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Blog de Tendencias21 sobre la ciencia, la economía y la cultura del deporte



Arriba mi calle se vistió... de fiesta...

Viernes, 5 de Octubre 2012

Madrid se plantea de nuevo acoger los Juegos Olímpicos, en este caso en 2020. Los políticos insisten en su rentabilidad económica: turismo, infraestructuras, imagen de marca país... algunos economistas, en cambio, se fijan en los precedentes, y no les salen las cuentas. Quizás el quid de la cuestión sea que unos Juegos no son una inversión financiera... sino más bien una fiesta, una fiesta gigantesca y global, irrepetible.


Se habrán cansado ustedes de escuchar a los políticos justificar la candidatura de Madrid a los Juegos Olímpicos (o a cualquier otro evento deportivo o cultural de carácter excepcional) con la consabida cantinela de que sale muy rentable económicamente: viene gente de otros países ex profeso, se habla de la ciudad y el país, se construyen infraestructuras, se mueve dinero, se crea empleo...

Bien, es cierto que se mueve dinero (pero no está claro quién se lo queda), que se crea empleo (temporal, sin contar con que mucho trabajo lo hacen voluntarios), que se construyen infraestructuras (que luego se quedan vacías e inutilizadas), que viene gente de otros países (los deportistas, porque los turistas huyen del follón que se monta)... todo es cierto, salvo seguramente lo de que es rentable económicamente.

Algunos economistas, como Luis Carlos de Euros y balones, han hecho concienzudos análisis sobre este tema, y en concreto demuestran que Barcelona'92 no trajo el maná que se anunciaba (la crisis posterior en el país fue morrocotuda, aunque ahora nos parezca cosa de nada). Stefan Szymanszki, la pareja profesional de Simon Kuper, también ha analizado los informes encargados por los políticos, encontrando que en general son humo.

Yo no tengo tiempo ni ganas de ponerme a hacer cuentas, así que intentaré explicarlo usando el sentido común. Pongamos a un señor que se dedica a organizar fiestas. Tiene sus proveedores, sus lugares contratados, sabe a quién tiene que llamar, qué hacer, cuándo, como... controla el tema. Organiza fiestas de tamaño razonable con asiduidad, va aprendiendo y mejorando el proceso, es todo un experto y casi no tiene ni que pensar. Así es como se consigue rentabilidad con algo: haciéndolo habitualmente, minimizando el esfuerzo y maximizando el beneficio.

Luego imaginemos a ese señor, o a otro, que pretende organizar una fiesta gigantesca, invitar a miles de personas, usar instalaciones que no ha usado nunca, contratar un catering nuevo, hacer juegos y animaciones que nunca había probado antes... por muy listo que sea, seguro que van a salir muchas cosas mal: vendrá gente que no estaba invitada, o sea, gorrones, la gente romperá alguna cosa, la comida no estará en la cantidad adecuada, faltarán bebidas de algún tipo... y cuando la gente se vaya, se quedará solo, con todo por recoger, sin saber muy bien por qué se metió en ese fregado. Por muy bien que vaya todo, es imposible que le salga rentable. Eso sí, la fiesta será inolvidable, habrá conocido gente interesantísima, y se lo habrá pasado muy bien.

Ahora llevemos estos ejemplos al mundo de los eventos deportivos. Organizar un evento todas las semanas, o meses, o incluso años, puede salir rentable, incluso aunque haya que construir instalaciones. Ejemplo: el Madrid Open de tenis, que atrae a un público fiel al tenis, que crea una cierta costumbre, que ya forma parte del paisaje y que contribuye a promocionar la marca Madrid. Seguramente faltará mucho tiempo para amortizar la Caja Mágica, pero digamos que económicamente tiene sentido. Es un trabajo, algo rutinario, que puede llegar a ser aburrido: o sea, que se puede ganar dinero con ello.

En cambio, organizar unos Juegos Olímpicos es organizar un fiestorro sin precedentes, construyendo instalaciones que seguramente no se vuelvan a usar, con una organización en cuestiones de seguridad complejísima, a la que hay que dedicar mucho tiempo, dinero y esfuerzo, y que cuando parece que ya se consigue entender cómo funcionan, chas, se acaban. En el caso de Madrid, casi parecería que ya es algo rutinario, de tantas veces como se ha presentado; muchas instalaciones están hechas ya, por ejemplo. Pero aún así, no es nada comparado con la preparación definitiva.

¿Significa eso que los Juegos son una estafa? Hombre, preferiría que terminaran las obras de la piscina del Polideportivo Barrio de la Concepción (Madrid), que lleva años inutilizada. Pero no estoy en contra de que se organicen los Juegos: si nos olvidamos del montón de cosas que van a salir mal, de que nos van a costar un dineral y de que se nos llenará la casa de gorrones, podremos centrarnos en la cantidad de gente fantástica que vamos a conocer, en que viviremos una experiencia única, en que durante unos días nos olvidaremos de los problemas cotidianos, y en que cuando vayamos a otros países tendremos siempre a alguien que nos reciba en su casa y quiera recordar con nosotros aquel verano de 2020.





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Perfil
Carlos Gómez Abajo
Eduardo Martínez de la Fe
Carlos Gómez Abajo es máster en periodismo (El País-UAM), Experto en información económica (Universidad de Zaragoza), y licenciado en Ciencias Físicas (UAM), carrera con la que obtuvo el Tercer Premio Nacional Fin de Carrera. Ha trabajado en el diario económico Cinco Días, especializado en Bolsa y tendencias empresariales, y ha sido autor del blog Ojo al dato en ese mismo periódico.