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Contra las localidades de pie en el fútbol

Miércoles, 26 de Diciembre 2012

Hace ya mucho tiempo que están prohibidas las gradas de pie en el fútbol español y en muchas ligas europeas. Sólo quedan ya en Alemania, para los torneos nacionales (en las competiciones europeas están prohibidas). A raíz de las catástrofes de estadios como Hillsborough, se consideró que la seguridad aumentaba mucho sin este tipo de gradas, pero pese a ello, nunca ha dejado de debatirse la cuestión. Ahora, el incremento de la violencia en los estadios alemanes induce a pensar que quizás sí que tiene algo que ver estar de pie con el estallido de la violencia.


Un estadio lleno, en Brasil. Imagen: duduhp. Fuente: StockXchng.
Un estadio lleno, en Brasil. Imagen: duduhp. Fuente: StockXchng.
Lo dejo claro desde el principio: yo estoy contra las localidades de pie. Me da miedo la turba, la masa enfurecida, y la masa es menos masa cuando está sentada, y sobre todo cuando tiene dificultades para apretujarse. Dicho esto, es probable que me fije más en los hechos que me dan la razón, pero si usted, querido lector, aún está dispuesto a seguir leyendo, le contaré una historia.

En 1989 murieron 96 personas en Hillsbourugh, todos aficionados del Liverpool, por una avalancha en el estadio. En su momento se acusó a la gente de ser hooligans y haber provocado la avalancha con su violencia; ahora se sabe que no fue así, sino que había exceso de aforo y el estadio estaba en mal estado. A raíz de eso, se prohibió en Inglaterra, y más tarde en la mayoría de países europeos, que hubiera gradas de pie, porque se consideraba que fomentaba la violencia y dificultaba el control del aforo.

Sólo en Alemania, y sólo para las competiciones domésticas, se permite que haya aficionados de pie. Ese es justamente el argumento de varias asociaciones de aficionados en Inglaterra, España y otros países, para que vuelva a haber gradas de pie: aumentaría el aforo, bajarían los precios, y la gente podría elegir cómo ver el fútbol.

Los más radicales sostienen que eliminar las gradas de pie fue una forma de expulsar a las clases bajas de los estadios de fútbol. Eso puede que fuera cierto en Inglaterra, donde los estadios están llenos, y en efecto aumentar el aforo serviría de algo. En España, con la mayoría de estadios medio vacíos, lo que echa a la clase baja de los estadios son los precios.

Alemania, ya lo hemos contado en el blog varias veces, parece el Paraíso del fútbol: entradas baratas, estadios llenos, clubes económicamente fiables... no creo demasiado en los Paraísos, pero era difícil resistirse a los encantos de la Bundesliga. Este cuento de hadas servía también para argumentar que las gradas de pie, acompañadas de un control serio del aforo y de una vigilancia razonable, no tendrían por qué producir ningún problema. Yo siempre pensaba que eso podría funcionar en la civilizada Alemania, no en nuestra querida pero a veces algo bruta España.

Lo cierto es que la violencia en los estadios alemanes está aumentando. Así lo dice la policía, que añade que las gradas de pie favorecen que la gente esconda las bengalas y otros elementos explosivos. Algunos medios, como el Spiegel  (citado por The Guardian), opinan que la policía exagera.

Yo creo que estar de pie sí que incentiva la violencia. Sentar a la gente es una manera de apaciguarla, de "domarla". A eso se añade que cuando las personas se aprietan unas con otras, los sentimientos se exacerban (los buenos y los malos).

Por no hablar de la dificultad para controlar el aforo: en España, por desgracia, cuando hay posibilidad la gente se cuela. A veces son los propios organizadores los que venden entradas de más, como es posible que haya ocurrido en algún desgraciado caso reciente. Por eso mismo, lo responsable es que el estadio no esté a rebosar, que se dificulten las avalanchas. Porque la gente, cuando se junta en masa, no piensa, es irracional. Pero no es culpa suya: es que es inevitable. Lo único que se puede hacer es prevenirlo.

Lo cierto es que en Inglaterra y en España la violencia en los estadios ha disminuido notablemente en los últimos 15-20 años. Hay quien considera que hay otros muchos factores que lo explican, como las cámaras de vídeo que graban a la gente. (Aquí yo aduzco que en las gradas de pie es más fácil esconderse detrás de otro para tirar un objeto.)

Yo tengo clara mi opinión, basada en mi experiencia en estadios de fútbol: me da miedo la masa enfurecida, ya sea con el árbitro, con el rival, o con el entrenador de su propio equipo. No  es ni siquiera un concierto, en el que se supone que la gente está contenta. En los estadios la gente expresa su cabreo sin complejos. Me parece que poner límites, como obligarles a estar sentados, o al menos a dejar espacio entre ellos, es imprescindible.




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Perfil
Carlos Gómez Abajo
Eduardo Martínez de la Fe
Carlos Gómez Abajo es máster en periodismo (El País-UAM), Experto en información económica (Universidad de Zaragoza), y licenciado en Ciencias Físicas (UAM), carrera con la que obtuvo el Tercer Premio Nacional Fin de Carrera. Ha trabajado en el diario económico Cinco Días, especializado en Bolsa y tendencias empresariales, y ha sido autor del blog Ojo al dato en ese mismo periódico.