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Blog de Tendencias21 sobre la ciencia, la economía y la cultura del deporte



Hace ya mucho tiempo que están prohibidas las gradas de pie en el fútbol español y en muchas ligas europeas. Sólo quedan ya en Alemania, para los torneos nacionales (en las competiciones europeas están prohibidas). A raíz de las catástrofes de estadios como Hillsborough, se consideró que la seguridad aumentaba mucho sin este tipo de gradas, pero pese a ello, nunca ha dejado de debatirse la cuestión. Ahora, el incremento de la violencia en los estadios alemanes induce a pensar que quizás sí que tiene algo que ver estar de pie con el estallido de la violencia.


Un estadio lleno, en Brasil. Imagen: duduhp. Fuente: StockXchng.
Un estadio lleno, en Brasil. Imagen: duduhp. Fuente: StockXchng.
Lo dejo claro desde el principio: yo estoy contra las localidades de pie. Me da miedo la turba, la masa enfurecida, y la masa es menos masa cuando está sentada, y sobre todo cuando tiene dificultades para apretujarse. Dicho esto, es probable que me fije más en los hechos que me dan la razón, pero si usted, querido lector, aún está dispuesto a seguir leyendo, le contaré una historia.

En 1989 murieron 96 personas en Hillsbourugh, todos aficionados del Liverpool, por una avalancha en el estadio. En su momento se acusó a la gente de ser hooligans y haber provocado la avalancha con su violencia; ahora se sabe que no fue así, sino que había exceso de aforo y el estadio estaba en mal estado. A raíz de eso, se prohibió en Inglaterra, y más tarde en la mayoría de países europeos, que hubiera gradas de pie, porque se consideraba que fomentaba la violencia y dificultaba el control del aforo.

Sólo en Alemania, y sólo para las competiciones domésticas, se permite que haya aficionados de pie. Ese es justamente el argumento de varias asociaciones de aficionados en Inglaterra, España y otros países, para que vuelva a haber gradas de pie: aumentaría el aforo, bajarían los precios, y la gente podría elegir cómo ver el fútbol.

Los más radicales sostienen que eliminar las gradas de pie fue una forma de expulsar a las clases bajas de los estadios de fútbol. Eso puede que fuera cierto en Inglaterra, donde los estadios están llenos, y en efecto aumentar el aforo serviría de algo. En España, con la mayoría de estadios medio vacíos, lo que echa a la clase baja de los estadios son los precios.

Alemania, ya lo hemos contado en el blog varias veces, parece el Paraíso del fútbol: entradas baratas, estadios llenos, clubes económicamente fiables... no creo demasiado en los Paraísos, pero era difícil resistirse a los encantos de la Bundesliga. Este cuento de hadas servía también para argumentar que las gradas de pie, acompañadas de un control serio del aforo y de una vigilancia razonable, no tendrían por qué producir ningún problema. Yo siempre pensaba que eso podría funcionar en la civilizada Alemania, no en nuestra querida pero a veces algo bruta España.

Lo cierto es que la violencia en los estadios alemanes está aumentando. Así lo dice la policía, que añade que las gradas de pie favorecen que la gente esconda las bengalas y otros elementos explosivos. Algunos medios, como el Spiegel  (citado por The Guardian), opinan que la policía exagera.

Yo creo que estar de pie sí que incentiva la violencia. Sentar a la gente es una manera de apaciguarla, de "domarla". A eso se añade que cuando las personas se aprietan unas con otras, los sentimientos se exacerban (los buenos y los malos).

Por no hablar de la dificultad para controlar el aforo: en España, por desgracia, cuando hay posibilidad la gente se cuela. A veces son los propios organizadores los que venden entradas de más, como es posible que haya ocurrido en algún desgraciado caso reciente. Por eso mismo, lo responsable es que el estadio no esté a rebosar, que se dificulten las avalanchas. Porque la gente, cuando se junta en masa, no piensa, es irracional. Pero no es culpa suya: es que es inevitable. Lo único que se puede hacer es prevenirlo.

Lo cierto es que en Inglaterra y en España la violencia en los estadios ha disminuido notablemente en los últimos 15-20 años. Hay quien considera que hay otros muchos factores que lo explican, como las cámaras de vídeo que graban a la gente. (Aquí yo aduzco que en las gradas de pie es más fácil esconderse detrás de otro para tirar un objeto.)

Yo tengo clara mi opinión, basada en mi experiencia en estadios de fútbol: me da miedo la masa enfurecida, ya sea con el árbitro, con el rival, o con el entrenador de su propio equipo. No  es ni siquiera un concierto, en el que se supone que la gente está contenta. En los estadios la gente expresa su cabreo sin complejos. Me parece que poner límites, como obligarles a estar sentados, o al menos a dejar espacio entre ellos, es imprescindible.

Tags : fútbol
Miércoles, 26 de Diciembre 2012

Madrid se plantea de nuevo acoger los Juegos Olímpicos, en este caso en 2020. Los políticos insisten en su rentabilidad económica: turismo, infraestructuras, imagen de marca país... algunos economistas, en cambio, se fijan en los precedentes, y no les salen las cuentas. Quizás el quid de la cuestión sea que unos Juegos no son una inversión financiera... sino más bien una fiesta, una fiesta gigantesca y global, irrepetible.


Se habrán cansado ustedes de escuchar a los políticos justificar la candidatura de Madrid a los Juegos Olímpicos (o a cualquier otro evento deportivo o cultural de carácter excepcional) con la consabida cantinela de que sale muy rentable económicamente: viene gente de otros países ex profeso, se habla de la ciudad y el país, se construyen infraestructuras, se mueve dinero, se crea empleo...

Bien, es cierto que se mueve dinero (pero no está claro quién se lo queda), que se crea empleo (temporal, sin contar con que mucho trabajo lo hacen voluntarios), que se construyen infraestructuras (que luego se quedan vacías e inutilizadas), que viene gente de otros países (los deportistas, porque los turistas huyen del follón que se monta)... todo es cierto, salvo seguramente lo de que es rentable económicamente.

Algunos economistas, como Luis Carlos de Euros y balones, han hecho concienzudos análisis sobre este tema, y en concreto demuestran que Barcelona'92 no trajo el maná que se anunciaba (la crisis posterior en el país fue morrocotuda, aunque ahora nos parezca cosa de nada). Stefan Szymanszki, la pareja profesional de Simon Kuper, también ha analizado los informes encargados por los políticos, encontrando que en general son humo.

Yo no tengo tiempo ni ganas de ponerme a hacer cuentas, así que intentaré explicarlo usando el sentido común. Pongamos a un señor que se dedica a organizar fiestas. Tiene sus proveedores, sus lugares contratados, sabe a quién tiene que llamar, qué hacer, cuándo, como... controla el tema. Organiza fiestas de tamaño razonable con asiduidad, va aprendiendo y mejorando el proceso, es todo un experto y casi no tiene ni que pensar. Así es como se consigue rentabilidad con algo: haciéndolo habitualmente, minimizando el esfuerzo y maximizando el beneficio.

Luego imaginemos a ese señor, o a otro, que pretende organizar una fiesta gigantesca, invitar a miles de personas, usar instalaciones que no ha usado nunca, contratar un catering nuevo, hacer juegos y animaciones que nunca había probado antes... por muy listo que sea, seguro que van a salir muchas cosas mal: vendrá gente que no estaba invitada, o sea, gorrones, la gente romperá alguna cosa, la comida no estará en la cantidad adecuada, faltarán bebidas de algún tipo... y cuando la gente se vaya, se quedará solo, con todo por recoger, sin saber muy bien por qué se metió en ese fregado. Por muy bien que vaya todo, es imposible que le salga rentable. Eso sí, la fiesta será inolvidable, habrá conocido gente interesantísima, y se lo habrá pasado muy bien.

Ahora llevemos estos ejemplos al mundo de los eventos deportivos. Organizar un evento todas las semanas, o meses, o incluso años, puede salir rentable, incluso aunque haya que construir instalaciones. Ejemplo: el Madrid Open de tenis, que atrae a un público fiel al tenis, que crea una cierta costumbre, que ya forma parte del paisaje y que contribuye a promocionar la marca Madrid. Seguramente faltará mucho tiempo para amortizar la Caja Mágica, pero digamos que económicamente tiene sentido. Es un trabajo, algo rutinario, que puede llegar a ser aburrido: o sea, que se puede ganar dinero con ello.

En cambio, organizar unos Juegos Olímpicos es organizar un fiestorro sin precedentes, construyendo instalaciones que seguramente no se vuelvan a usar, con una organización en cuestiones de seguridad complejísima, a la que hay que dedicar mucho tiempo, dinero y esfuerzo, y que cuando parece que ya se consigue entender cómo funcionan, chas, se acaban. En el caso de Madrid, casi parecería que ya es algo rutinario, de tantas veces como se ha presentado; muchas instalaciones están hechas ya, por ejemplo. Pero aún así, no es nada comparado con la preparación definitiva.

¿Significa eso que los Juegos son una estafa? Hombre, preferiría que terminaran las obras de la piscina del Polideportivo Barrio de la Concepción (Madrid), que lleva años inutilizada. Pero no estoy en contra de que se organicen los Juegos: si nos olvidamos del montón de cosas que van a salir mal, de que nos van a costar un dineral y de que se nos llenará la casa de gorrones, podremos centrarnos en la cantidad de gente fantástica que vamos a conocer, en que viviremos una experiencia única, en que durante unos días nos olvidaremos de los problemas cotidianos, y en que cuando vayamos a otros países tendremos siempre a alguien que nos reciba en su casa y quiera recordar con nosotros aquel verano de 2020.


En la serie que vengo escribiendo sobre el estado del fútbol español comparado con otros países, especialmente Alemania e Inglaterra, he resaltado que se suele hablar de estos últimos como modelos a seguir, a gran distancia de España. Lo cierto es que en Inglaterra se avergüenzan de su propio modelo, y ponen a Alemania de ejemplo; los alemanes no llegan al punto de mirar a otro país con admiración, pero tienen sus propios (pequeños) problemas.


En todos los estadios cuecen habas

Si usted le pregunta a un aficionado si las entradas del fútbol le parecen caras, ¿qué cree que responderá? Lo obvio, que lo son. En Inglaterra se ha hecho una encuesta entre fans que refleja precisamente ese resultado... y lo cierto es que las entradas son más caras que en España (y que en Alemania). Sin embargo, los estadios están llenos: 90% de ocupación, frente al 75% en España.
 

Me he empapado de artículos en la prensa inglesa, especialmente en The Guardian, en los que se denuncia la situación económica de los clubes (endeudados) y los altos precios de las entradas, poniendo a Alemania de ejemplo de fútbol sostenible. En el tema financiero de los clubes, tienen toda la razón; sin llegar a España, Inglaterra no es un gran ejemplo de sostenibilidad.


En el tema de las entradas, en cambio, creo que las críticas son pura demagogia (sí, The Guardian también practica la demagogia). Con un índice de ocupación del 90%, estás prácticamente al límite de precios. No necesitas bajarlos más, si llenas todas las semanas. Serán más caras las entradas que en Alemania o España... pero el público las compra.
 

En Alemania los precios en general son más bajos, pero como no podía ser de otra forma, también hay protestas. Hace dos años 1.500 aficionados del Borussia Dormund hicieron “huelga” en un partido en casa del Schalke 04, no comprando entradas, devolviéndolas, o incluso absteniéndose de viajar pese a haber comprado ticket (perdiendo el dinero por tanto). ¿Se imaginan una huelga así en España? No... porque además no tendría sentido, con un 75% de ocupación, una huelga no se notaría.
 

Desde 2002, año en que quebró el operador televisivo Kirch y la Bundesliga reformó su modelo, los precios en la Bundesliga han ido creciendo ligeramente y algunos temen que se imite el modelo de la Premier League (la Liga española ni se les ocurre mencionarla). Los aficionados no están del todo contentos, aunque la ocupación es del 93%: los precios son justo los que el mercado pide.
 

¿En qué lugar deja eso a España y a los clubes españoles? En uno no demasiado bueno, como veremos en otro post de esta serie.
 

(Nota: En la Bundesliga ahora mismo se saben los horarios hasta el 28 de septiembre. En Italia y Francia, como en España: hasta el 2 de septiembre. En Inglaterra se saben hasta el 30 de noviembre, aunque son provisionales. Sigue sin parecerme exagerada la improvisación en la fijación de horarios de la Liga española...)


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Perfil
Carlos Gómez Abajo
Eduardo Martínez de la Fe
Carlos Gómez Abajo es máster en periodismo (El País-UAM), Experto en información económica (Universidad de Zaragoza), y licenciado en Ciencias Físicas (UAM), carrera con la que obtuvo el Tercer Premio Nacional Fin de Carrera. Ha trabajado en el diario económico Cinco Días, especializado en Bolsa y tendencias empresariales, y ha sido autor del blog Ojo al dato en ese mismo periódico.