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INNOVACIÓN


Según el gurú de la Open innovation Henry Chesbrough "sin fracaso empresarial no existe la innovación". Innovar cada vez más y mejor depende del esfuerzo y de la capacidad de aprender de los traspiés. Porque nadie fracasa si pone su máximo talento y esfuerzo en una tarea. Puede que se equivoque, puede que pierda, pero nunca fracasa.



En una reciente entrevista Henry Chesbrough afirmaba que a menudo los mismos directivos que siempre hablan de innovación suelen ser los primeros en castigar el fracaso. Innovación es sinónimo de ÉXITO, y se pone como ejemplo a creativos como Steve Jobs, de Apple, y Jeff Bezos, de Amazon. Estos nombres parecen sonar muy lejos de palabras como riesgo y equivocación. No obstante, eso forma parte de la "historia oculta" de la innovación ya que, como sostiene el profesor en la Haas School of Business de la Universidad de California, Berkeley (EE UU), "sin fracaso no existe innovación".

Para Henry Chesbrough hay que diferenciar entre fracaso y error. El fracaso es una consecuencia natural de experimentar, ayuda a aprender. Un error es repetir algo que ya se ha hecho antes y de lo que no se ha aprendido. En su opinión, para que los directivos abracen la innovación debemos castigar los errores y considerar la equivocación y el fracaso como parte del propio proceso de aprendizaje.

Esto me hizo recordar unas frases de un autor anónimo que leí hace tiempo:

Fracaso no significa
que somos unos fracasados
Significa que todavía
no hemos tenido buen éxito.

Fracaso no significa
que no hemos logrado nada
Significa que
hemos aprendido algo.

Fracaso no significa
que hemos actuado como necios
Significa que
hemos tenido mucha fé.

Fracaso no significa
que hemos sufrido el descredito
Significa que estuvimos
dispuestos a probar.

Fracaso no significa
falta de la capacidad
Significa que debemos
hacer las cosas de distinta manera.

Fracaso no significa
que somos inferiores
Significa que
no somos perfectos.

Fracaso no significa
que hemos perdido nuestra vida
Significa que tenemos
buenas razones para empezar de nuevo.

Fracaso no significa
que debemos echarnos atrás
Significa que tenemos
que luchar con mayor ahínco.

Fracaso no significa
que jamás lograremos nuestras metas
Significa que tardaremos
un poco más en alcanzarlas.


Redactado por Mónica Edwards el Domingo, 25 de Julio 2010 a las 14:17 | Comentarios


El pasado 1 de julio fui invitada a dar una conferencia en la apertura de las "Jornadas para la mejora del éxito escolar" organizadas por el Centro de Formación de Profesores (CEFIRE) de Valencia, focalizadas en el papel de la creatividad para educar en estos tiempos de complejidad y reflexionando sobre su papel en la formación de competencias básicas.



La importancia de la creatividad ha quedado de manifiesto en iniciativas como la Declaración del Año Europeo de la Creatividad y la Innovación, quizás una manera de hacer reflexionar al sistema educativo sobre sus contradicciones a la hora de pensar en eso que llamamos enseñar y aprender yendo un poco más allá del hemisferio izquierdo de nuestro cerebro.

No obstante un primer hecho a resaltar es que la creatividad es considerada una competencia de tipo genérica o transversal en la mayoría de los listados y taxonomías circulantes de los nuevos grados universitarios pero no una competencia básica entre las 8 competencias clave sugeridas por el documento "Competencias clave", editado por Eurydice en el año 2002 considerando el horizonte del aprendizaje permanente de la ciudadanía (aprendizaje a lo largo de toda la vida).

Adjunto una presentación power point que contiene algunas ideas de las que tuvimos oportunidad de intercambiar con los asistentes a las jornadas.

tp://www.slideshare.net/moed/creatividad-y-competencias-bsicas-4832614 http://www.slideshare.net/moed/creatividad-y-compete..
creatividad_y_competencias_basicas.pdf Creatividad y competencias básicas.pdf  (3.71 Mb)

Redactado por Mónica Edwards el Domingo, 25 de Julio 2010 a las 12:47 | Comentarios


Innovar significa transformar conocimiento en algún tipo de valor. Pero existe la tendencia a pensar en una innovación de "primer orden" asociada a la generación y/o desarrollo de conocimientos científicos y tecnológicos que es la que "realmente" produce valor (sobre todo económico). En contraposición y fuera de las fronteras académicas, vibra una innovación "light" más emparentada al todo vale de la propaganda mediática, donde conviven sin conflicto los discursos políticos de la tríada I+D+i y el living innovation.



La cuestión reside en pensar cuáles son las fuentes de conocimiento de las que se alimenta la innovación para dar lugar a nuevos productos, a usos de nuevas fuentes de materia prima, la introducción de mejoras o nuevos métodos de producción o una nueva forma de mercadear, como decía Joseph Schumpeter hace ya mucho tiempo (1934). Y ya más en sintonía con las épocas actuales, habría que pensar en qué clase de conocimiento da lugar a innovaciones organizacionales, sociales y culturales. En este sentido, me complace compartir las profundas reflexiones realizadas hace poco por Javier Echeverría en un pequeño artículo que tituló Innovación sin ciencia

Como bien dice, "La ciencia es importante para la industria, pero muchas actividades industriales no están basadas en conocimiento científico, sino en otras modalidades de conocimiento. La enseñanza de la ciencia también es importante, pero la cultura innovadora requiere de otras habilidades y destrezas, algunas de ellas basadas en las artes, las humanidades y las ciencias sociales, que han sido las hermanas pobres de las políticas científicas".

"Los sistemas de innovación (locales, regionales, nacionales) son más complejos y abigarrados que los sistemas de I+D. No hay innovación sin conocimiento, pero hay conocimientos no científicos que generan importantes innovaciones, en particular innovaciones sociales y culturales. Como bien sabe la CEPAL de la ONU y su programa de innovación social, que tiene gran éxito en América Latina, las fuentes de la innovación social y cultural son muy diversas y muy pocas provienen de los laboratorios científicos. Sólo una parte ínfima de la innovación social está basada en conocimiento científico. Es cierto que la ciencia ha generado mucho desarrollo tecnológico e importantes innovaciones. Sin embargo, ni toda la tecnología proviene de la ciencia ni tampoco todas las innovaciones. Otras modalidades de conocimiento también son fuentes de innovación, por ejemplo las artes (Picasso, Almodóvar), las humanidades (J. Rowling y su Harry Potter), la música (los Beatles) y, last but not the least, los conocimientos generados por los pueblos indígenas. América Latina no es la vanguardia en la innovación tecnológica basada en conocimiento científico, pero aventaja a otras muchas regiones del mundo en la innovación oculta de la que habla el NESTA británico. Dicha institución contrapone la innovación basada en conocimiento científico a la hidden innovation (innovación oculta) que no suele ser contabilizada por el Manual de Oslo ni por el de Bogotá, pero que sin embargo existe, y sigue creciendo. Lo notable es que el Gobierno británico ha hecho suyas estas tesis, incorporándolas como una aportación estratégica relevante al Libro Blanco sobre la innovación en el Reino Unido, el informe i[Nation Innovation (2008)"]i

En esto de la innovación el conocimiento puede provenir de científicos, tecnológos, ingenieros y sus correspondientes y menos difundidas homólogas femeninas pero también de los propios usuarios/as y distribuidores del conocimiento, que Echeverría llama la sociedad civil del conocimiento, por oposición a la preponderante versión aristocráctica.

"En Gran Bretaña distinguen el sector público, el sector privado y lo que allí denominan el tercer sector, compuesto por organizaciones no gubernamentales, movimientos sociales, ecologistas, cooperativistas, comunidades solidarias e incluso algunas variantes del emprendizaje social tan publicitado en los últimos años. Conviene expandir esta distinción, que surge de las sociedades industriales, a las sociedades iberoamericanas de la información y el conocimiento. Habría entonces tres sectores del conocimiento: el público, el privado y un tercer sector complejo y variopinto, la sociedad civil, que también genera innovaciones relevantes".

Aquí me vino a la cabeza un artículo reciente que he leído de Björn Asheim donde hace referencia a las bases de conocimiento diferenciadas para innovar, incluyendo el papel del conocimiento explícito y tácito, clasificándolas en tres tipos: analítica, sintética y simbólica.

La fuente de conocimiento analítico hace referencia a escenarios industriales en los que cobra relevancia el conocimento científico (generalmente explícito) y en los que la creación de conocimientos se basa a menudo en modelos formales, poniendo como ejemplo la biotecnología y la nanotecnología. Aquí cabría el conocimiento generado en la visión tradicional de los departamentos de I+D, en las universidades y en centros de investigación.

La base de conocimiento sintético hace referencia a la ubicación industrial, a través de la aplicación de conocimientos existentes o por medio de nuevas combinaciones de conocimiento, incluyendo la participación de clientes y proveedores. El conocimiento no se crea tanto a través de la abstracción y la deducción sino a través de la prueba, el ensayo y el error y el conocimiento tácito, el know-how adquiere mayor relevancia.

La base de conocimiento simbólico, dice Asheim, reside en los atributos estéticos de los productos, en la creación de diseños e imágenes y la cultura en sentido general. Considera que existe una mayor dependencia del conocimiento tácito, de destrezas y habilidades prácticas especializadas más en la interpretación de símbolos culturales en lugar del procesamiento de la información.

Una industria como el cine, por ejemplo, produce innovaciones con bases de conocimiento simbólica y sintética, aunque ello no quita que desde la base analítica provenga alguna apuesta radical. Esto quiere decir que , en la práctica, las fronteras entre las distintas fuentes de conocimiento son más "difusas", dependiendo mucho del tipo de industrias o sector de actividad que se lleve a cabo.

Lo importante, y con esto vuelvo a lo que afirma Echeverría, es que los estudios de innovación deberían tener en cuenta las propuestas y resultados que provienen de la sociedad civil del conocimiento, tradicionalmente silenciado en los estudios de I+D. Las políticas de innovación deberían considerar la diversidad de fuentes de conocimiento que generan valor porque la "i" minúscula de la I+D+i es mucho más extensa y diversa que la que surge de la investigación científica e incluso a veces no tiene ninguna relación con ella. Como bien dice Echeverría "Hay mucha innovación sin ciencia, que también hay que detectar, analizar y promover".


Referencias para leer algo más ...

Asheim, B. T. (2007). Differentiated Knowledge Bases and Varieties of Regional
Innovation Systems. Innovation – The European Journal of Social Science Research, 20,
3, 223-241.

Asheim, B.T. (2007). Sistemas regionales de innovacion y bases de conocimiento
diferenciadas: Un marco teorico analitico. En Buesa, M. y Heijs, J. (Eds.), Sistemas
regionales de innovacion: Nuevas formas de analysis y medicion. Fundacion de las Cajas
de Ahorros, Madrid, 65-89.

Redactado por Mónica Edwards el Jueves, 22 de Julio 2010 a las 08:13 | Comentarios


Editado por
Mónica Edwards
Mónica Edwards
Mónica Edwards Schachter combina la investigación con otras actividades como consultora, escritora y ama de casa. Actualmente es investigadora en INGENIO, Instituto de Innovación y Gestión del Conocimiento dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España y la Universidad Politécnica de Valencia. Posee una amplia formación multidisciplinar que integra ciencias naturales y ciencias sociales; es Doctora por la Universidad de Valencia con la tesis doctoral “La atención a la situación del mundo en la educación científica”, Licenciada en Matemática y Física, Ingeniera Electrónica, ha recibido un Diploma en Gestión del Conocimiento por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales en el año 2004 (México) y es Especialista en Proyectos de Ingeniería e Innovación por la Universidad Politécnica de Valencia (2006).
Tiene una experiencia de más de 20 años en docencia, formación del profesorado y consultoría en innovación y planificación educativa en distintos niveles educativos en numerosas instituciones. De 1991 a 1997 fue ingeniera responsable del Laboratorio de Espectroscopía de Resonancia Magnética Nuclear e Infrarrojo en la Facultad de Química de la Universidad de Córdoba (Argentina). Es autora y co-autora de un centenar de publicaciones, entre libros, capítulos de libros, artículos y presentaciones en congresos y seminarios internacionales.

Ha recibido varias distinciones literarias en Argentina, entre ellos el Segundo Premio Concurso Literario Departamental con el poema “El Duelo" (1974), Segundo Premio de poesía en el Certamen Nacional de Cuento, Ensayo y Poesía Premio Homenaje Alicia Moreau de Justo (1986), Primer premio Concurso Literario de la Municipalidad de Córdoba (1993), Primer Premio en el I Concurso Literario Internacional para profesionales de la Ingeniería con la obra “De los legados, el amor y la muerte” (1997). En 2004 le fue concedido el segundo premio en el Concurso de Ensayo Manuel Castillo (patronato Nord-Sud de la Universidad de Valencia) con la obra “Redes para la Paz”, publicado recientemente por el Seminario Gallego de Educación para la Paz y la Fundación Cultura de Paz. Participa en un programa formativo (5º edición) sobre motivación en educación científica que ha sido recabado como ejemplo de buenas prácticas en un reciente informe de la UNESCO. En la actualidad sus principales líneas de investigación son innovación social, desarrollo tecnológico y sostenibilidad, temas de Ciencia-Tecnología-Sociedad-Ambiente, desarrollo y formación basada en competencias, especialmente en competencias en creatividad, innovación y emprendimiento.






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