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 <title>HISTORIA Y SOCIEDAD: M. Sagarribay</title>
 <subtitle><![CDATA[Blog sobre Civilización de Tendencias21]]></subtitle>
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 <updated>2012-02-10T02:59:24+01:00</updated>
  <entry>
   <title>Algunas frases históricas</title>
   <updated>2008-04-14T08:35:00+02:00</updated>
   <id>http://www.tendencias21.net/historia/Algunas-frases-historicas_a10.html</id>
   <category term="Bitácora" />
   <published>2008-04-14T08:30:00+02:00</published>
   <author><name>Myriam Sagarribay</name></author>
   <content type="html">
    <![CDATA[
La razón que me ha motivado escribir algo tan conocido popularmente como “frases históricas”, no es más que el pretencioso deseo de intentar ubicar la frase en su momento histórico. La mayor parte de las veces solemos citarla, ignorando bien por inercia o por desconocimiento la situación o el personaje, ó los dos a la vez, con lo cual convertimos la frase en algo próximo al dicho o refrán. Soy consciente que sobre este tema existe gran número de publicaciones, unas mejores y otras peores. La mía es simplemente una más, pero con una salvedad: invito al posible lector a incluir cualquier frase, modificar mi versión o solicitar explicación sobre otras que yo pueda omitir o desconocer. Quizás consigamos entre todos una publicación casi interminable. ¡Suerte!      
 Myriam Sagarribay     <div>
             <br />
       <span style="font-style:italic">A la memoria de mi padre,       <br />
       gran contador de historias.</span>       <br />
              <br />
              <br />
              <br />
       <b>Ayuda a los otros a levantar su carga, pero no a llevarla.-</b>       <br />
       Pitágoras (s. VI a.C.)       <br />
              <br />
       Sobre  Pitágoras, considerado uno de los siete sabios de Grecia, poco se sabe con exactitud. Su propia fecha de nacimiento y defunción difieren aproximadamente cuarenta años (n. del 590 al 569 – m. 510 ó 470 a.C.) ¿Qué existió?, es verdad. ¿Qué es el padre de las matemáticas?, también. ¿Qué es el inventor del teorema que lleva su nombre y de la tabla de multiplicar?, hoy nadie lo duda, pero todo en él es misterio. Se cree que nació en Samos, hijo de un comerciante de piedras preciosas, y en su juventud viajó por todo el Mediterráneo. Su educación fue esmerada como correspondía a cualquier griego de familia acomodada: gimnasia para el cuerpo y filosofía y música para el espíritu.       <br />
       Fue el fundador del movimiento religioso y científico que lleva su nombre (pitagorismo), con unos principios morales muy sencillos en donde el hombre debía alcanzar la máxima perfección para ser semejante a los dioses. El número representaba la esencia de la vida y el alma, y todo podía representarse por números.       <br />
           Sus escritos sólo nos han llegado a través de otros escritores de la Antigüedad. La frase que  nos ocupa se encuentra en libro de máximas pitagóricas titulado “Versos dorados”.       <br />
              <br />
              <br />
       <b>Pega, pero escucha..-</b>                                                                                                                                           Temístocles (general y político ateniense, 525-460 a.C.).       <br />
              <br />
       Narra el historiador Plutarco (s. II d. C), que tras la batalla de Maratón, los persas  rehicieron sus ejércitos llegando hasta el Atenas. Los atenienses huyeron en sus naves hacia Esparta  para solicitar ayuda. Reunidos los generales para determinar la táctica de guerra, el espartano Euribíades era partidario de librar la batalla en el Golfo de Corinto, mientras que Temístocles lo era por la bahía de Salamina. Durante la acalorada discusión, Euríbiades intento golpear a Temístocles con su bastón, a lo que Temístocles sin gesto esquivo exclamó: “Pega, pero escucha”. En golpe no llegó a su fin, pero sí las conversaciones aceptándose la posición del ateniense, es decir, Salamina.       <br />
              <br />
       Temístocles hizo de Atenas la primera potencia marítima de la Helade y la gobernó durante  cinco años. En las luchas internas por el poder, vencido solicitó asilo en Persia. El rey Atajerjes, su antiguo enemigo, le nombró sátrapa (gobernador) de la ciudad de Magnesia en donde terminó sus días.       <br />
              <br />
              <br />
       <b>Que te apartes y no me quites el sol. -</b>                                                                                    <br />
       Diógenes (filósofo griego, 413-327 a.C)       <br />
              <br />
       Diógenes  fue el principal exponente de la escuela cínica –del griego cinis, perro- cuyo principio filosófico se basaba en “la total anulación de todos los deseos y necesidades humanas para mejor parecerse a los dioses”. A sus seguidores se les conocía con el calificativo de cínicos, nada que ver con la tercera acepción del diccionario de la Real Academia (impúdico, procaz).       <br />
              <br />
       Para alcanzar a los dioses, Diógenes adoptó un tonel como casa, una vieja y única túnica como vestido y un pequeño talego donde guardar los pocos alimentos que lograba mendigando; cuando fallaban las donaciones se nutría de hierbas. Relativo a Diógenes se podría escribir a parte de ésta frase, muchas más. Se cuenta que un día Platón apenado por  su triste situación, le aconsejó que entrara al servicio del dios Dionisios. Diógenes le respondió con tono compasivo: “Quien come hierbas no tiene que servir a nadie”.       <br />
              <br />
       Enterado Alejandro Magno de la calamitosa vida de Diógenes fue a su encuentro para ofrecerle ayuda. El filósofo, recostado tomando el sol, respondió con tono indiferente. “Que te apartes.......”       <br />
              <br />
              <br />
       <b>Cuando se pierde una batalla, sólo los que huyen pueden combatir en otra.-</b>        <br />
       Demóstenes (general y orador, Atenas,384-Calauria,322 a.C.)       <br />
              <br />
       Aunque gran parte de su vida la dedicó a las armas, su verdadera pasión fue la oratoria. De joven, oyendo a Calístrato, decidió que la elocuencia era su camino, pero para ello tenía que superar arduas dificultades físicas: era tartamudo. Comenzó su caminar por el mundo de la oratoria escribiendo demandas para los tribunales pero, al momento de leerlas, las gentes se reían de su fina voz entrecortada y de la falta aire. Para remediar estos graves inconvenientes en el logro de sus deseos, ensayaba hablando durante horas con piedras en boca y a los veintisiete años había superado su defecto.        <br />
              <br />
       Alcanzó grandes fortunas, no como general, sino cono redactor de grandes discursos y recursos tanto para él como para terceros. Se cuenta que hasta recibió grandes sumas del propio rey de Persia y que lo hizo para combatir a Filipo de Macedonia, su gran enemigo.       <br />
              <br />
       Autor de las famosas arengas Filípicas y Olintíacas, hasta nosotros han llegado 61 discursos, 56 exordios y 6 epístolas.       <br />
              <br />
              <br />
       <b>Nada es permanente a excepción del cambio.-</b>                                                                    <br />
       Heráclito, (filósofo griego, s.V a.C.)       <br />
              <br />
       Dado que el nombre de Heráclito es bastante común entre los griegos insignes de la antigüedad, es necesario añadir al patronímico su ciudad de nacimiento: Éfeso.       <br />
              <br />
       Su vida y su obra aparecen envueltas en relatos legendarios, aunque filósofos como Sócrates, Platon y Aristóles alaben o desarrollen parte de sus teorías. El principio de su filosofía es la relatividad universal: nada es, todo deviene. “Lo uno, desdoblándose coincide con uno mismo”. “La única realidad es el paso del ser al no ser, todo en la naturaleza ocurre igual: la noche sigue al día, la muerte al nacimiento, la enfermedad a la salud... Lo único verdadero es el cambio, porque es eterno”  Para Heráclito el mundo no es obra de los dioses, ha existido y existirá siempre. Es un fuego eterno que se enciende y apaga según leyes regulares.       <br />
              <br />
       Por el contenido pesimista de sus teorías, se le llamó  el filósofo plañidero. Su filosofía está recopilada en su obra Sobre la naturaleza, de la cual han llegado algunos fragmentos y comentarios en otros autores.         <br />
              <br />
              <br />
       <b>Zapatero, a tus zapatos.-</b>       <br />
       Apeles (pintor S.IV)       <br />
              <br />
       Fue el pintor más importante de la antigüedad. Dada su condición de pintor de corte, los más insignes personajes de su época solicitaron sus servicios, entre ellos Alejandro Magno a quien retrató dos veces. Su realismo era tal perfección que cualquier tema pintado por él tomaba vida. El artista gustaba mostrar en público sus obras y someter a las gentes al equívoco, si era pintura o realidad. Se dice que en cierta ocasión pintó una cortina, y debajo escribió: “descubrid lo que esconde”y las gentes, creyéndola real, intentaron abrirla con la mano.       <br />
              <br />
       En una de estas demostraciones, un zapatero criticó algo sobre unos zapatos pintados por el artista, Apeles dándole la razón rectificó el calzado. Entusiasmado el zapatero por su éxito, mirando el busto del personaje intentó corregir posibles defectos, a lo que Apeles respondió: “zapatero, a tus zapatos”       <br />
              <br />
              <br />
       <b>Otra victoria como ésta y estoy perdido.-</b>       <br />
        Pirro, rey de Epiro (318?-272 a.C)       <br />
              <br />
       Después de varias vicisitudes, consiguió ser nombrado rey de Epriro. También compartió durante nueve años el reino de Macedonia con Lisímaco. La ciudad de Táranto solicitó su ayuda contra los romanos y Pirro se personó con un ejército de 25.000 hombres y unos pocos elefantes, sería la primera vez que los romanos, con gran asombro, tuvieron que enfrentarse a estos animales. Sus victorias se sucedieron pero fue después de la batalla Asculum en donde los romanos perdieron 7.000 hombres y Pirro 4.000, cuando dicen que pronunció la consabida frase.       <br />
              <br />
       Atacada y ocupada Sicilia por los cartagineses, Pirro hizo una alianza con los romanos para expulsar de suelo siciliano a los invasores y también venció.       <br />
              <br />
       Pirro, no sólo poseía todas las condiciones físicas del mejor general, también era reconocida su inteligencia. Escribió una historia del arte de la guerra que muchos años después alabaría Cicerón y comentada por Plutarco.       <br />
       	       <br />
              <br />
       <b>Sabes vencer (Aníbal), pero no sabes aprovechar la victoria.-</b>       <br />
       Maharbal, (general cartaginés, n?-m.202 a.C.)       <br />
              <br />
       General cartaginés, hombre poco culto pero gran luchador. Sitió Sagunto con tanta precisión que nadie nota la falta de Aníbal. Al declararse la segunda guerra púnica (Roma contra Cartago), Aníbal decidió combatir a Roma en la propia Italia, contaba con que Cartago le enviaría los refuerzos necesarios. Aníbal, sus ejércitos y sus elefantes cruzaron el río Ródano, los Alpes, llegando solamente 20.000 soldados de los 90.000 que salieran de España y un único elefante de los 40 que disponía al momento de la marcha. Continuando su camino hacia Roma, atravesó los Apeninos y en los lodazales del río Arno, perdió la mitad del ejército, un ojo y el elefante que le quedaba.        <br />
              <br />
       El general Maharbal, una vez más, dio muestras de sus grandes dotes, hizo que la Galia Cisalpina  se revelara contra Roma y venció a más importante ejército de legionarios romanos. En la batalla de Cannas, que dio la victoria a Aníbal contra Roma comandó la caballería. Aníbal, después de esta victoria, se retiró Capua para esperar refuerzos para atacar a Roma, refuerzos que durante los trece años de su estancia nunca recibió. Esta decisión de Aníbal, fue duramente criticada por Maharbal de donde viene la frase: “sabes vencer, pero no sabes aprovechar la victoria”.       <br />
              <br />
              <br />
       <b>Libremos a Roma de este pobre viejo que tanto le causa miedo.-</b>       <br />
       Aníbal, (Cartago 247 a.C-183 a.C.)       <br />
              <br />
       Es el más importante general cartaginés. Era hijo de Almílcar Barca, a los nueve años su padre le hizo jurar odio eterno contra los romanos y, sin duda, cumplió su juramento.       <br />
              <br />
       Después de llegar casi a las puertas de Roma y tras la victoria de Cannas –frase anterior- se retiró a Capua en espera de refuerzos, aunque algunos historiadores afirman que el verdadero motivo fueron los placeres que encontró en esta ciudad. La verdad es que escribió gran número de misivas al Senado cartaginés solicitando refuerzos y que éste respondió: &quot;si no atacas Roma por miedo de perder, no necesitas refuerzos, y si vas a ganar: tampoco”. Finalmente, Cartago le envió un ejército de ayuda al mando de su hermano Almílcar, ejercito que fue vencido al poco de entrar en Italia y su hermano muerto. Ante estas nefastas noticias, Anibal perdió toda esperanza de apoyo y se decidió negociar con Roma una salida digna. Frustrada toda esperanza de diálogo, no tuvo más salida que plantar batalla, y en Zama fue derrotado por Escipión.       <br />
              <br />
       Después de 35 años fuera de su país, Aníbal regresó a Cartago y nombrado magistrado. Organizó la hacienda, la vida pública y llevó a cabo algunas alianzas con reinos de Asia Menor. Temerosos los romanos de su nueva influencia, Roma solicito la entrega de Aníbal como rehén. Temeroso, huyó de Cartago y se refugió en la corte de Antíoco III (Siria).        <br />
              <br />
       Se cuenta que una noche este rey reunió a cena, a Escipión y Aníbal, y dirigiéndose a éste último preguntó que según su criterio quienes habían sido los mejores generales de la historia:       <br />
       Aníbal: El primero Alejandro Magno, el segundo Pirro y el tercero, yo.       <br />
       Escipión exclamó: Eso sería si yo no te hubiera vencido.        <br />
       Aníbal: Si no me hubieras vencido, yo sería el primero.       <br />
              <br />
       Consciente de que Roma no olvidaba, se refugió en Bitinia y poco después, cercano a los 90 años se suicido ingiriendo el veneno oculto en la caña de su bastón. Antes de morir cuentan que exclamó: “Libremos a Roma de este pobre viejo que tanto le causa miedo”.       <br />
              <br />
                     <br />
       <b>Ingrata patria, no eres digna de poseer mis huesos.-</b>       <br />
       Escipión, el Africano (234 a.C.- 183 a.C.)       <br />
              <br />
       Publio Cornelio Escipión pertenecía a una de las familias más ilustres de Roma, los Cornelia, por lo tanto, todos los miembros de esta saga, tras el nombre, llevaban Cornelio a modo de apellido. El calificativo de Escipión  (scipio en latin = bastón) se remonta al primero de esta saga, fue guía y apoyo de su padre ciego. A los Escipiones posteriores les sumaron otros calificativos, al que nos atañe lo llamaron El Africano por sus campañas en África.       <br />
              <br />
       A una esmerada educación griega – las “gentes bien” romanas tenían desde niños preceptores griegos - , trato agradable y hábil elocuencia, había que sumar sus dotes de guerra. A los 22 años llegó a Tarragona como Procónsul para España, y a los 26 ya era Cónsul. Sus dotes diplomáticas le ayudaron a captar las voluntades de los naturales de la Península necesarias para combatir contra los cartagineses.        <br />
              <br />
       Luchó en Cannas contra Aníbal y perdió, pero en la batalla de Zama, sus ansias de victoria se vieron recompensadas. Aunque vencidos los cartagineses, sigue de cerca el destino de Aníbal, finaliza la conquistada España y sus pasos se dirigen hacia África.        <br />
              <br />
       A su regreso a Roma es acusado en el Senado por su visceral enemigo Catón, de malversación del dinero público y gastos excesivos. Decepcionado eligió libremente el destierro, y se retiró a un pequeño pueblo cerca del mar Tirreno, Lucertum, pueblo que hoy no existe.       <br />
              <br />
       A su muerte dejó en testamento que no deseaba honores ni que sus huesos reposaran en Roma.
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
    ]]>
   </content>
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  </entry>
  <entry>
   <title>Vida cotidiana en Grecia después de Alejandro (I)</title>
   <updated>2007-07-26T11:29:00+02:00</updated>
   <id>http://www.tendencias21.net/historia/Vida-cotidiana-en-Grecia-despues-de-Alejandro-I_a9.html</id>
   <category term="Bitácora" />
   <published>2007-07-26T11:25:00+02:00</published>
   <author><name>Myriam Sagarribay</name></author>
   <content type="html">
    <![CDATA[
     <div>
      La vida cotidiana en la Hélade a partir del último tercio del siglo IV a.C. sufre una completa transformación. Si la relacionamos con la austeri¬dad de la época clásica, siglo V o siglo de oro de Pericles en Atenas, comprobaremos que el equili¬brio entre lo racional e irracional, entre la religiosi¬dad y la indife¬rencia, entre la sobriedad y el boato ha perdido su antigua mesura. Solamente las gen¬tes llanas y el medio rural conservarán algo de aquel entonces.       <br />
              <br />
       Con las conquistas de Alejandro Magno la sociedad helénica, hasta entonces cerrada dentro de las normas y gustos de las póleis, se abre a nuevos mun¬dos y casi todo el universo conocido se pone a su disposición. Descubre otros dioses, conoce cul¬turas milenarias (Egipto, Babilonia,...) y accede a modos de vida tan diferentes, que harán que el hele¬nismo no sea una prolongación de la antigua cul¬tura griega, sino algo nuevo sobre bases viejas. Quizás, la común sentencia que augura la victoria del vencido, se hará patente y será el conquistador quien más reciba la influencia de los mundos del  conquistado.       <br />
              <br />
       La adopción por parte de todos los estados de la Hélade del griego ático (hablado en Atenas), dio  lugar a una lengua común o koiné que facilitó la co¬municación, primeramente entre las diversas póleis o ciudades y, más tarde, al imponer el idioma en las tie¬rras conquis¬tadas, el fácil acceso a nuevas for¬mas de vida.       <br />
              <br />
       En religión se aceptaron nuevos dioses, en política se asentaron las monarquías absolutas, las primeras del mundo occidental, y en filosofía se abrie¬ron nuevos conceptos alejados de aquéllos con¬sidera¬dos básicos: Sócrates, Platón y Aristóte¬les. La arqui¬tectura tendió a emular las grandes obras babilonias o faraóni¬cas, y el gusto por el lujo asiático apare¬ció en todas sus manifes¬tacio¬nes. Sólo con las epide¬mias, las invasiones bár¬baras o la ocupación romana los griegos volvie¬ron a una rela¬tiva sensatez como reflejo diferen¬cial.       <br />
              <br />
       <b>La ciudad</b>       <br />
              <br />
       Al igual que Alejandro Magno, los sucesi¬vos reyes helenísticos fundaron ciudades que llama¬ron con su propio nombre. Si bien fuera Filipo II, padre de Ale¬jandro, quien abriera brecha en esta moda, el deseo de protagonismo de sus suce¬sores fue tal que no se con¬formaron con la simple crea¬ción, sino que intenta¬ron que sus ciudades compi¬tie¬ran entre ellas en belleza e importancia.       <br />
              <br />
       Para su construcción echaron mano de un viejo proyecto urbanístico de Hipódamo de Mileto (siglo V a.C.), consistente en un trazado geomé¬trico con calles o arterias interseccionadas en án¬gulo recto que delimitaban núcleos de viviendas cuadrados o rectangulares. Las calles grandes y espaciosas con¬fluían en una plaza o ágora que era el centro econó¬mico, político y religioso de la ciu¬dad.       <br />
              <br />
       Si tomamos como ejemplo dos ciudades, una de nueva planta, Salónica (Tsalónica), y la clá¬sica Atenas con sus ampliaciones helenísticas, comproba¬remos que la superficie del ágora de la primera se concibió con medidas suficientes para el pleno desa¬rrollo de sus tres actividades. Así pues, en la época en que nos situamos, entrando ya el siglo III a.C., la plaza o ágora de Atenas se había que¬dado pequeña e incómoda, permaneciendo en ella solamente la Asam¬blea de Ciudadanos y el mercado con sus frágiles tenderetes agrupados por gremios: aceituneros, vinateros, fruteros, perfumeros....       <br />
              <br />
       Atenas, sin duda, la ciudad griega por anto¬nomasia, al igual que la actual, no estaba situada a orillas del mar. Su puerto, El Pireo, distaba seis kiló¬me¬tros de la metrópoli. Su fundador, Teseo, reunió, allá por el segundo milenio a.C, a toda la población del Ática en torno a una pequeña colina que fortificó, la Acrópolis, y puso a la ciudad bajo la protección de la diosa Atenea. Como esta pólis surgió de la fu¬sión de varios pueblos, su nombre se indicó en plu¬ral y, de este modo, ha permanecido a través de los siglos.       <br />
              <br />
       En el siglo VI a.C. se construyó una se¬gunda muralla exterior a la primera, ampliándose con¬forme el creci¬miento de población así lo exigía. Un siglo antes de nuestra época, el períme¬tro propiamente de Atenas era de algo más de seis kilómetros por casi dos de diámetro, y aunque fuera de ella hubiera po¬blación, estas medidas son válidas para el periodo helenís¬tico. También, para evitar su aislamiento en caso de guerra, se fortificó el camino que con¬ducía al Pireo; dos murallas con un ancho de 160 metros entre ellas, aseguraban la entrada de víveres por mar.       <br />
              <br />
       Acrópolis significa literalmente ciudad alta: akros alto o extremo y pólis, ciudad. La Acró¬polis ateniense se asentaba sobre una altura de 156 metros sobre el nivel del mar y a escasos 130 de la ciudad baja y, en nuestro periodo, hacía más de dos siglos que en su suelo sólo se alzaban edifi¬cios dedicados a los dioses. En el siglo VI a.C., Pisístrato erigió, o al menos restauró el primer Partenón, templo dedicado a la diosa Atenea bajo el epíteto de Párthenos o Virgen. Un siglo más tarde, los persas incendiarían y derruirían parte del templo y de las primitivas murallas.        <br />
              <br />
       Poco después de estas peripecias, Temístocles intentó reconstruir la Acrópolis y las fortificaciones. Pero la restauración y ampliación del templo llegaría con Pericles (454-438 a.C.). Se aprovechó parte de las columnas del Partenón destruido (el muro sur, visible actual¬mente) y se encargaron las obras del nuevo Partenón al arquitecto Iktinos y al escultor Fidias, en el mismo lugar que el anterior, pero de mayores dimen¬siones.        <br />
              <br />
       Este templo, obra maestra del estilo dórico, se construyó con todas sus líneas curvas convexas para evitar la deformación producida por la perspectiva, evitando cualquier ilusión óptica. Era de mármol blanco, incluidas las tejas, que el tiempo hizo amarillear. Su planta rectangular mide 67 metros de largo por 30,5 de ancho y una altura de 18 metros. Está rodeado de un pór¬tico de columnas acanaladas, sin base y ligeramente inclinadas hacia su interior, de las cuales algunas sub¬sisten; miden casi 10,5 metros de altura por 1,70 de diámetro.        <br />
              <br />
       Estas columnas sostienen o soste¬nían un entablamiento dórico y sobre él, en alas este y oeste, dos frontones de¬corados: el oriental con es¬culturas que representa¬ban el nacimiento de Atenea y el otro con escenas victoriosas de la diosa sobre Po¬seidón.  Tras los frontones se abría  un segundo  pór¬tico de seis columnas unidas por rejas.       <br />
              <br />
       El templo se dividía en tres partes. El pro¬naos orientado al este, donde se depositaban las ofrendas a la diosa Atenea, comunicaba por medio de una gran puerta con la cella o naos situada en la parte central. Sobre esta puerta estaba representada la Asamblea de los dioses que, senta¬dos en tronos, pre¬senciaban la entrega de ofrendas de los atenienses. La cella o naos estaba rodeada de un pórtico con columnas o stoa cuyo centro era a cielo abierto.        <br />
              <br />
       Al fondo de ella y protegida por un tejado, se encontraba la fa¬mosa estatua de Atenea Poliade (Protectora) hecha por Fidias de marfil y brillante bronce que algunos confundieron con oro; sus 12 metros de altura re¬posaban sobre un pedes¬tal decorado con relieves ale¬góricos al naci¬miento de Pandora y 20 dioses más. Desde la cella o naos se pasaba al epistodomos, espacio dedicado a custodiar los tesoros de la diosa conjuntamente con el tesoro público.       <br />
              <br />
       Aunque el Partenón era de már¬mol blanco, su aspecto distaba mucho de ser albo. Sabe¬mos que las estrías de las columnas estaban pintadas de rojo; los ábacos de los capiteles y los triglifos del friso en azul, y los canales de éste en amarillo; los fondos de las metopas y los frontones eran granates.        <br />
              <br />
       Pero el Partenón no era el único templo de la Acrópolis. El segundo en importancia, al menos arqui¬tectónica, era el Erecteión o la más espléndida mues¬tra del arte jónico, donde aún hoy podemos admirar el pórtico de las Cariátides. Además estaban el san¬tuario de Zeus, el consagrado a Pandión, etc.       <br />
              <br />
       Si el fervor griego impulsó a erigir, en los esca¬sos 300 metros mesetarios de la Acrópolis, todos estos santuarios, estatuas y derivados, los romanos también desearon su parcela acropolina de eterni¬dad: Agrippa tuvo su estatua y Roma, conjuntamente con Augusto, tuvieron su templo, este último de estructura circular.       <br />
              <br />
       A pesar de los avatares del tiempo, la construcción del Par¬te¬nón permaneció intacta du¬rante varios siglos. Demetrio Poliorcetes lo pro¬fanó al instalarse con sus cortesanas, y otros roba¬ron sus objetos de oro. Los romanos respetaron toda la Acrópolis dándole un tratamiento de mu¬seo. En el siglo I de nuestra era, el historiador Plutarco dijo de la Acrópolis que ... llevaba en sí un espíritu y un alma que rejuvenecía continuamente a los contemporáneos y les preservaba de la vejez.       <br />
              <br />
       Para comprender su actual estado es nece¬sa¬rio sobrepasar el periodo de tiempo en que se centra este libro. En el siglo VI se convertirá en iglesia bajo la advocación de la Virgen. Con la ocupación catalano-aragonesa en el XIV, el Parte¬nón y los edificios colin¬dantes se transformaron en fortaleza, calificada por el rey Pedro el Ceremo¬nioso de Aragón, como uno de los castillos más grandes de su época.        <br />
              <br />
       La Acrópolis padeció el paso de francos y venecianos. Más tarde, con la ocupación otomana (año 1456-1830), pasó a ser mezquita con su almi¬nar, del cual todavía se conserva la esca¬lera, y el Erec¬tión  se convirtió en harén del gober¬nador turco. Fi¬nalmente,  para defenderse de la invasión veneciana, los turcos la convirtieron en polvorín; la desafortunada explosión de una gra¬nada originó su desgracia.       <br />
              <br />
       El siglo XIX sirvió para que, principalmente ingleses, franceses y algunos otros, se llevaran nu¬me¬rosos recuerdos a sus museos patrios. Afortuna¬da¬mente las grandes excavaciones arqueológicas de los últimos cien años han permitido abrir en Atenas el Museo de la Acrópolis.       <br />
              <br />
       En las pendientes de la Acrópolis, ya fuera de las murallas, se encontraban el teatro de Dioni¬sio Eleuterio, el santuario de Asclepio y el Odeón de Pe¬ricles, los tres del siglo V/IV a.C. A conti¬nuación se hallaban: el pórtico de Eumenes, ya del siglo II a.C., y otro Odeón de la época romana (II d.C.) conocido con el nombre de su mecenas, Odeón de Herodes Ático, que servía como sala de concier¬tos.        <br />
              <br />
       Frente a la Acrópolis, en una pequeña co¬lina consagrada a Ares  (el Marte latino, dios de la guerra), se hallaba el Aréo¬pago o tribunal más antiguo de Atenas. Desde sus comienzos sus componentes alcanzaron fama de justos y equitati¬vos. Acusador y acusado tenían que limitarse a la más estricta verdad, y se prohibía la presencia de abogados para evitar que su verbo¬rrea y teatralidad tergiversa¬ran la realidad de los hechos que se juzgaban: críme¬nes, robos, proble¬mas religiosos.... Sabemos que du¬rante el periodo romano todavía existía;  es más, Cice¬rón habla de él como el tribunal de Atenas, y San Pa¬blo lo men¬ciona en los Hechos de los Apóstoles. Pa¬rece ser que el emperador Vespasiano abo¬lió la institución.       <br />
              <br />
       En los alrededores del ágora existía otra serie de monumentos y templos. Seleuco ordenó colocar una estatua suya al lado de la del antiguo legis¬lador Solón. Poco más allá se asienta el templo de Teseo (el mejor conservado) que, según la tradición, custodiaba sus huesos. Este templo, al igual que otros muchos, con el cristianismo se convirtió en iglesia.       <br />
              <br />
       Uno de los edificios más importantes cer¬cano a la ágora era el Gimnasio de Ptolomeo que además de las salas propias para los ejercicios, te¬nía otras dedicadas a la enseñanza científica con su correspon¬diente biblioteca. Es ahí donde, siglos más tarde, el emperador Adriano levantó la Stoa.       <br />
              <br />
       Otro edificio curioso era la Torre del Viento que, construida en el 35 a.C. servía de reloj público. Sus ocho lados correspondían a las direc¬ciones de los vientos más importantes y la cima es¬taba rematada con una veleta en forma de tritón. En el exterior de la torre, un reloj de sol marcaba las horas y, en su inte¬rior, otro de agua realizaba la misma función.       <br />
              <br />
       La ciudad, como todas las ciudades del mundo, se dividía en barrios, los cuales correspon¬dían a estratos sociales diferentes. Las clases pu¬dientes ocupaban el norte de Atenas y,  además,   po¬seían otra casa de recreo fuera del recinto amura¬llado. Más tarde, el emperador Adriano incor¬porará esta zona residencial a la ciu¬dad con el nombre de Nueva Atenas.       <br />
              <br />
       <b>La casa</b>        <br />
              <br />
       Aproximadamente hacia el año del nacimiento de Ale¬jandro (356 a.C), se censaron las casas de Atenas dando un nú¬mero de 10.000, número que no se co¬rrespondía con la realidad, al no estar contabilizadas las cuevas excava¬das en las rocas, ni las adosa¬das a las murallas. Por cierto: una de ellas, co¬nocida hoy en día con el pom¬poso nombre de prisión de Só¬crates, nunca fue pri¬sión y jamás estuvo Sócrates en ella; simple¬mente es un habi¬táculo arcaico que durante la ocupación romana sirvió de panteón.       <br />
              <br />
       La población de Atenas, al principio del pe¬riodo helenístico, debía ser aproximadamente de 200.000 habitantes, de los cuales tan sólo 21.000 eran ciudadanos atenienses. El resto eran esclavos y metecos (extranje¬ros domiciliados en la ciudad, en principio sin bie¬nes raí¬ces, dedicados a los oficios, a la industria o al co¬mercio).       <br />
              <br />
       Las casas de las gentes menos afortunadas eran de superficie mínima, divididas en dos o tres habi¬taciones, y normalmente con un piso superior al que se accedía por una escalera exterior de madera. Los muros se levantaban con ladrillos o con guija¬rros en mortero y algunos con madera y, para abaratar su coste, eran del mínimo grosor.        <br />
              <br />
       Cuenta Plutarco, refi¬riéndose a las dimensiones de estas casas, que las puertas se abrían hacia afuera y era obligado golpear¬las antes de salir a la calle para evitar chocar con los tran¬seúntes.        <br />
              <br />
       A principios del periodo helenístico apare¬cieron en Atenas las viviendas colectivas o de ve¬cin¬dad que, sin alcanzar grandes cuotas de confort, eran más cómodas que las anteriores. Sus mora¬dores respondían a un estrato social menos mise¬rable: médicos, comerciantes, educadores... En ambos casos, las ventanas eran muy reducidas y en invierno se recurría a taparlas  con trapos o  mamparas para evitar el frío.	       <br />
              <br />
       En las casas de vecindad se introdujo el con¬cepto de dedicar un habitáculo para cocina y, aunque no todas poseían una salida de humos a  modo de chimenea comunal, se sabe del interés por evitar sus molestias. Este problema se resolvió fá¬cilmente en las viviendas unifamiliares que aceptaron cocinar en el interior, en vez de hacerlo con un hornillo portátil fuera de la casa, levantando simplemente una teja.       <br />
              <br />
       En los barrios ricos el panorama era dife¬rente. Hermosas casas de dos pisos, de planta casi cuadrada y carentes de ventanas a la calle, prote¬gían la intimidad de sus propietarios. Las habitacio¬nes confluían en uno o varios pórticos interiores o pastás desde donde se accedía a un vestíbulo y, de éste, a un patio o aulé ro¬deado por un peristilo de columnas, como nuestros actuales porches; estos peristilos en el helenístico tar¬dío también se situa¬ron en torno a los pórticos.        <br />
              <br />
       En la planta baja se encontraba el salón, el comedor para los grandes festejos y el comedor de diario, comunicado con la co¬cina, la bodega y el baño.  Con el helenismo desaparecen del comedor los mosaicos que decoraban las paredes a modo de grandes zócalos. En su lugar se pintarán retratos y/o escenas alegóricas de la vida cotidiana de profuso colorido. En el piso superior, de¬dicado a dormitorios de amos y escla¬vos, se encontraba el gineceo o zona de mujeres.        <br />
              <br />
       No obstante, Plutarco pone en boca de un viajero del siglo III a.C. un comentario poco halagador sobre las casas de Atenas, calificándolas de decepcio¬nantes.       <br />
              <br />
       La calidad y cantidad del mobiliario se correspondían con el tipo de vivienda. En las casas de personas acomodadas encontramos tres tipos de sillas: los difros o taburetes plegables con las patas cruzadas en aspa o bien verticales y el asiento formado por tiras de cuero o cuerda. Este taburete gozaba de la máxima popularidad entre los griegos: en las clases sacrificadas por ser el único tipo de silla al que podían acceder, y en gentes acomodadas porque denotaba su importancia social, al ser asociado a un esclavo portador del difro que caminaba eternamente tras de su amo por calles e interior de la casa por si era requerido.       <br />
              <br />
       La silla tal como nosotros la entendemos se llamaba clismos, de respaldo curvo, arropando la espalda, y patas también curvadas hacia el exterior. Sobre la madera del asiento se colocaba un cojín para mayor comodidad. Por último estaban los tronos, sillas más grandes que las anteriores, con respaldo recto y reposabrazos. En la época helenística se decoraron profusamente tallando la madera para representar guirnaldas de flores, figuras...       <br />
              <br />
       En cuanto a la construcción de la cama, en el periodo descrito ya había evolucionado. Tiempos antes era simplemente un difro de mayor tamaño, también plegable que permitía su transporte. El hábito de comer y dialogar recostado creó la necesidad de incorporar un cabecero y, en algunos, un soporte para los pies y otro para la espalda. Este tipo de lecho se llamó clino, supliendo las actuales funciones de cama, sofá y chaiselongue.        <br />
              <br />
       Naturalmente el clino era el rey del mobiliario, y como tal se decoraba: maravillosas patas bien torneadas e incrustaciones de oro y marfil en los soportes. El colchón y la almohada eran de plumas, las mantas de lana tintada en llamativos colores y, sobre éstas, cojines de finos tejidos, necesarios para alcanzar el máximo confort.       <br />
              <br />
       Para guardar vestidos, ropas, joyas, documentos, ungüentos... se utilizaban cajas y arcones de diferentes tamaños. La aparición del armario vertical, similar al nuestro, es bastante tardía (finales del siglo I a.C). La riqueza en la ornamentación de estos enseres correspondía a la posición social del propietario, desde los simples clavos remachados a las incrustaciones de oro, marfil, nácar y piedras semipreciosas. En época romana se sustituyeron las cintas de cuero que aseguraban la tapa de los arcones por cerraduras con llave.       <br />
              <br />
       Durante el periodo helenístico desaparece la mesa cuadrada de cuatro patas. La mesa redonda, y excepcionalmente la ovalada, con tres patas en trípode o una central, generosamente decoradas, es la que marca la moda. La altura era inferior a la nuestra actual para acoplarse al clino y facilitar la ingestión de alimentos en posición recostada. Existían mesas de diferentes tamaños según las ocasiones, pero las preferidas eran las pequeñas y portátiles, para tres comensales como máximo. La madera usada en su construcción, al igual que el mobiliario anterior, era de olivo, arce o boj.        <br />
              <br />
       En cuanto a los enseres de cocina los podríamos catalogar en tres secciones: cerámicos, metálicos y de mimbre. Los primeros nos son gratamente conocidos. Sus representaciones pictóricas y la cantidad de ellos que ha llegado hasta nuestros días, nos permiten estructurar la vida pública y privada de los griegos. Consistían, mayormente, en vasijas contenedoras de líquidos: agua, vino, leche y aceite. También se encuentran grandes recipientes a modo de cubas para el almacenamiento de cereales, así como platos y ollas.       <br />
              <br />
       Los recipientes metálicos utilizados en cocina, ollas con o sin asas, platos y vasos eran de hierro, estaño y raramente de plomo. En cuanto a los vasos hay que hacer una salvedad; con la llegada desde Egipto de la fabricación del cristal, en las casas pudientes desaparecieron los de metal, a no ser que éstos fueran de plata u oro o, al menos, quedaron relegados al personal de servicio. No obstante, la elaboración del cristal nunca alcanzó en Grecia la relevancia que en Egipto y Roma.       <br />
              <br />
       Con mimbre se confeccionaba todo tipo de cestas: para guardar la fruta, el pan, los dulces, pescados y flores. También se hacían costureros y grandes cajas para preservar la lana de la humedad.       <br />
              <br />
       Fuera del ambiente culinario existía otro tipo de recipientes. Hidras y cráteras o jarras para servir agua y vino en los banquetes; copas, jarrones para ungüentos de belleza o curativos, peines hechos de madera, hueso, o marfil; bastoncillos perfiladores de ojos, espejos de bronce pulido, recipientes de perfumes, urnas, varios tipos de cajas, y otros meramente decorativos. Estos objetos, considerados de lujo, se fabrican en alabastro, ónice o ágata, bien como única materia o combinada con bronce o metales preciosos.        <br />
              <br />
       La antigua iluminación del interior de la vivienda a base de antorchas, teas, o simplemente candiles de aceite, en el periodo helenístico se incrementó con la aparición del candelabro, exagerándose tanto su uso que apareció la figura del esclavo portador del candelabro y, al igual que el portador del taburete, seguía a su amo por donde quiera que fuese.       <br />
              <br />
       La información de cómo caldeaban los hogares es escasa, bien porque no lo hicieran o por falta de datos;  normalmente se reducía al uso de grandes braseros. Sin embargo, recientemente se ha descubierto una casa unifamiliar en Salónica, en donde se distingue claramente una chimenea cúbica de piedra adosada a una pared.       <br />
              <br />
       <b>La alimentación</b>       <br />
              <br />
       Su agricultura era prácticamente similar a la actual, excluida aquélla ajena a la cuenca mediterránea e in¬corporada, siglos más tarde, con el descubri¬miento de nuevos mundos. Productos foráneos como el arroz se conocía desde las expedicio¬nes de Alejandro Magno a Oriente; Teofrasto (372-288 a.C.) en su Historia de las plantas describe su cultivo y cómo se cocinaban.       <br />
              <br />
       Los cereales más importantes eran el trigo y la cebada de cuya harina hacían el pan. Dado que la Hé¬lade era incapaz de autoabastecerse de trigo, se im¬portaba de Egipto y Siria; su elevado costo hacía de este pan un producto ina¬sequible a las gentes llanas, que se limitaban a gus¬tarlo sola¬mente en las grandes ocasiones. El resto de los días lo suplían con unas tortas amasadas con harina de cebada donde colocaban, a modo de plato, otros alimen¬tos: carne, pescado, verdura...       <br />
              <br />
       Las verduras y legumbres, habituales en la dieta del campesino, eran elegantes en las ciudades por los altos precios que alcanzaban; excepto las len¬tejas y las habas que por su precio más mode¬rado,  hechas puré, se convertían en el plato diario.  A propósito de las habas, sabemos que no eran del agrado de Pitágoras, por el contrario recomendaba la col.        <br />
              <br />
       Acelgas, berza, col, ruda, lechuga, cebolla, apio, garban¬zos... normal¬mente se cocían, excepto la alcachofa, originaria de Sicilia, que se comía cruda. En cuanto a las virtudes de la col, han llegado escritos hasta nuestros días en los que se mencionan grandes virtudes alimentarias: Diógenes se mantenía en su famoso tonel a bases de col y agua para llegar a octogenario; Catón la recomendó en vinagreta y cocida   como medicina.        <br />
              <br />
       Acerca del repollo, cuenta el historiador Plinio, que se había conseguido una “versión” gigante, la cual, para fortuna de los pobres, “desbordaba la mesa”. Hacia el siglo I a.C. griegos y romanos consiguieron la fermentación del repollo, y se cree que con el Imperio pasó a los pueblos germánicos, originando la conocida choucroute.        <br />
              <br />
       Entre comidas solían pico¬tear, como entrete¬nimiento, habas y gar¬banzos tosta¬dos al igual que actual¬mente se degustan en nuestras costas mediterrá¬neas. El sabor del ajo era una delicia, se añadía a todos los platos consumiéndose grandes can¬tidades no sólo por el placer del paladar, sino con fines terapéuticos con¬tra el mal de huesos (reumatismo).       <br />
              <br />
       Pero el manjar más apreciado era la carne, ya fuera de ca¬bra, carnero, vaca (el ganado bovino era escaso) o cerdo, esta última la más económica. De la época de Diocle¬ciano (año 301), siendo Grecia provincia romana, se conserva una inscripción en piedra de las ordenanzas de tasas sobre diferentes productos cárnicos, que denotan las preferencias de los comensales griegos.        <br />
              <br />
       Como curiosidad, lo más gravado era el vientre de cerda: Carne de puerco, carne de vaca, carne de cabra, vientre de cerda, ubres de cerda, hígado de cerdo, tocino, jamón de Bélgica o de los Pirineos del mejor, “pernae optimae petasonis sive Menacipae vel Cerritanae”, y manteca fresca de cerdo.       <br />
              <br />
        La  carne de caza era muy apreciada, tanto por su calidad como por el desafío hombre-animal que entraña su presa. De las diferentes especies de cér¬vidos, el corzo ocupaba el primer lugar, pero el  jabalí era el rey.  Gran cantidad de dibujos sobre cuencos, ánforas... representando su caza o disfru¬tando de su carne, nos hablan de su importancia.       <br />
              <br />
       También las aves de caza y de corral ocu¬paban un lugar destacado. Sabemos que las gallinas se cria¬ban principalmente como ponedoras de huevos y solamente se sacrifica¬ban para hacer el caldo de las parturientas. Existen escritos de la época del empe¬rador Marco Aurelio (año 161), en que se cuenta cómo la emperatriz Faus¬tina, su es¬posa, mitigó las incomodidades del parto de su hijo, el emperador Cómodo, a base de grandes cantidades de caldo de gallina que su cocinero griego, según costumbre, le suministró durante 45 días.    	       <br />
              <br />
       Pero contra la avaricia de una tierra que apenas ofrecía una mediocre agricultura, los griegos poseían un mar generoso que mitigaba su ham¬bruna. Las es¬pecies más refinadas eran los maris¬cos, calamares y sepias; las más comunes: la sar¬dina, el atún y el bo¬que¬rón que, además de prepararlos asados, se conser¬vaban en  salmuera. La elabora¬ción actual de la an¬choa en España nos llegó de Italia, más concreta¬mente de Nápoles, donde ya en los tiempos de la Magna Grecia se elaboraba así el bo¬querón.        <br />
              <br />
       Los alimentos se condimentaban con man¬teca de cerdo y/o aceite de oliva. La aceituna tam¬bién se comía cruda y se conservaba, una vez ma¬dura, en una solución de agua y sal. El postre de¬pendía de la esta¬ción del año: higos, manzanas, uvas... y en invierno los frutos secos, nueces, ave¬llanas, piñones..., o dulces elaborados con miel. Con Alejandro se introdujo en la Hélade el gusto por lo exótico: los dátiles importa¬dos de Egipto o Siria eran un verdadero placer.       <br />
              <br />
       Los productos lácteos, leche, queso y man¬te¬quilla, normalmente de cabra, también formaban  parte de la dieta.        <br />
              <br />
       Como bebidas tenían un hidromiel, agua y miel mezcladas; un mejunje elaborado con sémola de ce¬bada y agua, aromatizado con diferentes hierbas olo¬rosas como poleo o tomillo. Pero el vino era el verda¬dero protagonista. Se bebía sin fermen¬tar o fer¬mentándolo artificialmente con agua sa¬lada, pero de una u otra forma le añadían  siempre agua a la hora de ingerirlo, y en algunos casos miel, tomillo o canela.       <br />
              <br />
       Los griegos en general eran bastante me¬sura¬dos y austeros con la comida, lo que no quita que gustaran de los banquetes con sus excesos consiguien¬tes. Tal vez por ser éstos un acontecimiento ex¬cepcional los representaron tan asiduamente en sus ornamentacio¬nes.        <br />
              <br />
       Las palabras griegas simposia y simposion utili¬zadas por nosotros para designar reuniones de ca¬rácter serio, distan un poco de sus dos acepciones clásicas: banquete o la parte del ágape donde exclusivamente se bebía. Los bebedores no apuraban las copas: el poco vino que quedaba en el fondo junto a los po¬sos lo arrojaban, con gran ímpetu, hacia un punto común. Quizás éste sea el origen de la actual cos¬tumbre griega de arrojar los vasos de vino en los festejos.       <br />
              <br />
       La comida más importante de la jornada era la de la noche. Se efectuaba recostados so¬bre el clino, con la espalda erecta y acomodados sobre varios cojines. Esta especie de canapé podía ser ocu¬pado por uno, dos o tres co¬mensales.        <br />
              <br />
       La etiqueta en la ubicación de los invita¬dos era muy estricta, la aproximación al anfitrión denotaba la categoría del comen¬sal; al igual que hoy en día, la persona más importante era acomodada al lado del dueño de la casa. Las me¬sas eran portátiles y en ellas colo¬caban las vian¬das sobre bandejas indivi¬duales. So¬lamente el marisco, pulpo, sepia y fruta  eran presen¬tados en bandejas colec¬tivas. 	       <br />
              <br />
       Con el empobrecimiento de las antiguas fami¬lias en pos de los nuevos ricos que debían su fortuna sobre todo al comercio, surgió la figura del parásito. Normalmente eran gentes bien, venidas a me¬nos, que por su elocuencia y cultura eran invitados a los banquetes para lucimiento del anfitrión.        <br />
              <br />
       De estos simposia o banquetes las mujeres, sobre todo en Atenas, estaban excluidas. Solamente en Macedonia y Esparta donde gozaban de mayor liber¬tad, participaban esporádicamente. Pero como desde que el mundo es mundo la presencia feme¬nina tam¬bién sirve, en estos festines eran habituales las heteras (hetairai) o cortesanas, que con sus artes divertían y agradaban a los comensa¬les.        <br />
              <br />
       Las amas de casa  en com¬pen¬sa¬ción a su aislamiento, también organizaban  entre ellas sus propios simposia o banquetes. Con el pa¬sar de los años, e inspiradas por el protagonismo de las reinas macedonias, cambió su condición. Durante la época de influencia del Imperio romano, con el cre¬ciente prota¬gonismo de la mujer, las hete¬ras no fueron tan ne¬cesarias dado que muchas damas suplían sus fun¬ciones.       <br />
              <br />
       Entre los invitados había que distinguir dos clases: los comensales propiamente dichos y aqué¬llos que solamente accedían al simposio, es decir, a la reunión de bebedores. Antes de entrar al co¬medor se descalzaban y, una vez acomodados, un sirviente les ofrecía  agua para lavarse las ma¬nos.        <br />
              <br />
       Conocemos el uso del cuchillo y la cuchara, pero los alimentos sóli¬dos se asían con la mano. No será hasta bien entrado el Renacimiento italiano (siglo XV) cuando el uso del tenedor en la mesa, a propuesta de Leonardo da Vinci, se haga común.       <br />
              <br />
       Por las numerosas repre¬sentaciones de estos banque¬tes que han llegado hasta nosotros en diferentes obje¬tos, sabemos de la presen¬cia de perros en el come¬dor, seguramente como últi¬mos beneficiarios del ágape.       <br />
              <br />
       <b>La familia</b>       <br />
              <br />
       El matrimonio entre los griegos se consideraba un de¬ber ciudadano, era más un contrato social que un enlace amoroso. Tener hijos legítimos, sobre todo varones, y formar una familia que garantizara a la muerte los cultos indispensables para conseguir la felicidad en el otro mundo, eran los estímulos básicos para buscar pareja. Parece ser que el matrimonio se sentía como un mal necesario, sin embargo, y aunque no existía una obligatoriedad por ley, a los solteros recalci¬trantes se les trataba con me¬nosprecio. En Esparta, incluso, se llegaba al castigo.	       <br />
              <br />
       El amor como hoy lo entendemos no lle¬gará a ser condicionante hasta bien avanzado el Imperio ro¬mano, aun cuando en algunos casos apareciera entre los cónyu¬ges, como lo demuestran algunas inscripciones funerarias que dan fe de la pena del ma¬rido  ante la ausencia de la es¬posa.        <br />
              <br />
       No obstante, estos casos específicos no deben confundir el éxito de la pareja con la realidad del matrimonio, en donde el malentendimiento y la resignación alcanzaban cotas de normalidad. Los moralistas decían que si el esposo lograba soportar los defectos y humores de la esposa, ya estaba dispuesto para afrontar las contrariedades de este mundo.       <br />
              <br />
       La palabra eros (amor) se aplicaba, normalmente, al sentimiento apasio¬nado de un adulto (erasta) por un adolescente (erómeno); no obstante, se conocen relaciones extrama¬trimo¬niales hombre-mujer, de subido apasionamiento. El ideal de ternura entre los espo¬sos se limitaba, desde Homero, a la estricta obligación matrimonial: tener hijos y hacer que la casa funcionara dentro de una relativa amistad; si por añadidura llegaban a amarse, esto era un mérito pero nunca un requisito del matrimonio.       <br />
              <br />
       Los hombres podían contraer matrimonio a partir de la mayoría de edad (18 años), pero solían esperar otros dos para finalizar su servicio militar. La sabiduría popular aconsejaba que los varo¬nes despo¬saran muchachas bastante más jóvenes que ellos, por lo que, como las mujeres sólo podían acce¬der al ma¬trimonio después de ser púberes, la edad en los hom¬bres se retrasaba aproximadamente hacia la treintena.       <br />
              <br />
       El matrimonio no suponía un acto sopor¬tado por un documento civil. Era suficiente con un compromiso por parte del pre¬tendiente y la asignación de la dote de la esposa por el padre o pariente más cercano, ante algunos tes¬tigos. Entre este acto y la entrega de la novia en casa del esposo podía mediar cierto tiempo carente de importancia, dado que el primero se consideraba acto formal de ma¬trimonio.       <br />
              <br />
       La endogamia (matrimonio entre gentes de un mismo núcleo familiar), no sólo se aceptaba, sino que se recomendaba para fortalecer los lazos familiares y salvaguardar el patrimonio frente a intrusos. Sin embargo, el matrimonio efectuado entre hermanos de padre y madre estaba prohi¬bido, pero no entre hermanastros.       <br />
              <br />
       Los griegos preferían casarse en invierno, principalmente en el mes de enero o Gamelion, séptimo mes del calendario llamado el de los matrimonios, y durante la luna llena. Pasado un tiempo no determinado, después de acordada la dote de la novia (en gentes ricas: dinero, joyas, ropas y esclavos), se efectuaba el rito nupcial. La futura esposa tomaba un baño con agua proveniente, según la tradición, de la fuente Caliroe; el novio, por su parte, debía tomar también otro, sin ser condicionante el origen del agua.       <br />
              <br />
       En la casa del padre de la novia, engalanada con guirnaldas de olivo y laurel, se celebraba la comida, la única en donde participaban también las mujeres. Durante el banquete la futura esposa permanecía cubierta con velos, de los que no se desprenderá hasta dos días después de haber consumado el matrimonio.        <br />
              <br />
       Al atardecer, finalizada la comida, se ofrecían los regalos, y la nueva pareja se trasladaba en carro a casa del novio acompañada por su padre o pariente más próximo. La madre caminaba detrás portando antorchas encendidas entre el clamor de las gentes, que entonaban himnos nupciales a modo de parabienes. La madre del novio los recibía en la puerta de la vivienda paterna para conducirlos a la alcoba nupcial.       <br />
              <br />
       Los ma¬ridos para obtener el divorcio o repudiar a su cónyuge no precisaban motivos. Bastaba con de¬volver a la esposa y, con ella, su dote, convirtién¬dose dicha dote para las mujeres en un auténtico seguro de ma¬trimonio. Las causas más comunes que se alegaban en la solicitud de divorcio eran la esterilidad de la esposa y el adulterio de ésta que, en contrapunto con lo anterior, sí estaba regulado jurídicamente.       <br />
              <br />
       En cambio, la solicitud de divorcio por parte de la mujer solamente se justificaba por malos tra¬tos, y se conseguía después de una minuciosa in¬vestigación que afirmara los cargos presentados. La infidelidad o adulterio por parte del marido no constituían motivo de separación, sim¬plemente era la consecuencia de la libertad sexual que gozaban los hombres.       <br />
              <br />
       La condición de la mujer difiere según el es¬trato social al que pertenezca. Para las pertenecientes a las cla¬ses acomodadas, tanto antes como después de ca¬sadas, su destino era la casa: primero al lado de la madre aprendiendo las labores propias para el buen gobierno de su futuro hogar y, después, ejerciéndolas en casa del esposo. En compensación a su ais¬lamiento, se convertían en las verdaderas dueñas de la familia, marido incluido, de puertas para adentro. Hasta nosotros han llegado escri¬tos donde los esposos se que¬jan del despotismo, autoridad y glotonería de sus esposas.        <br />
              <br />
       Las mujeres socialmente pudientes no podían salir so¬las a la calle. Las compras necesarias estaban a cargo del esposo, del padre, o bien de los esclavos; en caso de necesidades personales, cuando salían, siempre iban acompañadas. Estas dificultades no eran óbice para que, pre¬sentada la ocasión, engañaran al ma¬rido.       <br />
              <br />
       Solamente en las clases humildes y en el campesinado la mujer gozaba de una mayor libertad, consecuencia de la necesaria colaboración con el esposo en los trabajos cotidianos para alcanzar el sustento diario.       <br />
              <br />
       Esta situación de la mujer se refiere a las atenienses, dado que en Esparta y Macedonia gozaban de mayor libertad. A partir del siglo II a.C. se advierten, en Atenas, ciertas mejoras en el mundo femenino; pero será con la ocupación romana y, sobre todo, a partir del Imperio, cuando la condición de la mujer cambie notablemente.       <br />
              <br />
       El número de hijos del matrimonio griego era escaso, bien porque el hombre tranquilizara sus deseos sexuales fuera del matrimonio, bien para evitar numerosas particiones del patrimonio familiar, o simplemente por pobreza.        <br />
              <br />
       El mismo Platón aconseja que el número idóneo de hijos sea dos: varón y hembra. Cuando el nacimiento acaecía, si era hijo se colgaba en la puerta de la casa una rama de olivo; en caso contrario, una cinta de lana indicaba al vecindario el sexo del nacido.       <br />
              <br />
       En el supuesto de embarazos no deseados se podía recurrir a  dos soluciones: abandonar al recién nacido o abortar. Ambos medios no estaban fuera de la ley.       <br />
              <br />
       El aborto solamente era consentido previa autorización del padre. En contrapunto a la libertad de interrupción del embarazo, existía una conducta pseudo-religiosa aconsejada por el propio Aristóteles, en la que se recomendaba abortar antes de que el feto reciba la vida y el sentimiento.        <br />
              <br />
       Este mismo principio religioso evitaba el asesinato del recién nacido, pero no su abandono en las propias calles para que, en el mejor de los casos, fuera recogido por un matrimonio carentes de hijos, o por otras gentes que lo criarán en calidad esclavo.       <br />
              <br />
       En Esparta las condiciones de los recién nacidos para su supervivencia eran más excluyentes. Cualquier tara o debilidad física que les impidieran superar las pruebas a las que eran sometidos  nada más nacer, decidía su futuro: lavados con agua helada, vino u orina.        <br />
              <br />
       A los seis días del nacimiento se celebraba una ceremonia de purificación y presentación ante el altar de los dioses, y la familia festejaba el acontecimiento con una comida. Pero la verdadera fiesta acaecía al décimo día, cuando se les imponía el nombre, acto por el cual el padre reconocía oficialmente al hijo. Todos los parientes y amistades eran invitados a un gran ágape y ofrecían presentes tanto al niño como a la madre.        <br />
              <br />
       Los hijos, indistintamente de su sexo, permanecían hasta los seis años bajo los cuidados de la madre, que se ocupaba directamente de su alimentación ayudada por una nodriza, si es que poseía los medios necesarios. A partir de esa edad, mientras que la niña continuaba bajo la supervisión materna, la educación de los varones era dirigida por el padre hasta los dieciocho años, edad en la que alcanzaban su mayoría cívica y debían aprender el oficio de las armas.       <br />
              <br />
       La obligación del hijo de cuidar de los padres ancianos y procurarles un entierro digno era común en toda Grecia, salvo que éstos hubieran cometido actos indignos contra él o la patria. Al cadáver se le cerraban la boca y ojos; después de ungirlo con diferentes aceites se vestía con un sudario blanco dejando la cabeza coronada de flores al descubierto, y lo colocaban sobre un clino con los pies dirigidos hacia la puerta. En la boca se depositaba una moneda para que así pudiera pagar el viaje al otro mundo. Esta costumbre era lógica ya que los atenienses principalmente usaban la boca como monedero en su vida cotidiana.       <br />
              <br />
       La exposición del difunto duraba unos seis días, durante los cuales familiares y amigos acudían a la casa para dar sus condolencias. La presencia en la calle de una jarra con agua, indicaba que en el interior de esa morada había un fallecido. Las mujeres podían  formar parte del séquito del duelo siempre que su grado de parentesco con el finado no pasara del de hija de primos hermanos.       <br />
              <br />
       Los entierros eran lo más suntuosos posible dentro de la economía familiar. En el cortejo fúnebre eran de mal gusto las muestras y lamentaciones exageradas de dolor; lo adecuado era que las plañideras entonaran cantos acompañadas de la flauta. A los tres días del entierro se daba un banquete a los familiares y amigos que se repetía el día noveno y el trigésimo después de los funerales.       <br />
              <br />
       <b>El aseo y el vestido</b>       <br />
              <br />
       En la cultura griega era primordial el aseo, los cuidados corporales y los ejercicios físicos. La gimnasia era considerada como un factor de educación necesario para el desarrollo mental de los hombres (en Esparta también de las mujeres) si bien, según qué ciudades, existían marcadas diferencias en el logro de los fines.        <br />
              <br />
       Si tomamos como referencia dos ciudades extremas, Esparta y Atenas, veremos cómo en la primera el objetivo era endurecer el cuerpo contra el dolor y el esfuerzo. En cuanto a los atenienses, su deseo era conseguir un desarrollo armónico del cuerpo y del alma, conjuntamente con la gracia y naturalidad en el comportamiento y conducta.       <br />
              <br />
       En la época en que nos situamos, el número de palestras y gimnasios, públicos o privados, había aumentado considerablemente. Estos establecimientos estaban dotados con fuentes, piscinas, pilas... y siempre se instalaban cerca del mar o de un río. Sin duda contribuyeron notablemente al hábito del baño y aseo corporal.        <br />
              <br />
       Sin embargo, el arte gimnástico había perdido su naturalidad, prevalecía lo artificial y la afectación. Aquellos hermosos hombres que antaño sirvieron de modelos a la inspiración del artista, eran casi pasado. Se cuenta que cuando los romanos destruyeron y expoliaron Olimpia, había en la ciudad más de 230 estatuas de bronce de vencedores olímpicos.       <br />
              <br />
       Otros lugares para el aseo personal eran los baños públicos, donde acudían los ciudadanos independientemente de su clase social. Consistían en salas circulares provistas de una piscina rodeada por bañeras a las que se les colocaba un asiento; alguna de estas salas tenían el servicio de agua caliente.        <br />
              <br />
       Los griegos no conocían el jabón, normalmente usaban las cenizas de madera (las mismas que para lavar los tejidos) o un carbonato de sosa extraído del suelo; para evitar la irritación de la piel, untaban el cuerpo con aceites o bálsamos. Con los romanos llegaría el jabón: la misma palabra jabón es de origen latino: sapo-onis (en italiano, sapone). El más popular era uno elaborado con potasa y aceite de palma.       <br />
              <br />
       A los baños públicos no se acudía solamente para lavarse, al baño se unían la tertulia y las relaciones sociales. También disponían de salas para las mujeres, pero su clientela bajaba considerablemente de estrato social: cortesanas, clase modesta y esclavas. Las damas importantes preferían la comodidad e intimidad de sus casas. El baño solía efectuarse antes de la cena y era obligado  hacerlo antes de acudir invitado a un banquete.       <br />
              <br />
       Unido al aseo corporal estaba el cuidado del cabello. La moda en los caballeros, a partir de Alejandro, era llevar la cara completamente rasurada por lo que el oficio de barbero-peluquero adquirió gran importancia conjuntamente con la navaja, considerada en otros tiempos como un accesorio femenino, dado que las mujeres gustaban suprimir el bello corporal y cuando faltaban las pastas depilatorias (hechas a base de esperma de burro), recurrían a la navaja. También el barbero-peluquero estaba al cuidado de las uñas de manos y pies.       <br />
              <br />
       Los varones llevaban el cabello corto pero con tenues bucles que los obligaban a un cuidado constante. En las mujeres la moda era más compleja: trenzas, pequeños moños en la nuca, y para las grandes ocasiones la melena suelta y ondulada. La “necesidad de ser rubias” imponía constantes decoloraciones de pelo a base de potasa. Quizás por el deterioro que sufría el cabello era habitual el uso de postizos. También solían teñirse el pelo con tintes temporales de color rojo, azul y verde.       <br />
              <br />
       El vestido más popular en Grecia era el quitón o jitón, común para hombres y mujeres. Consistía en dos rectángulos de tejido unidos por un lateral y dos extremos para sujetarse sobre el hombro (como una ele invertida); los otros dos extremos pasaban a través del cuello y se sujetaban al hombro opuesto,  bien con un simple nudo, hebilla o broche. El largo del quitón se ajustaba con un cinturón ablusando la tela según las necesidades, y es el cinturón el que originaba los pliegues habituales de los vestidos griegos. Debajo del quitón no se llevaba ninguna prenda, viéndose el cuerpo desnudo por el lateral sin coser.         <br />
              <br />
       Este atuendo era útil de noche y de día, bastaba con quitarse el cinturón para convertirse en camisón femenino o masculino. Existía una versión femenina de esta prenda en donde los dos laterales y hombros estaban cosidos, se llamaba peplo. Con las conquistas de Alejandro se introdujo la moda de coser unas mangas al peplo y quitón imitando los vestidos persas.       <br />
              <br />
       Para arroparse de los fríos se usaba un manto, himation, con el que se envolvía el cuerpo. Las mujeres además del manto disponían de chales de diferentes medidas y, cuando el frío arreciaba, cubrían la cabeza a modo de capucha.       <br />
              <br />
       En nuestro periodo histórico existía mayor variedad de tejidos para la confección de las prendas. El antiguo quitón o peplo confeccionado con lana de oveja había quedado relegado a las clases pobres. El lino (adaptado ya su cultivo), finas muselinas y sedas eran los tejidos preferidos de las gentes acomodadas. También la greca clásica dio paso a otras más elaboradas o a bordados al gusto oriental.       <br />
              <br />
       La idea generalizada de que el blanco era el único color utilizado en los vestidos griegos es errónea. Si observamos las estatuillas de terracota (Tanagra) podemos apreciar toda una serie de colores: marrones, azafrán, violeta, rojo, etc. Seguramente al ser los tejidos blancos más económicos que los tintados, fue habitual su uso por las clases más desfavorecidas.       <br />
              <br />
       Las griegas desconocían el sujetador, pero se sabe que durante la ocupación romana, ya avanzado el Imperio, vino la moda del sostén entre las elegantes (strophium, mamillare).       <br />
       Las joyas estaban destinadas a las mujeres: collares, pulseras de brazo y tobilleras, pendientes, broches, camafeos, etc. Los hombres solamente lucían el anillo con su sello grabado, el cual servía para marcar los documentos.        <br />
              <br />
       Otro accesorio femenino era la sombrilla, similar a las actuales, llevada normalmente por un esclavo. También se conoce el uso del abanico, parecido a lo que nosotros conocemos por pay-pay y un sombrero de ala ancha terminado en punta, tolia, que las damas elegantes solían llevar con gran distinción. Los hombres también usaban sombrero en el campo, pero en contra de la costumbre femenina, el uso en las ciudades no era de buen gusto: denotaba pertenencia a la clase obrera o bien que se era extranjero.       <br />
              <br />
       En calzado masculino se distinguen tres clase: las sandalias con suela de corcho, madera o piel provistas de unas tiras sujetas a un dedo del pie y atadas a los tobillos; una especie de botines de piel, y un tercero provisto de  suela alta que, si bien su primer uso fue en el teatro, más tarde lo calzarían aquellos caballeros que desearan aparentar mayor estatura. El calzado femenino era más imaginativo en formas y colores. El uso de los tacones era habitual en las mujeres, pero su colocación difería a la actual, se ponía entre el pie y el zapato.       <br />
               <br />
       
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
    ]]>
   </content>
   <link rel="alternate" href="http://www.tendencias21.net/historia/Vida-cotidiana-en-Grecia-despues-de-Alejandro-I_a9.html" />
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   <title>Vida cotidiana en Grecia después de Alejandro (y II)</title>
   <updated>2007-07-26T11:24:00+02:00</updated>
   <id>http://www.tendencias21.net/historia/Vida-cotidiana-en-Grecia-despues-de-Alejandro-y-II_a8.html</id>
   <category term="Bitácora" />
   <published>2007-07-26T11:21:00+02:00</published>
   <author><name>Myriam Sagarribay</name></author>
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             <br />
       <b>El arte</b>       <br />
              <br />
       La sociedad helenística, definida como artística, urbana, refinada y compleja, impuso expresiones artísticas acordes con el pensamiento de su presente y, si bien recoge el testigo del pasado, marca grandes diferencias: es completamente novedosa.       <br />
              <br />
       Las nuevas maneras de concebir la vida, la afirmación del individuo y la tendencia a la exageración, harán que la arquitectura sea deslumbrante, la escultura se humanice y la pintura abandone la línea para encontrar la perspectiva. En definitiva, se alejará de la influencia del mundo religioso para asumir un carácter más real y mundano.       <br />
              <br />
       En el arte helenístico se distinguen tres periodos: el primero que comprende desde el año 325 al 230 a.C.; el segundo, o tardío, desde esta fecha a la ocupación romana, y el tercero se podría definir como helenismo romano.       <br />
              <br />
       En cuanto al urbanismo, es en el primer periodo cuando se desarrollan las ciudades de nueva planta, y el afán de competencia de los nuevos reyes helenísticos harán de ellas un alarde de belleza y grandiosidad. Para su construcción se adoptó una planificación reticular que delimitaba cuadros o rectángulos, comprendiendo cada uno de ellos de cuatro a ocho casas. Los posibles problemas que la orografía del suelo pudo presentar se resolvieron con grandes desmontes, escaleras o terrazas, primando más el afán estético que el urbanístico.       <br />
              <br />
       Estas nuevas urbes, contrariamente a las antiguas, poseían un aspecto ordenado. El ágora,  con sus pórticos (stoa) a menudo de dos pisos, provista de bellas e importantes puertas de acceso, marcaba el centro de la ciudad. Los edificios públicos y civiles, como gimnasios, salas de reuniones,  odeones o teatros, adquirieron gran importancia, se buscaron efectos decorativos, aumentaron su capacidad de antaño y, en el caso de los teatros, se introdujeron innovaciones en el escenario (proscenio) para  conseguir nuevos efectos en las representaciones.       <br />
              <br />
       La arquitectura religiosa, al igual que en la ciudad, se dispuso de forma ordenada buscando una visión estética en el espacio urbano. El gusto por lo decorativo hizo olvidar el austero estilo dórico para emplear el jónico característico de Asia Menor y el corintio, enriquecido con mayor profusión de hojarasca. Dado el afán de espectacularidad de formas y medidas típicos del helenismo, la construcción de un templo, en el mejor de los casos, se prolongaba largas décadas y, en ocasiones, como sucedió con el dedicado a Zeus Olímpico, en Atenas, nunca se llegó a terminar.        <br />
              <br />
       Con anterioridad, estas grandes obras, ya fueran religiosas o civiles, estaban promovidas por la comunidad de ciudadanos, pero durante el helenismo dependerán de la iniciativa personal del rey, y servirán para reafirmar su poder, según su magnificencia y ostentación.       <br />
              <br />
       Con relación a la escultura, durante el primer periodo helenístico se siguió la huella del clasicismo. Los artistas más representativos: Escopas, Praxíteles y Lísipo se inclinaron, sobre todo éste último, por anteponer a cualquier regla de estilo la propia individualidad creativa en pos de un mayor realismo, aunque sus raíces profundizasen en la cultura clásica. El escritor Plinio (siglo I a.C.) en su   Historia Natural  pone en boca de Lísipo una frase que define la personalidad del artista: “Los antiguos representaban a los hombres tal como son, yo, como parecen ser”. Esta forma particular de ver las obras, hace de Lísipo  el último gran escultor clásico y el primer artista helenístico.        <br />
              <br />
       Los grandes recursos económicos de que dispuso la escultura helenística, provenientes, en un principio, de los propios reyes y, más tarde, de la rica burguesía, diversificaron y ampliaron la temática escultórica. La monarquía deseó exaltar la imagen real hasta tal punto que algunos reyes se representaron, evocando el pasado, bajo la figura de rey–dios desnudo, como signo de divinización. Tal es el caso de Demetrio Poliorcetes. Por el contrario, la sociedad, más partidaria de lo cotidiano que de lo mítico, optó por la figuración de los sentimientos: dolor, angustia, amor, alegría, etc.       <br />
              <br />
       Esta diversidad de gusto en la escultura también alcanzó al mundo espiritual. Los dioses dejaron de representarse desnudos; en contrapunto, abundan las diosas desnudas en múltiples posturas para conseguir una mayor estética y sensualidad. Los dioses más serios como Zeus, Hera o Atenea se humanizan o pierden interés escultórico, su espacio lo ocupan otros menos sobrios: Afrodita, Nike (victoria) y Dionisios.        <br />
              <br />
       Un siglo antes, en el frontón del templo de Zeus en  Olimpia,  se podía contemplar a este dios, impertérrito con el rayo en su mano baja; en cambio, en el siglo IV a.C. Praxíteles lo mostraba como un dios abstraído con el juego, repeliendo a una lagartija, con una actitud de distracción humana. También el contacto y proximidad con otras religiones trajo consigo numerosas representaciones de deidades extranjeras con modelado griego.        <br />
              <br />
       Los personajes mitológicos llegaron a alcanzar casi la importancia de los dioses. Su presencia junto a diosas, ninfas o musas imprimía a la obra escultórica un resultado ameno y placentero, característico del helenismo.       <br />
              <br />
       La escultura helenística, con sus exquisitos refinamientos mundanos y su realismo racional  lleno de desenvoltura e imaginación, fue tan grata a la sociedad que pronto se multiplicaron los encargos privados para adorno de las casas importantes. Para cumplir con la demanda surgieron  los escultores que efectuaban copias de obras de otros artistas, y los talleres en donde la creatividad individualizada y variada dio paso a una producción artesanal en serie, casi organizada a escala industrial.         <br />
              <br />
       Con la ocupación romana el mercado del arte desbordó todas sus previsiones. Para estos nuevos clientes ricos, ávidos e impresionados por el mundo griego, se realizaron grandes y aparatosas obras. En algunos casos un único grupo escultórico era dividido por figuras y encargadas a artistas diferentes que habitaban en lugares distintos; una vez finalizadas se ensamblaban en el sitio definitivo. Hay que destacar que, junto a estas obras grandilocuentes, también se realizaron otras de extrema delicadeza y refinado realismo.        <br />
              <br />
       Siglos más tarde, el Renacimiento recogería para sí lo mejor de la escultura helenística, de tal modo que, si contemplásemos el David de Miguel Angel con los ojos de un arqueólogo o de un historiador, lo clasificaríamos como una  obra al gusto helenístico. Todavía hoy en muchos museos, al  revisar la catalogación de las esculturas renacentistas o helenísticas, se da la circunstancia de que alguna de ellas, reseñada como obra helenística, corresponde al Renacimiento y viceversa. Sucede lo mismo en arquitectura con las llamadas molduras clásicas o formas renacentistas en uso hasta nuestros días: cornisas de los portales, ménsulas, arquitrabes, etc., no son otra cosa que elementos arquitectónicos helenísticos.       <br />
              <br />
       Sobre la evolución de la pintura en el mundo griego hasta el periodo helenístico tardío poseemos poca documentación. Lo más cercano para comprender la realidad pictórica de la época son las reproducciones efectuadas, sobre todo romanas, de originales helenísticos, pero lógicamente carecen del espíritu o genio creativo del artista.          <br />
              <br />
       Al igual que los historiadores para enmarcar periodos nuevos suelen recurrir a fechas, personas o acontecimientos, la Historia del Arte adjudica al pintor Apeles (siglo IV/III a.C.) el honor de inaugurar la pintura helenística con la conquista de la tercera dimensión, utilizando solamente cuatro colores: blanco, rojo, amarillo y negro. Se cuenta que Alejandro Magno solamente permitía ser pintado por él.       <br />
              <br />
       Con relación a los logros conseguidos por la pintura helenística sabemos que conquistó el espacio pictórico con fondos infinitos, conseguidos mediante la perspectiva y la gama cromática. El dibujo lineal desaparece, el uso de la “mancha” es habitual, resultando una pintura rica no sólo en claroscuros, sino de reflejos y  tornasolados.       <br />
              <br />
       En cuanto a la elección de temas también  existen diferencias con el pasado. El mundo clásico queda relegado a retazos marginales sin formar nunca parte integrante del cuadro. Los ambientes preferidos son escenas al aire libre, bucólicas, paisajes con edificios y nubes de fondo, todas ellas propias de una refinada civilización urbana. Conjuntamente con estos temas coexistían las representaciones mitológicas, y las   solicitadas por encargo, normalmente relacionadas con la familia o la casa de la persona que encargaba el cuadro o mural.       <br />
              <br />
       El arte por encargo y el desarrollo del estilo realista condujeron al retrato, y es en la época helenística tardía, y sobre todo durante el helenismo romano, cuando alcanza su mayor auge. No solamente se reproducen los rasgos físicos del retratado, sino que también se busca plasmar el carácter psicológico del individuo. Solamente en las reproducciones de filósofos, poetas o personajes importantes del pasado, se torna a la serenidad clásica. No obstante, los retratos más significativos del periodo helenístico romano, llamados funerarios, se efectuarán fuera de Grecia, sobre todo en Egipto.        <br />
              <br />
       La carencia de fuentes literarias que hayan llegado hasta nuestros días, dificulta profundizar en el estudio de la pintura helenística. Se sabe que el rey Juva II de Mauritania, gran coleccionista de obras de arte y coetáneo del emperador Augusto, escribió un tratado en cinco volúmenes y, aunque se haya perdido en su totalidad,  denota la importancia que la pintura llegó a alcanzar en el helenismo romano.       <br />
              <br />
       Esta falta de literatura hace de los mosaicos ornamentales los principales protagonistas para el estudio de la pintura helenística. Es en la transición del siglo IV al III a.C. cuando el mosaico comienza a desarrollar su futura belleza. Hasta entonces, salvo pocas excepciones, el uso del mosaico era pavimental, bicromático (piedras blancas y negras) y de dibujo geométrico.        <br />
              <br />
       A comienzos de la época helenística se introduce el rojo, poco después otros colores y la figura, enmarcando el  contorno de ésta con piedras más pequeñas; para separar los detalles del interior de la silueta se recurrió a láminas o tiras de plomo. El refinamiento propio de la época hará que estas piedras sean cada vez más pequeñas, y es hacia el año 250 a.C., en la Magna Grecia (Sicilia), donde aparece un mosaico elaborado con teselas (piedras alrededor de 1 cm2). Siguiendo el espíritu de superación o investigación artística, redujeron todavía más el tamaño de las teselas hasta llegar a  una medida tan  minúscula que no supera los 5 mm. por lado.        <br />
              <br />
       El mosaico elaborado con este tipo de piedra recibe el nombre de vermiculato que, traducido libremente, se podría definir como agusanado. Esta medida tan pequeña permitió la reproducción de las obras pictóricas copiando pinceladas, gama cromática, sombras y perspectivas. Normalmente estos mosaicos-cuadros eran de pequeñas proporciones y se trabajaban sobre una base de terracota colocada sobre un caballete como si fuera una pintura. Una vez finalizados se insertaban dentro de otro realizado con teselas, por lo que recibían el nombre de emblema.       <br />
              <br />
       Para el estudio de la evolución del mosaico helenístico se suelen comparar los hallados en Pella (Macedonia) Caza del león y del ciervo, realizados hacia el 300 a.C. de artista conocido, y el  llamado Batalla de Alejandro contra Darío, encontrado en una casa de Pompeya (Italia), reproducción de otro hecho 150 años antes.         <br />
              <br />
       Los primeros, aunque trabajados con guijarros pequeños claros y oscuros, no pueden ser considerados como una expresión pictórica ya que, al carecer de gama cromática, la ausencia de sombras da como resultado grandes aéreas planas de color. En cambio, el segundo confeccionado con pequeñas teselas multicolores, combinadas en perfecta escala cromática para lograr las sombras, perspectiva y movimiento, sí consigue aspecto de pintura.        <br />
              <br />
       El gusto de la época por la ostentación favoreció el desarrollo de las artes menores y una profusión de objetos de lujo, tanto decorativos como utilitarios, se puso al alcance de la gran población.  En la cerámica se observa, al igual que en las artes mayores, que las representaciones heroicas ya no están de moda.        <br />
              <br />
       Si se reproduce la Guerra de Troya, el lugar que antaño ocuparan las batallas se sustituye con escenas amorosas de Helena y Paris; donde una vez se representaran austeros fundadores de ciudades su lugar lo ocupa el ciclo de Afrodita y Dionisios, con su alegre séquito de ninfas o pequeños Eros (amorcillos) juguetones y alados.       <br />
              <br />
       Uno de los grandes vehículos de difusión del helenismo fueron las pequeñas figuras de terracota. Su principal centro de producción fue en Beocia, en el taller de Tanagra. Estas estatuillas son policromadas y representan mujeres en pie, en las que el refinado juego de los pliegues de sus  ropas  las reviste de un gran donaire y esbeltez.        <br />
              <br />
       Se fabricaban con moldes, pero antes de la cocción se retocaban a mano, lo que confería alguna particularidad que las hacía casi originales. Estas figuras de Tanagra alcanzaron un gran éxito en el mundo helenístico. Para satisfacer la demanda popular surgieron productos inferiores hechos de barro y repetidos por miles, lógicamente mucho más asequibles.       <br />
              <br />
       <b>La cultura</b>       <br />
              <br />
       Las amplias conquistas de Alejandro y el posterior reparto de su Imperio, facilitaron la expansión de la cultura griega prácticamente por todo el mundo conocido (ecúmene). En las ciudades de Asia Menor su introducción comenzó con anterioridad  a las campañas alejandrinas, dado que estos territorios eran geográfica e históricamente el área natural de influencia helena y, además, muchos de sus ciudadanos eran griegos. Sin embargo, en  Egipto y en las regiones asiáticas más alejadas, cuna de espléndidas civilizaciones, sería la primera vez que penetrara.       <br />
              <br />
       El vehículo que posibilitó la rápida propagación y unión de la cultura entre griegos y orientales fue sin duda la lengua. A partir el siglo V a.C. un dialecto del griego ático comenzó su expansión ganando terreno al griego clásico. Su origen popular facilitaba la comunicación cotidiana y el comercio, no sólo dentro de los perímetros griegos, sino también en el Mediterráneo oriental. Con la genaralización de su uso, este dialecto encontró su nombre propio: Koiné, que en griego significa “común”. A partir de Alejandro, con los nuevos reyes helenísticos, se convirtió en lengua oficial y diplomática.        <br />
              <br />
       Cuando se trata la cultura de esta época, difícilmente puede  sustraerse a Grecia del mosaico de países que configuran el mundo helenístico. Este conjunto de reinos de marcado ambiente cosmopolita, abierto a nuevos horizontes espaciales y culturales, constituye una inusitada manifestación intelectual.       <br />
              <br />
       La rivalidad entre estos nuevos reyes helenísticos y su pasión por el esplendor, el boato e importancia,  condujeron a crear un clima grato para los estudiosos, facilitándoles, sin limitaciones económicas, todos los medios al alcance de la época. Tal es el caso de la ciudad de Alejandría con su Museo y Biblioteca, y el de su competidora Pérgamo.       <br />
              <br />
       En literatura se continuó con la Comedia Nueva. Este género surgió en Atenas a finales del siglo IV a.C., y aunque inspirada en la tragedia, nunca llegó a alcanzar el prestigio de las obras de los grandes trágicos: Esquilo, Sófocles y Eurípides. Su principal representante, Menandro, siguiendo las nuevas tendencias, abandonó la temática heroica en pos de personajes de la vida cotidiana, y por primera vez se escribió sobre grupos de gentes socialmente marginadas: campesinos, heteras, esclavos, etc., ahondando, con notable acierto, en la psicología de estos individuos.         <br />
              <br />
       La sátira popular amplió su campo de acción con la introducción de la sátira política en donde no solamente se ridiculizaba a las nuevas clases dirigentes, sino también, sutilmente, a la propia monarquía.       <br />
              <br />
       En medio de esta nueva literatura reflejo de la vida real y cotidiana, Apolonio de Rodas escribió, emulando a Homero, sus Argonáuticas dentro del más puro estilo de poesía épica. Esta obra, dirigida a las clases cultivadas, las únicas capaces de valorar el gran esfuerzo de erudición que representaba, no obtuvo el éxito esperado por su falta de naturalidad.        <br />
              <br />
       La poesía cortesana está representada por Calímaco, que trabajó en Alejandría y llegó a ser director de la Gran Biblioteca. Sin embargo, aunque más exitoso que Apolonio, sus poemas  no consiguieron traspasar  los  umbrales de la  Corte y las grandes ciudades.           <br />
              <br />
       El auténtico conquistador de lectores fue Teócrito de Siracusa. Su refinada poesía pastoril, su sagacidad para reflejar los diferentes modos de vida y ambientes, unidas a una poesía llena de veracidad y realismo, le otorgaron un auténtico protagonismo en el mundo de las letras.       <br />
              <br />
       Un género teatral que gozó de gran aceptación fue el Mimo. Eran cortas historias en donde se reflejaba la realidad más cercana. De lenguaje vulgar, y  normalmente grosero, se acompañaba de cantos, juegos de magia y bailes, los cuales agradaban sumamente a las clases más populares.       <br />
              <br />
       En esta época se tradujo al griego una amplia gama de libros judíos correspondientes a diversos géneros literarios, aunque el apocalíptico era el más común. En Alejandría se realizó la versión del Antiguo Testamento conocida como la de los Setenta, por haber intervenido 70 sabios, pero también otras clasificadas genéricamente como Apócrifos del Antiguo Testamento (Libro de Henoc, Testamento de los Doce Patriarcas, Oráculos Sibilinos judíos, etc.). Toda esta serie de escritos no sólo fue importante por su contenido literario, sino que actuó como ideario o puente entre el Antiguo y el Nuevo Testamento       <br />
              <br />
       Los nuevos descubrimientos de mares, tierras y costumbres diversas de las propias, fortalecieron el antiguo interés por los libros de geografía en donde se enumeraban, además, los aspectos etnográficos, climáticos y las peculiaridades de los pueblos. Se detallaron las costas mediterráneas, el Mar Rojo, la India, etc. Estrabón, aprovechando datos de otros autores, describió ciertas partes del mar Báltico e Inglaterra, y por el este,  el océano Índico y diversas regiones orientales.       <br />
              <br />
       Unido al interés geográfico estaba el deseo por conocer la historia de pueblos extranjeros. En el género de literatura histórica el escritor más importante es Polibio, autor de una historia de Roma en 40 libros. Seguramente su famosa aseveración de que “El comienzo es la mitad del todo” le fue útil para escribir tal ingente obra. También hay que destacar a Manetón, con su Historia de Egipto (Aegyptiaca), a Plutarco, Josefo, etc.         <br />
              <br />
       Las disciplinas de carácter científico, al igual que la música, continuaron englobadas dentro del marco de la filosofía, y será en el Museo (templo dedicado a las Musas) de Alejandría donde encuentren su verdadero desarrollo.        <br />
              <br />
       Al inicio de la fundación del Museo encontramos a Euclides quien nos legó su famoso tratado de geometría (Elementos) en trece libros, en donde se describe la geometría plana, la teoría de los números y la geometría del espacio. Su texto, afortunadamente, nos ha llegado casi íntegro y es la obra más editada en el mundo, después de la Biblia. También hay que destacar entre los sabios del Museo a Eratóstenes, su célebre Criba para encontrar los números primos aún lleva su nombre.        <br />
              <br />
       En el campo de la geografía, este científico midió de un modo casi exacto, con un error de apenas 4.000 metros, la longitud de la circunferencia de la Tierra. Para ello determinó la amplitud del arco del meridiano entre Siene (Egipto) y Alejandría durante el solsticio de verano, con un resultado aproximado de 40.000 kilómetros equivalentes a 252 estadios. Elaboró un esquema cartográfico del mundo habitado, y es digna de reseñar su afirmación  en la cual aseguraba que desde la Península Ibérica se podía alcanzar la India siguiendo la dirección oeste.       <br />
              <br />
       Todos estos avances científicos fueron llevados a la práctica inventando numerosos mecanismos y artefactos. Ctesibio (siglo III a.C.), basándose en la neumática y la hidráulica realizó el reloj de agua, la bomba neumática y la bomba hidráulica; esta última sería adaptada por Herón (siglo I a.C.)  para la extinción de fuegos.       <br />
              <br />
       En este mundo de sabios no hay que olvidar a Arquímedes de Siracusa que, si bien se desplazó hasta Alejandría atraído por  la fama de Euclides, desarrolló su trabajo en  Sicilia (Magna Grecia). Sentó las bases de la hidrostática con su famoso Principio, el cual dedujo al comprobar el agua que desplazaba su cuerpo durante el baño.       <br />
              <br />
       Según cuenta la tradición, este descubrimiento le hizo exclamar: !!Ëureka!! ( lo encontré ). Entre sus aportaciones indiscutibles se encuentra  el teorema sobre el área y volumen de la esfera, y el cálculo más preciso del valor del número &amp;#61552;. También es el inventor, entre otros artilugios,  del tornillo “sin fin” todavía vigente en los taladros, y de la polea compuesta que permitía elevar grandes pesos. El prestigio que siempre ha gozado  Arquímedes en el campo  científico, hace que la historia le adjudique algunas frases más o menos solemnes. En el caso de la polea compuesta, se dice que al comprobar su éxito dijo: dadme un punto de apoyo y moveré el mundo.       <br />
              <br />
       A otro físico más moderno, llamado Herón de Alejandría (siglo I d.C.), se le atribuyen fabulosos inventos en el campo de la técnica; entre los más importantes están la grúa y la turbina a vapor.       <br />
              <br />
       En cuanto a los conocimientos de astronomía, durante el helenismo se consiguieron grandes avances.  Desde siglos atrás, los griegos habían profundizado en los estudios de la astronomía egipcia y babilonia. Racionalizaron sus teorías separándolas de toda connotación religiosa o simplemente supersticiosa, a las que habitualmente iba unida esta ciencia. Se geometrizó la esfera celeste y se establecieron las primeras hipótesis sobre el orden de los astros. En el siglo VI a.C. Tales de Mileto descubrió las estrellas fijas y los solsticios y equinoccios  que marcan las estaciones del año.       <br />
              <br />
       En nuestro periodo histórico encontramos que a finales del siglo III a.C. Heraclides del Ponto descubrió que los planetas Venus y Mercurio giraban alrededor del Sol. Un siglo más tarde, Aristarco de Samos se esforzó en medir el tamaño del Sol, de la Luna y su distancia a la  Tierra.        <br />
              <br />
       Pero, sobre todo, su mayor logro fue proclamar el heliocentrismo, con los movimientos de la Tierra sobre su eje y alrededor del Sol. El desarrollo de la teoría heliocéntrica (Sol centro del Universo) en contraposición a la geocéntrica (Tierra centro del Universo), no tuvo mucho éxito en su tiempo y habrá que esperar a Copérnico para sentar las bases del heliocentrismo.       <br />
              <br />
       Esta breve reseña de algunos de los astrónomos del periodo helenístico no debe olvidar a Hiparco de Nicea (siglo II a.C.). Introdujo la división del círculo en 360 grados, utilizada hasta hoy, y estableció las primeras tablas astronómicas. Midió con gran precisión la duración del mes lunar y el tiempo que tarda el Sol en regresar a un mismo punto, es decir, el año solar. Elaboró un catálogo de 850 estrellas, clasificándolas según su luminosidad y descubrió la precisión de los equinoccios. En cambio, fue en contra de las teorías de Aristarco fundamentando científicamente el  geocentrismo.       <br />
              <br />
       Pero todos estos progresos técnicos y avances en el campo de la astronomía, en realidad no fueron suficientemente aprovechados para una producción en serie o semi en serie, simplemente sirvieron para el mantenimiento de la competencia entre los reinos helenísticos.        <br />
              <br />
       Tanto el Imperio Ptolomáico (Egipto) como el Seléucida (Siria), no tenían base suficiente para producir todas estas novedades. Solamente los estados griegos, por su propia trayectoria histórica, hubieran sido más propicios, pero sus crisis sociales y económicas imposibilitaron su desarrollo industrial. Del olvido en que acabaron estos inventos, excepcionalmente se salvaron las máquinas de asedio y la catapulta de Ctsibio.        <br />
              <br />
       La isla de Cos (en el mar Egeo) con su santuario dedicado a Asclepio era, tradicionalmente, el centro más representativo de la medicina griega, aunque éste no era el único. Existían numerosos templos situados en sitios salubres, cerca de fuentes y rodeados de bosques; estos santuarios eran, al mismo tiempo, hospitales. Los sacerdotes se transmitían sus conocimientos médicos de padres a hijos o de maestro a discípulo. El renombre de esta isla alcanzó a todo el mundo antiguo, siendo el lugar en donde Hipócrates ejerció la medicina.       <br />
              <br />
       A partir del siglo IV a.C. varias escuelas de medicina rivalizaron con la de Cos. En Alejandría el médico Herófilo practicó, por primera vez, la disección de un cadáver para el estudio de la anatomía y distinguió, por su grosor, las venas de las arterias. Constató la sincronía del pulso con los latidos del corazón.        <br />
              <br />
       Estudió el sistema nervioso diferenciando los nervios sensores de los motores y descubrió la disposición de los vasos del cerebro. En la actualidad, los estudiantes de medicina denominan al confluente venoso posterior del cerebro la Prensa de Herófilo. Además, demostró que la inteligencia no radica en el corazón como aseguraba Aristóteles, sino en el cerebro.       <br />
              <br />
       Un discípulo suyo fundó una escuela de medicina basada en el historial médico, en donde el tratamiento de las enfermedades se basaba en los antecedentes de salud. Otras escuelas elaboraron tratados de farmacia y dietética cuyos textos han llegado hasta nosotros gracias a su traducción al árabe, ya que de la versión griega solamente se conservan fragmentos aislados.       <br />
              <br />
       La característica más sobresaliente del Helenismo, el reconocimiento de la autonomía de la persona humana, marcará las nuevas pautas en filosofía  y se intentará adaptar las antiguas teorías de los grandes maestros del  pasado a las circunstancias del momento. La participación de la filosofía en la formación del espíritu helenístico fue de suma importancia.        <br />
              <br />
       Se impuso la búsqueda de la unidad del universo en todas sus manifestaciones, búsqueda que conducía al descubrimiento de los principios que regían el mundo. Las grandes escuelas filosóficas del pasado pasaron a ser “unas más” entre la pluralidad de orientaciones, ajenas a la política y marcadamente centradas en la intimidad del individuo.       <br />
              <br />
       La Academia, la que fundara Platón en el siglo IV a.C., con el correr  de los tiempos había perdido influencia. Solamente la doctrina de la demonología, ya expuesta por su fundador, alcanzó  relevancia. En ella se  aseguraba que los démones tenían la potestad de contactar con los hombres y se dividían en buenos o positivos, y malos o negativos.        <br />
              <br />
       Pero aparte de este dominio, el verdadero desarrollo de los platónicos fue la dialéctica combativa contra todas las otras corrientes filosóficas, en especial contra los estoicos. Abogaban por imponer la abstención de juicio sobre cualquier argumento, ya que éste siempre podía rebatirse con otro contrario. En el siglo I a.C., con la llegada del filósofo Filón, maestro de Cicerón, y con el resurgir de las ideas de Platón sobre la dualidad del mundo en bien y mal, así como la división entre el alma y el cuerpo, la Academia y sus neoplatónicos retomaron el protagonismo de siglos atrás.       <br />
              <br />
       En cuanto al legado filosófico de Aristóteles, sus seguidores (peripatéticos) no consiguieron atraer el interés de antaño. Sus escritos políticos no tenían cabida en un mundo ajeno a la problemática de la pólis, y sus tratados sobre ética chocaban con las nuevas tendencias orientadas hacia el individuo.        <br />
              <br />
       Sin embargo, hay que señalar la figura de Teofrasto, alumno de Aristóteles, quien destacó por sus estudios en diferentes campos científicos, desde un tratado de botánica, Historia de las plantas, a otro de psicología, Caracteres. No obstante, siglos más tarde volvería su protagonismo al asentar sus teorías en torno a la lógica de su fundador. El renacimiento de estas teorías tuvo gran influencia en la filosofía árabe de la Edad Media, a la que se debe el mérito de haber conservado gran parte de los escritos de Aristóteles.       <br />
              <br />
       En contrapunto a las antiguas escuelas filosóficas, surgió en Atenas, en torno al filósofo Zenón (335/261 a.C), una nueva corriente que al impartir sus enseñanzas en la Stoa (pórtico) del ágora de la ciudad, sus seguidores recibieron el nombre de estoicos. En los pocos fragmentos de su obra atribuidos directamente al pensamiento del fundador, encontramos conceptos en los cuales se atribuye a la personalidad del individuo la interpretación, a través de los sentidos, de todas las manifestaciones que nos llegan del mundo exterior.        <br />
              <br />
       Interpretación calificada hegemónica por parte del alma y se representa así: El alma es como una cabeza de pulpo con ocho tentáculos sensitivos y en ella se encuentra la  fuerza unificante y coordinativa.       <br />
              <br />
       Más tarde este concepto se convertirá en sinónimo  de mente (nous) o de razón (logos). EL logos (razón) será para Zenón el principio rector del universo, y el único responsable de la existencia del mundo  y su orden; así mismo es quien hace del hombre lo que es.        <br />
       Esta afirmación  sustraía a los dioses el mérito del orden del universo y, por tanto, no se consideraba al orden un factor superior, ajeno e inaccesible al hombre.        <br />
              <br />
       La realidad del cosmos se percibía a través de los sentidos, una vez que el alma hubiera interpretado todos los estímulos provenientes del exterior. Esta percepción por parte del alma, dotaba al individuo de las nociones concretas y abstractas, entre ellas las morales, necesarias para su desarrollo ya que le permitía ser más racional y espiritual. El objetivo de los estoicos, educador y moralizante, era poner a disposición del hombre los conocimientos necesarios para alcanzar la sabiduría y la rectitud.       <br />
              <br />
       Las teorías de Zenón tuvieron un desarrollo muy  diverso entre sus sucesores, si bien siempre giraron en torno al concepto del razonamiento, implicando para su desarrollo cuatro partes de la  filosofía: lógica, ética, física y metafísica.       <br />
              <br />
       La segunda gran corriente filosófica del helenismo se debe a Epicuro (341-271 a.C.) Sus enseñanzas  las impartía en un Jardín de Atenas y permitía la participación de mujeres y esclavos.        <br />
              <br />
       Sus teorías se enmarcan en tres ramas de la filosofía:       <br />
              <br />
       a) Lógica: la percepción del universo a través de los sentidos (empirismo).       <br />
       b) Ética: el concepto del placer (hedonismo).       <br />
       c) Física: la teoría de los átomos (atomismo).       <br />
              <br />
       De estos tres pensamientos, el que más interesó a la ciudadanía helenística fue la teoría sobre la verdadera felicidad. Ésta aseguraba que el bienestar y  la felicidad se lograban con la templanza del alma y la salud, con la cual se conseguía la imperturbabilidad (ataraxía). El hedonismo epicúreo sostenía la supremacía del placer sobre todas las cosas, entendiendo como placer la ausencia de dolor, y recomendaba sentirlo racionalmente y sin caer en excesos.       <br />
              <br />
       A pesar de que la teoría de la felicidad fuera la más grata al ciudadano, el aporte más famoso a la historia de la filosofía fue el atomismo. Epicúreo, siguiendo viejas directrices de anteriores filósofos (Demócrito) llegó a la conclusión de que la naturaleza de las cosas se compone de materia y vacío.        <br />
              <br />
       La materia, compuesta de cuerpos diminutos o átomos, se mueve en el vacío. La unión de estos átomos es la que da forma y estructura a los seres vivos, al alma y a los objetos. Cuando esta unión se rompe, el alma se diluye y desaparece, por lo tanto la muerte no supone nada para el hombre ya que con la disolución del alma termina la percepción del universo.       <br />
              <br />
       Por último, en cuanto al empirismo, existe un cierto paralelismo con las enseñanzas de los estoicos. Epicuro no rechazó el papel del Estado, al contrario, creía que todas las corrientes espirituales y culturales sólo podían desarrollarse en el marco de la legalidad estatal. En cuanto a los dioses, los consideraba como figuras lejanas que habitaban en un mundo de felicidad ajeno al hombre, y no les perturbaba ni su existencia, ni su gratitud.       <br />
              <br />
       <b>La vida religiosa</b>       <br />
              <br />
       Mientras que en el estudio de otras antiguas civilizaciones como la egipcia, babilónica, fenicia, etc. existe siempre un capítulo denominado “religión”, llama la atención que, para los no duchos en la materia,  llegados a dicho apartado en la historia de Grecia y Roma, a éste se clasifique como Mitología, dando más la impresión de una ficción religiosa que de una religión propiamente dicha.       <br />
              <br />
       Lo que llamamos o consideramos religión está formado por dos elementos esenciales: dogma y culto. El dogma es el conjunto de creencias establecidas inmutables e innegables, y el culto es la acción de practicar el dogma por medio de ritos instituidos. Tanto la conservación del dogma como la práctica del rito, recaen sobre personas dedicadas a ello, conocidas como ministros o sacerdotes.       <br />
              <br />
        La antigua Grecia carecía de dogma y de culto oficiales, por lo tanto, de religión de Estado. No existía una casta sacerdotal, salvo dos excepciones: los descendientes del médico Asclepio y los dedicados a los misterios de Eleusis.        <br />
              <br />
       Los sacerdotes se elegían como todos los cargos públicos entre la ciudadanía y por tiempo limitado, aunque los nombramientos podían ser renovados. Esta condición de sacerdote no les eximía de sus deberes civiles y militares. El concepto sacro que se tiene del sacerdocio en religión, difiere mucho en la elección de los sacerdotes dedicados al sacrificio en la antigua Grecia. Por ejemplo, en Atenas, los sacerdotes dedicados al sacrificio se solían elegir entre los cocineros por ser los más idóneos para trocear las víctimas ofrecidas a los dioses.       <br />
              <br />
       En  la Hélade el mundo de las creencias debió derivar de antiguos ritos semíticos o de los aportados por los primeros pobladores de la península Balcánica (pelasgos).  Los griegos creían que sus dioses no existían desde el principio de los tiempos. Para comprenderlos y explicarlos la tradición creó, desde la más remota antigüedad, toda una serie de fábulas y cuentos. Con la sublimación y embellecimiento de éstos por parte de artistas y poetas, surgió el Mito.       <br />
              <br />
       La inherente racionalidad griega marcó la característica de su Mitología: el antropomorfismo, es decir, la representación de los dioses con forma humana, atribuyéndoles las mismas pasiones  de los mortales. Lo que esencialmente distinguía a los dioses de los hombres era la inmortalidad.        <br />
              <br />
       Tampoco eran todopoderosos, aunque cada uno ejerciera el dominio o patronazgo sobre los distintos estratos del mundo creado, sobre las fuerzas de la naturaleza, y sobre los diferentes oficios artesanales de los humanos. Estos dioses, agrupados en tres dinastías, habitaban en el monte Olimpo, el más alto de Grecia (2.965 m), situado entre Tesalia y Macedonia.        <br />
              <br />
       Las principales vicisitudes de su mundo religioso fueron narradas por varios autores, pero sin duda, es Hesiodo (s. VIII a.C.) con su obra Teogonía quien más destaca:        <br />
              <br />
       PRIMERA DINASTÍA:       <br />
              <br />
       <span style="font-style:italic">En el principio fue el Caos, es decir, el espacio que contenía el germen del universo. Después, Gea, la Tierra, madre universal, y Eros el más bello de los inmortales. Seguidamente el Erebo, o la región subterránea, y la Noche;  ambos engendraron a Eter, el aire celeste que envuelve la tierra, y al Día.. De la unión de Gea y Eros nació Urano que con su bóveda estrellada servía de mansión a los inmortales. Gea decide hacer de su hijo Urano su esposo, y engendran un gran número de hijos: 12 Titanes, 3 Cíclopes y 3 Gigantes. Urano, para evitar ser destronado por sus hijos, los arrojaba al seno de la Tierra nada más nacer. Esto disgustó tanto a Gea que decidió castrar al incesante procreador. Al buscar apoyo en sus hijos, solamente Cronos, el más joven de todos ellos, acepta colaborar. Con una hoz cortó el órgano viril de Urano, de las gotas de sangre vertidas por la herida nacerán las Erinias, otros Gigantes y las Ninfas. Las partes mutiladas las arrojó al mar y de ellas surgiría, en medio de una blanca espuma, Afrodita, diosa del amor. A pesar de las lesiones Urano sobrevivió y, aunque su protagonismo se redujo considerablemente, conservó el privilegio de prever el futuro, tanto es así que predijo a Cronos que también él sería destituido por un hijo.</span>       <br />
              <br />
       SEGUNDA DINASTÍA:       <br />
              <br />
       <span style="font-style:italic">Cronos desposa a su hermana Rea  pero no olvida el presagio de su padre Urano; para impedirlo, devora a sus hijos nada más nacer: Hestia, diosa del hogar; Demeter, diosa de la tierra cultivada y del trigo; Hera, protectora de las mujeres casadas; Hades también llamado Plutón, el que domina el mundo de los muertos y Poseidón, los mares. Rea, al verse desposeída de sus hijos y embarazada de nuevo, huyó a Creta para dar a luz y dejar allí al último de ellos, Zeus. A su regreso, para que Cronos no sospechara, le dio a tragar una piedra envuelta en pañales y una droga disuelta en una bebida. Cuando Zeus regresa de Creta, expulsa a Cronos y ocupa su lugar no sin antes sacar de su vientre a sus hermanos.</span>       <br />
              <br />
       TERCERA DINASTÍA       <br />
              <br />
       <span style="font-style:italic">Antes de ser definitivamente señor del Olimpo, Zeus tuvo que superar terribles dificultades. Venció a los Titanes y a los Gigantes y liberó a los Cíclopes, que agradecidos le donaron los tres elementos de su dignidad divina: el trueno, el relámpago y el rayo. Vencidas las resistencias familiares, Zeus contrajo matrimonio con su hermana Hera de la que tuvo solamente dos hijos, y a quien amará por encima de todas sus veleidades e innumerables adulterios. Producto de sus amoríos con diosas y mortales nacerían infinidad de hijos. Antes de contraer matrimonio, Zeus tuvo amores con la diosa Metis a quien dejó embarazada. Temeroso que este futuro hijo se apoderara de su  autoridad, siguió los consejos de su abuela Gea y de su tío Urano y engulló a Metis.  Llegado el momento del parto, Atenea salió de la cabeza de Zeus completamente armada con el casco, la lanza y la égida (coraza de piel de cabra). Por ello se la considera la diosa de la guerra, pero también de la razón, las artes, la literatura y la filosofía. Se le atribuye la invención del carro de guerra y la donación del olivo al Ática, recibiendo a cambio su soberanía. De todos los hijos de Zeus, fue la más querida.</span>       <br />
              <br />
       Este breve recorrido por la Mitología griega se resume en doce dioses principales: Zeus, Hera, Poseidón, Demeter, Atenea, Ares, Hermes, Afrodita, Hestia, Apolo, Hefestos y Artemisa.	       <br />
              <br />
       En el siglo IV a. C., cuando comienza el periodo helenístico, el mundo religioso llevaba casi dos siglos cuestionado por diferentes filósofos que criticaban ciertas tradiciones religiosas. El mismo Sócrates en el año 399 a. C., fue condenado a muerte por ... no creer en los dioses que reconoce la ciudad,  tratar de introducir nuevas divinidades y corromper por ello a los jóvenes. En el caso de Atenas no se era un buen ciudadano si no se creía, al menos, en Atenea y en su padre Zeus.       <br />
              <br />
       El ateísmo estaba perseguido, se consideraba que agredía al pacto social de la ciudad y por tanto era irrespetuoso con las leyes. A partir del s. III a.C., con la escuela del filósofo Epicuro, se aceptó el pensamiento agnóstico. En realidad estos filósofos no eran esencialmente ateos, simplemente sus dioses estaban excluidos del mundo de los hombres y no se ocupaban de los asuntos humanos.       <br />
              <br />
       Pero el análisis de las creencias por parte de las esferas cultas no inmutaba al pueblo llano, en donde el sentimiento de lo sagrado y sobrenatural estaba arraigado desde la antigüedad, con una piedad que rayaba en la superstición. De sus innumerables divinidades dependía la felicidad o la desgracia de los mortales sobre esta tierra y en el más allá, después de la muerte.         <br />
              <br />
       La falta de dogma y de un libro sagrado que recogiera los cultos necesarios para la consolidación de las creencias, hizo del rito un auto de fe. Los ritos más antiguos y los que más tiempo persistieron  fueron los relacionados con las necesidades primordiales: la fertilidad de los campos y la fecundidad de los rebaños. Incluso en el lenguaje coloquial nunca se decía “llueve” o “truena”, sino “Zeus llueve”, “Zeus truena”.       <br />
              <br />
       Los principales componentes de sus ritos eran las purificaciones, oraciones y sacrificios.  Los actos piadosos siempre se dirigían al logro de un fin. Primeramente se  enumeraban las buenas acciones que habían realizado y seguidamente se solicitaban los deseos: ayuda contra los enemigos, protección de los campos, bienestar para la familia, etc.       <br />
              <br />
       En la época que nos ocupa, el sacrificio humano hacía siglos que había desaparecido, solamente era de uso la inmolación de animales: machos si se ofrendaban a los dioses, y hembras en el supuesto de diosas. Sacrificados los animales, ya fueran carneros, ovejas, pollos, gallinas o cualquier otro, únicamente una pequeña porción de carne era ofrecida a los dioses; el resto se repartía entre las gentes que lo comían en el lugar o lo llevaban  a casa.         <br />
              <br />
       El mayor sacrificio en número de animales era la hecatombe, palabra que hoy usamos para referirnos a una gran desgracia o catástrofe; traducida literalmente significa “sacrificio de cien bueyes”.       <br />
              <br />
       En cambio, en los sacrificios ofrecidos a los muertos, la víctima (normalmente un cerdo) se consumía totalmente y se conocía como holocausto. Este sacrificio también se usaba para la purificación individual o colectiva. En todos los casos era habitual el examen de las vísceras del animal para adivinar el deseo de los dioses.        <br />
              <br />
       El año civil y religioso no era homogéneo en Grecia. El número de días oscilaba entre 354 y 384; consecuentemente, las fiestas religiosas también diferían según el lugar. Las más conocidas son las de Atenas: la ciudad contaba con unos 50 días festivos de carácter religioso excluyendo los dedicados a los ritos mistéricos.       <br />
              <br />
       Las fiestas religiosas iban unidas a las civiles. Conjuntamente al fervor religioso se organizaban concursos líricos y musicales, gimnásticos y atléticos, e incluso de belleza, en donde se valoraban la estatura y la prestancia de hombres y mujeres.        <br />
              <br />
       Las fiestas Dionisiacas duraban  siete días e inauguraban la temporada de teatro, dado que el dios Dionisios era su protector. El primer día se consagraba al fervor religioso con una gran procesión. En el segundo se iniciaban los concursos líricos, para dar paso al día siguiente a las representaciones de comedias; las tres últimas jornadas se dedicaban a la tragedia.        <br />
              <br />
       Las actuaciones comenzaban al amanecer y finalizaban ya entrada la noche, de tal forma que el feliz ciudadano que asistiera a todas las representaciones, podía llegar a ver hasta 18. Todos los gastos derivados de estos festejos eran sufragados bien por la administración pública, o por ricos ciudadanos que a su vez competían entre sí, haciendo alarde de sus fortunas.       <br />
              <br />
       La propia grandiosidad de estos cultos y ceremonias públicas entrañaba grandes dosis de frialdad religiosa. El creyente, necesitado de una religión individual que le asegurara la felicidad en esta vida y en la otra, dirigió sus creencias hacia las religiones mistéricas que prometían a sus fieles la salvación y una inmortalidad dichosa.        <br />
              <br />
       Estos rituales mistéricos siempre precisaban de una iniciación o preparación por parte de las personas que deseaban formar parte del culto. Las pruebas para acceder debían de ser difíciles, y sobre todo, físicamente penosas, ocasionando que no todos los aspirantes fueran aceptados.        <br />
              <br />
       Algunas de estas religiones mistéricas no eran gratas al Estado. La mejor vista era los Misterios de Eleusis que desde la antigüedad gozaron de un tratamiento de favor. Se celebraban en la ciudad del mismo nombre a 20 km. de Atenas en honor de la diosa Demeter y de su hija Coré, encargadas de velar sobre los cereales y los muertos. Estos misterios constaban de tres partes: iniciación, consagración y consagración superior.        <br />
              <br />
       En sus ceremonias había una serie de demostraciones, acciones y palabras dirigidas a garantizar la salvación después de la muerte. Tras un día de ayuno comenzaban dos noches de iniciación; cuanto sucedía en el ámbito de los iniciados era alto secreto y su difusión se castigaba con la pena de muerte.        <br />
              <br />
       Mientras transcurría la celebración de los misterios se bebía un brebaje cuyo principal componente era la cebada. A finales del siglo IV de nuestra era, los Misterios de Eleusis, al igual que todos los ritos mistéricos, comenzaron a encontrar graves dificultades para su representación, cien años más tarde con el auge del cristianismo desaparecerían.       <br />
              <br />
       Pero la teología mistérica que más auge alcanzó durante el periodo helenístico fue el orfismo, basada en el mito de Dionisios y Zagreo, cantado por Orfeo. Este antiguo mito sostenía que a consecuencia de una falta del pasado remoto, semejante al pecado original, el alma humana era prisionera del cuerpo y estaba obligada a recorrer una serie de existencias y reencarnaciones para su salvación.       <br />
              <br />
       A partir del siglo IV a.C. en la sociedad helena se reafirma la creencia de la existencia del alma después de la muerte y la condena de los malvados después de ésta; asimismo el principio monoteísta cobra más auge, aunque perduran algunos segmentos politeístas del pasado. Los órficos aseguraban que el lugar de castigo se encontraba en las profundidades de la tierra, y encontramos descripciones del infierno de época helenística trasladadas más tarde al mundo religioso romano, judío y cristiano.       <br />
              <br />
       Con las conquistas de Alejandro y el conocimiento de otras culturas, se incorporan  nuevas creencias,  más  próximas al mundo de la superstición y de la magia que al religioso.        <br />
       Todos los dioses conocidos eran venerados y adorados en Atenas. Se cree que en la ciudad había unos  3.000 templos e imágenes, donde los atenienses podían manifestar su especial espíritu religioso. Cuenta San Pablo en los Hechos de los Apóstoles que, por haber, también había un altar dedicado al  Dios Desconocido.       <br />
              <br />
       Entre estas nuevas creencias se incluyó una novedad: el culto al soberano en vida. Este tipo de manifestación hacia los reyes, cuyo origen procede del ámbito oriental, no era completamente ajeno a los griegos. Existía la divinización de los héroes y de  las personas que se distinguían por sus grandes cualidades morales o intelectuales, pero siempre después de muertos.        <br />
              <br />
       Con Alejandro, tras su visita en Egipto al santuario del dios Amón, se inicia para él y sus  generales el culto en vida. Estos sucesores, una vez reyes, para reforzar su posición se revistieron de dones divinos, y sumaron a su profana ascendencia unos supuestos ancestros sobrenaturales para mejor legitimar su poder.       <br />
              <br />
       Del mundo de la magia, lo más característico de este periodo son unas tablillas de imprecación para perjudicar a los enemigos. En estas tablillas se inscribía el nombre del individuo contra quien iban dirigidas y se detallaban las partes del cuerpo que se deseaba dañar, así como sus facultades espirituales y su actividad laboral para castigarlo en todos los aspectos.        <br />
              <br />
       Después de someter a la víctima a la advocación de la muerte por medio de imprecaciones mágicas, se grababan éstas en una lámina de plomo que se unía a la tablilla mediante un clavo; este conjunto maléfico se rodeaba de una red de hilos y por último se enterraba en el suelo, restando solamente que surgiera efecto.       <br />
              <br />
       En ese mundo pletórico de misterios, supersticiones y dioses pero, a su vez, vacío de poder e influencia  política, hizo su aparición en Atenas (año 50) el apóstol San Pablo. Aprovechando la piedad del pueblo y la apertura de criterio del que siempre hicieron gala los atenienses, se dirigió a  ellos para presentarles una nueva doctrina: el cristianismo.        <br />
              <br />
       Les habló de la resurrección de los muertos, concepto inadmisible dentro de sus categorías intelectuales y religiosas, provocando la risa por parte de su auditorio. Por el simple hecho de que la doctrina cristiana no se dirigiera a los justos, sino a los pecadores y oprimidos, pero esencialmente por su fe en un Dios personal,  se situó en oposición a todas las otras religiones, incluso a las divinidades de las póleis griegas.       <br />
              <br />
       El cristianismo chocó con una enconada oposición en los círculos griegos y romanos cultos. Se conserva del académico Celso (año 180) un escrito en el que asegura que ... los cristianos son una nueva raza de hombres sin patria y completa indiferencia política, que de hecho tiene que llenar de profunda inquietud a todos los verdaderos patriotas.         <br />
       Sin embargo, hay una explicación para el crecimiento y expansión del cristianismo: la comunión de sus ideas con el espíritu del helenismo.       <br />
              <br />
       A finales del s. II se encuentra ya un vasto espacio geográfico, desde Palestina hasta España y norte de África, en donde el cristianismo se ha asentado. Su predicación en griego, en koiné, así como la celebración del culto en esta misma lengua, sin duda estimuló la difusión del cristianismo.       <br />
              <br />
       El 8 de noviembre del año 392, el emperador Teodosio prohibió en todo el Imperio el culto a los dioses paganos y sus sacrificios. Dos años más tarde se celebraría la Olimpiada  número 291 y última de la época helenística.       <br />
              <br />
       A finales del siglo IV una profunda transformación se opera en el mundo griego: los poetas se convierten en teólogos; los hombres públicos en obispos y patriarcas, y los filósofos recorren el camino del monacato.       <br />
              <br />
       En Grecia, con el emperador Justiniano finaliza toda una época, más de un milenio de sabiduría. En el año 529 se clausura la enseñanza impartida por maestros paganos y se confisca todo el patrimonio cultural de Atenas. Entonces será Constantinopla y su Universidad, el Capitolio, quienes continúen la erudición griega. Su celo consiguió mantener vivo para la historia el gran ejemplo del pasado heleno.       <br />
       
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
    ]]>
   </content>
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   <title>Historia y contrahistoria de la alimentación</title>
   <updated>2007-06-10T21:08:00+02:00</updated>
   <id>http://www.tendencias21.net/historia/Historia-y-contrahistoria-de-la-alimentacion_a7.html</id>
   <category term="Bitácora" />
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   <published>2007-06-10T20:58:00+02:00</published>
   <author><name>Myriam Sagarribay</name></author>
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    <![CDATA[
Si quisiéramos hablar de los diferentes componentes alimentarios que desde la antigüedad han servido al hombre para su sustento, esta breve disertación podría alcanzar el grado de interminable y, por tanto, aburrida. Lo que pretendo es hacer un pequeño recorrido por los alimentos más relevantes que componen la dieta occidental, es decir, aquellos autóctonos del antiguo mundo mediterráneo a los que se sumaron otros de procedencia oriental, sobre todo, allá por el siglo IV a.C. a consecuencia de las conquistas de Alejandro Magno en Asia Menor hasta la India. Siglos más tarde, con el descubrimiento del Nuevo Mundo, una vez más, la historia se repetiría.     <div style="position:relative; float:right; padding-left: 1ex;">
      <img src="http://www.tendencias21.net/historia/photo/art/default/655420-800211.jpg" alt="Historia y contrahistoria de la alimentación" title="Historia y contrahistoria de la alimentación" />
     </div>
     <div>
      Quizás sorprenda cuando digo “dieta occidental” y me refiero principalmente a la cuenca mediterránea. No cabe duda que la base inicial de nuestro sistema alimentario, discurre paralelo al origen de las primeras civilizaciones, de aquellas primeras civilizaciones que nacieron en el Mediterráneo oriental, siendo los cereales su principal exponente, seguidos de los derivados lácteos. Que por condiciones climáticas, económicas, o simplemente de hábito del sentido del gusto, como es el caso del uso de la manteca de cerdo o mantequilla  en vez del aceite de oliva o similares, no cambia en nada el  origen de la alimentación occidental.       <br />
              <br />
        Y ahora, para comenzar como Dios manda, permítanme emular a San Juan diciendo: “En el principio fue el hambre”. El hambre y el susto que debió sentir el homo erectus cuando decidió bajar del árbol y vagar errático por el corazón de África en busca de alimentos. Después de una lentísima evolución, hace un millón de años, a causa del enfriamiento terrestre que supuso la glaciación de Günz, estos hombres o seudhombres llegaron al Mediterráneo buscando la templanza. Los asentamientos más antiguos los encontramos en Sumer (hoy territorio dentro de Iraq), Palestina, Siria y Egipto.       <br />
              <br />
       <b>Innovación alimentaria</b>       <br />
              <br />
       Estos antepasados nuestros, que en millones de años habían aprendido a cazar y pescar, poseer el fuego y manufacturar herramientas de piedra, entraron en un periodo nuevo verdaderamente revolucionario: el Neolítico, o el periodo de la innovación alimentaria. Descubren la agricultura, sus semillas germinan, estabulan los animales y se convierten en sedentarios. Y a partir de entonces, se fastidiará la condición femenina: las relaciones hombre/mujer cambiarán  hacia un patriarcado a ultranza.       <br />
              <br />
       Los asentamientos agrícolas más antiguos conocidos datan de unos 7.000 años a.C. y estaban situados en el tell de Jarmo y en el de Jericó, - un tell es una pequeña elevación de tierra con agua abundante que propicia buenas cosechas  y permite, por tanto, afincarse en sus tierras -.       <br />
              <br />
       Solventado el primordial problema del hombre que es, sin duda, la supervivencia, todo se precipita a gran velocidad, naturalmente a la gran velocidad de la Antigüedad. En Irán, hace 6.500 años se fundirá el cobre en moldes. Mil años después en Egipto habrá barcos con vela y Menes fundará la I dinastía. Y otro milenio más tarde, en Sumer, aparecerán las ciudades- Estado.       <br />
              <br />
       Conocedor el hombre de la caza y de la pesca, de la ganadería y de la agricultura, comenzará a seleccionar sus preferencias alimentarias. Lo predilecto será la carne, y de ella: la de cordero, cabra, buey, caballo, asno, camello y cerdo. Los derivados lácteos ocuparán el segundo eslabón de la cadena alimentaria.       <br />
              <br />
       El Museo de Berlín posee unas tablillas sumerias de hace unos 3.000 años a.C. en las cuales un anónimo pastor recopiló, durante ocho años, el desarrollo de sus rebaños y la producción de mantequilla y queso. En el Museo de Bagdad existe, mejor dicho existía hasta esta desventurada guerra, un mural sumerio de la misma época que las tablillas, donde se aprecia o apreciaba el proceso de elaboración de la mantequilla.       <br />
              <br />
       También en la Biblia encontramos referencias, en Noé (el diluvio fue en torno al 2.900 a.C.) en cuanto a la leche cuajada, y en Abraham (2.000 años a.C.) sobre nata y mantequilla.       <br />
              <br />
       ¿Cómo aparecen estos derivados lácteos?. Pare ser que lo primero que se obtuvo fue la leche cuajada o una especie de queso fresco al conservar la leche en cueros o tripas. La exposición al sol unida con algunas bacterias procedentes de un mal lavado de estas tripas, produjo el milagro. Posteriormente, con el uso de las vasijas de cerámica estas transformaciones lácteas se consiguieron mediante la incorporación a la leche de ciertos brotes de cardo y, sobre todo, con el jugo de la higuera. Aún, hoy en día, el primitivo proceso de las pieles sigue vigente en algunos pueblos del Cáucaso.       <br />
              <br />
       Homero (s.IX a.C.), ya mucho más moderno, cuenta en la Odisea cómo Polifemo obtiene el queso fresco poniendo la leche cuajada en un cestillo de juncos por cuyas ranuras se desliza el suero.       <br />
              <br />
       <b>Trigo y cebada</b>       <br />
              <br />
       En cuanto a los productos agrícolas, el trigo es el rey. Hasta hace pocos años se creía que era originario de Egipto; hoy se sabe que es un cereal autóctono de todo el Mediterráneo oriental, si bien es posible que la primera manipulación genética para evitar que durante el proceso de germinación no se desprendiera el grano de la cáscara, sucediera en Egipto. Este país, conjuntamente con Siria, durante muchos siglos serían los graneros del mundo conocido por entonces.        <br />
              <br />
       En el Medioevo por  problemas religiosos, la  presión del cristianismo por una parte y la exaltación del islamismo por otra, desapareció el comercio entre los países de diferente cariz religioso. También influiría que, desde siglos atrás, fenicios y romanos habían enseñado su cultivo y aclimatado diferentes especies para diferentes climas.       <br />
              <br />
       El segundo cereal en importancia era la cebada y, al igual que el trigo, su harina molida servía para la elaboración del pan. Para las gentes pudientes sería el pan de trigo, para los desafortunados de cebada y, a veces, de harina de bellota de encina (árbol abundante en el Mediterráneo) y para la escasa clase media: mitad trigo-mitad cebada. Los griegos se convertirían en los mejores panaderos de aquellos tiempos. Hacían panes de todo tipo y formas: redondos, trenzados, de molde..., con uvas pasas, con higos, con miel y, así, hasta 80 tipos de panes de los cuales, algunos los podríamos clasificar como pasteles o bollos. Mientras que en Grecia el arte de hacer pan se consideraba un oficio masculino, en Roma eran las mujeres las encargadas de su elaboración; pero cuando Roma ocupa Grecia gran número de panaderos griegos se trasladan a Roma para abrir su negocio.        <br />
              <br />
       En tiempos del emperador Augusto habían, dentro de la urbe, más de 300 panaderías, y las mujeres, aun las de clase baja, dejaron de amasar el pan.       <br />
       Pero estos cereales, además de proveer el “pan nuestro de cada día”, tenían la virtud, sobre todo la cebada, de ser básicos para la elaboración de la más antigua de las bebidas: la cerveza. Egipcios y babilonios se enfrentaron durante siglos por los “derechos de patente”, la verdad es que se posee mucha más documentación de los primeros. La cerveza, antes de fermentar, se aromatizaba con azafrán, canela, tomillo e incluso se añadía miel.        <br />
              <br />
       En  el siglo I, el historiador Plinio asegura que la cervisia o cerevisia –nombre latino de la cerveza- debe su nombre a la diosa Ceres, y aunque todos los pueblos de la antigüedad poseían un tipo de bebida fermentada, en la época de Julio César (44 a.C.) los germanos no la conocían. Pocos años después, Diodoro y Tácito la mencionan con el nombre bior derivado del latín biber o biberis –beber-.       <br />
              <br />
       Contrario a cuanto se cree, fueron los finlandeses, en el s. VIII, los primeros en añadir el lúpulo. Sin embargo, sería en el s. XI, en Baviera, cuando la abadesa Santa Hildergarda aconsejara con gran entusiasmo la incorporación del lúpulo a la malta. Tal vez, en reconocimiento a tan sabio consejo, las jóvenes de media Baviera y Sajonia aún hoy en día se llaman Hildergarda.        <br />
              <br />
       En España, durante la Edad Media se olvida la cerveza. Con la llegada de Carlos I, o V, gran bebedor de cerveza, retorna de nuevo pero no consigue gustar al pueblo. También a Felipe II le disgustaba.        <br />
              <br />
       <b>Olivo mediterráneo</b>       <br />
              <br />
       Así como el trigo es el cereal rey, el olivo es el gran señor del Mediterráneo. La especie silvestre se extendió desde los tiempos remotos por norte y sur de la costa mediterránea, y sabemos que se cultivaba desde el 5.000 a.C. En cuanto al prensado para la extracción del aceite los datos se remontan a Mesopotamia en el 3.000 a.C. Conocemos perfectamente los diferentes tipos de aceites y sus usos.        <br />
              <br />
       Los procedentes del primer prensado se ingerían crudos, bien como condimento en la cocina, en salud como purgante o depurativo de la sangre y, en estética, para dar brillo y hace crecer el cabello.        <br />
              <br />
       Escribe Petronio, el hombre más elegante de Roma en tiempos de Nerón: <span style="font-style:italic">... es verdaderamente decepcionante observar como los innumerables calvos de la urbe, se acomodan en el Foro con sus relucientes calvas embadurnadas de aceite, esperando que el sol produzca el milagro.</span>       <br />
              <br />
       Es sabido que de todos los pueblos que configuraban el Mediterráneo, era en Roma en donde se daba mayor número de alopecia. El aceite del segundo prensado se utilizaba para guisar y, por último, el procedente del orujo para la iluminación.       <br />
              <br />
       <b>Lentejas y habas</b>       <br />
              <br />
       De las legumbres, la gran protagonista es la lenteja. La Biblia nos narra la historia de Esaú y Jacob y el plato de lentejas. La lenteja es de origen indio pero desde 2.000 años a.C. ya se cultivaba en todo el Mediterráneo oriental. Tanto Hipócrates como Dioscórides lograron con ellas curaciones sorprendentes, y aunque Galeno las suprimió por peligrosas, nadie siguió su consejo.        <br />
              <br />
       En Grecia era comida generalizada, de tal forma que para distinguir una persona rica se decía: ese no come lentejas. Éstos hicieron con ellas una cocción caldosa, que más bien que comerla, se bebía entre horas. Este brebaje recibió el nombre de ptisana, nombre que los romanos generalizaron para cualquier tipo de hervido de plantas curativas.       <br />
              <br />
       En cuanto al garbanzo es original de Mesopotamia, aunque hoy en día sea México su principal productor. Se comían cocidos, pero sobre todo tostados. Un buen espectáculo en el Coliseo romano no podía verse sin antes haber comprado a los vendedores ambulantes un buen cartucho de garbanzos tostados, los cuales, previamente, se habían rebozado en agua y cal.       <br />
              <br />
       Y llegamos a la truculenta historia de las habas. Se cuenta que eran originarias de Afganistán y que el viento, 7.000 años a.C, propagó su semilla e invadió todas las tierras del Mediterráneo. Cocidas o en harina mitigaron la hambruna cuando las cosechas eran malas; pero a pesar de que el nombre de haba (faga en latín)  deriva del griego phagein – comer-, con Pitágoras comienza su leyenda negra. Éste aseguraba que dentro de las habas se albergaban los espíritus difuntos y, además, si les daba el sol su olor semejaba al del esperma del hombre. Sin olvidar que, cuando germinaban, tomaban la forma del órgano femenino.        <br />
              <br />
       Siglos más tarde, Plutarco añadiría que su ingestión producía sueños altamente licenciosos. Con esta reputación tan especial, no es de extrañar que San Jerónimo prohibiera a sus religiosos que las comieran porque, textualmente, inquietaban a los genitales. No obstante estas recomendaciones, o tal vez por ellas, en todo el Mediterráneo continúan ingiriéndose gran cantidad de ellas.       <br />
              <br />
       <b>Arroz y pepino</b>       <br />
              <br />
       En cuanto al arroz, originario de India, ya era conocido por los griegos, pero a partir de Alejandro Magno es cuando se intensifica su cultivo. Igual sucede con la lechuga, tal vez porque Alejandro comía grandes cantidades, quizás para serenar su ardiente espíritu. Pitágoras la llamaba la planta de los eunucos, y la recomendaba como tranquilizante sexual.        <br />
              <br />
       Este mismo poder sedativo-sexual también lo poseían los pepinos y pepinillos. El emperador Augusto, cuya salud era como “una flor de invernadero”, comía cantidad de ellos para evitar sus escasas fogosidades amorosas. En tiempos del emperador Tiberio, mucho más tosco y rudo que el anterior, se añadió al pepino la cualidad de agudizar la inteligencia, por lo que decidió ingerir grandes cantidades, y siempre llevaba uno en la mano.        <br />
              <br />
       En la sección de pepinos hay que incluir, por su sabor, al melón. El pobre nunca tuvo un nombre propio, se le llamó melón, es decir melos, que en griego significa fruta. Era de tamaño no superior a una naranja actual, y de sabor apepinado. Se comía, normalmente antes de las comidas y en ensalada. Por cierto, las ensaladas eran uno de los platos más estimados en la antigua Roma.        <br />
              <br />
       <b>Cebollas y ajos</b>       <br />
              <br />
       Hay dos productos mediterráneos imposibles de olvidar: la cebolla y el ajo. La cebolla, aunque originaria de Irán, desde el 6.000 a.C. era muy apreciada en los mundos conocidos por entonces. El Éxodo nos relata cuando Yahvé, en su bondad, envió al pueblo judío el Maná, pero al no incluir las cebollas,  produjo gran desilusión. Los efectos de la cebolla son los opuestos de la lechuga. Los soldados romanos consumían cebolla mientras que hablaban, estimando que acrecía el valor y la fuerza.       <br />
              <br />
       El otro gran sabor preferido por griegos y romanos era el ajo. Existe una carta  muy simpática del poeta Horacio dirigida a su protector, Mecenas, en la que le cuenta sus desventuras por comer mucho ajo y le recomienda que tenga cuidado con su amante. A Nerón se le atribuye, aunque no hay testimonio documental, el invento del alioli, pero sí lo hay en Constantinopla de su uso en pescados y en ensaladas.       <br />
              <br />
       También gustaron griegos y romanos de otras verduras, las mismas que hoy en día conocemos con alguna variante en el uso, como es el caso de la alcachofa que se comía cruda y fue repudiada por las elegantes damas romanas por ennegrecer los dientes. Más tarde, con la llegada de los árabes, se comerán cocidas.       <br />
              <br />
       <b>Perejil, col, repollo y berza</b>       <br />
              <br />
       No quisiera olvidarme del modesto perejil. En la actualidad se regala, olvidándonos de su importancia en el mundo antiguo, sobre todo en Grecia. En un buen banquete no podía faltar el perejil, el anfitrión imponía a sus huéspedes y a él mismo artísticas coronas de perejil, y cocinado abría el apetito y proporcionaba un humor excelente.       <br />
              <br />
       Un caso peculiar es el de la col, repollo y berza. Eran las verduras por excelencia para depurar la sangre; tenían, y tienen, la virtud de diluir las grasas por lo que se recomendaba su ingestión en todos los banquetes. Pero de las tres variantes la más alabada era la col. Sabemos que Diógenes se mantenía en su famoso tonel tomando, simplemente, col y agua para llegar a octogenario.        <br />
              <br />
       Cuenta el historiador Plinio que en el norte de Grecia, en Macedonia, se había conseguido una versión gigante de la col o repollo, la cual, para fortuna de los pobres, desbordaba la mesa. En el siglo primero, griegos y romanos consiguieron la fermentación con vinagre, y el tribuno Catón (bisnieto del legislador) lo impuso como sustento de la tropa. Décadas más tarde, con el emperador Marco Aurelio pasó a los pueblos germanos, originando la conocida choucroute, hoy en día la más fiel representante de la cocina alemana.        <br />
              <br />
       <b>Frutas anecdóticas</b>        <br />
              <br />
       En cuanto a las frutas, sería tedioso enumerarlas una a una; eran, y son, las actuales exceptuando las de origen americano. Solamente mencionaré aquellas que conlleven alguna anécdota. Pero antes de avanzar es necesario explicar que todas las mejoras conseguidas durante la Antigüedad en frutas, verduras y cereales, se deben a los romanos. Roma, en su larga trayectoria histórica, nunca inventó nada, salvo tres cosas: el hormigón para la obra pública,  lo que conocemos por derecho romano y la pera.        <br />
              <br />
       Admiradores y continuadores de la cultura helenística, su gran racionalidad los indujo no sólo a propagar la cultura por todo su imperio, sino a mejorar todo cuanto existía. La pera es el producto de uno de los tantos injertos hechos por Roma. Una de las profesiones mejor pagadas durante el periodo romano era, sin duda, la de injertista. Cuenta Plinio que en la Roma del s.I ya se habían conseguido hasta 38 variantes de peras.       <br />
              <br />
       <b>Higo y manzana</b>       <br />
              <br />
       Hay dos frutos congénitos a nuestra cultura judeo-cristiana: el higo o la higuera y la manzana. El Génesis cuenta cuando Adán y Eva, al ser expulsados del Paraíso toman conciencia de su desnudez y se cubren con hojas de higuera. Platón recomendaba los higos como alimento de atletas, y Roma los consideró símbolo de sabiduría y de fe, simbología que recogieron los primeros cristianos.         <br />
              <br />
       Los romanos intensificaron su cultivo y adaptaron la higuera a climas más fríos. En su pasión por los higos el emperador Juliano el Apóstata, ordenó una gran plantación cerca de París y para evitar que se helaran las higueras durante el invierno, construyó paredes en torno a la plantación de donde pendían interminables telas. Seguramente es el dato más antiguo que se posee sobre un invernadero.       <br />
              <br />
       La otra fruta del Génesis, la manzana, ya existía en el Paleolítico. Nuestra  religión la sitúa en el origen del pecado, y en otra, como la griega, la encontramos en el mito de Hércules en busca de la manzana en el jardín de las Hespérides. La manzana de la antigüedad era bastante agria, tanto es así que se llamaba malus acerba. El actual aroma, dulzor y muchas de las especies se deben a Julio César, que ordenó a un injertista perfeccionar las manzanas.        <br />
              <br />
       Este injertista se llamaba Matius o Matio Mazana, de quien los hispanoparlantes hemos recogido el nombre de manzana. Su éxito debió ser tan rotundo que hasta se cambió el nombre científico por el de malus Matianum. También en latín coloquial se llamó a la manzana  poma - de pomus o pomo -, nombre que adoptaron los franceses y, más tarde, con la llegada de la patata, les bastó añadir terre o tierra para encontrar su nominativo. Los italianos, en cambio, sumaron al pomo el oro –pomodoro- para determinar el tomate.       <br />
              <br />
       En cuanto a los nombres de origen sajón - apple o apfel-, derivan de la raíz indoeuropea: apfik.       <br />
              <br />
       Las manzanas también se usaron en medicina; hechas puré se aplicaban, a modo de cataplasma, para aliviar las contusiones. A este puré se le llamó pomata o pomada, en la actualidad nombre genérico en la industria farmacéutica.       <br />
              <br />
       <b>Cereza y viagra</b>       <br />
              <br />
       Con relación a la cereza, voy a ser muy breve y comentar algo que, quizás, puede ser de interés para algún que otro caballero. Se dice que en el siglo I a.C, el general romano Lúculo la trajo a Roma procedente de Cerasus (Cerasonte), ciudad de Asia Menor, por eso el nombre de cereza.        <br />
              <br />
       La verdad es que desde 300 años antes ya era conocida, y su cultivo se había extendido por toda Europa. Se recomendaba como diurético y purificador de la sangre, pero su condición más apreciada por el género masculino era el gran poder sexual que confería la ingestión de su semilla, eso sí, una vez desprendido el hueso. Hoy en día es uno de los componentes del famoso Viagra. Y dada la información, ruego me disculpen porque ignoro en qué dosis se trata.       <br />
              <br />
       <b>Cítricos</b>       <br />
              <br />
       En cuanto a los cítricos, el más antiguo conocido es la cidra (citra), sabemos que Alejandro la injería como medicamento contra los resfriados. Sin embargo, la presencia de la naranja en la mesa de los romanos es muy tardía. Es en el s.II cuando se importa de Palestina que, a su vez, había sido introducida desde China por la ruta de la seda. A pesar de su gran acidez sus virtudes curativas la hicieron indispensable ordenándose grandes cultivos.        <br />
              <br />
       El pomelo, aunque conocido, no corrió la misma suerte. Estas tres frutos similares, los romanos las catalogaron como citricus – cítricos. El limón, originario de Media (región hoy dentro de Irán), aunque conocido en Roma su oresencia fue muy escasa, serán los árabes en el Medioevo (s.VIII) quienes introduzcan vía España tanto el nombre limun como su cultivo, pasando a formar parte de los cítricos.       <br />
              <br />
       Sé que debiera hablar de la uva y el vino, pero el tema merece por su extensión e importancia un monográfico. Solamente decir que el vino era cosa de hombres, es más, los dioses lo habían otorgado únicamente para ellos. En los tiempos más antiguos se fermentaba con agua del mar y a falta de ésta, con agua y sal.        <br />
              <br />
       Se bebía siempre caliente y muchas veces se añadían frutos o especias. Conocemos borracheras bíblicas como la de Noé y divinas como la de Dionisios, Can o la de la diosa Istar (Mesopotamia) que desencadenó su propio diluvio. Los romanos, más exquisitos, ya bebían vinos de reserva, y en el siglo I se sabe del uso de la botella de cristal con tapón de corcho.       <br />
              <br />
       <b>Carnes y especias</b>       <br />
              <br />
       En cuanto a las carnes diré, muy de pasada, que el cerdo se comía en todos los países de la Antigüedad excepto en Egipto, y siempre cocido. La carne de res, cordero, cabra y caza, siempre asada, y las aves, palomos, gallos, patos, ocas y pavo de la India indiferentemente. De la gallina sólo se aprovechaba el caldo para las parturientas. Con el descubrimiento de América el pavo americano o perú sustituyó al de la India. También se conocía el proceso para la elaboración del   foie-gras que era considerado un alimento fastuoso.        <br />
              <br />
       Y llegamos a las especias, el gran acicate que lanzó a la mar a  un grupo de hombres en busca de tan codiciado tesoro. Tenemos documentación que acredita que desde el año 2.850 a.C., los egipcios ya usaban en ámbitos religiosos la canela, procedente de la China, diversas resinas como el incienso, mirra y, en cocina, el enebro, el orégano y la menta. La canela llegó a los griegos mucho más tarde según consta en Herodoto (s.V a.C.), primero como medicina y afrodisiaco y tres siglos después en alimentación. En época romana fue tan apreciada y costosa que se guardaba junto al oro, la plata y las monedas.        <br />
              <br />
       Con el pasar de los siglos su interés fue creciendo, y encontramos a un Marco Polo que, a su llegada a Venecia, intencionadamente desorienta al Dogo o Dux –jefe de la república de Venecia- acerca de los lugares de producción. También los portugueses cuando la descubren en Ceilán, se inventan historias terroríficas sobre el lugar para evitar intrusiones. Lo mismo los holandeses y así todos aquellos que daban con la canela.       <br />
              <br />
       La otra gran señora de las especias, es la pimienta. Del griego peperi y del latín piper deriva su nombre europeo, mientras que en español lo hacemos de pigmentum, es decir, pimienta. El gran médico griego, Hipócrates (s.V a.C), lo prescribe como medicamento, pero los que verdaderamente se volvieron locos por la pimienta, fueron los romanos que lo usaban, bajo la excusa de digestivo, como poderoso afrodisiaco.       <br />
              <br />
       En la época del emperador Claudio, el gastrónomo Apicio escribe en su libro algunas recetas para degustar antes de un acto de subida pasión, y es tal la cantidad de pimienta que aconseja, que es imposible llevar el acto a buen término porque el individuo se debía morir, bien por un constreñimiento del estómago o por ruina total de su hacienda.       <br />
              <br />
       La pimienta alcanzó precios astronómicos, tanto por el producto en sí como por las fuertes tasas a que estaba sometida. Existe mucha documentación sobre sus impuestos en época de los emperadores Marco Aurelio y Diocleciano.       <br />
              <br />
       Otra especia fue el jengibre, que llegó a Grecia con las campañas de Alejandro Magno. Se tomaba molido en jarabe. Los romanos, por su bajo coste, intentaron sustituirlo por la pimienta pero no tuvo mucho éxito.       <br />
              <br />
       En cuanto al azafrán, más de lo mismo. Su alto coste sólo era accesible para las grandes fortunas. Salomón, en sus Cantos, alaba sus bondades. Para los griegos su posesión era como emular a Zeus que dormía en un lecho de azafrán. Los romanos, más ricos y osados que los anteriores, lo disponían en el lecho nupcial y además lo utilizaban como tinte para los vestidos de bodas de las acaudaladas romanas.        <br />
              <br />
       Y como en la Antigüedad todo lo caro era afrodisiaco o viceversa, el azafrán lo era en sumo grado, y además era válido para las mujeres. También tenía otra virtud: servía para depilarse, naturalmente los ricos. Griegos y romanos lo llamaron Krokos o Crocum pero los idiomas modernos tomaron el nombre de la voz persa safra –amarillo, voz que introdujeron los árabes.       <br />
       	       <br />
       Actualmente, en España, tenemos los mismos problemas del pasado. Dado su alto precio, hemos substituido en nuestra paella nacional, el delicado azafrán por una especie de estrambóticos polvos amarillos.       <br />
              <br />
       <b>El paraíso del sucedáneo</b>       <br />
              <br />
       Y por fin llegamos al descubrimiento de un nuevo mundo: América. Si bien es cierto que no encuentran la India, se ven altamente recompensados. En los 50 años siguientes al primer viaje de Colón, el espacio marítimo y terrestre conocido por los europeos, se multiplica inmensamente. Un universo de sorprendentes seres y de una naturaleza desbordante, se pone a disposición del antiguo mundo. El afán descriptivo y clasificador mueve el espíritu de los estudiosos con la obsesiva fascinación de lo lejano, lo raro y lo desconocido.       <br />
              <br />
       Los primeros años después del descubrimiento los podríamos clasificar como “el paraíso del sucedáneo”. Todo cuanto se encontraba debía tener su correspondencia en el Viejo Mundo, crasa equivocación que, los de la otra parte del Atlántico, hemos mantenido durante siglos.       <br />
              <br />
       <b>Patata, tomate, chocolate y maíz</b>       <br />
              <br />
       ¿Qué productos americanos han sido, y son, los principales protagonistas de la alimentación europea? Sin duda, y por este orden: patata, tomate, chocolate y maíz.        <br />
              <br />
       La patata, originaria del Perú, llegó a Europa de tapadillo y como planta decorativa. La verdad es que se transportó deshidratada por lo que su aspecto no era muy agradable. En principio nadie imaginó que debajo de aquellas flores inmaculadas se escondía lo que terminaría con la hambruna de los europeos. En Inglaterra sus flores llegaron a equipararse a las orquídeas, y muchas flamantes novias dieron el  SÍ con un ramo de patatas, bueno de flores de patata.        <br />
              <br />
       En España también fueron admiradas sus flores, pero sin llegar a los altares. Se cuenta que hacia 1580 se las dieron a probar a Felipe II como algo exótico. Le debieron gustar tanto que sugirió que se cultivaran en Borgoña e Italia, un poco lejos de la península. No obstante, Galicia debió hacer oídos sordos a la real recomendación porque pronto comenzaron sus cultivos, primero como alimento porcino y enseguida, partida en cachos, para los humanos; de ahí el nombre de cachelos.        <br />
              <br />
       Aún así, la patata como alimento carecía de prestigio; se decía que producía la lepra, otros le achacaban vergonzantes impotencias y los más exagerados sostenían que era un tubérculo venenoso empleado por las princesas incas para deshacerse de los maridos. Solamente Santa Teresa se atrevió a recetarlas como remedio estomacal. En el siglo XVII, las gentes prefirieron pasar hambre antes que comer patatas, o como decían ciertas coplas de la época: me muero voluntarioso para no morirme de hambre.       <br />
              <br />
       A partir de 1770 y gracias a los esfuerzos de Parmentier, historia que todos conocemos, la patata se convierte en lo que hoy es.       <br />
              <br />
       En cuanto al tomate, aunque dicen que su origen está en Perú, la verdad es que se domesticó y desarrolló en México. Muy pronto entra en España por el puerto de Sevilla y, al igual que la patata, se considera planta decorativa. El médico Monardes, publica en 1565 un tratado acerca de las cosas que se traen de las Indias Occidentales, entre ellas está el tomate y explica su cultivo, pero como planta ornamental. Al tomate se le reconocían sus cualidades estéticas pero se le negaban las dietéticas. Aseguraban que era indigesto, venenoso, que producía convulsiones y ácido úrico y, si todo esto no era suficiente, se añadía que su posesión acarreaba un sin fin de desgracias y sinsabores.        <br />
              <br />
       Se llegó a decir que el simple aceite en que hubiera sido frito, aplicado a las sienes, pasaba como droga a la sangre, causando un sueño artificial del mayor riesgo y, en otros casos, generaba una especie de angina de pecho diagnosticada por muchos médicos como cardiopatía tomatiana. Pocos años después de los escritos de Monardes, Francisco Hernandez, médico de Felipe II, escribiría, no sin cierta confusión, que el tomate aliviaba las irritaciones de garganta, oído y del aparato digestivo.       <br />
              <br />
       Los primeros datos de su consumo los encontramos en Nápoles en 1560, y de ahí pasó a Génova y después a Niza. Hacia el año 1.600, reinando Felipe III, el cocinero real Montiño en su libro Arte de comer, no dice nada del tomate. La primera referencia escrita, como alimento, que aparece en España se debe al libro de cocinación de los frailes capuchinos, en el mil setecientos y pico, poco antes de la llegada de Carlos III. Este rey, durante su estancia napolitana, no sólo había degustado el tomate sino que sentía por él verdadera pasión.       <br />
              <br />
       <b>Chocolate y cacao</b>       <br />
              <br />
       Hablar aquí, en estas tierras, de la historia y excelencias del chocolate y cacao, se me hace bastante inútil y petulante. Es como loar al buen Dios en un convento. Eso sí, voy a comentar algo sobre su impacto en el Viejo Mundo.        <br />
       Se sabe que lo conoció Colón en su cuarto viaje, pero fue Cortés quien informó al Emperador de su uso y consumo. Como era de rigor en la época, el chocolate se cristianiza de inmediato sustituyendo el voluptuoso picante por el inocuo azúcar, y su éxito fue rotundo. Éxito que se aprovechó para gravar el cacao con grandes cargas.       <br />
              <br />
       Dada su composición cristiana, en los conventos los frailes ingerían hasta doce tazas al día, y eso entre horas. En las iglesias, las elegantes damas se hacían traer por sus doncellas jícaras de chocolate que degustaban durante el sermón, costumbre que la tímida oposición eclesiástica no conseguía erradicar.       <br />
              <br />
       La Sorbona puso el grito en el cielo ante el liberalismo hispano-eclesiástico, y la teología interfirió con el chocolate. La gran pregunta fue si éste rompía o no el ayuno. Llevado el asunto ante el Papa Clemente VII, al cual los españoles habían regalado de antemano 24 bellísimas tazas de chocolate, éste, haciendo uso de la diplomacia vaticana, prefirió no decantarse. Finalmente como era un líquido, no se discutió más.       <br />
              <br />
       El chocolate llegará a Francia en 1616, con la boda de Ana de Austria y Luis XIII, poco después a Inglaterra y Alemania. En Austria, un tal Kramer abrió una chocolatería pública, nada extraordinario dado que este tipo de establecimientos ya existían en toda Europa, a no ser porque junto al chocolate ofrecía a los clientes la oportunidad de leer el periódico.       <br />
              <br />
       En Francia, cuando la boda de Luis XIV en 1682, el periódico Le Mercure de France alabó entusiasmado la gran chocolatada nupcial y la afición se hizo general. Siete años más tarde, la marquesa de Sevigné, dadas sus aficiones literarias, escribió que la marquesa De la Croux había dado a luz un niño negro por haber tomado mucho chocolate durante el embarazo. Felizmente el susto que provocó entre las elegantes damas de la época, pronto se disipó al comprobar el parecido del bebé con un esclavo negro de la marquesa.       <br />
              <br />
       Con la llegada de los Borbones, el uso del chocolate se incrementó. Sabemos que Carlos III siempre iba con su famosa chocolatera panzuda, de la que bebía entre horas. En contra de Felipe V hay que señalar, entre otras muchas cosas, que vendió la fórmula de fabricación del chocolate, oficialmente secreta hasta entonces, reservándose España únicamente el monopolio del cacao (1728).        <br />
              <br />
       <b>Vainilla y maíz</b>       <br />
              <br />
       Al hablar del chocolate no podemos pasar por alto a la reina de las especias mejicanas: la vainilla  (vainilla planifolia o thilxochitl). Unida al cacao daba, y da, un delicioso aroma, aroma que el Viejo Mundo apreció de inmediato.        <br />
              <br />
       El primero en describirla fue el médico toledano Francisco Hernández. De ella se aprovechó todo, tanto en cocina como en farmacia. La ingestión de sus granos o una simple infusión con pequeños troncos, bien enteros o convertidos en polvo, proporcionaban a los caballeros una fuerte sensualidad. Se cuenta que Madame du Barry, cuya fama de actriz y cortesana andaban a la zaga, suministraba a sus amantes grandes cantidades de estas infusiones para despertarles la libido.       <br />
              <br />
       En cuanto al maíz, todos conocemos su importancia en la alimentación americana. Al igual que el trigo, debió ser manipulado genéticamente en la alta antigüedad, dado que para su cultivo se precisa la intervención del hombre para desprender sus simientes. Pero contrariamente al trigo es un cereal mucho más generoso: seco sirve para el pan, cuando es tierno, de verdura, y fermentado, de bebida.        <br />
              <br />
       El maíz hizo muy pronto su presentación en sociedad: el 16 de octubre de 1492, Colón lo recoge en su diario con el nombre de panizo y, sin embargo, en el tercer viaje lo llama maíz, palabra tomada de la voz taína mahiz o mays. Los primeros cronistas lo llamaron “pan de los indios” y “pan de las Indias”, buscando su equivalente en el Viejo Mundo. Este afán por la búsqueda de un sucedáneo, ha planteado, durante siglos, el dilema de sí el maíz es netamente americano o, por el contrario, ya era conocido, aunque no aprovechado, en Asia.       <br />
              <br />
       Los defensores del origen asiático son los famosos botánicos Anderson y Stonor protagonistas del hallazgo de cierto tipo de maíz primitivo en la provincia india de Asam, cerca del Tibet. Como aval de este descubrimiento estos profesores aportaron escritos antiguos, entre ellos los de Plinio (s. I), en los cuales describe un grano que nace en caña y se cubre de hojas, y tiene como remate unos cabellos largos y finos; y aunque Plinio le da el nombre de milio, nada tiene que ver con la descripción del mijo. También añadieron a su teoría el largo y diverso elenco de nombres con los que se conoce el maíz: grano turco, blé de Guinée, milho de Guine, grano de Arabia, grano sirio....       <br />
              <br />
       En contra de este hipotético origen la mayoría de los investigadores no dudan de su origen americano, y aseguran que el maíz fue traído a España, de donde pasó a Francia, Alemania e Italia. Por su parte, los portugueses lo llevaron a Guinea y Asia en el s. XVI. ¿Porqué se conoce como grano turco?. Seguramente se debe a los venecianos y a su comercio con el Imperio otomano. Tradicionalmente se sabía que las tierras sirias y libanesas eran óptimas para el cultivo de los cereales, y en aquella época dependían de los turcos.        <br />
              <br />
       Por su parte el Veneto carece de tierras de cultivo, por lo que debieron entregar la semilla para ser cultivada, reservándose los venecianos el comercio, y de este comercio sí hay abundante documentación. Y todo este trasiego de semillas, cultivo y comercio comienza 28 años después de que Colón lo describiera en su diario.       <br />
              <br />
       <b>Café y caña de azúcar</b>       <br />
              <br />
        Y ahora voy a referirme a dos productos, que si bien sus orígenes pertenecen al Viejo Mundo, hoy en día, casi son representativos de América: café y caña de azúcar.       <br />
              <br />
       Los orígenes del café se pierden en misteriosas leyendas. La atribuida a los cristianos se debe a un tal Fausto Naironi, profesor de caldeo y asirio en la Roma del s. XVII, que describió por primera vez el café. Contaba que a mediados del s. XV, un pastor etíope se quejó a unos monjes porque no podía dormir debido a que su rebaño no dejaba de saltar.        <br />
              <br />
       Los monjes supusieron que los animales habían comido algo extraño y se hicieron conducir al lugar en donde había pastado el rebaño. Tomaron una muestra de los frutos de unos arbustos y, llegados al convento, la ingirieron: el resultado fue la pérdida del sueño.        <br />
              <br />
       En vista de lo cual, los avispados monjes cuando oraban por la noche tomaban estos frutos cocidos en agua para combatir la somnolencia. La otra versión, la árabe, mantiene al pastor pero, naturalmente, obvia a  los monjes, y lo sitúa en la Meca. También existe otra versión árabe mucho más rocambolesca, en donde se mezclan el amor, el castigo y la recompensa.       <br />
              <br />
       La verdad es que desde tiempos inmemorables se bebía la infusión de café, tanto en Abisinia como en Etiopía, y desde allí probablemente pasó a Arabia.       <br />
              <br />
       La contrahistoria, o la historia más moderna, se debe a dos alemanes: Straimberg y Strüz, el primero estudioso del Antiguo Testamento y el segundo, médico. Esta historia, y no digo leyenda porque ignoro hasta qué punto puede ser cierta, se remonta a muchos siglos atrás de las anteriores.        <br />
              <br />
       Ambos afirman que la infusión de café ya se conocía en tiempos de la reina de Saba –1.000 años a.C.- y que es ella, seguramente, quien introduce el cultivo en Oriente medio durante su convivencia con Salomón. Asimismo aseguran, después de un exhaustivo estudio de los cuatro libros escritos por Salomón, que la exaltación y la mística del Cantar de los cantares, se debe al gran consumo de café.       <br />
              <br />
       Volviendo a la realidad constada, todos conocemos cómo los holandeses traen las primeras plantas de café, poco después los franceses y, por último, todo quien pudo hasta convertir a Iberoamérica en el primer productor, ya que representa, en la actualidad, más de las tres partes de la producción mundial.       <br />
              <br />
       Con la caña de azúcar sucede algo parecido. Mientras que en China e India se cultivaba y se usaba como edulcorante desde tiempos remotos, en el mundo mediterráneo, aunque se conocía y en algunos lugares crecía espontánea,  su consumo sólo se comprendía en medicina.        <br />
              <br />
       En el s. IX los árabes refinan el azúcar y llega a Europa por dos conductos: Venecia y los árabes de España. Con las Cruzadas se vulgarizó su uso, y eso que no llegaron a conocer el ron. Colón llevó la caña de azúcar a Santo Domingo y Cortés a México.  A partir de 1553,  el azúcar que se consumía en España se importaba de México.       <br />
              <br />
       El nombre de azúcar lo recogimos del árabe sukhar, porque lo que los griegos llamaba sáccaron (sacarina) era un compuesto de miel y agua, o higos, o dátiles con agua.       <br />
              <br />
       <b>Alimentos y salud</b>       <br />
              <br />
       A través de esta breve historia sobre la alimentación, comprobamos como los alimentos siempre tienen un referente en salud, bien en positivo o en negativo. Y aunque el tiempo apremia, no quisiera pasar por alto tres formas diferentes, y sin embargo convergentes, de abordar el estudio de la naturaleza  americana en los primeros cincuenta años posteriores al descubrimiento. Y me refiero a los estudios de Oviedo, Monardes y Hernández.       <br />
              <br />
       En 1526, Gonzalo Fernández de Oviedo describe 26 especies distintas de frutas y otras plantas, entre ellas: la piña o ananás, la yuca, la papaya, o la pitahaya (nombre dado al fruto de diversas especies de cactus). Enumera las excelencias del maguey, de la que se aprovechaba completamente todo, del nopal de frutas (higos chumbos)  y del nopal de la cochinilla, y también del añil. La información sobre estas 26 especies de frutas y plantas, tardará más de un siglo en ser superada. Pero lo más destacado de sus descripciones son los dos capítulos que dedicó al guayaco, como remedio para el mal francés o morbo gallico, conocido con el nombre latino de shyphilis.         <br />
              <br />
       Estos dos capítulos fueron plagiados por el sacerdote Francisco Delicado, más conocido por su novela la lozana andaluza, cuyo argumento trata de las peripecias de una prostituta cordobesa que trabaja en la corte papal de Roma. Sin duda, el autor debió inspirarse en su dilatada experiencia en esos ambientes. De esos ambientes también sacó Delicado otra experiencia vital: contrajo la sífilis. Pero antes de refugiarse en Venecia, obtuvo un privilegio papal en el que se certificaba su curación gracias al guayaco y se le autorizaba, dado su descubrimiento, a imprimir un folleto propagandístico del remedio. Este folleto era ni más ni menos que los dos capítulos de Oviedo, traducidos al latín.       <br />
              <br />
       Pocos años después de Oviedo, el médico sevillano Monardes, escribió una Historia medicinal de las cosas que se traen de nuestras Indias Occidentales y de nuevo describe el guayaco, y añade las virtudes de la raíz de mechoacán y del palo santo para combatir las bubas de la sífilis. También enumera las bondades del tabaco contra dolores de cabeza, muelas y estómago y de los chiles, que nosotros llamamos pimientos en sinonimia con la pimienta.       <br />
              <br />
       Y por último el médico toledano Francisco Hernández, cuya Historia natural de Nueva España, aún tratando de lo mismo que los anteriores, es mucho más rigurosa y científica. Sobre Hernández y su obra, el mejor estudio que hasta hoy se conoce es el efectuado por la Universidad Autónoma de México.       <br />
              <br />
       El descubrimiento del guayaco supuso en las tres primeras décadas del siglo XVI un negocio muy lucrativo en toda Europa. Se cuenta que los banqueros Függer (o Fucar) de Augsburgo pidieron a Carlos V, como recompensa por sus costosas inversiones en los sobornos para su elección como emperador, la concesión imperial para comercializar en toda Europa este preciado tesoro.        <br />
              <br />
       <b>Mosca española</b>       <br />
              <br />
       Hablando del guayaco y similares, no quisiera perder la ocasión de hacerlo sobre la mosca española, de la cual me siento profundamente ufana. Y aunque el tema no va aparentemente de especies de coleópteros, sí indirectamente está relacionado. De las 2.500 especies de cantáridas que se conocen, la mejor es la española. Mi mosca es esa verdusca, brillante y de aspecto más bien indeseable, conocida popularmente en España como la mosca del olivo y en el resto del mundo, como he dicho antes, mosca española.        <br />
              <br />
       Bajo su aspecto desagradable, sus alas y élitros están recubiertos por unos finísimos polvos que proporcionan el más poderoso afrodisiaco conocido, aunque tomado en exceso puede ser mortal. Se sabe que dos amantes del marqués de Sade murieron por una incontrolada ingestión de estos polvitos. El polvo de la cantárida, mezclado con alimentos, pasa completamente inadvertido.       <br />
              <br />
       ¿Cómo estas moscas entran en México?. La culpa no es de los españoles, sino de los rusos. Cuando éstos compran la Alta California, deciden dedicar una gran extensión de terreno al cultivo del olivo. Para conseguir una buena polinización importaron del sur de Rusia grandes cantidades de cantáridas, pero no lograron su cometido, por lo que se dirigieron a España, exactamente a la provincia de Jaén, comprándolas a precio más que generoso.        <br />
              <br />
       Y como es cierto que las alas no tienen fronteras, sabemos de envenenamientos acaecidos en México, a mediados del siglo XIX, por el mal uso de la cantaridina, o polvo de la mosca española. Así pues, permítanme que les ruegue que cuando vean una mosca fea y verdosa, a pesar de su mal olor, trátenla con cariño pues, como dice la copla... es mi persona. 
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     <br style="clear:both;"/>
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   <title>Europa: breve historia de una pasión</title>
   <updated>2007-06-07T19:41:00+02:00</updated>
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   <category term="Bitácora" />
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   <published>2007-06-07T19:38:00+02:00</published>
   <author><name>Myriam Sagarribay</name></author>
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    <![CDATA[
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      <img src="http://www.tendencias21.net/historia/photo/art/default/653930-798131.jpg" alt="Europa: breve historia de una pasión" title="Europa: breve historia de una pasión" />
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      Hoy, cuando los diferentes países que configuran la vieja Europa centran su voluntad en una deseada unión entre ellos…; hoy, cuando sentirse europeo conlleva la aventura de la igualdad de pueblos antes ajenos…; hoy, víspera de realizar lo mejor de antiguos sueños…; hoy es, sin duda, cuando debiéramos hablar de una pasión: EUROPA.       <br />
              <br />
       Y digo pasión, porque pasional fue la vida de la joven Europa bajo cuyo nombre, durante siglos, nuestro continente se protegió; unas veces buscando el arrullo de una madre y otras, las más, intentando mitigar los desdenes de una diosa que sin piedad o, tal vez, cansada por la arrogancia de quienes en su nombre todo se permitían, nos ofertó lo peor de su bagaje: hambre, guerras y calamidades.       <br />
              <br />
       Cuenta la mitología griega que existía una bellísima joven llamada Europa, hija de un rey fenicio. Cierto día, cuando recogía flores con sus amigas en una playa, la vio Zeus –dios griego señor de todos los dioses- y, al instante, se inflamó de pasión por la muchacha. Para conseguir sus fines, Zeus se transformó en un toro blanco de aspecto inofensivo de cuyo aliento se desprendía un suave aroma de azafrán. Maravillada, Europa se acercó e invitó a sus compañeras a imitarla. Éstas huyeron despavoridas pero ella no se asustó, incluso osó sentarse a lomos de tan singular animal. Raudo el toro se izó y entrando en el mar nadó aguas a dentro, en medio de un cortejo triunfal de tritones.        <br />
              <br />
       Y a partir de aquí, la leyenda para ser más interesante se divide en dos versiones: la primera narra que llegados a la isla de Creta, son las Estaciones quienes preparan el tálamo nupcial. La otra historia, en cambio, asegura que es al lado de una fuente, a la sombra de unos plátanos, donde Zeus y Europa gustaron los placeres del amor.        <br />
              <br />
       En recompensa por cobijar su pasión, Zeus concedió a estos plátanos el privilegio de no perder sus hojas. A propósito de estos árboles tan comunes en plazas y calles europeas, podemos observar que los nuestros distan mucho de ser los afortunados descendientes de aquellos del pasado: todos pierden sus hojas en otoño. Pero sí es verdad que en Creta, en los pueblos del interior, los plátanos conservan su follaje todo el año. Tal vez quieran convencernos con su mudo lenguaje, que Europa existió y que todo es realidad.       <br />
              <br />
       De sus amores Europa tuvo tres hijos. Luego Zeus, que debía continuar sus aventuras galantes, la dio en matrimonio al rey de Creta quien adoptó a los niños. Antes encargó la protección de Europa al gigante Talos –cuyo cuerpo de bronce era invulnerable, a excepción de una vena oculta en el talón-; a un perro del cual ninguna presa podía escapar y a un haz de flechas que siempre hacían blanco.        <br />
              <br />
       A su muerte Europa, después de recibir honores divinos, fue transformada en constelación. En el siglo XVII Galileo la identificó con un satélite de Júpiter, y a finales del siglo XIX el astrónomo Murmann la incluyó en un prosaico catálogo de asteroides con el poco romántico número: 52.       <br />
              <br />
       <b>Territorio de Europa</b>       <br />
              <br />
       Si éste fue el origen femenino de Europa, es decir su denominación, pasemos al aspecto masculino: el territorio.       <br />
              <br />
       Desde tiempos remotos y seguramente transmitido desde Creta, se conocía por Europa las franjas de tierras e islas comprendidas entre el Oeste (Grecia) y el Este del mar Egeo y del Ponto (estrecho del Bósforo) y a sus habitantes como europeos. Con el transcurrir de los años, este nombre pasó a ser genérico para la península Balcánica o Hélade. Más tarde los romanos llamaron a estos territorios peninsulares e insulares, Grecia.       <br />
              <br />
       En los primeros años de nuestra era, después que Alejandro Magno abriera el camino de las expediciones por Asia Menor hasta India, al comprobar los europeos o griegos la amplitud del mundo, dudaron de la conveniencia de mantener los mismos límites dado que no existía una clara división con Asia. Sin embargo, Estrabón defendió tan ardientemente la antigua idea, que la península Balcánica continuó llamándose Europa.       <br />
              <br />
       Como la historia suele ser repetitiva, a finales del siglo XIX, Humbolt y algunos científicos más, de nuevo argumentaron que la actual Europa no podía ser una de las cinco partes del globo porque físicamente no era independiente de Asia. La acalorada defensa del geógrafo Ritter buscando en la cultura la independencia, nos permitió seguir considerándonos Continente. Cultura que en la diversidad encuentra su convergencia y en cada una de sus peculiaridades, una raíz común.       <br />
              <br />
       Este suceso, por algunos desconocido y poco valorado por otros, representa más que nada aquello que nos distingue: el lujo de ser europeos.       <br />
              <br />
       <b>El hilo de la historia</b>       <br />
              <br />
       Pero volvamos al hilo de la historia, a ese sutil hilo que si bien nos permite considerarnos un lujo, encierra sacrificios sólo salvables por la esperanza.       <br />
       Allá por el siglo IV a.C., la primitiva Europa ya había alargado sus límites. El joven rey de Macedonia, Alejandro Magno, que también ostentó el título de rey de Europa, extendió sus fronteras no solamente por Grecia, sino también por las actuales Bulgaria, Macedonia, Albania y parte del sur de Servia, Crocia y Bosnia Herzegovina.       <br />
              <br />
       Pero la verdadera aventura, aquella que daría origen a lo que hoy llamamos cultura occidental, nos la proporcionaría las ansias de conquista de este rey. Cuando Alejandro cruzó el Helesponto (hoy estrecho de los Dardanelos) para iniciar sus conquistas en Asia Menor, Egipto e India, seguramente una estrella, aquella de la hermosa Europa, con un guiño de complicidad animaría sus pasos.       <br />
              <br />
       Los años que duraron las conquistas sirvieron para establecer las bases de nuestra civilización. De la convivencia de aquellos europeos con pueblos afines y extraños a su cultura, de su asimilación de lo bueno y, ¡cómo no!, de lo peor, surgiría una nueva forma de concebir el mundo en todos sus aspectos: político, científico, filosófico, literario….Este periodo en historia se llamará Helenismo.       <br />
              <br />
       Alejandro, a quien éxitos y reinos no le bastaban, deseaba para sí la afirmación divina de su persona ante la humana de sus hombres. Con él se abriría el camino para todos aquellos reyes o no, que se denominaron durante siglos “por la gracia de Dios”. También de su estancia en Persia, al adoptar el ceremonial de la corte, nos llegaría la prosquínesis o flexión de la rodilla ante el monarca, sin olvidar el uso de la corona o diadema y anillo como signos propios de reyes.       <br />
              <br />
       En su divinidad, Alejandro también tuvo sueños humanos. Deseó a su regreso de India iniciar la conquista del Mediterráneo occidental hasta España, para sí crear el Imperio Europeo, pero unas terrenales fiebres acabaron con su vida poco antes de cumplir 33 años. Sus sucesores fragmentaron el Imperio para conseguir cada uno un reino, reinos donde el Helenismo se desarrolló en todos los campos del saber, aportando cada uno de ellos nuevos cimientos a nuestra civilización.       <br />
              <br />
       <b>Roma, nueva potencia mediterránea</b>       <br />
              <br />
       Mas en el Mediterráneo occidental se perfilaba una nueva potencia: Roma. Sus gentes prácticas y racionales agrandaron sus territorios conforme a sus necesidades, evitar la piratería y asegurar su comercio marítimo. Los deseos de un Imperio llegarían como consecuencia de sus victorias.       <br />
              <br />
       Asegurada su presencia en la península Ibérica, los romanos dirigen sus miras hacia el Este, los reinos helenísticos son sus objetivos y, de ellos, Grecia su pasión. Admiran su arte, envidian su pasado y aspiran a beber en sus fuentes de cultura. Cuando finalmente la convierten en provincia romana se hará patente la vieja sentencia que augura que “el vencido siempre vence”. En Roma no se concebirá ser alguien sin una formación artística o intelectual griega, ésta será aval de éxito, tanto es así que el emperador Galieno (s.III) se autocalificaba como europeo.       <br />
              <br />
       Todo lo anterior expuesto no significa que los romanos se limitaran a ser meros copistas de la cultura griega. Por su carácter racional mejoraron lo mejorable olvidando todo lo confuso y complejo, prueba de ello es el Derecho Romano. Por su practicidad dirigieron sus esfuerzos hacia aquello que fuera útil, es decir, las obras públicas como calzadas, puentes, acueductos…       <br />
              <br />
       A partir de Julio Cesar el mundo romano abre sus confines por Occidente. La Galia, Inglaterra hasta Escocia, Alemania superando el Rin, Suiza Austria, Hungría Eslovenia y una buena franja de la República Checa. Con las armas Roma lleva su modo de vida, la romanización. Romanización que no es más que la cultura helenística armonizada por los años.       <br />
              <br />
       Es a comienzos del Imperio cuando llega a Roma procedente de oriente, una nueva religión: el cristianismo, que determinará por siglos el componente socio-político y religioso de Europa.       <br />
              <br />
       Como no existe imperio eterno, a los romanos los avatares de su propia grandeza les hicieron dividir el suyo en dos: occidente capital Roma y oriente, capital Constantinopla (antes Bizancio, hoy Estambul).       <br />
              <br />
       <b>Dos ocasos</b>       <br />
              <br />
       Ninguno de los dos se salvó de su ocaso. El primero en el que España estaba incluida, tuvo un temprano fin en el siglo V. Las tribus del Norte o bárbaros asolaron Europa y debió ser tal el acoso, que la palabra bárbaro/a que en latín significa extranjero, pasó a los idiomas latinos y sajones como exageración positiva o negativa. Tres siglos más tarde los Balcanes fueron invadidos y el Imperio Bizantino se redujo a pequeñas ciudades litorales.       <br />
              <br />
       También la cristiandad tendió a dividirse. Con la oposición del Obispo de Roma a depender del Patriarca de Constantinopla y apoyado por pequeños desacuerdos teológicos, la Iglesia se fragmento en dos: cristianos romanos y cristianos ortodoxos.       <br />
       Las invasiones arruinaron Europa y, si bien la esclavitud clásica pierde protagonismo, surgen nuevos modos de sumisión del individuo: siervos y vasallos.        <br />
              <br />
       Desaparece el comercio, la economía retrocede y sólo algunos monjes conservan parte de la pasada cultura, aquella relacionada con temas de religión. Acompañando a la miseria, llega aportada por la tribus germánicas la más terrible de las palabras ¡WERRA! o guerra, y presto todos la adoptaran como propia.       <br />
              <br />
       Algunas tribus bárbaras se convirtieron al cristianismo. Y una vez más, sintetizaron sus propias ambiciones con la fundación de reinos estables, como es el caso de los francos en la Galia, godos en Hispania o lombardos en Italia. También desde Escandinavia llegaron los normandos (nort-men) para establecerse al Oeste de la actual Francia de donde pasaron a Inglaterra. Casi en paralelo, los húngaros de Asia se asentaron en Europa central y, como los anteriores, abrazaron el cristianismo.       <br />
              <br />
       <b>Península salvada</b>       <br />
              <br />
       De esta penumbra en que se sumió la cultura europea, buena parte de la Península Ibérica se salvó. Un pueblo culto, los árabes, penetró por el sur con intención de cruzar los Pirineos, mas fue detenido por los ejércitos francos. Los ocho siglos que permanecieron en España contribuyeron con su brillante civilización, al resurgimiento de la cultura europea a partir del siglo XI.       <br />
              <br />
       Uno de estos reinos donde se asientan los francos, se perfila como el más poderoso. Su rey Carlomagno, que ha extendido sus dominios por territorios casi coincidentes con la antigua cristiandad romana, no resiste la tentación de ser coronado Emperador. Comienza otro Imperio que por su propia amplitud y acosado por otros pueblos, desaparecerá dos generaciones más tarde.       <br />
              <br />
       En el siglo XI con una cierta mejora en el mundo rural, disminuye el hambre y aumenta la población; una nueva clase social aparece, los artesanos. Renace el comercio, la antigua cultura comienza a ocupar su olvidado espacio y las diversas lenguas que habían derivado del latín se consolidan.       <br />
              <br />
       La palabra guerra se une a la cruz. Flamantes caballeros animados por el Papa, luchan para rescatar el Santo Sepulcro de manos infieles. Son los cruzados, no importa su procedencia, su meta es Jerusalén la cual toman por algo más de cincuenta años.       <br />
              <br />
       Pero como eso de poseer un imperio había arraigado en la condición humana, surge otro que durará hasta el siglo XIX: el sacro Imperio Romano-Germánico. El Papado que también aspira a posesiones terrenales, se le opone. En esta pugna Francia se posiciona como país importante.       <br />
              <br />
       Inglaterra hasta ahora bastante cauta, se enfrentó a Francia durante una breve guerra de cien años, terminando con la hegemonía francesa.       <br />
              <br />
       Europa se iba reduciendo, desde Asia los mongoles ocupan Hungría y las tierras limítrofes. Sin embargo, una vez expulsados se establecerán en Rusia. Los turcos otomanos conquistan los Balcanes y Europa se limita a aquella de los reinos cristianos. Al finalizar la Edad Media sus fronteras no sobrepasan Filandia, Polonia y el Este de Austria.       <br />
              <br />
       <b>Brilla la estrella de Europa</b>       <br />
              <br />
       Llegan los siglos XIV/XV y, con ellos, la estrella Europa vuelve a brillar. En Italia surge un extraordinario movimiento artístico llamado Renacimiento que, al desempolvar el pasado grecorromano, nos brindará el mejor de sus legados: el Humanismo.       <br />
              <br />
       No obstante su fervor por el mundo clásico, los humanistas no olvidaron las necesidades de su presente. Sus conceptos educativos sobrevivieron hasta el siglo XVIII, y algunos de sus ideales como la fe en el progreso, o la oposición a sustraer al hombre de cualquiera de sus facetas en beneficio de otros, aún perduran en nuestros días.       <br />
              <br />
       El Humanismo aporta un nuevo sentir a los viejos reinos medievales. Bajo la palabra Estado, estos reinos se convierten en fuertes monarquías y un patriotismo nacional aflora en el pueblo. La vieja idea de una Europa unida desaparece en pos de imperios particulares. Los reyes aseguran la sucesión de la monarquía con los hijos varones, mientras que las hijas son utilizadas para extender mediante matrimonios sus áreas de influencia.       <br />
              <br />
       La Iglesia tampoco se salva de estos cambios. La Reforma encabezada por Lutero y Calvino da lugar a una nueva división: protestantes y católicos. Esta desavenencia religiosa originará en las gentes dos diferentes modos de pensar decisivos para su futuro progreso. De manera coloquial se podrían resumir en dos frases. Para católicos: “si te agraden en una mejilla, ofrece la otra” –sumisión y resignación- y para los protestantes “Ayúdate, que Dios te ayudará” –esfuerzo y tesón-.       <br />
              <br />
       Con el descubrimiento de América y ayudada por algún que otro matrimonio, España consigue su Imperio que hace peligrar el equilibrio europeo durante cien años.       <br />
       Los desacuerdos religiosos y sociopolíticos entre protestantes y católicos, se resuelven esta vez con una guerra más corta: tan sólo de treinta años. Con la Paz de Wesfalia se alcanzará la serenidad y alumbrarán nuevas ideas que configurarán el nuevo perfil de Europa. Esta Paz abrirá la senda a grandes reuniones como el Congreso de Viena, o las conferencias del siglo XX  que pusieron fin a las dos Guerras  Mundiales.       <br />
              <br />
       Mientras que Francia recupera su esplendor con el Rey Sol, Luís XIV, en Rusia los mongoles son reducidos por el zar Pedro el Grande que adopta las instituciones europeas y, por primera vez, se marcan los actuales límites geográficos de Europa por el Este (siglo XVII) en los Urales, el mar Caspio y el Cáucaso.       <br />
              <br />
       América trastoca la economía y la sociedad europea. Su oro y plata atraen a los Estados haciendo emigrar a sus gentes en busca de fortuna o, simplemente, para combatir la hambruna.       <br />
              <br />
       Los Países Bajos descubren una moderna forma de Imperio: el comercio marítimo. Los beneficios de este comercio generarán una burguesía rica, origen de un movimiento artístico y cultural que desplazará a Italia de su protagonismo. Inglaterra, después de su ruptura con el Papa y reservándose la monarquía la máxima jefatura de la Iglesia, se perfila como sucesora al conseguir un Imperio en ultramar que mantendrá hasta hace 60 años.       <br />
              <br />
       <b>Despertar de su letargo</b>       <br />
              <br />
       En el siglo XVIII la dulce Europa despierta de su letargo, no quiere perderse ¡tantas novedades! La industria se amplía y moderniza. Los grandes Estados centro-europeos, Austria, Rusia y Prusia se agrandan a costa de los pequeños. En la rica Francia germina un gran ambiente cultural (Ilustración), sus pensadores combaten el poder absoluto de los reyes y las estructuras sociopolíticas. Contra lo esperado, adquieren gran prestigio entre los soberanos que se declaran sus discípulos (Despotismo Ilustrado).       <br />
              <br />
       Estos modos de pensar desembocaron en la Revolución francesa, hundiendo a la monarquía en un reguero de sangre. La Revolución, como todo proceso de cambio, recuperó el concepto de algunas palabras, esta vez fueron tres, pero las tres son mágicas: libertad, igualdad y fraternidad.       <br />
              <br />
       La antigua idea de unificar Europa renace con Napoleón, pero en beneficio de Francia. Se nombra emperador, consigue un Imperio y con ello, además de atraer las iras de los otros soberanos, fomenta los nacionalismos. Cuando es derrotado, sus vencedores lo celebran en Viena diseñando un mapa político de Europa según conveniencia.       <br />
              <br />
       El siglo XIX preludia cambios. La evolución de la economía y el desarrollo de la industria propagan la libertad económica y política. La burguesía hace retroceder a la monarquía absoluta. Se desarrolla el movimiento de las nacionalidades. Los obreros exigen el sufragio universal y se agrupan en sindicatos. Se unifica Italia, aparece el ferrocarril entre otros muchos adelantos y cuarenta millones de europeos emigran en busca de fortuna.       <br />
              <br />
       Pero sobre todo será el mundo de la filosofía, mejor dicho los filósofos quienes originarán los cambios sociales desde el siglo XIX hasta finales del XX. Del sistema filosófico de uno de ellos, Hegel, saldrán dos figuras importantísimas: Engels y Marx. De la colaboración y pensamiento de ambos surgirá, entre otros, el Marxismo, el Partido Socialista alemán y el Manifiesto Comunista. Marx escribirá el Capital, uno de los libros más editados de la historia, y a la muerte de éste Engels redactaría los libros segundo y tercero.       <br />
              <br />
       <b>La pasión por Europa</b>       <br />
              <br />
       Y finalmente llegamos al siglo XX. Siglo de guerras fraticidas, guerras que enfrentan a europeos contra europeos y guerras económicas que sin derramar sangre hieren como las otras.       <br />
              <br />
       Ante tal desoladora expectativa, la hermosa Europa desde su universo se decide a intervenir. Dos palabras concentran su Mensaje: Unión Europea. Palabras que con su apoyo se convierten en realidad, reconduciendo los sentimientos a la razón y el futuro a la esperanza. Porque, sin duda, esta Europa es su casa, y nosotros…: su pasión.       <br />
              <br />
              <br />
              <br />
       <span style="font-style:italic">(Para la revista Temas para el debate)</span>       <br />
       
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
    ]]>
   </content>
   <link rel="alternate" href="http://www.tendencias21.net/historia/Europa-breve-historia-de-una-pasion_a6.html" />
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  <entry>
   <title>Alejandro, ¿dónde está tu tumba?</title>
   <updated>2007-05-16T19:01:00+02:00</updated>
   <id>http://www.tendencias21.net/historia/Alejandro-donde-esta-tu-tumba_a4.html</id>
   <category term="Bitácora" />
   <published>2007-05-11T09:38:00+02:00</published>
   <author><name>Myriam Sagarribay</name></author>
   <content type="html">
    <![CDATA[
BABILONIA, 13 DE JUNIO DEL 323 A.C. Alejandro III rey de Macedonia, Hegemón de Grecia, rey de Europa, Egipto y Asia, de los sirios y de los medos, conquistador de las tierras tracias hasta el remoto reino de Poros, hijo de Filipo II y de Olimpia, del dios Amón y predilecto de Zeus, HA MUERTO.     <div>
             <br />
       En el palacio, el que antaño perteneciera a Nabucodonosor, un hombre rubio, de mediana estatura, de piel curtida por el sol y los vientos, de mirada clara, una vez cordial pero ahora endurecida por el poder, intentaba con un hilo de voz responder a la pregunta formulada por su general Pérdicas sobre la sucesión de su Imperio.        <br />
              <br />
       Alejandro pronunció solamente una palabra, y algunos de sus generales la entendieron como: Kratisto, que significa “el más fuerte”. Otros creyeron escuchar: Heracles, nombre del hijo de cuatro años habido con su esposa ilegítima, Barsines.        <br />
              <br />
       Sea cual fuere la verdadera respuesta, la realidad es que la segunda no interesaba a ninguno de los generales de Alejandro. Validar un único heredero significaba renunciar a un algo de la herencia que habían ansiado durante los trece días de duración de la enfermedad. Así pues, consolidaron lo “del más fuerte” y ampliaron la segunda versión, por si acaso, a los familiares directos de Alejandro: Arrideo, el hermanastro retrasado mental, al hijo ya existente, Heracles, y al póstumo que habría de darle su esposa legítima Roxana.       <br />
               <br />
       Unas voraces fiebres, sin determinar si paludismo o fiebres amarillas, habían vencido al hombre que se creía decimotercer dios del  Olimpo.       <br />
              <br />
       <b>Infancia en Macedonia</b>       <br />
              <br />
       Tras él quedaba una infancia en Macedonia, sobrecogida por la posesión y delirios de una madre obsesionada con el poder, de carácter exaltado y razonamientos turbios.        <br />
       Ya antes de su nacimiento, en vísperas de su boda con Filipo, Olimpia había augurado el origen divino de su hijo. Aseguró que, en sueños, un rayo había descendido sobre su cuerpo para fecundarla y, acto seguido, se produjo un gran incendio formado por numerosas y brillantes llamas, presagio de la grandeza del futuro Alejandro.        <br />
              <br />
       Otro sueño de esta mujer, que gustaba de adornar su cuerpo en las fiestas de Dionisios con serpientes domesticadas por ella para susto de cuantos la rodeaban, era adjudicar la paternidad de su hijo, nada menos, que al dios Amón; paternidad que a Alejandro en sus años de normalidad, le pr¬ducía unas veces enfado y, otras, hilaridad. En cambio, la consideró como cierta después de su entrada triunfal en Egipto.        <br />
              <br />
       De la madre heredaría su belleza, cualidad que los griegos consideraban don de los dioses, pero también ese carácter especial que afloraría parejo a su poder.       <br />
              <br />
       También quedaban atrás los recuerdos de un padre, a veces odiado y siempre admirado: brillante organizador, osado como general y astuto como diplomático, apasionado con las mujeres y sinuoso con los muchachos y, sobre todo, gente entre sus gentes y rey para sus adversarios. Estas cualidades y defectos  que Alejandro recogió de sus padres configuraron la personalidad que determinó su existencia.       <br />
              <br />
       Su primer preceptor, Leónidas, lo proporcionó su madre. Era un pariente de Olimpia.  Hombre austero que lo formó en el dominio de la mente sobre el cuerpo, fortaleció su físico y desarrolló sus músculos. Quizás, este autocontrol hizo que Alejandro consiguiera domar al caballo Bucéfalo que nadie había conseguido montar. Fue tal su amor por este caballo, o por su propia proeza, que años más tarde ordenó a su general Crátero fundar una ciudad en la India occidental que llevara su nombre, Bucefalia.       <br />
              <br />
       <b>Padre y maestros</b>       <br />
              <br />
       El padre se encargaría de los siguientes maestros. El segundo de sus ayos, Lisímaco, amante de la literatura, lo iniciaría en su pasión por Homero y su Iliada; tanto es así que en los juegos de niño, el maestro se llamaba Fénix, Alejandro, Aquiles y Filipo, Peleo.        <br />
       	       <br />
       Pero de todos sus instructores, Aristóteles, amigo de Filipo desde la juventud, sería la persona que más influyera en la formación de Alejandro. De él aprendió todo cuanto de positivo guardaba su carác¬ter: rectitud, generosidad y sentido práctico. Ahora bien, las conquistas, el poder y la herencia ge¬nética del espíritu de Olimpia originarían esos arrebatos de locura, tan frecuentes en los últimos años de su vida.       <br />
              <br />
       Alejandro admiró y envidió a su padre, y éste lo amó. Después de participar valientemente en la batalla que iba a dar a Filipo el dominio sobre Grecia (Queronea), le preguntó “¿qué tierras me vas a dejar para conquistar?”, a lo que respondió: “Busca otros reinos, hijo mío, que el que poseo es pequeño para ti”. Un año después, con la decisión de la Liga griega de atacar a los persas, se decidiría su destino.       <br />
              <br />
       El primer contratiempo en la vida de Alejandro, y el primer asomo de cambio de personalidad, se manifiesta a raíz de un nuevo matrimonio de su padre. Filipo había tenido dos hijos con  Olimpia (Alejandro y Cleopatra), y tres más en sus otros matrimonios: dos varones, Arrideo, el idiota, y un segundo que pasaría a la historia por morir asesinado, y una hija, Tesalónice.        <br />
              <br />
       No obstante, estos matrimonios, al carecer las mujeres de importancia social, no supusieron peligro en los delirios de poder de Olimpia; ella había nacido princesa de Epiro y, aunque desterrada, continuaba siendo Reina de Macedonia. Pero estas nuevas nupcias del Rey con la joven Cleopatra, sobrina del noble e importante Atalo, podían acarrear serias consecuencias en la sucesión al trono.       <br />
              <br />
       <b>Incidente</b>       <br />
              <br />
       Durante la celebración de los esponsales, Atalo levantó su copa para brindar por la futura descendencia del matrimonio y por el nacimiento de un posible heredero. Alejandro airado, cogiendo la suya, se la arrojó a la cara. Filipo ofendido desenfundó su espada y se dirigió hacia su hijo, pero los efectos del vino le hicieron resbalar. Estando en el suelo Alejandro le increpó: ¡Pobre viejo!. ¡Cómo quieres pasar de Europa a Asia, si eres incapaz de ir de una cama a otra!.       <br />
              <br />
       Consecuentemente, abandonó Macedonia refugiándose en Iliria con sus mejores amigos, entre ellos Harpalo, Nearco y Ptolomeo, que más tarde serían sus generales o Diádocos, y dejó en Pella a Hefestión, su compañero del alma, para que le tuviera al tanto de cuanto acontecía en la Corte.       <br />
              <br />
       La boda de su hermana Cleopatra será el motivo de su regreso y de una aparente cordialidad entre padre e hijo. En los festejos organizados para tal evento, Filipo es asesinado por un oficial de su propia guardia, y por todo el reino corren rumores de que tras la mano asesina está el buen hacer de Olimpia.       <br />
              <br />
       Muerto Filipo se evidencia el conflicto en la sucesión al trono. Hay varios posibles herederos y todos legítimos: Alejandro; su hermanastro Arrideo, tres años mayor que él; un primo suyo, y, para facilitar el problema, Cleopatra, su joven madrastra, había dado a luz dos hijos, un varón y una niña.       <br />
              <br />
       Ante la posibilidad de una guerra civil por los derechos al trono, Antípatro, el más popular y respetado general de Filipo, consigue declarar heredero a Alejandro. Era el otoño del 336 a. C.; el nuevo Rey contaba 20 años.       <br />
              <br />
       <b>Conmoción en Europa</b>       <br />
              <br />
       En Europa todo se remueve. Atenienses, tebanos, espartanos y el resto de las ciudades griegas creen llegado el momento de liberarse de la hegemonía macedonia. Se equivocan: Alejandro impone su poder, y su poder es indiscutible. También Olimpia entra en acción y regresa del destierro para ayudar a su hijo con sus particulares artes.       <br />
              <br />
       Se dice que Alejandro hace saber a sus más íntimos la necesidad de eliminar ciertos obstáculos familiares para tranquilidad de Macedonia. Ordena la muerte de algún que otro importante macedonio bajo la acusación de haber conspirado en el asesinato de Filipo, la de su primo aspirante al trono y, respetando a su hermanastro deficiente, el otro es asesinado. Temeroso de que Atalo intente deponerlo en favor del hijo de su sobrina, envía una expedición a Asia, donde se en¬cuentra éste, con la misión de darle muerte.       <br />
              <br />
       Por Grecia corren rumores de que el joven Rey ha muerto en sus luchas más allá del río Istro (Danubio), rumores que alientan a la sublevación a tebanos, atenienses y otros ciudadanos. Conocida la rebelión, Alejandro sitió Tebas y la ciudad fue asolada. Todo en orden y sin oposición, convocó una Asamblea en Corinto con los principales mandatarios de Grecia para convencerlos y buscar su apoyo, tanto en ejércitos como en dinero, en su campaña contra Persia.        <br />
              <br />
       Al clamor de su nombre acudieron las gentes para ver al Rey, solamente Diógenes continuó encerrado en su famoso tonel; al pasar Alejandro ante él, preguntó al filósofo “¿qué deseas de mí?”, a lo que respondió, im¬pasible ante el po¬der: “¡Que te quites de delante por¬que me privas del sol!”.       <br />
              <br />
       <b>Sosiego del reino</b>       <br />
              <br />
       De regreso a Macedonia supo que su madre había contribuido al sosiego del reino: la joven Cleopatra y su hijo habían muerto por orden de Olimpia. Aseguradas las fronteras del reino, sobre todo la del norte, al haber anulado las posi¬bles in¬vasiones por el río Istro (Danubio) y confiada la regencia al fiel Antípatro, nada impedía su paso a Asia. Alejandro cruzó el Helesponto (hoy estrecho de los Dardanelos) la prima¬vera del 334 a.C.; tenía 22 años.       <br />
       	       <br />
       La Liga Corintia había incrementado el ejército macedonio con el alistamiento de soldados voluntarios y mercenarios. Atenas, con la contribución de 160 naves, si bien insuficientes, suplió la carencia en ar¬mamento marítimo. No obstante los esfuerzos realizados, el contingente de guerra resultó modesto frente a los ejércitos persas donde, a su vez, militaban gran número de griegos como mercenarios.	       <br />
       	       <br />
       La voluntad de Alejandro al atravesar el Helesponto dista mucho de su futura aventura en India. Su idea primordial, la que dirige sus pasos hacia Asia, es liberar del dominio persa las ciudades griegas de la costa de Asia Menor y algunas de Anatolia, aunque no todas estuvieran incómodas con su situación.       <br />
              <br />
       Informado Darío III, Rey de Persia, o del Imperio Aqueménida, de la incursión de Alejandro en sus territorios y de sus escasos medios (40.000 hombres y solamente 5.000 a caballo), desoyendo a su consejero, consideró innecesario salir a su encuentro: bastaba con que los sátrapas (gobernadores) plantaran batalla.        <br />
              <br />
       Sin embargo, para manifestar su supremacía le envió una misiva donde afirmaba no  sorprenderle su visita, dado la afición de los griegos al pillaje y se despedía, autocalificándose, como: <span style="font-style:italic">Rey de reyes del universo, sol que alumbra sobre la cabeza de Alejandro, rey de bandidos</span>.        <br />
              <br />
       <b>Una pelota y un látigo</b>       <br />
              <br />
       Esta carta iba acompañada de un pequeño cofre que contenía oro para demostrar sus riquezas, simientes de lirio para indicar el gran número de sus soldados, una pelota para que el Rey niño jugara con sus generales, y un látigo para que les castigara en caso necesario.        <br />
              <br />
       Alejandro respondió a Darío con otro escrito así encabezado: Alejandro, Rey de Macedonia, al titulado <span style="font-style:italic">Rey de los reyes de la tierra, al débil y mortal ser que se atribuye un carácter divino y que se considera como el más poderoso de los monarcas del universo</span>... y continuaba aduciendo que aceptaba los regalos: el oro como anticipo de lo que pronto iba a ser suyo, las semillas de lirio porque le auguraban las infinitas partes en que el Imperio Persa se dividiría, la pelota significaba que todas las tierras dependerían de su mano y, sobre todo, agradecía el látigo para, con él, castigar tal insolencia.       <br />
              <br />
       Alejandro ocupó el mes de mayo en los preparativos de lo que iba a ser su primer combate en suelo minorasiático, ya que, según costumbre, los reyes de Macedonia no batallaban durante este mes.       <br />
              <br />
       El encuentro entre los dos ejércitos tuvo lugar a primeros de junio, junto al río Gránico (quizás el Cocabas de la  actual Turquía) y fue la caballería macedonia la verdadera artífice de la victoria.        <br />
              <br />
       <b>Momento importante</b>       <br />
              <br />
       Pero aquí acontece un importante pasaje de la vida de Alejandro, algo que, años más tarde, nos mostrará su cambio de carácter, su despotismo exultante: durante la batalla está a punto de perder la vida; gracias a la intervención de su amigo y general Clito el Negro consigue salvarse.        <br />
              <br />
       Seis años más tarde en  Maracanda (Samarcanda), durante una cena, Alejandro, bastante ebrio, gustaba oír alabar sus victorias y que éstas fueran atribuidas exclusivamente a él y a su origen divino. En medio del clamor de los comensales, Clito osó decir que la gloria del Rey también se debía a sus ejércitos. Esto le valió la muerte: Alejandro le atravesó el pecho con la espada.       <br />
              <br />
       Después de la batalla del Gránico, el avance hacia el sur fue un paseo militar. Muchas ciudades se rindieron sin plantear conflictos y otras, donde los hubo, como el caso de Mileto, carecieron de importancia.       <br />
              <br />
       Alejandro, consciente de que el número de barcos de Darío era infinitamente superior a  su pequeña escuadra, decidió que la prioridad en la estrategia de guerra era apoderarse de las ciudades ribereñas de Asia Menor. La conquista de Éfeso y de su importante puerto le proporcionaría una relativa seguridad.       <br />
              <br />
       A las ciudades conquistadas, Alejandro les concedió la libertad, cierta autonomía comunal al estilo de las póleis griegas, y cambió el totalita¬rismo persa por la democracia. Pero la realidad era bien distinta a la propaganda: estos privilegios no escondían su auténtico carácter de ciudades dependientes de Macedonia y el nombramiento de algunos generales como gobernadores de éstas, conservando el título de sátrapa, evidenció el deseo de Alejandro de considerarse sucesor de Darío, Gran Rey  de Persia.        <br />
              <br />
       <b>Ciudad sucumbida a los griegos</b>       <br />
              <br />
       En Halicarnaso (la actual Bodrum -Turquía-, ciudad que poseía una de las siete maravillas de la antigüedad: el monumento funerario que la reina Artemisa hizo erigir a su esposo y hermano  Mausolo, de donde deriva el nombre de mausoleo -actualmente sus esculturas se encuentran en el museo Británico-), Alejandro encontró una verdadera resistencia. La ciudad, después de un prolongado asedio, sucumbió a los griegos.       <br />
              <br />
       Ese invierno, del 334/33 a.C., las tropas se refugiaron en Gordio donde deshizo el famoso nudo con un tajo de su espada: el dominio persa en el corazón de Asia Menor había sido quebrantado. En cuanto el tiempo lo permitió, Alejandro abandonó su reposo. Atravesó Ancira (hoy Ankara), soslayó el Ponto que, como más tarde hiciera con Armenia, supuso un grave error táctico por el vacío creado en el futuro Imperio de Alejandro, y se dirigió hacia Siria conquistando las ciudades a su paso (la Cilicia).       <br />
              <br />
       En un llano de la costa siria, en Issos, cerca de la actual Alexandreta, se libró la contienda. Las posiciones de ataque de los ejércitos griegos y persas estaban equivocadas.        <br />
              <br />
       Defectos en el cálculo de las distancias por ambas partes, originaron que marcharan en paralelo por diferentes caminos y sentido, invirtiéndose la situación de los frentes: Darío atacó desde el norte y Alejandro desde el sur.        <br />
              <br />
       La pérdida de control por parte de Darío al ver a Alejandro comandar la temida caballería macedonia, desembocó en una huida precipitada que anticipó la derrota. Los persas tuvieron una pérdida de 100.000 hombres y en esta batalla se decidió, sin duda, la suerte de Asia Menor en favor de Alejandro. Esta victoria, además de los ánimos que infundió en el ejército, tuvo una importante repercusión en el seno de la propia Grecia: todas las fuerzas antimacedonias fueron acalladas.       <br />
              <br />
       <b>Rey de Asia</b>       <br />
              <br />
       En el reino persa era costumbre que los familiares, aún los más directos, acompañaran al soberano durante las campañas, por peligrosas que fueran; ésta no fue una excepción. Cuando Alejandro entró como vencedor en el campamento del Gran Rey, se encontró con la madre, la esposa y las hijas de Darío, a quienes dispensó un trato respetuoso, pero sin hacerles olvidar la condición de rehenes.       <br />
              <br />
       Darío, preocupado por la suerte de su familia, envió un segundo correo. Esta vez no adopta alegorías: ofrece un pacto de amistad y alianzas, una inmensa fortuna y, además de los territorios minorasiáticos, aquéllos persas comprendidos hasta el río Éufrates. Alejandro rechaza la totalidad del contenido en contra de la opinión de sus generales, y solicita que en lo sucesivo no se dirija a él como Rey de Macedonia, sino como Rey de Asia.       <br />
              <br />
       Uno de sus generales, el viejo Parmenión, preocupado por los sueldos y el sustento de las tropas, sugiere la necesidad de entrar en Damasco para reforzar, con la recogida de un gran botín, la gloria de la victoria.        <br />
              <br />
       Alejandro, en donde su razonamiento humano ya empieza a confundirse con el divino, le asegura que “no existe mejor manjar para un soldado que la derrota de un enemigo&quot;. No obstante, consiente que Parmenión se dirija hacia Damasco. Entre los fabulosos tesoros también hay un gran número de mujeres que alegrarán la soledad de la tropa y, en medio de todas ellas, destaca por su belleza una joven viuda, descendiente de familia real y de educación griega: Barsines. Con ella Alejandro tendrá un hijo bastardo de nombre Heracles.       <br />
              <br />
       <b>Necesidad de nuevas conquistas</b>       <br />
              <br />
       A pesar de esta victoria, la inferioridad de la escuadra griega imponía la conquista de las ciudades marítimas para anular los puertos de apoyo de las naves persas. Trípoli y Sidón se ofrecieron sin resistencia, pero la rica y poderosa Tiro se negó a los griegos. El asedio a esta ciudad, se considera, aún hoy, uno de los más terribles que la historia de la humanidad haya conocido hasta nuestros días.        <br />
              <br />
       La ciudad estaba dividida en dos partes: la continental, o vieja Tiro, y la parte nueva o insular, separadas ambas por 800 metros de mar. Esta situación geográfica obligó a Alejandro, una vez conquistada la parte vieja, a construir un terraplén a modo de puente para acceder a la ciudad nueva. La conquista duró ocho meses durante los cuales la Tiro insular quedó totalmente aislada y, por consiguiente, sus habitantes sin víveres. Irritado Alejandro por la tenaz resistencia, una vez ocupada, ordenó que todos sus ciudadanos, aquéllos que sobrevivieron al hambre y la sed, fueran vendidos como esclavos.        <br />
       	       <br />
       Una vez más, Darío envía una nueva misiva en términos similares a los anteriores, pero con dos variantes: aumenta considerablemente las riquezas y le ofrece una de sus hijas para contraer matrimonio. Alejandro no acepta.       <br />
              <br />
       <b>Entrada en Egipto</b>       <br />
              <br />
       Vencida Tiro, Alejandro desciende por la costa de Asia Menor y, bajo la excusa de bloquear los puertos de aprovisionamiento persas, entra en Egipto que desde diez años atrás es una satrapía (territorio dependiente de Persia cuyo gobernador o sátrapa depende del Gran Rey).        <br />
              <br />
       Esta incursión en Egipto es otro de los errores estratégicos cometidos por Alejandro, en la medida en que lo distancia de su verdadero objetivo: brinda a Darío la posibilidad de cortar su retaguardia y le facilita el tiempo necesario, casi un año y medio, para rehacer sus ejércitos. Que el rey de los persas no supiera beneficiarse de la situación no suaviza la equivocación de Alejandro.       <br />
              <br />
       Egipto se ofreció a los griegos sin resistencia, es más, consideraron a Alejandro su libertador y, como a tal, le rindieron honores.        <br />
              <br />
       Desde Menfis bajó por el Nilo y, en las cercanías del brazo occidental de este río, frente a la isla de Faros, al lado de la aldea de Rakotis, fundó la ciudad que aún lleva su nombre: Alejandría. Ésta no fue la única; a lo largo de su vida Alejandro fundó unas 70 ciudades, de las cuales 12 recibieron el mismo nombre de Alejandría. Y aquí se inicia oficialmente la irracionalidad en el alma de Alejandro o la herencia espiritual del carácter de su madre Olimpia. 	       <br />
       	       <br />
       Fundada la ciudad, Alejandro encargó el proyecto de construcción al arquitecto Dinócrates de Rodas y, seguramente impresionado por las pirámides egipcias, le ordenó asimismo la construcción de una gigantesca en honor de su padre Filipo, proyecto, este último, que nunca se llevaría a cabo. A su vez, Dinócrates propuso transformar el monte Athos en una monumental estatua de Alejandro, de tal tamaño que en la palma de su mano cupiera una ciudad de 10.000 almas. Tampoco se realizó.       <br />
              <br />
       Concluidos estos pormenores, el joven rey, sintió unas imperiosas ansias de visitar el templo de Amón, dios egipcio equivalente desde siglos atrás al griego Zeus, situado en el desierto de Siwa, a unos 550 kilómetros al sudoeste de Alejandría, quizás para cerciorarse, como aseguraba su madre, de su ascendencia divina.        <br />
              <br />
       Durante el trayecto, los ciudadanos de Cirene (Libia) le rindieron sumisión y, al llegar al templo, el gran sacerdote lo saludó de modo solemne como hijo de Amón y predijo que sería el reconciliador y gobernador de la Tierra. Legalizado en sus altas aspiraciones divinas, Alejandro abandonó Egipto para continuar sus luchas contra Darío. Era la primavera del 331 a.C..       <br />
              <br />
       Atravesó Siria, cruzó el Éufrates, después el Tigris y en la llanura de Gaugamela (a 35 ki¬lóme¬tros de la actual Mosul, Irak, ciudad donde se tejen desde la antigüedad unos finísimos paños llamados muselinas), tuvo lugar el combate decisivo entre Alejandro y Darío. Este último repitió su comportamiento de Issos, huyó del campo de batalla para refugiarse en Media (hoy Irán).       <br />
              <br />
       Tres ciudades persas       <br />
       	        <br />
       Alejandro, después de esta victoria, tomó el título de Rey de Asia que tanto ansiaba y, naturalmente, encaminó sus pasos hacia las tres grandes ciudades del Imperio persa: Babilonia, Susa (la capital) y Persépolis. Las dos primeras se entregaron sin lucha al nuevo Rey y en la última, si bien hubo una cierta resistencia, tampoco fue exagerada.       <br />
              <br />
       En Babilonia, Alejandro hizo sacrificios al  anti¬guo dios Bêl-Marduk, reconstruyó su templo y mantuvo al mismo sátrapa. Mas el tipo de administración  paternalista que había caracterizado al Imperio persa fue sustituido, como en el resto de las ciudades conquis¬tadas, por una mentalidad mercantilista, y el griego deviene la lengua comercial y diplomática.       <br />
              <br />
       En Susa, capital del imperio de Darío, encontró inmensas cantidades de metal de oro, plata y bronce en moneda acuñada y sin acuñar que Alejandro ordenó colocar inmediatamente en circulación, dando otra dimensión a la maltrecha tesorería griega. En cuanto a la administración de la ciudad repitió el modelo de Babilonia.        <br />
              <br />
       Al llegar a Persépolis (Persa o Persai  nombre original en persa), Alejandro quedó deslumbrado ante los maravillosos palacios llenos de inscripciones evocadoras de la grandeza del Imperio Universal Persa, pero esto no impidió que diera orden de incendiar el palacio y concedió a sus tropas derecho de saqueo; en el caos también la ciudad ardió. La quema del palacio no fue más que un acto simbólico ante los griegos que lo acompañaban: la venganza por la destrucción de los templos griegos que antaño hicieran los persas.        <br />
              <br />
       <b>Dos lecturas</b>       <br />
              <br />
       Pero este suceso tiene una segunda lectura; en realidad es el último acto en donde Alejandro actúa como Rey de Macedonia y Hegemón de Grecia.  Sus miras son ya más altas: se considera soberano del Imperio Universal que bajo un mismo Estado aglutine a macedonios, griegos y persas y, asumiendo la función de Gran Rey, ordena la reconstrucción de la tumba de Ciro, el verdadero artífice de la dinastía persa, porque Alejandro, en su turbulento pensamiento, ya se considera su descendiente.       <br />
              <br />
       No obstante, al saber las dificultades económicas que el fiel Antípatro sufre en la lejana Macedonia a causa de la revuelta de los espartanos, le hace llegar parte de las riquezas capturadas. El conocimiento de que el viejo Antípatro ha sometido final¬mente a Esparta, reconforta sus aspira¬ciones panhelénicas.       <br />
              <br />
       Después de unos meses, en la primavera del 330 a.C, se dirigió hacia el este en busca de Darío que, en su huída, se había refugiado más allá de las Puertas Cáspicas, lugar donde, según los griegos, finalizaba el mundo conocido. El temor de los soldados a seguir avanzando hacia territorios inexistentes en su cultura, suscitó las primeras protestas. Alejandro licenció a parte de la tropa y permitió su regreso a Grecia; quienes decidieron quedarse lo hicieron en calidad de mercenarios.       <br />
              <br />
       <b>Puertas traspasadas</b>       <br />
              <br />
       Acallados los descontentos, traspasaron las Puertas Cáspicas ignorando que el motivo de tal incursión había desaparecido: Darío había sido asesinado por Besos, sátrapa de la provincia de Bactriana (donde se presume que nació Zoroastro), para usurparle el trono.       <br />
       	       <br />
       Alejandro, en su ya complejo razonamiento, se considera sucesor de Darío y, por tanto, es de honor reparar su muerte. Este deseo de venganza llevó a la persecución de Besos por territorios diferentes a los habituales y a contiendas de estilo innovador: guerra de guerrillas.        <br />
              <br />
       Ante la evidencia de unos ejércitos menguados, no tanto por los decesos en el campo de batalla, como por la baja de las guarniciones que se había visto obligado a dejar en cada polis conquistada y por los recientes licenciamientos, no tuvo más remedio que alistar soldados persas e iranios, provocando el descontento de los macedonios que configuraban el núcleo duro de sus ejércitos y que, además, dudaban de la necesidad de tanta conquista.       <br />
              <br />
       <b>Besos crucificado</b>       <br />
              <br />
       Cuando Besos fue capturado, Alejandro ordenó que le fueran cortadas las orejas, la nariz y después crucificado, orden que llevó a cabo su general Ptolomeo.       <br />
              <br />
       Alejandro continuó su avance hacia el este, fortificó Maracanda (Samarcanda), Tribactra (Buchara), fundó una ciudad más con su nombre y venció a los iranios que le eran hostiles. Para reconciliarse con estas gentes, como gesto político, contrajo matrimonio con Roxana según el rito local: compartiendo un pan.       <br />
              <br />
       Estos lazos de unión con los iranios disgustaron profundamente a la corriente tradicional macedonia. Desde la muerte de Darío, Alejandro había adoptado las costumbres persas, su magnificencia y boato y, con las costumbres, también cambió el carácter. Su lastre genético alcanzó las más altas cuotas de irracionalidad; se volvió orgulloso, la gula y la lujuria se acomodaron en todos sus actos y, por vanidad, olvidó el austero vestido macedonio para cubrir su cuerpo de doradas y largas túnicas persas.        <br />
              <br />
       Tres hechos concretos marcarían el distan¬ciamiento entre el núcleo macedonio y Alejandro: las muertes de Filotas, Parmenión y Clito. Los tres habían alcanzado las mayores glorias para los ejércitos grie¬gos.        <br />
              <br />
       Clito, uno de sus mejores amigos que le había salvado la vida en el Gránico, fue asesinado por el propio Alejandro en una de sus numerosas acciones bajo los efectos del vino. El joven Filotas y su padre, el veterano Parmenión, fiel representante de la tradición macedonia, hallaron la muerte, el primero por no comunicar una conjura contra Alejandro, y el viejo general porque, simplemente, al nuevo Rey de Asia su presencia le producía mala conciencia.       <br />
              <br />
       <b>Delirios</b>       <br />
              <br />
       Poco tiempo después, un nuevo desacierto incrementará el número de sus delirios. Alejandro decidió introducir en la corte el rito de la prosquínesis o flexión de la rodilla ante el monarca, rito que los persas aceptaron con naturalidad porque era suyo, pero los griegos se negaron rotundamente porque en su cultura, la rodilla sólo se doblaba ante los dioses.       <br />
       	       <br />
       Entre las personas que no aceptaron la prosquínesis se encontraba el filósofo Calístenes, sobrino de Aristóteles, que desde los comienzos de las campañas en Asia acompañaba a los ejércitos en calidad de generoso cronista. Alejandro no olvidó. Meses más tarde, al verse Calístenes complicado en una conjura contra el rey, fue condenado a muerte. La consecuencia fue el total distanciamiento de su maestro Aristóteles. Era el año 327 a.C..       <br />
       	       <br />
       Ese mismo año, con un ejército de más de 100.000 hombres, de los cuales apenas 30.000 eran macedonios, partió para su campaña de la India. La explicación a tal aventura no debe buscarse en razones políticas o estratégicas, sino en el desordenado deseo de conquista y en su obsesiva megalomanía por el poder universal.       <br />
              <br />
       Llegado al valle del río Indo, en los territo¬rios conocidos como los de los Cinco Ríos (hoy Punjab), después de vencer a una serie de pequeños reinos, Alejandro puso sus miras en el de Poros. Atravesó el Hospedas (actual río Jhelam), donde tuvo lugar la última batalla de su vida, y la primera vez en que los griegos se enfrentaron a una caballería formada por 200 elefantes. Poro, Rey de Poros, después de una valiente resistencia, cayó prisionero; Alejandro, en consideración a su valentía, permitió que conservara su rango en calidad de rey vasallo. Era junio del 326 a.C..        <br />
              <br />
       Prosiguiendo camino hacia el este cruzó el río Hifasis (el Beas): sería el punto más oriental que alcanzara Alejandro. Desde que los ejércitos abandonaran Mace¬donia, ocho años y medio atrás, habían dejado  a sus espaldas 18.000 kilómetros.       <br />
              <br />
       El cansancio propio de una campaña tan larga, y el profundo malestar producido por el cambio de carácter en Alejandro, unidos a las inclemencias del tiempo (era la época de lluvias), hizo que los macedonios  se negaran a proseguir hacia una lejanía infinita. Alejandro, que jamás se había rendido ante nada ni nadie, no tuvo más remedio que hacerlo ante su propio ejército. Su deseo de alcanzar el Ganges y el Océano oriental, le había sido negado.       <br />
              <br />
       <b>Alejandro llegó aquí</b>       <br />
              <br />
       Antes de abandonar las orillas del Hifasis mandó erigir, en torno a un círculo, doce altares en forma de torres a modo de moradas del sol, en donde se grabó la siguiente inscripción: “Alejandro, hijo de Filipo y de Olimpia, llegó hasta aquí”.       <br />
              <br />
       De nuevo en Hidaspes (finales del 326 a.C.), para acelerar el regreso de la tropa decidió su división en tres contingentes independientes. El primero lo haría por mar bajo el mando de Nearco, para lo cual se construyó una gran flota formada por barcos de guerra, transporte y carga; el segundo, bajo el mando conjunto de Crátero y Hefestión, tomaría la ruta del interior, y el tercero, comandado por él mismo con lo mejor de su caballería, regresaría por un camino paralelo a la costa. El punto de encuentro de los tres ejércitos sería en Ormuz.       <br />
        	       <br />
       El paso por el desierto de Gedrosia (Bulichistán), se convirtió para Alejandro en el más duro y áspero de su vida. Las terribles privaciones le hicieron perder gran número de vidas y casi todos sus caballos. Finalmente, a principios del 324 a.C. los tres contingentes se reunieron en el lugar acordado y emprendieron conjuntamente el retorno a Persépolis y Susa.       <br />
       	       <br />
       La larga permanencia de Alejandro en Oriente, dio lugar a toda serie de abusos en la administración de las satrapías, tanto en aquéllas gobernadas por persas como en las gobernadas por macedonios. El caso más llamativo fue el de Harpalo, tesorero del rey, que huyó a Grecia con más de 6.000 soldados y  una gran fortuna.       <br />
              <br />
       <b>Llegar a España</b>       <br />
              <br />
       Pero estas contrariedades no desaniman el espíritu de Alejandro. Su imaginación vuela de nuevo en alas de grandes conquistas. Esta vez el objetivo es Occidente: conquistar el norte de África, Italia y llegar hasta España para unificar en su persona toda la ecúmene. Pero los macedonios, cansados ya de tantas fantasías, se niegan a seguir al Rey ni tan siquiera en el vuelo de su pensamiento. Esta oposición marca la terrible distancia entre Alejandro y los veteranos macedonios. Para intentar superarla, licencia a gran número de ellos y ordena el retorno a Grecia de aquéllos que antaño había desterrado.       <br />
              <br />
       Ese verano en Susa, bajo la excusa de unificar los pueblos del Imperio, se organizan unas bodas colectivas entre griegos y persas. El mismo Alejandro desposa por el rito persa, sin divorciarse de Roxana, a la hija de Darío, Estatira, y a Parísatis, con lo que acepta la poligamia. También unos ochenta de sus más distinguidos compañeros de armas contrajeron matrimonio, entre ellos su amado Hefestión, Crátero, Seleuco y Ptolomeo.       <br />
       	       <br />
       Meses más tarde, con la muerte de Hefestión, su amigo, su amor, aquel que leía en su corazón,  se sumerge en la más negra depresión. Sus razonamientos se enturbian de tal manera que todos los  actos sucesivos, hasta su muerte, rayan al borde de la locura: ajusticia al médico que había tratado a Hefestión por no curarlo, ordena que se rindan honores de divinidad al difunto en todo el Imperio, incluida Grecia, e impone para sí culto de dios vivo. Octubre del 324 a.C..       <br />
              <br />
       El culto de dios al rey en vida, no existía en la tradición persa, era algo que se había intentado anteriormente en Grecia. El mismo Filipo, padre de Alejandro, lo deseó. Representaba, más que un simple ceremonial, la afirmación de la personalidad divina del rey ante la humana de sus vasallos. Con Alejandro se abriría el camino para los futuros soberanos helenísticos, para los deseos de un Julio César y del Imperio romano, y para todos aquéllos, reyes o no, que se denominaron por la gracia de Dios.        <br />
       	       <br />
       De nuevo en Babilonia, una frenética actividad acapara los días de Alejandro. Prepara una expedición marítima para comunicar Babilonia con Alejandría por medio de canales hasta el golfo Pérsico, que permitan a las naves llegar a Egipto bordeando la península Arábiga; planifica la campaña de occidente, pero son los preparativos funerarios por Hefestión los que alborotaban su frágil emotividad.       <br />
              <br />
       Las exequias por Hefestión tuvieron lugar seis meses después, hasta tener terminado el edificio apropiado para acoger al nuevo dios, y en sus actos se sacrificaron más de 10.000 animales para alimentar a 30.000 soldados macedonios y 40.000 persas.        <br />
       	       <br />
       Cuenta Diodoro (siglo I de nuestra era) de haber recogido descripciones más antiguas donde se explicaban los pormenores del monumento funerario dedicado a Hefestión. Medía 80 metros de altura divididos en cinco pisos y para su construcción se derrumbaron parte de las murallas de Babilonia:        <br />
              <br />
       <span style="font-style:italic">....el exterior estaba decorado con un lujo inusitado. En el piso inferior se colocaron 240 proas de galeras con cinco filas de re¬mos do¬rados y en los espolones se situaban arqueros arrodillados. El segundo piso sostenía gigantescas antorchas de 20 metros adornadas con coronas de oro y colosales águilas con las alas extendidas. Un friso dorado representando escenas cinegéticas recorría el tercer piso; otro friso, en el cuarto piso, representaba un combate de centauros y el último friso remataba en un montón de trofeos donde se acumulaban armas macedonias y bárbaras. En todo el edificio se erguían enormes sirenas cuyas bocas harían resonar los himnos fúnebres de invisibles coros.</span>       <br />
              <br />
              <br />
       Quizás el entusiasmo por el mito de Alejan¬dro hiciera exagerar a Diodoro la magnificencia de este monumento, pero de su descripción se deduce que el edificio debió alcanzar cotas excepcionales.       <br />
       	       <br />
       Cuando su amigo Casandro, al regreso de Macedonia, testigo de tanta parafernalia, no pudo contener la sonrisa, el propio Alejandro lo asió por los cabellos y arrastró repetidamente por los suelos.       <br />
              <br />
       <b>Muerte a los 32 años</b>       <br />
              <br />
       Al mes escaso de los funerales por Hefestión, Alejandro se sintió mal. Preso de unas altas fiebres, después de trece penosos días de enfermedad, moría sin cumplir los 33 años, el amo del mundo. Aquél que, con el pasar de los años, unos pueblos convertirían en Magno y otros, tal vez más objetivos, en Grande.       <br />
              <br />
       Ante su cadáver desfilaron durante seis días todos sus hombres y, al séptimo, fue sumergido en una balsa con miel para su conservación, mientras de¬cidían su destino. La posesión del cuerpo confería poder,  y sus generales así lo comprendieron. Se iniciaba para la eternidad el mito de Alejandro.       <br />
              <br />
       Dos años más tarde, Ptolomeo se adueñaría de él, lo trasladaría a Menfis (Egipto) hasta construir una maravillosa tumba o Sôma en la ciudad que lleva su nombre: Alejandría.       <br />
       	       <br />
       Sabemos que algunos descendientes de este general, ya faraones, violaron la tumba para robar sus riquezas. Suetonio nos dice que Augusto “quiso ver y tocar el cuerpo del conquistador y colocó una corona de oro y flores”. Otro historiador cuenta que el emperador Caracalla depositó allí “su manto, su cinturón y sus joyas como exvotos”. Mas a finales del siglo III de nuestra era la tumba había desaparecido.       <br />
       	       <br />
       Tal vez esta incógnita sea fácilmente explicable desde el mundo de la lógica, aunque los intentos de los arqueólogos no hayan dado resultados. Pero quizás, quienes participan de su leyenda prefieran preguntarse, al igual que san Juan Crisós¬tomo en el siglo IV: “¡Alejandro!, ¿dónde está tu tumba?”.         <br />
              <br />
              <br />
              <br />
       <b>FUENTES PARA EL ESTUDIO DEALEJANDRO MAGNO</b>       <br />
              <br />
              <br />
       Para el estudio de la vida y obra de Alejandro, existen dos importantes fuentes documentales. Las primarias correspondientes a autores no solamente coetáneos de Alejandro sino también partícipes en sus campañas, y las fuentes secundarias escritas siglos más tarde pero basadas en las primeras.        <br />
              <br />
              <br />
       FUENTES PRIMARIAS: No han llegado hasta nuestros días.       <br />
              <br />
       Anaxímenes de Lampsaco (s. IV a.C.).- Filósofo que acompañó a Alejandro en sus campañas. Entre sus obras destaca una de título Retoriké pros Aléxandros atribuida durante mucho tiempo a Aristóteles, y una biografía bastante elogiosa de Alejandro.       <br />
              <br />
       Aristóbulo de Casadrea (siglo IV a.C.).- Participó en las campañas de Asia y escribió una Historia de Alejandro en la que abundaban los elogios. Se ignora si fue anterior o posterior a la de Ptolomeo.       <br />
              <br />
       Calístenes (360-327 a.C).- Sobrino de Aristóles y amable cronista de Alejandro. Su obra, Persika, apenas repercutió en los sucesivos autores.       <br />
       Cares de Mitilene (siglo IV a.C.).- Destacado miembro de la corte de Alejandro. Escribió una historia de éste en más de 10 volúmenes.       <br />
       Clitarco (m. 303 a.C.).- Autor de una Historia de Alejandro en 12 volúmenes y aunque bastante fantástica, ofrece aspectos desconocidos de la vida del rey que habían pasado desapercibidos para otros historiadores. Su obra servirá de base a posteriores biógrafos: Diodoro, Quinto Curcio y Justino entre otros.       <br />
              <br />
       Nearco (siglo IV a.C.).- Amigo de juventud de Alejandro y jefe de la flota. Escribió Paraplous tes Indikes, que si bien no era una biografía, diseñó una imagen bastante auténtica de Alejandro. En esta obra, siglos más tarde, el historiador Arriano basaría la suya.       <br />
              <br />
       Onesícrito (siglo IV a.C.).- Su condición de filósofo, discípulo de Diógenes, no impidió que se enrolara como timonel a las órdenes de Nearco. Escribió una Historia de Alejandro bastante anovelada pero no muy lejana de la realidad.       <br />
              <br />
       Ptolomeo (367-283 a.C.).- General de Alejandro y más tarde rey de Egipto. Escribió una Historia de Alejandro de la que aún ignorándose todo, se sabe que en ella se basó Arriano para su obra la Anábasis.       <br />
              <br />
              <br />
       FUENTES SECUNDARIAS: Estos escritos, aunque incompletos, sí han llegado hasta nosotros       <br />
              <br />
       Arriano de Nicomedia (95-175 d.C.).- Escribió varias obras dedicadas a Alejandro. La más importante es la Anábasis recopilada en 7 libros.       <br />
              <br />
       Diodoro de Sicilia (siglo I a.C.).- Autor, entre otras obras, de una Historia Universal en 40 volúmenes. El número 17 está dedicado a Alejandro.       <br />
              <br />
       Justino, Marco Juniano (siglo II o III d.C.).- Escribió unos Epítomes o resúmenes de una Historia Universal de otro autor. La parte dedicada a Alejandro Magno se distingue de cuanto se había escrito anteriormente, por la forma poco amable de tratar ciertas facetas del carácter del rey.       <br />
              <br />
       Plutarco (45-120 d.C.).- De su obra Vidas Paralelas hay que destacar la dedicada a Alejandro y César conjuntamente.       <br />
              <br />
       Quinto Curcio Rufo (siglo I d.C.).- Autor de una Historia de Aleandro escrita en 10 volúmenes, de los cuales se ha extraviado los dos primeros. Lo más destacado de su obra es el trato que da a los diferentes aspectos del carácter de Alejandro.         <br />
       
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
    ]]>
   </content>
   <link rel="alternate" href="http://www.tendencias21.net/historia/Alejandro-donde-esta-tu-tumba_a4.html" />
  </entry>
  <entry>
   <title>Grecia a la llegada de Alejandro</title>
   <updated>2007-05-11T09:37:00+02:00</updated>
   <id>http://www.tendencias21.net/historia/Grecia-a-la-llegada-de-Alejandro_a3.html</id>
   <category term="Bitácora" />
   <published>2007-05-11T09:28:00+02:00</published>
   <author><name>Myriam Sagarribay</name></author>
   <content type="html">
    <![CDATA[
     <div>
      Una tierra pobre, surcada por secos ríos en verano, atravesada por áridas montañas en cuyos valles la agricultura apenas es mediocre, donde el clima se vanagloria por sus excesos y el hombre se magnifica ante la adversidad. Una tierra donde sus 4.000 kilómetros de costa son el más bello collar jamás creado y sus islas un billete de viaje a otros mundos. Una tierra que, para ser tierra, tuvo que buscar el mar. Esta tierra, sin duda, no puede ser otra que la antigua Grecia.       <br />
              <br />
       Nunca una geografía participó tanto en el destino de sus gentes como la griega. Cada montaña, cada valle o cada rada configuró una aldea; la aldea, una pólis (ciudad-estado) y ésta, un Estado que, en numerosos casos, comprendía tan sólo una ciudad y las pocas tierras de su entorno.        <br />
              <br />
       Enumerar los diferentes pueblos que con¬for¬maban la Hélade siempre ha sido complejo para los no estudiosos, por lo que, a veces, nuestros cono¬cimientos se reducen a los más esenciales: Atenas, capital del Ática; Esparta, capital de Laconia en el Peloponeso; Tebas, primera ciudad de la Beocia, y otras ciudades que nos son conocidas por sus actividades civiles o religiosas (Olimpia, Corinto, Eleusis, etc.).       <br />
              <br />
       En la época en que nos situamos, mediados del siglo IV a. C., otros reinos del norte de la península Balcánica, como es el caso de Epiro y Macedonia, anteriormente considerados semibárbaros, ya se habían incluido en el contexto helénico.       <br />
              <br />
       Pero la Hélade no se circunscribía sola¬mente al territorio peninsular. Las innumerables islas próximas a la costa oriental facilitaban el paso, a modo de tranco, a Asia Menor y, con ello, nuevos asentamiento y ciudades que, si bien unas eran libres y otras dependientes de ciudades-estado griegas o del Imperio Persa, todas poseían un factor común: la cultura.       <br />
              <br />
       Por el oeste, el mundo griego había alcanzado las costas del sur de Italia de un lado y otro del mar - Tarento y Neápólis (Nápoles) entre ellas- y gran parte de Sicilia, donde se encontraban las ciudades más populosas y adelantadas. Una de ellas, Síbaris, alcanzó gran fama por el amor al lujo y el gusto refi¬nado de sus habitantes (aún hoy, en todos los idiomas, se da el calificativo de sibarita a quien gusta de ese modo de vida). A este conjunto de ciudades los romanos lo denominaron la Magna Grecia.       <br />
              <br />
       La Hélade peninsular abarcó en su mayor periodo de expansión los territorios de las actuales Grecia, Bulgaria, Macedonia, Albania, y una parte del sur de Servia, Croacia y Bosnia Herzegovina.       <br />
               <br />
       <b>Civilización, no nación</b>       <br />
              <br />
       Todas estas ciudades jamás formaron una única nación según el concepto que hoy se entiende como tal; lo más aproximado se alcanzó con Alejandro Magno, pero su duración fue efímera en la historia. Sin embargo sí lograron, partiendo de una religión y una lengua común, por encima de dialectos particulares, algo más difícil y eterno en el tiempo: una civilización.        <br />
              <br />
       Seguramente si Roma no hubiera existido, el nombre de Grecia tampoco. Fueron los romanos quienes denominaron a la península Balcánica Grecia, derivándolo, parece ser, de una tribu de Epiro conocida como los gracci o graeci. Con la misma certeza o idéntica duda se dice que fue Aristóteles el primer griego en emplearlo.       <br />
              <br />
       Pero que los romanos la llamaran Grecia, no significa que careciera de nombre, al contrario, poseía dos: el de Hélade, originario del territorio de Hellás (Tesalia), al sur de Macedonia, genérico desde tiempos remotos para toda la península; y el de Europa, trasmitido, seguramente, desde Creta en época arcaica. Por Europa se extendía el territorio que comprende las franjas de tierras e islas existentes entre el este y oeste del mar Egeo y del Ponto.        <br />
              <br />
       Con las conquistas de Alejandro en Asia, al comprobar la amplitud del mundo, los griegos, especialmente Eratóstenes, dudaron de la conveniencia de mantener los mismos límites, dado que no existía una clara división con Asia. Sin embargo, Estrabón defendió tan ardientemente la antigua idea que la península Balcánica continuó llamándose Europa.       <br />
       	       <br />
       Siglos más tarde, en el XIX, el geógrafo Humboldt y algunos más, de nuevo argumentaron que la actual Europa no podía ser una de las cinco partes del globo porque físicamente no era independiente de Asia. Fue la acalorada defensa de Ritter, al buscar en la cultura la inde¬pendencia territorial, lo que nos permitió seguir considerándonos continente.        <br />
              <br />
       En los tiempos de la Grecia que nos ocupa se había operado un cambio trascendental en política, economía y cultura. El caos político sustituyó al orden, y el antojo a la sensatez.       <br />
              <br />
       La pólis (ciudad-estado) se encontraba en fase de reestructuración económica e importantes políticos habían alcanzado el poder bajo el pretexto de expertos en finanzas. Ricos y pobres en constante desacuerdo alteraban la vida de la ciudad.        <br />
              <br />
       Los primeros consideraban que sus abusivos impuestos eran el resul¬tado de la facilidad con que los pobres se acostumbraban a vivir del erario público. Los más radicales, entre los segundos, propugnaban como solución una redistribución completa de las tierras. Las represalias por parte del poder se manifestaron mediante destierros y confiscaciones.        <br />
              <br />
       Estas gentes sin patria formaron un proletariado inestable y apenas cualificado de difícil ubicación. Solamente en el estamento militar, como mercena¬rios, encontraron su oficio, para alivio del resto de los ciudadanos, que consideraban el servicio militar como una carga poco productiva.        <br />
              <br />
       El mosaico de Estados que configuraban la Hélade dificultaba la unión en un sentimiento panhelénico generalizado. Algunos de ellos se confederaron (durante toda su historia, la unión entre Estados recibirá el nombre genérico de LIGA), y una voluntad de paz general, koiné eiréne, abrió, para todos los griegos, el camino de un sentir comunitario.       <br />
              <br />
       También el hombre adopta nuevas formas respecto al mundo que le rodea. La frase de Antifonte: “Dominar con el arte lo que es superior a nosotros por naturaleza” representa el sentir de la época.       <br />
              <br />
       <b>Centro de la cultura</b>       <br />
              <br />
       Atenas es, sin duda, el centro de la cultura. Ella irradiará su saber y pensamiento al resto de la ecú¬mene griega. A la muerte de Platón, su discípulo Aristóteles se dirigirá hacia un reino del norte, Macedonia, para educar al hijo del rey Filipo II, a quien su valor, sus ejércitos y su astucia le han convertido en el amo de Grecia.       <br />
              <br />
       Es a mitad de este siglo IV a.C., cuando em¬piezan a delinearse los perfiles integradores del mundo griego con la cultura oriental. El aumento de población en la península y la escasez de recur¬sos obligaron a mu¬chos helenos a emigrar a ciudades de Asia Menor, Fenicia, Egipto ..., dando lugar, poco a poco, a una cultura greco-oriental. También la expansión del comercio marítimo hacia estos lugares será la cinta que transporte, en ambos sen¬tidos, dos culturas diferentes con vocación integradora.       <br />
              <br />
       Más tarde, cuando los diferentes mundos cul¬turales alcancen el máximo de su fusión, cuando un Alejandro y sus sucesores sean historia por la pujanza de Roma, a este periodo de tiempo, un moderno estudioso del siglo XIX, Droysen, por equivocación en sus traducciones del griego, lo denominó: HELENISMO o helenístico, calificativo genérico hasta entonces utilizado para diferenciar a los primeros cristianos que hablaban griego de quienes lo hacían en hebreo.       <br />
       
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
    ]]>
   </content>
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  <entry>
   <title>La alimentación en el Mundo Antiguo: El más importante logro de la humanidad</title>
   <updated>2007-05-07T18:25:00+02:00</updated>
   <id>http://www.tendencias21.net/historia/La-alimentacion-en-el-Mundo-Antiguo-El-mas-importante-logro-de-la-humanidad_a2.html</id>
   <category term="Bitácora" />
   <published>2007-05-03T12:41:00+02:00</published>
   <author><name>Myriam Sagarribay</name></author>
   <content type="html">
    <![CDATA[
     <div>
             <br />
       Para poder comprender la evolución de la alimentación en el Mundo Antiguo y ciertas normas que hoy las calificaríamos como conductas de higiene, debiéramos diferenciar, al igual que se hace para el estudio de la Edad Media, la Alta Antigüedad de la Baja Antigüedad.        <br />
              <br />
       La primera comienza con la aparición de la escritura, alrededor del año 3.300 a.C, es el caso de Egipto y algunos pueblos de la Mesopotamia, y llega hasta el siglo V a.C., y la Baja Antigüedad, desde esta fecha al siglo VIII de nuestra Era.       <br />
              <br />
       Del primer periodo y gran parte del segundo, no existe ningún documento específico en donde se hable de alimentación y mucho menos de higiene. Todo cuanto conocemos viene dado por la arqueología,  bien sea por expresión gráfica, monumental o simplemente por los análisis de residuos en recipientes domésticos. Así todo, sabemos mucho más de lo que a simple vista se podríamos imaginar.       <br />
              <br />
       Del segundo periodo, el más cercano a nosotros, existe mucha documentación, y cuanto más próximo, mucha más; pero normalmente hay que extraerla de textos generalizados.       <br />
       Los historiadores dividen las civilizaciones antiguas en dos categorías: las del gato principalmente agrícola (Egipto), y la ganadera o del perro (Asiria). Para los antropólogos, en cambio, estos dos animales representan las civilizaciones de los hidratos y de las proteínas.       <br />
              <br />
       Estas dos culturas evidencian, por los análisis de carbono en momias o simplemente huesos encontrados,  una diferencia de estatura y longevidad a favor en los individuos ganaderos. Sabemos también que, mientras sí existen civilizaciones netamente agrícolas aún en la actualidad, las ganaderas son mixtas: donde crece el pienso para el ganado, crece el cereal. En la actualidad, queda una tribu en África, y no digo raza porque es una mezcla de etnias, los Batutsi netamente proteínica, se alimentan de sangre, médula y carne.        <br />
              <br />
       <b>Cambios lentos</b>       <br />
              <br />
       Dado que analizar en estas pocas páginas todo el abanico alimentario del Mundo Antiguo, además de pretencioso sería más que imposible, creo conveniente comenzar por Egipto contemplando un periodo intermedio en el tiempo: la dinastía XIX del Imperio Nuevo, o la de los Ramsés, alrededor del 1310 al 950 a.C.  A modo de consolación por los siglos omitidos, nos basta saber que en Egipto, al contrario de otras civilizaciones antiguas, los aspectos sociales cambiaron muy lentamente.       <br />
              <br />
       El interés por la Dinastía XIX, además de corresponder a un periodo de gran esplendor en todos sus aspectos está, sobre todo, muy documentado. En el espacio artístico, en estos años se construyeron grandes templos, entre ellos dos muy importantes: Karnak y Abu Simbel.       <br />
              <br />
       También es coincidente con la vida Moisés. El Antiguo Testamento narra que Moisés, prohijado por la hermana del Faraón, se educa y vive en la corte hasta los cuarenta años. Por una serie de problemas se ve obligado a huir, y a los ochenta años es elegido por Yahveh para liberar al pueblo judío cautivo en Egipto.        <br />
              <br />
       Durante su peregrinar a través del desierto, Dios, además de entregarle el Decálogo, le dictó un conjunto de normas para la vida cotidiana, reglas  que abarcan tanto los apartados legislativos, como la alimentación e higiene y que, en muchos casos, son idénticas o muy similares a las egipcias. Este conjunto de normas conocidas como Leyes Mosaicas se mantendrá, salvo modificaciones  propias de sus ritos, en religiones tan importantes y cercanas a nosotros como el judaísmo, el cristianismo y el islamismo.       <br />
              <br />
       Durante las primeras dinastías faraónicas, observamos en diferentes papiros abundancia de productos agrícolas, algunas aves, pocos rumiantes, caza como signo de distinción y escaso pescado. Conforme  se avanza en el tiempo, vemos que el arco alimentario aumenta considerablemente.       <br />
              <br />
       <b>El pan, elemento básico</b>       <br />
              <br />
       La base de la alimentación era el pan, pero existía una notable diferencia entre el elaborado con harina de trigo para la clase pudiente, y el amasado con harina de centeno para los menos favorecidos. Conocemos más de 16 clases de panes diferentes entre salados y dulces.       <br />
              <br />
       En la época que estamos contemplando el consumo de carne adquiere gran protagonismo. En los festines de los faraones se observa la constante presencia de una especie de buey africano, llamado iwa en los papiros, cebado al máximo y pronto para el banquete. También cordero y cabras y,  procedente de la caza: gacelas y antílopes.        <br />
              <br />
       Por otra parte las vacas son de pequeño tamaño, flacas y se dedican a la agricultura. De lo que se deduce que su producción de leche, aunque sumamente apreciada, era escasa. Esta escasez se suplía con la proveniente de oveja y cabra, sobre todo para la elaboración de quesos y mantequillas.       <br />
              <br />
       Al contrario del resto de los pueblos de la cuenca mediterránea, el consumo de cerdo no era habitual. Con la llegada de la dinastía griega (s.IV a.C) lo encontraremos en la mesa de la población foránea. Esta falta de interés por la ingestión de carne porcina del pueblo egipcio, se convierte según la Ley Mosaica en prohibición total bajo pena de pecado grave y consecuentemente, aún en la actualidad, los practicantes de la religión judía y los fieles del islamismo no comen cerdo.       <br />
              <br />
       Creo que debemos detenernos un poco y explicar el proceso del sacrificio de las reses destinado al consuno de las gentes. Las reses se sacrificaban en los templos, bien por un sacerdote o por un matarife autorizado y nadie podía ingerir carne de otra procedencia. Las altas temperaturas locales, obligaban a consumir la totalidad del animal en un máximo de cuatro días. Para la matanza acudían todos los familiares para distribuirse la carne.       <br />
              <br />
       El sacerdote o el matarife practicaba un orificio preciso en la vena yugular del animal por  donde se desangraba, se desinfectaba y se arrancaba la piel. Antes de abrirlo en canal se lavaba ligeramente todo el cuerpo con un paño de lino blanco sumergido previamente en una solución de agua con un poco de natrón (carbonato de sodio). Al igual que la sangre, las vísceras y la médula se desdeñaban para evitar posibles enfermedades, y la carne se ingería cocida o asada. Hoy también, los practicantes de la Ley Mosaica (judíos e islamitas), no comen carne de res si no ha sido sacrificada por persona autorizada y bajo determinadas normas, normas que guardan cierta similitud con el proceso anteriormente descrito.       <br />
              <br />
       Entre los vegetales gustaban de cebollas, pepinos, ajos, puerros, rábanos, zanahorias, nabos, espinacas y naturalmente no podían faltar las apreciadas lechugas, de las cuales se aseguraba que  enamoraba al hombre y hacía fértil a la mujer. La mayoría de estas verduras las debían comer crudas, ya que el griego Diodoro (s. I a.C.) escribe bastante perplejo refiriéndose a las lechugas, que acostumbraban a comerlas crudas en vez de cocidas.        <br />
              <br />
       Sus legumbres eran las nuestras actuales: guisantes, lentejas, alubias y garbanzos. Como fruta tenían dátiles, uvas, granadas, manzanas, cocos, higos, sandías, melones y moras. Con la ocupación romana a partir del siglo I a.C, se introdujo la pera, el melocotón, la almendra y la cereza. Estas legumbres, frutas y verduras serán comunes a toda la cuenca mediterránea en más o menos abundancia. El ajo, en todo el Mundo Antiguo, no solamente era un manjar, sino que se utilizaba en medicina contra los dolores reumáticos.       <br />
              <br />
       Las legumbres se cocían y algunas, como los garbanzos, se asaban donde previamente  habían espolvoreado cal (Papiro Berlín), también se conservaban desecadas al sol, sobre todo las habas, para el consumo anual fuera de su época de producción.        <br />
              <br />
       <b>Cocina preparada</b>       <br />
              <br />
       Para hablar de cocina preparada tendremos que llegar hasta los griegos y sobre todo a los romanos. El concepto de guiso, o la mezcla de varios componentes alimentarios para conseguir gustos diferentes, tiene su origen en las clases menos pudientes, y en su afán de aprovechar todo cuanto otros desechaban.       <br />
              <br />
       La sal procedía principalmente de minas, sólo en el delta del Nilo se producía en salinas y si bien se utilizaba escasamente en la condimentación de los alimentos sí era necesaria para la conservación del pescado. En el dulce también intervenía la posición social: la clase pudiente lo obtenían de la miel, y el resto de las gentes de la simiente molida del algarrobo.       <br />
              <br />
       La bebida por excelencia era la cerveza, que a falta de lúpulo se aromatizaba con hierbas (romero). Si bien en este periodo, el vino hacía pocas décadas que había aparecido se consideraba imprescindible en los festines de los ricos, su consumo y abuso era notorio.       <br />
       El destino del pescado, aunque se practicara la pesca como deporte y como oficio, era la mesa del menos pudiente. Desecado al sol o salado se conservaba durante tiempo.        <br />
              <br />
       Con la llegada de la dinastía griega (siglo IV a. C.), y dado que los nuevos faraones sí lo consumían, el pescado gozará de mejor reputación. Sabemos, por estar documentado, que Cleopatra, cuando fue al encuentro de Marco Antonio, el menú que le ofertó en su barco se componía principalmente de ostras, pulpo cocido y cigalas.       <br />
              <br />
       En Grecia, y mejor en Roma, el oficio de cocinero llegó a ser muy importante, y sus recetas verdaderos libros. Sabemos que Julio César viajaba con su cocinero que constantemente le preparaba platos diferentes, y de esto si hay documentación.       <br />
              <br />
       Las gallinas y los pollos aunque sí existían, no eran apreciados en la mesa egipcia. Una vez más, con los romanos, su consumo se popularizará. La emperatriz Faustina, esposa de Marco Aurelio (año 161), mitigó las incomodidades del parto tomando caldo de gallina durante la cuarentena. Ironías de la vida, o en reconocimiento al caldo de gallina, a su hijo y futuro emperador se le llamó Cómodo.        <br />
              <br />
       Los egipcios, además de sus fiestas religiosas, incluían en su calendario una serie de días fastos y otros nefastos. Durante estos últimos, además de la prohibición de ciertas actividades, debían practicar el ayuno. Una vez más este ayuno lo encontraremos en la Cuaresma cristiana, en los musulmanes y los judíos.       <br />
              <br />
       También estaban obligados a unas reglas de higiene completamente normalizadas. Debían lavarse varias veces al día: al levantarse, y antes y después de cada colación. Realizaban tres comidas, y la más importante era al mediodía que la hacían sentados.       <br />
              <br />
       <b>El natrón como jabón</b>       <br />
              <br />
       Para el aseo cotidiano usaba el natrón como jabón. Se pintaban los ojos en forma de pez con polvo de malaquita para obtener el color verde, galena para el negro y antimonio para el azulado. Esta costumbre no era un simple acto de coquetería, sino para evitar enfermedades oftalmológicas, sobre todo el tracoma.       <br />
              <br />
       La circuncisión no era habitual y menos obligatoria en el pueblo egipcio, pero sabemos que se practicaba en medios desfavorecidos. Hasta nosotros han llegados una especie de cuchillos de hoja curva y alguna representación en papiros.       <br />
              <br />
       Las funciones de médico las cumplían los sacerdotes,  y  lo más parecido a nuestros hospitales eran “Las Casas de la Vida”. Se conocen perfectamente las operaciones de trepanación en oídos, pero llama enormemente la atención,  por la numerosa documentación que se posee, las enfermedades de origen psicosomático.        <br />
              <br />
       Las técnicas de curación para estos enfermos consistían en una combinación de música y olores. El incienso era indispensable en palacios, templos o lugares concurridos por sus propiedades antisépticas y sedativas, o simplemente para evitar los malos olores. Dado su alto costo, en ambientes más sacrificados se quemaba cenizas de terebinto.       <br />
              <br />
       Los perfumes corporales para hombres y mujeres eran de uso cotidiano. Los obtenían de la destilación de las plantas unido un vehículo graso, aceite o mantequilla los pobres, y esencia de trementina (resina de cedro), los más pudientes.        <br />
              <br />
       El arreglo personal era muy importante. Contra la flacidez de la piel se ponían mascarillas compuestas por polvos de alabastro, natrón (carbonato de sodio) mezclado con miel, o bien huevo batido, o simplemente miel. Los malos olores corporales se disimulaban frotándose el cuerpo con hierbabuena, pero si eran muy insistentes se preparaba un ungüento  con terebinto e incienso. Para las horas de pasión se perfumaban con mirra.       <br />
              <br />
       Entre los aromas considerados especiales se encuentran los extraídos de las momias, las cuales estaban prácticamente embebidas en aceites aromáticos. Durante la dinastía helenística, siglo II a.C, en tiempos de penuria económica, se vendieron muchas momias a reinos de Asia Menor. Pero el verdadero tráfico de momias para extraer su aceite, aconteció a partir de la Alta Edad Media hasta hace escasamente unos 100 años.        <br />
              <br />
       En el siglo  XIX, se fabricaba, en farmacia, una especie de píldora panacea con aceite de mumia (betún de Judea) recogido en una cápsula de parafina o cera, que poseía la virtud de aliviar cualquier tipo de dolor e incluso sanar. Fue tan grande la demanda que llegaron a venderse momias nuevas, hechas para la ocasión, por auténticas antiguas.        <br />
              <br />
       <b>Hablando de momias</b>       <br />
              <br />
       Continuando con momias, y a modo de curiosidad, tenemos que recordar que Napoleón Bonaparte, a su regreso a Francia de la expedición a Egipto, entre otras muchas cosas, llevó consigo la momia de la famosa Cleopatra instalándola en la Biblioteca Nacional, pero durante el sitio de París en 1871 se cometió el error de trasladarla a los sótanos para mejor protegerla, donde se pudrió a causa de la humedad. En el diario de la Biblioteca, está anotado que “ante tal evidencia se le dio digno enterramiento”, pero al omitir el lugar, sus restos han desaparecido.       <br />
              <br />
       Los hombres y las mujeres se rasuraban todo el cuerpo, incluida la cabeza, evitando así parásitos no deseados. Poseían diferentes pelucas como vemos en los papiros. Solamente los varones de las clases altas se dejaban una barba rectangular.       <br />
              <br />
       Aunque fuera del tema que nos ocupa, creo que como curiosidad se debe comentar el atuendo. Existían para los hombres unos vestidos que cubrían desde el pecho a los tobillos sujetos por unos tirantes, pero la mayoría de ellos preferían la saya plisada de lino que dejaba el cuello al aire,  y moldeando la cintura un gran cinturón. Todo esto se adornaba con un muestrario de joyas, collares, pectorales, pulseras... Las damas sobre su desnudez vestían una especie de camisa transparente anudada a un hombro dejando un pecho fuera, y una cantidad de joyas similar a la de los varones.        <br />
              <br />
       Las sirvientas de la casa andaban desnudas, sobre todo cuando sus señores recibían invitados. Las sandalias eran el calzado habitual. En los museos encontramos sandalias cuyas suelas y tiras son de oro, por lo que además de incómodas debían ocasionar heridas al calzarlas. Los papiros médicos de Leiden nos informan como a los egipcios les dolían los pies con mucha frecuencia.       <br />
              <br />
       Para combatir neuralgias y reumatismo era habitual aspirar la médula machacada de salix (sauce). En realidad del sauce se aprovechaba todo para diferentes usos. Siglos más tarde la casa farmacéutica Bayer pondría en el mercado una pastilla compuesta por ácido acetilsalicílico, y la bautizaría con el original nombre de ASPIRINA. Los hebreos, persas y asirios descubrieron que en el bulbo del nardo se concentraba mucho más ácido acetilsalicílico que en el sauce, e incrementaron su cultivo. Fue tal el culto a esta flor, que los judíos la representan, aún hoy, como la flor nacional.       <br />
              <br />
       <b>Higiene doméstica</b>       <br />
              <br />
       En cuanto a la salubridad de la vivienda, desde las más antiguas dinastías, recurrían a todos los posibles métodos humanos y divinos para lograr una cierta higiene doméstica. El exterior de las viviendas dependía de la posición económica del propietario, pero el interior siempre se debía encalar bajo pena de ser desahuciado.        <br />
              <br />
       Para evitar la acumulación de moscas se utilizaba grasa de oropéndola en un recipiente, como se continúa haciendo en diversos países del Norte de África y Oriente Medio: machacados sus huevos antes de ser incubados, servia como pomada para protegerse de las picaduras de las pulgas. Un trapo impregnado en sebo de gato ahuyentaba ratas y ratones del lugar. Para proteger los graneros de visitantes desagradables se pintaban los suelos y paredes con disoluciones de orina y excrementos de animales (ácido úrico).       <br />
              <br />
       La endogamia en el matrimonio, no sólo era habitual, sino un precepto religioso sobre todo en los faraones y clase alta, y no poseemos documentación sobre taras fisiológicas a consecuencia de estas uniones.       <br />
              <br />
       Los pueblos más ricos de Asia Menor, lo que hoy conocemos como Oriente Medio, eran sin duda los situados en el valle de río Tigris y el Eúfrates, no en vano se dice que era allí donde se encontraba el Edén, y el más pobre el hebreo. Los primeros, avanzando ya en el tiempo, serían los persas, con  su ciudad más representativa, Babilonia (hoy Irak) donde la abundancia, lujo y excesos se manifestaban en todas sus formas de vida. Los segundos, sería Israel, que a excepción de algún valle en Galilea, sus recursos eran muy limitados.        <br />
              <br />
       Coetáneos a ellos estaba la antigua Grecia. Sus recursos agrícolas y ganaderos además de pobres, eran escasos. En cambio poseían un mar generoso que mitigaba su hambruna, y supieron moderar sus bisoños con la inteligencia y el tesón.           <br />
              <br />
       Si cogemos como modelo los siglos V/ IV a.C. en Atenas, las costumbres, la alimentación y reglas de higiene estaban completamente establecidas.       <br />
              <br />
       Las verduras y legumbres eran las mismas que las descritas para Egipto, pero más escasas. Tanto es así, que si bien éstas eran habituales en la dieta del campesino, en las ciudades se consideraban elegantes por su alto costo. Sólo hay una verdura original griega: la alcachofa que se comía cruda. Años más tarde, con la ocupación romana, se desdeñó por ennegrecer los dientes y reaparece cocida con el emperador Augusto.       <br />
              <br />
       Los cereales son los mismos de toda la cuenca mediterránea con la excepción que el trigo, en su la mayor parte, se importaba de Egipto y Siria. Su alto precio hacía del pan de harina de trigo algo inalcanzable, siendo el de avena el más consumido.       <br />
              <br />
       El arroz entró en la dieta griega a partir de las expediciones de Alejandro Magno a Oriente (325 a.C.),  y fue Teofrasto (372-288 a. C) en su obra  Historia de las plantas, el primero en describir su cultivo y como se cocinaba.        <br />
              <br />
       En cambio,  sí hay una diferencia del gusto entre la población egipcia y la griega en cuanto a la condimentación de los alimentos. Mientras que los primeros gustaban de añadir grasa o mantequilla a sus viandas, los griegos  usaban aceite de oliva.       <br />
              <br />
       Una de la verdura más apreciada era la col o repollo (en la antigüedad no se diferenciaba), Pitágoras la recomendaba por sus cualidades. De sus virtudes alimentarias han llegado hasta nuestros días varios escritos. Se cuenta que Diógenes se mantuvo en su famoso tonel comiendo tan sólo col y agua, para llegar a octogenario.        <br />
              <br />
       <b>La receta de Catón</b>       <br />
              <br />
       El censor Catón la recomendó en vinagreta y cocida como medicina. El historiador Plinio (s.I) escribe que se había conseguido una “versión gigante” de la col, la cual, para fortuna de los pobres, “desbordaba la mesa”. En el s.I a.C griegos y romanos consiguieron la fermentación de la col o repollo, dado su bajo coste y su más larga conservación, encontraron su utilidad como alimento de las tropas. Se cree que con el Emperador Marco Aurelio, durante sus campañas en Germania pasó a la actual Alemania, originando la conocida choucroute.       <br />
              <br />
       Los griegos en general eran bastante austeros y mesurados con la comida, lo que no restaba su gusto por los banquetes y sus excesos consiguientes. Tal vez por ser éstos un acontecimiento excepcional los representaron tan asiduamente en sus ornamentaciones.       <br />
       Las palabras griegas simposia y simposion utilizadas por nosotros para designar reuniones de carácter serio e importante, distan un poco de sus dos acepciones clásicas: banquete y la parte del ágape donde exclusivamente se bebía, que traducido a roman paladino o vulgarismo: “Reunión de borrachuelos”.       <br />
              <br />
       La comida más importante de la jornada era la cena. Se efectuaba recostado sobre un clino con la espalda erecta y acomodados sobre varios cojines. A estos simposia o banquetes, en contra de las costumbres egipcias, las mujeres estaban excluidas. Entre los invitados había que distinguir dos clases: los comensales propiamente dichos y aquéllos que solamente accedían al simposion, es decir, a la reunión de bebedores.       <br />
              <br />
       Con el empobrecimiento de las antiguas familias en pos de los nuevos ricos que debían su fortuna al comercio, surgió la figura del parásito. Normalmente eran gentes bien, venidas a menos, que por su elocuencia y cultura eran invitados a los banquetes para lucimiento del anfitrión.        <br />
              <br />
       Como bebidas tenían un hidromiel, agua y miel mezcladas, y un mejunge elaborado con sémola de cebada y agua, aromatizado con diferentes hierbas olorosas como el poleo o tomillo. Pero el vino era el verdadero protagonista. Se bebía sin fermentar o fermentándolo artificialmente con agua salada, mas de una u otra forma siempre le añadían agua a la hora de ingerirlo, y en algunos casos miel, tomillo o canela.       <br />
              <br />
       Los médicos concedían mucha importancia a los cuidados corporales y a los ejercicios de físicos. La práctica de la gimnasia tanto en hombres como mujeres se consideraba indispensable para la salud. El propio Sócrates, en edad avanzada, la practicó para reducir el vientre que, según él, superaba la medida adecuada.        <br />
              <br />
       Hay tres rasgos característicos en la gimnasia griega: la desnudez (gimnasia deriva de gimnos que significa “desnudo”), las unciones corporales de aceite y son del oboe. Desde muy pequeños, los niños aprendían a bañarse y nadar a orillas de un río o del mar y hacia los ocho años comenzaban a practicar la gimnasia. Las mujeres de clase humilde aprovechaban ir por agua a las fuentes para bañarse bajo sus caños.        <br />
              <br />
       Éstos estaban situados altos para permitir la ducha. En cambio, estaba terminantemente prohibido bañarse en el estanque que recogía las aguas, para evitar toda contaminación.       <br />
       Los atletas y hombres que usaban los baños públicos no podían sumergirse en las piscinas comunes sin antes haberse duchado.       <br />
              <br />
       Los griegos acostumbraban a caminar descalzos dentro de las casas y las gentes humildes también lo hacían por las calles. Para aliviarse de las caminatas, era habitual encontrar en las vías públicas unas canaletas donde refrescar los pies y en los patios de las casas era indispensable.        <br />
              <br />
       Antes de la cena se bañaban, por lo que el verbo bañarse solía ser sinónimo de “voy a cenar”. Dado que no conocían el jabón como nosotros lo entendemos, usaban un carbonato de sosa impuro, extraído del suelo, o bien una solución de potasa obtenida de cenizas de madera, lo mismo que se utilizaba para el lavado de la ropa. Hasta Alejandro Magno los hombres no se rasuraban, pero las mujeres sí se depilaban con ayuda de una cuchilla.        <br />
              <br />
       Con la ocupación romana llegaría una pasta depilatoria hecha con esperma de burro pero, dado su alto costo, sólo estaba a disposición de las damas adineradas. También se decoloraban el cabello con potasa para conseguir ser rubias o con tintes temporales para lograr tonos rojos, azules o verdes.       <br />
              <br />
       <b>Llegar a Roma</b>       <br />
              <br />
       Y con todo lo anteriormente explicado tendríamos que llegar a Roma y, sobre todo, a la Roma Imperial, la cual es imposible describir en pocas líneas.       <br />
              <br />
       A modo de bosquejo, si  nos situamos a partir de la época de los emperadores Adriano y Trajano, mitad del S. II, la situación social con respecto a los mundos anteriormente descritos, no tienen nada que ver. En cuanto a la alimentación, todos los productos conocidos en la actualidad, excepto los de procedencia americana, están a su disposición.        <br />
              <br />
       Se desarrolla el culto al gusto por la comida y emerge una figura imprescindible en las familias acomodadas romanas: el cocinero-refinado. Hasta nosotros han llegado recetarios de algunos de ellos, así como los grandes emolumentos que llegaban a cobrar.       <br />
              <br />
       La sociedad romana de los primeros siglos del Imperio es culta, curiosa, sedienta de novedades y snob, pero nunca vulgar. Con el paso de los siglos tenderá a la exageración y con ella al desorden. Pero todos sus defectos, creo pueden ser disculpados simplemente por haber sido: Roma.        <br />
              <br />
       Yo propongo, a modo de homenaje a esa Roma, que si bien no es el origen de nuestro bagaje cultural Helenístico, primer puntal de la Cultura Occidental, sí fue su principal transmisor, dedicarle todo un capítulo.       <br />
              <br />
       Todos estos logros del Mundo Antiguo, tanto en alimentación e higiene se perderán por siglos con el oscurantismo de la Edad Media. No solamente desaparecerán como uso y forma de vida, sino también se olvidará el cultivo de ciertas especies vegetales. Con el olvido llegará la hambruna, las grandes pestes y la miseria.        <br />
              <br />
       Con la Edad Moderna, a partir del Renacimiento (s. XIV) hasta nuestros días, hemos logrado, no sin esfuerzos, grandes adelantos en todos los campos. Sin embargo, corremos el riesgo que esta aparente “opulenta” cultura en la que estamos sumergidos, nos absorba el agrado por los alimentos básicos y nos haga olvidar la importancia de una  buena nutrición. Esperemos que no sea así, porque todavía el gusto es uno de nuestros cinco sentidos y no debiéramos estar dispuestos a perder lo que es nuestro y cultivado durante siglos.
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
    ]]>
   </content>
   <link rel="alternate" href="http://www.tendencias21.net/historia/La-alimentacion-en-el-Mundo-Antiguo-El-mas-importante-logro-de-la-humanidad_a2.html" />
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   <title>La Plata: Una historia universal</title>
   <updated>2007-05-07T18:24:00+02:00</updated>
   <id>http://www.tendencias21.net/historia/La-Plata-Una-historia-universal_a1.html</id>
   <category term="Bitácora" />
   <published>2007-05-03T12:11:00+02:00</published>
   <author><name>Myriam Sagarribay</name></author>
   <content type="html">
    <![CDATA[
Esta ponencia fue presentada en el Congreso de Guanajuato, celebrado el 26 de Octubre de 2006.     <div>
             <br />
       Antes de de  comenzar mi charla quiero comentarles algo que se aconseja en mi pueblo. Yo soy del norte de España y, por esas tierras, hay un refrán que dice: “Nunca hables de santos en una iglesia”. Hoy, en cambio, haciendo oídos sordos a esta máxima voy a hablar en Guanajuato, “iglesia de la plata”, de los avatares de este metal precioso a través de la historia. Lo que sí les ruego es un poco de paciencia conmigo ya que, en términos históricos, yo soy al menos XVI siglos más vieja que Ustedes.       <br />
              <br />
       Todas las personas que estamos aquí conocemos sobradamente el símbolo Ag con el cual, en química, se determina la plata. También sabemos que este símbolo corresponde a la abreviación de la palabra  latina argentum, a su vez derivada del griego argyros, nombre dado por los antiguos romanos para denominar la plata y, en la actualidad, aún continua llamándose así en tres idiomas latinos: francés, italiano y rumano. Sin embargo, en español y portugués y, por tanto, en el mundo Iberoamericano a este mineral lo llamamos plata y prata, derivando este nombre de un adjetivo calificativo latino platus, en griego platium, declinado en dativo femenino, cuya traducción exacta significa lámina, y en forma literal: “lámina blanca” que era la forma de transporte del mineral.       <br />
              <br />
       Llegados a este punto, creo que deberíamos hacernos una pregunta: ¿ es qué hasta la llegada de los romanos no se conocía la plata en la Península Ibérica? ¡Claro qué se conocía!, basta con recordar Tartesos, la espléndida Tarsis de la Biblia, su esplendor durante los siglos  VII al V a.C. y sus extraordinarios trabajos de orfebrería, pero desconocemos con que nombre se determinaba la plata.       <br />
              <br />
       De las propiedades de la plata se dice, entre otras, que es un metal de hermoso color blanco, brillante y de sonido claro, y es de este “sonido claro” donde la plata recupera, en español, su nombre original. Cuando una persona tiene una voz o una risa clara y nítida comentamos que posee un timbre de  voz  “argentino”, es decir: “suena como la plata”.         <br />
              <br />
       <b>Argentina</b>       <br />
              <br />
       Si la Península Ibérica recoge el nombre de “plata” de la cultura greco-romana, el mundo anglosajón no es menos. Sabemos que las primeras monedas que se acuñaron en el Mundo Antiguo fueron en Lidia, hoy Turquía, a finales del siglo VII a. C., muy pocas han llegado hasta nuestros días, pero algunas las podemos ver en el Museo de Pérgamo en Berlín.        <br />
              <br />
       Estas monedas eran de una aleación natural de oro y plata, lo que hoy conocemos como silvanita (telururo de oro y plata). Las monedas proliferaron rápidamente en todos los países por entonces conocidos, ya que su valor venía determinado por su contenido en metales preciosos. Sin embargo, como la astucia humana es más antigua que la moneda,  enseguida se ideó como sacar mayor provecho con el mínimo esfuerzo.        <br />
              <br />
       A las monedas, unas veces, se les rebajaba la cantidad de metal precioso y, otras,  se limaban o recortaban para recuperar el costoso metal. Siglos más tarde, en el XVII, se obligó en toda Europa a grabar unas ranuras en los bordes para evitar que se limasen.       <br />
       En el caso de las monedas de Lidia, con el paso de los siglos, el oro había casi desaparecido, eran prácticamente de plata.        <br />
              <br />
       Durante la expansión del Imperio romano, a partir del siglo I a.C., tenían grabada la cabeza de Silvano, dios de los bosques, en una de sus caras. La soldadesca las generalizó con el sobrenombre de “Silvanias” y, sin duda, con las campañas romanas en Britania y en Germania conjuntamente con las legiones, llegaron las “silvanias”, hoy silver y silber.       <br />
              <br />
       En la Antigüedad, en los apartados de la magia y la alquimia, la plata tuvo un gran protagonismo. Se la llamaba Luna y también Diana. Se representaba gráficamente en su faceta de cuarto creciente. Los magos asirios (siglo V a.C.) le atribuían espectaculares poderes viriles. Bastaba con que los hombres deseosos de alcanzar tal dicha, ingirieran un agua donde previamente se hubieran depositado siete monedas de plata, durante siete noches de luna creciente en fase pura, para obtener resultados de subida pasión. El único sacrificio era que, durante este periodo de tiempo, estos varones debían practicar la abstinencia. Sin duda, después de casi siete meses de espera, las asirias podían certificar excelentes resultados.       <br />
              <br />
       <b>Paladear la plata</b>       <br />
              <br />
       Por otra parte, en el antiguo Egipto era práctica habitual que las mujeres paladearan láminas de plata oxidada para ayudarse a concebir hijos varones. Estas láminas eran dadas siempre por un sacerdote de la diosa Isis, conjuntamente a unas plegarias. En este caso, el éxito estaba asegurado al menos al  50 %. Cuando nacían niñas siempre se podía acharcar la responsabilidad a no haber seguido con puntualidad las consignas dadas por el sacerdote.       <br />
              <br />
       Indudablemente estas “virtudes” de la plata en el Mundo Antiguo asirio y egipcio, no debieron funcionar con los griegos. Sabemos que en Grecia los hombres usaban la boca como monedero para  las monedas de plata y oro, y  no conocemos, al menos no está documentado, ningún caso de embarazo en varones griegos.       <br />
              <br />
       Y así, podríamos seguir hablando durante mucho tiempo del protagonismo de la plata y del polvo de plata en los campos del esoterismo y la alquimia, pero no solamente en la Antigüedad sino durante la Edad Media y hasta bien avanzado el siglo XIX. Prueba de ello es que aún, hoy en día, cuando queremos representar un mago seguimos vistiéndole con una capa profusa de estrellas y lunas crecientes, es decir: la plata.       <br />
              <br />
       Continuando con Grecia, debemos recordar que la moneda más estable y “seria” de la Antigüedad, fue el dracma ateniense. Contenía alrededor de 65-67 gramos de plata fina y sirvió como moneda fiduciaria durante varios siglos en todo el Mediterráneo. En la Grecia clásica no existían minas, su extracción era superficial y no en grandes cantidades por lo que su posesión era valiosísima.        <br />
              <br />
       Con la unificación de los estados griegos por las conquistas de Filipo de Macedonia y de su hijo Alejandro Magno, aparece el sistema extracción en mina, minas que los macedonios ya explotaban en sus territorios desde tiempos atrás.        <br />
              <br />
       Se cuenta que durante la conquista de la ciudad de Ecbatana (hoy dentro de Irán) Alejandro Magno quedó sobrecogido al contemplar el palacio: las vigas, los techos y las columnas estaban recubiertas de láminas de plata. Ante tal maravilla, ordenó a sus generales que le dejaran solo, y allí pasó la noche. Pero tanta belleza no impidió que diera orden de desmontar un gran número de placas para su transporte a Grecia y pago de la tropa.         <br />
              <br />
       También si repasamos el Antiguo Testamento, encontramos numerosas referencias a la plata en su versión moneda. La más cercana a nosotros, a España, la encontramos en el Libro de los Reyes en el pasaje que relata cómo Salomón mandó traer grandes cantidades de oro y plata de Ophir, dando el nombre de Ophir a la Península Ibérica. También en hebreo se conoce a la plata por su aspecto késeph, es decir, “blanca”.        <br />
              <br />
       <b>Sin blanca</b>       <br />
              <br />
       Aún, en la actualidad, es corriente referirse a la plata por su color. En España, no sé muy bien si ustedes también, cuando no tenemos dinero solemos decir: “estoy sin blanca”.       <br />
       Pero para grandes exageraciones referente a la cantidad de plata existente en la Península Ibérica no hay nada más gratificante que leer al griego Diodoro (s. I a.C).         <br />
              <br />
       Cuenta que los montes Pirineos, la cordillera que nos separa de Francia, estaban cubiertos por tupidos bosques los cuales, por descuido de unos pastores, ardieron con tal vehemencia que el intenso calor derritió los minerales, cayendo la plata por sus laderas como ríos de agua. De esta gran hoguera, pyrás en griego, o pira ignis ( todo arde) en latín, es de donde se deriva el nombre de Pirineos.       <br />
              <br />
       Continúa diciendo Diodoro, que los nativos (los cuales no aclara quienes eran) cambiaban a los mercaderes fenicios la plata por mercancía baladí, en tales cantidades que para transportarlas en sus naves, los fenicios sustituyeron sus anclas de plomo por otras de plata. Este pasaje fue descrito y comentado magistralmente, por el gran polígrafo mexicano Alfonso Reyes.       <br />
              <br />
       La verdad es que sí existieron y se extrajeron en la Antigüedad grandes cantidades de plata en la Península Ibérica. El gran historiador romano Plinio narra que, si bien había plata en todas las provincias romanas, la mejor era la procedente de España y clasificaba las minas del sur como excelentes. Pero un historiador del Mundo Antiguo, cuando trabaja  con cifras y cantidades de esas épocas, debe siempre considerar que las proporciones no son las mismas.        <br />
              <br />
       Seguramente, si comparásemos la producción de plata del Estado de Guanajuato con la producida en España durante todos los siglos pasados, estas últimas nos parecerían, exagerando un poco, “irrisorias”. Naturalmente, hay que tener en cuenta que los conocimientos, máquinas y sistemas de explotación avanzaron con los años facilitando y ayudando enormemente al hombre en la obtención del mineral.       <br />
              <br />
       Las primeras monedas acuñadas en España aparecen en el siglo III a.C. Aunque también se hicieron de oro, la mayoría de ellas, las que circulaban para las transacciones económicas, eran de plata. Dado que en el territorio peninsular habitaban diferentes pueblos, la emisión de monedas era variada. Encontramos el dracma griego, el fenicio, o simplemente aros de plata usados como monedas ya que su peso, por sí solo, justificaba su valor en cualquier transacción comercial.       <br />
              <br />
       En el año 139 a.C., con la victoria del cónsul romano Quinto Servilio sobre Viriato, la actual provincia española de Extremadura y medio Portugal pasan a ser provincia de Roma. Ese mismo año, en Mérida, se comienza a construir una calzada que avanzará conforme las legiones romanas conquistan suelo peninsular. Siglo y medio más tarde, con los emperadores Augusto, Trajano y Adriano se finalizará. Este camino unía, y une, Mérida con Astorga en León y, más tarde, hasta Asturias.        <br />
              <br />
       Los romanos la llamaron “Iter ab Emerita Asturican”, es decir, “camino de Mérida a Astorga”, y nosotros la conoceremos con el sugerente y equívoco nombre de “Ruta, camino o vía de la Plata”. Y digo equívoco nombre porque ni es de plata y nunca hubo plata en este trayecto, en tal caso, se aproximaba a las Médulas (entre León y Galicia) donde sí existían importantísimas minas de oro.       <br />
              <br />
       <b>Ruta de la plata</b>       <br />
              <br />
       El nombre de “Ruta de la Plata” es la denominación dada por las gentes llanas a esta calzada en contra de la intelectualidad de los siglos XVI y XVII. En este caso la palabra “Plata” deriva, de la árabe balata, que significa, todavía hoy en el árabe moderno: “camino enlosado”. Los intelectuales de los siglos que antes he mencionado, XVI y XVII, tal vez porque aún tenían memoria de las batallas de Granada, o bien por lo impresionados que estaban por la plata mexicana y peruana, decidieron buscar un origen etimológico más digno: lo derivaron del latín, del adjetivo “lata” que significa ancha.       <br />
              <br />
       Esta Ruta, Camino o Vía de la Plata que vertebra  España desde el sur hasta el norte, hoy en día, forma parte del Camino Mozárabe de Santiago. Y para terminar con este tema, que en realidad no tiene relación con Los caminos reales de tierra adentro de Nueva España, les diré que el sugestivo nombre que antaño dieron los romanos, ha evolucionado a otro más prosaico y racional, y por nada poético: carretera nacional 630.         <br />
              <br />
       La eficaz administración romana, homogénea para todas sus provincias, trae consigo el sistema monetario unificado. Las minas pasan a ser propiedad del Imperio y sólo él tiene la potestad de acuñar moneda.       <br />
              <br />
       El denario de plata se convierte en la estrella de las monedas, es la moneda más deseada y de mayor circulación, lo que conlleva, de manera natural, hacer de la plata el patrón moneda. Su uso es más generalizado que el denario oro, basta recordar que hasta a Jesucristo lo traicionaron por 30 denarios de plata. Este protagonismo del denario de plata también alcanzó, como es lógico, a la España romana.        <br />
              <br />
       El entusiasmo por el denario se arraigó tanto en el pueblo español que a pesar de las otra culturas y monedas que llegaron posteriormente a la Península, visigodas y árabes, las gentes continuaban hablando en genérico de denarios. Tanto es así, en Castilla, en el siglo XIV, se acuñó una moneda de plata y cobre de nombre “dinero”. Aunque su vida fue corta, no consiguió desarraigar  nuestra costumbre de hablar de denarios, es decir: “dinero”.       <br />
              <br />
       La difusión geográfica del denario creo que es digna de atención. Al igual que sucede con el peso Iberoamericano es una de las monedas de mayor difusión del mundo, no en número de habitantes, sino en países. En la actualidad, diez naciones denominan a su moneda: dinar. Estos países, dos en Europa (antigua Yugoslavia), Oriente Próximo y norte de África corresponden a antiguas provincias romanas. Tal vez, el éxito tanto del denario de plata como del denario de oro radique en su facilidad de comprensión y manejo, aún en tiempos en donde el sistema decimal no estaba establecido, ambas monedas eran divisibles por 10.        <br />
              <br />
       Con el retroceso cultural que supuso los primeros siglos de la Edad Media, se dejaron de explotar las minas de plata y oro, no sólo en España, sino en Europa. En los reinos asturleoneses apenas hubo circulación monetaria, estos reyes no acuñaron moneda, es más, su sistema de economía autárquica les devolvió al trueque.       <br />
              <br />
       De este abandono  en el que se sumió el mundo occidental, hay que rescatar la figura de Carlomagno, emperador de los francos, en el siglo IX. Estableció un sistema monetario basado en la plata. Este sistema fue adoptado por los condados catalanes y Navarra, manteniéndose hasta los reyes Católicos.       <br />
              <br />
       A partir del siglo XI, con el desarrollo económico que se produjo en toda Europa, reaparece la acuñación de moneda. Los reyes cristianos peninsulares quieren emular a los reinos de taifas y, como los árabes, el oro será su moneda más valiosa seguida por la plata.       <br />
              <br />
       <b>Plata y dinero</b>       <br />
              <br />
       Creo, que estoy hablando demasiado de “plata” en versión iberoamericana, es decir: de dinero. Para finalizar este tema, que a partir de la Baja Edad Media todos conocemos, más o menos, quisiera hacer mención, por cuanto nos atañe a unos y otros, de la importancia de las monedas  acuñadas en España en el siglo XVI con plata procedente de México. Dada su calidad, se convirtieron en moneda de uso corriente en China, durante más de dos siglos. Caso que no se ha repetido con ninguna otra moneda europea.       <br />
              <br />
       El gran economista Carlo María Cipolla muerto hace pocos años, decía que la plata, cual dama caprichosa, para realzar toda su belleza escogió para la eternidad un marido feo e incómodo: el cinabrio. Y fue tal el éxito de esta unión que el pobre metal, deslumbrado por el esplendor de su musa, perdió su nombre en todos los idiomas para llegar a transformarse en Chytos Argyros o Argentum Vivum, siendo Aristóteles el primero en utilizar este nominativo.        <br />
              <br />
       La primera cita documentada que tenemos sobre el mercurio, nos la proporciona Teofrasto, en el siglo IV a.C. En su “Tratado sobre las piedras”. Explica que amasando el cinabrio natural con vinagre se obtenía el mercurio y cita a Calia como descubridor del cinabris o bermellón.  Pero seguramente, el cinabrio, envidioso de la plata, también deseó su cuota de protagonismo. Y lo encontró en el mundo esotérico de la alquimia.       <br />
              <br />
       Según Platón, para conseguir la transmutación de los metales, era necesario poseer una materia prima común a todas las sustancias, y que al carecer de formas podía recibir todas. A esta materia prima se la llamó la Piedra Filosofal y estaba compuesta por un “misterioso” polvo de color rojo intenso, pesado y brillante. Sencillamente era mercurio oxidado, es decir: óxido mercúrico, al que, una vez extraído su elemento fluido, lo habían fijado.       <br />
              <br />
       Conseguida esta maravillosa Piedra Filosofal, se añadía azufre y arsénico para conseguir tintes de color plata y oro. Estos agregados fueron conocidos por los alquimista como la quinta esencia.       <br />
              <br />
       Nosotros, los españoles, al cinabrio le dimos un nombre diferente  al resto de los otros idiomas tanto latinos como anglosajones. Lo llamamos a nivel usual, azogue, recogiéndolo de un vulgarismo derivado del árabe.        <br />
              <br />
       Una vez más, los estudiosos de los siglos XVI y XVII quisieron encontrar una etimología digna a tan extraño nombre. Dado su connotación con el mercurio, y siendo el dios Mercurio protector del comercio en la mitología romana, dijeron que el nombre de azogue derivaba de la palabra árabe azoc que significa zoco o plaza de comercio.        <br />
              <br />
       Tanto es así, que en España aun conservamos plazas, donde se realizan mercados semanales, conocidas como azogues. Una de ellas, en Benavente, provincia de Zamora, está coronada por una bellísima iglesia dedicada a Santa Maria del Azogue y a San Juan del Comercio que es como poner una vela a Dios y otra al diablo, es decir, en nombre árabe y en nombre cristiano.       <br />
              <br />
       Como los tiempos suelen acomodar las cosas en su justo lugar, hoy sabemos que el azogue que nos interesa deriva del verbo árabe azue, hoy en desuso, que significa correr. La sabiduría popular supo encontrar su justa definición. Según dicen es mejor correr que inhalar el polvo del cinabrio. Nosotros solemos decir, e imagino que ustedes también, cuando un niño está agitado, o cuando una persona se siente preocupada o inquieta: “que tiene azogue”.       <br />
              <br />
       El naturalista romano Plinio el Viejo, en el s. I (23-79 d.C.), en sus escritos ya diferenciaba el mercurio nativo del obtenido del cinabrio.   de la plata, los romanos lo necesitaron en grandes cantidades para bermellón y los árabes, además del bermellón, obtenían el solimán para curtir los cueros. Y a partir de aquí, no insistiré porque ustedes sobre Almadén, su nombre y origen saben mucho más que yo.       <br />
              <br />
       <b>Fin de la historia</b>       <br />
              <br />
       Con el último cargamento de bermellón, termina la historia antigua-medieval de la plata y el mercurio.       <br />
              <br />
       Con el descubrimiento del Nuevo Mundo, y con los hallazgos de riquísimas minas de plata en remotas áreas de Perú (Potosí 1545) y  Nueva España (Zacatecas 1546), e importantes yacimientos de rocas auríferas en Nueva Granada, plata y azogue, retomarán su protagonismo.       <br />
              <br />
       Estos descubrimientos mineros, ocasionaron fuertes cambios que afectaron de forma definitiva e irreversible a Hispanoamérica. La América cuasi-medieval de la conquista, que aspiraba a la diversificación y autosuficiencia económica, que hubiera podido tener un desarrollo lento, pero equilibrado y autónomo, iba a transformarse desde entonces en una economía moderna, capitalista y sumamente especializada, desequilibrada a favor del sector minero y la exportación a Europa.       <br />
              <br />
       El oro y la plata, debido a su elevado precio y reducido volumen, estaban en condiciones de absorber altos costes de transporte a muy grandes distancias. Europa en pleno desarrollo de su capitalismo comercial, y en una coyuntura general de expansión económica, mostraba una insaciable necesidad de metales preciosos, más que para atesorarlos, para ponerlos en circulación en forma de moneda. En cuanto a la demanda, el oro tenía la ventaja de su mayor valor.        <br />
              <br />
       Pero hasta el siglo XVII, la situación favoreció a la plata, modificando el coeficiente bimetálico. Entre 1500 y 1560, la relación oro/plata osciló en Europa entre 1:10 y 1:11, lo cual significa oro relativamente “barato” y plata relativamente “cara”. Estas circunstancias explican la rapidez del desarrollo y el enorme volumen de inversión y producción en la minería argentífera del Nuevo Mundo.        <br />
              <br />
       En la colonia solía decirse con frecuencia: “Sin plata no hay azogue, y sin azogue no hay plata”. El juego de palabras no hacía sino expresar una patente realidad del movimiento económico de entonces: el papel estratégico y esencial, que el azogue desempeñaba en la producción de plata.       <br />
              <br />
       <b>Historia y comercio</b>       <br />
              <br />
       Es sobradamente conocido que esta actividad fue, durante toda la colonia, uno de los aspectos esenciales de la organización económica indiana y origen, en último término, del proceso de globalización económica mundial. Cuando a mediados del siglo XVI se consolidó el método de amalgamación con azogue como técnica metalúrgica para la obtención de la plata, el mercurio se convirtió en una pieza básica del entramado económico imperio.        <br />
              <br />
       A lo largo de todo el periodo colonial, asegurar el abastecimiento de azogue a los dos grandes núcleos productores de plata (Nueva España y Perú), fue una de las máximas preocupaciones de los altos funcionarios indianos. En el caso peruano, la provisión de este básico insumo se pudo garantizar, salvo circunstancias excepcionales, gracias a las minas de Huancavelica, Perú, descubiertas en 1564.       <br />
              <br />
       Las minas novohispanas dependieron siempre, sin embargo, de la importación de azogue. Por lo general, las remesas de mercurio llegaban desde las minas de Almadén. Estas fueron explotadas por los Fugger, banqueros de Augsburgo, a quienes Carlos V dio la concesión de explotar las minas como pago parcial de la deuda que la Corona española tenía con ellos.        <br />
              <br />
       Los Fugger, que explotaron el yacimiento desde los años cincuenta del siglo XVI hasta 1645, lograron aumentar la producción durante el último cuarto de aquel siglo. Aún así, era necesario, por lo general, efectuar pequeñas importaciones anuales de mercurio peruano para cubrir todas las necesidades de las explotaciones peruanas.        <br />
              <br />
       A lo largo del siglo XVII, proliferaron cada vez más los episodios de escasez de azogue, tanto en Nueva España como en Perú. En el caso mexicano, hacia mediados de siglo los virreyes protestaron con energía por la creciente disminución de las remesas que llegaban desde la Península.       <br />
              <br />
       Con independencia de los permanentes problemas de abastecimiento, lo cierto es que el azogue tuvo un papel determinante en todo el proceso de la producción minera. Al controlar su producción y su circulación a lo largo de los territorios indianos, la Corona disponía de un factor de regulación y control de la producción a escala continental, aunque en general no parecen haber existido planteamientos de esta naturaleza detrás de las decisiones administrativas respecto a la producción y circulación del azogue.       <br />
              <br />
       Por otro lado, al costear su producción y, sobre todo, permitir su adquisición a crédito por parte de los mineros, la Corona ejerció un permanente subsidio sobre la producción metalífera. Tanto en los grandes centros mineros de  México como en los de Perú, la deuda de los empresarios mineros con la Real Hacienda por este rubro (azogue recibido para la producción de plata) alcanzó cifras astronómicas. Por lo general, las deudas se arrastraban a lo largo del tiempo hasta que se alcanzaba un acuerdo o “composición” con la Corona, que implicaba normalmente una bondadosa manera de pagar y una no menos generosa condonación de parte de la deuda.        <br />
       	       <br />
       Pero la plata, además del mundo de la minería, también tiene su protagonismo importante en el campo de la medicina. Bajo su preparación coloidal, hasta el descubrimiento de los antibióticos, cubría esta función en enfermedades infecciosas. Se utilizaba, y aún suele hacerse, como reconstituyente, cicatrizante, en dermatología y en muchísimas cosas más.       <br />
              <br />
       El español Santiago Ramón y Cajál, premio Nóbel de medicina, alcanzó tan alta distinción por sus trabajos con sales de plata para fijar las dendritas y los axones de las neuronas cuando descubrió que el sistema nervioso era una serie de retículos conectados. También descubrió los usos de la plata coloidal para hacer radiografías y, sobre todo, no debiéramos olvidar sus mil usos en la industria, es decir, en nuestra vida cotidiana.       <br />
              <br />
       Como historiadora, y además de Antiguas, estoy convencida que siempre es aconsejable conocer el pasado de lo que se habla y ama. Pero con estos viajes modernos del internet o del fax, he visto que el título de esta charla había cambiado desde España a México o viceversa. Mi deseo era, y creo que así lo he hecho, hablar un poco de “una historia universal de la plata”, una historia común de todos, y no solamente de “una historia de comercio”.        <br />
              <br />
       En realidad no difiere mucho, pero en mi interior me parece, que hablar exclusivamente de  comercio es faltar el respeto a la plata. La plata es algo más que un importante espacio mercantil. La plata es salud-es enfermedad, es alegría-es sufrimiento, es libertad-es opresión, y sobre todo, la plata fue ayer, y será mañana.
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