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Blog de T21 sobre innovación social en la empresa

¿Sorprende que lo que más nos mueve a nivel personal sea la familia? ¿Y que en el trabajo nos motive más trabajar en entornos colaborativos en los que crecemos como personas que los tradicionales incentivos económicos?


Yo me motivo, tú te motivas, la empresa no nos motiva
La motivación es un fenómeno complejo, porque depende de la personalidad, intimidad y circunstancias de cada uno, e incluso de cada momento.
 
Motivación significa “fuerza motriz”, “causa o razón que tiene eficacia o virtud para mover”, “ensayo mental preparatorio de una acción para animar o animarse para ejecutarla con interés o diligencia”.
 
Los enfoques tradicionales y todavía muchos estudios recientes sobre motivación, atracción y retención del talento en el trabajo acentúan la importancia de los incentivos económicos, la carrera profesional o la seguridad en el empleo como factores motivadores. Las teorías contemporáneas cambian el paradigma y se centran en que la motivación no depende tanto de factores externos como de internos a cada uno, en los que la empresa solo puede incidir creando contextos que permitan el desarrollo personal. Entre los impulsores de la joven idea de motivación intrínseca destaca Daniel Pink  ("La sorprendente verdad sobre lo que de verdad nos motiva "), cuyas investigaciones concluyen que estamos más motivados para trabajar cuando lo hacemos en entornos que favorezcan nuestra autonomía, aprendizaje y autorrealización personal. Por un lado, los trabajadores demandamos más autonomía y responsabilidad en nuestro puesto de trabajo. Preferimos trabajar dando lo mejor de nosotros mismos en un equipo diverso e incluso algo caótico que actuar como robots clónicos y cualificados que hacemos lo que nos mandan los que mandan. Por otro, nos gusta aprender de la experiencia, propia o de quienes reconocemos con autoridad, participando en retos que permitan generar soluciones creativas colaborativamente. Además, nos sentimos más satisfechos en un trabajo que nos permite desarrollarnos como personas.
 
El mundo de las motivaciones está empezando a evolucionar, pero el cambio se acelerará enseguida según anticipan la demografía y la diversidad generacional.
 
Hacia una motivación emocional, indirecta e inteligente
Las nuevas promociones que llegan a la empresa se puede decir que son nativos digitales hiperconectados, nómadas laborales, colaborativos, solidarios y que unen su perfil público y privado. Ya no les motivan los incentivos materiales de toda la vida del mundo empresarial. Su talento solo lo activan ellos. Buscan autonomía, crecer como personas y aprender, y solo se vuelcan en el trabajo si se la facilita.
 
Dentro de una década, los que hoy tienen menos de treinta años (los millenials o la generación Y) representarán el 75% de las plantillas. Entonces habrán reemplazado por completo al hoy mayoritario ejército de babyboomers, trabajadores incansables, competitivos, por objetivos, buscadores de una vida saludable y estancados en su carrera profesional.
 
Con los más jóvenes parece que llega la era de la motivación emocional, indirecta e inteligente. Con ellos descubrimos que nadie es capaz de motivar fácilmente a nadie, salvo creando entornos que ayuden a que el otro crezca como persona. Y resulta que su planteamiento es válido no solo para su generación. Vale para todas. Incluso para unir la energía y tecnología de los más jóvenes con la sabiduría y criterio de los más experimentados.
 
Parece que los futuros gestores de la motivación empresarial deberán mostrar un perfil más humano, emocional, inspirador, de habilidades y actitudes más femeninas que masculinas. Algo que contrasta con lo que todavía piensan la mayor parte de los altos directivos de la gran empresa, concentrados en un día a día frenético, en obtener resultados inmediatos en su negocio y en los monitores de reputación corporativa. Pero hay un horizonte nuevo que algunos empiezan a descubrir cuando encuentran un espacio y un tiempo para analizar con perspectiva el fuerte contraste entre las claves de las nuevas generaciones que acceden al mercado de trabajo y las más cercanas a la jubilación.
 
 
Con algunas claves nuevas
Según un reciente análisis del Foro Empresa y Sociedad, en el que han compartido su opinión 1.245 personas, la motivación en la vida y en el trabajo crece linealmente con la edad. Una conclusión que puede sorprender, pero posiblemente sea porque la vida nos va enseñando a vivir y finalmente aprendemos a ser felices, aunque sea justo antes de marcharnos.
 
También destaca la importancia que tiene la familia como motor de vida. Una organización que ha sido clave tanto para superar los años difíciles como para afrontar el futuro en buena compañía. No tiene sentido que todavía juegue un papel tan secundario en las políticas públicas y empresariales cuando la familia es tan importante desde todos los puntos de vista.
 
Dicen los participantes, sin distinción de edad, que la mayor motivación en el trabajo se produce cuando se consigue un entorno colaborativo que les permite aportar soluciones creativas y que contribuyen al bien común. Dicho de otra forma, un sistema en el que cada uno puede aportar lo mejor de sí mismo participando en equipos diversos. Es decir, los resultados de esta encuesta avalan que los incentivos que consiguen un mayor y mejor compromiso con la empresa son los que más ayudan a que nos desarrollemos como personas en el trabajo. Los más tradicionales, sobre todo el dinero o las recompensas económicas, apenas han sido mencionados por los participantes. No es que no importe el dinero, pero también es verdad que las cosas más importantes de la vida ni se compran ni se venden
 
Las ideas anteriores proceden de la opinión de un público especial, por lo que no son directamente extrapolables. Pero sí que creemos que ayudarán a generar conversaciones sobre un tema de indudable futuro. 
 
Es posible que surjan muchas preguntas. Una de ellas seguro que es qué hacer para que todos demos lo mejor de nosotros mismos y consigamos que lo hagan quienes trabajan en nuestros equipos. Ojalá tuviéramos la varita mágica. Nuestra apuesta es activar el mundo de las ideas sobre el futuro para que quien quiera pueda aportar y recibir activamente. Porque el futuro genera sensaciones parecidas a las de un viaje. Lo disfrutamos mucho más si tenemos ocasión de soñar, investigar, diseñar y organizar sus detalles que si vamos como una maleta en manos de otro. A veces es incluso mejor la fase previa, que no se hace solo en clave racional sino, sobre todo, emocional. 
 

Informe del Foro Empresa y Sociedad
Infografía
TED Talk de Daniel Pink sobre motivación

@amigosEyS

Hasta los menos clásicos somos clásicos. Propongo una prueba.


Señales de cambio, no solo político: una orquesta al revés
Imaginémonos una orquesta de música. Clásica, claro. Muchos veremos un director más allá de la edad de jubilación común en los mortales y unos músicos no tan mayores como él, en general también entrados en años aunque con varios jóvenes artistas infiltrados. Con un estilo de dirección que transmite una autoridad decantada con el paso del tiempo, un poco distante, sobria, elegante, bien vestida, que se trata de usted. Y una forma de actuar consciente de que se encuentran en un escaparate público de primera. Al final, aplausos que recibe primero el director, luego pide a los más destacados que se levanten y al final lo hace la orquesta entera, incluso con el director bajo el pedestal.
 
Pensemos ahora en el equipo habitual en nuestro trabajo. Los adjetivos igual no corresponden exactamente. Son parecidos, pero habría que adaptarlos. Por ejemplo, la edad quizá es entre diez y quince años más joven, con todo lo que implica de mayor informalidad y cercanía. La batuta es posible que esté más cuestionada. Y la sincronización no es tan milimétrica, ni en apariencia ni en realidad. Hay subgrupos por edades, algunos de los cuales se relacionan difícilmente con el resto. No hay tanta sensación de exposición pública ni se comparte igual el trabajo bien hecho. Y el director recoge flores que no suele repartir.
 
El trabajo del futuro creo que se parecerá al primero de los dos casos. Más aún a lo que sugirió ayer el Coro y Orquesta Nacionales de España, interpretando la Sinfonía Heroica de Beethoven y dirigidos por David Afkham, su próximo director principal. Un director nacido en 1983 (o sea, hoy con 32 años). Igual es por las expectativas que genera todo lo nuevo, pero tuve la suerte de ver de cerca su joven estilo de dirección y la cara de varios de los maduros profesores, y de poder imaginarme algo tan distante del Auditorio Nacional como el mundo profesional en el futuro. Justo por eso, por tratarse de escenarios lejanos, me pareció especialmente inspirador que el más joven fuera el que estuviera dirigiendo una obra maravillosa y sugerentemente titulada en estos momentos de cambio en la sociedad, de un compositor político siempre cercano a las ideas de la revolución francesa. Dirigía con la batuta, pero solo a veces. Con manos de bailarín de danza, con el cuerpo, los gestos y expresiones de su cara, ritmo, energía, caras de asombro, placer, paz o energía, flequillo volador, expresivo parpadeo de miope, incluso señalando con el índice cuando es el momento de callar, atenuar o acentuar unas notas. Como tocando todos los instrumentos a la vez, con paso enérgico de las páginas de la partitura y vestido con un frac impecable, de los de toda la vida. Y, sobre todo, pareciendo que mantenía el contacto visual con cada profesor en los momentos clave para cada uno, animándoles con gestos continuos de aprobación e incluso felicitándolos con la mirada. Un estilo que consiguió mucho más que motivación entre mayores y joven. Sinfonía poco habitual de edades. Una combinación de ilusión, armonía, trabajo colaborativo en un equipo ávido de la profesionalidad de cada actor y enfocado hacia un trabajo que trascendía fuera del escenario. Lo mejor de cada uno y su edad, optimizado por el conjunto.
 
La ovación del público fue recibida con toda la orquesta en pie por indicación del director, que hizo protagonista a un equipo cuya media de edad quizá fuera dos décadas mayor que la suya.
 
No sé cómo trabajaremos dentro de unos años, ni siquiera si seguiremos haciéndolo tal como lo entendemos hoy. Pero apuesto a que nuestra actividad profesional tendrá ingredientes como el talento individual y colectivo, el trabajo colaborativo - suma de lo mejor de la creatividad y autonomía de cada persona -, la combinación intergeneracional de tecnología, energía, experiencia y frescura, el reconocimiento auténtico y la capacidad de ilusionar por su efecto en la sociedad.

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Editado por
Francisco Abad
Eduardo Martínez de la Fe
Coautor del libro "Dentro de 15 años", impulsor de cambios considerando megatendencias sociales (envejecimiento, comunicación hipermedia, emprendedores) y consejero independiente de empresas (www.abest.es). Fundador de la Fundación Empresa y Sociedad. @FranciscoAbadJ


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