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  <title>HISTORIA Y SOCIEDAD: M. Sagarribay</title>
 <description><![CDATA[Blog sobre Civilización de Tendencias21]]></description>
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  <language>es</language>
  <dc:date>2009-01-08T13:05:53+01:00</dc:date>
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   <title>Algunas frases históricas</title>
   <pubDate>Mon, 14 Apr 2008 08:30:00 +0100</pubDate>
   <dc:language>es</dc:language>
   <dc:creator>Myriam Sagarribay</dc:creator>
   <dc:subject><![CDATA[Bitácora]]></dc:subject>
   <description>
<![CDATA[

La razón que me ha motivado escribir algo tan conocido popularmente como “frases históricas”, no es más que el pretencioso deseo de intentar ubicar la frase en su momento histórico. La mayor parte de las veces solemos citarla, ignorando bien por inercia o por desconocimiento la  situación o el personaje, ó los dos a la vez, con lo cual convertimos la frase en  algo próximo al dicho o refrán. Soy consciente que sobre este tema existe gran número de publicaciones, unas mejores y otras peores. La mía es simplemente una más, pero con una salvedad: invito al posible lector a incluir cualquier frase, modificar mi versión o solicitar explicación sobre otras que yo pueda omitir o desconocer. Quizás consigamos entre todos una publicación casi interminable. ¡Suerte!         
Myriam Sagarribay
     <div>
             <br />
       <span style="font-style:italic">A la memoria de mi padre,       <br />
       gran contador de historias.</span>       <br />
              <br />
              <br />
              <br />
       <b>Ayuda a los otros a levantar su carga, pero no a llevarla.-</b>       <br />
       Pitágoras (s. VI a.C.)       <br />
              <br />
       Sobre  Pitágoras, considerado uno de los siete sabios de Grecia, poco se sabe con exactitud. Su propia fecha de nacimiento y defunción difieren aproximadamente cuarenta años (n. del 590 al 569 – m. 510 ó 470 a.C.) ¿Qué existió?, es verdad. ¿Qué es el padre de las matemáticas?, también. ¿Qué es el inventor del teorema que lleva su nombre y de la tabla de multiplicar?, hoy nadie lo duda, pero todo en él es misterio. Se cree que nació en Samos, hijo de un comerciante de piedras preciosas, y en su juventud viajó por todo el Mediterráneo. Su educación fue esmerada como correspondía a cualquier griego de familia acomodada: gimnasia para el cuerpo y filosofía y música para el espíritu.       <br />
       Fue el fundador del movimiento religioso y científico que lleva su nombre (pitagorismo), con unos principios morales muy sencillos en donde el hombre debía alcanzar la máxima perfección para ser semejante a los dioses. El número representaba la esencia de la vida y el alma, y todo podía representarse por números.       <br />
           Sus escritos sólo nos han llegado a través de otros escritores de la Antigüedad. La frase que  nos ocupa se encuentra en libro de máximas pitagóricas titulado “Versos dorados”.       <br />
              <br />
              <br />
       <b>Pega, pero escucha..-</b>                                                                                                                                           Temístocles (general y político ateniense, 525-460 a.C.).       <br />
              <br />
       Narra el historiador Plutarco (s. II d. C), que tras la batalla de Maratón, los persas  rehicieron sus ejércitos llegando hasta el Atenas. Los atenienses huyeron en sus naves hacia Esparta  para solicitar ayuda. Reunidos los generales para determinar la táctica de guerra, el espartano Euribíades era partidario de librar la batalla en el Golfo de Corinto, mientras que Temístocles lo era por la bahía de Salamina. Durante la acalorada discusión, Euríbiades intento golpear a Temístocles con su bastón, a lo que Temístocles sin gesto esquivo exclamó: “Pega, pero escucha”. En golpe no llegó a su fin, pero sí las conversaciones aceptándose la posición del ateniense, es decir, Salamina.       <br />
              <br />
       Temístocles hizo de Atenas la primera potencia marítima de la Helade y la gobernó durante  cinco años. En las luchas internas por el poder, vencido solicitó asilo en Persia. El rey Atajerjes, su antiguo enemigo, le nombró sátrapa (gobernador) de la ciudad de Magnesia en donde terminó sus días.       <br />
              <br />
              <br />
       <b>Que te apartes y no me quites el sol. -</b>                                                                                    <br />
       Diógenes (filósofo griego, 413-327 a.C)       <br />
              <br />
       Diógenes  fue el principal exponente de la escuela cínica –del griego cinis, perro- cuyo principio filosófico se basaba en “la total anulación de todos los deseos y necesidades humanas para mejor parecerse a los dioses”. A sus seguidores se les conocía con el calificativo de cínicos, nada que ver con la tercera acepción del diccionario de la Real Academia (impúdico, procaz).       <br />
              <br />
       Para alcanzar a los dioses, Diógenes adoptó un tonel como casa, una vieja y única túnica como vestido y un pequeño talego donde guardar los pocos alimentos que lograba mendigando; cuando fallaban las donaciones se nutría de hierbas. Relativo a Diógenes se podría escribir a parte de ésta frase, muchas más. Se cuenta que un día Platón apenado por  su triste situación, le aconsejó que entrara al servicio del dios Dionisios. Diógenes le respondió con tono compasivo: “Quien come hierbas no tiene que servir a nadie”.       <br />
              <br />
       Enterado Alejandro Magno de la calamitosa vida de Diógenes fue a su encuentro para ofrecerle ayuda. El filósofo, recostado tomando el sol, respondió con tono indiferente. “Que te apartes.......”       <br />
              <br />
              <br />
       <b>Cuando se pierde una batalla, sólo los que huyen pueden combatir en otra.-</b>        <br />
       Demóstenes (general y orador, Atenas,384-Calauria,322 a.C.)       <br />
              <br />
       Aunque gran parte de su vida la dedicó a las armas, su verdadera pasión fue la oratoria. De joven, oyendo a Calístrato, decidió que la elocuencia era su camino, pero para ello tenía que superar arduas dificultades físicas: era tartamudo. Comenzó su caminar por el mundo de la oratoria escribiendo demandas para los tribunales pero, al momento de leerlas, las gentes se reían de su fina voz entrecortada y de la falta aire. Para remediar estos graves inconvenientes en el logro de sus deseos, ensayaba hablando durante horas con piedras en boca y a los veintisiete años había superado su defecto.        <br />
              <br />
       Alcanzó grandes fortunas, no como general, sino cono redactor de grandes discursos y recursos tanto para él como para terceros. Se cuenta que hasta recibió grandes sumas del propio rey de Persia y que lo hizo para combatir a Filipo de Macedonia, su gran enemigo.       <br />
              <br />
       Autor de las famosas arengas Filípicas y Olintíacas, hasta nosotros han llegado 61 discursos, 56 exordios y 6 epístolas.       <br />
              <br />
              <br />
       <b>Nada es permanente a excepción del cambio.-</b>                                                                    <br />
       Heráclito, (filósofo griego, s.V a.C.)       <br />
              <br />
       Dado que el nombre de Heráclito es bastante común entre los griegos insignes de la antigüedad, es necesario añadir al patronímico su ciudad de nacimiento: Éfeso.       <br />
              <br />
       Su vida y su obra aparecen envueltas en relatos legendarios, aunque filósofos como Sócrates, Platon y Aristóles alaben o desarrollen parte de sus teorías. El principio de su filosofía es la relatividad universal: nada es, todo deviene. “Lo uno, desdoblándose coincide con uno mismo”. “La única realidad es el paso del ser al no ser, todo en la naturaleza ocurre igual: la noche sigue al día, la muerte al nacimiento, la enfermedad a la salud... Lo único verdadero es el cambio, porque es eterno”  Para Heráclito el mundo no es obra de los dioses, ha existido y existirá siempre. Es un fuego eterno que se enciende y apaga según leyes regulares.       <br />
              <br />
       Por el contenido pesimista de sus teorías, se le llamó  el filósofo plañidero. Su filosofía está recopilada en su obra Sobre la naturaleza, de la cual han llegado algunos fragmentos y comentarios en otros autores.         <br />
              <br />
              <br />
       <b>Zapatero, a tus zapatos.-</b>       <br />
       Apeles (pintor S.IV)       <br />
              <br />
       Fue el pintor más importante de la antigüedad. Dada su condición de pintor de corte, los más insignes personajes de su época solicitaron sus servicios, entre ellos Alejandro Magno a quien retrató dos veces. Su realismo era tal perfección que cualquier tema pintado por él tomaba vida. El artista gustaba mostrar en público sus obras y someter a las gentes al equívoco, si era pintura o realidad. Se dice que en cierta ocasión pintó una cortina, y debajo escribió: “descubrid lo que esconde”y las gentes, creyéndola real, intentaron abrirla con la mano.       <br />
              <br />
       En una de estas demostraciones, un zapatero criticó algo sobre unos zapatos pintados por el artista, Apeles dándole la razón rectificó el calzado. Entusiasmado el zapatero por su éxito, mirando el busto del personaje intentó corregir posibles defectos, a lo que Apeles respondió: “zapatero, a tus zapatos”       <br />
              <br />
              <br />
       <b>Otra victoria como ésta y estoy perdido.-</b>       <br />
        Pirro, rey de Epiro (318?-272 a.C)       <br />
              <br />
       Después de varias vicisitudes, consiguió ser nombrado rey de Epriro. También compartió durante nueve años el reino de Macedonia con Lisímaco. La ciudad de Táranto solicitó su ayuda contra los romanos y Pirro se personó con un ejército de 25.000 hombres y unos pocos elefantes, sería la primera vez que los romanos, con gran asombro, tuvieron que enfrentarse a estos animales. Sus victorias se sucedieron pero fue después de la batalla Asculum en donde los romanos perdieron 7.000 hombres y Pirro 4.000, cuando dicen que pronunció la consabida frase.       <br />
              <br />
       Atacada y ocupada Sicilia por los cartagineses, Pirro hizo una alianza con los romanos para expulsar de suelo siciliano a los invasores y también venció.       <br />
              <br />
       Pirro, no sólo poseía todas las condiciones físicas del mejor general, también era reconocida su inteligencia. Escribió una historia del arte de la guerra que muchos años después alabaría Cicerón y comentada por Plutarco.       <br />
       	       <br />
              <br />
       <b>Sabes vencer (Aníbal), pero no sabes aprovechar la victoria.-</b>       <br />
       Maharbal, (general cartaginés, n?-m.202 a.C.)       <br />
              <br />
       General cartaginés, hombre poco culto pero gran luchador. Sitió Sagunto con tanta precisión que nadie nota la falta de Aníbal. Al declararse la segunda guerra púnica (Roma contra Cartago), Aníbal decidió combatir a Roma en la propia Italia, contaba con que Cartago le enviaría los refuerzos necesarios. Aníbal, sus ejércitos y sus elefantes cruzaron el río Ródano, los Alpes, llegando solamente 20.000 soldados de los 90.000 que salieran de España y un único elefante de los 40 que disponía al momento de la marcha. Continuando su camino hacia Roma, atravesó los Apeninos y en los lodazales del río Arno, perdió la mitad del ejército, un ojo y el elefante que le quedaba.        <br />
              <br />
       El general Maharbal, una vez más, dio muestras de sus grandes dotes, hizo que la Galia Cisalpina  se revelara contra Roma y venció a más importante ejército de legionarios romanos. En la batalla de Cannas, que dio la victoria a Aníbal contra Roma comandó la caballería. Aníbal, después de esta victoria, se retiró Capua para esperar refuerzos para atacar a Roma, refuerzos que durante los trece años de su estancia nunca recibió. Esta decisión de Aníbal, fue duramente criticada por Maharbal de donde viene la frase: “sabes vencer, pero no sabes aprovechar la victoria”.       <br />
              <br />
              <br />
       <b>Libremos a Roma de este pobre viejo que tanto le causa miedo.-</b>       <br />
       Aníbal, (Cartago 247 a.C-183 a.C.)       <br />
              <br />
       Es el más importante general cartaginés. Era hijo de Almílcar Barca, a los nueve años su padre le hizo jurar odio eterno contra los romanos y, sin duda, cumplió su juramento.       <br />
              <br />
       Después de llegar casi a las puertas de Roma y tras la victoria de Cannas –frase anterior- se retiró a Capua en espera de refuerzos, aunque algunos historiadores afirman que el verdadero motivo fueron los placeres que encontró en esta ciudad. La verdad es que escribió gran número de misivas al Senado cartaginés solicitando refuerzos y que éste respondió: "si no atacas Roma por miedo de perder, no necesitas refuerzos, y si vas a ganar: tampoco”. Finalmente, Cartago le envió un ejército de ayuda al mando de su hermano Almílcar, ejercito que fue vencido al poco de entrar en Italia y su hermano muerto. Ante estas nefastas noticias, Anibal perdió toda esperanza de apoyo y se decidió negociar con Roma una salida digna. Frustrada toda esperanza de diálogo, no tuvo más salida que plantar batalla, y en Zama fue derrotado por Escipión.       <br />
              <br />
       Después de 35 años fuera de su país, Aníbal regresó a Cartago y nombrado magistrado. Organizó la hacienda, la vida pública y llevó a cabo algunas alianzas con reinos de Asia Menor. Temerosos los romanos de su nueva influencia, Roma solicito la entrega de Aníbal como rehén. Temeroso, huyó de Cartago y se refugió en la corte de Antíoco III (Siria).        <br />
              <br />
       Se cuenta que una noche este rey reunió a cena, a Escipión y Aníbal, y dirigiéndose a éste último preguntó que según su criterio quienes habían sido los mejores generales de la historia:       <br />
       Aníbal: El primero Alejandro Magno, el segundo Pirro y el tercero, yo.       <br />
       Escipión exclamó: Eso sería si yo no te hubiera vencido.        <br />
       Aníbal: Si no me hubieras vencido, yo sería el primero.       <br />
              <br />
       Consciente de que Roma no olvidaba, se refugió en Bitinia y poco después, cercano a los 90 años se suicido ingiriendo el veneno oculto en la caña de su bastón. Antes de morir cuentan que exclamó: “Libremos a Roma de este pobre viejo que tanto le causa miedo”.       <br />
              <br />
                     <br />
       <b>Ingrata patria, no eres digna de poseer mis huesos.-</b>       <br />
       Escipión, el Africano (234 a.C.- 183 a.C.)       <br />
              <br />
       Publio Cornelio Escipión pertenecía a una de las familias más ilustres de Roma, los Cornelia, por lo tanto, todos los miembros de esta saga, tras el nombre, llevaban Cornelio a modo de apellido. El calificativo de Escipión  (scipio en latin = bastón) se remonta al primero de esta saga, fue guía y apoyo de su padre ciego. A los Escipiones posteriores les sumaron otros calificativos, al que nos atañe lo llamaron El Africano por sus campañas en África.       <br />
              <br />
       A una esmerada educación griega – las “gentes bien” romanas tenían desde niños preceptores griegos - , trato agradable y hábil elocuencia, había que sumar sus dotes de guerra. A los 22 años llegó a Tarragona como Procónsul para España, y a los 26 ya era Cónsul. Sus dotes diplomáticas le ayudaron a captar las voluntades de los naturales de la Península necesarias para combatir contra los cartagineses.        <br />
              <br />
       Luchó en Cannas contra Aníbal y perdió, pero en la batalla de Zama, sus ansias de victoria se vieron recompensadas. Aunque vencidos los cartagineses, sigue de cerca el destino de Aníbal, finaliza la conquistada España y sus pasos se dirigen hacia África.        <br />
              <br />
       A su regreso a Roma es acusado en el Senado por su visceral enemigo Catón, de malversación del dinero público y gastos excesivos. Decepcionado eligió libremente el destierro, y se retiró a un pequeño pueblo cerca del mar Tirreno, Lucertum, pueblo que hoy no existe.       <br />
              <br />
       A su muerte dejó en testamento que no deseaba honores ni que sus huesos reposaran en Roma.
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
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</description>
   <link>http://www.tendencias21.net/historia/index.php?action=article&amp;numero=10</link>
  </item>
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   <title>Vida cotidiana en Grecia después de Alejandro (I)</title>
   <pubDate>Thu, 26 Jul 2007 11:25:00 +0100</pubDate>
   <dc:language>es</dc:language>
   <dc:creator>Myriam Sagarribay</dc:creator>
   <dc:subject><![CDATA[Bitácora]]></dc:subject>
   <description>
<![CDATA[
     <div>
      La vida cotidiana en la Hélade a partir del último tercio del siglo IV a.C. sufre una completa transformación. Si la relacionamos con la austeri¬dad de la época clásica, siglo V o siglo de oro de Pericles en Atenas, comprobaremos que el equili¬brio entre lo racional e irracional, entre la religiosi¬dad y la indife¬rencia, entre la sobriedad y el boato ha perdido su antigua mesura. Solamente las gen¬tes llanas y el medio rural conservarán algo de aquel entonces.       <br />
              <br />
       Con las conquistas de Alejandro Magno la sociedad helénica, hasta entonces cerrada dentro de las normas y gustos de las póleis, se abre a nuevos mun¬dos y casi todo el universo conocido se pone a su disposición. Descubre otros dioses, conoce cul¬turas milenarias (Egipto, Babilonia,...) y accede a modos de vida tan diferentes, que harán que el hele¬nismo no sea una prolongación de la antigua cul¬tura griega, sino algo nuevo sobre bases viejas. Quizás, la común sentencia que augura la victoria del vencido, se hará patente y será el conquistador quien más reciba la influencia de los mundos del  conquistado.       <br />
              <br />
       La adopción por parte de todos los estados de la Hélade del griego ático (hablado en Atenas), dio  lugar a una lengua común o koiné que facilitó la co¬municación, primeramente entre las diversas póleis o ciudades y, más tarde, al imponer el idioma en las tie¬rras conquis¬tadas, el fácil acceso a nuevas for¬mas de vida.       <br />
              <br />
       En religión se aceptaron nuevos dioses, en política se asentaron las monarquías absolutas, las primeras del mundo occidental, y en filosofía se abrie¬ron nuevos conceptos alejados de aquéllos con¬sidera¬dos básicos: Sócrates, Platón y Aristóte¬les. La arqui¬tectura tendió a emular las grandes obras babilonias o faraóni¬cas, y el gusto por el lujo asiático apare¬ció en todas sus manifes¬tacio¬nes. Sólo con las epide¬mias, las invasiones bár¬baras o la ocupación romana los griegos volvie¬ron a una rela¬tiva sensatez como reflejo diferen¬cial.       <br />
              <br />
       <b>La ciudad</b>       <br />
              <br />
       Al igual que Alejandro Magno, los sucesi¬vos reyes helenísticos fundaron ciudades que llama¬ron con su propio nombre. Si bien fuera Filipo II, padre de Ale¬jandro, quien abriera brecha en esta moda, el deseo de protagonismo de sus suce¬sores fue tal que no se con¬formaron con la simple crea¬ción, sino que intenta¬ron que sus ciudades compi¬tie¬ran entre ellas en belleza e importancia.       <br />
              <br />
       Para su construcción echaron mano de un viejo proyecto urbanístico de Hipódamo de Mileto (siglo V a.C.), consistente en un trazado geomé¬trico con calles o arterias interseccionadas en án¬gulo recto que delimitaban núcleos de viviendas cuadrados o rectangulares. Las calles grandes y espaciosas con¬fluían en una plaza o ágora que era el centro econó¬mico, político y religioso de la ciu¬dad.       <br />
              <br />
       Si tomamos como ejemplo dos ciudades, una de nueva planta, Salónica (Tsalónica), y la clá¬sica Atenas con sus ampliaciones helenísticas, comproba¬remos que la superficie del ágora de la primera se concibió con medidas suficientes para el pleno desa¬rrollo de sus tres actividades. Así pues, en la época en que nos situamos, entrando ya el siglo III a.C., la plaza o ágora de Atenas se había que¬dado pequeña e incómoda, permaneciendo en ella solamente la Asam¬blea de Ciudadanos y el mercado con sus frágiles tenderetes agrupados por gremios: aceituneros, vinateros, fruteros, perfumeros....       <br />
              <br />
       Atenas, sin duda, la ciudad griega por anto¬nomasia, al igual que la actual, no estaba situada a orillas del mar. Su puerto, El Pireo, distaba seis kiló¬me¬tros de la metrópoli. Su fundador, Teseo, reunió, allá por el segundo milenio a.C, a toda la población del Ática en torno a una pequeña colina que fortificó, la Acrópolis, y puso a la ciudad bajo la protección de la diosa Atenea. Como esta pólis surgió de la fu¬sión de varios pueblos, su nombre se indicó en plu¬ral y, de este modo, ha permanecido a través de los siglos.       <br />
              <br />
       En el siglo VI a.C. se construyó una se¬gunda muralla exterior a la primera, ampliándose con¬forme el creci¬miento de población así lo exigía. Un siglo antes de nuestra época, el períme¬tro propiamente de Atenas era de algo más de seis kilómetros por casi dos de diámetro, y aunque fuera de ella hubiera po¬blación, estas medidas son válidas para el periodo helenís¬tico. También, para evitar su aislamiento en caso de guerra, se fortificó el camino que con¬ducía al Pireo; dos murallas con un ancho de 160 metros entre ellas, aseguraban la entrada de víveres por mar.       <br />
              <br />
       Acrópolis significa literalmente ciudad alta: akros alto o extremo y pólis, ciudad. La Acró¬polis ateniense se asentaba sobre una altura de 156 metros sobre el nivel del mar y a escasos 130 de la ciudad baja y, en nuestro periodo, hacía más de dos siglos que en su suelo sólo se alzaban edifi¬cios dedicados a los dioses. En el siglo VI a.C., Pisístrato erigió, o al menos restauró el primer Partenón, templo dedicado a la diosa Atenea bajo el epíteto de Párthenos o Virgen. Un siglo más tarde, los persas incendiarían y derruirían parte del templo y de las primitivas murallas.        <br />
              <br />
       Poco después de estas peripecias, Temístocles intentó reconstruir la Acrópolis y las fortificaciones. Pero la restauración y ampliación del templo llegaría con Pericles (454-438 a.C.). Se aprovechó parte de las columnas del Partenón destruido (el muro sur, visible actual¬mente) y se encargaron las obras del nuevo Partenón al arquitecto Iktinos y al escultor Fidias, en el mismo lugar que el anterior, pero de mayores dimen¬siones.        <br />
              <br />
       Este templo, obra maestra del estilo dórico, se construyó con todas sus líneas curvas convexas para evitar la deformación producida por la perspectiva, evitando cualquier ilusión óptica. Era de mármol blanco, incluidas las tejas, que el tiempo hizo amarillear. Su planta rectangular mide 67 metros de largo por 30,5 de ancho y una altura de 18 metros. Está rodeado de un pór¬tico de columnas acanaladas, sin base y ligeramente inclinadas hacia su interior, de las cuales algunas sub¬sisten; miden casi 10,5 metros de altura por 1,70 de diámetro.        <br />
              <br />
       Estas columnas sostienen o soste¬nían un entablamiento dórico y sobre él, en alas este y oeste, dos frontones de¬corados: el oriental con es¬culturas que representa¬ban el nacimiento de Atenea y el otro con escenas victoriosas de la diosa sobre Po¬seidón.  Tras los frontones se abría  un segundo  pór¬tico de seis columnas unidas por rejas.       <br />
              <br />
       El templo se dividía en tres partes. El pro¬naos orientado al este, donde se depositaban las ofrendas a la diosa Atenea, comunicaba por medio de una gran puerta con la cella o naos situada en la parte central. Sobre esta puerta estaba representada la Asamblea de los dioses que, senta¬dos en tronos, pre¬senciaban la entrega de ofrendas de los atenienses. La cella o naos estaba rodeada de un pórtico con columnas o stoa cuyo centro era a cielo abierto.        <br />
              <br />
       Al fondo de ella y protegida por un tejado, se encontraba la fa¬mosa estatua de Atenea Poliade (Protectora) hecha por Fidias de marfil y brillante bronce que algunos confundieron con oro; sus 12 metros de altura re¬posaban sobre un pedes¬tal decorado con relieves ale¬góricos al naci¬miento de Pandora y 20 dioses más. Desde la cella o naos se pasaba al epistodomos, espacio dedicado a custodiar los tesoros de la diosa conjuntamente con el tesoro público.       <br />
              <br />
       Aunque el Partenón era de már¬mol blanco, su aspecto distaba mucho de ser albo. Sabe¬mos que las estrías de las columnas estaban pintadas de rojo; los ábacos de los capiteles y los triglifos del friso en azul, y los canales de éste en amarillo; los fondos de las metopas y los frontones eran granates.        <br />
              <br />
       Pero el Partenón no era el único templo de la Acrópolis. El segundo en importancia, al menos arqui¬tectónica, era el Erecteión o la más espléndida mues¬tra del arte jónico, donde aún hoy podemos admirar el pórtico de las Cariátides. Además estaban el san¬tuario de Zeus, el consagrado a Pandión, etc.       <br />
              <br />
       Si el fervor griego impulsó a erigir, en los esca¬sos 300 metros mesetarios de la Acrópolis, todos estos santuarios, estatuas y derivados, los romanos también desearon su parcela acropolina de eterni¬dad: Agrippa tuvo su estatua y Roma, conjuntamente con Augusto, tuvieron su templo, este último de estructura circular.       <br />
              <br />
       A pesar de los avatares del tiempo, la construcción del Par¬te¬nón permaneció intacta du¬rante varios siglos. Demetrio Poliorcetes lo pro¬fanó al instalarse con sus cortesanas, y otros roba¬ron sus objetos de oro. Los romanos respetaron toda la Acrópolis dándole un tratamiento de mu¬seo. En el siglo I de nuestra era, el historiador Plutarco dijo de la Acrópolis que ... llevaba en sí un espíritu y un alma que rejuvenecía continuamente a los contemporáneos y les preservaba de la vejez.       <br />
              <br />
       Para comprender su actual estado es nece¬sa¬rio sobrepasar el periodo de tiempo en que se centra este libro. En el siglo VI se convertirá en iglesia bajo la advocación de la Virgen. Con la ocupación catalano-aragonesa en el XIV, el Parte¬nón y los edificios colin¬dantes se transformaron en fortaleza, calificada por el rey Pedro el Ceremo¬nioso de Aragón, como uno de los castillos más grandes de su época.        <br />
              <br />
       La Acrópolis padeció el paso de francos y venecianos. Más tarde, con la ocupación otomana (año 1456-1830), pasó a ser mezquita con su almi¬nar, del cual todavía se conserva la esca¬lera, y el Erec¬tión  se convirtió en harén del gober¬nador turco. Fi¬nalmente,  para defenderse de la invasión veneciana, los turcos la convirtieron en polvorín; la desafortunada explosión de una gra¬nada originó su desgracia.       <br />
              <br />
       El siglo XIX sirvió para que, principalmente ingleses, franceses y algunos otros, se llevaran nu¬me¬rosos recuerdos a sus museos patrios. Afortuna¬da¬mente las grandes excavaciones arqueológicas de los últimos cien años han permitido abrir en Atenas el Museo de la Acrópolis.       <br />
              <br />
       En las pendientes de la Acrópolis, ya fuera de las murallas, se encontraban el teatro de Dioni¬sio Eleuterio, el santuario de Asclepio y el Odeón de Pe¬ricles, los tres del siglo V/IV a.C. A conti¬nuación se hallaban: el pórtico de Eumenes, ya del siglo II a.C., y otro Odeón de la época romana (II d.C.) conocido con el nombre de su mecenas, Odeón de Herodes Ático, que servía como sala de concier¬tos.        <br />
              <br />
       Frente a la Acrópolis, en una pequeña co¬lina consagrada a Ares  (el Marte latino, dios de la guerra), se hallaba el Aréo¬pago o tribunal más antiguo de Atenas. Desde sus comienzos sus componentes alcanzaron fama de justos y equitati¬vos. Acusador y acusado tenían que limitarse a la más estricta verdad, y se prohibía la presencia de abogados para evitar que su verbo¬rrea y teatralidad tergiversa¬ran la realidad de los hechos que se juzgaban: críme¬nes, robos, proble¬mas religiosos.... Sabemos que du¬rante el periodo romano todavía existía;  es más, Cice¬rón habla de él como el tribunal de Atenas, y San Pa¬blo lo men¬ciona en los Hechos de los Apóstoles. Pa¬rece ser que el emperador Vespasiano abo¬lió la institución.       <br />
              <br />
       En los alrededores del ágora existía otra serie de monumentos y templos. Seleuco ordenó colocar una estatua suya al lado de la del antiguo legis¬lador Solón. Poco más allá se asienta el templo de Teseo (el mejor conservado) que, según la tradición, custodiaba sus huesos. Este templo, al igual que otros muchos, con el cristianismo se convirtió en iglesia.       <br />
              <br />
       Uno de los edificios más importantes cer¬cano a la ágora era el Gimnasio de Ptolomeo que además de las salas propias para los ejercicios, te¬nía otras dedicadas a la enseñanza científica con su correspon¬diente biblioteca. Es ahí donde, siglos más tarde, el emperador Adriano levantó la Stoa.       <br />
              <br />
       Otro edificio curioso era la Torre del Viento que, construida en el 35 a.C. servía de reloj público. Sus ocho lados correspondían a las direc¬ciones de los vientos más importantes y la cima es¬taba rematada con una veleta en forma de tritón. En el exterior de la torre, un reloj de sol marcaba las horas y, en su inte¬rior, otro de agua realizaba la misma función.       <br />
              <br />
       La ciudad, como todas las ciudades del mundo, se dividía en barrios, los cuales correspon¬dían a estratos sociales diferentes. Las clases pu¬dientes ocupaban el norte de Atenas y,  además,   po¬seían otra casa de recreo fuera del recinto amura¬llado. Más tarde, el emperador Adriano incor¬porará esta zona residencial a la ciu¬dad con el nombre de Nueva Atenas.       <br />
              <br />
       <b>La casa</b>        <br />
              <br />
       Aproximadamente hacia el año del nacimiento de Ale¬jandro (356 a.C), se censaron las casas de Atenas dando un nú¬mero de 10.000, número que no se co¬rrespondía con la realidad, al no estar contabilizadas las cuevas excava¬das en las rocas, ni las adosa¬das a las murallas. Por cierto: una de ellas, co¬nocida hoy en día con el pom¬poso nombre de prisión de Só¬crates, nunca fue pri¬sión y jamás estuvo Sócrates en ella; simple¬mente es un habi¬táculo arcaico que durante la ocupación romana sirvió de panteón.       <br />
              <br />
       La población de Atenas, al principio del pe¬riodo helenístico, debía ser aproximadamente de 200.000 habitantes, de los cuales tan sólo 21.000 eran ciudadanos atenienses. El resto eran esclavos y metecos (extranje¬ros domiciliados en la ciudad, en principio sin bie¬nes raí¬ces, dedicados a los oficios, a la industria o al co¬mercio).       <br />
              <br />
       Las casas de las gentes menos afortunadas eran de superficie mínima, divididas en dos o tres habi¬taciones, y normalmente con un piso superior al que se accedía por una escalera exterior de madera. Los muros se levantaban con ladrillos o con guija¬rros en mortero y algunos con madera y, para abaratar su coste, eran del mínimo grosor.        <br />
              <br />
       Cuenta Plutarco, refi¬riéndose a las dimensiones de estas casas, que las puertas se abrían hacia afuera y era obligado golpear¬las antes de salir a la calle para evitar chocar con los tran¬seúntes.        <br />
              <br />
       A principios del periodo helenístico apare¬cieron en Atenas las viviendas colectivas o de ve¬cin¬dad que, sin alcanzar grandes cuotas de confort, eran más cómodas que las anteriores. Sus mora¬dores respondían a un estrato social menos mise¬rable: médicos, comerciantes, educadores... En ambos casos, las ventanas eran muy reducidas y en invierno se recurría a taparlas  con trapos o  mamparas para evitar el frío.	       <br />
              <br />
       En las casas de vecindad se introdujo el con¬cepto de dedicar un habitáculo para cocina y, aunque no todas poseían una salida de humos a  modo de chimenea comunal, se sabe del interés por evitar sus molestias. Este problema se resolvió fá¬cilmente en las viviendas unifamiliares que aceptaron cocinar en el interior, en vez de hacerlo con un hornillo portátil fuera de la casa, levantando simplemente una teja.       <br />
              <br />
       En los barrios ricos el panorama era dife¬rente. Hermosas casas de dos pisos, de planta casi cuadrada y carentes de ventanas a la calle, prote¬gían la intimidad de sus propietarios. Las habitacio¬nes confluían en uno o varios pórticos interiores o pastás desde donde se accedía a un vestíbulo y, de éste, a un patio o aulé ro¬deado por un peristilo de columnas, como nuestros actuales porches; estos peristilos en el helenístico tar¬dío también se situa¬ron en torno a los pórticos.        <br />
              <br />
       En la planta baja se encontraba el salón, el comedor para los grandes festejos y el comedor de diario, comunicado con la co¬cina, la bodega y el baño.  Con el helenismo desaparecen del comedor los mosaicos que decoraban las paredes a modo de grandes zócalos. En su lugar se pintarán retratos y/o escenas alegóricas de la vida cotidiana de profuso colorido. En el piso superior, de¬dicado a dormitorios de amos y escla¬vos, se encontraba el gineceo o zona de mujeres.        <br />
              <br />
       No obstante, Plutarco pone en boca de un viajero del siglo III a.C. un comentario poco halagador sobre las casas de Atenas, calificándolas de decepcio¬nantes.       <br />
              <br />
       La calidad y cantidad del mobiliario se correspondían con el tipo de vivienda. En las casas de personas acomodadas encontramos tres tipos de sillas: los difros o taburetes plegables con las patas cruzadas en aspa o bien verticales y el asiento formado por tiras de cuero o cuerda. Este taburete gozaba de la máxima popularidad entre los griegos: en las clases sacrificadas por ser el único tipo de silla al que podían acceder, y en gentes acomodadas porque denotaba su importancia social, al ser asociado a un esclavo portador del difro que caminaba eternamente tras de su amo por calles e interior de la casa por si era requerido.       <br />
              <br />
       La silla tal como nosotros la entendemos se llamaba clismos, de respaldo curvo, arropando la espalda, y patas también curvadas hacia el exterior. Sobre la madera del asiento se colocaba un cojín para mayor comodidad. Por último estaban los tronos, sillas más grandes que las anteriores, con respaldo recto y reposabrazos. En la época helenística se decoraron profusamente tallando la madera para representar guirnaldas de flores, figuras...       <br />
              <br />
       En cuanto a la construcción de la cama, en el periodo descrito ya había evolucionado. Tiempos antes era simplemente un difro de mayor tamaño, también plegable que permitía su transporte. El hábito de comer y dialogar recostado creó la necesidad de incorporar un cabecero y, en algunos, un soporte para los pies y otro para la espalda. Este tipo de lecho se llamó clino, supliendo las actuales funciones de cama, sofá y chaiselongue.        <br />
              <br />
       Naturalmente el clino era el rey del mobiliario, y como tal se decoraba: maravillosas patas bien torneadas e incrustaciones de oro y marfil en los soportes. El colchón y la almohada eran de plumas, las mantas de lana tintada en llamativos colores y, sobre éstas, cojines de finos tejidos, necesarios para alcanzar el máximo confort.       <br />
              <br />
       Para guardar vestidos, ropas, joyas, documentos, ungüentos... se utilizaban cajas y arcones de diferentes tamaños. La aparición del armario vertical, similar al nuestro, es bastante tardía (finales del siglo I a.C). La riqueza en la ornamentación de estos enseres correspondía a la posición social del propietario, desde los simples clavos remachados a las incrustaciones de oro, marfil, nácar y piedras semipreciosas. En época romana se sustituyeron las cintas de cuero que aseguraban la tapa de los arcones por cerraduras con llave.       <br />
              <br />
       Durante el periodo helenístico desaparece la mesa cuadrada de cuatro patas. La mesa redonda, y excepcionalmente la ovalada, con tres patas en trípode o una central, generosamente decoradas, es la que marca la moda. La altura era inferior a la nuestra actual para acoplarse al clino y facilitar la ingestión de alimentos en posición recostada. Existían mesas de diferentes tamaños según las ocasiones, pero las preferidas eran las pequeñas y portátiles, para tres comensales como máximo. La madera usada en su construcción, al igual que el mobiliario anterior, era de olivo, arce o boj.        <br />
              <br />
       En cuanto a los enseres de cocina los podríamos catalogar en tres secciones: cerámicos, metálicos y de mimbre. Los primeros nos son gratamente conocidos. Sus representaciones pictóricas y la cantidad de ellos que ha llegado hasta nuestros días, nos permiten estructurar la vida pública y privada de los griegos. Consistían, mayormente, en vasijas contenedoras de líquidos: agua, vino, leche y aceite. También se encuentran grandes recipientes a modo de cubas para el almacenamiento de cereales, así como platos y ollas.       <br />
              <br />
       Los recipientes metálicos utilizados en cocina, ollas con o sin asas, platos y vasos eran de hierro, estaño y raramente de plomo. En cuanto a los vasos hay que hacer una salvedad; con la llegada desde Egipto de la fabricación del cristal, en las casas pudientes desaparecieron los de metal, a no ser que éstos fueran de plata u oro o, al menos, quedaron relegados al personal de servicio. No obstante, la elaboración del cristal nunca alcanzó en Grecia la relevancia que en Egipto y Roma.       <br />
              <br />
       Con mimbre se confeccionaba todo tipo de cestas: para guardar la fruta, el pan, los dulces, pescados y flores. También se hacían costureros y grandes cajas para preservar la lana de la humedad.       <br />
              <br />
       Fuera del ambiente culinario existía otro tipo de recipientes. Hidras y cráteras o jarras para servir agua y vino en los banquetes; copas, jarrones para ungüentos de belleza o curativos, peines hechos de madera, hueso, o marfil; bastoncillos perfiladores de ojos, espejos de bronce pulido, recipientes de perfumes, urnas, varios tipos de cajas, y otros meramente decorativos. Estos objetos, considerados de lujo, se fabrican en alabastro, ónice o ágata, bien como única materia o combinada con bronce o metales preciosos.        <br />
              <br />
       La antigua iluminación del interior de la vivienda a base de antorchas, teas, o simplemente candiles de aceite, en el periodo helenístico se incrementó con la aparición del candelabro, exagerándose tanto su uso que apareció la figura del esclavo portador del candelabro y, al igual que el portador del taburete, seguía a su amo por donde quiera que fuese.       <br />
              <br />
       La información de cómo caldeaban los hogares es escasa, bien porque no lo hicieran o por falta de datos;  normalmente se reducía al uso de grandes braseros. Sin embargo, recientemente se ha descubierto una casa unifamiliar en Salónica, en donde se distingue claramente una chimenea cúbica de piedra adosada a una pared.       <br />
              <br />
       <b>La alimentación</b>       <br />
              <br />
       Su agricultura era prácticamente similar a la actual, excluida aquélla ajena a la cuenca mediterránea e in¬corporada, siglos más tarde, con el descubri¬miento de nuevos mundos. Productos foráneos como el arroz se conocía desde las expedicio¬nes de Alejandro Magno a Oriente; Teofrasto (372-288 a.C.) en su Historia de las plantas describe su cultivo y cómo se cocinaban.       <br />
              <br />
       Los cereales más importantes eran el trigo y la cebada de cuya harina hacían el pan. Dado que la Hé¬lade era incapaz de autoabastecerse de trigo, se im¬portaba de Egipto y Siria; su elevado costo hacía de este pan un producto ina¬sequible a las gentes llanas, que se limitaban a gus¬tarlo sola¬mente en las grandes ocasiones. El resto de los días lo suplían con unas tortas amasadas con harina de cebada donde colocaban, a modo de plato, otros alimen¬tos: carne, pescado, verdura...       <br />
              <br />
       Las verduras y legumbres, habituales en la dieta del campesino, eran elegantes en las ciudades por los altos precios que alcanzaban; excepto las len¬tejas y las habas que por su precio más mode¬rado,  hechas puré, se convertían en el plato diario.  A propósito de las habas, sabemos que no eran del agrado de Pitágoras, por el contrario recomendaba la col.        <br />
              <br />
       Acelgas, berza, col, ruda, lechuga, cebolla, apio, garban¬zos... normal¬mente se cocían, excepto la alcachofa, originaria de Sicilia, que se comía cruda. En cuanto a las virtudes de la col, han llegado escritos hasta nuestros días en los que se mencionan grandes virtudes alimentarias: Diógenes se mantenía en su famoso tonel a bases de col y agua para llegar a octogenario; Catón la recomendó en vinagreta y cocida   como medicina.        <br />
              <br />
       Acerca del repollo, cuenta el historiador Plinio, que se había conseguido una “versión” gigante, la cual, para fortuna de los pobres, “desbordaba la mesa”. Hacia el siglo I a.C. griegos y romanos consiguieron la fermentación del repollo, y se cree que con el Imperio pasó a los pueblos germánicos, originando la conocida choucroute.        <br />
              <br />
       Entre comidas solían pico¬tear, como entrete¬nimiento, habas y gar¬banzos tosta¬dos al igual que actual¬mente se degustan en nuestras costas mediterrá¬neas. El sabor del ajo era una delicia, se añadía a todos los platos consumiéndose grandes can¬tidades no sólo por el placer del paladar, sino con fines terapéuticos con¬tra el mal de huesos (reumatismo).       <br />
              <br />
       Pero el manjar más apreciado era la carne, ya fuera de ca¬bra, carnero, vaca (el ganado bovino era escaso) o cerdo, esta última la más económica. De la época de Diocle¬ciano (año 301), siendo Grecia provincia romana, se conserva una inscripción en piedra de las ordenanzas de tasas sobre diferentes productos cárnicos, que denotan las preferencias de los comensales griegos.        <br />
              <br />
       Como curiosidad, lo más gravado era el vientre de cerda: Carne de puerco, carne de vaca, carne de cabra, vientre de cerda, ubres de cerda, hígado de cerdo, tocino, jamón de Bélgica o de los Pirineos del mejor, “pernae optimae petasonis sive Menacipae vel Cerritanae”, y manteca fresca de cerdo.       <br />
              <br />
        La  carne de caza era muy apreciada, tanto por su calidad como por el desafío hombre-animal que entraña su presa. De las diferentes especies de cér¬vidos, el corzo ocupaba el primer lugar, pero el  jabalí era el rey.  Gran cantidad de dibujos sobre cuencos, ánforas... representando su caza o disfru¬tando de su carne, nos hablan de su importancia.       <br />
              <br />
       También las aves de caza y de corral ocu¬paban un lugar destacado. Sabemos que las gallinas se cria¬ban principalmente como ponedoras de huevos y solamente se sacrifica¬ban para hacer el caldo de las parturientas. Existen escritos de la época del empe¬rador Marco Aurelio (año 161), en que se cuenta cómo la emperatriz Faus¬tina, su es¬posa, mitigó las incomodidades del parto de su hijo, el emperador Cómodo, a base de grandes cantidades de caldo de gallina que su cocinero griego, según costumbre, le suministró durante 45 días.    	       <br />
              <br />
       Pero contra la avaricia de una tierra que apenas ofrecía una mediocre agricultura, los griegos poseían un mar generoso que mitigaba su ham¬bruna. Las es¬pecies más refinadas eran los maris¬cos, calamares y sepias; las más comunes: la sar¬dina, el atún y el bo¬que¬rón que, además de prepararlos asados, se conser¬vaban en  salmuera. La elabora¬ción actual de la an¬choa en España nos llegó de Italia, más concreta¬mente de Nápoles, donde ya en los tiempos de la Magna Grecia se elaboraba así el bo¬querón.        <br />
              <br />
       Los alimentos se condimentaban con man¬teca de cerdo y/o aceite de oliva. La aceituna tam¬bién se comía cruda y se conservaba, una vez ma¬dura, en una solución de agua y sal. El postre de¬pendía de la esta¬ción del año: higos, manzanas, uvas... y en invierno los frutos secos, nueces, ave¬llanas, piñones..., o dulces elaborados con miel. Con Alejandro se introdujo en la Hélade el gusto por lo exótico: los dátiles importa¬dos de Egipto o Siria eran un verdadero placer.       <br />
              <br />
       Los productos lácteos, leche, queso y man¬te¬quilla, normalmente de cabra, también formaban  parte de la dieta.        <br />
              <br />
       Como bebidas tenían un hidromiel, agua y miel mezcladas; un mejunje elaborado con sémola de ce¬bada y agua, aromatizado con diferentes hierbas olo¬rosas como poleo o tomillo. Pero el vino era el verda¬dero protagonista. Se bebía sin fermen¬tar o fer¬mentándolo artificialmente con agua sa¬lada, pero de una u otra forma le añadían  siempre agua a la hora de ingerirlo, y en algunos casos miel, tomillo o canela.       <br />
              <br />
       Los griegos en general eran bastante me¬sura¬dos y austeros con la comida, lo que no quita que gustaran de los banquetes con sus excesos consiguien¬tes. Tal vez por ser éstos un acontecimiento ex¬cepcional los representaron tan asiduamente en sus ornamentacio¬nes.        <br />
              <br />
       Las palabras griegas simposia y simposion utili¬zadas por nosotros para designar reuniones de ca¬rácter serio, distan un poco de sus dos acepciones clásicas: banquete o la parte del ágape donde exclusivamente se bebía. Los bebedores no apuraban las copas: el poco vino que quedaba en el fondo junto a los po¬sos lo arrojaban, con gran ímpetu, hacia un punto común. Quizás éste sea el origen de la actual cos¬tumbre griega de arrojar los vasos de vino en los festejos.       <br />
              <br />
       La comida más importante de la jornada era la de la noche. Se efectuaba recostados so¬bre el clino, con la espalda erecta y acomodados sobre varios cojines. Esta especie de canapé podía ser ocu¬pado por uno, dos o tres co¬mensales.        <br />
              <br />
       La etiqueta en la ubicación de los invita¬dos era muy estricta, la aproximación al anfitrión denotaba la categoría del comen¬sal; al igual que hoy en día, la persona más importante era acomodada al lado del dueño de la casa. Las me¬sas eran portátiles y en ellas colo¬caban las vian¬das sobre bandejas indivi¬duales. So¬lamente el marisco, pulpo, sepia y fruta  eran presen¬tados en bandejas colec¬tivas. 	       <br />
              <br />
       Con el empobrecimiento de las antiguas fami¬lias en pos de los nuevos ricos que debían su fortuna sobre todo al comercio, surgió la figura del parásito. Normalmente eran gentes bien, venidas a me¬nos, que por su elocuencia y cultura eran invitados a los banquetes para lucimiento del anfitrión.        <br />
              <br />
       De estos simposia o banquetes las mujeres, sobre todo en Atenas, estaban excluidas. Solamente en Macedonia y Esparta donde gozaban de mayor liber¬tad, participaban esporádicamente. Pero como desde que el mundo es mundo la presencia feme¬nina tam¬bién sirve, en estos festines eran habituales las heteras (hetairai) o cortesanas, que con sus artes divertían y agradaban a los comensa¬les.        <br />
              <br />
       Las amas de casa  en com¬pen¬sa¬ción a su aislamiento, también organizaban  entre ellas sus propios simposia o banquetes. Con el pa¬sar de los años, e inspiradas por el protagonismo de las reinas macedonias, cambió su condición. Durante la época de influencia del Imperio romano, con el cre¬ciente prota¬gonismo de la mujer, las hete¬ras no fueron tan ne¬cesarias dado que muchas damas suplían sus fun¬ciones.       <br />
              <br />
       Entre los invitados había que distinguir dos clases: los comensales propiamente dichos y aqué¬llos que solamente accedían al simposio, es decir, a la reunión de bebedores. Antes de entrar al co¬medor se descalzaban y, una vez acomodados, un sirviente les ofrecía  agua para lavarse las ma¬nos.        <br />
              <br />
       Conocemos el uso del cuchillo y la cuchara, pero los alimentos sóli¬dos se asían con la mano. No será hasta bien entrado el Renacimiento italiano (siglo XV) cuando el uso del tenedor en la mesa, a propuesta de Leonardo da Vinci, se haga común.       <br />
              <br />
       Por las numerosas repre¬sentaciones de estos banque¬tes que han llegado hasta nosotros en diferentes obje¬tos, sabemos de la presen¬cia de perros en el come¬dor, seguramente como últi¬mos beneficiarios del ágape.       <br />
              <br />
       <b>La familia</b>       <br />
              <br />
       El matrimonio entre los griegos se consideraba un de¬ber ciudadano, era más un contrato social que un enlace amoroso. Tener hijos legítimos, sobre todo varones, y formar una familia que garantizara a la muerte los cultos indispensables para conseguir la felicidad en el otro mundo, eran los estímulos básicos para buscar pareja. Parece ser que el matrimonio se sentía como un mal necesario, sin embargo, y aunque no existía una obligatoriedad por ley, a los solteros recalci¬trantes se les trataba con me¬nosprecio. En Esparta, incluso, se llegaba al castigo.	       <br />
              <br />
       El amor como hoy lo entendemos no lle¬gará a ser condicionante hasta bien avanzado el Imperio ro¬mano, aun cuando en algunos casos apareciera entre los cónyu¬ges, como lo demuestran algunas inscripciones funerarias que dan fe de la pena del ma¬rido  ante la ausencia de la es¬posa.        <br />
              <br />
       No obstante, estos casos específicos no deben confundir el éxito de la pareja con la realidad del matrimonio, en donde el malentendimiento y la resignación alcanzaban cotas de normalidad. Los moralistas decían que si el esposo lograba soportar los defectos y humores de la esposa, ya estaba dispuesto para afrontar las contrariedades de este mundo.       <br />
              <br />
       La palabra eros (amor) se aplicaba, normalmente, al sentimiento apasio¬nado de un adulto (erasta) por un adolescente (erómeno); no obstante, se conocen relaciones extrama¬trimo¬niales hombre-mujer, de subido apasionamiento. El ideal de ternura entre los espo¬sos se limitaba, desde Homero, a la estricta obligación matrimonial: tener hijos y hacer que la casa funcionara dentro de una relativa amistad; si por añadidura llegaban a amarse, esto era un mérito pero nunca un requisito del matrimonio.       <br />
              <br />
       Los hombres podían contraer matrimonio a partir de la mayoría de edad (18 años), pero solían esperar otros dos para finalizar su servicio militar. La sabiduría popular aconsejaba que los varo¬nes despo¬saran muchachas bastante más jóvenes que ellos, por lo que, como las mujeres sólo podían acce¬der al ma¬trimonio después de ser púberes, la edad en los hom¬bres se retrasaba aproximadamente hacia la treintena.       <br />
              <br />
       El matrimonio no suponía un acto sopor¬tado por un documento civil. Era suficiente con un compromiso por parte del pre¬tendiente y la asignación de la dote de la esposa por el padre o pariente más cercano, ante algunos tes¬tigos. Entre este acto y la entrega de la novia en casa del esposo podía mediar cierto tiempo carente de importancia, dado que el primero se consideraba acto formal de ma¬trimonio.       <br />
              <br />
       La endogamia (matrimonio entre gentes de un mismo núcleo familiar), no sólo se aceptaba, sino que se recomendaba para fortalecer los lazos familiares y salvaguardar el patrimonio frente a intrusos. Sin embargo, el matrimonio efectuado entre hermanos de padre y madre estaba prohi¬bido, pero no entre hermanastros.       <br />
              <br />
       Los griegos preferían casarse en invierno, principalmente en el mes de enero o Gamelion, séptimo mes del calendario llamado el de los matrimonios, y durante la luna llena. Pasado un tiempo no determinado, después de acordada la dote de la novia (en gentes ricas: dinero, joyas, ropas y esclavos), se efectuaba el rito nupcial. La futura esposa tomaba un baño con agua proveniente, según la tradición, de la fuente Caliroe; el novio, por su parte, debía tomar también otro, sin ser condicionante el origen del agua.       <br />
              <br />
       En la casa del padre de la novia, engalanada con guirnaldas de olivo y laurel, se celebraba la comida, la única en donde participaban también las mujeres. Durante el banquete la futura esposa permanecía cubierta con velos, de los que no se desprenderá hasta dos días después de haber consumado el matrimonio.        <br />
              <br />
       Al atardecer, finalizada la comida, se ofrecían los regalos, y la nueva pareja se trasladaba en carro a casa del novio acompañada por su padre o pariente más próximo. La madre caminaba detrás portando antorchas encendidas entre el clamor de las gentes, que entonaban himnos nupciales a modo de parabienes. La madre del novio los recibía en la puerta de la vivienda paterna para conducirlos a la alcoba nupcial.       <br />
              <br />
       Los ma¬ridos para obtener el divorcio o repudiar a su cónyuge no precisaban motivos. Bastaba con de¬volver a la esposa y, con ella, su dote, convirtién¬dose dicha dote para las mujeres en un auténtico seguro de ma¬trimonio. Las causas más comunes que se alegaban en la solicitud de divorcio eran la esterilidad de la esposa y el adulterio de ésta que, en contrapunto con lo anterior, sí estaba regulado jurídicamente.       <br />
              <br />
       En cambio, la solicitud de divorcio por parte de la mujer solamente se justificaba por malos tra¬tos, y se conseguía después de una minuciosa in¬vestigación que afirmara los cargos presentados. La infidelidad o adulterio por parte del marido no constituían motivo de separación, sim¬plemente era la consecuencia de la libertad sexual que gozaban los hombres.       <br />
              <br />
       La condición de la mujer difiere según el es¬trato social al que pertenezca. Para las pertenecientes a las cla¬ses acomodadas, tanto antes como después de ca¬sadas, su destino era la casa: primero al lado de la madre aprendiendo las labores propias para el buen gobierno de su futuro hogar y, después, ejerciéndolas en casa del esposo. En compensación a su ais¬lamiento, se convertían en las verdaderas dueñas de la familia, marido incluido, de puertas para adentro. Hasta nosotros han llegado escri¬tos donde los esposos se que¬jan del despotismo, autoridad y glotonería de sus esposas.        <br />
              <br />
       Las mujeres socialmente pudientes no podían salir so¬las a la calle. Las compras necesarias estaban a cargo del esposo, del padre, o bien de los esclavos; en caso de necesidades personales, cuando salían, siempre iban acompañadas. Estas dificultades no eran óbice para que, pre¬sentada la ocasión, engañaran al ma¬rido.       <br />
              <br />
       Solamente en las clases humildes y en el campesinado la mujer gozaba de una mayor libertad, consecuencia de la necesaria colaboración con el esposo en los trabajos cotidianos para alcanzar el sustento diario.       <br />
              <br />
       Esta situación de la mujer se refiere a las atenienses, dado que en Esparta y Macedonia gozaban de mayor libertad. A partir del siglo II a.C. se advierten, en Atenas, ciertas mejoras en el mundo femenino; pero será con la ocupación romana y, sobre todo, a partir del Imperio, cuando la condición de la mujer cambie notablemente.       <br />
              <br />
       El número de hijos del matrimonio griego era escaso, bien porque el hombre tranquilizara sus deseos sexuales fuera del matrimonio, bien para evitar numerosas particiones del patrimonio familiar, o simplemente por pobreza.        <br />
              <br />
       El mismo Platón aconseja que el número idóneo de hijos sea dos: varón y hembra. Cuando el nacimiento acaecía, si era hijo se colgaba en la puerta de la casa una rama de olivo; en caso contrario, una cinta de lana indicaba al vecindario el sexo del nacido.       <br />
              <br />
       En el supuesto de embarazos no deseados se podía recurrir a  dos soluciones: abandonar al recién nacido o abortar. Ambos medios no estaban fuera de la ley.       <br />
              <br />
       El aborto solamente era consentido previa autorización del padre. En contrapunto a la libertad de interrupción del embarazo, existía una conducta pseudo-religiosa aconsejada por el propio Aristóteles, en la que se recomendaba abortar antes de que el feto reciba la vida y el sentimiento.        <br />
              <br />
       Este mismo principio religioso evitaba el asesinato del recién nacido, pero no su abandono en las propias calles para que, en el mejor de los casos, fuera recogido por un matrimonio carentes de hijos, o por otras gentes que lo criarán en calidad esclavo.       <br />
              <br />
       En Esparta las condiciones de los recién nacidos para su supervivencia eran más excluyentes. Cualquier tara o debilidad física que les impidieran superar las pruebas a las que eran sometidos  nada más nacer, decidía su futuro: lavados con agua helada, vino u orina.        <br />
              <br />
       A los seis días del nacimiento se celebraba una ceremonia de purificación y presentación ante el altar de los dioses, y la familia festejaba el acontecimiento con una comida. Pero la verdadera fiesta acaecía al décimo día, cuando se les imponía el nombre, acto por el cual el padre reconocía oficialmente al hijo. Todos los parientes y amistades eran invitados a un gran ágape y ofrecían presentes tanto al niño como a la madre.        <br />
              <br />
       Los hijos, indistintamente de su sexo, permanecían hasta los seis años bajo los cuidados de la madre, que se ocupaba directamente de su alimentación ayudada por una nodriza, si es que poseía los medios necesarios. A partir de esa edad, mientras que la niña continuaba bajo la supervisión materna, la educación de los varones era dirigida por el padre hasta los dieciocho años, edad en la que alcanzaban su mayoría cívica y debían aprender el oficio de las armas.       <br />
              <br />
       La obligación del hijo de cuidar de los padres ancianos y procurarles un entierro digno era común en toda Grecia, salvo que éstos hubieran cometido actos indignos contra él o la patria. Al cadáver se le cerraban la boca y ojos; después de ungirlo con diferentes aceites se vestía con un sudario blanco dejando la cabeza coronada de flores al descubierto, y lo colocaban sobre un clino con los pies dirigidos hacia la puerta. En la boca se depositaba una moneda para que así pudiera pagar el viaje al otro mundo. Esta costumbre era lógica ya que los atenienses principalmente usaban la boca como monedero en su vida cotidiana.       <br />
              <br />
       La exposición del difunto duraba unos seis días, durante los cuales familiares y amigos acudían a la casa para dar sus condolencias. La presencia en la calle de una jarra con agua, indicaba que en el interior de esa morada había un fallecido. Las mujeres podían  formar parte del séquito del duelo siempre que su grado de parentesco con el finado no pasara del de hija de primos hermanos.       <br />
              <br />
       Los entierros eran lo más suntuosos posible dentro de la economía familiar. En el cortejo fúnebre eran de mal gusto las muestras y lamentaciones exageradas de dolor; lo adecuado era que las plañideras entonaran cantos acompañadas de la flauta. A los tres días del entierro se daba un banquete a los familiares y amigos que se repetía el día noveno y el trigésimo después de los funerales.       <br />
              <br />
       <b>El aseo y el vestido</b>       <br />
              <br />
       En la cultura griega era primordial el aseo, los cuidados corporales y los ejercicios físicos. La gimnasia era considerada como un factor de educación necesario para el desarrollo mental de los hombres (en Esparta también de las mujeres) si bien, según qué ciudades, existían marcadas diferencias en el logro de los fines.        <br />
              <br />
       Si tomamos como referencia dos ciudades extremas, Esparta y Atenas, veremos cómo en la primera el objetivo era endurecer el cuerpo contra el dolor y el esfuerzo. En cuanto a los atenienses, su deseo era conseguir un desarrollo armónico del cuerpo y del alma, conjuntamente con la gracia y naturalidad en el comportamiento y conducta.       <br />
              <br />
       En la época en que nos situamos, el número de palestras y gimnasios, públicos o privados, había aumentado considerablemente. Estos establecimientos estaban dotados con fuentes, piscinas, pilas... y siempre se instalaban cerca del mar o de un río. Sin duda contribuyeron notablemente al hábito del baño y aseo corporal.        <br />
              <br />
       Sin embargo, el arte gimnástico había perdido su naturalidad, prevalecía lo artificial y la afectación. Aquellos hermosos hombres que antaño sirvieron de modelos a la inspiración del artista, eran casi pasado. Se cuenta que cuando los romanos destruyeron y expoliaron Olimpia, había en la ciudad más de 230 estatuas de bronce de vencedores olímpicos.       <br />
              <br />
       Otros lugares para el aseo personal eran los baños públicos, donde acudían los ciudadanos independientemente de su clase social. Consistían en salas circulares provistas de una piscina rodeada por bañeras a las que se les colocaba un asiento; alguna de estas salas tenían el servicio de agua caliente.        <br />
              <br />
       Los griegos no conocían el jabón, normalmente usaban las cenizas de madera (las mismas que para lavar los tejidos) o un carbonato de sosa extraído del suelo; para evitar la irritación de la piel, untaban el cuerpo con aceites o bálsamos. Con los romanos llegaría el jabón: la misma palabra jabón es de origen latino: sapo-onis (en italiano, sapone). El más popular era uno elaborado con potasa y aceite de palma.       <br />
              <br />
       A los baños públicos no se acudía solamente para lavarse, al baño se unían la tertulia y las relaciones sociales. También disponían de salas para las mujeres, pero su clientela bajaba considerablemente de estrato social: cortesanas, clase modesta y esclavas. Las damas importantes preferían la comodidad e intimidad de sus casas. El baño solía efectuarse antes de la cena y era obligado  hacerlo antes de acudir invitado a un banquete.       <br />
              <br />
       Unido al aseo corporal estaba el cuidado del cabello. La moda en los caballeros, a partir de Alejandro, era llevar la cara completamente rasurada por lo que el oficio de barbero-peluquero adquirió gran importancia conjuntamente con la navaja, considerada en otros tiempos como un accesorio femenino, dado que las mujeres gustaban suprimir el bello corporal y cuando faltaban las pastas depilatorias (hechas a base de esperma de burro), recurrían a la navaja. También el barbero-peluquero estaba al cuidado de las uñas de manos y pies.       <br />
              <br />
       Los varones llevaban el cabello corto pero con tenues bucles que los obligaban a un cuidado constante. En las mujeres la moda era más compleja: trenzas, pequeños moños en la nuca, y para las grandes ocasiones la melena suelta y ondulada. La “necesidad de ser rubias” imponía constantes decoloraciones de pelo a base de potasa. Quizás por el deterioro que sufría el cabello era habitual el uso de postizos. También solían teñirse el pelo con tintes temporales de color rojo, azul y verde.       <br />
              <br />
       El vestido más popular en Grecia era el quitón o jitón, común para hombres y mujeres. Consistía en dos rectángulos de tejido unidos por un lateral y dos extremos para sujetarse sobre el hombro (como una ele invertida); los otros dos extremos pasaban a través del cuello y se sujetaban al hombro opuesto,  bien con un simple nudo, hebilla o broche. El largo del quitón se ajustaba con un cinturón ablusando la tela según las necesidades, y es el cinturón el que originaba los pliegues habituales de los vestidos griegos. Debajo del quitón no se llevaba ninguna prenda, viéndose el cuerpo desnudo por el lateral sin coser.         <br />
              <br />
       Este atuendo era útil de noche y de día, bastaba con quitarse el cinturón para convertirse en camisón femenino o masculino. Existía una versión femenina de esta prenda en donde los dos laterales y hombros estaban cosidos, se llamaba peplo. Con las conquistas de Alejandro se introdujo la moda de coser unas mangas al peplo y quitón imitando los vestidos persas.       <br />
              <br />
       Para arroparse de los fríos se usaba un manto, himation, con el que se envolvía el cuerpo. Las mujeres además del manto disponían de chales de diferentes medidas y, cuando el frío arreciaba, cubrían la cabeza a modo de capucha.       <br />
              <br />
       En nuestro periodo histórico existía mayor variedad de tejidos para la confección de las prendas. El antiguo quitón o peplo confeccionado con lana de oveja había quedado relegado a las clases pobres. El lino (adaptado ya su cultivo), finas muselinas y sedas eran los tejidos preferidos de las gentes acomodadas. También la greca clásica dio paso a otras más elaboradas o a bordados al gusto oriental.       <br />
              <br />
       La idea generalizada de que el blanco era el único color utilizado en los vestidos griegos es errónea. Si observamos las estatuillas de terracota (Tanagra) podemos apreciar toda una serie de colores: marrones, azafrán, violeta, rojo, etc. Seguramente al ser los tejidos blancos más económicos que los tintados, fue habitual su uso por las clases más desfavorecidas.       <br />
              <br />
       Las griegas desconocían el sujetador, pero se sabe que durante la ocupación romana, ya avanzado el Imperio, vino la moda del sostén entre las elegantes (strophium, mamillare).       <br />
       Las joyas estaban destinadas a las mujeres: collares, pulseras de brazo y tobilleras, pendientes, broches, camafeos, etc. Los hombres solamente lucían el anillo con su sello grabado, el cual servía para marcar los documentos.        <br />
              <br />
       Otro accesorio femenino era la sombrilla, similar a las actuales, llevada normalmente por un esclavo. También se conoce el uso del abanico, parecido a lo que nosotros conocemos por pay-pay y un sombrero de ala ancha terminado en punta, tolia, que las damas elegantes solían llevar con gran distinción. Los hombres también usaban sombrero en el campo, pero en contra de la costumbre femenina, el uso en las ciudades no era de buen gusto: denotaba pertenencia a la clase obrera o bien que se era extranjero.       <br />
              <br />
       En calzado masculino se distinguen tres clase: las sandalias con suela de corcho, madera o piel provistas de unas tiras sujetas a un dedo del pie y atadas a los tobillos; una especie de botines de piel, y un tercero provisto de  suela alta que, si bien su primer uso fue en el teatro, más tarde lo calzarían aquellos caballeros que desearan aparentar mayor estatura. El calzado femenino era más imaginativo en formas y colores. El uso de los tacones era habitual en las mujeres, pero su colocación difería a la actual, se ponía entre el pie y el zapato.       <br />
               <br />
       
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
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   <link>http://www.tendencias21.net/historia/index.php?action=article&amp;numero=9</link>
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   <title>Vida cotidiana en Grecia después de Alejandro (y II)</title>
   <pubDate>Thu, 26 Jul 2007 11:21:00 +0100</pubDate>
   <dc:language>es</dc:language>
   <dc:creator>Myriam Sagarribay</dc:creator>
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             <br />
       <b>El arte</b>       <br />
              <br />
       La sociedad helenística, definida como artística, urbana, refinada y compleja, impuso expresiones artísticas acordes con el pensamiento de su presente y, si bien recoge el testigo del pasado, marca grandes diferencias: es completamente novedosa.       <br />
              <br />
       Las nuevas maneras de concebir la vida, la afirmación del individuo y la tendencia a la exageración, harán que la arquitectura sea deslumbrante, la escultura se humanice y la pintura abandone la línea para encontrar la perspectiva. En definitiva, se alejará de la influencia del mundo religioso para asumir un carácter más real y mundano.       <br />
              <br />
       En el arte helenístico se distinguen tres periodos: el primero que comprende desde el año 325 al 230 a.C.; el segundo, o tardío, desde esta fecha a la ocupación romana, y el tercero se podría definir como helenismo romano.       <br />
              <br />
       En cuanto al urbanismo, es en el primer periodo cuando se desarrollan las ciudades de nueva planta, y el afán de competencia de los nuevos reyes helenísticos harán de ellas un alarde de belleza y grandiosidad. Para su construcción se adoptó una planificación reticular que delimitaba cuadros o rectángulos, comprendiendo cada uno de ellos de cuatro a ocho casas. Los posibles problemas que la orografía del suelo pudo presentar se resolvieron con grandes desmontes, escaleras o terrazas, primando más el afán estético que el urbanístico.       <br />
              <br />
       Estas nuevas urbes, contrariamente a las antiguas, poseían un aspecto ordenado. El ágora,  con sus pórticos (stoa) a menudo de dos pisos, provista de bellas e importantes puertas de acceso, marcaba el centro de la ciudad. Los edificios públicos y civiles, como gimnasios, salas de reuniones,  odeones o teatros, adquirieron gran importancia, se buscaron efectos decorativos, aumentaron su capacidad de antaño y, en el caso de los teatros, se introdujeron innovaciones en el escenario (proscenio) para  conseguir nuevos efectos en las representaciones.       <br />
              <br />
       La arquitectura religiosa, al igual que en la ciudad, se dispuso de forma ordenada buscando una visión estética en el espacio urbano. El gusto por lo decorativo hizo olvidar el austero estilo dórico para emplear el jónico característico de Asia Menor y el corintio, enriquecido con mayor profusión de hojarasca. Dado el afán de espectacularidad de formas y medidas típicos del helenismo, la construcción de un templo, en el mejor de los casos, se prolongaba largas décadas y, en ocasiones, como sucedió con el dedicado a Zeus Olímpico, en Atenas, nunca se llegó a terminar.        <br />
              <br />
       Con anterioridad, estas grandes obras, ya fueran religiosas o civiles, estaban promovidas por la comunidad de ciudadanos, pero durante el helenismo dependerán de la iniciativa personal del rey, y servirán para reafirmar su poder, según su magnificencia y ostentación.       <br />
              <br />
       Con relación a la escultura, durante el primer periodo helenístico se siguió la huella del clasicismo. Los artistas más representativos: Escopas, Praxíteles y Lísipo se inclinaron, sobre todo éste último, por anteponer a cualquier regla de estilo la propia individualidad creativa en pos de un mayor realismo, aunque sus raíces profundizasen en la cultura clásica. El escritor Plinio (siglo I a.C.) en su   Historia Natural  pone en boca de Lísipo una frase que define la personalidad del artista: “Los antiguos representaban a los hombres tal como son, yo, como parecen ser”. Esta forma particular de ver las obras, hace de Lísipo  el último gran escultor clásico y el primer artista helenístico.        <br />
              <br />
       Los grandes recursos económicos de que dispuso la escultura helenística, provenientes, en un principio, de los propios reyes y, más tarde, de la rica burguesía, diversificaron y ampliaron la temática escultórica. La monarquía deseó exaltar la imagen real hasta tal punto que algunos reyes se representaron, evocando el pasado, bajo la figura de rey–dios desnudo, como signo de divinización. Tal es el caso de Demetrio Poliorcetes. Por el contrario, la sociedad, más partidaria de lo cotidiano que de lo mítico, optó por la figuración de los sentimientos: dolor, angustia, amor, alegría, etc.       <br />
              <br />
       Esta diversidad de gusto en la escultura también alcanzó al mundo espiritual. Los dioses dejaron de representarse desnudos; en contrapunto, abundan las diosas desnudas en múltiples posturas para conseguir una mayor estética y sensualidad. Los dioses más serios como Zeus, Hera o Atenea se humanizan o pierden interés escultórico, su espacio lo ocupan otros menos sobrios: Afrodita, Nike (victoria) y Dionisios.        <br />
              <br />
       Un siglo antes, en el frontón del templo de Zeus en  Olimpia,  se podía contemplar a este dios, impertérrito con el rayo en su mano baja; en cambio, en el siglo IV a.C. Praxíteles lo mostraba como un dios abstraído con el juego, repeliendo a una lagartija, con una actitud de distracción humana. También el contacto y proximidad con otras religiones trajo consigo numerosas representaciones de deidades extranjeras con modelado griego.        <br />
              <br />
       Los personajes mitológicos llegaron a alcanzar casi la importancia de los dioses. Su presencia junto a diosas, ninfas o musas imprimía a la obra escultórica un resultado ameno y placentero, característico del helenismo.       <br />
              <br />
       La escultura helenística, con sus exquisitos refinamientos mundanos y su realismo racional  lleno de desenvoltura e imaginación, fue tan grata a la sociedad que pronto se multiplicaron los encargos privados para adorno de las casas importantes. Para cumplir con la demanda surgieron  los escultores que efectuaban copias de obras de otros artistas, y los talleres en donde la creatividad individualizada y variada dio paso a una producción artesanal en serie, casi organizada a escala industrial.         <br />
              <br />
       Con la ocupación romana el mercado del arte desbordó todas sus previsiones. Para estos nuevos clientes ricos, ávidos e impresionados por el mundo griego, se realizaron grandes y aparatosas obras. En algunos casos un único grupo escultórico era dividido por figuras y encargadas a artistas diferentes que habitaban en lugares distintos; una vez finalizadas se ensamblaban en el sitio definitivo. Hay que destacar que, junto a estas obras grandilocuentes, también se realizaron otras de extrema delicadeza y refinado realismo.        <br />
              <br />
       Siglos más tarde, el Renacimiento recogería para sí lo mejor de la escultura helenística, de tal modo que, si contemplásemos el David de Miguel Angel con los ojos de un arqueólogo o de un historiador, lo clasificaríamos como una  obra al gusto helenístico. Todavía hoy en muchos museos, al  revisar la catalogación de las esculturas renacentistas o helenísticas, se da la circunstancia de que alguna de ellas, reseñada como obra helenística, corresponde al Renacimiento y viceversa. Sucede lo mismo en arquitectura con las llamadas molduras clásicas o formas renacentistas en uso hasta nuestros días: cornisas de los portales, ménsulas, arquitrabes, etc., no son otra cosa que elementos arquitectónicos helenísticos.       <br />
              <br />
       Sobre la evolución de la pintura en el mundo griego hasta el periodo helenístico tardío poseemos poca documentación. Lo más cercano para comprender la realidad pictórica de la época son las reproducciones efectuadas, sobre todo romanas, de originales helenísticos, pero lógicamente carecen del espíritu o genio creativo del artista.          <br />
              <br />
       Al igual que los historiadores para enmarcar periodos nuevos suelen recurrir a fechas, personas o acontecimientos, la Historia del Arte adjudica al pintor Apeles (siglo IV/III a.C.) el honor de inaugurar la pintura helenística con la conquista de la tercera dimensión, utilizando solamente cuatro colores: blanco, rojo, amarillo y negro. Se cuenta que Alejandro Magno solamente permitía ser pintado por él.       <br />
              <br />
       Con relación a los logros conseguidos por la pintura helenística sabemos que conquistó el espacio pictórico con fondos infinitos, conseguidos mediante la perspectiva y la gama cromática. El dibujo lineal desaparece, el uso de la “mancha” es habitual, resultando una pintura rica no sólo en claroscuros, sino de reflejos y  tornasolados.       <br />
              <br />
       En cuanto a la elección de temas también  existen diferencias con el pasado. El mundo clásico queda relegado a retazos marginales sin formar nunca parte integrante del cuadro. Los ambientes preferidos son escenas al aire libre, bucólicas, paisajes con edificios y nubes de fondo, todas ellas propias de una refinada civilización urbana. Conjuntamente con estos temas coexistían las representaciones mitológicas, y las   solicitadas por encargo, normalmente relacionadas con la familia o la casa de la persona que encargaba el cuadro o mural.       <br />
              <br />
       El arte por encargo y el desarrollo del estilo realista condujeron al retrato, y es en la época helenística tardía, y sobre todo durante el helenismo romano, cuando alcanza su mayor auge. No solamente se reproducen los rasgos físicos del retratado, sino que también se busca plasmar el carácter psicológico del individuo. Solamente en las reproducciones de filósofos, poetas o personajes importantes del pasado, se torna a la serenidad clásica. No obstante, los retratos más significativos del periodo helenístico romano, llamados funerarios, se efectuarán fuera de Grecia, sobre todo en Egipto.        <br />
              <br />
       La carencia de fuentes literarias que hayan llegado hasta nuestros días, dificulta profundizar en el estudio de la pintura helenística. Se sabe que el rey Juva II de Mauritania, gran coleccionista de obras de arte y coetáneo del emperador Augusto, escribió un tratado en cinco volúmenes y, aunque se haya perdido en su totalidad,  denota la importancia que la pintura llegó a alcanzar en el helenismo romano.       <br />
              <br />
       Esta falta de literatura hace de los mosaicos ornamentales los principales protagonistas para el estudio de la pintura helenística. Es en la transición del siglo IV al III a.C. cuando el mosaico comienza a desarrollar su futura belleza. Hasta entonces, salvo pocas excepciones, el uso del mosaico era pavimental, bicromático (piedras blancas y negras) y de dibujo geométrico.        <br />
              <br />
       A comienzos de la época helenística se introduce el rojo, poco después otros colores y la figura, enmarcando el  contorno de ésta con piedras más pequeñas; para separar los detalles del interior de la silueta se recurrió a láminas o tiras de plomo. El refinamiento propio de la época hará que estas piedras sean cada vez más pequeñas, y es hacia el año 250 a.C., en la Magna Grecia (Sicilia), donde aparece un mosaico elaborado con teselas (piedras alrededor de 1 cm2). Siguiendo el espíritu de superación o investigación artística, redujeron todavía más el tamaño de las teselas hasta llegar a  una medida tan  minúscula que no supera los 5 mm. por lado.        <br />
              <br />
       El mosaico elaborado con este tipo de piedra recibe el nombre de vermiculato que, traducido libremente, se podría definir como agusanado. Esta medida tan pequeña permitió la reproducción de las obras pictóricas copiando pinceladas, gama cromática, sombras y perspectivas. Normalmente estos mosaicos-cuadros eran de pequeñas proporciones y se trabajaban sobre una base de terracota colocada sobre un caballete como si fuera una pintura. Una vez finalizados se insertaban dentro de otro realizado con teselas, por lo que recibían el nombre de emblema.       <br />
              <br />
       Para el estudio de la evolución del mosaico helenístico se suelen comparar los hallados en Pella (Macedonia) Caza del león y del ciervo, realizados hacia el 300 a.C. de artista conocido, y el  llamado Batalla de Alejandro contra Darío, encontrado en una casa de Pompeya (Italia), reproducción de otro hecho 150 años antes.         <br />
              <br />
       Los primeros, aunque trabajados con guijarros pequeños claros y oscuros, no pueden ser considerados como una expresión pictórica ya que, al carecer de gama cromática, la ausencia de sombras da como resultado grandes aéreas planas de color. En cambio, el segundo confeccionado con pequeñas teselas multicolores, combinadas en perfecta escala cromática para lograr las sombras, perspectiva y movimiento, sí consigue aspecto de pintura.        <br />
              <br />
       El gusto de la época por la ostentación favoreció el desarrollo de las artes menores y una profusión de objetos de lujo, tanto decorativos como utilitarios, se puso al alcance de la gran población.  En la cerámica se observa, al igual que en las artes mayores, que las representaciones heroicas ya no están de moda.        <br />
              <br />
       Si se reproduce la Guerra de Troya, el lugar que antaño ocuparan las batallas se sustituye con escenas amorosas de Helena y Paris; donde una vez se representaran austeros fundadores de ciudades su lugar lo ocupa el ciclo de Afrodita y Dionisios, con su alegre séquito de ninfas o pequeños Eros (amorcillos) juguetones y alados.       <br />
              <br />
       Uno de los grandes vehículos de difusión del helenismo fueron las pequeñas figuras de terracota. Su principal centro de producción fue en Beocia, en el taller de Tanagra. Estas estatuillas son policromadas y representan mujeres en pie, en las que el refinado juego de los pliegues de sus  ropas  las reviste de un gran donaire y esbeltez.        <br />
              <br />
       Se fabricaban con moldes, pero antes de la cocción se retocaban a mano, lo que confería alguna particularidad que las hacía casi originales. Estas figuras de Tanagra alcanzaron un gran éxito en el mundo helenístico. Para satisfacer la demanda popular surgieron productos inferiores hechos de barro y repetidos por miles, lógicamente mucho más asequibles.       <br />
              <br />
       <b>La cultura</b>       <br />
              <br />
       Las amplias conquistas de Alejandro y el posterior reparto de su Imperio, facilitaron la expansión de la cultura griega prácticamente por todo el mundo conocido (ecúmene). En las ciudades de Asia Menor su introducción comenzó con anterioridad  a las campañas alejandrinas, dado que estos territorios eran geográfica e históricamente el área natural de influencia helena y, además, muchos de sus ciudadanos eran griegos. Sin embargo, en  Egipto y en las regiones asiáticas más alejadas, cuna de espléndidas civilizaciones, sería la primera vez que penetrara.       <br />
              <br />
       El vehículo que posibilitó la rápida propagación y unión de la cultura entre griegos y orientales fue sin duda la lengua. A partir el siglo V a.C. un dialecto del griego ático comenzó su expansión ganando terreno al griego clásico. Su origen popular facilitaba la comunicación cotidiana y el comercio, no sólo dentro de los perímetros griegos, sino también en el Mediterráneo oriental. Con la genaralización de su uso, este dialecto encontró su nombre propio: Koiné, que en griego significa “común”. A partir de Alejandro, con los nuevos reyes helenísticos, se convirtió en lengua oficial y diplomática.        <br />
              <br />
       Cuando se trata la cultura de esta época, difícilmente puede  sustraerse a Grecia del mosaico de países que configuran el mundo helenístico. Este conjunto de reinos de marcado ambiente cosmopolita, abierto a nuevos horizontes espaciales y culturales, constituye una inusitada manifestación intelectual.       <br />
              <br />
       La rivalidad entre estos nuevos reyes helenísticos y su pasión por el esplendor, el boato e importancia,  condujeron a crear un clima grato para los estudiosos, facilitándoles, sin limitaciones económicas, todos los medios al alcance de la época. Tal es el caso de la ciudad de Alejandría con su Museo y Biblioteca, y el de su competidora Pérgamo.       <br />
              <br />
       En literatura se continuó con la Comedia Nueva. Este género surgió en Atenas a finales del siglo IV a.C., y aunque inspirada en la tragedia, nunca llegó a alcanzar el prestigio de las obras de los grandes trágicos: Esquilo, Sófocles y Eurípides. Su principal representante, Menandro, siguiendo las nuevas tendencias, abandonó la temática heroica en pos de personajes de la vida cotidiana, y por primera vez se escribió sobre grupos de gentes socialmente marginadas: campesinos, heteras, esclavos, etc., ahondando, con notable acierto, en la psicología de estos individuos.         <br />
              <br />
       La sátira popular amplió su campo de acción con la introducción de la sátira política en donde no solamente se ridiculizaba a las nuevas clases dirigentes, sino también, sutilmente, a la propia monarquía.       <br />
              <br />
       En medio de esta nueva literatura reflejo de la vida real y cotidiana, Apolonio de Rodas escribió, emulando a Homero, sus Argonáuticas dentro del más puro estilo de poesía épica. Esta obra, dirigida a las clases cultivadas, las únicas capaces de valorar el gran esfuerzo de erudición que representaba, no obtuvo el éxito esperado por su falta de naturalidad.        <br />
              <br />
       La poesía cortesana está representada por Calímaco, que trabajó en Alejandría y llegó a ser director de la Gran Biblioteca. Sin embargo, aunque más exitoso que Apolonio, sus poemas  no consiguieron traspasar  los  umbrales de la  Corte y las grandes ciudades.           <br />
              <br />
       El auténtico conquistador de lectores fue Teócrito de Siracusa. Su refinada poesía pastoril, su sagacidad para reflejar los diferentes modos de vida y ambientes, unidas a una poesía llena de veracidad y realismo, le otorgaron un auténtico protagonismo en el mundo de las letras.       <br />
              <br />
       Un género teatral que gozó de gran aceptación fue el Mimo. Eran cortas historias en donde se reflejaba la realidad más cercana. De lenguaje vulgar, y  normalmente grosero, se acompañaba de cantos, juegos de magia y bailes, los cuales agradaban sumamente a las clases más populares.       <br />
              <br />
       En esta época se tradujo al griego una amplia gama de libros judíos correspondientes a diversos géneros literarios, aunque el apocalíptico era el más común. En Alejandría se realizó la versión del Antiguo Testamento conocida como la de los Setenta, por haber intervenido 70 sabios, pero también otras clasificadas genéricamente como Apócrifos del Antiguo Testamento (Libro de Henoc, Testamento de los Doce Patriarcas, Oráculos Sibilinos judíos, etc.). Toda esta serie de escritos no sólo fue importante por su contenido literario, sino que actuó como ideario o puente entre el Antiguo y el Nuevo Testamento       <br />
              <br />
       Los nuevos descubrimientos de mares, tierras y costumbres diversas de las propias, fortalecieron el antiguo interés por los libros de geografía en donde se enumeraban, además, los aspectos etnográficos, climáticos y las peculiaridades de los pueblos. Se detallaron las costas mediterráneas, el Mar Rojo, la India, etc. Estrabón, aprovechando datos de otros autores, describió ciertas partes del mar Báltico e Inglaterra, y por el este,  el océano Índico y diversas regiones orientales.       <br />
              <br />
       Unido al interés geográfico estaba el deseo por conocer la historia de pueblos extranjeros. En el género de literatura histórica el escritor más importante es Polibio, autor de una historia de Roma en 40 libros. Seguramente su famosa aseveración de que “El comienzo es la mitad del todo” le fue útil para escribir tal ingente obra. También hay que destacar a Manetón, con su Historia de Egipto (Aegyptiaca), a Plutarco, Josefo, etc.         <br />
              <br />
       Las disciplinas de carácter científico, al igual que la música, continuaron englobadas dentro del marco de la filosofía, y será en el Museo (templo dedicado a las Musas) de Alejandría donde encuentren su verdadero desarrollo.        <br />
              <br />
       Al inicio de la fundación del Museo encontramos a Euclides quien nos legó su famoso tratado de geometría (Elementos) en trece libros, en donde se describe la geometría plana, la teoría de los números y la geometría del espacio. Su texto, afortunadamente, nos ha llegado casi íntegro y es la obra más editada en el mundo, después de la Biblia. También hay que destacar entre los sabios del Museo a Eratóstenes, su célebre Criba para encontrar los números primos aún lleva su nombre.        <br />
              <br />
       En el campo de la geografía, este científico midió de un modo casi exacto, con un error de apenas 4.000 metros, la longitud de la circunferencia de la Tierra. Para ello determinó la amplitud del arco del meridiano entre Siene (Egipto) y Alejandría durante el solsticio de verano, con un resultado aproximado de 40.000 kilómetros equivalentes a 252 estadios. Elaboró un esquema cartográfico del mundo habitado, y es digna de reseñar su afirmación  en la cual aseguraba que desde la Península Ibérica se podía alcanzar la India siguiendo la dirección oeste.       <br />
              <br />
       Todos estos avances científicos fueron llevados a la práctica inventando numerosos mecanismos y artefactos. Ctesibio (siglo III a.C.), basándose en la neumática y la hidráulica realizó el reloj de agua, la bomba neumática y la bomba hidráulica; esta última sería adaptada por Herón (siglo I a.C.)  para la extinción de fuegos.       <br />
              <br />
       En este mundo de sabios no hay que olvidar a Arquímedes de Siracusa que, si bien se desplazó hasta Alejandría atraído por  la fama de Euclides, desarrolló su trabajo en  Sicilia (Magna Grecia). Sentó las bases de la hidrostática con su famoso Principio, el cual dedujo al comprobar el agua que desplazaba su cuerpo durante el baño.       <br />
              <br />
       Según cuenta la tradición, este descubrimiento le hizo exclamar: !!Ëureka!! ( lo encontré ). Entre sus aportaciones indiscutibles se encuentra  el teorema sobre el área y volumen de la esfera, y el cálculo más preciso del valor del número &#61552;. También es el inventor, entre otros artilugios,  del tornillo “sin fin” todavía vigente en los taladros, y de la polea compuesta que permitía elevar grandes pesos. El prestigio que siempre ha gozado  Arquímedes en el campo  científico, hace que la historia le adjudique algunas frases más o menos solemnes. En el caso de la polea compuesta, se dice que al comprobar su éxito dijo: dadme un punto de apoyo y moveré el mundo.       <br />
              <br />
       A otro físico más moderno, llamado Herón de Alejandría (siglo I d.C.), se le atribuyen fabulosos inventos en el campo de la técnica; entre los más importantes están la grúa y la turbina a vapor.       <br />
              <br />
       En cuanto a los conocimientos de astronomía, durante el helenismo se consiguieron grandes avances.  Desde siglos atrás, los griegos habían profundizado en los estudios de la astronomía egipcia y babilonia. Racionalizaron sus teorías separándolas de toda connotación religiosa o simplemente supersticiosa, a las que habitualmente iba unida esta ciencia. Se geometrizó la esfera celeste y se establecieron las primeras hipótesis sobre el orden de los astros. En el siglo VI a.C. Tales de Mileto descubrió las estrellas fijas y los solsticios y equinoccios  que marcan las estaciones del año.       <br />
              <br />
       En nuestro periodo histórico encontramos que a finales del siglo III a.C. Heraclides del Ponto descubrió que los planetas Venus y Mercurio giraban alrededor del Sol. Un siglo más tarde, Aristarco de Samos se esforzó en medir el tamaño del Sol, de la Luna y su distancia a la  Tierra.        <br />
              <br />
       Pero, sobre todo, su mayor logro fue proclamar el heliocentrismo, con los movimientos de la Tierra sobre su eje y alrededor del Sol. El desarrollo de la teoría heliocéntrica (Sol centro del Universo) en contraposición a la geocéntrica (Tierra centro del Universo), no tuvo mucho éxito en su tiempo y habrá que esperar a Copérnico para sentar las bases del heliocentrismo.       <br />
              <br />
       Esta breve reseña de algunos de los astrónomos del periodo helenístico no debe olvidar a Hiparco de Nicea (siglo II a.C.). Introdujo la división del círculo en 360 grados, utilizada hasta hoy, y estableció las primeras tablas astronómicas. Midió con gran precisión la duración del mes lunar y el tiempo que tarda el Sol en regresar a un mismo punto, es decir, el año solar. Elaboró un catálogo de 850 estrellas, clasificándolas según su luminosidad y descubrió la precisión de los equinoccios. En cambio, fue en contra de las teorías de Aristarco fundamentando científicamente el  geocentrismo.       <br />
              <br />
       Pero todos estos progresos técnicos y avances en el campo de la astronomía, en realidad no fueron suficientemente aprovechados para una producción en serie o semi en serie, simplemente sirvieron para el mantenimiento de la competencia entre los reinos helenísticos.        <br />
              <br />
       Tanto el Imperio Ptolomáico (Egipto) como el Seléucida (Siria), no tenían base suficiente para producir todas estas novedades. Solamente los estados griegos, por su propia trayectoria histórica, hubieran sido más propicios, pero sus crisis sociales y económicas imposibilitaron su desarrollo industrial. Del olvido en que acabaron estos inventos, excepcionalmente se salvaron las máquinas de asedio y la catapulta de Ctsibio.        <br />
              <br />
       La isla de Cos (en el mar Egeo) con su santuario dedicado a Asclepio era, tradicionalmente, el centro más representativo de la medicina griega, aunque éste no era el único. Existían numerosos templos situados en sitios salubres, cerca de fuentes y rodeados de bosques; estos santuarios eran, al mismo tiempo, hospitales. Los sacerdotes se transmitían sus conocimientos médicos de padres a hijos o de maestro a discípulo. El renombre de esta isla alcanzó a todo el mundo antiguo, siendo el lugar en donde Hipócrates ejerció la medicina.       <br />
              <br />
       A partir del siglo IV a.C. varias escuelas de medicina rivalizaron con la de Cos. En Alejandría el médico Herófilo practicó, por primera vez, la disección de un cadáver para el estudio de la anatomía y distinguió, por su grosor, las venas de las arterias. Constató la sincronía del pulso con los latidos del corazón.        <br />
              <br />
       Estudió el sistema nervioso diferenciando los nervios sensores de los motores y descubrió la disposición de los vasos del cerebro. En la actualidad, los estudiantes de medicina denominan al confluente venoso posterior del cerebro la Prensa de Herófilo. Además, demostró que la inteligencia no radica en el corazón como aseguraba Aristóteles, sino en el cerebro.       <br />
              <br />
       Un discípulo suyo fundó una escuela de medicina basada en el historial médico, en donde el tratamiento de las enfermedades se basaba en los antecedentes de salud. Otras escuelas elaboraron tratados de farmacia y dietética cuyos textos han llegado hasta nosotros gracias a su traducción al árabe, ya que de la versión griega solamente se conservan fragmentos aislados.       <br />
              <br />
       La característica más sobresaliente del Helenismo, el reconocimiento de la autonomía de la persona humana, marcará las nuevas pautas en filosofía  y se intentará adaptar las antiguas teorías de los grandes maestros del  pasado a las circunstancias del momento. La participación de la filosofía en la formación del espíritu helenístico fue de suma importancia.        <br />
              <br />
       Se impuso la búsqueda de la unidad del universo en todas sus manifestaciones, búsqueda que conducía al descubrimiento de los principios que regían el mundo. Las grandes escuelas filosóficas del pasado pasaron a ser “unas más” entre la pluralidad de orientaciones, ajenas a la política y marcadamente centradas en la intimidad del individuo.       <br />
              <br />
       La Academia, la que fundara Platón en el siglo IV a.C., con el correr  de los tiempos había perdido influencia. Solamente la doctrina de la demonología, ya expuesta por su fundador, alcanzó  relevancia. En ella se  aseguraba que los démones tenían la potestad de contactar con los hombres y se dividían en buenos o positivos, y malos o negativos.        <br />
              <br />
       Pero aparte de este dominio, el verdadero desarrollo de los platónicos fue la dialéctica combativa contra todas las otras corrientes filosóficas, en especial contra los estoicos. Abogaban por imponer la abstención de juicio sobre cualquier argumento, ya que éste siempre podía rebatirse con otro contrario. En el siglo I a.C., con la llegada del filósofo Filón, maestro de Cicerón, y con el resurgir de las ideas de Platón sobre la dualidad del mundo en bien y mal, así como la división entre el alma y el cuerpo, la Academia y sus neoplatónicos retomaron el protagonismo de siglos atrás.       <br />
              <br />
       En cuanto al legado filosófico de Aristóteles, sus seguidores (peripatéticos) no consiguieron atraer el interés de antaño. Sus escritos políticos no tenían cabida en un mundo ajeno a la problemática de la pólis, y sus tratados sobre ética chocaban con las nuevas tendencias orientadas hacia el individuo.        <br />
              <br />
       Sin embargo, hay que señalar la figura de Teofrasto, alumno de Aristóteles, quien destacó por sus estudios en diferentes campos científicos, desde un tratado de botánica, Historia de las plantas, a otro de psicología, Caracteres. No obstante, siglos más tarde volvería su protagonismo al asentar sus teorías en torno a la lógica de su fundador. El renacimiento de estas teorías tuvo gran influencia en la filosofía árabe de la Edad Media, a la que se debe el mérito de haber conservado gran parte de los escritos de Aristóteles.       <br />
              <br />
       En contrapunto a las antiguas escuelas filosóficas, surgió en Atenas, en torno al filósofo Zenón (335/261 a.C), una nueva corriente que al impartir sus enseñanzas en la Stoa (pórtico) del ágora de la ciudad, sus seguidores recibieron el nombre de estoicos. En los pocos fragmentos de su obra atribuidos directamente al pensamiento del fundador, encontramos conceptos en los cuales se atribuye a la personalidad del individuo la interpretación, a través de los sentidos, de todas las manifestaciones que nos llegan del mundo exterior.        <br />
              <br />
       Interpretación calificada hegemónica por parte del alma y se representa así: El alma es como una cabeza de pulpo con ocho tentáculos sensitivos y en ella se encuentra la  fuerza unificante y coordinativa.       <br />
              <br />
       Más tarde este concepto se convertirá en sinónimo  de mente (nous) o de razón (logos). EL logos (razón) será para Zenón el principio rector del universo, y el único responsable de la existencia del mundo  y su orden; así mismo es quien hace del hombre lo que es.        <br />
       Esta afirmación  sustraía a los dioses el mérito del orden del universo y, por tanto, no se consideraba al orden un factor superior, ajeno e inaccesible al hombre.        <br />
              <br />
       La realidad del cosmos se percibía a través de los sentidos, una vez que el alma hubiera interpretado todos los estímulos provenientes del exterior. Esta percepción por parte del alma, dotaba al individuo de las nociones concretas y abstractas, entre ellas las morales, necesarias para su desarrollo ya que le permitía ser más racional y espiritual. El objetivo de los estoicos, educador y moralizante, era poner a disposición del hombre los conocimientos necesarios para alcanzar la sabiduría y la rectitud.       <br />
              <br />
       Las teorías de Zenón tuvieron un desarrollo muy  diverso entre sus sucesores, si bien siempre giraron en torno al concepto del razonamiento, implicando para su desarrollo cuatro partes de la  filosofía: lógica, ética, física y metafísica.       <br />
              <br />
       La segunda gran corriente filosófica del helenismo se debe a Epicuro (341-271 a.C.) Sus enseñanzas  las impartía en un Jardín de Atenas y permitía la participación de mujeres y esclavos.        <br />
              <br />
       Sus teorías se enmarcan en tres ramas de la filosofía:       <br />
              <br />
       a) Lógica: la percepción del universo a través de los sentidos (empirismo).       <br />
       b) Ética: el concepto del placer (hedonismo).       <br />
       c) Física: la teoría de los átomos (atomismo).       <br />
              <br />
       De estos tres pensamientos, el que más interesó a la ciudadanía helenística fue la teoría sobre la verdadera felicidad. Ésta aseguraba que el bienestar y  la felicidad se lograban con la templanza del alma y la salud, con la cual se conseguía la imperturbabilidad (ataraxía). El hedonismo epicúreo sostenía la supremacía del placer sobre todas las cosas, entendiendo como placer la ausencia de dolor, y recomendaba sentirlo racionalmente y sin caer en excesos.       <br />
              <br />
       A pesar de que la teoría de la felicidad fuera la más grata al ciudadano, el aporte más famoso a la historia de la filosofía fue el atomismo. Epicúreo, siguiendo viejas directrices de anteriores filósofos (Demócrito) llegó a la conclusión de que la naturaleza de las cosas se compone de materia y vacío.        <br />
              <br />
       La materia, compuesta de cuerpos diminutos o átomos, se mueve en el vacío. La unión de estos átomos es la que da forma y estructura a los seres vivos, al alma y a los objetos. Cuando esta unión se rompe, el alma se diluye y desaparece, por lo tanto la muerte no supone nada para el hombre ya que con la disolución del alma termina la percepción del universo.       <br />
              <br />
       Por último, en cuanto al empirismo, existe un cierto paralelismo con las enseñanzas de los estoicos. Epicuro no rechazó el papel del Estado, al contrario, creía que todas las corrientes espirituales y culturales sólo podían desarrollarse en el marco de la legalidad estatal. En cuanto a los dioses, los consideraba como figuras lejanas que habitaban en un mundo de felicidad ajeno al hombre, y no les perturbaba ni su existencia, ni su gratitud.       <br />
              <br />
       <b>La vida religiosa</b>       <br />
              <br />
       Mientras que en el estudio de otras antiguas civilizaciones como la egipcia, babilónica, fenicia, etc. existe siempre un capítulo denominado “religión”, llama la atención que, para los no duchos en la materia,  llegados a dicho apartado en la historia de Grecia y Roma, a éste se clasifique como Mitología, dando más la impresión de una ficción religiosa que de una religión propiamente dicha.       <br />
              <br />
       Lo que llamamos o consideramos religión está formado por dos elementos esenciales: dogma y culto. El dogma es el conjunto de creencias establecidas inmutables e innegables, y el culto es la acción de practicar el dogma por medio de ritos instituidos. Tanto la conservación del dogma como la práctica del rito, recaen sobre personas dedicadas a ello, conocidas como ministros o sacerdotes.       <br />
              <br />
        La antigua Grecia carecía de dogma y de culto oficiales, por lo tanto, de religión de Estado. No existía una casta sacerdotal, salvo dos excepciones: los descendientes del médico Asclepio y los dedicados a los misterios de Eleusis.        <br />
              <br />
       Los sacerdotes se elegían como todos los cargos públicos entre la ciudadanía y por tiempo limitado, aunque los nombramientos podían ser renovados. Esta condición de sacerdote no les eximía de sus deberes civiles y militares. El concepto sacro que se tiene del sacerdocio en religión, difiere mucho en la elección de los sacerdotes dedicados al sacrificio en la antigua Grecia. Por ejemplo, en Atenas, los sacerdotes dedicados al sacrificio se solían elegir entre los cocineros por ser los más idóneos para trocear las víctimas ofrecidas a los dioses.       <br />
              <br />
       En  la Hélade el mundo de las creencias debió derivar de antiguos ritos semíticos o de los aportados por los primeros pobladores de la península Balcánica (pelasgos).  Los griegos creían que sus dioses no existían desde el principio de los tiempos. Para comprenderlos y explicarlos la tradición creó, desde la más remota antigüedad, toda una serie de fábulas y cuentos. Con la sublimación y embellecimiento de éstos por parte de artistas y poetas, surgió el Mito.       <br />
              <br />
       La inherente racionalidad griega marcó la característica de su Mitología: el antropomorfismo, es decir, la representación de los dioses con forma humana, atribuyéndoles las mismas pasiones  de los mortales. Lo que esencialmente distinguía a los dioses de los hombres era la inmortalidad.        <br />
              <br />
       Tampoco eran todopoderosos, aunque cada uno ejerciera el dominio o patronazgo sobre los distintos estratos del mundo creado, sobre las fuerzas de la naturaleza, y sobre los diferentes oficios artesanales de los humanos. Estos dioses, agrupados en tres dinastías, habitaban en el monte Olimpo, el más alto de Grecia (2.965 m), situado entre Tesalia y Macedonia.        <br />
              <br />
       Las principales vicisitudes de su mundo religioso fueron narradas por varios autores, pero sin duda, es Hesiodo (s. VIII a.C.) con su obra Teogonía quien más destaca:        <br />
              <br />
       PRIMERA DINASTÍA:       <br />
              <br />
       <span style="font-style:italic">En el principio fue el Caos, es decir, el espacio que contenía el germen del universo. Después, Gea, la Tierra, madre universal, y Eros el más bello de los inmortales. Seguidamente el Erebo, o la región subterránea, y la Noche;  ambos engendraron a Eter, el aire celeste que envuelve la tierra, y al Día.. De la unión de Gea y Eros nació Urano que con su bóveda estrellada servía de mansión a los inmortales. Gea decide hacer de su hijo Urano su esposo, y engendran un gran número de hijos: 12 Titanes, 3 Cíclopes y 3 Gigantes. Urano, para evitar ser destronado por sus hijos, los arrojaba al seno de la Tierra nada más nacer. Esto disgustó tanto a Gea que decidió castrar al incesante procreador. Al buscar apoyo en sus hijos, solamente Cronos, el más joven de todos ellos, acepta colaborar. Con una hoz cortó el órgano viril de Urano, de las gotas de sangre vertidas por la herida nacerán las Erinias, otros Gigantes y las Ninfas. Las partes mutiladas las arrojó al mar y de ellas surgiría, en medio de una blanca espuma, Afrodita, diosa del amor. A pesar de las lesiones Urano sobrevivió y, aunque su protagonismo se redujo considerablemente, conservó el privilegio de prever el futuro, tanto es así que predijo a Cronos que también él sería destituido por un hijo.</span>       <br />
              <br />
       SEGUNDA DINASTÍA:       <br />
              <br />
       <span style="font-style:italic">Cronos desposa a su hermana Rea  pero no olvida el presagio de su padre Urano; para impedirlo, devora a sus hijos nada más nacer: Hestia, diosa del hogar; Demeter, diosa de la tierra cultivada y del trigo; Hera, protectora de las mujeres casadas; Hades también llamado Plutón, el que domina el mundo de los muertos y Poseidón, los mares. Rea, al verse desposeída de sus hijos y embarazada de nuevo, huyó a Creta para dar a luz y dejar allí al último de ellos, Zeus. A su regreso, para que Cronos no sospechara, le dio a tragar una piedra envuelta en pañales y una droga disuelta en una bebida. Cuando Zeus regresa de Creta, expulsa a Cronos y ocupa su lugar no sin antes sacar de su vientre a sus hermanos.</span>       <br />
              <br />
       TERCERA DINASTÍA       <br />
              <br />
       <span style="font-style:italic">Antes de ser definitivamente señor del Olimpo, Zeus tuvo que superar terribles dificultades. Venció a los Titanes y a los Gigantes y liberó a los Cíclopes, que agradecidos le donaron los tres elementos de su dignidad divina: el trueno, el relámpago y el rayo. Vencidas las resistencias familiares, Zeus contrajo matrimonio con su hermana Hera de la que tuvo solamente dos hijos, y a quien amará por encima de todas sus veleidades e innumerables adulterios. Producto de sus amoríos con diosas y mortales nacerían infinidad de hijos. Antes de contraer matrimonio, Zeus tuvo amores con la diosa Metis a quien dejó embarazada. Temeroso que este futuro hijo se apoderara de su  autoridad, siguió los consejos de su abuela Gea y de su tío Urano y engulló a Metis.  Llegado el momento del parto, Atenea salió de la cabeza de Zeus completamente armada con el casco, la lanza y la égida (coraza de piel de cabra). Por ello se la considera la diosa de la guerra, pero también de la razón, las artes, la literatura y la filosofía. Se le atribuye la invención del carro de guerra y la donación del olivo al Ática, recibiendo a cambio su soberanía. De todos los hijos de Zeus, fue la más querida.</span>       <br />
              <br />
       Este breve recorrido por la Mitología griega se resume en doce dioses principales: Zeus, Hera, Poseidón, Demeter, Atenea, Ares, Hermes, Afrodita, Hestia, Apolo, Hefestos y Artemisa.	       <br />
              <br />
       En el siglo IV a. C., cuando comienza el periodo helenístico, el mundo religioso llevaba casi dos siglos cuestionado por diferentes filósofos que criticaban ciertas tradiciones religiosas. El mismo Sócrates en el año 399 a. C., fue condenado a muerte por ... no creer en los dioses que reconoce la ciudad,  tratar de introducir nuevas divinidades y corromper por ello a los jóvenes. En el caso de Atenas no se era un buen ciudadano si no se creía, al menos, en Atenea y en su padre Zeus.       <br />
              <br />
       El ateísmo estaba perseguido, se consideraba que agredía al pacto social de la ciudad y por tanto era irrespetuoso con las leyes. A partir del s. III a.C., con la escuela del filósofo Epicuro, se aceptó el pensamiento agnóstico. En realidad estos filósofos no eran esencialmente ateos, simplemente sus dioses estaban excluidos del mundo de los hombres y no se ocupaban de los asuntos humanos.       <br />
              <br />
       Pero el análisis de las creencias por parte de las esferas cultas no inmutaba al pueblo llano, en donde el sentimiento de lo sagrado y sobrenatural estaba arraigado desde la antigüedad, con una piedad que rayaba en la superstición. De sus innumerables divinidades dependía la felicidad o la desgracia de los mortales sobre esta tierra y en el más allá, después de la muerte.         <br />
              <br />
       La falta de dogma y de un libro sagrado que recogiera los cultos necesarios para la consolidación de las creencias, hizo del rito un auto de fe. Los ritos más antiguos y los que más tiempo persistieron  fueron los relacionados con las necesidades primordiales: la fertilidad de los campos y la fecundidad de los rebaños. Incluso en el lenguaje coloquial nunca se decía “llueve” o “truena”, sino “Zeus llueve”, “Zeus truena”.       <br />
              <br />
       Los principales componentes de sus ritos eran las purificaciones, oraciones y sacrificios.  Los actos piadosos siempre se dirigían al logro de un fin. Primeramente se  enumeraban las buenas acciones que habían realizado y seguidamente se solicitaban los deseos: ayuda contra los enemigos, protección de los campos, bienestar para la familia, etc.       <br />
              <br />
       En la época que nos ocupa, el sacrificio humano hacía siglos que había desaparecido, solamente era de uso la inmolación de animales: machos si se ofrendaban a los dioses, y hembras en el supuesto de diosas. Sacrificados los animales, ya fueran carneros, ovejas, pollos, gallinas o cualquier otro, únicamente una pequeña porción de carne era ofrecida a los dioses; el resto se repartía entre las gentes que lo comían en el lugar o lo llevaban  a casa.         <br />
              <br />
       El mayor sacrificio en número de animales era la hecatombe, palabra que hoy usamos para referirnos a una gran desgracia o catástrofe; traducida literalmente significa “sacrificio de cien bueyes”.       <br />
              <br />
       En cambio, en los sacrificios ofrecidos a los muertos, la víctima (normalmente un cerdo) se consumía totalmente y se conocía como holocausto. Este sacrificio también se usaba para la purificación individual o colectiva. En todos los casos era habitual el examen de las vísceras del animal para adivinar el deseo de los dioses.        <br />
              <br />
       El año civil y religioso no era homogéneo en Grecia. El número de días oscilaba entre 354 y 384; consecuentemente, las fiestas religiosas también diferían según el lugar. Las más conocidas son las de Atenas: la ciudad contaba con unos 50 días festivos de carácter religioso excluyendo los dedicados a los ritos mistéricos.       <br />
              <br />
       Las fiestas religiosas iban unidas a las civiles. Conjuntamente al fervor religioso se organizaban concursos líricos y musicales, gimnásticos y atléticos, e incluso de belleza, en donde se valoraban la estatura y la prestancia de hombres y mujeres.        <br />
              <br />
       Las fiestas Dionisiacas duraban  siete días e inauguraban la temporada de teatro, dado que el dios Dionisios era su protector. El primer día se consagraba al fervor religioso con una gran procesión. En el segundo se iniciaban los concursos líricos, para dar paso al día siguiente a las representaciones de comedias; las tres últimas jornadas se dedicaban a la tragedia.        <br />
              <br />
       Las actuaciones comenzaban al amanecer y finalizaban ya entrada la noche, de tal forma que el feliz ciudadano que asistiera a todas las representaciones, podía llegar a ver hasta 18. Todos los gastos derivados de estos festejos eran sufragados bien por la administración pública, o por ricos ciudadanos que a su vez competían entre sí, haciendo alarde de sus fortunas.       <br />
              <br />
       La propia grandiosidad de estos cultos y ceremonias públicas entrañaba grandes dosis de frialdad religiosa. El creyente, necesitado de una religión individual que le asegurara la felicidad en esta vida y en la otra, dirigió sus creencias hacia las religiones mistéricas que prometían a sus fieles la salvación y una inmortalidad dichosa.        <br />
              <br />
       Estos rituales mistéricos siempre precisaban de una iniciación o preparación por parte de las personas que deseaban formar parte del culto. Las pruebas para acceder debían de ser difíciles, y sobre todo, físicamente penosas, ocasionando que no todos los aspirantes fueran aceptados.        <br />
              <br />
       Algunas de estas religiones mistéricas no eran gratas al Estado. La mejor vista era los Misterios de Eleusis que desde la antigüedad gozaron de un tratamiento de favor. Se celebraban en la ciudad del mismo nombre a 20 km. de Atenas en honor de la diosa Demeter y de su hija Coré, encargadas de velar sobre los cereales y los muertos. Estos misterios constaban de tres partes: iniciación, consagración y consagración superior.        <br />
              <br />
       En sus ceremonias había una serie de demostraciones, acciones y palabras dirigidas a garantizar la salvación después de la muerte. Tras un día de ayuno comenzaban dos noches de iniciación; cuanto sucedía en el ámbito de los iniciados era alto secreto y su difusión se castigaba con la pena de muerte.        <br />
              <br />
       Mientras transcurría la celebración de los misterios se bebía un brebaje cuyo principal componente era la cebada. A finales del siglo IV de nuestra era, los Misterios de Eleusis, al igual que todos los ritos mistéricos, comenzaron a encontrar graves dificultades para su representación, cien años más tarde con el auge del cristianismo desaparecerían.       <br />
              <br />
       Pero la teología mistérica que más auge alcanzó durante el periodo helenístico fue el orfismo, basada en el mito de Dionisios y Zagreo, cantado por Orfeo. Este antiguo mito sostenía que a consecuencia de una falta del pasado remoto, semejante al pecado original, el alma humana era prisionera del cuerpo y estaba obligada a recorrer una serie de existencias y reencarnaciones para su salvación.       <br />
              <br />
       A partir del siglo IV a.C. en la sociedad helena se reafirma la creencia de la existencia del alma después de la muerte y la condena de los malvados después de ésta; asimismo el principio monoteísta cobra más auge, aunque perduran algunos segmentos politeístas del pasado. Los órficos aseguraban que el lugar de castigo se encontraba en las profundidades de la tierra, y encontramos descripciones del infierno de época helenística trasladadas más tarde al mundo religioso romano, judío y cristiano.       <br />
              <br />
       Con las conquistas de Alejandro y el conocimiento de otras culturas, se incorporan  nuevas creencias,  más  próximas al mundo de la superstición y de la magia que al religioso.        <br />
       Todos los dioses conocidos eran venerados y adorados en Atenas. Se cree que en la ciudad había unos  3.000 templos e imágenes, donde los atenienses podían manifestar su especial espíritu religioso. Cuenta San Pablo en los Hechos de los Apóstoles que, por haber, también había un altar dedicado al  Dios Desconocido.       <br />
              <br />
       Entre estas nuevas creencias se incluyó una novedad: el culto al soberano en vida. Este tipo de manifestación hacia los reyes, cuyo origen procede del ámbito oriental, no era completamente ajeno a los griegos. Existía la divinización de los héroes y de  las personas que se distinguían por sus grandes cualidades morales o intelectuales, pero siempre después de muertos.        <br />
              <br />
       Con Alejandro, tras su visita en Egipto al santuario del dios Amón, se inicia para él y sus  generales el culto en vida. Estos sucesores, una vez reyes, para reforzar su posición se revistieron de dones divinos, y sumaron a su profana ascendencia unos supuestos ancestros sobrenaturales para mejor legitimar su poder.       <br />
              <br />
       Del mundo de la magia, lo más característico de este periodo son unas tablillas de imprecación para perjudicar a los enemigos. En estas tablillas se inscribía el nombre del individuo contra quien iban dirigidas y se detallaban las partes del cuerpo que se deseaba dañar, así como sus facultades espirituales y su actividad laboral para castigarlo en todos los aspectos.        <br />
              <br />
       Después de someter a la víctima a la advocación de la muerte por medio de imprecaciones mágicas, se grababan éstas en una lámina de plomo que se unía a la tablilla mediante un clavo; este conjunto maléfico se rodeaba de una red de hilos y por último se enterraba en el suelo, restando solamente que surgiera efecto.       <br />
              <br />
       En ese mundo pletórico de misterios, supersticiones y dioses pero, a su vez, vacío de poder e influencia  política, hizo su aparición en Atenas (año 50) el apóstol San Pablo. Aprovechando la piedad del pueblo y la apertura de criterio del que siempre hicieron gala los atenienses, se dirigió a  ellos para presentarles una nueva doctrina: el cristianismo.        <br />
              <br />
       Les habló de la resurrección de los muertos, concepto inadmisible dentro de sus categorías intelectuales y religiosas, provocando la risa por parte de su auditorio. Por el simple hecho de que la doctrina cristiana no se dirigiera a los justos, sino a los pecadores y oprimidos, pero esencialmente por su fe en un Dios personal,  se situó en oposición a todas las otras religiones, incluso a las divinidades de las póleis griegas.       <br />
              <br />
       El cristianismo chocó con una enconada oposición en los círculos griegos y romanos cultos. Se conserva del académico Celso (año 180) un escrito en el que asegura que ... los cristianos son una nueva raza de hombres sin patria y completa indiferencia política, que de hecho tiene que llenar de profunda inquietud a todos los verdaderos patriotas.         <br />
       Sin embargo, hay una explicación para el crecimiento y expansión del cristianismo: la comunión de sus ideas con el espíritu del helenismo.       <br />
              <br />
       A finales del s. II se encuentra ya un vasto espacio geográfico, desde Palestina hasta España y norte de África, en donde el cristianismo se ha asentado. Su predicación en griego, en koiné, así como la celebración del culto en esta misma lengua, sin duda estimuló la difusión del cristianismo.       <br />
              <br />
       El 8 de noviembre del año 392, el emperador Teodosio prohibió en todo el Imperio el culto a los dioses paganos y sus sacrificios. Dos años más tarde se celebraría la Olimpiada  número 291 y última de la época helenística.       <br />
              <br />
       A finales del siglo IV una profunda transformación se opera en el mundo griego: los poetas se convierten en teólogos; los hombres públicos en obispos y patriarcas, y los filósofos recorren el camino del monacato.       <br />
              <br />
       En Grecia, con el emperador Justiniano finaliza toda una época, más de un milenio de sabiduría. En el año 529 se clausura la enseñanza impartida por maestros paganos y se confisca todo el patrimonio cultural de Atenas. Entonces será Constantinopla y su Universidad, el Capitolio, quienes continúen la erudición griega. Su celo consiguió mantener vivo para la historia el gran ejemplo del pasado heleno.       <br />
       
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
]]>
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   <link>http://www.tendencias21.net/historia/index.php?action=article&amp;numero=8</link>
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   <title>Historia y contrahistoria de la alimentación</title>
   <pubDate>Sun, 10 Jun 2007 20:58:00 +0100</pubDate>
   <dc:language>es</dc:language>
   <dc:creator>Myriam Sagarribay</dc:creator>
   <dc:subject><![CDATA[Bitácora]]></dc:subject>
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<![CDATA[

Si quisiéramos hablar de los diferentes componentes alimentarios que desde la antigüedad han servido al hombre para su sustento, esta breve disertación podría alcanzar el grado de interminable y, por tanto, aburrida. Lo que pretendo es hacer un pequeño recorrido por los alimentos más relevantes que componen la dieta occidental, es decir, aquellos autóctonos del antiguo mundo mediterráneo a los que se sumaron otros de procedencia oriental, sobre todo, allá por el siglo IV a.C. a consecuencia de las conquistas de Alejandro Magno en Asia Menor hasta la India. Siglos más tarde, con el descubrimiento del Nuevo Mundo, una vez más, la historia se repetiría.


     <div style="position:relative; float:right; padding-left: 1ex;">
      <img src="http://www.tendencias21.net/historia/photo/655420-800211.jpg" alt="Historia y contrahistoria de la alimentación" title="Historia y contrahistoria de la alimentación" />
     </div>
     <div>
      Quizás sorprenda cuando digo “dieta occidental” y me refiero principalmente a la cuenca mediterránea. No cabe duda que la base inicial de nuestro sistema alimentario, discurre paralelo al origen de las primeras civilizaciones, de aquellas primeras civilizaciones que nacieron en el Mediterráneo oriental, siendo los cereales su principal exponente, seguidos de los derivados lácteos. Que por condiciones climáticas, económicas, o simplemente de hábito del sentido del gusto, como es el caso del uso de la manteca de cerdo o mantequilla  en vez del aceite de oliva o similares, no cambia en nada el  origen de la alimentación occidental.       <br />
              <br />
        Y ahora, para comenzar como Dios manda, permítanme emular a San Juan diciendo: “En el principio fue el hambre”. El hambre y el susto que debió sentir el homo erectus cuando decidió bajar del árbol y vagar errático por el corazón de África en busca de alimentos. Después de una lentísima evolución, hace un millón de años, a causa del enfriamiento terrestre que supuso la glaciación de Günz, estos hombres o seudhombres llegaron al Mediterráneo buscando la templanza. Los asentamientos más antiguos los encontramos en Sumer (hoy territorio dentro de Iraq), Palestina, Siria y Egipto.       <br />
              <br />
       <b>Innovación alimentaria</b>       <br />
              <br />
       Estos antepasados nuestros, que en millones de años habían aprendido a cazar y pescar, poseer el fuego y manufacturar herramientas de pied