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El Dalai Lama apoya la celebración de los Juegos Olímpicos, el progreso en China, y lamentó los trágicos eventos en Tíbet.
UN LLAMADO DE SU SANTIDAD EL 14º DALAI LAMA AL PUEBLO CHINO
Hoy hago llegar mi sincero saludo a mis hermanas y hermanos chinos en el mundo, en particular, a aquellos en la República Popular China. Ante los hechos acontecidos en Tíbet, quisiera compartir con ustedes mis pensamientos en cuanto a la relación entre los pueblos de Tíbet y China, y realizar un llamado personal a todos ustedes.
Siento gran tristeza por la pérdida de vidas en los trágicos eventos recientes en Tíbet. Estoy consciente de que algunos chinos también fallecieron. Lo lamento por las víctimas y sus familias, y elevo mis plegarias por ellos. La inquietud actual ha demostrado la gravedad de la situación en Tíbet y la necesidad urgente de buscar una solución pacífica y mutuamente beneficiosa mediante el diálogo. Incluso en estas circunstancias, he expresado mi voluntad a las autoridades chinas de trabajar en conjunto para traer paz y estabilidad.
Hermanas y hermanos chinos, yo les aseguro que no tengo deseo alguno de buscar la separación de Tíbet, como tampoco ninguna intención de provocar una brecha entre los pueblos de China y Tíbet. Al contrario, mi compromiso siempre ha sido el encontrar una solución genuina al problema de Tíbet que asegure los intereses a largo plazo de chinos y tibetanos. Mi mayor preocupación, como lo he repetido una y otra vez, es asegurar la supervivencia de la cultura distintiva del pueblo tibetano, su idioma e identidad. Como simple monje que lucha por llevar su vida cotidiana de acuerdo con los preceptos budistas, yo les aseguro la sinceridad de mi motivación.
Le he solicitado al liderazgo de la RPC que comprenda con toda claridad mi posición y trabaje para resolver estos problemas mediante "la búsqueda de la verdad en los hechos". Insto al liderazgo chino a ejercer la sabiduría e iniciar un diálogo significativo con el pueblo tibetano. También les llamo a realizar un sincero esfuerzo en su contribución a la estabilidad y armonía de la RPC, y evitar el crear rupturas entre las nacionalidades. La representación de los medios estatales de los sucesos recientes en Tíbet, utilizando imágenes engañosas y distorsionadas podrían sembrar la tensión racial con consecuencias impredecibles a largo plazo. Esto me resulta muy grave. Igualmente, a pesar de mi permanente apoyo a los Juegos Olímpicos de Beijing, las autoridades chinas afirman que intento sabotear los Juegos, esto con la intención de crear división entre el pueblo chino y mi persona. No obstante, me alienta el que varios intelectuales y eruditos chinos también han expresado su fuerte preocupación por las acciones del liderazgo chino y el potencial de las consecuencias adversas a largo plazo, en particular, en las relaciones entre las distintas nacionalidades.
Desde tiempos antiguos, los pueblos de Tíbet y China han vivido como vecinos. En la historia registrada de dos mil años de nuestros pueblos, en ocasiones desarrollamos relaciones amistosas, incluso llegando a alianzas matrimoniales, mientras que en otros tiempos nos enfrentamos. Sin embargo, ya que el Budismo floreció en China antes de llegar a Tíbet desde India, nosotros los tibetanos hemos tenido históricamente el debido respeto y afecto hacia el pueblo chino como hermanos y hermanas en el Dharma. Esto es algo que los miembros de la comunidad china que viven fuera del país conocen muy bien, algunos de ellos han asistido a enseñanzas budistas, como también a peregrinajes desde el territorio de China, a quienes he tenido el privilegio de conocer. Yo tengo en profunda consideración estos encuentros y siento que pueden contribuir a un mejor entendimiento entre nuestros pueblos.
El siglo XX fue testigo de enormes cambios en muchas partes del mundo y Tíbet también se vio atrapado por esta turbulencia. Luego después de la fundación de la República Popular China en 1949, el Ejército de Liberación Popular entró en Tíbet llegando luego entre ambas naciones al Acuerdo de 17 Puntos en mayo de 1951. Cuando estuve en Beijing en 1954-55, asistiendo al Congreso Nacional Popular, tuve la oportunidad de conocer y desarrollar una amistad personal con varios líderes superiores, incluyendo al Presidente Mao. De hecho, el Presidente Mao me aconsejó sobre varios aspectos, como también me ofreció compromisos personales con respecto al futuro de Tíbet. Alentado por estas seguridades, e inspirado por la dedicación de muchos líderes revolucionarios de China en esa época, regresé a Tíbet lleno de confianza y optimismo. Algunos miembros tibetanos del Partido Comunista también compartían dicha esperanza. Tras mi regreso a Lhasa, puse todo mi esfuerzo en buscar una autonomía genuina para Tíbet dentro de la familia de la República Popular China (RPC). Creí que esto sería lo mejor para los intereses a largo plazo de los pueblos de Tíbet y China.
Infortunadamente, las tensiones que comenzaron a escalar en Tíbet a mediados de 1956, eventualmente condujeron al levantamiento pacífico del 10 de marzo de 1959 en Lhasa, y a mi eventual escape al exilio. Aunque en Tíbet se han dado muchos desarrollos positivos bajo el mando de la RPC, estos avances, como indicó el anterior Panchen Lama en enero de 1989, se vieron opacados por el inmenso sufrimiento y la extensa destrucción. Los tibetanos fueron impelidos a vivir en un estado de temor permanente, mientras el gobierno chino se mantuvo receloso de ellos. Sin embargo, en vez de cultivar la enemistad hacia los líderes chinos responsables por la cruel represión del pueblo tibetano, oré por ellos para que desarrollaran amistad, lo que expresé en las líneas a continuación en una oración que compuse en 1960, un año después de llegar a India: "Puedan ellos alcanzar la sabia visión que discierne entre lo correcto y lo incorrecto, y puedan ellos mantenerse en la gloria de la amistad y el amor". Muchos tibetanos, niños escolares entre ellos, recitan estas líneas en sus plegarias cotidianas.
En 1974, tras serias conversaciones con mi Kashag (gabinete), como también con el Presidente y Vicepresidente de la entonces Asamblea de Diputados del Pueblo Tibetano, decidimos encontrar una Vía del Medio que buscara no separar a Tíbet de China, pero que facilitara el desarrollo pacífico de Tíbet. Aunque no tuvimos ningún contacto en ese momento con la RPC –que se encontraba en plena Revolución Cultural–, ya habíamos reconocido que tarde o temprano, tendríamos que resolver el tema de Tíbet mediante negociaciones. También reconocimos que, al menos en relación a la modernización y el desarrollo económico, sería de gran beneficio para Tíbet si permanecía dentro de la RPC. Aunque Tíbet tiene una herencia cultural rica y antigua, materialmente no se ha desarrollado.
Ubicado en el techo del mundo, Tíbet es la fuente de muchos ríos importantes de Asia, por lo tanto, la protección del medio ambiente en la planicie tibetana es de suprema importancia. Puesto que nuestra mayor preocupación es salvaguardar la cultura budista tibetana –enraizada como está en los valores de la compasión universal-, como también el idioma tibetano y la identidad tibetana única, hemos trabajado con gran sentimiento hacia el logro de una autonomía significativa para todos los tibetanos. La constitución de la RPC otorga el derecho a las nacionalidades, como la tibetana, a contar con ello.
En 1979, el entonces principal líder chino, Deng Xiaoping, aseguró a mi emisario personal que "a excepción de la independencia de Tíbet, todo otro asunto podía negociarse". Puesto que ya habíamos formulado nuestro enfoque para el encuentro de una solución al tema tibetano dentro de la constitución de la RPC, estábamos en buena posición para responder a esta nueva oportunidad. Mis representantes se reunieron varias veces con los oficiales de la RPC. Tras renovar nuestros contactos en 2002, hemos tenido seis rondas de conversaciones. No obstante, en el tema fundamental, no ha habido ningún resultado concreto. Sin embargo, como he dicho muchas veces, yo me mantengo firmemente comprometido con el enfoque de la Vía del Medio y reitero aquí mi voluntad de continuar en búsqueda del proceso de diálogo.
Este año el pueblo chino espera orgullosa y entusiastamente la apertura de los Juegos Olímpicos. Desde un comienzo yo he apoyado la designación de Beijing como sede de los Juegos. Mi posición permanece intacta. China tiene la mayor población del mundo, junto con una historia y civilización enormemente rica. Hoy, dado su impresionante progreso económico, China emerge como una gran potencia. Esto es algo a recibir con beneplácito. Pero China también necesita ganarse el respeto y estima de la comunidad global mediante el establecimiento de una sociedad abierta y armoniosa en base a los principios de la transparencia, libertad y el mando de la ley. Por ejemplo, hasta hoy, las víctimas de la tragedia de la Plaza Tiananmen que afectó adversamente las vidas de tantos ciudadanos chinos, no han recibido reparación alguna, como tampoco una respuesta oficial. De igual forma, cuando miles de chinos comunes en las áreas rurales sufren injusticia a manos de los oficiales locales explotadores y corruptos, sus quejas legítimas son ignoradas o respondidas con agresión. Expreso estas preocupaciones como un ser humano y como alguien que está preparado a considerarse miembro de la gran familia que es la República Popular China. Al respecto, aprecio y apoyo la política del Presidente Hu Jintao para la creación de una "sociedad en armonía", pero esto sólo puede surgir en base a la confianza mutua y una atmósfera de libertad, incluyendo la libertad de palabra y el mando de la ley. Creo profundamente que si estos valores son albergados, muchos problemas importantes con las minorías se pueden resolver, como el tema de Tíbet, al igual que Turquistán del Este y Mongolia Interior, donde el pueblo nativo constituye hoy solo el 20% de un total de 24 millones de habitantes.
He mantenido la esperanza de que la declaración reciente del Presidente Hu Jintao de que la estabilidad y la seguridad de Tíbet se relacionan con la estabilidad y seguridad del país, pueda representar el inicio de una nueva era para la resolución del problema de Tíbet. Resulta infortunado que a pesar de mis sinceros esfuerzos por no separar Tíbet de China, los líderes de la RPC continúen acusándome de "separatista". Igualmente, cuando los tibetanos en Lhasa y muchas otras áreas protestaron espontáneamente para expresar su profundo resentimiento, las autoridades chinas me acusaron de inmediato de haber orquestado sus demostraciones. He solicitado que un cuerpo respetado realice una amplia investigación sobre este argumento.
Hermanas y hermanos chinos –donde quiera que se encuentren-, con profunda preocupación les pido que ayuden a aclarar los malentendidos entre nuestras dos comunidades. Además, les ruego que nos ayuden a encontrar una solución pacífica y duradera al problema de Tíbet mediante el diálogo en el espíritu del entendimiento y acuerdo.
Con mis oraciones,
El Dalai lama
28 de marzo de 2008
Fuente:
Hoy hago llegar mi sincero saludo a mis hermanas y hermanos chinos en el mundo, en particular, a aquellos en la República Popular China. Ante los hechos acontecidos en Tíbet, quisiera compartir con ustedes mis pensamientos en cuanto a la relación entre los pueblos de Tíbet y China, y realizar un llamado personal a todos ustedes.
Siento gran tristeza por la pérdida de vidas en los trágicos eventos recientes en Tíbet. Estoy consciente de que algunos chinos también fallecieron. Lo lamento por las víctimas y sus familias, y elevo mis plegarias por ellos. La inquietud actual ha demostrado la gravedad de la situación en Tíbet y la necesidad urgente de buscar una solución pacífica y mutuamente beneficiosa mediante el diálogo. Incluso en estas circunstancias, he expresado mi voluntad a las autoridades chinas de trabajar en conjunto para traer paz y estabilidad.
Hermanas y hermanos chinos, yo les aseguro que no tengo deseo alguno de buscar la separación de Tíbet, como tampoco ninguna intención de provocar una brecha entre los pueblos de China y Tíbet. Al contrario, mi compromiso siempre ha sido el encontrar una solución genuina al problema de Tíbet que asegure los intereses a largo plazo de chinos y tibetanos. Mi mayor preocupación, como lo he repetido una y otra vez, es asegurar la supervivencia de la cultura distintiva del pueblo tibetano, su idioma e identidad. Como simple monje que lucha por llevar su vida cotidiana de acuerdo con los preceptos budistas, yo les aseguro la sinceridad de mi motivación.
Le he solicitado al liderazgo de la RPC que comprenda con toda claridad mi posición y trabaje para resolver estos problemas mediante "la búsqueda de la verdad en los hechos". Insto al liderazgo chino a ejercer la sabiduría e iniciar un diálogo significativo con el pueblo tibetano. También les llamo a realizar un sincero esfuerzo en su contribución a la estabilidad y armonía de la RPC, y evitar el crear rupturas entre las nacionalidades. La representación de los medios estatales de los sucesos recientes en Tíbet, utilizando imágenes engañosas y distorsionadas podrían sembrar la tensión racial con consecuencias impredecibles a largo plazo. Esto me resulta muy grave. Igualmente, a pesar de mi permanente apoyo a los Juegos Olímpicos de Beijing, las autoridades chinas afirman que intento sabotear los Juegos, esto con la intención de crear división entre el pueblo chino y mi persona. No obstante, me alienta el que varios intelectuales y eruditos chinos también han expresado su fuerte preocupación por las acciones del liderazgo chino y el potencial de las consecuencias adversas a largo plazo, en particular, en las relaciones entre las distintas nacionalidades.
Desde tiempos antiguos, los pueblos de Tíbet y China han vivido como vecinos. En la historia registrada de dos mil años de nuestros pueblos, en ocasiones desarrollamos relaciones amistosas, incluso llegando a alianzas matrimoniales, mientras que en otros tiempos nos enfrentamos. Sin embargo, ya que el Budismo floreció en China antes de llegar a Tíbet desde India, nosotros los tibetanos hemos tenido históricamente el debido respeto y afecto hacia el pueblo chino como hermanos y hermanas en el Dharma. Esto es algo que los miembros de la comunidad china que viven fuera del país conocen muy bien, algunos de ellos han asistido a enseñanzas budistas, como también a peregrinajes desde el territorio de China, a quienes he tenido el privilegio de conocer. Yo tengo en profunda consideración estos encuentros y siento que pueden contribuir a un mejor entendimiento entre nuestros pueblos.
El siglo XX fue testigo de enormes cambios en muchas partes del mundo y Tíbet también se vio atrapado por esta turbulencia. Luego después de la fundación de la República Popular China en 1949, el Ejército de Liberación Popular entró en Tíbet llegando luego entre ambas naciones al Acuerdo de 17 Puntos en mayo de 1951. Cuando estuve en Beijing en 1954-55, asistiendo al Congreso Nacional Popular, tuve la oportunidad de conocer y desarrollar una amistad personal con varios líderes superiores, incluyendo al Presidente Mao. De hecho, el Presidente Mao me aconsejó sobre varios aspectos, como también me ofreció compromisos personales con respecto al futuro de Tíbet. Alentado por estas seguridades, e inspirado por la dedicación de muchos líderes revolucionarios de China en esa época, regresé a Tíbet lleno de confianza y optimismo. Algunos miembros tibetanos del Partido Comunista también compartían dicha esperanza. Tras mi regreso a Lhasa, puse todo mi esfuerzo en buscar una autonomía genuina para Tíbet dentro de la familia de la República Popular China (RPC). Creí que esto sería lo mejor para los intereses a largo plazo de los pueblos de Tíbet y China.
Infortunadamente, las tensiones que comenzaron a escalar en Tíbet a mediados de 1956, eventualmente condujeron al levantamiento pacífico del 10 de marzo de 1959 en Lhasa, y a mi eventual escape al exilio. Aunque en Tíbet se han dado muchos desarrollos positivos bajo el mando de la RPC, estos avances, como indicó el anterior Panchen Lama en enero de 1989, se vieron opacados por el inmenso sufrimiento y la extensa destrucción. Los tibetanos fueron impelidos a vivir en un estado de temor permanente, mientras el gobierno chino se mantuvo receloso de ellos. Sin embargo, en vez de cultivar la enemistad hacia los líderes chinos responsables por la cruel represión del pueblo tibetano, oré por ellos para que desarrollaran amistad, lo que expresé en las líneas a continuación en una oración que compuse en 1960, un año después de llegar a India: "Puedan ellos alcanzar la sabia visión que discierne entre lo correcto y lo incorrecto, y puedan ellos mantenerse en la gloria de la amistad y el amor". Muchos tibetanos, niños escolares entre ellos, recitan estas líneas en sus plegarias cotidianas.
En 1974, tras serias conversaciones con mi Kashag (gabinete), como también con el Presidente y Vicepresidente de la entonces Asamblea de Diputados del Pueblo Tibetano, decidimos encontrar una Vía del Medio que buscara no separar a Tíbet de China, pero que facilitara el desarrollo pacífico de Tíbet. Aunque no tuvimos ningún contacto en ese momento con la RPC –que se encontraba en plena Revolución Cultural–, ya habíamos reconocido que tarde o temprano, tendríamos que resolver el tema de Tíbet mediante negociaciones. También reconocimos que, al menos en relación a la modernización y el desarrollo económico, sería de gran beneficio para Tíbet si permanecía dentro de la RPC. Aunque Tíbet tiene una herencia cultural rica y antigua, materialmente no se ha desarrollado.
Ubicado en el techo del mundo, Tíbet es la fuente de muchos ríos importantes de Asia, por lo tanto, la protección del medio ambiente en la planicie tibetana es de suprema importancia. Puesto que nuestra mayor preocupación es salvaguardar la cultura budista tibetana –enraizada como está en los valores de la compasión universal-, como también el idioma tibetano y la identidad tibetana única, hemos trabajado con gran sentimiento hacia el logro de una autonomía significativa para todos los tibetanos. La constitución de la RPC otorga el derecho a las nacionalidades, como la tibetana, a contar con ello.
En 1979, el entonces principal líder chino, Deng Xiaoping, aseguró a mi emisario personal que "a excepción de la independencia de Tíbet, todo otro asunto podía negociarse". Puesto que ya habíamos formulado nuestro enfoque para el encuentro de una solución al tema tibetano dentro de la constitución de la RPC, estábamos en buena posición para responder a esta nueva oportunidad. Mis representantes se reunieron varias veces con los oficiales de la RPC. Tras renovar nuestros contactos en 2002, hemos tenido seis rondas de conversaciones. No obstante, en el tema fundamental, no ha habido ningún resultado concreto. Sin embargo, como he dicho muchas veces, yo me mantengo firmemente comprometido con el enfoque de la Vía del Medio y reitero aquí mi voluntad de continuar en búsqueda del proceso de diálogo.
Este año el pueblo chino espera orgullosa y entusiastamente la apertura de los Juegos Olímpicos. Desde un comienzo yo he apoyado la designación de Beijing como sede de los Juegos. Mi posición permanece intacta. China tiene la mayor población del mundo, junto con una historia y civilización enormemente rica. Hoy, dado su impresionante progreso económico, China emerge como una gran potencia. Esto es algo a recibir con beneplácito. Pero China también necesita ganarse el respeto y estima de la comunidad global mediante el establecimiento de una sociedad abierta y armoniosa en base a los principios de la transparencia, libertad y el mando de la ley. Por ejemplo, hasta hoy, las víctimas de la tragedia de la Plaza Tiananmen que afectó adversamente las vidas de tantos ciudadanos chinos, no han recibido reparación alguna, como tampoco una respuesta oficial. De igual forma, cuando miles de chinos comunes en las áreas rurales sufren injusticia a manos de los oficiales locales explotadores y corruptos, sus quejas legítimas son ignoradas o respondidas con agresión. Expreso estas preocupaciones como un ser humano y como alguien que está preparado a considerarse miembro de la gran familia que es la República Popular China. Al respecto, aprecio y apoyo la política del Presidente Hu Jintao para la creación de una "sociedad en armonía", pero esto sólo puede surgir en base a la confianza mutua y una atmósfera de libertad, incluyendo la libertad de palabra y el mando de la ley. Creo profundamente que si estos valores son albergados, muchos problemas importantes con las minorías se pueden resolver, como el tema de Tíbet, al igual que Turquistán del Este y Mongolia Interior, donde el pueblo nativo constituye hoy solo el 20% de un total de 24 millones de habitantes.
He mantenido la esperanza de que la declaración reciente del Presidente Hu Jintao de que la estabilidad y la seguridad de Tíbet se relacionan con la estabilidad y seguridad del país, pueda representar el inicio de una nueva era para la resolución del problema de Tíbet. Resulta infortunado que a pesar de mis sinceros esfuerzos por no separar Tíbet de China, los líderes de la RPC continúen acusándome de "separatista". Igualmente, cuando los tibetanos en Lhasa y muchas otras áreas protestaron espontáneamente para expresar su profundo resentimiento, las autoridades chinas me acusaron de inmediato de haber orquestado sus demostraciones. He solicitado que un cuerpo respetado realice una amplia investigación sobre este argumento.
Hermanas y hermanos chinos –donde quiera que se encuentren-, con profunda preocupación les pido que ayuden a aclarar los malentendidos entre nuestras dos comunidades. Además, les ruego que nos ayuden a encontrar una solución pacífica y duradera al problema de Tíbet mediante el diálogo en el espíritu del entendimiento y acuerdo.
Con mis oraciones,
El Dalai lama
28 de marzo de 2008
Fuente:
ANEXO:DALAI LAMA.- Instrucciones para la futura política del Tíbet y las características básicas de su constitución, por Su Santidad el Dalai Lama
"Aunque es difícil predecir el futuro, todos los seres humanos que desean conseguir la felicidad y evitar el sufrimiento, deben hacer planes para el futuro. Como resultado de la ocupación china, los tibetanos en Tíbet están excluidos de sus derechos humanos básicos; no se debe permitir que esta trágica situación continúe para siempre. La historia conocida de Tíbet tiene una más de 2000 años y, según descubrimientos arqueológicos, una civilización de más de 4000 años. Desde el punto de vista étnico, cultural, idioma, forma de vestir y costumbres, el Tíbet es una nación única. Por debajo de las jerarquías de los reyes del Tíbet y el Dalai Lama, existía un sistema político arraigado en los valores espirituales. Como resultado de esto, en Tíbet prevaleció la paz y la felicidad.
De cualquier modo, a mediados de este siglo, las fuerzas chinas marcharon dentro del Tíbet por su frontera oriental de Kham y Amdo. Muy pronto, los chinos intensificaron la represión militar en Tíbet, llevando nuestra situación política a un punto crítico. En esa situación, no tuve otra alternativa que acceder a la petición de mi pueblo de asumir la responsabilidad completa como jefe del estado del Tíbet, aunque solo tenía 16 años.
Con la esperanza de conseguir la paz y la felicidad para mi pueblo, intenté durante muchos años establecer una relación amigable con el poderoso y autoritario gobierno chino. También me puse a reformar los aspectos poco agradables de nuestro sistema social. Con vistas a instaurar una democracia, se constituyó un comité formado por 50 miembros. Por recomendaciones de este comité, se realizaron algunas reformas de bienestar social, pero mis esfuerzos para realizar reformas más amplias fallaron, porque para entonces China había convertido a Tíbet en su colonia. Tras haber conseguido un control completo, las fuerzas armadas chinas olvidaron la disciplina y cortesía que hacían gala en un principio, y se convirtieron en tropas exigentes y represivas.
Se empleó brutalmente es uso de la fuerza para suprimir la resistencia tibetana, primero en Kham y Amdo, y luego en el Tíbet entero a partir de Marzo de 1959. Como resultado, me vi obligado a buscar refugio en la vecina India, para desde allí poder continuar luchando por la causa del Tíbet. En mis prioridades en el exilio, estaba el asegurarme que los miles de refugiados tibetanos que llegaban, pudieran tener un recibimiento cordial, facilidad para recuperarse y adaptarse. También me puse a trabajar con mis proyectos iniciales para democratizar la sociedad tibetana.
En 1960, la primera forma de gobierno representada por la Asamblea de Diputados del Pueblo Tibetano (Corporación legislativa del Tíbet), fue introducida en los refugiados de India. En 1961 publiqué una constitución para el futuro Tíbet, basada en los principios de democracia moderna. En general, esa constitución recibió mucho apoyo de los tibetanos. No obstante, se opusieron con fuerza al artículo que estipulaba que "si las circunstancias lo demandaran", el poder del Dalai Lama podía retirarse constitucionalmente. Por tanto este artículo deberá ser revisado.
En 1963, fue anunciada una constitución más comprensiva y adecuada. Con el intento de democratizar la administración tibetana en el exilio, la Asamblea de Diputados del Pueblo Tibetano, fue autorizada a abolir el tradicional sistema bipolar de nombrar a un monje y un laico en cada puesto oficial. La Asamblea también abolió todos los títulos de herencia y los privilegios exclusivos concedidos a algunas minorías bajo el sistema político antiguo. En su lugar, nuevas instrucciones fueron legisladas, por las que los oficiales del gobierno serán nombrados de un modo democrático. En 1963, aspectos de la constitución, también permitían que un Consejo de Regentes asumieran los poderes del Dalai Lama, si se detectaran ciertas circunstancias y por el mejor interés de la nación. Con sumisión a los deseos del pueblo, como he dicho antes, y a las circunstancias que prevalecían en aquella época, la constitución dio el poder decisivo al Dalai Lama.
Naturalmente, no quedé satisfecho con esta cláusula, sentí que a esta constitución le faltaba mucho por hacer hasta conseguir una democracia auténtica. Por tanto, en 1969, en mi discurso del Aniversario del 10 de Marzo, declaré que el día en que Tíbet recuperara su libertad, el pueblo debía decidir por sí mismo qué tipo sistema de gobierno desea. También dije que no era seguro que el sistema de gobierno con el Dalai Lama a la cabeza, pudiera continuar o no. Más de 3 décadas han pasado desde que la constitución de 1963 fue publicada. Durante estos años, el mundo ha cambiado dramáticamente, y la gente, por todas partes han empezado a valorar los derechos democráticos más que nunca. Se han dado cuenta de que la democracia es fundamental para la libre expresión, libertad de pensamientos y los potenciales humanos. Por tanto, Tíbet también debe cambiar cuando sea independiente. Considerando la cuestión del Tíbet, aunque es un tema internacional, el gobierno chino se ha negado a responder positivamente mis propuestas de 1987 y 1988. Esto me dejó muy triste, porque tomé estas dos iniciativas con sinceridad y como un esfuerzo para buscar una solución pacífica al tema del Tíbet.
El tema del Tíbet no es solo una cuestión de supervivencia de los tibetanos, con su propia y única historia y cultura, también tiene un impacto directo sobre la paz de Asia y del mundo, y particularmente sobre la relación entre dos de los países más poblados del mundo, India y China. También están en juego los derechos humanos contenidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y esfuerzos de la corporación mundial para poner fin a la época expansionista y de colonización. El propio pueblo chino está en contra del presente sistema político y de gobierno, y están reclamando cambios.
Los disidentes chinos en el exilio han dado cuenta y aceptado la realidad de que Tíbet y China son entidades completamente diferentes. También han reconocido que los tibetanos tienen en verdad, el derecho a la independencia y autodeterminación, y no encuentran ninguna justificación a las demandas del gobierno de Pekín que dicen que Tíbet es una parte de China. Hablando globalmente, los valores de democracia, libertad y justicia, están siendo apreciados y aceptados extensamente en todas partes, especialmente en los países de Europa del este, en donde los sistemas totalitarios están siendo marcados por la democracia, y están siendo ayudados a establecer una democracia libre y real. Las personas de esas naciones que habían vivido bajo el yugo de un régimen opresivo, ahora están consiguiendo la libertad y la independencia. Igualmente, la administración y el pueblo tibetano en el exilio, y aún más, especialmente los tibetanos dentro de Tíbet, están luchando duramente por nuestra independencia. Durante más de 40 años, nuestros hermanos en Tíbet han vivida bajo un régimen opresivo y tirano, del cual estaban excluidos completamente los derechos humanos elementales. Naturalmente, el 99% de ellos, jóvenes, viejos o de cualquier ocupación, sienten profundamente la reciente ocupación del Tíbet por China.
A pesar del tremendo riesgo que implica, muchos jóvenes en Tíbet han elegido sacrificar sus intereses individuales para manifestarse contra el gobierno chino en Tíbet.
Hoy día, existe una mayor comprensión de la cuestión del Tíbet en el mundo, y esto ha elevado el interés internacional para apoyar nuestra causa. En este caso, el gobierno chino no tendrá otra alternativa que abandonar su rígida política y venir a la mesa de negociación para encontrar una solución pacífica a la cuestión del Tíbet. En un futuro no lejano, los chinas estarán obligados a abandonar Tíbet. Estaré feliz cuando llegue el tiempo en que los tibetanos en Tíbet y aquellos que están en el exilio puedan reunirse en un Tíbet libre, el actual sistema totalitario tendrá que ceder ante una verdadera democracia bajo la cual, las tres provincias de Tíbet, U-Tsang, Kham y Amdo, podrán disfrutar de libertad de pensamiento, expresión y movimiento. Mi esperanza es que Tíbet entonces, será una zona de paz, donde la protección de la naturaleza y medio ambiente serán la política oficial. También espero que la democracia tibetana se inspirará de los principios budistas de compasión, justicia e igualdad. Además de ser un sistema multi-partidos en el parlamento, el futuro sistema de la política tibetana, tendrá tres órganos de gobierno claramente definidos, el legislativo, el ejecutivo y el judicial, con una separación clara de los poderes entre ellos, siendo cada uno independiente y todos investidos con igual poder y autoridad.
Como siempre he dicho, Tíbet pertenece a los tibetanos, especialmente a aquellos que están en Tíbet. Por tanto, los tibetanos que están en Tíbet, tendrán que soportar la mayor responsabilidad en el gobierno democrático del Tíbet. Además, los oficiales tibetanos al servicio de la ocupación china de Tíbet, tendrán aún mayor responsabilidad, porque tienen más experiencia en dirigir los asuntos de estado. Es importante que esos oficiales tibetanos eviten los sentimientos de duda e incertidumbre, en su lugar, deben poner el máximo esfuerzo en fortalecer su decisión por mejorar la igualdad en la futura administración del Tíbet, y también dedicarse otra vez por la causa de la independencia del Tíbet. Por supuesto, algunos tibetanos, incitados por los chinos, han dicho y hecho cosas en detrimento del Tíbet. Lo han hecho por ignorancia o por miedo.
Por tanto, no veo que sirviera a ningún propósito el buscar venganza por sus actos pasados. Lo importante es esforzarse unidos para conseguir un futuro feliz. Personalmente, estoy seguro de que no voy a hacer ningún papel en el futuro gobierno del Tíbet, ni mucho menos buscar la posición tradicional del Dalai Lama en el gobierno. Hay importantes razones por las que he tomado esta decisión. No hay ninguna duda de que los tibetanos, tanto de dentro como de fuera de Tíbet, tienen muchísima confianza y respeto por mí. Por mi parte, también tengo la determinación de hacer cualquier cosa que pueda ayudar al bienestar de mi pueblo. Estoy en posición de hacer esto por mi karma y oraciones por las vidas pasadas. De cualquier modo, en el futuro no voy a retener ninguna posición oficial en el gobierno. Lo más probable es que seré un tipo de figura pública a la que se recurrirá para pedir consejos o resolver algún problema particularmente importante o difícil, que el gobierno actual o mecanismos políticos no pudieran afrontar. Pienso que estaré en mejor disposición para ayudar a mi pueblo a nivel individual y fuera del gobierno. Además, para que Tíbet sobreviva como miembro igualitario a la comunidad internacional moderna, tiene que reflejar un potencial colectivo de todos los ciudadanos, y no contar con un solo individuo. Esto significa que la gente tiene que estar eficazmente implicada en trazar el mapa de sus propios destinos políticos y sociales. Está por tanto, en los intereses del pueblo tibetano, tanto a corto como a largo plazo, el que haya llegado a esta decisión, y no porque haya perdido interés en mis responsabilidades. No hay que preocuparse por ese tema."
Fuente:http://www.geocities.com/tibetspain/
"Aunque es difícil predecir el futuro, todos los seres humanos que desean conseguir la felicidad y evitar el sufrimiento, deben hacer planes para el futuro. Como resultado de la ocupación china, los tibetanos en Tíbet están excluidos de sus derechos humanos básicos; no se debe permitir que esta trágica situación continúe para siempre. La historia conocida de Tíbet tiene una más de 2000 años y, según descubrimientos arqueológicos, una civilización de más de 4000 años. Desde el punto de vista étnico, cultural, idioma, forma de vestir y costumbres, el Tíbet es una nación única. Por debajo de las jerarquías de los reyes del Tíbet y el Dalai Lama, existía un sistema político arraigado en los valores espirituales. Como resultado de esto, en Tíbet prevaleció la paz y la felicidad.
De cualquier modo, a mediados de este siglo, las fuerzas chinas marcharon dentro del Tíbet por su frontera oriental de Kham y Amdo. Muy pronto, los chinos intensificaron la represión militar en Tíbet, llevando nuestra situación política a un punto crítico. En esa situación, no tuve otra alternativa que acceder a la petición de mi pueblo de asumir la responsabilidad completa como jefe del estado del Tíbet, aunque solo tenía 16 años.
Con la esperanza de conseguir la paz y la felicidad para mi pueblo, intenté durante muchos años establecer una relación amigable con el poderoso y autoritario gobierno chino. También me puse a reformar los aspectos poco agradables de nuestro sistema social. Con vistas a instaurar una democracia, se constituyó un comité formado por 50 miembros. Por recomendaciones de este comité, se realizaron algunas reformas de bienestar social, pero mis esfuerzos para realizar reformas más amplias fallaron, porque para entonces China había convertido a Tíbet en su colonia. Tras haber conseguido un control completo, las fuerzas armadas chinas olvidaron la disciplina y cortesía que hacían gala en un principio, y se convirtieron en tropas exigentes y represivas.
Se empleó brutalmente es uso de la fuerza para suprimir la resistencia tibetana, primero en Kham y Amdo, y luego en el Tíbet entero a partir de Marzo de 1959. Como resultado, me vi obligado a buscar refugio en la vecina India, para desde allí poder continuar luchando por la causa del Tíbet. En mis prioridades en el exilio, estaba el asegurarme que los miles de refugiados tibetanos que llegaban, pudieran tener un recibimiento cordial, facilidad para recuperarse y adaptarse. También me puse a trabajar con mis proyectos iniciales para democratizar la sociedad tibetana.
En 1960, la primera forma de gobierno representada por la Asamblea de Diputados del Pueblo Tibetano (Corporación legislativa del Tíbet), fue introducida en los refugiados de India. En 1961 publiqué una constitución para el futuro Tíbet, basada en los principios de democracia moderna. En general, esa constitución recibió mucho apoyo de los tibetanos. No obstante, se opusieron con fuerza al artículo que estipulaba que "si las circunstancias lo demandaran", el poder del Dalai Lama podía retirarse constitucionalmente. Por tanto este artículo deberá ser revisado.
En 1963, fue anunciada una constitución más comprensiva y adecuada. Con el intento de democratizar la administración tibetana en el exilio, la Asamblea de Diputados del Pueblo Tibetano, fue autorizada a abolir el tradicional sistema bipolar de nombrar a un monje y un laico en cada puesto oficial. La Asamblea también abolió todos los títulos de herencia y los privilegios exclusivos concedidos a algunas minorías bajo el sistema político antiguo. En su lugar, nuevas instrucciones fueron legisladas, por las que los oficiales del gobierno serán nombrados de un modo democrático. En 1963, aspectos de la constitución, también permitían que un Consejo de Regentes asumieran los poderes del Dalai Lama, si se detectaran ciertas circunstancias y por el mejor interés de la nación. Con sumisión a los deseos del pueblo, como he dicho antes, y a las circunstancias que prevalecían en aquella época, la constitución dio el poder decisivo al Dalai Lama.
Naturalmente, no quedé satisfecho con esta cláusula, sentí que a esta constitución le faltaba mucho por hacer hasta conseguir una democracia auténtica. Por tanto, en 1969, en mi discurso del Aniversario del 10 de Marzo, declaré que el día en que Tíbet recuperara su libertad, el pueblo debía decidir por sí mismo qué tipo sistema de gobierno desea. También dije que no era seguro que el sistema de gobierno con el Dalai Lama a la cabeza, pudiera continuar o no. Más de 3 décadas han pasado desde que la constitución de 1963 fue publicada. Durante estos años, el mundo ha cambiado dramáticamente, y la gente, por todas partes han empezado a valorar los derechos democráticos más que nunca. Se han dado cuenta de que la democracia es fundamental para la libre expresión, libertad de pensamientos y los potenciales humanos. Por tanto, Tíbet también debe cambiar cuando sea independiente. Considerando la cuestión del Tíbet, aunque es un tema internacional, el gobierno chino se ha negado a responder positivamente mis propuestas de 1987 y 1988. Esto me dejó muy triste, porque tomé estas dos iniciativas con sinceridad y como un esfuerzo para buscar una solución pacífica al tema del Tíbet.
El tema del Tíbet no es solo una cuestión de supervivencia de los tibetanos, con su propia y única historia y cultura, también tiene un impacto directo sobre la paz de Asia y del mundo, y particularmente sobre la relación entre dos de los países más poblados del mundo, India y China. También están en juego los derechos humanos contenidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y esfuerzos de la corporación mundial para poner fin a la época expansionista y de colonización. El propio pueblo chino está en contra del presente sistema político y de gobierno, y están reclamando cambios.
Los disidentes chinos en el exilio han dado cuenta y aceptado la realidad de que Tíbet y China son entidades completamente diferentes. También han reconocido que los tibetanos tienen en verdad, el derecho a la independencia y autodeterminación, y no encuentran ninguna justificación a las demandas del gobierno de Pekín que dicen que Tíbet es una parte de China. Hablando globalmente, los valores de democracia, libertad y justicia, están siendo apreciados y aceptados extensamente en todas partes, especialmente en los países de Europa del este, en donde los sistemas totalitarios están siendo marcados por la democracia, y están siendo ayudados a establecer una democracia libre y real. Las personas de esas naciones que habían vivido bajo el yugo de un régimen opresivo, ahora están consiguiendo la libertad y la independencia. Igualmente, la administración y el pueblo tibetano en el exilio, y aún más, especialmente los tibetanos dentro de Tíbet, están luchando duramente por nuestra independencia. Durante más de 40 años, nuestros hermanos en Tíbet han vivida bajo un régimen opresivo y tirano, del cual estaban excluidos completamente los derechos humanos elementales. Naturalmente, el 99% de ellos, jóvenes, viejos o de cualquier ocupación, sienten profundamente la reciente ocupación del Tíbet por China.
A pesar del tremendo riesgo que implica, muchos jóvenes en Tíbet han elegido sacrificar sus intereses individuales para manifestarse contra el gobierno chino en Tíbet.
Hoy día, existe una mayor comprensión de la cuestión del Tíbet en el mundo, y esto ha elevado el interés internacional para apoyar nuestra causa. En este caso, el gobierno chino no tendrá otra alternativa que abandonar su rígida política y venir a la mesa de negociación para encontrar una solución pacífica a la cuestión del Tíbet. En un futuro no lejano, los chinas estarán obligados a abandonar Tíbet. Estaré feliz cuando llegue el tiempo en que los tibetanos en Tíbet y aquellos que están en el exilio puedan reunirse en un Tíbet libre, el actual sistema totalitario tendrá que ceder ante una verdadera democracia bajo la cual, las tres provincias de Tíbet, U-Tsang, Kham y Amdo, podrán disfrutar de libertad de pensamiento, expresión y movimiento. Mi esperanza es que Tíbet entonces, será una zona de paz, donde la protección de la naturaleza y medio ambiente serán la política oficial. También espero que la democracia tibetana se inspirará de los principios budistas de compasión, justicia e igualdad. Además de ser un sistema multi-partidos en el parlamento, el futuro sistema de la política tibetana, tendrá tres órganos de gobierno claramente definidos, el legislativo, el ejecutivo y el judicial, con una separación clara de los poderes entre ellos, siendo cada uno independiente y todos investidos con igual poder y autoridad.
Como siempre he dicho, Tíbet pertenece a los tibetanos, especialmente a aquellos que están en Tíbet. Por tanto, los tibetanos que están en Tíbet, tendrán que soportar la mayor responsabilidad en el gobierno democrático del Tíbet. Además, los oficiales tibetanos al servicio de la ocupación china de Tíbet, tendrán aún mayor responsabilidad, porque tienen más experiencia en dirigir los asuntos de estado. Es importante que esos oficiales tibetanos eviten los sentimientos de duda e incertidumbre, en su lugar, deben poner el máximo esfuerzo en fortalecer su decisión por mejorar la igualdad en la futura administración del Tíbet, y también dedicarse otra vez por la causa de la independencia del Tíbet. Por supuesto, algunos tibetanos, incitados por los chinos, han dicho y hecho cosas en detrimento del Tíbet. Lo han hecho por ignorancia o por miedo.
Por tanto, no veo que sirviera a ningún propósito el buscar venganza por sus actos pasados. Lo importante es esforzarse unidos para conseguir un futuro feliz. Personalmente, estoy seguro de que no voy a hacer ningún papel en el futuro gobierno del Tíbet, ni mucho menos buscar la posición tradicional del Dalai Lama en el gobierno. Hay importantes razones por las que he tomado esta decisión. No hay ninguna duda de que los tibetanos, tanto de dentro como de fuera de Tíbet, tienen muchísima confianza y respeto por mí. Por mi parte, también tengo la determinación de hacer cualquier cosa que pueda ayudar al bienestar de mi pueblo. Estoy en posición de hacer esto por mi karma y oraciones por las vidas pasadas. De cualquier modo, en el futuro no voy a retener ninguna posición oficial en el gobierno. Lo más probable es que seré un tipo de figura pública a la que se recurrirá para pedir consejos o resolver algún problema particularmente importante o difícil, que el gobierno actual o mecanismos políticos no pudieran afrontar. Pienso que estaré en mejor disposición para ayudar a mi pueblo a nivel individual y fuera del gobierno. Además, para que Tíbet sobreviva como miembro igualitario a la comunidad internacional moderna, tiene que reflejar un potencial colectivo de todos los ciudadanos, y no contar con un solo individuo. Esto significa que la gente tiene que estar eficazmente implicada en trazar el mapa de sus propios destinos políticos y sociales. Está por tanto, en los intereses del pueblo tibetano, tanto a corto como a largo plazo, el que haya llegado a esta decisión, y no porque haya perdido interés en mis responsabilidades. No hay que preocuparse por ese tema."
Fuente:http://www.geocities.com/tibetspain/
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Editado por
Juan Ramón Blanco Aristín
Juan Ramón Blanco es Licenciado en Derecho y abogado en ejercicio. Es asimismo gerente de Tendencias21 y Secretario General Técnico del Instituto Ciencia y Sociedad.
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