de sus paisanos galileos. Entonces se decide a dar el paso de ir a Jerusalén a llevar su mensaje.
 
·Jesús entra en Jerusalén, de manera premeditada o involuntariamente, como Mesías de Israel o rey liberador del pueblo judío; Jesús no rechaza el título de rey e hijo de David. Esa decisión junto con su actuación en el Templo, expulsando a los mercaderes y amenazando con destruirlo de manera definitiva, además de la respuesta ambigua sobre la cuestión de la legitimidad del tributo que debía pagarse a los romanos, lo presentan ante la oligarquía sacerdotal jerosolimitana y ante las autoridades romanas (lo que es más grave aún) como un elemento peligroso, subversivo, y no solo como un iluminado o un maestro de sabiduría.
 
· En esa tesitura, el prefecto de la provincia romana de Judea, Poncio Pilato, lo condena a morir crucificado por el delito de sedición o rebelión contra del orden romano establecido (pp. 75-82)
 
Aquí echo de menos que el autor hubiese hecho una lista seguida de los textos del EvT que conforman, en su opinión el primer estrato o EvT1 y de cuyo conjunto se han deducido las características de Jesús y del Reino arriba expuestas. Tal lista confeccionarla cada uno por su cuenta de dos maneras: a) o bien anotando los dichos que se comentan en las pp. 103-267; o bien b) teniendo en cuenta que en las pp. 313-320 se ofrece el texto seguido (sin comentario, pero numerado) del segundo estrato, bastaría con eliminarlos y quedarían los del primero. Pero no es tan fácil, ya que algunos dichos del EvT se dividen en partes (numeradas; de 1 al 5/6), y a veces solo se acepta como integrante del primer estrato alguna/algunas partes de esos versículos.
 
Seguiremos el próximo día con la descripción del segundo estrato del EvT, según Riera Ginestar.
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.ciudadanojesus.com
 
 
 
Jueves, 6 de Julio 2017
“El Jesús de la historia. Un acercamiento a través del Evangelio de Tomás” (I)
Escribe Antonio Piñero
 
Escribo hoy sobre un libro muy interesante y de un tema sobre el que se ha escrito bastante (aunque en lengua española haya muy pocas obras), cuyo título es el de esta postal, al que añado algunos datos:
 
Autor: Joaquín Riera Ginestar. Editorial Almuzara, Córdoba, 2017, 391 pp. ISBN: 978-84-17044-13-8. Con ilustraciones y bibliografía.
 
Esta obra se complementa con otras dos más del autor, de las que conozco sólo su versión electrónica: 1. El Jesús original, el material especial de Mateo y Lucas, de 2015 y 2. Jesús al desnudo. Dichos y parábolas primitivos de Jesús de Nazaret de 2016. El libro presente recoge y precisa ideas previamente publicadas (al menos electrónicamente) en los dos libros anteriores. Me parece muy interesante por su contenido y su propósito: reconstruir, en lo posible, la enseñanza de Jesús utilizando como base ante todo el material del Evangelio de Tomás (gnóstico, el descubierto en 1945; publicado en español –en lo que yo conozco– en las obras de José Montserrat, “Evangeli de Tomàs,  en A. PUIG (ed.), Apòcrifs del Nou Testament [Clàssics del Cristianisme 17], Barcelona: Proa 1990,  y la de Armand Puig, Un Jesús desconocido. Las claves del evangelio gnóstico de Tomás, Ariel, Barcelona 2008; y en la edición de Trotta, Madrid, Textos Gnósticos. Biblioteca de Nag Hammadi. Vol. II, Evangelios, Hechos, Cartas, 5ª edición 2016; versión de R. Trevijano). Es importante no confundir este evangelio con el “Evangelio de la infancia de Tomás” (Todos los Evangelios, EDAF, Madrid, 2009, pp. 254-261; en esta obra aparece también una versión del Evangelio de Tomás desde el copto por F. Bermejo).
 
Recalco que la intención principal de la obra de Riera Ginestar es contribuir “a la búsqueda del Jesús histórico” (p. 30), por medio de un estudio del estrato más antiguo de este Evangelio de Tomás gnóstico. El libro, además, ofrece el texto del (presumible científicamente) primer estrato de la “Fuente Q” y de las fuentes especiales de Mateo (M) y de Lucas (L).
 
Indica el autor en la p. 95 el texto español de su obra es una suerte de “edición ecléctica” de los textos, en inglés y francés (o en el caso de Meyer en versión española pero traducida del inglés) de Blatz (1991), Doresse (1960), Guillaumont et alii (1959); Lambdin (1988) Layton (1989), Meyer (1992), Plisch (2008) y Valantasis (1997). En la nota 37 indica el autor que sigue la versión inglesa de Meyer (1992) para la versión de los textos griegos fragmentarios de los papiros de Oxirrinco 654 y 655. Aquí debe decirse que es poco comprensible que el autor no haya utilizado la edición española, con muchas notas, sobre todo textuales, de R. Trevijano, en versión directa del copto (en la obra citada anteriormente Textos Gnósticos. Biblioteca de Nag Hammadi. Vol. II, Evangelios, Hechos, Cartas, Trotta, Madrid, 5ª edición 2016).
 
El presupuesto del autor es que la reconstrucción del primer estrato de la “Fuente Q” e igualmente del primer estrato del Evangelio de Tomás (EvT) puede llevarnos a lograr “un compendio de las enseñanzas de Jesús que la investigación bíblica ha considerado históricamente más próximas a este” (p. 31). Sostiene el autor que el mensaje original de Jesús y su auténtica personalidad se obtiene mediante la comparación de unidades literarias del EvT con los dichos paralelos presentes en el material propio del Evangelio de Mateo, de Lucas (designados como “M” y “L”) y el de la Fuente “Q” (p. 31). Esta es la cuestión básica que discutiremos posteriormente.
 
Deseo señalar que el autor parte de la base de que su lector puede no estar versado en los fundamentos de la ciencia bíblica que serían necesario para entender bien su obra, por lo que en una sección introductoria le informa sucinta, clara pero suficientemente del estado actual de la investigación sobre los temas pertinentes: “Evangelios Sinópticos” (Mateo, Marcos y Lucas), la “Fuente Q” y la división en estratos, sobre todo según la obra de J. Kloppenborg (The Formation of Q: Trajectories in Ancient Wisdom Collections, Fortress Press, Philadelphia 1987; existe un buen resumen en español del primer estadio en J. M. Robinson – J. S. Kloppenborg – P. Hoffmann, El Documento Q en griego y en español, versión de S. Guijarro, Salamanca, Sígueme 2002); qué es la gnosis y el gnosticismo (elementos básicos para comprender el segundo estrato del EvT) y sus posibles contactos con las religiones persa e hindú zoroástrica.
 
Una sección muy importante antes de pasar a la segunda parte (y fundamental) del libro –la traducción, análisis, transcripción de lugares paralelos del Nuevo Testamento y otra literatura cristiana primitiva, e interpretación del contenido de los dichos del EvT– es lo que el autor denomina “Anatomía de una colección antigua de dichos de Jesús”. Y es importante porque en esa sección se explica con detenimiento el método, y sus consecuencias, empleado para dictaminar que el Evangelio de Tomás, en su primer estrato reconstruible técnicamente, contiene dichos de Jesús que son anteriores cronológicamente a nuestros Evangelios, y que el texto reconstruido de ese estrato se puede abordar críticamente la vida y pensamiento de Jesús de Nazaret.
 
Llegados aquí el lector caerá en la cuenta de que entramos de lleno en una polémica ya añeja (que surgió de inmediato nada más publicarse el texto copto del EvT y su traducción inglesa, junto con los fragmentos encontrados a principios del siglo pasado entre los “Papiros de Oxyrrinco”, publicados por Grenfell y Hunt), a saber: ¿son los dichos del EvT “autónomos” e independientes, es decir, proceden de una o unas fuentes anteriores a los recogidos en los Evangelios de Marcos, Mateo y Lucas –es decir, son dichos primarios e importantísimos para reconstruir el pensamiento de Jesús–, o bien son una reinterpretación gnóstica de ese material sinóptico, y por tanto secundarios? En este apartado, en el que se explica el método y los resultados de nuestro autor nos detendremos especialmente luego.
 
Nuestro autor se decanta por la primera opción y retoma los argumentos esgrimidos anteriormente en especial por dos estudiosos de renombre: Helmut Köster, sobre todo en su obra básica, Ancient Christian Gospels, (Koester editó también la obra colectiva Trajectories through Early Christianity, Fortress Press, Philadelphia 1971, donde  se trata igualmente la cuestión del Evangelio de Tomás y de  la fuente Q), y  Jean Dominique Crossan, en diversas obras, especialmente en Jesús: vida de un campesino mediterráneo, Crítica, Barcelona 1994; Jesús desenterrado, Crítica, Barcelona 2003, y The Essential Jesus: Original Sayings and Earliest Images, Wipf and Stock,  Oregon (USA) 2008.
 
 
Prosigue luego el libro, como indicamos, con la exposición y análisis del Primer estrato del Evangelio de Tomás (pp. 99-267), dividido en once secciones que reflejan momentos o temas importantes de la vida de Jesús (Apocalipsis; Herodes Antipas y Juan el Bautista; El Reino; La ética del Reino; Ricos, desheredados, poder y violencia; Religión; Identidad; Rechazo; Conflicto; Misión; Desafíos a la autoridad).
 
A este sigue una exposición del Segundo estrato, con un análisis mucho más breve, ya que al ser una obra de mitad del siglo II y estar trufada de interpretaciones gnósticas, no tiene valor para reconstruir al Jesús histórico (pp. 82-86 y 313-320).
 
Al final de esta sección se hace un resumen seguido del pensamiento de Jesús que se ha ido exponiendo al inicio de cada sección del “Primer estrato”. Es cómodo también para el lector la presentación en este libro del material del primer estrato de la fuente “Q” (Q1), el de la fuente “M” (material propio de Mateo), y de la fuente “L” (material propio de Lucas).
 
Una vez que el lector tiene los ojos el contenido completo de este interesante libro, vuelvo hacia atrás, hacia la “Anatomía de una colección antigua de dichos de Jesús” (pp. 55-73), “Los estratos del Evangelio de Tomás” (pp. 74-86) y “Jesús y su mensaje” (pp. 86-90), que debo sopesar con mayor detenimiento según prometí antes.
 
Las tres clases de dichos de Jesús del EvT son
 
A. “Sentencias –o dichos, lógia– sinópticas”, es decir, con paralelos en los evangelios sinópticos;
B. “Sentencias no sinópticas”;
C: Sentencias de Jesús desconocidas hasta el momento del descubrimiento del EvT
 
Riera presenta muy claramente las diversas posturas de la investigación respecto a la cuestión básica: la relación de los dichos de Jesús en el EvT (con especial hincapié en primer estrato, EvT1) y en los Sinópticos:
 
1. El EvT representa una tradición propia antecedente, en todo o en parte, anterior a los evangelios sinópticos (H. Köster 1971)
 
2. El EvT y la Fuente Q proceden independientemente de una fuente común, por tanto anterior a los Sinópticos (J. Jeremias 1990)
 
3. El EvT es una lectura en clave gnóstica, siríaca, de una fuente previa aramea con influjos de una mentalidad ascética y encratita (enemiga del matrimonio): G. Quispel 1981.
 
4. El EvT1 es anterior a los Sinópticos, los cuales son una deformación escatológica del material al que tiñen de un colorido apocalíptico (J. D. Crossan1985).
 
5. El EvT depende casi totalmente de los Sinópticos, a los que reinterpreta con mayor o menor ambigüedad (W.G. Kümmel 1973; M. Goodacre 2012).
 
 
Seguiremos
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.ciudadanojesus.com
 
 
 
Martes, 4 de Julio 2017
“El lenguaje de la Biblia y el idioma guaraní. Algunos parecidos”. “Compartir. Preguntas y respuestas” (253)
Escribe Antonio Piñero
 
Pregunta:

 
Estimado Doctor y Profesor Piñero: tengo sumo agrado en dirigirme a Ud. a fin de hacerle llegar una inquietud sobre posibles analogías lingüísticas entre el idioma guaraní y palabras de uso bíblico, fundamentalmente nombres propios. Ruego no se me interprete como irreverente dado que no tengo ninguna formación en la materia, pero me veo sobrepasado por la curiosidad ante tantas coincidencias cuya interpretación y correcto sentido me superan.
 
Agradecería su opinión acerca de la lista que le hago llegar adjunta. Tal vez sobre estos temas ya se hayan expedido los eruditos, quizás rechazándolos por inconsistentes o adoptándolos como motivo de investigación. Honestamente no lo sé. Por lo pronto me es imposible avanzar en la lectura bíblica sin preguntarme nada; entro otros aspectos, sobre la lingüística. .
 
Desde ya agradezco su atención. Es para mi un honor escribirle y expresarle mi admiración. Mil disculpas por las molestias, y aprovecho la ocasión para saludarlo con mi mayor consideración y admiración.
 
Apéndice:
 
 
Lista de palabras en guaraní y parecidos en la Biblia:
 
Palabras y nombres similares entra la Biblia/hebreo y el idioma Guaraní
Palabras y nombres en la Biblia o en hebreo Guaraní
  1. Avá; Avva; Avvitas
Avá (hombre)
  1. Yvvá
Yva (fruto)
  1. Maacá
Maká; Macá (ave acuática)
  1. Ayá
Ajá, Ayá (mientras, cuando, durante)
  1. Aná
Aná (pariente)
  1. Pai
Pa’y (sacerdote, padre; parcialidad guaraní)
  1. Técoa
Tekoha (morada, querencia)
  1. Beerá
Verá (brillo)
  1. Ysí
Ysí (resina, caucho)
  1. Yasá
Yasá (vadear)
  1. Puá
Puá (levantar)
  1. Itaí
Itaÿ (banco de rocas, corredera)
  1. Jupá ó Juppá
Juphá ó Rupá (la cama del; nido)
  1. Paraí
Para’y (agua de mar)
  1. Ará
Ára (Tiempo, día, cielo); Ará (genios protectores)
  1. Ticúa o Tiquá
Tïcuá (cebar mate)
  1. Isaí (padre de David)
Isa’y’ÿva (que carece de color)
  1. Tassí o Tasi
Tasy (enfermedad, dolor)
  1. Aché (en el Talmud)
Aché Etnia aborigen paraguaya no guaraní
 
Algunas partículas y palabras bíblicas que se encuentran en la gramática Guaraní
 
Biblia Guaraní
Tapúa, Tappuaj Tapuyas, Tapuias (guaraníes)
Ase Hasé (llora) ra (para)
Arán Paraná
Ananí Ananá
Jurí, Guní, Urí Gurí (niño)
Itamar Ita (roca)
Irí Sirirí; Irí-mage (relacionado al Diluvio)
Asá Arasá (Guayabo)
Irá Guabirá
Atay Yatay (nombre de una palmera)
Caín, Cainan Kainguás; Kaingang
Jananí Ananá; Guaraní?
Eliatá Ata (faltar)
Yataniel Yatay
Tabarieh (Tiberíades) Tabaré, Tabaí, Tava’i
Maresá Resá (tener ojo)
Kenaná Keraná (personaje legendario)
Meraká Aká (cabeza)
Quibrot-Ha-Taavá Tabaí
Amasay Amambay
Avaram ó Anarám Ananá, avá, Paraná,
Parán (desierto de) Paraná; Pará (Brasil)
Jaraca Jararaca (Yarará); Yará (genio protector)
María Mair- Moña
Amitay (padre de Oseas y Jonás) Mitay
Enoc Tupá- Enoi (rezar)
Dina Dinari (primera mujer. Amazonía)
 
Los angwéra son espíritus anunciadores. La partícula ang recuerda a ángel.

Luego del diluvio guaraní, el agua que no se pudo escurrir se estancó en los Paraná, que quiere decir “amargura”. De la pareja sobreviviente al diluvio (Irí-Magé y su compañera) nació un gran Karaí (Señor) llamado Mair- Moñá, o Maira Moñá. Ese “Mair/ Maira” suena a María.

También existía un dios llamado  Yocahuna, o Yovaná, o Yocaná. Por sugestión uno pudiera pensar que proviene de Yahvé o Jehová.
Así mismo, hay palabras del guaraní que no parecen guaraníes: mongolá, parisí, ariconte (sobreviviente del diluvio); corán, man (man es hombre en inglés).
 
 
 
Respuesta:
 
 
Su pregunta sobrepasa con mucho mi calificación. No sé responderle adecuadamente.
 
De modo personal, veo que os parecidos son relativamente pocos, de campos semánticos muy dispares, a veces no de palabras completas, sino de sílabas, y la Biblia está transcrita no de un modo científico, sino popular.
 
Así que de modo personal le digo que esta lista, tal como está, no me impresiona nada y se debe a que las lenguas tiene fundamentos similares ya que es el cerebro humano el que las genera en diversas circunstancias. Tienen que tener parecidos.
 
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.ciudadanojesus.com
 
Domingo, 2 de Julio 2017


Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.








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