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Blog de Tendencias21 sobre la ciencia, la economía y la cultura del deporte



La victoria de Nico Rosberg en el Gran Premio de China de Fórmula 1 es la primera de su carrera pero no es ninguna sorpresa si se atiende a los datos más allá de las apariencias: es uno de los pilotos más regulares, y el piloto en activo que más partido saca a sus coches, en comparación con sus compañeros de equipo. Supera incluso a Fernando Alonso, considerado por muchos como el mejor. En la historia solo Nelson Piquet mejora las cifras de ambos.


Nico Rosberg. Fuente: Morio
Nico Rosberg. Fuente: Morio
Se suele decir que en Fórmula Uno es más importante el coche que el piloto. Y es bastante cierto. ¿Pero cuánto aporta el piloto? Es difícil saberlo, pero una manera orientativa es comparando su puntuación con la de su compañero, que lleva el mismo coche (salvo que se llame Lewis Hamilton). Así que hemos calculado el porcentaje de puntos que cada piloto ha aportado a sus equipos (sin contar los de esta temporada), y lo hemos hecho para los grandes campeones, para los pilotos con más pruebas disputadas (como Barrichello, Patrese o Coulthard) y para algunos que hemos seleccionado por pura curiosidad (Rosberg, Alguersari, Webber, Massa).

El porcentaje sólo lo hemos calculado para los pilotos de la época moderna, desde 1978, porque antes de esa fecha la puntuación del campeonato de constructores era muy compleja, y muchas veces corrían más de dos pilotos en cada equipo. Está claro que Fangio, con cinco campeonatos del mundo y 24 victorias en 51 pruebas disputadas, estaría muy arriba de la lista.

Pero ojo: comparamos a los pilotos solo con el otro miembro del equipo, no con el resto de sus rivales. Se da el caso de que grandes pilotos tengan compañeros de muy alto nivel, que les "roben" puntos: es el caso de Alain Prost y Ayrton Senna, que compartieron escudería algunos años.

El discreto talento de Nico Rosberg
La lista la encabeza Nelson Piquet, con un 67% de puntos de todos los conseguidos por las escuderías en las que trabajó; seguido de, asómbrense, Nico Rosberg, con un 64%, y Fernando Alonso, con un 63%. Así que cuando dicen que Alonso es el mejor piloto de la parrilla, y que no gana porque no tiene un buen coche... es bastante cierto, solo que quizá sería Rosberg el campeón, a igualdad de condiciones.

A continuación aparece Senna, quizás perjudicado por la competencia con Prost, y luego Kubica (otro de los grandes pilotos actuales según los expertos, a falta de un coche ganador), Schumacher, Prost, Vettel, Mika Hakkinen, Kimi Raikonnen, Button superando por poco a Hamilton, Keke Rosberg (el padre de Nico), Mansell... y después ya pilotos que no han ganado mundiales: Andrea de Cesaris, el más peligroso de la historia (abandonaba casi todas las carreras), Alguersari, Webber, Coulthard, Berger, Fisichella, Barrichello, Massa y Patrese.

Vemos que la diferencia entre un gran piloto como Schumacher y sus compañeros es de un 60-40; o sea, que el piloto aporta en torno a un 30% de los puntos que consigue. Claro que entre pilotos tan buenos, las diferencias son mínimas. Alonso es mejor que sus colegas... pero por muy poco, y si el coche no corre, hay poco que hacer.

Alonso, Hamilton y Vettel consiguieron ser campeones del mundo muy jóvenes, pero otros como Button solo lo lograron cuando se dieron las condiciones. Nos quedamos con una apuesta: Rosberg o Kubica, si tienen un gran coche, ganarán el mundial algún día. Puede que Rosberg lo consiga si Mercedes sigue funcionando bien.

La base histórica del negocio del fútbol son los aficionados que van al estadio, y aunque el dinero de las televisiones y la venta de camisetas cada vez pesan más, los abonados son el valor más sólido de los grandes clubes europeos. Barcelona, Manchester United, Real Madrid y Bayern de Múnich son los clubes más ricos y también los que más aficionados atraen, con un invitado inesperado: el Borussia de Dortmund.


Muchas veces resulta difícil entender al público del Santiago Bernabéu: su equipo es líder y golea, pero unos minutos de pases horizontales para controlar el partido provocan inevitablemente los pitidos del respetable. Claro que, después de pagar 1.000 euros por el abono de Liga, a razón de 50 euros por partido, se entiende mejor que los aficionados sean tan exigentes. Los más de 70.000 abonados del Real Madrid son los que sostienen al club más rico del mundo... como ocurre en todos los demás.

Los ingresos por televisión y el merchandising cada vez tienen más importancia en el negocio del fútbol, pero dependen mucho del ciclo económico. La afluencia de gente a los estadios, en cambio, es un valor sólido y que está íntimamente ligado al prestigio de los clubes de fútbol. Para demostrarlo, hemos relacionado los presupuestos de los 30 clubes más ricos del mundo (según el informe anual de Deloitte ) con la asistencia media a sus estadios en la temporada 2010-11 (datos de la web especializada European Football Statistics ):

El publico siempre tiene la razón (y el dinero)
La relación casi directa entre las dos variables es más evidente si los representamos en una gráfica de dispersión:

El publico siempre tiene la razón (y el dinero)
Hay dos puntos que se salen de la tendencia general. Uno es el Borussia de Dortmund, el segundo club europeo con más espectadores en su estadio, pero cuyo presupuesto solo es el 16º más alto (138,5 millones de euros). También el Schalke 04, el Hamburgo y otros clubes alemanes (no el Bayern, curiosamente) deberían estar más arriba en la tabla de ingresos, pero resulta que en la liga alemana las entradas para el fútbol son más baratas que en otros países, por lo que los presupuestos dependen menos de este apartado.

La otra excepción es la Juventus de Turín, que en la temporada 2010-11 rozó los 22.000 espectadores de media, mientras que por presupuesto (153,9 millones) debería tener el doble. La razón es que en los últimos años el equipo estuvo exiliado en el Estadio Olímpico de Turín, de solo 28.000 espectadores de capacidad, mientras en la ubicación del antiguo Stadio delle Alpi, de 71.000 personas de aforo, se construía el nuevo Juventus Stadium. Con una capacidad de 41.000 localidades, en lo que va de temporada la media de asistencia es de 37.000, más acorde con la historia del club... y con el tamaño de la ciudad.

Porque al final son las ciudades grandes las que permiten congregar a miles de personas en torno a unos colores. Algunas son tan grandes que dan lugar a más de un gran club, como es el caso de Madrid, o más todavía, Londres. En el próximo post explicaremos cómo se hicieron grandes el Real Madrid y el Barcelona: una historia de política, especulación e identidades nacionales en torno a dos estadios de fútbol.

Billy Beane transformó hace 10 años la manera de ver el béisbol en Estados Unidos. Ex jugador mediocre, como mánager aplicó métodos estadísticos que le permitieron descubrir los tópicos erróneos sobre los jugadores, y llevar a su equipo a lo más alto de la liga. Sus ideas también pueden aplicarse al fútbol: no hay que fiarse de la apariencia física, hay que fichar a los 20 años de edad, y no hay que dejarse influir por la prensa y los aficionados. La película 'Moneyball' cuenta su experiencia.


Billy Beane. Autor: Brett Farmiloe
Billy Beane. Autor: Brett Farmiloe
Hoy llega a las carteleras Moneyball, la película protagonizada por Brad Pitt que cuenta las andanzas de Billy Beane, el mánager de béisbol que revolucionó la liga estadounidense con su método basado en las estadísticas y en detectar los fallos del mercado de jugadores.

Los mercados deportivos son seguramente los más eficientes del mundo: a diferencia de, por ejemplo, los ejecutivos de empresas, que trabajan en círculos privados, los deportistas se mueven delante de millones de personas y su actividad es transparente. Los malos rara vez llegan a la élite, y los buenos suelen acabar en los mejores equipos y cobrando los mejores sueldos. Encontrar las pequeñas debilidades de este negocio es muy complicado, pero Beane lo consiguió.

Moneyball está basada en el libro del mismo nombre, publicado en 2003. El autor, Michael Lewis, cuenta cómo Beane se dio cuenta de que las estadísticas que más se valoraban históricamente no eran las más importantes en el juego, y gracias a ello su equipo, el Oakland Athletics, con 41 millones de dólares en salarios, compitió de igual a igual con otros que pagaban 125 millones a sus jugadores.

El fútbol es mucho más difícil de analizar con números que el béisbol y que casi cualquier otro deporte, pero algunos de los descubrimientos de Beane también se le pueden aplicar. Lo explican Simon Kuper y Stefan Szymanski en su muy recomendable libro ¡El fútbol es así! (Soccernomics).

Beane se dio cuenta de que los cazatalentos tenían muchos prejucios puramente estéticos. Desconfiaban de los jugadores gordos, muy delgados o de lanzadores “diestros y bajo”, y sobrevaloraban a los atletas fornidos y guapos, como el propio Beane había sido a los 17 años. En el fútbol se tiende a sobrevalorar a los rubios, quizás porque destacan entre los morenos (salvo en Escandinavia). Los feos, como Iván Campo, también están bajo sospecha.

La edad para comprar un jugador es otra de las claves descubiertas por Beane gracias a las matemáticas: era mejor esperar a los 20-22 años de edad para fichar jóvenes talentos. Es el método utilizado por el Olympique de Lyon, que durante años ha maravillado al fútbol europeo con grandes actuaciones en la Champions League, por encima de sus posibilidades económicas. Los clubes suelen quedarse deslumbrado por los “genios” de 17 años, pero el riesgo de que fracasen es muy grande: el propio Billy Beane fue una promesa fallida. Casos como el de Leo Messi o Maradona hay muy pocos. La pelea por Neymar, que está a punto de cumplir 20 años, quizás ha estado algo inflada hasta el momento.

Hay errores recurrentes que tienen peor arreglo. Oakland es una ciudad mediana de California, y no tiene la presión mediática de Nueva York o Los Ángeles. Por eso Beane pudo permitirse fichar jugadores sin gran renombre: esa es la condena de los grandes clubes, obligados a alimentar las ansias de los hinchas y de la prensa con fichajes de relumbrón, pero sin fuste.

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Perfil
Carlos Gómez Abajo
Eduardo Martínez de la Fe
Carlos Gómez Abajo es máster en periodismo (El País-UAM), Experto en información económica (Universidad de Zaragoza), y licenciado en Ciencias Físicas (UAM), carrera con la que obtuvo el Tercer Premio Nacional Fin de Carrera. Ha trabajado en el diario económico Cinco Días, especializado en Bolsa y tendencias empresariales, y ha sido autor del blog Ojo al dato en ese mismo periódico.