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DERECHOS HUMANOS

Relatos urbanos

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Relatos Urbanos

Una visita a la exposición de Raghu Rai (casa de Asia): PASAJES DE LA INDIA


AUTOR: RAGHU RAI
AUTOR: RAGHU RAI
RELATOS URBANOS: 26 de abril de 2008.

A modo de verdad sin cinismos.


Había poco tiempo, llegué a casa, esperaba una visita, y no podía describir en un párrafo o en una palabra todo lo que había buscado, visto y encontrado. En la mañana las lágrimas caían, me habían emocionado los vídeos de Obama y su gente gloriosa de repetir I AM OBAMA, YES, WE CAM (en vídeos de 30 segundos). De seguido, el vacío de ella purgó mis impulsos, no podía actuar, había tres objetivos al menos para esa mañana, y debía buscar uno prioritario.

Con el agua en los ojos, y la nariz así, no podía salir, empecé a estudiar, a repasar la teoría y la técnica del examen, en poco pude negar con fuera en mi mente, la mentira de esa emoción perdida, ese reclamo de ella, su voz estaba, su mano en la mía borrado en el tiempo, pero esa idea de ayer me hizo pagar duro hoy su falta, su no-presencia, o el jugo que su amor había sembrado en cada parte de mi ser. Había miles de gotas, miles de lágrimas, miles de preguntas, miles de porques, pero nada más, sólo eso.


Foto (jrba sobre obra) Raghu Rai
Foto (jrba sobre obra) Raghu Rai
A media mañana salí a la exposición, aparecí en el metro Sevilla, buscando la Casa de Asía que no conocía. Cómo no, estaba en la Calle Carrera de los Jerónimos, Él precisabamente Él, aparecía allí, indicando la puerta de la primera visita, la exposición del fotoperiorista indio. Joseph tenía razón, al menos precisaba unos 40 minutos para visitar la exposición, y una hora más para desplazamientos. En el metro leí los párrafos del día, que rasgaron el último qué, los “fisilteos”, ¿era yo un filisteo?, no había duda, si, la descripción de Sri, no dejaba lugar a dudas, el por qué, no importa. Yo acepté aquél papel, (su reconocimieto y lo hice valer como mi autocrítica de ese día) y azotado en la emoción y en el metal, entré en la sala de exposiciones..


Foto (jrba sobre obra) Raghu Rai
Foto (jrba sobre obra) Raghu Rai
La exposición de Raghu Rai “PASAJES DE LA INDIA no cerraba ese día, se había ampliado hasta el día 25 de mayo, estaba de enhorabuena. La quietud de la vida de esos preciosos seres que se asomaron a la cámara, la mirada de asombro, fijeza, inquierimiento, se mostraban en los 13 personajes en la mesa de Indira Gandhi, el primer foto-retrato, mientras ella leía una carta, sin importarle las miradas intrigadoras de su admiradores, era Ella.


La India sagrada, la vida en blanco y negro, verlo para sentirlo y creerlo, con ojos bien abiertos, con sus miradas imperecederas, algún saddhu, un mono, las vacas, la lluvia, las nubes, estaciones mágicas, y bulliciosas, parecían advertir otro mundo cerca, pasado y al lado del nuestro. Allí todo estaba lleno de vida, sin emoción y en silencioso sentimiento.


Foto (jrba sobre obra) Raghu Rai
Foto (jrba sobre obra) Raghu Rai
Madre de todos:

Cómo no, también estaba allí la Madre de Todos, la Madre Teresa, pequeñita, encorvada, con tantas arrugas como latigazos recibiera Aquél, su amado, pero sus ojos serenos abrían paso a una contemplación más en la inmensidad, en el infinito, en el amor con todas las letras. Era la primera vez que no la saludaba, no me incliné hacía esa reverencia de silencio y ternura, no precisaba nada, sabía que estaba allí, era un nuevo Encuentro.


El holocausto del gas:

El horror hizo presencia, no le di la bienvendida, no lo rechace, hoy no, ya tenía los ojos resecos, con sólo fijarme era suficiente. El accidente de gas en Bhopal (1984), “Bhopal Gas Tragedy 1984”, más que suficiente. El Raghu Rai dejo ver en un vídeo que se exhibía, que no había dinero para indemnizar a los trabajadores, y que una historia, tal vez real, tal vez culposa, decía que alguien provocó la fuga de gas. 20.000 personas muertas en aquél suburbio, en aquella burla de industrialización, sin sentido. El autor -según contó Raghu- tal vez pretendía un pequeño accidente para cerrar la fábrica. La cara del soborno, la corrupción, el engaño y la mentira de nuevo detrás de la muerte de inocentes, allí su presencia, al menos en la denuncia genuina de Raghu. También refirió que esos 20.000 muertos, los afectados y sus familias habían cobrado menos que los –dijo 2000- muertos del 11 S; la cantidad, la cualidad del dinero, puesta en comparación frente a la vida humana de nuevo, pero no había duda, sin dignidad en su entierro, ni en su recuerdo. Los cuerpos se enterraban unos encima de otros decía , un holocausto del gas.

Me acerqué al joven que estaba en la puerta –cuidador- y le pregunté si podía hacer alguna fotografía sin flash, me dijo que sin problema. Saque el móvil, me acerqué a la Madre Teresa y aquí están esas fotos. Después la de Indira Gandhi, la de su hijo en el entierro de su madre, la de pequeño ser que desenterrado y sin vida lo decía todo, los bebes en botes, y las manitas de un nene agarrando a su papá, -corazón a corazón-.


Relatos Urbanos
Salí de exposición a la 13.30h, llamé a mi amigo, y como ambos nos retrasábamos, estaba bien, tenía tiempo para andar a casa, un paseo de 30 minutos, pero activo. En el camino la Gran Vía, sin querer, mis amigos desconocidos estaban allí, eran otros “yoes”, muchos, segundo a segundo. Un flash, una mirada, otra, una secuencia, el niño, la abuela. Buscaba dos cosas, la imagen infinita viva de ese día, y la escucha del dónde había un derecho humano vivo presente en el exterior que contar en este relato.

Al menos 21.000 (derechos humanos violados:la vida) aparecieron en aquella exposición, pero cientos más en el trayecto de vuelta, el niño en su cuna que me esperada con los ojos serenos, dos segundos de paz, no me dio tiempo ni siquiera a sonreírle, pero en mi corazón había algo que traerme, si, allí estaba la mirada de una anciana, que andaba despacio, ayudada por un bastón, como camuflada entre jóvenes, serena, tranquila, sus ojos profundos clavados en su rostro, un azul de vida, ya gris, ella era la mirada que buscaba encontrar.

Al acercarme a casa, un padre, la abuela y un niño cruzaban la calle, un motorista puso su claxon a sonar para rechazar su presencia, y el grito del padre que se alzó por encima de motorista y le advertía de su riesgo y de su velocidad, alcanzó toda la calle. Ahí estaba presente la vida (el derecho a la vida), de nuevo, manifiesto en los puntos de conflicto. La vida se enciende y apaga a cada instante, se intercambia con ruido, con grito, sin él, o en silencio; y aquélla encierra en sí, todos los derechos humanos válidos a cada instante, pues son 30, pero de más de 6500 millones de personas a cada segundo, trillones y trillones de ellos al día, al año, de vez a vez.

INFORMACIÓN ADICIONAL:

-Dossier de Prensa Casa Asia, con muchas de las fotografías de la exposición.
-Dos Videos de Raghu Rai tal y como el que se muestra en la exposición:
(1) y
(2), en el que se refiere la tragedia del gas.
- Más sobre Ragu Rai, y "fotografiando el alma de la India", en el reportaje de Casa Asicia



Relatos Urbanos
APÉNDICE: “LA LECTURA SOBRE LOS FILISTÉOS”.
CAPÍTULO IX. CIVILIZACIÓN Y CULTURA, extracto “filisteos”. Libro: EL CICLO HUMANO. Autor SRI. AUROBINDO Editorial: Fundación Centro Sri Aurobindo Barcelona.

... (...) ...

Pero la inteligencia del hombre no está total ni exclusivamente compuesta por el intelecto racional y la voluntad racional]b; también forma parte de ella una luz, una fuerza más profunda e intuitiva, más espléndida y poderosa, aunque muchos menos evidente y desarrollada, apenas dueña de sí misma todavía, y para la que ni siquiera tenemos un nombre. En cualquier caso, su función es conducirnos a una especie de iluminación que no se identifica ni con la seca luz de la razón ni con la húmeda y difusa luz del corazón, sino más bien con un relámpago y un esplendor de carácter solar. Puede muy bien asumir un papel secundario y limitarse a ayudar a la razón y al corazón en sus repentinos destellos; pero su tendencia natural es otra, es una tendencia que transciende la razón. Intenta iluminar el ser intelectual, el ser ético y el se estético, iluminar el ser emotivo y el ser activo, iluminar incluso los sentidos y las sensaciones. Ofrece con palabras reveladoras, desvela con destellos relampagueantes, muestras a través de una suerte de hechizo, místico o psíquico, o descubre una luz sosegada y firme, que para el hombre mental es casi sobrenatural, una Verdad más grande y más verdadera que el conocimiento proporcionado por la razón y la ciencia, un bien más vasto y más divino que el sistema de virtudes del moralista, una Belleza más profunda, más universal y más fascinante que la belleza sensual o imaginativa adorada por el artista, un gozo y una sensibilidad divinos que empobrecen y empañan las emociones ordinarias, un Sentido más allá de los sentidos y las sensaciones, un posibilidad de vida y de acción más divinas, que permanece oculta a los impulsos y a la visión del hombre a causa de su conducta en la vida ordinaria. Los efectos de esta luz-fuerza sobre las partes inferiores del ser, de la razón hacia abajo, son muy variados, muy fragmentarios, a menudo muy confusos y engañosos; sin embargo, es hacia esa Verdad, ese Bien, esa Belleza, ese Gozo, hacia esa vida y esa Acción divinas, hacia donde finalmente conduce a través de múltiples deformaciones. Está aprisionada y exangüe, o al menos mutilada y sofocada bajo los credos y las prácticas piadosas: es comercializada y empobrecida sin piedad por la vulgaridad de las religiones convencionales, pero sigue siendo esa luz que la religiosidad y la espiritualidad humano no dejan de perseguir, y hasta en sus peores degradaciones persiste de sus pálidos destellos.

Esta complejidad del ser mental y la ausencia de un principio capaz de controlar los otros sin peligro, la carencia de una luz segura y cierta que pudiera guiar y fijar en sus vacilaciones la razón y la voluntad inteligente, son la gran dificultad, el escollo con que el hombre se enfrenta. Todas las distinciones hostiles, antagonismos, conflictos, conversaciones, reversiones, perversiones y cambios bruscos de su mentalidad, toda la guerra caótica de ideas, impulsos y tendencias que complican su actividad, tiene su origen en incomprensiones naturales y en reivindicaciones antagónicas de las múltiples partes de su ser. La razón es un juez que dicta veredictos contradictorios y se deja influir o sobornar por los demandantes, la voluntad inteligente, un administrador hostigado por los conflictos entre las distintas facciones de su reino y agobiado por el sentimiento de su propia parcialidad y de su incompetencia. Sin embargo, en medio de todo ello, el hombre ha elaborado ciertas ideas generales acerca de la cultura y la vida mental, y sus nociones contradictorias sobre el tema siguen ciertas líneas definidas, determinadas por las divisiones de la naturaleza, formando un sistema general de curvas que representan sus numerosos tentativas por llegar, sea a una norma exclusiva, sea a un armonía integral.

Sri Aurobindo y la Madre
Sri Aurobindo y la Madre
Encontramos, en primer lugar, la distinción entre civilización y barbarie. En su sentido ordinario y popular, el término “civilización” designa el estado de una sociedad gobernada, legislada, organizada y educada, que posee unos ciertos conocimientos y capacidad para aplicarlos en la práctica, por oposición a una sociedad que carece, o al menos así se supone, de tales logros. En un cierto sentido, los pieles rojas, los bassutos, los nativos de Fidji, tenían su civilización; poseían una sociedad simple pero rigurosamente organizada, tenían una ley social, algunas ideas morales, una religión, un cierto tipo de educación y buen número de virtudes, algunas de las cuales no posee el hombre civilizado. Acordamos sin embargo llamarles salvajes y bárbaros, sobre todo, según parece a causa de sus conocimientos primarios y limitados, de la primitiva tosquedad de sus herramientas y de la simplicidad elemental de su organización social.

Para niveles algo más desarrollados de la sociedad empleamos epítetos tales como “semicivilizdos” o “semibárbaros”, que las diferentes civilizaciones se otorgan recíprocamente, aunque la que consigue triunfar materialmente y dominar momentáneamente a las otras impone, naturalmente, su criterio. Antaño los hombres eran más rectos y más simples; expresaban francamente su punto de vista, estigmatizado en bárbaros o mlechchhas a todos los pueblos cuya cultura general difería de la suya. Empleada así, la palabra civilización termina por tener un sentido puramente relativo y apenas delimitado. Debemos pues despojar a esta palabra de todos lo que es temporal y accidental y fijarla según el siguiente criterio: podemos llamar barbarie a aquel estado de la sociedad en la que el hombre está casi exclusivamente preocupado por su vida y su cuerpo, por su existencia económica y física -en principio por su nivel de subsistencia más elemental, sin aspirar todavía a u n bienestar más amplio- y en el que el cuenta con pocos medios y escasa inclinación para el desarrollo de su mente, la civilización, por su parte, es un estado más evolucionado de la sociedad en el que la actividad de la vida mental viene a añadirse a una organización social y económica suficiente e impregna la mayor parte de las capas sociales, si no todas; algunas de estas capas pueden ser ocasionalmente marginadas o desdeñadas, quedando temporalmente atrofiadas a causa de su inactividad, lo que no impide a la sociedad ser manifiesta o incluso altamente civilizada en su conjunto. Esta definición permite incluir a todas las civilizaciones históricas y prehistóricas y excluir a todas las barbaries, sean de África, Europa o Asia, sean hunos, godo, vándalos o turcomanos. Es evidente que en un estado de barbarie pueden excluir rudimentos de civilización; es evidente también que en una sociedad civilizada pueden subsistir grandes focos de barbarie o numerosos vestigios bárbaros. En este sentido, todas las sociedades son semicivilizadas. u[¿Cuántas realizaciones de nuestra civilización actual no serán consideradas más adelante con asombro y desaprobación por una humanidad más desarrollada como supersticiones y atrocidades de una era imperfectamente civilizadas?]u. Como quiera que sea, el punto importante a destacar es que en toda sociedad digna de ser llamada civilizada, la mentalidad del hombre deber ser activa, tiene que haber alcanzado un cierto grado de desarrollo en sus procesos mentales y tener una clara conciencia de que es el ser mental el que ha de gobernar y mejorar la vida.]cg


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Pero una sociedad civilizada, es preciso distinguir también al hombre cultivado del que no es más que parcial, grosera y convencionalmente civilizado. Pues parece que una simple participación en los beneficios ordinarios de la civilización no basta para elevar al hombre al nivel de la vida mental propiamente dicha: es necesario un desarrollo mayor de desarrollo, una superior elevación. La última generación distinguida categóricamente entre el hombre cultivado y el filisteo y se hacía una idea bastante precisa de lo que esa diferenciación significaba. Dicho en pocas palabras, el filisteo era el hombre que llevaba exteriormente una vida civilizada con todo el boato que le es propio y se conocía al dedillo el cúmulo de opiniones, prejuicios, convenciones y sentimientos al uso, pero que estaba cerrado a las ideas, era incapaz de usar libremente la inteligencia, carecía de sensibilidad artística y estética, y vulgarizaba todo lo que tocaba , ya fuese la religión, la moral, la literatura, o la vida misma. De hecho, el filisteo es el bárbaro moderno civilizado. Por su apego inteligente a la vida del cuerpo, a los impulsos y necesidades vitales y al ideal puramente doméstico y económico del animal humano, es a menudo el bárbaro físico y vital a media civilizado; pero esencial y generalmente es el bárbaro mental, el hombre medio que vive centrado en las sensaciones. Dicho de otra forma, su vida mental es el correspondiente al substrato mental inferior –la vida de los sentidos, la vida de las sensaciones y las emociones, la vida práctica-; es el ser metal en su primer estado. El filisteo puede ser muya activo, muy afanoso en estos campos, pero no los domina mediante una luz superior ni trata de verlos a un nivel más libre y más noble; tira más bien de las facultades superiores hacia abajo, hacía el nivel de los sentidos, de las sensaciones, de las emociones ignorantes y sin freno, de sentido practico utilitario y elemental. La faceta estética de su personalidad está apenas desarrollada; o no le interesa la bellaza, o sus preferencia estéticas son de los más vulgar y contribuyen más bien rebajar y a vulgarizar el nivel general de la creación y la sensibilidad estética. Es con frecuencia muy estricto en cuestiones de moral, y generalmente mucho más puntilloso que el hombre cultivado en lo que atañe a la valoración ética de la conducta, pero su ser moral es tan primario y poco inculto, ininteligente, su mentalidad está configurada por un conjunto de preferencias y rechazos, de prejuicios y lugares comunes, de apegos a las convenciones sociales y a la respetabilidad, y a una oscura aversión (enraizada en la mente de las sensaciones y no en la inteligencia) por todo lo que desafíe abiertamente los principios de conducta generalmente admitidos o que intente apartarse de ellos. Sus tendencias morales son hábitos de la mente sensorial: es la moralidad del hombre medio; o en la medida en que puedan ser suyas, son una razón y una voluntad puramente prácticas, basadas en las nociones y las reglas de conducta de uso corriente y no el resultado de un pensamiento reflexivo verdadero o de una determinación inteligente. El uso de que todo ello hace no le convierte en un ser mental desarrollado, de idéntica forma o como las idas y venidas continuadas al despacho no hacen del londinense medio un ser físicamente desarrollado, o como la contribución cotidiana a la vida económica del país no hace del empleado de Banco un hombre económicamente desarrollado. No es mentalmente activo, sino mentalmente reactivo, y eso es algo completamente distinto.

Los filisteos no han muerto. Muy al contrario, abundan. Pero no reinan. Los hijos de la Cultura no han vencido exactamente; se han desembarazado del Viejo Goliat, remplazándolo por un gigante nuevo. Es el hombre circunscrito a la sensación que ha despertado a la necesidad, de hacer al menos, algún uso inteligente de sus facultades superiores y trata de ser mentalmente activo. Ha sido fustigado, amonestado y educado para desarrollar en el esa actividad y, por otra parte, vive en un torbellino de informaciones, modas intelectuales, ideas y movimientos nuevos, a los que ya no puede permanecer obstinadamente indiferente. Se ha abierto a las nuevas ideas, es capaz de comprenderlas e incluso de esgrimirlas aunque de una manera más bien confusa, puede comprender o malcomprender un ideal, y arreglárselas para llevarlo a la práctica, y puede incluso, al parecer, combatir y morir por él. Sabe que es preciso preocuparse por los problemas morales, sociales, científicos y religiosos, dar buena acogida a las nuevas tendencias políticas, contemplar con una mirada tan comprensiva como le sea posible todos los nuevos movimientos que en el campo del pensamiento, la investigación y la acción se atropellan o se enfrentan en el mundo moderno. Lee poesía de la misma manera forma que devora novelas o periódicos; tal vez encontraréis en él un discípulo de Tagore o un admirador de Whitman. Sin duda, no tiene ideas muy claras sobre la belleza y la estética, pero ha oído decir que el arte no es una parte completamente desdeñable de la existencia. La sombra de este nuevo coloso está en todas partes; es la gran masa de lectores. Los periódicos, las revistas mensuales y los semanarios le pertenecen; la novela, la poesía y el arte son los proveedores de su mente; el teatro, el cine la radio existen par él; la ciencia se apresura a depositar a su puerta sus conocimientos y sus descubrimientos y a equipar a la emancipación de la mujer, para proclamarla más tarde; él, quien ha hecho nacer el sindicalismo, el anarquismo, la lucha de clases, la insurrección obrera; él, quien hace lo que llaman guerras de ideas o de culturas –un tipo feroz de conflicto, muy en la línea de esta nueva barbarie-; es también él quien lleva a cabo en pocos días las revoluciones rusas que un siglo de esfuerzos y sufrimientos de la intelligentsia no había conseguido realizar. Es su aparición la que ha precipitado la reestructuración del mundo moderno. Si un Lenin, un Mussolini o un Hitler han podio tener un éxito tan rápido y casi inexplicable, es porque esa fuerza motriz –que no estuvo a disposición de su menos afortunados predecesores-, esa masa actuante y pronta a reaccionar, estaba allí para levarlas a la victoria.


Los primeros resultados de este cambio gigantesco han sido estimulantes para nuestra afición al movimiento, pero un poco desconcertantes para el pensador y el amigo de una cultura elevada y refinada; pues si la cultura, o la apariencia de cultura, ha sido en cierta medida democratizada, no parece a primera vista que el amplio acceso a la misma de los de los individuos parcialmente liberados de las capas sociales más bajas la haya elevado ni fortalecido. Tampoco parece que el mundo esté actualmente más directamente dirigido por la razón y la voluntad inteligente de sus mejores espíritus de lo que antaño estuviera. El comercialismo es todavía el eje en torno al cual gira la civilización moderna: un activismo basado en la sensación es aún la fuerza motriz. En conjunto, la educación moderna no ha liberado a este tipo de hombre; solamente le ha transmitido la necesidad de ciertas cosas las que no estaba habituado anteriormente: una actividad mental y unas ocupaciones mentales, sensaciones intelectuales e incluso estéticas, emociones idealistas. Vive todavía en el substrato vital, pero lo que quiere estimulado desde lo alto. Tiene necesidad de un ejercicio de escritores para mantenerlo ocupado mentalmente y proporcionarle alguna clase de alimento intelectual; tiene sed de informaciones generales de todo tipo, informaciones, por otra parte, que no se preocupa o no tiene tiempo de coordinar o asimilar; sed de conocimientos científicos vulgarizados y de cuantas ideas nuevas pueda atrapar, siempre y cuando le sean presentadas de forma llamativa o brillante; sed de sensaciones y excitaciones mentales diversas, sed de ideales, de los que le gusta pensar que inspiran su conducta y a la que confieren, a veces, un cierto barniz. Se trata todavía del activismo y el deslumbramiento por la sensación del ser elemental, pero mucho más abierto y mucho más libre. Y la élite cultivada, la intelligentsia, se da cuenta de que puede encontrar en él una audiencia que jamás abría tenido con el filisteo puro –a condición de que al principio sea capaz de estimularle o divertirle- y de que sus ideas tienen alguna posibilidad de ser ejecutadas, posibilidad que hasta el momento había sido inexistente. El resultado ha consistido en abaratar el pensamiento, el arte y la literatura, el rebajar el talento, incluso el genio, el nivel del éxito popular, y en poder al escritor, al pensador y al sabio en una posición muy semejante a la que ocupaba el esclavo griego cultivado en las familias romanas, donde había que trabajar para su amo, complacerle, divertirle e instruirle, manteniéndose siempre atento a sus gustos y a sus preferencias y halagándole astutamente mediante actitudes o palabras que sabía de antemano que obtendrían su beneplácito. En suma, la vida mental superior ha sido democratizada, encauzada por las vías de la sensación, arrastrada a la acción, con resultados a la vez positivos y negativos. A través de todo ello, el ojo de la fe puede percibir, quizás, un cambio, tosco todavía, pero de enormes dimensiones, que ya ha comenzado. El pensamiento y el Conocimiento, ya que no todavía la Belleza, pueden hacerse oír e incluso activar con presteza una voluntad general bastante vaga, pero cuyos resultados son a fin de cuentas eficaces; la masa de la cultura y de los hombres que piensan y se esfuerzan seriamente por mejorarse y saber si ha aumentado muy considerablemente tras el velo superficial de ese sensacionalismo, e incluso el mismo hombre medio (el hombre “sensacional” ha comenzado a experimentar ya un proceso de transformación. En particular, nuevos métodos de educación y nuevos principios sociales comienzan a ser contemplados como posibilidades prácticas reales, y algún día crearán quizás ese fenómeno aún desconocido en la actualidad: una raza de hombres –y no solamente una clase- que habrá encontrado y desarrollado hasta cierto punto su ser mental, una humanidad cultivada.

Fin del capitulo.


Juan Ramón Blanco Aristín


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Lunes, 28 de Abril 2008

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Juan Ramón Blanco Aristín
Juan Ramón Blanco Aristín
Juan Ramón Blanco es Licenciado en Derecho y abogado en ejercicio. Es asimismo gerente de Tendencias21 y Secretario General Técnico del Instituto Ciencia y Sociedad.



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