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ECONOMÍA

Bitácora

Un filósofo español del pasado siglo venía a señalar con certeras palabras algo perfectamente aplicable, hoy, al mundo económico: “no sabemos lo que nos pasa, y eso es precisamente lo que nos pasa, que no sabemos lo que nos pasa”.

En el ámbito económico, desde 2007, atravesamos una grave crisis económica a nivel internacional que, me temo, no sabemos todavía de dónde viene. Este año 2012, en España, en la Unión Europea y en el G20 se viene hablando de un rescate para el sistema bancario nacional. Todo el mundo, desde el presidente Obama hasta el ciudadano de a pie, está preocupado porque España necesita más de 50.000 millones de euros según las agencias privadas (Oliver Wyman y Roland Berger) para la capitalización de algunas entidades financieras (Bankia, Caixanova, Caja de ahorros del Mediterráneo…), lo cual ha sembrado una situación de incertidumbre en responsables políticos españoles, europeos y americanos. Ante ello, habría que preguntarse por qué ocurre esto o, como diría Ortega y Gasset, “qué es lo que nos pasa”, por qué está en quiebra un grupo tan importante de cajas de ahorros como Bankia que agrupaba entre otras a las poderosas Caja Madrid y Bancaja.

Trabajé como administrativo y, posteriormente, como ejecutivo en el sector de las cajas de ahorros españolas en los años 70 y principios de los 80. En aquella época, estaba muy controlado por parte de la autoridad monetaria el mundo de las cajas de ahorros (saving-bank) y de las entidades de crédito en general. Periódicamente, el Banco de España y los restantes bancos centrales cuidaban muy de cerca el nivel de riesgo y de solvencia de las entidades financieras, de tal manera, que éstas no podían prestar más de, digamos, el 90% de los depósitos y recursos ajenos que captaban. Por ello, el negocio bancario y financiero en general era un negocio privilegiado. Nunca se invertía más de lo que se tenía y, por tanto, el negocio de las cajas y de los bancos era un negocio seguro y rentable. Daba no sólo para mantener la viabilidad de las entidades financieras, sino también para crear fundaciones y obras sociales y benéficas que aliviaban buena parte de las situaciones sociales de la economía nacional e internacional. Era prácticamente imposible que una entidad financiera cayera en problemas de insolvencia, excepto que se hubiera obrado con mala fe o se hubiera caído en problemas contables fraudulentos.

De aquella situación de hace 30 años hasta ahora mucho han cambiado las cosas. No han sido pocas las entidades financieras que han pasado por dificultades y han necesitado que las fusionaran con otra mayor o que recibieran grandes cantidades de dinero para fortalecer su capital y recursos propios. Ya no nos acordamos, pero en el año 2009 y 2010 se han dedicado en el mundo más de 120.000 millones de dólares y/o euros para reforzar los recursos propios de bancos y cajas para evitar de esta forma el pánico bancario, los corralitos y el temor inusitado de los ahorradores que ven perder su dinero. El ciudadano ha visto cómo han desaparecido muchas sucursales bancarias, le están cobrando comisiones en conceptos de cualquier tipo y tener el dinero en la entidad (lo cual antes era rentable y seguro) ahora se ha convertido en algo fastidioso con costes cada vez más insoportables. Lo que ha ocurrido es que, desde los años 80, la desregularización bancaria inspirada por Thatcher y Reagan ha convertido los intercambios financieros en poco menos que en una selva sin orden en la que la avaricia y la codicia ha ocupado un primer lugar. Ello ha coincidido con una burbuja inmobiliaria absolutamente inusitada y perjudicial para la sociedad. A las cajas de ahorros, incluso las medianas y las pequeñas, se han acercado promotores, constructores y especuladores de pisos. Casi todos fueron recibidos con los brazos abiertos en las oficinas bancarias. El motivo era que casi todas estas operaciones eran muy rentables y la codicia de los directivos financieros no tenía límite. A muchos ahorradores se les ofrecían hipotecas mucho más allá de lo necesario, con lo cual todos salían ganando mientras durase la burbuja financiera.

En 2007 se detectaron los primeros síntomas del pinchazo de la burbuja y empezó a despeñarse todo el edificio artificial que se había creado en los años anteriores. Como consecuencia de la avaricia de directivos de cajas y bancos, aunque éstos fueran pequeños, se sobrepasaban ampliamente los límites de crédito prudentes y la forma de financiarlos no era ya a través de depósitos y recursos ajenos captados, que estaban ya agotados, sino acudir a los mercados mayoristas internacionales. Se producía así el endeudamiento de muchas cajas y bancos que al cabo del tiempo se convertía en insoportable. El problema de la solvencia, por tanto, de éstas entidades no ha venido sólo por la morosidad de muchos clientes, que también, sino por la imposibilidad de pagar las enormes deudas en que han incurrido con los mercados financieros internacionales. De esta manera, la forma de cubrir esos enormes agujeros financieros no ha sido otra que recurrir a fondos públicos dado que el Estado es el garante de todo el sistema.

Como se sabe, estos fondos públicos adquieren la forma de miles de parados, rebaja del sueldo de los funcionarios, disminución de gastos sociales para la educación y sanidad, copago, menos infraestructuras y menos cooperación internacional al desarrollo. En definitiva, el ciudadano de a pie paga la avaricia, los errores e incluso la ignorancia de muchos políticos y responsables financieros. He ahí otra razón para la injusticia y la indignación social que se está produciendo en Europa y en todo Occidente.

Miércoles, 27 de Junio 2012


Joaquin Guzman | Comentarios

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Bitácora

El ciudadano de la calle ha empezado a escuchar, pero no a entender, que países soberanos como Grecia, Portugal e Irlanda están en suspensión de pagos y necesitan unos “rescates” millonarios para intentar salir de la situación. Lógicamente, los ajustes que exigen esos “rescates” se traducen en subidas de impuestos, despidos de funcionarios, y duros recortes sociales –menos dinero para educación, salud, pensiones, cobertura de paro, etc.- Todo ello supone un coste humano muy fuerte para la mayor parte de la población: más paro, menos renta y menos capacidad de consumo.

Ante esta situación que no solamente afecta a los tres países señalados, sino que en mayor o menor medida esas políticas de ajuste se aplican en toda la Unión Europea, el ciudadano se pregunta con insistencia: ¿por qué estamos así? ¿tanto poder tienen esos mercados?

Respecto a la primera pregunta, caben al menos dos respuestas que vienen a explicar el enorme déficit público en el que han incurrido los países europeos (y también EE.UU.).

En primer lugar, es cierto que los gobiernos han gastado con excesiva alegría, y en algunos casos se ha derrochado dinero público en conceptos sin justificación, de escasa eficiencia, cuando no con fuertes dosis de fraude y corrupción.

En segundo lugar, no es menos cierto que los gobiernos han tenido que dedicar muchos millones de euros (o dólares) a sanear las entidades financieras que entraron en graves dificultades cuando estalló la crisis financiera en el verano de 2007. Las entidades financieras, a pesar de ser empresas privadas, no son empresas como las demás. Cuando una empresa, grande o pequeña, quiebra es, sin duda, un gran problema, pero ese gran problema, se limita a los acreedores, a los proveedores y muy especialmente a los empleados que quedan en el paro. Indudablemente se produce un coste humano muy importante. Pero cuando una entidad financiera tiene dificultades, no se le puede dejar caer, pues al ser el soporte de la política monetaria y sobre todo, al afectar a la confianza de todo el sistema, sus efectos irían mucho más allá de sus límites empresariales. De ahí que esté plenamente justificado el uso de recursos públicos en los casos de crisis bancaria. Otra cosa es bajo qué condiciones se procede a la intervención del banco central. Obviamente, para financiar esas enormes sumas de recursos, los estados han tenido que salir a los mercados internacionales para canalizar los fondos hacia los bancos y cajas de ahorro en dificultades.

De lo anterior se puede vislumbrar la contestación a la segunda pregunta: los estados nacionales han pedido mucho dinero a los mercados financieros internacionales y poco a poco han situado a éstos en una posición de preponderancia respecto a ellos mismos. Eso es cierto, pero no es menos cierto que los agentes financieros (fondos de inversión, fondos de pensiones, bancos, hedge funds, etc.) que actúan en esos mercados internacionales son los mismos que provocaron la enorme burbuja que, a su vez, propició las crisis que ahora estamos padeciendo.

Esos agentes, que en su día prestaron con excesiva alegría, y crearon las hipotecas basuras y otros activos tóxicos, son los mismos que ahora exigen a los estados la puntual devolución de los fondos prestados y aplican elevados tipos de interés y altas primas de riesgo cuando aprecian que el estado, es decir la sociedad, está en dificultades.

Cuando el estallido de la crisis obligó a reunirse al G-20 con el propósito de reformar los mercados financieros ( e incluso, según afirmó el presidente Sarkozy, para reformar el propio sistema capitalista), parecía que se iba a atajar de raíz el problema. A muchos se nos despertó la esperanza de que de una vez por todas, se cambiara el sistema, se regularizasen los mercados financieros, se acabara de verdad con los paraísos fiscales, se controlara a las agencias de rating, se aplicasen tasas impositivas a los enormes beneficios obtenidos en los mercados especulativos, se pusiese límites a la burbuja financiera internacional…Pero desgraciadamente, tres años después apenas se ha hecho nada en esas cumbres del G-20 y los agentes financieros que actúan en los mercados no solamente controlan las finanzas internacionales sin límite alguno, sino que, por primera vez en la historia, están adquiriendo más poder que los propios estados democráticos y soberanos. Y todo ello con unos costes sociales que la economía oficial ni los considera ni siquiera se los plantea. Esa es la triste realidad de nuestros días.

Martes, 16 de Agosto 2011


Joaquin Guzman | Comentarios

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(Ginebra-Friburgo-Zürich marzo 2011)


(1) Los autores de este llamamiento constatan con preocupación que más de tres años después del comienzo de la crisis que ha hecho la luz sobre las dificultades, limitaciones, peligros y responsabilidades del pensamiento dominante en materia económica, este último continúa ejerciendo un casi-monopolio en el mundo académico. Este monopolio reposa sobre el poder institucional que sus incondicionales ejercen sobre el mundo académico y de la investigación. La dominación, difundida y transmitida por las presuntas mejores universidades remonta a al menos un cuarto de siglo y es mundial. Sin embargo, la manera como este paradigma persiste a pesar de la crisis actual pone en evidencia su magnitud y peligrosidad de su carácter dogmático. Los educadores y investigadores, signatarios del presente llamamiento, constatan que esta situación limita la fecundidad de la investigación y de la docencia en economía, finanzas y administración, ya que los desvía de cuestiones fundamentales para la sociedad.

(2) Este llamamiento es a la vez público e internacional y se inscribe en un marco más amplio de iniciativas convergentes. En efecto, en las condiciones actuales, el mundo académico no esta más en medida de formar espíritus abiertos, innovadores y responsables, capaces de enfrentar los retos actuales y venideros. Esta situación no se limita a Suiza, o a Europa. La investigación debe contribuir al bien común y no producir análisis complacientes sobre los supuestos beneficios de la financiarización de todo el sistema económico obtenido a través de los supuestos beneficios de la innovación y la especulación financiera.

(3) Los profesores, docentes e investigadores son los guardianes de la confianza de la sociedad quien les dio la tarea de servir a la transmisión y la búsqueda constante de una mejor aprehensión de la realidad. Es sólo en este contexto que la libertad académica tiene sentido, ella es responsabilidad y no licencia. Así, hoy por hoy, una de las principales prioridades de la investigación debería ser examinar sus propios fundamentos y prácticas a la luz de los fenómenos que condujeron a la crisis financiera. Sólo entonces será posible desarrollar políticas y remedios que permitan recuperar un funcionamiento equilibrado de la economía.

(4) Es entonces imprescindible superar las discusiones a puertas cerradas entre especialistas todos amoldados al mismo pensamiento dominante. Por construcción, estas discusiones no son capaces de cuestionar sus propias teorías. La situación actual requiere por consiguiente la apertura de estas disciplinas a una investigación fundamental imperativa para establecer la distancia necesaria para su regeneración. Este esfuerzo se ve obstaculizado por una fuerte resistencia interna y debe por lo tanto encontrar relevos externos. Para afirmar un pluralismo de enfoques, conviene entonces debatir sobre los fundamentos (epistemológicos, éticos y antropológicos) de las disciplinas de economía, de finanzas y de administración.

(5) Como depositarios de la confianza de los ciudadanos y como productores de ideas que influyen los comportamientos y las políticas, alertamos la opinión pública y el mundo político sobre el hecho de que las condiciones de cumplimiento responsable de nuestra misión están comprometidas. Este llamamiento se dirige, por una parte, a los estudiantes, jóvenes investigadores, colegas y a los actores económicos, y por otra parte, a aquellos que ejercen responsabilidades públicas en materia de educación y de investigación universitaria, rectores y presidentes de instituciones de enseñanza, sin olvidar a los responsables de estructuras de financiación de la investigación. Es a ellos a quienes les corresponde, en primer lugar, garantizar que las condiciones necesarias para la renovación fundamental para nuestras disciplinas y el regreso al pluralismo de enfoques, sean rápidamente reunidas.

(6) Los profesores y docentes de educación superior, signatarios de este llamamiento sugieren pistas de acción capaces de promover el pluralismo, la defensa contra el riesgo de ceguera dogmática y la deriva de políticas y de comportamientos resultantes. Ellos proponen en particular:

Que un examen retrospectivo y crítico sea puesto en marcha, a fin de poner nuevamente en el espíritu de cada uno la cuestión de la importancia, para la sociedad, de las investigaciones que se producen a través de la financiación pública. La libertad académica no podría justificarse al ignorar la responsabilidad de los docentes e investigadores en este ámbito.

Que en el plano institucional, un enfoque global e interdisciplinario sean realmente promovidos.

(7) Asimismo, se trata de crear las condiciones necesarias para que la pluralidad este presente y sea reconocida en todos los niveles de la jerarquía académica:

A través de la toma en cuenta, en la contratación de nuevos profesores, del interés que estos portan en resolver los problemas socio-económicos, así como la equidad económica en general, la estabilidad y la sostenibilidad del sistema económico-financiero.

A través de la ampliación de los criterios de evaluación de la investigación a fin de incorporar la pertinencia de los temas seleccionados, el contenido y el carácter interdisciplinario de los artículos o de los libros publicados y no sólo el número de publicaciones en algunas revistas monolíticas.

(8) La crítica del pensamiento dominante es una exigencia científica. Se trata entonces de avanzar sobre estas pistas de acción para que el pluralismo se convierta en una realidad reconocida y apreciada y que este ultimo enriquezca el debate público e ilumine las decisiones políticas.

El texto de este llamamiento con las firmas de los autores se encuentra en línea en diferentes versiones lingüísticas en el sitio Web de l’Observatoire de la Finance (http://www.obsfin.ch/) y en el blog http://www.responsiblefinance.ch/.

La adhesión y los comentarios pueden ser hacerse en línea en el blog http://www.responsiblefinance.ch/, o enviados al correo electrónico siguiente manifeste@obsfin.ch.

Martes, 17 de Mayo 2011


Joaquin Guzman | Comentarios

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Bitácora

1252votos

La juventud, hoy

Leo un informe acerca de la delicada situación económica en la que vive la gente joven con menos de 35 años. Quizás sean las cifras de paro el exponente más significativo para reflejar la grave situación de la juventud actual: más del 20% como media en la Unión Europea, siendo muy superior en países como Francia, Italia, Grecia o España, donde, en este último caso, se supera el 40%.

Pero las cifras de desempleo no reflejan toda la realidad en la que vive la juventud actual en estos países europeos desarrollados -no hay que olvidar que en los países subdesarrollados, que son mayoría, más que de empleo hay que hablar de supervivencia y otros problemas aún más perentorios-. Detrás de las cifras de paro se esconden otras realidades que no siempre se valoran en los análisis económicos. Así, el hecho de que en la Unión Europea, uno de cada cinco jóvenes esté en paro (y en España casi uno de cada dos), no quiere decir , ni mucho menos, que los que trabajan tengan resuelta la vida. En la UE, más del 36% de empleo es eventual y en España, este porcentaje alcanza el 73%.

No obstante, la gravedad económica de la juventud europea –insisto, por no hablar de la gravedad aún mayor de muchos países más atrasados- no se queda ahí. La inmensa mayoría de los sueldos no llega a los mil euros, lo cual tiene como consecuencia, por ejemplo, que sea extremadamente difícil el acceso a la vivienda para los jóvenes. Ahora bien, esto no es sólo efecto de la crisis actual. No es algo pasajero. La crisis está agravando la situación, es cierto, pero el problema es mucho más profundo, se localiza en el sistema económico que tenemos. Una muestra de ello es el hecho de que mucho antes de la crisis, hace 30 años, en España a un joven medio le era necesario 14 sueldos mensuales para adquirir una vivienda y ahora son necesarios, nada más y nada menos que 175 sueldos mensuales.

Las condiciones de precariedad en el empleo de la gente joven en los países avanzados son ciertamente lamentables –no digamos en Latinoamérica, Asia o África-. Las empresas grandes tratan de prejubilar a los empleados mayores y contratar a jóvenes, con idiomas y muy preparados, pero con unos costes salariales mucho menores. Si miramos al futuro, las pensiones de los que ahora tienen 25-35 años no están ni mucho menos garantizadas. El sistema económico que estamos construyendo –basado exclusivamente en los mercados- hace aguas por muchos sitios y la grave crisis actual que estamos padeciendo no es más que un exponente más de ello.

En mi opinión, como economista, creo que el fracaso de nuestro sistema económico se localiza principalmente -más allá de la corrupción y falta de moral de muchos responsables económicos- en la ignorancia de los teóricos de la economía. En la ciencia económica hay muchos mitos. Las grandes teorías de la economía (las que sacralizan el mercado) provienen de la universidades “de prestigio” que sólo piensan en el mundo de los ricos y en lo inmediato. No les preocupa la pobreza ni el futuro de la nuevas generaciones.

Y lo peor es que las ideas son las que mueven el mundo. Son más importantes que cualquier otra cosa, incluso que el dinero. Lo que viene ocurriendo desde hace mucho tiempo es que se nos viene vendiendo la idea de que el dinero, a través del mercado, es el exclusivo y excluyente sentido de la vida. Y todos asumimos esa falsa ley económica sin rechistar a pesar de todo el daño que ocasiona. He ahí el tumor que habría que extirpar. Y cada uno, en nuestro papel, deberíamos hacer todo lo posible por conseguirlo. ¿Son los jóvenes conscientes de esta responsabilidad personal?

Lunes, 25 de Abril 2011


Joaquin Guzman | Comentarios

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Entrevista publicada en El Correo de Andalucía.


«No critiquemos al empresario que tenemos, fabriquemos más»
El Catedrático de Economía Aplicada considera que la debilidad empresarial de Andalucía no es culpa de los empresarios, sino de la falta de espíritu emprendedor de una sociedad pasiva.

Cuando se agudizó la crisis se habló de refundar el capitalismo. ¿Qué queda de esta idea?

Nada. Ni se abordaron los problemas en profundidad ni se terminan de regular los mercados financieros. Es lamentable que en el siglo XXI vivamos igual que en la época feudal. Unos cuantos manejan los hilos de la humanidad.

¿Caeremos por tanto en los mismos errores?

Estoy convencido de que sí. De la crisis saldremos a partir del segundo semestre, aunque los cimientos del problema no se han cambiado y se dan todas las condiciones para que, otra vez, se inicie una burbuja financiera que dentro de equis tiempo volverá a cimbrear todo el sistema.

¿Cómo cortar la raíz?

A través de la regulación. Esa ideología económica de la desregulación, dejar a los mercados financieros sin ningún tipo de control, ocasionó toda una burbuja que afectó no sólo a los mercados financieros, a los pudientes, también a las entidades financieras, las que suministran crédito a las pymes y a los ciudadanos. Cerrar el crédito a las pymes supuso cerrar el grifo del empleo.

Filosofía económica...

Y que hace mucha falta. Los economistas de prestigio, en mi opinión pseudo economistas porque no arreglan nada, se mueven a un nivel miope, el técnico, el de corto plazo. No se elevan al nivel filosófico para analizar y debatir qué queremos, hacia dónde ir, con qué ideas, valores y paradigmas.

Pero los mercados imperan en estos momentos.

Los economistas de prestigio, que salen muchas veces en la televisión y en la prensa, son los ortodoxos, y sus opiniones no aportan nada a la solución de los verdaderos problemas económicos: miseria, hambre, supervivencia, vivienda, empleo o salario digno. Se olvidan, de hecho, del 80% de la población mundial, sólo piensan en los ricos. Es como si la investigación médica sólo se dedicara a los sanos, a la medicina deportiva o estética, y no al cáncer o la hepatitis. Una aberración.

Cajas de ahorros. ¿Su privatización es el principio del fin de la banca social?

Sí. Cumplían un papel social más allá de la propia Obra Social, al financiar créditos a pymes y familias humildes, a un interés muy por debajo del de los bancos. Eso se acabó, sólo quedaba la Obra Social, y ahora la conversión en bancos es colocarle la señal de la cruz. La responsabilidad, eso sí, no sólo es del Estado, sino también de los gestores de las cajas, que quisieron equipararse a los banqueros, ganar dinero con lo que fuera, se metieron en negocios como el inmobiliario y se olvidaron de la financiación social.

¿Cómo percibe la economía andaluza?

Tiene todavía el problema estructural de estar basada en sectores productivos de escaso valor añadido. Ahí está la carencia que hace que, en Andalucía, tengamos una altísima tasa de paro.

¿Se trata de un problema empresarial?

De la debilidad empresarial no tienen la culpa los empresarios. Hasta hace unos años, crear una empresa era una carrera de obstáculos. Si alguien se hace empresario, hay que quitarse el sombrero. Si criticamos al señor que se ha tirado a la piscina y ha creado empleo, es una barbaridad. No critiquemos a los empresarios que tenemos, aunque no sean los mejores del mundo, sino ayudemos a crear las condiciones para que surjan nuevos empresarios.

¿Crear las condiciones?

Se puede enseñar a ser buen empresario. La universidad, que tradicionalmente ha estado de espaldas a la empresa, si bien poco a poco estamos colaborando, no ha creado hasta este año un máster de desarrollo empresarial de alta calidad. Ha comenzado aquí, en esta facultad. ¿Quién tiene la culpa del desconocimiento hacia el empresario? Hemos tenido responsabilidad desde los políticos hasta los profesores, porque en las facultades de Economía se crean ejecutivos, no empresarios. En el mercado laboral andaluz existen magníficos ejecutivos, pero no se han fabricado empresarios.

¿Desde esta facultad no se ha fomentado ese espíritu emprendedor?

Hasta hace poco tiempo, no.

¿Hay interés por parte de los alumnos?

El 55% de nuestros alumnos no quiere ser empresario y tiene una imagen negativa del empresario. Es, por tanto, una cuestión mental, de ahí que abordemos el máster de forma multidisciplinar, no sólo con aspectos económicos y técnicos, sino también sociológicos y psicológicos.

¿Se arrastra la figura del señorito?

Esa mentalidad de querer ser señorito va desapareciendo, pero se ha sustituido por una figura demasiado pasiva. Que me den empleo, no crearlo, y salgo a la calle a protestar para que el Gobierno me dé empleo. Es una mentalidad paternalista.

"Ética debería ser asignatura esencial en Económicas"

¿Usted y otros pocos catedráticos sevillanos con las mismas ideas se consideran una, dos, tres gotas en un océano?

Sí. Soy un economista heterodoxo, me preocupan cosas que a la inmensa mayoría no. El objetivo de la economía es la enfermedad económica, la miseria, el paro, y la mayoría de teoría económica ortodoxa se preocupa por temas que afectan poco a la inmensa mayoría de la humanidad.

¿Y se sienten de alguna forma señalados?

En mi entorno cercano, no. Sí he tenido dificultades al publicar artículos en revistas teóricamente de prestigio. La universidad española es aún pública, hay libertad de cátedra, mientras que las americanas de prestigio entre comillas, y ojo, estoy hablando sólo de economía, no de otra disciplina, suelen ser privadas y te impiden investigar y escribir las cosas que realmente tú piensas. De eso aún nos libramos en Europa, aunque, la verdad, no sé hasta cuándo. Si los aires de privatización llegan a la universidad...

¿Las nuevas generaciones universitarias salen mejor o peor preparadas que antes?

En las cuestiones técnicas, bastante mejor, y se agregan, además, los idiomas. En cambio, en la vertiente humana, que todas las disciplinas deberían tener, peor. La enseñanza económica es muy sesgada porque, siendo muy importantes las cuestiones técnicas, es fundamental el lado humanista, el que da la sociología o la psicología, que se han eliminado. Es más, ni siquiera existe la asignatura de Ética que, en esta casa de la economía, me parece imprescindible para así no perder el norte.

¿A qué economistas seguir?

Ya hay economistas que están planteando las cuestiones que realmente preocupan, como Krugman y Stiglitz. Cuando este último estuvo en Sevilla, le pregunté por qué no las propuso cuando era asesor de Clinton o vicepresidente del Banco Mundial. Ahora no tiene responsabilidades políticas y lo hace. Más vale tarde que nunca.

Fuente: El Correo de Andalucía

Lunes, 7 de Marzo 2011


Joaquin Guzman | Comentarios

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Editado por
Joaquin Guzman
Joaquin Guzman
Catedrático de Economía Aplicada (Universidad de Sevilla), Joaquín Guzmán Cuevas es autor y/o coautor de 15 libros sobre Sistema Financiero, Pymes, Economía Andaluza, Economía Española, Economía Mundial y Economía-Etica, así como autor de más de 30 artículos científicos en revistas nacionales e internacionales. Ha impartido docencia en las universidades de Sevilla, Huelva, Jaén, Nebrija (Madrid), Complutense (Madrid), Florencia (Italia), Nottingham (Reino Unido), Atenas (Grecia), Brno (Rep. Checa), Aquisgrán (Alemania), además de en otros foros académicos-empresarial y universidades de verano. Secretario General de la Sociedad de Economía Mundial (SEM), es Miembro del Comité Editor de la Revista de Economía Mundial, de la Revista de Estudios Andaluces y de la Internacional Entrepreneurship and Management Journal (Springer).



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