Artículos y comunicaciones
Jueves 22 Octubre 2009 - 14:14
El Instituto de Estudios del Antiguo Egipto ha obtenido permisos para excavar una nueva tumba inédita, la Tumba nº 28 de Asasif (Luxor occidental), su dueño parece ser, según todos los indicios un personaje del que no se conoce demasiado actualmente. Su nombre fue Amen-Hotep, familiarmente llamado Huy.
El Visir Amen-Hotep, llamado Huy, fue un personaje muy importante del periodo de Amen-Hotep III (hacia 1387-1348 a C.).
Sin embargo, los documentos y monumentos relacionados con él son escasos en comparación con los referidos a otros personajes del mismo tiempo. El motivo principal de esta oscuridad es, sin duda, el hecho de haber sido perseguida su memoria, y destruidos sus monumentos.
La exploración de su tumba, la Tumba Asasif nº 28, identificada por primera vez por Andrew Gordon como la del Visir Amen-Hotep, Huy, no se ha llevado a cabo hasta el presente de un modo exhaustivo.
Esta tumba se encuentra en la zona de Asasif sur, prácticamente inédita y sin excavar y, según todas las evidencias que hasta ahora conocemos, inacabada.
A la vista de los escasos documentos conocidos al respecto, podemos concluir que Amen-Hotep, llamado Huy, fue cortesano del rey Amen-Hotep III y ejerció el cargo de Visir, primero solo del Bajo Egipto, y en un momento determinado, asumió también el visirato del Sur, en Tebas.
Los documentos que conocemos le referencian con los años treinta, treinta y uno y treinta y cinco de Amen-Hotep III. Ello quiere decir que, al menos, tenemos constancia de que Amen-Hotep, Huy ejerció el visirato entre los años treinta al treinta y cinco del reinado.
La cuestión a debatir y aclarar es cual fue la secuencia de los acontecimientos en el ‘cursus honoris’ de Amen-Hotep. ¿Fue desde el principio de su nombramiento el Visir del Sur con residencia en Tebas?, o, alternativamente, ¿fue originariamente Visir del Norte y asumió, después de la desaparición de Ra-Mose, el visirato del Sur?.
En nuestra opinión, por el momento, esta segunda alternativa es la más plausible, a la espera de conocer nuevos datos sobre el personaje que pudieran sernos revelados, a partir de nuestras excavaciones en la TA 28 de Asasif.
Las inscripciones de jarra descubiertas en Malkata, el lugar donde se alzó la ciudad del rey Amen-Hotep III, solo evidencian la presencia de Amen-Hotep, como Visir (no precisan si del Sur o del Norte) en las primeras ceremonias jubilares (en el año treinta) de aquel soberano.
Por otra parte, es perfectamente lógico y coherente que el Visir del Norte estuviera presente en tan trascendentes ceremonias. Ra-Mose también estuvo presente en dicho jubileo como consta por sus propias etiquetas de jarra con su nombre halladas en Malkata .
Esta evidencia se confirma con la presencia conjunta de ambos Visires en la inauguración del Templo de Amen-Hotep III en Soleb. La representación en primer lugar de Amen-Hotep delante de Ra-Mose quizás tenga que ver más con una cuestión de antigüedad en el ejercicio del cargo de Visir que con una cuestión de protocolo en virtud de la cual la mención en las inscripciones y relieves del Alto Egipto debía anteceder siempre a la del Bajo Egipto.
Por otra parte, sabemos que con el antecesor de Ra-Mose y de Amen-Hotep en el ejercicio del visirato, en este caso de los del Alto y del Bajo Egipto conjuntamente, había sido el Sumo Sacerdote de Amón, Ptah-Mose.
Por ello es plausible pensar que al cese de Ptah-Hotep se nombraran dos Visires: uno para el Alto Egipto, Ra-Mose, y otro para el Bajo Egipto, Amen-Hotep.
La existencia de dos estatuas del personaje halladas en el siglo XIX por Edouard Naville en Bubastis, junto a restos de otra del Mayordomo de la Reina Tiy, Jeruef, solo evidencia que ambos personajes dejaron sus testimonios en el templo de Bastet con motivo, probablemente, de los preparativos del primer jubileo del Rey.
Aquí, Amen-Hotep se nos muestra como Visir ejerciendo sus funciones en el Norte, por tanto, como Visir del Norte. Sus títulos son típicos del funcionariado del Norte y muy parecidos a los de otros personajes del Norte.
Sin embargo, sí poseemos la evidencia de que en el año treinta y uno, Amen-Hotep comparece en Tebas en su calidad de Visir, en el acto de la fundación del Templo funerario de Amen-Hotep, Hijo de Hapu. En dicho momento no está presente Ra-Mose, luego hay que suponer que éste había cesado en su cargo como Visir del Sur, lo que debió suceder entre el año treinta y el año treinta y uno del reinado y, consecuentemente, que Amen-Hotep había asumido la función de Visir del Sur a partir del cese de aquél.
Sabemos que, en el año treinta y cinco del reinado, Amen-Hotep continuaba ejerciendo el cargo de Visir del Sur (quizás al mismo tiempo que del Norte tal como ya había sucedido en tiempos de Ptah-Mose) por sus textos inscritos en las canteras del Guebel el Silsila, luego, se nos abre un periodo desde el año treinta y uno al treinta y cinco, en el que Amen-Hotep habría sido indiscutiblemente el Visir del Sur y, probablemente y al mismo tiempo Visir del Norte, puesto que no conocemos a nadie que lleve este título durante dicho periodo del reinado.
Con toda verosimilitud fue durante este periodo de cuatro a cinco años cuando se realizaron las obras de excavación de su tumba en Tebas, en la zona del Asasif. Ordena que se excave en la misma zona de la necrópolis donde el Mayordomo de la Reina Tiy, otro prestigioso funcionario real, se había hecho construir la suya (TT192).
parece, pues, claro que Amen-Hotep se inspiró en la tumba de Jeruef para construir la suya y que, en razón del estado de ejecución de ambas, la excavación de la de Jeruef se habría iniciado cierto tiempo antes de que lo fuera la de la tumba de Amen-Hotep. Esto confirma que hubo un momento de coincidencia entre Jeruef y Amen-Hotep (los trabajos en Bubastis para el Jubileo real), en el que Amen-Hotep solo tenía el título de Visir del Norte.
Después del año treinta y cinco del reinado no volvemos a saber nada de Amen-Hotep.
Consecuentemente, su cese como Visir del Norte y del Sur, debió producirse después de tal momento. Sabemos que, como Visir del Sur, el siguiente llamado Najt , residió en Ajet-Aton (Amarna), mientras que en Menfis fue nombrado Visir del Norte Aper-El , quien ejerció tal función durante los dos o tres últimos años del reinado de Amen-Hotep III.
Dado el destruido estado de los monumentos y documentos relacionados con este personaje que han llegado hasta nosotros, hay que presuponer una persecución de la memoria de Amen-Hotep Huy por parte de los funcionarios de Aj-en-Aton.
También parece probable que la persecución de su memoria y la destrucción de su nombre, títulos e imágenes, se llevarían a cabo con motivo de su destitución y muerte, dado que se detecta una especial labor de destrucción de su personalidad y de su Ka.
Ello implica que Amen-Hotep Huy fuera quizás uno de los más encarnecidos adversarios de las nuevas corrientes religiosas y, desde luego, un hombre muy vinculado con los cultos tradicionales de los dioses egipcios cuyos cleros sufrirían duramente la implantación del dios único Atón.
Francisco J. Martín Valentín
Teresa Bedman
Egiptólogos
Para más información se puede acceder a la página web del Proyecto: www.visiramenhotep.com
Sin embargo, los documentos y monumentos relacionados con él son escasos en comparación con los referidos a otros personajes del mismo tiempo. El motivo principal de esta oscuridad es, sin duda, el hecho de haber sido perseguida su memoria, y destruidos sus monumentos.
La exploración de su tumba, la Tumba Asasif nº 28, identificada por primera vez por Andrew Gordon como la del Visir Amen-Hotep, Huy, no se ha llevado a cabo hasta el presente de un modo exhaustivo.
Esta tumba se encuentra en la zona de Asasif sur, prácticamente inédita y sin excavar y, según todas las evidencias que hasta ahora conocemos, inacabada.
A la vista de los escasos documentos conocidos al respecto, podemos concluir que Amen-Hotep, llamado Huy, fue cortesano del rey Amen-Hotep III y ejerció el cargo de Visir, primero solo del Bajo Egipto, y en un momento determinado, asumió también el visirato del Sur, en Tebas.
Los documentos que conocemos le referencian con los años treinta, treinta y uno y treinta y cinco de Amen-Hotep III. Ello quiere decir que, al menos, tenemos constancia de que Amen-Hotep, Huy ejerció el visirato entre los años treinta al treinta y cinco del reinado.
La cuestión a debatir y aclarar es cual fue la secuencia de los acontecimientos en el ‘cursus honoris’ de Amen-Hotep. ¿Fue desde el principio de su nombramiento el Visir del Sur con residencia en Tebas?, o, alternativamente, ¿fue originariamente Visir del Norte y asumió, después de la desaparición de Ra-Mose, el visirato del Sur?.
En nuestra opinión, por el momento, esta segunda alternativa es la más plausible, a la espera de conocer nuevos datos sobre el personaje que pudieran sernos revelados, a partir de nuestras excavaciones en la TA 28 de Asasif.
Las inscripciones de jarra descubiertas en Malkata, el lugar donde se alzó la ciudad del rey Amen-Hotep III, solo evidencian la presencia de Amen-Hotep, como Visir (no precisan si del Sur o del Norte) en las primeras ceremonias jubilares (en el año treinta) de aquel soberano.
Por otra parte, es perfectamente lógico y coherente que el Visir del Norte estuviera presente en tan trascendentes ceremonias. Ra-Mose también estuvo presente en dicho jubileo como consta por sus propias etiquetas de jarra con su nombre halladas en Malkata .
Esta evidencia se confirma con la presencia conjunta de ambos Visires en la inauguración del Templo de Amen-Hotep III en Soleb. La representación en primer lugar de Amen-Hotep delante de Ra-Mose quizás tenga que ver más con una cuestión de antigüedad en el ejercicio del cargo de Visir que con una cuestión de protocolo en virtud de la cual la mención en las inscripciones y relieves del Alto Egipto debía anteceder siempre a la del Bajo Egipto.
Por otra parte, sabemos que con el antecesor de Ra-Mose y de Amen-Hotep en el ejercicio del visirato, en este caso de los del Alto y del Bajo Egipto conjuntamente, había sido el Sumo Sacerdote de Amón, Ptah-Mose.
Por ello es plausible pensar que al cese de Ptah-Hotep se nombraran dos Visires: uno para el Alto Egipto, Ra-Mose, y otro para el Bajo Egipto, Amen-Hotep.
La existencia de dos estatuas del personaje halladas en el siglo XIX por Edouard Naville en Bubastis, junto a restos de otra del Mayordomo de la Reina Tiy, Jeruef, solo evidencia que ambos personajes dejaron sus testimonios en el templo de Bastet con motivo, probablemente, de los preparativos del primer jubileo del Rey.
Aquí, Amen-Hotep se nos muestra como Visir ejerciendo sus funciones en el Norte, por tanto, como Visir del Norte. Sus títulos son típicos del funcionariado del Norte y muy parecidos a los de otros personajes del Norte.
Sin embargo, sí poseemos la evidencia de que en el año treinta y uno, Amen-Hotep comparece en Tebas en su calidad de Visir, en el acto de la fundación del Templo funerario de Amen-Hotep, Hijo de Hapu. En dicho momento no está presente Ra-Mose, luego hay que suponer que éste había cesado en su cargo como Visir del Sur, lo que debió suceder entre el año treinta y el año treinta y uno del reinado y, consecuentemente, que Amen-Hotep había asumido la función de Visir del Sur a partir del cese de aquél.
Sabemos que, en el año treinta y cinco del reinado, Amen-Hotep continuaba ejerciendo el cargo de Visir del Sur (quizás al mismo tiempo que del Norte tal como ya había sucedido en tiempos de Ptah-Mose) por sus textos inscritos en las canteras del Guebel el Silsila, luego, se nos abre un periodo desde el año treinta y uno al treinta y cinco, en el que Amen-Hotep habría sido indiscutiblemente el Visir del Sur y, probablemente y al mismo tiempo Visir del Norte, puesto que no conocemos a nadie que lleve este título durante dicho periodo del reinado.
Con toda verosimilitud fue durante este periodo de cuatro a cinco años cuando se realizaron las obras de excavación de su tumba en Tebas, en la zona del Asasif. Ordena que se excave en la misma zona de la necrópolis donde el Mayordomo de la Reina Tiy, otro prestigioso funcionario real, se había hecho construir la suya (TT192).
parece, pues, claro que Amen-Hotep se inspiró en la tumba de Jeruef para construir la suya y que, en razón del estado de ejecución de ambas, la excavación de la de Jeruef se habría iniciado cierto tiempo antes de que lo fuera la de la tumba de Amen-Hotep. Esto confirma que hubo un momento de coincidencia entre Jeruef y Amen-Hotep (los trabajos en Bubastis para el Jubileo real), en el que Amen-Hotep solo tenía el título de Visir del Norte.
Después del año treinta y cinco del reinado no volvemos a saber nada de Amen-Hotep.
Consecuentemente, su cese como Visir del Norte y del Sur, debió producirse después de tal momento. Sabemos que, como Visir del Sur, el siguiente llamado Najt , residió en Ajet-Aton (Amarna), mientras que en Menfis fue nombrado Visir del Norte Aper-El , quien ejerció tal función durante los dos o tres últimos años del reinado de Amen-Hotep III.
Dado el destruido estado de los monumentos y documentos relacionados con este personaje que han llegado hasta nosotros, hay que presuponer una persecución de la memoria de Amen-Hotep Huy por parte de los funcionarios de Aj-en-Aton.
También parece probable que la persecución de su memoria y la destrucción de su nombre, títulos e imágenes, se llevarían a cabo con motivo de su destitución y muerte, dado que se detecta una especial labor de destrucción de su personalidad y de su Ka.
Ello implica que Amen-Hotep Huy fuera quizás uno de los más encarnecidos adversarios de las nuevas corrientes religiosas y, desde luego, un hombre muy vinculado con los cultos tradicionales de los dioses egipcios cuyos cleros sufrirían duramente la implantación del dios único Atón.
Francisco J. Martín Valentín
Teresa Bedman
Egiptólogos
Para más información se puede acceder a la página web del Proyecto: www.visiramenhotep.com
Noticias
Lunes 5 Octubre 2009 - 12:26
El Instituto de Estudios del Antiguo Egipto de Madrid, en cooperación con el Supreme Council of Antiquities de Egipto, bajo el Patrocinio del Instituto del Patrimonio Cultural Español de la Dirección General de Bellas Artes del Ministerio de Cultura, y la Fundación Gaselec de Melilla, iniciará el próximo mes de noviembre de 2009 sus trabajos en un nuevo proyecto a desarrollar en la Tumba nº 28 de Asasif, en la orilla occidental, en Luxor.
Tumba nº 28 de Asasif (Luxor Occidental). Nuevo yacimiento del I.E.A.E. Archivo I.E.A.E. 'Proyecto TA 28'.
El monumento en el que trabajará el equipo del I.E.A.E. bajo la Dirección del Dr. Francisco J. Martín Valentín, y la co-dirección de Dª Teresa Bedman, posee una altísima importancia arqueológica, artística e histórica, por ser del mismo periodo al que pertenece la Tumba Tebana nº 192 de Jeruef, Senaa, perteneciendo como ésta, al reinado de Amen-Hotep III (Imperio Nuevo, hacia 1360-1353 a C.), y más específicamente, al lapso de tiempo transcurrido entre los años 28 al 36 de dicho soberano, el cual constituye uno de los momentos más agitados e interesantes del Imperio Nuevo egipcio.
Hoy existe un gran vacío en el conocimiento y documentación de los acontecimientos históricos de aquel periodo, porque fue especialmente turbulento. Lo que no fue destruido, o quedó inacabado por la actuación de los partidarios de la nueva religión atoniana, sería posteriormente objeto de una nueva destrucción selectiva en época de los reyes de la dinastía XIX.
El periodo de cinco a seis años durante los que el rey Amen-Hotep IV ( Aj-en-Aton) tuvo su residencia en Tebas, antes de trasladarse al Amarna, para fundar la nueva ciudad de Ajet-Atón, está hoy en la más completa oscuridad para el mundo de la egiptología.
El esclarecimiento de la misteriosa personalidad del Visir Amen-Hotep, Huy, el presunto dueño de la TA nº 28 de Asasif, a partir de los nuevos hallazgos que se realicen, podría ser de relevante importancia en orden a tratar de completar este escenario de gran vacío histórico, absolutamente trascendente para la correcta comprensión de los acontecimientos que dieron lugar al final de la dinastía XVIII y al nacimiento de la XIX.
De este modo, la egiptología española continúa progresando en su trabajo a los máximos niveles internacionales.
Fuente: Instituto de Estudios del Antiguo Egipto (Madrid)
Hoy existe un gran vacío en el conocimiento y documentación de los acontecimientos históricos de aquel periodo, porque fue especialmente turbulento. Lo que no fue destruido, o quedó inacabado por la actuación de los partidarios de la nueva religión atoniana, sería posteriormente objeto de una nueva destrucción selectiva en época de los reyes de la dinastía XIX.
El periodo de cinco a seis años durante los que el rey Amen-Hotep IV ( Aj-en-Aton) tuvo su residencia en Tebas, antes de trasladarse al Amarna, para fundar la nueva ciudad de Ajet-Atón, está hoy en la más completa oscuridad para el mundo de la egiptología.
El esclarecimiento de la misteriosa personalidad del Visir Amen-Hotep, Huy, el presunto dueño de la TA nº 28 de Asasif, a partir de los nuevos hallazgos que se realicen, podría ser de relevante importancia en orden a tratar de completar este escenario de gran vacío histórico, absolutamente trascendente para la correcta comprensión de los acontecimientos que dieron lugar al final de la dinastía XVIII y al nacimiento de la XIX.
De este modo, la egiptología española continúa progresando en su trabajo a los máximos niveles internacionales.
Fuente: Instituto de Estudios del Antiguo Egipto (Madrid)
Artículos y comunicaciones
Miércoles 23 Septiembre 2009 - 23:01
La zona de Deir El Bahari, ‘el convento del norte’, en la orilla occidental del Nilo, frente a la actual población de Luxor, representa una de las áreas arqueológicas más interesantes de Egipto.
El circo rocoso de la montaña tebana recoge la presencia de importantes restos de templos que datan de la época de la dinastía XI hasta la dinastía XVIII. En general, el lugar parece haber estado especialmente vinculado con el culto de la diosa Hat-Hor, como señora del occidente.
La teología de la diosa Hat-Hor quería reconocer también en ella el aspecto vengativo y cruel del ‘Ojo de Ra’, la terrible leona sedienta de la sangre de los hombres que, desde Nubia, fue atraída por los dioses para que residiera en Egipto, por orden de su padre, Ra.
Los dioses Thot y Shu fueron los encargados de convencer a la diosa leona para que dejara de matar a los hombres y volviera a la Tierra Negra. Para ello, le hablaron de la perfección de la tierra amada y aseguraron a la diosa lejana que se elevarían templos en su favor.
Cuenta el mito solar en la parte que concierne al regreso a Egipto de ‘la diosa lejana’ que Thot dio a probar vino mezclado con hena a la leona y que, ella no pudo resistirse a los mensajeros divinos. Entonces, se formó un cortejo compuesto de monos y enanos grotescos presididos por Bes e Hitys, tocando el arpa y la flauta, y al llegar a los límites de Egipto, junto a Filé, la diosa fue apaciguada y recibida por mujeres con la cabeza coronada de flores que la recibieron a los sones de los sistros y los tambores, cantando y bailando, los sacerdotes colaboraban con ellas con el arpa y la flauta, llevando sobre su espalda gacelas, ofreciendo vasos de vino y cerveza, ramos y coronas de flores, mirra y otras esencias olorosas, quemadas en honor de la diosa.
La leona, purificada por el agua sagrada y el cumplimiento de los ritos de apaciguamiento, se convirtió entonces en la diosa del amor. Se transformó en una mujer de bello rostro, con cabellos peinados en forma de hermosos bucles, ojos resplandecientes, y pecho firme. Después, cuenta la leyenda del ciclo solar en esta parte de su relato que, llegada la diosa a la villa de Tphénis, en la cual se le ofreció el vaso menu, Ra la fijó a su frente, como su úreo, para defenderle.
Este aspecto de vigilante defensora de su padre contra los enemigos hizo de ella una diosa de doble rostro: terrible o afable según los ritos que se le dedicasen.
Los ecos de este mito se encuentran reflejados en los misterios de Hat-Hor celebrados en la Baja Época, en el curso de liturgias nocturnas que se llevaban a cabo en los propileos de los mammisis de los templos.
Los ritos incluían cánticos y música, y participaban en ellos sacerdotisas que llevaban nombres tan sugerentes como ‘las perfectas’, ‘las bellas’ y ‘las que llevan bucles’. La danza y la ebriedad formaban parte de estas ceremonias. Entre los numerosos epítetos que recibió la diosa Hat-Hor estaba el de ‘Señora de los Bucles’, sin duda relacionado con la celebración de estos rituales.
A través de otras informaciones sabemos que, en el Imperio Nuevo hubo muchas damas de rango elevado que debieron participar en estos ritos, en los que se utilizaban tres elementos básicos, el sistro, el collar menat, y las pelucas. La zona de Deir El Bahari, como decíamos más arriba, fue lugar especialmente vinculado a la diosa Hat-Hor.
La forma del circo montañoso evoca a los cuernos de la gran vaca sagrada que representaba a la diosa. La reina Hatshepsut hizo construir dentro del recinto de su templo de millones de años, y adosado en la parte sur del Dyeser-Dyeseru, un santuario dedicado a la diosa Hat-Hor y que no es otra que la propia Hatshepsut divinizada como Hat-Hor.
Probablemente, el culto a la diosa estuvo presente en el circo de Deir El Bahari, incluso desde la época de Montu-Hotep II. Pero, sin duda alguna, cobró auge especial durante los reinados de Hatshepsut y de Thutmosis III.
En Marzo de 1974 la Misión arqueológica Polaca que trabajaba en el templo de Hatshepsut bajo la dirección del Dr. Michalowski se encontraba realizando unas obras para prevenir posibles desprendimientos de la montaña sobre el templo de Montu-Hotep II, cuando localizó los cimientos y restos de dos construcciones en forma circular fabricados originalmente en piedra. Las mismas presentaban estructuras de adobe que conservaban restos de enlucido sobre mortero.
En el interior de las “casas” se produjo un sorprendente hallazgo al localizarse cuatro vasijas de alabastro repletas con restos de todos los materiales necesarios para fabricar pelucas.
Había mechones de pelo humano de varios tamaños, mallas vegetales en forma de casquete, con indicios de inicio de tejido de una peluca y cordones vegetales en forma de guirnalda, de los que colgaban hileras de mechones de pelo, trabajado en forma de rastas de pequeño tamaño; también había cuchillos de sílex, agujas para ayudar a tejer el cabello, adornos, y numerosas bandas de lino de diferentes tamaños.
Algunos de estos fragmentos de tela terminaban en flecos. El resto de los hallazgos consistían en restos de pigmentos, materiales jabonosos, y huesos de Balanites aegyptiaca perforados, cuyo aceite se utilizaba para ungir y perfumar el cabello. Entre los restos descubiertos destacaba una especie de maniquí cerámico, imitando la forma de una cabeza humana, sin duda, utilizable para manipular pelucas.
A la vista de todos estos hallazgos el Profesor Michalowski llegó a la conclusión de que se trataba de las dependencias de un taller para la fabricación de pelucas que debió haber estado funcionando al menos, desde la dinastía XII hasta el comienzo del reinado en solitario del Thutmosis III.
Dicho taller habría sido desmontado y removido de su lugar original cuando se despejó la zona a efectos de construir la plataforma artificial sobre la que iría parcialmente apoyado el templo funerario de Thutmosis III en Deir El Bahari, que recibiría el nombre de Dyeser-Ajet. Resulta obvio que el citado taller y sus manufacturas, las pelucas, estaban íntimamente vinculados con el culto que allí se daba a la diosa Hat-Hor. Su finalidad era proveer de pelucas a las sacerdotisas que practicaban los cultos hathóricos.
Los trabajos de la Misión arqueológica española en Deir El Bahari
Desde el año 2003, el Instituto de Estudios del Antiguo Egipto ha llevado a cabo, bajo la Dirección del Dr. Francisco J. Martín Valentín y mía, dentro de los trabajos del Proyecto Sen-en-Mut (TT 353), la excavación y restauración del área existente entre el talud oeste de la calzada de acceso al templo de Hatshepsut y el límite de la meseta que corona la pared occidental de la hondonada llamada ‘la cantera’, donde se abre el acceso al hipogeo de Sen-en-Mut (TT 353).
En dicho lugar se encuentran los restos de una construcción, llamada en los informes de Winlock, ‘la vieja casa’, cuya funcionalidad no estaba asignada hasta el presente momento.
Dentro del desarrollo de los trabajos de exploración del área objeto de nuestra concesión, correspondió durante la campaña del año 2007 abordar el sector noroeste de la meseta en el que se incluían los restos de la citada edificación.
Las tareas de excavación y remoción de materiales allí acumulados, necesarias para construir un muro de refuerzo perimetral del yacimiento que, a la vez estableciera una sólida protección de los restos del edificio, entregaron numerosos restos consistentes en semillas perforadas de la planta Balanites aegyptiaca, mechones de pelo, amuletos, numerosas cordones vegetales trenzados, así como numerosos restos de bandas de lino de muy buena calidad, así como otros materiales en todo semejantes a los descubiertos por el Profesor Michalowski en 1974 entre los restos del templo funerario de Thutmosis III en Deir El Bahari.
Después de la excavación de los restos de ‘la vieja casa’ de Winlock se pudo concluir que la misma había sufrido una modificación, a partir del estado original de su construcción, llevada a cabo de una sola vez, tal como lo demuestra la existencia de una plataforma única sobre la que se alzó el resto de la edificación.
La planta del edificio muestra que consta al menos, de tres habitaciones y un área central de distribución. La entrada de la vivienda, da paso a una habitación, dispuesta en la parte sur del edificio y que posee forma semicircular. El material de construcción consistente en bloques irregulares de piedra caliza, aparejados con mortero de barro y de yeso, indican en todo un marcado paralelismo con el edificio hallado por Michalowsky. En el exterior del dintel de acceso al recinto, y en otros de los paramentos interiores, se conservan restos de enlucido de mortero con estuco, idénticos a los de la construcción citada.
La habitación central así como la habitación C estaban dotadas con huecos para ventanas, situados aproximadamente a 60 cm del suelo. En el suelo del espacio de distribución interior se muestran los restos de un hueco para albergar la basa de una pequeña columna central.
Junto a la habitación semicircular, existen los restos de un hueco excavado en el suelo, de forma redondeada quizás destinado a servir de acomodo para una gran vasija donde depositar líquidos, análogo a los que existen en las casas de Deir el Medina.
Englutido en la edificación de la casa y utilizado como soporte para la construcción del muro en su parte oeste, destaca el resto de un gran fragmento de estatuaria, encastrado en el suelo. Winlock lo calificó como el probable resto de alguna estatua de Hatshepsut, entre los muchos fragmentos arrojados a la cantera durante la persecución de la memoria de la reina, después de la finalización de su reinado, a partir del año 40 del de Thutmosis III.
Este dato nos informaría acerca de la cronología de la edificación que, por tal razón, y por estar su muro oeste situado prácticamente sobre el depósito de fundación nº 2 de la TT 353, habría de ser datada como posterior al reinado de Hatshepsut.
Si poseemos la fecha aproximada ‘post quem’, el año 22 de Thutmosis III, el último en que se cita a Hatshepsut en los documentos, y sabemos que la ‘ante quem’ debió ser en los años de los preparativos del Dyeser-Ajet de Thutmosis III, lo que sabemos sucedió durante el año 43 del rey, tenemos la certidumbre de que la vieja casa se edificó entre dichas fechas.
La razón para construir este edificio, de características prácticamente idénticas a las de los encontrados por Michalowsky entre las ruinas del templo de Thutmosis III, no habría sido otra que dotar al clero que debía seguir desarrollando el culto a la diosa Hat-Hor en aquel lugar, del edificio que albergase el taller de pelucas que se había desmantelado para obtener espacio para la construcción del Dyeser-Ajet.
Los restos de los materiales necesarios para elaborar las pelucas, hallados en nuestras excavaciones, prácticamente junto a la casa y en los niveles más inferiores de los sedimentos removidos, prácticamente a la altura de la misma, confirman los indicios de la funcionalidad del edificio. Por otra parte la escasa distancia de la ‘casa’ respecto de la zona sagrada de Hat-Hor, unos trescientos metros, hace muy verosímil tal asignación, desde un punto de vista logístico.
Teresa Bedman
Co-Directora del Proyecto Sen-en-Mut (TT 353)
Artículos y comunicaciones
Domingo 13 Septiembre 2009 - 21:39
Concluidos los trabajos de campo del Proyecto Sen-en-Mut (TT 353) es el momento de rendir en forma de pequeño informe los resultados obtenidos por la Misión Arqueológica del IEAE.
El Proyecto Sen-en-Mut (TT 353), ha sido desarrollado por el Instituto de Estudios del Antiguo Egipto de Madrid, bajo la dirección conjunta del Dr. Francisco J. Martín Valentín y de Dª Teresa Bedman, y cuenta, desde su inicio, con el soporte económico del Ministerio de Cultura, a través de la Dirección General de Política e Industrias Culturales, (antes Dirección General de Comunicación y Cooperación Cultural), y con el del propio Instituto de Estudios del Antiguo Egipto.
Antecedentes y contenido del Proyecto.
En el año 2001 el Instituto de Estudios del Antiguo Egipto (IEAE), fue requerido por las autoridades responsables del Supreme Council of Antiquities of Egypt (SCAE) en la orilla occidental en Luxor, para hacerse cargo de la elaboración, propuesta y ejecución de diversos trabajos, en relación con la TT 353 de Senenmut, en Deir El Bahari, y su área circundante, incluida la llamada “casa de piedra” que se halla en las inmediaciones del hipogeo.
Las prioridades de las autoridades egipcias eran reexcavar y limpiar de restos el interior del hipogeo, depositados allí por las inundaciones sufridas en la zona a causa de las tormentas de lluvia caídas en el año 1997; hacer los pertinentes trabajos de restauración y consolidación del monumento, y dotarle de elementos funcionales que protegieran sus partes más delicadas (escalones de descenso, grafito de Sen-en-Mut en el muro norte del corredor ‘a’, etc…) y facilitasen el acceso de los especialistas a su interior.
También era interés de las autoridades egipcias conseguir la consolidación y limpieza del área y aledaños de la entrada a la TT 353, dada la especial y frágil naturaleza del terreno constituido básicamente por la roca fragmentable y arcillosa llamada Tafla; también se propuso la ejecución de obra civil alrededor del hipogeo para su debida protección contra posibles futuras arribadas de agua pluvial y/o desprendimientos de rocas procedentes de la montaña.
Con tales premisas el Instituto de Estudios del Antiguo Egipto procedió a elaborar un proyecto que contemplaba las siguientes líneas de actuación:
a) Reexcavación y restauración de la TT 353;
b) Estudio y documentación egiptológica, arqueológica y arquitectónica del monumento;
c) Ejecución de obra civil exterior, alrededor de la TT 353, para establecer protecciones contra el agua de lluvia y los desprendimientos de rocas;
d) Instalación en el interior de la TT 353 de rampas de descenso y elementos de iluminación, acordes con las necesidades y exigencias museísticas más adecuadas a la naturaleza del monumento y su conservación;
e) Remoción de materiales acumulados por las sucesivas excavaciones del Templo de Hatshepsut en Deir El Bahari y, consecuente excavación en el área de la meseta existente en la parte oeste, sobre la entrada del monumento, incluida la excavación, consolidación, y consiguiente documentación de la llamada “casa de piedra”, existente en dicho lugar;
f) Realización de una copia facsímil de la llamada cámara ‘A’ del monumento en la que se encuentra el ‘techo astronómico’, para su exhibición al público en un pabellón instalado en los alrededores del hipogeo.
Aceptado el proyecto del Instituto de Estudios del Antiguo Egipto (IEAE) por el Comité Permanente del SCAE se inició la primera campaña de trabajo en octubre del año 2003. Se continuaron las sucesivas campañas durante los años 2004, 2005, 2006, 2007 y 2008.
La TT 353 y el área de Deir El Bahari.
La TT 353 es un hipogeo descubierto por Herbert Winlock en Enero de 1927. Se ordenó su excavación por el Mayordomo de Amón, Senenmut y está datado alrededor del año dieciséis de Thutmosis III y Hatshepsut (1479-1425 a.C.).
Se encuentra situado en el extremo oeste de una profunda hondonada, denominada por los arqueólogos ‘la cantera’, que se desarrolla de modo paralelo al término de la calzada del templo de Hatshepsut en Deir El Bahari.
Está excavado en un macizo rocoso de composición compleja (Cuarzo, calcita, yeso y otros componentes), y tiene 97,36 metros de longitud, y 41,93 metros de profundidad máxima, desde la superficie.
Consta de un acceso, un corredor (corredor ‘a’) dotado con ochenta y dos peldaños hasta la primera cámara (cámara ‘A’), otro corredor (corredor ‘b’) con cuarenta y dos peldaños hasta la segunda cámara (cámara ‘B’), y un tercero, (corredor ‘c’), excavado en rampa con una longitud de 9,20 metros, que desemboca en la tercera cámara (cámara ‘C’).
En el muro sur del corredor ‘a’, a la altura del escalón número sesenta y ocho, se abre una pequeña cámara de 3,39 m. de largo x 1,57 m. de alto x 2,26 m. de ancho, anepigráfa. En el muro norte, a la altura del escalón setenta y cuatro, hay un grafito que muestra el busto del dueño del monumento, su nombre, Senenmut, y el título de ‘Mayordomo de Amón’, trazados con tinta negra sobre una superficie estucada y pulida de 0,80 m. de alto, por 0,52 m. de ancho.
La cámara ‘A’ está completamente decorada y en sus muros están esculpidos en relieve inciso, en general en columnas verticales, textos seleccionados de los Textos de las Pirámides, Textos de los Féretros (o Sarcógafos), Libro de los Muertos, y otros especialmente redactados para ser inscritos en este monumento.
En el muro oeste hay esculpida una estela de falsa puerta.
La cámara posee dibujado en el techo con tintas negra y roja un mapa celeste que muestra las constelaciones septentrionales y meridionales, los decanes, ciertas estrellas y cuatro planetas, así como la representación de los doce meses lunares del calendario egipcio.
Se trata del techo astronómico más antiguo del mundo, que se conoce. La cámara ‘B’ carece de decoración alguna. La cámara ‘C’ posee el techo abovedado y tiene excavado en el suelo de su rincón noreste un pozo de 1,43 m. de profundidad x 0,94 m. de largo x 1,12 m. de ancho.
En la jamba sur de la puerta de acceso existen dos grafitos esculpidos de los que hemos traducido el segundo, hasta ahora inédito. El eje del hipogeo está orientado hacia el oeste. El eje de la cámara ‘A’, coincide con el vertical de la ‘falsa puerta’, y, a su vez, está orientado en relación a la cámara interior de la capilla de Hathor en el recinto del templo de Hatshepsut en Deir El Bahari.
A partir de los diversos trabajos realizados por el equipo del IEAE durante las sucesivas campañas de trabajo se ha concluido que el hipogeo TT 353 forma parte del conjunto del templo de Hatshepsut en Deir El Bahari, como cripta subterránea, cuya cámara ‘A’ queda fuera del recinto del templo, mientras que las ‘B’ y ‘C’ se encuentran dentro del mismo, excavadas bajo su primera terraza.
El hipogeo parece tener innegables paralelos con la parte subterránea excavada en la montaña del monumento funerario del rey Mentu-Hotep II (Neb-hepet-re), (2055-2004 a.C.), en Deir El Bahari (TT 281).
Desarrollo del Proyecto (Campañas años 2003-2008).
Los trabajos de la primera campaña consistieron en la realización de las labores de documentación fotográfica interior del hipogeo TT 353 antes de dar comienzo a los trabajos de excavación y limpieza.
También se procedió a documentar el área externa circundante, objeto de nuestra concesión. Se establecieron los límites físicos de la misma y se fijaron las parcelas de actuación para realizar los necesarios trabajos de excavación y chequeo para reconocer el terreno, a efectos de la ejecución de las obras de protección contra las arribadas de agua pluvial y los desprendimientos de la montaña.
Los trabajos fueron acompañados de la necesaria toma de datos topográficos para elaborar la correspondiente planimetría geofísica del yacimiento exterior a la TT 353. En el año 2004 se procedió en su interior, excavando, consolidando y documentando desde el acceso, hasta la cámara ‘A’, inclusive.
Con carácter provisional y de urgencia se hizo una zanja alrededor de la entrada a la TT 353 de 0,50 m. de ancho por 0,60 m. de profundidad para proveer de un sistema de drenado de aguas pluviales provisional en caso de tormenta y evitar que las mismas se introduzcan en su interior.
Esta excavación produjo restos arqueológicos de diversa naturaleza entre los que destacan un fragmento de posible dintel de calcita (alabastro), quebrado en dos partes con el signo nsw (Gardiner M23) de 0,45 m. de alto por 0,20 de ancho. Se hallaron también restos de vendajes de lino y diversos fragmentos cerámicos de los que, alguno coincidía con la tipología y decoración de las piezas halladas en el interior de la tumba de los padres de Sen-en-Mut en la colina de Sheikh Abd el Gurnah.
Se realizó la medición del área inmediata a la TT 353 para elaborar posteriormente un plano de situación topográfica de la misma. Dentro del monumento, se llevó a cabo una completa toma de datos, para la elaboración de una nueva planimetría.
También se realizaron numerosas comprobaciones por medio de instrumentos de precisión (estación total topográfica con auxilio de GPS) de las orientaciones del monumento en relación con el Templo de Deir el Bahari y la TT 71, en Sheij Abd El Gurnah. Igualmente se procedió a documentar los restos arqueológicos hallados durante las labores de extracción de los materiales sedimentados en el interior del monumento y los obtenidos en la excavación de la zona exterior al mismo. Durante la campaña del año 2005 se concluyó la extracción de restos materiales de la cámara ‘B’, del corredor ‘b’, de la rampa de acceso, del corredor ‘c’, y de la cámara ‘C’, incluido el pozo existente en ella.
Con el fin de establecer zonas para acopio de materiales se procedió a excavar en superficie en las zonas A, B, C, D, E y G en la ‘cantera’, que constan en el plano que se acompaña, con el resultado del hallazgo de numerosas piezas cerámicas del tipo llamado de ‘dedos’, con la base perforada, muy semejantes al encontrado por Winlock en el depósito de fundación número 2 del hipogeo y otros fragmentos cerámicos, así como múltiples restos de tejido de lino, todo ello en un ámbito descontextualizado.
En la zona denominada D, se hallaron una serie de adobes con el cartucho de la reina Ahmose Nefertary , probablemente procedente de los depósitos, resto del Templo de Amen-Hotep I (1525-1504 a.C.) en Deir El Bahari, hallados por Winlock al excavar la ‘cantera’ en 1927.
Se realizaron ampliaciones de los canales de drenaje de aguas (zona B y C) junto a la fábrica de ladrillo de la entrada al hipogeo, limpiándolas de nuevo y ampliándolas ligeramente. Se han instalado sistemas de control de temperatura y humedad, a efectos de elaborar futuros informes para la vigilancia de la estabilidad ambiental en el interior.
Los trabajos de epigrafía y traducción de los textos revelaron que los grafitos hieráticos inscritos en diferentes partes de los muros de la cámara ‘A’, que consignan el día veintinueve (referido a su medianoche, dando paso al día treinta) del cuarto mes de Ajet (estación de la inundación), se refieren exactamente al día anterior al del inicio del Jubileo de la reina Maat-Ka-Ra Hatshepsut (1473-1458 a.C.).
Durante la campaña del año 2006, entre las actuaciones llevadas a cabo en la parte exterior al monumento, y con la finalidad de acotar un área disponible para la futura construcción de un Centro de Visitantes con la réplica de la cámara ‘A’ en su interior, se decidió iniciar labor de limpieza y excavación de las zonas numeradas 1, 2 y 3 en el plano número 1.
En la ejecución de dicho trabajo se excavó el talud de restos situado al oeste, sobre la meseta de la ‘cantera’. Fueron extraídos aproximadamente 300 m3 de materiales diversos depositados en el talud de soporte de la vía de acceso al templo de Hatshepsut, junto a la meseta donde están los restos de la antigua casa documentada por Winlonck como “casa de piedra”.
Consecuencia de dichos trabajos de excavación se encontraron numerosos adobes con el cartucho de la reina Ahmose Nefertary, el de coronación de Amenhotep I, Djeserkare, (1525-1504 a.C.) y algunos de la dinastía XI (2055-1985 a.C.), procedentes de los hallazgos removidos por Winlock, y abundantes restos cerámicos de épocas diversas.
Entre los hallazgos destaca un amuleto del ‘Horus Sanador’ consistente en una pieza de barro crudo con impronta mostrando a Horus y siete cordones saliendo del mismo. Se constató la existencia de niveles de escombros desde la época de los trabajos de Edouard Naville en adelante, que entregaron gran cantidad de materiales de deshecho, arrojados en dicho lugar como consecuencia de los trabajos llevados a cabo en el Templo de Hatshepsut a lo largo de mas de cien años.
Para sujetar los taludes excavados se hizo construir un muro perimetral de dieciocho metros delimitando el área de construcción futura. Se excavó el extremo noreste de la antigua “casa de piedra” para determinar el límite de los restos de la misma.
En la exploración arqueológica llevada a cabo, se constató el estado de total destrucción de los muros de piedra y adobe documentados en su día por Winlock. Se levantó un nuevo plano arqueológico del área para obtener una precisa documentación de dichos restos, procediendo posteriormente a cubrir la zona excavada con tierra de diferente color al del suelo original.
Los trabajos de documentación y traducción de los textos mostraron especialidades filológicas respecto de las formas tradicionales en ciertos fragmentos de los textos funerarios religiosos de la cámara ‘A’. Durante la campaña del año 2007 se concluyeron las labores de excavación del extremos noroeste del talud sobre la meseta de la ‘cantera’ y de la llamada “casa de piedra”, existente en el mismo punto.
En consecuencia, se procedió a retirar aproximadamente otros 200 m3 de restos de cascotes y arena depositados en el talud de soporte de la meseta por donde discurre la vía de acceso al templo de Hatshepsut. Se trabajó en el interior de la citada casa, consolidando los restos existentes de sus paramentos enlucidos y con resto de pintura blanca. Los trabajos realizados permitieron constatar sus límites y precisar la ubicación del depósito de fundación nº 2 de la TT 353 descubierto por Winlock y situado ligeramente más al norte de lo reflejado en su documentación.
Se comprobó también el buen estado de la cimentación de la casa. La plataforma sobre la que se alza muestra que el edificio se construyó de una sola vez, dotándolo de cuatro estancias, la central presenta indicios de la existencia de una columna para sujeción del techado. Tiene su entrada por el oeste, a un vestíbulo con muro semicircular.
En la estancia noreste se observan restos de huecos para sendas ventanas en sus muros norte y este. Es notoria la pérdida de elementos de piedra en los muros, en relación con la anterior documentación gráfica de la casa. Estas mermas se observan especialmente en la esquina sureste del edificio. Se elaboró un nuevo plano arqueológico documentando el estado preciso de sus muros. Se observaron añadidos posteriores datables en diferentes épocas.
Finalizados los trabajos se cubrieron los pavimentos interiores con geotextil, para protegerlo contra posibles agresiones y daños por agentes externos, tapando todo ello con tierra de diferente color al del suelo original. En el interior de la TT 353 se realizaron los últimos ajustes en la instalación del sistema de iluminación de la cámara ‘A’, así como trabajos para consolidar pequeños elementos rocosos con peligro de desprendimiento en el túnel de acceso y en ciertas partes de la entrada a la cámara ‘C’.
Se continuó la documentación fotográfica de precisión en 3D y la epigráfica para la lectura y traducción de los textos de la cámara ‘A’, que habían sido iniciadas en campañas anteriores.
Resultados científicos de las campañas realizadas.
Los trabajos llevados a cabo por la misión arqueológica del IEAE, dentro del Proyecto Sen-en-Mut (TT 353) en Deir El Bahari, han permitido la elaboración de una nueva documentación arqueológica del área de la concesión, redefiniendo la funcionalidad religiosa de la TT 353 dentro del conjunto del ‘Templo de Millones de Años’ de Hatshepsut en Deir El Bahari, como parte integrante del mismo, dado que existe una perfecta alineación del eje de la cámara ‘A’ con la capilla interior del templo de Hathor en el templo de Hatshepsut. Además, se ha realizando un nuevo estudio epigráfico del monumento.
La documentación fotogramétrica del monumento, supone el aseguramiento fidedigno del estado actual del hipogeo para su consulta y estudio posteriores. La nueva traducción integrada de los textos de las paredes de la cámara ‘A’, permite comprender la funcionalidad religiosa del hipogeo, destinado a obtener la transformación espiritual de Senenmut.
Además, se ha constatado la vinculación de los grafitos hieráticos inscritos en los muros de la cámara ‘A’ y de los textos de dicha cámara con su ‘techo astronómico’.
Respecto de la llamada “casa de piedra”, estamos en situación de poder afirmar que la datación de la parte originaria de su construcción se corresponde con el reinado de Thutmosis III (1479-1425 a.C.), siendo su probable funcionalidad, un taller para pelucas, relacionado con el culto de la diosa Hathor.
Finalmente, los abundantes restos cerámicos de vasos tipo Tjefenet, hallados, muestran, entre otras cosas, la evidencia en Deir El Bahari del culto con cerveza durante las fiestas de la embriaguez en honor de la diosa Hathor.
Directores: Dr. Francisco J. Martín Valentín / Teresa Bedman
Instituto de Estudios del Antiguo Egipto (Madrid)
Antecedentes y contenido del Proyecto.
En el año 2001 el Instituto de Estudios del Antiguo Egipto (IEAE), fue requerido por las autoridades responsables del Supreme Council of Antiquities of Egypt (SCAE) en la orilla occidental en Luxor, para hacerse cargo de la elaboración, propuesta y ejecución de diversos trabajos, en relación con la TT 353 de Senenmut, en Deir El Bahari, y su área circundante, incluida la llamada “casa de piedra” que se halla en las inmediaciones del hipogeo.
Las prioridades de las autoridades egipcias eran reexcavar y limpiar de restos el interior del hipogeo, depositados allí por las inundaciones sufridas en la zona a causa de las tormentas de lluvia caídas en el año 1997; hacer los pertinentes trabajos de restauración y consolidación del monumento, y dotarle de elementos funcionales que protegieran sus partes más delicadas (escalones de descenso, grafito de Sen-en-Mut en el muro norte del corredor ‘a’, etc…) y facilitasen el acceso de los especialistas a su interior.
También era interés de las autoridades egipcias conseguir la consolidación y limpieza del área y aledaños de la entrada a la TT 353, dada la especial y frágil naturaleza del terreno constituido básicamente por la roca fragmentable y arcillosa llamada Tafla; también se propuso la ejecución de obra civil alrededor del hipogeo para su debida protección contra posibles futuras arribadas de agua pluvial y/o desprendimientos de rocas procedentes de la montaña.
Con tales premisas el Instituto de Estudios del Antiguo Egipto procedió a elaborar un proyecto que contemplaba las siguientes líneas de actuación:
a) Reexcavación y restauración de la TT 353;
b) Estudio y documentación egiptológica, arqueológica y arquitectónica del monumento;
c) Ejecución de obra civil exterior, alrededor de la TT 353, para establecer protecciones contra el agua de lluvia y los desprendimientos de rocas;
d) Instalación en el interior de la TT 353 de rampas de descenso y elementos de iluminación, acordes con las necesidades y exigencias museísticas más adecuadas a la naturaleza del monumento y su conservación;
e) Remoción de materiales acumulados por las sucesivas excavaciones del Templo de Hatshepsut en Deir El Bahari y, consecuente excavación en el área de la meseta existente en la parte oeste, sobre la entrada del monumento, incluida la excavación, consolidación, y consiguiente documentación de la llamada “casa de piedra”, existente en dicho lugar;
f) Realización de una copia facsímil de la llamada cámara ‘A’ del monumento en la que se encuentra el ‘techo astronómico’, para su exhibición al público en un pabellón instalado en los alrededores del hipogeo.
Aceptado el proyecto del Instituto de Estudios del Antiguo Egipto (IEAE) por el Comité Permanente del SCAE se inició la primera campaña de trabajo en octubre del año 2003. Se continuaron las sucesivas campañas durante los años 2004, 2005, 2006, 2007 y 2008.
La TT 353 y el área de Deir El Bahari.
La TT 353 es un hipogeo descubierto por Herbert Winlock en Enero de 1927. Se ordenó su excavación por el Mayordomo de Amón, Senenmut y está datado alrededor del año dieciséis de Thutmosis III y Hatshepsut (1479-1425 a.C.).
Se encuentra situado en el extremo oeste de una profunda hondonada, denominada por los arqueólogos ‘la cantera’, que se desarrolla de modo paralelo al término de la calzada del templo de Hatshepsut en Deir El Bahari.
Está excavado en un macizo rocoso de composición compleja (Cuarzo, calcita, yeso y otros componentes), y tiene 97,36 metros de longitud, y 41,93 metros de profundidad máxima, desde la superficie.
Consta de un acceso, un corredor (corredor ‘a’) dotado con ochenta y dos peldaños hasta la primera cámara (cámara ‘A’), otro corredor (corredor ‘b’) con cuarenta y dos peldaños hasta la segunda cámara (cámara ‘B’), y un tercero, (corredor ‘c’), excavado en rampa con una longitud de 9,20 metros, que desemboca en la tercera cámara (cámara ‘C’).
En el muro sur del corredor ‘a’, a la altura del escalón número sesenta y ocho, se abre una pequeña cámara de 3,39 m. de largo x 1,57 m. de alto x 2,26 m. de ancho, anepigráfa. En el muro norte, a la altura del escalón setenta y cuatro, hay un grafito que muestra el busto del dueño del monumento, su nombre, Senenmut, y el título de ‘Mayordomo de Amón’, trazados con tinta negra sobre una superficie estucada y pulida de 0,80 m. de alto, por 0,52 m. de ancho.
La cámara ‘A’ está completamente decorada y en sus muros están esculpidos en relieve inciso, en general en columnas verticales, textos seleccionados de los Textos de las Pirámides, Textos de los Féretros (o Sarcógafos), Libro de los Muertos, y otros especialmente redactados para ser inscritos en este monumento.
En el muro oeste hay esculpida una estela de falsa puerta.
La cámara posee dibujado en el techo con tintas negra y roja un mapa celeste que muestra las constelaciones septentrionales y meridionales, los decanes, ciertas estrellas y cuatro planetas, así como la representación de los doce meses lunares del calendario egipcio.
Se trata del techo astronómico más antiguo del mundo, que se conoce. La cámara ‘B’ carece de decoración alguna. La cámara ‘C’ posee el techo abovedado y tiene excavado en el suelo de su rincón noreste un pozo de 1,43 m. de profundidad x 0,94 m. de largo x 1,12 m. de ancho.
En la jamba sur de la puerta de acceso existen dos grafitos esculpidos de los que hemos traducido el segundo, hasta ahora inédito. El eje del hipogeo está orientado hacia el oeste. El eje de la cámara ‘A’, coincide con el vertical de la ‘falsa puerta’, y, a su vez, está orientado en relación a la cámara interior de la capilla de Hathor en el recinto del templo de Hatshepsut en Deir El Bahari.
A partir de los diversos trabajos realizados por el equipo del IEAE durante las sucesivas campañas de trabajo se ha concluido que el hipogeo TT 353 forma parte del conjunto del templo de Hatshepsut en Deir El Bahari, como cripta subterránea, cuya cámara ‘A’ queda fuera del recinto del templo, mientras que las ‘B’ y ‘C’ se encuentran dentro del mismo, excavadas bajo su primera terraza.
El hipogeo parece tener innegables paralelos con la parte subterránea excavada en la montaña del monumento funerario del rey Mentu-Hotep II (Neb-hepet-re), (2055-2004 a.C.), en Deir El Bahari (TT 281).
Desarrollo del Proyecto (Campañas años 2003-2008).
Los trabajos de la primera campaña consistieron en la realización de las labores de documentación fotográfica interior del hipogeo TT 353 antes de dar comienzo a los trabajos de excavación y limpieza.
También se procedió a documentar el área externa circundante, objeto de nuestra concesión. Se establecieron los límites físicos de la misma y se fijaron las parcelas de actuación para realizar los necesarios trabajos de excavación y chequeo para reconocer el terreno, a efectos de la ejecución de las obras de protección contra las arribadas de agua pluvial y los desprendimientos de la montaña.
Los trabajos fueron acompañados de la necesaria toma de datos topográficos para elaborar la correspondiente planimetría geofísica del yacimiento exterior a la TT 353. En el año 2004 se procedió en su interior, excavando, consolidando y documentando desde el acceso, hasta la cámara ‘A’, inclusive.
Con carácter provisional y de urgencia se hizo una zanja alrededor de la entrada a la TT 353 de 0,50 m. de ancho por 0,60 m. de profundidad para proveer de un sistema de drenado de aguas pluviales provisional en caso de tormenta y evitar que las mismas se introduzcan en su interior.
Esta excavación produjo restos arqueológicos de diversa naturaleza entre los que destacan un fragmento de posible dintel de calcita (alabastro), quebrado en dos partes con el signo nsw (Gardiner M23) de 0,45 m. de alto por 0,20 de ancho. Se hallaron también restos de vendajes de lino y diversos fragmentos cerámicos de los que, alguno coincidía con la tipología y decoración de las piezas halladas en el interior de la tumba de los padres de Sen-en-Mut en la colina de Sheikh Abd el Gurnah.
Se realizó la medición del área inmediata a la TT 353 para elaborar posteriormente un plano de situación topográfica de la misma. Dentro del monumento, se llevó a cabo una completa toma de datos, para la elaboración de una nueva planimetría.
También se realizaron numerosas comprobaciones por medio de instrumentos de precisión (estación total topográfica con auxilio de GPS) de las orientaciones del monumento en relación con el Templo de Deir el Bahari y la TT 71, en Sheij Abd El Gurnah. Igualmente se procedió a documentar los restos arqueológicos hallados durante las labores de extracción de los materiales sedimentados en el interior del monumento y los obtenidos en la excavación de la zona exterior al mismo. Durante la campaña del año 2005 se concluyó la extracción de restos materiales de la cámara ‘B’, del corredor ‘b’, de la rampa de acceso, del corredor ‘c’, y de la cámara ‘C’, incluido el pozo existente en ella.
Con el fin de establecer zonas para acopio de materiales se procedió a excavar en superficie en las zonas A, B, C, D, E y G en la ‘cantera’, que constan en el plano que se acompaña, con el resultado del hallazgo de numerosas piezas cerámicas del tipo llamado de ‘dedos’, con la base perforada, muy semejantes al encontrado por Winlock en el depósito de fundación número 2 del hipogeo y otros fragmentos cerámicos, así como múltiples restos de tejido de lino, todo ello en un ámbito descontextualizado.
En la zona denominada D, se hallaron una serie de adobes con el cartucho de la reina Ahmose Nefertary , probablemente procedente de los depósitos, resto del Templo de Amen-Hotep I (1525-1504 a.C.) en Deir El Bahari, hallados por Winlock al excavar la ‘cantera’ en 1927.
Se realizaron ampliaciones de los canales de drenaje de aguas (zona B y C) junto a la fábrica de ladrillo de la entrada al hipogeo, limpiándolas de nuevo y ampliándolas ligeramente. Se han instalado sistemas de control de temperatura y humedad, a efectos de elaborar futuros informes para la vigilancia de la estabilidad ambiental en el interior.
Los trabajos de epigrafía y traducción de los textos revelaron que los grafitos hieráticos inscritos en diferentes partes de los muros de la cámara ‘A’, que consignan el día veintinueve (referido a su medianoche, dando paso al día treinta) del cuarto mes de Ajet (estación de la inundación), se refieren exactamente al día anterior al del inicio del Jubileo de la reina Maat-Ka-Ra Hatshepsut (1473-1458 a.C.).
Durante la campaña del año 2006, entre las actuaciones llevadas a cabo en la parte exterior al monumento, y con la finalidad de acotar un área disponible para la futura construcción de un Centro de Visitantes con la réplica de la cámara ‘A’ en su interior, se decidió iniciar labor de limpieza y excavación de las zonas numeradas 1, 2 y 3 en el plano número 1.
En la ejecución de dicho trabajo se excavó el talud de restos situado al oeste, sobre la meseta de la ‘cantera’. Fueron extraídos aproximadamente 300 m3 de materiales diversos depositados en el talud de soporte de la vía de acceso al templo de Hatshepsut, junto a la meseta donde están los restos de la antigua casa documentada por Winlonck como “casa de piedra”.
Consecuencia de dichos trabajos de excavación se encontraron numerosos adobes con el cartucho de la reina Ahmose Nefertary, el de coronación de Amenhotep I, Djeserkare, (1525-1504 a.C.) y algunos de la dinastía XI (2055-1985 a.C.), procedentes de los hallazgos removidos por Winlock, y abundantes restos cerámicos de épocas diversas.
Entre los hallazgos destaca un amuleto del ‘Horus Sanador’ consistente en una pieza de barro crudo con impronta mostrando a Horus y siete cordones saliendo del mismo. Se constató la existencia de niveles de escombros desde la época de los trabajos de Edouard Naville en adelante, que entregaron gran cantidad de materiales de deshecho, arrojados en dicho lugar como consecuencia de los trabajos llevados a cabo en el Templo de Hatshepsut a lo largo de mas de cien años.
Para sujetar los taludes excavados se hizo construir un muro perimetral de dieciocho metros delimitando el área de construcción futura. Se excavó el extremo noreste de la antigua “casa de piedra” para determinar el límite de los restos de la misma.
En la exploración arqueológica llevada a cabo, se constató el estado de total destrucción de los muros de piedra y adobe documentados en su día por Winlock. Se levantó un nuevo plano arqueológico del área para obtener una precisa documentación de dichos restos, procediendo posteriormente a cubrir la zona excavada con tierra de diferente color al del suelo original.
Los trabajos de documentación y traducción de los textos mostraron especialidades filológicas respecto de las formas tradicionales en ciertos fragmentos de los textos funerarios religiosos de la cámara ‘A’. Durante la campaña del año 2007 se concluyeron las labores de excavación del extremos noroeste del talud sobre la meseta de la ‘cantera’ y de la llamada “casa de piedra”, existente en el mismo punto.
En consecuencia, se procedió a retirar aproximadamente otros 200 m3 de restos de cascotes y arena depositados en el talud de soporte de la meseta por donde discurre la vía de acceso al templo de Hatshepsut. Se trabajó en el interior de la citada casa, consolidando los restos existentes de sus paramentos enlucidos y con resto de pintura blanca. Los trabajos realizados permitieron constatar sus límites y precisar la ubicación del depósito de fundación nº 2 de la TT 353 descubierto por Winlock y situado ligeramente más al norte de lo reflejado en su documentación.
Se comprobó también el buen estado de la cimentación de la casa. La plataforma sobre la que se alza muestra que el edificio se construyó de una sola vez, dotándolo de cuatro estancias, la central presenta indicios de la existencia de una columna para sujeción del techado. Tiene su entrada por el oeste, a un vestíbulo con muro semicircular.
En la estancia noreste se observan restos de huecos para sendas ventanas en sus muros norte y este. Es notoria la pérdida de elementos de piedra en los muros, en relación con la anterior documentación gráfica de la casa. Estas mermas se observan especialmente en la esquina sureste del edificio. Se elaboró un nuevo plano arqueológico documentando el estado preciso de sus muros. Se observaron añadidos posteriores datables en diferentes épocas.
Finalizados los trabajos se cubrieron los pavimentos interiores con geotextil, para protegerlo contra posibles agresiones y daños por agentes externos, tapando todo ello con tierra de diferente color al del suelo original. En el interior de la TT 353 se realizaron los últimos ajustes en la instalación del sistema de iluminación de la cámara ‘A’, así como trabajos para consolidar pequeños elementos rocosos con peligro de desprendimiento en el túnel de acceso y en ciertas partes de la entrada a la cámara ‘C’.
Se continuó la documentación fotográfica de precisión en 3D y la epigráfica para la lectura y traducción de los textos de la cámara ‘A’, que habían sido iniciadas en campañas anteriores.
Resultados científicos de las campañas realizadas.
Los trabajos llevados a cabo por la misión arqueológica del IEAE, dentro del Proyecto Sen-en-Mut (TT 353) en Deir El Bahari, han permitido la elaboración de una nueva documentación arqueológica del área de la concesión, redefiniendo la funcionalidad religiosa de la TT 353 dentro del conjunto del ‘Templo de Millones de Años’ de Hatshepsut en Deir El Bahari, como parte integrante del mismo, dado que existe una perfecta alineación del eje de la cámara ‘A’ con la capilla interior del templo de Hathor en el templo de Hatshepsut. Además, se ha realizando un nuevo estudio epigráfico del monumento.
La documentación fotogramétrica del monumento, supone el aseguramiento fidedigno del estado actual del hipogeo para su consulta y estudio posteriores. La nueva traducción integrada de los textos de las paredes de la cámara ‘A’, permite comprender la funcionalidad religiosa del hipogeo, destinado a obtener la transformación espiritual de Senenmut.
Además, se ha constatado la vinculación de los grafitos hieráticos inscritos en los muros de la cámara ‘A’ y de los textos de dicha cámara con su ‘techo astronómico’.
Respecto de la llamada “casa de piedra”, estamos en situación de poder afirmar que la datación de la parte originaria de su construcción se corresponde con el reinado de Thutmosis III (1479-1425 a.C.), siendo su probable funcionalidad, un taller para pelucas, relacionado con el culto de la diosa Hathor.
Finalmente, los abundantes restos cerámicos de vasos tipo Tjefenet, hallados, muestran, entre otras cosas, la evidencia en Deir El Bahari del culto con cerveza durante las fiestas de la embriaguez en honor de la diosa Hathor.
Directores: Dr. Francisco J. Martín Valentín / Teresa Bedman
Instituto de Estudios del Antiguo Egipto (Madrid)
Noticias
Domingo 13 Septiembre 2009 - 18:43
Egiptólogos españoles exponen las conclusiones de su misión en Egipto
Francisco Martín Valentín, Director del 'Proyecto Sen-en-Mut'. Conferencia en la sede del SCAE (El Cairo)
EFE - 02/08/2009 12 : 25
El Cairo, 2 ago (EFE).- El egiptólogo español Francisco Martín expuso hoy en El Cairo el resultado de seis años de trabajo en una tumba del área de Deir el Bahari en Luxor, al sur del país, con la conclusión de que este monumento es en realidad una capilla secreta.
El equipo español ha trabajado desde abril de 2003 en el proyecto Sen en Mut, que ha consistido en la restauración, protección y documentación de un hipogeo catalogado como tumba tebana (TT 353) y que fue descubierto en el año 1927 por el arqueólogo estadounidense Herbert Winlock.
Sin embargo, Martín aseguró hoy en la sede del Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto que este monumento es en realidad, según las conclusiones de su trabajo, "una capilla cenotafio secreta vinculada al templo de Hatshepsut" en el área de Deir el Bahari.
Sen en Mut, arquitecto real y mayordomo del dios Amón, fue el asesor de la reina Hatshepsut (1479-1457 a.C) y construyó el templo de Deir el Bahari para la célebre soberana.
Algunos de los indicios que han llevado a la misión arqueológica española a concluir que la TT 353 se trata de "un monumento templario y ritual", a juicio de Martín, es que ya existe otra tumba de Sen en Mut, donde fueron encontrados los restos de sus padres.
Además, el supuesto sarcófago de Sen en Mut tiene un tamaño excesivo para poder haber sido introducido en esta tumba tebana, y en la zona se descubrieron objetos que se utilizaban en los templos, explicó Martín.
Por otro lado, la vinculación ritual entre este monumento y la capilla de Hat Hor en el templo de Hatshepsut queda patente en una decoración de dos ojos presente tanto en la estela de falsa puerta de la primera cámara de la tumba como en la capilla.
La TT 353, capilla secreta a juicio de los arqueólogos españoles, consta de un túnel de 97,3 metros de longitud que conecta tres cámaras, la primera de ella completamente decorada.
En esta cámara se encuentra lo más destacado del monumento, un techo astronómico que ofrece una cronología del mandato de Hatshepsut y Tutmosis III, y que es "el más antiguo de la humanidad", según Martín, quien lo denominó "la capilla sixtina egipcia".
Durante los seis años que ha durado la misión, apoyada por el Ministerio de Cultura de España, el equipo ha encontrado fragmentos de paramentos con jeroglíficos y abundantes restos cerámicos del Imperio Nuevo, entre otros.
Además, la misión se ha encargado de la limpieza del interior de la tumba, así como de la construcción en el exterior de muros de protección para evitar que posibles riadas de agua entraran en el hipogeo.
El trabajo de campo en este área ya ha finalizado y los arqueólogos españoles intentan ahora que se construya una réplica exacta del monumento para que se pueda visitar el interior sin estropear el original.
En noviembre, si todo sale según lo previsto, el mismo equipo, encabezado por Francisco Martín y Teresa Bedman, ambos del Instituto de Estudios del Antiguo Egipto, comenzará un nuevo proyecto, la tumba 28 de Amenhotep, visir del rey Amenhotep III, de la dinastía XVIII, en la zona de Asasif.EFE mv/ag/cat
El Cairo, 2 ago (EFE).- El egiptólogo español Francisco Martín expuso hoy en El Cairo el resultado de seis años de trabajo en una tumba del área de Deir el Bahari en Luxor, al sur del país, con la conclusión de que este monumento es en realidad una capilla secreta.
El equipo español ha trabajado desde abril de 2003 en el proyecto Sen en Mut, que ha consistido en la restauración, protección y documentación de un hipogeo catalogado como tumba tebana (TT 353) y que fue descubierto en el año 1927 por el arqueólogo estadounidense Herbert Winlock.
Sin embargo, Martín aseguró hoy en la sede del Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto que este monumento es en realidad, según las conclusiones de su trabajo, "una capilla cenotafio secreta vinculada al templo de Hatshepsut" en el área de Deir el Bahari.
Sen en Mut, arquitecto real y mayordomo del dios Amón, fue el asesor de la reina Hatshepsut (1479-1457 a.C) y construyó el templo de Deir el Bahari para la célebre soberana.
Algunos de los indicios que han llevado a la misión arqueológica española a concluir que la TT 353 se trata de "un monumento templario y ritual", a juicio de Martín, es que ya existe otra tumba de Sen en Mut, donde fueron encontrados los restos de sus padres.
Además, el supuesto sarcófago de Sen en Mut tiene un tamaño excesivo para poder haber sido introducido en esta tumba tebana, y en la zona se descubrieron objetos que se utilizaban en los templos, explicó Martín.
Por otro lado, la vinculación ritual entre este monumento y la capilla de Hat Hor en el templo de Hatshepsut queda patente en una decoración de dos ojos presente tanto en la estela de falsa puerta de la primera cámara de la tumba como en la capilla.
La TT 353, capilla secreta a juicio de los arqueólogos españoles, consta de un túnel de 97,3 metros de longitud que conecta tres cámaras, la primera de ella completamente decorada.
En esta cámara se encuentra lo más destacado del monumento, un techo astronómico que ofrece una cronología del mandato de Hatshepsut y Tutmosis III, y que es "el más antiguo de la humanidad", según Martín, quien lo denominó "la capilla sixtina egipcia".
Durante los seis años que ha durado la misión, apoyada por el Ministerio de Cultura de España, el equipo ha encontrado fragmentos de paramentos con jeroglíficos y abundantes restos cerámicos del Imperio Nuevo, entre otros.
Además, la misión se ha encargado de la limpieza del interior de la tumba, así como de la construcción en el exterior de muros de protección para evitar que posibles riadas de agua entraran en el hipogeo.
El trabajo de campo en este área ya ha finalizado y los arqueólogos españoles intentan ahora que se construya una réplica exacta del monumento para que se pueda visitar el interior sin estropear el original.
En noviembre, si todo sale según lo previsto, el mismo equipo, encabezado por Francisco Martín y Teresa Bedman, ambos del Instituto de Estudios del Antiguo Egipto, comenzará un nuevo proyecto, la tumba 28 de Amenhotep, visir del rey Amenhotep III, de la dinastía XVIII, en la zona de Asasif.EFE mv/ag/cat
Opiniones
Viernes 3 Julio 2009 - 15:50
No es que Hislibris estuviera allí, tan sólo una pequeña parte acompañada de toda su ignorancia, pero encantada de la vida ante la alternativa de una tarde de fútbol, la del 24 de junio.
El Ex- Ministro de Cultura D. César A. Molina; la Dra Abir Abd El Salam; Teresa Bedman y Francisco Martín Valentín. Presentación del libro 'Hatshepsut: de reina a farón de Egipto'
El acto tuvo lugar en la embajada de Egipto; concretamente el anfitrión era el Instituto Egipcio de Estudios Islámicos y tuvieron el buen gusto de ponerlo la tarde de un miércoles que, como todo el mundo sabe, (por supuesto, nuestro amadísimo jefe no es tan vulgar como para encontrarse en este grupo) es un día perfecto para estas cosas.
Hice bien yendo con tiempo pues minutos antes de comenzar, la sala estaba llena.
Tras una introducción breve y concisa de la representante egipcia tomaron la palabra los asistentes.
El ex-ministro de cultura César Antonio Molina, hizo hincapié en la importancia y la deuda contraída con aquellos que llevan una labor lenta, meticulosa y, a veces, poco reconocida cuyo fin es rescatar la Historia.
Recordó la visita que hizo a la excavación española y su admiración al encontrarse con semejantes hallazgos, bajar diez pisos bajo tierra para descubrir un grafiti con el retrato de un gran Sen-en-Mut a mano alzada por un arquitecto, los vestigios de una historia y los de cómo se quiso ocultar ésta por los sucesores, las estancias descubiertas al ahondar en la tierra…, pero sobre todo por el equipo que allí trabajaba. Se intuía que aquella excursión había acabado siendo algo más que una mera formalidad.
El editor de La esfera de los libros logró desde el principio sentar a Hatshepsut en la mesa con gracia, al piropear de guapa nada menos que a un faraón de Egipto.
Por lo bajo, Francisco Martín Valentín, le susurra a la presentadora que le dé la palabra primero a la otra autora, Teresa Bedman. ¿Por cortesía o para que llevara la faena al tercio que más le gustara? No se haría esperar la respuesta.
Teresa Bedman empezó con una frase recordando el día que cruzó la puerta de la embajada, en 1986, con el sueño de ser egiptóloga y… aquí la emoción apenas la deja terminar, después de tanto tiempo y esfuerzo, lo veía cumplido.
Se dirigió a muchos de los presentes, caras a las que entrañablemente ponía nombre y apellido. La lista era variada y larga: arqueólogos, estudiosos, familiares, estudiantes… y agradeció a cada uno su labor en el todo y en cada parte del proyecto. He de decir que desde el comienzo hasta ese momento, no había dejado de mirar y dedicar una sonrisa o un guiño a cada uno según los descubría en el auditorio. Con semejante trato, cariño y confianza eran cada vez más comprensibles los aplausos que la ayudaban a pasar los momentos más emotivos que la dejaban sin voz.
Por supuesto que habló del libro, aunque no demasiado. Lo que sí acercó, con absoluta maestría, a todos los presentes fue la figura de Hatshepsut, un personaje al que 3500 años después se le devuelve con justicia su puesto en la Historia. Como reina, con un destino previsible, como faraón, rompiendo con la costumbre de su tiempo y como mujer. Curiosamente una mujer que tuvo detrás un gran hombre, al contrario de los siglos venideros, como reza el dicho. Y Teresa no se olvidó de él.
Dando a entender que «toda la parte sensible que pudiera haber en el libro es fácil suponer a quién corresponde», le cede la palabra a Francisco Martín Valentín. Ahí se supone que empezaba la parte más árida, más científica y más cruda, claro.
Es el Sr. Martín Valentín un hombre de apariencia seria y eminente que comienza a agradecer correctamente de forma general a instituciones y organismos todos los apoyos y aportaciones. Y, pequeña pausa para coger aire, quiere sobre todo agradecer a alguien especial. Después de esa introducción uno se espera las siglas de una nueva desconocida organización, pero no. La afortunada es una persona en concreto, alguien que no aparece en los papeles: Mercedes, la mujer del Sr. Molina, la que supo contagiar el entusiasmo y el interés por esa misión perdida en la arena de Deir El Bahari. Y con esa referencia, ese detalle de tan poca aparente relevancia, Francisco, el que se suponía el cerebro frío, también nota la voz quebrada y tiene que interrumpir para sobreponerse.
Como no podía ser menos, nuevos aplausos llenan el silencio obligado.
Parece una reacción algo desmedida, pero no lo es. A lo largo de su exposición, en la que se palpa la pasión por su profesión en cada palabra, se siente que lo que motiva a este riguroso científico, además de la búsqueda y estudio de verdades antiguas, es el privilegio y la necesidad de poder brindarlas a los demás. No solo a una comunidad académica reducida, también a aquellos que de algún modo sienten el interés de saber de dónde venimos y qué camino hemos andado.
La única pega de todo el acto fue que alguien olvidara conectar el aire acondicionado, pues el calor nos privó de una posible ronda de comentarios y tertulia que habrían sido de lo más interesantes dado el nivel y conocimientos de gran parte del público.
Para terminar hubo un piscolabis en el hall, con algo de salado y bebida, y té con pastas, para los más fieles a la costumbre egipcia.
Personalmente, que para eso estuve allí, me encantó. Me fascinó el personaje, la entrega y amor a una profesión, los datos que allí se entreveían picaron la curiosidad por el tema, aplaudí, no llegué a llorar… casi, me dieron ganas de ir a Egipto, me acordé en varios momentos de muchos hislibreños que habrían disfrutado con este o aquel detalle y, por supuesto, me compré el libro y me lo llevé dedicado por los dos, aun a riesgo de no probar casi lo que se servía fuera de la sala, dada la cantidad de gente y felicitaciones que recibieron.
Y no, no me identifiqué como Aretes, una que es así de sosa.
Pero estar, estuve.
Publicado por H.E.A.
Fuente
Hice bien yendo con tiempo pues minutos antes de comenzar, la sala estaba llena.
Tras una introducción breve y concisa de la representante egipcia tomaron la palabra los asistentes.
El ex-ministro de cultura César Antonio Molina, hizo hincapié en la importancia y la deuda contraída con aquellos que llevan una labor lenta, meticulosa y, a veces, poco reconocida cuyo fin es rescatar la Historia.
Recordó la visita que hizo a la excavación española y su admiración al encontrarse con semejantes hallazgos, bajar diez pisos bajo tierra para descubrir un grafiti con el retrato de un gran Sen-en-Mut a mano alzada por un arquitecto, los vestigios de una historia y los de cómo se quiso ocultar ésta por los sucesores, las estancias descubiertas al ahondar en la tierra…, pero sobre todo por el equipo que allí trabajaba. Se intuía que aquella excursión había acabado siendo algo más que una mera formalidad.
El editor de La esfera de los libros logró desde el principio sentar a Hatshepsut en la mesa con gracia, al piropear de guapa nada menos que a un faraón de Egipto.
Por lo bajo, Francisco Martín Valentín, le susurra a la presentadora que le dé la palabra primero a la otra autora, Teresa Bedman. ¿Por cortesía o para que llevara la faena al tercio que más le gustara? No se haría esperar la respuesta.
Teresa Bedman empezó con una frase recordando el día que cruzó la puerta de la embajada, en 1986, con el sueño de ser egiptóloga y… aquí la emoción apenas la deja terminar, después de tanto tiempo y esfuerzo, lo veía cumplido.
Se dirigió a muchos de los presentes, caras a las que entrañablemente ponía nombre y apellido. La lista era variada y larga: arqueólogos, estudiosos, familiares, estudiantes… y agradeció a cada uno su labor en el todo y en cada parte del proyecto. He de decir que desde el comienzo hasta ese momento, no había dejado de mirar y dedicar una sonrisa o un guiño a cada uno según los descubría en el auditorio. Con semejante trato, cariño y confianza eran cada vez más comprensibles los aplausos que la ayudaban a pasar los momentos más emotivos que la dejaban sin voz.
Por supuesto que habló del libro, aunque no demasiado. Lo que sí acercó, con absoluta maestría, a todos los presentes fue la figura de Hatshepsut, un personaje al que 3500 años después se le devuelve con justicia su puesto en la Historia. Como reina, con un destino previsible, como faraón, rompiendo con la costumbre de su tiempo y como mujer. Curiosamente una mujer que tuvo detrás un gran hombre, al contrario de los siglos venideros, como reza el dicho. Y Teresa no se olvidó de él.
Dando a entender que «toda la parte sensible que pudiera haber en el libro es fácil suponer a quién corresponde», le cede la palabra a Francisco Martín Valentín. Ahí se supone que empezaba la parte más árida, más científica y más cruda, claro.
Es el Sr. Martín Valentín un hombre de apariencia seria y eminente que comienza a agradecer correctamente de forma general a instituciones y organismos todos los apoyos y aportaciones. Y, pequeña pausa para coger aire, quiere sobre todo agradecer a alguien especial. Después de esa introducción uno se espera las siglas de una nueva desconocida organización, pero no. La afortunada es una persona en concreto, alguien que no aparece en los papeles: Mercedes, la mujer del Sr. Molina, la que supo contagiar el entusiasmo y el interés por esa misión perdida en la arena de Deir El Bahari. Y con esa referencia, ese detalle de tan poca aparente relevancia, Francisco, el que se suponía el cerebro frío, también nota la voz quebrada y tiene que interrumpir para sobreponerse.
Como no podía ser menos, nuevos aplausos llenan el silencio obligado.
Parece una reacción algo desmedida, pero no lo es. A lo largo de su exposición, en la que se palpa la pasión por su profesión en cada palabra, se siente que lo que motiva a este riguroso científico, además de la búsqueda y estudio de verdades antiguas, es el privilegio y la necesidad de poder brindarlas a los demás. No solo a una comunidad académica reducida, también a aquellos que de algún modo sienten el interés de saber de dónde venimos y qué camino hemos andado.
La única pega de todo el acto fue que alguien olvidara conectar el aire acondicionado, pues el calor nos privó de una posible ronda de comentarios y tertulia que habrían sido de lo más interesantes dado el nivel y conocimientos de gran parte del público.
Para terminar hubo un piscolabis en el hall, con algo de salado y bebida, y té con pastas, para los más fieles a la costumbre egipcia.
Personalmente, que para eso estuve allí, me encantó. Me fascinó el personaje, la entrega y amor a una profesión, los datos que allí se entreveían picaron la curiosidad por el tema, aplaudí, no llegué a llorar… casi, me dieron ganas de ir a Egipto, me acordé en varios momentos de muchos hislibreños que habrían disfrutado con este o aquel detalle y, por supuesto, me compré el libro y me lo llevé dedicado por los dos, aun a riesgo de no probar casi lo que se servía fuera de la sala, dada la cantidad de gente y felicitaciones que recibieron.
Y no, no me identifiqué como Aretes, una que es así de sosa.
Pero estar, estuve.
Publicado por H.E.A.
Fuente
Opiniones
Domingo 28 Junio 2009 - 23:34
DOS EGIPTÓLOGOS LO DESCUBREN EN UNA NUEVA BIOGRAFÍA.
Ha sido descrita durante décadas como una reina ambiciosa y sin escrúpulos y, sin embargo, se desconocía que la figura de Hatshepsut albergaba mucho más. Dos egiptólogos, Francisco J. Martín Valentín y Teresa Bedman, aportan ahora, tras seis años de trabajos de excavaciones en las inmediaciones de su templo en Luxor, una nueva perspectiva sobre uno de los personajes más interesantes de la Historia egipcia.
Han pasado doscientos años desde que Champollion incluyó el nombre de Hatshepsut en la genealogía de los reyes de la dinastía XVIII y aún hoy su figura posee un halo de misterio.
Tras décadas de estudios dispersos sobre esta faraona, que gobernó Egipto durante 22 años (1479-1458 a.C), los egiptólogos Francisco J. Martín Valentín y Teresa Bedman aportan ahora, con la publicación de Hatshepsut. De reina a faraón de Egipto (Esfera de los Libros), una nueva perspectiva sobre una mujer que ha sido encasillada en la ambición y las ansias de poder.
Después de seis años al frente de la Misión Arqueológica Española del Proyecto Sen en Mut (TT 353) en Deir El Bahari, Martín Valentín y Bedman han dado forma a una historia, la de Hatshepsut, que no siempre ha sido bien entendida y que no ha estado exenta de las interpretaciones entre quienes la han estudiado.
Desde finales del siglo XIX hasta la mitad del siglo XX, la historia de esta faraona ha sido objeto de varias publicaciones, escritas en su mayoría por hombres y bajo el prisma cultural de la inferioridad femenina. En el caso de la biografía que ahora presentan Martín Valentín y Bedman, esta óptica cambia. “Nadie hasta ahora había incidido en por qué una mujer trata de hacerse faraona en Egipto, algo muy raro y especial”, comenta Martín Valentín, también director del Instituto de Estudios del Antiguo Egipto.
Una mujer de principios
Con la idea de dar una explicación “no alternativa pero sí más profunda, razonada y verosímil”, las páginas de la biografía elaborada por estos egiptólogos analizan a Hatshepsut, una de las cinco mujeres que, en 3.000 años, fueron “rey de Egipto”.
Hija de Tutmosis I y de la esposa real, la reina Ah-Més Ta-Sherit, debió conformarse con casarse con su hermanastro Tutmosis II para cumplir con la legalidad. La corta edad de éste facilitó su avance hacia el preciado trono, legitimado, según las referencias históricas, el día 29 del segundo mes de Peret del año II del reinado de su padre cuando el oráculo del gran dios tebano le comunica que será reina-faraón.
La ruptura de la tradición no fue aceptada por sus contemporáneos y de ahí que fuera tildada de ambiciosa y tirana. El resultado fue una campaña orquestada por Tutmosis III para borrar de la memoria su legado y su persona.
Pero, ¿quién fue entonces Hatshepsut? Martín Valentín la define como una mujer “inteligente, agraciada, muy curiosa, una gran estadista y con instinto político”. Según el egiptólogo, “comprendió la situación de Egipto al prescindir de las campañas militares y fomentar el dominio comercial y cultural”.
Asimismo, añade, “reafirmó la presencia femenina, heredada de las mujeres del principio de la dinastía, para transmitírselo a su hija (Neferu Ra) con la idea de crear una rama femenina que tuviera la misma importancia que el rey, al que respetaba" .
Así pues, el objetivo de estos egiptólogos ha sido intentar explicar el personaje justificándolo en su comportamiento, sin obviar ese movimiento emprendido por las mujeres de la dinastía XVIII que encontró en Hatshepsut el cúlmen al convertirse en faraón y reinar durante un periodo en el que no hubo pérdidas territoriales, las cuentas marcharon bien y se impuso la paz.
Mayordomo en la sombra
Pero no lo hizo sola. Sen en Mut, su preceptor, tuvo mucho que ver. Convertido en uno de los hombres más poderosos de la corte real, fue la sombra de la reina. Arquitecto de profesión y encargado de erigir el templo de la reina en Deir El Bahari, supervisó todas sus decisiones y administró sus bienes.
Pese a su origen modesto, gozó de privilegios que aún hoy desconciertan a los egiptólogos, como, por ejemplo, hacerse esculpir en los templos junto a la reina. Detalles que han llevado a muchos estudiosos a coincidir en la posible relación sentimental entre ambos.
Es tal la importancia de este personaje, que su estudio es fundamental para entender la figura de Hatshepsut. Así, la misión de Martín Valentín y Bedman en su hipogeo (capilla o edifico subterráneo construido por Sen en Mut) ha dado como resultado hallazgos sorprendentes.
Localizado en las zonas aledañas al templo de la reina, la investigación del equipo español se topó con que esta construcción había sido excavada en función de la capilla Hat-Hor, en el interior del templo de la reina. Martín Valentín lo explica: “Desde el fondo de la tumba en la tercera cámara del hipogeo hay que imaginar un eje hacia arriba que encaja, 268 metros hacia el exterior, con el punto medio de un par de ojos en la capilla de esta diosa dentro del templo”.
Un descubrimiento, comenta, “capital y, como tantos otros, casual”.
Aunque es vital el estudio de una tumba para adentrarse en el análisis del personaje, también es trascendental el hallazgo de su momia. La de Hatshepsut fue identificada en 2007 tras tiempo en el Museo de El Cairo sin que nadie se percatara, mientras que la de Sen en Mut sigue siendo un misterio.
Aunque se ha puesto en marcha el estudio de una momia anónima encontrada en 1881 y que podría encajar con la fisonomía de este personaje, no hay ninguna conclusión todavía al respecto. “Su hallazgo no cambiaría la historia pero sí permitiría sacar del anonimato la momia de esta figura trascendental”, comenta Martín Valentín.
Las pruebas de ADN harían el resto. “Se compararía la carga genética con las momias de sus padres, que fueron halladas en los años 30, y se podría dar con su identidad”, añade.
“Es obligación de la egiptología recuperar no sólo los restos de la momia, sino de los templos para completar el puzzle”, sentencia esperanzado.
Elena Viñas
26-06-2009
Fuente: El Imparcial. Cultura. Domingo, 28 de junio de 2009
http://www.elimparcial.es/cultura/
Tras décadas de estudios dispersos sobre esta faraona, que gobernó Egipto durante 22 años (1479-1458 a.C), los egiptólogos Francisco J. Martín Valentín y Teresa Bedman aportan ahora, con la publicación de Hatshepsut. De reina a faraón de Egipto (Esfera de los Libros), una nueva perspectiva sobre una mujer que ha sido encasillada en la ambición y las ansias de poder.
Después de seis años al frente de la Misión Arqueológica Española del Proyecto Sen en Mut (TT 353) en Deir El Bahari, Martín Valentín y Bedman han dado forma a una historia, la de Hatshepsut, que no siempre ha sido bien entendida y que no ha estado exenta de las interpretaciones entre quienes la han estudiado.
Desde finales del siglo XIX hasta la mitad del siglo XX, la historia de esta faraona ha sido objeto de varias publicaciones, escritas en su mayoría por hombres y bajo el prisma cultural de la inferioridad femenina. En el caso de la biografía que ahora presentan Martín Valentín y Bedman, esta óptica cambia. “Nadie hasta ahora había incidido en por qué una mujer trata de hacerse faraona en Egipto, algo muy raro y especial”, comenta Martín Valentín, también director del Instituto de Estudios del Antiguo Egipto.
Una mujer de principios
Con la idea de dar una explicación “no alternativa pero sí más profunda, razonada y verosímil”, las páginas de la biografía elaborada por estos egiptólogos analizan a Hatshepsut, una de las cinco mujeres que, en 3.000 años, fueron “rey de Egipto”.
Hija de Tutmosis I y de la esposa real, la reina Ah-Més Ta-Sherit, debió conformarse con casarse con su hermanastro Tutmosis II para cumplir con la legalidad. La corta edad de éste facilitó su avance hacia el preciado trono, legitimado, según las referencias históricas, el día 29 del segundo mes de Peret del año II del reinado de su padre cuando el oráculo del gran dios tebano le comunica que será reina-faraón.
La ruptura de la tradición no fue aceptada por sus contemporáneos y de ahí que fuera tildada de ambiciosa y tirana. El resultado fue una campaña orquestada por Tutmosis III para borrar de la memoria su legado y su persona.
Pero, ¿quién fue entonces Hatshepsut? Martín Valentín la define como una mujer “inteligente, agraciada, muy curiosa, una gran estadista y con instinto político”. Según el egiptólogo, “comprendió la situación de Egipto al prescindir de las campañas militares y fomentar el dominio comercial y cultural”.
Asimismo, añade, “reafirmó la presencia femenina, heredada de las mujeres del principio de la dinastía, para transmitírselo a su hija (Neferu Ra) con la idea de crear una rama femenina que tuviera la misma importancia que el rey, al que respetaba" .
Así pues, el objetivo de estos egiptólogos ha sido intentar explicar el personaje justificándolo en su comportamiento, sin obviar ese movimiento emprendido por las mujeres de la dinastía XVIII que encontró en Hatshepsut el cúlmen al convertirse en faraón y reinar durante un periodo en el que no hubo pérdidas territoriales, las cuentas marcharon bien y se impuso la paz.
Mayordomo en la sombra
Pero no lo hizo sola. Sen en Mut, su preceptor, tuvo mucho que ver. Convertido en uno de los hombres más poderosos de la corte real, fue la sombra de la reina. Arquitecto de profesión y encargado de erigir el templo de la reina en Deir El Bahari, supervisó todas sus decisiones y administró sus bienes.
Pese a su origen modesto, gozó de privilegios que aún hoy desconciertan a los egiptólogos, como, por ejemplo, hacerse esculpir en los templos junto a la reina. Detalles que han llevado a muchos estudiosos a coincidir en la posible relación sentimental entre ambos.
Es tal la importancia de este personaje, que su estudio es fundamental para entender la figura de Hatshepsut. Así, la misión de Martín Valentín y Bedman en su hipogeo (capilla o edifico subterráneo construido por Sen en Mut) ha dado como resultado hallazgos sorprendentes.
Localizado en las zonas aledañas al templo de la reina, la investigación del equipo español se topó con que esta construcción había sido excavada en función de la capilla Hat-Hor, en el interior del templo de la reina. Martín Valentín lo explica: “Desde el fondo de la tumba en la tercera cámara del hipogeo hay que imaginar un eje hacia arriba que encaja, 268 metros hacia el exterior, con el punto medio de un par de ojos en la capilla de esta diosa dentro del templo”.
Un descubrimiento, comenta, “capital y, como tantos otros, casual”.
Aunque es vital el estudio de una tumba para adentrarse en el análisis del personaje, también es trascendental el hallazgo de su momia. La de Hatshepsut fue identificada en 2007 tras tiempo en el Museo de El Cairo sin que nadie se percatara, mientras que la de Sen en Mut sigue siendo un misterio.
Aunque se ha puesto en marcha el estudio de una momia anónima encontrada en 1881 y que podría encajar con la fisonomía de este personaje, no hay ninguna conclusión todavía al respecto. “Su hallazgo no cambiaría la historia pero sí permitiría sacar del anonimato la momia de esta figura trascendental”, comenta Martín Valentín.
Las pruebas de ADN harían el resto. “Se compararía la carga genética con las momias de sus padres, que fueron halladas en los años 30, y se podría dar con su identidad”, añade.
“Es obligación de la egiptología recuperar no sólo los restos de la momia, sino de los templos para completar el puzzle”, sentencia esperanzado.
Elena Viñas
26-06-2009
Fuente: El Imparcial. Cultura. Domingo, 28 de junio de 2009
http://www.elimparcial.es/cultura/
Noticias
Domingo 21 Junio 2009 - 21:47
La editorial 'La Esfera de los Libros' organiza la presentación en Madrid de la biografía histórica de la reina Hatshepsut, de la que son autores Teresa Bedman y Francisco J. Martín Valentín
La editorial 'La Esfera de los Libros' acaba de publicar la biografía de la mujer que fue faraón de Egipto, la reina Hatshepsut, de la que son autores los egiptólogos madrileños Teresa Bedman y Francisco J. Martín Valentín.
El libro será oficialmente presentado por el escritor y ex-Ministro de Cultura D. César Antonio Molina en un acto que tendrá lugar el próximo 24 de junio a las 19,30 horas en la sede de la Agregaduría Cultural de la Embajada de la República Árabe de Egipto en Madrid, el Instituto Egipcio de Estudios Islámicos, sito en la calle Francisco de Asís Méndez Casariego nº 1, a la altura del Paseo de la Habana nº 40.
Este trabajo se perfila como la más completa y actualizada obra egiptológica dedicada al estudio del reinado de la mujer que ocupó el trono de Egipto como faraón durante veintidós años en la primera mitad de la dinastía XVIII, hacia 1480-1456 a. C.
Con su aparición, la egiptología en español sigue avanzando para ocupar el puesto que le corresponde en el ámbito internacional.
Departamento de Prensa
La Esfera de los Libros
Acabamos de publicar un nuevo libro con el título 'Hatshepsut, de reina a Faraón de Egipto' en el que se ofrece un nuevo perfil biográfico de esta apasionante reina de Egipto a la luz de nuestras investigaciones en Deir El Bahari y en la TT 353 del Mayordomo de Amón Sen-en-Mut
Nuestro conocimiento de la antigua ciudad de Tebas viene de muy lejos.
Muchos años de viajes continuados a Luxor, y la exploración asídua de sus templos y de sus tumbas, hicieron de nosotros dos investigadores que dedicaron mucho de su tiempo y de sus esfuerzos a conocer sobre el terreno a los personajes que protagonizaron la historia de Egipto en su gran capital del sur, durante la dinastía XVIII, en el Imperio Nuevo.
Entre todos los reyes y dioses que desfilaban ante nuestros ojos por los muros de los templos tebanos, siempre se fijó de un modo especial en nuestra retina la imagen de una enérgica mujer de delicada apariencia: La reina Hatshepsut.
La reina Hatshepsut siempre nos había parecido una figura mítica del antiguo Egipto. El atractivo que ejerce su personalidad nos impactó profundamente desde el momento en que entramos en contacto con el gran Imen Dyeser-Dyeseru, su templo de Millones de Años, elevado en el circo de Deir El Bahari, en Luxor occidental.
Después, viajamos para conocer el Egipto Medio y la antigua ciudad de Abu (Elefantina), junto a la actual Assuán; también se nos revelo allí la presencia de la gran reina. El Espeos Artemidos de Batn el Baquera, las canteras de Assuán, y los templos de la isla Elefantina, nos acercaron de nuevo a la historia de la misteriosa mujer que gobernó Egipto como faraón durante veintidós años.
Finalmente, la oportunidad que el destino nos brindó un día del mes de diciembre de 1999 para trabajar en Deir El Bahari a lo largo de ocho campañas anuales, durante los años 2003 al 2008, ambos inclusive, confirmó que la atracción que sentíamos por la historia de esta magnífica mujer, estaba justificada.
Cuando comenzamos a excavar en el interior del hipogeo TT 353 del Mayordomo de Amón Sen-en-Mut, algo trascendente se reveló a nosotros: En su interior se hallaban claves muy importantes que permitían comprender la intrahistoria de ambos personajes: La reina faraón y el Mayordomo de Amón, preceptor de la hija de aquélla, la princesa Neferu-Ra.
Los dos habían regido los destinos de Egipto durante la minoría de Thutmosis III. Ella, desde el trono, como hija carnal del dios Amón; él, desde la sombra, siempre detrás de su reina, pero sólidamente afianzado en las estructuras del poder que garantizaba la marcha de las Dos Tierras.
El primer descubrimiento se produjo cuando, haciendo las mediciones necesarias para elaborar los planos arqueológicos del hipogeo de Sen-en-Mut, pudimos comprobar que el eje vertical de la estela de la falsa puerta que está situada en el muro Oeste de su primera sala, coincidía con cierto lugar del muro Norte de la Capilla de Hat-Hor, junto al templo de la reina, y que, dicha coincidencia llegaba hasta el interior del santuario de la misma. ¡La vinculación de nuestro monumento con el templo estaba probada!. Además, sabíamos que su túnel y sus cámaras alcanzaban, bajo la masa pétrea, la primera terraza del templo de Hatshepsut. ¿Qué más podríamos esperar?.
Sin embargo, el monumento subterráneo de Sen-en-Mut continuó entregándonos otros muchos secretos. Una inscripción aquí, …un relieve destruido allí… la imagen de algún personaje dibujado sobre el muro con tinta, en un rincón inverosímil…
Todo indicaba que nuestro hipogeo tenía muchas historias para contar y muchas más para descubrir.
Cuando comenzamos a leer las inscripciones contenidas en los muros de la primera cámara de la TT 353 surgieron más datos muy esclarecedores.
En ellos, Sen-en-Mut se arrogaba la capacidad de ser poseedor de la Corona Roja, símbolo de la realeza del Bajo Egipto. Y, lo que era más revelador, parece que la reina habría sido partícipe de tal situación, consintiéndola, si no propiciándola, tal como parecía desprenderse de otra gran inscripción existente en el techo de dicha cámara que recogía los nombres del faraón Maat-Ka-Ra Hatshepsut junto a los de Sen-en-Mut y los de los padres de este.
Tal como dicen las inscripciones de los anales históricos de los reyes: “¡Nunca se había visto antes nada igual…!”: un hombre de origen plebeyo y una gran reina, descendiente de la gran Ah-Més Nefertary, unidos en secreto, para toda la eternidad.
Para nosotros, la investigación no había hecho más que empezar.
Hatshepsut y Sen-en-Mut, los dos juntos e íntimamente entrelazados, aparecían ante nosotros como las dos mitades de un mismo sueño que había prometido dar a Egipto mil años de gloria y esplendor.
Poco a poco, fuimos estudiando los archivos de los egiptólogos que, antes de nosotros, habían trabajado en el templo. Viejas fotografías, diarios de excavación, artículos publicados en revistas especializadas, visitas a los museos del mundo que contenían los monumentos y los objetos de Hatshepsut y Sen-en-Mut, para estudiarlos de nuevo…reuniones de trabajo con los conservadores… todo ello, fue una actividad febril que nos acompañó durante ocho años.
Al cabo, surgió, fruto de nuestra investigación, una nueva visión del reinado de Hatshepsut.
La reina que se nos había mostrado en los libros no era la que podíamos percibir a la vista de nuestros descubrimientos. Donde se decía que ella había sido una mujer ambiciosa, nosotros habíamos descubierto a otra, con un sentido de la grandeza que la predestinaba para ocupar por derecho propio el trono de Egipto.
Donde se había querido hacer ver que las relaciones de la reina con su sobrino Thutmosis III habían sido el fruto de un culmen de vejaciones y abusos para con el príncipe, los datos objetivos nos mostraban un periodo de paz y equilibrio en el que la reina-faraón y el faraón, juntos, habían regido armoniosamente el país del Nilo.
Donde solo se percibía el silencio de la supresión de la memoria, roto en ocasiones por datos dispersos e inconexos, nosotros conseguimos captar el hilo conductor de una historia que comenzaba mucho antes de que ella naciera, en el mismo momento en que la gloriosa dinastía XVIII vio la luz para dar a Egipto el periodo más brillante de su historia antigua.
Nuestro anterior libro, ‘Sen-en-Mut, el hombre que pudo ser rey de Egipto’ , fue el fruto de un primer acercamiento al conocimiento de este extraordinario periodo histórico.
Ahora, concluidos los trabajos de excavación y estudio de la TT 353 y sus aledaños en la ‘Cantera’ de Deir el Bahari, es llegada la hora de presentar el fruto recogido, las aportaciones derivadas de nuestro contacto directo sobre el terreno para enriquecer y matizar el perfil histórico de la reina que envió la primera expedición exclusivamente comercial de la que tenemos noticias, al país del Punt; aquella que sublimó su relación con su padre divino, Amón de Ipet Sut; la que soñó probablemente con instaurar un renovado sistema de ejercicio de la realeza egipcia, en el que la mujer desempeñara un papel, igualado al del hombre.
En resumen, es el momento de ofrecer a los lectores interesados y a los colegas egiptólogos esta nueva propuesta de análisis histórico del reinado de Maat-Ka-Ra Hatshepsut Jenumet Imen, el que fue quinto soberano coronado del Alto y el Bajo Egipto, durante la dinastía XVIII del Imperio Nuevo.
¡Que nuestro trabajo pueda ser útil para todos!.
Francisco J. Martín Valentín
Teresa Bedman
Egiptólogos
Cuando nos referimos a la cultura egipcia antigua, más concretamente a lo que comúnmente llamamos civilización del ‘Egipto faraónico’, inmediatamente reconocemos en ella a una de las más prestigiosas, entre las anteriores al mundo clásico griego. Sin embargo, no podemos sustraernos a la idea de que el concepto de ‘lo antiguo’ resulta ser en nuestras cabezas sinónimo de ‘lo elemental’, ‘lo tosco’, ‘lo imperfecto’, o ‘lo primitivo’, en comparación con ‘lo actual’ o ‘lo moderno’, términos que identificamos con ‘lo perfeccionado’, ‘lo avanzado’, ‘lo superior a’, o ‘lo evolucionado’.
Capilla de la estatua de Hat-Hor. Deir El Bahari. Reinado de Thutmosis III (1479-1425 a. C.). Museo Egipcio de El Cairo
Esta reflexión, prácticamente automática, puede llevarnos a desconocer algunos de los activos y valores de esta gran civilización, circunstancia compartida con otras de su misma sincronía histórica, que, no obstante encontrarse muy separadas de nosotros en el tiempo, han aportado un gran acerbo de valores, conceptos y experiencias que tejen de un modo decisivo la urdimbre de la sociedad actual, sin que, en muchas ocasiones, apenas seamos conscientes de ello.
En cuanto a la civilización egipcia se refiere, rápidamente pensaremos en la originalidad de las formas piramidales que tanta atención han fijado, o en la fascinación producida por los descubrimientos de tesoros fabulosos que han jalonado la historia de la arqueología en el Valle del Nilo.
En suma, como máximo, enjuiciaremos al antiguo Egipto como algo exótico, atractivo; incluso curioso, pero lo suficientemente distante de nuestras vidas y problemas cotidianos, como para impedir que nos vinculemos de modo consciente con tan remoto mundo, pretendida expresión arquetípica del despotismo, la esclavitud y la falta de libertad, bajo el imperio de un sistema teocrático, en el que el faraón, ser divino viviente, resultaba ser, a los ojos de los griegos, el amo absoluto de todo Egipto y de cuanto en sus límites se encontraba.
Bajo esta visión enormemente simplificada, sin embargo, subyacen otras realidades que las corrientes investigadoras en egiptología no han subrayado adecuadamente (quizás por tratarse de cuestiones aparentemente solo aptas para sabios ensimismados en su pequeño universo, demasiado a menudo exclusivo y excluyente).
Es sobre algunos de estos elementos que configuran los perfiles de la cultura faraónica, que versará esta pequeña comunicación, con la intención de someterlos a vuestro conocimiento y a vuestra reflexión.
El vehículo de la ciencia egipcia fue la envoltura religiosa. En el mundo egipcio el mito envuelve al conocimiento científico para expresarlo de un modo oculto, solo comprensible para los iniciados, ver, los sacerdotes poseedores del conocimiento.
Sabemos como se imaginaban o explicaban la creación del mundo, del universo egipcio. A través del relato de la cosmogonía heliopolitana conocemos como Ra creó a Shu (el aire) y Tefnut (la humedad) y estos, a su vez a Gueb (la tierra) y Nut (la bóveda celeste), todos ellos expresiones parciales del universo físico bajo forma religiosa.
Otras Cosmogonías también explicaban otras maneras en las que se creó el universo, pero lo curioso es que los egipcios también sabían de algún modo que la duración del universo tendría un término y, que al mismo tiempo, era cíclica: Bajo un ropaje de texto religioso, en el capítulo 175 del Libro de los Muertos encontramos como el dios Osiris interroga al gran dios creador Atum sobre su tiempo de vida. Este es el diálogo:
¿Qué sucede con mi tiempo de vida, dice Osiris, y Atum le responde: ‘Tú vivirás por millones y millones de Años, un tiempo de millones de años. Sin embargo, yo destruiré todo lo que he creado. Esta tierra volverá al Nun, al agua primordial, tal y como fue en su comienzo…’
Los textos religiosos también describen de algún modo como se producirá esa desaparición del universo creado. Los Textos de las Pirámides, en su invocación 227-229 hablan de la actuación del pelícano sagrado Pesedyet que habita en el lugar por donde el sol sale y se pone diariamente, al borde del universo creado. Esta condición permitía al ave sagrada conocer todos los eventos que debían acontecer al final de los tiempos.
Dice el texto: ‘Entonces…la tierra no hablará más y Gueb (la tierra) no será capaz de protegerse a sí mismo y donde quiera que lo encuentre, yo lo devoraré gradualmente…el Grande se alzará y la eneáda comenzará a gritar, siendo la tierra completamente comprimida. Los límites se juntarán, las orillas se unirán, los caminos se volverán impracticables para los viajeros y las pendientes serán destruidas por aquellos que quieran huir…’.
¿Cabe duda de que se está describiendo el momento en el que el espacio, doblándose sobre sí mismo podría llegar a desaparecer?.
Por otra parte, el poeta alejandrino Claudiano, de principios del siglo V de Cristo, en su Homenaje a Estilicón, se refiere al antiquísimo conocimiento egipcio de un universo cíclico, al describir el Urobóros, la serpiente que se muerde la cola simbolizando la eternidad y los ciclos de creación/destrucción que fundamentan las leyes del universo.
Dice el texto: ‘Desconocida, lejana, inaccesible a nuestra raza, casi prohibida a los mismos dioses, existe una caverna, la de la inmensa eternidad, madre tenebrosa de los años, que produce las edades y las vuelve a llamar a su vasto seno. Una serpiente defiende el perímetro de esta gruta; devora todas las cosas con voluntad serena, y sus escamas permanecen eternamente jóvenes. Con la boca vuelta hacia atrás, devora su propia cola y, deslizándose en silencio, vuelve a pasar por el lugar donde ha comenzado’.
Resulta, así pues, que los egipcios consideraban el tiempo y el universo como conceptos cíclicos, no lineales. Cíclicos como el renacimiento del sol cada mañana por el horizonte oriental. Si antes de la creación, dicen los egipcios, existía el Nun, ‘lo inerte’, el océano primordial sin espacio ni límite, dicho estado finalizó con el acto creador que, repetido casi ilimitadamente, podía mantener el universo en vida y orden, aunque, realmente, ellos sabían que su duración estaba marcada de antemano.
Tal final, parecen indicarnos los textos, no era sino la vuelta al principio, a la oscuridad primigenia en la que la esencia del demiurgo permanecería siempre para reactivarse de un modo ignoto, volviendo a reproducir el día primero en que fueron creados los dioses y el mundo.
Para los egipcios el Creador era ‘aquel que viene a la existencia después del fin del tiempo cíclico y nunca desaparece…’. (Textos de Denderah).
De este modo, podemos concluir que el tiempo en la mentalidad egipcia antigua no era lineal, sino cíclico. Los egipcios no crearon eras con un año ‘0’ en su inicio. Los años se contaban como los del reinado del faraón. Esto significaba que todo comenzaba de nuevo con cada día que alumbraba y con cada nuevo ascenso al trono del sucesor del rey muerto.
No en balde fueron ellos quienes concibieron nuestro calendario.
Los astrónomos egipcios habían observado, desde la más remota antigüedad, que el año incierto de 365 días, partiendo de una aparición helíaca correcta, se encontraba, de año en año, en déficit de un cuarto de día respecto de Sothis (Sirio) y el sol. Al cabo de cuatro años esta pérdida era de un día, al cabo de ocho años, de dos días, y así sucesivamente. De este modo, tenían que transcurrir 1461 años del calendario para que la aparición correcta del sol se produjese, de nuevo, el día primero del año.
Ellos confeccionaron tablas que medían las diferencias entre el año calendárico y al año sotiaco/solar, que se reflejaron en ciertos monumentos, bajo la forma de ‘fechas dobles’ (el calendario de las fiestas religiosas de Elefantina de la época de Thutmosis III, recoge que la aparición helíaca de Sotis se produjo el día 28 del mes de Epifi, cuando debía haberlo hecho el día 1º del mes de Thot.
Según los cálculos actuales esta diferencia de días se produjo entre los años 1471 y 1474, antes de Cristo, periodo que, a la vista de esta inscripción, debió formar parte del reinado de Thutmosis III.
Actualmente, la moderna cronología otorga para este rey como periodo de reinado, el transcurrido entre los años 1479 al 1425 a. C.
De tal manera, los egipcios establecieron la división del año civil/solar en doce meses de treinta días cada uno de ellos, divididos en semanas de diez días. Es decir, 360 días. A ellos añadieron 5 días complementarios al final del año, llamados por los griegos días epagómenos, y por los egipcios, ‘días de completar el año’, y, aún más, un día extra cada cuatro años, configurando nuestro ‘año bisiesto’.
Para poder establecer estas divisiones en atención a conseguir la coincidencia entre Sothis/Sirio y el sol el día primero de su año nuevo, los científicos han calculado que, al menos, debió observarse todo ello dentro de varios ciclos o periodos sothiacos de 1461 años.
Poseemos certidumbre en cuanto al uso de este sistema de calendario desde la época protodinástica, hacia el 3100 a. C., en cuyo caso habría que retrotraer la instauración del calendario a tiempos muy anteriores a estas fechas, quizás a otros tres o cuatro mil años antes.
Como es bien sabido, Julio César importó, después de su estancia egipcia, este sistema de calendario para su uso en Roma que se instauró allí en el 46 a.C. y, desde donde pasó a todo el orbe, después de los ajustes realizados bajo el papado de Gregorio XIII, en 1582.
Para llevar a cabo la implantación del citado sistema de medición del tiempo se hacen imprescindibles el conocimiento y el uso de unos serios principios matemáticos.
En efecto: “El sistema de cálculo de los egipcios, que, a primera vista, parece una extraordinaria mezcla de conceptos primitivos y cálculos asombrosamente difusos y complicados, se nos muestra, después de estudiado, como una construcción de coherencia y unidad perfectas… Puede, pues, decirse que las matemáticas egipcias son el único ejemplo que se haya conservado intacto de un sistema de cálculo muy avanzado en sus aplicaciones, cuya evolución no ha sufrido interrupción alguna y que, por el contrario, reposa realmente sobre la base más primitiva del cálculo, esto es, sobre la enumeración, y un concepto individual de la fracción.” (Otto Neugebauer)
Los métodos del trabajo de la piedra plantean problemas cuya solución aún no se ha encontrado, al menos de modo satisfactorio. ¿Cómo podían transportar desde las Canteras de Assuán hasta las cercanías del actual Cairo (alrededor de 900 kilómetros), bloques de granito con pesos que oscilaban desde las 38 a las 425 toneladas, como los del templo del Valle de Kefrén, en Guiza?.
Otro ejemplo son los sarcófagos de los toros Apis en Sakkara, el peso de alguno de alguno de los cuales se ha llegado a estimar en 60 toneladas.
La precisión en el trabajo de la piedra es también admirable. Ejemplos: el sarcófago de granito de Sesostris II presenta un error de 1/8 de milímetro en el plano de sus costados.
Otra comprobación realizada sobre una columna hecha de un solo bloque de granito rojo con una altura de 2,60 metros y un diámetro variable que disminuye, desde los 92,2 cm. hasta los 79,8 cm. arroja un error en relación con el diámetro medio de la pieza que no sobrepasa los 8 milímetros.
Pero si los ejemplos relacionados con el ámbito del mundo científico o técnico nos llaman la atención no es menor la impresión que puede producirnos el examen de los textos egipcios, repartidos en conjuntos que los egiptólogos han denominado como textos sapienciales, escépticos, literarios o, simplemente históricos.
Entre ellos existe un género llamado ‘escéptico’ representado, entre otras obras, por la llamada ‘La disputa de un hombre cansado de la vida con su Ba, o espíritu’ (Papiro de Berlín nº 3024) que, supone por sí solo un modelo de tratado filosófico, redactado mucho antes de que la Grecia clásica sentase los principios de la Filosofía.
Se trata de un autor anónimo que vivió probablemente en los tiempos turbulentos del Primer Periodo Intermedio (hacia el 2200 a C.).
La propia naturaleza de los problemas tratados en esta pieza literaria: los grandes problemas de la vida y de la muerte, el sentido dado al propio debate y su claro planteamiento dramático le confieren un valor extraordinario y un marcado sentido emotivo.
El protagonista es un egipcio cuya condición social no se determina pero probablemente perteneciente a la clase sacerdotal. Su interlocutor, que no interviene directamente, no es otro que el Ba, parte espiritual del ser humano cuya naturaleza podría ser semejante, aunque no idéntica, al concepto platónico del ‘alma’ o ‘psique’.
Nuestro hombre, cansado de la vida, se muestra decidido al suicidio por medio del fuego, algo que, sabemos aterrorizaba a los egipcios, dado que, creían, debían conservar el cuerpo para sobrevivir en el Más Allá.
Es el alma-Ba quien se rebela contra esta decisión y trata de convencer al presunto suicida para que desista y, en caso contrario, manifiesta su negativa a estar en su compañía en el momento del cumplimiento de tan fatal resolución. El desesperado reprocha al alma que ella se niegue a cumplir lo que la concierne: estar en el duelo del difunto y facilitarle su entrada en el Más Allá.
El alma insiste en que él no puede tomar la decisión de morir sin resolver el problema de la supervivencia tras la muerte. Sin embargo, el hombre responde planteando dudas sólidas respecto a la naturaleza del lugar adonde presuntamente se va tras la muerte, incluso dudas a propósito de si existe una segunda vida. El alma responde con lógica que, si no existe nada tras la muerte ¿por qué atormentarse?.
Es en este momento del relato cuando se introduce un fragmento poético en el mismo que hace referencia a la tristeza del momento en el que el difunto es depositado en la tumba y a la vanidad e inutilidad de las prácticas funerarias, con toda su sombría grandeza.
La dialéctica puesta en marcha por el alma no hace cambiar las decisiones del desesperado. La gran sorpresa surge cuando el alma, cambiando su posición, concluye analizando el suicidio, y en cierto modo, coincidiendo con la opinión el desesperado, de modo que se nos revela que estábamos en presencia del individúo y de una especie de su otro’yo’, lo que Saint Faire Garnot llama en este caso la personificación de la consciencia.
Por esta vía, el tema de la controversia acaba centrándose como el relato de una lucha interior: el suicida enfrentado contra sí mismo. Este texto es, así pues, un testimonio sugerente de lo que podría haber sido el primer ejemplo conocido de la capacidad de la introspección en el ser humano.
Francisco J. Martín Valentín.
Egiptólogo
(Comunicación realizada en la reunión de bloggers del 13 de marzo de 2009)
En cuanto a la civilización egipcia se refiere, rápidamente pensaremos en la originalidad de las formas piramidales que tanta atención han fijado, o en la fascinación producida por los descubrimientos de tesoros fabulosos que han jalonado la historia de la arqueología en el Valle del Nilo.
En suma, como máximo, enjuiciaremos al antiguo Egipto como algo exótico, atractivo; incluso curioso, pero lo suficientemente distante de nuestras vidas y problemas cotidianos, como para impedir que nos vinculemos de modo consciente con tan remoto mundo, pretendida expresión arquetípica del despotismo, la esclavitud y la falta de libertad, bajo el imperio de un sistema teocrático, en el que el faraón, ser divino viviente, resultaba ser, a los ojos de los griegos, el amo absoluto de todo Egipto y de cuanto en sus límites se encontraba.
Bajo esta visión enormemente simplificada, sin embargo, subyacen otras realidades que las corrientes investigadoras en egiptología no han subrayado adecuadamente (quizás por tratarse de cuestiones aparentemente solo aptas para sabios ensimismados en su pequeño universo, demasiado a menudo exclusivo y excluyente).
Es sobre algunos de estos elementos que configuran los perfiles de la cultura faraónica, que versará esta pequeña comunicación, con la intención de someterlos a vuestro conocimiento y a vuestra reflexión.
El vehículo de la ciencia egipcia fue la envoltura religiosa. En el mundo egipcio el mito envuelve al conocimiento científico para expresarlo de un modo oculto, solo comprensible para los iniciados, ver, los sacerdotes poseedores del conocimiento.
Sabemos como se imaginaban o explicaban la creación del mundo, del universo egipcio. A través del relato de la cosmogonía heliopolitana conocemos como Ra creó a Shu (el aire) y Tefnut (la humedad) y estos, a su vez a Gueb (la tierra) y Nut (la bóveda celeste), todos ellos expresiones parciales del universo físico bajo forma religiosa.
Otras Cosmogonías también explicaban otras maneras en las que se creó el universo, pero lo curioso es que los egipcios también sabían de algún modo que la duración del universo tendría un término y, que al mismo tiempo, era cíclica: Bajo un ropaje de texto religioso, en el capítulo 175 del Libro de los Muertos encontramos como el dios Osiris interroga al gran dios creador Atum sobre su tiempo de vida. Este es el diálogo:
¿Qué sucede con mi tiempo de vida, dice Osiris, y Atum le responde: ‘Tú vivirás por millones y millones de Años, un tiempo de millones de años. Sin embargo, yo destruiré todo lo que he creado. Esta tierra volverá al Nun, al agua primordial, tal y como fue en su comienzo…’
Los textos religiosos también describen de algún modo como se producirá esa desaparición del universo creado. Los Textos de las Pirámides, en su invocación 227-229 hablan de la actuación del pelícano sagrado Pesedyet que habita en el lugar por donde el sol sale y se pone diariamente, al borde del universo creado. Esta condición permitía al ave sagrada conocer todos los eventos que debían acontecer al final de los tiempos.
Dice el texto: ‘Entonces…la tierra no hablará más y Gueb (la tierra) no será capaz de protegerse a sí mismo y donde quiera que lo encuentre, yo lo devoraré gradualmente…el Grande se alzará y la eneáda comenzará a gritar, siendo la tierra completamente comprimida. Los límites se juntarán, las orillas se unirán, los caminos se volverán impracticables para los viajeros y las pendientes serán destruidas por aquellos que quieran huir…’.
¿Cabe duda de que se está describiendo el momento en el que el espacio, doblándose sobre sí mismo podría llegar a desaparecer?.
Por otra parte, el poeta alejandrino Claudiano, de principios del siglo V de Cristo, en su Homenaje a Estilicón, se refiere al antiquísimo conocimiento egipcio de un universo cíclico, al describir el Urobóros, la serpiente que se muerde la cola simbolizando la eternidad y los ciclos de creación/destrucción que fundamentan las leyes del universo.
Dice el texto: ‘Desconocida, lejana, inaccesible a nuestra raza, casi prohibida a los mismos dioses, existe una caverna, la de la inmensa eternidad, madre tenebrosa de los años, que produce las edades y las vuelve a llamar a su vasto seno. Una serpiente defiende el perímetro de esta gruta; devora todas las cosas con voluntad serena, y sus escamas permanecen eternamente jóvenes. Con la boca vuelta hacia atrás, devora su propia cola y, deslizándose en silencio, vuelve a pasar por el lugar donde ha comenzado’.
Resulta, así pues, que los egipcios consideraban el tiempo y el universo como conceptos cíclicos, no lineales. Cíclicos como el renacimiento del sol cada mañana por el horizonte oriental. Si antes de la creación, dicen los egipcios, existía el Nun, ‘lo inerte’, el océano primordial sin espacio ni límite, dicho estado finalizó con el acto creador que, repetido casi ilimitadamente, podía mantener el universo en vida y orden, aunque, realmente, ellos sabían que su duración estaba marcada de antemano.
Tal final, parecen indicarnos los textos, no era sino la vuelta al principio, a la oscuridad primigenia en la que la esencia del demiurgo permanecería siempre para reactivarse de un modo ignoto, volviendo a reproducir el día primero en que fueron creados los dioses y el mundo.
Para los egipcios el Creador era ‘aquel que viene a la existencia después del fin del tiempo cíclico y nunca desaparece…’. (Textos de Denderah).
De este modo, podemos concluir que el tiempo en la mentalidad egipcia antigua no era lineal, sino cíclico. Los egipcios no crearon eras con un año ‘0’ en su inicio. Los años se contaban como los del reinado del faraón. Esto significaba que todo comenzaba de nuevo con cada día que alumbraba y con cada nuevo ascenso al trono del sucesor del rey muerto.
No en balde fueron ellos quienes concibieron nuestro calendario.
Los astrónomos egipcios habían observado, desde la más remota antigüedad, que el año incierto de 365 días, partiendo de una aparición helíaca correcta, se encontraba, de año en año, en déficit de un cuarto de día respecto de Sothis (Sirio) y el sol. Al cabo de cuatro años esta pérdida era de un día, al cabo de ocho años, de dos días, y así sucesivamente. De este modo, tenían que transcurrir 1461 años del calendario para que la aparición correcta del sol se produjese, de nuevo, el día primero del año.
Ellos confeccionaron tablas que medían las diferencias entre el año calendárico y al año sotiaco/solar, que se reflejaron en ciertos monumentos, bajo la forma de ‘fechas dobles’ (el calendario de las fiestas religiosas de Elefantina de la época de Thutmosis III, recoge que la aparición helíaca de Sotis se produjo el día 28 del mes de Epifi, cuando debía haberlo hecho el día 1º del mes de Thot.
Según los cálculos actuales esta diferencia de días se produjo entre los años 1471 y 1474, antes de Cristo, periodo que, a la vista de esta inscripción, debió formar parte del reinado de Thutmosis III.
Actualmente, la moderna cronología otorga para este rey como periodo de reinado, el transcurrido entre los años 1479 al 1425 a. C.
De tal manera, los egipcios establecieron la división del año civil/solar en doce meses de treinta días cada uno de ellos, divididos en semanas de diez días. Es decir, 360 días. A ellos añadieron 5 días complementarios al final del año, llamados por los griegos días epagómenos, y por los egipcios, ‘días de completar el año’, y, aún más, un día extra cada cuatro años, configurando nuestro ‘año bisiesto’.
Para poder establecer estas divisiones en atención a conseguir la coincidencia entre Sothis/Sirio y el sol el día primero de su año nuevo, los científicos han calculado que, al menos, debió observarse todo ello dentro de varios ciclos o periodos sothiacos de 1461 años.
Poseemos certidumbre en cuanto al uso de este sistema de calendario desde la época protodinástica, hacia el 3100 a. C., en cuyo caso habría que retrotraer la instauración del calendario a tiempos muy anteriores a estas fechas, quizás a otros tres o cuatro mil años antes.
Como es bien sabido, Julio César importó, después de su estancia egipcia, este sistema de calendario para su uso en Roma que se instauró allí en el 46 a.C. y, desde donde pasó a todo el orbe, después de los ajustes realizados bajo el papado de Gregorio XIII, en 1582.
Para llevar a cabo la implantación del citado sistema de medición del tiempo se hacen imprescindibles el conocimiento y el uso de unos serios principios matemáticos.
En efecto: “El sistema de cálculo de los egipcios, que, a primera vista, parece una extraordinaria mezcla de conceptos primitivos y cálculos asombrosamente difusos y complicados, se nos muestra, después de estudiado, como una construcción de coherencia y unidad perfectas… Puede, pues, decirse que las matemáticas egipcias son el único ejemplo que se haya conservado intacto de un sistema de cálculo muy avanzado en sus aplicaciones, cuya evolución no ha sufrido interrupción alguna y que, por el contrario, reposa realmente sobre la base más primitiva del cálculo, esto es, sobre la enumeración, y un concepto individual de la fracción.” (Otto Neugebauer)
Los métodos del trabajo de la piedra plantean problemas cuya solución aún no se ha encontrado, al menos de modo satisfactorio. ¿Cómo podían transportar desde las Canteras de Assuán hasta las cercanías del actual Cairo (alrededor de 900 kilómetros), bloques de granito con pesos que oscilaban desde las 38 a las 425 toneladas, como los del templo del Valle de Kefrén, en Guiza?.
Otro ejemplo son los sarcófagos de los toros Apis en Sakkara, el peso de alguno de alguno de los cuales se ha llegado a estimar en 60 toneladas.
La precisión en el trabajo de la piedra es también admirable. Ejemplos: el sarcófago de granito de Sesostris II presenta un error de 1/8 de milímetro en el plano de sus costados.
Otra comprobación realizada sobre una columna hecha de un solo bloque de granito rojo con una altura de 2,60 metros y un diámetro variable que disminuye, desde los 92,2 cm. hasta los 79,8 cm. arroja un error en relación con el diámetro medio de la pieza que no sobrepasa los 8 milímetros.
Pero si los ejemplos relacionados con el ámbito del mundo científico o técnico nos llaman la atención no es menor la impresión que puede producirnos el examen de los textos egipcios, repartidos en conjuntos que los egiptólogos han denominado como textos sapienciales, escépticos, literarios o, simplemente históricos.
Entre ellos existe un género llamado ‘escéptico’ representado, entre otras obras, por la llamada ‘La disputa de un hombre cansado de la vida con su Ba, o espíritu’ (Papiro de Berlín nº 3024) que, supone por sí solo un modelo de tratado filosófico, redactado mucho antes de que la Grecia clásica sentase los principios de la Filosofía.
Se trata de un autor anónimo que vivió probablemente en los tiempos turbulentos del Primer Periodo Intermedio (hacia el 2200 a C.).
La propia naturaleza de los problemas tratados en esta pieza literaria: los grandes problemas de la vida y de la muerte, el sentido dado al propio debate y su claro planteamiento dramático le confieren un valor extraordinario y un marcado sentido emotivo.
El protagonista es un egipcio cuya condición social no se determina pero probablemente perteneciente a la clase sacerdotal. Su interlocutor, que no interviene directamente, no es otro que el Ba, parte espiritual del ser humano cuya naturaleza podría ser semejante, aunque no idéntica, al concepto platónico del ‘alma’ o ‘psique’.
Nuestro hombre, cansado de la vida, se muestra decidido al suicidio por medio del fuego, algo que, sabemos aterrorizaba a los egipcios, dado que, creían, debían conservar el cuerpo para sobrevivir en el Más Allá.
Es el alma-Ba quien se rebela contra esta decisión y trata de convencer al presunto suicida para que desista y, en caso contrario, manifiesta su negativa a estar en su compañía en el momento del cumplimiento de tan fatal resolución. El desesperado reprocha al alma que ella se niegue a cumplir lo que la concierne: estar en el duelo del difunto y facilitarle su entrada en el Más Allá.
El alma insiste en que él no puede tomar la decisión de morir sin resolver el problema de la supervivencia tras la muerte. Sin embargo, el hombre responde planteando dudas sólidas respecto a la naturaleza del lugar adonde presuntamente se va tras la muerte, incluso dudas a propósito de si existe una segunda vida. El alma responde con lógica que, si no existe nada tras la muerte ¿por qué atormentarse?.
Es en este momento del relato cuando se introduce un fragmento poético en el mismo que hace referencia a la tristeza del momento en el que el difunto es depositado en la tumba y a la vanidad e inutilidad de las prácticas funerarias, con toda su sombría grandeza.
La dialéctica puesta en marcha por el alma no hace cambiar las decisiones del desesperado. La gran sorpresa surge cuando el alma, cambiando su posición, concluye analizando el suicidio, y en cierto modo, coincidiendo con la opinión el desesperado, de modo que se nos revela que estábamos en presencia del individúo y de una especie de su otro’yo’, lo que Saint Faire Garnot llama en este caso la personificación de la consciencia.
Por esta vía, el tema de la controversia acaba centrándose como el relato de una lucha interior: el suicida enfrentado contra sí mismo. Este texto es, así pues, un testimonio sugerente de lo que podría haber sido el primer ejemplo conocido de la capacidad de la introspección en el ser humano.
Francisco J. Martín Valentín.
Egiptólogo
(Comunicación realizada en la reunión de bloggers del 13 de marzo de 2009)
Editado por
Francisco J. Martín Valentín es Doctor en Ciencias de las Religiones (Religión egipcia), por el Instituto de Ciencias de las Religiones. Departamento de Historia Antigua de la de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense de Madrid. Egiptólogo. Director del Instituto de Estudios del Antiguo Egipto. Director de la Misión Arqueológica Española en Asasif, (Luxor Occidental Egipto), desarrollando actualmente el “Proyecto Visir Amen-Hotep. TA 28". Director de la Cátedra de Egiptología ‘José Ramón Mélida’. Teresa Bedman es Licenciada en Historia y Egiptóloga. Gerente del Instituto de Estudios del Antiguo Egipto. Co-directora de la Misión Arqueológica Española en Asasif, (Luxor Occidental Egipto), desarrollando actualmente el “Proyecto Visir Amen-Hotep. TA 28”. Secretaria de la Cátedra de Egiptología ‘José Ramón Mélida’.
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