EGIPTOLOGÍA

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EXPOSICIÓN PREPARADA POR FRANCK GODDIO  

Madrid verá los 'Tesoros sumergidos de Egipto'
La muestra podrá visitarse en el Matadero de Legazpi desde el 16 de abril

Reúne 500 piezas, desde monedas y joyas hasta efigies de gran belleza


PILAR R. VEIGA (EFE)
MADRID.- El arqueólogo Franck Goddio, que consiguió localizar en los años 90 el mítico puerto de Alejandría, prepara en Madrid la exposición 'Tesoros sumergidos de Egipto', un resumen de 1.500 años de historia que, según explica, "nunca podríamos haber visto sin las últimas tecnologías".

La exposición, que podrá visitarse en el Matadero de Legazpi del 16 de abril al 28 de septiembre, reúne 500 piezas, desde monedas y joyas hasta efigies de gran belleza y varios metros de altura.

Vestido con una americana azul, unos vaqueros y un casco de obra, muy diferentes a su traje de buzo, Franck Goddio (Francia, 1947) ha confesado que no le gusta que le llamen el "Indiana Jones del mar" y se define "sólo" como "un arqueólogo que ahora dirige unas excavaciones bajo el mar en Egipto".

La modestia rivaliza en Goddio, presidente del Instituto Europeo de Arqueología Submarina, con un gran conocimiento de la historia, pero que nunca hubiera podido contrastar de cerca "sin la ayuda de las sofisticadas técnicas con magnetómetros nucleares".

Aunque se sumergió por primera vez en 1975, no sería hasta 10 años más tarde cuando decidió trabajar en la arqueología submarina, y tuvo que esperar hasta 1991, cuando el Centro Atómico francés desarrolló una nueva tecnología, para buscar los restos de la antigua Alejandría.

La importancia de los hallazgos incluye restos de las antiguas ciudades de Alejandría, Heraclion y Canopo, desaparecidas simultáneamente en el siglo VIII d.C. Su relevancia ha sido comparada con el descubrimiento de Pompeya, pero, para Goddio, "la importancia económica y religiosa de ellas es mucho mayor".

Un etapa de Egipto 'muy perturbada'

El primer hallazgo de su equipo, formado por 50 personas, fue lo que se llamaba 'Portus Grande' o gran puerto de Alejandría. Pero el resto, menos conocido para el gran público, "Heraclion era una ciudad casi mítica, conocida sólo por textos", y Canopo tenía el templo dedicado al dios Serapis, que hacía milagros relacionados con la vista.

"Hemos encontrado la cara de la estatua principal de Serapis, ante la que miles de personas en la antigüedad venían para rezar esperando un milagro", dice. Franck Goddio añade con humor que el milagro ha sido "encontrar a este dios y verlo".

El arqueólogo ha afirmado que la exposición resume una etapa de la historia de Egipcio muy "perturbada", al incluir las últimas dinastías faraónicas, la llegada de Alejandro Magno, la dinastía Tolomeica, la colonización romana, cristiana, bizantina e islámica.

Los hallazgos incluyen restos de Alejandría, Heraclion y Canopo, desaparecidas en el siglo VIII d.C. Su relevancia ha sido comparada con el descubrimiento de Pompeya

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Goddio ha contado que la pieza que ha costado más esfuerzo subir a la superficie ha sido una estela de granito rosa, de 18 toneladas, perteneciente al templo de Amon, en Heraclion. En ella se dice que el faraón Tolomeo VIII concede al templo un derecho por el que los esclavos que entraban en él recuperaban la libertad.

Aunque no se han encontrado las tumbas de Alejandro Magno ni de Cleopatra, sí se han hallado monedas con sus efigies, entre ellas una de oro de este rey conduciendo un carruaje con cuatro elefantes.

Si se le pregunta por su pieza favorita, Goddio recuerda la estatua de una mujer, quizá la reina Arsinoé, con un vestido transparente y mojado, de piedra negra, del siglo III a. C., que "puede ser la más bella del mundo", afirma.

Franck Goddio, que huye de las preguntas relacionadas con las empresas cazatesoros, "es un mundo totalmente diferente a lo que yo hago", regresará a Madrid el próximo 16 de abril para inaugurar la exposición.

La muestra ya ha recorrido Berlín, Bonn y París, y ha sido en ésta última donde Goddio ha encontrado el máximo entusiasmo. "Había días con 15.000 visitantes y colas hasta las once de la noche", recuerda quien en mayo volverá a sumergirse en las aguas de Egipto.

Con su permanente sonrisa, Goddio se despide diciendo: "Aún me faltan muchos tesoros por encontrar, pero el mejor es aquél que no me espero".


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'Tesoros sumergidos de Egipto'. Matadero de Legazpi (Paseo de la Chopera, 10. Madrid). Del 16 de abril al 28 de septiembre.

Fuente: Agencia Efe en Diario 'El Mundo' 31-03-2008


Redactado por Francisco J. Martín Valentín y Teresa Bedman el jueves 03 Abril 2008 a las 16:20 | Permalien | Comentarios


Artículos y comunicaciones

LOS TESOROS SUMERGIDOS DE EGIPTO  

El próximo 16 de abril se abrirá al público, en las salas del Centro Cultural 'Matadero Madrid' de nuestra capital, la Exposición 'Los tesoros sumergidos de Egipto', bajo el patrocinio de la Fundación Hilti y la dirección técnica del arqueólogo submarino Franck Goddio. Se trata de un acontecimiento cultural de interés mundial. Las antiguas ciudades egipcias de Alejandría, Heraklion y Canopus podrán ser conocidas por los visitantes a través de la espléndida exposición de sus magníficos restos hallados bajo el mar por Frank Goddio y su equipo.

LOS TESOROS SUMERGIDOS DE EGIPTO
El año 2002 se dio a conocer el hallazgo realizado por el equipo de arqueólogos del Instituto Europeo de Arqueología Submarina de Franck Goddio en colaboración con el Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto, en la bahía de Abukir consistente en los restos de dos importantes ciudades desaparecidas en el mar hace 1.200 años.

Se trataba de Canopus y una de sus barriadas, llamada Menuthis, y de otra destacada metrópoli conocida en los textos clásicos como Herakleion.

Según la opinión de técnicos de la Universidad de Stanford, estas ciudades fueron destruídas como consecuencia de una serie de terremotos y maremotos que asolaron las costas egipcias a causa del nacimiento de una grieta surgida en la falla marina que iba desde Sicilia hasta El Cairo.

El proceso de su desaparición no debió ser repentino, puesto que sabemos por las fuentes escritas que, al menos, hubo 34 terremotos en la zona del norte de Africa, entre el 320 y el 1303 de C., siendo el más riguroso de ellos el sufrido en el 365. Con el tiempo la costa se fue hundiendo y las ciudades existentes a lo largo de ella se fueron derrumbando y cayendo bajo el empuje de las olas, siendo gradualmente enterradas por el limo que todos los años depositaban las crecidas del Nilo.


No obstante, alguno de los hallazgos parecen indicar que, en el caso Herakleion, el abandono de la ciudad se llevó a cabo de modo precipitado.

De hecho, las más recientes investigaciones comunicadas en su día aclaran que, en realidad, la ciudad de Herakleion probablemente se hundió en el mar mucho antes que Canopus.

En todo caso sabemos que estas poblaciones estuvieron ubicadas en lo que una vez fue la desembocadura del brazo Canópico del Nilo, la cual desapareció a causa de repetidos fenómenos sísmicos.

La parte más importante de la destrucción de las ciudades pudo producirse, según la tesis más verosímil, hacia los siglos VII-VIII, es decir, después de la conquista de Egipto por los árabes, aunque entre los restos encontrados en Canopus hay monedas de oro del periodo Ayyubí (1117-1150 de C), lo que avalaría la idea de que el hundimiento completo de los restos de las ciudades y su abandono final debieron producirse bastante más tarde.


Las Leyendas de Canopus y Herakleion

La mitología griega cuenta que el rey espartano Menelao hizo alto en la ciudad de Herakleion cuando regresaba desde Troya con Helena. Entonces, Canopus, el timonel que gobernaba su barco, fue mordido por una serpiente venenosa y como consecuencia de ello se transformó en un ser divino.

Por tal razón Canopus y Menuthis, su esposa, fueron inmortalizados fundándose las poblaciones que llevaron sus nombres.

Por su parte, el viajero griego Heródoto escribió en su libro Euterpe cómo Helena y Paris, fugitivos de Troya fueron rechazados a las puertas de Egipto por un mítico personaje llamado Thonis, encargado de vigilar la entrada de los extranjeros por la llamada ‘Boca Canópica' del Nilo.

Más tarde, Diodoro de Sicilia aclararía a la posteridad que este Thonis de Heródoto era, en realidad, el nombre del centro comercial egipcio que comunicaba en la Boca Canópica con el ‘mar de los griegos' que, en la lengua de los faraones se denominó Ta-Hone. En realidad una población portuaria que, en el Decreto de Canopo recibía el nombre griego de Herakleion.

La mítica urbe contaba con un gran templo, relatan los textos, dedicado al dios Herakles (el Hércules latino). Para explicar la presencia de este monumento los cronistas clásicos nos contaron la historia a su modo.

Diodoro relata que en una ocasión en la que las aguas del Nilo crearon una gran ola que rompió todos los diques de contención, Hércules consiguió frenarla y conducir al río a su cauce por lo que, en gratitud, el pueblo le erigió en aquél lugar un templo y llamó a la ciudad Herakleion. Para ellos Amón era Zeus y Jonsu, Hércules.

Un poco de historia

Los reyes egipcios de la dinastía XXVI, saíta, habían autorizado, alrededor del 570 a. de C. asentamientos griegos de mercenarios milesios y carios en la zona del Delta, relativamente cerca del emplazamiento de la futura Alejandría. La capital de estas poblaciones fue Naukratis, cuyo nombre egipcio fue Na-Keredye.

La entrada a Egipto estaba en aquéllos tiempos absolutamente prohibida a los extranjeros y solo se permitían contactos regulares en puntos de tráfico comercial perfectamente establecidos por la administración faraónica. Dos de ellos fueron Canopus y Herakleion, cuyos nombres egipcios fueron Pe-Guti y Ta-Hone, respectivamente.

Ambas, situadas a poco más de cinco kilómetros de distancia entre sí, estuvieron ubicadas en el brazo canópico de la desembocadura del río Nilo, y, ambas, tuvieron sus orígenes en los tiempos del Imperio Nuevo (hacia el 1580 a. de C.).

Realmente fueron dos emporios comerciales, en el caso de Herakleion con importantes instalaciones portuarias, que estaban rodeados de numerosas casas y contaban con grandes santuarios.

En el caso de Canopus los templos se sabe que estuvieron dedicados a la diosa Isis, cuyo lugar sagrado estaba construido en un barrio de la ciudad llamado Menuthis, y los dioses Osiris y Serapis; en Herakleion se alzaban los dedicados al dios Amon-Guereb, que otorgaba la legitimidad al faraón para regir Las Dos Tierras y al dios Jonsu; ambos estaban dotados con estatuas y con los demás elementos habitualmente existentes en un recinto religioso egipcio.

Ambas ciudades fueron desbancadas por la esplendente Alejandría que, fundada en el 331 a. C., captó toda la riqueza comercial de los demás puertos egipcios del Mediterráneo.

Los hallazgos

Los restos encontrados en las dos campañas dadas a conocer hasta ahora han sido de suma importancia y han establecido la identificación sin género de dudas de las dos importantes ciudades egipcias de las que nos hablaban los viajeros grecorromanos.

El naos de los decanes

En los momentos iniciales el equipo de Franck Goddio halló en Canopus un importantísimo fragmento de un monumento que fue inmediatamente identificado. Se trataba de una capilla de granito negro llamada por los egiptólogos ‘el naos de los decanes'.

La parte superior fue hallada en la playa de la bahía de Abukir en 1776 por los integrantes de la Expedición francesa a Egipto y hoy se exhibe en el Museo del Louvre. Otra parte fue descubierta en 1934 y recuperada en 1940 por el arqueólogo turco, príncipe Omar Tusson, y hoy forma parte de los fondos del Museo Greco-Romano de Alejandría.

Finalmente, la nueva porción encontrada contiene numerosas inscripciones que facilitan gran información sobre los conocimientos que en materia de calendario y astrología poseían los egipcios.

La capilla, construida por orden del rey Nectanebo I (380-362 a. C.), llevaba textos e imágenes de las estrellas que gobernaban el cielo nocturno a lo largo del año egipcio. Con estas imágenes e inscripciones se representaba el calendario anual de 36 decanes o periodos de 10 días, la semana de los antiguos egipcios.

Estos periodos de diez días estaban marcados en su inicio y en su conclusión por la aparición y desaparición en el cielo nocturno de las estrellas conocidas como ‘los decanes'.

La ciudad de Canopus también entregó a los arqueólogos otros restos de gran importancia tales como un torso de una diosa Isis de tamaño natural vestida con una sugerente túnica de increíbles pliegues, una monumental cabeza de mármol del dios Serapis, o una magnífica cabeza de un faraón desconocido, quizá de época ptolemaica, esculpida en granito negro.

La Estela de Herakleion-Thonis.

Durante la campaña del 2000-2001 la misión arqueológica francesa de Goddio y el Servicio de Antigüedades de Egipto han dedicado sus trabajos preferentemente a la zona de Herakleion. De hecho, las prospecciones, concentradas en un área de unos 80.000 metros cuadrados, han entregado una enorme cantidad de hallazgos.

El más importante de ellos parece haber sido una gran estela prácticamente idéntica a la conocida como ‘Estela de Naukratis', hoy en el Museo Egipcio de El Cairo, que fue encontrada durante la campaña de 1899 por el arqueólogo británico D. G. Hogarht en la localidad de Kom Gaif.

La ciudad de Naukratis estaba situada en la orilla este de la boca canópica del Nilo, a pocos kilómetros de la ciudad de Sais, y la estela estuvo erigida en el recinto del templo de Neith de dicha ciudad.

Esculpida en un bloque de granito negro, mide 1,58 m. de alto por 0.68 de ancho y en el cintro, bajo el disco solar alado, se ve representado al rey Nectanebo I ofreciendo en dos registros simétricos, a la diosa Neith entronizada, un collar de oro y alimentos.

El documento está fechado exactamente en el año 1, cuarto mes del verano, día trece del reinado de Nectanebo I (hacia el mes de noviembre del 380 a. C.) y recoge la creación del pago de un impuesto del diez por ciento del oro, plata y madera en bruto o trabajada que viniera del llamado ‘mar de los griegos', así como de todas las cosas a favor del dominio del rey en la ciudad, y otro diez por ciento de los mismos artículos, salvo la madera, que se manufacturasen en Naukratis, a favor de la diosa Neith.
La ‘estela de Herakleion-Thonis', difiere de la de Naukratis solamente en la mención del lugar al que cada ejemplar de este decreto real iba destinado para ser erigido.

Si la segunda se ordenaba fuera colocada en ‘Naukratis, en la orilla de Anu' , la ahora encontrada refleja que debería ser erigida en ‘la entrada del mar de los griegos', es decir, en el puerto de Herakleion.

El gran templo de Amon-Guereb y de Jonsu-Herakles.

Otro importante hallazgo llevado a cabo en Herakleion ha sido un magnífico naos hecho sobre un solo bloque de granito rosa, según todos los indicios epigráficos y en opinión del Profesor Jean Yoyotte, perteneciente al periodo ptolemaico, aunque su factura recuerda enormemente al naos del templo de Edfu, construido por orden de Nectanebo II.

El hallazgo, ubicado cerca del antiguo muelle, se encuentra entre los restos del gran templo de Ta-Hone dedicado principalmente al dios Zeus-Amon Guereb y a su hijo el dios Herakles-Jonsu, cuyo nombre era La-Casa-de-Amon-Guereb-en-la-boca-de-Ta-Hone.

Muy cerca se han hallado también, al menos, tres colosales estatuas de granito rosa que representan al dios Hapy, el Nilo divinizado, y a un rey y una reina, por el momento, no identificados.

Las futuras excavaciones del recinto del gran templo entregarán seguramente gran cantidad de restos de sumo interés puesto que, de momento, han librado a los arqueólogos gran cantidad de piezas tales como alcuzas de bronce, monedas de oro y numerosas piezas de joyería datables a finales del siglo I a. C.

Los restos de diez barcos hundidos posiblemente durante la época greco-egipcia, prueban como mudos testigos la gran actividad portuaria que Herakleion debió alcanzar antes de ser sustituida por la gran Alejandría.

En suma, las ciudades sumergidas de Herakleion y Canopus aún continuarán desvelándonos sus secretos en el futuro.

A pesar de ello, por el momento, todo invita a pensar en la existencia bajo el mar, en la costa mediterránea de Egipto, de más ciudades hundidas en el agua y en la bruma de los tiempos que todavía duermen a la espera de su descubridor.

Francisco Martín Valentín y Teresa Bedman
Egiptólogos


Para saber más:

Diodoro Sículo.- Bibliotheca Historica. Libro I.
Erman, A. y Wilcken, U. ‘ Die Naukratisstele'. ZÄS, 38 (1900), 127-135.
Goddio, F.- Project Abukir. Mission Reports Summary 1999-2001.
Heródoto.- Los Nueve libros de la Historia. Libro II, Euterpe.
Homero.- La Ilíada.
Lichtheim, M. Ancient Egyptian Literature. III, 86-89. 1980.




Redactado por Francisco J. Martín Valentín y Teresa Bedman el jueves 03 Abril 2008 a las 15:21 | Permalien | Comentarios


Noticias

Los descubrimientos del egiptólogo Martín Valentín comunicados en el CERPA  


El egiptólogo Martín Valentín, uno de los cuatro españoles que dirige una misión en el valle del Nilo, dio una conferencia en el CERPA el pasado miércoles, 27 de febrero. Trabaja en lo que hasta ahora se creía era la segunda tumba de Sen-en-Mut. Pero sus investigaciones han echado por tierra las creencias de decenas de años. Lea la entrevista realizada a uno de los expertos que más sabe de Egipto.


Excavando en el interior de la TT 353
Dicen los expertos que aún falta por descifrar más del 90% de la información que encierran las pirámides, tumbas y templos de Egipto. Los jeroglíficos y tumbas siguen revelando datos nuevos capaces de sepultar interpretaciones históricas. Es lo que ha sucedido con el investigador Francisco Martín Valentín (Segovia, 1951), que lleva cinco campañas en lo que hasta ahora se creía era la segunda tumba de Sen en Mut, arquitecto jefe de la reina faraón Hatshepsut y uno de los hombres más poderosos de Egipto en su tiempo, hacia el año 1.460 a.C.

El egiptólogo español ha demostrado que no se trata de una tumba, sino de un cenotafio o capilla vinculada ritualmente con un templo. El pasado miércoles 27 de febrero contó en Rivas las novedades de su descubrimiento.



La historia no siempre es como nos la cuentan. A veces, llega un egiptólogo, se adentra en una tumba ya investigada por otros -que luego resulta no ser una tumba-, entierra las teorías vigentes y propone otra nueva. Que se lo pregunten a Francisco Martín Valentín, doctor en Ciencias de las Religiones (Religión Egipcia) por la Facultad de Geografía e Historia. Es uno de los cuatro egiptólogos españoles que actualmente dirigen un equipo de excavación en el valle del Nilo.

Desde hace cinco años se pasa los inviernos en un monumento, de 98 metros de longitud y 48,5 de profundidad, consagrado a Sen en Mut, uno de los hombres más poderosos durante el reinado de Hatshepsut y Thutmosis III. Sen en Mut fue el responsable de numerosos diseños urbanísticos de la antigua Tebas, así como el impresionante templo que la reina faraón se mandó construir en el valle funerario de Deir el Bahari, convertido hoy en uno de los grandes epicentros turísticos de la zona. Sen en Mut, amante de Hatshepsut y hombre de su absoluta confianza, se hizo excavar también dos monumentos.

Uno es el que investiga Martín Valentín, descubierto en 1927 por Herbert Winlock. Éste dijo que se trataba de la segunda tumba de Sen en Mut. Y en 1991, otro egiptólogo, Peter F. Dorman corroboró tal suposición. Hasta hoy. Porque el egiptólogo español, toda una autoridad nacional que coordina un equipo de 22 profesionales, ha formulado otra propuesta.

P. Peter Dorman corroboró en 1991 las tesis de Winlock. ¿Qué información nueva aporta vuestro trabajo?
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R. El monumento fue descubierto por Herbert Winlock en 1927. Él dijo que se trataba de la segunda tumba de Sen en Mut. Ya en 1991, Peter Dorman recogió toda la documentación inédita que llevó Wildock al Metropolitan de Nueva York y publicó un libro bajo el título de 'Las dos tumbas de Sen en Mut', donde hablaba de una tumba que tiene cerca y ésta otra.

Hemos descubierto que no es una tumba. Se trata de una cripta, un lugar secreto, oculto y no público destinado a hacer una serie de ritos a favor del arquitecto que construyó ese monumento, Sen en Mut. Y probablemente por su orientación y ubicación forma parte oculta del mismo templo de Hatshepsut de Deir el Bahari.

P. Se acaba así con la tesis de las dos tumbas de Sen en Mut.

R. Para que se entienda, una tumba tiene una estructura determinada: capilla funeraria, pozo y cámara. Cuando falta un elemento, estamos ante otra cosa. No vale decir que es una tumba porque es subterránea. En el siglo XIX, cuando Wildock la descubre, afirmó: "Segunda tumba de Sen en Mut". Y todo el mundo lo respetó. Pero hay que considerar que la TT 353 no tiene capilla.
Lo que dijo Dorman en 1991 es que la capilla funeraria es el otro monumento que se hizo excavar Sen en Mut, a un kilómetro de distancia, pero que la cámara funeraria con sarcófago es ésta.
Esta afirmación no se sujeta desde un punto de vista ritual. Este monumento es un cenotafio o falsa tumba donde Sen en Mut pretendía recibir culto divino como si fuera un rey. Ahora tengo que proponer esta tesis en una cumbre de egiptólogos en Rodas.

P. ¿Qué más novedades aporta el proyecto?

R. Deir el Bahari [valle occidental de la ribera del Nilo] es un circo rocoso con tres templos conocidos. Uno de ellos es el de Hatshepsut. Proponemos a la comunidad científica la reconsideración de Der el Bahari para ser estudiada en todo su conjunto, desde una perspectiva religiosa y funeraria.
No vale ya el estudio particularizado de cada monumento, aunque sea necesario. Y decimos que se trata de una zona sagrada donde reyes y particulares construyeron templos, y donde otros que vinieron después han querido poner allí sus tumbas-templos porque era un lugar especial.
Esto implica aceptar que el área está impregnada de una naturaleza sagrada de corte funerario utilizada por los egipcios durante 2.000 años. Y el eje que, probablemente, ayude a explicar esta teoría sea la TT 353, el monumento de Sen en Mut donde trabajamos. Deir el Bahari fue utilizada no como una simple necrópolis, sino de una manera distinta, espiritual, porque los egipcios eran un pueblo fundamentalmente espiritual y religioso.

P. También proponéis seguir el ejemplo de Altamira para la conservación del monumento.

R. Hemos realizado una propuesta novedosa para Egipto: la construcción de una réplica exacta del monumento para respetar el original. Queremos mover las conciencias, que se entienda que Egipto no puede ser exhibido como hasta ahora.

P. ¿El turismo pone en peligro el patrimonio egipcio?

R. O empiezan a enseñar Egipto de una manera limitada, como las cuevas de Altamira, o las tumbas se acaban en 20 años. Y las autoridades egipcias parecen convencidas. La degradación de los monumentos es impresionante. Y con nuestro proyecto pretendemos servir de ejemplo. El original, reservado para los estudiosos. Y un facsímil exacto, a disposición del público, que tiene derecho a conocer el monumento. Pero no puedes meter 5.000 personas al día en una tumba. Esta filosofía, que ya aplicamos en España, es revolucionaria en Egipto.

P. ¿Prestan las instituciones españolas la atención que se merece a la egiptología?

R. No podemos comparar nuestra tradición egiptológica con la de otros países como Francia. Sería comparar una hormiga con un elefante. La administración siempre va por detrás de los acontecimientos.
Si en este país no habido tradición de excavaciones en Egipto, difícilmente las autoridades están acostumbradas a pensar en proyectos en Egipto. Como no tenemos tradición, nos quejamos. Pero tenemos mucho, aunque es insuficiente, para la poca tradición existente.

Yo diría que sí hay sensibilidad en las autoridades. Y puede haber más si los investigadores hacemos un trabajo serio. Hay que ser profesional y ofrecer resultados. Se acabaron los Indiana Jones. No se puede pensar en el excavador del siglo XIX que iba con el dinero de un museo y se tiraba dos años en el terreno. Ahora es el tiempo de la reversión de la inversión.

Las autoridades que te patrocinan tienen que saber que el dinero que ponen les revierte de alguna manera. Si aparte de ser egiptólogos, estuviéramos dispuestos a gestionarnos subvenciones como si fuéramos empresarios recibiríamos mucho más dinero. Los franceses lo hacen. Acuden, por ejemplo, a compañías eléctricas o de gas con concesiones empresariales en Egipto.

P. Y en la universidad aún no existe especialidad en Egiptología. Hay que estudiarla en el extranjero.

R. Es histórico el alejamiento de España de la egiptología académica. Llevamos ya 200 años [con esta ciencia] y no hay un departamento universitario al uso donde se dé exclusivamente egiptología. Pero existe una demanda social. Se ha generado una expectativa y una exigencia de derecho natural de estar en el mismo lugar que otros países. Es la hora de la profesionalidad.

Hay universitarios a los que les interesa relativamente Grecia y Roma y prefieren hacer egiptología. ¿Por qué se tienen que ir fuera de España? Las autoridades educativas deben comprender que ya es posible crear una carrera de Egiptología. Tenemos presencia en Egipto. Tenemos profesores formados. Y tenemos la oportunidad social y la exigencia de hacerlo.

P. ¿Son los museos de Londres o Nueva York las "mejores embajadas de Egipto" o un recordatorio del expolio?

R. Son las mejores embajadas de Egipto. Rechazo la idea del expolio para hablar de los museos. Como dicen los egipcios, con la palabra se hace magia. Si en vez de expolio sistemático hablásemos de la presencia del objeto en un lugar donde está cuidado y bien conservado a lo mejor cambiaba la manera de pensar de la gente. ¿Cómo salieron estos objetos de Egipto, en qué momento?. En un momento en que históricamente era viable ese tipo de tráfico. Hoy, no. Hoy está prohibido, cada cosa en su sitio y nada más. Han variado las circunstancias políticas internacionales. Pero no podemos juzgar el criterio por el que un emperador romano se llevó un obelisco de Egipto. Estaríamos perdidos. Si lo tenemos en Roma, ¿lo puedes ver? Sí. ¿Está bien conservado? Sí.

P. No quedarán tumbas de Tutankámon por descubrir, pero sí mucha información histórica y artística.

R. Son 200 años excavando contra 3.500 de historia. Lo más aparente y notorio ya se ha retirado. Pero desde el punto de vista de documentación e investigación queda por descifrar mucho más del 90%. La prueba viva somos nosotros. Hemos tenido la oportunidad de trabajar cinco campañas en un monumento por el que habían pasado ya dos especialistas de primer nivel y hasta ahora nadie había caído en las tesis que apuntamos.

La egiptología es una ciencia todavía joven construida sobre unos principios sagrados con mucho miedo a removerlos.

P. ¿La existencia de mujeres faraón revela una forma más avanzada de entender la sociedad?

R. Egipto es único en este asunto. Se conocen cinco mujeres que obtuvieron por su propio derecho el título de faraón, rey del Alto y Bajo Egipto. Estas cinco mujeres lo consiguen en períodos históricos que no se consiguen en ningún rincón del mundo civilizado de entonces. Ni en Grecia. Es un índice indiscutible de la alta consideración que la mujer tenía en Egipto, con una gran autoridad y presencia en la sociedad.

Este dato no se conoce mucho porque la historia de Egipto la han escrito desde el siglo XIX egiptólogos que vienen incardinados una cultura, como por ejemplo la inglesa, de clara influencia victoriana, un mundo en el que la mujer no tenía reconocimiento público en la sociedad de la época. Pero, si vuelves a investigar sin prejuicios, empiezas a replantear cosas que no son como nos las han contado.

Entrevista: Nacho Abad Andújar
Fuente:Ayuntamiento de Rivas



Redactado por Francisco J. Martín Valentín y Teresa Bedman el lunes 03 Marzo 2008 a las 12:43 | Permalien | Comentarios


Artículos y comunicaciones

LA RAZA DINÁSTICA EGIPCIA: SUS COMPONENTES  

La determinación de la raza a la que pertenecieron los pobladores del antiguo Egipto constituye un tema muy estudiado como base de un más profundo conocimiento de la civilización faraónica

LA RAZA DINÁSTICA EGIPCIA: SUS COMPONENTES
I. La llamada ‘raza dinástica'

Desafortunadamente todas las cuestiones étnicas o antropológicas están siempre teñidas y contaminadas por el ‘utilitarismo político' de turno. Por esa razón este tema ha sido deliberadamente manipulado a conveniencia de cada cual en según qué momento de nuestra historia más reciente. Las últimas corrientes investigadoras quieren ver en la civilización egipcia la expresión más elevada de una civilización africana negra.

La egiptología tiene, no obstante, la obligación científica de investigar objetivamente esta cuestión. Ello debe hacerse desde la prudencia, la independencia y el rigor. Se trata básicamente de reivindicar la auténtica naturaleza de la personalidad y esencia del antiguo pueblo egipcio, del cual es heredera toda la humanidad. Podemos afirmar que la aportación racial de los primitivos pobladores del valle del Nilo fue plural. Basta con examinar de modo somero la configuración de la geografía física de Egipto para entender la lógica de este planteamiento.

Egipto se desenvuelve desde siempre en torno y a lo largo de la arteria vital que constituye el río Nilo. Este río cuya longitud alcanza los 6741 kilómetros desde el corazón de la actual Uganda, en el centro de África, hasta el Mediterráneo, ha sido, y es, el camino de descenso hacia el mar, no sólo de los nutrientes limos inundatorios, sino de las sangres y las culturas africanas que han bajado desde el sur hacia el norte, a lo largo de sus orillas, desde el principio de los tiempos durante toda la historia de Egipto. Cada una de las dos orillas del río supuso, a su vez, una especie de ventana o puerta de acceso a otros dos mundos diferentes.

Por Occidente, en el desierto libio, y a lo largo de la ribera marítima del Mediterráneo una concurrencia de pueblos que se vieron acosados por la progresiva desecación del Sahara, vino a asentarse en oleadas sucesivas desde las altas mesetas rocosas hasta la misma orilla pantanosa del río.

De la parte de Oriente, se produjeron infiltraciones permanentes a través de dos vías básicas: el Delta oriental y la prolongación natural del pasillo sirio, a lo largo del Mediterráneo, puerta abierta a todas las razas y pueblos cuya procedencia última tendría su origen, de una parte, en el Asia central y las áreas mesopotámicas y, de otra, en las orillas ribereñas con el Mar Rojo a las que accedían gentes a través de la península del Sinaí, procedentes de la actual península Arábiga.

El valle y el delta fueron el crisol dónde todas estas aportaciones sanguíneas de origen Kamito-Tchadiano-Berebero-Semítico se amalgamaron formando un nuevo genotipo: la raza egipcia.

II. El nacimiento de la lengua y la escritura

En la mezcla resultante del encuentro de los grupos africanos, semíticos y beréberes, el grupo humano del Este, verosímilmente el más importante, parece que dio a la lengua egipcia una fuerte coloración semítica tanto en su estructura como en su vocabulario.

Sin embargo, la lengua egipcia también posee grandes elementos que la emparentan con lenguas africanas empleadas en el ámbito nilótico y sudanés, tales como el somalí, el gala, el saho o el afar. Si las razas se mezclaron en el valle, también lo hicieron sus lenguas, nada más natural. La creación del sistema jeroglífico no resultó como consecuencia de un proceso lineal. Se trató de un sistema que prevaleció sobre otros que se intentaron.

Sin duda este sistema es heredero de los pictogramas que se ven sobre ciertas cerámicas de la época prehistórica.

La escritura jeroglífica fue el soporte para integrar sólidamente entre sí, en una sola lengua, las diferentes aportaciones lingüísticas de los pueblos que acudieron a poblar el valle del Nilo. Una sola cultura, una sola escritura, un solo pueblo, eran las premisas de los reyes de la unificación. Las ausencia de las vocales en la escritura y la presencia de los determinativos permitían a cualquier escriba fuera oriundo del norte o del sur, descifrar un texto oficial.


III. Los aspectos históricos

Los testimonios de vida humana en el valle del Nilo se remontan al Paleolítico Inferior, como atestiguan los hallazgos de útiles de piedra.

Hacia el quinto milenio antes de Cristo aparecen en Egipto los primeros grupos de cultura neolítica que parecen haberse mezclado o superpuesto a los grupos ya existentes en el valle. Sólo esta posibilidad permitiría comprender los aspectos heterogéneos del neolítico egipcio.

En un proceso de colonización interna y de fusión de componentes culturales dispares surgió una cultura propia, realmente egipcia. En los umbrales del cuarto al tercer milenio se produjo la formación del estado faraónico y el surgimiento de la civilización egipcia.

El yacimiento de Merimde Beni-Salamé, en el Bajo Egipto, situado en el vértice sur del borde occidental del Delta del Nilo, constituye el más antiguo del neolítico egipcio. Su período cronológico abarca desde el sexto al quinto milenios a. de C.

Hay otros yacimientos en el Omarí y en Heluán, cerca de El Cairo que se corresponden con el período cronológico de Merimde. Los asentamientos de época más reciente en el Bajo Egipto se han encontrado en la localidad de Maadi, también al sudeste de El Cairo.

Los materiales hallados en Maadi, incluidos restos de material de cobre para uso cosmético, parecen indicar la posibilidad de un gran entramado comercial y político de esta zona con el sur de Palestina y el Oriente Próximo. Pero la gente de Maadi también se relacionaba con los habitantes del Sur del valle, en el Alto Egipto. Por ejemplo esto se nota en la cerámica roja, primero importada y luego fabricada y en las paletas de esquisto, también traídas del Alto Egipto.

Así pues, este lugar era un punto de tránsito en las relaciones comerciales entre el Alto Egipto y los pueblos del Oriente Medio. En el sur se daban en estos momentos (hacia el 4400 a. de C.) focos culturales representados básicamente por el Badariense, cuyos yacimientos se han encontrado en las inmediaciones de Assiut, en el Egipto medio. A la cultura de Badari le sucede, en el Alto Egipto la de Nagada, la más importante de las culturas prehistóricas en el sur.

Convencionalmente dividida en tres grandes fases (I a III) nos ofrece el hilo conductor que lleva directamente a la fundación del Estado Egipcio. Una característica decisiva de la cultura de Nagada es su dinámica geográfica. Partiendo de su foco geográfico situado en el meandro que el río hace a la altura de la actual ciudad de Kena, en principio se fue expandiendo hacia el norte hasta la actual Assiut, y hacia el sur, hasta más allá de la primera catarata.

Las distintas fases de la cultura nagadiense van mostrando la evolución cultural de sus integrantes. Asentamientos regulares, cementerios, útiles cerámicos rojos con boca negra, esculturas vinculadas con la fertilidad, paletas de esquisto con formas animales, vasijas de marga con representaciones de barcos que discurren por el ríos nos muestran el avance cultural de los pobladores del Alto Egipto. Se advierte la creación de una elite del período de Nagada II que funda ciudades amuralladas que controlan grandes superficies con asentamientos agrícolas.

También se han descubierto espacios ceremoniales que recuerdan a las primeras instalaciones dinásticas para la celebración de los festivales Sed. En Hierakonpolis, al sur de Luxor, se encontró una hermosa tumba pintada (la llamada Tumba nº 100), en la que se ven representadas escenas de navegación, caza y lucha entre hombres que proclaman abiertamente el anuncio de los tiempos históricos.

Este periodo es ahora identificado como la dinastía ‘00' (desde Nagada II tardía a principios de Nagada III) y la dinastía ‘0' (Nagada IIIB).

Desde el punto de vista de los antiguos egipcios este segmento cronológico representa lo que ellos identificaron como ‘la época legendaria', que fue previa a la histórica y que constituye un banco nebuloso donde parece que arranca todo lo faraónico. Se trata de la idea del inicio mismo de la raza dinástica.

Los textos no cuentan nada y tampoco nos hablan de los Shemsu Hor (Seguidores de Horus) término que sirve para designar a los reyes que, al parecer, precedieron a las dinastías históricas. Se trata de relatos orales, transmitidos entre los sacerdotes que hablan acerca de que los primeros reyes de Egipto fueron los propios dioses, los creadores del mundo, conforme nos relata el ciclo heliopolitano.

Después (siempre según los relatos egipcios) intervinieron los semi-dioses, hijos de los anteriores. Después de las dinastías divinas y las semi-divinas, se contabilizaban por los sacerdotes una serie de reyes no determinados que recogen los anales reales más antiguos
que conocemos. El Papiro de Turín varía ligeramente esta descripción.

En suma, para los egipcios el conjunto de los semi-dioses, los espíritus ancestrales y los hombres que reinaron antes de la dinastía I formaron el conjunto de los llamados ‘seguidores de Horus'.

El único documento preciso que se refiere al final del período legendario, la llamada ‘Piedra de Palermo', representa a una serie de personajes que llevan la corona roja del Bajo Egipto de los que nos facilita los nombres que para nada se parecen a los nombres egipcios habituales, tales son Seka, Jaau, Tiu, Tchesh, Neheb, Uadyined y Mehe.

Quizás estos formaran parte de la lista manetoniana de los reyes menfitas y, en tal caso, los tinitas deberían ser identificados con algunos de los propietarios de los monumentos de Abidos que habitualmente han sido integrados dentro de la dinastía I, y que, en puridad, deberían ser considerados como los inmediatos antecesores de Menes, el unificador.

IV. Conclusiones

No se puede negar que la aportación de sangre extranjera a la población egipcia no cesó a lo largo de toda su historia, igual que hoy mismo sigue sucediendo. La afluencia de invasores, ya fueran estos asiáticos o negros del sur, siguió marcando las modificaciones genéticas del pueblo de los faraones, pero no se puede ignorar que aquellos rostros antiguos siguen poblando los días y las noches de Egipto.

Esto es válido tanto en el caso del actual pueblo copto, que se reputa ser el más directo descendiente de los antiguos egipcios, cuanto en el de la población campesina del valle y el delta. No es exagerado, pues, afirmar a guisa de conclusión final que el hombre egipcio no fue nada especialmente diferente del que, en rasgos generales, se puede ver hoy en día en Egipto.

Para hablar con propiedad se ha de considerar que Egipto está poblado hoy por una masa de coptos islamizados que, si bien ha soportado a lo largo de siglos, tras la invasión árabe, las mezclas con razas vecinas de Asia, África o el Mediterráneo, ha mantenido estable un prototipo de hombre que fue la materia prima con que se construyó una de las civilizaciones más esplendentes de la humanidad.

Ellos son los herederos de aquellos que descubrieron antes que nadie la inmortalidad y los dioses, los que inventaron la vida eterna a orillas del Nilo eterno.

Dr. Francisco J. Martín Valentín

Anexo

Estimación de la población del Egipto faraónico en las distintas épocas de su historia
(de Butzer, 1976, 83 y 85; fig. 13)

4000 a. de C. (Predinástico) 548.000
3000 a. de C. (Época Tinita) 866.000
2500 a. de C. (Imperio Antiguo) 1.614.000
1800 a. de C. (Imperio Medio) 1.900.000
1250 a. de C. (Imperio Nuevo) 2.850.000
130 a. de C. (Época Grecorromana) 4.322.000


Bibliografía básica de referencia

Anta Diop, Ch.- 'Origen de los antiguos egipcios', en Historia general de África de la UNESCO, Tomo II, Antiguas civilizaciones de África. Madrid, 1983.
Bernal, M. - Black Athena: The Afro-Asiatic roots of classical civilization.]i Dos volúmenes. Londres 1987-1991.
Berry, A. C. y otros.- 'Genetical change in ancient Egypt', en Man, n. s. 2 (1967), 551-568.
Butzer, K. W.- Early Hydraulic Civilization in Egypt. A Study in Cultural Ecology.
Chicago, 1976.
Derry, D. E.- 'The dynastic race in Egypt'. JEA 42 (1956), 80-85.
Donadoni, S. y otros- El hombre Egipcio. Madrid, 1991.
Günter Dreyer. ‘Abydos, Umm el-Qa'ab' en Encyclopedia of the Archaeology of Ancient Egypt. Ed. Kathryn A. Bard. Londres-Nueva York, 1999, 109-114
Hoffman, M. A.- Egypt before the Pharaohs. Londres, 1984.
Iniesta, F. .- Antiguo Egipto. La nación negra. Barcelona, 1989.
Trigger, B. G.- 'Nubian, Negro, Black, Nilotic?', en Africa in antiquity: The arts of ancient Nubia and the Sudan, I. Brooklyn, 1978.
Wilson, J. A.- 'Fuera del Cieno. La larga lucha prehistórica', en La Cultura Egipcia. México, D. F., 1973.
Yurco, F. J.- 'Were the ancient Egyptians black or white ?.' BAR 15/5 (1989), 24-9, 58.


Redactado por Francisco J. Martín Valentín y Teresa Bedman el lunes 25 Febrero 2008 a las 11:30 | Permalien | Comentarios


Bitácora

EL PROYECTO SEN-EN-MUT (TT 353). (MISIÓN ARQUEOLÓGICA ESPAÑOLA EN DEIR EL BAHARI)  

EL PRÓXIMO DÍA 27 DE OCTUBRE COMIENZA LA QUINTA CAMPAÑA (AÑO 2007) DEL PROYECTO SEN-EN-MUT TT 353, EN DEIR EL BAHARI, DURANTE LA CUAL SE ABORDARÁN DIFERENTES TRABAJOS DE EXCAVACIÓN Y ESTUDIOS SOBRE EL CITADO HIPOGEO QUE FUE EXCAVADO POR ORDEN DE MAYORDOMO DE AMÓN SEN-EN-MUT, DURANTE LA DINASTÍA XVIII, EN EL REINADO DE HATSHESPUT (hacia 1479-1457 a. C.)

Equipo español del proyecto en la campaña del año 2006



El Instituto de Estudios del Antiguo Egipto, con el apoyo y la financión del Ministerio de Cultura de España, es la institución encargada de llevar a cabo los trabajos del Proyecto Sen-en-Mut realizados en el monumento catalogado como la TT 353 en Deir El Bahari.

En el mes de Abril de 2000 el responsable de las antigüedades del West Bank, Dr. Mohamed El Bialy, ofreció al Instituto de Estudios del Antiguo Egipto, la oportunidad de trabajar en el hipogeo TT 353 de Sen-en-Mut en Deir El Bahari, para lo cual, me sugirió la idea de presentar un proyecto para ser sometido al Comité Permanente del SCAE, en relación con dicho monumento.

Nuestro Proyecto está auspiciado por el Ministerio de Cultura de España, quien viene financiando los trabajos hasta ahora realizados.

Tras los trámites oportunos y la correspondiente aprobación del proyecto presentado, en el año 2003 se inició la primera campaña de trabajo sobre el terreno, hemos desarrollado hasta el momento cuatro campañas de trabajo en el interior del monumento y en el área que circunda al mismo.

El Proyecto Sen-en-Mut se integra en el marco del actual modo de entender la actuación en los monumentos y restos arqueológicos existentes en Egipto. Hoy se impone la preservación, restauración, y si es posible, el estudio lo más completo posible de los monumentos existentes y ya conocidos. No podremos avanzar en el camino de la adecuada conservación del patrimonio arqueológico e histórico de Egipto sin nuestro compromiso con la protección de los monumentos.

El SCAE nos sometió la idea de habilitar el acceso a la TT 353, seriamente dificultado por los restos depositados en su interior a causa de las lluvias torrenciales habidas en Luxor, especialmente la del año 1994.

Así pues, sometimos la posibilidad de excavar y habilitar dicho acceso con la instalación de un nuevo sistema de iluminación, al mismo tiempo que someter al monumento a un nuevo estudio en sus aspectos epigráficos y arquitectónicos, y sus especiales características en relación con otros monumentos relevantes del área de Deir El Bahari.

El hipogeo de Sen-en-Mut (TT 353), fue descubierto por Herbert Winlock en el mes de Enero de 1927, en el curso de una exploración de un antiguo vertedero situado en el rincón noreste del Templo de Hatshepsut en el Deir El Bahari. Ha sido objeto de publicación en cuanto a la documentación obrante en el MMANY por el Profesor Peter Dorman en 1991 (PMAEE, Vol. XXIV).

Se trata de un monumento único en su género que consta de un corredor que desemboca en una primera cámara (la única con decoración), la llamada cámara ‘A', cuyo techo recoge el plano astronómico más antiguo de la humanidad.

En su muro oeste se puede ver una estela de falsa puerta, y el resto de sus paredes están cubiertas de hileras verticales de textos jeroglíficos que incluyen Textos Rituales y ciertas invocaciones de los Textos de las Pirámides, de los Textos de los Féretros o Sarcófagos así como ciertos capítulos del Libro de los Muertos.

Otro corredor con escaleras conduce a la segunda cámara, sin decoración, y desde allí, arranca una rampa descendente que conduce a la tercera cámara, también sin decorar y con el techo abovedado. Un pequeño pozo se abre en el rincón noreste de esta última.

La primera de las cámaras se halla situada bajo la parte exterior del témenos del Templo de Hatshepsut, mientras las dos restantes se encuentran bajo la primera terraza de dicho templo.

Nuestro proyecto consistió en ofrecer al SCAE la realización de los trabajos de excavación y adecuación necesarios en el interior del monumento para acondicionarlo para la visita solamente por parte de especialistas y estudiosos, no para los turistas.

También se incorporó al proyecto la ejecución de ciertas obras civiles en el entorno de la entrada al hipogeo, al efecto de protegerlo contra las posibles inundaciones procedentes del agua de las lluvias torrenciales que periódicamente se producen en la zona. Dichas obras civiles implicaron la neesidad de realizar excavaciones arqueológicas de limpieza previa del terreno afectado por aquéllas.

Al mismo tiempo, se consideró oportuno proponer la realización de una copia facsímil de los muros y techo de la cámara ‘A' para proceder a su montaje exterior en un pabellón de visitantes, en las cercanías de la entrada al monumento.

La campaña del año 2003 consistió en el reconocimiento del terreno y el replanteo del diseño original. Durante las campañas 2004 y 2005 se llevaron a cabo todos los trabajos de excavación y limpieza en el interior del monumento, despejando y evacuando todos los materiales de sedimentación que habían entrado al interior del hipogeo durante las lluvias torrenciales del 1994. Al mismo tiempo se instaló una rampa de acceso, construida con madera de pino finlandés, con su barandilla, y un sistema de iluminación apropiado.

Básicamente luz azul fría, en forma de balizas centrales en la rampa. Se protegió el estuco que recoge la figura de Sen-en-Mut a la altura del escalón 08 desde la cámara ‘A'. y se dispuso una plataforma de madera limitada con barandilla para conducir a los visitantes hacia las escaleras, forradas de madera que bajan hacia la cámara ‘B'.

Durante el mes de abril de 2004 se detectaron unas graves humedades provocadas por un vertido masivo de agua limpia procedente de un tanque depositado en el ángulo suroeste de los servicios para turistas existentes junto al templo de Hatshepsut. Las citadas humedades se manifestaron en el rincón superior noreste de la cámara ‘A', y los paramentos oeste y norte de la misma.

De este modo se vieron afectados, el techo astronómico, y los textos de los muros oeste y norte de la citada cámara. La pronta localización del origen de las aguas vertidas permitió clausurar los citados servicios y parar la afluencia de la inundación. Se produjeron serios daños en el techo astronómico que han sido objeto de control y observación por medio de los correspondientes lectores de humedades y alteraciones de temperatura debidamente depositados en las cámaras ‘A' y ‘C', y a la entrada del monumento.

Hoy las citadas humedades han cesado en su progreso, aunque han hecho presencia las sales que podrían perjudicar las partes del muro rellenadas con yeso en época faraónica. El proceso sigue en periodo de observación hasta contrastar la curación definitiva de dichas humedades.

Durante el desarrollo de las correspondientes campañas de trabajo en el proyecto se han llevado a cabo excavaciones puntuales en el área exterior adyacente a la entrada al hipogeo que han entregado importantes restos cerámicos policromados y restos fragmentarios de partes de edificios adyacentes originalmente construidos en el recinto del templo de Hatshepsut.

La idea final del proyecto consiste en proponer la creación de un nuevo espacio museístico en Deir El Bahari, con la explicación de la TT 353 en su auténtica naturaleza.

Durante las campañas pasadas se estableció una nueva planimetría del monumento por medio de lectura digital.

Realizando tal trabajo se encontró que el eje de la cámara ‘A' que pasa por la exacta mitad de la estela de falsa puerta existente en el muro oeste de la cámara ‘A', venía a conectar en su proyección ideal con el muro norte, cara este, del Templo de Hat-Hor, en el recinto del templo de Hatshepsut, en Deir El Bahari. Y, penetrando en su interior, con las capillas hathóricas donde está representado Sen-en-Mut arrodillado.

Esto quiere decir que, muy probablemente, la intención final de la excavación de la TT 353 en dicho lugar quizás fuera formar parte, de modo oculto y como un cenotafio o 'falsa tumba' para el Mayordomo de Amón Sen-en-Mut, del propio recinto sagrado del templo de la Reina Hatshepsut en Deir El Bahari.

La existencia en el área de Deir El Bahari de otros monumentos significativos, tal como el conjunto funerario del rey Neb-Hepet-Ra Montu-Hotep II, ha implicado la necesidad de una investigación más detallada de este monumento para encontrar posibles conexiones comparativas con la TT 353.

De hecho, el hallazgo por Howard Carter (Carter, H. ASAE 2 (1901), 201-205) de la estatua del rey llevando la Corona Roja hace pensar en la posibilidad de que Sen-en-Mut se inspirase en dicho soberano como dueño de la Corona Roja conquistada por derecho propio a los reyes heracleopolitanos de la capital del norte de Egipto.

La cuestión que rápidamente se planteó a nuestro equipo fue la reconsideración de la naturaleza utilitaria de la TT 353 como una tumba. Desde su descubrimiento por Winlock, nuestro monumento fue calificado como ‘la segunda tumba de Sen-en-Mut', aunque existen muchos indicios para considerar que muy probablemente dicho monumento no fue nunca utilizado como una tumba, ni excavado para cumplir dicho fin.

En primer término, sabemos que la tumba conocida de Sen-en-Mut siempre fue la TT 71, situada en Sheij Abd El Gurnah. Su sarcófago fue hallado por Winlock en la ladera de la capilla de dicho monumento funerario durante las excavaciones del Metropolitan Museum of Art of New York del año 1938.

Las dimensiones del sarcófago, hoy reconstruido y exhibido en el MMANY, muestran la imposibilidad de que el mismo pudiera ser manejado en el interior de nuestro monumento (la existencia de escaleras y las estrechas dimensiones del corredor de entrada hacia la cámara ‘A' no avalan la posibilidad de que el sarcófago estuviera destinado a ser depositado en la TT 353).

De otra parte, la consideración de la existencia de los depósitos de fundación hallados por Winlock a la entrada de la TT 353, y la clase de los objetos hallados en los mismos, muy similares a los encontrados en los del Templo de la reina Hatshepsut, en Deir El Bahari, descalifican al monumento como tumba privada, siendo más propio, por los paralelos conocidos hasta el momento, considerar a la TT 353 como una capilla-cenotafio dedicada a dar culto funerario a Sen-en-Mut en un nivel superior al de los personajes privados, no reales de la época.

El examen de los textos y de la epigrafía de la cámara ‘A' deja entrever que Sen-en-Mut quiso para sí una especial condición de naturaleza cuasi-real. El uso del título de
Depositario del sello del Rey del Norte, utilizando para representarlo el jeroglífico de la corona Roja en lugar del de la avispa, es un buen indicio.

También es un excelente dato para llegar a esta conjetura la existencia en el muro sur de la cámara ‘A' de las invocaciones nº 220-221 de los Textos de las Pirámides. Estos textos están dedicados a garantizar al rey la posesión de la Corona Roja del Bajo Egipto (Cabe pensar que Sen-en-Mut mismo pudo haber intentado disfrutar dicho privilegio, desde un punto de vista simbólico).

La presencia, en la banda central de los textos del techo de la cámara ‘A', de los nombres de la reina seguidos por el de Sen-en-Mut y los de los padres de éste, todos en igual tamaño, también indica el excepcional nivel de familiaridad y confianza alcanzado por el Mayordomo de Amón Sen-en-Mut con Hatshepsut .

Otro dato de sumo interés obtenido a partir de las correspondientes observaciones arquitectónicas del monumento, muestra que el techo de la tercera cámara, abovedado, resulta ser el primer caso conocido de este tipo de disposición arquitectónica religiosa. La presencia de una creencia en el destino solar del difunto, para unirse con Ra en la navegación celeste nocturna y diurna sobre su barca, siempre fue un privilegio real no accesible a los particulares.

Este tipo de techo será común muy posteriormente en las cámaras del sarcófago de las tumbas reales de las dinastías XIX y XX, en el Valle de los Reyes.

El hallazgo realizado por Winlock en el pozo de la tercera cámara, consistente en una cabeza cerámica, es circunstancialmente muy positivo, en tanto que parece tratarse de una cabeza-tapadera de vaso canopo de la época, lo que nos daría la seguridad de entender que estamos en presencia de un lugar donde depositar las vísceras de Sen-en-Mut, mientras que su momia habría estado destinada a ser ubicada en una de las cámaras funerarias inacabadas de la TT 71.

El descubrimiento por Winlock del enterramiento intacto de los padres de Sen-en-Mut en la ladera de la colina de Sheij Abd El Gurnah, junto a la capilla de la TT 71, avala la idea de que Sen-en-Mut nunca debió pensar en hacerse enterrar en otro lugar.

El Proyecto Sen-en-Mut desarrollado por el Instituto de Estudios del Antiguo Egipto en la TT 353 tiene, pues, por objeto la recuperación completa del monumento, un exhaustivo estudio y documentación del mismo desde el punto de vista egiptológico y monumental, así como la elaboración de una propuesta para su comprensión total, su exacta documentación por medio de sistemas de reproducción digital, y su exhibición al gran público por medio de una copia facsímil que asegurará su conocimiento sin sufrir los eventuales daños causados por las masas de turistas en sus visitas.


Francisco J. Martín Valentín
Director del Instituto de Estudios del Antiguo Egipto
Director del Proyecto Sen-en-Mut (TT 353)


Redactado por Francisco J. Martín Valentín y Teresa Bedman el lunes 22 Octubre 2007 a las 19:04 | Permalien | Comentarios


Artículos y comunicaciones

DEIR EL BAHARI, LA ESCALERA HACIA EL CIELO PARA EL DIOS DE TEBAS  

El día 21 de octubre se conmemora el 75 aniversario de la creación del Centro Polaco de Arqueología en El Cairo y el inicio de la intervención del equipo de la Universidad de Varsovia en los templos de Deir El Bahari. Por ello, consideramos oportuno insertar en nuestra sección este artículo de Teresa Bedman sobre el templo de la reina Hatshepsut, texto de su conferencia en el ciclo 'Tebas, los dominios de Amón' que se impartió en el Museo de San Isidro en Madrid entre los días 25 de noviembre al 20 de diciembre de 2001

Templo de la reina Hatshepsut en Deir El Bahari



Deir El Bahari, 'El Convento del Norte', es uno de los lugares más espléndidos de entre todos los monumentos de la antigua Tebas. Allí, en la orilla occidental, en el lugar de las necrópolis y de los templos funerarios reales, se estableció el Castillo de Millones de Años de la reina Maat-Ka-Ra Hatshepsut-Jenumet-Amon, uno de los personajes más atractivos del antiguo Egipto.

Hatshepsut fue la quinta soberana de la dinastía XVIII, y su reinado estuvo cargado de controversias.

Obligada a seguir una tradición que la colocaba en segundo término cuando ella era la primogénita, los sentimientos de la reina debieron ser profundamente atormentados. Reina sin rey, esposa sin esposo, madre preocupada por el futuro de sus dos pequeñas hijas, fue una soberana llena de la grandeza de su tierra.

Hatshepsut se vio obligada a hacerse a sí misma. Para poder llevar a cabo sus planes ella supo rodearse de un equipo de servidores que le fueron fieles hasta la muerte. El personaje más relevante de todos ellos, fue, sin duda, el Mayordomo Real Sen-en-Mut.

La legitimidad de Hatshepsut para ocupar el trono.

La llegada al poder de Hatshepsut estuvo envuelta en una de las cuestiones más habituales y problemáticas, entre las que tradicionalmente habían afectado a la sucesión al trono de las Dos Tierras.

Ella era la hija primogénita del rey Thutmosis I y de la Gran Esposa real Ahmose, descendiente, por tanto, en línea directa de Amen-Hotep I. Cuando Thutmosis I murió sin heredero varón legítimo, su hijo, Thutmosis II, nacido de la esposa secundaria Mut-Nefert, desposó a Hatshepsut para poder obtener por matrimonio lo que no podía alcanzar por nacimiento.

Al fallecimiento de Thutmosis II, se reprodujo el problema por tercera vez en la dinastía. Para suceder al difunto rey solo había dos hijas nacidas de la Gran Esposa Real Hatshepsut, la única con legitimidad para transmitir la corona. Estas eran Neferu-Ra y Merit-Ra Hatshepsut.

Pero Thutmosis II había tenido un hijo varón de una esposa secundaria llamada Isis, que poseía el sorprendente título de "Ornamento Real". Este niño, que no contaba con más de cinco o seis años, fue elegido como sucesor bajo el nombre de Thutmosis III.

Fue en este momento cuando la ancestral tradición egipcia dio un giro para cambiar el curso de la historia.

Según todos los indicios, para que el pequeño príncipe Thutmosis pudiera acceder al trono debería haber desposado a la primogénita de sus hermanastras: la princesa Neferu-Ra. Pero este hecho nunca llegó a producirse.

Durante toda la dinastía XVIII, los hijos de esposas secundarias se casaban con princesas reales y ésto les proporcionaba la legitimidad necesaria para acceder al trono de Egipto. Pero con Hatshepsut este principio iba a cambiar por varios motivos. El primero, porque ella era la Gran Esposa Real, aunque no la madre del futuro rey, por lo que la lógica corregencia entre madre e hijo no se podría dar.

Por otro lado, Hatshepsut probablemente consideraba, al igual que ya lo hicieran su abuela y su madre que, al ser hija legítima de matrimonio real, ella, y sólo ella, poseía derecho a ocupar el trono de Kemet.

Así pues, en el año siete, después de haber ejercido con su hijastro Thutmosis III una tácita corregencia que no parecía ser de su agrado, parece que Hatshepsut ya se había autoproclamado Rey del Alto y Bajo Egipto, postergando al joven Thutmosis a un segundo plano. Ello supuso un vuelco en las aspiraciones del clero de Heliópolis que veía en el joven faraón el vehículo perfecto para tratar de controlar los resortes del poder, hasta ese momento en manos del clero de Amón.

Pero para poder dar este paso, la reina Hatshepsut se supo rodear de influyentes, poderosos y fieles colaboradores que la ayudaron a hacer realidad su sueño: ser rey por sí y ante sí misma.

Contaba con el apoyo del Sumo Sacerdote de Amón, Visir y Jefe de todos los Templos, Hapu-Seneb, el cual tenía entre sus manos al mismo tiempo el control de los poderes político y religioso de Egipto. Al propio tiempo, en la corte, su hombre de confianza era el Gran Confidente de la Esposa del dios; El que era agradable a la Señora de las Dos Tierras, El Gran Mayordomo de la Esposa del Dios, El Regente de la totalidad de las Dos tierras, El Jefe de todas las Obras : Sen-en-Mut, el baluarte de la reina.

Estos fueron los hombres que hicieron posible que la reina Hatshepsut fuera la cabeza visible de Egipto a pesar de la oposición a tales planes de los partidarios del príncipe Thutmosis.

Hapu-Seneb concibió para ella el más bello mito religioso: la teogamia; en su virtud, la reina resultaba ser la hija carnal del mismísimo dios Amón, quien había fecundado a la reina Ahmose asumiendo la apariencia física del difunto Thutmosis I.

Así, el Sumo Sacerdote de Amón elevó por encima de todos los mortales a su venerada soberana, convirtiéndola en un ser de naturaleza divina que había heredado el trono de Egipto por el derecho que la concedía la paternidad carnal del más poderoso de los dioses.

Sen-en-Mut, mientras tanto, desplegó toda su inteligencia e ingenio plasmándolos en suave piedra dorada de rampas ascendentes. Construyó para reina el Dyeser-Dyeseru, el templo de Millones de Años más hermoso que nunca antes se hubiera construido en Egipto. Un sueño de sol, oro, ricas maderas, jardines exóticos… Sin duda, un toque de eternidad…. posiblemente como el amor que, se cree, profesó a su reina.

El reinado de Hatshepsut duró alrededor de veintidós años.
Parece muy probable, a la vista de los restos arqueológicos y de los datos que los mismos nos proporcionan que, una vez desaparecida la reina, pudiera haber comenzado la persecución de su memoria, de manera no demasiado radical al principio pero, total y completa a partir de la época ramésida. Fue entonces cuando la persecución se consumó al ser suprimido su nombre de todas las Listas Reales.

Dyeser-Dyeseru: El esplendor de los esplendores.

Cuando la reina se erigió en soberana única del Alto y del Bajo Egipto, ya había decidido que se construiría su Castillo de Millones de Años en la misma zona donde el rey de la dinastía XI, Montu Hetep Neb-Hepet-Ra se había hecho edificar un magnífico templo funerario.

Se dice que, en el año séptimo de su reinado, el mismo que vio su coronación, se retomó la ejecución de las obras para la construcción del Dyeser-Dyeseru. Parece claro que el proyecto constructivo había sido ya probablemente concebido bajo Thutmosis II, en cuyo reinado, incluso, podrían haber dado comienzo las obras.

Para llevar a cabo la construcción, previamente hubo de ser desmontado otro templo de ladrillo, construido para Amen-Hotep I y la madre de éste, la reina Ahmose.Nefert-Ary, que ocupaba el área del cuadrante sur-este de lo que sería la segunda terraza del nuevo templo.

En todo caso el Dyeser-Dyeseru era un edificio dotado de una originalidad de diseño que, nunca antes, ni después, se volvió a dar en Egipto.

Para estudiar y desarrollar este espléndido proyecto se contó con una pléyade de arquitectos a las órdenes del gran Sen-en-Mut quien probablemente lo concibió personalmente y fue su principal responsable. Pero también trabajaron allí otros altos funcionarios y técnicos tales como Hapu-seneb, Nehesy, Min-Mose, Uadye-Renput, Pa-Hik-Men, Nebu-auy y Amen-em-Hat. Sus nombres quedaron unidos para siempre con esta obra imperecedera.

Sen-en-Mut concibió para su reina y señora un templo que hundiría su parte más santa en el corazón de la montaña, excavando el santuario en la pared rocosa de Deir El Bahari. Para llegar hasta este santuario habría que subir por terrazas sucesivas desde el valle, lentamente, en una progresión que evocaba las distintas etapas de avance espiritual necesarias para acceder por una simbólica colina primordial hasta la cima, donde la reina resurgiría de sí misma como una diosa.

Desde un punto de vista teológico parece claro que se eligió el circo rocoso de Deir El Bahari para instalar el templo por tratarse de un evidente caso de topografía sagrada, puesto que allí se identificaban los cuernos de la cabeza de la vaca sagrada Hat-Hor, señora del Occidente, cuyo cuerpo se extiende, representado en las colinas hacia el sur, hasta llegar al lugar llamado Ta Set Neferu, el actual Valle de las Reinas, donde, se creía, estaba la divina vagina hathórica.

También se estableció como elemento arquitectónico dominante el juego de las líneas horizontales. Tal efecto estaba representado por las terrazas apoyadas contra el circo y por los muros de sujeción enmarcados, a su vez, por los pórticos; todo ello, dividido por las rampas de acceso.

Además, se estableció una simbólica doble unión mística del nuevo edificio religioso. De una parte, con el templo del dios Amón en Karnak, en cuyo eje central se insertaba idealmente la calzada del nuevo templo funerario; de otra, con la propia tumba de la reina en el Valle de los Reyes, la cual había sido excavada justo detrás de la colina donde se hallaba ubicado el santuario del nuevo templo.

Estas vinculaciones místico-simbólicas encajan perfectamente con el significado del templo. Aunque su naturaleza es extremadamente compleja, se pueden distinguir en él dos aspectos esenciales.

El primero de ellos es el de templo funerario, puesto que estaba destinado al culto del ka de la reina divinizada, asociada al culto funerario de Thutmosis I.

La presencia de las escenas del Nacimiento Divino de la reina (la Teogamia) y las de la capilla de Anubis se entremezclan estableciendo un origen divino de Hatshepsut, como hija carnal del propio dios Amón, origen al cual retorna una vez muerta y divinizada de nuevo. Así queda absolutamente claro en Deir El Bahari que lo que se evoca allí es el nacimiento y renacimiento de una divinidad: la reina Hatshepsut Maat-Ka-Ra.

Pero el templo es, además un lugar santo construido para la gloria del dios imperial de Tebas, Amon-Ra en sus diversas manifestaciones. Uno de los aspectos esenciales allí representados es la naturaleza solar del dios tebano al dedicar parte de la construcción al culto del dios Ra Hor-Ajty; otro aspecto es el de Amon-Min procreador y fecundador.

Finalmente, la diosa Hat-Hor que también está allí presente como gran personaje divino que acoge y patrocina todo el conjunto como soberana del Occidente, la tierra de los difuntos.
Da la sensación de que, en un solo templo, se mezclasen varios santuarios, íntimamente entrelazados entre sí, en una expresión de arquitectura simbólica y religiosa, formulación pétrea de un programa mágico, destinado a amparar la divina personalidad de la reina en el Más Allá.

La descripción del templo.

Es sabido que los templos egipcios se comenzaban a construir desde lo que hoy se nos revela como la parte más íntima y sagrada hacia fuera, de tal modo, que nuestras visitas siempre se inician por la parte más exterior. Este era de todos modos el ritmo ritual que la arquitectura egipcia imponía a sus construcciones sagradas.

Es decir, que el diseño preveía que los ritos se desarrollasen desde el pabellón o templo de acogida, junto al valle y el río, a lo largo de una calzada que conducía en un ascenso progresivo a unos jardines, antesala de las terrazas, hasta concluir en el santuario.
Por estas razones nuestra descripción del templo se llevará a cabo de esa manera: desde fuera hacia adentro en una suerte de peregrinación ritual a favor de la divina Maat-Ka-Ra Hatshepsut.


Los excavadores y restauradores de Deir El Bahari.

El templo se fue revelando progresivamente a los exploradores desde finales del siglo XVIII. En 1743 el viajero inglés Pococke realizó una breve descripción del lugar llamado Deir El Bahari que entonces era un convento copto.

En el transcurso de la Expedición napoleónica a Egipto, en 1798, Jollois y Devilliers, miembros de la Comission des Savants en sus exploraciones de la orilla occidental de Tebas, pudieron ver bajo los restos y ruinas del mismo convento copto una avenida de esfinges y una puerta monumental con un techo en forma de bóveda. Champollion, Wilkinson, Rosellini, Lepsius y Düminchen también visitaron las ruinas de dicho monumento.

Mariette lo desescombró efectuando allí excavaciones desde 1858 a 1866. Luego prosiguieron las tareas Edouard Naville desde 1892 a 1897 y Baraize desde 1910 a 1937. Los americanos bajo la dirección de Winlock aportaron brillantes resultados desde 1911 a 1931. Desde 1961 se ocupó de la zona una misión del Centro de Arqueología Mediterránea de la Universidad de Varsovia bajo la dirección de sucesivos encargados de los que, el primero fue Leszek Dabrowski. Actualmente la misión polaca comparte sus trabajos en la reconstrucción con la Organización de Antigüedades de Egipto.

Después de tantos años de trabajo hoy el templo se alza soberbio, casi plenamente en su antiguo esplendor, y todavía se trabaja en la zona del santuario, en su patio peristilo para concluir su restauración y recomposición total.

El templo de Acogida y el Patio inferior.

Es el llamado 'Templo del Valle' que formaba parte de todos los conjuntos funerarios reales existentes en la orilla occidental tebana. Su descubrimiento fue hecho por Howard Carter en 1910. El mismo estaba ubicado en el límite con el terreno cultivado y constaba de un desembarcadero y un edificio que comprendía dos terrazas, anticipo de la arquitectura del templo.

Desde allí, partía una avenida de esfinges que conducía al patio inferior al que se accedía a través de un pilono. En el patio se había plantado un delicado jardín del que formaban parte los célebres árboles de incienso, provenientes de la expedición al País de Punt.

Había esfinges de la reina y cuatro lagos en forma de T, con evidentes finalidades rituales, puesto que se han encontrado entre el barro seco bumerangs y restos de troncos de plantas de papiro.

El Pórtico Inferior y la Primera Terraza.

Desde el patio se accede, al fondo, a un pórtico de una parte y de otra, de la rampa de ascenso. Está sostenido por once columnas fasciculadas y, delante de ellas, por otros once pilares cuya parte anterior es plana.

Los relieves existentes en el muro sur representan el transporte de los obeliscos de Karnak así como las ceremonias de su erección. Los relieves del muro norte muestran a la reina bajo la forma de un león triunfante sobre sus enemigos nubios, beduinos, libios y asiáticos.

También representan las ofendas de cuatro terneros al dios Amon-Min, una procesión de antepasados y el ejercicio de caza ritual en los pantanos.
La balaustrada de la rampa de ascenso a la segunda terraza muestra a la reina, de nuevo bajo la apariencia de un león.

La Segunda Terraza y el Pórtico Medio.

En la parte norte, al fondo de esta terraza, se halla un segundo pórtico sujeto por quince columnas fasciculadas con dieciséis caras cada una de ellas. Bajo este pórtico desembocan cuatro nichos inacabados.

El pórtico medio está sujeto por veintidós pilares cuadrangulares. En la parte sur del muro están recogidos los relieves que representan la expedición al País de Punt , mientras los de la parte norte representan el Misterio de la Teogamia, la entronización y la coronación de Hatshepsut.

La expedición al País de Punt tenía por objeto llevar a Egipto mirra y árboles de incienso para ser plantados en los jardines del templo ya citados más arriba. Los relieves describen como el mismo dios Amón ordenó a la reina que se llevara a cabo la expedición y muestran la ciudad de Punt. Se ve que la ciudad tenía casas construidas sobre el agua en las se penetraba por medio de escalas. Están representados el Jefe de la ciudad, los habitantes, el ganado y hasta los perros. El capitán egipcio de la expedición y la tropa que le acompaña son saludados por los habitantes del Punt mientras muestran la mercancía que han llevado desde Egipto para el trueque. También se ve allí a la reina de Punt que tenía un aspecto de mujer gruesa y deforme.

Sobre el muro del fondo la flota egipcia aparejada llega al Punt y se puede ver el transporte de los árboles de incienso plantados en macetas. En el centro del muro del fondo se puede ver a la reina ofreciendo al dios Amon los frutos de su expedición, árboles de incienso, animales salvajes, ganado, electrum y arcos.

Las escenas de la Teogamia fueron diseñadas para legitimar los derechos al trono de la reina Hatshepsut. Se trataba de reivindicar el origen divino de la reina.

Se ve al dios Jenum con cabeza de carnero modelando a la niña Hatshepsut y a su Ka sobre su torno de alfarero siguiendo las instrucciones de Amón quién, bajo la forma carnal de Thutmosis II ha fecundado a la reina madre Ahmose.

Se muestra a la reina madre embarazada mientras es conducida a la sala del parto. También se incluía en la representación de la teogamia las imágenes del dios Amón y de la madre de Hatshepsut alzados sobre las manos de diosas al cielo. Hoy estos relieves están casi desaparecidos.

Una vez que el parto se produce, la diosa Hat-Hor presenta a Hatshepsut al dios Amón y los doce 'kau' del divino infante son amamantados por doce diosas. La madre de Hatshepsut es mostrada en presencia del dios Thot, de Jenum y de Heket con cabeza de rana. Finalmente el dios Amon extiende su mano para proteger a la reina, su hija.

La Capilla de Hat-Hor.

El santuario de la diosa Hat-Hor se encuentra ubicado al lado del segundo pórtico, mitad sur, en la segunda terraza. Se accedía al mismo directamente desde el exterior al recinto del templo de Hatshepsut por una rampa. El santuario comprende un vestíbulo en forma de sala hipóstila que da acceso a una segunda sala hipóstila y el santuario propiamente dicho. Los techos estaban sostenidos por columnas fasciculadas y hathóricas y por pilares.

En la primera sala hipóstila, Hat-Hor en su forma de vaca celeste amamanta a la reina. En la segunda sala se ven desfiles de fiesta y a la reina delante de diferentes divinidades. Allí se ve la coronación de la reina por Amón y la diosa Ueret-Hekau. Otras escenas muestran a la reina amamantada por la diosa y a ella misma y a Thutmosis III haciendo ofrendas a la diosa Hat-Hor.

Otras representaciones abundantes allí como en otras partes del templo son las de Sen-en-Mut.

La capilla de Anubis está situada en el extremo norte del muro y se la dio el nombre de 'Maat-Ka-Ra es duradera de provisiones en la Casa de Anubis'.

El techo azul con estrellas está sostenido por doce columnas acanaladas. Hatshepsut y Thutmosis III hacen ofrendas a los dioses Anubis, Amón y Sokar. Anubis introduce a la reina en una serie de ofrendas a las divinidades. A esta sala desembocan tres pequeños santuarios.



La segunda rampa y la Tercera Terraza.

En la balaustrada se representa a un halcón con el cuerpo de serpiente a lo largo de todo el muro. El pórtico del fondo está sostenido por veintiséis pilares osiriacos de la reina. Una puerta de granito rosa da acceso al patio interior. Este patio interior está rodeado por una doble columnata que, en tres de sus lados, tuvo cuatro hileras de columnas.

A la derecha, en la parte norte, se abre el santuario a Ra Hor-Ajty. A través de una puerta se accede a un vestíbulo con columnas en el que hay un nicho dedicado a la reina, representada aquí como una mujer de avanzada edad. Desde la puerta este se accede al patio en el que se encuentra el altar solar al que se sube por medio de nueve escalones.

En la pared norte de esta sala hay otra capilla dedicada al culto de Anubis, al que, a su vez, adoran Thutmosis I y una reina, (probablemente Ahmose). Otra pequeña interior muestra a Thutmosis I y a su madre Senseneb y a Hatshepsut y a la madre de esta, Ahmose.

Una puerta abierta desde la parte norte del fondo del patio de la tercera terraza permite penetrar en una capilla dedicada al dios Amon-Min, adorado por Thutmosis II, Hatshepsut y Thutmosis III; la presencia de esta capilla en la parte del templo dedicada al culto real expresaba el poder generador del propio soberano bajo la forma de Ka-mut-ef, 'Toro de su Madre'. Otra capilla está consagrada a Amon y su paredra Amonet. El acceso a la estancia principal se halla en la mitad este del muro sur, a partir de un vestíbulo rectangular, al oeste del cual se accede a las capillas del rey Thutmosis I y de la reina Hatshepsut.

En esta sala espléndidamente decorada, al igual que en los nichos osirianos del patio columnado se encuentra representado Sen-en-Mut, prácticamente escondido detrás de la puerta.

La capilla consagrada al culto funerario de Hatshepsut recoge en sus muros las procesiones de sacerdotes que llevan las ofrendas, se ven también porteadores de carne, de pan y otras ofrendas como vestidos, flores, ungüentos y objetos de tocador. Sobre el muro del fondo se encontraba la estatua de culto de la reina. Una estela representa a Hatshepsut en la barca solar y en el techo hay un mapa celeste que representa las constelaciones y los decanes horarios, diurnos y nocturnos.

El Santuario.

Al fondo del patio se abre la sala del santuario que concluye en forma cruciforme. La parte inicial es la original de época de Hatshepsut en tanto que al fondo se abre una sala de época ptolemaica.

La primera sala está dotada de techo abovedado y tiene una decoración simétrica. En la parte superior del muro norte Hatshepsut y Thutmosis III, los dos de rodillas, están representados haciendo ofrendas ante la barca solar, detrás está representada la princesa Neferu-Ra.

De nuevo se ve a ambos haciendo ofrendas a las estatuas de los reyes Thutmosis I y II, seguidos de las de la reina Ahmose y de la princesa Neferu-Bity , todos ellos ya difuntos cuando fueron representados en aquél lugar.

En el muro sur se repite la misma ofrenda a todos los personajes citados.
La sala interior recoge los títulos de Cleopatra y de Ptolomeo VII, Evergetes II, bajo cuyo reinado la misma fue excavada. Allí están representados Im-Hotep seguido de su madre Jeredu-Anj, su esposa Renpet-Nefert, Neith-Amonet, y Apet bajo forma de hipopótamo; Hor-Heken y la diosa buitre Hekenut.

En el muro norte, esta figurado Amen-Hotep hijo de Hapu y Hat-Hor seguido por Ptah Nefer-Hor, Apet como hipopótamo, Hor-Heken y otra diosa hipopótamo con cabeza de león.

El final del reinado de Hatshepsut.

Todo parece indicar que la reina Hatshepsut había previsto la terminación de su magnífico templo coincidiendo con el año quince de su reinado. En dicho momento, celebraría su primera fiesta Sed.

De hecho, en el templo se encuentran representaciones de la reina realizando las carreras rituales. Con tal motivo, decidió erigir igualmente dos enormes obeliscos en el templo de Amón en Karnak, construir el octavo pilono y edificar la hermosa capilla Roja que aún nos admira.

Concluidos sus monumentos y celebrada la fiesta Sed, a partir del año 17 se entra en un periodo muy oscuro para conocer más datos de la reina, periodo que, probablemente, precede a su muerte.

Su sobrino, Thutmosis III había esperado pacientemente a que el entorno de la soberana fuera cayendo. De repente, los colaboradores íntimos de esta gran mujer fueron desapareciendo.

Primero fue su querida hija Neferu-Ra, especialmente tutelada por Sen-en-Mut, quizás su propia hija, la cual había sido designada como sucesora en el difícil camino iniciado por su madre. Después sobrevino la desaparición del propio Sen-en-Mut, sospechando los investigadores que, a la vista del estado de sus monumentos, incluso habría podido caer en desgracia antes de morir.

También parece probable que la muerte de este fiel servidor precedió a la de la propia reina y que, como consecuencia de ella, el poder de la soberana comenzó a decrecer al mismo tiempo que emergía como una terrible amenaza la sombra de su sobrino Thutmosis III.

No sabemos nada de las circunstancias de la muerte de la reina. Por ello, todas la hipótesis pueden ser consideradas, ya sean estas la muerte natural, el asesinato en una revolución palaciega o por venganza de los partidarios de Thutmosis III.

Lo que sí parece cierto es que la memoria de la reina fue objeto de persecución. Nada más morir o quizás un poco antes, sus estatuas en Deir-el Bahari comenzaron a ser destruidas. Dicha persecución pudo haberse producido al final del reinado de Thutmosis III.

En todo caso, los soberanos ramésidas se encargaron de concluir la tarea iniciada ciento cincuenta años antes, borrando con saña el nombre de la graciosa soberana de cualquier monumento donde el mismo fuera hallado para, de ese modo, suprimirla de la memoria de Egipto.

Su templo de Deir-el-Bahari fue gradualmente destruido en una lenta decadencia que, no obstante, le permitió sobrevivir hasta la época ptolemaica.

Instaurado el cristianismo en Egipto, las ruinas de este esplendente monumento aún servirían para alojar habitantes y anacoretas, siendo fundado un cenobio que dio el nuevo nombre con que hoy se le conoce: 'El Convento del Norte'.

Sin embargo, nada de lo acaecido parece hoy haber sucedido realmente. Deir El Bahari vuelve a ser 'El Esplendor de los Esplendores' con el que soñó la delicada reina, el Dyeser-Dyeseru que para ella creó su amado.

De hecho, hay quien diría que, en los dorados atardeceres tebanos aún se pueden contemplar las amorosas siluetas unidas de Hatshepsut, Sen-en-Mut y Neferu-Ra, paseando por las salas y galerías de su eterno y renovado monumento, entre los pétreos y amorosos cuernos de la divina Hat-Hor que los protege por toda la eternidad.

Teresa Bedman
Egiptóloga





Redactado por Francisco J. Martín Valentín y Teresa Bedman el jueves 18 Octubre 2007 a las 12:35 | Permalien | Comentarios


Artículos y comunicaciones

KARNAK, LA CIUDAD DE AMÓN  

Esta comunicación, producida en el marco del ciclo 'Tebas, los dominios del dios Amón', tuvo por objeto formular una síntesis actualizada del Templo de Amon de Karnak para ponerla a disposición del público que asistió a las conferencias impartidas en el Museo de San Isidro de Madrid celebradas entre los días 15 de noviembre y 20 de diciembre de 2001.

Templo de Karnak. Segundo pilono y Kiosco de Taharka

El conjunto de los templos de Karnak, en la actual ciudad de Luxor, en el Alto Egipto, constituye el área arqueológica más extensa del mundo. Aunque se ha trabajado en este lugar desde la creación del Servicio de Antigüedades en 1858 , fue en el año 1967 cuando se estableció una misión permanente constituida por un equipo mixto franco-egipcio, integrado en el Centro Franco-Egipcio para el Estudio de los Templos de Karnak (CFEETK), para excavar, consolidar y reconstruir los restos de la que fuera la mayor ciudad religiosa conocida del antiguo Egipto.

Los primeros exploradores modernos.

Los primeros viajeros que llegaron a Tebas después de la conquista árabe de Egipto, entre los siglos XII al XV, más propiamente peregrinos que exploradores, solo se sintieron interesados, conforme a la corriente de la época, por la visita y conocimiento de los lugares vinculados a los relatos del Nuevo Testamento.

A partir del siglo XVII otros viajeros, esta vez con fines lucrativos, llegaron a recorrer el Alto Egipto con la intención de controlar las rutas comerciales del mar Rojo.
En el año 1589 un veneciano cuyo nombre no nos ha llegado, describió por primera vez conocida las ruinas de los templos de Karnak.

Después vendrán los viajes de los padres capuchinos Protasio y Francisco y del padre Vansleb. A partir de los relatos que le fueron entregados a éste último por los citados capuchinos ha llegado hasta nosotros una de las primeras descripciones conocida, hecha por viajeros occidentales, a propósito de las ruinas de Karnak; no obstante, hay que decir que, aunque descritas, no fueron identificadas con el gran conjunto de templos construidos al servicio y mayor gloria del antiguo dios Amón de Tebas.

La primera vez que, a sabiendas del lugar que se visitaba, se hizo una exacta descripción del mismo, fue cuando el jesuita Claude Sicard viajó a Tebas y a las ruinas de los templos de Karnak, lo que acaeció en el verano del año de 1718 , ochenta años antes de que los sabios de la expedición napoleónica explorasen aquéllos venerables restos para realizar los dibujos que, luego, permitirían mostrar todo su magnífico esplendor al asombrado mundo occidental.

Nos dice el viajero francés:

"¿Qué elogios no ha dado toda la antigüedad a Tebas, llamada en otro tiempo Dióspolis Magna?. No hay autor, que no hable de ella como de una ciudad cuya grandeza y hermosura excedía a toda ponderación…. No hay paraje alguno en Egipto donde se encuentren tan hermosos monumentos y tantas cosas dignas de nuestra curiosidad. Pondré algún ejemplo: al este del Nilo se ven seis puertas enteras del castillo en que estaba el palacio de los reyes de Tebas….

Al salir por cada puerta se encuentra una calle larga de esfinges y de todas las especies de estatuas de mármol que mostraban el camino a palacio. Nada es éso en comparación del salón grande de palacio. Lo sostenían 112 columnas de 72 pies de alto y de 12 pies y un tercio de diámetro, pintadas y cubiertas todas de figuras en relieve. Fuera del salón, están también pintadas las murallas y el techo en diferentes peristilos. Se pueden contar hasta mil columnas, cuatro colosos de mármol y muchos obeliscos…."

Aquel esplendente conjunto que se esparcía a unos 300 metros de la orilla del río Nilo, extendiéndose sobre más de un kilómetro y medio en dirección al este, eran las ruinas de la antigua y santa ciudad donde, durante más de dos mil años, reinó el soberano de todos los dioses: Amón.


Amón, ¿Quién eres?.

Los textos de las Pirámides, conocidos por primera vez a partir de ejemplos de la dinastía V (hacia 2465-2325 a. de C.) , recogen alguna mención de este oscuro dios tebano cuyo nombre significa "el oculto" , y una de cuyas antonomasias era "aquel que se ha creado a sí mismo y cuya manifestación no es conocida".

Este antiguo dios, señor del aire, patrón de los bateleros de la zona de Koptos desde tiempo inmemorial, fue concebido como dios local en la ciudad por definición, Niut, la 'Tebas de las cien puertas' de los relatos homéricos .

En principio, fue una divinidad poco importante pero, con la instauración de la dinastía XII, durante el Imperio Medio (1991-1650 a. de C.), se convirtió en la principal divinidad protectora de la casa real.

Su culto comenzó a incrementarse, y Tebas, dejó en segundo término al que había sido hasta entonces su dios más destacado, Montu, para entregarse al de la divinidad que la convertiría en una de las capitales religiosas más poderosas del mundo antiguo.

El dios Amón se mostraba a los ojos de los hombres bajo aspecto humano, ciñendo en su cabeza un casco con dos altas plumas, y llevando en su mano derecha el cetro del poder que, a su vez, expresaba el símbolo ideográfico de la propia ciudad de Tebas.

A él se asimilaron otros cultos antiquísimos como el de la fertilidad, regida por el dios Min ; con el tiempo, después de extender su tutela a los poderosos reyes del Imperio Nuevo, finalmente, acabó enfrentándose a ellos, tornándose entonces en el dios Amón-Ra, imagen del disco solar en la bóveda celeste.

Doblegada la realeza a sus pies, al final del Imperio Nuevo, devino en "rey de todos los dioses". Él, que fue el primero, 'el increado', se convirtió de este modo en el auténtico soberano de todo Egipto.

Así, Amón, formó parte de la creación del poder de Egipto sobre el mundo y acabó poseyendo él mismo a la tierra negra, causando también, su decadencia y la extinción de su grandeza.

La familia sagrada de Karnak.

Amón fue oportunamente dotado por los teólogos tebanos de Karnak de una esposa, la diosa Mut , la madre por excelencia, y de un hijo, Jonsu, el dios lunar que completaba con su padre el dominio de los astros.

Amón también adoptó para manifestarse la forma del carnero, emblema de la potencia generadora. Este animal sagrado esparció su imagen por todos los rincones de su templo en Tebas, pero no fue la única efigie en la que se podía reconocer al dios: también la oca fue utilizada como forma animal de su manifestación divina.

Así pues, Amón fue el amo y señor de la ciudad santa de Karnak en el corazón de Tebas y reinando allí, lo hizo sobre todo el mundo.

El lugar de Karnak.

La palabra árabe Karnak significa 'castillo', 'ciudad fortificada'. Tal denominación se ciñe perfectamente a la realidad de esta ciudad, puesto que la misma se halla construida en el interior de un muro de ladrillo que, en origen, debió tener más de veinte metros de alto. Su nombre egipcio más genuino fue el de "Ipet Sut" que significaba "el más venerable de todos los lugares", refiriéndose desde luego al recinto sagrado donde se encontraba el santo de los santos del templo.

En efecto, así fue. La ciudad de Karnak, comenzada a construir quizás en tiempos del Imperio Antiguo , llegó a ser probablemente el más sagrado entre todos los lugares religiosos de Egipto.

La llamada "Lista de los antepasados" , elaborada en tiempo de Thutmosis III para rememorar a todos los reyes que hicieron algo en favor del dios Amón en aquél lugar, cita en su encabezamiento al propio Snefru, el último rey de la dinastía III, hacia el 2613-2589 a. de C.

Sin embargo, la primera mención en los textos respecto a la existencia de un templo dedicado al dios Amón en Karnak se remonta a una época algo anterior al reinado de rey Antef II, durante el Primer Periodo Intermedio, hacia el 2112-2063 a.C.

El segundo soberano de la dinastía XII, el gran Sesostris I, hacia el 1965-1920 a. de C., hizo obras en el santo de los santos del templo, dedicando un naos para acoger la estatua del dios. También mandó erigir, con motivo de su fiesta Jubilar, una capilla-reposadero para la barca procesional del dios.

Pero el gran auge de Karnak vino de la mano de los reyes de la dinastía XVIII. A partir de dicho momento, hacia el año 1554 a. de C. y hasta el 313 d. de C., Karnak no haría más que crecer, transformarse y ampliarse sucesivamente bajo todos los reyes nacionales y extranjeros, incluidos los emperadores de la poderosa Roma.

Así pues, ininterrumpidamente, durante dos mil trescientos años existió en Karnak culto continuado con sus cánticos, rituales y misterios; durante ese enorme periodo de tiempo Karnak acogió las oraciones y plegarias de un pueblo piadoso, pero también fue el centro del poder político en Egipto.

El desarrollo constructivo de Karnak.

Karnak conoció sus etapas de construcción sucesiva conforme a los programas de reinado de los diferentes soberanos egipcios.

A partir del santuario inicial del Imperio Medio, el templo de Amón se desarrollaría en dirección oeste, perpendicularmente al río, como era habitual para casi todos los templos egipcios. Este eje Este-Oeste, se complementaría con otro, Norte-Sur, que daría al conjunto monumental su definitiva configuración.

Karnak, más que ningún otro monumento de culto en Egipto, fue la imagen viva del universo egipcio. Se construyó siguiendo las direcciones de los dos principales fenómenos físicos que regían toda la vida del país: el sol en su trayectoria celeste y el río Nilo en marcha desde el sur hacia el norte.

En sucesivas etapas constructivas, el santuario, el 'Ipet Sut' por excelencia, se fue rodeando de salas, ampliándose con patios y pilonos, con sus puertas, en dirección a la orilla del Nilo para, en un momento determinado, creando su nueva dirección hacia el sur, relacionarse con el templo de la diosa madre 'Mut' y, más allá, a ocho kilómetros de distancia, establecer el 'Harén Meridional', lugar al que se trasladarían una vez al año el dios con su familia para celebrar la Fiesta de Opet.

Amen-Hotep I, (1526- 1506 a. de C.), hijo del fundador de la dinastía XVIII, asumió la continuación de la obra en el estado en que se encontraba el templo desde el Imperio Medio. Para ello, construyó capillas realizadas en piedra calcárea, alrededor del muro de protección que albergaba el santuario del Imperio Medio.

Su sucesor, Thutmosis I, (1506-1493 a. de C.) continuó su proyecto constructivo, rehaciendo el recinto del Imperio Medio. Al final de su reinado, dicho recinto se había rodeado por otros dos de forma rectangular, separados entre sí por un deambulatorio.

Elevó el primer pilono construido en Karnak, hecho con piedra arenisca y revestido de calcárea. Quizás también el primero de toda la historia de la arquitectura egipcia.
Sustituyó la gran puerta de Amen-Hotep I por otro pilono más, creando, de este modo, bajo la dirección de su arquitecto Ineni, una sala con techo que los textos llaman Uadyet.

Delante de este pilono (ahora numerado el cuarto) alzó dos obeliscos de granito rosa cuyos piramidiones estaban guarnecidos de oro.

Thutmosis II, (1493-1478 a. de C.) hijo del anterior, ordenó hacer ciertas obras de menor importancia en el templo. Quizás una puerta monumental para la entrada principal, delante de la cual se alzarían otros dos obeliscos, en un patio ceremonial llamado 'Patio de Fiestas' y una capilla-reposadero para la barca procesional de Amón, hecha de alabastro; éstas fueron, probablemente, sus únicas obras en Karnak.

Cuando la reina Hatshepsut llega al trono (1478-1458 a. de C.) el ritmo constructivo de Karnak crece enormemente.

Su primera obra consistió en sustituir la capilla-reposadero de Amen-Hotep I por otra, que hoy conocemos como la 'Capilla Roja', por estar construida con bloques de cuarcita roja del Guebel El Ahmar.

Este fue el centro del llamado 'Palacio de Maat', para lo que hubo que modificar el espacio existente delante del santuario del Imperio Medio. A ambos lados de la capilla se elevaron otras para las ofrendas y se convirtió la Uadyet de Thutmosis I en un patio al aire libre donde se elevaron dos enormes obeliscos forrados con un capuchón de electrum.

Fue bajo las órdenes de Hatshepsut cuando se inició el trazado definitivo del eje Norte-Sur de Karnak que ya había sido tímidamente iniciado por sus antecesores.

Erigió un pilono (hoy el octavo) que marcaría los límites del templo por el sur. Esta vía era la utilizada durante su reinado por la familia tebana en su salida anual, en procesión terrestre, hacia el Harén meridional con motivo de la Fiesta de Opet. Trazó una vía bordeada de esfinges para unir el templo de Amón con el de Mut.
Finalmente erigió otros dos obeliscos más en la zona este del santuario.

Thutmosis III (1458-1425 a. de C), hizo propias las obras de su tía y madrastra. Además, él ordenó elevar dos pilares heráldicos símbolos del Alto y del Bajo Egipto, a ambos lados de la capilla roja de su antecesora.

Añadió dos obeliscos más entre los de Thutmosis I y Thutmosis I