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Sábado 29 Septiembre 2007 - 11:14
Se ha presentado en La Fundación General de la Universidad Complutense de Madrid la Memoria de Actividades del Curso Acádemico 2006-2007, con la valoración de sus logros en al campo de la egiptología
Los Profesores Manfred Bietak, Francisco Martín Valentín y Federico Lara Peinado
Concluido el segundo curso académico de actividades de la ‘Cátedra de Egiptología José Ramón Mélida’, el correspondiente al año 2006/2007, es el momento de hacer un balance de los resultados docentes y de efectividad en el funcionamiento de la cátedra y sus integrantes.
Ha de expresarse la satisfacción por los resultados y efectos de la docencia de la egiptología como área de conocimiento independiente que se está llevando a cabo a través de la Cátedra José Ramón Mélida, en el seno de la Fundación General de UCM.
La demanda social de la institucionalización de la enseñanza de la egiptología en nuestro país está empezando a recibir una respuesta adecuada por medio de los instrumentos docentes de los que la Fundación dispone, los cuales han sido generosamente puestos a disposición de nuestro departamento egiptológico.
Tales son los Cursos de Verano de la Universidad Complutense de Madrid, las Escuelas Complutenses de Verano y, las llamadas ‘Actividades de formación abierta’ que han acogido los cursos oportunamente propuestos por nuestro departamento, y aprobados por la Comisión de seguimiento de la cátedra.
La aceptación que dichos cursos han tenido por parte del alumnado ha sido extraordinariamente positiva. No solo, por parte de alumnos de nuestra Universidad, lo cual es un referente y, al mismo tiempo, una confirmación de que la cátedra cumple con su primera y originaria vocación hacia su propio y original entorno, sino por parte de alumnos de otras procedencias que, finalmente, son los genuinos representantes de la sociedad a la que van dirigidas las actividades de la Fundación General de la UCM, según su marco legal y estatutario.
La otra vertiente de nuestras actividades docentes, tiene su reflejo en el profesorado elegido para hacerse cargo de la enseñanza de las disciplinas que configuran la ciencia de la egiptología.
Dentro de la doble y natural dificultad con la que, de inicio, nos encontramos al iniciar nuestra singladura: de una parte, la práctica ausencia de profesores titulados en egiptología de nuestra Universidad y, de otra, la imposición estatutaria de limitación de cupo para incorporar profesorado de egiptología con el adecuado perfil, procedente de fuera de nuestra Universidad, se ha producido un hecho relevante y muy positivo.
Tal acontecimiento es la brillante aportación del profesorado especializado aportado por el Instituto de Estudios del Antiguo Egipto, entidad responsable junto con la Fundación General de la UCM, de la fundación y marcha de la cátedra, y la progresiva incorporación de numerosos profesores de las áreas de conocimiento de filología, historia antigua y arqueología, todos ellos de nuestra Universidad, lo que abre las puertas de nuestra cátedra al profesorado propio.
Con ambas incorporaciones se conseguirá de modo progresivo y equilibrado dar una solidez de futuro a la obra iniciada.
De una parte, se ha ir conociendo por los posibles alumnos y en los ambientes adecuados que existe una actividad docente estable de egiptología en nuestra Universidad; de la otra, se ha de ir estableciendo un cuerpo docente especializado en egiptología que quizás sea el núcleo de un futuro proceso de consolidación de la enseñanza de la egiptología en la Universidad Complutense de Madrid.
Falta, si acaso, hacer una prudente proyección del futuro que, probablemente aguarda a nuestra cátedra, si se sucediesen los apoyos necesarios, tan sólidamente como hasta el momento presente éstos se han producido.
Lo deseable sería progresar lenta y firmemente en el camino iniciado para poder concluir ofreciendo a la Universidad y a la sociedad en general en años venideros, la realidad de una sólida institución académica con perfiles y naturaleza especiales, como corresponde al ámbito en el que se desarrollarán nuestras actividades, el de la Fundación General de la Universidad Complutenses de Madrid.
Todo lo dicho hasta ahora, avala la viabilidad del proyecto que inició su camino en octubre del año 2005.
Estamos, por tanto, convencidos de que la cátedra de egiptología ‘José Ramón Mélida’ no hará sino crecer en sus actividades y prestigio, y por ello y para ello seguiremos trabajando todo el equipo que la integramos en este momento.
Madrid, 27 de septiembre de 2007
Federico Lara Peinado
Francisco J. Martín Valentín
CÁTEDRA DE EGIPTOLOGÍA ‘JOSÉ RAMÓN MÉLIDA’ FUNDACIÓN GENERAL DE LA UCM MEMORANDO DE ACTIVIDADES DESARROLLADAS (CURSO ACADÉMICO 2006/2007)
A) CURSO DE INTRODUCCIÓN AL EGIPCIO MEDIO ESCRITO EN SISTEMA JEROGLIFICO
Directores: Prof. Dr. Federico Lara Peinado
Dr. Francisco J. Martín Valentín
Programa:
18.03.07 Tema 1.- El largo camino del desciframiento.
26.03.07 Tema 2.- La Escritura jeroglífica, un sistema pictográfico global.
16.04.07 Tema 3.- Las etapas de la lengua escrita. Las distintas clases de escritura. Textos y fuentes escritas.
23.04.07 Tema 4.- Las distintas clases de signos: Fonéticos e ideográficos.
03.05.07 Tema 5.- La Composición de la palabra escrita. El dualismo como concepto básico.
07.05.07 Tema 6.- Morfología (I): El sustantivo, el adjetivo y el pronombre.
21.05.07 Tema 7.- Morfología (II): El pronombre relativo, el pronombre interrogativo, el artículo definido, el adverbio, las preposiciones, las partículas, los numerales y los ordinales.
28.05.07 Tema 8.- Sintaxis (I): Nociones sobre el verbo egipcio.
4.06.07 Tema 9.- Sintaxis (II): Clases de oraciones y tipos de enunciados.
11.06.07 Tema 10.- Sintaxis (III): Otras oraciones gramaticales.
18.06.07 Tema 11.- La Traducción de inscripciones: un sistema de cadencias.
Profesores: Dr. Federico Lara Peinado y Dr. Francisco J. Martín Valentín
RESULTADOS:
El nivel de atención y aprovechamiento de los alumnos participantes ha sido muy alto.
El reparto de un muy abundante material bibliográfico y documental, en papel con el texto de los temas de Lengua jeroglífica, ha sido altamente valorado por los alumnos participantes
Las calificaciones obtenidas por los alumnos en las pruebas formuladas por la dirección del curso alcanzaron el nivel de aptos y notables.
Las calificaciones de los alumnos al curso y sus características fueron óptimas, manifestando su deseo de participar en próximas ediciones de estos cursos de lengua egipcia escrita.
B) CURSOS DE VERANO 2007. UNIVERSIDAD COMPLUTENSE
Del 25 al 29 de junio de 2007
b[‘EL EGIPTO FARAÓNICO EN SU PROYECCIÓN MEDITERRÁNEA: TRES MILENIOS DE HISTORIA'.]b
Directores: Prof. Dr. Federico Lara Peinado
Dr. Francisco J. Martín Valentín
En el citado Curso de Verano de El Escorial se expusieron por los ponentes y se sometieron a debate en las correspondientes mesas redondas las conexiones culturales establecidas en el Mar Mediterráneo entre Egipto y otras culturas del mismo área desde el II milenio a. C. hasta el siglo III d. C., como prueba de las evidentes raíces culturales que comparten sus pueblos ribereños.
Se mostró como la influencia egipcia en las bases culturales de todos estos pueblos fue uno de los valores más sólidos que permiten comprender las comunes tradiciones políticas, religiosas y económicas, de modo que se convierten en un entramado de influencias recíprocas.
Se concluyó poniendo de manifiesto las conclusiones a la vista de las últimas investigaciones sobre este tema, lo cual ha supuesto una destacable aportación al mejor conocimiento de nuestra cultura mediterránea.
Intervinieron:
Profesor Dr. Manfred Bietak (Profesor de Egiptología en la Universidad de Viena y Profesor del Österreichischen Archäologischen Institutes in Kairo )
Prof. Dr. Federico Lara Peinado, Director de la Cátedra de Egiptología ‘José Ramón Mélida’ de la FGUCM
Dr. Francisco J. Martín Valentín, Director del Instituto de Estudios del Antiguo Egipto
Dª Teresa Bedman González, Gerente del Instituto de Estudios del Antiguo Egipto
D. Jesús Gil Fuensanta, Secretario General de la Asociación Española de Orientalistas.
Dr. Luis Álvarez, Historia Antigua de la Facultad de Geografía e Historia de la UCM
Profesor Dr. Julio Trebolle Barrera. Departamento de Hebreo y Arameo. Facultad de Filología. Universidad Complutense de Madrid.
Prof. Dr. Javier Cabrero Piquero, Profesor de Historia Antigua de la UNED
Profesor Dr. Alberto Bernabé Pajares. Departamento de Filología Griega. Facultad de Filología. Universidad Complutense de Madrid.
Profesor Dr. Santiago Montero Herrero. Departamento de Historia Antigua. Facultad de Geografía e Historia. Universidad Complutense de Madrid.
Dr. D. José Lull García, Instituto de Estudios del Antiguo Egipto
Las calificaciones de los alumnos al curso, características y ponentes fueron óptimas, con deseo de participar en próximas ediciones de estos cursos de egiptología de la Universidad de Verano.
C) ESCUELA COMPLUTENSE DE VERANO 2007
Del 2 al 31 de julio de 2007
‘INTRODUCCIÓN A LA EGIPTOLOGÍA’
Directores: Prof. Dr. Federico Lara Peinado
Dr. Francisco J. Martín Valentín
OBJETIVOS:
· Poner a disposición de alumnado una visión crítica y razonada del estado de la cuestión de la naturaleza de la egiptología como disciplina autónoma.
· Asumir la formación de los participantes en una visión integrada desde el punto de vista histórico, religioso y arqueológico de lo que supuso la civilización del antiguo Egipto.
· Proporcionar las adecuadas herramientas de formación inicial en el mundo de la egiptología.
· Proporcionar nociones básicas de conocimiento del sistema jeroglífico, el egipcio clásico y la paleografía hierática.
PROGRAMA:
Introducción a la egiptología.
1 El nacimiento de la egiptología como ciencia.
2 Las fuentes bibliográficas para el estudio de la egiptología.
3 El conocimiento del medio geográfico.
Los inicios.
4 El Egipto predinástico: nociones de conocimiento.
5 Organizanización social y costumbres funerarias.
6 Conceptos religiosos.
7 El período tinita (I y II dinastías).
El Imperio Antiguo.
8 Historia de las dinastías III y IV.
9 Historia de las dinastías V y VI.
10 Desarrollo religioso de las dinastías III a VI.
11 La arquitectura y las manifestaciones estéticas.
12 La crisis del Imperio Antiguo: el Primer Período Intermedio.
El Imperio Medio.
13 Historia de las dinastías XI, XII y XIII.
14 Sociedad, cultura y desarrollo religioso. Textos literarios y funerarios.
15 Arquitectura y las manifestaciones estéticas.
16 El Segundo Período Intermedio (Dinastías XV-XVII).
El Imperio Nuevo (I).
17 Historia y desarrollo religioso de la dinastía XVIII.
18 La crisis amárnica.
19 Sociedad y cultura.
20 La arquitectura y las manifestaciones estéticas.
El Imperio Nuevo (II).
21 Historia de las dinastías XIX y XX.
22 Sociedad, cultura y desarrollo religioso.
23 La literatura durante el Imperio Nuevo.
24 La arquitectura y las manifestaciones estéticas.
El Tercer Período Intermedio y la Baja Época.
25 Historia y desarrollo religioso de las dinastías XXI-XXIV.
26 El dominio kushita y el renacimiento saíta (Dinastías XXV-XXVI).
27 Las dinastías XXVII-XXX.
28 La arquitectura y las manifestaciones estéticas.
Estudios de lengua y paleografía.
29 Iniciación al sistema jeroglífico (I).
30 Iniciación al sistema jeroglífico (II).
31 Iniciación al egipcio clásico.
32 Nociones de paleografía hierática.
Profesores:
Prof. Dr. Federico Lara Peinado
Dr. D. José Lull
Dr. D. Francisco J. Martín Valentín
Prof. Dr. Santiago Montero Herrero
RESULTADOS:
El nivel de atención y aprovechamiento de los alumnos participantes ha sido alto. Se han llevado a cabo lecciones prácticas sobre materiales del M.A.N. y en el Templo de Debod de Madrid.
El reparto de un muy abundante material bibliográfico y documental, en papel y en soporte informático, incluidos manuales de Historia de Egipto y de Lengua jeroglífica, ha sido altamente valorado por los alumnos participantes
Las calificaciones de los alumnos al curso, y a sus características fueron óptimas con deseo de participar en próximas ediciones de estos cursos de egiptología.
AYUDAS Y COLABORACIÓN
Dentro del contenido de los pactos establecidos en el Convenio marco que regula la vida académica de la cátedra, la misma ha sido dotada con la asistencia de un ‘Becario’, para atender la elaboración de un portal Web de la cátedra, dentro del marco de Fundación General de la Universidad Complutense de Madrid.
PROPUESTAS Y RECOMENDACIONES
A juicio del Director de la Cátedra y del Director del Instituto de Estudios del Antiguo Egipto que suscriben este Memorando, las actividades docentes en ámbito académico universitario que la cátedra puede desarrollar en los futuros cursos son múltiples y deberán ser asumidas en la medida que las posibilidades logísticas las hagan posibles.
Las expectativas existentes entre el potencial alumnado de los diferentes cursos de la cátedra son muy altas.
Se considera muy conveniente pasar de la fase de establecimiento de los Cursos estables de lengua, en su nivel de iniciación, a la creación de segundos niveles, para permitir el progreso de los alumnos que ya participaron en el primer curso y superaron las pruebas.
Igual recomendación se formula en cuanto a la posibilidad de convocar un segundo nivel de estudio de egiptología por medio de la Escuela Complutense de Verano, en su edición del año 2008.
El resultado de las actividades realizadas durante este año ha sido altamente satisfactorio.
Madrid, 27 de septiembre de 2007
Prof. Dr. Federico Lara Peinado
Director de la Cátedra de egiptología ‘José Ramón Mélida’ (FGUCM)
Dr. Francisco J. Martín Valentín
Miembro de la Comisión de seguimiento (IEAE)
Me ha escrito una persona interesada en el tema de Egipto y la magia. Reproduzco la introducción de mi libro 'Los Magos del Antiguo Egipto' para proponer una óptica de este apasionante tema
Los Magos del antiguo Egipto es el título deliberadamente elegido para dar personalidad propia a esta obra que pretende exponer parte de lo que se puede conocer del mundo nebuloso que protagonizaron los sabios iniciados en el antiguo Egipto.
Puede que, el término ‘mago’, no sea el más idóneo para identificar a los conocedores de la antigua sabiduría que desempeñaron en Egipto un papel tan trascendente en el desarrollo de su proceso civilizador. En puridad deberíamos hablar de los ‘sacerdotes lectores’ del antiguo Egipto o de otras denominaciones técnicas más acordes con la lexicografía egiptológica.
Pero hemos de partir de la proximidad en el lenguaje, y el lenguaje, la palabra, son esenciales para dar vida a lo que se quiere exponer.
Entre nosotros, poca gente ha oído hablar de los segundos y, sin embargo, casi todos hemos quedado alguna vez atrapados en el misterio de los primeros.
Según los griegos la palabra ‘mago’ procedía de Persia, donde se utilizaba para referirse vagamente a los astrólogos, sabios e intérpretes de los sueños.
Pero a los griegos y a los romanos, el mundo egipcio con sus monumentales templos y sus escritos llenos de embrujo y misterio, siempre les pareció íntimamente vinculado con la magia y, por tanto, los magos egipcios fueron para ellos los más importantes y prestigiosos de todo el mundo.
Pero, en realidad, parece que el mundo grecorromano tampoco estuvo demasiado bien informado sobre la auténtica naturaleza de lo que simplemente definían como una casta sacerdotal integrada por la clase de personajes a los que nos hemos referido antes.
En consecuencia, la palabra ‘magia’ para el mundo ‘clásico’ venía a significar algo parecido a ‘la religión de los magos’.
La otra ‘fuente de información’ que ha llegado hasta nosotros (me refiero a nuestra cultura judeo-cristiana) son los escritos bíblicos veterotestamentarios.
En este caso, parece que el Antiguo Testamento transmitió la idea de que la magia era el arte de obrar cosas maravillosas, desproporcionadas por su grandeza a los medios empleados. Tales prácticas estaban absolutamente prohibidas a los israelitas, bajo pena de muerte.
Ellos conocieron de su existencia a través de sus contactos históricos con el pueblo egipcio y con otros de las regiones del Eúfrates y el Tigris, tales como los babilonios o los persas.
En los textos bíblicos la palabra ‘mago’ se utiliza vinculada habitualmente a los términos ‘encantador’, ‘adivinador’, ‘hechicero’, ‘sabio’.....en suma, a una serie de conceptos que, de algún modo, trataban de sintetizar las cualidades que configuraban, según la experiencia del pueblo hebreo, la personalidad del ‘mago egipcio’.
El mago egipcio....personaje de alto conocimiento; el sabio. El que conocía el arte de la interpretación de los sueños. Así se acreditó José, ante el faraón, quien, para desentrañar el significado de su sueño de las siete espigas y las siete vacas, ‘hizo llamar a todos los adivinos y a todos los sabios de Egipto...’(Génesis 41, 8.).
El mago egipcio, que también obraba el poder de transmutar, de cambiar las cosas aparentemente inanimadas en seres vivos y terribles: ‘...hizo llamar también el faraón a sus sabios y encantadores. Y los magos de Egipto realizaron también por sus sortilegios el mismo prodigio. Y echaron cada uno su báculo, que se convirtieron en serpientes....’ (Éxodo 7, 11-12).
El mago egipcio, el iniciado en las fórmulas secretas utilizadas para combatir el daño producido contra alguien: ‘.....Yahvé dijo a Moisés: “Dí a Aarón: toma el cayado y tiende tu mano sobre las aguas de Egipto, sobre sus ríos, sobre sus canales, sobre sus estanques y sobre todos sus depósitos de aguas, todas se convertirán en sangre......pero los magos de Egipto hicieron otro tanto con sus encantamientos, y el corazón del faraón se endureció......’ (Éxodo, 7, 19-22).
Estas eran las nociones que el mundo bíblico transmitió respecto de este grupo de sacerdotes que hicieron del estudio del mundo creado y del conocimiento de las energías sutiles que lo rodean, el objeto de su investigación y práctica diarias.
En todo caso, la realidad del origen esencial de la magia como algo consustancial a la civilización del antiguo Egipto está confirmada también por la patrística, a través de uno de sus más importantes representantes, Clemente de Alejandría, quien afirmó con todo conocimiento que ‘Egipto había sido la madre de los magos’.
En resumen, el mago egipcio fue una figura que ha llegado hasta nosotros a través de las brumas de la historia bajo la forma del ‘alquimista’, el conocedor de la vieja ciencia de la tierra de Egipto; que, no otra cosa, quiere decir la palabra árabe ‘alquimia’.
Tras estos conceptos incompletos, ha vuelto a surgir en nuestro días el interés por ese mundo oculto y esotérico que hace del antiguo Egipto un foco de permanente misterio. Pues bien, más allá de los ecos borrosos, de las deformaciones y de las ocultaciones, siempre injustificadas, en verdad debemos plantearnos las siguientes preguntas : ¿quiénes fueron los magos del antiguo Egipto?. ¿Cuál fue su conocimiento?. ¿Cuáles sus fines y sus métodos?.
Hoy estamos en situación de abordar la investigación de todas estas cuestiones y de muchas otras, relacionadas con tan apasionante tema.
Egipto ha abierto sus propias fuentes de información para quien quiera beber en ellas. Ya no es necesario escuchar lo que otros dicen y manejan. Los textos nos hablan. ¡Acudamos a ellos!. ¡Leamos los papiros, las inscripciones de las estatuas, las de las estelas, las de los muros de los templos!.
¡Comprendamos que la magia en Egipto no fue la mera expresión de un estado de decadencia y degradación de las creencias religiosas!. Muy al contrario, sepamos que la magia en el país del Nilo fue la consecuencia natural de la concepción del mundo por los antiguos egipcios y de su modo integral de verlo, concebirlo y vivirlo.
Si después, alguien quisiera sumergirse en aguas más profundas, que prepare su espíritu y asuma su papel. La sabiduría de Egipto le espera.
El conocimiento es la salvación y la luz.
Introducción del libro de Martín Valentín, F. J. Los Magos del Antiguo Egipto. Madrid, 2002.
Puede que, el término ‘mago’, no sea el más idóneo para identificar a los conocedores de la antigua sabiduría que desempeñaron en Egipto un papel tan trascendente en el desarrollo de su proceso civilizador. En puridad deberíamos hablar de los ‘sacerdotes lectores’ del antiguo Egipto o de otras denominaciones técnicas más acordes con la lexicografía egiptológica.
Pero hemos de partir de la proximidad en el lenguaje, y el lenguaje, la palabra, son esenciales para dar vida a lo que se quiere exponer.
Entre nosotros, poca gente ha oído hablar de los segundos y, sin embargo, casi todos hemos quedado alguna vez atrapados en el misterio de los primeros.
Según los griegos la palabra ‘mago’ procedía de Persia, donde se utilizaba para referirse vagamente a los astrólogos, sabios e intérpretes de los sueños.
Pero a los griegos y a los romanos, el mundo egipcio con sus monumentales templos y sus escritos llenos de embrujo y misterio, siempre les pareció íntimamente vinculado con la magia y, por tanto, los magos egipcios fueron para ellos los más importantes y prestigiosos de todo el mundo.
Pero, en realidad, parece que el mundo grecorromano tampoco estuvo demasiado bien informado sobre la auténtica naturaleza de lo que simplemente definían como una casta sacerdotal integrada por la clase de personajes a los que nos hemos referido antes.
En consecuencia, la palabra ‘magia’ para el mundo ‘clásico’ venía a significar algo parecido a ‘la religión de los magos’.
La otra ‘fuente de información’ que ha llegado hasta nosotros (me refiero a nuestra cultura judeo-cristiana) son los escritos bíblicos veterotestamentarios.
En este caso, parece que el Antiguo Testamento transmitió la idea de que la magia era el arte de obrar cosas maravillosas, desproporcionadas por su grandeza a los medios empleados. Tales prácticas estaban absolutamente prohibidas a los israelitas, bajo pena de muerte.
Ellos conocieron de su existencia a través de sus contactos históricos con el pueblo egipcio y con otros de las regiones del Eúfrates y el Tigris, tales como los babilonios o los persas.
En los textos bíblicos la palabra ‘mago’ se utiliza vinculada habitualmente a los términos ‘encantador’, ‘adivinador’, ‘hechicero’, ‘sabio’.....en suma, a una serie de conceptos que, de algún modo, trataban de sintetizar las cualidades que configuraban, según la experiencia del pueblo hebreo, la personalidad del ‘mago egipcio’.
El mago egipcio....personaje de alto conocimiento; el sabio. El que conocía el arte de la interpretación de los sueños. Así se acreditó José, ante el faraón, quien, para desentrañar el significado de su sueño de las siete espigas y las siete vacas, ‘hizo llamar a todos los adivinos y a todos los sabios de Egipto...’(Génesis 41, 8.).
El mago egipcio, que también obraba el poder de transmutar, de cambiar las cosas aparentemente inanimadas en seres vivos y terribles: ‘...hizo llamar también el faraón a sus sabios y encantadores. Y los magos de Egipto realizaron también por sus sortilegios el mismo prodigio. Y echaron cada uno su báculo, que se convirtieron en serpientes....’ (Éxodo 7, 11-12).
El mago egipcio, el iniciado en las fórmulas secretas utilizadas para combatir el daño producido contra alguien: ‘.....Yahvé dijo a Moisés: “Dí a Aarón: toma el cayado y tiende tu mano sobre las aguas de Egipto, sobre sus ríos, sobre sus canales, sobre sus estanques y sobre todos sus depósitos de aguas, todas se convertirán en sangre......pero los magos de Egipto hicieron otro tanto con sus encantamientos, y el corazón del faraón se endureció......’ (Éxodo, 7, 19-22).
Estas eran las nociones que el mundo bíblico transmitió respecto de este grupo de sacerdotes que hicieron del estudio del mundo creado y del conocimiento de las energías sutiles que lo rodean, el objeto de su investigación y práctica diarias.
En todo caso, la realidad del origen esencial de la magia como algo consustancial a la civilización del antiguo Egipto está confirmada también por la patrística, a través de uno de sus más importantes representantes, Clemente de Alejandría, quien afirmó con todo conocimiento que ‘Egipto había sido la madre de los magos’.
En resumen, el mago egipcio fue una figura que ha llegado hasta nosotros a través de las brumas de la historia bajo la forma del ‘alquimista’, el conocedor de la vieja ciencia de la tierra de Egipto; que, no otra cosa, quiere decir la palabra árabe ‘alquimia’.
Tras estos conceptos incompletos, ha vuelto a surgir en nuestro días el interés por ese mundo oculto y esotérico que hace del antiguo Egipto un foco de permanente misterio. Pues bien, más allá de los ecos borrosos, de las deformaciones y de las ocultaciones, siempre injustificadas, en verdad debemos plantearnos las siguientes preguntas : ¿quiénes fueron los magos del antiguo Egipto?. ¿Cuál fue su conocimiento?. ¿Cuáles sus fines y sus métodos?.
Hoy estamos en situación de abordar la investigación de todas estas cuestiones y de muchas otras, relacionadas con tan apasionante tema.
Egipto ha abierto sus propias fuentes de información para quien quiera beber en ellas. Ya no es necesario escuchar lo que otros dicen y manejan. Los textos nos hablan. ¡Acudamos a ellos!. ¡Leamos los papiros, las inscripciones de las estatuas, las de las estelas, las de los muros de los templos!.
¡Comprendamos que la magia en Egipto no fue la mera expresión de un estado de decadencia y degradación de las creencias religiosas!. Muy al contrario, sepamos que la magia en el país del Nilo fue la consecuencia natural de la concepción del mundo por los antiguos egipcios y de su modo integral de verlo, concebirlo y vivirlo.
Si después, alguien quisiera sumergirse en aguas más profundas, que prepare su espíritu y asuma su papel. La sabiduría de Egipto le espera.
El conocimiento es la salvación y la luz.
Introducción del libro de Martín Valentín, F. J. Los Magos del Antiguo Egipto. Madrid, 2002.
Opiniones
Jueves 20 Septiembre 2007 - 19:56
Inauguro esta sección de 'Opiniones' para mostrar un ejemplo de lo que viene siendo un fenómeno desgraciadamente habitual en el ambiente de la egiptología de habla española.
Resumiré en breves palabras: La egiptología española (y de lengua española) es un 'neonato', en la medida que las escuelas egiptológicas asentadas en el resto del mundo nos sacan varios cuerpos de ventaja en el tiempo y en la madurez necesarios para equiparanos sin complejos con ellas en esta materia.
Nadie, fuera de nuestra comunidad lingüística cuestiona la capacidad de los egiptólogos españoles. Nadie, fuera de nuestros ámbitos se inmiscuye en absurdas peleas por expulsar del mundo de la egiptología a personas válidas que solo quieren aportar lo mejor que poseen para ayudar a que esta ciencia avance en nuestro país.
Como es propio de todos los ambientes en los que no existe madurez, en nuestro país han surgido una serie de personas que se autoerigen en 'vigilantes de la ortodoxia' (quizás de la suya) que, a falta de una trayectoria propia y homologada, tratan de ganarse un puesto en la naciente egiptología española por medio de prácticas inquisitoriales, muy cercanas a nuestra genética, pero también absolutamente rechazables, desde un punto de vista científico y humano.
Algún 'inquisidor' (hay muchos), quizás bajo seudónimo, ha lanzado una crítica insana, furibunda e indocumentada a propósito de un comentario razonado y ajustado a lo que científicamente conocemos sobre la pirámide de Seila, por parte de José Ignacio Velasco, un reconocido autor de egiptología.
Nadie puede discutir la necesidad de que la egiptología se institucionalice en nuestro país desde un punto de vista académico.
La cátedra de egiptología 'José Ramón Mélida' de la Fundación General de Universidad Complutense de Madrid, de la que soy miembro, es un referente incuestionable.
Esta circunstacia me autoriza, creo, a proclamar una vez más que, en el esfuerzo para que la egiptología se consolide en España no sobra nadie, todos somos necesarios.
En esta tarea solo han de quedar fuera los 'integristas': No se puede admitir a nadie que quiera excluir, demonizar o exterminar intelectualmente a otros.
A continuación, sin más comentarios, transcribimos con permiso de su autor el correo enviado al Sr. Martín-Segovia por el Sr. Velasco que muestra la realidad viva del problema que es objeto de este comentario. ¡Juzguen nuestros lectores!.
Francisco J. Martín Valentín
Egiptólogo
Dedicado al Sr. Martin Segovia que dice:
"Y esta es mi opinión, no más también: Me parece que la egiptología no es un deporte donde todos los que deseen pueden participar, hay gente profesional, muy capacitada que obtiene los resultados maravillosos que nos llegan todos los meses y no se puede razonablemente pensar que quienes no tengan esa formacion lleguen a similares resultados merced a su entusiasmo y sus lecturas más o menos extensas. No sé de ejemplos de que ello haya ocurrido en las últimas décadas en Egipto, y no es de asombrarse, pues si no, tendríamos improvisados logrando cosas en todas partes, construyendo puentes, curando gente, ganando pleitos judiciales, etc., pero eso no pasa y por muy buenas razones. Que reyes del reino antiguo hayan tenido que recurrir a esos subterfugios para evitar rebeliones o rebeldias me parece increible, especialmente en esa epoca de centralismo y gran poderio real, como nunca antes o después, en la historia de Egipto, lo mas lógico es suponer que si eran rebeldes, reclutarlos para construir algo que no les era para nada útil a nivel local, iba a reforzar las rebeldías en vez de sofocarlas, rebeldías de las que no se que haya pruebas de que hayan realmente existido en esa época."
Muy bien señor Martín Segovia. A lo que Usted dice, yo, por alusiones, le respondo:
Cuando escribía hace unas horas para mandarlo a los foros, ya pensaba en su respuesta, pues como VIP de la egiptología, sabía que no dejaría pasar la ocasión para hacerlo. Con todo el respeto que usted se, y me merece, permítame que haga unos comentarios, por los que le pido perdón de antemano, ya que no es de mi interés molestarle en sus alturas.
Su interés por lo absolutamente ortodoxo, por la meticulosidad, por los escalafones, los títulos, la pureza espiritual y material de la egiptología y, sobre todo porque los aficionados no debamos ni leer, ni pensar, ni opinar, le honran. Es usted el Gran Inquisidor Egiptológico. Es una pena que en estos tiempos de democracia no se puedan ya quemar en la hoguera a esos atrevidos aficionados que se permiten leer, y lo que es peor, ¡voto a bríos!, gente sin conciencia, gente atrevida, gente que no sabe mantenerse en su carril de segunda, tercera o posteriores filas de la egiptología. La verdad es que no comprendo como los que no estamos en los niveles deseados por la titulación, no se nos desprenden las retinas por atrevernos a mirar una foto de Tut-Anj-Amón.
Su respuesta ha sido, como siempre, positiva y en la misma dirección, es decir empujando en el sentido deseado. ¿O en el contrario? Ya estoy tan perplejo que no sé cuál es la dirección adecuada.
Cuando por mi profesión de cirujano operaba, antes de jubilarme, era para mí evidente que sin enfermeras que prepararan el instrumental, sin celadores que movieran al enfermo, sin mecánicos que controlaban el paso del oxígeno, ajustaban la mesa, movían los rayo X, no podía operar. También sin cocineras que nos hacían café y unas galletitas para tomar entre dos operaciones, o sin las monjas y enfermeras que cuidaban y atendían a los familiares y se ocupaban del postoperatorio, sin los ayudantes de mano, que te echaban una "idem" para que pudieras operar, sin los anestesistas que lo dormían para que no sufriera, incluso sin el mismo enfermo, no habría existido el acto quirúrgico: hecho al que todo iba encaminado y razón fundamental de lo que se hacía en un gran equipo en el que nadie sobraba y nadie faltaba, pero eso sí, del que yo me responsabilizaba, pues era como el capitán del barco.
Naturalmente cada uno tenía un puesto, una misión, y eran una ayuda a diferentes niveles. Por tanto en la egiptología, aunque usted no lo vislumbre, no por no poder hacerlo, que está sobrado de inteligencia para ello, sino por no querer aceptarlo, todos los que intervienen en un descubrimiento hacen que sea posible éste. Si el importantísimo Sr. Z descubre en sus amplias investigaciones, la momia de X, ha sido por la ayuda de los paleadores (no tienen título de egiptólogo), los que retiran las piedras (sin ser eminencias en egiptología) los que preparan la comida (ni tienen título ni na, no sé como se atreven a ir a la excavación) y es gracias a ellos que el arqueólogo-egiptólogo pueda seguir pensando, elucubrando y descubriendo. Y tampoco sin la ayuda de los que retiran la arena, los que colocan las vías para las carretillas llenas de arena y ya no sigo con más gente que colabora en el acto arqueológico.
Pero..., y después, si el ordenador no le escribe, el de la imprenta no imprime, el editor no edita y el distribuidor no distribuye y el lector no compra, por no meter más indocumentados en egiptología, titulo que sólo posee el arqueólogo-egiptólogo (suponiendo que tenga ambos títulos, lo cual puede no ser siempre axiomático), de nada le serviría al egiptólogo su importante descubrimiento. ¡Digo yo!
Recuerde, Señor M-Segovia, "que lo poco que se sabe, lo sabemos entre todos". Claro que algunos siempre saben un poco más, es evidente, y sus juicios son de mucho más valor, y sus opiniones son incuestionables, intangibles y omnipotentes. Recuerde también, Señor M-Segovia, aquel popular dicho que reza: "Del carro de los locos, todos tiramos, unos con tiros
largos, otros con tiros cortos".
Señor M-Segovia usted es más inteligente de lo que a veces, con sus incomprensiones pretende demostrar. Hasta el hecho más tonto, precisa de la ayuda de varios, tengan o no tengan título. Si un obrero no sabe palear, no se levanta la arena. Y si en pleno desierto, un cocinero no cocina y se ocupa del agua, el número de momias con título será muy pronto más numeroso.
Por tanto, unos saben más, otros saben menos, pero todos empujan el carro, repito, en una determinada dirección.
O AL MENOS DEBEMOS HACERLO.
Claro, que siempre hay algunos que ponen piedras, aunque sólo sea por el prurito de hacer algo, que no para evitar que el carro avance. Pero, cada uno de los demás, desde su mínimo, pequeño, mediano o gran papel, colaboran a que se avance, aunque eso sí, más despacio
Sr. M-Segovia, ¿Qué cree usted más importante: que no se haga nada pues sólo unos pocos tienen título? ¿Qué sin título no se debe ni hablar de egiptología? ¿O que cada día se ganen adeptos, gente interesada, que por ejemplo, compren libros y ayuden a comer, a viajar y a excavar a esas eminencias tituladas que son la únicas que pueden opinar, publicar y excavar? Nadie habla de excavar, o de descubrir, solo opinamos, escribimos, estudiamos, disfrutamos leyendo, vivimos los ratos libres investigando a nuestro pobre nivel, en vez de perder el tiempo en otras cosas más importantes para otros, pero que no nos gustan a los aficionados a la egiptología. O al menos a mí.
Lo que Usted dice, no le veo así, pero es que uno es un ignorante. Y lo siento, fue un error que cometí de pequeño. Cuando repartían inteligencia con un hisopo, me escondí tras una columna para que no me tocara ni una gota.
Y me quedé un poco cortito. Claro que lo que me correspondía, evidentemente le tocó a otros, de lo cual me alegro, pues no soy nada egoísta.
De nada sirve saber, si no se enseña, si no se deja aprender a los demás, si no se dan opciones, si los aburrimos con "chorradas", pues es lo que a veces piensa uno de los diletantes, los controvertidos y los oposicionistas, o de los que cierran el cielo para que no haya luz, los que suprimen el sonido, para que nadie oiga, o los que apagan las estrellas para poder dormir.
El otro día leí, aunque no sé quien es el autor, una frase que me llego al alma: con permiso, YO tengo alma, pues mi vela arde por los dos lados y me ilumina el alma-- La frase, la idea, me pareció muy adecuada y por eso, la pongo. Es pura poesía. (Por cierto, creo que el que la escribió no tiene título de Poeta ganado por oposición) La frase es: "Se mordió la voz hasta que le sangraron los silencios".¿Bonita, eh!
Ya sé, ya sé, que la egiptología no es un deporte. Pero no hablaba del deporte, que ni siquiera he citado; hablaba del comportamiento humano, del trabajo en equipo, de ayudar a los demás, de no poner pegas, de no retrasar, ni por envidias, ni por "malas leches" congénitas o adquiridas.
Creo que, al menos para mí, ya he contestado lo suficiente. Como dice un refrán que me acabo de inventar: "Tengas o no tengas más, a la egiptología empujarás". Al menos, yo seguiré insistiendo, pese a quien pese. Sólo seré un granito de arena, pero como Usted sabe bien, "Un grano no hace granero, pero si es de acné, te puede dejar la cara hecha polvo".
Por cierto, Señor Martín Segovia, que no ha opinado Usted lo más mínimo de lo que había de trasfondo en mi mensaje. Es como si el responsable de lo que decía no existiera. Tal vez se le haya pasado.
Abrazos para todos y cada uno de los AEs, aunque casi todos sólo somos aficionados. ¡Qué pena!.
Naturalmente con el máximo y más absoluto respeto para y hacia el Sr. Martin Segovia.
José Ignacio Velasco Montes.
Marbella (Málaga)
Actualmente hay quien defiende que la ‘amarnología’ ha tomado carta de naturaleza dentro del campo de la ‘egiptología’ como una parte casi independiente de esta ciencia histórica. Los datos ofrecidos por la KV 55 resultan ser muy importantes dentro de los que se poseen para esclarecer el periodo amárnico en el momento de su extinción.
El herético de la ciudad del Horizonte
El faraón Ua-en-Ra, Aj-en-Aton, había finalizado su atormentada vida en medio de una gran polvareda histórica que empañaría y oscurecería los últimos años de la gloriosa dinastía XVIII. Después de la clamorosa desaparición del rey hereje, el universo Amárnico se desplomó en enormes pedazos que, como el derrumbe de un confuso y babélico edificio, engulló entre sus escombros para la historia a todos los personajes que habían protagonizado aquellos angustiosos tiempos.
Si tratamos de reconstruir los acontecimientos que siguieron a la muerte de Aj-en-Aton tendremos la impresión de que los salones de los palacios del Amarna debieron convertirse en el mismísimo reino del caos.
Enloquecidos personajes sin norte ni rumbo, conscientes de que la maldición de Amón les había alcanzado y no podían escapar a ella, protagonizaron y padecieron los esperpénticos acontecimientos de la convulsa agonía de aquel mundo.
Muy poco antes de la muerte de Aj-en-Aton parece que otro hijo del gran Amen-Hotep III, llamado Se-Menej-Ka-Ra, había sido alzado al trono para compartirlo con el herético en una forzada corregencia. Al mismo tiempo o muy poco después, una reina, que muchos identifican con Meryt-Aton, la hija de Aj-en-Aton, ocupó el trono en compañía del citado personaje y, cuando este murió, lo que sucedió en meses, lo hizo en solitario.
Recientemente se propuso identificar a Se-Menej-Ka-Ra con la propia reina Nefert-Ity, lo que aún añadió más confusión al problema.
Todo este barullo familiar tomó su orden y apariencia regulares ante los ojos de la historia con la subida al trono de otro probable hijo de Amen-Hotep III, el rey-niño Tut-Anj-Amón, quien desposó como reina a una hija de Aj-en-Aton llamada Anj-es-en-Pa-Aton, más tarde Anj-es-en-Amón.
Cuando el orden fue restaurado en todo el país, se impuso barrer las escorias del gran incendio amárnico, recoger los restos dispersos del naufragio familiar e histórico que acababa de concluir. En una palabra, ocultar lo acaecido y borrar para siempre de los anales y de la misma memoria de Egipto, que alguna vez hubieran sucedido los acontecimientos de la ciudad del Horizonte de Aton en Amarna.
Es seguro que los sacerdotes de Amón y los últimos miembros de la desaparecida familia real estuvieron de acuerdo, en que, una vez abandonada la Ciudad del Horizonte, tras la muerte de todos los personajes reales que la habían habitado, sus cuerpos, que habían sido enterrados en la Tumba Real del Amarna, deberían ser sacados de allí y transportados a la ciudad de Tebas, para reposar en la necrópolis tradicional de los reyes del Imperio Nuevo.
Así pues, bajo el reinado de Tut-Anj-Amón se llevó a cabo el cambio de ubicación de las momias de todos ellos. Se hicieron nuevas exequias y se excavó con urgencia, en el Valle de los Reyes, una tumba, casi un agujero, para cumplir de manera precipitada y con un mínimo decoro, las exigencias de la liquidación del mundo amárnico, tal como era lógico que fuera la voluntad del nuevo rey, al fin y al cabo, familiar directo de los difuntos.
Los sacerdotes encargados de tan delicada tarea la debieron desarrollar seguramente con gran aprensión. Podemos imaginar la repugnancia de aquellos miembros del clero de Amón a la hora de realizar los nuevos enterramientos de personajes que, política y religiosamente, les eran tan contrarios.
De hecho, se trataría más de un apresurado almacenamiento de cuerpos y ajuares funerarios en un lugar escondido e ignoto que, de un enterramiento de acuerdo con las costumbres y creencias funerarias del tradicional mundo egipcio.
De este modo, se decidió que una tumba sin concluir, excavada en un lugar del Valle de los Reyes, sería el lugar de compromiso para depositar el sarcófago y la momia de la esposa de Amen-Hotep III, y los cuerpos de Aj-en-Aton y de Se-Menej-Ka-Ra.
Ninguna pintura ritual en las paredes, ninguna inscripción funeraria, ningún cartucho o nombre en la tumba. En verdad, fue más un escondrijo que una tumba en toda regla.
Así quedó este escondite con sus ocupantes durante el reinado de Tut-Anj-Amón y, seguramente, de su sucesor el faraón Ay, el último personaje de la saga amárnica.
El descubrimiento
A principios de enero del año de 1907 el dueño efectivo de las exploraciones arqueológicas en el Biban El Muluk de la orilla occidental de Luxor era el abogado norteamericano Theodor. M. Davis. Después de largos años de dedicarse a los negocios y a los asuntos de su profesión, se había convertido en un hombre lo suficientemente rico como para trabajar en lo que realmente amaba: la exploración arqueológica del antiguo Egipto.
Los resultados favorables de sus campañas de excavación le habían animado a proseguir con sus trabajos en la necrópolis real más importante de Egipto. De hecho, sus hallazgos, consistentes en una magnífica tumba, cada año, desde 1902, le habían proporcionado una reputación de hábil excavador que no era muy bien vista por los llamados arqueólogos profesionales.
De este modo, se decidió por el Servicio de Antigüedades que, como distracción y diversión, el asunto ya había llegado demasiado lejos. Cuando Davis quiso reiniciar su habitual campaña de excavaciones en el año 1905, Arthur Weigall, a la sazón nuevo inspector del Servicio en el distrito, impuso al, según su pensamiento, ‘intruso arqueólogo aficionado’ del que tan solo parecía bueno su dinero, la permanente presencia del arqueólogo de su confianza, Edward Russell Ayrton.
Aceptada por Davis la presencia permanente de Ayrton en la excavación, se iniciaron los trabajos correspondientes. Davis había decidido, a partir de su conocimiento de la zona y de sus hallazgos en los años anteriores, que el aérea en la que se harían las prospecciones debería ser una colina formada con los evidentes restos de la excavación de la tumba de Ramsés IX y de las de Sethy I, Ramsés I, II y III.
En efecto, a poca distancia al oeste de la tumba de Ramsés IX, se produjo el hallazgo esperado. El 3 de enero de 1907, conforme a los datos proporcionados por el diario personal de Emma B. Andrews, familiar de Davis y presente en los trabajos, el equipo de excavadores egipcios descubrió ‘un hueco en la roca’ con restos de jarras, probablemente de la dinastía XX, que parecían proceder de alguna ceremonia de enterramiento.
Interesado en el hallazgo, Davis ordenó a Ayrton rastrear más detalladamente la zona. Tres días después, el 6 de enero, se descubría la entrada de la tumba que hoy conocemos como la KV 55.
Las primeras sorpresas
Lo primero que encontraron los excavadores, después de haber limpiado los tramos de una escalera de piedra que descendía hasta la puerta de la tumba, fueron los restos de un muro hecho de mampostería que llevaba los sellos del chacal con los nueve prisioneros.
Esta era la prueba de que la tumba había sido abierta en la antigüedad y, después, vuelta a cerrar bajo el control de los supervisores de la necrópolis. La impronta del sello así lo proclamaba.
Entonces, ¿no era un enterramiento intacto?. Y, en tal caso, ¿cuál podría ser la razón de su apertura y posterior cierre?. ¿Habría sido abierta para ser objeto del saqueo por los ladrones de tumbas?. Todas estas preguntas y muchas más se agolpaban, seguramente, en las cabezas de Davis y de Ayrton.
En todo caso era evidente que la abertura practicada en una parte de la pared primitiva era parcial; casi, como si se hubiera realizado sin aparente preocupación por parte de los profanadores. Su tarea parecía no depender de una desagradable e inesperada sorpresa, como habría sido el caso de los ladrones cogidos desprevenidos en el acto de la comisión de una sacrílega violación.
La segunda puerta vallada se vio que estaba parcialmente demolida. Una vez abierta por los excavadores se encontraron en un corredor de cerca de un metro ochenta centímetros de ancho relleno de fragmentos de piedra calcárea hasta una altura de un metro o un metro veinte centímetros del techo, a la entrada, y de algo menos de un metro ochenta centímetros al otro extremo del corredor.
Lo más chocante resultaba ser la construcción poco esmerada de una especie de camino en forma de rampa, destinada a facilitar el acceso, salvando el desnivel existente, entre la segunda puerta y la cámara sepulcral, a unos diez metros de distancia.
Esta obra, evidentemente ejecutada con ocasión de la violación antigua de la tumba, debería haber indicado a los excavadores que, algo anormal, algo no habitual ni de uso en las prácticas funerarias egipcias, se había producido en aquella extraña tumba hacía más de tres mil años
A pocos pasos de esta entrada y reposando sobre el camino hecho con cascotes de calcárea se encontraba un lateral de un santuario de madera dorada, sobre el que se había depositado una puerta que aún poseía sus goznes de cobre y que, con toda seguridad, había formado parte del mismo tabernáculo.
Al otro extremo del corredor se encontraba la cámara sepulcral. Tenía siete metros de largo por unos cinco de ancho y una altura de cuatro metros. El suelo de la cámara había sido excavado en la roca un metro más bajo que el del corredor.
A partir de la entrada, la rampa de cascotes de calcárea construida en el pasillo, proseguía hasta el interior de la sala. Sobre esta rampa y en medio de la entrada, estaba depositada la otra hoja de la puerta del santuario y un gran soporte para un vaso ritual hecho de alabastro.
Frente a esta entrada, en la pared, los excavadores pudieron ver Amontonados los otros paneles del santuario. Algo a la izquierda, entrando, se encontraba en el suelo la parte posterior del tabernáculo. Se trataba sin duda, a la vista de las inscripciones que se podían leer a duras penas, de la capilla de madera que había contenido el sarcófago de la reina Tiy, la esposa más importante del rey Amen-Hotep III.
Los muros de la cámara sepulcral habían sido enlucidos con yeso, pero no se había incluido en ellos ningún tipo de pintura o representación. En la parte sur de la cámara se había excavado otra pequeña estancia de un metro ochenta centímetros de alto, por uno treinta de ancho y uno cincuenta de largo, en cuyo interior se habían depositado cuatro vasos canopos de calcita egipcia con tapaderas en forma de cabeza humana y peluca de la época amarniense.
Delante de ellos, en el suelo, había el ladrillo mágico correspondiente al punto cardinal sur. Los otros dos, correspondientes al norte y al oeste, estaban depositados, ocupando sus lugares.
La momia de la discordia
Justo delante de la entrada a esta pequeña salita auxiliar se hallaba depositado sobre un lecho mortuorio adornado con cabezas de león que había caído al suelo, un ataúd de elegantes formas; era de un tipo que nunca se había visto hasta aquél momento. El sarcófago había quedado abierto a causa de la caída y, la momia, al descubierto.
Se parecía enormemente al segundo sarcófago interior de Tut-Anj-Amón que se descubriría cinco años después. La peluca era de la misma clase que la de las cabezas de los vasos canopos hallados en la salita sur y, sobre la frente tenía un úreus que indicaba a las claras el origen real del personaje momificado que estaba en su interior.
Otro ladrillo mágico, el correspondiente al Este, estaba bajo el lecho mortuorio. A los excavadores les llamó enormemente la atención el hecho terrible de que, la máscara de oro del sarcófago había sido, literalmente, arrancada de cuajo como si se tratara del propio rostro del difunto. La sensación era terrorífica.
Sin duda, se había pretendido suprimir la identidad del ocupante del sarcófago. Pero, no parecía tratarse de una actuación de ladrones, puesto que se había dejado en su lugar el úreus, también elaborado con materiales preciosos, el resto del sarcófago, las bandas de oro que rodeaban a la momia y un collar en forma de diosa buitre alada, también hecho de oro.
Para completar el ‘puzzle’ aparecieron un cuchillo ritual pesheskaf, utilizado para la ceremonia de la apertura de la boca, que llevaba el nombre de la reina Tiy, y varios sellos de barro cocido con el nombre de un rey hasta entonces desconocido, Tut-Anj-Amón.
Por lo demás, el enigma estaba servido. Ni el sarcófago, ni las bandeletas de la momia llevaban nombre alguno. Los cartuchos que, en su momento, estuvieron insertados en diferentes partes de la caja mortuoria, habían sido cuidadosamente suprimidos, arrancándolos de su lugar.
Las bandas de oro que rodeaban a la momia tenían también arrancados los cartuchos con los nombres reales que hubieran facilitado alguna pista sobre el cadáver.
El resto del evidente ritual execratorio se completaba a la vista de la supresión de parte de las inscripciones y relieves de alguno de los paneles de la capilla de madera de la reina Tiy, así como la falta de los úreus de los vasos canopos, o la sustracción de las figuras-amuleto que habían formado parte de los cuatro ladrillos rituales hallados en la cámara.
Se trataba de una destrucción selectiva que no podía ser pasada por alto.
Pero ¿y los restos humanos?. ¿A quien pertenecían? ¿a un hombre o a una mujer?, ¿qué edad aparentaba tener el cuerpo al momento de la muerte?. Todas estas preguntas quedaban sin aparente respuesta.
Davis, creía que se trataba del cuerpo de la propia reina Tiy. Weigall, opinaba que el cuerpo hallado pertenecía a Aj-en-Aton. Examinada la momia ‘in situ’ se llegó a la conclusión de que la pelvis era, desde luego, la de una mujer.
Así las cosas, se enviaron parte de los restos, para su estudio, al anatomista Elliot Smith, en El Cairo. Y ¡cual no sería la sorpresa, cuando el médico dictaminó que no se trataba de los huesos de una mujer mayor, sino de los de un hombre joven que parecía haber fallecido hacia los veintitrés años de edad.!
Este dictamen echó por tierra la posibilidad de que se estuviera ante la momia de la reina Tiy. De tal manera se comenzó a barajar con fuerza la posibilidad de que se tratase de los restos del mismísimo Aj-en-Aton. Pero la cronología fallaba. No era posible a la vista del número de años de reinado atribuido a este rey que aquél cuerpo fuera el suyo. Aj-en-Aton debió haber vivido hasta alcanzar, al menos, la edad de treinta o treinta y dos años.
Norman de Garis Davies avanzó entonces, en medio de la calenturienta discusión, la tercera posibilidad: aquellos restos humanos habrían pertenecido a un personaje no muy bien conocido, cuya ubicación en los tormentosos acontecimientos del mundo del Amarna era bastante controvertida. Su nombre era Se-Menej-Ka-Ra, cuya memoria había sido perseguida al igual que la de Aj-en-Aton.
Así quedó el asunto hasta que un nuevo examen de lo que quedaba de los restos hallados en su día en la KV 55, llevado a cabo por el Profesor Derry, concluyó a la vista de la fusión de las epífisis en el cuerpo hallado que, sin ninguna duda se trataba de los restos humanos de un varón no mayor de veintitrés años, aceptándose, así pues, la tesis de que la momia debía ser la de Se-Menej-Ka-Ra.
Otras pruebas complementarias aportaron datos sobre las vinculaciones biológicas entre Aj-en-Aton y Se-Menej-Ka-Ra, sugeridas por el aspecto de las representaciones conocidas en relación con las características anatómicas de la momia.
La última novedad sobre el misterio la aportó el egiptólogo británico Nicholas Reeves al defender la tesis últimamente propuesta por algunos estudiosos que negaba utilidad alguna a los datos aportados por los restos humanos hallados en la tumba para identificarlos como los de Se-Menej-Ka-Ra y defendía ardorosamente la idea de que podría ser los mismísimo Aj-en-Aton, permitiendo entonces la identificación de Se-Menej-Ka-Ra con Nefert-Ity.
¿El desenlace del enigma?
Parece que nunca se sabrá la verdad con certeza absoluta, si no se producen hallazgos decisivos que ayuden a ordenar todo este puzzle. Sin embargo, todos los indicios apuntan a que, transcurridos algunos años después de la desaparición de los últimos reyes de la dinastía XVIII se resolvió liquidar las cuentas pendientes entre el dios Amón y los heréticos de Amarna.
Se presume que, en tiempos de Sethy I o de Ramsés II y Mer-en-Ptah, el consejo de los sacerdotes de Amón, siguiendo las instrucciones de la casa real para borrar de la faz de la tierra la memoria del herético Aj-en-Aton, resolvió acabar con cuantos restos se encontrasen en Amarna o en cualquier otro lugar relacionados con aquel personaje.
Se desmontaron templos, se arrasó lo que quedaba de la ciudad de Aton, se borraron inscripciones y, según proponía el egiptólogo británico Cyril Aldred, probablemente se habría acordado sacar la momia de Aj-en-Aton de su último lugar de descanso.
En el interior de la tumba que nos ocupa se habrían depositado probablemente al menos tres momias: la de Tiy, la Se-Menej-Ka-Ra y la de Aj-en-Aton.
Aldred propuso muy sólidamente que quizás los sacerdotes de Amón decidieran que la esposa de Amen-Hotep III debería descansar en el interior de la tumba de este rey en el Valle de los Monos.
En cuanto a Aj-en-Aton procederían a sacar su momia y probablemente la destruyesen. Esto equivalía a la aniquilación definitiva. La Nada en medio de la Nada.
En cuanto a la tercera momia, la de Se-Menej-Ka-Ra se habría consentido que permaneciera en la tumba, pero también sometieron a la memoria de este personaje a las ceremonias execratorias de pérdida de la identidad para toda la eternidad.
Borraron sus nombres allí donde se encontraron, y muy especialmente en el sarcófago que lo albergaba. Arrancaron su rostro de oro. Le condenaron a vagar, según sus creencias, para padecer sed, hambre y todas las fatigas imaginables en el Más Allá, sin posibilidad alguna de volver a recuperar la conciencia de sí mismo, convertido, así, en una especie de zombi espiritual. Un espíritu que vagaría errante para siempre sin consuelo ni alivio en su sufrimiento.
Los sacerdotes sacaron de la tumba el ajuar de la reina Tiy. Borraron los nombres y las imágenes de Aj-en-Aton de los paneles de la capilla de la reina. Arrancaron los úreos protectores de los vasos canopos donde se encontraban las vísceras momificadas de Se-Menej-Ka-Ra.
Dejaron tras de sí un cuidado desorden en la tumba y, después, salieron cerrando de nuevo los muros de entrada para concluir precintándolos con el sello de la necrópolis...y la oscuridad y el silencio volvieron a reinar en aquella tumba anónima del Valle de los Reyes.....
Si, como Reeves soñó, el cuerpo de Nefert-Ity se hallase aún en el Valle de los Reyes podríamos aventurar un final satisfactorio para el enigma, aunque siempre quedarían huecos por tapar y rincones por iluminar...
Francisco J. Martín Valentín
Egiptólogo
Bibliografía básica
Aldred, C. Akhenaten, Pharaoh of Egypt. A New Study. Londres, 1968
Akhenaten, King of Egypt. Londres, 1988
Davies, Th. M. The Tomb of Queen Tiyi. Londres, 1910. 2ª Ed. San Francisco, 1990
Gabolde, M. D’Akhenaton à Toutânkhamon. Lyon, 1998
Redford, D. B. History and Chronology of the Eighteenth Dynasty. Seven Studies. Toronto, 1967
Akhenaten, the Heretic King. Princeton, 1984
Reeves, N. El falso profeta de Egipto. Akhenatón. Madrid, 2002
Siempre es una gran satisfacción que se lean y se comenten los trabajos que se dan a la luz pública y así, me siento feliz y muy satisfecho de que la sección de egiptología que se me ha encomendado en esta revista empiece a ser ampliamente visitada y opinada.
Se me ha preguntado a propósito del sentido de los siguientes párrafos de mi artículo ‘Las pirámides de Egipto, escaleras reales hacia el cielo’, insertado en el blog el 26 de julio de 2007:
‘ Sin embargo, las pirámides no fueron un fenómeno exclusivo de Menfis, la capital del Norte y sus alrededores; no es demasiado sabido que, en el lejano Sur de Egipto también se construyeron en esta época, al menos, otras siete pirámides escalonadas; la más meridional en la Isla de Elefantina; otras tres, en las localidades de Ombos, Edfú y Hieracónpolis; el resto, en las ciudades de Abidos, y en las actuales Zauiyet el-Mayitin y Seila, ésta última en las cercanías del Fayum.
Se trata de pequeñas edificaciones, quizás alzadas para albergar los cuerpos de esposas reales, aunque los arqueólogos no han concluido sus trabajos y conclusiones al respecto.’
Las dudas que se han suscitado vienen en relación, primero, con la expresión ‘lejano Sur de Egipto’, falta de comprensión que seguramente obedece, o a una atropellada lectura de mi artículo, junto a un evidente desconocimiento geográfico de Egipto por parte del interpelante, o a una evidente intención de tergiversar el texto.
Se trata de una imagen que pretende explicar, cómo desde el lejano Sur de Egipto, (en relación a Menfis, la capital del Norte), hasta la zona de El Fayum (también al Sur de Menfis), están ubicadas las siete pirámides que se mencionan.
En segundo término, la duda se refiere al párrafo en el que afirmo que ‘....Se trata de pequeñas edificaciones, quizás alzadas para albergar los cuerpos de esposas reales, aunque los arqueólogos no han concluido sus trabajos y conclusiones al respecto.’
También se advierte claramente un evidente desconocimiento, no exento de perversidad, al plantear las críticas con las que se cuestiona dicha afirmación.
En un artículo que trata de dar un repaso general al mundo de las pirámides egipcias, es obvio que la cita incidental de la existencia de las siete pequeñas pirámides escalonadas dispersas por Egipto a las que he hecho referencia, no pueden ser objeto de un detallado estudio del ‘Estado de la Cuestión’.
Por ello, me he limitado a sugerir las teorías planteadas a propósito solo de la de Seila, citando la teoría más antigua de ellas, del indiscutible Jean Philippe Lauer, y dejando abierta la puerta para el resto de las propuestas, toda vez que aún hoy, no sabemos con certidumbre cual fuera la funcionalidad de estas pirámides y, más exactamente, de la de Seila.
Veamos una selección de citas bibliográficas de indiscutibles obras de referencia en el mundo de la egiptología, a propósito de lo que afirmo, con lo que, a menos que no se quiera comprender, deberá quedar todo debidamente aclarado:
‘Entre las pequeñas pirámides escalonadas, conviene además citar a 3 kilómetros al oeste de Meidum, al límite del Fayum, la de Shila o Seila......Esta pirámide, netamente más grande que las que se acaban de citar, comprende una hilera más y alcanza alrededor de 26 metros de lado, es decir, una cincuentena de codos, a los que conviene añadir un revestimiento de caliza fina, cuya traza es visible actualmente sobre su cara norte, y que habría tenido 5 codos de espesor. Podría tratarse de la (pirámide) de la reina Hetep-Heres, esposa de Esnefru y madre de Kheops, antes del traslado de su sepultura a Guizeh; pero conviene esperar aún a que las excavaciones puedan entregar algún documento con su nombre.’ (Jean-Philippe Lauer, Le Mystére des Pyramides. París, 1988, 110).
‘...........La función de la pirámide (de Seila) (ya sea tumba de reina, Cenotafio, u otras interpretaciones) a propósito de las pirámides escalonadas de pequeño tamaño durante el Imperio Antiguo todavía no han sido aclaradas (son todavía inexplicables)’
(Gunther Dreyer, ‘Seila’ LÄ, V, 828)
‘....no tiene ninguna cámara en su interior o en sus subestructuras, y que, con la excepción antes mencionada de la estela y de la mesa de ofrendas, no se ha encontrado ninguna prueba de culto funerario. Su significado permanece de este modo confuso, así como el de las estructuras asociadas con ella.’ (Miroslav Verner, The Pyramids. The Mystery, Culture and Science of Egypt’s Great Monuments. El Cairo-Nueva York, 2002, 168-169).
‘El enigma de las pirámides escalonadas provinciales.
.......................Otra, en Seila, con vistas a El Fayum desde el espolón del desierto entre éste y el Nilo.
La intención de estas pequeñas pirámides escalonadas es un misterio. Se ha dicho que señalan las tierras de las consortes reales, que son lugares sagrados de Horus y Seth, o que son símbolos de la colina primitiva. Por ahora, en ninguna se ha encontrado una cámara sepulcral ni edificios secundarios, como capillas. En 1987, sin embargo, la expedición de la Brigham Young University encontró una mesa de ofrendas fragmentada, dos estelas-una de ellas con el nombre de Esnefru inscrito, primer rey de la IV dinastía- y ligeros restos de una calzada de ladrillo en el lado Este de la pirámide de Seila, lo que la vincula a la pirámide de Esnefru en Meidum...’ (Mark Lehner, Todo sobre las Pirámides. Barcelona, 2003, 96).
No cabe hacer más hincapié sobre el asunto. Al día de hoy, el criterio unánime de los egiptólogos es que todas las hipótesis son posibles y que nadie sabe con certeza que utilidad tenías esas pirámides.
Otro fragmento no bien comprendido por quien plantea las dudas y reservas que se me han hecho llegar, es el que sigue:
‘Que las pirámides sean edificios elevados por hombres con medios técnicos apropiados y racionales no quita para admitir que el estudio de la construcción y de la arquitectura de estos monumentos ha permitido constatar ciertos datos de orden astronómico y matemático allí presentes. Tales son, la precisa orientación de las tres de Guisha y, desde el punto de vista matemático, la existencia de destacables propiedades geométricas, así como ciertas relaciones de orden numérico que han sido debidamente señaladas por los investigadores: hablamos de la existencia del ‘número de oro’, o número Fi =1,618, y de una asombrosa aproximación al valor del número Pi griego con la valencia = 3,1428.’
No discutiré con quien dice saber más de pirámides y matemáticas que el gran arquitecto, arqueólogo y egiptólogo que fue el llorado Jean Philippe Lauer; solo traduciré algunos fragmentos de una de sus obras que, con todo respeto, inspiraron mi citada afirmación:
‘De inicio desde el punto de vista astronómico, el solo hecho indiscutible que se puede revelar en estos monumentos, y en particular en Guizeh, es el extremo cuidado con que se ha procurado su orientación. El resultado más extraordinario se encuentra en la pirámide de Kheops, donde la desviación media no es más que de 3 minutos y 6 segundos; pero la precisión no es apenas menor en Khefren y en Mykerinos, donde esta desviación es respectivamente alrededor de 5 minutos y medio y de 14 minutos, así pues, en todo caso, mínimas...... (Jean-Philippe Lauer, Le Mystére des Pyramides. París, 1988, 227).
En cuanto a las relaciones de orden matemático.......
‘Desde el punto de vista de las matemáticas, el estudio de las pirámides y especialmente de la Gran Pirámide, revela propiedades geométricas muy destacables que merecen ser destacadas.....En lo que concierne a la Gran Pirámide, se han citado frecuentemente dos cualidades destacables. Se trata, de una parte, de la relación de la ‘sección de oro’, cuyo valor numérico se expresa por la constante Fi = 1,618, el número de oro, y, de otra parte, de la relación que da con el número Pi, que en este momento se encuentran incontestablemente muy relacionadas, como en cada pirámide que tiene la proporción 14/11.
Para lo concerniente a la ‘sección de oro’, hemos constatado que se presenta esencialmente en la relación entre la apotema y la semi-base, o sea: x/b = 1+ Raíz Cuadrada de 5 /2 = 1,618=Fi , el ‘número de oro’....En lo que concierne a la relación Pi, he aquí las dos relaciones más frecuentemente citadas:.....que se reducen a una: 4b/h=4x11/14=22/7=3,1428, valor muy cercano al de Pi, correspondiente al límite superior que le asignaba Arquímedes.’ (Jean-Philippe Lauer, Le Mystére des Pyramides. París, 1988, 232).
¿Qué más añadir ?.
Solo que, de verdad, me siento muy dichoso porque mis artículos se leen con tanta atención, lo que evidencia que mi trabajo es muy positivo.
Gracias una vez más a todos los que leen esta página de egiptología de la Revista Tendencias 21.
Ahora, y como va a ser habitual en esta sección de Bitácora, ofreceré a nuestros queridos amigos un nuevo fragmento de sabiduría egipcia, extraído de las Enseñanzas de Ptah-Hotep, que nos hará evolucionar positivamente a todos:
'Máxima 4: Del arte del debate con un inferior.
Si encuentras un discutidor en acción, un hombre de poco que, ciertamente, no es tu igual, que tu corazón no sea agresivo contra él a causa de su debilidad. Pónlo en tierra y se castigará él (a sí) mismo. No le respondas para aliviar tu corazón. No descargues tu corazón a causa de quien se opone a tí. ¡Miserable el que hace mal a un hombre de poco, o el que quiere actuar conforme a sus impulsos!. (Si lo haces así) le golpearás para desaprobación de los que te juzguen'. (Ptah-Hotep, 4, 74-83)
Francisco J. Martín Valentín
Egiptólogo
‘ Sin embargo, las pirámides no fueron un fenómeno exclusivo de Menfis, la capital del Norte y sus alrededores; no es demasiado sabido que, en el lejano Sur de Egipto también se construyeron en esta época, al menos, otras siete pirámides escalonadas; la más meridional en la Isla de Elefantina; otras tres, en las localidades de Ombos, Edfú y Hieracónpolis; el resto, en las ciudades de Abidos, y en las actuales Zauiyet el-Mayitin y Seila, ésta última en las cercanías del Fayum.
Se trata de pequeñas edificaciones, quizás alzadas para albergar los cuerpos de esposas reales, aunque los arqueólogos no han concluido sus trabajos y conclusiones al respecto.’
Las dudas que se han suscitado vienen en relación, primero, con la expresión ‘lejano Sur de Egipto’, falta de comprensión que seguramente obedece, o a una atropellada lectura de mi artículo, junto a un evidente desconocimiento geográfico de Egipto por parte del interpelante, o a una evidente intención de tergiversar el texto.
Se trata de una imagen que pretende explicar, cómo desde el lejano Sur de Egipto, (en relación a Menfis, la capital del Norte), hasta la zona de El Fayum (también al Sur de Menfis), están ubicadas las siete pirámides que se mencionan.
En segundo término, la duda se refiere al párrafo en el que afirmo que ‘....Se trata de pequeñas edificaciones, quizás alzadas para albergar los cuerpos de esposas reales, aunque los arqueólogos no han concluido sus trabajos y conclusiones al respecto.’
También se advierte claramente un evidente desconocimiento, no exento de perversidad, al plantear las críticas con las que se cuestiona dicha afirmación.
En un artículo que trata de dar un repaso general al mundo de las pirámides egipcias, es obvio que la cita incidental de la existencia de las siete pequeñas pirámides escalonadas dispersas por Egipto a las que he hecho referencia, no pueden ser objeto de un detallado estudio del ‘Estado de la Cuestión’.
Por ello, me he limitado a sugerir las teorías planteadas a propósito solo de la de Seila, citando la teoría más antigua de ellas, del indiscutible Jean Philippe Lauer, y dejando abierta la puerta para el resto de las propuestas, toda vez que aún hoy, no sabemos con certidumbre cual fuera la funcionalidad de estas pirámides y, más exactamente, de la de Seila.
Veamos una selección de citas bibliográficas de indiscutibles obras de referencia en el mundo de la egiptología, a propósito de lo que afirmo, con lo que, a menos que no se quiera comprender, deberá quedar todo debidamente aclarado:
‘Entre las pequeñas pirámides escalonadas, conviene además citar a 3 kilómetros al oeste de Meidum, al límite del Fayum, la de Shila o Seila......Esta pirámide, netamente más grande que las que se acaban de citar, comprende una hilera más y alcanza alrededor de 26 metros de lado, es decir, una cincuentena de codos, a los que conviene añadir un revestimiento de caliza fina, cuya traza es visible actualmente sobre su cara norte, y que habría tenido 5 codos de espesor. Podría tratarse de la (pirámide) de la reina Hetep-Heres, esposa de Esnefru y madre de Kheops, antes del traslado de su sepultura a Guizeh; pero conviene esperar aún a que las excavaciones puedan entregar algún documento con su nombre.’ (Jean-Philippe Lauer, Le Mystére des Pyramides. París, 1988, 110).
‘...........La función de la pirámide (de Seila) (ya sea tumba de reina, Cenotafio, u otras interpretaciones) a propósito de las pirámides escalonadas de pequeño tamaño durante el Imperio Antiguo todavía no han sido aclaradas (son todavía inexplicables)’
(Gunther Dreyer, ‘Seila’ LÄ, V, 828)
‘....no tiene ninguna cámara en su interior o en sus subestructuras, y que, con la excepción antes mencionada de la estela y de la mesa de ofrendas, no se ha encontrado ninguna prueba de culto funerario. Su significado permanece de este modo confuso, así como el de las estructuras asociadas con ella.’ (Miroslav Verner, The Pyramids. The Mystery, Culture and Science of Egypt’s Great Monuments. El Cairo-Nueva York, 2002, 168-169).
‘El enigma de las pirámides escalonadas provinciales.
.......................Otra, en Seila, con vistas a El Fayum desde el espolón del desierto entre éste y el Nilo.
La intención de estas pequeñas pirámides escalonadas es un misterio. Se ha dicho que señalan las tierras de las consortes reales, que son lugares sagrados de Horus y Seth, o que son símbolos de la colina primitiva. Por ahora, en ninguna se ha encontrado una cámara sepulcral ni edificios secundarios, como capillas. En 1987, sin embargo, la expedición de la Brigham Young University encontró una mesa de ofrendas fragmentada, dos estelas-una de ellas con el nombre de Esnefru inscrito, primer rey de la IV dinastía- y ligeros restos de una calzada de ladrillo en el lado Este de la pirámide de Seila, lo que la vincula a la pirámide de Esnefru en Meidum...’ (Mark Lehner, Todo sobre las Pirámides. Barcelona, 2003, 96).
No cabe hacer más hincapié sobre el asunto. Al día de hoy, el criterio unánime de los egiptólogos es que todas las hipótesis son posibles y que nadie sabe con certeza que utilidad tenías esas pirámides.
Otro fragmento no bien comprendido por quien plantea las dudas y reservas que se me han hecho llegar, es el que sigue:
‘Que las pirámides sean edificios elevados por hombres con medios técnicos apropiados y racionales no quita para admitir que el estudio de la construcción y de la arquitectura de estos monumentos ha permitido constatar ciertos datos de orden astronómico y matemático allí presentes. Tales son, la precisa orientación de las tres de Guisha y, desde el punto de vista matemático, la existencia de destacables propiedades geométricas, así como ciertas relaciones de orden numérico que han sido debidamente señaladas por los investigadores: hablamos de la existencia del ‘número de oro’, o número Fi =1,618, y de una asombrosa aproximación al valor del número Pi griego con la valencia = 3,1428.’
No discutiré con quien dice saber más de pirámides y matemáticas que el gran arquitecto, arqueólogo y egiptólogo que fue el llorado Jean Philippe Lauer; solo traduciré algunos fragmentos de una de sus obras que, con todo respeto, inspiraron mi citada afirmación:
‘De inicio desde el punto de vista astronómico, el solo hecho indiscutible que se puede revelar en estos monumentos, y en particular en Guizeh, es el extremo cuidado con que se ha procurado su orientación. El resultado más extraordinario se encuentra en la pirámide de Kheops, donde la desviación media no es más que de 3 minutos y 6 segundos; pero la precisión no es apenas menor en Khefren y en Mykerinos, donde esta desviación es respectivamente alrededor de 5 minutos y medio y de 14 minutos, así pues, en todo caso, mínimas...... (Jean-Philippe Lauer, Le Mystére des Pyramides. París, 1988, 227).
En cuanto a las relaciones de orden matemático.......
‘Desde el punto de vista de las matemáticas, el estudio de las pirámides y especialmente de la Gran Pirámide, revela propiedades geométricas muy destacables que merecen ser destacadas.....En lo que concierne a la Gran Pirámide, se han citado frecuentemente dos cualidades destacables. Se trata, de una parte, de la relación de la ‘sección de oro’, cuyo valor numérico se expresa por la constante Fi = 1,618, el número de oro, y, de otra parte, de la relación que da con el número Pi, que en este momento se encuentran incontestablemente muy relacionadas, como en cada pirámide que tiene la proporción 14/11.
Para lo concerniente a la ‘sección de oro’, hemos constatado que se presenta esencialmente en la relación entre la apotema y la semi-base, o sea: x/b = 1+ Raíz Cuadrada de 5 /2 = 1,618=Fi , el ‘número de oro’....En lo que concierne a la relación Pi, he aquí las dos relaciones más frecuentemente citadas:.....que se reducen a una: 4b/h=4x11/14=22/7=3,1428, valor muy cercano al de Pi, correspondiente al límite superior que le asignaba Arquímedes.’ (Jean-Philippe Lauer, Le Mystére des Pyramides. París, 1988, 232).
¿Qué más añadir ?.
Solo que, de verdad, me siento muy dichoso porque mis artículos se leen con tanta atención, lo que evidencia que mi trabajo es muy positivo.
Gracias una vez más a todos los que leen esta página de egiptología de la Revista Tendencias 21.
Ahora, y como va a ser habitual en esta sección de Bitácora, ofreceré a nuestros queridos amigos un nuevo fragmento de sabiduría egipcia, extraído de las Enseñanzas de Ptah-Hotep, que nos hará evolucionar positivamente a todos:
'Máxima 4: Del arte del debate con un inferior.
Si encuentras un discutidor en acción, un hombre de poco que, ciertamente, no es tu igual, que tu corazón no sea agresivo contra él a causa de su debilidad. Pónlo en tierra y se castigará él (a sí) mismo. No le respondas para aliviar tu corazón. No descargues tu corazón a causa de quien se opone a tí. ¡Miserable el que hace mal a un hombre de poco, o el que quiere actuar conforme a sus impulsos!. (Si lo haces así) le golpearás para desaprobación de los que te juzguen'. (Ptah-Hotep, 4, 74-83)
Francisco J. Martín Valentín
Egiptólogo
Artículos y comunicaciones
Viernes 7 Septiembre 2007 - 13:38
Desde el corazón de África, los dinastas meroitas, descendientes de los reyes negros de la dinastía XXV que volvieron a poseer territorios cercanos a la frontera sur de Egipto, en la Baja Nubia, dejaron sus improntas en diferentes proyectos arquitectónicos religiosos de inequívoco carácter egipcio, aunque provistos de sus especiales fidelidades religiosas, e influenciados por su particular concepto de la tradición, tan diferente por muchas razones de la idea ptolemaica de los dioses egipcios y de sus ritos.
Adijalamani ofreciendo Maat. Capilla de Adijalamani. Templo de Debod
Se ha hablado de los templos grecorromanos para referirse a los edificados, (o a las ampliaciones y reformas llevadas a cabo en otros de periodos anteriores), durante la monarquía alejandrina de los reyes ptolemaicos, y a partir de la presencia romana en Egipto.
En general, estos templos no gozaron del favor de los investigadores hasta bien entrado el siglo XX, hechas ciertas honrosas y bien conocidas excepciones. Sin embargo, con el tiempo, la consideración que estos magníficos monumentos fue mereciendo entre los egiptólogos, ha sido muy notable.
Una de las especiales características de los templos de esta época reside en la evidente intervención en ellos de gustos extranjeros, en cierto modo ajenos a la tradición egipcia que, al tiempo que influyeron y modificaron la propia sociedad del país del Nilo, cambiaron también sus tradiciones constructivas.
Se trataba, pues, de la expresión de formulas religiosas que se consideraron como ‘no genuinas’ y, en cierto modo, ajenas a lo clásico y a la antigua naturaleza del templo egipcio. De ahí la impresión de que estos templos representaban la decadencia frente a los clásicos santuarios del Imperio Medio o Nuevo.
No obstante, con el tiempo se ha comprendido que, al contrario de lo que antes se pensaba, estos edificios religiosos son la expresión de una exuberante y abigarrada realidad teológica, cuya mayor necesidad parece ser la de poner de manifiesto gran parte de los rituales que componían el culto divino y que, en los templos más antiguos no se explicitaban de igual modo.
Tal parece que los templos que se construyeron en Egipto desde el siglo III a C. al II d C. fueran como impresionantes libros de piedra, cuyos muros recogían una enorme cantidad de textos, elaboraciones teológicas y corpus rituales que, en los antiguos santuarios, estaban destinados a ser conocidos solo por el clero especialmente designado y preparado, y a partir de soportes más frágiles como el cuero o el papiro.
Esta nueva comunicación exóterica de los textos religiosos se vistió, no obstante, con una nueva capa de protección para hacerla solo accesible a los sacerdotes de cada templo. En efecto, es en este periodo cuando surge una innumerable lista de nuevos valores fonéticos para los signos jeroglíficos convencionales, e incluso nuevos signos jeroglíficos no conocidos anteriormente que, en el periodo romano, superarán el elevado número de siete mil.
Sin embargo, las influencias extranjeras en Egipto durante los tres últimos siglos antes de la era cristiana no fueron solo las procedentes del mundo griego (ptolemaicas) o del romano.
Desde el corazón de África, los descendientes de los reyes negros de la dinastía XXV que volvieron a poseer territorios cercanos a la frontera sur, en la Baja Nubia, también dejaron sus improntas en diferentes proyectos arquitectónicos religiosos de inequívoco carácter egipcio, aunque provistos de sus especiales fidelidades religiosas, e influenciados por su particular concepto de la tradición, tan diferente por muchas razones de la idea ptolemaica de los dioses egipcios y de sus ritos.
Especial naturaleza de la capilla de Adijalamani
La Capilla de Adijalamani, hoy una parte sensible de la arquitectura religiosa en el templo de Debod, representa un especial ejemplo dentro del catálogo de los templos pertenecientes al periodo cronológico del siglo II a C.
En efecto, parece que los programas constructivos religiosos desarrollados, sobre todo en el Alto Egipto, durante el periodo que hemos citado, obedeciesen a mandados de un clero omnipotente que se encontraba deliberadamente alejado de la realeza alejandrina, por más que se beneficiase de los privilegios que obtenían de ella para, a cambio, sujetar al campesinado oprimido por los excesivos impuestos y las brutales reclutas de soldados para sus ejércitos.
Sin embargo, la construcción de la capilla de Adijalamani obedeció a otras razones. Si los ptolomeos se encontraban presentes de un modo formal en las representaciones de los temas sacros, el rey meroíta Adijalamani y su antecesor, Arkamani, lo estaban por derecho divino y con voluntad de ejercer el sagrado papel que su juramento de fidelidad para con Amón, Isis o Thot, entre otros dioses, les exigía.
En este sentido podemos afirmar que los reyes de Meroe, ejercían de modo efectivo el tradicional papel de la realeza egipcia en el culto divino, mientras que los reyes griegos de Alejandría fueron representados en los templos desarrollando dramatizaciones cultuales que solo eran reales sobre los muros de piedra y, en modo alguno, por su propia convicción de desempeñar las funciones inherentes a la sagrada realeza egipcia.
La capilla de Adijalamani, en sí misma, consiste en un edificio con unas dimensiones, en su situación actual, de siete metros de largo por cinco metros con veinticinco centímetros de ancho, y cuatro metros con veinticinco centímetros de alto (Roeder da unas dimensiones interiores de 3,14 metros por 5,03 metros con muros de un metro de ancho, aproximadamente)
Consta de una sola planta que alberga una única sala y resulta, en lo que resta actualmente del diseño de sus relieves, algo netamente ajeno al proyecto decorativo religioso habitual de los reyes ptolomeos en la zona.
Originalmente su orientación principal era perpendicular al río, indicando que su eje longitudinal se mostraba vinculado a la dirección Este/Oeste. De otra parte, parece haber existido también un eje Norte/Sur, vistas las posibilidades de que la capilla albergase intencionalidad de constituirse en Mammisi, o ‘casa del nacimiento’ del infante real.
No sabemos si en el muro oeste tuvo una puerta, o uno o dos huecos para albergar las estatuas divinas de Amón e Isis, o, por el contrario, estuvo completamente cerrada. En el muro Este está la entrada, una puerta que se cerraba mediante dos hojas que giraban hacia el interior de la capilla.
En el sentido expuesto, la capilla de Adijalamani en el templo de Debod coincide con las características de los demás templos egipcios de esta época.
Los investigadores han captado el hecho de que, en los templos tardíos, en su arquitectura y su decoración, se encuentran reflejadas diversas metáforas del mundo egipcio.
La distribución bipartita de los relieves y de los textos no solo servía como manifestación estética para conseguir un cierto ritmo o equilibrio, sino que coincidía con la clásica división binaria de las cosmologías egipcias: el Este y el Oeste, el Norte y el Sur, el Alto y el Bajo Egipto, el Valle y el Delta: las Dos Tierras.
También se advierte en la capilla de Adijalamani, como en los otros templos grecorromanos, un cierto esquema vertical del mensaje cosmológico: la tierra con las plantas emblemáticas (el loto y el papiro); en la parte superior, el rey y los dioses; más arriba aún, el firmamento. Es decir, que el templo se muestra como la expresión del ordenado mundo egipcio, como símbolo del cosmos.
Los datos arqueológicos e históricos
Hecho probablemente determinante de las especiales características de esta capilla es, que su construcción fue llevada a cabo por el soberano meroítico Adijalamani (hacia el 200-185 a. C.), durante parte del periodo en el que gran parte del Alto Egipto, y la Baja Nubia, estuvieron fuera de la esfera de la soberanía de los reyes de Alejandría.
Ello no fue óbice para que, cuando la zona fronteriza de Siena volvió a ser controlada por los ptolomeos, y los meroítas abandonaron aquel territorio, la capilla de Adijalamani fuese respetada y quedase incluida dentro del proyecto ptolemaico de ampliación del templo. En cuanto a los datos puramente arqueológicos de los que disponemos acerca de la capilla, son lamentablemente escasos.
El topónimo nubio de Debod deriva probablemente del egipcio Ta-Hut, que significa ‘el templo’, y su emplazamiento, (hoy desaparecido bajo las aguas de la gran presa de Assuán), se encontraba, ya en tierra nubia, en una pequeña meseta en la orilla oeste del río Nilo, a unos dieciséis kilómetros hacia el sur de la actual ciudad de Assuán, apenas rebasada la primera catarata (exactamente a 15,4 kilómetros al sur de la isla de Filé ).
El área de Debod debió estar poblada desde la época predinástica, puesto que su necrópolis albergaba enterramientos datables en dicho periodo, y aún más adelante.
Durante el Imperio Medio, Debod debió ser un cruce en el camino de las rutas de las expediciones enviadas por los egipcios en busca de cobre y otros minerales existentes en el desierto. Concretamente, la expedición prusiana dirigida por Richard Lepsius encontró en Debod, el 31 de Agosto de 1844, una estela dedicada por un tal Intef relativa a una misión de transporte de cobre llevada a cabo durante el reinado de Amen-em-Hat II (1922-1878 a. de C.).
Es muy posible que, en el mismo lugar pudiera haber existido algún tipo de santuario o capilla dedicado al dios Amón, al menos, desde el Imperio Nuevo en adelante.
Nos consta la relativa importancia religiosa de Debod durante la dinastía XIX por haberse encontrado allí restos con inscripciones con el nombre del rey Sethy II (1201-1196 a. de C.).
También está documentada la existencia de enterramientos pertenecientes al mismo periodo. Aún conocemos dos pruebas más de la existencia de un santuario en la zona de Debod, antes de que fuera construida la capilla de Adijalamani.
Una, en la erigida por Arkamani (Ergamenes II) en el templo de Dakka, donde se menciona al dios Amón de Debod, de quien se dice: ‘el dios grande, el que preside la Enéada’ (Roeder, Dakke, I, 226, # 505). Otra, en la puerta romana del templo de Dendur, mención de tradición más antigua.
Así pues, todo parece indicar que, en la zona de Debod existió, con anterioridad a la construcción de la capilla de Adijalamani, otra edificación religiosa, presumiblemente dedicada al dios Amón y también, probablemente, a la diosa Isis.
También parece seguro que el lugar donde la capilla de Adijalamani se construyó era el punto donde se alzaba, desde tiempos antiguos, el santuario de una población, como era usual en Egipto.
La dedicatoria de la capilla de Adijalamani
La construcción erigida por Adijalamani estuvo claramente dedicada a dos divinidades principales: la mitad norte de la capilla, al dios Amón de Debod y, la mitad sur, a la diosa Isis del Abatón (en Filé).
En cuanto al dios Amón se refiere, la extensión de la dedicatoria de la capilla al dios se recoge en la gran inscripción esculpida en su muro Este, mitad Sur, de la que quedan restos mal conservados, que aún se pueden leer ‘...[Amón de]?.. Debod, junto con su enéada sobre su gran trono, en su [sagrada mansión], (y) tu belleza [en] la casa [(de) Amón] (de) Debod, junto con su enéada. (El que está) desvestido, es cubierto (con) el lienzo, el rostro misterioso de los dos dioses vestido...el dios Amón de Debod. Yo hago el camino, yo abro........' (Martín Valentín IJTD # 31. Roeder Debod # 135).
Por lo que hace a la diosa Isis, ella controlaba la mitad Sur de la capilla, ya se ha dicho.
El rey toca los sistros para su madre en el muro Oeste, mitad Sur: ‘Hacer (sonar) los dos sistros para su madre. (Hacer la) protección para su cuello; hecho (para que) él sea dotado de vida’ (Martín Valentín IJTD # 30. Roeder Debod # 195).
Adijalamani ofrece a la diosa en el muro Sur el collar Usej: ‘[Ofrecer] (el collar) Usej [a su madre, la que es poderosa de juventud. Hecho por él,] a fin de que le sea dada [toda] vida.’ (Martín Valentín IJTD # 39, c); Roeder Debod # 202). Y en el mismo muro Sur también la hace ofrendas de pan: ‘[Consagrando] las provisiones de pan blanco para su madre.’ (Martín Valentín IJTD # 34, d). Roeder Debod # 220).
Dedicando la capilla a estas dos emblemáticas divinidades Adijalamani pretendió, probablemente, perseverar en la tradición existente hasta el momento, sirviendo tal actuación como refrendo de la voluntad del rey meroítico en orden a subrayar su presencia en la zona, tal como lo hiciera también su antecesor en el trono, Arkamani (Ergamenes II).
Sin embargo, esta voluntad, materializada en la ubicación de la imaginería del dios Amón en los muros de la mitad Norte de la capilla, mientras que en los muros de la mitad Sur se colocaron los de la diosa Isis, implica otra importante clave, expresada deliberadamente por el proyecto constructivo y decorativo de la capilla.
Ello es que, el centro geográfico, vale decir ‘cósmico’, que Adijalamani contempló a la hora de construir la capilla y dedicarla a los dos dioses citados, se encontraba dentro de Egipto, Nilo abajo de Debod.
En efecto, Isis es, en Debod, una diosa (situada y rigiendo) territorio al sur (de Tebas), mientras que Amón se encuentra plasmado en la capilla de Adijalamani como dios regente y presente al norte (de Filé).
Así, ambas ciudades santas, ambos santuarios (el de Amón de Karnak y el de Isis de Filé), marcaban los puntos limítrofes entre los que se hallaba el ideal e ideado territorio para el planeado ejercicio de la soberanía de Adijalamani como pretendido rey de Egipto. Se trataba del territorio existente entre las místicas fronteras marcadas por Tebas, al norte, y Filé, al sur.
La dedicatoria de la capilla al dios Amón de Debod
Para llevar a cabo esta ceremonia, el rey es representado ciñendo en su cabeza la Corona Roja, emblema de soberanía sobre el norte de Egipto. Exhibe collar Usej, brazaletes en sus muñecas y en sus brazos. Viste con la falda Sendyit ceñida con la cola de toro, y porta barba ritual.
Según Roeder, existió una inscripción que decía ‘(La entrega del templo) a su Señor’. Roeder Debod # 146)
El templo está representado por la puerta de la capilla y, en realidad, lo que el soberano está haciendo es la ceremonia de la ‘golpear la puerta’ con la maza que lleva en la mano izquierda, mientras alza la derecha con el gesto ceremonial utilizado para entonar las frases rituales.
Delante, y sobre la cabeza del rey, se encuentra la siguiente inscripción:
'El rey del Alto y del Bajo Egipto ‘Imagen de Ra [elegido de los dioses]’. El hijo de Ra ‘Adijal[amani, eternamente viviente, amado de Isis’]. El buen dios lo (ha) hecho (como) [(su) monumento] para su padre Amón.' (Martín Valentín IJTD # 47, a) 1-3. )
La ceremonia de consagración de los templos
El dios Amón dice a Adijalamani:
‘(Yo) hago de modo [que tu rostro sea estable como Ra, en el firmamento]’]iDelante del dios Amón, una inscripción explica:
' Palabras dichas por Amón-[Ra que reside en De](bod), dios venerable en su espléndida imagen con la sagrada corona-de-las-dos-plumas estable en su cabeza, unida con la bandeleta a su bello rostro.'
Detrás del dios, se lee:
'[Amón de Debod, dotado de vida], El-de-larga-barba, [el hermoso] Medyai (señor) del Punt; el dios que se ha creado a sí mismo, (él es) infinito; su extensa totalidad, no (tiene) límite’. (Yo) te doy la duración del tiempo de vida de Ra en el firmamento.’ ( Martín Valentín IJTD # 47, b) 1-7 y d) 1)
La dedicatoria de la capilla a la diosa Isis del Abatón (Filé)
La dedicatoria de la capilla a la diosa Isis queda plasmada en la Jamba exterior sur de la misma, por medio de la siguiente inscripción, existente en su tiempo, y hoy, lamentablemente, casi completamente desaparecida:
'[El buen dios, el señor de las Dos Tierras, Adijalamani, eternamente viviente, amado de] Isis, dotada de vida, la señora del Abaton. Él construye para ella su puerta con bella (y) sólida piedra blanca. Él embellece…. ' (Martín Valentín IJTD # 23, 1-3)
La dedicatoria es coherente con la tradición del culto de la diosa Isis en Debod, aunque, como observó Roeder: ‘....En otros templos nubios se menciona ocasionalmente a Amón de Debod....pero nunca a Isis de Debod. La compañera de Amón de Debod es Satis, la protectora de Elefantina, una diosa nubia de origen...’
El reparto del santuario muestra también la dualidad de los dioses adorados en Debod. En el templo hubo dos naos durante la época ptolemaica y romana. Por ello, hay que pensar que pudieron existir otros dos naos en los tiempos de Adijalamani, probablemente sustituidas posteriormente por los dinastas alejandrinos, para colocar las suyas.
Como dice Roeder: ‘...Dos naos en un santuario son inhabituales y significan en el fondo, lo mismo que en el santuario de Kom Ombo: que en el templo son adorados dos dioses, y estos no pueden ser en Debod, según lo que sabemos, otros que, Amón de Debod, e Isis de Filé.’ Sin embargo, siendo esta observación acertada, pues es cierto que nunca existió una Isis de Debod como divinidad específica, ello demuestra que la diosa Isis adorada en Debod era la Gran Isis de Filé. No podría haber sido de otro modo. '
Paralelos arquitectónicos de la capilla de Adijalamani
Se ha propuesto más arriba la consideración de la capilla de Debod como uno de los ejemplos de la serie de templos de época ptolemaica que implicaba la presencia de elementos culturales ajenos a la tradición egipcia.
En este caso, no se trataba de la influencia griega o, mejor, ptolemaica, sino de la meroíta. Conocemos abundantes ejemplos de templos napateos y meroítas que pueden ilustrarnos a propósito de lo que podría haber sido la intención constructiva final de Adijalamani, cuando ordenó la edificación de su capilla en Debod.
El templo del sol en Meroe
El desarrollo arquitectónico de los templos kushitas se producía desde el centro hacia fuera, quedando la parte más sagrada ubicada en el centro arquitectónico del conjunto que lo albergaba, con un sistema semejante al de las capas que conforman una cebolla.
Por el contrario, los templos tradicionales egipcios se edificaban desde un punto determinado, hacia el exterior, en una perspectiva orientada linealmente.
Observando tal principio, es factible admitir que el plan arquitectónico original de nuestra capilla, recuerda vivamente al del ‘Templo del sol’ en Meroe, construido en época de Aspelta (siglos VII-VI a C.), y también, a los de otros santuarios edificados por los kushitas en dicha capital.
El ‘Templo del sol’ de Meroe, construido en la llanura desértica, a medio camino entre la ciudad y los cementerios de las pirámides reales, se alza sobre un podium que se apoya en una rampa inclinada, bordeada por una columnata períptera.
La citada capilla está inserta dentro de un templo dotado con pilono, todo ello, a su vez, dentro de un muro de rodeo al aire libre, con columnata períptera, y cerrado por otro pilono de mayor altura que el anterior, que acogía la puerta de acceso al recinto.
La entrada hacia el interior del templo se facilitaba por medio de una escalera, construida con escalones de escasa altura, a través del pilono, traspasado el cual, se entraba en lo que sería realmente el edificio religiososo, paralelo de nuestra capilla.
En el caso de Debod, se comprende que solo se llegó a construir la parte interior o capilla de lo que podría haber sido un complejo edificio, alzado en un estilo de construcción religiosa análogo al del citado ‘Templo del sol’, con lo que se puede establecer un perfecto paralelo entre ambas edificaciones religiosas.
Así pues, la capilla de Adijalamani habría llegado a ser, si las circunstancias políticas lo hubieran permitido, el núcleo central de un gran santuario como el del rey Aspelta en Meroe.
Un relieve existente en la parte trasera del muro de rodeo del ‘Templo del sol’ muestra el edificio, tal como aparecía, cuando aún estaba en pie. A la vista del mismo se comprueba la existencia de la columnata períptera interior. Hinkel, en su idea reconstructiva acerca del posible estado original del santuario, ha propuesto añadir otra semi-columnata períptera exterior que cubriría las fachadas frontal y laterales, dejando franca la puerta y la rampa ascendente de acceso al interior del santuario, situadas entre los masivos del pilono.
La capilla de Ergamenes en el Templo de Thot de Pnubs, en Dakka
La estructura de la capilla de Arkamani en Dakka, (Ergamenes II) (207/6-186 a C.), englutida en las ampliaciones posteriores del templo de tiempos de Ptolomeo IV, Filopator y de Ptolomeo VIII, Evergetes II, recuerda muy vivamente la tradición arquitectónica de los templos meroíticos y, por consecuencia, también a la de Adijalamani en Debod.
Los paralelos de esta capilla con la de Adijalamani en Debod, no solo se refieren a las hechuras arquitectónicas, sino a la presencia de representaciones de divinidades en su interior, que también están presentes en Debod.
Así, aparte del dios Thot de Pnubs, vemos (como en Debod) las imágenes de Im-Hotep, Upset, Ra Hor-Ajty y Hat-Hor, Satis, Osiris e Isis, Amón-Ra, Mut, el propio Amón de Debod, el Faraón de Biga y Anukis, Shu-Arensnufis y Sejmet/Tefnut, Harpócrates y Buto/Neith.
Otros templos en Mussawwarat Es Sufra y Meroe
En general, el trazado de los templos meroítas imitó el planteamiento de los templos dedicados al dios Amón durante la dinastía XXV. El templo de Amón en Meroe se comenzó en el siglo III antes de Cristo.
Los templos de Amón dotados con cámaras múltiples, construidos en Naka y Amara, el de Isis en Uadi ben Naka, o los templos B 1300 en Napata, o M 720, en la ciudad de Meroe, atestiguan la supervivencia de la estructura litúrgica de los cultos tradicionales.
Sin embargo, la principal clase o tipología de templo construido en los siglos del periodo meroítico era la de una sola sala, como en Debod o en Dakka antes de la ampliación ptolemaica.
Entre todos los templos nubios que se puedan señalar, probablemente el más cercano a la idea constructiva de la capilla de Adijalamani sea el ‘Templo del león’, dedicado al dios Apedemak, en Mussawwarat Es Sufra. Fue mandado edificar entre los años 235-221 a C., bajo el reinado del rey Arnejamani, antecesor de Arkamani (Ergamenes II).
De hecho, sus medidas (doce metros de largo por seis metros y medio de ancho) se asemejan, en las proporciones, a las de la capilla de Adijalamani, aunque esta última es de dimensiones más reducidas.
Lo que conocemos de este templo indica que la naturaleza de su estructura de una sola cámara, con pilono y entrada con columnas, permitía ejercer en ese limitado espacio, las mismas funciones rituales que se habrían desarrollado en los complejos tradicionales constituidos por la sala hipóstila, el pronaos, y el naos, que conformaban los templos con múltiples dependencias, al estilo tradicional del Alto Egipto. Este era el caso de la capilla-templo de Adijalamani en Debod.
Por otra parte, el tema central de los relieves del ‘Templo del león’, en Musarawwat Es Sufra, está constituido por los principales dioses asociados al mito de Estado: el dios Apedemak, que ocupa el lugar principal como la divinidad a la que los principales santuarios fueron dedicados, junto con otras no menos importantes tales como Amón, Arensnufis, Sebiumeker, Horus y las consortes de Apedemak y Amón.
El templo M 250 erigido sobre un podium por Aspelta en la ciudad de Meroe fue reconstruido como una capilla con doble podium por el príncipe Akinidad, a finales del siglo I después de Cristo.
En todo caso, queda claro que la capilla-templo de Adijalamani en Debod entra de lleno en la tipología de los templos meroíticos, llevada desde Nubia a la frontera con Egipto con motivo de la presencia de los soberanos de Meroe en dicha zona, entre los siglos III y II, a. de C.
Francisco J. Martín Valentín
Egiptólogo
Ver en este mismo blog el artículo : LAS INSCRIPCIONES JEROGLÍFICAS EN EL TEMPLO EGIPCIO DE DEBOD
BIBLIOGRAFÍA
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Almagro Basch, M., Griñó, R. y Almagro Gorbea, A. ‘Sobre la colocación de dos fragmentos de dinteles grabados con jeroglíficos de la puerta de la capilla de Azakheramon en el templo de Debod’. Trabajos de Prehistoria, 28 (1971)
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Welbsy, D. A.The Kingdom of Kush. The Napatan and Meroitic Empires. Londres, 1996
En general, estos templos no gozaron del favor de los investigadores hasta bien entrado el siglo XX, hechas ciertas honrosas y bien conocidas excepciones. Sin embargo, con el tiempo, la consideración que estos magníficos monumentos fue mereciendo entre los egiptólogos, ha sido muy notable.
Una de las especiales características de los templos de esta época reside en la evidente intervención en ellos de gustos extranjeros, en cierto modo ajenos a la tradición egipcia que, al tiempo que influyeron y modificaron la propia sociedad del país del Nilo, cambiaron también sus tradiciones constructivas.
Se trataba, pues, de la expresión de formulas religiosas que se consideraron como ‘no genuinas’ y, en cierto modo, ajenas a lo clásico y a la antigua naturaleza del templo egipcio. De ahí la impresión de que estos templos representaban la decadencia frente a los clásicos santuarios del Imperio Medio o Nuevo.
No obstante, con el tiempo se ha comprendido que, al contrario de lo que antes se pensaba, estos edificios religiosos son la expresión de una exuberante y abigarrada realidad teológica, cuya mayor necesidad parece ser la de poner de manifiesto gran parte de los rituales que componían el culto divino y que, en los templos más antiguos no se explicitaban de igual modo.
Tal parece que los templos que se construyeron en Egipto desde el siglo III a C. al II d C. fueran como impresionantes libros de piedra, cuyos muros recogían una enorme cantidad de textos, elaboraciones teológicas y corpus rituales que, en los antiguos santuarios, estaban destinados a ser conocidos solo por el clero especialmente designado y preparado, y a partir de soportes más frágiles como el cuero o el papiro.
Esta nueva comunicación exóterica de los textos religiosos se vistió, no obstante, con una nueva capa de protección para hacerla solo accesible a los sacerdotes de cada templo. En efecto, es en este periodo cuando surge una innumerable lista de nuevos valores fonéticos para los signos jeroglíficos convencionales, e incluso nuevos signos jeroglíficos no conocidos anteriormente que, en el periodo romano, superarán el elevado número de siete mil.
Sin embargo, las influencias extranjeras en Egipto durante los tres últimos siglos antes de la era cristiana no fueron solo las procedentes del mundo griego (ptolemaicas) o del romano.
Desde el corazón de África, los descendientes de los reyes negros de la dinastía XXV que volvieron a poseer territorios cercanos a la frontera sur, en la Baja Nubia, también dejaron sus improntas en diferentes proyectos arquitectónicos religiosos de inequívoco carácter egipcio, aunque provistos de sus especiales fidelidades religiosas, e influenciados por su particular concepto de la tradición, tan diferente por muchas razones de la idea ptolemaica de los dioses egipcios y de sus ritos.
Especial naturaleza de la capilla de Adijalamani
La Capilla de Adijalamani, hoy una parte sensible de la arquitectura religiosa en el templo de Debod, representa un especial ejemplo dentro del catálogo de los templos pertenecientes al periodo cronológico del siglo II a C.
En efecto, parece que los programas constructivos religiosos desarrollados, sobre todo en el Alto Egipto, durante el periodo que hemos citado, obedeciesen a mandados de un clero omnipotente que se encontraba deliberadamente alejado de la realeza alejandrina, por más que se beneficiase de los privilegios que obtenían de ella para, a cambio, sujetar al campesinado oprimido por los excesivos impuestos y las brutales reclutas de soldados para sus ejércitos.
Sin embargo, la construcción de la capilla de Adijalamani obedeció a otras razones. Si los ptolomeos se encontraban presentes de un modo formal en las representaciones de los temas sacros, el rey meroíta Adijalamani y su antecesor, Arkamani, lo estaban por derecho divino y con voluntad de ejercer el sagrado papel que su juramento de fidelidad para con Amón, Isis o Thot, entre otros dioses, les exigía.
En este sentido podemos afirmar que los reyes de Meroe, ejercían de modo efectivo el tradicional papel de la realeza egipcia en el culto divino, mientras que los reyes griegos de Alejandría fueron representados en los templos desarrollando dramatizaciones cultuales que solo eran reales sobre los muros de piedra y, en modo alguno, por su propia convicción de desempeñar las funciones inherentes a la sagrada realeza egipcia.
La capilla de Adijalamani, en sí misma, consiste en un edificio con unas dimensiones, en su situación actual, de siete metros de largo por cinco metros con veinticinco centímetros de ancho, y cuatro metros con veinticinco centímetros de alto (Roeder da unas dimensiones interiores de 3,14 metros por 5,03 metros con muros de un metro de ancho, aproximadamente)
Consta de una sola planta que alberga una única sala y resulta, en lo que resta actualmente del diseño de sus relieves, algo netamente ajeno al proyecto decorativo religioso habitual de los reyes ptolomeos en la zona.
Originalmente su orientación principal era perpendicular al río, indicando que su eje longitudinal se mostraba vinculado a la dirección Este/Oeste. De otra parte, parece haber existido también un eje Norte/Sur, vistas las posibilidades de que la capilla albergase intencionalidad de constituirse en Mammisi, o ‘casa del nacimiento’ del infante real.
No sabemos si en el muro oeste tuvo una puerta, o uno o dos huecos para albergar las estatuas divinas de Amón e Isis, o, por el contrario, estuvo completamente cerrada. En el muro Este está la entrada, una puerta que se cerraba mediante dos hojas que giraban hacia el interior de la capilla.
En el sentido expuesto, la capilla de Adijalamani en el templo de Debod coincide con las características de los demás templos egipcios de esta época.
Los investigadores han captado el hecho de que, en los templos tardíos, en su arquitectura y su decoración, se encuentran reflejadas diversas metáforas del mundo egipcio.
La distribución bipartita de los relieves y de los textos no solo servía como manifestación estética para conseguir un cierto ritmo o equilibrio, sino que coincidía con la clásica división binaria de las cosmologías egipcias: el Este y el Oeste, el Norte y el Sur, el Alto y el Bajo Egipto, el Valle y el Delta: las Dos Tierras.
También se advierte en la capilla de Adijalamani, como en los otros templos grecorromanos, un cierto esquema vertical del mensaje cosmológico: la tierra con las plantas emblemáticas (el loto y el papiro); en la parte superior, el rey y los dioses; más arriba aún, el firmamento. Es decir, que el templo se muestra como la expresión del ordenado mundo egipcio, como símbolo del cosmos.
Los datos arqueológicos e históricos
Hecho probablemente determinante de las especiales características de esta capilla es, que su construcción fue llevada a cabo por el soberano meroítico Adijalamani (hacia el 200-185 a. C.), durante parte del periodo en el que gran parte del Alto Egipto, y la Baja Nubia, estuvieron fuera de la esfera de la soberanía de los reyes de Alejandría.
Ello no fue óbice para que, cuando la zona fronteriza de Siena volvió a ser controlada por los ptolomeos, y los meroítas abandonaron aquel territorio, la capilla de Adijalamani fuese respetada y quedase incluida dentro del proyecto ptolemaico de ampliación del templo. En cuanto a los datos puramente arqueológicos de los que disponemos acerca de la capilla, son lamentablemente escasos.
El topónimo nubio de Debod deriva probablemente del egipcio Ta-Hut, que significa ‘el templo’, y su emplazamiento, (hoy desaparecido bajo las aguas de la gran presa de Assuán), se encontraba, ya en tierra nubia, en una pequeña meseta en la orilla oeste del río Nilo, a unos dieciséis kilómetros hacia el sur de la actual ciudad de Assuán, apenas rebasada la primera catarata (exactamente a 15,4 kilómetros al sur de la isla de Filé ).
El área de Debod debió estar poblada desde la época predinástica, puesto que su necrópolis albergaba enterramientos datables en dicho periodo, y aún más adelante.
Durante el Imperio Medio, Debod debió ser un cruce en el camino de las rutas de las expediciones enviadas por los egipcios en busca de cobre y otros minerales existentes en el desierto. Concretamente, la expedición prusiana dirigida por Richard Lepsius encontró en Debod, el 31 de Agosto de 1844, una estela dedicada por un tal Intef relativa a una misión de transporte de cobre llevada a cabo durante el reinado de Amen-em-Hat II (1922-1878 a. de C.).
Es muy posible que, en el mismo lugar pudiera haber existido algún tipo de santuario o capilla dedicado al dios Amón, al menos, desde el Imperio Nuevo en adelante.
Nos consta la relativa importancia religiosa de Debod durante la dinastía XIX por haberse encontrado allí restos con inscripciones con el nombre del rey Sethy II (1201-1196 a. de C.).
También está documentada la existencia de enterramientos pertenecientes al mismo periodo. Aún conocemos dos pruebas más de la existencia de un santuario en la zona de Debod, antes de que fuera construida la capilla de Adijalamani.
Una, en la erigida por Arkamani (Ergamenes II) en el templo de Dakka, donde se menciona al dios Amón de Debod, de quien se dice: ‘el dios grande, el que preside la Enéada’ (Roeder, Dakke, I, 226, # 505). Otra, en la puerta romana del templo de Dendur, mención de tradición más antigua.
Así pues, todo parece indicar que, en la zona de Debod existió, con anterioridad a la construcción de la capilla de Adijalamani, otra edificación religiosa, presumiblemente dedicada al dios Amón y también, probablemente, a la diosa Isis.
También parece seguro que el lugar donde la capilla de Adijalamani se construyó era el punto donde se alzaba, desde tiempos antiguos, el santuario de una población, como era usual en Egipto.
La dedicatoria de la capilla de Adijalamani
La construcción erigida por Adijalamani estuvo claramente dedicada a dos divinidades principales: la mitad norte de la capilla, al dios Amón de Debod y, la mitad sur, a la diosa Isis del Abatón (en Filé).
En cuanto al dios Amón se refiere, la extensión de la dedicatoria de la capilla al dios se recoge en la gran inscripción esculpida en su muro Este, mitad Sur, de la que quedan restos mal conservados, que aún se pueden leer ‘...[Amón de]?.. Debod, junto con su enéada sobre su gran trono, en su [sagrada mansión], (y) tu belleza [en] la casa [(de) Amón] (de) Debod, junto con su enéada. (El que está) desvestido, es cubierto (con) el lienzo, el rostro misterioso de los dos dioses vestido...el dios Amón de Debod. Yo hago el camino, yo abro........' (Martín Valentín IJTD # 31. Roeder Debod # 135).
Por lo que hace a la diosa Isis, ella controlaba la mitad Sur de la capilla, ya se ha dicho.
El rey toca los sistros para su madre en el muro Oeste, mitad Sur: ‘Hacer (sonar) los dos sistros para su madre. (Hacer la) protección para su cuello; hecho (para que) él sea dotado de vida’ (Martín Valentín IJTD # 30. Roeder Debod # 195).
Adijalamani ofrece a la diosa en el muro Sur el collar Usej: ‘[Ofrecer] (el collar) Usej [a su madre, la que es poderosa de juventud. Hecho por él,] a fin de que le sea dada [toda] vida.’ (Martín Valentín IJTD # 39, c); Roeder Debod # 202). Y en el mismo muro Sur también la hace ofrendas de pan: ‘[Consagrando] las provisiones de pan blanco para su madre.’ (Martín Valentín IJTD # 34, d). Roeder Debod # 220).
Dedicando la capilla a estas dos emblemáticas divinidades Adijalamani pretendió, probablemente, perseverar en la tradición existente hasta el momento, sirviendo tal actuación como refrendo de la voluntad del rey meroítico en orden a subrayar su presencia en la zona, tal como lo hiciera también su antecesor en el trono, Arkamani (Ergamenes II).
Sin embargo, esta voluntad, materializada en la ubicación de la imaginería del dios Amón en los muros de la mitad Norte de la capilla, mientras que en los muros de la mitad Sur se colocaron los de la diosa Isis, implica otra importante clave, expresada deliberadamente por el proyecto constructivo y decorativo de la capilla.
Ello es que, el centro geográfico, vale decir ‘cósmico’, que Adijalamani contempló a la hora de construir la capilla y dedicarla a los dos dioses citados, se encontraba dentro de Egipto, Nilo abajo de Debod.
En efecto, Isis es, en Debod, una diosa (situada y rigiendo) territorio al sur (de Tebas), mientras que Amón se encuentra plasmado en la capilla de Adijalamani como dios regente y presente al norte (de Filé).
Así, ambas ciudades santas, ambos santuarios (el de Amón de Karnak y el de Isis de Filé), marcaban los puntos limítrofes entre los que se hallaba el ideal e ideado territorio para el planeado ejercicio de la soberanía de Adijalamani como pretendido rey de Egipto. Se trataba del territorio existente entre las místicas fronteras marcadas por Tebas, al norte, y Filé, al sur.
La dedicatoria de la capilla al dios Amón de Debod
Para llevar a cabo esta ceremonia, el rey es representado ciñendo en su cabeza la Corona Roja, emblema de soberanía sobre el norte de Egipto. Exhibe collar Usej, brazaletes en sus muñecas y en sus brazos. Viste con la falda Sendyit ceñida con la cola de toro, y porta barba ritual.
Según Roeder, existió una inscripción que decía ‘(La entrega del templo) a su Señor’. Roeder Debod # 146)
El templo está representado por la puerta de la capilla y, en realidad, lo que el soberano está haciendo es la ceremonia de la ‘golpear la puerta’ con la maza que lleva en la mano izquierda, mientras alza la derecha con el gesto ceremonial utilizado para entonar las frases rituales.
Delante, y sobre la cabeza del rey, se encuentra la siguiente inscripción:
'El rey del Alto y del Bajo Egipto ‘Imagen de Ra [elegido de los dioses]’. El hijo de Ra ‘Adijal[amani, eternamente viviente, amado de Isis’]. El buen dios lo (ha) hecho (como) [(su) monumento] para su padre Amón.' (Martín Valentín IJTD # 47, a) 1-3. )
La ceremonia de consagración de los templos
El dios Amón dice a Adijalamani:
‘(Yo) hago de modo [que tu rostro sea estable como Ra, en el firmamento]’]iDelante del dios Amón, una inscripción explica:
' Palabras dichas por Amón-[Ra que reside en De](bod), dios venerable en su espléndida imagen con la sagrada corona-de-las-dos-plumas estable en su cabeza, unida con la bandeleta a su bello rostro.'
Detrás del dios, se lee:
'[Amón de Debod, dotado de vida], El-de-larga-barba, [el hermoso] Medyai (señor) del Punt; el dios que se ha creado a sí mismo, (él es) infinito; su extensa totalidad, no (tiene) límite’. (Yo) te doy la duración del tiempo de vida de Ra en el firmamento.’ ( Martín Valentín IJTD # 47, b) 1-7 y d) 1)
La dedicatoria de la capilla a la diosa Isis del Abatón (Filé)
La dedicatoria de la capilla a la diosa Isis queda plasmada en la Jamba exterior sur de la misma, por medio de la siguiente inscripción, existente en su tiempo, y hoy, lamentablemente, casi completamente desaparecida:
'[El buen dios, el señor de las Dos Tierras, Adijalamani, eternamente viviente, amado de] Isis, dotada de vida, la señora del Abaton. Él construye para ella su puerta con bella (y) sólida piedra blanca. Él embellece…. ' (Martín Valentín IJTD # 23, 1-3)
La dedicatoria es coherente con la tradición del culto de la diosa Isis en Debod, aunque, como observó Roeder: ‘....En otros templos nubios se menciona ocasionalmente a Amón de Debod....pero nunca a Isis de Debod. La compañera de Amón de Debod es Satis, la protectora de Elefantina, una diosa nubia de origen...’
El reparto del santuario muestra también la dualidad de los dioses adorados en Debod. En el templo hubo dos naos durante la época ptolemaica y romana. Por ello, hay que pensar que pudieron existir otros dos naos en los tiempos de Adijalamani, probablemente sustituidas posteriormente por los dinastas alejandrinos, para colocar las suyas.
Como dice Roeder: ‘...Dos naos en un santuario son inhabituales y significan en el fondo, lo mismo que en el santuario de Kom Ombo: que en el templo son adorados dos dioses, y estos no pueden ser en Debod, según lo que sabemos, otros que, Amón de Debod, e Isis de Filé.’ Sin embargo, siendo esta observación acertada, pues es cierto que nunca existió una Isis de Debod como divinidad específica, ello demuestra que la diosa Isis adorada en Debod era la Gran Isis de Filé. No podría haber sido de otro modo. '
Paralelos arquitectónicos de la capilla de Adijalamani
Se ha propuesto más arriba la consideración de la capilla de Debod como uno de los ejemplos de la serie de templos de época ptolemaica que implicaba la presencia de elementos culturales ajenos a la tradición egipcia.
En este caso, no se trataba de la influencia griega o, mejor, ptolemaica, sino de la meroíta. Conocemos abundantes ejemplos de templos napateos y meroítas que pueden ilustrarnos a propósito de lo que podría haber sido la intención constructiva final de Adijalamani, cuando ordenó la edificación de su capilla en Debod.
El templo del sol en Meroe
El desarrollo arquitectónico de los templos kushitas se producía desde el centro hacia fuera, quedando la parte más sagrada ubicada en el centro arquitectónico del conjunto que lo albergaba, con un sistema semejante al de las capas que conforman una cebolla.
Por el contrario, los templos tradicionales egipcios se edificaban desde un punto determinado, hacia el exterior, en una perspectiva orientada linealmente.
Observando tal principio, es factible admitir que el plan arquitectónico original de nuestra capilla, recuerda vivamente al del ‘Templo del sol’ en Meroe, construido en época de Aspelta (siglos VII-VI a C.), y también, a los de otros santuarios edificados por los kushitas en dicha capital.
El ‘Templo del sol’ de Meroe, construido en la llanura desértica, a medio camino entre la ciudad y los cementerios de las pirámides reales, se alza sobre un podium que se apoya en una rampa inclinada, bordeada por una columnata períptera.
La citada capilla está inserta dentro de un templo dotado con pilono, todo ello, a su vez, dentro de un muro de rodeo al aire libre, con columnata períptera, y cerrado por otro pilono de mayor altura que el anterior, que acogía la puerta de acceso al recinto.
La entrada hacia el interior del templo se facilitaba por medio de una escalera, construida con escalones de escasa altura, a través del pilono, traspasado el cual, se entraba en lo que sería realmente el edificio religiososo, paralelo de nuestra capilla.
En el caso de Debod, se comprende que solo se llegó a construir la parte interior o capilla de lo que podría haber sido un complejo edificio, alzado en un estilo de construcción religiosa análogo al del citado ‘Templo del sol’, con lo que se puede establecer un perfecto paralelo entre ambas edificaciones religiosas.
Así pues, la capilla de Adijalamani habría llegado a ser, si las circunstancias políticas lo hubieran permitido, el núcleo central de un gran santuario como el del rey Aspelta en Meroe.
Un relieve existente en la parte trasera del muro de rodeo del ‘Templo del sol’ muestra el edificio, tal como aparecía, cuando aún estaba en pie. A la vista del mismo se comprueba la existencia de la columnata períptera interior. Hinkel, en su idea reconstructiva acerca del posible estado original del santuario, ha propuesto añadir otra semi-columnata períptera exterior que cubriría las fachadas frontal y laterales, dejando franca la puerta y la rampa ascendente de acceso al interior del santuario, situadas entre los masivos del pilono.
La capilla de Ergamenes en el Templo de Thot de Pnubs, en Dakka
La estructura de la capilla de Arkamani en Dakka, (Ergamenes II) (207/6-186 a C.), englutida en las ampliaciones posteriores del templo de tiempos de Ptolomeo IV, Filopator y de Ptolomeo VIII, Evergetes II, recuerda muy vivamente la tradición arquitectónica de los templos meroíticos y, por consecuencia, también a la de Adijalamani en Debod.
Los paralelos de esta capilla con la de Adijalamani en Debod, no solo se refieren a las hechuras arquitectónicas, sino a la presencia de representaciones de divinidades en su interior, que también están presentes en Debod.
Así, aparte del dios Thot de Pnubs, vemos (como en Debod) las imágenes de Im-Hotep, Upset, Ra Hor-Ajty y Hat-Hor, Satis, Osiris e Isis, Amón-Ra, Mut, el propio Amón de Debod, el Faraón de Biga y Anukis, Shu-Arensnufis y Sejmet/Tefnut, Harpócrates y Buto/Neith.
Otros templos en Mussawwarat Es Sufra y Meroe
En general, el trazado de los templos meroítas imitó el planteamiento de los templos dedicados al dios Amón durante la dinastía XXV. El templo de Amón en Meroe se comenzó en el siglo III antes de Cristo.
Los templos de Amón dotados con cámaras múltiples, construidos en Naka y Amara, el de Isis en Uadi ben Naka, o los templos B 1300 en Napata, o M 720, en la ciudad de Meroe, atestiguan la supervivencia de la estructura litúrgica de los cultos tradicionales.
Sin embargo, la principal clase o tipología de templo construido en los siglos del periodo meroítico era la de una sola sala, como en Debod o en Dakka antes de la ampliación ptolemaica.
Entre todos los templos nubios que se puedan señalar, probablemente el más cercano a la idea constructiva de la capilla de Adijalamani sea el ‘Templo del león’, dedicado al dios Apedemak, en Mussawwarat Es Sufra. Fue mandado edificar entre los años 235-221 a C., bajo el reinado del rey Arnejamani, antecesor de Arkamani (Ergamenes II).
De hecho, sus medidas (doce metros de largo por seis metros y medio de ancho) se asemejan, en las proporciones, a las de la capilla de Adijalamani, aunque esta última es de dimensiones más reducidas.
Lo que conocemos de este templo indica que la naturaleza de su estructura de una sola cámara, con pilono y entrada con columnas, permitía ejercer en ese limitado espacio, las mismas funciones rituales que se habrían desarrollado en los complejos tradicionales constituidos por la sala hipóstila, el pronaos, y el naos, que conformaban los templos con múltiples dependencias, al estilo tradicional del Alto Egipto. Este era el caso de la capilla-templo de Adijalamani en Debod.
Por otra parte, el tema central de los relieves del ‘Templo del león’, en Musarawwat Es Sufra, está constituido por los principales dioses asociados al mito de Estado: el dios Apedemak, que ocupa el lugar principal como la divinidad a la que los principales santuarios fueron dedicados, junto con otras no menos importantes tales como Amón, Arensnufis, Sebiumeker, Horus y las consortes de Apedemak y Amón.
El templo M 250 erigido sobre un podium por Aspelta en la ciudad de Meroe fue reconstruido como una capilla con doble podium por el príncipe Akinidad, a finales del siglo I después de Cristo.
En todo caso, queda claro que la capilla-templo de Adijalamani en Debod entra de lleno en la tipología de los templos meroíticos, llevada desde Nubia a la frontera con Egipto con motivo de la presencia de los soberanos de Meroe en dicha zona, entre los siglos III y II, a. de C.
Francisco J. Martín Valentín
Egiptólogo
Ver en este mismo blog el artículo : LAS INSCRIPCIONES JEROGLÍFICAS EN EL TEMPLO EGIPCIO DE DEBOD
BIBLIOGRAFÍA
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Almagro Basch, M., Griñó, R. y Almagro Gorbea, A. ‘Sobre la colocación de dos fragmentos de dinteles grabados con jeroglíficos de la puerta de la capilla de Azakheramon en el templo de Debod’. Trabajos de Prehistoria, 28 (1971)
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Bitácora
Jueves 6 Septiembre 2007 - 18:09
El Instituto de Estudios del Antiguo Egipto inicia el nuevo año académico 2007-2008 pletórico de actividades y creciente prestigio
Comienza un nuevo periodo de actividades en el campo de la egiptología para el Instituto de Estudios del Antiguo Egipto. Concluído el curso del año académico 2006-2007 iniciamos en estos días los trabajos que permitirán desarrollar un nuevo calendario de actividades para el curso 2007-2008.
Esta vez, sin respiro desde el retorno de las vacaciones estivales, se han iniciado los actos egiptológicos de la mano de la Universidad de Navarra, a través de la 'Fundación Culturas. Millenium' de Pamplona con la intervención de Teresa Bedman, y de mi mismo, en la VII Edición de los Cursos de Verano de aquéllas instituciones.
La parte del programa correspondiente a Egipto se ha desarrollado durante el 4, 5 y 6 de septiembre en ponencias consecutivas que han ocupado las tardes de dichos días con varios participantes y una calurosa asistencia de público.
Sirva esta tribuna para testimoniar nuestro agradecimiento a los anfitriones y proclamar al mundo de la egiptología española y extranjera que Pamplona sigue siendo un importante referente de los esfuerzos para consolidar nuestra ciencia en España.
Hay, como siempre, mucho por hacer, pero cada vez existe mayor comunicación entre las instituciones que seriamente intentan hacer de la egiptología una realidad en nuestro país.
No hay lugar a las exclusiones: este es un mensaje que siempre he proclamado y que no me cansaré de vocear. El tiempo me va dando la razón. Los reinecillos de Taifas solo generan debilidad, y son los resultados obtenidos, los que dictaminan la labor realizada, sin que de nada sirva alabar o denostar. Repetimos: 'Unidos se va lejos; separados, solo unos pocos alcanzan las metas, y siempre, de modo incompleto'.
En cuanto a los cantos de sirena y a los ladridos nocturnos nada que decir....ni unos, ni otros, modificarán nuestra andadura por el camino recto emprendido desde hace ya demasiado tiempo.
Ofrezcamos ahora a nuetros amigos alguna reflexión extraída del cuerpo de las Enseñanzas egipcias que nos han de servir a todos para avanzar: 'En cuanto al hombre acalorado en el templo es como un árbol (que ha) germinado cerrado; en el espacio de un momento acaece la caída de las hojas, y encuentra su fin en los astilleros navales, o bien es arrancado de su lugar y la llama es su mortaja fúnebre....' (Enseñanza de Amen-em-Ope).
Así sea.
Francisco J. Martín Valentín
Egiptólogo
Editado por
Francisco J. Martín Valentín y Teresa Bedman
Francisco J. Martín Valentín es Doctor en Ciencias de las Religiones (Religión egipcia), por el Instituto de Ciencias de las Religiones. Departamento de Historia Antigua de la de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense de Madrid. Egiptólogo. Director del Instituto de Estudios del Antiguo Egipto. Director de la Misión Arqueológica Española en Asasif, (Luxor Occidental Egipto), desarrollando actualmente el “Proyecto Visir Amen-Hotep. TA 28". Director de la Cátedra de Egiptología ‘José Ramón Mélida’. Teresa Bedman es Licenciada en Historia y Egiptóloga. Gerente del Instituto de Estudios del Antiguo Egipto. Co-directora de la Misión Arqueológica Española en Asasif, (Luxor Occidental Egipto), desarrollando actualmente el “Proyecto Visir Amen-Hotep. TA 28”. Secretaria de la Cátedra de Egiptología ‘José Ramón Mélida’.
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Tendencias 21 (Madrid). ISSN 2174-6850
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